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Fernando Alvarez-Uría

Julia Varela

ffi Morata
I
il
n

CAPITULO VIII

La precarización del trabajo asalariado

En el primer trimestre del año 2009, es decir, tras el estallido de las grandes
bolsas del mundo y la declaración de crisis del capitalismo financiero, la pobla-
ción activa española ascendía a más de veintitrés millones de trabajadores, de
los cuales, cerca de tres millones y medio estaban parados. La distribución de los
trabajadores por sectores de ocupación, según las cifras oficiales en el momento
en el que se produjo el crash, era la siguiente: un 4/" de la población activa tra-
bajaba en la agricultura; un 15% en la industria; un 11% en la construcción; y cer-
ca de un 70o/" en el sector de los servicios. El crecimiento del desempleo invertía
la tendencia en España de una creación de7,5 millones de empleos en los últi-
mos doce años, de los cuales cerca de tres millones eran trabajadores emigran-
tes. La precarización del empleo, la extensión del desempleo, el crecimiento del
paro, la crisis del trabajo asalariado, afecta a los derechos de los ciudadanos y a
la calidad de la democracia. Para analizar las repercusiones laborales de la crisis
financiera que estalló en la economía global, para hacer un diagnóstico de nues-
tro tiempo, reivindicamos, a diferencia de muchos sociólogos anclados en el pre-
sente, la necesidad de recurrir a la historia para comprender la dinámica social
actual. En realidad, querámoslo o no, tanto nosotros como las instituciones socia-
les en las que nacemos, nos movemos, y nos desarrollamos, estamos marcados
por la historia. En buena medida somos producto del pasado, y nuestras acciones
t¡ omisiones en el presente tendrán repercusiones en el futuro de la sociedad. Por
tanto, para comprender los retos que plantea a nuestras sociedades la actualcri-
sis del trabajo asalariado es necesario remontarse a los procesos que están en
su génesis, a procesos de larga duración.
En este capítulo nos vamos a limitar a presentar cuatro escenarios secuen-
ciados en el tiempo, estudiados por antropólogos y sociólogos del trabajo.
Comenzaremos por el análisis que realizó Friedrich Errreels sobre la naciente
revolución industrial, eltrabajo de fábrica y el nacimiento del movimiento obrero,
en la lnglaterra del siglo xrx. En un segundo momento nos aproximaremos a los
Estados Unidos de los años veinte del siglo xx, momento en el que Nels Anoen-
so¡,¡ realizó, en el Departamento de Sociología de la Universidad de Chicago, una

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156 Sociología de las instituciones

investigación sobre los trabajadores que combinaban tiempos de actividad labo- Uno de
ral con tiempos de ausencia de trabajo, los hoboes. En un tercer momento pre- situación
sentaremos el análisis genealógico realizado por Robert CRsrel sobre el retorno que
de la cuestión socialen las últimas décadas y las transformaciones de la socie- ca del r
dad salarial. En fin, por último, nos aproximaremos a algunos estudios de socio- de vida de
logía del trabajo que se refieren a la situación actual, realizados por el sociólogo recurso a
norteamericano, y también profesor de sociología en la London School of Econo- dios de los
mics and Political Science, Richard Ser'¡ruerr. vicio del
tanto que
de fábrica.
Nacimiento del sistema de fábrica Las
observación
En la actualidad seguimos siendo herederos de dos revoluciones que tuvie- tros para
ron lugar en el último tercio delsiglo xvrrr: la Revolución lndustrialy la Revolución rios, desde
Francesa, es decir, la revolución del sistema productivo, y la revolución política oficiales.
democrática. Aún más, desde la Revolución Francesa hasta hoy el gran proble- documentos
ma de nuestras sociedades occidentales es ¿cómo una sociedad de mercado, miento abstrffi
una sociedad productiva, enormemente productiva que se basa en la industria casas, deobserrrq
moderna, en el sistema de fábrica, en la división social del trabajo, puede gene- a vuestras mÉn
rar tantas desigualdades sociales que contradicen sus señas de identidad pues, elpoder polítiaya
por imperativo constitucional, la democracia, la igualdad, la fraternidad, en fin, el mejan a primera g
ideal de una sociedad justa, constituyen la meta a alcanzar? res sociales, cútm¡
Adam SvttH, y con él los representantes de la llamada llustración Escocesa,
n
creyeron haber encontrado la solución a este problema a partir del trabajo, pues
doctor Vru-enuÉ f
fueron ellos quienes sostuvieron, como ya sabemos, que el trabajo es la fuente
permitió ver obu t
de la riqueza. La ociosidad, el no trabajo, las manos muertas, representadas por
aún más para los 4
de objetivación de hl
el clero y la nobleza, pasaron así a constituir laraíz de la pobreza. Por lo tanto los racionalidad anñcTd
adalides del pensamiento liberal no sólo fueron los grandes fustigadores del Anti- hecho así: abanffi
guo Régimen, de las clases ociosas, de la nobleza, del clero, de esas clases ne de las c/ases nrw
parasitarias que vivían sin trabajar, y que por tanto vivían del trabajo de los
demás, sino que fueron también los promotores de sociedades articuladas en tor-
a establecer relm
escribe: Tuve, W y,s
no a la nobleza del trabajo productivo. Para ellos vivir sin trabajar era inmoral e nes y vinculaciotw I
incompatible con un estatuto de ciudadanía. Plantearon por tanto una utopía pro-
res, sus alegrías. y a
ductivista, una propuesta de transformación social basada en eltrabajo:todos de- uso de las neceffiw
bemos trabajar porque la sociedad se construye a partir de encontrar fuentes
Erucels quiere ca
de sustento, de abrigo, es decir, de dar satisfacción a las múltiples necesidades de
los seres humanos mediante la producción de bienes y su libre intercambio. Bajo
nado inglés. Sólo s
la utopía liberal subyacía la creencia de que la sociedad industrial era capaz de
ser estudiado en tffi
lnglaterra donde naa
generar una gran riqueza y que, en la medida en que las clases parasitarias desa-
que en ningún otro u
pareciesen, todos los problemas se solucionarían. De hecho Adam Smru, frente
ciones desconocidas
a los representantes de la teoría del pacto social, (como Hoaees y Locxe, que
inglés, planteaba tar:
explicaron a través del pacto el proceso de constitución de la sociedad, pero no
Alemania y para obo{
las mejores condiciones para su desarrollo), encontró en la centralidad del traba-
jo y en el desarrollo del mercado una alternativa para la gestión permanente de la da del capitalismo inc
Hay en eltraba¡o
sociedad. Siel mercado es central, tanto el mercado laboralcomo el mercado de
la economía política
los intercambios, entonces la sociedad funcionará casi automáticamente, será
suficiente un Estado mínimo, y la sociedad de mercado solventará todos los gran-
des problemas heredados de la época del absolutismo político. t Cf. Friedrich E¡ro= .

