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Iván Rodrigo García Palacios

¿Humanización o desnaturalización?

Mitos, leyendas, fábulas, relatos, cuentan de dioses y hechiceros que se trasforman


en animales, de humanos que absorben el espíritu de animales, de humanos que se
trasforman en animales y viceversa, de animales que hablan y se comportan como
humanos, en fin, existe una extraña fascinación cultural por la humanización y la
animalización que quizás explique el miedo a aceptar que el humano es animal antes
que humano y que tener conciencia, pensamiento e inteligencia, es sólo cuestión de
sentir, tener sentimientos y memoria, lo demás viene por añadidura: saber
reconocerse en un espejo o saber usar un objeto como herramienta o saber hablar,
escribir, sumar y restar, etc.
La diferencia entre el animal y el Homo-Humano, es que este último evolucionó
hasta desarrollar una memoria de más largo plazo, así como la capacidad de
conservarla, extenderla y trasformarla, en el espacio y en el tiempo, más allá de su
propio cuerpo (imaginación, pensamiento y cultura), en un cuento maravilloso y
aterrador.
Maravilloso, porque el animal se hace humano. Aterrador, porque el humano se
pretende dios y como dios, se empeña en desnaturalizarse.
Para mi gusto, humanizarse, es ingresar a ese mundo que el Homo-Humano se ha
inventado. Desnaturalizarse, es excluirse de la naturaleza y pretender ser superior a
ella.
No debiera ser así. El Homo-Humano, antes que humano, es animal y como tal,
antes que excluirse de la naturaleza, debe, como lo hiciera en tiempos remotos,
humanizarse, hacerse humano en y a partir de la naturaleza. Al fin y al cabo, la
naturaleza es tan maravillosa que, por aun desconocidos procesos, fue capaz de
generarlo y producirlo, los que algún día, también, lo trasformarán ... En qué, cómo y
por qué, son las preguntas que se intenta responder, no siempre de la mejor manera.
Para el asunto que me interesa, humanizarse no es buscar una salida de la
naturaleza, sino, desde la misma naturaleza, alcanzar la naturaleza humana: la
materia que siente, se siente, actúa, recuerda, imagina, piensa, se expresa y anhela (el
espíritu es el anhelo de futuro). Materia que crea una memoria de sí misma.
Es esa memoria la que se humaniza y se desnaturaliza y se desnaturaliza cuando se
destruye el vínculo con la naturaleza.

***

"Mi buen señor Milo ¿qué me dice usted? Aprenda usted a hablar, hablar y hablar;
lo demás vendrá por sí. Hable usted ex abundantia cordis, ab irato, in abstracto, o
como sea, pero hable, hable y hable, eso es todo. Usted mismo se asombrará al ver
cómo las ideas le vendrán conforme vaya hablando, cómo surgirá en usted la ciencia y
lo llevará a todas las profundidades sapienciales. Generalmente, no sabrá usted lo que
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está diciendo y eso es porque estará inflamado por el fuego de la inspiración. Siempre
convendrá que aprenda de memoria algunas expresiones que valen para todo. Hay
que hablar mucho, por ejemplo, de la finalidad del arte, del ideal...". "- Mi querida
Pipi, ¡qué verdad más grande me dijo aquel hombre! ¡Que presta acudió a mí la
sabiduría a la vez que la palabra! He visto en el espejo cómo mi frente, arrugada de
por sí, se pone elegantemente tersa cuando hablo del ideal, el arte o los poetas que no
entiendo..." (E. T. A. Hoffmann, Reporte de un educado joven, Carta de Milo, un
educado mono, a su amiga Pipi en Norteamérica, 1810).

Ernst Theodor Amadeus Hoffmann (24 de enero de 1776 - 25 de junio de 1822).


