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TEMA nº 4.

La Escuela, entre la Reproducción y el Cambio

Podríamos decir que ésta es la cuestión clave no sólo de este tema, sino de todo el
curso. Cuando los sociólogos se han dedicado al estudio del sistema educativo, sus
análisis, de una u otra forma, siempre se han dirigido a identificar en qué medida y
cómo la escuela:

- O bien sirve (función social) para reproducir el sistema social en el que se


encuentra, transmitiendo las culturas, hábitos e ideologías dominantes,
preparando a los ciudadanos para sus posteriores roles sociales (de
trabajadores, de dirigentes, etc.), incluso ayudando a reproducir la
estructura social.

- O bien sirve (función social) como elemento para transformar la sociedad,


a través de la inculcación de un pensamiento crítico que desmonta y
desvela las formas de dominación, a través de la promoción de los más
válidos, independientemente de la clase de procedencia (movilidad
social), a través del acceso masivo a la formación, etc.

En este tema vamos a abordar las diferentes propuestas teóricas y metodológicas


que han abordado estas cuestiones. Anticipando las conclusiones finales,
seguramente llegaremos al convencimiento de que la escuela, en definitiva, cumple
ambas funciones simultáneamente, sobresaliendo una u otra en función del país en
el que nos encontremos, de la época histórica, etc.

4.1. El Sistema Social

A) El Sistema Capitalista: concepto, génesis y evolución

Pero antes de saber en qué medida la escuela actúa en cada una de esas
direcciones, tenemos que conocer mínimamente cuáles son las características
esenciales de nuestro sistema social.

Nos encontramos, desde principios del siglo XIX en un sistema consolidado que
todos los autores coinciden en denominar como capitalismo. El capitalismo
surge en el siglo XVII en Inglaterra del paso de una sociedad feudal, donde el
centro no lo ocupaba la economía (sino el honor y la gloria) a otra en la que el
intercambio y los valores económicos irrumpen ocupando el centro de la
producción social. En la primera el status social venía adscrito a la familia
(noble, clérigo, plebeyo), en la segunda, en principio, a la valía y cualidades de
cada individuo.

El capitalismo es, pues, también el sistema que privilegia al individuo, por lo


que muchos autores opinan que su característica fundamental es el
individualismo, en contraposición a la prevalencia del grupo, la familia y la
comunidad que se daba en la época anterior.

Pero el capitalismo no puede entenderse exclusivamente desde su vertiente


economicista. Existen otros elementos de carácter cultural que es preciso tener
en cuenta para comprender en profundidad este sistema:

i. El espíritu del capitalismo es democrático.


El liberalismo, como ideología política, y el constitucionalismo, como
sistema político, es la base de la extensión del capitalismo, ya que sin
seguridades jurídicas es imposible un desarrollo adecuado del mismo
(Peter Berger: “La democracia no es condición sine qua non para el
capitalismo, pero no hay democracia en países no capitalistas”). Crítica:
Capitalismo Chino del siglo XXI.

ii. La racionalidad del hombre económico no es sólo funcional.


La gestión económica, la interrelación humana que supone, la
creatividad, intuición, osadía, riesgo, que toda actividad empresarial y
comercial exige, están demandando un ejercicio mental, racional, más
amplio que el puramente funcional.

iii. La raíz del espíritu del capitalismo: la creatividad.


Lo realmente decisivo es el espíritu emprendedor y una situación
sociocultural objetiva que facilite o no su ejercicio en la economía. La
creatividad económica postula la libertad de mercado y la libertad
religiosa.

iv. El individualismo comunitario.


El individualismo llega a tal extremo, que llega a convertirse en la base
de la existencia de la comunidad. “Sin respeto al individuo y la libertad
no hay auténtica comunidad”.

Podemos observar cómo los valores de la modernidad implicados en el


proyecto de la Ilustración (“Libertad, Igualdad y Fraternidad”) se ven
claramente incluidos en las bases del sistema capitalista. Otra cosa es la
serie de disfunciones que se han ido creando en el seno del capitalismo;
contradicciones internas que lo han ido minando y marcando su evolución
posterior.

De hecho, no podemos pensar que el capitalismo actual es el mismo que el


capitalismo inicial. El capitalismo ha pasado por varias fases que han ido
dejando un sello evidente en las normas y pautas culturales de nuestros
antepasados y en nosotros mismos:

- Capitalismo mercantil (o precapitalismo).