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iología de las instituciones La precarización del trabajo asalariado 't57

rs de actividad labo- Uno de los primeros libros destinado a impugnar esta utopía liberal lue La
ercer momento pre- situación de laclase obreraen lnglaterra, que se publicó en marzo de 1845, y
irEL sobre el retorno que Erueers dedicó a los trabajadores de Gran Bretaña. lnvierte por tanto la lógi-
aciones de la socie- ca del reformismo social, de la economía social, que estudiaba las condiciones
s estud¡os de socio- de vida de las clases populares para proporcionar a las clases dominantes el
dos por el sociólogo recurso a mecanismos más afinados de control social. A diferencia de los estu-
on School of Econo- dios de los economistas sociales, la investigación no está en este caso al ser-
vicio del poder de los gobernantes, sino de un contrapoder, el proletariado, en
tanto que clase que sufre la violencia de la explotación capitalista en el sistema
de fábrica.
Las fuentes principales de las que se sirviÓ Er.¡erls para su ensayo fueron la
observación directa, la observación participante, (he vivido bastante entre voso-
cluciones que tuvie- tros para conocer algo de vuestra situación), y toda una serie de datos secunda-
;trialy la Revolución rios, desde trabajos periodísticos y cuadros estadísticos, hasta algunos informes
a revolución política oficiales. Como él mismo escribe he estudiado, cuando me fue posible, los varios
r hoy el gran proble- documentos oficiales y no oficiales; no me contenté con esto; más que elconoci-
ciedad de mercado, miento abstracto de mi asunto sentí la necesidad de veros en vuestras mismas
basa en la industria casas, de observaros en vuestra vida cotidiana, de charlar con vosotros respecto
rabajo, puede gene- a vuestras condiciones de vida y sufrimiento, de asistir a vuestras luchas contra
s de identidad pues, el poder político y social de vuestros opresores. El tono de estas palabras se ase-
raternidad, en fin, el mejan a primera vista a las que aparecen en los escritos de algunos reformado-
res sociales, como por ejemplo en los estudios emprendidos en Francia por el
ustración Escocesa, doctor VrLLeRn¡É, pero Erueels adoptó una posición en el campo de estudio que le
rtir del trabajo, pues permitió ver otras realidades que resultaban invisibles para los reformadores, y
trabajo es la fuente aún más para los representantes de la economía política. El proceso sociológico
;, representadas por de objetivación de la situación obrera está en este caso al servicio de una nueva
'eza. Por lo tanto los racionalidad anticapitalista. El propio Erueels nos indica desde donde mira: He
rstigadores del Anti- hecho así: abandoné la compañía, los convites, elvino de Oporto y el champag-
¡ro, de esas clases ne de las clases medias, y he dedicado mis horas de ocio, casiexclusivamente,
r del trabajo de los a establecer relación con simples trabajadores. Y ya en el primer prefacio al libro
:s articuladas en tor- escribe: Tuve, por veintiún meses, ocasión de conocer de cerca, por observacio-
rbajar era inmoral e nes y vinculaciones personales, al proletariado inglés, sus esfuerzos, sus dolo-
anto una utopía pro- res, sus alegrías, y después pude completar lo que había observado mediante el
eltrabajo:todos de- uso de las necesarias fuentes auténticas1.
e encontrar fuentes Erueels quiere dar a conocer las verdaderas condiciones de vida del proleta-
ples necesidades de
riadoinglés. Sólo en lnglaterra, escribe en la lntroducción, el proletariado puede
re intercambio. Bajo ser estudiado en todas sus vinculaciones y sus diferentes aspectos porque es en
ustrial era capaz de lnglaterra donde nació la revolución industrialy se desarrolló el proletariado más
s parasitarias desa- que en ningún otro lugar de Europa. Pero, al hacer visibles las inhumanas condi-
Adam SurH, frente
ciones desconocidas de explotación en las que vivía la mayoría del proletariado
oBBES y Locre, que inglés, planteaba también un trabajo de anticipación, de prospectiva social para
a sociedad, pero no
Alemania y para otros países europeos que comenzaban a adentrarse por la sen-
entralidad deltraba-
da del capitalismo industrial.
in permanente de la
Hay en eltrabajo de E¡¡eels una toma de posición contra las abstracciones de
:omo el mercado de
la economía política, una sensibilidad ante la injusticia y el sufrimiento de los tra-
omáticamente, será
ttará todos los gran-
p. 1 Cf. Friedrich Er.¡cels, La situación de la clase obrera en lngtaterra, Madrid, Akal, 1976, pág.
25.

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158 Sociología de las instituc¡ones La precarización del trabaiJ

bajadores, es decir, una falta de neutralidad, que en absoluto suponía abandonar nes de trabajo, el trá
un proceso de objetivación. Es esta voluntad de verdad la que le permite desafiar horrenda situación de
a la burguesía inglesa a que me pruebe siquiera en un solo hecho que de algún letariado, en íntima re
modo sea de importancia para el punto de vista general, una inexactitud2. Aún supone una profunda I
más, al adoptar E¡¡eEls una posición enfrentada a la gran mayoría de los infor- trascendent al i m portat
mantes de clases medias, comprueba justamente la parcialidad de la que hacen singularidad que supc
gala sus informes: los liberales hacen resaltar la miseria de los distritos agrícolas, hecho de que los ingk
pero buscan disimularla en los distritos industriales, mientras que, por el contra- los trabajadores, si bi
rio, los conservadores reconocen la miseria de los distritos industriales, pero no asunto.
quieren saber nada de las regiones agrícolas3. La situación de Ia
Sabemos que Eruerls estuvo en lnglaterra entre noviembre de 1842 y sep- la percepción de un fe
tiembre de 1844, y que el primer encuentro entre Erucels y Mnnx se produjo en ción industrial, sino qr
Colonia en el otoño de 1842, cuando ErucEls ya preparaba su primer viaje a Man- que en esta revoluciór
chester. También sabemos que ese primer encuentro entre los dos grandes bio, y a la vez objeto t
representantes del llamado socialismo científico fue más bien frío y tenso. Mnnx en la última mitad da
y Erucels se volvieron a encontrar en París en agosto de'1844, ¡ustamente cuan- vapor y de las máquin
do Erucels regresaba de lnglaterra con una valiosa documentación y una amplia tos dieron, como es s¿
experiencia de conversaciones y debates con los trabajadores. En este caso el ción que transformó at
encuentro con Mnnx fue mucho más cordial, y en noviembre de ese mismo año portancia para la hista
escribía a Mnnx desde Alemania que estaba trabajando en periódicos y libros lnglaterra es el terreno
ingleses para redactar su libro sobre la situación de la clase obrera en lnglaterra. te cuanto más silencb,
Mnnx y E¡¡cels habían escrito en París el prólogo de lo que más tarde sería La el desarollo del princi¡
santa familia, es decir, un libro de ruptura con la izquierda hegeliana. En torno al ción no es sólo un obje
15 de marzo de 1845 el libro de E¡rcEr-s sobre las condiciones de vida de las cla- el sociólogo mediante
ses trabajadoras en lnglaterra estaba terminado. Constituye, por tanto, una de las agente social que pro(
primeras expresiones del materialismo histórico al servicio de la explicación de explotación, y que puec
los fenómenos sociales, un libro que jugó un importante papel en la propia for- trabajo sociológico de
mulación del marxismo, en lo que MencusE conceptualizó como el tránsito de /a silenciosa a una revolu
filosofía social a la teoría sociala. bajo un silencio que, a
Cuando Erueels escribió su libro tenía veinticuatro años, y la perspectiva his- los sujetos de la acción
tórica que adoptó le permitió contemplar, no sólo el nacimiento de la burguesía, Erucrls liga íntímam
sino también entrever su declive, analizar no sólo la miseria del proletariado, sino una revolución que se o
también anticipar su futura emancipación, y en este sentido contribuir a una futu- cashire, James Hargrea
ra sociedad más justa. E¡¡cels quiere levantar acta de un proceso histórico, de vez de un huso tenía de
ahí que analice las transformaciones que se están produciendo en las condicio- ro. A partir de ahora et I
dores. La primera cons
rataron, por lo que la d
2 Cf. Friedrich ENcELS, La situación de la clase obrera en lnglaterra, op. cit., pág.30.
3 Los principales escritos de los que se sirvió E¡¡cels fueron panfletos o libros de autores tales demanda de mano de d
como J. P. Knv, Peter G¡srell, Dr. Andrew Une, J. C. Svrr¡orus, Sir Archibald ALrsoN y James Le¡cH. dos por la introducción r
También tuvo acceso alos Factories Enquiry Commissions Reports que sirvieron de fuente princi- dores: Poco a poco dese
pal de dos o tres capítulos del libro. Entre los periódicos destacan el Manchester Guardian y el Nor- formó en una clase de
thern Star. No faltan tampoco los informantes cualificados, los denominados líderes de opinión. ninguna propiedad, nis
Precisamente ENGELS conoció a G. J. H¡n¡¡ey, cartista y editor del Northern Slar en Manchester, un
periódico que le sirvió como una importante fuente de información. También conoció a otro activo se convirtieron en probt
cartista, James Le¡cH, autor del panfleto titulado Stubborn Facts from the Factories publicado en partir de esta proletariz:
1844, y a qu¡en Erueels califica elogiosamente como un hombre honesto, en el que se puede con-
f¡ar, y de gran capacidad. Un buen amigo en Manchester fue John Werrs, socialista y seguidor de
Robert OweN. 5 Cf. Friedrich ENGELs,
¿á
a Cf. Herbert M¡acusr, Razón y revotución, Madrid, Alianza Ed., 2003. 6 Cf. Friedrich Er.¡eerc. la

