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LA MANZANA DE EVA Y LA LLAVE DE

BARBA AZUL: REFLEXIONES PSICOCRÍTICAS

Sonia SANTOS VILA


Universidad Europa Miguel de Cervantes (Valladolid)

Tomó, pues, Yavé Dios al hombre, y le puso en el jardín de Edén para que
lo cultivase y guardase, y le dio este mandato: “De todos los árboles del paraí-
so puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, por-
que el día que de él comieres, ciertamente morirás”. (Génesis 2, 15-17)
Voilà, lui dit-il, les clefs des deux grands garde-meubles, voilà celles de la
vaisselle d’or et d’argent qui ne sert pas tous les jours, voilà celles de mes cof-
fres-forts, où est mon or et mon argent, celles des cassettes où sont mes pierre-
ries, et voilà le passe-partout de tous les appartements. Pour cette petite clef-ci,
c’est la clef du cabinet au bout de la grand galerie de l’appartement bas: ouvrez
tout, allez partout, mais pour ce petit cabinet, je vous défends d’y entrer, et je
vous le défends de telle sorte, que s’il vous arrive de l’ouvrir, il n’y a rien que
vous ne deviez attendre de ma colère. (Ch. PERRAULT, La Barbe bleue)
Según el psiquiatra vienés emigrado a Estados Unidos Bruno Bettelheim
(1903–1990), tres son los escritores con los que los niños tienen contraída
una deuda de gratitud: Charles Perrault (1628–1703), Madame d’Aulnoye
(Marie–Catherine le Jumel de Berneville) (1650–1705) y Madame Leprince
de Beaumont (1711–1780).1 Los tres han enriquecido nuestra vida infantil
con los viejos cuentos de hadas que recogieron y que tan poéticamente con-
taron en su día. En un momento en que la sensibilidad alcanza su punto ál-
gido, depositaron en nosotros un artístico legado imaginativo. Es
precisamente esa imaginación heredada y esos sueños recibidos aquello que
necesitamos para superar las adversidades y poder soportar la realidad en una
época de la vida repleta de incertidumbres y autodesconfianzas.
Cuando el niño crece y se hace adulto los cuentos de hadas nos redes-
cubren las alegrías de antaño y también los temores de la infancia. Sin em-
bargo, no cabe duda de que esa fantasía le permite al hombre entender el
día a día de forma menos gravosa, y gusta de inventarse cotidianamente
personajes sobrenaturales y personajes contrarios. Son personajes sobre
los que proyectamos nuestras angustias y esperanzas –al igual que hacía-

1. B. BETTELHEIM, (introd.), Los cuentos de Perrault seguidos de los cuentos de Madame


d’Aulnoye y de Madame Leprince de Beaumont, Barcelona, Crítica, 1987, pp. 9 y ss. (trad.
esp.: Carmen Martín Gaite). (Ed. orig.: Les contes de Perrault, Paris, Éditions Seghers, 1979).

STVDIVM. Revista de humanidades. 10 (2004) pp. 33-56


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mos cuando eramos niños–, pues anhelamos que esas zozobras y expecta-
ciones adquieran cuerpo, adopten una forma concreta.
Gracias a su universalidad, a su significación y a su placer estético (sin
olvidar tampoco el hecho de haber sido adaptados al gusto literario de la
época y publicados), los cuentos de hadas perviven a través de las genera-
ciones. Además, constituyen una forma de diálogo comunicativo especial,
diálogo revivido de modo diferente según la edad. En The Uses of
Enchantment. The Meanig and Importance of Fairy Tales2 Bettelheim en-
marca la mencionada situación comunicativa a través de una serie de con-
sejos: que el niño conozca los cuentos en sus versiones originales, que
estos sean leídos frecuentemente para que le ayuden a resolver los dife-
rentes problemas psicológicos a lo largo de su crecimiento, que el lector
adulto muestre placer (reminiscencia de su propia infancia) en la transmi-
sión del cuento y que éste indispensablemente contemple un final feliz
–pues el niño es el héroe–, y, por último, que los cuentos se oigan por la
noche para asegurar al pequeño oyente un sueño apacible.3
Indica la profesora Isabel Paraíso que para el Psicoanálisis el cuento
popular –como la epopeya, la novela y el mito– es una rama de esa fan-
tasía primordial que cuestiona en el hombre su propio origen.4 Freud es-
tudia los cuentos, y también Jung. Señala Paraíso que toda la corriente
junguiana considera que los personajes y acontecimientos de los cuen-
tos representan fenómenos psicológicos arquetípicos, que expresan
simbólicamente la necesidad de lograr un estadio de identidad superior,
una renovación interna. En torno al arquetipo fundamenta Ma-
rie–Louise von Franz su obra Interpretation of Fairy Tales (1970).5 Nos
informa esta autora de que los cuentos populares son condensaciones
de leyendas locales, memorizadas y transmitidas oralmente. Los anóni-
mos autores de los cuentos provenientes de leyendas extraen su inspi-
ración del inconsciente colectivo y de sus contenidos –los arquetipos–.
Los cuentos componen así un «lenguaje internacional» fragmentado
lingüística y culturalmente por la identidad.
El caso que nos ocupa en este trabajo manifiesta evidentemente esa
fragmentación cultural aludida a partir de un tema viejo como el mundo:

2. B. BETTELHEIM, The Uses of Enchantment. The Meaning and Importance of Fairy Tales,
New York, Knopf, 1976. (Trad. esp.: Psicoanálisis de los cuentos de hadas, Barcelona,
Crítica, 1990).
3. Bettelheim añade que esa placidez onírica sólo se consigue mediante el cumplimiento de tres
circunstancias: en primer lugar, la historia ha de serle familiar al niño; en segundo lugar, ha de
elegir él mismo el cuento que quiere oír; y, en tercer lugar, ha de ser él quien interprete el cuen-
to libremente, sin imposiciones. Sobre Bruno Bettelheim y los cuentos de hadas véase tam-
bién I. PARAÍSO, «La catarsis en el receptor (II): Teorías posteriores», Psicoanálisis de la
experiencia literaria, Madrid, Cátedra, 1994, pp. 222-228, y I. PARAÍSO, «Creatividad y re-
cepción literarias», Literatura y Psicología, Madrid, Síntesis, 1995, pp. 127-130.
4. I. PARAÍSO, «Géneros literarios y psicoanálisis», Literatura y Psicología, p. 106.
5. M.-L. von FRANZ, Interpretation of Fairy Tales, New York, Spring Publications, 1970.
La manzana de Eva y la llave de Barba Azul: Reflexiones psicocríticas ][ 35

la curiosidad femenina castigada. No sólo el episodio bíblico de Eva y la


manzana, o la llave mágica de La Barbe bleue de Charles Perrault contie-
nen el arquetipo, sino que, del mismo modo, los mitos de Pandora6 y de
Psiquis (o Psique),7 por citar otros ejemplos, responden a esquemas de
transgresión punible.8 Pero se nos antoja volver la mirada a las desobe-
diencias de Eva,9 por un lado, y de la joven esposa de Barba Azul, por
otro, y es nuestro deseo reflexionar sobre ellas psicocríticamente. Para ello
utilizamos el modelo analítico que expone la doctora Clarissa Pinkola
Estés –psicoanalista junguiana internacionalmente reconocida como espe-
cialista, poeta, cantadora y guardiana de antiguos cuentos de tradición la-
tinoamericana– en su estudio sobre Barba Azul contenido en el segundo
capítulo («La persecución del intruso: El comienzo de la iniciación») de su
obra Mujeres que corren con los lobos. Mitos y cuentos del arquetipo de la
Mujer Salvaje,10 un manual de hermosísima lectura y de no menos ex-

