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El absolutistIlo

(1550-1700), ¿un tnito?

Revisión de un concepto historiográfico clave

Ronald G. Asch
Heinz Duchhardt
(eds.)

IDEA BOOKS
ÍNDICE

Presentación 7
Fernando Sánchez Marcos

Capítulo 1
El nacimiento del "absolutismo" en el siglo :x:vn
¿Cambio de é¡xx:a de la historia europea o ilusión óptica? 13
Ronald G. Asch y Heinz Duchhardt

Capítulo 11
El absolutismo de la Edad Moderna 1550-1700
¿Realidad política o propaganda? 43
Nicholas Henshall
.ty:
~~, Capítulo m
~> Colección Idea Universitaria-Historia
¿Adiós al absolutismo?
C;~
ena respuesta a Nicholas Henshall
IDEA BOOK::', SA
Rosellón, 1 86, 19 4°
Emst Hinrichs
08008 Barcelona

~ 93.4533002 - E 93.4541895
e.moil: ideabook@lc:nxOffi.es
h1tp:/ /www.ideabooks.es

Der AbsoIulismu5 - ein Mythos?


© 1996 BOhIau Verlqg, Colonia
© 2000 idea Ilcx>ks, SA de la traducción
y la edic',ón en lengua castellana.

Diredor de la colección de Historia:

Prof. Sán<:hez Nlarcos

Fotograffa y diseño cubierta:

ImmaS·,món
Traducción:
Ana Rey y Karslen Neumann

Imp-esilm y encuadernación!
Gráficas y encuadernaciones Revnícbs, S.A.
ISBN: 84,8236-1 79,1
Depósilolegal: 8-35.517-2000
Impreso en ápoña - Prínted ín Spain
PRESENTACIÓN

La obra que presento ofrece la traducción de los artículos


más emblemáticos y panorámicos incluidos en el volumen colec­
tivo editado por Ronald G. Asch y Heinz Duchhardt, en 1996, ti­
tulado Der Absolutismus -ein Mythos?: Strukturwandel monar­
chischer Herrschaft in West- und Mítteleuropa (ca. 1550-1700),
con numerosas contribuciones en alemán e inglés.
Heinz Duchhardt es uno de los más prestigiosos especialis­
tas alemanes sobre los siglos xvn y XVIII. Como profesor de
Historia Moderna en la Wes{falische Wilhelms-Universitat de
Münster, ha impulsado los estudios sobre el sistema político eu­
ropeo y el papel, dentro de él, del antiguo Imperio Germánico,
así como sobre las aspiraciones a la paz y su laboriosa plasma­
ción en los grandes congresos internacionales -desde el de West­
falía hasta el de Viena- celebrados a tal efecto en esa época.
Duchhardt es uno de los pocos historiadores alemanes que ha si-
Muchos conocerán
probablemente su lograda y útil síntesis La época del Absolutis­
mo. 1 Precisamente, la obra original de la que parte el libro que el
lector tiene en sus manos lleva también un cierto sello de Müns­
ter, pues apareció en el volumen 9 de la colección "Münstersche
Historische Forschungen". En los últimos años, H. Duchhardt si­
gue potenciando la aproximación comparativista a la Historia
Moderna de Europa como Director de una de las secciones del
reputado centro de investigación lnstítut für Europaísche Ges­
chichte de Maguncia.
Por lo que respecta a Ronald G. Asch, nacido en Hambur­
go, aunque menos conocido en España, es también un gran in­
vestigador, con un enfoque irenista, de la historia política, social

1 Este Iíbro, publicado por Alianza Ed. en 1992, constituye la traducción de la


P. ed. alemana de 1989; en 1998 (Múnich, R. Oldenbourg) apareció la 3". ed. alema­
na corregida y aumentada.

El absolutismo (1550-1700), ¿un mito? ~~~~----- -~--


Presentación

y cultural europea de la Edad Moderna. Ha trabajado especial­ les y políticas y los efectos de la guerra sobre las finanzas y la
mente sobre Inglaterra, Irlanda y el Imperio Germánico. Entre administración de los estados europeos. Junto a contribuciones
sus numerosas obras cabe destacar quizás su monografía (Colo­ sobre Francia, Inglaterra, España, y el Imperio alemán, se incluye
nia, 1994) sobre la corte de Carlos I Estuardo 0625-1640) como también a las Provincias Unidas, las cuales en la Edad Moderna
centro de poder político y de irradiación de patronazgo, publica­ constituyen un efectivo contramodelo a la soberanía monárquica.
da tras su estancia en el Instituto Histórico Alemán de Londres. El libro presta una importante contribución al debate sobre la
Actualmente, el Dr. Asch es catedrático de historia moderna en la formación y el desarrollo del estado moderno.
Universidad de Osnabrück. En el primero de los capítulos de nuestra edición (el que
El libro que presento constituye más que una traducción en ofrece la traducción del artículo firmado conjuntamente por Ro­
sentido estricto, una introducción a (o una versión extractada de) nald G. Asch y Heinz DuchhardO, el lector encontrará la síntesis
la obra original y adquiere, en cierto modo, un perfil propio res­ de todas y cada una de las contribuciones de los diversos histo­
pecto a la edición alemana. Por esta razón, al ofrecer a los lecto­ riadores e historiadoras recogidas en la edición alemana comple­
res este texto, hemos optado por incorporar, al traducir el desa­ ta (hemos intercalado en la traducción sólo los títulos y subtítu­
fiante título de la edición original, la referencia a la época más los de dichos artículos). Este texto constituye la primera parte de
directamente concernida como tema de estudio y de debate. La la introducción de la obra original. En dicha introducción, los
acotación cronológica se hacía tanto más necesaria cuanto que editores de Der Absolutismus -ein Mythos comentan las mencio­
hemos prescindido del mencionado subtítulo de la edición origi­ nadas contribuciones en el contexto del debate general sobre el
nal y le hemos dado uno nuevo. Con éste subtítulo queremos re­ absolutismo. Todas estas colaboraciones fueron presentadas en
flejar a la vez el sentido que tiene esta edición española y su re­ un congreso de especialistas celebrado por iniciativa de R. Asch
lativa alteridad respecto a la obra original (de 371 págs.) bastante y H. Duchhardt.
más extensa. El sentido de esta edición es claro: proporcionar
cuanto antes una aportación de entidad al estado actual del de­ Como se podrá comprobar, la obra original se estructura de
l)éltt: irlterrlaciortcj S()t)!~e ~1. éÜJsoh.. l tislY10, la siguiente m<inera: a modo de introducción, aparecen el artícu­
Antes de explicar el criterio que ha guiado nuestra selec­ lo que acabamos de mencionar y un texto de Nicholas Henshall,
ción de los textos de la extensa obra original, aludiremos breve­ en el cual este profesor de enseñanza media británico sintetiza
mente a ésta. Para anticipar de manera autorizada su contenido, su ya célebre y provocativo libro Tbe Myth ofA bsolutism: Change
nos valdremos de la traducción del texto de su contracubierta: el and Continuity in Early Modern European Monarchy (Londres,
libro acepta la nueva crítica del historiador inglés Nicolas Hens­ 1992).3 La segunda parte, titulada Konfessionsbildung und Staat­
hall al concepto de absolutismo e investiga, con base en casos entwicklung, ofrece las contribuciones de Arlette Jouanna (Mont­
pertinentes escogidos, el cambio estructural en el gobierno (o pellier), el propio Ronald G. Asch (Münster) y Olaf M6rke (Gies­
soberanía) monárquico desde el tardío siglo XVI hasta comien­ sen). En la tercera parte, Monarchische Herrschaft und Herr­
zos del siglo XVIII. Ante todo se abordan en él tres problemas: schaft des Rechts, se reúnen los artículos de David L. Smith (Cam­
los efectos políticos del proceso de confesionalización, el fenó­ bridge), 1. A. A. Thompson (Keele), Wolgang Schmale (Múnich) y
meno de la codificación (Verrechtlichung )2 de las normas socia­ Johannes Arndt. El bloque temático siguiente, sobre Krieg, Fi­
nanzen und Verwaltung (cuarta parte), comprende los capítulos
redactados por Wolgang Reinhardt (Friburgo), Bernard Kroener
2 Verrechtlichung es un concepto de muy difícil, por no decir imposible, tra­
ducción unívoca al castellano; el sentido del término es el de intensificación de la ju­
ridicidad. En esta obra se ha traducido habitualmente por codificación, aunque tal 3 Poco después de la publicación de esta obra, Heinz Duchhardt le dedicó una
vez los neologismos juridización o juridificación pudieran ser también apropiados. reseña en HistonscheZeitschriftv. 258(994), págs. 113-122.

8 9
El absolutismo (1 550-1 ___-'------'--,.é<_
Presentación
(Friburgo) y Marjolein c.'t Hart (Amsterdam). La obra se cierra con
le, como estudio de un caso (de un concepto historiográfico) es­
el epílogo escrito por Ernst Hinrichs (Brunswick).4 En él se ofrece
pecialmente abarcador, múltiples sugerencias a propósito de có­
un análisis desde el contexto alemán, y una respuesta explícita a
mo el discurso histórico (la historiografía) refleja las transforma­
la tesis de Henshall según la cual debemos prescindir del absolu­
ciones históricas (la historia). ¿No resulta después de todo per­
tismo como concepto historiográfico válido, pues éste es más un
fectamente explicable, en nuestra Comunidad Europea, de la Eu­
instrumento de polémica política del siglo XIX que una realidad
ropa posmoderna y de la comunicación, que las aproximaciones
verificable y consistente en la época que pretende designar.
recientes al absolutismo enfaticen por una parte los aspectos de
En esta edición abreviada de la obra original, hemos reteni­
consenso y de lenguaje (en suma del poder de persuasión y re­
do y traducido la introducción global, el artículo de Henshall en
presentación) y que contemplen a la vez el fenómeno de la afir­
torno al cual gira la discusión de la que es fruto la obra original,
mación del poder monárquico más desde una perspectiva co­
y la respuesta de Ernst Hinrichs.
mún europea que insistiendo en la separación entre el presunto
Cuando nos ha parecido muy conveniente aclarar algún tér­
absolutismo (despótico) continental y el constitucionalismo in­
mino o expresión de la obra original, esta explicación va entre
glés? Una vez más comprobamos que la historia es un constructo
corchetes o en nota a píe de página. en el que se relacionan lo acontecido en el pasado y lo que en
El libro que presentamos tiene, a nuestro juicio, un doble cada momento pensamos y esperamos ser.
interés. Desde el punto de vista de la historia de la Edad Moder­
El lector tiene en sus manos un pequeño gran libro que en­
na, nos permite acercarnos a conceptualizaciones, investigacio­
sancha nuestros horizontes intelectuales y nos invita a revisar y
nes y referencias bibliográficas recientes de la historiografía euro­
(al menos) matizar lo que muchos de nosotros hemos escrito so­
pea, especialmente anglosajona, francesa y alemana. Si bien, pa­ bre varios temas capitales de la Historia Moderna.
ra el caso de las dos primeras, la necesidad de familiarización
Sólo me resta agradecer la comprensión y paciencia tanto
puede ser menor, esta obra resultará especialmente útil por lo
de la editorial alemana B6hlau Verlag como de la barcelonesa
que hace a las aportaciones germánicas, siempre más excéntricas
Idea Books. que han hecho posible la lahoriosa ge.<;(ac'ifm es­
en nuestra cultüra históríca. este planc, y siguiendc ta obra.
de reflexión de Hinrichs, el cual cuestiona la conveniencia de
prescindir del concepto de absolutismo (en buena parte por la
Barcelona, 3 de mayo de 2000.
carencia de otro alternativo satisfactorio para designar las ten­
dencias de concentración en la corte y de intensificación del po­
der monárquico), me gustaría aventurar, aunque sea de pasada,
que tal vez éste podría encontrarse en el neologismo "acortesa­
miento", con sus connotaciones de transformación dinámica (de
proceso) y de referencia a la corte. ¿Qué nos impide hablar de
"acortesamíento" de manera análoga (sólo en cuanto a la deriva­
ción de la palabra) a como hablamos de aburguesamiento?
Por otra parte, para quienes se interesan en los debates y
tendencias historiográficas actuales, esta obra puede suministrar­

4 E. Hinrichs, otro de los más importantes especialistas alemanes en la época


del absolutismo, tiene en su haber, entre otras obras, la edición del volumen colecti­
vo Absolutismus, publicado en 1986.

10 11
CAPÍTULO I

El nacimiento del "absolutismo" en el siglo XVII

¿Cambio de época de la historia europea o ilusión óptica?

Ronald G. Asch y Heinz Duchhardt

Hace ya más de veinte años, el historiador neerlandés Emst


H. Kossmann llegó a la conclusión de que: "In the intemational
discussion among historians of the early modem period in recent
years -a discussion which has proved destructive of many tradi­
tional concepts from 'renaissance' to 'mercantilism'-the term
'absolutism' has been spared. Absolutism still seems an undispu­
ted historicai defíníng of which not 1'1s(:: tu
substantial difficulties: it was and is considered to be a historical
phenomenon connected with the aggrandisement and the centra­
lisation of the state and with the increase of its power". Sin em­
bargo, ya entonces Kossmann tuvo que admitir que el concepto
de "absolutismo") tal como era empleado por los historiadores,
era poco nítido, e incluso contradictorio. Además, Kossmann re­
conocía que el absolutismo de los siglos XVII y XVIII en realidad
quedaba reducido a una pura abstracción, a un programa políti­
co que los monarcas perseguían, pero que, de hecho, nunca lle­
gó a ser una realidad. 1
Además, en el momento en que Kossmann constataba la
longevidad del concepto tradicional de absolutismo, éste ya ha­
bía sido relativizado por otros historiadores de forma significati­

1 Ernst H. Kossmann. The Singularíty of Absolutism. En: Ragnhild Hatton (ed.),


Louis XIV and Absolutism. Londres 1976. 3·17, pp. 3 Y 5.

13

El absolutismo ¿un mito? El nacimiento del absolutismo en el siglo XVII

va, también en la investigación alemana, a propósito de la cual tam.bién del absol~tismo como sistema de gobierno? Le Roy La­
podemos citar aquí el nombre de Gerhard Oestreich. 2 Por su­ dune s~ ap~rta aS,l claramente de los modelos de interpretación
puesto, esto no cambió ni cambia en nada el hecho de que "ab­ de la hlstona soclal francesa .más reciente de la escuela de los
solutismo" se haya mantenido hasta el día de hoy como caracte­ Annales. Si la historia social -en la medida en que. no contempla:­
rización para un sistema de gobierno y de una época también -y ba, de todos modos, el plano de lo estatal-político como algo del
precisamente- en los libros de texto y los manuales, tanto en todo secundario- había extraído un balance en la mayoría de las
Alemania como en otros países europeos. 3 ocasiones más bien negativo del gobierno de Luis XIV y de sus
Incluso en Francia, donde no hace mucho se prefería el tér­ sucesores, en cambio Le Roy Ladurie, que es también un desta­
mino contemporáneo de monarchíe absolue, en lugar de recurrir cado historiador social, se inclina por una interpretación bastante
al concepto connotativo de "absolutismo" o "absolutisme"4 -acu­ más desde la perspectiva del estado.
ñado sólo tras la Revolución Francesa-, se habla ahora de la Precisamente porque se dan así signos inequívocos de
"naissance dramatique de l'absolutisme"5 o del "absolutisme en que el concepto de absolutismo se impuso, aunque con un
vraie grandeur". 6 Este último título fue el que eligió, por ejemplo, cierto retraso, en Francia, y además con connotaciones de valor
Emmanuel Le Roy Ladurie para su Historia de Francia en el siglo claramente positivas, llama todavía más la atención el hecho de
XVII, recientemente aparecida; por lo que se ve, la elección fue que sea un historiador inglés quien, con mayor firmeza que na­
deliberada, ya que el capítulo final de su interpretación en parte die antes, rechace el uso de este concepto como instrumentali­
lleva consigo rasgos de una apología del Rey Sol y, con ello, zación de la interpretación y el análisis históricos. La auto-com­
prensión histórica de Inglaterra estuvo determinada hasta el
\. 2 Gerhard Oestreich, Strukurprobleme des europaíschen Absolutismus. En:
idem., Geist und Gestalt des Frühmodernen Staates. Berlín 1969; compárese también
momento actual en una medida considerable por el -según to­
Ernst Hinrichs, Zum Stand und zu den Aufgaben gegenwartiger Absolutísmusfor­ . dos los indicios- excepcional proceso histórico del "triunfo"
schung. En: ídem (ed.), Absolutfsmus. FrankfurtlMain 1986, 7-34, Y Heinz Duchhardt, constituyente del Parlamento sobre la corona en el siglo XVII.
Das Zeitalter des Absolutismus. Frankfurt/Main 1989, pp. 166-]72. Parece que, al contrario que a las asambleas estamentales de
, Kunisch, Ahsolutismus. Goting:; 19R6 Y li,ms Boldl, De¡,;tsche Ver­ las o c ' y
fassungsgeschichte, 2 vols., Múnich 1984-1990, 1: Von den Anfangen bis zum Ende
des alteren deutschen Reiches 1806, pp. 224-242 ofrecen ejemplos de ello, así como central, al Parlamento inglés le dio resultado el imponerse fren­
Dietmar WiIloweit, Deutsche Verfassungsgeschichte. Múnich 1990, pp. 147-160. te a las ansias de poder de la corona, y desde 1688 consiguió
4 Para la historia del concepto, véase Reinhard Blii.nkner, "Absolutismus" und relegar a la monarquía a un papel claramente delimitado en la
"frühmoderner Staat". Probleme und Perspektiven der Forschung. En: RudolfVierhaus cúpula del ejecutivo. En este sentido, es legítima la utilización
et al. (eds.) Frühe Neuzeit Fmhe Moderne. D6uingen 1992, 48-75, pp. 5]-59, e ídem,
"Der Absolutismus war ein Glück, der doch nicht zu den Absolutisten gehort".
de Nicholas Henshall del concepto de absolutismo tradicional
Eduard Ganz und die hegelianischen Ursprunge der Absolutismusforschung in en su sentido genérico: "The one thing certain about absolutism
Deutschland. En: Historische Zeftschrift 256 (993) 31-66. was that it was never English. Whatever it was England had the
5 Así el volumen tercero de la Nouvelle Histoire de La France Moderne: Yves­ 1 oposite".8
Marie Bercé. La naissance dramatique de l'absolutisme 1598-1661. París 1992. Bercé Sin embargo, esta tesis del "camino especial" inglés ha sido
contempla la subida al trono de Luis XIV como auténtico cambio de época: "La géné­
ration montante choisit l'absolutisme. Les contemporains de Louis XIv, ceux qui
avalent eu vlngt ans en 1658, rejetaíent comme la peste les malheurs des guerres civi­
II decididamente puesta en tela de juicio por las investigaciones de
los últimos veinte años de la historia de Inglaterra bajo el poder
les ... Ils aspiraient a un royaume centralisé, a la toute-puissance d'un monarque ab­
solu selon les regles de la raison. Cette génération fondait enfín l'absolutisme dont le 7 Le Roy Ladurie, L'Anden Régíme (n. 6), 1, pp. 429-447, así como pp. 440-442.
cahier du Tiers avait revé lors des États de 1614. Louis XIV était le plus illustre rejeton
de cette génération" (p. 189).
I 8 Nicholas Henshall, Ibe Myth of Absolutism: Change and Contínutty in Ear~y
Modern European Monarchy. Londres 1992, p. 80. Compárese Heinz Duchhardt, Ab­
6 Ernmanuel Le Roy Ladurie, L'Anden Régime. 2 vols., París 199], 1: L'absolu­
tisme en vraie grandeur 0610-1715). I solutismus Abschied von einem Epochenbegriff? En: Historische Zeítschrift 258
(1994) 113-122.

14 I
I
15
El absolutismo ~ _ _El nacimiento del absolutismo en el siglo XVII
----------- -~----

de los primeros EstuardoY Además, John Brewer también señaló, Beik, pero también el de Roger Mettam. 12 En 1988, Mettam, en su
con respecto al siglo XVIII, que el estado británico -se juzgue co­ estudio "Power and Faction in Louis XIV's France" había llegado a
mo se juzgue el reparto de peso político entre corona y Parlamen­ la siguiente conclusión: "It should... have no place in a discussion
to--, al menos en importantes ámbitos de la división del poder es­ of the power of the crown in early modern France". El absolutis­
tatal (especialmente actuación militar y administración de finan­ mo como concepto sería un anacronismo, e incluso el de monar­
zas), no disponía en modo alguno de menores recursos que las chie absolue estaría designando más bien un programa político
grandes monarquías continentales, y con ello relativiza, al menos -reafirmado con entusiasmo o rechazado con la misma intensi­
parcialmente, la diferencia entre "absolutismo" y monarquía límita­ dad- que la propia realidad. 13 Suponiendo que en el siglo XVII
da por el Parlamento. lO Otros historiadores, especialmente Jona­ hubiera tenido lugar en Francia un cambio político fundamental,
than Clark, han ido todavía más lejos y han caracterizado a Inglate­ ~ se trataría en cualquier caso de una orientación más fuerte hacia
rra -incluso la del siglo XVIll- directamente como un Antiguo Régi­ el centro, hacia París y hacia la corte, "a shift to the centre"; un
men, una sociedad profundamente aristocrática, que habría estado cambio que además habría sido impulsado más bien por las élites
marcada por la orientación del comportamiento social y de la polí­ de las provincias francesas que no por una política monárquica
tica de acuerdo con normas religioso-confesionales, que principal­ centralista consciente. Estas élites habrían apelado, después de las
mente le otorgaban a la monarquía un carácter sagrado, de modo guerras de religión, y especialmente después de 1660, con mayor
parecido a como ocurría en Francia en la misma épocaY Las tesis intensidad que en el pasado, a la autoridad de la corona, para ga­
de Clark no permanecieron sin refutar, y sin embargo representan rantizarse así su propio estatus, sus privilegios y su autoridad. 14
sin duda, hasta cierto punto, una de las fuentes que justifican el Henshall continúa el camino iniciado por Mettam y otros y
ataque frontal de Henshall al concepto de absolutismo. extiende su crítica, no carente de elementos polémicos, al con­
Éste, sin embargo, se nutre también de la investigación an­ cepto de absolutismo a todas las monarquías europeas, que gene­
glosajona sobre la historia francesa de los siglos XVII y XVIII, ya ralmente se denominan absolutístas. E'>pecialmente plausible re­
que Francia representaba siempre la imagen contraria por antono­ sulta esta crítica cuando cuestiona definiciones convencionales,
11"1C:l.S1C:l. a la constitución "liberal" ingles;;,. En cJ St:, ~aral,:te-
aun que sus colegas franceses, los historiadores ingleses y nortea­ riza como un gobierno sin la colaboración de los estamentos, 15
mericanos se plantearon cuestiones de historia política relacio­ pero una definición tal difícilmente puede abarcar adecuadamen­
nándolas con el análisis de la realidad social del "absolutismo" te lo que precisamente es más específico de la evolución de Fran­
francés. A este respecto podemos citar el nombre de William cia -la pretendida patria modelo del absolutismo--, en la que los
Estados Generales, también antes de 1614, la fecha de su última
9 Véase al respecto lo más reciente de RonaId G. Asch, Triumph des Revisionis­ convocatoria antes de 1789, eran sólo un (relativamente extraño)
mus oder Rückkehr Zum Paradigma der bürgerlichen Revolution? Neure Forschungen fenómeno y no una institución real. Pero tampoco esta definición
zur Vorgeschichte des englischen Bürgerkrieges. En: Zeitscbrifl für Historiscbe For­ resulta exacta con respecto a España o, respectivamente, a Casti­
scbung 22 (995) 523-540.
10 John Brewer, The Sinews of Power. Londres 1989; véase Lawrence Stone
lla, ya que cuando aquí desaparecieron las Cortes en 1664, esto
Ced.), An Imperial State al War: Britainfrom 1689 lo 1815. Londres 1994. sucedía en un momento en que la autoridad de la corona había
JI ]onathan C. D. Clark, English Society 1688-1832. Cambridge 1985. Véase del
mismo, Revolulton and Rehellion: State and Society in tbe Seventeentb and Eigbteentb 13Mettam, power and Faction (n. 12), pp. 34 y 37.
Centuries. Cambridge 1986, así como 1be Language of Liberty 1660-1832: Political 14Mettam, Power and Faction (n. 12), p. 41 Y ss.
Discourse and Social Dynamics in tbe Anglo-American World. Cambridge 1994. 15 Boldt, Verfassungsgescbicbte (n. 3), 1, p. 226, ciertamente establece: "Si en
12 Williarn Beik, Absolutism and Society in Seventeenlb-Century France: State cambio definiéramos, como ocurre con frecuencia, el absolutismo como una forma
Power and Provincial Aristocracy in Languedoc. Cambridge 1985, y Roger Mettam, de gobierno sin estamentos, no estaríamos haciendo justicia a la profusión de fenó'
Power and Faction in Louis XIV's France. Oxford 1988. menos de aquella época".

16 17

El absolutismo 0550-1700L¿un mito?


El nacimiento del absoluti..<;mo en el siglo XVII
------"~ ---­
alcanzado su punto más bajo, de modo que la pérdida de poder XVII viene determinada por la acentuación de la superv'vencia de
de los estamentos apenas supuso una ganancia pard la realeza. 16 prácticas tradicionales de consulta y consenso, que, co~ mucho
Como también subrayó la investigación alemana reciente, gene­ sufrieron una transformación en sus formas externas; si s~ produj~
ralmente constituye un error esencial el caracterizar las relaciones un cambio más profundo, no fue esencialmente en lo institucio­
entre los príncipes y los estamentos como una especie de "juego nal, es decir, en el ámbito de la estnlctura de las autoridades ni
de suma cero" en el que la ganancia de una parte en autoridad en la posición de los cargos públicos ni en sus competencias ~fi­
efectiva y fuerza para imponerse significaría siempre una pérdida dales, sino más bien en lo infonnal, en la construcción de nuevas
de la otra parte. 17 Por contra, Henshall concluye que: "State-Buil­ estnlcturas de clientela y patronazgo, que a lo sumo favorecieron
ding and Estate-Building were reciprocal actions".18 a la larga aquel "shift to the centre" del que hablaba Mettam.
De igual manera Henshall relativiza la capacidad de los mo­ No repetiremos aquí en detalle los argumentos de Henshall
narcas de crear, mediante el ejercicio de su propia autoridad, un ya que en las páginas siguientes le cederemos la palabra. Si~
nuevo derecho en el sentido de una legislación como criterio de­ embargo, su libro 7be Mytb 01 Absolutism representó una ocasión
cisivo para la monarquía absoluta. Durdnte demasiado tiempo, la muy oportuna paid someter de nuevo' a juicio el concepto tradi­
ciencia histórica se ha regido aquí por un modelo, que estaba cional de absolutismo. Los artículos de este volumen surgieron
determinado por las aparentemente manejables fórmulas de Jean durante la celebración de un congreso dedicado a la discusión
Bodin, sin tener en cuenta hasta qué punto, todavía en el siglo de las tesis de Henshall. En ese momento, por supuesto, deter­
XVII y XVIII, en la praxis de gobierno la salvaguardia de los de­ minados ámbitos de problemas tuvieron que ser dejados de lado
rechos tenía prioridad frente a la disposición de nuevos dere­ en consideración al alcance de las sesiones, como, por ejemplo,
chos, al menos en el extenso ámbito del derecho privado. 1? Por la cuestión de la eficacia de las instituciones gubernamentales y
lo demás, a la luz de las nuevas investigaciones, la signifkación administrativas en el plano local o el extraordinariamente com­
de Bodin como el supuesto primer gran teórico del estado mo­ plejo tema de las relaciones entre monarquía o principado y las
derno resulta más
.,
bien dudosa,
,
ya que, por ejemplo, no cuestio­ élites político-sociales, que hubiera requerido de por sí un sim­
! r.i
posiun~i aparte, se t-fl Ca CE ";..1[12
en el campo del dominio doméstico y territorial. 20 época limitada y en un número también limitado de problemas
La imagen de Henshall de la monarquía francesa del siglo centrales. Como época se terminó eligiendo el período temporal
comprendido entre el tardío siglo XVI hasta finales del siglo
)6 l. A. A. Thompson, Castile, Absolutism, Constitutionalism and lihcrty. En:
Philip T Hofman y Kathryn Norhcrg (eds.), Fiscal Crises, Liberly and Representatiue XVII. Si se contempla, en el sentido de la interpretación tradicio­
Government,1450-1789 Stanford. CA 1991, 181-225 nal, la historia de la constitución del estado europeo moderno
17 Véase, por ejemplo, Volker Press, Formen des Standewesens in den deut­ como marcada por una oposición entre absolutismo y tradición
schen Territorialstaaten des 16. und 17. Jahrhundel1s. En: Peter Ballmgart (ed.), Stan­ liberal-estamentaria, la polarización del desarrollo político que
detum und Staatsbildung in Brandenburg-Preuj?en. Berlín 1983, 280-318, Y del mis­
mo, Vi)m "Standestaat" zum Absolutismus. 50 7besen zur Entwicklung des Standewe­
esta oposición debería de haber engendrado comienza bien
sens in Deutschland, pp. 319-226. avanzado el siglo XVI, para llegar aproximadamente a término
)8 Henshall, Myth (An. 8), p. 11. hacia 1700, es decir, después de la Glorious Revolution en Ingla­
19 Véase David Parker, Sovereignty, Absollltism and the Function of the Law in terra y durante el reinado de Luis XIV en Francia.
Seventeenth-Century France. En: Past and Present 122 (1989) 36-74: véase del mis­
mo, Law, Society and the State in the Thought of Jean Bodin. En: History ofPolítical
Tbought 2 (981) 253-2H5. Véase además del mismo, Tbe Making of French Absolu­ Il
tism. Londres 1983.
20 A ese respecto BWnkner, "Absolutismus" und "frühmoderner Staat" (n. 4), En la primera fase del período temporal aquí elegido le co­
pp. 59-65. rresponde un significado especial al proceso -que abarca a toda

