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INTRODUCCIÒN A LA ORACIÒN

El objetivo de los ejercicios Espirituales es facilitar un encuentro entre dos personas que se
buscan con la intención de que nuestro seguimiento de Cristo y nuestra identificación con
él sea cada vez más auténticos. Y para ello seguimos una pedagogía: la metodología
Ignaciana. Un método que esta centrado en la oración y en el discernimiento.
En nuestra vida de oración, una de las cosas más importantes a tener en cuenta es nuestra
asimilación en la oración.
Por la misma estructura de los medios de comunicación y la tecnología de la información,
nos vamos acostumbrando cada vez más a recibir gran cantidad de información y muy
variada. Al echar un vistazo al periódico, al ver la TV o consultar internet, pasan por nuestra
mente muchas imágenes, muchos datos, grandes cantidades de estímulos. Pero… ¿hasta
qué punto asimilamos lo que conocemos procesando lo que recibimos? Cuánto más lo que
tiene que ver con nuestro encuentro con el Señor; con otras palabras ¿hasta qué punto nos
apropiamos de lo que rezamos?.
San Ignacio sabe que esto es importante; por eso propone que algún tiempo de oración sea
de repetición. Este tipo de oración consiste en recoger las vivencias, los sentimientos y
pensamientos que más me hayan dicho a lo largo del día o de la semana y pasarlos de nuevo
por la oración; sea positivo o negativo: consolación o desolación. Nos ayudará a asimilar
mejor lo que más nos ha impactado del día o de la semana, volver sobre ello. La hora de
repetición parece poco importante porque ya hemos pasado por las cosas y ya las hemos
visto, pero será el momento en que nos vayamos apropiando más y mejor de por dónde
nos quiere llevar el Señor.
San Ignacio, da mucha importancia al cuidado de detalles prácticos. El lugar y la postura
eran muy importantes para el Santo: Ponerme en una postura corporal cómoda (de rodillas,
en posición de loto, de pie, sentado…) Es importante que la postura corporal sea expresión
de lo que quiero, que mi cuerpo esté diciendo lo mismo que mi mente y mi espíritu
Antes de empezar la oración, es bueno acercarme al Señor con el material que tengo para
orar, pero sobre todo con nuestra vida cotidiana, con nuestro día a día, con aspectos que
hay en el trasfondo de nuestra sensibilidad. ¿Cómo voy a realizar ahora esta vivencia
cristiana? ¿Qué voy a pedir, qué fruto intento sacar de este rato de oración, teniendo en
cuenta mi ritmo vital cotidiano? Elemento central en ese primer contacto con el Misterio es
hacer consciente delante de quién estoy: a dónde voy y a qué, diría San Ignacio; con palaras
de San Pablo, En El somos, nos movemos y existimos. En este momento es muy importante.
Dice el cardenal Martini que este es el tiempo que más hay que cuidar de toda la oración.
Se podría decir que la calidad de la oración nos la jugamos en estos momentos, en la actitud
con la que se va a ella. Por tanto, emplear en este punto el tiempo que haga falta. Es muy
importante en la oración hacernos sensibles a esta presencia. Realmente el Señor está
esperándome.
Aspecto también importante son las distracciones. Nunca hay que luchar contra ellas,
porque las distracciones somos nosotros. Por lo tanto, habría que invitarlas a la oración. La
distracción somos nosotros, nos distrae lo que somos lo que vivimos, lo que nos preocupa,
lo que nos pasa. Las distracciones hay que integrarlas a la oración. Está en Señor y tú, es
decir, también tus distracciones. Puede ayudarnos cuando nos distraigamos volver la
petición que se propone en cada uno de los ratos de oración.
Nuestra actitud en la oración. Probablemente la actitud fundamental de la oración sea la
actitud de pobreza, la oración de petición. En los salmos dos de cada tres salmos son
peticiones. Si los salmos son la oración de Israel y lo que hay ahí son peticiones, y si Jesús
cuando enseña a orar con el Padre nuestro utiliza peticiones, parece que la pobreza del que
pide es condición para acercarse a Dios. Sn Ignacio de todas las meditaciones nos propone
pedir y demandar. Es el núcleo de la oración, el objetivo que pedimos a Dios que nos ayude
a obtener. Se busca que el que hace los ejercicios la tenga como marco de referencia,
repitiéndola una y otra vez. Las peticiones es simplemente reconocimiento explícito de
nuestra pobreza.
La actitud de pobreza es la actitud de poner a contribución nuestro afecto, nuestro querer,
nuestro sentimiento; es decir, lo que soñamos, la actitud de sentirnos felices, reconciliados
con nosotros mismos, en nuestra propia pobreza, con lo que somos, sin problemas por lo
que no somos, sin frustraciones por lo que hemos dejado de ser, sin dolor por nuestras
limitaciones.
Para comprobar las actitudes que más tenemos que poner en juego en nuestra oración,
miraremos qué hace la gente en la Biblia cuando reza.

 Pedir. Lo que más se hace en la Biblia. Ya hemos dicho que dos de cada tres salmos
son peticiones. Por recordar uno texto: ciego de Jericó en el capítulo 18 de Lucas
“Señor, que vea” Pedir.
 Agradecer. La segunda cosa que se hace en la oración bíblica es agradecer.
Prácticamente un tercio de los Salmos son las oraciones de acción de gracias, de
agradecimiento.
 Escuchar. En el texto al que nos referíamos antes, Ex 33,11, no dice que Moisés
hablara con Yahweh como un amigo habla con su amigo, sino que Yahweh hablaba
con Moisés como un amigo habla con su amigo: la escucha. Del mismo modo María,
mientras su hermana se afanaba en las tareas de la casa, estaba sentada a los pies
del Señor escuchando sus palabras.
 Admirar. Asombrarme: Dios mío, qué grande eres. En Lc 10, 21-22 “gracias te doy,
Padre, porque has ocultado estas cosas a los grandes y se las has comunicado a los
sencillos”.
 Comunicar. Confiar. Jn 11,41-42. Es muy frecuente en las oraciones del A.T que las
súplicas tengan unos elementos de confianza. “Te doy gracias. Padre, porque me
has escuchado. Ya sé que siempre me escuchas.
Por eso podemos poner en la oración nuestro afecto. El afecto no se pone sobre las
verdades ni sobre las personas. Y así, detrás de la oración la sensación que nos puede
quedar es la impresión de haber escuchado, no la de haber hecho un discurso y éste es uno
de los consejos de Jesús, “Cuando oréis no seáis como los escribas”. A Dios no lo tenemos
que convencer, de nada. Simplemente el tema de la oración es ponerse a la escucha.
Por tanto, en la Biblia las actitudes más comunes son la pobreza (la oración de petición), el
agradecimiento, la escucha, la admiración y la comunicación o confianza.
Otro tema importante es el de la eficacia en la oración. Que la oración es eficaz está dicha
por activa y pasiva en el N.T. Por poner un ejemplo Lc 9,13 “Si vosotros que sois malos sabéis
dar cosas buenas a vuestros hijos, cuánto más vuestro padre celestial dará el Espíritu Santo
a quienes se lo pidan, Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá…”
La oración es eficaz y no porque convenga a Dios ni mueva a Dios, sino porque nos
transforma a nosotros mismos. La sensación que con frecuencia tenemos de que con la
oración convertimos a Dios a nuestro favor, no es correcta desde el punto de vista cristiano.
La oración no se hace para modificar la actuación de Dios, para que Dios actúe como
nosotros queremos, sino que la oración es para que Dios nos modifique, nos cambie a
nosotros.