- Capitalismo industrial, con su fase posterior de capitalismo
imperialista.
- Capitalismo financiero (con varias subfases, una hasta 1945, otra
que se encuentra todavía hoy dominando).
- Capitalismo tecnológico (iniciado en la década de 1980 y que se ha
imbricado con el financiero).
- ¿Capitalismo de ficción?

Sin embargo, sea cual sea la fase en la que se encuentre, el capitalismo


mantiene su esencia, vinculada a la propiedad privada de los medios de
producción (en manos de los llamados capitalistas) y a la existencia una
bolsa de mano de obra (clase trabajadora) que tiene en la venta de su
trabajo (el empleo) la única forma de integrarse en la sociedad.

B) Sobre la estructura social: clases y status

De siempre (no sólo en la época capitalista), las sociedades humanas


aparecen internamente diversificadas en una serie de status, ocupaciones,
posiciones de privilegio o de inferioridad, niveles de posesión económica,
etc., de modo que los individuos que la componen no tienen todos una
igualdad social; ni gozan de las mismas prerrogativas, ni se ven sujetos a
idénticas desventajas. Con ello se constituyen unos niveles relativamente
homogéneos que, por variar de rango desde unas posiciones mejores a otras
peores, estructuran la sociedad en unas zonas paralelas que nos recuerdan
los estratos o capas geológicas de los terrenos. A eso es a lo que los
sociólogos denominamos estructura social.

Desde una hipotética sociedad primitiva totalmente igualitaria (que no


sabemos si existió), hasta las sociedades llamadas “históricas” que
contemplan en su interior la estructura social (y, por lo tanto, la
desigualdad), se produjo en un momento determinado un “tránsito” que ha
tratado de ser explicado por varios autores, en el estudio de lo que se
denomina el origen de la desigualdad social. Así, por ejemplo Rousseau,
opinaba que el paso fue lógico e inevitable, debido a las diferentes
capacidades de trabajo y de rendimiento de los individuos (por lo tanto la
desigualdad sería algo Natural). Por otra parte, Marx pensaba que el origen
fue impuesto, es decir, que determinadas clases aprovecharon su control
sobre determinados bienes sociales (tierra, herramientas, poder político o
religioso) para perpetuarse (por lo tanto, la desigualdad sería algo Social).

Tabla 1.- Órdenes de la desigualdad y clave temática.

ÓRDENES DE LA DESIGUALDAD CONTENIDO (las 4 Pes)


Desigualdad política PODER
Desigualdad social PRESTIGIO
Desigualdad económica PROPIEDAD
Desigualdad psicológica PLACER

Lo característico de las sociedades capitalistas es que la compresión de la


estructura social se hace a través del concepto de clase social, definido como
grandes grupos de personas que se diferencian entre sí por:

- El lugar que ocupan en un sistema de producción históricamente


determinado (de dominio y decisión o de sometimiento).

- Por las relaciones en que establecen con respecto a los medios de


producción (relaciones que las leyes fijan y reproducen).

- Por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo.

- Por el modo y la proporción en que perciben la parte de la riqueza


social que se produce de acuerdo a este papel (rentas de capital o
salario).

La división de clases no está comúnmente aceptada entre los teóricos,


máxime cuando la propiedad del capital se ha difuminado y se han ampliado
las clases directivas a profesionales no-propietarios. Además, los derechos
sociales de los trabajadores han incrementado su participación en los
beneficios de las empresas y en otros ámbitos a través de la función
redistributiva de los impuestos (Estado de Bienestar), así como por la
existencia de toda una categoría de trabajadores públicos que, en sentido
estricto, no dependen del capitalista. Por lo tanto, lo más común en la
actualidad es hablar de “estratos sociales”, sin perder de vista que algunos
autores siguen utilizando el concepto de clase.

La división en clases o estratos en el seno de una sociedad no es un hecho


simple y claramente delimitado: la estratificación social es real, pero no
aparecen con la nitidez con la que se presenta, por ejemplo, las capas
geológicas. Por el contrario, las percibimos con multitud de matices y
grados, tanto en lo cuantitativo como en lo cualitativo. Por eso, resulta
siempre artificiosa y discutible cualquier división que se haga de las clases
sociales.