]8 19
El ahsolutí!.rl'!~ (125g~~J?J!Ol: ¿un mito? El nacimiento del absolutismo en el
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Europa- de formación de las confesiones religiosas y de la confe­ de realidad del concepto de "absolutismo" necesariamente ha de
sionalización. Tradicionalmente en este caso, se suele aceptar remitir a este proceso.
nación del absolutismo, Francia, como paradígma-, se De forma paralela, o mejor dicho, con una cierta
entiende la formación de la monarquía absoluta como una res­ dad temporal con el proceso de confesionalización, también en­
puesta a la guerra civil confesionaI.21 Por otra parte predomina, tró en acción una codificación prácticas de soberanía tradicio­
por lo que respecta a los territorios alemanes, la perspectiva que nales, que también atañía a las formas de resolución del conflic­
contempla el proceso de formación de las confesiones religiosas to. Los informales mecanismos de poder, heredados del pasado,
como un elemento de refuerzo de la autoridad soberana de los fueron reemplazados por estructuras administrativas instituciona­
príncipes, a la vez que un debilitamiento del imperio. En este lizadas, medidas administrativas y forma jurídica. 24 A las reivindi­
sentido, Heinz Schilling ha afirmado: "Las diferencias entre la caciones, establecidas jurídicamente, de los soberanos, natural­
confesionalización de los católicos, los luteranos y los calvinistas mente se contrapusieron entonces principios jurídicos igualmen­
eran de naturaleza contingente, no esencial: los tres fomentaron te rígidos para la protección de la propiedad y de la libertad. El
el estado principesco, territorial y del absolutismo temprano".22 ímperium de los soberanos y el dominium de los súbditos, pre­
En otros países, por ejemplo en Inglaterra -y lo mismo vale rogative y proper~y, entraron en conflicto a principios del siglo
para los Países Bajos- , fue precisamente el conflicto de confe­ xVII, porque precisamente en una época en que las nuevas ne­
sionalidad el que propició la decisiva legitimación de la resisten­ cesidades económicas de los soberanos permitieron que las fron­
cia política dirigida contra un poder monárquico considerado ti- teras entre ambos ámbitos fueran especialmente permeables, la
o, como mínimo, arbitrario. Por un codificación de estructuras políticas permitía que el deseo de una
confesionalización supuso un fundamental",23 que abar­ itación clara de ambos ámbitos fuera más intenso que nun­
có las capas más profundas del orden político-social -las cuales ca. En este contexto, el conflicto confesional actuó en muchas
no podrían conquistar sin más ni la acción política monárquica naciones de forma muy marcada como catalizador de la forma­
ni la de los estamentos-, de modo que la distrihución del peso ción de concepciones del estado legalmente fijadas. Esto es váli­
entre prÍllClpc j eSl<UECí:tlOS a este proce­ do tamo para las lois en Franciá. COH10 para
so fundamental, modificada y a la vez relativizada en su signifi­ concepciones de una ancient constitution en Inglaterra, garanti­
cado. Por otro lado, permanece la sospecha de que mediante la zada mediante la common law, así como para el desarrollo de un
formación de las confesiones y la confesionalización se asenta­ sistema de derecho imperial en Alemania. 25
ron los raíles por los que discurriría el desarrollo político y cons­ 24 Para la codificación véase Winfríed Schulze, Bauerlicher Widerstand und feu·
titucional del siglo XVII, de modo que la cuestión del contenido dale llerrschaft in der frühen Neuzeít. Stuttgart 1980, p. 76 Y S.; idem, Einführung in
die Neuere Geschichte. Stuttgart 1987, pp. 61-66, Y Michael Stolleis, C.eschichte des offen·
21 Véase por ejemplo Reinhard Koselleck, Krltik und Krise. Frankfurt/M. 1973 lUchen Rechts, 3 vols. Múních 1988, 1, p. 127 Y s., 209-212 y 401-404. La importancia
[1959], pp. 18-31. Véase sobre esta problemática Míchael Stollds, "Konfessionalisie­ del derecho en el aspecto confesional ha sido sobre todo establecida por Martín Hec­
oder "Sakularisierung" beí der Entstehung des frühmodernen Staates. En: 1us kel. Véase Martín Heckel, Staat und Kirche nach den Lehren der evangelischen 1uristc.-'1!
Commttne 20 (1993) 1-24. Deutschlands in der ersten Hdifte des 17. 1ahrhunderts. Múnich 1')68; ídem. Die reichs­
u Heinz SchilHng, Die Konfessionalisierung im Reich. Religi6ser und rechtliche Bedeutung der Bekenntnisse. En idem, Gesammelte Scbriften. Staat, Kirche,
schaftlicher Wandel in Deutschland zwischen 1555 und 1620. En: Historische Zeit· Recht, C.eschíchte, ed. Klaus Schlaich. 2 vols., 1989, Il, pp. 737-772.
246 (1988) 1-45, p. 38; véase Wolfgang Reinhard, Zwang ;;:ur Konfessionalisie­ 25 Los aspectos comunes los señala M. P. Thompson, The History of Fundamen­

rung? Prolegomena zu einer Theorie des konfessionellen Zeítalters. En: Zeilschrift tal Law in Polítical Thought from the French Wars ofReligion to the American Revolu­
far Historische Forschun¡¿ 10 (1983) 257-277. Y Heinrich R. Schmidt, Konfessíonalisie­ tion. En; American lli.~torical Research 91 (986) 1l03~1128.; véase Heinz Mohnhaupt,
nmg 1m 16..fahrhundert (EDG 12). Múnich 1992, pp. 86-91. Die Lehre von der "Lex Fundamentalís" und die Hausgesetzgebung der europaíschcn
2:1 Para la aclaración de este concepto véase la aportación de Olaf M6rke en la Dynastíen. En: ]ohannes Kunisch (ed.), Der dynastísche Fürstenstaat. Berlín 1982,
edición original de este libro. pp. 125-164. 3-33.

20 21
El absolutismu El nacimiento del absolutismo en el XVII

El paradigma de la codificación determinó, por cierto, en bién los denominados monarcas absolutos hacían uso de su po­
Alemania, de una manera especialmente persistente, la forma­ der dentro de los límites del sistema de derecho establecido. 29
ción de conceptos y cuestiones por parte de los investigadores. Por ello parece imprescindible cuestionarse de nuevo el papel
En este sentido, encontramos un paralel0 26 en Inglaterra -nación desempeñado por el derecho en el período temporal comprendi­
en que la discusión de los investigadores sobre el papel político do entre 1550-1700. ¿Quitó hierro a los conflictos estamentales y
de la common law posee una tradición larga-, en menor medida, sociales al ofrecer la posibilidad de la decisión judicial, o contri­
sin embargo, en Francia o en el resto de los países de la Europa buyó a agudizarlos? ¿Era la idea de una supremacía del derecho
occidental. Ciertamente, William Beik constató, a propósito de especialmente característica de los estados tradicionalmente con­
Francia, que: "The essence of local government was the pursuit siderados no absolutistas (Países Bajos, Inglaterra), o es correcto
of large numbers of cases in the courts: suits against the non­ lo contrario, porque precisamente estos estados consiguieron
compliance of individuals, lengthy cases concerníng financial ac­ con antelación hacerse con la idea de una soberanía legislativa
counting '" It cannot be emphasised enough that law suits where incondicional, que más tarde marcaría también la praxis del esta­
the society's principal form of regulatíon and enforcement and do?3o
that their successful resolution required personal influence".27 A En cualquier caso, no debería atribuirse un valor excesivo a
{
esta conclusión llega Beik teniendo en cuenta los litigios locales, la significación de la "soberanía legislativa" para los monarcas
la mayoría de las veces pertenecientes al ámbito jurídico privado. denominados "absolutos".31 Si a la hora de la práctica, los sobe­
Por el contrario, desde el punto de vista del derecho público, Mi­ ranos se encontraron ya a menudo con barreras difícilmente sal­
chel Antoine señaló hasta qué punto la monarquía francesa del vables -cuanto más que, de acuerdo con su concepción, incluso
siglo XVIII eludió cualquier tipo de precisión jurídica; los dere­ en el mejor de los casos eran legibus, pero no iure solutí-, di­
chos de la corona debían ser conscientemente substraídos de chas barreras eran todavía más evidentes en el ámbito de las fi­
cualquier intento de definición clara en cuestiones de estado y, nanzas. Hace ya bastantes años, Jean Berenger llamaba la aten­
con ello, de delimitación mediante los tribunales, especialmente ción, respecto a la monarquía de los Habsburgo bajo Leopoldo 1,
de parlements: 'Timprécision en matiere constitutionelle était a un continuameme
non seulement tolerée et suportée, elle était souhaitée".28 por la bancarrota sólo se le podría caracterizar de absoluto, en
El modelo de absolutismo tradicional acusó desde siempre todo caso, en un sentido muy abstracto. 32 Sin embargo, el déficit
a la monarquía de los siglos XVII y XVIII de que se habría podi­ crónico era característico del presupuesto de numerosas monar­
do liberar de la atadura al derecho, como implica la fórmula de
princeps legíbus solutus. Sin embargo, las investigaciones más re­ 29 Ya en 1955 Mousnier y Hartung habían llamado la atención sobre la atadura
cientes han puesto en duda esta interpretación. Cada vez con jurídica del absolutismo en el Congreso Histórico Internacional. CF. Hartung y R.
más frecuencia se llama la atención sobre el hecho de que tam­ Mousníer, Quelques problemes concernant la monarchie absoIue. En: X Congresso
Internazíonale de Seienze Storiehe Roma 1955, Relazioní. IV, Florencia 1955, 1-55,
26 John G. A. Pocock, Tbe Andent Constitution and tbe Feudal Law: A Study especialmente p. 23: "L'un et l'aulre rChrimcs y Eltonl declarent que la monarchie des
of Bnglísb Historical Tbougbt in tbe Seventeentb Century. Cambridge 21987; Glenn Tudor n'etait pas un despotisme, paree qu'elle reposaít sur la loL EVidemment, com­
Burgess, Tbe Políties oftbe Andent Conslitutíon: An Introduetion to Englisb Political me toutes les monarchies absolues".)
Tbougbt 1603-1642. Basingstoke 1992; véase también Howard Nenner, The Later 30 Véase por ejemplo Michael Mendle, Parliamentary Sovereignty: A Very En­
Stuart Age. En: John G. A. Pocock et al. (eds.) , Tbe Varieties of Britisb Polítical glish Absolutism. En: Nicholas Phillipson y Quentin Skinner (eds,), Politieal Discour­
Tbought 15(J()..1800. Cambridge 1993, 180-208, pp. 191-194. se in Early Modern Britain. Cambridge 1993, 97-119.
27 Beik, Absolutism (n, 12), p. 225.
31 Parker, Sovereignty (n. 19).

28 MicheI Antoine, Le Conseil du Roí sous le ri!gne de Louis XV: Ginebra 1970,
32 Jean Berenger, Finances el AbsoIutisme autrichíen dans la seconde moitié

p. 34. Véase para el siglo XVII, Albert N. Hamscher, Tbe Conseil Privé and tbe Parle­ du xvne siecle (These présentée devant I'Uníversité de París IV 1970). 2 voIs., Lille y
menls in tbe Age ofLouis XIV:- A Study in Freneh Absolutism. Filadelfia, PA 1987. París 1975, 11, p. 527.

n. 23
El absolutismo 0550-1-¿OOJ, ¿U!~nyito? El nacimiento del absolutismo en el XVI]

quías "absolutas" del siglo XVII. No sólo era éste el caso de la considerados comúnmente como el catalizador del desarrollo
monarquía de los Habsburgo, sino también el de Espana,53 y del estado. j7
-con la excepción de unos cuantos anos de la primera fase del La lucha política --creciente de forma intermitente- entre las
reinado en solitario de Luis XIV- también el de Francia. 34 El mayores potencias dentro del sistema de la política exterior euro­
to de esta penuria financiera fue, con todo, ambivalente. Por un pea facilitó, sin duda hasta cierto punto, la concentración en ma­
lado limitaba el campo de actuación de los monarcas, pero nos de los monarcas de las competencias, y el déficit -que acom­
otro propició, ella de por sí en primer lugar, aquellas medidas pañaba inevitablemente a las y, que, en consecuen­
administrativas y políticas que comúnmente se consideran consti­ cia, acabó convirtiéndose en un déficit financiero-estructural­
tutivas del "absolutismo": aumentos de impuestos unilaterales también influyó, como se ha señalado, en el desarrollo interno de
por parte de los soberanos, supresión de privilegios tradicionales los estados, en tanto en cuanto obligaba, por ejemplo, a desha­
y derechos estamentales, pero también la creación de nuevos cerse de instituciones estamentales que se mostraban ineficaces a
privilegios, de los que se beneficiaban aquellos grupos sociales la hora de proporcionar los medios financieros necesarios para la
cuya cooperación permitió la expansión de los derechos de la guerra. Pero la tesis de que la guerra no habría sido sólo el motor
soberanía monárquica. Aquí habría que pensar tanto en determi­ del desarrollo del estado, sino que, a la hora de la verdad, habría
nadas de la nobleza, como noblesse de robe o quizá tam­ ayudado, a la larga, al fortalecimiento de la autoridad monárqui­
bién cuerpo de oficiales de Prusia-Brandenburgo,35 como en ca, aunque parezca confirmada, en un primer momento y a la vis­
los financieros que, en calidad de arrendatarios de impuestos y ta del desarrollo tanto en Francia como en algunos territorios
aranceles aduaneros, de monopolistas y banqueros, no remedia­ manes --durante la Guerra de los Treinta Anos y todavía más
ban el déficit crónico de las monarquías de los siglos XVII y de el año 1648-, sigue siendo, por el contrario, cuestionable si
XVIII, pero sí 10 administraban, y por lo menos lo neutralizaron observamos las circunstancias de los Países Bajos e Inglaterra. Los
de tal modo que se pudo evitar -o al menos retrasar siempre de Países Bajos pudieron mantenerse firmes en la lucha entre las po­
nuevo- la quiebra económica tota1,36 tencias europeas, no pese a que, sino precisamente porque ha-
Lér'~L'::'d -'-c_ =1:' j.~" t_ C:r (::: j ~-l~;,J:(ir__ lG~~ all~lg\.L'1.:') ~ri6tÚL't-
sobre todo, el incremento, ininterrumpido desde el siglo XVI, ciones estamentales y por eso, entre otras cosas, tenían acceso a
de los costes de mantenimiento del ejército y de la créditos bajo condiciones mucho más favorables. Algo parecido
(principalmente debido al continuamente creciente número de se podría afirmar de Inglaterra, desde el año 1688. 38
tropas). Los conflictos bélicos permanentes en algunas Por otro lado, en Espana (y esto lo senaló de
entre las potencias durante el siglo XVII, son l.A.A. Thompson), las permanentes guerras condujeron más
bien h acia la desintegración del estado monárquico.
33 1. A. A. Thompson, Castile: Polity, Físcality and Físcal Crisis. En: Los cometidos del estado eran delegados, cada vez con ma­
Hofman/Norberg, Fiscal Crises (n. 16), 140-180.
34 Véase por ejemplo James Collins, Fiscal Limits o/ Absolutism: Direct Taxation 37 Para este complejo de problemas véase en primer lugar ClifforJ Rogers
in Early Seventeenth-Century France. Berkeley, CA 1988; Richard Bonney, The King's (eJ.), The Mílitary Revolutíon Debate. Boulder, CO y Oxford 1995. Véase Johannes
Debts: Finanee and PoliNes in France 1589-1661. Oxford 1981, ídem, The State and Kunisch (ed.), Staatsverfassung und Heeresverfassung in der europiiischen Geschich­
its Revenues in ancien régime France. En: Historical Research 65 (992) 150-176. te der frühen Neuzcit. Berlín 1986, y la por otra parte superficial obra de Brian M.
35 Sobre este tema véase Peter-Michael Hahn, Aristokratisierung und Professio­ Downíng, The Military Revolution and Polítícal Change. Princeton, NJ 1992.
nalísíerung. Der Aufstieg der Obristen zu einer rnilitiirischen und hófischen Elite in 3R Para los Países Bajos véase Marjolein C. 't Hart, The Makin,g o/ a Bourgeois
Brandenburg-PreuBen von 1650-1725. En: Forschungen zur Brandenburgíschen und State. War, Polítics and Finance during the Dutch Revo!t. Manchester 1995, y su apor­
Preuftischen Geschichte. Neue Folge 1 (1991) 161-208. tación a la edición original de este libro, títulada "War, Pinances and the Strllcture of
36 Fran~oise Bayard, Le Monde des Financiers au XVII" síecle. París 1988, y Da­ the Dutch State", pp. 329-349. Para Inglaterra véase Brewer, Sínews ol Power (An.
niel Desserr, Argent, pouvoir et societé au Grand Síecle. París 1984. 10).

24 25

El absolutismo (1550-1700J ¿'un mito? El nacimierLio t:!elqbsolutismo en el XVII

yor frecuencia, en representantes locales del poder, financieros y ha revivificado. Para Crouzet, el siglo XVI está caracterizado por la
alta nobleza. Al final se llegó a un punto, que Thompson descri­ omnipresencia de un miedo escatológico, un "surenchantement du
be aSÍ: "Seventeenth-century Castile was a 'much governed' monde" que podría convertir cualquier acontecimiento cotidiano
counlry ... but it was not governed by the king".39 Esto pone cla­ en un signo de la ira y el juicio divinos. Crouzet interpreta el calvi­
ramente de manifiesto que el efecto de las guerras largas sobre nismo como un intento de abolir los efectos desestabilizadores de
el desarrollo del estado, como mínimo, fue diferente, un argu­ este miedo escatológico mediante la puesta en relieve de la absolu­
mento que, mediante la referencia al papel desempeñado por los ta trascendencia en e! más allá de Dios y mediante una desacraliza­
ejércitos permanentes como instrumento del afianzamiento del ción del mundo. Este intento, sin embargo, fracasó, debido al avan­
poder soberano frente a los adversarios de la política interior, re­ ce de los "herejes" hugonotes -que cuestionaban hasta su raíz la
sulta debilitado sólo de forma restringida. tradición de la 19lesia-, que sólo consiguió aumentar el miedo reli­
Mediante los estudios que se incluyen (en la obra original), gioso de la mayoría de la población católica.
las cuestiones aquí planteadas no pueden ser aclaradas en toda Fue reservado a la monarquía de Enrique IV e! papel de
su amplitud, ni pueden ser respondidas en todas sus facetas. Los haber llevado a cabo aquella racionalización de la política que a
artículos también tienen que concentrarse, en consideración a las la larga conduciría al "desencantamiento" del mundo, pero tam­
características del tema, en un número limitado de estados. In­ bién a un "désangoisement" que acabó con la crisis de la época
glaterra y los Países Bajos ocuparán aquí un lugar especialmente de las guerras civiles. Sin embargo, la racionalización de la políti­
destacado, ya que su desarrollo estatal durante el siglo XVII vie­ ca caminó paralela a una sacralización aún más fuerte de la di­
ne siendo considerado comúnmente, en el marco del modelo de nastía monárquica y de la persona de! rey (no sólo de la reale­
absolutismo tradicional, como un "camino especial", en cierto za), quien ahora ya no era considerado en primera instancia co­
modo como una imagen contraria a la monarquía absoluta. Fren­ mo el "pastor" de su pueblo, como defensor de la fe verdadera,
te a estos dos, sobre todo Francia sigue siendo considerada co­ sino más bien como el "roi artisan", cuya larea consistía en ga­
mo el "clásico" caso modélico, una tesis que (en la obra origi­ rantizar e! bienestar terrenal de sus súbditos. La concentración de
especialménlé: a Arkí:te jouaI1na i a KrOí.::­ y ~á­

ner (pero también a Ernst Hinrich), es sometida a un nuevo exa­ rantizó en cierta medida la secularización (al menos parcial) de
men. Los artículos sobre España y sobre el Sacro Imperio Roma­ todo el sistema político. Por supuesto, los medios de poder rea­
no Germánico cumplen la función de enriquecer y completar la les de la monarquía siguieron siendo limitados, y por eso, la
imagen obtenida mediante los estados anteriormente citados. imagen pública que la monarquía ofrecía de sí misma -principal­
mente en forma de una efectiva propaganda política- era aún
III más importante. Crouzet constata, en este sentido, que: "L'abso­
lutisme classique est d'abord langage; il est un discours quí, s'il
Se acaba de señalar hace un momento que, convencional­ authentifie la potestas absoluta du roi, n'en est pas moins un
mente y haciendo especial hincapié en el caso ejemplar de Francia, écran destiné a cacher les faiblesses memes du pouvoir". 40
se entiende la formación de la monarquía absoluta como respuesta Arlette )ouanna -que suscribe parcialmente estas provocati­
a la guerra civil confesionaL Esta interpretación bastante tradicional vas tesis de Crouzet- subraya en su artículo "Die Debatte über
ha sido agudizada recientemente gracias a Denis Crouzet, quien la die absolute Gewalt im Frankreich der Religionskriege" [El deba­
te sobre el poder absoluto en la Francia de las guerras de reli­
39 1 A A. Thompson, Castile. En: John MilIer (ed.), Absolutism in Seventeenth
40 Denis Crouzet, Les Guerriers de Dieu. La Víolence au temps des troubles de
Century Europe. Basingstoke 1990,69-98, p. 94. Véase del mismo, War and Govem­
ment in Habsburg Spaín. Londres 1976. religion vers 1525 vers 1610. 2 vols, París 1990,11, p. 624.

26 27
t mito?

gión] (en la edición original de este libro), la significación del


discurso político para la formación del absolutismo, concepto
El nacimient0tiel qbsolutismo en el siglo XVII

land, los frondistas de los años 1648-53 también querían una mo­
narquía "absoluta", pero que fuese a la vez una "monarchie cou­
que ella, igual que Crouzet, sigue utilizando. Durante las guerras tumiere", libre del influjo de los todopoderosos favoritos y minis­
de religión se habría llegado, en el ámbito de la teoría política, tros, de los autocráticos comisarios (especialmente los intenden­
pero también en la praxis política, a una nueva valoración de la tes) y de los arrendatarios de impuestos y financieros, considera­
potestas absoluta del monarca, cuya puesta en práctica tradicio­ dos corruptos. El éxito de Luis XIV después de 1661 se habría
nalmente estaba limitada -a diferencia de la potestas ordinaria, basado principalmente en la liberación de la administración de
que estaba ligada a las leyes- a los casos de extrema necesidad y su orientación exclusiva hacia la guerra, y también en la adop­
situaciones excepcionales. En la segunda mitad del siglo XVI, ción de otras medidas, como la renuncia a un ministro regente,
una oposición -primero calvinista, después sin embargo también logrando así difuminar la diferencia entre "gouvernement ordi­
por parte de la liga [católica]- cuestionó como directamente ilegí­ naire" y "extraordinaire", hasta que llegó a carecer de sentido. La
timo cualquier recurso a este poder absoluto del monarca. Esta eficacia de la exigencia del retorno del "gouvernement ordinaire"
oposición enmudeció, sin embargo, después de 1598, y definiti­ y, con ello, de una "monarchie coutumiere, mais tout aussi 'ab­
vamente tras la Fronda, es decir, después del año 1653. El retor­ solue"', se habría basado sin embargo precisamente en esa distin­
no de un poder absoluto del monarca es característico ahora ción, y por ello, después de 1661, acabaría por perderse. 42
también de la praxis de gobierno cotidiana. En lugar de la de­ Mientras Arlette jouanna llega a la conclusión de que el ab­
pendencia del monarca de un corpus de leyes fundamentales solutismo desarrolló hacia fines del siglo XVI y a principios del
-que podía ser ampliado por decisión de los estamentos-, la XVII -al menos como una de las ideas dominantes del discurso
'\ cual había sido reivindicada durante las guerras de religión, apa­ político general- una fuerza considerable, Ronald G. Asch anali­
recieron ahora otros ideales de sistema y de poder menos lega­ za en cambio, en su altículo "No Bishop no King oder Cuius re­
listas, que le otorgaban al monarca un mayor margen de discer­ gio eius religio. Die Deutung und Legitimatíon des fürstlichen
nimiento y una mayor libertad de actuación: especialmente los Kirchenregiments und ihre lmplikationen für die Genese des Ab­
O'
.'-,~l

el de la felicidad de sus súbditos y -de forma complementaria a hay rry sin obispo o De tal región, tal religión. La significación y
todo esto-, también, en el ámbito de la vida individual, aquellos ·'i la legitimación del gobierno de la Iglesía por los príncipes y sus
juicios de valor neoestoicos que transfirieron por completo ~ implicaciones para la génesis del Absolutismo en Inglaterra y en
en consecuencia, despolitizaron- la libertad de cada uno al mar­
co de la intimidad y de la privacidad. 41
~.~ la Alemania protestante), un tipo de discurso especial, a saber, la
teoría del gobierno de la Iglesia por el príncipe en Inglaterra y
que esta evolución se hubiera podido completar en Fran­ .j en la Alemania protestante. En Inglaterra surgió, aproximada­
cia precisamente durante el reinado de Luis XIV -se podría aña­ ~ mente a partir del año 1590, una estrecha relación entre la justifi­
dir al artículo de Arlette Jouanna-, puede estar relacionado con ll cación de un episcopado de iure divino y la idea de un legitimis­
el hecho de que, ya durante la década precedente, la oposición mo monárquico e inmune a cualquier derecho de oposición. Se
política contra determinadas medidas de la corona no se dirigiera j comprende que de este modo se produjera una paradójica inver­
tanto contra la exigencia de la monarquía de una autoridad "ab­ i
·1 sión de los frentes, ya que los defensores de un poder de prerro­
j
soluta", sino contra una forma de poder que estaba adaptada a gativa monárquico fuerte en cuestiones terrenales exigían a la
los casos excepcionales, especialmente a la guerra. Si se acepta
la opinión de, por ejemplo, Robert Descimon y de Christian Jou­ 'í2 Robert Descimon y Christian Jouhaud, La Fronde en mouvement: Le deve­
loppement de la críse politiquc entre 1648-1652. En: XVI? Siede 145 (1984) 305·322
41 Así Jouanna en su aportación a la edición original de eSle libro. pp. 57-78. espeCialmente 308 y 320.

28 29
El absolutismo (1550-1 mito? El nacimiento del absolutismo en el XVII

vez una -relativa- autonomía del poder espiritual de los obispos, Die politische Bedeutung des Kofessionellen im Deutschen Reích
mientras que aquellos que subordinaban el poder de prerrogati­ und in der Republik der Vereinigten Niederlanden. Oder: War die
va a la common law y al King-in-Parliament, a menudo eran a la Konfessionalísierung ein "Fundamentalvorgang"? [La significación
vez estrictos erastianos, que no reconocían barreras de ningún ti­ política de lo confesional en el Imperio alemán y en la República
po al gobierno de la Iglesia por el príncipe. Para Inglaterra, po­ de las Provincias Unidas. o: ¿Fue la confesionalización un "Proce­
dríamos entonces pensar que el verdadero punto de controversia so fundamental"?], que tanto el proceso de formación de las con­
no era el "grado de absolutez" de la soberanía monárquica, sino fesiones religiosas como la confesionalización en sí no facilitaron
en mayor medida la cuestión de en quién podía delegar el sobe­ ni la desintegración de los derechos estamentales, ni el fortaleci­
rano sus competencias de forma legítima, y quiénes eran sus miento de la posición de poder del príncipe. Aunque la confesio­
consejeros legítimos, sobre todo también en materia eclesiástica: nalización probablemente pueda haber actuado en el sentido de
los obispos o las dos cámaras del Parlamento. Ésta es una inter­ una disciplina social sobre los súbditos -como en los últimos
pretación que, al menos en parte, apoya la tesis de Henshall se­ años se ha venido señalando con frecuencia-, sin embargo, la
gún la cual la oposición política en la época de la monarquía de comparación establecida por Morke con los Países Bajos de por sí
la Edad Moderna se habría dirigido, con bastante frecuencia in­ ya muestra que la confesionalización podía fortalecer también la
cluso, no contra la extensión de la autoridad monárquica sino coherencia interna de los municipios, que, como ocurrió en los
contra la alienación del poder del príncipe en manos de Países Bajos, se habrían fusionado en una comunidad mayor,
en manos de un favorito, por ejemplo, o, en el caso que nos constituida como república. En los Países Bajos, la relativamente
ocupa, de dignatarios eclesiásticos. La lucha de los parlements amplia tolerancia religiosa creó sin duda unas condiciones dife­
~,
franceses por las libertades galicanas de la Iglesia francesa frente rentes de las del estado territorial alemán, en el que los sobera­
a las pretensiones del papado durante los siglos XV1I y XVIII nos, como mínimo hasta bien entrado el siglo XVII, se preocupa­
ofrecería, por otra parte, un cierto paralelismo. 43 ban de mantener la homogeneidad confesional, y lo lograron con
Mientras que en Inglaterra se puede constatar siempre una un éxito considerable. En los Países Bajos, el conjunto del estado
cierta cercanía de la " en el seno es­ 1 menos provecho de las e;-,­
tablecida hacia la idea muy desarrollada de una monarquía por
gracia divina, en Alemania, tal y como señala Asch, no existieron ~
tructuras confesionales, ya que la república siguió siendo hetero­
génea por lo que a la confesionalidad respecta.
apenas afinidades entre la ortodoxia luterana y su doctrina sobre Por lo demás, Morke llama la atención sobre el hecho de
el gobierno de la Iglesia y un "absolutismo", entendido como que en la investigación alemana conceptos centrales como el de
fuera. En Alemania fue más bien la "despolitización" del clero, confesionalización y la disciplina social estén atados con un lazo
en el marco de una introversión de lo religioso, la que indirecta­ de unión prácticamente indisoluble al concepto de absolutismo, y
mente contribuyó al ascenso del poder monárquico, y no, como llega a la conclusión de que: "En el debate de la investigación más
en Inglaterra, una sacralización consciente de la reivindicación reciente, el acoplamiento que prevalece entre los dos conceptos
de poder monárquico, sacralización que tendió un puente sobre directrices de época, 'confesionalización' y 'absolutismo', con vis­
la relación de fuertes tensiones entre el poder espiritual y el te­ tas a la formación del estado, apenas nos permite prescindir de es­
rrenal. te último concepto, si no queremos renunciar también al primero
En conformidad con esto subraya Olaf Morke, en su articulo en el contexto históricopolítico del proceso de formación del esta­
do".44 En otras palabras, la confesionalización sería difícil de en­
43 Véase el capítulo de Henshall en este volumen, p. 52; Le Roy Ladurie, L~n-
cíen Régime (n. 6), 1, pp. 11, pp. 204-208; Dale K. Van Klay,
and tbe Expulsíon 01 tbe jesuits Imm France. New Haven, CT 1975; 44 Véase la aportación de Olaf M6rke en la edición de este libro, pp.
Les origines culturelles de la Révolution Fran(:aise. París 1990. p. 207 Y ss. 125-164.