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niología de las instituciones La precarización del trabajo asalariado 159

o suponía abandonar nes de trabajo, el tránsito de la idílica y para siempre perdida aldea hacia una
ue le perm¡te desafiar horrenda situación de trabajo en las fábricas. Para presentar la génesis del pro-
) hecho que de algún letariado, en íntima relación con la revolución industrial, pone de relieve lo que
tna inexactitudz. Aún supone una profunda trasformación de toda la sociedad burguesa, un cambio de
mayoría de los infor- trascendental importancia para la historia mundial. Erucels es consciente de la
lidad de la que hacen singularidad que supone su investigación cuando expresa su sorpresa ante el
bs distritos ag rícolas, hecho de que los ingleses no posean todavía un solo tibro sobre ta situación de
as que, por el contra- los trabajadores, si bien desde hace ya quién sabe cuantos años estudian et
: industriales, pero no asunto.
La situación de la clase obrera no sólo es novedosa en lo que se refiere a
mbre de 1842 y sep- la percepción de un fenómeno social de gran envergadura como fue la revolu-
¡ MeRx se produjo en ción industrial, sino que también lo es en lo que respecta al papel estratégico
;u primer viaje a Man- que en esta revolución estaba llamada a jugar la clase obrera, sujeto del cam-
fire los dos grandes bio, y a la vez objeto del libro. La historia de la ctase obrera inglesa comienza
en frío y tenso. Mnnx en la última mitad del siglo pasado con el descubrimiento de ta máquina de
44, justamente cuan- vapor y de las máquinas para la elaboración del algodón Esfos descubrimien-
:ntación y una amplia tos dieron, como es sabido, impulso a una revolución industrial, a una revolu-
ves. En este caso el ción que transformó al mismo tiempo a toda la sociedad burguesa, y cuya im-
re de ese mismo año portancia para la historia mundial solamente ahora comienza a ser reconocida.
n periódicos y libros lnglaterra es el terreno clásico de esta revolución, que avanzó tanto más poten-
,obrera en lnglaterra. te cuanto más silenciosa, y por eso es lnglaterra también ta tierra clásica para
e más tarde sería La el desarrollo del principal producto de tal revolución: el protetariados. La pobla-
egeliana. En torno al ción no es sólo un objeto histórico de estudio susceptible de ser analizado por
es de vida de las cla- el sociólogo mediante métodos y técnicas de investigación, es también un
, por tanto, una de las agente social que produce riqueza, que sufre determinadas condiciones de
de la explicación de explotación, y que puede asumir su propio destino de forma consciente. Todo el
apel en la propia for- trabajo sociológico de E¡¡cels estriba en ayudar a pasar de esa revolución
pmo el tránsito de /a silenciosa a una revolución consciente al explicitar las fuerzas que se mueven
bajo un silencio que, en gran medida, perpetúa la ignorancia de una parte de
, y la perspectiva his- los sujetos de la acción social.
¡nto de la burguesía, Erucels liga íntimamente la revolución industrial a la revolución tecnológica,
delproletariado, sino una revolución que se concentra en torno a 1764. En este año el tejedor de Lan-
contribuir a una futu- cashire, James Hargreaves, inventó un torno para hilar, la famosa Jenny, que en
proceso histórico, de vez de un huso tenía de 16 a 1B husos que podían ser movidos por un solo obre-
rndo en las condicio- ro. A partir de ahora el hilado era más de lo que podía ser tejido por tos trabaja-
dores. La primera consecuencia de esta invención fue que los tejidos se aba-
rataron, por lo que la demanda creció, y por tanto se incrementaron tanto la
p. cit., pá9.30. demanda de mano de obra como los salarios. Los cambios en cadena provoca-
s o libros de autores tales
y James Leacn.
¡Jd A¡-tsor.r
dos por la introducción de la Jenny hicieron desaparecer a los agricultores-teje-
sirvieron de fuente princi- dores: Poco a poco desapareció la clase de los tejedores-agricultores y se trans-
>hester Guardiany el Nor- formó en una clase de simples tejedores que vivían de su salario, no tenían
rados líderes de opinión. ninguna propiedad, ni siquiera la aparente posesión de un arriendo, y con esto
m Staren Manchester, un
cién conoció a otro activo
se convirtieron en proletariosg. Nacimiento por tanto del proletariado industrial a
rc Factor¡es publicado en partir de esta proletarización del campesinado, pero al mismo tiempo la Jenny
, en el que se puede con-
;, socialista y seguidor de
cf Friedrich Er.roels, La situación de Ia clase obrera en lngtaterra, op. cit., pág.33.
6 Cf. Friedrich Er.¡cels, La situación de la clase obrera en tngtatena,
t. op. cit., pá!.36.

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-u
160 Sociología de las instituciones La precarización del traba

desencadenÓ en el mundo rural un fenómeno nuevo: el nacimiento del proleta- la industria delalgo<
riado agrícola. Librados los obreros industriales de la agricultura, un gran núme- más de 700.000 hal
ro de parcelas de terreno quedó libre y sobre ellas se estableció una nueva cla- había más de un m
se de grandes arrendatarios, que tomaban en arriendo cincuenta, cien, lana el desarrollo fur
doscientos y más acres. Estos nuevos propietarios agrícolas podían vender sus se hicieron 75.000 F
productos a mejor precio que el pequeño yeomen, y a éste no le quedaba otro y la producción sigt
recurso, porque su parcela no le bastaba, que venderla para procurarse una porciona también in1
Jenny o un telar, o entrar como asalariado a jornal, o proletario de los campos, tos en cadena que s
junto al gran arrendatarioT. la máquina de vapoi
Sin duda el panorama que presenta Eueels en La situación de la clase obre- hierro pasó de 17.0(
ra en lnglaterrano carece de sesgos y limitaciones. Por ejemplo, la visión un tan- vo los descubrimien
to edulcorada del campesinado no resiste el análisis histórico, quizás se excede brió un nuevo méto<
en una visión idealizada del pasado para tejer más vivamente sobre ese telón de batido. En 1790 Hur
fondo los negros contornos de la miseria de su tiempo. Se implica tanto en la ro. Las vías de com
observación que, en ocasiones, es posible incluso percibir un cierto tinte racista terra no tenía casi n
en sus análisis. Y así, refiriéndose al pequeño yeomen, habla de su innata pere- 2.200 millas de cana
za y el método descuidado de cultura delterreno que había aprendido de sus pre- mera vía férrea impr
decesores. Cuando habla de los pequeños arrendatarios subraya que estaban cesos de cambio ller
muertos intelectualmente, vivían sólo para sus pequeños intereses privados, para mismo significado qt
eltelar y su pequeño huerto, y nada sabían delgrandioso movimiento que afuera ca para Alemaniae.
invadía a la humanidad. Errleels creía qur
El año 1764 no sólo fue un año importante por el invento de la Jenny,lue las viejas formas de
también elaño en el que James Watt descubrió la máquina de vapor. La utiliza- cial: las máquinas s
ción a partir de 1785 de la máquina de vapor para el funcionamiento de las cas, la tendencia de
máquinas de hilar iba a revolucionar el viejo modo de producción. Los trabaja- larización del orden
dores manuales, uno tras otro, fueron desplazados por obra de la máquina. La que no podían com¡
consecuencia fue, por una parte, la rápida caída del precio de las manufacturas, La cuestión social p
elflorecimiento del comercio y de la industria, la conquista de casitodos los mer- ¿Qué ocurrirá con e
cados no protegidos del mundo, elveloz aumento de los capitales de la riqueza ayer han ganado, q
nacional; por otra parte, un rápido aumento del proletariado, la ruina de toda la za de lnglaterra, quc
propiedad, de toda la seguridad de ganancias para la clase trabajadora, la des- día exigen con may
moralización, la agitación política, y las mayores vicisitudes para los poseedores sociales?10.
inglesesE. La gran indus[i¿
Quizás una de las partes más agudas y bellas del libro de Erueels sea esta fuerza hidráulica y r
presentación histórica en la que proporciona, con grandes pinceladas, los cambios materias primas, y re
que se están produciendo en la dinámica y en la estructura social de su tiempo. miento urbano, y por
Delimita así los contornos del territorio que va a explorar en el libro, un territorio que estaba en el cel
que abarca el nacimiento y desarrollo de las distintas ramas del proletariado tas utópicos, quiene
industrial, y que culmina con el nacimiento y desarrollo del proletariado agrícola. proyectos innovadon
Se refiere especialmente a los cambios tecnológicos que dan lugar a importantes E¡lcrls hizo su e
cambios económicos que revolucionan el viejo sistema de organización social. y comercial le imprex
Para describir esos cambios echa mano de algunas estadísticas oficiales. En la ofrece el Támesis. Lt
rama principaldel algodón, por ejemplo, lnglaterra importó en el año 1775 un total tantes. A los dos lad<
de 5 millones de libras. En 1844 importaba ya 600 millones de libras. El auge de ros, y las grandes na