6. Cuenta Hesíodo en la Teogonía que en el tiempo de la lucha entre los dioses y los mor-
tales, el titán Prometeo, hijo de Japeto y hermano de Epimeteo, ofendió a Zeus ofrecién-
dole la parte más desagradable de una víctima e intentó engañarlo haciéndole creer que
era la parte mejor; además, robó el fuego a los dioses para dárselo a los hombres y bene-
ficiarlos. Zeus se enfureció con Prometeo, no quitó el fuego a los hombres, pero ató al ti-
tán a una roca de la Escitia, donde un águila roía continuamente el hígado de Prometeo,
que siempre volvía a reproducirse, hasta que llegó Heracleo a liberarlo. En castigo del pe-
cado de Prometeo, Zeus hizo plasmar con agua y tierra a la mujer, una especie de Eva,
que llegó a ser la causa de todos los males humanos. Todos los dioses rivalizaron en ofre-
cer belleza, habilidad, elocuencia y toda clase de dones a la mujer, quien, por eso, fue lla-
mada Pandora («todos los dones»). Zeus dio a la mujer en obsequio una caja que contenía
todos los males y se la ofreció como esposa al estúpido Epimeteo, que no quiso escuchar
los consejos de su sabio hermano sobre no aceptar los dones de Zeus. Epimeteo no supo
resistir la fascinación de la primera mujer y se casó con ella; tampoco supo disuadirla de
abrir la caja dada por Zeus. La curiosidad de Pandora y de todos sus descendientes fue
severamente castigada, pues, apenas hubo abierto la caja, salieron todos los males que in-
vadieron el mundo e hicieron infelices a los hombres.
7. Apuleyo nos cuenta la hermosa historia de Eros (Amor) y Psique. Parece ser que la celo-
sa Afrodita envió a su hijo Eros para que infundiese una vil pasión a la bellísima Psique,
pero Eros no quiso causarle este mal y se pasaba las noches invisible con ella en un pala-
cio encantado. Sólo cuando Psique quiso verlo, Eros se marchó. Para encontrarlo, la jo-
vencita bajó hasta el mismo Hades donde Perséfone le mostró una caja que, si era abierta
por curiosidad, despedía vapores mortales. Pero Eros intervino a tiempo de salvar a
Psique y llevarla consigo al cielo de los seres inmortales.
8. Véase G. ROUGER, (ed.), Contes de Perrault, Paris, Éditions Garnier Frères, 1967, p. 119.
La versión de La Barbe bleue que hemos empleado para el presente estudio pertenece a
esta edición, así pues cualquier referencia al cuento únicamente se hará constar con el nú-
mero de página.
9. Interpretamos literariamente este fragmento del Génesis a la luz de las enseñanzas del
profesor Northrop FRYE en su obra El gran código. Una lectura mitológica y literaria de
la Biblia, Barcelona, Gedisa, 1988, trad. esp.: Elizabeth Casals, ed. orig.: The Great Code,
Harcourt Brace Jovanovich, Inc., 1982.
10. C. PINKOLA ESTÉS, Mujeres que corren con los lobos. Mitos y cuentos del arquetipo de la
Mujer Salvaje, Barcelona, Ediciones B, S.A., 1998. (Trad. esp.: María Antonia Menini, del
orig.: Women Who Run With the Wolves).
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traordinaria ayuda a la recuperación, por parte de las mujeres, de su fuer-


za y su salud, atributos visionarios de su esencia instintiva.
Comencemos, pues, con unas líneas sobre Charles Perrault y su vin-
culación a los cuentos de hadas.

PERRAULT Y LAS HADAS

Charles Perrault nació el 12 de enero de 1628 en París, y era el sép-


timo hijo11 de Pierre Perrault, abogado en el Parlamento de París y
hombre extraordinariamente culto, y de Pâquette Leclerc, un matrimo-
nio perteneciente a la alta burguesía. En 1637 ingresó en el colegio de
Beauvais, situado en la calle Saint–Jean–de–Beauvais, cerca de la
Sorbona, y aunque al principio tuvo dificultad en aprender a leer y a es-
cribir, siempre estuvo entre los primeros de su clase, destacando por su
disciplina. Desde muy joven lee asiduamente la Biblia y los clásicos
(Cicerón, Virgilio, Juvenal, Homero, Platón, Píndaro, Aristóteles), y
muestra un interés especial por los versos latinos y la Filosofía.12
Informa Marc Soriano de que Perrault considera la Biblia como un li-
bro entre otros y que la leyó casi por entero, aparentemente en una ver-
sión integral: semejante lectura no era fruto del azar, sino de un clima
favorable en la familia –simpatizantes jansenistas–,13 de una orientación
religiosa, y de un esfuerzo consciente por retornar al espíritu y a la le-
tra de las Escrituras.14
En 1651 Perrault consigue la licenciatura en Derecho Civil por la
Universidad de Orléans, puesto que la Universidad de París sólo ofrecía
por aquel entonces la licenciatura en Derecho Canónico. Al año siguiente
muere su padre, y en 1657 su madre. Se convierte en un alto funcionario
bajo la protección del ministro Jean–Baptiste Colbert (1619–1683), y, pa-
ralelamente, desarrolla su carrera como literato. Publica obras de género

11. Charles Perrault nació de un parto gemelar, pero su hermano, François, sólo vivió seis me-
ses. Esta condición de mellizo superviviente y el recuerdo familiar constante por el mellizo
muerto, parece que afectó al joven Charles en su desarrollo psico-afectivo y personal.
12. Véase M. SORIANO, «El padre y el hijo», Los cuentos de Perrault. Erudición y tradiciones
populares, Buenos Aires, Siglo XXI Argentina Editores S. A., 1975, pp. 225-242. (Trad.
esp.: César Guiñazú, ed. orig.: Les Contes de Perrault, Gallimard, 1968). Consúltese tam-
bién G. ROUGER (ed.), op. cit., pp. lv-lxi.
13. El jansenismo es un movimiento herético inspirado en los escritos del teólogo y pre-
lado holandés, obispo de Ypres y catedrático en Lovaina, Cornelius Jansen (1585-1638)
-Jansenio-. En su obra Augustinus expuso una póstuma interpretación de las doctrinas de
San Agustín sobre la gracia divina, tendiendo a limitar el libre albedrío del hombre y
afirmando que tan sólo los predestinados practicaban una moral austera. Su posición
frente a Dios era de terror, por ello se oponía a la frecuencia de sacramentos. El centro de
este movimiento estuvo en Port-Royal, perdurando en Francia hasta el siglo XIX y en
Holanda hasta nuestros días. Fue condenado por Urbano VIII en 1642.
14. M. SORIANO, op. cit., pp. 234-238.
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galante y parodias antes de decantarse por los modernos15 frente a los par-
tidarios de la Antigüedad de la Academia Francesa, de la que es miembro
desde 1671, convirtiéndose en su director en 1681.
A la edad de cuarenta y cuatro años, concretamente el 1 de mayo de
1672, se casa en la iglesia de Saint–Gervais con una joven de diecinueve,
Marie Guichon, quien moriría en 1678 dejando a Charles Perrault al cui-
dado de cuatro hijos muy pequeños: una niña de la que se ignora el nom-
bre y tres varones –Charles–Samuel, Charles y Pierre–. La lectura ante la
Academia de su poema Le Siècle de Louis le Grand el 27 de enero de 1687,
es el punto de partida de la querella entre Antiguos y Modernos suscitan-
do la indignación de Boileau16, indignación que continúa tras la aparición
de Parallèle des Anciens et des Modernes en ce qui regarde les arts et les
sciences, dialogues (1688) y Parallèle des Anciens et des Modernes en ce qui
regarde la poésie (1692). En estas obras Charles Perrault critica el princi-
pio de autoridad y afirma que el progreso es posible gracias tanto a las ar-
tes como a las ciencias.17
En 1697 se publican sus Histoires ou Contes du temps passé. Avec des
Moralitez (París, Claude Barbin), también llamados Contes de ma mère
l’Oye, y en donde se inserta, entre otros, La Barbe bleue. Este volumen le
reportó una gran fama y se puede afirmar que con él inauguró el género
literario de los cuentos de hadas. Charles Perrault murió en París la noche
del 15 al 16 de mayo de 1703, y fue inhumado en su parroquia, la iglesia
de Saint–Benoît, en la mañana del 17 de mayo en presencia de su hijo
Charles y de su cuñado, el canónigo Samuel–René Guichon.
Esta brevísima noticia biográfica insta a cuestionarnos la causa princi-
pal que motivó el que un director de la Academia Francesa volviera su mi-
rada a las hadas. Trataremos de ofrecer una respuesta seguidamente.

Ideas pedagógicas y literatura maravillosa:


el universo mágico de Charles Perrault
Ya hemos informado sobre la cultura del padre del escritor. El aboga-
do Pierre Perrault sabe latín, pero también sabe cómo educar a sus hijos y
verifica personalmente cada noche sus tareas escolares. Es el propio litera-

15. Ya en su padre fermentaba la atracción por el humanismo triunfante y la confianza en el


progreso de los conocimientos, que fructificaría en Charles.
16. Nicolas Boileau-Despréaux (1636-1711) fue un literato francés que junto con Molière,
Racine y La Fontaine formó la famosa Sociedad de los Cuatro, renovadora de las letras
francesas basándose en los cánones clásicos de sobriedad y buen gusto. Su poesía, dentro
de su perfección, adolece de frialdad. Escribió doce sátiras, doce epístolas, el poema he-
roico-burlesco Le Lutrin y la famosa Art Poétique (1674), que se convirtió en el canon
universal de la poesía neoclásica.
17. En 1697 vería la luz su obra Parallèle des Anciens et des Modernes, où il est traité de l’as-
tronomie, de la géographie, de la navigation, de la guerre, de la philosophie, de la musi-
que, de la médecine.
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to quien nos cuenta en Mémoires de ma vie18 cómo su progenitor se to-


maba el trabajo de hacerle repetir las lecciones después de cenar, obligán-
dole a decir en latín la sustancia de esas lecciones. Y añade:
ponía un cuidado especial en preparar a sus hijos, desde temprana edad, contra
los errores populares, y en inspirarles las máximas más puras del evangelio y en
abrirles el espíritu a los más bellos conocimientos.19
Cuando a Charles Perrault le llegó el turno de ser padre –y padre
viudo, además–, sus biógrafos están de acuerdo en afirmar que se portó
muy bien con su prole, la cual no supo recompensar ese amor y esa de-
dicación:
Le fonctionnaire irréprochable recélait un grand fonds de tendresse et sans
doute n’aurait–il jamais écrit les Contes s’il n’avait tant aimé ses enfants.
Devenu veuf à cinquante ans, il se refusa à les mettre «pensionnaires dans un
collège» et «se retrancha à prendre soin de leur éducation», assumant même
la tâche «de leur faire assez souvent leurs leçons». Sollicitude dont il fut mal
récompensé: seul, en 1703, restait son fils Charles pour lui fermer les yeux.20
Ciertamente, tras el fallecimiento de su esposa, Perrault tomó la di-
rección efectiva de la educación de su familia, justo en el momento
exacto en que sus cuatro hijos alcanzaban la «edad de los cuentos». Los
cuentos son regocijo y entretenimiento para los niños, pero también un
ejercicio de la «bella educación» que el escritor pretende fomentar en
ellos. La preocupación pedagógica de Charles Perrault constituye un
tema de reflexión al que vuelve gustosamente una y otra vez en el
Parallèle y en las Mémoires, gusto, por lo demás, genético, pues su her-
mano Claude (1613–1688), doctor en Medicina, aborda también el pro-
blema de la educación desde una orientación psico–fisiológica en sus
Essais de Physique (1680).21 Sin embargo, en ninguna parte expone con-
tinua y coherentemente una concepción pedagógica: sus observaciones
se presentan en orden disperso, bajo la forma de digresiones y compa-
raciones, que, en ocasiones, se asemejan a las teorías de Locke expues-