30 31
El absolutismo mito? El nacimiento del absolutismo en el XVII

tender como parte esencial de un más largo proceso de formación Mientras que en Inglaterra a lo largo del siglo XVII iba
del estado, que -en Alemania- culminó en la monarquía absoluta afianzándose la idea de que el dominio del derecho era incom-'
del siglo XVIII, si ese estadio final en sí acabara por mostrarse so­ patible con cualquier forma de monarquía absoluta, Castilla nos
lamente como mera ficción, como mero constructo histórico. ofrece en cambio, como LA.A. Thompson demuestra, en su artí­
Si Morke aboga de esta forma, y como mínimo desde pun­ culo Absolutism, Legali5m and the Law in Castile 1500-1700 (en
tos de vista heurísticos, por la conservación del absolutismo co­ la edición original de este libro), un ejemplo extraordinariamente
mo concepto de época, David Smith, a propósito de Inglaterra, revelador de cómo un poder -según e! propio criterio de esta
llega a resultados en parte parecidos. En su artículo Tbe Idea monarquía- monárquico absoluto se llevó a la práctica dentro
tbe Rule 01 Law in England and France {n the Sevemeemh Cen­ del marco de unas formas legales muy estrictas. Thompson ya
tury (en la edición original de este libro), D. Smith constata que señaló en otro lugar que en Castilla se puede observar la paradó­
los conceptos de absolute y limited monarchy, que a comienzos jica unión de un poder ejecutivo -según su pretensión- absoluto,
del siglo XVII se consideraban sin lugar a dudas compatibles y con una capacidad muy limitada de llevar a la práctica esta pre­
armonizables en Inglaterra, a partir de la guerra civíl cada vez di­ tensión, por ejemplo en el ámbito localY
vergieron más entre sí. La frase hecha "poder absoluto" denomi­ Sin duda el concepto de codificación (Verrechtlichung) no
naba entonces una forma de gobierno que no estaba ligada ni es aplicable a Castilla de la misma forma que, por ejemplo, al Sa­
derecho ni a la ley, cosa que, formulada de esta manera extrema, cro Imperio Romano Germánico. AqUÍ los tribunales supremos
alrededor del año 1600 todavía no se habría podido afirmar en de justicia del imperio, independientes de los territorios, crcaron
modo alguno. El estado en Inglaterra después del año 1660, y fronteras jurídicas para la puesta en práctica de la soberanía terri­
con mucha más fuerza después del año 1688, fue desgajado y torial, fronteras que, al menos para los pequeños y medianos es­
separado del -supuesto- poder arbitrario del rey francés. Sin du­ tamentos del imperio, poseían una significación absolutamente
da en Inglaterra la comprensión de la realidad de la vida política reaL Además, también los territorios mayores difícilmente podían
en Francia era a menudo muy limitada; en este sentido, la frase escapar a una codificación política marcada por la cultura los
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político. Pero en Inglaterra este mito era un mito contemporá­ nucvo en su artículo Das Heílige Rómische Reícb und die Herr­
neo, y -según Smith-, desde e! punto de vista político, absoluta­ schaft des Rechts. Bín Problernaulrijs [El Sacro Romano Imperio y
mente efectivo. 45 Desde luego, Smith reconoce que en Francia el poder de! derecho. Planteamiento de un problema] (en la edi­
no se llegó a una agudización tal de la idea de la monarquía ah­ ción original de este libro), en el que compara la evolución en
soluta, ya que, en el discurso político predominante, se la siguió Alemania con la de Francia. Si Schmale llega a la conclusión de
diferenciando cuidadosamente de! poder arbitrario. Como se ha que "no una 'carencia' sino un 'exceso' de derecho, ... fue el
señalado ya, el éxito de Luis XIV se basó precisamente en e! he­ 'mal' del Antiguo Imperio (hasta 1803) o [del] Ancien Régime
cho de que, al menos en su primera década de reinado, no dejó francés", 48 este reconocimiento, mutatis mutandis, es también
que -como ocurriera con Richelieu y Mazarino- e! estado de ex­ absolutamente válido para la Castilla del siglo XVII.
cepción administrativo y judicial se convirtiera, de forma mani­ Evidentemente, en Castilla no fueron solamente -y ni si­
fiesta, en una situación normal. 46
47 "In Caslile ... we have lhe paradox, common in early modern states, yet he­
45 Para el concepto de absolutismo contemporáneo, véase también James re perl1aps in an exaggerated form, of absolme aurhority and limited power, or. in
Daly, The Idea of Absolute Monarchy in Seventeenth-Century England. En: Historí­ CaslÍlian lerms, absolute obedience and límited compliance". Thompson,
calJournal21 (978) 227·250; Y James H. Burns, The Idea of Absolutism. En: MíIler, Ca.stile (n. 39), p. 96.
Absolutism (n. 39) 21-42. 18 Véase la aportación ele W. Schmale en la edición original de este libro. p.
46 Véase arriba, nota 42. 241.

32 33
El ahsolutismo ( 1550-1
- 700),
~._---~.
El nacimiento del ahsol'Ltlismo en el siglo XVII
--~'----

quiera principalmente- los tribunales quienes contribuyeron a la tación de Nicholas Henshall,~l y quizá debería conducir, tam­
codificación de los conflictos políticos y de las decisiones políti­ bién por lo que a Alemania respecta, a la recOnsideración de la
cas. El papel de los tribunales estaba limitado por el hecho de tesis ele que yél en la Alta Edad Media se huhiera logrado aquí
que sus sentencias no habían sido legitimadas, de modo que no el "estado legislativo". ~2 En cualquier caso, el artículo de Johan­
podía surgir un "case law", al no existir una tradición de casos nes Arndt sobre Prusía-Brandenhurgo, Der Grojse Kurfü~st, ein
precedentes que hubiera permitido rechazar las pretensiones de Herrscber des Ahso/utismus? (fber die Móglichkeíten u'nd Gren­
dominio de la corona mediante la apelación a sentencias jurídi­ zen monokralischer Hm'rscha.lt ím J 7. ]ahrhundert [El gran
cas anteriores. Y por eso era todavía más relevante el papel de elector, ¿un gobernante del absolutismo? Sobre las posibilidades
aquellos consejos que ocupaban la cúspide de la administración y limitaciones del poder monocrátíco en el siglo XVII], demues­
central castellana. Lo que hacían era "filtrar" en cierto modo las tra que también un soberano, generalmente considerado como
decisiones políticas de acuerdo con criterios jurídicos; "The law típico representante de las ansias "absolutistas" como el Gran
in Castile operated at an earlier stage in the political process that Elector de Brandenhurgo, se consideraha a sí mismo más bien
it did in England. Royal commands were filtered by counsel and un defensor del derecho que un creador de un nuevo derecho.
conscience in a form of self-censorship hefore they were pro­ "Lep,ihus sohttus', según Arndt, "en ningún momento lo fue el
mulgated".49 Un poder monárquico "absoluto" como el de Casti­ Gran Elector de Brandenhurgo, y tampoco lo quiso ser".'5:3
lla, fuertemente marcado por una concepción jurídica y, en con­ Si en algunos aspectos el avance hacia el "estado legislati­
secuencia, limitado por los principios del derecho romano pres­ vo" moderno durante la Edad Moderna parece más bien cuestio­
crito, por los privilegios de corporaciones y personas concretas, nahle, en camhio resulta casi indiscutihle que los recursos finan­
y por los lazos contractuales establecidos con la corona, sin duda cieros de la mayoría de los estados europeos durante esta época
alguna no se corresponde con la idea convencional de absolutis­ se vieron considerablemente aumentados, una evolución ésta
mo. Esto es también válido para el ámhito de la promulgación que se interpreta como el paso del estado de dominios al estado
de leyes, ya que, como señala Tbompson, el derecho de la coro­ de impuestos, un par de conceptos que retoma Wolfgang Rcin­
¡ ::',
" .

para esto su significación práctica era demasiado limitada. de guerra, estado de impuestos, estado de poded (en la edición
Durante el siglo XVII, Castilla siguió siendo un estado ad­
ministrativo y jurisdiccional, no llegó a ser un auténtico estado 'il Parkcr, Sovereignty (n. 19), y Henshall, Myth (n. H), p. 37 Y s. Y 135·137. Pe­
ro véase dd mismo, Gesetzgebullg und Recht im Übergang vorn Spalmittclalrer zum
legislativo, por eso los privilegios en realidad no eran defendi­
frühn(~llzeitlíchenObrigkeitsslaat. En: Okko Bchrcnus y ChrislOph Link (eus), ZU111
dos en las Cortes, la asamblea de los estamentos, luchando r(jmíschen und neuzeitlichen Gesetzeshep,nff (Abhandlunf¡en der Akademie del' \fIis­
contra las medidas legislativas de la realeza, sino ante los tri­ senschalien in Góttin/ten, Phil.-Hisl. Klasse 3 F Nr. 157). Gotinga 19R7, 123-146, Y Mi·
bunales, en los consejos y naturalmente también mediante la chael Slolleis, Condere leges el interpretad. Gesetzgebungsmacht unu Staalsbildllng
activación de relaciones de patronazgo en la corte. 50 El escep­ in der frühen Neuzeit. En: idem, Slaat und Staatsrason in de'lfnlhen Neuzeit. Frank­
furt/Main 1990, ]67-196, con información bibliográfica.
ticismo de Thompson sobre la significación práctica de una 52 Así por ejemplo Willoweit, Verfassungsgeschichte(n. 3), pp. 1] 1-116.
"soberanía legislativa" -definida de la manera que fuera- del \3 Véase la apol1ación de Johannes Amdr en la euición original de este libro.
soberano viene respaldada por las objeciones relativas al caso pp. 249-273.
de Francia hechas por David Parker, así como por la argumen­ S4 Véase la apol1ación de Wolfgang Reinhard en la edición original de este li­
bro, pp. 277-310; compárese también, para el caso de Inglaterra, la objeción parecida
de Michael.J. Braddick, ParUamenta¡y Taxation in Seventeeruh-C:entury England. Lo·
49 Véase la aportación de L A. A. Thornpson en la edición original de este cal Administration and Response. Londres y Woodbridge 1994, y del mismo, State
libro, p. 212. Formation and Social Change in Early Modern Engbnd: A Problem Stalcd and Ap'
En la misma aportación de Thompson, p. 212 Y ss. proaches Suggested. En: Social Hist()1)' 16 (991) 1-17.

34 35
El absolutismo (155~~ 7002d~un mito?__ ."_ "----"""-"-" """"------"--"""-­ ---.!!!:.!7<!:~imiento del absolutismo en el siglo XVII

original de este libro). El motor decisivo de este incremento fue, militar, que también dejó su huella en la estructura política de la re­
como ya se señaló, la presión que sobre las finanzas del estado pública, se explica, en opinión de 't Hart, tanto por esa especial
ejercieron los siempre crecientes costes de mantenimiento del distribución de funciones entre el ejército y la armada como por el
ejército y de la guerra. El versátil ascenso de los gastos e ingresos papel de los Países Bajos --o, mejor dicho, de Amsterdam y la pro­
de la corona francesa durante las décadas de 1630 y 1640 es un vincia de Holanda- como centro europeo de finanza.'). Aquí ef'<l
ejemplo especialmente característico. Evidentemente, en Francia más fácil conseguir la financiación de una guerra que en cualquier
sólo se podían movilizar recursos adicionales a costa de un pre­ otro lugar, mediante créditos con las más favorables condiciones.
cio político y social muy elevado. Formaron parte de éste la con­ La presión que suponía el ejercicio de la guerra sobre la constitu­
solidación e incluso la expansión de la venalidad de los cargos ción y finanzas del estado tradicionales era menor que en otros paí­
públicos, así como las revueltas contra los impuestos y las rebe­ ses. De este forma, aunque 't Hart manifiesta su conformidad con
liones que sacudieron a Francia sobre todo entre 1635 y 1653. 55 la tesis de Henshall según la cual la posición excepcional de Ingla­
Si existió un estado en Europa, que durante el siglo XVII lo­ terra dentro de las monarquías europeas sería más bien una ilusión
gró sostener crónicas y costosas guerras, sin a la vez situar al sis­ óptica que una realidad, insiste sin embargo en el "camino excep­
tema político establecido por consenso continuamente al borde cional" de los Países Bajos. La estructura económica de las provin­
de la bancarrota estatal y de una crisis de base, este estado fue­ cias centrales de la república -muy desarrollada, ampliamente mo­
ron los Países Bajos, como señala Marjolein C. 't Hart en su artí­ netarizada- permitió aquí una expansión de los recursos públicos
culo War, Finances and the Strncture qf the Dutch State (en la sin perjuicio de los mecanismos de consenso tradicionales.
edición original de este libro). Los Países Bajos, una de las mayo­ También Wolfgang Reinhard señala lo importante que era una
res potencias militares de Europa, al menos en la época de la relativa prosperidad de la nación para su evolución política. Con la
Guerra de los Treinta Años, mantenían todavía con éxito un sis­ mirada puesta en los decenios intermedios del siglo XVII, tan signi­
tema gubernamental y administrativo descentralizado, y se las ficativos para el desarrollo de los estados europeos, llega a la con­
arreglaron para salir adelante sin un soberano que fuera un mo­ clusión de que "los logros mayores en política financiera, desde ha­
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dinastía de los Orange representaban, especialmente en épocas to económico. Por lo visto, la ambición política de los monarcas ri­
de guerra, hasta cierto punto, unos "monarcas sustitutivos", pero vales, en la fase de desarrollo a la que había llegado entonces, no
la soberanía -si es que este concepto se pudiera aplicar a la re­ encontró mejor remedio que asegurarse los recursos para la conti­
pública de los Países Bajos- siguió estando en las provincias nua expansión política mediante la presión política. En cambio, en­
constituidas estamentalmente. Incluso el ejército continuó sien­ tonces tampoco habia sido una casualidad que Inglaterra y los Paí­
do, en gran parte, descentralizado. 56 Sin embargo, esta descentra­ ses Bajos, las dos únicas naciones que no fueron arruinadas por la
lización del ejército era válida principalmente para el ejército de "crisis del siglo XVII", tomaran otro camino. Gracias a la prosperi­
tierra, empleado sobre todo para la guerra (defensiva) de posi­ dad económica se pudieron permitir la continuidad de una vía más
ciones, y en menor medida para la armada, que prestaba sus ser­ bien orientada al consenso, hasta entonces también frecuente en
vicios en operaciones ofensivas de gran calibre. otros países". 57 Este análisis, sin más, parece convincente para los
La posición excepcional de los Países Bajos en el ámbito Países Bajos; en el caso de Inglaterra probablemente tenga una ma­
yor plausibilidad para la segunda mitad del siglo XVII y principios
55 Richard Bonney, Louis XIII, Richelieu and the Royal Finances. En: Joseph
del XVIII que para la primera mitad del siglo XVII, ya que Inglaterra
Bergin y Laurence Brockliss (cds.), Ríchelieu and his Age. Oxford 1992, 99-135; Co­
!lins, Límits (n. 34), pp. 135-165.
56 Véase la aportación de Marjolein e t'Hart en la edición original de este li­ 57 Véase la aportación de Wolfgang Reinhard en la edición original de este li­
bro, pp. 329-349, y 't Hart, Makíng(n. 38). bro, p. 309.

36 37
El absolutismo (1550-1700),
El nacimiento del siglo XVII
no salió intacta de la Clisis europea de la producción textil anterior a glos XVI y XVII también se ha ocupado varias veces Ernst Hin­
1640,58 y la guerra civil puso de manifiesto precisamente la mptura richs. Por un lado se trata aquí sin duda de un proceso con gran­
del tradicional consenso político. des consecuencias. Por ejemplo, en Francia, el proceso de Con­
ejemplo de los Países Bajos muestrd claramente que tam­ solidación del aparato administrativo del estado conservó su sig­
bién -y justamente un sistema estatal constituido como estamen­ nificación fundamental más allá del período que tradicionalmen­
tal-federativo, bajo condiciones económicas y sociales favora­ te se considera le corresponde al absolutismo. Por otro lado,
bles- era capaz de resistir la competencia militar y política de las aparato administrativo del estado sufría también un proceso con­
potencias europeas, aunque sólo fuera durante unas cuantas dé­ tinuo de "refeudalización".60 En una administración en la que los
cadas. Esto contradice 12 concepción tradicional de que la guerra cargos públicos -con frecuencia y como norma general- eran
representaba el verdadero dominio de las monarquías absolutas, contemplados como propiedad de sus dueños, y en la que éstos
que aquí demostrarían enérgicamente su superioridad sobre los por añadidura poseían "en propiedad privada los medios objeti­
sistemas estatales concebidos de forma diferente. También Bern­ vos de la administración y del suministro", 61 la burocracia consti­
hard R. Kroener, en su artículo Législateur de ses armées. Ver:5ta­ tuía más bien un impedimento que un eficiente instmmento de
atlichungs- und Feudalisienmgstendenzen in del' militarischen poder para la imposición de la política monárquica. Precisamen­
Gesellschaft der Frühen Neuzeit am Beispiel der franz'osischen te Francia demuestra de esta forma que un estado que disponía
Armée im Zeítalter Ludwigs XlV. [Tendencias de estatificación y de una amplia burocracia, muy presente precisamente también
feudalización en la sociedad militar de la Edad Moderna, ejempli­ en el ámbito local, no por ello tenía que ser un estado "fuerte"
ficadas en el ejército francés en la época de Luis XIV] (en la edi­ en el sentido convencional, ni mucho menos un estado absolu­
ción original de este libro), señala que la posición del ejército en tista, si por ello se entiende realmente un sistema de poder que
monarquía "absoluta" siguió siendo ambivalente. El ejército, fuera capaz de imponer de forma eficiente y sin ningún tipo de
según Kroener, "siguió siendo, en su núcleo, feudal, aunque en oposición sus órdenes. En el epílogo de este volumen, Hinnchs
este marco de referencia fue instrumentalizado por el estado mo­ retoma estas viejas consideraciones y coloca las provocadoras te­
.. :::q ).

:1
\:s crl el c\.Yntt:~Xlc, la ;-;'~')1}re
más al ámbito civil de la sociedad francesa del siglo XVII. Kroe­ lutismo del continente europeo, pero especialmente de la alema­
ner subraya, además, que las tendencias de burocratización que se na. En concordancia con una larga serie de artículos contenidos
pueden observar en la administración del ejército, pero también en este volumen (en la edición originaD, llega a la conclusión de
en los mandos de las tropas durante su actuación en la guerra ba­ que se debe buscar una clave de las transformaciones estmctu­
jo el reinado de Luis XIV, sólo fortalecían la posición del monarca rales del poder monárquico en la Edad Moderna, en el cambio
en un sentido muy limitado. A la larga el valor de la centralización de la representación y auto-representación de la monarquía a tra­
de la competencia de toma de decisiones en el ámbito militar re­ vés de la "propaganda" política, en el arte, en las fiestas de la
sultó ser de dudoso valor, ya que disminuía la capacidad de res­ corte y en los sermones del clero. Por supuesto, la pregunta si­
puesta de las tropas, capacidad que presuponía un alto grado de gue siendo por qué tuvo cada vez una mayor aceptación -al me­
autonomía de los comandantes en el campo de batalla. nos entre las filas de la élite políticosocial- esta imagen transfor­
Del proceso de burocratización en la monarquia de los si­ mada del poder monárquico en países como Francia.
58 Barry E. Supple, Commercial Crisis and Change in England 1600-1642,
60 Compárese Ernst Hinrichs, Absolute Monarchie und Burokratie. Bemerkun­
Cambridge 1959; véase Christopher G. A. Clay, Economic Expansion and Social gen über ihre "Unvereinbarkeit" im franzósischen Anden Régime. En idem, Anden
Change: England 1.500-1700.2 vols., Cambridge 1984, 11, p. 120 Y ss. Régirne und Reuolution. Studien zur Verfassungsgeschichte Frankreichs zwiscben
59 Véase la aportación de Bernhard R. Kroener en la edición original de este li­
1589und 1789. Frankfurt M. 1989,81-99.
bro, p. 322. 61 Max Weber, Wirtschaft und Gesellschaft, Tubinga 1976, p. 126.

38 39
El absolutismo 0550-1 mito? _________. El nacimiEnto del absolutismo en el siglo XVII

de época ("la era del absolutismo"), a pesar de su sorprendente


IV aceptación en fechas recientes en Francia, suscita un buen nú­
mero de problemas. A pesar de todo, la propuesta de Henshall
Era predecible -yen este sentido no supuso ninguna sor­ de desenmascarar el concepto de absolutismo como mito y de li­
presa- que ante la cuestión de nuevo lanzada por Henshall de la berarse completamente de él no encontró una mayoría de adep­
relación con la realidad del término "absolutismo", las opiniones tos en el congreso; quizá también porque se era consciente de
siguieran siendo encontradas y se articularan de forma controver­ que también los mitos pueden acuñar la realidad histórica, y esto
tida. Sobre lo que sí se llegó a un amplio consenso fue sobre el precisamente era válido para la idea de un poder monárquico ili­
hecho de que en lenguaje político contemporáneo de esa épo­ mitado en la Edad Moderna, como ya se ha señalado. Así corno
ca se percibe -muy pronto y con claridad- la conciencia de un en Inglaterra la monarquía absoluta desde mediados del siglo
cambio político radical; en cambio, las opiniones acerca del po­ xvn se convirtió en el fantasma y el espectro enemigos, que de­
tencial de reforma real de las monarquías europeas del (tempra­ terminarían el giro hacia la propia tradición de gobierno, del
no) siglo XV1I más bien siguieron estando divididas. Sin embar­ mismo modo en Francia una retórica política antagónica pudo
go, la opinión de un experto como John Russell Major nos debe­ durante bastante tiempo rehuir al menos la crítica directa de la
ría dar que pensar, cuando afirma con resolución que en la cuna persona del monarca, aun cuando tal retórica no se encontrara
del absolutismo francés entre los años de 1620 y 1630, cuando el en situación de superar ni las dificultades, ni los problemas fi­
cardenal Richelieu determinaba la política de la corona francesa, nancieros y administrativos, ni la realidad social, en la práctica,
en modo alguno había existido un concepto abarcador de las antagónicos del poder "absoluto" del monarca. El clamor conjun­
modernizaciones institucionales. 62 to del simposio de Münster fue seguir manteniendo la importan­
En cualquier caso, el "estado absolutista" no se presentó en cia que la investigación histórica había atribuido al concepto del
ningún sitio con un concepto de reforma acabado y concluso, si­ absolutismo a causa de su valor heurístico, sobre todo porque no
no que en buena parte fue el resultado de situaciones de necesÍ­ se dispone de un concepto alternativo que refleje de forma pare-
de crísi~, de de coron;;¡; eSIG, en­
tre otras cosas, se resumió más tarde en que en modo alguno príncipe,
fueran lanzados por la borda los lazos tradicionales de unión con
la corona, los estamentos siguieron con su actividad en muchos
lugares, la formación de consenso conservó su posición, la refor­
ma de la naturaleza del derecho y de la legislación más bien si­
guió siendo modesta, etc. Las provocativas tesis de Henshall te­
nían y tienen una función: la de cuestionar, más de lo que se ha­
bía hecho hasta ahora, las fronteras, las restricciones y los com­
promisos de un sistema de poder, en el que, como denominación

62 "Insistent as he was on loyalty and obedience, Richelieu was unable to


construct a system that could survive six years after his death without a major revolt.
It was based on personal relationships, which dicd with him rather than on an insti­
tutional structure that could function long after he had departed". J. RusseJl Major,
From Renaissance Monarcby to Absolute Monarchy: French Kings, Nobles and Estates,
Baltimore, MD 1994, véase p. 294 respecto de la victoria de Richelieu sobre el "buró­
crata" Marillac.

40 41
I
I
1I
,1 CAPÍTULO II
i
11
El absolutismo de la Edad Moderna 1550-1700
¿Realidad política o propaganda? *

Nicolas Henshall

Entre los años veinte del siglo XIX y los años cincuenta del si­
glo XX cualquiera sabía lo que quería decir "absolutismo". Era el
enemigo autocrático de la consultación, el adversario despótico de
los derechos, el usurpador burocrático de las élites naturales de la
sociedad. Tal vez haya sido sobre todo el contrario coercitivo de la
Inglaterra consensual. La interpretación Whig de la historia, al trazar
desarrollo del gobierno parlamentario, presentaba a la mayoría
de los gobernantes de la Edad Moderna en estos términos, ya que
tenían más poder del que los historiadores Whig de los siglos XVIII
y XIX creían apropiado. La convicción de que Inglaterra había esca­
nado de aquel destino en ] 6HR estaba ligada él concepciones de
..:: ,~'lh,::;'e~ íTlll!" ",,"d(.'Á-',-){ic,-_.

"Absolutismo" todavía implica un monopolio total del poder.


Instituciones consultivas, como los estamentos, con un poder por
derecho propio, son conceptualmente incompatibles con él. Si se
descubre que existen, se presentan como marginadas en vez de in­
dispensables. Sin embargo, las investigaciones recientes revelan al­
go distinto. Estamentos adormecidos ya no son el basso continuo
del régimen de los Borbones. Éstos reconocieron a los estamentos
como organismos de consulta mostrando que no eran autocráticos.
Los respetaron como custodios de las libertades, mostrando que no
eran despóticos. Y los emplearon como instancias de administra­

• El término inglés "Early Modcrn", como denominación para un ámbito temo


y de manera similar el alemán "Fruhneuzeit", se ha traducido en esta obra co­
mo referidos a la Edad Moderna, aunque ambos aluden más indiscutiblemente a los
siglos XVI y XVII que al siglo XVIII, sin excluir éste totalmente. Por ello, en el con­
texto de este libro cabría también traducir los mencionados términos como referidos
en buena parte, al menos, a la Alta Edad Moderna. (Nota del Ed.).

43
El absolutismo (1550-1 mito? El absolutismo de la Edad Moderna 1550-1700

ción, mostrando que no eran burocráticos. Dado que los Borbones Generales podían remitir un asunto de política exterior al conse­
son equivalentes a "absolutismo", el concepto se vuelve problemá­ jo de una ciudad. Definitivamente, hasta 1688 el sitio de Inglate­
tico. Sin embargo, la reacción principal ha consistido en forzar las rra está alIado de las grandes monarquías europeas.
investigaciones nuevas en el viejo marco "absolutista": como era de «Un terreno muy pisoteado puede verse muy distinto, si se
esperar, los alegatos en favor de una moratoria del término se igno­ mira desde un globo en vez de la tradicional cima de la colina
raron. Ciertamente, la monarquía de la Edad Moderna requiere un nacional."2 Mientras que uno asciende, las formas cambian de
nuevo paradigma, basado en consenso y colaboración en vez de una manera inesperada. El ataque a las asambleas bohemias des­
confrontación y coerción. En este artículo voy a examinar los cam­ pués de su derrota en 1620 convertió Bohemia en una monar­
bios recientes en la perspectiva histórica que han producido esto quía hereditaria; los oficiales del estado iban a ser nombrados
-y que en el proceso han disuelto muchos de los contrastes tradi­ por el rey y no por las asambleas, que también perdieron su de­
cionales entre Gran Bretaña y el Continente. recho exclusivo de iniciar la legislación. Esto normalmente se sa­
luda como la imposición del «absolutismo» por los Habsburgo.
El primero es un cambio hacia un enfoque comparativo en En realidad, esto les dio los mismos poderes en Bohemia de los
vez de nacional. Algunos de los paralelismos entre Inglaterra y el que los monarcas ingleses habían disfrutado durante siglos. Es­
Continente han emergido de manera accidental, pero otros son paña fue considerada por los ingleses de los primeros decenios
el producto de una síntesis deliberada. 1 del siglo XVII como la esencia del despotismo, estando las liber­
En 1807, ?be Edinburgh Review proclamó: «Todos los go­ tades y las propiedades de los súbditos a la merced de los capri­
biernos civilizados se pueden dividir entre libres y arbitrarios: o chos de su señor. Pero la situación española era comparable a
más exactamente ... entre el gobierno de Inglaterra y los otros suya propia. Las prerrogativas de la corona en Castilla estaban
gobiernos europeos.» El mito Whig de la singularidad de Inglate­ más limitadas por obligaciones contractuales que en cualquier
rra ha sobrevivido, mientras que su historia se escribía separada monarquía, aparte de Polonia. 3 Luis XIV era llamado un monarca
de la del Continente «absolutista». Ahora, muchos historiadores "absoluto» durante su vida tanto en Francia como en Inglaterra,
~¡na fucne ¡O~ elOS pueblos . Los tran­
va real, una corte dominante y reuniones irregulares de las asam­ ceses se referían a un monarca provisto de poder para defender
bleas estamentales inglesas, irlandesas y (después de 1603) esco­ las libertades y propiedades de sus súbditos; a finales del siglo
cesas. Todo esto se ve menos excepcional en el contexto de los XVII, los ingleses se referían a uno provisto de poder para des­
gobiernos continentales de la Edad Moderna. Poner el estado in- tmirlas.
en la misma categoría que el holandés forma parte del mito ¿Cómo pasó aquello? Desde luego, no empezó con '/be
Whig: el último fue una república durante la mayor parte de ese Edinburgh Review. El hombre responsable de la afirmación de
período, el primero sólo durante los once años del interregno. que los parlamentos tenían algo específicamente inglés fue For­
En 1660, todo el aparato monárquico fue restaurado, con una tescue. En el siglo XV, cuando los gobernantes habían estableci­
prerrogativa real aborrecible para los holandeses, cuyos Estados do en toda Europa asambleas consultivas, muchas de ellas con
oficiales permanentes, comités permanentes y un estatus corpo­
1 Fritz Hanung y Roland Mousnier, Quelques problemes concernant la monar­ rativo denegado al Parlamento inglés, aquél proclamó que su
chie absolute. En: Relazione del X Congresso lnternaztonale dí Scíenze Stoncbe, IV: monarca era el único que necesitaba el consentimiento de su
Storia moderna. Florencia 1955, 3-55; John MiIler. The Potential for Absolutism in La­
ter Stuart En: Hístory 69 (1984) 187-207; idem (ed.), Absolutísm in Sevente­
enth-Century Europe. Londres 1990; John Brewer, 7be Sinews ofPower. Londres 1989; 2 Dominic Lieven, Nícholas JI. Londres 1993, p. X.
Nicholas Henshall, 7be Myth ofAbsolutism. Londres 1992; Jeremy Black, Covergence 3 I. A. A. Thompson, Castile. En MiIler, Absolutism in Seventeentb-Century Eu­
or Divergence? Britaín and tbe Confinen!. Londres 1994. rope(n.1), 69-98, pp 71-73 Y 81.