7 Cf. Friedrich ENGELs, La situación de la clase obrera en Ingtatena, op. cit., pág.37. s Cf. Friedrich Er'rce
8 Cf. Friedrich Erueers, La situación de la ctase obrera en lnglaterra, op. cit., pág.38. 10 Cf. Friedrich E¡ree

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*

*ogía de las instituciones La precarización del trabajo asalariado 161

miento del proleta- la industria del algodón va a convertir a Liverpool y a Manchester en ciudades de
ura, un gran núme- más de 700.000 habitantes cada una. En 1834 sólo en la región del Lancashire
rció una nueva cla- había más de un millón y medio de trabajadores del algodón. En la rama de la
, cincuenta, cien, lana eldesarrollo fue también muy rápido:en 1738 en eldistrito de west-Rodomg
podían vender sus se hicieron 75.000 piezas de paño de lana, pero en 1817 ya se hacían 490.000,
no le quedaba otro y la producción siguió creciendo en progresión geométrica. A continuación pro-
va procurarse una porciona también información sobre la industria del lino y de la seda, y los efec-
vio de los campos, tos en cadena que se derivaban de este crecimiento industrial. La expansión de
la máquina de vapor exigía una mayor extracción de carbón, y la producción de
n de la clase obre- hierro pasó de 17.000 toneladas en 1710 a 700.000 toneladas en 1834. De nue-
¡lo, la visión un tan- vo los descubrimientos en la gran industria fueron decisivos: en 1789 se descu-
, quizás se excede brió un nuevo método para transformar en hierro fundido con el coque en hierro
sobre ese telón de batido. En 1790 Huntsman, de sheffield, encontró un método parafundirelace-
implica tanto en la ro. Las vías de comunicación para el comercio se intensificaron. En 1755 lngla-
rcierto tinte racista terra no tenía casi ningún canal, y cuando E¡¡cels escribe había ya en lnglaterra
de su innata pere- 2.200 millas de canales y 1 .800 millas de ríos navegables. En 1830 se abría la pri-
rendido de sus pre- mera vía férrea importante: Liverpool-Manchester. A la vista de todos estos pro-
braya que estaban cesos de cambio llega a decir que la revolución industrialtiene para lnglaterra el
";ses privados, para mismo significado que Ia revolución política para Francia, y la revotución fitosófi-
dmiento que afuera ca para Alemaniae.
Erucrls creía que la propia dinámica de la revolución industrial arrasaba con
fo de la Jenny, fue las viejas formas de producción y de relación, y por tanto con el viejo orden so-
le vapor. La utiliza- cial: las máquinas sustituían a los viejos útiles de trabajo, las oficinas a las fábri-
fonamiento de las cas, la tendencia de las clases medias a la proletarización conducía a una bipo-
cción. Los trabaja- larización del orden social entre obreros y capitalistas: los pequeños patronos
de la máquina. La que no podían competir con los grandes fueron empujados a la clase proletaria.
t las manufacturas, La cuestión social pasó por tanto a convertirse en el problema central del libro:
casitodos los mer- ¿Qué ocurrirá con estos millones de indigentes que hoy consumen aquetto que
ítales de la riqueza ayer han ganado, que con sus inversiones y su trabajo han hecho la grande-
la ruina de toda la ü za de lnglaterra, que día a día van teniendo más conciencia de su fuerza y día a
il
rabajadora, la des- día exigen con mayor insistencia su parte en las ventajas de tas instituciones
zra los poseedores sociales?10.
La gran industria exige inversión de grandes capitales, división de trabajo,
e ErueEls sea esta Íuerza hidráulica y mecánica o maquinaria. Esta reunión de dinero, población,
rladas, los cambios materias primas, y recursos técnicos centralizados, conduce a un continuo creci-
ocial de su tiempo. miento urbano, y por tanto a la oposición entre el campo y la ciudad, un problema
ll libro, un territorio que estaba en el centro de la reflexión de los denominados por Erucels sociatis-
rc del proletariado tas utÓpicos. quienes defendieron contra los molinos de las fábricas humeantes
iletariado agrícola. proyectos innovadores de lo que denominaban la ciudad jardín.
ugar a importantes Erucels hizo su entrada en Londres por el río Támesis, y la actividad industrial
rganización social. y comercial le impresionó: No conozco nada más imponente que et aspecto que
cas oficiales. En la ofrece elrámesis. Londres e"aya una ciudad de tres millones y medio de habi-
>laño 1775 un total tantes. A los dos lados del río pudo contemplar los gigantescos docks,los astille-
¡ libras. El auge de ros, y las grandes naves, así como la activa vida del río con los barcos de vapor

cit., pá9.37. e Cf. Friedrich ENGELS, La situación de la ctase obrera en Ingtaterra, op. cit., pág. 47.
aÍ., pá9.38. 10 Cf. Friedrich ENcELs, La
situación de ta clase obrera en tnglatena, op. cn., pá!. +A.

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162 SociologÍa de las instituciones La precarización del tr:

