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ENSEÑAR A PENSAR

Entrevista a Julio César Arboleda, director de la Red Latinoamericana de Pedagogía, realizada por
Katherine Villavicencio, Diario El Universo, Ecuador, agosto de 2010.

K.V. Una de las inquietudes en materia educativa se refiere al papel que tienen la escuela, el colegio y
la universidad, en una época en la que la información nos llega con un solo click y de fuentes tan
diversas. ¿En qué debe basarse la enseñanza para saber aprovechar la avalancha de información
que recibimos a diario? ¿De qué manera y qué herramientas deben proporcionarse a los
estudiantes?

JCA. A mi modo de ver se deben generar oportunidades y capacidades para que los docentes y las
instituciones de todos los niveles de escolaridad diseñen e implementen programas y estrategias didácticas
y metodológicas de procesamiento de información. Como se expresa en el enunciado de la pregunta, la
actual sociedad global del conocimiento tiene como una de sus expresiones la inmediatez de la información,
en la que con solo digitar en un Buscador, sea este Google u otro, palabras claves relacionadas con el tema
de conocimiento que requiero, por ejemplo, “estrategias de aprendizaje discapacidad”, se impone de ipso
facto en la pantalla del ordenador un número determinado de enlaces que nos llevan a documentos sobre
este. Esto es magnífico, pero el asunto que interesa no es la cantidad sino la calidad de la información, y
esta última característica precisa de la capacidad y disposición para el análisis crítico y propositivo.

La cuestión institucional o pedagógica es impedir que estas posibilidades educativas deriven


peyorativamente en manifestaciones facilistas como “copiar y pegar”, que es el lamento inactivo de los
docentes frente a una cultura que erosiona la Academia, en virtud de la cual se permite en gran medida que
los estudiantes entreguen informes o trabajos con nimio procesamiento o elaboración mental y en los que
predomina el copiado de información obtenida sobre todo por internet.

Ante esta situación es pertinente que los profesores sean capacitados en dispositivos tales como las
relatorías cognitivas, las macro relatorías de investigación en el aula, reseñas críticas, mapas cognitivos y
otras herramientas de organización, procesamiento y uso de información, así como generación de
conocimiento, que permitan desarrollar capacidades, habilidades y actitudes para apropiar y generar
conocimiento, como condición de desarrollo de competencias y comprensiones. Sería todavía más deseable
que tales insumos para el aprendizaje se enmarcaran en programas transversales de lectura – escritura,
desarrollo de pensamientos múltiples, entre otros que nos permitan intervenir frente a esta cultura de la
medianía, en que las cosas las hacemos a medias, por hacer, sin mucho o con mínimo esfuerzo.

K. V. ¿Cómo llevar a la práctica esa necesidad de enseñar a pensar?

JCA. La pregunta es pertinente por varias razones. Enseñar a pensar significa e implica saber intervenir en
los procesos de desarrollo de capacidades, habilidades, destrezas y actitudes para pensar, es decir para
que los sujetos educables, sean estudiantes, profesores, trabajadores, directivos, ciudadanos, nos
acostumbremos a usar operaciones mentales, estrategias y representaciones que nos permitan proceder
con mayor éxito frente a retos y complejidades de la vida escolar, laboral, familiar y cotidiana. Un programa
institucional transversal de desarrollo de pensamientos múltiples se justifica porque, por un lado, permite que
todos o la mayoría de directivos y profesores (no solo unos cuantos) realicen su debida intervención de
acuerdo con los conocimientos que vayan construyendo, con el contexto y los sujetos específicos con
quienes interactúen, así como con los criterios didácticos, curriculares, evaluativos, metodológicos y
pedagógicos que acuerden en el marco de tal programa.