44 45
h1 de la Edad Moderna 700
El absolutismo 700J,¿lI:ll mito?
la ley. Esto se puede cuestionar, dado que los gobernantes con­
Parlamento para la legislación y la tributación, mientras que el
tinentales estaban tan limitados por la ley como los ingleses.
monarca francés se podía valer por sí mismo con la propiedad
Llegado el siglo XVIII, muchos hogares franceses sólo poseían
de sus súbditos. Pero Commines y Bodin (a pesar de la preferen­
un libro, una copia de la coutume, o código legal: las coutumes
cia atribuida por este último al «ahsolutismo ..) reivindicaron para eran más populares que la Biblia. 6 Se suele argumentar que
Francia algo semejante a lo que Fortescue había advertido en In­ fuesen cual fuesen las limitaciones legales del monarca, en el
glaterra. I Continente era imposible hacer que se cumplieran. Tampoco se
Ahora sabemos que, alrededor de 1500, e! dominium polí­
tícum et regale era la norma, no la excepción. Esto no significa
1 podía hacerlo en Inglaterra, excepto por la Revolución. Los Tu­
dor y los Estuardo poseían una prerrogativa de emergencia,
una monarquía mixta. Políticum quiere decir gobierno mixto y
regale gobierno real. Fortescue no estaba sugiriendo que el rey
1 comparable a la de los Borbones, que era difícil de controlar.
Todos aquellos sospechosos de sedición para el Privy Councíl
tenía un solo poder que compartía con el Parlamento. Tenía dos, [Consejo Privado] de Isabel I fueron sometidos, de forma ruti­
uno compartido con el Parlamento y otro por sí solo. El rex in naria, a la encarcelación arbitraría y a la tortura. 7 Los veredictos
parliamento establecía los impuestos y legislaba, y el rex solus
ejercía la prerrogativa real. Fortescue tenía razón en cuanto a la 1 inevitables de los grandes juicios de traición bajo los Tudor
J contrastan de una forma sugestiva con el fracaso de Luis XIV
monarquía inglesa, pero no la tenía en cuanto a las demás. Sus i en su intento de asegurar la pena capital contra Fouquet. Mo­
motivos (quitarles puntos a los franceses) eran puramente tácti­
cos, pero el daño estaba hecho. Su engañosa división de monar­
quías en dos categorías pasó a la mitología política inglesa.
En algunos aspectos, la monarquía inglesa era la única en
4 I
1
!,,1
rrill y Burgess han argumentado de forma convincente que
aquello por lo que se querellaba en el caso del shíp money [un
impuesto sobre los puertos y para los casos de guerra, cuya ex­
tensión a todo el país, por Carlos I, en 1635, dio pie a un im­
ser absoluta. Los estatutos de los parlamentos de la Reforma ha­ 1
portante conflicto jurídico-constitucional] no era e! derecho del
bían investido sólo al monarca con la supremacía eclesiástica. rey sobre la propiedad de sus súbditos, en caso de emergencia,
Isabel 1 realmente podía llamarse absoluta en los asuntos espíri- sino SÚ constítuÍ;{ una C{l1'iJ1;r;71
\. i':::LS
, law [la ley inglesa que derivaba de la costumbre propia del
parroquiales y los substituyó por los escudos de armas reales. Su país] resultó impotente para detenerle en la ejecución de su
autoridad no se limitaba al papel: se empieza a ver claramente prerrogativa en contextos no apropiados. 8 Por esto se derrum­
que impuso e! protestantismo a una población que no lo quería. bó el consenso de la época de Jacobo l. Los Estuardo hacían lo
Hoy día sabemos cuán sumisamente los capellanes ingleses baja­ que les daba la gana con la judicatura, mientras que en Francia
ron, pusieron y otra vez bajaron las imágenes de los santos obe­ los jueces habían comprado sus cargos y no podían ser despo­
deciendo a los caprichos de los monarcas a mediados de la épo­ jados de ellos. Ni se podían destituir los oficiales locales france­
ca Tudor. 5 Esto dice mucho sobre la fuerza de! gobierno Tudor y
ses, a diferencia de los jueces de paz ingleses.
su dominio sobre las comunidades. Sin embargo, fueron las mo­ Tampoco hay un contraste nítido entre el Continente,
narquías católicas del Continente, que tenían una fracción del
poder de los Tudor sobre sus iglesias, las que recibieron el título
6 Bruce Lenman y Geoffrey Parker, The State, the Community and the Criminal
de «absolutismo confesional ... Law Early Modern Europe. En: Bruce Lenman, Geoffrey Parker y V.A.c. Gatrell (eds.).
Pero Inglaterra también afirmó ser única en el imperio de Crime and tbe Law. Londres 1980, 11-48, p. 1I.
7 Penry WiIliams, The Tudor Regíme. Oxford 1979, pp. 392f.
4 )onathan Clark, The Language 01 l.iberty 1660-1832. Cambridge 1994, p. 76 8 )ohn Morrill, The Religious Context of the Englísh Civil War. En: Transactions
y ss. oltbe Royal Historical Socie(y, 5" se., 34 (984) 155-178, pp. 160 y 174; Glenn Burgess,
5 Ronald Bunon, The Local Impact of the Tudor Reformations. En: Christopher
The Polítics 01 tbe Andent Constitutíon. Londres 1992, pp. 202-206.
Haigh (ed.), The Ertglísh Rf!/ormaUort Revised. Cambridge 1987, 114-138.

47
46
El absolutismo 700), _¿u!!. mito? El absolutismo de la Edad Moderna 1550-1700

donde los monarcas legislaban por autoridad propia, y los es­ menos «absolutista.., una vez que se ha observado que los monar­
tados «no-absolutistas» como Inglaterra, donde la ley surgía del cas ingleses reivindicaron lo mismo. 13
King-in-Parliament. Legislar emerge de los capitularios fran­
cos y anglosajones como una de las prerrogativas más anti­ El segundo cambio proviene del reciente interés en el discur­

guas de la realeza. Pero en algunos aspectos también era una so más que en el estudio tradicional de la teoría política. Ahora, la

actividad conjunta y parece que seguía siéndolo en la era del conciencia política se considera definida por los discursos disponi­

«absolutismo». En 1680, el supuestamente «absolutista» Carlos bles, articulados por el clero, los abogados y los políticos más que

XI de Suecia afirmaba que la prerrogativa real de legislar daba por los filósofos políticos. Ellos representan una mentalidad más

la fuerza a la ley: no daba el derecho de determinar su conte­ j que un modo de teorizar. El discurso de la Edad Moderna propo­

nido en solitario. 9 Según la antigua y venerable fórmula, en ne tres tipos de gobierno -yen éstos no se incluye el «absolutis­

Inglaterra la ley fue promulgada por su más excelente majes­


i
',l mo» que supuestamente separaba Inglaterra del Continente.
~
tad el rey con el consentimiento de las cámaras de lores y co­ ~ En primer lugar, la mayoría de los gobernantes se considera­
munes. Y el derecho de la corona francesa de iniciar la legis­ ~ ron «absolutos» en el sentido de que monopolizaron las prerrogati­
~

lación en solitario encontró un equivalente en el derecho de ¡


vas principescas de guerra y paz, patronazgo y distribución de car­
;
:~

veto del rey inglés. gos, y no reconocieron ninguna limitación legítima de sus decisio­
Bajo los Borbones, el legislar estaba definido de una mane­ nes. El término es anterior a la «era del absolutismo», encuentra
ra imprecisa. El detenido examen del Recueil général de la legis­ en el siglo XIV, cuando los gobernantes de Francia, Inglaterra y
lación de los reyes franceses por Isambert revela que la ciudad
de París examinaba tratados con el exterior, testamentos reales,
1 España empezaron a reivindicar el imperíum y a llevar las coronas
arqueadas que los equiparaban con el Emperador Sacro Romano­
concesiones de títulos nobiliarios, patentes de compañías y de­ Germánico. En las promulgaciones de las Cortes castellanas duran­
claraciones de guerra -asuntos del estado que pocos parlamen­ te el reinado de Alfonso XI en 1348, el término es invocado repeti­
tos bajo los Tudor y los Estuardo consideraron suyos. lO En la damente. H La monarquía es absoluta por definición: es su ca­
Suecia G.1Cflatcas. erJ su C()f( )l-:t.,í­ e, ~,LC'.·.t).~U'-.J (.le<~~:- ei ~te ~rl() tllJ
ción, juraban consultar el Riksdag [la asamblea estamental sueca] der compartido ni con un superior imperial ni con comisiones de
en decisiones importantes de política exterior; en la Inglaterra nobles ni con señores feudales. El poder absoluto convertía los in­
«no-absolutista», los parlamentos, en algunas ocasiones, intenta­ tereses, las capacidades y las decisiones de un hombre en la fuer­
ron interferir en la política exterior, pero nunca se reconoClO za motriz del gobierno. En la Baja Edad Media, los monarcas de la
l1
un derecho formal de hacerlo. Se ha sugerido que Isabel I rei­ Europa Occidental monopolizaron las prerrogativas que anterior­
nó en gran medida mediante pragmáticas, precisamente porque mente habían sido duplicadas por otros. El derecho crucial de ha­
ningún Parlamento las podía tocar. 12 La insistencia borbónica en cer la guerra fue reservado a la corona; los que le hadan guerra al
1673 en tener la primera y última palabra en tales asuntos parece rey se trataron como traidores y no como feudatarios que ejercían
9 Anthony Upton, The Swedish Riksdag and the English Parliament in the Se­
venteenth Century- Sorne Compansons. En: Nils Stjernquist (ed.), Tbe Swedísh Riks­ 13 David Parker, Sovereignty, Absolutism and ¡he Function of Law in Sevente­
dag in an International Perspective. F.<;tocolmo 1989, 118-133, p. 128. enth-Century I'rance. En: Past and Present 122 ( 1989) 36-74; Roger Mettam, Power
10 Fran<;ois Isambert, Recueil général des ancíennes Jois franc¡;aises, París 1822­ and Faction in Louis XIVs France. Oxford 1988, p, 167; idem, France. En: Miller, Ab­
1833. solutísm (n. 1) 42-67, pp. 48 Y ss,
11 Upton, Su}edísh Riksdag (n. 9), p 122. 14 James Burns, Lordship, Kingshíp and Empíre. Oxford 1992, p, 72,
12 Raymond W. K. Hinton, The Decline of Parliamentary Government under 15 Richard Kaeuper, War, justice and Publíc Order in the Later MiddJe Ages,
Elizabeth and the Early Stuarts. En: Cambridge HistoricaljournaJ 13 (1957) 116-132, Oxford 1988, pp. 225-231; Theodor Schieder, Wandlungen des Staats in der Neuzeit.
pp.125 Y ss. En: HistorischeZeitschrift216 (973) 265-303, p. 269.

48 49
El absolutismo mito? El absolutismo de la Edad Moderna 1550-1700
_C"~ _ _ • __ _

su derecho de dtffídatio (ruptura del lazo feudal].15 Por ende, el racterística clave de la monarquía absoluta. Cualquiera que fuera
forzar a la corona a hacer cierta política era rebelión; los que con­ práctica, está cada vez más claro que ninguna prerrogativa de
seguían cargos a la fuerza eran conspiradores. Lo importante del ese tipo existía en la teoría. El principio de que los gobernantes
poder absoluto no era su capacidad coercitiva. Como insistía Bos­ debían consultar a sus súbditos, cuyos derechos estahan en jue­
suet, lo importante era que no podía ser coercionado. go, había penetíddo profundamente en la cultura política de la
El poder absoluto era compatible con una participación desde Europa Occidental. Los monarcas y las asamhleas podían pelear,
abajo. Los monarcas sólo monopolizaron legítimamente lo que se pero hablaban el mismo lenguaje. El despotismo fue considerado
conocía como «asuntos de estado»: en lo demás tenían que conse­ una disfunción y nunca fue equiparado con la constitución, aun­
guir el consentimiento. Alguna vez se pensó que esta distinción só­ que fue comúnmente identificado con los regímenes turco y ru­
lo se podía aplicar a Inglaterra: pero se puede argumentar que era so. Aunque los derechos y privilegios podían ser molestos para
universal en la Europa Occidental y Central. Los monarcas francés algunos gobernantes, normalmente no los suprimieron, incluso
y español fueron llamados «absolutos» cuando los Estados Genera­ cuando tenían la oportunidad. Las asambleas sobrevivieron al
les y las Cortes se reunían frecuentemente. La cuidadosa enumera­ fracaso de las revueltas, en Nápoles en 1585 y en Aragón en
ción de prerrogativas en innumerables tratados sugiere que éstas 1591, aunque Felipe II fácilmente hubiera podido recortar sus
no se extendían a todo. El poder absoluto terminaba donde empe­ poderes. La doctrina según la cual las acciones despóticas eran
zaban los derechos de los súbditos y no implicaba ningún derecho anticonstitucionales no fue inventada por los parlements [altos
de pisoteados. Había una sensibilidad acerca de lo que el gober­ tribunales de justicia] franceses rebeldes en el siglo XVIII: fue
nante podía y lo que no podía hacer. Esto va más allá de las limita­ enunciada por Bossuet, el teórico oficial de Luis XIV. 17
ciones prácticas del poder absoluto (distancia, recursos, oficiales de Los derechos y privilegios se incorporan en un discurso de
poco fiar, etcétera) que últimamente han acaparado mucha aten­ la antigua costumbre, de los contratos y fueros: su sanción era el
ción. Se extiende a sus limitaciones legales y teóricas, que han reci­ pasado. De manera que Federico Carlos de Württemberg era atí­
bido menos. Europa, y no solamente Inglaterra, abogaba por el im­ pico cuando, en 1692 yen palabras que anticiparon a José JI fde
perio ley: .el también eré:. Uf'. poder limitado ()
constitucionaP6 Como guardianes de la ley, los gobernantes no la do (alte Historíe) que era irrelevante para las nuevas circunstan­
podían romper sin debilitar su propia autoridad. El poder absoluto cias. 18 Los derechos eran lanto individuales como corporativos y
no era visto como una amenaza a los derechos legales: investía a podían extenderse hasta la libertad de expresión. Muchos mo­
los gobernantes con fuerza para protegerlos. Al reducir la autoridad narcas de los siglos XVI y XVII permitieron la diversidad de opi­
absoluta y la limitada a una sola, como hicieron los contemporá­ niones sobre los asuntos de política: algunos, como los Austria
neos, los regímenes de Inglaterra y del Continente se convierten en españoles, la alentaron. Luis XIV no hizo ningún intento de si­
miembros de la misma especie: la monarquía. lenciar el grupo crítico que se había reunido alrededor del Du­
En segundo lugar, algunos gobernantes se consideraron que de Borgoña. En cambio, Victor Amadeo II de Saboya impuso
«despóticos» o «arbitrarios» porque fueron más allá de las prerro­ la denegación más autoritaria de libertad intelectual al oeste de
gativas reconocidas e invadieron los derechos de sus súbditos. La Rusia. Parece que ello dependía más del temperamento indivi­
invasión de derechos de propiedad sin asentimiento fue conde­ dual de los reyes que de cualquier sistema «absolutista».
nada incluso por pensadores supuestamente «absolutistas» como
17 James Collins, Fiscallimits (if Absolutism. Berkeley, CA 1988, p. 2; Victor L.
Bodin: la fuerza era ilegítima. La capacidad de imponer impues­
Tapié, Frunce in the Age Cif Louís XIII and Richelieu. Nueva York 1975, pp. 54-60;
tos a voluntad ha sido vista durante mucho tiempo como una ca­ Frank Tallett, War and Society in Earzy Modern Europe. Londres 1992, p, 196,
18 James A. Vano, Tbe Making o/a State: Württemberg 1593-1793. Ithaca, Nue­
16 Burns, Lordship (n. 14), p. 158. va York 1984, p. 161

so 51
El absolutismo
-----
---~--
mito? --- ~~~~ --_. El absoluti."mo de la Edad Moderna

En tercer lugar, algunos gobernantes fueron considerados ba los poderes que supuestamente debía compartir y se inclina­
corno inclinados hacia acomodos «republicanos» porque permitie­ ba hacia el republicanismo cuando compartía los poderes que
ron la intrusión en las prerrogativas principescas por parte de los supuestamente debía monopolizar. La distinción vital era entre
consejos, comisiones o asambleas estamentales. Los pueblos se monarquías absolutas y despóticas, que tenían pUntos de vista
quejaron cuando el príncipe no gobernaba por sí solo: el orgullo opuestos sobre los derechos de sus súbditos -no entre las mo­
de Luis XIV era que sí lo hacía .. Al contrario de la creencia usual, narquías absolutas y limitadas, que eran dos aspecl:os de la mis­
los nobles preferían gobernantes fuertes a débiles. Los grupos de ma cosa. El discurso político de la Edad Moderna empleaba una
poder provinciales, que querían una ayuda real efectiva en las retórica de la armonía que combinaba lo que aparentemente era
contiendas locales, necesitaban un mando indiviso en el centro opuesto. Era el deber del gobernante mantener una constitución
de poder para impedir apelaciones a rivales jurisdiccionales. Co­ equilibrada. Los gobiernos francés y inglés actuaban, pues, tanto
mo los ministros y oficiales frecuentemente se disputaban las mediante la manera de prerrogativa como mediante la manera
áreas de responsabilidad uno al otro, un arbitraje real firme era consultiva. Esta es la razón por la que los contemporáneos se re­
más que vitaP9 Los últimos años de Felipe IV de España fueron ferían enigmáticamente a los mismos gobernantes como absolu­
condenados como republicanos por muchos observadores por­ tos y como limitados. Entonces, los dos (términos) no se consi­
que el rey era incapaz de imponer sus decisiones al gobierno. 2o deraban mutuamente excluyentes porque se referían a distintas
Pero la minoría de edad o la incompetencia de un rey podían in­ áreas de la actividad gubernamental que tenían reglas distintas.
vertir esta actitud. Al comienzo del siglo XVII en Brandenburgo, En Inglaterra, Burgess 10 llamó la teoría binómica del gobierno.
las asambleas estamentales lograron su reivindicación de poder Bacon lo describió como un poder doble en el rey: ... su poder
vetar la política exterior y en 1648 el parlement de París intentó absoluto, por el que puede levantar fuerzas contra cualquier na­
hacer lo mismo. Es significativo que, de los últimos decenios del ción y su poder limitado, que es declarado y expresado en las le­
siglo XVII, Brandenburgo y Francia son famosos por unas mues­ yes. Un miembro del Parlamento inglés declaró en 1610:
tras espectaculares de «absolutismo»: posiblemente, sus monarcas Este reino disfruta las bendiciones y los beneficios de una
SÓlO recuperarori el poder n:::dl CJ pnncipesco Lo que l1WllCirquía alJsoLuta y i.U1 ... Por nc
cede a los regímenes "absolutistas" muchas veces es ilustrativo. Si se nadie que libertad y soberanía son incompatibles, que cuanto
empezamos a observar Dinamarca en 1661, vemos a un monarca se da al uno se le quita al otro ... lo uno apenas puede subsistir
fuerte que ocupa nuevos poderes de manera agresiva y aparen­ mucho tiempo sin lo otro. 21
temente está lanzando el "absolutismo». Si empezamos en 1648, Esta es también la razón por la que la reinvención por parte
vemos a un monarca electo, débíl, con un consejo de magnates de Sommerville de una lucha entre las teorías del gobierno "ab­
impuesto sobre él. No hay nada intrínsicamente «absolutista» en solutas» y "limitadas» en la Inglaterra del temprano siglo XVII no
un rey que quiere elegir sus propios servidores y dejar la corona arranca. El poder absoluto y el limitado fueron vistos como sim­
a sus herederos. El destacar el poder absoluto era, al menos en bióticos y complementarios.
TI parte, una retórica de recuperación. No todos los comentadores estaban de acuerdo entonces. Ni
~
.if, De modo que había un tipo de gobierno legítimo (monar­ 10 están ahora. En 1559, John Aylmer expresó su alivio porque
quía) y dos perversiones de él (despotismo y republicanismo). La Isabel 1, una mujer, no pudiera decidir los asuntos de guerra y
monarquía degeneraba hacia el depotismo cuando monopoliza­ paz por sí sola. Algunos historiadores todavía afirman que la rei­
na se inventó la distinción entre los asuntos de la comunidad,
19 Charles Frostin, L'organísatíon ministérielle sous Louis XJV: cumul d'attríbu­
tions el situations conflictuelles. En: Revue d'histoire du Droít jranf;ais et étranger 58
(1980) 201-226. 21 Burgess, Ancient constítution (n. 8), p. 166; Elizabeth Read Foster (ed.),
20 Thompson, Castíle (n. 3), p. 88. Proceedings in Parliament 1610. 2 vols., New Haven, el 1966, II, pp. 191 Y 195.

'52 53
J
El absolutismo 0550-1 mito? El absolutismo de la Edad Moderna 1550-1700
-_._-~-

que el Parlamento podía vetar, y los asuntos del estado, que no que no era despótica en algún sentido era limitada. Pero el desa­
podía vetar. Ya que la teoría de esta dicotomía es al menos tan rrollo debía poco a la lógica y mucho a la propaganda -una res­
antigua como Fortescue y la práctica era necesaria por la poca puesta lingüística al desafío religioso y comercial de Luis XIV en
frecuencia de los parlamentos, podemos conduír que esos histo­ los años ochenta y noventa del siglo XVU. Locke y Bossuet dan
riadores (y Aylmer) se equivocan. Elton define la prerrogativa real unas definiciones tan idénticas del despotismo que parece que
Tudor como sujeta a la ley, lo cual es engañoso. Estaba dentro
la ley en el sentido de que sus límites se hallaban definidos por la
1 las hubieran acordado. 23 Pero existe una diferencia crucial. Bos­
suet separa el poder absoluto del despótico, mientras que Locke
ley; pero estaba fuera de ella en el sentido de que no funcionaha los equipara. Sancionado por su autoridad, absoluto adquiría las
connotaciones despóticas que ha conservado. 24 Por definición ya
a través de ella sino a través de la incuestionable voluntad del 1 no era posible para los gobiernos absolutos ser limitados a la
rey. En este aspecto, era comparable a la prerrogativa de los Bor­
~ vez. En el siglo XVIII, los ingleses habían olvidado el sentido ori­
bones, que se situaba más allá de las apelaciones legales. Som­ t
merville va al extremo opuesto cuando compara la reivindicación a•~ ginal no-despótico de la palabra. En 1756, David Hume estaba
de Jacobo I de una prerrogativa por encima de la ley con aquella ,~ perplejo por las frecuentes referencias de los Tudor y los Estuar­
~ do a su monarquía como absoluta. ¿La monarquía inglesa no ha­
de los Borbones. Presenta de manera correcta a Jacobo I, que es­ 1
taba en una confusión despótica, pero de manera incorrecta a los bía estado limitada por las leyes y el Parlamento durante siglos?
Borbones, quienes rechazaban cualquier teoría de despotismo. 1 Se preguntó brevemente, en una nota a pie de página, si el signi­
Bossuet difícilmente podía ser más claro. La autoridad real es: r
~
ficado de la palabra habría cambiado, pero no prosiguió la espe­
~ culación.2s
ahsoluta respecto a la coerción: no habiendo ningún poder Pronto, esto llegó a Francia. Bossuet luchaba por mantener
capaz de forzar al soherano, que en este sentido es indepen­ la distinción entre el poder absoluto, defensor de los derechos
diente de toda autoridad humana. Pero de esto no se sigue de sus súbditos, y el poder despótico o arbitrario, su opresor. Ex­
que el gohierno sea arbitrario. porque . .. hay leves en los hn­ ponía el intento de desacreditar la monarquía absoluta:
// :
':..

cho. 22 Para hacer odioso este término .,. muchos aparentan con­
i! fundir el gobierno absoluto y el gobierno arbitrario. Pero no hay
El consenso binómico de la Inglaterra de los primeros tiem­ ~ nada más diferente. 26
pos de los Estuardo fue empujado más allá de sus límites por
Carlos 1, siguiendo la línea de su padre y desafiando la de B05­
suet. Por ello, la relación entre los regímenes Borbón y Estuardo
obviamente no se puede clarificar etiquetando ambos con el tér­
i
J
Cualquier discurso contiene un elemento de interés propio:
encierra tanto táctica como principios ideales. La élite europea
tenía una cultura en común: era deseable reivindicar la legitima­
mino de «absolutismo». Después de la Guerra Civil [inglesa] se hi­ ción de la normas políticas clásicas. La descripción familiar de
zo algún intento de asociar de nuevo la monarquía absoluta con
~ Inglaterra como una monarquía mixta que se repetía sin fin en
~
la limitada, pero al final del siglo las dos eran consideradas in­ todo el siglo XVI y el XVII se basaba en la idea tradicional del
compatibles. Esto era ilógico, dado que una monarquía absoluta 1
22 Geoffrey Elton, The Rule of Law ín Síxteenth-Century England. En: ídem,
¡ 23 Ibíd., pp.292f; john Locke, Two Treatises of Government, ed. Peter Laslett.
Nueva York 1965, p. 182
I
24 James Daly, The Idea of Absolute Monarchy in Seventeenth-Century En­
Studíes in Tudor and Stuart Politics and Government. 2 vols, , Cambridge 1974, 1, 260­
284; johann Sommerville, PoliNcs and IdeolOliY in England 1603-1640. Londres
pp. 46 Y ss. jacques-Bénígne Bossuet, Polítique tirC>e des propres paroles de l'Ecriture
j gland. En: Historical]ourna121 ( 1978) 227-250, p. 245.
25 David Hume, History 01 England. 10 vols., Londres 1809, VI, pp. 246 Y ss,
sainte, ed. jacques Le Brun, París 1967, p, 292. 26 Bossuet, Politique (n. 22), p. 92.

55
El ahsolutismo ( 1 550-1 700), ----- El absolutismo de la Edad Moderna 1550-1700
--------- --- --------- -~~------

gobierno mixto que se podía encontrar en Aristóteles y otros au­ Los estados de la Edad Moderna eran aglomeraciones di­
tores de la Grecia y la Roma antiguas, como por ejemplo en la násticas, adquiridos sin tener en cuenta la etnicidad o la geogra­
De Re Publica de Cicerón (aunque esta obra en particular no fue fía, divididos por la ley y el lenguaje, reunidos sólo por la lealtad
redescubierta hasta el ano 1819), A la mezcla se le atribuían con­ a la familia del gobernante, la corte y, especialmente después de
tenidos muy dispersos, Algunos favorecían el clero, los lores y 1650, la religión. El mar no era una barrera para el dinasticismo:
los comunes, otros el poder ejecutivo, el legislativo y el judiciaL reunía el territorio en vez de dividirlo, como en el imperio sueco
Claramente, los hechos fueron adaptados al modelo, no el mode­ y el reino de Dinamarca-Noruega. Pero el consenso era difícil de
lo a los hechos. Sin embargo, los historiadores reiteran el modelo crear cuando el territorio central que contenía la capital dinástica
solemnemente, como si se basara en los resultados de la ciencia infringía las libertades o divergía de la religión de las provincias
política moderna. Durante la mayor parte de la época, absoluto subordinadas, que muchas veces tenían sólo una corte virreinal o
era un cumplido y despótico un insulto. La clasificación estaba ninguna. De ahí las revueltas en los Países Bajos (566), Bohe­
coloreada por la antipatía dinástica, nacional o religiosa. Bossuet mia (618), Escocia (639) y Cataluna (1640).
veneraba a Luis XIV como absoluto mientras que el hugonote Ju­
rieu lo denigraba como despótico. Según los políticos Whig in­ En cuarto lugar, los historiadores revIsJonistas han destaca­
gleses de los años ochenta del siglo XVII, Luis XlV era un déspo­ do las contingencias en vez de las estructuras, Esto ha debilitado
ta católico, mientras que Leopoldo 1, un buen aliado, era visto el concepto de «absolutismo» como tipo de sociedad, La impa­
como políticamente correcto y, para decirlo así, como protestan­ ciencia con los fundamentos económicos y sociológicos demasia­
te honorarioP do simplificados ha revivido l'histoire événementielle [de los

.... «Absolutismo» es ajeno a este discurso. Representa una nor­ acontecimientos1 con su énfasis en la contingencia a corto plazo
ma gubernamental y tiene connotaciones despóticas, En el dis­ como la principal herramienta de explicación. El énfasis se pone
curso anterior a la Ilustración no puede hacer las dos cosas. en la autonomía de la esfera política y constitucional y en la me­
dida en la que ésta generó una fuerza propia.
L:g~~~ )
tados internacionales en vez de nacionales, El enfoque británico Factores fortuitos como la capacidad y la personalidad regias cau­
en vez del inglés ha revelado paralelismos con las monarquías san trayectorias diversas en diferentes estados. Estudios de la alta
múltiples del Continente. 28 La mayoría de las observaciones so­ política de las facciones de la corte han demostrado las influen­
bre la singularidad inglesa son irrelevantes a escala británica. El cias sobre, y la importancia de, las decisiones claves tomadas por
auge de la conciencia nacional y los estados nacionales sigue los que estaban en el poder. Las maniobras políticas en la corte
obsesionando a los historiadores, pero ahora también subrayan Tudor convirtieron la política, y por ello el progreso de la Refor­
el dominio de la Europa de la Edad Moderna por parte de las ma, en un asunto de suerte. 29 La armonía interna era frágil por-
dinastías imperiales internacionales. Hay, por lo tanto, más resis­ dependía de la habilidad de los monarcas hereditarios indivi­
tencia a equiparar el "absolutismo» con el auge del estado nacio­ duales de mantener juntas con pocos recursos y menos fuerza a
nal y se sospecha de las descripciones globales como «absolutis­ las comunidades políticas fragmentadas. Mujeres o niños en el
tas» de imperios que encerraban distintas formas de leyes consti­ trono, o una sucesión disputada, debilitaron la monarquía frente a
tucionales. otros grupos. Y muchas veces se olvida que de los monarcas se
esperaba que reinaran hasta que fallecieran. Los achaques de la
27 Cicerón, De Re Publica. De legibus. Con trad. inglesa de Clinton Walker Ke­
yeso Londres 1928, pp. 102-104; Nicole Ferrier-Caveriviere, L 'image de Louís XlV dans
edad y la senilídad eran por ello peligros normales para el go­
la littératurefran(:aísede 1660 a 1715. París 198], pp. 314-330.
28 Black, Convergence (n. 1). 29 Chrístopher Haigh. English Riformatíons. Oxford 1993. p. 336.