entrando y saliendo y lanzando al aire por sus chimeneas un espeso humo. Las ga a la gente a vit
víctimas que todo esto ha costado se descubren más tarde. Del mismo modo que larse o sumirse e
Gorrunru, ciento veinticinco años más tarde, fue capaz de desentrañar el carácter sexual, la violenci
totalitario de la institución manicomial, porque adoptó el punto de vista de los laban como las cc
internos, Eruerls inició un movimiento de sociología crítica porque se situó del ma de fábrica, prc
lado de las víctimas, lo que le permitió percibir una realidad intolerable. miseria de los prc
Erueels conoce y se refiere a los principales representantes del amplio gru- movimiento social
po de agentes sociales que conformaron y codificaron el lenguaje sociológico
en la primera mitad del siglo xrx. No es extraño por tanto que su libro esté muy
próximo, en cuanto a la forma, a los planteamientos propios de la economía Trabajadores
social. La descripción de las condiciones de vida de la clase trabajadora ingle-
sa no puede resultar más espeluznante. La miseria resulta patente en la vi- The Hobo, el
vienda, en los barrios, en el vestido, en la alimentación y la salud. En Londres 1923, y es una de
cincuenta mil personas se preguntan cada mañana dónde van a dormir ese día trabajo de campo
pues carecen de techo. Manchester, la segunda ciudad inglesa, encubre E. Pnnr, se preten
barrios infectos, viviendas húmedas e insalubres, poblaciones menesterosas cago con elfin de
sobre las que se ceban las pestes, la tuberculosis, el tifus, el alcoholismo. Por definirse como un
todas partes, en los grandes focos donde se opera la revoluciÓn industrial, y aunque predomin
donde crecen las grandes fortunas, aparecen, como la otra cara de la expan- viaja en busca de
sión económica, la miseria, la enfermedad y la desmoralización. La existencia condición: El verc
de un ejército de reserva de trabajadores abre la vía a los ilegalismos popula- preestablecidoll.
res, a una economía irregular de la pobreza. La mayor parte de /os superfluos Nels Aruoenso
se refugian en el oficio de reventa. Especialmente el sábado a la tarde cuando do, y de ello extr
toda la población trabajadora está en la calle se ve una multitud que vive de habría sido práctir
eso. Cordones, tiradores, cintas, naranias, dulces, en una palabra todos los mir las distancias
artículos imaginables son ofrecidos a los innumerables hombres, muieres y ción empática. Y e
niños, y se ven también en todo momento vendedores(...). Según las noticias grafía que redact(
oficiales en lnglaterra y en Gales hay, por término medio, un millón y medio de antes de entrar en
esfos superfluos (...). vida errante, sino
La riqueza de las grandes fortunas coexiste con la miseria, y un buen indica- sus rituales acad(
dor de las diferencias de clase lo proporciona la tasa de mortalidad infantil: participante en se
20"/" en la burguesía, 57"/" en la clase obrera. Erucrls describe situaciones terri- bina la introspecci
bles que recuerdan a las de Charles Drcre¡¡s. De hecho Oliver ltvr.sf había visto pia trayectoria vit¿
la luz en 1837, y fue leído como una réplica a la Nueva Ley de Pobres de 1834 miento delobjetivi
que instituía las workhouses, una ley promovida por el reformador de Manches- frialdad absoluta ¿
ter, y discípulo de Jeremy BrrurrrRu, Edwin CnRowtcr, con el apoyo de otros cole- manifiesto los riel
gas vinculados a la filantropía inglesa. Erucels se refiere a esta legislación que
reconoce es muy
prohibía el trabajo infantil de los niños menores de 9 años, y también se refiere al
1923, cuando el lit
incremento de la criminalidad, y a las bandas violentas de jóvenes. En 1805 fue-
de una comprens
ron detenidas 4.600 personas, y en 1842la cifra alcanzó las 31 .309: en treinta y
más clara del pap
siete años los encarcelamientos se habían multiplicado por siete. Las Tablas de historia de la front
Criminalidad, escribe, prueban además que casi todos los delincuentes provie-
haber romantizad<
nen del proletariado, ya que en 1842 por cada cien delincuentes, por término
ocasiones por la s
medio, 32,35 no sabían leer ni escribir, 58,32 sabían leer y escribir insuficiente-
miento de una aut,
mente, 6,77 escribían y leían bien, 0,22 tenían una educación superior, y del 2,34
no se pudo establecer el grado de cultura. Eneels subraya a través de estas
cifras la existencia de una guerra de todos contra todos, y sobre todo un relaia- rr Cf. Nels A¡¡oEn
miento de los vínculos sociales que pueden conducir ala locura social. Si se obli- 12 Cf. Nels A¡¡oen

@ Edic¡ones Morata, S. L.
#

# '{b' :-.1
*

ología de las instituciones La precarización del trabajo asalariado

r espeso humo. Las ga a la gente a vivir en una condición de bestias no queda otro recurso que rebe-
)el mismo modo que larse o sumirse en una vida bestial. EI alcoholismo, la prostitución, la violencia
;entrañar el carácter sexual, la violencia contra las mujeres, el incremento de la criminalidad, se reve-
¡nto de vista de los laban como las consecuencias de una vida laboral y social degradantes. El siste-
porque se situó del ma de fábrica, productor de riqueza en forma de mercancías, producía alavezla
ntolerable. miseria de los productores. El denominado socialismo científico surgió como un
ntes del amplio gru- movimiento social para resolver esta contradicción.
rnguaje sociológico
¡e su libro esté muy
ios de la economía Trabajadores nómadas
e trabajadora ingle-
ta patente en la vi- The Hobo, el estudio de Nels Aruoenson, fue publicado por vez primera en
t salud. En Londres 1923, y es una de las primeras monografías de la Escuela de chicago. con este
'an a dormir ese día trabajo de campo, realizado en un estilo periodístico bajo la dirección de Robert
C inglesa, encubre E. PRnr, se pretendía redactar un lnforme para la Oficina de Ayuda Socialde Chi-
)nes menesterosas cago con el fin de mejorar las condiciones de vida de los hoboes. El hobo puede
el alcoholismo. Por definirse como un trabajador emigrante, temporero, y nómada, de ambos sexos,
olución industrial, y aunque predominaban los varones. En palabras de N. Klerru es un hombre que
a cara de la expan- viaja en busca de trabajo; y según la definición que un hobohacía de su propia
rción. La existencia condición: El verdadero hobo es un trabajador nómada que viaja sin programa
ilegalismos popula- preestablecidoll .
te de los superfluos Nels At¡oensoru compartió la vida de los hoboes durante un período prolonga-
lo a la tarde cuando do, y de ello extrajo un conocimiento profundo, un conocimiento vivido que te
,rultitud que vive de
habría sido prácticamente imposible alcanzar si no hubiese sido capaz de supri-
z palabra todos los mir las distancias mentales y sociales sirviéndose de este método de participa-
ombreq mujeres y ción empática. Y es que, como señala el propio Arrroensoru en una breve Autobio-
Según las noticias grafía que redactó para la reedición de su libro en 1961, él conocía alos hoboes
n millón y medio de antes de entrar en el mundo de la sociología. Lo que le resultaba nuevo no era la
vida errante, sino la pequeña y doméstica vida universitaria, con sus jerarquías y
ia, y un buen indica-
sus rituales académicos. No estamos por tanto ante un trabajo de observación
mortalidad infantil: participante en sentido estricto, sino más bien ante un trabajo en el que se com-
be situaciones terri- bina la introspección, el autoanálisis personal y la experiencia adquirida en la pro-
rer Twist había visto pia trayectoria vital. En este sentido el libro de A¡¡oensoN supone un cuestiona-
de Pobres de 1834 miento delobjetivismo académico que exige del investigador una distancia y una
mador de Manches-
frialdad absoluta ante su objeto de investigación. sin embargo pone también de
rpoyo de otros cole-
manifiesto los riesgos de una implicación excesiva. Como el propio Aruoensoru
esta legislación que
reconoce es muy posible que hoy podamos conocer mejor a los áoboes que en
lambién se refiere al
1923, cuando el libro apareció por primera vez, pues disponemos en ta actuatidad
venes. En 1805 fue-
de una comprensión más afinada de la importancia de la frontera, y una visión
31.309: en treinta y
más clara del papel que el hobo ha jugado en ella. (...) El hobo forma parte de ta
siete. Las Tablas de
historia de la fronteralz. En su Autobiografía, Aruoensoru se reprocha a sí mismo
Celincuentes provie-
'uentes, por término haber romantizado un tipo de vida dura, marcada por el sufrimiento, y en muchas
escribi r insuficiente-
ocasiones por la soledad, aunque no exenta de pasión por la aventura y el senti-
t superior, y del 2,34 miento de una autonomía personal que únicamente podía derivar de una libertad
a a través de estas
obre todo un relaja- 11 Cf.NelsAruoensoru, Lehobo.sociologiedusans-abri,parís,Nathan,
1g93,pág.30
rra social. Si se obli- 12 Cf. Nels AruoeRsor.r, Le hobo.
Sociotogie du sans-abri, op. c¡t., pág. 119.