Por otro lado, asumir tal enseñanza como un programa institucional transversal para la formación integral
demanda hacerlo a la luz del sentido último del acto de pensar. Como lo he expresado en diversos talleres,
artículos y libros sobre el tema, quien realmente piensa lo demuestra, más que en un papel o un texto, en la
práctica, si se prefiere, en la cotidianidad. En sentido práctico pensar es usar en la vida la inteligencia, esto
es las habilidades y estrategias de índole psíquico y/o somático que el individuo o una organización vayan
construyendo. De acuerdo con prestantes cognitivistas, muchas personas pueden ser inteligentes, léase
diestras en algo, pero no han aprendido a pensar. Mi mamá, te lo digo en sentido anecdótico, algunas veces
nos dice a sus hijos: usted tan inteligente que es en el estudio y tan bruto en la vida. No hay, a mi parecer,
una mejor forma de definir el acto de pensar. Proceder adecuadamente en la vida, para enfrentar la
situaciones que nos corresponda vivir y para construir mundos mejores, más dignos, requiere el
pensamiento. Dependiendo de las situaciones se precisa de uno o varios tipos de pensamiento, sea lateral,
lógico, analítico, argumentativo, pragmático, conceptual, creativo, axiológico, complejo, entre otros.
Académicamente, cada uno de estos impone una didáctica y metodologías específicas.

De ahí la importancia de que los profesores utilicen dispositivos para que los estudiantes y ellos mismos
puedan aplicar los temas u objetos de estudio en problemas, situaciones y eventos de la vida. En lo
personal, lo que más me ha seducido en los últimos 25 años de mi vida, es la investigación y enseñanza de
tales estrategias pedagógicas, aplicables en diversas áreas y niveles de escolaridad, como en los contextos
laboral y familiar.

K. V. ¿Cómo vencer un sistema que durante años nos hizo memoristas o no reflexivos?

JCA. Ir más allá de la memoria pasa por superar las acciones aisladas, debiendo involucrar dinámicas
adscritas a políticas estatales e institucionales. Además de la cultura memorística el problema son sus
correlatos, entre otros la apatía y la indiferencia frente a lo académico y frente al sentido de la vida,
agudizados por los valores preponderantes del mundo de hoy, de los que está exenta la responsabilidad de
vivir en condiciones dignas. Tal problema lo viven mucho más los sistemas educativos latinoamericanos y
aquellos donde las condiciones de existencia son más contradictorias. Todos los sistemas educativos del
mundo de hoy se han impuesto la tarea de enfrentar la cultura memorística, acechados por el imperativo
global de educar por competencias, pero no el de la cultura del individualismo, de la inequidad y la
desigualdad, del culto al facilismo, al consumo, que son generadores de los hábitos negativos de estudio y
de vida. Dado que el asunto es de fondo, nuestros sistemas educativos son inermes frente a estos
problemas. Si los gobiernos no invierten en aspectos sociales como la educación de calidad, léase digna,
haciéndolo de manera adecuada, es decir con las políticas, programas, estrategias y recursos necesarios,
así como el uso idóneo de estos, dichos hábitos y culturas se sostendrán sempiternamente.

En esta línea de reflexión creo que los sistemas educativos deberían ser más autónomos frente a las
demandas del mundo globalizado, al menos ser más responsables al momento de reproducir los intereses
del mercado global. Es claro que el saber es asumido como el bien económico esencial de la sociedad
global y se revela como el elemento capital para la configuración del sistema social del Siglo XXI. En
consecuencia, la sociedad planetaria fuerza el desarrollo de reformas educativas heterónomas, basadas en
esta percepción del saber, siendo el enfoque por competencias la orden que actualmente avanzan todos los
sistemas educativos. ¿Cuál es, a mi parecer, el alcance que en materia de desarrollo humano y de la vida
conlleva esta pulsión de nuestra civilización mundializada? Si bien desde el ámbito de la rentabilidad este
proceso ha sido en general positivo para las sociedades que lo han podido y sabido asumir, e insufla el ego
individual y social, visto a distancia termina erosionando al ser como unidad compleja.