56 57

El absolutismo (1550-1700),. ¿u 11:. mUo? .~. El absolutismo de la Edad Moderna ._


1550-1700
..
._.. ~---

bierno reaL Los historiadores notan variaciones en la aceptación como una ruptura con los modos de gobierno anteriores se
oficial de lo inevitable. Mientras que los fabricantes de las imáge­ adaptaba perfectamente a una agenda histórica dominada por los
nes reales desdibujaron las arrugas de la reina Isabel 1, a la ima­ conceptos de cambio, crisis y revolución. Pero se puede argu­
gen oficial de Luis XIV se le permitió envejecer discretamente. 30 mentar que a pesar de las guerras sin precedentes, la dislocación
El «absolutismo» no puede ser tratado como un desarrollo li­ económica y la discordia religiosa, los fundamentos políticos y
neal, con un monarca construyendo sistemáticamente sobre la sociales elel gobierno tardo-medieval no cambiaron. La Edad Mo­
política de su predecesor. La verdad fue más cíclica.y accidenta­ derna tiene más sentido cuando se la enfoca desde el período
da. Monarcas como Luis XIV se pueden ver como aquellos que anterior en vez del posterior. Entonces, los gobernantes "absolu­
recuperan sus prerrogativas después de desafios (las Frondas) tistas» del siglo XVII tardío pueden ser vistos corno reparadores
durante la minoría real o la incompetencia (Mazarino). No era del consenso corona-élites después de que su autoridad había si­
necesario establecerlas por la fuerza: de los gobernantes capaces do destrozada sucesivamente por la Refonna, las guerras religio­
y adultos se esperaba que las ejercieran. En vez de ver el «abso­ sas, la Guerra de los Treinta Años y la «Crisis General» [del siglo
lutismo» como un empuje agresivo hacia poderes nuevos, puede XVIIl. Sus problemas y soluciones eran semejantes a los de los
ser presentado como una estrategia de recuperación después de «monarcas nuevos» de comienzos del siglo XVI que heredaron
~
los golpes naturales a los que las monarquías estaban sujetas los escombros de las guen-as civiles en Inglaterra, Escocia, Fran­
-como la determinación de monopolizar los poderes legítimos cia, Castilla y Aragón. Enrique de Navarra puede ser presentado
del gobernante, pero no los poderes de nadie más. como el conciliador después de la guerra de religión casi en el
Recientemente, muchos historiadores la Edad Moderna mismo formato que Enrique Tudor después de la Guerra de las
....'" han destacado la continuidad más que el cambio. El «absolutis­ Dos Rosas. Pero en Inglaterra hablamos del programa de recupe­
';'"
mo», por definición un distanciamiento de las formas de gobier­ ración de Enrique VII, mientras que los franceses prefieren el
no medievales, ha sido por lo tanto cuestionado. Inglaterra, en «absolutismo» de Enrique N.
contraste, siempre ha sido reconocido como un estado donde No hay una ruptura aguda entre el feudalismo medieval y
,.:;. ',~ "'-, : 2-~ "L; J .

na por un lado y los estamentos y élites locales por el otro, junto la Edad Moderna, la manipulación por parte del monarca de
a las libertades regionales y de clase que defendieron. Ahora tie­ la sucesión de feudos y de los matrimonios de herederos era una
ne que compartir esa distinción con los del Continente, que re­ técnica clave de gobierno. El feudalismo medieval tardío había
claman una tradición igualmente larga de cooperación. La idea pasado su cénit como sistema militar, pero la continuidad entre
convencional consistía en que el nuevo estado «absolutista» era el el lazo feudal y la clientela es obvio, mientras que el señorío feu­
enemigo de las élites establecidas y las corporaciones dominadas dal era esencial para el "absolutismo" siciliano. La Edad Moderna,
por ellas. Ahora, esto es dudoso,31 así como aceptaba la propiedad de la tierra en el sentido moder­
Así como cruza las fronteras nacionales, el gran cuadro ha no, estaba saturada del concepto medieval de propiedad como
de trascender los períodos usuales de investigación: los historia­ un complejo de derechos. En toda la Europa Occidental y Cen­
dores de la Edad Moderna son conscientes ahora del peligro de tral, esto era el fundamento de las seígneuríes a las que se dele­
separar su período de su predecesor medievaL El «absolutismo» gaba la justicia local. Igualmente, el dinasticismo medieval seguía
siendo el motivo principal de la política nacional e internacional.
30 Petcr Burke, Tbe Fabricarían alLauis XlV Londres 1992, pp. 107-123 Y 197. La rebelión en la Edad Moderna todavía requería un miembro de
3J Dietrich Gerhardl (ed.), Stilndische Vertretungen in Europa ím 17. und 18
familia real para otorgarle credibilidad y la mayoría de las gue­
jahrhundert. Gótüngen 1974; John Russell Major, Representative (iotJernment in Eariy
Modern France. New Haven, CT 1980; Francis Carsten, Princes and Parliaments in
~ rras se hacían para perseguir reivindicaciones dinásticas. Al re­

Germany. Oxford 1959. vés, gran parte de la resistencia que los monarcas absolutos en-

58 I 59

El absolutíSmo mito? El absolu.tismo de la Edad Moderna 1550-1700

contraron se explica por la incapacidad del dinasticismo para años después de 1648 vieron un florecimiento final de la socie­
ofrecer el foco de unidad y lealtad suministrado por el naciona­ dad corporativa alemana. Las asambleas estamentales fueron ex­
lismo en el siglo XIX.32 cluidas de la alta política en la que algunas habían chapoteado
La Europa de la Edad Moderna era un «museo de libertades un poco durante los agitados siglos XV y XVI, pero los príncipes
corporativas bajomedievales». La visión antigua del asunto con­ garantizaban la base de poder local de sus miembros y los con­
siste en que el «absolutismo" trataba de abrirse camino a través sultaron en los asuntos relacionados con ella. 36 Esto no es pro­
de la maraña de leyes, privilegíos y jurisdicciones, «el Standesta­ piamente una situación «absolutista ..: los parlamentos bajo los Tu­
at [estado de estamentos] cedía el paso a un estado absoluto en dor y los Estuardo no tuvieron más derecho de intervenir en la
el sentido de que la autoridad legal del príncipe fue liberada de alta política que los estamentos alemanes. El Standestaat por lo
los límites que la ley natural, las jurisdicciones rivales, las cos­ tanto no fue remplazado por el «absolutismo,,: continuó.
antiguas y las libertades especiales de los grupos gober­ La mayoría de los actores para el nuevo drama «absolutista"
nantes le habían impuesto.,,33 Los gobernantes de la Edad Moder­ resulta tener papeles antiguos. Se ha sugerido que el rasgo dis­
na antes de 1700 no hubieran reconocido este folleto informativo tintivo del «absolutismo" de la Edad Moderna consistía en que las
a favor de la monarquía liberada. Fuese lo que fuese lo que es­ élites locales estuvieron subordinadas a la corona Y Pero siem­
cribieron Bodin y Hobbes, los súbditos no tenían deberes exclu­ pre lo habían estado. Los grupos de poder independientes de la
sivamente ante el estado, sino también ante una multitud de au­ Edad Medía son un mito romántico. El persuadir a las élites con
toridades locales y provinciales, civiles y eclesiásticas. 34 autoridad local para que gobernasen según los deseos del cen­
El equilibrio de poder dualista entre gobernante y asam­ tro, o al menos reconocieran un interés común, era la más anti­
bleas estamentales también fue conservado. Las noticias de que gua preocupación de los monarcas. Ningún gobernante podía
este equilibrio se estaba inclinando hacia los gobernantes delatan emplear o fíarse de burócratas entrenados en los municipios an­
la mentalidad guerrera del siglo XIX. Los monarcas de la Edad tes de los últimos decenios del siglo XVIII. Los gobernantes ase­
Moderna normalmente no consideraban a los parlamentos como guraron el control explotando el poder, la ambición y la rivalidad
S7_~ t~i ­ i .1 ~,;1 "\'(::': c:-;CI1.ji\ 1 \)r~,é:~.j. ~~,~L\
reas administrativas y judiciales para las cuales a los gobernantes nistración local seguía siendo asunto de las élites territoriales o
les faltaba la mano de obra y les suministraban el consentimiento urbanas establecidas. Hacia 1700, en Brandenburgo-Prusia tanto
de la comunidad a las políticas reales que la afectaban. 35 Sin los como en Inglaterra ejercían los poderes judicial y fiscal en la ba­
parlamentos, las opciones eran despotismo o la inacción. Así, se. 38 La escasez de personal preparado hacía a los monarcas con­
la investigación está descubriendo abundantes formas de vida re­ tinentales tan dependientes de como a sus homólogos ingle­
presentativa donde antes se había proclamado extinguida. Los ses: por 10 tanto, el que su control local haya sido superior es
una especulación. No sólo los jueces de paz bajo los Estuardo
32 Tommaso Astarita, The Contínui~y ofFeudal Power: the Caracciola Di Brien­ podían hacer huelgas, como descubrió el Duque de Alba cuando
zi in spanísb Naples, Cambridge 1991; Jeremy Black, Absolutism, En: John W. Yolton
impuso el impuesto de la «décima de penique». Las autoridades
el al. (eds.), The Blackwell Companion to the Enlightenment. Oxford 1991, 11-13, p.
11.
33 Hans Rosenberg, Bureaucracy, Aristocracy and Autocracy. Cambridge, MA 36 Volker Press, 'Ole System of the Estates in the Austrian Hereditary Lands and
1958, p. 11 in the Holy Roman Empire: a Comparison. En: RobcI1 J. W. Evans and TrevO!' V. TIl()­
~q Mettam, Power and Faction (n. 13), p. 49; Terence Ball, James Farr y Russell mas (eds.), Crown, Church and Estafes.' Central European Politics in the Sixteenth
L. Hanson, Política! Innovation and Conceptual Change. Cambridge 1989, pp. 122 Y and Seve1Ueenth Centuries. Londres 1991, 1-23, pp. 4ff.
ss. 37 MiHer, Potentialfor Absolutism (n. 1), pp. 188 Y ss.
15 Rudolf Vierhaus, Germany in the Age ofAbsolutism. Cambridge 1988, pp. 88 38 Gerhard Oestreich, Strukturprobleme des europaischen Absolutismus. En:
y ss. idem, Geist und Gestalt desfrn.modernen Staates. Berlín 1969, 179-197.

60 61
!!!:~~)olutism() ( 1550-1700 ),-¿lln mito?
El absolut~ri'!9... de la Edad Moderna ~~50-1700

locales nunca lo recaudaron. 39 Esta decentralízación universal di­ un Privy Council de activos funcionarios, entonces la Inglaterra
suelve aún más el contraste entre el Continente «ar)solutista" por de los Tudor una vez más se asemeja al Continente. En la prácti­
un lado e Inglaterra y la República holandesa por el otro. Si los ca esto significaba que los grandes magnates territoriales fueron
nobles no eran los oponentes naturales de la corona, entonces excluidos al menos de los consejos centrales a los que ellos no
no había necesidad para los monarcas de estar en contra de los podían asistir regularmente. Del Privy Council de Isabel 1, seis
nobles. Los seüores locales rara vez eran las víctimas de la mo­ miembros eran nobles, pero cuatro eran de su propia creación y
narquía absoluta: eran sus beneficiarios. ninguno era un magnate territoria1. 42 Aunque los Habsburgo per­
cliché de que los gobernantes absolutos desafiaron el pa­ mitían a los magnates retener cargos administrativos claves, en el
pel de la nobleza en el gobierno central finalmente es refutado occidente su exclusión de los altos consejos era normal y no
por el estudio más completo de la nobleza europa publícado nueva. La excepción tuvo lugar durante las guerras de religión y
hasta ahora. 4o Los siglos XVI y XVII vieron la llegada de nuevas las monarquías débiles de 1550 a 1650. Aunque Luis XIV daba al­
instancias administrativas equipadas con profesionales entrena­ tos puestos de corte, militares, diplomáticos y eclesiásticos a los
dos de una procedencia que no era noble; pero como los "hom­ magnates, los excluía de sus consejos.43
bres nuevos» antes de ellos, pronto se convirtieron en nobles, Más allá de su dedicación militar es conjeturable que el go­
porque el servicio real en todas partes era la escalera más segura bierno hubiese tenido un papel engrandecido en este período.
hacia la nobleza. Y no estaban solos. La élite antigua pronto iba Había más regulación de lo que antes se había dejado a la suer­
a fijarse en la oportunidades ofrecidas por el estado en creci­ te, las fuerzas del mercado o la voluntad individual -un impulso
miento. La nobleza de servicio «absolutista», supuestamente nue­ que ha sido atribuido a la búsqueda renacentista de un orden ra­
va, está desapareciendo en su país clásico, Rusia, donde resulta cional. Posiblemente llevaba a un marco nacional lo que habían
ser la nobleza antigua. Con la excepción significativa de Dina­ sido asuntos regionales; y probablemente intervenía en áreas de
marca después de 1660, donde una aristocracia nueva fue creada la vida de los súbditos que anteriormente habían estado libres de
desde cero, los monarcas absolutos no remplazaron la élite exis­ control, como las Polizeíordnungen [las ordenanzas policíacas],
f_·' e: La y ec()rl()1111C~l
existente se convirtió en una nobleza de servicio. En el proceso la salud, la seguridad y la beneficiencia moral. Pero esta perspec­
fue profesionalizada en cierta medida y sufrió un cambio estruc­ tiva puede estar distorsionada. El personal del gobierno se incre­
tural, ya que el estatus social llegaba a depender del cargo en el mentó, pero no por esta razón. Para implementar las nuevas am­
gobierno más que del título nobiliario heredado. 41 Esto proba­ biciones no había nada excepto los antiguos procedimientos./¡4
blemente era más original que el viejo recurso de usar "hombres Recientemente se han considerado con mucho énfasis los
nuevos". Ejemplificado por la noblesse de robe [nobleza de toga] proyectos abortados, la estrecha base impositiva y el débil con­
y por las tablas de rango de la Europa del tardío siglo XVII, inte­ trol de la mayoría de las monarquías absolutas. 4s Esto olvida Su
graba tranquilamente a los miembros nuevos en las élites anti­ logro indudablemente novedoso de poner en pie de guerra ejér­
guas. Si Starkey tiene razón en que la reforma de ] 540 estableció citos de un tamaño sin precedentes. También acepta la agenda
39 Helnmt Koenigsbcrger, Epilob'Ue: Central and Western Europe. En: Evans/
42 David Starkey, The Reign of Henry VIII. Londres 1985, pp. 129-133; Chris­
Thomas, Croum, C'hurch and &tates (n. 36), 300-310, p. 304, tophcr Haigh, Elizabeth 1. Londres 1988, p, 67.
40 Lawrence- Stone, The Crisis o/ the Aristocracy, Oxford 1965; Hamish M, Seon
(ed'), The European Nobilitíes in the Seventeenth and Eighteenth Centuries, 2 vols.,
43 Mellam, Powerand Factíon en. 13), pp. 81-91.
14 Marc Raeff, Tbe Wel/-Ordered Po/ice State. New Haven. cr 1983, pp. 152­
Londres 1995, 157.
41 Brenda Meehan-Waters, Autocracy and Aristocracy: The Russian SenJÍce Elite
45 David Parker, Tbe Making o/ French Absolutísm. Londres 1983; Collins, Fis­
qf 1730, Nueva Brunswick, NJ 1982; SeOtl, European Nobilities (n. 40), 1, pp. 9 Y ss. cal Limies (n. 17), p. 2,

62 63
El absolut~s!!l:o.Q55f.!:.1700), ¿un mitoL El absolutismo de la haad Moderna 1550-1 700

«absolutista- Y solamente la presenta como incumplida. La activi­ relaciones de clientela. Los intendentes eran los baillís [bailes] me­
dad continuada de las asambleas estamentales, la supervivencia dievales con mayúscula, indefensos sin la ayuda de los grupos de
de las libertades provinciales y los compromisos con los grupos poder locales. Los instrumentos vitales de la corona no eran las
poderosos deberían ser atribuidos no al estado incompleto del instituciones de gobierno formales, sino las asociaciones que for­
«absolutismo», sino a su no-existencia. maba con otros intereses, porque reforzaba su autoridad y les reci­
claba los ingresos de los impuestos. Para el control provincial, los
El interés también se ha desplazado de la perspectiva buro­ gobernantes se fiaban de las redes clientelares que enlazaban las
crática a la social. Una nueva conciencia de la monarquía absoluta élites de la corte con las locales. También se aprovechaban de la
como un producto social que, más que ser impuesto a una socie­ Iglesia, la única institución que tenía una organización en cada pa­
dad jerárquica, la refleja y la sostiene, ha tendido a alinear el Con­ rroquia. De ahí la importancia del consenso religioso para la for­
tinente con Inglaterra. 46 Las relaciones personales y sociales pre­ mación del estado. Es extraño que el descubrimiento de esta de­
dominaban sobre los valores burocráticos. Las estructuras institu­ pendencia se considere como debilidad o limitación de lo que se
cionales no eían monolíticas, como en el modelo tradicional, sino llama "absolutismo»; era la clave para su funcionamiento.
dominadas por facciones en competencia entre sí, reconociendo Muchos rasgos del gobierno de la Edad Moderna reflejan la
lealtades rivalizan tes a familiares y patronos exteriores. Sólo re­ textura de su sociedad. El trabajo antropológico sobre África y
cientemente se nos ha recordado que, lejos de un conflicto inevi­ Polinesia ha mostrado lo inapropiado que es el lenguaje del par­
table entre las asambleas estamentales y los príncipes, en la mayo­ lamentarismo moderno para las sociedades tradicionales. Un exa­
ría de las asambleas estamentales alemanas había un partido de la men de los rituales, la retórica y los intercambios simbólicos de
corte. 47 La historiografía tradicional basaba el «absolutismo» sobre las Cortes de Portugal destaca una armonía y un equilibrio de in­
unos sistemas de apoyo bien conocidos, que lo reforzaban frente tereses. Mucho de lo que los historiadores vieron como síntomas
~f a la sociedad: ejércitos permanentes Y burocracia. Pero los ejérci­ de la inutilidad y marginalización de las asambleas estamentales
-debates largos, palabrería vacía, maniobras infructuosas- sim­
tos "absolutistas" no eran una fuerza autónoma fuera de la socie­
CU.,";j la ~'c;riseilSC·

~
úacL eXisitierOfi J-<;:jttO Lfl ~-L~Sl~; iaS ef ,2alTllt1C1
sociales del campo, ya que los campesinos y los oficiales Junker en la sociedad de la Edad Moderna. 49
Tanto la monarquía inglesa como las continentales forjaron
i* [nombre de los terratenientes en el este de Alemania] transfirieron
el nexo siervo-terrateniente a sus regimientos. Antes de la levée en más enlaces con las comunidades de los que el término "absolu­

i~I
masse [reclutamiento general] de 1792, los ejércitos «absolutistas» tismo» sugiere. Los marxistas siguen sin irritarse: ya que se trata
lucharon en favor de los terratenientes aristócratas que los dirigie­ de una conspiración de clase para desplumar al campesinado, el
ron y no, como se supone muchas veces, en favor de algo precur­ diálogo corona-élites es de esperar. 50 Para ellos, el .absolutismo»
sor de la nación-estado del siglo XIX. 48 De manera similar, la «bu­ significa el dominio de los grandes terratenientes. Esta es una de­
rocracia" operaba en una sociedad de élites, dominada por con­ finición que no ayuda. La Polonia del siglo XVII fue dominada
'~
cepciones de lealtad y honor: aunque era profesional en algunos por grandes terratenientes, pero pocos historiadores la llamarían

~ aspectos, aseguraba la sumisión sólo cuando estaba reforzada por una monarquía absoluta. En los estados alemanes, no hay una
correlación observable entre la extensión del poder real y el de­
JI 46 Mack P. Hold (ed.), Socie!)' and Institu!ions in Earl)' Modern France. Atenas,
GA 1991, pp. XI-XVIII; Emmanuel Le Roy Laduric, 1be Royal French State. Oxford
¡t 1994, pp. 4-25.
49 Pedro Cardim, Ceremonial and Ritual in the Cortes of Portugal 1581-1698.
(
47 Press, System ofEsta/es (n.36), pp. 10 Y ss.
En: Parltaments, Estates and Representatton 12 (992) 1-14.
50 Boris Porchnev, Les SouliJvements populaires en France de 1623 a 1648. Pa­
ir 4R John R. Seeley, 1be Lije and Times of Stein. Cambridge 1878, pp. 231 Y ss.;
Omer Bartov, 111e Nation in Arms. En: History Toda)' 44 (1944) 27-33, pp. 27-29. rís 1963; Perry Anderson, Lineages oftheAbsolutíst State. Londres 1974.
11
1~
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64
mito? EJ absolutismo de la Edad Moderna 155()-1700

sarrollo de la Gutsherrschaft [domino de explotación directa en Reforzada de esta manera, la gente de las poblaciones loca­
el este de Alemania a partir del siglo XVI].51 Ni es el caso que los les era la responsable de gran parte de la regulación atribuida al
gobemantes ayudaran sólo a las élites. Lejos de ser impuesto "absolutismo». El comportamiento religioso, moral, sexual, social
desde fuera, el poder estatal era inseparable del orden social en y económico, así como la educación y la beneficiencia fueron
cualquier nivel y estaba imbricado en una compleja red de valo­ supervisados como nunca antes. Pero aparte de los pequeños es­
res y relaciones sociales. Era el producto de un proceso en dos tados alemanes, el agente de la conformidad no era el gobierno
direccioness, sólo vagamente captado por el énfasis que los his­ central: eran las propias comunidades de las ciudades o los pue­
toriadores han puesto en la obediencia. blos. La sociedad más disciplinada no fue la creación de una mo­
Los pequeños príncipes alemanes estaban ligados casi de narquía absoluta, sino de la república holandesa, donde la auto­
forma individual a cada hogar campesino en su estado: su poder ridad de los consejos municipales estaba claramente definida y
llegaba a los pueblos partiendo de una sutil base de dar y reci­ era formidable. Allí, los guardias de las vecindades consiguieron
bir. En 1609, el trato entre los campesinos y el príncipe en el un grado de criminalidad más bajo que en el campo. Para pro­
condado de Hohenlohe le obligaba a éste a ajustar sus exigen­ mover la decencia pública y desalentar el desorden, Amsterdam
cias fiscales a los altibajos de la economía de aquéllos. 52 Incluso introdujo el primer sistema mundial de iluminación pública de
los historiadores de Rusia destacan ahora la participación en la las calles en 1670, fijando 1.800 faroles en paredes o postes -un
base en vez de la dominación de la sociedad por el estado. 53 Los
ministros de Luis XlV fortalecieron a las comunidades campesi­
logro en aquella fecha fuera del alcance de las grandes monar­
quías de Inglaterra y Francia. 56 Pero incluso allí, hacia 1700, el I

nas de forma consistente, vigorizando las asambleas de pueblo


que las representaban y los derechos y propiedades colectivos
que las unían. En Borgoña, la corona intentó insistir en la partici­
auge del mercado de consumo había convertido el robo en el
crimen más común en los tribunales y había alarmado a los que
tenían propiedad que perder. Además, tbe godly, los reformado­
II

pación de todos los cabezas de familia. 54 Como resultado, los res religiosos exigieron que los pecados fueran elevados al rango
campesinos franceses del siglo XVIII eran oponentes de sus se- de crímenes. Mientras las comunidades se volvieron menos tole­
flores lllás iG ct,iE i'~:·. ~. ¡Je~('

ha llamado Familzy-State compact [convenio entre la familia y el más en respuesta a la exigencia popular que por iniciativa pro­
estado}, el poder de un padre francés sobre su mujer y sus hijos pia. El impulso a las cazas de brujas europeas aparentemente
era fOltalecido por edicto real, justificado por el mismo discurso provino de las comunidades más que del centro, mientras que
de poder absoluto y defendido en los tribunales civiles más que antes se suponía que los gobiernos absolutos las habían promo­
en los eclesiásticos. 55 De la misma manera, los cabezas de familia vido para extender su propio poder. Ahora parece que éstos más
masculinos de los hogares fueron reconocidos como la base es­ bien aspiraron a limitarlas. 57
piritual y fiscal del estado Tudor y Estuardo. Este no es ningún modelo de «suma cero», donde más auto­
ridad para la corona significa menos para todos los demás. Aun­
51 Ronald G. Asch, Estates and Princes afier 1648: The Consequences of the
Thirty Years War. En: German History 6(988) 113-132, pp. 12H.
que los monarcas absolutos monopolizaron el poder en la cima,
52 Thomas Robisheaux, Rural Sociefy and tbe Search lar Other in Har(v Modern lo compensaron respaldando a los grupos de élite y reforzando
Germany. Cambridge 1989, pp. 260 Y ss. las estructuras de poder colectivas y patriarcales. El atribuir la ex­
53 John LeDonne, Ruling Russia: Politics and Administratían in the Age of Ab­
solutism Londres 1984,p. 49. 56 Wolfgang Neugebauer, Absolutistischer Staat und Schulwírklichkeit in Bran­
54 Bilton Root, Peasants and King in Burgundy: Agrariarz Foundations derzburg-Preussen. Berlín 1985, pp. 581-634; ]onathan Israel, Tbe Dutch Repuhlic: its
French Absolutism. Berkeley, CA 1987, pp. 72 Y ss. Rise, GreatnessandraIl1477-1806 Oxford 1995, pp. 680-682.
55 Sarah Hanley, Engendering the Family: Family Formatíon and State Building 57 Lenman/Parker, 7be State (n. 6), pp. 34-41; Brían Levack, The Witch-Hunt in
in Early Modern France. En: French Historical Studies 16 (I989/90), pp. 4-27. F..arly Modern Europe. Londres 1995, p. X.