@ Edic¡ones Morata, S. L.
164 Sociología de las ¡nstituciones La precarización del b¿

arrancada a la sujeción que caracterizaba al trabajo asalariado en la fábrica en busca de trab¡


moderna. Frente a la imagen estereotipada de los trabajadores temporeros como Servicio Socialca
vagabundos, AruoeRsott afirma que el hobolenia un grado más elevado de curio- 120.000 trabajadr
sidad intelectual, de interés por el mundo entero, que la mayor parte de los obre- población, que ha
ros de fábrica que describió Erueels. Una quinta parte
Sin duda la literatura, el cine, y algunas autobiografías de los hoboes favore- los trabajadores t
cieron una visión romántica de la vida de estos trabajadores liberados de las ata- capacidad para '
duras del trabajo asalariado a tiempo completo, precisamente cuando la organi- casas de anciano
zaci|n científica del trabajo, eltaylorismo, convertía a los proletarios en un mero Las tabernas
apéndice de las máquinas, AruorRsor.¡ se sintió fascinado por la vida errante como prohibió entre 19
modo de vida, pero con el tiempo, y con más perspectiva, trató de dar una defini- cohólicas, funciol
ción más sociológica de este fenómeno social, y para ello vinculó a este colectivo muy importante, ¡
de trabajadores con la demanda específica de mano de obra que surgiÓ en los la ropa circulaba.
Estados Unidos tras el cierre de la primera frontera. Esta primera frontera impli- mingo. Si Io hace
caba la exploración y apropiación de tierras y recursos naturales por parte de los Sin embargo las
primeros colonos, coincidió por tanto con el salvaje oeste, y se cerró en torno a unos trabajadores
1890. Los hoboes representaron la segunda frontera, fueron ellos quienes aseados.
emprendieron la construcción de vías férreas, el levantamiento de ciudades, la Los hoboes fr
explotación de minas e industrias, quienes realizaron las recolecciones estacio- frío, y también se
nales de los cultivos. Esta segunda frontera llegó a su fin en torno a 1920. Así la hobohemia exi:
pues Aruoensoru escribió su libro cuando el fenómeno hobo se hallaba en vías Proletariado, pero
de desaparición pues se estaba produciendo un proceso de descomposición de es compraban rel
la vida nómada. Cuando elautomóvilhizo su aparición los hoboes comenzaron a personalidades ra
abandonar la escena13. nos, y los promot
En épocas de prosperidad vivían en Chicago unos 30.000 hoboes que po- Welfare Assotiatia
dían llegar a los 75.000 en épocas de recesión. Bajo la apariencia de una total la organización y I
libertad individual no dejaban de pesar las leyes de un mercado de trabajo en hobo de línea revc
expansión en íntima relación con el propio proceso de expansión del capitalismo caban poesías y a
en Norteamérica. En un año normal pasaban por Chicago entre trescientos mil y más que propagat
medio millón de estos trabajadores temporales, en Su mayor parte enemigos acé- ra, los artículos y
rrimos de la disciplina de fábrica y del sistema capitalista. Chicago era el cuartel hobo tire un perió
general de los hoboes, una ciudad que había sufrido desde el último tercio del rabo se lo pasa a
siglo xrx una expansión inusitada de población; y era a su vez una ciudad estra- como abrigo. El ñ
tégicamente situada en el Medio Oeste, atravesada por decenas de líneas de suele ser crítico c
ferrocarril que se abrían en forma de estrella hacia todos los puntos cardinales. denominada pren
Pero Chicago no era sólo el mayor centro ferroviario de los Estados Unidos, era El hobo realiz
también la primera agencia norteamericana de colocación, la verdadera bolsa del con los que gana
mercado de trabajo temporal. irregulares en su
La hobohemra era una zona de Chicago en la que se daban cita jugadores ocasiones a oficin
profesionales, estafadores, proxenetas y prostitutas, descuideros y traficantes de te:vendían lápicer
drogas que rondaban en torno a los millares de hoboes que desembarcaban en cedió en 1922 6.0
la ciudad. En la calle mayor, en West Madison Street,los hoboes se encontraban venta ambulante
como en casa, y en Bughouse Square se daban cita la bohemia y la hobohemia. mendigo, escribe
El parque era un lugar de debate: allí se discutía de religión, de política, de la res y los vagabun,
ciencia, de la lucha económica.. .La hobohemra permitía el encuentro del hombre
la Cf. Nels Aruoen
13 Cf . Nels AruoeRsor.r, Le hobo. Sociologie du sans-abri, op. cit., pá9.34. 15 Cf. Nels Aruoen

@ Ediciones Morata, S. L.
La precarización del trabajo asalariado 165
¡g¡a de las instituciones

ado en la fábrica en busca de trabajo y del empleador en busca de hombres. La Oficina Judía de
ilemporeros como Servicio Social calculaba que durante el invierno de 1921 había en Chicago unos
; elevado de curio- 120.000 trabajadores sin casa, lo que representaba entre el 1"/o y el 2,5 7o de la
parte de los obre- población, que había alcanzado por entonces casi los tres millones de habitantes.
Una quinta parte de los 700 hoteles de Chicago estaban destinados a acoger a
bs ñoboes favore- los trabajadores temporales y a los emigrantes. Los 63 hoteles centrales tenían
prados de las ata- capacidad para 15.000 personas, pero había también pensiones, albergues,
rcuando la organi- casas de ancianos, asilos de caridad y, en elverano, los parques.
etarios en un mero Las tabernas eran los principales centros de reunión y, aunque la ley seca
rvida errante como prohibió entre 1920 y 1933 la fabricación, venta, y transporte de bebidas al-
i de dar una defini- cohólicas, funcionaba el contrabando. El mercado de ropa usada era también
uló a este colectivo muy importante, y los hoboes compraban y vendían en estas tiendas en donde
r que surgió en los la ropa circulaba. Uno de ellos afirmaba: Es raro que un hobo se ponga de do-
nera frontera imPli- mingo. Si lo hace eso significa que intenta elevarse por encima de su rangola.
les por parte de los Sin embargo las fotografías que Aruoenso¡r incluye en su estudio muestran a
se cerró en torno a unos trabajadores especialmente bien vestidos con trajes, sombreros y zapatos
¡ron ellos quienes aseados.
rto de ciudades, la Los hoboes frecuentaban los cines y los cabarets únicamente en épocas de
olecciones estacio- frío, y también se refugiaban en algunas librerias, pues eran asiduos lectores. En
r torno a 1920. Así la hobohemk existía una gran librería, la Hobo Bookstore, también llamada E/
se hallaba en vías Proletariado, pero además estaba la Librería radical. En estas librerías los hobo-
descomposición de es compraban revistas de inspiración revolucionaria. Entre los hoboes existían
bp,es comenzaron a personalidades radicales como por ejemplo los oradores de los cruces de cami-
nos, y los promotores de utopías. En este sentido la lnternational Brotherhood
OO hoboes que Po- Welfare Assotiation preconizaba la transformación social del mundo por medio de
riencia de una total la organización y la acción directa, y también mediante la educación. El periódico
cado de trabajo en hobo de línea revolucionaria era The Hobo News en donde algunos hoboes publi-
sión delcaPitalismo caban poesias y artículos cortos. Se trataba por tanto de una prensa que era algo
tre trescientos mil Y más que propaganda doctrinaria, pues dejaba un amplio espacio para la literatu-
nrte enemigos acé- ra, los artículos y poemas sobre la vida de estos trabajadores. Es raro que un
ricago era el cuartel hobo tire un periódico, escribe AruDEnsoru, cuando lo termina de leer de cabo a
el último tercio del rabo se lo pasa a alguien. Además un periódico se puede utilizar por la noche
|z una ciudad estra- como abrigo. El hobo lee los periódicos, pero no suscribe todo lo que lee, pues
oenas de líneas de suele ser crítico con el capitalismo y los capitalistas, y ve con malos ojos a la
; puntos cardinales. denominada prensa capital ista.
istados Unidos, era El hobo realizaba en la gran ciudad pequeños trabajos de forma irregular,
verdadera bolsa del con los que ganaba una gran parte de lo que gastaba. Según A¡¡oERsoru eran
irregulares en su trabajo y constantes en sus gustos. En Chicago recurrían en
aban cita iugadores ocasiones a oficinas de mendicidad legalizada bajo la forma de venta ambulan-
eros y traficantes de te: vendían lápices, cordones de zapatos, y otros objetos. El Ayuntamiento con-
desembarcaban en cedió en 1922 6.000 permisos gratuitos para la venta ambulante. E/ permiso de
)oes se encontraban venta ambulante es una protección contra la policía y sirve de apoyo moral al
mia y la hobohemia. mendigo, escribe Ar,¡oeRsor.¡ 15. En invierno la competición entre estos trabajado-
'n,
de politica, de la res y los vagabundos se hacía feroz, pues la comida no abundaba, los empleos
'rcuentro del hombre
la Cf. Nels Ar.¡oensoru, Le hobo. Sociologie du sans-abri, op. cit., pá9.69.
15 Cf. Nels AruoeRsor.r, Le hobo. Sociologie du sans-abri, op. cit., pá9.76-77.
4.