A lo largo de la historia del Capitalismo, se han podido identificar diferentes


formas de estructura social:

- Estructura piramidal (Sociedades industriales incipientes).


Durante el s.XIX las clases sociales se dibujaban claramente del
siguiente modo: por una parte, una amplia mayoría (el proletariado
u obreros de cuello azul) y una pequeña minoría (la burguesía).

- Estructura de diamante (Sociedades industriales maduras). Tras


la segunda guerra mundial, y gracias al empuje del Estado de
Bienestar (Welfare State) impulsó una ambiciosa política social
pública por parte de los gobiernos de occidente. La consecuencia fue
el auge de las clases medias, y una presencia cada vez más
importante del sector servicios, y del proletariado u obreros de
cuello blanco (administrativos, profesionales...).

- Estructura dual (Sociedades tecnológicamente avanzadas). La


crisis de 1973, el aumento del déficit público, y la quiebra del
Estado de Bienestar en los años ochenta, han ido labrando el
camino para la tercera figura, una sociedad cada vez más dualizada,
donde existe una mayoría satisfecha, cada vez más acomodada y
disfrutando de los beneficios del desarrollo social y económico, y
una minoría numerosa excluida del bienestar. Los perfiles de los
excluidos, que conforman esta infraclase, subclase o nuevos pobres
serían los siguientes: parados de larga duración, madres jóvenes
solteras carentes de vivienda y de ingresos, los refugiados, los
emigrantes retornados, los trabajadores sumergidos, determinadas
minorías étnicas, etc. Lo que los identifica a todos es la situación de
extrema pobreza y la falta de perspectivas o de futuro que les hace
prácticamente imposible salir de esta situación.
La situación producida por la crisis actual, parece indicar que se
está profundizando en este proceso de dualización.

Sin embargo, los estudiosos del tema siguen empleando la segunda de las
clasificaciones, hablando de tres estratos sociales:

- Clase propietaria (empresarios y pequeña burguesía).


- Clase media (directivos y empleados cualificados).
- Clase trabajadora (trabajadores semicualificados y obreros).

Otros autores han venido hablando de “clase alta”, “clase media” y “clase
baja”, perdiendo preponderancia la posesión o no de los medios de
producción y entrando a valorar otras variables, como los ingresos
(independientemente de dónde procedan), el nivel educativo, el tipo de
ocupación, etc.

C) Una cuestión clave en términos educativos: el acceso a una clase


social u otra

Desde el punto de vista de la sociología de la educación, más allá de la


existencia de clases o estratos sociales (puesto que pocos autores piensan
que las diferencias sociales se puedan anular), lo determinante es la forma
en que un determinado individuo llega a alcanzar una posición social a lo
largo de su vida (lo que se denomina “trayectoria vital”).

Ante una estructura social dada, lo cierto es que la persona que nace
adquiere el status de la familia a la que pertenece. Pero, a partir de ahí, y
puesto que existe la movilidad social, en el discurrir de su vida podrá
cambiar esa posición, ya sea ascendiendo en la escala social, ya sea
descendiendo en la misma. En estos casos, lo cierto es que el sistema
educativo cumple una función determinante, puesto que más allá de otras
variables (por ejemplo, la herencia en términos económicos), el nivel
educativo finalmente alcanzado resulta esencial para determinar la posición
social que conseguirá ese individuo.

El que la escuela sea una institución “neutral” (es decir, que seleccione a los
mejores, sin tener en cuenta su procedencia social) o no, es una cuestión
clave, no sólo en sociología, sino desde el punto de vista de la justeza del
propio sistema social. La pregunta que debemos hacernos, en definitiva, es
si la escuela es simplemente un filtro que deja fuera a los hijos e hijas de las
clases menos pudientes (promocionando a los de las clases más elevadas), o
si, por el contrario, selecciona a los más válidos, independientemente de la
clase de procedencia. En el primero de los casos (es decir, que fuese una
institución al servicio de las clases dominantes), se pondría en tela de juicio
la pretendida igualdad del sistema social, pues se negaría la igualdad de
oportunidades de partida, ya que la trayectoria vital de cada individuo
estaría prefijada desde su nacimiento.

