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VERSIONES SOBRE EL MAR

A Héctor Viel Temperley

El mismo mar nos pierde; nos encuentra y nos pierde. Tema de las olas: se arman, desobedecen, las
crea el viento -¿su amor?- y se derrumban para volver a armarse con restos de olas anteriores,
idénticas. Historia de amor: la planicie del mar, el viento que la oprime, y todo se levanta para
perderse. Y todo tiende a disolverse contra una línea de aguas eternas y sol dilapidado llamada mar.
Mar: abundancia de sinsentido humano. Alegorías: mostrar que desde un fondo de mar, marino,
vendría la vida. Marina, salina, inmensidad de fuerzas paralizadas. Heráldica: mar inorgánico, mar
vegetal, mar animado, mar que envejece en este cuadro. Y mar inmotivado con sus señales y sus
sueños. Y mar inmóvil. ¿O no habría un culto de mar, marino...? ¿Con animales que se nutren de su
ausencia abisal...? Nutriéndose de aplicaciones y explicaciones humanas: ¿algo se impregna con
sabores humanos? Tus manos: ¿traen sabores de mar prohibidos para evocar la prohibición de amar
a una materia que se descompone? Cuerpos y ondulaciones de esos cuerpos marcan su breve
descomposición. Y sus formas anuncian nuestra leve recomposición. ¿Amar...? Sí: y en ese mar
perderse. Llamar perderse a un extravío: mar amarillo, mar amariconado, la mar. La amarga
superficie que nos refleja y nos revela plegándose sobre sí, sobre nos. Nuestra pluralidad: en nuestra
singularidad plural construimos el nombre mar y el mar para sumarnos a la menuda sociabilidad de
sus playas: arena política y falso mar rozando la desnudez de nuestras pieles politizadas. Pieles
politizadas, pechos maternos, ceños paternos, ojos policiales, brazos humanos, mano pesada:
indispensable, histórica. Como los cuerpos: piesecillos pulidos por el canto de las arenas -roce social-
cuerpos sumidos en algún sueño de perfección, sueños marinos, arena temporal, señuelos de una
muerte por derivas solares, cierta y a espaldas siempre del mismo mito. Muñón marino, piel depilada,
piel lubricada para la humillación solar, ¿y habría un culto de mar, solar? Hagiografías urbanas: pieles
de bronce, sonar del bronce de las pasiones chicas y por la gloria. Fraternidad urbana: ¿humana o
mera imitación de un mar igualitario y dependiente? El mar semeja, el mar conduce, el mar identifica,
el mar es un Estado de la materia. Y el mar crece con la acumulación de poemas de mar. Pero jamás
conocerás tu verdadero mar: lo que difiere de los usos humanos del mar. Ni agua es su solución salina.
Solución final: el mar, sin tiempo, acumuló en sus aguas todo el naufragio del universo. Y el mar, sin
ti, es el naufragio del universo. Y el mar, sin textos, sería la espuma de un instante. Mirá: el mar, ¿no
era el reflejo de aquel sol entrevisto mientras la olas reventaban contra tu cuerpo atónito...? ¿tras los
cristales de la espuma...? ¿bajo su manto azul verdoso que se tornaba espuma, ex-agua...? Tu exigua
escritura: ¿verías esa mirada o azul o verde, esa mirada falsa bajo el disfraz verdadero de las
espumas...? Impresionante, che. Y oral: todo es ficticio en un poema sobre el poema. Y nada en el
poema nada. Y en un poema nadas porque todo es oceánico en un poema de mar. ¡Si el mar es solo
intermitencia de los cultos humanos! Y los cultos... ¡Piden que el mar occidental sea el sí de los
hombres rendidos a sus orillas! ¡Pueblos en bajamar! ¡Patrias perdidas en lo oceánico, en el o-sea del
sentido! Vayámonos, perdámonos así en este o-sea donde no hay mar ni nada: ni vos, ni mar, ni
oleadas en tu cuerpo, ni ecos de vagas olas, ni obras que registraron navegaciones interiores, ni vientos
que suplieron una apariencia de plenitud. Escuchemos:
hombre
marino
late
tu corazón
y en tu mar padeces el hundimiento de un sueño de intensidad
y en su mar pareces el nacimiento de un sueño de inmensidad
desanudemos:
hombre
marino
late
tu corazón
y su pulso marino te suma y te sume en su mar
sumar:
una extensión inalcanzable
una invención inalcanzable
una intención inalcanzable
el hombre flota sobre sí mismo
flota sobre sí
flota
sobre

VERSIÓN (DE “VERSIONES SOBRE EL MAR”)

El mismo mar nos pierde: nos encuentra
y nos pierde con su pulso marino.
Y con su eterno nunca nos despierta
del siempre breve sueño de un camino.

Pero no hay mar: el mar es solo ausencia
en la sílaba mar: pasa el sonido
y queda el hombre frente a un mar que inventa
y pierde entre los pulsos del sentido.

Pulsos del mar que intermitentes traman
su recomienzo siempre suspendido.
Fondo que es forma, superficie y pausas
de un deseo en rompientes que reclaman
perderse por partir o estar partido
y aquí quedarse en un hacer sin causas.
VERSIÓN (DE “VERSIONES SOBRE EL MAR”)

Soy yo al mirarla y ella ya no es ella
sino yo en ella y ella en mí. Al mirarla
soy la mirada y soy lo que por ella
en ella me convierte al reflejarla.

Es como un mar, y como al mar, la huella
de erosión y de azar llama a desearla
allí, donde ficticia es real, y es bella:
tras la verdad de la ficción de amarla.

Hay un pulso marino que me lleva
a perderme en las aguas del abismo
llamado amar por un amor que juega
a convertirme en ella y en mí mismo
hundiéndome en su mar para sumarme
a la que hace nacer de mí al mirarme.

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