18. Ch. PERRAULT, Mémories de ma vie, ed. Paul Bonnefon, Paris, Laurens, 1909. (Cfr. en
M. SORIANO, op. cit., p. 225). Ya en 1699 Perrault se encontraba trabajando en sus
Mémoires.
19. Idem. La cita, cifrada en la obra de Marc Soriano, proviene del prólogo no firmado –aunque
parece que Charles Perrault participó en él– a la obra de Nicolas Perrault, La Morale des jé-
suites extraite fidèlement de leurs livres, Mons, 1667. Nicolas Perrault (1624-1662) era her-
mano del escritor; apasionado de las matemáticas y doctor en Teología fue excluido de la
Sorbona por haber defendido las doctrinas jansenistas de Antoine Arnauld (1612-1694).
20. Véase G. ROUGER (ed.), «Introduction», op. cit., pp. vii-viii.
21. Claude Perrault era miembro de la Académie des Sciences et du Conseil des Bâtiments, y pu-
blicó también Mémoires pour servir à l’histoire naturelle des animaux, una Traduction de
Vitruve y un tratado de las Cinq espèces de colonnes selon la méthode des anciens. Murió de
una enfermedad infecciosa tras haber disecado un camello en el Jardin des Plantes.
La manzana de Eva y la llave de Barba Azul: Reflexiones psicocríticas ][ 39

tas en su obra Some Thoughts Concerning Education (1693), y que pro-


bablemente Perrault leyó en la traducción francesa de 1695 realizada
por Coste y titulada De l’education des enfants.
Quizá la expresión más clara de sus ideas sobre Pedagogía se esboza en
el prólogo a la cuarta edición de los Cuentos en verso (1695), en donde se
atisba la orientación moral de su método educativo:
Debe loarse a los padres y madres que, cuando sus niños aún no son capaces de
gustar las verdades sólidas y sin adorno, se las hacen amar, y si así puede decir-
se, se las hacen tragar en relatos agradables y proporcionados a la debilidad de
sus años.22
Los cuentos llegan a su vida justo en el momento en que sus ideas pe-
dagógicas tratan de continuar la querella sobre el significado moral del
arte. Es por esta razón que sus Cuentos en verso (como Peau d’Ane) y sus
Cuentos en prosa (por ejemplo, La Barbe bleue) concluyen con una mo-
raleja explícita pero relativamente breve, que precisa el sentido de la ac-
ción para los jóvenes que no lo hubiesen distinguido. Es evidente, pues,
que Perrault escribe para un público juvenil: sus cuentos son literatura
para niños.23
A finales del siglo XVII la literatura infantil en Francia carece de en-
tidad como género. Lo cierto es que el niño no es aún una personalidad
distinta y específica, y, en consecuencia, no conforma un público dife-
renciado. No obstante, esa literatura para niños no clasificada sí existía
en la práctica, y prueba de ello es que en la literatura oral había tenden-
cias dirigidas a la infancia –refranes, rondas, prendas, cuentos de ani-
males–, así como en la literatura escrita –gramáticas, excerpta
(colecciones, recopilaciones) jesuitas–. Además, los jóvenes elegían de
manera espontánea entre las lecturas de los adultos, preferentemente
obras cómicas, heroicas y de caballerías. Y, finalmente, había autores
como La Fontaine –en sus Fábulas– interesados por ese velado receptor
infantil.
Una gran parte de los escritores de «literatura para niños» dirigían sus
obras a los hijos de los nobles, considerados como «adultos en miniatura».
Dos criterios diferenciaban las inclinaciones literarias de aquellos escrito-
res: la tradición oral y la moral. Charles Perrault, que también es autor de
obras cultas, sigue muy de cerca las fuentes tradicionales en sus cuentos, y
siente, por otra parte, la necesidad de elaborar para la infancia una litera-
tura moral de expresión indirecta. Esta preocupación moralizadora es una
recurrencia en su producción y un rasgo claro de su posición de moderno.
Es decir, para Perrault ser moral implica situarse en una perspectiva reli-
giosa y descubrir el progreso que supone el Cristianismo en la evolución

22. Cfr. M. SORIANO, op. cit., p. 328.


23. La insistencia en ese público infantil y en el tono moral de los cuentos son dos notas a
destacar por el autor en el Prefacio a las Histoires ou Contes du temps passé.
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de la humanidad, frente a la grosería de los primeros tiempos. En sus


cuentos, como hemos indicado anteriormente, son las moralejas finales
–bien normativas, bien positivas, bien ornamentales– la expresión eviden-
te de esa inquietud propia del escritor.24
Perrault se siente también muy atraído por la literatura oral, desti-
nada de base a un público adulto (popular) a excepción de los cuentos
de animales y los cuentos «de advertencia» dirigidos a los niños. Ambos
receptores comparten gustos y también la necesidad de educación. Es
así que el autor adopta una actitud intervencionista con respecto al
componente maravilloso de los cuentos tradicionales, en otras palabras,
mezcla la maravilla con la ironía crítica, y actualiza temas, motivos o
rasgos provenientes de un pasado remoto cuyo significado no com-
prende. Este proceso de adaptación conlleva la consecuente pérdida de
la belleza del original, aunque no lo perjudica, pues esa racionalización
narrativa se produce en un momento en que aquellos temas y aquellos
rasgos folclóricos resultan obsoletos. Esas nuevas versiones de los
cuentos orales, continentes del pasado y del presente y vehículos de ar-
quetipos, cuentan con una excelente audiencia en las masas populares y
en los niños, que les asegurarán perennidad y éxito.
El género maravilloso (o de hadas)25 surge en torno a 1695 –quizá como
una reacción consciente o inconsciente contra el racionalismo– y se ha erigi-
do en una constante a lo largo de los siglos hasta la actualidad. Cumple una
función de irrealidad, que en nosotros es tan necesaria como las de respirar
o dormir. En La Mythologie primitive el filósofo y sociólogo Lucien
Lévy–Bruhl (1857–1939) relaciona los mitos australianos y papúes con los
cuentos de Perrault y afirma la existencia de una irracionalidad fundamental,
intacta desde la Antigüedad más remota, que se encuentra en estado puro en
el adulto y en el niño. Señala Lévy–Bruhl que, aunque controlada por el

24. Recordemos aquí que el título completo del volumen de sus cuentos es Histories ou
Contes du temps passé. Avec des Moralitez, con lo cual ya desde el título se anuncia cla-
ramente la tendencia de los relatos.
25. La literatura maravillosa o de hadas despliega ante el lector un universo de elementos so-
brenaturales que no provocan ninguna reacción particular ni en los personajes insertos en
el mencionado universo ni en el lector implícito, pues lo mágico y el encantamiento son
las reglas fundamentales de ese mundo y el lector se sitúa en un ámbito donde las mani-
festaciones extranaturales no se problematizan. Consecuentemente, cualquier hecho pro-
digioso en nuestro espacio racional es perfectamente justificable en el reino de las hadas.
Todorov distingue varios tipos de literatura maravillosa: 1. lo maravilloso hiperbólico, en
el que los fenómenos son sobrenaturales por sus dimensiones superiores a los que nos son
comunes; 2. lo maravilloso exótico, donde se narran acontecimientos sobrenaturales sin
presentarlos como tales; 3. lo maravilloso instrumental, que implica la aparición de me-
canismos y técnicas impensables en la época descrita (por ejemplo, una alfombra volado-
ra); y 4. lo maravilloso científico, que sería el dominio de la ciencia-ficción. (Véase T.
TODOROV, «L’étrange et le merveilleux», Introduction à la littérature fantastique, Paris,
Seuil, 1970, pp. 59-62).
La manzana de Eva y la llave de Barba Azul: Reflexiones psicocríticas ][ 41

adulto, brota en el sueño y en el pensamiento artístico, especialmente en los


cuentos –de ahí su carácter relajante y distendido–.26 Esa irracionalidad fun-
damental, amalgama de complejos freudianos y de arquetipos junguianos, es
otra manera de nombrar el ámbito del inconsciente y del subconsciente.
Dado que los cuentos surgen de la mentalidad humana primitiva y arquetí-
pica, en ellos es posible encontrar elementos constantes –raíz de nuestro es-
tudio–, pero también elementos variables, fruto de la evolución de las
costumbres y de las creencias. Esos elementos constantes de los cuentos se
definen en primer lugar por la forma estética de los mismos, que implica una
compleja organización de motivos y rasgos; en segundo lugar, por su conte-
nido social; y, en tercer lugar, por tratar temas fundamentales para el hom-
bre. Los cuentos de Charles Perrault son portadores de un pensamiento
primitivo fuertemente racionalizado.
Todos nosotros nos hallamos sumergidos en un mundo contradictorio,
en el que los descubrimientos más recientes conviven con conocimientos
que poseemos desde épocas antiquísimas. En nuestra cultura lo maravillo-
so sirve para compensar, para disminuir las tensiones generadas por las
contradicciones y asegurar la coherencia global. Perrault ironiza sobre lo
maravilloso y lo destina a la infancia, separándolo de la religión y de la
ciencia. Sus Histoires ou Contes du temps passé expresan la crisis de la ci-
vilización de finales del siglo XVII receptora de nuevas inquietudes –el
progreso, el poder político y económico, etc.–, y constituyen una obra
moderna originada en la adaptación de ciertos relatos de antaño a un gus-
to vigente aún en nuestros días.