Johannes Kreisler y las ideas musicales de E.T.A. Hoffmann

***

"[...] por primera vez en mi vida, me encontraba sin salida [...] Había tenido hasta
entonces muchas y ahora no tenía ninguna. Estaba atrapado. Si me hubieran sujetado
con clavos, mi libertad de movimiento no hubiera sido menor [...] no tenía salida,
pero la tenía que conseguir porque, sin ella, no podía vivir [...]; entonces dejé de ser
mono [...].
Temo que no se entienda puntualmente lo que yo entiendo por salida. Uso la
palabra en su sentido más habitual y pleno. No pienso en ese gran sentimiento de
libertad por los cuatro costados. Quizás lo conocí como mono y he conocido hombres
que lo añoran [...].
No; yo no quería libertad. Sólo una salida; a la derecha, a la izquierda, a donde
fuera; no pedía otra cosa; aunque la salida no fuera más que un chasco; la petición era
pequeña, así que el chasco no sería mayor. ¡Salir adelante, salir adelante! [...]. Visto
desde aquí , me parece como si, al menos, hubiera adivinado que tenía que encontrar
una salida si quería vivir, pero que esa salida no se conseguía mediante la huida. Ya no
sé si la huída era posible, pero creo que sí; a un mono le tiene que ser posible la huida
siempre [...].
[...] Se me fue haciendo claro un objetivo elevado. Nadie me prometió que, si me
volvía como ellos, se me liberaría del grillete [...] Repito; no me atraía imitar a los
hombres; los imité sólo porque buscaba una salida, por ningún otro motivo.
[...] Ay, uno aprende cuando hace falta; uno aprende cuando quiere una salida; uno
aprende sin piedad [...] Merced a un empeño que hasta ahora no se ha repetido sobre
la tierra, he alcanzado la formación media de un europeo. Tal vez eso no sea, en sí,
gran cosa; pero algo será, cuando me ayudó a salir de la jaula y me procuró esta salida
especial, esta salida humana [...]" (Franz Kafka, Informe para una academia, 1917).

***

"Por supuesto, no soy un ingenuo y disculpo al doctor por ver en mi propia vida una
manifestación de enfermedad. La vida se parece un poco a la enfermedad, porque
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avanza por crisis y lisis y tiene mejorías y empeoramientos diarios. A diferencia de las
demás enfermedades, la vida siempre es mortal. No tolera curas. Sería como querer
tapar los agujeros que tenemos en el cuerpo por considerarlos heridas. Moriríamos
estrangulados, nada más curarnos.
La vida actual está envenenada hasta las raíces. El hombre ha ocupado el lugar de
los árboles y de los animales y ha envenenado el aire, ha impedido el libre espacio.
Pueden ocurrir cosas peores. El triste y activo animal podría descubrir y poner a su
servicio otras fuerzas. Hay una amenaza de esa clase en el aire. El resultado será una
gran riqueza... en el número de hombres. Cada metro cuadrado estará ocupado por un
hombre. ¿Quién nos curará de la falta de aire y de espacio? ¡Sólo de pensarlo me
asfixio!
Pero no es eso, no es eso sólo.
Cualquier esfuerzo por conseguir la salud es vano. Ésta sólo puede pertenecer a los
animales que conocen un único progreso: el de su organismo. Cuando la golondrina
comprendió que su única posibilidad de vida era la emigración, aumentó el músculo
que mueve sus alas y que se convirtió en la parte más importante de su organismo. El
topo se metió bajo tierra y todo su cuerpo se adaptó a su necesidad. El caballo creció y
transformó su pie. No conocemos el progreso de algunos animales, pero habrá
existido y nunca habrá perjudicado a su salud.
En cambio, el hombre, el animal con gafas, inventa instrumentos fuera de su
cuerpo y, si quien los inventó gozó de salud y nobleza, quien los usa casi siempre
carece de ellas. Los instrumentos se compran, se venden y se roban y el hombre se
vuelve cada vez más astuto y más débil. Es más: se comprende que su astucia crezca
en proporción a su debilidad. Sus primeros instrumentos parecían prolongaciones de
su brazo y sólo podían ser eficaces por la fuerza de éste, pero ahora el instrumento ya
no guarda relación con el miembro. Y el instrumento es el que crea la enfermedad con
el abandono de la ley, que fue la creadora en toda la tierra. La ley del más fuerte
desapareció y perdimos la saludable selección. Necesitaríamos algo muy distinto del
psicoanálisis: bajo la ley del posesor del mayor número de instrumentos prosperarán
enfermedades y enfermos.
Tal vez gracias a una catástrofe inaudita, producida por los instrumentos, volvamos
a la salud. Cuando no basten los gases venenosos, un hombre hecho como los demás,
en el secreto de una habitación de este mundo, inventará un explosivo inigualable, en
comparación con el cual los explosivos existentes en la actualidad serán considerados
juguetes inofensivos. Y otro hombre hecho también como todos los demás, pero un
poco más enfermo que ellos, robará dicho explosivo y se situará en el centro de la
tierra para colocarlo en el punto en que su efecto pueda ser máximo. Habrá una
explosión enorme que nadie oirá y la tierra, tras recuperar la forma de nebulosa,
errará en los cielos libre de parásitos y enfermedades." (Italo Svevo, La conciencia de
Zeno (1926).