66 67
El absolutismo mito? El absolutismo de la Edad Moderna
---=--=:....:....::...:..
tenslon del gobierno a la política real olvida su respuesta a la La cortesana puesta en escena de la monarquía contribuía a
presión desde abajo. Un incremento en el personal del gobierno un consenso de la élite que las connotaciones coercitivas de «ab­
normalmente es atribuido a un crecimiento comparable en sus solutismo» no captan. No era tanto un gobierno por órdenes co­
tareas. De hecho, la expansión interna y externa del estado en mo por la manipulación y la socialización. La cortesía y la eti­
parte fue causada por la necesidad de recursos que se dispensa­ queta eran las herramientas reales para someter a aristócratas
ban como patronazgo para la creciente nación política, un hecho anárquicos. 61 La corte presentaba al monarca como distante y ac­
que es identificado como una característica del desarrollo del es­ cesible simultáneamente: era un pedestal del príncipe y un pun­
tado inglés desde la tardía Edad Media y como una barrera con­ to de contacto. La distancia reforzaba el énfasis en el poder ab­
tra el ·absolutismo». Su descubrimiento en Alemania y Francia tie­ soluto y la accesibilidad reforzaba la asociación con la élite. En­
ne implicaciones para este concepto. 58 vueltos en una representación teatral de actividades estilizadas,
Por más de una década, la perspectiva de la corte ha ocupa­ los nobles se observaban a sí mismos en espejos, con la arqui­
do a los historiadores más que la burocrática. La Inglaterra de los tectura como fondo, la etiqueta como las indicaciones escénicas,
Tudor y los Estuardo fue colocada junto al Continente hasta enton­ los sirvientes como ayudantes de escena, la familia real como ac­
ces «absolutista.. por el descubrimiento de la importancia de las cor­ tores y los cortesanos en los papeles de extras. Dado que la cor­
tes reales en ambos. 59 Los historiadores de siglo XIX supusieron te giraba en torno a la persona del monarca, los historiadores de
que su papel político se acababa con el auge del estado burocráti­ la corte se enfrentan a los que destacan el desarrollo del estado
co. Ahora, Elias ha transformado la etiqueta y el ceremonial de Ver­ impersona1. 62 En todo el período de la Edad Moderna, los nobles
salles de una curiosidad bizarra en un mecanismo para manejar a en todas partes percibieron su servicio como una lealtad perso­
la élite. 60 Cualesquiera que fueran las prerrogativas formales de la nal hacia el gobernante,63 y los ritos reales de pasaje subrayaron
realeza, los monarcas tenían que hacer valer su derecho a ser obe­ por su similitud con el ceremonial aristocrático los lazos persona­
decidos. En todos los estados, la corte era el centro social y políti­ les del monarca con los nobles. El orden en el cortejo fúnebre
r
~,
co, el panel de mando central que conectaba a los grupos de po- de Enrique VIII se ha visto, recientemente, como una representa-
f,
h .'-'".~" . .~,~ con monarca por de patronazgo Y' gobernante como líder la feuda1 6 'Í TS3hel 1

I corretajes. En todo el período, la alta nobleza, que dominaba las


provincias en todas partes, mantenía su control sobre los cargos de
la corte. Esto era así especialmente en las monarquías múltiples.
revivió la Orden de la Jarretera, y Enrique III de Francia creó
del Saint Esprit para simbolizar la importancia de la cooperación
entre la corona y los nobles. Aunque la sociedad de corte france­
sa no sobrevivió a los atroces antagonismos de las guerras de re­
Leopoldo I usaba la corte de Viena para conectar sus tenitorios he­
terogéneos e integrar a las élites políticas. Su fracaso en absorber la ligión, las órdenes de caballería también podían tender puentes
nobleza húngara dejó espacio para un énfasis peligroso en el eje por encima las fronteras nacionales y los abismos entre las
Viena-Praga. Brandenburgo-Prusia es la excepción por su aparente­ confesiones. Cuando Enrique III recibió la Orden de la Jarretera
mente poca confianza en la corte o la clientela -aunque es posible en 1585, en el punto más alto de la animosidad religiosa, los ca­
que los historiadores de Prusia no vieran lo que no buscaban.
61 Mettam, Power and Faction (n. 13); Orcst Ranum, Courtesy, Absolutism and

58 William Beik, Absolutism and in SelJenteenth-Century France. Cam­ the French State, En: ¡oumal of Modem History 52 (1980) 126-451; Davis Starkcy
bridge 1985; Robisheaux, Rural SOCiety (n. 52); Gerald Harriss, Political Society and (cd.), The English Court from the War.5 of the Roses to the Civil War, Londres 1987;
the Growth of Government in Late Medieval England. En: Past and Present 138 Salman, Renaissance and Revolt. Cambridge 1987, p. 291.
(1993) 28-57, p. 56. 62 Kenneth Dyson, Tbe State Tradition in Western Europe, Oxford 1980, p, 28.
59 Ronald G. Asch y Adolf Bírke (eds.), Princes, Patronage and the Nobility: 63 Scott, European nabilities (n. 40), 1, p. 40,
The Court at the Beginning ofthe Modern Age c. 1450-1650. Oxford y Londres 1991. 64 Jennifer Loach,Thc Function of Ceremonial in the Reign of Henry VIII. En:
60 Norbert Elias, The Court Society. Oxford 1983. Past and Present 142 (1994) 43-68,

68 69
El absolutísmo
---_.­
(1550-1
----~
mito? El absolutismo de la Edad Moderna 700

baBeros franceses católicos y los ingleses protestantes caminaron carlinga para los grupos de interés que competían por la merced
juntos en procesión a través de París. 65 Dado que la corte perso­ real en la mascarada, en el cuarto del consejo, detrás del escena­
nalizaba la soberanía y la integraba en la alta sociedad, los go­ rio y en la cama. La exclusión de facciones importantes precipi­
bernantes tenían que estar presentes. En los anos ochenta del si­ taba las crisis políticas. Las dificultades de gobernantes como Oli­
glo XVI, la retirada de Felipe II de la corte y la reducción de su vares, Richelieu y Carlos 1 pueden atribuirse en parte a su fraca­
ceremonial causó confusión. Un buen perfil no era necesario: la so en imbricar a los elementos importantes de la aristocracia en
distancia proveía el encanto. 66 Pero los monarcas ausentes no la red de la corte. Los cambios en el favor real en la corte reque­
podían tener éxito. rían la construcción de un nuevo sistema de clientela en las pro­
Hacia 1550, las cortes de la Europa Occidental y Central vincias. La caída de Montmorencyen 1632 reorganizó la geogra­
habían emergido por delante de todos los rivales nobles como fía política de Francia. Los revisionistas ahora reescriben los con­
la fuente de poder y promoción. La influencia local seguía sien­ flictos constitucionales, en Inglaterra tanto como en Francia, co­
do crucial para las ambiciones de la élite, pero la habilidad en mo contiendas de la corte. Gran parte de la oposición en los par­
mantenerla, reforzarla y expandirla dependía de una influencia lamentos de Isabel 1 se originó en las facciones de la corte. Lo
paralela en la corte. Su expansión se refleja en el crecimiento que menos se considera es la razón por la que Luis XIV encon­
de las nuevas «capitales», donde las cortes reales antaño itine­ traba poca oposición institucionalizada -probablemente porque,
rantes se asentaron. Los nobles estaban obligados a pasar más a diferencia de sus sucesores, tenía las facciones de la corte bajo
tiempo allí, y la repetida ausencia del hogar reducía las oportu­ su control.
nidades de estar acompañados por un séquito noble. Éste fue Los historiadores también han subrayado la función de la
remplazado por un equipo básico de un significado más do­ corte como centro de la producción de la imagen real. Esto debi­
méstico que militar. Los litigios reemplazaron a los ejércitos pri­ lita aún más su reputación como arma de la coerción real. La pe­
vados. Hacia 1700, las comitivas de los magnates tanto france­ tite académie [creada en 1663 como un comité de la Academia
ses como ingleses habían desaparecido. El conde de Derby era (de la lengua) Francesa, se trocó en 1696 en Academia Real de
EL :')61 "1 '""'if',
..:::.. :~j t:r<¡ f:"f1 t('f­
67 minos de las técnicas de propaganda, cultos a la personalidad y
descendiente había bajado a 38. Sin embargo, por mucho
tiempo los hábitos residenciales de la nobleza inglesa fueron eventos mediáticos del siglo XX. o8 Los historiadores, hasta hace
presentados como un contraste supuestamente satisfactorio res­ poco, se han tragado las estimaciones extravagantes, a primera
pecto a sus homólogos franceses, ausentes, ligados a la corte y vista, del poder real que estaban destinadas a intimidar a los
con un destino funesto. contemporáneos. Las artes no reflejaban la realidad de la autori­
Las facciones de la corte ahora se ven menos triviales de lo dad real: crearon la ilusión de ella. La novedad no era el poder
que se veían, aunque gran parte de las fuentes todavía es difícil real, sino su difusión mediática.
de trabajar (para Francia, no hay documentos sobre los debates La disposición de las cortes reales también aporta algo a la
de los consejos, y la investigación de la correspondencia real-mi­ comprensión. La proximidad del cuarto del consejo al dormitorio
nisterial apenas ha comenzado). Las cortes funcionaban como de Luis XIV es una yuxtaposición lógica para un monarca abso­
luto. En la Viena del siglo XVII, la administración y la corte fue­
65 Roy Strong, Tbe Cult 01 Elízabetb. Londres 1977, p. 177. ron dominadas por la misma élite aristocrática. Colocar el Privy
66 David Starkey, Intímacy and Innovatíon: The Rise of the Privy Chamber Council firmemente en el contexto de la corte de los Tudor es­
1485-1547. En: ídem, Englísb Court (n. 61), 71-118, p.n.
67 Sharon Ketteríng, Patrons, Brokers and Clients in Seventeentb-Century Fran­
trechaba la distancia entre cortesanos y políticos/administradores
ce.Oxford 1986, p.217; Kate Mertcs, ]be Englisb Noble Housebotd, 1250-1600. Oxford
1988, p. 291. 68 Burke, Fabrication (n. 30), pp. 58 Y ss.

70 71
El absolutismo mito?
----- El absolutísmo de la Edad Moderna 1550-1700

también en Inglaterra. 69 Como el Rey Sol, Enrique VIII e Isabel formación del estado. Arriba se ha argumentado que el control
convirtieron su vida privada en espectáculo. real de las provincias dependía menos de los mecanismos buro­
cráticos y los ejércitos permanentes que de la colaboración con
El consentimiento político en vez de la coerClon militar ha
los notables locales ~menos de destruir las fuentes alternativas
sido enfatizado por los historiadores recientes de la formación del
de autoridad que de emplearlas. Al menos dentro de la élite, fue­
estado. El nacimiento de la historia profesional en el siglo XIX
ra cual fuera la retórica de la autoridad, su realidad era recíproca
coincidió con el auge del nacionalismo. Los historiadores nacio­
y por ello consensual. Desde 1550, las divisiones tras la Reforma
nalistas promovieron la identidad nacional y buscaron los oríge­
dentro de las élites significaban crisis para los monarcas. Des­
nes del estado nacional, monopolizador del poder en un área te­
pués de 1650, la cohesión religiosa fue largamente restaurada, en
rritorial definida. Lo localizaron en el novedoso monopolio de
el caso de los Barbones y los Habsburgo por la eliminación o la
poder adquirido por los monarcas absolutos de la Europa de la
marginación del protestantismo. 71 Con ello llegó la estabilidad,
Edad Moderna que emplearon a las burocracias y los ejércitos
probablemente no por la fuerza, sino por la cooperación tradi­

I
permanentes para allanar otras fuentes de poder y fortalecer la

voluntad del monarca como ley. Sus regímenes fueron transfor­

mados en «absolutismo» -el Machtstaat [estado de poder], que im­

cional entre el gobernante y la élite. Esta alianza aseguraba el fi­


nal de la desobediencia campesina. Antes de 1650 era peligrosa;
después de esa fecha estaba controlada. La revuelta aristocrática

~.
~

f.
.
puso un monopolio de la violencia legítima y creó estabilidad por

fuerza. "El ejército prusiano es sin duda el lazo más real y más
efectivo de la unidad nacional», entonaba Treitschke. De este mo­
do, en Berlín una escuela int1uyente de historiadores que respon­
día a la creación del Imperio Alemán mediante el poderío arma­
se extinguió por sí misma, salvo en la Europa Oriental, donde
fue exacerbada por odios étnicos y xenófobos.
Los historiadores políticos más que los militares proponen
ahora un modelo de consenso más que de fuerza para el gobier­
no de la Edad Moderna. Los Tudor desmilitarizaron "los súbditos
f
r
do, producía un mito histórico para legitimarlo- el estado militar. demasiado poderosos" por medio de su corte, no por un ejército
!¡'
f
La "revolución militar» de los siglos X'Vl y XVII expandía el permanente que no tenían. Un .estado militar-fiscal" fue estable-
InasÍvamenté:: t:so había en 12 del XVII en coopf'racíón en el
nentes y burocracias centralizadas para respaldarlos. Éstas, en Parlamento, con los poseedores de propiedad: la élite terrate­
cambio, proveían de la capacidad administrativa y coercitiva para niente tenía el mando del nuevo ejército permanente. En ambos
acabar con la dependencia real de las asambleas estamentales re­ casos, el consenso llegó primero, la expansión de los ejércitos
presentativas y las noblezas locales. Instituciones con un poder reales después. Algunos historiadores sitúan ahora el cambio mi­
por derecho propio y por ende con una voluntad propia fueron litar decisivo en el Continente después de 1650, cuando el acuer­
marginados como cuerpos consultivos y reemplazados como ór­ do religioso fue restaurado en muchos estados europeos. Tam­
ganos administrativos por mecanismos que debían su poder sola­ bién allí, la cooperación de los nobles probablemente aumentó
mente al gobernante y por eso estaban bajo su control. El útero el poder militar del estado, no al revés. Cualquiera que fuera la
del estado moderno fue la guerra, y su comadrona fue la fuer­ clasificación constitucional tradicional, en todos los estados el
za.7° respaldo a la guerra era el resultado del regateo y del diálogo
La investigación reciente ha cuestionado este relato de con los súbditos. 72 El estudio más reciente de Luis XIV destaca
71 Roben J, w. Evans, Tbe Making ofthe Habsburg Monarchy. Oxford 1979.
69 Starkey, IntimacyCn. 66). 72 Jeremy Black, A Milítary Rewlution? Mílitary Change and European Society
70 Michael Robens, The Military Revolution, 1560-1660. En: ídem, Essays in 1550-1800. Londres 1991, pp.67-82; ¡dem, European Warfare, 1660-1815. Londres
Swedisb History. Londres 1967, 195-225, Geoffrey Parker, Tbe Military Revolution. Mi­ 1994,pp. 87-103; John Hale, War and Society in Renaissance Europe, Londres 1985, p.
litary lnnova!ion and tbe Rise oftbe West, 1500-1800. Cambridge 1988, pp. 6-81. 252.

72 73
absolutismo mito?
--~-----
El absolutismo de la Edad Moderna

sus capacidades tradicionales de manejo de las élites más que la apenas una décima parte de las fuerzas de Gustavo Adolfo estu­
innovación institucional basada en la burocracia y los ejércitos vieron con él. El resto estaba en los cuarteles controlando los te­
permanentesJ3 Ahora parece que los gobernantes intentaron las rritorios que estaban realizando «contribuciones»J5 Los intentos,
mismas técnicas de consenso que en Inglaterra. Su mayor éxito en Francia y Brandenburgo-Prusia, en los últimos decenios del
militar y fiscal por lo tanto ha de localizarse en otra parte -pro­ siglo XVII, de conseguir más control directo fueron un nuevo
bablemente en su casi singular Parlamento nacional que era ca­ rumbo, no un desarrollo de una política anterior. Y aunque Lou­
paz de superar el regionalismo y unir todo el reino. Como en vois intentara imponer un control y una financiación estatales en
Suecia, las asambleas estamentales se convirtieron en un cómpli­ el ejército de Luis XIV, las incesantes guerras lo volvían más de­
ce de la política de estado. Las estructuras políticas determinaron pendiente de los proveedores privados, no menos. El lazo causal
la capacidad de guerra más que la guerra las estructuras políti­ entre la guerra y la centralización burocrática se rompe de una
caso manera muy espectacular en la República holandesa. Durante la
Comparados con los déspotas ilustrados del siglo XVIII, son guerra de los Ochenta Años, su singular capacidad extractiva la
notablemente pocos los gobernantes que entre 1550 y 1700 in­ capacitó para movilizar recursos financieros y militares en una
tentaron cortar la maraña de ley y costumbre para imponer la escala incomparable. Sin embargo, es probable que la burocracia
uniformidad en las monarquías múltiples. Éstos fueron sensibles y la administración apenas avanzaranJ6
a las identidades locales y las diferencias regionales. La integra­ ¿La necesidad de fuerzas armadas y los imperativos fiscales
ción con éxito se consiguió no por la simple conquista, sino por marginaron a las asambleas estamentales o las hicieron esenciales?
la unión y la continuidad de los intereses locales en un marco El modelo ,<absolutista» es el gobernante estimulado por la guerra a
más amplio. El triunfo de la cultura alemana de los Habsburgo se suprimir las asambleas estamentales y los nobles, a abolir las
ha atribuido a la aclimatización voluntaria de los nobles, los bur­ exenciones fiscales y a recaudar los ingresos por medio de una
gueses y los profesionales que la percibieron como algo que burocracia estatal eficiente, mientras que impone su voluntad por
confería la admisión en la élite gobernanteJ4 la fuerza de las armas. Pero es dificil citar a un gobernante que real­
Ahora dudoso que la promoviera e; crecí mente haya todas estas COSáS, aparte Emanae1 Filiberto
miento de la burocracia estatal. En España, en la mitad del siglo de Sabaya y el Gran Elector de Brandenburgo-Prusia. Un estado
XVII, llevó a la privatización de las estructuras estatales existen­ que hizo muchas de ellas era Gran Bretaña, cuyos pueblos sopor­
tes. Inicialmente no hubo una correlación entre el tamaño del taban los mayores impuestos de toda Europa. Allí, especialmente
ejército y el crecimiento de los mecanismos fiscal-burocráticos: después de 1688, los impuestos se triplicaron en treinta años
los gobiernos simplemente desplazaron la organización hacia (mientras que en Francia permanecieron estables), fueron recau­
empresarios privados y el coste hacia las poblaciones locales al­ dados a nivel nacional y en tasas uniformes, el taxfarming [arren­
rededor de los cuarteles. Los ejércitos generaban su propia ex­ damiento de impuestos] fue abandonado y los ingresos fueron re­
pansión, pues solamente los de grandes magnitudes podían ex­ caudados por un cuerpo creciente de oficiales del gobierno (los
traer las contribuciones necesarias para pagarse a sí mismos. En famosos hombres de la excise, el impuesto sobre el consumo, cu­
1626, Wallenstein informó a Fernando II que podía mantener un yos poderes fueron considerados como una amenaza a las liberta­
ejército que se financiara a sí mismo con 50.000 hombres, pero des de un pueblo libre por Blackstone). Según Brewer, el servicio
no uno con 20.000. En el campo de batalla de Lützen, en 1632,
75 J. A. A. Thompson, War and Government in Habsburg Spain 1560-1620.
73Peter Campbell, Louis XlV Londres 1993. Londres 1976, pp. 275-287; David Parrort, The Military Revolution in EarIy Modern
74 Mark Greengrass, Conquest and Coalescence (Introducción). En: idem (ed.), Europe. En: History Today 42 (1992) 21-27.
Conquest and Coalescence. Londres 1991, 1-24, pp. 6f; Charles Ingrao, Tbe Habsburg 76 Marjolein C. 't Hart, Tbe Makíng o/ a Bourgeoís State. Manchester 1993, pp.
Monarcby 1618-1815. Cambridge 1994, pp. 99f. 2-5.

74 75
El ~~utismo (1550-] mito?
~~----
El absolutismo de la Edad Moderna ]550-] 700
de la excise inglesa era más semejante a la idea weberiana de la derna, desplazada del nivel «nacional» al local, desapareció en las
burocracia que cualquier organismo gubernamental en la Europa percepciones de los nacionalistas del siglo XIX. Éstos esperaron
de la Edad Moderna. Después de 1688, Gran Bretaña tenía un de los parlamentos que representaran unidades nacionales y de­
ejército permanente y una marina grandes, cuyos gastos consti­ cidieran la política. Dado que la mayoría de las asambleas esta­
tuían alrededor de un 70 por ciento de los gastos del gobierno. mentales de la Edad Moderna no hacían ni lo uno ni lo otro, fue­
Por la época de la Guerra de Sucesión española, la proporción en­ ron marginadas como víctimas del «absolutismo» -no por los mo­
tre las tropas y la población había llegado de uno a treinta y seis narcas de la Edad Moderna, sino por los historiadores de la Edad
-la misma que en Prusia, y Suecia, y mayor que en Austria, Fran­ Contemporánea.
cia y España. El ejército de Gran Bretaña servía el año entero, a El redescubrimiento del orden antiguo requiere destruir en
diferencia del de Prusia, que era enviado a casa en la época de la nuestro vocabulario una serie de «ismos» del temprano siglo XIX
cosecha y que en tiempos de paz tenía permitidas largas ausen­ que todavía ofuscan las diferencias entre la mentalidad de la
cias. El de Gran Bretaña se usaba con más frecuencia que los del Edad Moderna y la nuestra. Acuñados por activistas políticos pa­
Continente para reprimir sublevaciones y forzar la recaudación del ra identificar las fuerzas contemporáneas, no las históricas, .libe­
exci..5e.77 Si esto es una monarquía limitada, antimilitarista, enton­ ralismo», «socalismo», «comunismo", «nacionalismo» y «absolutismo»
ces ¿cómo se supone que se ve un ejército .absolutista»? satisficieron las necesidades de la polémica social y política de
los años 20 y 30 del siglo XIX. 80 El primer uso de la palabra «ab­
Finalmente, gran parte de la historiografía del siglo XIX aho­ solutismo» que el presente autor ha podido encontrar ocurrió en
ra se revela como propaganda. No aspiraba tanto a investigar los 1823 en los debates franceses sobre el conflicto entre los libera­
estados dinásticos de la Edad Moderna como a equipar los mo­ les y el monarca represor en España. Sl
dernos estados nacionales con un pedigrU8 Los «absolutistas» aho­ «Autoridad absoluta- es diferente de «absolutismo». La prime­
ra se ven como quienes solucionan problemas de forma pragmá­ ra es una especie de autoridad coexistente con otras; la segunda
tica y no como innovadores que implementaron diseños teóricos. es una agenda de confrontación. ·Absolutismo» significaba despo­
La le; tal1tC) ~~ )~ CJr~a n1a·­ tismo for111;; que aorrnalmente se en Eu­
yor de lo que normalmente se afirma -dos siglos después. ropa post-napoleónica. En los años veinte del siglo XIX, «absolu­
El concepto «absolutismo» surgió principalmente de un dis­ tismo» y «monarquía limitada» eran alternativas contrarias entre sí.
curso radicalmente nuevo, inventado por la Revolución Francesa, Entonces fueron proyectadas hacia atrás sobre el antiguo régi­
que ignoró las costumbres antiguas y definió el Anden Régime men, en el que un gobernante estaba forzado a operar tanto de
(Antiguo Régimen) condenándolo. Tragarse esta definición signi­ forma absoluta como de forma limitada. El discurso del siglo XIX
fica aceptar la propaganda de los revolucionarios como realidad destacó la forma absoluta en Francia y la limitada en Inglaterra:
histórica. Los historiadores del siglo XIX les seguieron, actuali­ de ahí el mito de la tiranía francesa y la libertad inglesa. Los his­
zando y simplificando en exceso el Anden Régime según los toriadores Whig preferían destacar los elementos de la constitu­
minos de sus propias agendas liberales y nacionalistas. Los inten­ ción inglesa que promovían la libertad en vez de aquellos que
dentes de Luis XIV se veían como versiones barrocas de los pre­ promovían la autoridad: siempre subestimaron las prerrogativas
fectos de la Tercera República. 79 La consultación de la Edad Mo­ reales. Incluso Elton habló mucho sobre el rey-en-el-Parlamento
(King-ín-Parliament), pero poco sobre el «rey-fuera-del-Parla­
77 Tallen, War and Society (n. 17), pp. 188--193; Brewer, Sinews (0.1), pp. 29-91. mento» (King-out-of-Parliament), que se encargaba de la mayor
78Joho Tosh, 1be Pursuit 01 History. Londres 1992, pp. 3 Y ss.
79Fran<;:ois-Xavier Emmanuelli, Un mythe de l'absolutisme bourbonien: L'inten­ 80 Clark, Language qf Liherty (nA), pp. 142-145.

dance, du milteu de XVI]" siecle a lafin du XVII]" siecle. Aix-en-Provence 1981. 81 HenshaIl, Myth (n. 1), pp. 208 Y ss.

76
El absolutism()~ºO), ¿,":!nrnito! El la Edad Moderna 1550-1700

parte de la política gubernamental hasta el siglo XIX. Hasta hoy Otras asambleas continuaron como antes. La casualidad y la
en día, la constitución británica conserva la prerrogativa real más costumbre determinaron en gran parte el grado en el que los
poderosa del mundo moderno. Esta es la razón por la cual la de­ monarcas eran independientes económicamente. Si tenían pocos
claración de guerra está fuera del alcance del Parlamento en el ingresos de regalías, como el monopolio de la sal en Hungría,
Reino Unido. las tierras reales en Prusia y los impuestos indirectos en Francia,
Brandenburgo-Prusia fue la. mayor víctima de la nueva re­ la mayor parte de sus fondos seguía proviniendo de las asambleas
dacción histórica que el siglo XIX hizo para sus propios fines. Fue estamentales. Como Guíllermo III de Inglaterra, el emperador
presentado como el conejillo de Indias del «absolutismo". En el Leopoldo 1 tenía que reunir sus asambleas estamentales cada año
Imperio, los historiadores destacaron su falta de mecanismos de para votar el impuesto sobre la tierra: sus ingresos por prerroga­
corte y de patronazgo y su confianza en la burocracia y el ejército tivas sumaban menos de una quinta parte de lo que necesitaba
permanente. Esta singularidad se debe menos a la realidad histó­ para sus guerras. El consentimiento de las Cortes de Castilla era
rica que a la obsesión de los historiadores con Hegel, Weber y las esencial para la recaudación de impuestos. Sus subsidios se in­
Acta Borussica [publicación de la escuela nacionalista de la histo­ crementaron en la «era del absolutismo" de un 25 por ciento de
riogratla prusianaJ. Su historiografía creó el mito prusiano. Esco­ los ingresos reales, en el decenio de 1560, a más de un 60 por
gieron a Federico Guillermo 1 [1640-1688J como un monarca típi­ ciento un siglo después, cuando los acuerdos financieros entre el
co y trazaron, a partir de él, retrospectivamente, una trayectoria rey y las Cortes fueron hechos explícitamente de forma recíproca
militar y burocrática. Federico 1 [1688-17131, en contraste, era un y contractual. Después de que dejaran de reunirse, los impuestos
derrochador que construía palacios barrocos. Estableció la corte fueron congelados en el nivel de 1664. 84 En Alemania, las Dietas
como pivote político y consiguió una corona para los Hohenzo­ completas se volvieron costosas e ineficientes: muchos príncipes
llern, pero esto no le salvó. Fue tachado de fracaso. 82 alemanes consultaron de forma creciente a comités más reduci­
Los historiadores nacionalistas del siglo XIX presentaron la dos (Landschaften) lasambleas estamentales regionales], autoriza­
desaparición de los Estados Generales franceses, las Cortes caste­ dos a actuar por aquéllas.
y la DIeta de como «auge del absolutismo,. Lo::; XIX las
El nivel local en el que fueron reemplazados se olvidó. La singula­ entre los monarcas y las asambleas estamentales en sus propios
ridad de la representación inglesa dependía de la disposición del términos de confrontación. De hecho, éstas fueron otro punto de
derecho romano de vincular a las comunidades locales a las pro­ contacto que institucionalizó la vital colaboración entre el gober­
mesas hechas en su nombre por sus representantes. Esto apenas nante y las élites. Para los monarcas que carecían de herramien­
fue establecido en el Continente: por eso, los monarcas preferían tas para asumir sus propias funciones administrativas fueron un
tratar directamente con las ciudades y comunidades individuales. instrumento operativo. Y una vez autorizadas las asambleas esta­
La destrucción de las Cortes [castellanas] en 1664, por lo tanto, es mentales a dar el consentimiento de la comunidad o de la corpo­
una muestra curiosa del «absolutismo" en acción. El recurso a la ., ración a decretos del gobierno que afectaban a sus derechos,
consulta no terminó: continuó en un nivel inferior. La autoridad aquéllas extendieron la autoridad real a áreas de inmunidad más
no fue centralizada sino devuelta. Y las Cortes fueron socavadas
no por el poder de la corona sino por el poder de las ciudades.83
1

allá del alcance de la prerrogativas del príncipe. La obsesión del
siglo XIX por las asambleas estamentales como control del poder
82 Gustavo Corni, Il Mito prussiano ed il concetto di Corte nena storiografia
"borussica" del XIX-XX secolo. En: Cesare Mozzarelli y Giuseppe Olmi (eds.), La Cor­
te nella cultura e nella stonografia, Roma 1983, 123-134, pp. 123-126.
83 (, A. A. Thompson, Crown and Cortes in Caslile, 1590-1665, En: Par/ia­
! real es inapropiada. Existían para legitimar su expansión.
Los historiadores revisionistas ingleses destacan la coopera­
ción más que el conflicto entre el monarca y las asambleas: tam­

ments, E~tates and Representation 4 (1984) 125-133. H4 Press, System 01 E~tates (n. 36), pp, 5f. Thompson, Castile (n. 3), pp. 80.

78 79
¡
1
;,1
El absolutismo mito? El absolutismo de la Edad Moderna 1550-1700
u
bién en Francia, el regateo y el compromiso eran tonalidades de ha placido al príncipe tiene la fuerza de la ley. Esto perpetúa en
1 fondo. En 1661, Colbert, después de pensar en una cifra y do­
q los países de habla inglesa la convención de considerar al dere­
1
blarla, pidió 1.500.000 libras francesas a la asamblea estamental cho romano como un mandato en favor de los caprichos arbitra­
de Borgoña. Ésta ofreció 500.000. Como en un arbitraje moder­ rios de los gobernantes continentales. Pero la verdadera inten­
no, dividieron la diferencia por la mitad y acordaron 1.050.000. 85 ción de ]ustiniano era explicar que al lado de la costumbre, las
El único camino para asegurar un pasaje tranquilo para las pro­ resoluciones del senado y los edictos de los magistrados, las de­
puestas de impuestos reales era el asegurarse de que los líderes claraciones del emperador tenían fuerza legal porque el pueblo
de las asambleas estamentales fueran clientes de Colbert. En la le había conferido su propia soberanía. El discurso protestante
Inglaterra de los Tudor, los historiadores llaman a esto "parlia­ polémico, que siempre había equiparado el derecho romano y el
mentary managament., [manejo del Parlamento]' No está claro catolicismo romano como motores gemelos del despotismo,
porque lo llaman "absolutismo» en Francia. triunfó en el siglo XIX y dió una coloración tiránica permanente
La belleza de los -ismos» consiste en que todo puede ser a los estados con sistemas legales romanos. 86
adaptado a ellos. Una vez una generalización como "absolutismo» Igualmente engañoso fue el afán de los historiadores del
esté acuñada en los cráneos históricos, explica todo. La selección siglo XX, especialmente en países con economía planificada, de
es la clave. La colaboración de la asamblea sajona con sus prínci­ ver el -absolutismo» como el pionero del estado intervencionis­
pes era tan pacífica como tormentosa la de los estamentos de ta. Colbert y el Gran Elector supuestamente intentaron construir
¡< Württemberg con sus déspotas: la saga de Württemberg es más un nuevo orden económico. Sin embargo, como la República
~ t famosa. La exageración de su importancia anterior presta un am­ holandesa era el pionero de sus métodos Cy de sus ejércitos
~: biente covenientemente cataclísmico a la desparición de los esta­ permanentes), probablemente no hay mucho de «absolutista» en
mentos del siglo XVU. La Dieta de Brandenburgo no se reunió ellos. Mientras que el Polizeístaat y las Polizeiordnungen [Polí­
después de 1652, ni los Estados Generales después de 1614. Lo zei en el sentido de fomento, administración pública; Polizei­
que nO es tan conocido es que antes se habían reunido pocas staat sería algo así como el estado bien regulado y las Poli-
veces. La historiografía se 111~pone siempre ante las la.S (;~~CCr.i(;2.r~2;;';::; ~,'~ (::Sl \.:
dos actitudes. La asamblea complaciente del Languedoc es de­ nados son presentados por Gagliardo como promotores de la
nunciada como marioneta del déspota, ya que nunca rechazó las autocracia del príncipe, para Raeff estimularon la participación
exigencias de Luis XlV. La insolente asamblea de Provenza se corporativa. 87
considera que se autodefiende contra la tiranía. Así pues, dos Los historiadores del siglo XIX vieron el ·absolutismo» y el
signos infalibles de .absolutismo» -acuerdo y conflicto. "despotismo» como términos que se podían intercambiar, y que
A los ojos del siglo XIX, otra estratagema «absolutista» era el conferían el monopolio del poder al gobernante y negaban los
derecho romano. Pero fueron los estados como Francia, España derechos y la participación de sus súbditos. El O:xford English
y el Reich, donde el derecho romano tenía influencia, los que no Dictionary todavía define «absolutismo» como despotismo. Sólo
lograron desarrollar una teoría completa de la soberanía indivisi­ en los años cincuenta del siglo XX, Mousnier separó el «absolu­
ble antes de 1789. El derecho romano constitucional era mucho tismo» de sus asociaciones despóticas, lo que reflejó la investiga­
más favorable a los privilegios e inmunidades locales que el ción de la posguerra sobre la supervivencia de los estamentos y
common law de Inglaterra. El quod principi placuit legis habet la colaboración de gobernantes y élites, con los derechos y las li­
vigorem de ]ustiniano normalmente se traduce como lo que le
86 Clark, Language 01Liberty (n. pp. 64-77.
85 Roger Mettam, Government and Socíezy in Louis XIV:~ France. Londres 1977, 87 John Gagliardo, Germany under the Old Regime. Londres 1991, pp. 107-120;
pp. 38 Y ss. Raeff, Well-Ordered Police State (n. 44), p. 154.