«La Barbe bleue»


El cuento de La Barbe bleue relata la historia de la mujer de Barba Azul
quien, guiada por su curiosidad, entra en el gabinete prohibido de su marido
donde descubre varias mujeres muertas: son las anteriores esposas de Barba
Azul a quienes él había asesinado. Su desobediencia se desvela a través de la
llave que da acceso al gabinete, llave que se tiñe de una sangre indeleble.
Finalmente, la joven consigue salvarse del cruel castigo gracias a la llegada de
sus dos hermanos –un caballero dragón y un caballero mosquetero–,27 que

26. L. LÉVY-BRUHL, La Mythologie primitive, p. 319. (Cfr. M. SORIANO, «Los problemas


más generales», op. cit., p. 464).
27. Esta elección es fruto de la adaptación al gusto de la época que lleva a cabo Charles
Perrault en sus cuentos. Es sabido que los dragones, cuyos primeros regimientos apare-
cieron en 1668 con Luis XIV, eran soldados que combatían a pie y se transladaban a ca-
ballo. Asimismo, los mosqueteros pertenecían a la compañía de caballería de la Guardia
Real francesa creada por Luis XIII, padre de Luis XIV.
Por otra parte, Gilbert Rouger nos informa de que la casa de Perrault situada en la calle
Neuve-des-Bons-Enfants -una de sus muchas posesiones- de París se asemeja en lujo, os-
tentación y gusto por las obras de arte a la mansión descrita en La Barbe bleue, propie-
dad de Barba Azul. (G. ROUGER (ed.), «Introduction», op. cit., p. ix).
42 ][ SONIA SANTOS VILA

matan a Barba Azul y que, en consecuencia, convierten a la heroína en feliz


heredera.28 He aquí el fragmento nuclear del cuento:
Étant arrivée à la porte du cabinet, elle s’y arrêta quelque temps, songeant
à la défense que son Mari lui avait faite, et considérant qu’il pourrait lui arriver
malheur d’avoir été désobéissante; mais la tentation était si forte qu’elle ne put
la surmonter: elle prit donc la petite clef, et ouvrit en tremblant la porte du ca-
binet. D’abord elle ne vit rien, parce que les fenêtres étaient fermées; après quel-
ques moments elle commença à voir que le plancher était tout couvert de sang
caillé, et que dans ce sang se miraient les corps de plusieurs femmes mortes et
attachées le long des murs (c’était toutes les femmes que la Barbe bleue avait
épousées et qu’il avait égorgées l’un après l’autre). Elle pensa mourir de peur, et
la clef du cabinet qu’elle venait de retirer de la serrure lui tomba de la main.
Après avoir un peu repris ses esprits, elle ramassa la clef, referma la porte, et
monta à sa chambre pour se remettre un peu; mais elle n’en pouvait venir à
bout, tant elle était émue. Ayant remarqué que la clef du cabinet était tachée de
sang, elle l’essuya deux ou trois foix, mais le sang ne s’en allait point; elle eut
beau la laver, et même la frotter avec du sablon et avec du grais, il y demeura
toujours du sang, car la clef était Fée, et il n’y avait pas moyen de la nettoyer
tout à fait: quand on ôtait le sang d’un côté, il revenait de l’autre. (p. 125)
En páginas precedentes hemos advertido de la recurrencia mitoliteraria
del tema profundo que subyace en este cuento –la curiosidad humana casti-
gada–. Acordémonos en este instante de las Mil y una noches y, en concreto,
de la «Historia del tercer saalik» que narra cómo el protagonista es acogido
en un palacio en el que viven cuarenta hermosas jóvenes, quienes le otorgan,
en su ausencia, libertad para moverse por el palacio, pero le prohiben, bajo
gran desgracia, abrir la puerta de bronce situada en el fondo del jardín: el saa-
lik desobedece y se encuentra con un caballo alado que monta y del que
pronto es derribado, recibiendo un fuerte golpe por parte del corcel que le
deja un ojo vacío. «La aventura de Lyonnel y Blanchette» de Le Roman de
Perceforest describe cómo Blanchette roza un dedo de Lyonnel y al instante
se vuelve negro, roce que había sido prohibido por una reina hada: ésta per-
dona una primera vez y la mancha desaparece, pero Lyonnel en sueños abra-
za a Blanchette y por la mañana sus manos son negras como el carbón. En
Marienkind, un cuento de los hermanos Grimm,29 una niña no hace caso de

28. El cuento concluye con dos moralejas (moralités). La primera dice así: «La curiosité mal-
gré tous ses atraits,/ Coûte souvent bien des regrets;/ On en voit tous les jours mille exem-
ples paraître./ C’est, n’en déplaise au sexe, un plaisir bien léger;/ Dès qu’on le prend il cesse
d’être,/ Et toujours il coûte trop cher.» (p. 128) Y la segunda: «Pour peu qu’on ait l’esprit
sensé,/ Et que du Monde on sache le grimoire,/ On voit bientôt que cette histoire/ Est un
conte du temps passé;/ Il n’est plus d’Époux si terrible,/ Ni qui demande l’impossible,/ Fût-
il malcontent et jaloux./ Près de sa femme on le voit filer doux;/ Et de quelque couleur que
sa barbe puisse être,/ On a peine à juger qui des deux est le maître.» (p. 129)
29. En la primera edición de la recopilación de cuentos llevada a cabo por los hermanos Grimm,
estos habían acogido una versión de La Barbe bleue (Blaubart), semejante en todo a la de
Perrault. Temiendo que simplemente fuera una traducción del cuento del francés, la supri-
mieron rápidamente y se atuvieron a un relato de fuente alemana, Fitschers Vogel.
La manzana de Eva y la llave de Barba Azul: Reflexiones psicocríticas ][ 43

la advertencia de la Virgen y abre la decimotercera puerta del Paraíso: en ese


preciso momento su dedo, empapado de luz divina, se convierte en un dedo
de oro. La Barbe bleue también ofrece analogías con la historia de Helena,
prisionera de Teseo, y liberada por sus dos hermanos, Cástor y Pólux (los
Dióscuros),30 y con la leyenda bretona de Santa Trophime (o Santa Tryphime)
asesinada por su marido, el cruel rey Komor –causante de la muerte de va-
rias mujeres–, y resucitada por San Gildas.
Por otra parte, se ha querido encontrar un origen histórico para este
cuento de Perrault, y se tiende a identificar a Barba Azul con el bretón
Gilles de Rais (o de Retz) (1404–1440), mariscal de Francia y fiel compa-
ñero de Juana de Arco. Retirado a su castillo de Tiffauges, se entregó a la
magia negra. Cometió atroces crímenes y fue ejecutado en Nantes, el 26
de octubre de 1440. Para salvaguardar el honor de su familia y de su re-
gión, se sustituyó su nombre por el de un partidario inglés, Blue Barb o
Blue Beard, y así es conocido en la comarca de Nantes el siniestro señor
del castillo de Tiffauges. Sin duda la tradición popular ha confundido el
personaje histórico y el héroe de un cuento que en realidad se oía mucho
antes de que Gilles de Rais naciera.31
Lo cierto es que La Barbe bleue –continente de un tono tragicómico
que nos hace pensar en dramas shakesperianos como Macbeth (en relación
con la sangre imborrable de la mano de Lady Macbeth) u Othello (con-
cretamente, el desenlace)– es uno de los cuentos con mayor proyección ar-
tística. Georges Doutrepont en su obra Les Types populaires de la
littérature française32 reseña unas cuarenta obras que desde el siglo XVIII
hasta la actualidad ratifican esa mencionada proyección: en el área teatral,
destacamos el drama fabulado en tres actos de Maurice Maeterlinck,
Ariane et Barbe–Bleue (1902) –al que puso música Paul Dukas en 1907–,
así como la reciente Coup de bleu (1997) dirigida por Bruno Castan, y que
relata los viajes de Barba Azul y las gentes con las que se encuentra; en el
ámbito literario no nos podemos olvidar del cuento de Anatole France,
Les Sept femmes de la Barbe–Bleue (1909), que convierte al cruel esposo
en un personaje simpático; el séptimo arte también nos ha ofrecido dife-
rentes versiones de Barba Azul bajo la batuta de Méliès (1901),
Christian–Jaque (1951), Walt Disney (1968) y E. Dmytryk (1972); final-
mente, dentro del género musical, reseñamos la comedia de Sedine (con