4.2. La Escuela como Reproductora del Sistema Social

a. Introducción

Existe una amplia escuela sociológica, de tradición neomarxista que pone el


acento en la escuela como institución que coadyuva a la reproducción social
y dedica sus esfuerzos al análisis de cómo, en el interior de la escuela, ésta
se lleva a cabo.

Para entender la cuestión de la reproducción social, vamos a recurrir a un


autor que la ha estudiado en profundidad: Pièrre Bourdieu. La reproducción
social es el fenómeno a través del cual se mantienen las estructuras sociales
(la división en clases y/o estratos) a lo largo del tiempo. La reproducción
social conlleva dos posibles dimensiones:

a) La simple reproducción de las estructuras sociales (y, por lo tanto, de


la desigualdad social), pero permitiendo trasiego de personas entre
una clase y otra a lo largo de un determinado periodo (movilidad
social ascendente y descendente).

b) La reproducción social no sólo de las estructuras, sino también de los


grupos sociales concretos, de forma que se dificulta el tránsito de las
personas entre un grupo o estrato y otro a lo largo de un
determinado periodo de tiempo.

En el primero de los casos, estaríamos hablando de un sistema desigual,


pero no injusto, ya que las posiciones sociales finalmente alcanzadas por los
individuos dependerían de sus capacidades y esfuerzos. En el segundo de los
casos, estaríamos hablando de un sistema desigual e injusto y, por lo tanto,
carente de legitimidad democrática.
b. Los autores clave

Los análisis de los neomarxistas (Bourdieu, Boudon, Baudelot y Establet,


Bernstein, Althusser, entre otros), van en la dirección de demostrar que el
sistema educativo, además de reproducir la desigualdad, es injusto, puesto
que privilegia a unas clases sociales (las acomodadas) sobre otras (las
proletarias), favoreciendo el éxito educativo de los primeros y el fracaso de
los segundos.

Resumiendo, podría decirse que la táctica empleada por la escuela consiste


en establecer dos clases de enseñanza, reservadas respectivamente para
una u otra clase social. La apariencia no es ésta, bien lo sabemos, ya que el
sistema educativo se presenta como unitario y continuo, de modo que,
terminada la enseñanza primaria, puede pasar a la secundaria, al bachiller y
luego a la superior. Pero las apariencias engañan. La prueba es que, de
hecho, no todos los alumnos que acaban la enseñanza obligatoria continúan
estudiando y pasan a las no obligatorias. Y en esa selección no existe una
neutralidad, puesto que es mucho más probable que acaben los estudios
superiores los alumnos pertenecientes a las clases más acomodadas y
medias que los pertenecientes a las clases populares. Y hay que tener en
cuenta que la enseñanza superior es la que realmente culturiza y cualifica a
los individuos, preparándoles para hablar en público, formando elites, los
mandos intermedios y los cuadros superiores de las empresas y de la
administración pública. Y, además, son las que abren la puerta de entrada a
puestos con mayores niveles salariales y mayor reconocimiento social.

De esta forma, los miembros de las clases proletarias sólo habrían accedido
a una educación de primer nivel, en la que se introducen una serie de
hábitos y valores adecuados a lo que se espera de ellos en el mundo del
trabajo: obediencia, sumisión, respeto a la autoridad, hábitos horarios, etc.

El Informe COLEMAN
El origen del Informe está en la Ley sobre Derechos Civiles de 1964 en USA.
Se realizó el estudio en 4.000 escuelas, en 50 estados y a 60.000 profesores
y directores. La finalidad de la encuesta era conocer las desigualdades reales
para posteriormente reorientar la política educativa. Se buscaban las
fuentes, el origen y las dimensiones de la desigualdad real de oportunidades
educativas por razón de raza, clase, religión y origen nacional.

Resultado de su investigación: Identifica la “privación cultural familiar” y no


otro tipo de input educativo, como la principal causa de las desigualdades
educativas. Los recursos materiales que suministraban las escuelas tenían
escasa relevancia con respecto al rendimiento escolar; la influencia decisiva
era la extracción social.

Por tanto, se produce un enfriamiento de las expectativas reformistas de los


años 60´s. Proporcionaban la explicación de un fracaso de los programas de
educación compensatoria basados en los inputs de las escuelas (gastos por
alumno, ratio de alumno/profesor).