***

Un nuevo elogio de la estulticia


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Nada más estúpido que no escuchar una seria y real advertencia a tiempo. En 1917,
Franz Kafka y, en 1926, Italo Svevo, y, con ellos, tanto otros a los que no se les prestó
atención o se les escuchó como a artistas de feria o se les estigmatizó como a profetas
del desastre o, simplemente, se les consideró curiosidades de museo, advirtieron de
esa otra deshumanización, igual o peor que aquella que había condenado por 2.000
años al cuerpo humano a ser cárcel o ataúd de un alma que no era otra cosa que el
mismo cuerpo.
Esta vez, la advertencia era para un peligro mayor: el cuerpo sería sustituido por las
extensiones, por las herramientas, que se inventaba.

2. Desnaturalización del Homo-Humano

La evolución biológica es un proceso muy lento, extenso, complejo y casi


impredecible, que se tarda miles y hasta millones de años en producir las mutaciones
y adaptaciones necesarias para consolidar las propiedades, cualidades y operación de
un órgano o partes del mismo en los individuos de una especie, máxime de la
complejidad de la especie Homo-Humano.
La evolución cultural, por su parte, es mucho más rápida y se produce y reproduce
por la acción voluntaria o involuntaria de los Homo-Humanos, hasta el punto de
poner en peligro la sobrevivencia, reproducción y adaptaciones de la especie. Algo que
ha ocurrido con mayor frecuencia que las mismas catástrofes naturales que casi han
provocado la extinción. Ese riesgo está amenazando ahora al Homo-Humano, por una
parte, la desnaturalización del planeta, ya evidentemente demostrada. Por la otra y
mucho menos evidente, la cultura está desnaturalizando la gestación, la crianza y el
desarrollo de los recién nacidos, hasta el punto de dejarlos desprotegidos, deformados
y atrofiados, para sobrevivir, reproducirse y adaptarse a su Ser y Estar en sí mismos y
en el mundo.
En ese escenario, la especie Homo-Humano está en una encrucijada evolutiva:
tanto su cuerpo como su cerebro no están lo suficientemente adaptados para las
condiciones y circunstancias que ha desarrollado con la cultura.
Como lo están demostrando las ciencias médicas evolutivas, la evolución del cuerpo
se corresponde todavía a las condiciones ambientales del hombre de la Edad de
Piedra. Lo anterior, aun cuando no haya sido todavía estudiado por las ciencias
biológicas evolutivas, es igualmente válido, por correspondencia, para la evolución del
cerebro.
Las ciencias médicas evolutivas están demostrado que el cuerpo del Homo-Humano
actual se corresponde para las actividades físicas, la dieta alimentaria y las
condiciones ambientales de la Edad de Piedra. Lo mismo habría que demostrar sobre
el cerebro, su conformación, actividades y funcionamiento.