80 81
El absolutismo ( 1550-1---~---~-'-.-,-
El de la Edad Moderna 700

bertades como limites del poder real. H8 Estos hechos invalidan nas una sílaba de esto sobrevive a la investigación reciente. La
lodas las características del «absolutismo» en su definición del si­ monarquía es de lo más personal. Una sociedad en la que los
glo XIX -autocracia, burocracia y despotismo. Esto, a su vez, in­ hombres guardaban lealtad hacia familias o individuos en vez de
valida el contraste con Inglaterra. instituciones impersonales no era capaz de burocracia. La Francia
Inglaterra fue diferente de otros estados europeos. Todos de Luis XIV no estaba centralizada, no se hallaba bajo el control
eran diferentes entre sí. Pero las similitudes, sobre todo en los directo del estado y sus leyes no estaban unificadas. La armonía
períodos de los Tudor y los Estuardo, eran más grandes que los se establecía por el consenso, no por la fuerza. Ahora parece
contrastes. ¿No es hora de que la monarquía absoluta inglesa, es­ que Rabb tenía razón en cuanto a la estabilidad y no la tenía en
condida durante tanto tiempo, sea, por fin, descubierta? todo lo demás. Esto muestra lo rápido que el cuadro ha cambia­
do en los veinte años desde que aquél escribió sobre ello. Y mi­
Como "Renacimiento» o "Ilustración», .absolutismo» significa de hasta qué punto visiones bastante recientes del «absolutismo»
ahora cualquier cosa que los historiadores quieran. Pero a diferen­ están desfasadas respecto a la investigación de las últimas dos
cia de ellos, «absolutismo» no fue un término coetáneo. Los historia­ décadas.
dores de la Edad Moderna seguramente no tienen ninguna obliga­ El concepto, como dijo Hexter acerca de la clase media Tu­
ción de luchar con el significado de una palabra que la gente de la dor, tiene el rigor de una cinta elástica. Reúne regímenes muy
Edad Moderna no habría reconocido. El .absolutismo» como siste­ distintos entre sí en cuanto a las disposiciones sobre representa­
ma de gobierno sólo existió en el siglo XIX -por ejemplo cuando, ción. Austria donde las asambleas estamentales continuaron, se
en los años cincuenta, todos los órganos representativos, centrales, equipara co~ Saboya, donde desaparecieron. Ésta, en cambio, se
provinciales y locales de los Habsburgo fueron abolidos por Fran­ identifica con Rusia donde nunca existieron. «Absolutismo» es
cisco José [de Austrial. Devolvamos el término "absolutismo» a la una excusa impresic;nante para el pensamiento poco consistente
era de Metternich para la cual fue acuñado. Su definición original -por esta razón probablemente seguirá siendo popular.
corresponde claramente al concepto de despotismo de la Edad Mo­
c1erné,-; pere como una
por la gente de la Edad Moderna, mientras que el «absolutismo» de­
finía las normas gubernamentales. Ahora se acerca a la realidad del
gobierno de la Edad Moderna, pero sólo porque su contenido ori­
ginal ha sido tirado por la borda. Crea confusión el describir una
asociación consensual entre el monarca y la comunidad con una
palabra usada hasta el decenio de 1970 para sugerir lo opuesto.
En 1975, Rabb afirmó que, después de la Crisis General [del
siglo XVIJ), la estabilidad en Europa fue restaurada por ·el esta­
blecimiento final de la estructura que se reconoce como el esta­
do moderno, organizado alrededor de un sistema de gobierno
impersonal, centralizado y unificador, basado en la ley, la buro­
cracia y la fuerza»89 -en breve, basado en el «absolutismo». Ape­

H8 Ilartung I Mousnicr, Quelques problerncs (n. 1). pp. 7 Y ss.


8') Theodore K. Rabb, 1be Stmggle lar Stabíli~y in Ear~y Modern Europe. Oxford
1975, p. 72.

82 83
CAPÍTULO III

¿Adiós al absolutismo?

Una respuesta a Nicholas HenshaU

Ernst Hinrichs

¿Qué ha ocurrido con nuestro buen y viejo absolutismo? Mien­


tras que el editor de un libro colectivo en 1986 todavía podía
constatar que la discusión alrededor de este objeto clásico de la
historiografía alemana "se había calmado", l hoy hay que ir mucho
más lejos: ciertamente, no hablaría de "calma" para caracterizar el
estado actual de la discusión del absolutismo en la historiografía,
sino todo lo contrario, de una actividad inquieta. Sin embargo, pa­
rece que ella sólo afecta al pequeño círculo de historiadores que
se interesa por la historia política y de sistemas en la Edad Moder­
na, y aparentemente, se trata de aquella forma de actividad que
precede a la muerte y al entierro de un coetáneo anciano e impor­
¡arlle en lo~ peru ::i1
la evolución y el conocimiento. Si las aparencias no engañan, te­
nemos que decirle adiós al absolutismo. Esto al menos decía el tí­
tulo de un breve artículo de Heinz Duchhardt en la Historísche
Zeítschrift hace algún tiempo,2 que en ciertos aspectos ya tenía el
carácter de una necrología y merece atención justamente porque
aquí un historiador se acuerda de un compañero de camino, al
que le debe mucho, y que, por lo tanto, no aconsejaría el abando­
no de esta consolidada denominación de una época a la ligera.
Sin embargo, para el estado actual de la investigación
orientada hacia teorías y problemas sobre absolutismo, es sig­
nificativo el hecho de que la "necrología" de Duchhardt no haya

Ernst Hinrichs, Zum Stand und zu den Aufgaben gegenwiírtíger Absolutís­


musforschung" En: idem (ed.) , Absolutismus, Frankfun/Main 1986, pp.7-32, p.7.
2 Heinz Duchhardt, Absolutismus- Abschied von einem Epochenbegriff? En:
Historische Zeitschrift 258 (1994) 113-122.

85
El absolutismo 70 0),<:un m!!o? .¿Adios al absolutismo?yna respuesta a Nicholas Henshall
sido causada por un debate correspondiente dentro del campo ne un origen más tardío y, sobre todo, polémico. Nacido en In­
de la investigación del absolutismo propiamente dicho. La causa glaterra en el primer tercio del siglo XIX, en una tradición espe­
era, todo al contrario, alguien de fuera -el profesor de instituto cíficamente Whig, tendría ante todo el cometido político de ca­
inglés Nicholas Henshall con su pequeño estudio brillantemente racterizar la situación constitucional de numerosos estados conti­
escrito "The Myth of Absolutism",3 cuya contribución al inminen­ nentales, diferente de la inglesa: el absolutismo sería, entonces,
te entierro consiste sólo en tratar de demostrarles a los asistentes una caracterización liberal y estereotipada de los sistemas políti­
al funeral que en el ataúd, alrededor del cual se han reunido con cos autoritarios, ante cuyo fondo tenebroso la Inglaterra contem­
más o menos recogimiento, no yace nadie: según Henshall, el poránea de la tradición Whig sobresalía tanto más brillante. A
absolutismo en el sentido de concepto de época histórica no ha partir de este uso plenamente político, el término entró en las
existido nunca, Y este mensaje no se dirige -como uno podría nacientes ciencias históricas y serviría cada vez más a los histo­
suponer- a la investigación del absolutismo alemana, la cual riadores ingleses como descripción de todos los sistemas autori­
Henshall en su soberana actitud inglesa sólo registra de paso, si­ tarios que anteriormente habían existido en el Continente. Al me­
no a los historiadores especializados en Inglaterra y Francia. Y nos cuando los historiadores ingleses usaban el término, éste sig­
con esto, Henshall revela una paradoja. Pues al menos en Fran­ nificaba más o menos lo siguiente:
cia existía -a diferencia de Alemania- desde el comienzo una
aversión considerable contra el uso del concepto del absolutismo 1. El absolutismo es esencialmente (intrínsicamente) "des­
como concepto de época, tanto en obras especializadas como en pótico".
manuales u obras generales -"absolutisme" es una palabra del 2. El absolutismo es "autocrático".
todo no-francesa, casi imposible de pronunciar. Y justamente 3. El absolutismo es "burocrático".
ahora, cuando aquí [en AlemaniaJ empieza a sonar el toque a di­ 4. El absolutismo no es inglés. 5
funtos, esto ha cambiado de manera decisiva en Francia: tal vez
para no oponerse a una visión de la Edad Moderna difundida en Esta caracterización cuádmple de lo que, según Henshall,
ve;; inientrás t<,ote Se significaba y 'at:::solutism.c Le sine
vado a cabo la recepción de las tradiciones sociológica e histo­ también históricamente en la visión inglesa, no corresponde de
riográfica alemanas, el impronunciable "absolutisme" se encuen­ ninguna manera a la imagen que las investigaciones modernas
tra cada vez más en obras generales serias y reemplaza "la mo­ dibujan desde hace años o incluso décadas respecto de las mo­
narchie absolue", término mucho más cercano al pensamiento y narquías de la Edad Moderna. ¡Todo lo contrario! Y el libro de
idioma franceses. 4 Henshall pretende llevar a cabo la refutación científica de esta vi­
¿De qué se trata para Henshall, y cómo debemos reaccionar sión tradicional del absolutismo en cada uno de sus puntos. En
desde un punto de vista alemán a este desafío en la definición, cuanto al último -"Absolutism is not English"-, llega a un resulta­
detrás del cual, como creo, se esconde toda una serie de conte­ do que parece del todo paradójico: si uno quisiera hablar de ab­
nidos y hechos significativos? Sus argumentos en pocas palabras: solutismo, la monarquía inglesa debería considerarse más absolu­
como otros muchos "ismos", absolutismo no es un término de tista que sus hermanas continentales. Por ejemplo, en el siglo
las fuentes, nacido en la época que quiere describir, sino que tie­ XVIII, el rey inglés habría dispuesto de una libertad política y de
actuación mucho mayor que su homólogo francés 6 , cuyos pro­
3 Nicholas Henshal!, 1be Myth oi Absolutism: Change and Continuity in Early blemas de decisión y de obligación eran proverbiales y por los
Modern European Monarchy. Londres 1992.
4 Como prueba recuerdo los ejemplos que Ronald G. Asch y Heinz Duchhardt
5 HenshaIl, 1beMyth (n. 3), p.l Y ss.

han dado en el capítulo 1 de este libro. 6 Ibidem, p.80 y ss.

86 87
_{:.4d~(Js al absolutismo? Una a
El absolutismo (1550-1 mito"
vestigaciones de los últimos años, en su mayoría anglosajonas,
que Francia tenía que soportar las mofas del rey de Prusia.7 Sin Henshall puede sacar innumerables argumentos que apoyan esta
embargo, Henshall no va más allá de un juego polémico con la tesis: todas ellas muestran la dimensión de la otorgación de pri­
hipótesis de que en realidad la única mon3fquía europea verda­ vilegios individuales y sobre todo corporativos, por ejemplo en
deramente absoluta era Inglaterra; más hien utiliza la paradoja el sistema de cargos e impuestos; dimensión que fue respetada,
para reducir el término en sí al absurdo: si un término que fue incluso fomentada y utilizada por la monarquía francesa para su
desarrollado para caracterizar la situación continental en contras­ estabilización interna. Y efectivamente: si se tiene presente que
te con la inglesa se puede aplicar mejor a la situación insular que muchas de las antiguas bonnes vil/es del rey en algún momento
a la continental, entonces el término en sí es inútil. habían conseguido el privilegio de la exención de impuestos Y
Pero dejemos a un lado ese cuarto criterio, que se dirige que por ello una parte considerable del tercer estado goZÓ de las
sobre todo a los historiadores ingleses, y dediquémonos un mo­ mismas ventajas fiscales que los dos estamentos superiores, tales
mento a los primeros tres, que soportan la verdadera carga de la tesis resultan inmediatamente convincentes. 8 Es cierto, una Y otra
prueba en el razonamiento de Henshall. Entonces se descubre vez había intentos por part.e de la monarquía de cambiar esta si­
una buena cantidad de material de prueba revisionista interesan­ tuación en parte tradicional en parte recién creada, pero esto
te y elaborado, esencialmente -esto es el método de Henshall­ ocurría sólo por razones fiscales, sin intención de cambiar la
en una comparación entre Francia e Inglaterra. constitución fundamental. Quien en la Francia de la monarquía
Según Henshall, en los siglos XVI y XVII ninguna de las absoluta poseía un valioso privilegio, como mucho, y sólo si la
dos monarquías vulneraba los derechos de los súbditos de una monarquía era lo suficientemente fuerte para ello, tenía que re­
manera tan fundamental que de esto se desprendiera necesaria­ adquirirlo con otro pago para seguir estando seguro de su disfru­
mente la imagen de un despotismo duradero. Ciertamente, bajo te.
los Estuardo, la monarquía inglesa había estado en el camino En cuanto al segundo de los criterios enumerados por
cia él durante un tiempo, pero, como es hien sahido, este cami­ HenshaIl, el cuadro es muy semejante: el absolutismo francés no
no le fue cortado oe manera definitiv:a Dor la Revolución oe los e~' <--.,~; ~~ nrr)ceso,s
<Ülü~ 40 ~iglG Xv Ü. 0ín en hanCla se de decisión ni a desprenderlos de su contexto existente, el oc
aún menos de despotismo; al contrario, allí la normalidad de la consulta y aprobación en acuerdo con las asambleas estamenta­
relación entre la monarquía de la Edad Moderna y los súbditos les existentes, las corporaciones privilegiadas, los tribunales Y las
se caracterizaba por una protección amplia, por no decir total, otras instituciones de la "sociedad corporativa".9 Es cierto, tam­
de los privilegios; aun más, la política de la corona no se había bién en este terreno hubo intentos de reducción, sobre todo en
guiado por la reducción de los privilegios, sino por su protec­ las épocas de Richelieu y Colbert, pero estos intentoS eran ex­
ción, incluso por su ampliación, y esto con buenas razones: sólo cepciones en marco de un sistema monárquico que normal­
por este camino, y no por el opuesto que habría intentado la ni­ mente aspiraba a "consenso y cooperación". Sin explicarlo de
velación de la comunidad de los súbditos, era posible hacer diri­ manera metódica, lo que Henshall intenta aquÍ, en realidad es la
gible y gobernable una estructura tan grande y compleja como la demostración de que la investigaci6n tradicional del absolutismo
Francia de la Edad Moderna; cualquier otro camino rápidamente en la formación de sus conceptos y categorías siempre se ha
la habría puesto fuera de juego en los terrenos de la financiación guiado por los procesos excepcionales de la evolución histórica,
de la corte, de la administración y del ejército, así como en la
conservación del orden público. y en efecto, de las intensas in­
8 Referencias concretas en Picrre Gouhcn y Daniel Rache: Les Fran~ais et
l'Anden Régime, 2 vols, París 1984, 1, p.352 Y ss.
7 Sobre todo en los apartados referentes a Francia en sus dos testamentos polí­ 9 Henshall, The Myth, (n. 3), p. 35 y ss.
ticos de 1752 y 1768. [Hinrichs se refiere a Federico IIJ.

89
88
El absolutismo mito? al absolutismo? Una a Nichola, rwn~...nn

pero no por los hechos cotidianos básicos que perduraban más científico, sino con un ensayo elaborado que se basa en un co­
allá de las coyunturas temporales, en la "longue durée" [larga du­ nocimiento profundo de las nuevas investigaciones francesas y
ración] y -hasta la época de la crisis prerevolucionaria del Anti­ anglosajonas desde los años sesenta. En otras palabras: casi to­
guo Régimen- eran capaces de rechazar los cambios, también y dos los detalles de su razonamiento ya eran conocidos y amplia­
justamente aquellos que hoy día llamaríamos "modernización", mente reconocidos, sólo la conclusión que, según Henshall, hay
de rebajarlos, de reducir su efecto a cero. que extraer de ellos -la abolición del absolutismo como concep­
El tercer argumento de Henshall se encuentra en el mismo to de época general- no se ha establecido nunca con esta conse­
plano: "Absolutism is (not) bureaucratic", sin duda el intento de cuencia. 12
revisión más grande y provocativo, también para los lectores ale­ y también desde el punto de vista alemán, que Henshall
manes. Pues la idea de que el absolutismo europeo fue un paso sólo refleja de una manera superficial, hay que estar de acuerdo
importante hacia la burocratización del estado institucionalizado en muchos, casi en todos los puntos que conciernen a la mera
¡ moderno, constituye una de las visiones firmemente arraigadas al
menos en los historiadores del derecho, de la administración y de
interpretación de los hechos. Ya que también entre nostros exis­
! ten muchísimos trabajos que relativizan el paradigma del absolu­
r la constitución. IO Y sin vacilar Henshall ataca las suposiciones tismo para los distintos estados del Imperio, pero también para
I centrales de esa tradición científica, en este caso especialmente Francia y otros estados europeos. En el marco de estas breves
respecto a Francia: en la Francia del Antiguo Régimen no existie­ consideraciones no puedo entrar en detalles, así que me he de
ron instituciones, que de manera independiente de lealtades re­ limitar a mencionar algunos nombres y direcciones de investiga­
gionales, locales o sociales, solamente habrían actuado al servicio ción. Como primeros hay que mencionar a Dietrich Gerhard y su
del interés del estado o del monarca; ni tampoco los reyes france­ escuela. Ya en los años sesenta, Gerhard, que recogió muchas
ses pudieron formar un estrato social en ese sentido, como siem­ ideas que ya se habían insinuado en los trabajos de Otto Hintze
pre se había supuesto, por el reclutamiento de nuevos estratos y Otto Brunner, señaló bajo la palabra clave de "regionalismo" la
sociales, por ejemplo entre la burguesía. Al contrario, todo indica­ cantidad de fuerzas estamentales al nivel regional, pero también
d se Se le:: y es­ corl t:X1L.() C()11Centró
pecialmente la historia de la venta de cargos mostraría qué gran poder en la Europa del Antiguo Régimen. Como prueba usó tan­
distancia del supuesto fin "burocrático" aceptaba la monarquía to las asambleas estamentales formalizadas que perduraron hasta
francesa. Es cierto, también aquí bajo Richelieu, según Henshall el el final del antiguo Imperio alemán, como la curiosa función de
único absolutista en la historia francesa,11 hubo intentos en la otra los nobles que tenían un cargo público y así tenían obligaciones
dirección, pero, como ya se mostró en los otros ejemplos, consti­ hacia su propio dominio y hacia el estado a la vez. l3 En el círcu­
tuyeron una excepcion que además no tuvo casi consecuencias. lo de Gerhard y Vierhaus se ha investigado todo el inmenso
complejo histórico del "fenómeno estamental" en sus muchas fa­
¿Qué valen estos argumentos? Como ya se ha mencionado cetas, y aunque en ello algunos modelos antiguos, más bien tec­
! brevemente, Henshall no aporta sus tesis a la investigación mo­
t derna del absolutismo como si fuera un loco homicida en lo
12 Sin embargo, hay que mencionar que, a pesar del hecho de que de mamen"
to el término "absolutismo" entra cada vez más en el lenguaje científico, como deno­
10 Reflexiones más amplias sobre esta temática - aunque como casi toda la lite­
minación para toda un época ni en Francia ni menos en Inglaterra jamás ha tenido el
ratura alemana no tomadas en consideración por Henshall - en Ernst Hinrichs, Abso­ mísmo significado central que tuvo en Alemania.
lute Monarchie und Bürokratíe. Bemerkungen über ihre 'Unvereínbarkeít' im franzQ­ 13 Véanse los tres importantes volúmenes con una serie de ensayos programá­
5ischen Ancien Régime. En: ídem, Aneien Régíme und Revolution. Studien zur Verfas­ ticos; Dietrich Gerhard, Alte und neue Welt in vergleíchender Geschiehtsbetrachtung.
sungsgeschiehte Frankreichs zwischen ]589 und ] 789. Frankfurt/Main 1989, 81-98. Gotinga 1962; ídem; Gesamelte Aufsi:Uze. Gotinga 1976; ídem (ed.), Stiindische Vertre­

I
11 Henshall, The Myth (n. 3) p. 35 Y ss.
tungen in Europa im ]7. und ]8. Jahrhundert. Gotínga 1969.

f
90 91
El absolutismo 0550-170q}, ¿,un mito? ~~.___a l a~bsolutismo?
____ Una a Nicholas Henshall

nocrático-jurídicos como aquello de un dualismo entre estado y de un ataque a un enemigo inexistente: se pretende que la cien­
estamentos, se fueron por la borda, la imagen que ha resultado cia todavía afirma que existió el absolutismo, y luego se derrum­
hasta hoy en día no se caracteriza por una evaluación monista a ha todo el edificio con argumentos que la ciencia ya había logra­
favor del estado principesco de la Edad Moderna, sino por la do hace tiempo ~una forma de presentación con la que uno se
idea de una cooperación intensa entre ambos elementos consti­ encuentra frecuentemente en trabajos anglosajones y que tiene
tucionales. 14 su valor didáctico y parece legítima, mientras que los conceptos
Partiendo de Gerhard, se podría -con la omisión de mu­ y categorías científicos no han seguido la ampliación y los cam­
chos pasos intermedios~ dar un gran salto hacia nuestro presen­ bios de los conocimientos y de la comprensión que mientras tan­
te, hasta los trabajos de Wolfgang Neugebauer 1S y con ello justa­ to han tenido lugar en la ciencia. Y efectivamente, en el caso del
mente hasta Prusia, aquel estado que había tenido que servir con absolutismo esto no ha ocurrido, como he señalado brevemente
cierta plausibilidad como un ejemplo "absolutista" especialmente arriba. En las aclaraciones didácticas a los últimos planes de en­
representativo de entre los estados alemanes, Sin embargo, con señanza secundaria del land Renania del Norte-Westfalia, con
un afán de misionero y un conocimiento abrumador de la mate­ elegante atrevimiento incluso se habla del "alto absolutismo",16
ria en el campo de la historia institucional y la historia de la edu­ una fase anterior al derrumbamiento del Antiguo Régimen, la
cación, Neugebauer se esfuerza por mostrar que el "absolutismo" cual, por última vez, combinaba, hasta cierto punto, las fuerzas
en Prusia constituía un fenómeno sumamente superficial, es de­ de lo antiguo en toda su intensidad. Pero no queda claro a qué
cir, limitado a la cima del estado, mientras que en la estructura época se refiere: ¿la Francia de Luis XIV? ¿la época de la "monar­
profunda de la sociedad, naturalmente de manera especial en las quía administrativa" bajo Luis XV? ¿la Francia de Luis XVI? ¿o in­
regiones de haciendas señoriales de explotación directa (Gutsbe­ cluso la Prusia del absolutismo ilustrado?
zirke), dominadas por la nobleza al este del Elba, no se notaba E incluso respecto a los logros de las monarquías absolutas
nada de él. De manera correspondiente, en su contribución al para el proceso de burocratización de la Edad Moderna existen
presente volumen y sin tener un conocimiento detallado de la argumentos a favor de una visión relativizante en el sentido de
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lúdico-experimental, la suposición de que posiblemente en Pru­ nas, El propio Max Weber indica el camino con sus capItuloS so­
sia hubo menos abolutismo de lo que se creyó, sólo que los his­ bre el estado estamental y el patrimonialismo en "Economía y
toriadores alemanes a lo mejor todavía no se han dado cuenta de Sociedad"17: con su ayuda, los procesos de burocratización y
ello. centralización que caracterizaban la monarquía francesa del siglo
No se puede negar que -con el trasfondo de todos los ar­ XVIII se pueden entender como antimodernos o modernos sólo
gumentos que Henshall aduce para fundamentar su tesis y mu­ en apariencia,18 que no indicaban el camino hada el estado insti­
chas otras pruebas ulteriores- su razonamiento entero tiene algo tucionalizado moderno, justamente porque la monarquía retenía
conscientemente la estructura legitimadora del derecho divino y
14 A este respecto es programatlca la descripción de Rudolf Vierhaus en el
marco de la Propy/den Geschichte Deutschlands: Staaten und Stande. Vom Westfali­ 16 Kultusministerium des ¡.andes Nordrhein-Westfalen (Hg.) [Ministerio de Cul­
schen bis zum Hubertusburger Frieden 1648 bis 1763. Berlín 1984. tura del land Rhenania del Norte-Westfalía (eJ.)], Richtlinien und Lehrplane jür das
15 Wolfgang Neugebauer, Absolutistíscher Staat und Schulwirklichkeit in Bran­ Gymnasium-Sekundarstuje 1 in Nordrhein- Westfalen: Geschíchte. Düsseldorf 1993,
denburg-Preussen. Berlín 1985, con un razonamiento que supera en mucho el tema pp. 93 y ss.
de las escuelas. Es también importante el pequeño libro de Neugebauer que mira ha­ 17 Max Weber, Economía y Sociedad. Esbozo de Sociología Comprensiva. 2a

cia la Europa centro-oriental: Standschaft a/s Verfassungsproblem. Die historiscben ed., México D.F., Fondo de Cultura Económica 1964.
Gnmdlagen standischer Partizipation in ostmitteleuropaischen Regionen. Goldbach IR Sobre ello véase, Ernst Hinrichs, Absolute Monarchie und Bürokratíe
1995. (n. 11).

92 93
El absolutismo ( 1550-1700), ¿un mito'?
-~~-- ___, _ _ _ _ _ ~- --~ .-, ___o ­
~_~A{!!os al q,hsolutismo? Una Eespue.~~a a Nicho/as Hen.,hall

no quiso ni pudo aceptar una burocracia verdaderamente autó­ poco satisfactoria. En cambio, la investigación anglosajona, y re­
noma e independiente. Un intendente francés del siglo XVIII, cientemente también la francesa, subrayo el comportamiento fle­
una institución modelo del nuevo tipo burocrático según las in­ xible, sumamente dúctil de los monarcas llamados "absolutos" ­
vestigaciones antiguas, era una figura débil en cuanto a su legiti­ el mantenimiento del absolutismo como pretensión de derecho y
mación, ya que dependía por completo del rey -como un sir­ poder por un lado, la adaptación a las circunstancias por el otro
viente patrimonial. Mientras que la monarquía fue fuerte y su -como si hubiera sido la esencia una conditio sine qua non de la
fuerza legitimadora fue suficiente para apoyarlo, el intendente se existencia política de los principados en la Edad Moderna. 21 Sólo
podía desarrollar bien, de manera efectiva, y en su provincia po­ de paso quisiera recalcar que esta diferencia muy relevante entre
día conseguir por un tiempo !a plenitud de poderes y también el las interpretaciones alemana y anglosajona tiene que ver también
prestigio de un virrey. En cuanto dejó de ser así, como en la cri­ con la integración de la historia social y económica en la historia
sis del Antiguo Régimen y sobre todo en las primeras semanas política en general. Porque los ámbitos, en los que justamente en
de la Revolución, todo el esplendor se acabó: no es sorprenden­ y para Francia se detectaron múltiples restricciones de la libertad
te que los intendentes se encontraran entre las primeras víctimas "absolutista" de acción del rey francés, eran naturalmente los de
de la Revolución, en un momento en el que la época de la mo­ la historia financiera y económica: el rey francés podía portarse
narquía todavía no se había acabado de ninguna manera. No es tan absolutistamente como quisiera, pero para la financiación de
de extrañar, pues, que investigadores americanos, con todo el su costosa política exterior y de la corte dependía de expédíents
grupo de intendentes franceses en la mente, o si se prefiere, en continuados, yeso quería decir de una negociación continuada
el ordenador, hayan comprobado que esos personajes que tenían con los estratos sociales adinerados de su país. 22
poca seguridad legitimadora estaban mucho más ligados de lo Aquí parece que se llega al punto donde se ve que de las
que hasta entonces se había creído a las élites regionales y loca­ provocaciones de Henshall se puede sacar mucho provecho.
les de su distrito, y que este proceso de integración regional de Creo que el renunciar al concepto global de absolutismo como
una institución del estado central no se redujo sino que se acre- concepto para designar una época y como concepto para carac­
e1 )(\,7I=~ 10 ter!Z2.r Uf: c:istern2 ~0S~ ()1 ~f~ f1() ?