No es suficiente el papel pasivo de la escuela para garantizar la Igualdad de


Oportunidades. Insiste en que debemos diferenciar la igualdad de
oportunidades de acceso, de la igualdad de oportunidades (“ouputs”)
escolares. Es necesaria pero no suficiente porque el simple acceso de todos
los niños a la escuela no garantiza., dadas las desigualdades de origen, una
efectiva igualdad de oportunidades de aprendizaje.

Jenks
Principal resultado del estudio es la demostración de la separación entre las
distribuciones de las posiciones educativas y las de los status ocupacionales
y de ingresos. Para este autor las reformas educativas de poco sirven para
facilitar la movilidad social y, sin embargo, sí que tiene incidencia el origen
social familiar.
En este sentido, el origen familia, o incluso la “suerte”, explican más la
varianza en los ingresos o en los status ocupacionales finalmente alcanzados
por los estudiantes que el nivel educativo.

Por ello, este autor aboga por abandonar la idea de que la escuela es un
instrumento útil para la igualdad social y pasar a considerarla como un fin en
sí misma.

Bernstein
A la hora de establecer los mecanismos internos a través de los cuales se
produce esa selección no neutral, ha sido Bernstein el que ha lanzado una
teoría que ha tratado de explicarla: los códigos lingüísticos. Según
Bernstein, las clases sociales emplean dos códigos lingüísticos diferentes:

- El Código Elaborado, basado en la abstracción en el lenguaje y en la


aplicación de la lógica racional en la resolución de problemas. Es
universalista (utiliza conceptos globales), está enmarcado en el
ámbito de la reproducción (ideológica, reproducción del control
simbólico) y es empleado por la clase dirigente.

- El Código Restringido, que depende sustancialmente del contexto y


es particularista y utiliza los automatismos aprendidos en la
resolución de problemas. Está enmarcado en el ámbito de la
producción (material) y es empleado por la clase trabajadora.

La escuela (los maestros y otros educadores) emplea el código elaborado,


por lo que los hijos de las clases modestas presentan más dificultades para
tener éxito en el sistema educativo. De esta forma, se produce una
selección, en apariencia natural, pero que en realidad privilegia a los hijos de
familias acomodadas. Esta apariencia de “naturalidad” (“a cada uno según
sus capacidades”) es lo que ayuda a legitimar el sistema educativo.

(Se puede profundizar en “El fracaso escolar desde la perspectiva


sociológica”, Quintana Cabanas, página 204 y ss.)

Baudelot y Establet
La gran aportación de Baudelot y Establet es el análisis de las “redes
educativas”. El análisis del funcionamiento de la Escuela Primaria muestra
que es el lugar principal en el que se efectúa la división en dos redes de
escolarización de clase, que a su vez, reproduce la división social en dos
clases: la del obrero manual y la de las profesiones intelectuales. Estas dos
redes son:

- La Red Primaria Profesional: centrada en transmitir lo fundamental


para la reproducción de la clase obrera, como leer, escribir, contar,
además de inculcar los valores que le son propios (obediencia,
repetición de conocimientos y tareas, sin sentido crítico, etc.).
- La Red Secundaria Superior: centrada en transmitir los contenidos
propiamente científicos necesarios para ejercer los roles propios de
las clases dominantes en los ámbitos político, económico y social.
Igualmente, se trata de poner en práctica un pensamiento crítico y
creativo, no sometido a los cánones previamente establecidos.

Para estos autores, es en la Escuela Primaria donde se decide la orientación


de los individuos hacia una u otra red. Si aplicamos la metáfora ferroviaria,
es la escuela primaria la encargada de distribuir el tráfico, aunque no
debemos de pensar que esta decisión se produce al final del ciclo, sino que
se va efectuando a lo largo de toda la escolarización.
Por esa razón, el alargamiento de la escolarización obligatoria no sólo no
conduce a la eliminación de las redes educativas opuestas, sino que la
refuerza, porque la división no tiene lugar al final, sino al principio de la
escolarización obligatoria.

SISTEMA EDUCATIVO EN ARAGON:


http://www.educaragon.org/guiaeducativa/guia_educativa_general.asp

Como podemos observar, se pueden unir las dos propuestas (Bernstein y


Baudelos y Establet) y considerar que la selección realizada en primaria se
efectúa atendiendo a los códigos lingüísticos. Cuando determinados alumnos
(normalmente de clase baja) se ven abocados a la red primaria profesional,
en ese espacio se vuelven a recuperar las claves del código restringido,
mucho más adaptadas a estas categorías sociales.