30. Los Dióscuros (Cástor y Pólux) nacieron de un huevo que Leda había engendrado por
obra de Zeus, el cual se le había aparecido en forma de cisne. Cástor era un habilísimo do-
mador de caballos y Pólux un gran luchador y caballero. Además de liberar a su herma-
na Helena, juntos participaron en la expedición de los Argonautas y en la caza del jabalí
de Calidón. Ida mató a Cástor, y Pólux, que era inmortal, pidió a Zeus la gracia de reu-
nirse con su hermano: Zeus le concedió lo que pedía, pero a condición de que pasasen un
día entre los dioses y otro entre los vivos de este mundo.
31. Véase G. ROUGER (ed.), op. cit., p. 120.
32. G. DOUTREPONT, Les Types populaires de la littérature française, Bruxelles, Lamertin,
1926, pp. 418-423. (Cfr. en ibid., p. 121).
44 ][ SONIA SANTOS VILA

música de Grétry) de 1789, la ópera–buffa de Offenbach –basada en el li-


breto de Meilhac y Halévy– de 1866, y la ópera de Bela Bartok, Le
Château du prince Barbe–Bleue (1911).
Si bien Perrault pudo haber leído Les Grandes Chroniques (Nantes,
1531) de Alain Bouchard, o «L’Histoire de saint Gildas» inserta en La Vie
des saints de Bretagne de Albert le Grand, es poco probable que estas
fuentes escritas influyesen en la redacción de La Barbe bleue. Lo más se-
guro es que escuchara el cuento en torno a 1694 o 1695 y procediera a su
adaptación: es decir, el relato bebe en la versión oral. Esta tradición oral de
la que proviene La Barbe bleue se manifiesta en Francia –según el catálo-
go de cuentos populares de Paul Delarue– mediante tres formas:
La que el cuento tiene en todo el resto de Europa y en Canadá: tres hermanas,
raptadas sucesivamente por un monstruo, violan el secreto del cuarto prohibi-
do, pero la tercera escapa por astucia al castigo, devuelve la vida a sus herma-
nas, las libera y da muerte al monstruo.
La más difundida en Francia: la mujer que ha visitado el cuarto prohibido
es liberada por sus padres y hermanos.
Por último, una forma cristianizada original, propia del centro de Francia,
de la cual ha desaparecido el motivo del cuarto prohibido; dos hermanas lleva-
das por un ser diabólico (...) son salvadas por seres divinos.33
Es evidente que el cuento de Charles Perrault es afín a la segunda for-
ma, representada en el recopilatorio mencionado por Le Père Jacques, una
versión de la región de La Vendée recogida por Geneviève Massigon. Y es
que la fidelidad al folclore es una constante en el Barba Azul del académi-
co francés, bien en el tema –ironiza sobre la malicia femenina–, bien en los
motivos. La adaptación que ejecuta sobre el cuento base es necesaria para
entender la translación de la versión oral a la escrita, aunque amenace la
progresión dramática de la narración: es el caso de la omisión del animal
mensajero (unas veces, perrito; otras veces, pájaro parlante) en el transva-
se aludido, con el que la esposa de Barba Azul llama a sus padres y her-
manos, y cuya presencia otorga mayor verosimilitud a la historia, pues en
la versión escrita la aparición de los dos hermanos es fruto del azar. Pero
también es cierto que si el cuento hubiese conservado aquella forma pri-
mitiva poblada de motivos bárbaros y arcaicos (la prohibición, el asesina-
to ritual), no hubiese perdurado. Charles Perrault pudo no comprender el
sentido exacto de esos motivos, pero al transformarlos en el paradigma de
la curiosidad castigada a través de un fuerte proceso de racionalización y
cristianización, les aseguró «eternidad».
Frente a la común creencia de que la transmisión popular degradaba las
creaciones originales de los antiguos trovadores, Perrault insiste en el ca-
rácter enriquecedor de dicha transmisión: es, en realidad, una garantía de

33. Véase P. DELARUE, Le Conte populaire français, catalogue raisonné, tomo I. Erasme,
1957, pp. 186-187. (Cfr. en M. SORIANO, «La pista del folklore», op. cit., pp. 164-165).
La manzana de Eva y la llave de Barba Azul: Reflexiones psicocríticas ][ 45

calidad. A pesar de que se interesó personalmente por el folclore, el escri-


tor nunca demostró simpatía por las masas. Su objetivo era el de utilizar
los artificios y los procedimientos del arte culto para componer obras tra-
dicionales, convirtiéndose dicha utilización en la primera clave de éxito.
Su postura de moderno le obligaba a pensar que el progreso científico di-
siparía algún día las supersticiones populares. Presenta, así pues, esas su-
persticiones como cuentos destinados a la infancia, y, precisamente por su
carácter híbrido entre lo popular y lo infantil, los cuentos gustan tanto al
pueblo como a los niños. Ese gusto dual se convertiría a través de las ge-
neraciones sucesivas de lectores en su segundo factor de fortuna.

LA MANZANA DE EVA Y LA LLAVE DE BARBA AZUL:


REFLEXIONES PSICOCRÍTICAS

La doctora Clarissa Pinkola Estés es una poeta de renombre inter-


nacional galardonada con distintos premios. Está en posesión de un di-
ploma en Psicoanálisis junguiano refrendado por la Asociación
Internacional de Psicología Analítica de Zúrich (Suiza), y es cantadora,
es decir, guardiana de los antiguos cuentos de tradición latinoamerica-
na. Ha sido directora ejecutiva del C. G. Jung Center for Education and
Research de Estados Unidos, se doctoró en Estudios Interculturales y
Psicología clínica, y se dedica a la enseñanza y a la práctica privada des-
de hace más de un cuarto de siglo. Activista desde hace mucho tiempo,
está al frente de la C. P. Estés Guadalupe Foundation, uno de cuyos ob-
jetivos es emitir por onda corta a enclaves conflictivos de todo el mun-
do cuentos destinados a fortalecer la propia conciencia. Por su
activismo social fue distinguida con el premio Las Primeras de la
MANA, La National Latina Foundation en Washington, D. C. En
1990/1991 obtuvo una beca del Rocky Mountain Women’s Institute, y
en 1994 fue galardonada con la Medalla del Presidente en el apartado de
justicia social. La doctora Estés ha sido artista residente del estado de
Colorado a través del Arts and Humanities Council, y ha conseguido el
primer premio del festival anual Joseph Campbell «Keeper of the
Lore». Es miembro vitalicio de La Sociedad de Guadalupe.
Clarissa Pinkola Estés comenzó a escribir Las mujeres que corren con
los lobos en 1971 y ha trabajado en él más de veinte años.34 Por esta obra
ha recibido el Premio de Honor ABBY de la ABA, el premio Top Hand
de la Colorado Author’s League y el premio Gradiva de la National
Association for the Advancement of Psychoanalisis. El libro ha sido tra-
ducido a dieciocho idiomas y está considerado como un clásico de impor-

34. La doctora Estés también es autora de The Gift of Story, de A Wise Tale About What Is
Enough, de una serie de audio en nueve volúmenes, y de Theatre of the Imagination, una
serie en trece capítulos que se ha escuchado en varias emisoras públicas de radio de todo
el territorio de Estados Unidos.
46 ][ SONIA SANTOS VILA

tancia decisiva en la vida interior de las mujeres. Comienza con un breve


Prefacio firmado por su autora:
Todos sentimos el anhelo de lo salvaje. Y este anhelo tiene muy pocos an-
tídotos culturalmente aceptados. Nos han enseñado a avergonzarnos de este
deseo. Nos hemos dejado el cabello largo y con él ocultamos nuestros senti-
mientos. Pero la sombra de la Mujer Salvaje acecha todavía a nuestra espalda de
día y de noche. Dondequiera que estemos, la sombra que trota detrás de nos-
otros tiene sin duda cuatro patas.35
Efectivamente, esa sombra de cuatro patas es la Loba Salvaje36 (la libre
intuición) que todas las mujeres llevamos dentro, y que la doctora Estés
elige como símbolo de expresión del cometido de su obra. Dentro de toda
mujer, incluso de la más reprimida, alienta una vida secreta, una fuerza po-
derosa llena de buenos instintos, creatividad apasionada y sabiduría eter-
na. Esa Mujer Salvaje representa la esencia instintiva femenina. Sin
embargo, los constantes esfuerzos de la sociedad por «civilizar» a las mu-
jeres y reducirlas a unos parámetros de actuación determinados las han de-
jado sordas a los latidos interiores. A lo largo de los dieciséis capítulos del
libro la doctora Estés revela ricos mitos interculturales (arquetipos), cuen-
tos de hadas e historias familiares para ayudar a las mujeres a conocer su
alma, para ayudarlas a sanar (esta finalidad terapéutica la manifiesta de
modo explícito en la Conclusión, «El cuento como medicina»), pues los
comentarios y los relatos permiten comprender y abrazar íntimamente a
esa Mujer Salvaje, continente de medicina y magia.
No van a ser los dieciséis capítulos los protagonistas de nuestro estu-
dio. Mujeres que corren con los lobos es una obra demasiado densa como
para poder ser abarcada de una sóla vez, y merece ser recibida paulatina-
mente. En esta ocasión, como ya anunciamos, es el segundo capítulo («La
persecución del intruso: El comienzo de la iniciación») la base para nues-
tro análisis, aunque antes hemos de hilvanar algunas palabras en relación
con la Introducción («Cantando sobre los huesos») y el primer capítulo
(«El aullido: La resurrección de la Mujer Salvaje»).