@ Ediclones Morata, S. L.
166 Sociología de las instituciones La precarización del trahr

eran escasos, la gente menos generosa y los mendigos aumentaban. Y entrar requiere paro y trab
en una institución de caridad significaba rendirse. Sólo una pequeña proporción les de la industria o
de gente sin domicilio fijo eran delincuentes, pero vivían al día rozando el nivel de desmoralizante del
indigencia. El proceso de degradación personal del trabajador ocasional y emi- cado. Pero esta ra
grante, que lo conducía desde la indigencia económica al pauperismo, refle- algunos no se adap
ja bien el papel jugado por las fuerzas económicas en la sociedad industrial quicos: es frecuente
moderna. El trabajo temporal, los ciclos económicos, la alternancia de períodos deformes. Muchos t
de empleo y de paro, la precarización de la industria han producido este gran otros se van huyerx
ejército de reserva industrial formado por los sin techo. Es preciso que esos liares, sentimiento d
hombres vivan;la mayoría de ellos son indispensables en la organización actual familiares, escribe A
de la industria fundada en la competición (...). Sin embargo la política que con- vida errante sin obje
siste en dejar buscarse la vida a los trabajadores ocasionales emigrantes sigue duelo, están en la ra
siendo por lo general, y por el momento, más fácil y menos costosa, a pesar de tar alobrero del lad
que la adopción de medidas preventivas contra la degradación económica y res de cocaína, con<
moralde los sin abrigo reforzaría a largo plazo elequilibrio social y la economía go los consumidore
nacionall6. tanto tiempo alejadc
Uno de los capítulos más expresivos del libro es el dedicado al modo de vida convertirse en delinr
alternativa que buscaban los hoboes en los campamentos o junglas que se es la gran ciudad.
encontraban a medio camino entre Chicago y el lugar a donde iban a trabajar. Las Entre los hoboet
junglas se ubicaban frecuentemente allí donde los trenes se detenían para de individuos con tr
aprovisionarse de agua y de combustible, en una zona próxima a la intersección por razones de origr
de vías férreas, pues los hombres de la ruta tienden a acampar allí donde otros muchos individuos
han acampado y han dejado enseres para cocinar y hacer la colada. En el cam- modo de vida y, más
pamento, señala AruoERSou, la población cambia constantemente, y el hobo imita instruidos, y con uni
al ama de casa en el arte de dejar limpias las cacerolas y otros útiles. El hombre de su vida errante el
que no puede o no quiere adquirir esos principios elementales de educación la aventura, a la libel
doméstica se expone a caer enfermo. Las junglas constituyen espacios en los vértigo de la libertad
que reina una verdadera democracia, y en donde no faltan las ocasiones para ra de experiencias y
contar historias. La vida errante tiende a enriquecer la personalidad, dice Aruorn- bién un caballero en
soN, y algunos de estos hombres, tras una práctica asidua, han adquirido un arte varios de estos facto
de la narración en primera persona que empieza a estar en declive en todas par- soru piensa que en la
tes. En los campamentos circulaba el argot de la ruta, se aprendían nuevos tér- mercado de trabajo r
minos y nuevos conceptos, y eran alavez un importante lugar de socialización posibles razones de
para los nuevos que aprendían a escuchar historias, canciones, entraban en con- gusto por la aventuri
tacto con determinados sistemas de sentimientos y valores, en fin, pasaban así a su caso.
compartir la cultura del trabajador temporal. AruoeRsoru no se
En las junglas regían unos códigos y normas de estricta observancia bajo tampoco nos cuenta
pena de expulsión, trabajo forzoso, o castigo corporal. Los principales delitos tenían con su princip
consistían en robar durante la noche, gorronear, o vivir de la comida de otros, ye una de las deficier
tirar las sobras, no limpiar las cacerolas y otros utensilios tras haberlos usado, se nutre, a diferenci¡
ensuciar el campo, y hacer fuego de noche cuando el campamento no era legal. dimensión socioecol
De tal modo que, para obligar a respetar estas reglas, se creaban comités de cuando señala que t
voluntarios. nen, de un modo o dr
¿Por qué los hoboes se iban de casa? ¿Por qué los trabajadores se hacían gularidad de sus pel
hoboes? Por una parte, en las sociedades capitalistas, el mercado de trabajo fases de su existencii

16 Cf. Nels ANDERsoN, Le hobo. Sociologie du sans-abri, op. cit., pá9.88. 17 Cf. Nels Aruoenson

@ Ediciones Morata, S. L.
:
t';
r
{b

fr:

rciología de las instituciones La precarización del trabajo asalariado 't67

rumentaban. Y entrar requiere paro y trabajo temporal para abaratar los salarios. Las mutaciones loca-
l pequeña proporción les de la industria conmocionan los hábitos del trabajador asalariado, y el efecto
lía rozando el nivelde desmoralizante del paro es particularmente acentuado en eltrabajador no cualifi-
rdor ocasional y emi- cado. Pero esta razón estructural se ve acompañada de razones personales:
al pauperismo, refle- algunos no se adaptan altrabajo de fábrica; otros tienen problemas físicos o psí-
a sociedad industrial quicos: es frecuente encontrar hoboes con miembros o partes del cuerpo rotas o
ernancia de períodos deformes. Muchos han sido víctimas de los accidentes de trabajo en las fábricas;
producido este gran otros se van huyendo de problemas surgidos en la vida privada: conflictos fami-
Es preciso que esos liares, sentimiento de fracaso, deshonor, miedo al castigo. La ruptura de los lazos
a organización actual familiares, escribe ANDensoru, lleva casi siempre al hombre o al adolescente a una
o la política que con- vida errante sin objeto. Problemas con los padres, con la mujer, una situación de
rles emigrantes sigue duelo, están en laraiz de muchas huidas; también el alcoholismo tiende a decan-
) costosa, a pesar de tar al obrero del lado de los homeless. Tampoco es raro encontrar a consumido-
dación económica y res de cocaína, conocidos como pájaros de la nieve, entre los hoboes. sin embar-
socialy la economía go los consumidores de heroína o de morfina no son capaces de permanecer
tanto tiempo alejados de su fuente de aprovisionamiento. Eltoxicómano tiende a
mdo al modo de vida convertirse en delincuente más que en trabajador temporal, y su entorno natural
ts o junglas que se es la gran ciudad.
le iban a trabajar. Las Entre los hoboes y los vagabundos norteamericanos había un cierto número
ls se detenían para de individuos con trastornos de personalidad, y otros se sentían discriminados
rima a la intersección por razones de origen, o por razones de raza, pero existían también entre ellos
npar allí donde otros muchos individuos sin problemas que habían elegido conscientemente este
a colada. En el cam- modo de vida y, más concretamente, colectivos de ideología libertaria, rebeldes,
rente, y elhobo imita instruidos, y con una gran conciencia de clase. Ar.¡oeRso¡'¡ presenta como razón
lros útiles. El hombre de su vida errante el wanderlusf, es decir, la fascinación por una vida asociada a
ntales de educación la aventura, a la libertad de las estrellas fugaces. El hobo opta por sentir y vivir el
yen espacios en los vértigo de la libertad. La vida del vagabundo es una invitación a toda una carre-
t las ocasiones para ra de experiencias y de aventuras diversaslT. No en vano Don Quijote fue tam-
nalidad, dice Aruoen- bién un caballero errante. El hobo decide optar por esta vida debido a que uno o
tan adquirido un arte varios de estos factores conjugados lo han inducido a cambiar de rumbo. Aruoen-
Ceclive en todas par- soru piensa que en la base de este tipo de vida se encuentra la precarización del
rrendían nuevos tér- mercado de trabajo en los Estados Unidos;y, curiosamente, no incluye entre las
gar de socialización posibles razones de elección de este estilo de vida el ejemplo de los padres, el
es, entraban en con- gusto por la aventura transmitido de padres a hijos, tal como, según parece, fue
en fin, pasaban así a su caso.
Amoenso¡,r no se detiene mucho en los trabajos que realizaban los hoboes, ni
la observancia bajo tampoco nos cuenta cómo estos trabajadores percibían el trabajo, qué relación
s principales delitos tenían con su principal fuente de subsistencia. Justamente esta laguna constitu-
la comida de otros, ye una de las deficiencias de su investigación, pues la dimensión social y cultural
ras haberlos usado, se nutre, a diferencia por ejemplo del análisis de Erucels, de la relegación de la
amento no era legal. dimensión socioeconómica. sin embargo, concede una centralidad al trabajo
creaban comités de cuando señala que todos los problemas de los trabajadores temporales provie-
nen, de un modo o de otro, de las condiciones de su itinerario profesional. La irre-
baiadores se hacían gularidad de sus períodos de trabajo se refleja en la irregularidad de todas las
nrercado de trabajo fases de su existencia y, para valorarlos en tanto que individuos, la sociedad debe