Boudon
Se centró especialmente en el estudio las desigualdades educativas, como
promotoras de la reproducción de la desigualdad social. En la parte positiva,
reconoce que el aumento de las tasas de escolarización en las sociedades
industriales favorece que disminuya la proporción de clases bajas con un
nivel de estudios mínimo, e incluso que dichas clases sociales ganen más en
términos absolutos (lentamente pero se van disminuyendo las desigualdades
educativas entre clases).

En este sentido, llega a afirmar que el nivel educativo es tanto más


determinante del status adquirido cuanto más bajo es el origen social del
individuo. Es decir, el nivel educativo es más determinante para las clases
bajas (evidentemente, para aquellos “pocos” individuos que han alcanzado
los estudios superiores) que para las clases altas, a las cuales sirve
simplemente para “legitimar” su status (en este caso, coincide el adquirido
con el heredado).

Partiendo de una crítica a los modelos educativos franceses, llegan a la


conclusión de que, aunque éstos funcionen de facto como sistema de
reproducción, por lo que no asegura ni la movilidad social ascendente ni la
reducción de las desigualdades sociales, no hay oportunidades sin
educación. LA EDUCACIÓN es CONDICIÓN NECESARIA pero NO SUFICIENTE
para la movilidad ocupacional y social.

4.3. La Escuela como Transformadora del Sistema Social

a. Introducción

Pero existe otra serie de autores que desde perspectivas igualmente marxistas
o neomarxistas abordan las posibilidades que ofrece el sistema educativo como
medio de transformación social. De la misma manera, incluimos en este
apartado otros autores de tendencias más liberales o conservadoras que
también analizan la escuela como transformadora social, pero desde el punto
de vista de la movilidad social. En el primero de los casos, apostarían por una
transformación de las estructuras sociales; en el segundo, manteniendo las
estructuras desiguales, promueven que la escuela proporcione una verdadera
igualdad de oportunidades a través de la movilidad social.

b. Las Teorías del cambio y transformación del sistema social

Una simple mirada a la Historia de la Humanidad nos lleva a la conclusión de


que la renovación y la transformación son inherentes a la vida social. Todo
sistema social está cambiando constantemente.

En este sentido, es útil definir el cambio social como un cambio en la estructura


social (incluyendo los cambios en las dimensiones de una sociedad) o como un
cambio en las instituciones sociales particulares o en las relaciones entre esas
instituciones.

El cambio social viene a traducirse en cambios culturales y en cambios


estructurales:

- Los cambios culturales pueden afectar a una amplia gama de esferas,


como los valores (actitud, religión, estética, etc.), las normas (el
comportamiento sexual), las relaciones sociales (concepción de la
autoridad, planteamientos laborales, los medios de comunicación social,
situación de las clases sociales, etc.), tipos de asociaciones, ideologías,
la ciencia, la tecnología, la instrucción, etc.

- Los cambios estructurales son los que se refieren a las instituciones


(familia, escuela), la organización económica (industria, comercio) y la
vida política (cambio de régimen, etc.).

Tal vez el cambio cultural es primario y decisivo, pero dado que viene tan
condicionado por las variaciones estructurales, lo más acertado es decir que
ambos tipos de cambio se implican, se ocasionan y se siguen mutuamente en
un fenómeno complejo que denominamos precisamente “cambio social”. La
dirección que toma el cambio social viene determinada por las fuerzas sociales
operantes en cada momento histórico.

Acabamos de ver que el cambio social viene ligado al cambio cultural. La


educación tiene que ver directamente con la promoción, renovación e invención
cultural; en este sentido, la educación se presta a ser un poderoso agente de
cambio social. Ahora bien, al operar sistema educativo al servicio de las fuerzas
de poder imperantes en el sistema social, es esencialmente conservadora, en
este sentido, por lo que suele ser muy poco eficaz a la hora de realizar la
función renovadora. Éste es el dilema y ésta es la realidad.

Una visión histórica de los cambios sociales nos hace comprender, sin embargo,
que las génesis de las ideas transformadoras se han dado al interior del sistema
educativo, aunque no precisamente en sus niveles más bajos, sino
principalmente en los de la educación superior. Todas las grandes revoluciones
han surgido de las teorías de algún filósofo y en casi todas las sociedades es el
sector intelectual (escritores, profesores, estudiantes) el que resulta más
progresista y contestatario.