35. Véase C. PINKOLA ESTÉS, «Prefacio», op. cit., p. 9.


36. La elección de este animal como transposición figurativa de la esencia femenina se justi-
fica en la niñez de la doctora Estés. Ella misma nos cuenta lo siguiente: «La naturaleza
salvaje ha pasado doblemente a mi espíritu por mi nacimiento en el seno de una apasio-
nada familia mexicano-española y más tarde por mi adopción por parte de una familia de
fogosos húngaros. Me crié cerca de la frontera de Michigan, rodeada de bosques, huertos
y tierras de labranza y no lejos de los Grandes Lagos. Allí los truenos y los relámpagos
eran mi principal alimento. Por la noche los maizales crujían y hablaban en voz alta. Allá
arriba en el norte, los lobos acudían a los claros del bosque a la luz de la luna, y brincaban
y rezaban. Todos podíamos beber sin temor de los mismos riachuelos./ Aunque entonces
no la llamaba con este nombre, mi amor por la Mujer Salvaje nació cuando era una niña.
Más que una atleta, yo era una esteta y mi único deseo era ser una caminante extasiada.
En lugar de las sillas y las mesas, prefería la tierra, los árboles y las cuevas, pues sentía que
en aquellos lugares podía apoyarme contra la mejilla de Dios.» («Introducción. Cantando
sobre los huesos», ibid., pp. 12-13). (La cursiva es nuestra).
La manzana de Eva y la llave de Barba Azul: Reflexiones psicocríticas ][ 47

Desde las primeras páginas de la Introducción queda claro el objetivo


de la autora: regresar al instinto de la mujer, a ese Yo salvaje que durante
miles de años ha sido relegado al territorio más yermo de la psique. Esa
poderosa naturaleza psicológica femenina es denominada por la doctora
Estés la Mujer Salvaje ya que considera que cualquiera que haya sido la
cultura recibida por la mujer, ésta comprende intuitivamente ambos voca-
blos: mujer y salvaje. La Mujer Salvaje es, pues, un arquetipo, y recibe
nombres variados en función de la diversidad lingüística: en español, Río
bajo el Río, La Mujer Grande, Luz del Abismo, La Loba o La Huesera;
en húngaro, Ö, Erdöben (Ella la de los Bosques), y Rozsomák (el Tejón
Hembra); en navajo, Na’ahjé’ii Asdzáá (La Mujer Araña tejedora del des-
tino); en japonés, Amaterasu Omikami (La Divinidad que trae toda luz y
toda conciencia); y en el Tíbet se conoce como Dakini (la fuerza danzan-
te que otorga clarividencia a las mujeres). Estés compara la mujer sana con
la loba, robusta, colmada, tan poderosa como la fuerza vital, dadora de
vida, consciente de su propio territorio, ingeniosa, leal, en constante mo-
vimiento; de ahí que emplee los dos conceptos como sinónimos, y que su-
braye que lo salvaje implica el origen de lo femenino.
Indica la autora que su experiencia como cantadora (o, en su versión
húngara, mesemondó)37 le inspira en su trabajo como psicoanalista. Da una
gran importancia a la Psicología clínica y a la Psicología del desarrollo, y
para curar emplea el ingrediente que juzga más sencillo y accesible: los re-
latos, productos del alma e impulsores de lo salvaje. Los cuentos, pues,
son una medicina, y, dado que ponen en marcha la vida interior (ame-
drentada, encajonada o acorralada), decide escribir un libro de relatos so-
bre las modalidades del arquetipo de la Mujer Salvaje –Mujeres que corren
con los lobos–, relatos que se pueden utilizar como vitamina anímica y guía
para acceder al hogar psíquico femenino.
El capítulo primero («El aullido: La resurrección de la Mujer Salvaje») se
identifica con el paso inicial en ese itinerario. La doctora Estés inserta en este
capítulo un cuento titulado «La Loba» en el cual la protagonista –llamada La
Huesera, La Trapera o La Loba– tiene una única tarea: recoger huesos, es-
pecialmente aquellos de los lobos. Una vez conseguido un esqueleto com-
pleto, se sitúa al lado de él, levanta los brazos y comienza a cantar, hasta que
consigue hacer resucitar a la criatura. Tras volver a la vida, el lobo huye, y en

37. Es la propia autora quien nos explica el significado de estos conceptos: «Visceralmente,
sin embargo, abordo los relatos como una cantadora, una guardiana de antiguas historias.
Procedo de una larga estirpe de narradores: las mesemondók, las ancianas húngaras capa-
ces de contar historias, tanto sentadas en sillas de madera con sus monederos de plástico
sobre el regazo, las rodillas separadas y la falda rozando el suelo, como ocupadas en la ta-
rea de retorcerle el cuello a una gallina... y las cuentistas, las ancianas latinoamericanas de
exuberante busto y anchas caderas que permanecen de pie y narran a gritos la historia
como si cantaran una ranchera. Ambos clanes cuentan historias con la voz clara de las
mujeres que han vivido sangre y niños, pan y huesos. Para ellas, el cuento es una medici-
na que fortalece y endereza al individuo y a la comunidad.» (Ibid., p. 28).
48 ][ SONIA SANTOS VILA

esa huída –quizá debido a algún agente natural (el sol, la luna, el agua)– el ani-
mal se transforma en una mujer que ríe a carcajadas.
Cantar sobre los huesos significa descender hasta las profundidades de los
sentimientos para conseguir relacionar el alma con el Yo salvaje: la voz del
alma fluye a través del canto, lo cual significa decir la verdad sobre nuestras
necesidades, es decir, infundir ánima a lo que está enfermo o necesita recu-
perarse. Y esto no hay nada ni nadie que lo pueda hacer mejor que La Loba
(o La Que Sabe),38 la eterna esencia salvaje que habita en la Naturaleza y que
está dentro de las mujeres. Es el instinto morador de la psique femenina del
que –como arquetipo que es– encontramos vestigios en las imágenes y los
símbolos de los cuentos, la literatura, la poesía, la pintura y la religión. Se tra-
ta de una fuerza inimitable e inefable, continente de un enorme caudal de ide-
as y particularidades, que posibilita la resurrección de aquellas cosas que,
poseedoras de un valor psíquico, están muertas.
La Que Sabe infunde su aliento sobre la mujer y, de esa manera, cam-
bia su forma de ser (resucita); la tarea de la mujer es entonces la de mos-
trar que se le ha infundido ese aliento, manifestarlo, repartirlo y cantarlo.
La Que Sabe o La Loba se asocia a los mitos universales de la resurrec-
ción de los muertos: La Loba (Isis, Jesucristo, Deméter) canta sobre los
huesos (Osiris, Lázaro, Perséfone).39 Los huesos poseen una fuerza indes-
tructible, son capaces de crear por sí mismos y se renuevan constante-
mente: en el cuento de la doctora Estés representan la naturaleza instintiva
entregada a la libertad y a lo intacto. El hogar de La Huesera se ubica en
los ovarios, recipientes de semillas. De ahí que las mujeres siempre hayan
sentido una especial predilección por cavar, plantando raíces diversas y re-
moviendo la tierra: en realidad buscan a la mujer eternamente existente
(La Loba), pues la necesitan para sentirse enteras y en paz.
Llegamos así al segundo capítulo («La persecución del intruso: El
comienzo de la iniciación»), del que parte nuestro análisis sobre el frag-
mento del Génesis y el cuento de Perrault. Clarissa Pinkola Estés indi-
ca que dentro de los seres humanos existen muchos otros seres que
merecen ser vigilados sin privarles de su libertad de actuación. Uno de
ellos –el más falso y el más poderoso fugitivo de la psique– es el depre-
dador natural. Este depredador se caracteriza porque opera contra na-
tura, es decir, en sentido contrario al desarrollo, a la armonía y a lo
salvaje. Es sarcástico y asesino, lo llevamos dentro desde que nacemos
y su misión es convertir las encrucijadas en caminos cerrados. Ese po-