En la investigación alemana sobre el absolutismo, en realí­ renunciar a caracterizar monarquías particulares de la Edad Mo­
dad siempre se tenía la idea, incluso en aquellos representantes derna como "absolutas"- allanaría el camino, en diferentes nive­
que más destacaban el papel del estado, de que el absolutismo les, hacia conocimientos y comprensiones nuevas o renovadas, y
en forma pura, más que una realidad constitucional era un pro­ con ello también posibilitaría una visión renovada de la historia
grama de los príncipes, una concepción teórÍCa de los juristas y política de la Edad Moderna. El absolutismo como constructo
los filósofos y, como mucho, de los ministros. Pero en la tradi­ abstracto de los historiadores sometió la realidad de las naciones
ción alemana, esta idea normalmente fue expresada de forma europeas de la Edad Moderna a la uniformidad de un a priori
negativa y teleológica, bajo el lema: en realidad se debía haber epistemológico, la cual, como muestran las investigaciones más
logrado más, pero las circunstancias no lo permitieron. Esto llega recientes, no existía en esa realidad. Esto es válido para los con­
hasta la fórmula de la conservación de muchos elementos "no­ cernidos, en ambos lados, por el paradigma del absolutismo: pa­
absolutistas dentro del absolutismo",2o que es más bien defensiva
21 La mayoría de Jos títulos importantes se espigan en los cap. 1-5 de Henshall,
en el sentido de que retiene el modelo de partida y por eso es
The Myth (n. 3). Véase además recientemente el título programático de la colección
de ensayos de Richard Bonney, The Limits 01 Absolutism in aneien régime France. A1­
19Ibíd., p.89 y ss. dersho( 1995.
20 Gerhard Oestreich, Strukturprobleme des europaischen Absolutismus. En: 22 A este respecto, ya es programático el trabajo de James Collins, Fiscal Límits

ídem:, tfé!ist und Cestall deslrnhmodernen Staates. Berlín 1969, 179-197 , p.183. 01 Absolutism: Direct Taxation in Early Sevetlleenth-Century France. Berkeley, 1988.

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El absolutis11}O mito? _ _ ~_~__ ____~dios al absolutismo? Una respuesta a Nicholq..'> Henshall

ra los gobernantes tanto como para los gobernados, sobre cuya historiográfico del absolutismo, un gobernante absoluto estaría
existencia histórica, no registrada por el paradigma, nos infonna la ocupado por completo por los asuntos de la política interior. Se
reciente historia constitucional, social y económica. La veracidad trataba de liberar su poder de la intelvención feudal o estamen­
de tal afirmación no se puede probar en el marco de un breve en­ tal, de concentrar la autoridad en manos de uno, de reclutar un
sayo, como tampoco se puede complementar la propuesta de re­ aparato leal de funcionarios para controlar la comunidad de los
nunciar al concepto con una propuesta de una nueva denomina­ súbditos, antaño inclinada a disturbios y revueltas. Ya se ve en
ción para designar una época : si nos decidimos a abandonar un los tres criterios de Henshall -despótico, autocrático, burocrático:
concepto para una época introducido hace mucho y en toda su cada uno de ellos se refiere a la relación de un gobernante con
amplitud, necesariamente ha de aparecer una nueva confusión, al sus súbditos y a la maner.a en la que se organizaba y se ejercía el
menos por un tiempo.23 En cambio, sí es posible mencionar unos poder en el ámbito territorial de su estado. Pues bien, si observa­
planteamientos de cuestiones y contextos que conciernen a la mo­ mos el caso clásico de dominio absoluto en Europa -el de Luis
narquía de la Edad Moderna, la más afectada por tal revisión. ¿No XIV-, hemos de comprobar rápidamente que las cuestiones in­
pierde la imagen de aquélla sus contornos, con esta revisión, si en ternas sólo desempeñaron un papel secundario o al menos deri­
el futuro no hablamos ya más de "absolutismo"? vado, tanto en la autointerpretación como en la imagen que da­
ba de sí. Y el ejemplo de Luis XIV incluso se puede generalizar:
La renuncia al concepto de absolutismo no priva a la monar­ los monarcas absolutos del siglo XVII, también o justamente por­
quía de la Edad Moderna de su claro perfil histórico, como se po­ que crearon su propia imagen, en la gran mayoría de los casos
dría suponer, sino justamente ayuda a que éste aparezca de verdad, no eran políticos dedicados a la política interior, sino a la exte­
si bien con claras gradaciones según el tamaño, la situación geográ­ rior, mejor sería tal vez decir: políticos del poder, es decir, que
fica y el peso internacional de cada país considerado. Como prueba, todo su pensamiento y comportamiento se dirigían no hacia la
voy a entrar en tres puntos que me parecen centrales, y en ello voy construcción del mayor dominio posible en el interior, sino hacia
a hablar ante todo sobre Francia, según el lema de Henshall de que, la máxima importancia posible de su país (y corte) así como de
Fí':ll1Cl;;. 1,0 De en "1) dinastía en <:>1 exterior y In" ''l~x;rn{)C ~x¡i0<: n0sihlc" en
la lucha europea entre potencias. No se puede negar que para lo­
1. "La primacía de la política exterior" grar ese fin hayan estado interesados también en la tranquilidad
en el interior y hayan intentado procurarla, pero se trataba de
Si seguimos los intereses cognitivos propios del concepto aquello que he llamado un interés derivado. Este interés también
era derivado cuando los príncipes de la Edad Moderna -con el
23 El intento cuidadoso de Duchhardt de lanzar el concepto de "barroco", para fin de aumentar su poder en el exterior, con la guerra o con la
designar una época - Duchhardt, Absolutismus (n. 2), p.S y ss. -, tiene el mérito de diplomacia- movilizaron los recursos internos y de esta manera
abrir una perspectiva que ofrecería un enlace temporal con la "monarquía renacentis­ aumentaron la presión del poder de manera considerable. En
ta'·. Seguramente seguirá siendo útil para el conocimiento el usar términos de la his­
toria del arte en conexión con los sistemas políticos de la Edad Moderna. Sin embar­
OtldS palabras: la imagen que tenían de sí mismos y la teoría del
go, debe quedar por ver si sirven como términos de época generales, dado el proble­ estado de los soberanos estuvieron determinados por y para el
ma de su respectiva extensión. A este respecto, "barroco" es aún más problemático exterior; la influencia intema de un monarca, al menos del estilo de
que "renacimiento". A pesar de tendencias recientes en la investigación que trasladan Luis XIV, fue mucho más una variable subordinada a su influencia
el concepto de barroco también a la literatura francesa, el concepto parece en suma hacia el exterior que no vice versa, el dominar en el interior no era
más bien problemático para Francia, así que su aplicación a la política justamente
marginarla un país que en la discusión del absolutismo tal vez haya tenido una posi­ un fm en sí, sino que se dio en aras de los fines exteriores: gloria,
ción demasiado céntrica a veces, el cual, sin embargo, seguirá siendo un peso pesa­ ganancias territoriales, conservación de una posición en el sistema
do por su posición hegemónica después de 1648. de las potencias, obtención de una hegemonía, etcétera.

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/<.1 absolu!i~-mo (1550-1700),~un mito? al absolutismo? Una a Nicho/as Henshafl

Una de las pruebas mejores a la· vez que más famosas para bía que hacerles ver con claridad que nadie en Europa podía pre­
esta hipótesis es la revocación del edicto de Nantes por Luis XIV tender que existiera un monarca más ortodoxo que el rey francés.
en el año 1685. Difícilmente hubo otro acontecimiento político Por cierto, en ningún lugar aparte de Francia el principado y
en la Europa de la Edad Moderna que marcó tanto la visión de la la realeza de la Edad Moderna estuvieron marcados de manera tan
monarquía absoluta. Los estados protestantes alemanes, Inglate­ clara por la política exterior y de poder como en Brandenburgo­
rra, los Países Bajos, todos tomaron la revocación y toda la políti­ Prusia. Casi todos los logros, que desde Otto Hintze y otros son
ca respecto a los protestantes dél Roi Soleil [Rey Sol] que había ofrecidos como característicos del absolutismo de Brandenbur­
precedido a este acto como prueba de que Luis XIV era el ar­ go-Prusia, pueden presentarse sin dificultades como motivados por
chiabsolutista, incluso un déspota y tirano. Cualesquiera que ha­ la política militar y, por lo tanto, por la política exterior, y esto en la
yan sido los efectos de la revocación, por poco que haya valido época en la que debe comenzar un análisis del proceso de forma­
la pena para el rey, cualesquiera que fuesen los errores que pu­ ción del estado prusiano: bajo el Gran Elector (1640-1688). Justa­

I do haber cometido -en ningún caso se trató de una decisión mal


pensada, emocional y espontánea del rey, originada sólo por su
indignación por la disidencia religiosa de los hugonotes. Al con­
mente, si se observa la manera de actuar sumamente pragmática de
ese príncipe en sus conflictos con los 'estamentos de sus estados,
conflictos en cuyo transcurso se desarrolló la doble estructura cons­

I trario, fue exactamente calculada, no sólo hacia el interior, sino


también hacia el exterior. En cuanto a las reacciones en Francia,
Luis no tenía que preocuparse mucho, ya que esa acción no fue
titucional que en el futuro marcaría el reino de Prusia -la cima del
estado fuerte y una amplia estructura de dominio noble-estamental
igualmente fuerte-, se ve que el fin de su actuación política no era

~
para nada impopular en la Francia católica, todo lo contrario. 24 el dominio por sí mismo en el sentido del paradigma del absolutis­
Fuera de duda está también el hecho de que, desde su primera mo, sino la conservación y expansión estatal del frágil conglomera­
juventud, Luis XIV deseaba sin reservas la persecución y la "ex­ do de países unido en unión personal bajo un cetro, desde el du­
tinción" de la herejía por convicciones religiosas. 25 Pero en lo cado de Prusia en el este hasta el ducado de Cléveris en el oeste.
I
!;
que a la fecha y a los distintos contenidos del edicto se refiere, Con un concepto de poder que aspif'.aba a la subordinación de los
f el tuv" su el rey evaluó mal la estarnentos no se lleg2.f si CE con (CjnJ­
dureza de las reacciones en Alemania, los Países Bajos o Inglate­ portamiento que justamente mostraba hacia el exterior una y otra
rra, porque, de no ser así, a lo mejor habría pensado más en la vez que la política de ese estado se había de medir con los mismos
conservación de su imagen en los países protestantes y habría patrones conceptuales que estaban al alza en toda Europa en el
procedido con más cautela. Pero el destinatario del mensaje no glo XVII: la razón de estado, el interés de los estados, predominio,
era la Europa protestante. Era la Europa católica -la Curia, con la gloria, pero ante todo soberanía, maiestas -este concepto constitu­
que había tenido un conflicto durísimo por la famosa cuestión de cional clave de la época, que primero, en el siglo XVI tardío de Bo­
las regalías, el Emperador que, después de la victoria sobre los din, había tenido un significado interior y uno exterior, de los cua­
turcos y como señor en Austria estaba a punto de convertirse en les, sin embargo, después de las guerras civiles religiosas desde el
el poder católico hegemónico en el continente, y también la corte siglo XVII, sobre todo, el significado exterior mantenía su relevan­
i
b
española y las élites españolas, a las que Luis tenía que cortejar a cia político-conceptual. Sólo hay que leer a Pufendorf o también
I causa del previsible problema de la sucesión. 26 A todos ellos ha- los testamentos políticos de algunos príncipes para captar la impor­
~
~ tancia del argumento de la política de poder.
~ 24 Pierre Gouben, Louis XIVet víngt millions de Franfais. París 1966, p. 196.
ff 25 En contraste con la tesis "exterior'", esto es subrayado con fuerza por
t Fran¡;ois Bluche, Louis XIV. París 1986, p. 604 y ss. 2. Poderes grandes, medianos y pequeños.
~
26 Emmanuel Le Roy Ladurie, L'Anejen Régime. 2 vals. París 1991, 1: L'Absolu­
J
k
tisme en vraie grandeur, p. 291-310, especialmente p. 292, nota a pie, y p. 306. Del trasfondo de esa orientación principal de las grandes

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El absoll!!~YI'lC!.JJ 550- J 70(J),[!trl mito? __ ~'~~io~al absolutismCJj Una, a Nicholas Henshall

monarquías europeas hacia la política exterior y expansionista imitaciones de Versalles y de la poderosa irradiación de la
desde el siglo XVII, sobresale, sin embargo, una diferenciación cultura francesa en Alemania, no había mucha similitud "estruc­
de suma importancia, la cual tampoco se ve cuando se trabaja tural" entre el gigantesco poder de Francia y un pequeño domi­
con un modelo de absolutismo uniforme para toda Europa: la nio alemán. Pero más importante que la búsqueda de un con­
ferenciación entre estados grandes, medianos y pequeños. De cepto nuevo, que abarque todo, parece también aquí el hecho
vez en cuando se ha subrayado en la investigación del absolutis­ de que la renuncia al concepto antiguo posibilita resaltar más
mo que, a fin de cuentas, no fueron los estados grandes como claramente todo lo que daba su sello a estos pequeños estados
Francia, España o Austria, ni tampoco no muy grande, pero sí con su ubicación en el marco de la historia alemana y europea.
muy extenso electorado de Brandenburgo-Prusia, sino los esta­
dos pequeños o, como mucho, los medianos los que más se 3. Una visión nueva de la política interior
acercaron a la realización del absolutismo en el sentido del para­
digma. Este punto de vista desgraciadamente no tiene importan­ La revisión de nuestras antiguas ideas sobre el absolutismo
cia para Henshall presumiblemente ante todo porque el énfasis posibilita una comprensión nueva de ·las funcionalidades de las
de su argumentación concierne al siglo XVII y, de todas formas, monarquías de la Edad Moderna no sólo en el campo de la polí­
considera básicamente Francia y -como contraste- Inglaterra. Sin tica exterior y de expansión. También en la "política interior" se
embargo, aparte de algunas excepciones -la Baviera de Maximi­ puede aprovechar. Esto me gustaría probarlo con ejemplos de un
liano 1, la Sajonia-Gotha de Ernesto el Sabio, Brunswick-Wolfen­ contexto histórico que tiene una significación sin igual en la his­
büttel en la época de Julio 1 y sus sucesores, Oldenburgo de toria de la investigación del absolutismo -el nacimiento de la
Aman Günther-, la significación de las creaciones "logradas" de monarquía absoluta después de las turbulencias de las guerras
estados absolutistas, pequeñas o medianas, aparece más bien en civiles religiosas del siglo XVI tardío en Francia. Aproximada­
el siglo XVIII, o sea en la época del absolutismo ilustrado. Sólo mente cien años antes de Luis XIV, desde el comienzo de esas
aludo a Dinamarca, como lo describió Kersten Krüger,27 pero guerras y desde la crisis de la dinastía Valois, cuando un proceso
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burgo, Hesse-Darmstadt o Hesse-Kassel. Independientemente de dicho por poco tiempo, para la monarquía francesa la política real­
cómo valoremos la situación en estos estados en relación con la mente y durante varias décadas significó sobre todo, y muchas
discusión sobre el absolutismo -no puede haber duda de que los veces exclusivamente, la mirada hacia el interior: la lucha de los
logros que se consideran característicos del absolutismo son más partidos, el equilibrio, la reconciliación, la pacificación, la exclu­
fácilmente detectables allí que en otras partes, porque aquellos sión de la religión como fuerza que influenciaba la política exce­
estados eran más controlables, pero solamente si y mientras que sivamente, al final también la represión de la tendencia a la vio­
renunciaran a ejercer una política de expansión europea. 28 Sin lencia de los súbditos franceses de ambas confesiones, que había
embargo, se plantea la cuestión de si "absolutismo" es realmente sido controlada de forma ritual, y la disciplinización de toda la
denominación adecuada para esos poderes- no sólo porque comunidad de los súbditos en pos de una vida más grata a Dios
también allí, y justamente allí, los estamentos muchas veces con­ y a la vez al servicio de la tranquilidad y el orden público. 29 Co­
servaron una función esencial, sino también porque el concepto
se desarrolló a partir del modelo de Francia, y, a pesar de todas 29 Véanse sobre todo todos los trabajos dedicados al siglo XVI y al temprano
siglo XVII por Denis Richet, que en los últimos años de su vida investigó esta cues­
tión sin cesar. Véase su colección de ensayos: De la Réforme ¿¡ la Révolution. Etudes
27 Kersten KfÜger, Absolutismus in Danemark- Ein Model! für BegriffsbiÍdung sur la France modene, París 1991. El estudio más importante de los que han salído de
und Typologíe. En: Hinrichs, Absolutismus (n. n, 65·94. la escuela de Rlchet es el de Denis Crouzet: Les Gu.errlers de Dieu. la violence au
28 Véase Vierhaus, Staaten und Slande (n. 15), p. 309 Y ss. lemps des Iroubles de religion. Vers 1525- vers 1610. 2 vols., París 1990.

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El absolutis111:~ C¿'¿5!}-} 701}!.L ¿un.mito? al absolutismo? Una respuesta a Níc:.h..olas 1!ens'!all

mo sabemos desde hace tiempo, las ideas del estado moderno, xión con la sacralización de la monarquía francesa y la dinastía de
neutro confesionalmente, guiado por la tolerancia, nacieron de los Capetos como una realización terrena de Dios, vista por Él
todo ello. El régimen de Enrique IV ocupa una posición clave en desde siempre con una benevolencia especial.
esta interpretación; no sólo puede presumir de la gloria de haber Esto ya empezó en la segunda mitad del reinado de Enri­
sido el primer monarca europeo en realizar la tolerancia religio­ que IV y se intensificó después de la muerte del que había sido
sa, sino también de haber sido el primer monarca verdaderamen­ primero hugonote y después un rey muy católico. La formación
te absoluto en el trono de la flor de lís. de leyendas alrededor de su persona, fomentada por la corte en
De hecho, esto está fuera de toda duda: como Luis XIV, Enri­ conexión con el misterio de la monarquía y la tradición dinástica
que IV desempeñó el papel de un monarca que actuaba libremen­ ininterrumpida -por ende manifiestamente grata a Dios- de los
te, que en sus decisiones no respondía ante nadie más que a Dios, Capetas, los Valois y los Borbones, que en realidad hizo de este
autolíberado de las ataduras de las influencias feudales, un monar­ rey lo que iba a ser -le bon rqy Henri-, probablemente contribu­
ca absoluto y soberano. Y desempeñó este papel con toda el vir­ yó mucho más a la estabilización interna de Francia que todos
tuosismo de un político que ha ganado su autoestima por logros los medios de gobierno directos y todo el dinero que se gastó.
propios, conseguidos a duras penas. 30 Pero no construyó un siste­ En otras palabras: si el éxito de Enrique IV hasta ahora siempre
ma de absolutismo, como tampoco lo hizo su nieto medio siglo se ha destacado principalmente como el éxito del rey absoluto
después. La obediencia duradera en su país seguramente la consi­ que se alza por encima de los partidos, que apuesta por el esta­
guió también porque desarrolló y aplicó una técnica de gobierno do confesionalmente neutro y que desprecia a los representantes
elaborada que aspiraba a la integración de los señores, los funcio­ nobles y feudales de espíritu partidista, entonces seguramente se
narios o las corporaciones desobedientes. 31 Sin embargo, en cuan­ encuentran muchas pruebas de ello en la manera en la que el
to a la comunidad de los súbditos en su totalídad, este proceso de primer Borbón se autopresentó, material que, sin embargo, no
disciplinización trascurrió de una manera completamente diferen­ podemos aceptar como fidedigno. En el repertorio de ese rey se
te, en un sentido opuesto a la "formación del estado confesional- encuentran todas las variantes de un hábil comportamiento polí­
mente y SdS sucesores tuvieron éxü:o trco frente z: SllS e~ t!~_~ 8r~/,:\ cc~~

gieron la necesidad de relaciones religiosas y de indoctrinación de preferencia por el soborno y la distribución masiva de privile­
gran parte de la población, alejándola de las peleas confesionales gios, efectivos a largo plazo: de esto no podía surgir el absolutis­
del pasado hacia un misterio nuevo, por encima de las confesio­ mo, pero sí el retorno a la legalidad, a la tranquilidad y el orden
nes religiosas, hacia el misterio de la monarquía y con ello hacia y, en un plazo más largo, el que los súbditos se acostumbraran a
algo situado inmediatamente por debajo de Dios, algo que no se­ tener algo nuevo en común, algo que de vez en cuando ya se
paraba sino que unía a los hombres. Esto no era un procedimien­ llamaba La grandeur de la France, pero sobre todo La grandeur
to nuevo sino que ya había sido practicado antes y en otras partes. et la maiesté des roys de France. Este medio, el de dirigir los súb­
No obstante, el eíemplo francés de interpretación religiosa del po­ ditos hacia la grandeza mitificada de la propia monarquía y di­
der sobresale por la consecuencia y masividad con las que se pro­ nastía, que, alrededor de 1600, en algunos casos ya estaba bas­
pagó la fundamentación religiosa del poder monárquico -en cone­ tante ligado a una fuerte dosis de sentimiento nacional, es, según
la investigación reciente, responsable del proceso de estabiliza­
30 Véase Ernst Hinrichs, Heinrich IV. En: Peter e Hartmann (edJ, Franz6sische
ción de Francia en el siglo XVII, de una manera mucho más efec­
K6nige und Kaiser der Neuzeít. Von LudWig XIi bis Napoleon iJJ. 1498-1870. Múnich tiva que no la técnica de gobierno de la monarquía absoluta. 32 Y
1994, 143-170 con esto se imponen todos los planteamientos y métodos de la
31 Véase sobre ello Ernst Hinrichs, Fürstenlehre und politisches Handeln im
Frankreich Heínrichs IV. Untersuchungen über die potítíschen Denk- und Handlungs­
32 Crouzet, Guerrier.s de Díeu (n. 29) ,11, pp.623 Y ss.
formen im Spiithumanismus. Gotínga 1969, sobre todo pp. 213 Y ss.

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~'l~bsolut_ismo(1550-1700),¿un mito? al absolutismo? Una a Nicholas Henshall
ciencia, con cuya ayuda podemos investigar el funcionamiento historia política actualizada de la Edad Moderna con una pers­
del "gobierno de uno", o sea, la cuestión histórico-antropológica, pectiva comparativa europea? Vaya presentar la conclusión de
cómo era posible que 17 milliones de personas obedecieran -de este ensayo, únicamente como una serie de afirmaciones o pos­
buena gana al fin y al cabo- a uno solo: la literatura y la icono­ tulados, pero sin poder argumentarlos, con la esperanza de que
grafía de la monarquía, la imagología y la propaganda del miste­ resulten lógicos por todo lo que ya se ha dicho.
rio de la monarquía. El libro de Peter Burke sobre Luis XIV,33 En la Europa de la Edad Moderna, no estamos ante un sis­
problemático en algunos puntos pero muy bello en su plantea­ tema político dominante en todos los paises por igual, como si
miento y documentación, en inglés lleva el título muy acertado se hubiera impuesto a casi todos los estados de Europa cubrien­
de "The Fabrication of Luis XIV", Y con ello muestra exactamente do todo el territorio, y que en todas partes funcionara según los
lo que es importante: el rey se fabrica verdaderamente, y en este mismos principios. Las monarquías europeas toman una buena
proceso de fabrk:ación se utilizan fragmentos que por un lado parte de su legitimación del fondo de la tradición latino-cristiana
provienen de las tradiciones antigua, medieval y moderna de la común, que fue en buena parte cambiada y modificada, pero no
monarquía europea, por otro lado de las tradiciones de la propia cuestionada por la Reforma en el siglo XVI. Pero no se puede
dinastía. contestar de una manera uniforme, que fuera válida en todas
El Luis XIV de Peter Burke es un rey "hecho" en el interior partes, como lo sugiere el concepto de absolutismo, la pregunta
como en el exterior con todo el refinamiento del arte, de la lite­ de cómo aquellas monarquías lograron erigir el dominio en su
ratura y de la publicística contemporáneos. Puede que sea tam­ respectivo territorio -o sea conseguir la obediencia- y cómo lo­
bién un rey absoluto, pero este tema apenas es tratado por Bur­ graron llevar a cabo cambios, es decir reformas, cuando fuera
ke. No obstante, en el libro de Burke falta toda reflexión en este necesario. Sin duda, a lo largo de la Edad Moderna, crecieron
contexto ,sobre la cuestión que probablemente sea la más difícil: unas estructuras, que a posteriori debemos categorizar como
¿cómo fue recibido lo que los fabricantes del rey producían año apuntando en la misma dirección, la de la prehistoria del estado
tras año con tanta plenitud y con la más fina sensibilidad por los moderno. Quien lo niega, cosa a la que Nicholas Henshall es
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obediencia, incluso veneración, pero también -el caso de los crí­ caizante, de la que no se originan conocimientos históricos nue­
ticos intelectuales, como los protestantes o los jansenitas- escar­ vos. Pero el descubrir tales estructuras, por ejemplo en forma de
nio y mofa? Y yo creo que el investigar esto será nuestra tarea instituciones nuevas, no nos permite suponer que entonces fun­
más importante en el futuro, si es que queremos renunciar a se­ cionaron de la misma manera de la que hoy creemos que debe­
guir usando la concepción del "absolutismo", la que siempre su­ rían haber funcionado. No sólo es importante el que tales
gería un poco que el estado de la Edad Moderna a partir de cier­ instituciones hayan nacido, sino también la pregunta sobre cómo se
to momento en el siglo XVII en realidad funcionaba de la misma manejaron, se instrumentalizaron, se hicieron útiles, y esto por to­
manera a la que estamos acostumbrados en el presente. dos los implicados, no sólo por los reyes o ministros, sino también
por las familias, clanes, grupos, estatamentos, élítes, en suma, no só­
4. Nuevas sendas en la historia política de la Edad Moderna lo por los "gobemantes", sino también por los "gobernados".34
En general, a la vista de tal situación en la ciencia, la inves­
Con esto, la pregunta inicial: ¿qué ha pasado con el absolu­ tigación de las élites -entendidas en el sentido sociológico- ad­
tismo? nos lleva a otra, más importante: ¿qué rasgos tendría una
34 Véanse sobre todo los brillantes comentarios de Pierre Goubert sobre la re­
33 Peter Burke, Ludwig XlV, Die In.<;zeniernng des Sonnenk6nigs. Berlín 1993. lación entre estado y sociedad en la Francia del Antiguo Régimen en: idem/Roche,
lEn traducción española: Peter Burke, La fabricaCión de Luis XIV, Madrid, 1995]. Les Franrais el ¡'Anden Régime (n, 8), 1, p. 225-290.

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El ahsolutismo ( 1550-1700 J, ¿'1m míto~ ¿!!c!ÜJS al ahsolutismo? Una a Nícholas_ Henshall

quiere ele nuevo una gran importancia. Mientras que dominaba la y su alto grado de pragmatismo y flexibilidad por ello tanto más
idea de que el logro principal del absolutismo era la nivelación notable,
de la comunidad de los súbditos, este aspecto se podía dejar de ¿Pero qué hacemos en los manuales y los libros de texto
un lado; pero cuando está claro que, por ejemplo, la otorgación con Luis XIV, si no había absolutismo? Hagamos lo que sobre to­
de privilegios, incluso en grado extremo, formaha parte del siste­ do los historiadores anglosajones, con su maravilloso pragmatis­
ma, directamente se plantea la cuestión decisiva: ¿quién obtenía mo, ya están haciendo hace tiempo: observemos detenidamente,
privilegios, por qué y bajo qué condiciones? Entonces ya no se busquemos fuentes nuevas, pero leamos las antiguas de nuevo y
trata de absolutismo, pero sí de la monarquía que pretendía ser dejemos disfrutar <1 este rey y a todos los demás de la nueva li­
absoluta y del precio a pagar por su disposición de bajar del pe­ bertad que conlleva el fin de este "ismo", En este sentido, pues,
destal de la pretensión para diseñar una política común, Y pro­ ¡descansa en paz, absolutismo!
bablemente ya muy temprano, alrededor de 1650, finalizada la
confesionalización, se trata de la cuestión de si el gobernador y
los gobernados no se podían encontrar en algo común, en el es­
plendor de la monarquía, del que el camino al esplendor de la
nación ya no era muy largo. Está fuera de duda que esto, por
ejemplo en lo que a Francia se refiere, no era una oferta adecua­
da para todos los súbditos y que, por lo tanto, la "oposición" era
una característica estructural y duradera de la época de Luis XIV
y lo seguiría siendo y, Pero también está fuera de duda que, en
comparación con la época anterior, con ello se alcanzaba una
mayor tranquilidad y de vez en cuando incluso más esplendor.
De modo que la discusión sobre el absolutismo proporcio­
;'~~, dl1d f;Ut'Va los SiSlcfl1aS
ticos de la Edad Moderna, especialmente sobre aquel que domi­
naba en muchas partes -la monarquía. Porque algo está claro: si
negamos la existencia del absolutismo como sistema político glo­
bal que marcaba la época, esto no significa que neguemos tam­
bién la suma importancia de la monarquía de la Edad Moderna
en la historia constitucional. Al contrario: en cierto modo, la libe­
ración del paradigma del absolutismo puede contrihuir a soltar la
monarquía de la Edad Moderna de las ataduras que indudable­
mente llevaba puestas bajo el paradigma del absolutismo. La mo­
narquía de Francia, y especialmente también Luis XIV, ofrecen
las mejores pruebas de ello: su autointerpretación, dirigida al
ideario de una "monarquía absoluta", es inequívoca e indudable,

35 Sobre ello, en un soberano resumen de todos los estudios partícularcs: De­


oís Richet, La France moderne: ['esprit des instítution'" París 1973, especialmenre
pp,127 y ss,

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