En este sentido, nos tenemos que hacer una pregunta en torno a las teorías
previas de la doble red educativa: en la educación primaria y secundaria, a la
que acuden todos los alumnos, se procesa una pedagogía más cercana a
transmitir sometimiento a la jerarquía, al orden, la disciplina, el recitar (repetir)
lo que previamente se enseña como verdad absoluta. Sin embargo, conforme
se sube en el nivel educativo (grados a los que suelen acceder en mayor
medida las clases acomodadas y dominantes) se abre la puerta a la crítica, al
libre pensamiento, a la creatividad, a la puesta en duda de lo dato por
supuesto.

Estas reflexiones también nos han de hacer pensar en el papel del profesorado
como agente de cambio. Las creencias, sentimientos y prejuicios de los
profesores constituyen la atmósfera de un contexto educativo; son los factores
que determinan el tipo de vida que se desarrolla en su interior. En este sentido,
“no pueden darse innovaciones importantes en materia educativa si no tienen
como centro las actitudes de los/as maestros/as”.

Otra línea de análisis es la que presenta a la escuela como factor sobre el que la
política tiene que actuar para “provocar” el cambio social. En esta situación nos
encontramos ahora, en la que se exige al sistema educativo que forme a los
jóvenes que deberán liderar la nueva sociedad, la nueva política de la
gobernanza, la nueva economía del conocimiento, etc. a la que estamos
abocados.

La posibilidad de la educación como agente de transformación social que incida


en el cambio de estructuras sociales, se ha dado especialmente en el ámbito de
las ciencias humanas sudamericanas. El gran teórico fue Paulo Freire
(“Pedagogía del Oprimido”), pero se concretó en las propuestas de Educación
Popular, centradas en procesos de comprensión de la propia realidad por parte
de las personas o colectivos que viven bajo la opresión o el sometimiento. A
partir de ese análisis de la realidad, se propone un diagnóstico crítico, que
permita conocer las lógicas sociales, económicas y políticas que dan forma a
las estructuras sociales y que configuran los elementos sobre los que se
asientan las dominaciones, para, posteriormente, iniciar actuaciones de
transformación y liberación.

Esta forma de entender el conocimiento influyó incluso en la propia Sociología,


desarrollando metodologías complementarias a las educativas, que dieron lugar
a lo que se denominó “Investigación-Acción-Participativa”.

c. La educación y la movilidad social

Pitirim Sorokin define la movilidad social como el paso de los individuos o


grupos de una posición social a otra. Hay movilidad horizontal, como puede ser
el trasvase de personas del campo a la ciudad o los cambios de profesión o de
partido político. La movilidad vertical consiste en el ascenso o descenso que
realizan los individuos en la estratificación social. Ahora bien, al estudiar la
movilidad vertical podemos proceder de dos formas distintas. Podemos
examinar, en primer lugar, los desplazamientos que se producen a lo largo de la
vida de los individuos: estaremos entonces analizando la movilidad
intrageneracional, la movilidad que experimentan los miembros de una misma
generación a lo largo de su vida. Podemos también observar los cambios de
posición social de los hijos en relación con sus padres, a lo que se denomina
movilidad intergeneracional: en este caso, lo interesante es comprobar hasta
qué punto los hijos comparten o no la misma posición social (las mismas
categorías ocupacionales) que sus padres o abuelos.

Desde siempre, la educación ha sido un importante medio de promoción social


de los individuos, a través de su promoción profesional. Y podría decirse que
éste es el origen de la enorme demanda actual de educación, pues se estima
que la educación constituye el medio más eficaz y seguro (y al alcance de la
mano) para la ansiada promoción social de la persona.

La educación promueve la movilidad social ascendente (a través del éxito


educativo) la movilidad social descendente (a través del fracaso educativo). Y lo
hace imprimiendo en la historia vital del alumno una serie de atributos que
vienen marcados por el currículum que va adquiriendo que, por otra parte,
conlleva su recompensa en el mercado laboral. Por eso, los siguientes temas
que vamos a abordar son precisamente esos dos: la teoría del currículo y la
relación entre el sistema educativo y el sistema económico.