38. Señala la doctora Estés que es éste otro nombre para el arquetipo de La Loba, y que com-
prendió por primera vez su significado cuando vivía en las montañas Sangre de Cristo de
Nuevo México, al pie del Lobo Peak. Parece ser que una anciana bruja de Ranchos le dijo
que La Que Sabe conocía todo acerca de las mujeres y que las había creado a partir de la
arruga de la planta de su divino pie; por eso las mujeres son criaturas sabias, porque es-
tán hechas en esencia de la piel de la planta del pie omnisciente. («El aullido: La resu-
rrección de la mujer salvaje», ibid., p. 37).
39. Ibid., p. 41.
La manzana de Eva y la llave de Barba Azul: Reflexiones psicocríticas ][ 49

deroso depredador aparece repetidamente en los sueños de las mujeres,


irrumpe en el centro de sus planes más espirituales y significativos y las
aísla de su naturaleza instintiva. Una vez cumplido su propósito, deja a
la mujer insensibilizada y sin fuerzas para mejorar su vida, con las ide-
as y los sueños tirados por tierra y sin aliento.
Este elemento nocivo se presenta en los cuentos de hadas simbolizado
por un ladrón, un mozo de granja, un violador, un matón e, incluso, una
perversa mujer de muy variadas características, no ajeno a relaciones per-
judiciales, groseras figuras autoritarias y preceptos culturales negativos.
Estos ladrones de luz y asesinos de la conciencia se apoderan del jugo cre-
ativo de la mujer por simple placer o para su propio uso: la mujer fruto de
esta succión se convierte en un cadáver, mientras que su atacante psíquico
rebosa de salud. Por esta razón, la figura siniestra desea que la mujer no
preste atención a sus instintos, por temor de que aprecie que han aplicado
un sifón a su mente, su imaginación, su corazón o su sexualidad. No sólo
en el folclore, sino también en los mitos y en los sueños, el depredador na-
tural tiene casi siempre tras de él un depredador que también lo persigue,
de manera que la batalla final entre ambos provoca un cambio o equili-
brio. De no surgir un antagonista para esta bestia, el cuento pasa a ser una
historia de terror.
Nos asegura la doctora Estés que la esposa de Barba Azul es víctima de
un depredador natural, Barba Azul, y, en consecuencia, relata la historia
que ya conocemos en la versión que le contó su tía Kathé, una húngara de
Csíbrak (cerca de Dombovar), versión que contiene elementos de la va-
riante francesa y de otra eslava. Nosotros queremos añadir a esa víctima
femenina otra más: Eva, la costilla de Adán, sometida, al mismo tiempo,
por Yavé Dios y la serpiente.
Barba Azul y la serpiente son prototipos de «magos frustrados», ma-
gos que, a pesar de su carácter tremendamente destructor, ofrecen un as-
pecto más bien normal. Los depredadores que hay en ellos ansían la
superioridad y el poder sobre los demás, y pretenden ser tan grandes
como aquello que controla las misteriosas fuerzas de la naturaleza. Sin
embargo, el intento de quebrantar, doblar o alterar ese elemento controla-
dor y omnipotente se castiga en el mundo de la magia con una merma de
las facultades, con el exilio, o con una pérdida de gracia. Barba Azul y la
serpiente perdieron la gracia al querer superar la luz, y con el fin de salir
de las tinieblas y de su soledad se dedican a perseguir implacablemente la
luz de sus dos ingenuas presas femeninas.
Tanto la hermana menor (futura esposa de Barba Azul) del cuento de
Perrault como la Eva del Génesis representan el potencial creativo de la
psique, algo que está avanzando hacia una vida exuberante y rebosante de
energía. Pero se produce un desvío cuando acceden a convertirse en vícti-
mas de seres nocivos porque el instinto que podría permitirles darse cuen-
ta de lo que ocurre y obrar de otro modo no está intacto. El hecho es que
nadie nace despierto, y ambos episodios invitan a despertar.
50 ][ SONIA SANTOS VILA

Las dos mujeres no son sólo ingenuas en sus procesos mentales e ig-
noran la faceta asesina de su propia psique sino que, además, se dejan se-
ducir por los placeres del ego: a todas nos gusta que todo sea maravilloso.
Comprobemos esta seducción con Eva:
Pero la serpiente, la más astuta de cuantas bestias del campo hiciera Yavé Dios,
dijo a la mujer: “¿Conque os ha mandado Dios que no comáis de los árboles
todos del paraíso?” Y respondió la mujer a la serpiente: “Del fruto de los ár-
boles del paraíso comemos, pero del fruto del que está en medio del paraíso nos
ha dicho Dios: ‘No comáis de él, ni lo toquéis siquiera, no vayáis a morir’. Y
dijo la serpiente a la mujer: “No, no moriréis; es que sabe Dios que el día que
de él comáis se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del bien
y del mal” (Génesis 3, 1–5)40
En el caso de la mujer de Barba Azul no es menos evidente:
Il était une fois un homme qui avait de belles maisons à la Ville et à la
Campagne, de la vaiselle d’or et d’argent, des meubles en broderie, et des ca-
rrosses tout dorés; mais par malheur cet homme avait la Barbe bleue; cela le
rendait si laid et si terrible, qu’il n’était ni femme ni fille qui ne s’enfuit de
devant lui. Une de ses Voisines, Dame de qualité, avait deux filles parfaitement
belles. Il lui en demanda une en Mariage, et lui laissa la choix de celle qu’elle
voudrait lui donner. Elles n’en voulaient point toutes deux, et se le renvoyaient
l’une à l’autre, ne pouvant se résoudre à prendre un homme qui eût la barbe
bleue. Ce qui les dégoûtait encore, c’est qu’il avait déjà épousé plusieurs fem-
mes, et qu’on ne savait ce que ces femmes étaient devenues. La Barbe Bleue,
pour faire connaissance, les mena avec leur Mère, et trois ou quatre de leurs
meilleurs amies, et quelques jeunes gens du voisinage, à une de ses maisons
de Campagne, où on demeura huit jours entiers. Ce n’était que promena-
des, que parties de chasse et de pêche, que danses et festins, que collations:
on ne dormait point, et on passait tout la nuit à se faire des malices les uns
aux autres; enfin tout alla si bien, que la Cadette commença à trouver que
le Maître du logis n’avait plus la barbe si bleue, et que c’était un fort hon-
nête homme (p. 123)41
El ego desea encontrarse cómodo, pero el ansia de lo paradisíaco
combinada con la ingenuidad no permite alcanzar la satisfacción sino
que convierte a ambas mujeres en víctimas del depredador. Cuando esos
espíritus femeninos se alían (o se casan) con el depredador son reprimi-
dos en una época de su vida inicialmente destinada al desarrollo. En lu-
gar de vivir libremente, la mujer comienza a vivir de una manera falsa,
y, por añadidura, se está planeando su asesinato bajo la vil promesa de
que en cierto modo se convertirá en una diosa (Eva) o en una reina (la
esposa de Barba Azul).
Barba Azul prohíbe a su joven esposa utilizar la única llave capaz de
conducirla a la conciencia, lo cual equivale a despojarla de su naturaleza

40. (La negrita es nuestra).


41. (La negrita es nuestra).
La manzana de Eva y la llave de Barba Azul: Reflexiones psicocríticas ][ 51

instintiva, de la innata curiosidad que la llevaría a descubrir lo que subya-


ce a lo evidente. Sin este conocimiento la mujer carece de la debida pro-
tección. Si decide obedecer la orden de Barba Azul de no utilizar la llave,
opta por su muerte espiritual, y si decide abrir la puerta de la horrible es-
tancia secreta, opta por la vida.
Yavé Dios ha prohibido a Adán y también a Eva comer del fruto de un
determinado árbol del Paraíso –el árbol de la ciencia del bien y del mal (un
árbol de conocimiento)–, y, por esta misma prohibición, Dios se convier-
te en depredador natural de la psique de Eva. El primer hombre y la pri-
mera mujer viven, sin comer de ese fruto, en un estado de ingenua
felicidad preternatural, colmada de desconocimiento, que se resume así en
el Génesis (2, 25): Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, sin aver-
gonzarse de ello. El depredador Dios cuenta con un antagonista, el depre-
dador serpiente, quien induce a Eva a alcanzar esa sabiduría
–posteriormente castigada– mediante la ingestión del fruto vetado, y
quien se convierte, de ese modo, en el despertador del instinto de la mu-
jer.42 No hay que confundir, tampoco, a este personaje con un aliado fe-
menino: recordemos que es un «mago frustrado», desgraciado, vencido
por Yavé Dios, y que pretende buscar mezquinamente la gracia perdida en
la inocencia de Eva.
Tras el descubrimiento de la horrible carnicería, el yo ingenuo de la es-
posa de Barba Azul sabe que una fuerza asesina anda suelta en el interior
de la psique. La sangre de la llave es la sangre de las mujeres, y representa
una disminución de los más hondos y más espirituales aspectos de la pro-
pia vida creativa. La mujer trata de limpiar la llave, pues el ego censor de-
sea olvidar que ha visto la habitación y los cadáveres que en ella había, es
decir, acontecimientos negativos y dolorosos. Pero no consigue impedir
que la llave llore sangre, pues, paradójicamente, mientras su antigua vida
se muere, la mujer despierta con esta hemorragia y, gracias a ello, empieza
a vivir. De modo paralelo, cuando Eva come de la fruta del árbol de la
ciencia del bien y del mal, y le da de comer también a su marido, el rastro
de sangre se convierte aquí en la consciencia de desnudez: Abriéronse los
ojos de ambos, y viendo que estaban desnudos, cosieron unas hojas de hi-
guera y se hicieron unos ceñidores. (Génesis 3, 7). Yavé Dios les ofrece unas
túnicas de pieles y los viste: han perdido la inocencia. Sin embargo el de-
predador natural que reside en Yavé se prolonga aún más cuando decide
expulsarlos del jardín de Edén por temor de encontrar en ellos a nuevos
antagonistas:

42. Por esta razón Yavé lo maldice: «Dijo luego Yavé Dios a la serpiente: «Por haber hecho
esto,/ Maldita serás entre todos los ganados/ Y entre todas las bestias del campo./ Te
arrastrarás sobre tu pecho/ Y comerás el polvo todo el tiempo de tu vida./ Pongo perpe-
tua enemistad entre ti y la mujer/ Y entre tu linaje y el suyo;/ Este te aplastará la cabeza,/
Y tú le acecharás el calcañal.» (Génesis 3, 14-15)
52 ][ SONIA SANTOS VILA

Díjose Yavé Dios: “He ahí al hombre hecho como uno de nosotros, conocedor
del bien y del mal; que no vaya ahora a tender su mano al árbol de la vida, y co-
miendo de él, viva para siempre”. Y le arrojó Yavé Dios del jardín de Edén, a
labrar la tierra de que había sido tomado. Expulsó al hombre y puso delante del
jardín de Edén un querubín, que blandía flameante espada para guardar el ca-
mino del árbol de la vida (Génesis 3, 22–24)
En el momento en el que Eva come de la fruta prohibida y la esposa de
Barba Azul abre la habitación secreta, ambas mujeres comprenden de qué
manera las distintas partes de su naturaleza femenina y de su psique ins-
tintiva han sido asesinadas y han sufrido una lenta muerte detrás de una
espléndida fachada. En el Génesis son las propias palabras de Yavé las que
nos hablan de una nueva Eva –a pesar del rigor del folclore y del peso de
las diferentes tradiciones que convergen en la Biblia– y del renacer de un
espíritu femenino que se impone con más fuerza:
A la mujer le dijo: “Multiplicaré los trabajos de tus preñeces./ Parirás con dolor
los hijos/ Y buscarás con ardor a tu marido,/ Que te dominará” (Génesis 3, 16)
Las dos mujeres han dejado de ser ingenuas y utilizan la astucia. Así
pues, cuando Dios pregunta al hombre por qué sabe que está desnudo y,
en consecuencia, se esconde, el hombre culpa a la mujer de haberle dado
el fruto prohibido, pero ésta no se arredra y confiesa a Yavé que fue enga-
ñada por la serpiente y que, por eso, comió. Barba Azul, por su parte, al
conocer la transgresión de su esposa decide matarla, pero la joven ralenti-
za la acción de su ejecutor con fingidos deseos de oración que esconden
anhelantes esperanzas de salvación por parte de sus hermanos.
La llamada de la mujer de Barba Azul recorre una larga distancia en el
interior de la psique hasta llegar al lugar donde viven sus hermanos, es de-
cir, donde viven los aspectos de la psique que están adiestrados para lu-
char, y para luchar a muerte en caso necesario. En un principio, esos
aspectos defensores no están tan cerca de la conciencia como deberían es-
tar. Entonces la mujer practica el conjuro de su naturaleza combativa sim-
bolizada por la polvareda:
Cependant la Barbe bleue, tenant un grand coutelas à sa main, criait de tout sa for-
ce à sa femme: “Descends vite, ou je monterai là–haut. – Encore un moment, s’il
vous plaît”, lui répondait sa femme; et aussitôt elle criait tout bas: “Anne, ma sœur
Anne, ne vois–tu rien venir?” Et la sœur Anne répondait: “Je ne vois rien que le
Soleil qui poudroie, et l’herbe qui verdoie”. “Descends donc vite, criait la Barbe
bleue, ou je monterai là–haut. – Je m’en vais” répondait sa femme, et puis elle
criait: “Anne, ma sœur Anne, ne vois–tu rien venir? – Je vois, répondit la sœur
Anne, une grosse poussière qui vient de ce côte–ci” (p. 127)43
Los hermanos –uno dragón y otro mosquetero, como ya informamos–
entran al galope en la mansión, irrumpen en la estancia y matan a Barba

43. (La negrita es nuestra).


La manzana de Eva y la llave de Barba Azul: Reflexiones psicocríticas ][ 53

Azul con sus espadas. En la psicología junguiana esta energía interior mas-
culina se denomina animus y se trata de un elemento de la psique femeni-
na parcialmente mortal, parcialmente instintivo y parcialmente cultural
que se presenta en los cuentos de hadas bajo la apariencia de hijo, marido,
forastero y/o amante. Según las circunstancias psíquicas del momento, a
veces reviste un carácter amenazador y habitualmente agresivo. Cuando
esa naturaleza de sexo contrario está sana –como simbolizan los hermanos
de la esposa de Barba Azul–, ama a la mujer en la que mora, y la ayuda a
conseguir cualquier cosa que desee, además de prestarle su apoyo en la lu-
cha por el conocimiento consciente. Gracias al animus, la joven no su-
cumbe al poder del depredador, como sí sucumbieron las anteriores
mujeres de Barba Azul, convertidas en esqueletos y cadáveres, y, además,
consigue en último término «beneficiarse» de la fortaleza de su opresor.
Así finaliza el cuento:
Il se trouva que la Barbe bleue n’avait point d’héritiers, et qu’ainsi sa femme de-
meura maîtresse de tous ses biens. Elle en employa une partie à marier sa sœur
Anne avec un jeune Gentilhomme, dont elle était aimée depuis longtemps; une
autre partie à acheter des Charges de Capitaine à ses deux frères; et le reste à se
marier elle–même à un fort honnête homme, qui lui fit oublier le mauvais temps
qu’elle avait passé avec la Barbe bleue. (p. 128)
De manera similar, Eva –y también Adán– triunfa sobre su depreda-
dor, Yavé Dios, y se «aprovecha» también de Él, porque renace con cono-
cimiento consciente y capacidad para distinguir el Bien y el Mal,
cualidades en el Paraíso sólo atribuibles a Dios. La serpiente, antagonista
de Yavé, insta a la primera mujer a despertar de su inocencia, pero no es
un animus sano, porque únicamente trata de absorber la luz que despren-
de Eva, no desea en realidad su bien, y la utiliza ya que no se atreve a en-
frentarse directamente con Yavé Dios: es maldita y vencida por Él.
Ambos relatos giran en torno a la ingenuidad psíquica de las mujeres,
pero también en torno al valeroso quebrantamiento de la prohibición de
«probar» (Eva) o de «mirar» (esposa de Barba Azul), quebrantamiento
que responde al arquetipo de la curiosidad femenina castigada. Asimismo,
son relatos que hablan de la victoria sobre el depredador natural de la psi-
que –unas veces, proveniente del mundo exterior, y otras, del mundo in-
terior– y de la extracción de su energía. Los dos son medicinas que deben
ser utilizadas cuando la vida íntima de la mujer está atemorizada, parali-
zada o acorralada, pues ayudan a poner nuevamente en marcha esa vida ín-
tima –aunque en el Génesis por circunstancias mitoculturales y religiosas
la hermenéutica resulte mucho más compleja y oscura. Así lo entiende la
doctora Estés a propósito del cuento de Barba Azul:
Es posible en suma que el cuento de Barba Azul haga aflorar a la concien-
cia la llave psíquica, es decir, la capacidad de formular cualquier tipo de pre-
gunta acerca de la propia persona, la propia familia, las propias actividades y la
vida circundante. Entonces, como una criatura salvaje que olfatea una cosa y la
54 ][ SONIA SANTOS VILA

husmea por arriba, por abajo y por todas partes para averiguar lo que es, la mu-
jer es libre de buscar las verdaderas respuestas a sus más profundas y oscuras
preguntas. Y es libre de arrancarle los poderes a la cosa que la ha atacado y de
transformar estos poderes que antes se habían utilizado contra ella en su pro-
pio beneficio. Eso es la mujer salvaje.44

CONCLUSIÓN
Al comienzo de nuestro trabajo hablábamos de la deuda de gratitud
que los niños tienen contraída con los autores de cuentos de hadas, como
es el caso de Charles Perrault, y hemos intentado justificar el motivo de
esa deuda. Hemos abordado psicocríticamente un tema ancestral (un ar-
quetipo junguiano) depositado en el Génesis, a propósito de Eva, y en el
cuento de Perrault, La Barbe bleue, a propósito de la joven esposa de
Barba Azul: el castigo a la curiosidad de la mujer, y ha sido el modelo ex-
puesto por la doctora Clarissa Pinkola Estés en su obra Mujeres que co-
rren con los lobos. Mitos y cuentos del arquetipo de la Mujer Salvaje, el que
ha guiado nuestra reflexión. Fruto de este estudio es la constatación de
que no sólo los niños, sino también los adultos han de estar agradecidos a
los creadores de los cuentos de hadas, y a los cuentos en esencia. Los re-
latos sanan y, como en los dos casos que nos han ocupado, dan vida y fue-
go interior, proclaman la intuición natural y resucitan a la Mujer Salvaje
que toda mujer atesora. Nuestras sombras caminan detrás de nosotras so-
bre cuatro patas: es hora ya de reconocerlas.

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44. C. PINKOLA ESTÉS, «La persecución del intruso: El comienzo de la iniciación», op. cit.,
pp. 74-75.
La manzana de Eva y la llave de Barba Azul: Reflexiones psicocríticas ][ 55

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