Justamente desde la Red Iberoameroamericana de Pedagogía que dirijo promovemos que se generen
espacios para analizar las bondades y perjuicios de tal enfoque, y diseñar oportunidades para asumir la
función de educar. Desde el punto de vista del conocimiento, de lo académico- laboral el enfoque por
competencias es en general benévolo, pero en materia de formación integral, de formación de valores y
actitudes para vivir dignamente, es perverso; lo que más importa es que el estudiante sepa apropiarse del
conocimiento para aplicarlo en diversos contextos, de manera que sea reafirmado como el máximo recurso
generador de productividad. Para nadie es un secreto que tal enfoque está sustentado en ideales
globalizadores, léase enmarcados en proyectos utilitaristas. Cuando este enfoque habla de competencias
ciudadanas lo hace es en términos de las competencias o potenciales ciudadanos que se requieren para
elevar la productividad, no la persona humana, de resto es una contradicción, pues ¿cómo asumir la
solidaridad ciudadana en un esquema de competitividad desigual y excluyente como el del mundo del
mercado? Creo que el lenguaje lo puede todo, y uno se hunde fácilmente en ese encantamiento.

Valdría la pena que los sistemas educativos fueran más flexibles, basándose, además del enfoque por
competencias, en referentes como la pedagogía por proyectos de vida, perspectiva esta que ofrece
insumos teóricos, conceptuales, críticos, metodológicos, didácticos, curriculares y evaluativos que,
institucionalizados, asumidos como política educativa, fortalecen procesos como la apropiación intelectual y
afectiva del conocimiento, que exige la incorporación adecuada de la memoria en el aprendizaje, así como el
uso y aplicación digna y no utilitarista de este, en razón de afirmar la vida y al individuo como persona,
fortaleciendo sus proyectos de vida.

JULIO CÉSAR ARBOLEDA


Asesor para América Latina del Programa Pedagogía por proyectos de vida y desarrollo de la comprensión.
Director de la Red Iberoamericana de Pedagogía. Coordinador Nodo Centro Occidente de la Red Nacional
de Lectura y escritura, Reddlees- ASCÚN. Asesor de instituciones y Secretarías de Educación. Estudios de
pregrado y postgrado en Educación y Pedagogía. Autor de los textos, entre otros: Pensamiento lateral y
aprendizajes (Editorial Magisterio, 2007), Estrategias de lectoescritura (Ed. Lei, 1996), Experiencias e
instrumentos de investigación en el aula (Lei, 1997), Métodos e instrumentos de investigación (Lei, 1998),
Ser persona en el mundo de hoy (Lei, 1995), Mi proyecto de vida: desarrollo del pensamiento axiológico,
cooperativo y hacedor (E R , 2002), Guías formativas: planeación por competencias, comprensión y
proyectos de vida (Fundación Penser, 2003); Estrategias para la comprensión significativa (Edit Magisterio,
2005), Metodología del aprendizaje por comprensión, competencias y proyectos de vida (Univ. Autónoma
del Cauca, 2007), Mapas cognitivos: lectoescritura, aprendizaje y desarrollo del pensamiento (Unilibre,
2000), Modelos pedagógicos autónomos (UAC, 2007), Sistema Institucional de Evaluación (FP, 2009);
Modelo Pedagógico Institucional: construcción, fortalecimiento, flexibilización (RCP, 2009); Competencias
pedagógicas (en prensa). Creador y asesor de herramientas didácticas, metodológicas, curriculares,
discursivas y evaluativas como las siguientes: los Mapas cognitivos, Óvalos inteligentes, Modelo flexible de
comprensión, Operador conceptual; Guías formativas (planeación por competencias y proyectos de vida),
Laboratorio de Emprendimiento, Relatorías cognitiva, conceptual, axiológica, lateral, polifónica,
macrorrelatoría de investigación en el aula, Matrices Fem de Proyectos de vida, Modelo flexible de
comprensión, modelo pedagógico flexible, modelo didáctico flexible, modelo curricular flexible, otras.

jc.arboleda@yahoo.com, arboleda@redcolombianadepedagogia.com
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