t 17 Cf. Nels ANDERSoN, Le hobo. Sociotogie du sans-abri, op. cit., pági}B.

@ Ediciones Morata, S. L.
168 Sociología de las instituc¡ones La precarización del trabai

tener en cuenta las fuerzas económicas que condicionaron su comportamiento, revolucionario. Ante
las fluctuaciones estacionales y cíclicas de la industria. Subraya de este modo los gremios y había
que el problema de estos trabajadores no era tanto de carácter local, cuanto dios, en el ejército,
nacionaly global. despreciaban el tral
Sabemos por otros estudios realizados sobre los hoboes que fueron reco- marca una ruptura:
lectores de cosechas, que trabajaron en la construcción, en la pesca, como tala- precedentes: hacer
dores de bosques, en la construcción de vías de ferrocarril, en la apertura de incluido en {os estal
rutas entre el hielo, y en otros muchos oficios. ANDERsott, que dirige su estudio estatuto mismo del
a los trabajadores sociales, propone algunas soluciones para beneficiar al hobo socialls.
en su trabajo y, entre ellas, la creación de una oficina central de información que Elverdadero de
debería estar en relación con las agencias públicas de empleo. El principal obje- bajo, cuanto la nece
tivo de esta oficina sería contribuir a un diagnóstico médico, psicológico y socio- vez la libertad de tra
lógico que podría servir de base a un servicio de orientación profesional, así do, pero muy pront(
como para habilitar servicios de reinserción social, y de reintegración en el tra- los hechos, pues el
bajo fijo. En contraposición a ENGELS, que reclamaba un cambio radical de dades industriales d
modelo de sociedad, AruoeRsott realiza su estudio para responder a demandas tico del mercado coi
específicas de reforma social. Al igual que otros sociólogos de la denominada daba en la periferia
Escuela de Chicago contribuyó a sustituir la cuestión social por los problemas delorden productivt
de masas inscritaet
sociales.
Frente a la nueva ¡

Estado: el recurso a
La historia del s
Trabajo, propiedad social y protección social
la historia de los p
socialismo se enfret
Las metamortosis de la cuestión socialde Robert Cnsrel se publicó en Fran-
entre ricos y pobrer
cia en 1995. Un año antes, en 1994, el número de parados en España era
denominó DlsRneu,
3.856.700, es decir, la cifra más alta de paro hasta entonces nunca conocida en
la guerra social. ¿Qt
nuestro país. En la actualidad, tras el crash del 2008, el desempleo afecta ya a
propiedad privada,
cuatro millones de trabajadores. En Francia, en Alemania, en lnglaterra, en las
nitaria o comunista
sociedades industrializadas de Europa y los Estados Unidos, el miedo al paro
socialistas, en el úll
hacía renacer los fantasmas de la Gran Depresión, y volvía a poner en el primer
piedad: la propiúa
plano de la escena social y política la cuestión social, es decir, ¿cómo evitar que
El movimiento s
los conflictos sociales y las dificultades conduzcan a una fractura social?, mente por Leon Bot
¿cómo promover mecanismos de cohesión social? Para responder a estos inte- ria, Emile DuRxnelu
rrogantes Cnsrul realiza un rodeo por la historia en el que muestra que los vaga-
tuir un sistema de p
bundos del Antiguo Régimen, antes de la Revolución industrial, así como los
socialista Jean J¡u
miserables y excluidos del siglo xtx no constituyen simplemente una población
dumbre de un dere
en los márgenes de la sociedad, sino que se inscriben en una dinámica social que la emergencia
global que pone en cuestión al conjunto mismo de la sociedad. Estamos en una
cho y una nueva o
encrucijada: aceptar una sociedad sometida enteramente a las exigencias de la accidentes de trab¿
economía, o construir una figura del Estado social a la medida de los nuevos das a la condición:
desafíos18.
Robert Cnsrel reconstruye en su libro, con una gran minuciosidad, la lenta
emergencia de una nueva formulación de la cuestión social. El libre acceso al 1s Cf. Robert CAsrl
trabajo, que se impuso en el siglo xvlt, tuvo entonces un impacto propiamente pá9.158.
20 Cf. Robert C¡sn
pá9. 230.
18 Cf. Robert 2r Cf. Robert CAs¡
C¡srel, Las metamorfosis de la cuestión soc¡al. Una crónica del salariado, Buenos
Aires, Paidós, 1997, pá9. 24. págs. 287-291.

O Ediciones Morata, S. L.
blogía de las instituciones La precarización del trabaio asalariado 169

su comportamiento, revolucionario. Antes de la Revolución industrial el trabajo estaba regulado por


braya de este modo los gremios y había también los trabajos forzados en las galeras, en los presi-
rácter local, cuanto dios, en el ejército, en los depósitos de mendicidad. Los oratores y bellatores
despreciaban el trabajo manual, pero el advenimiento de la modernidad liberal
es que fueron reco- marca una ruptura: imponer el libre acceso al trabajo contra las regulaciones
la pesca, como tala- precedentes: hacer que el trabajolibre ya no se pensarapor defecto, como lo no
il, en la apertura de incluido en los estatutos reconocidos o impuestos, sino que se convirtiera en el
¡ue dirige su estudio estatuto mismo del salaridado, a partir del cual se recompuso toda la cuestión
ra beneficiar al hobo socialls.
lde información que El verdadero descubrimiento del siglo xvrrr fue, no tanto la necesidad del tra-
eo. El principalobje- bajo, cuanto la necesidad de la libertad de trabajo. El liberalismo preconizó a la
psicológico y socio- vezla libertad de trabajo y la destrucción del trabajo regulado y del trabajo lorza-
>ión profesional, así do, pero muy pronto, como ya sabemos, la utopía liberal se vio desmentida por
ntegración en el tra- los hechos, pues el llamado nuevo pauperismo, los pobres de las grandes ciu-
r cambio radical de dades industriales de los que hablaba ErucrLS, constituyeron un desmentido fác-
ponder a demandas tico del mercado como solución utópica de la cuestión social. Elvagabundo ron-
s de la denominada daba en la periferia del espacio social, y su drama consistía en que estaba fuera
il por los problemas delorden productivo. Con el pauperismo se reveló elpeligro de una desafiliación
de masas inscrita en el corazón mismo del proceso de producción de la riquezazo.
Frente a la nueva pobreza el liberalismo inventó una nueva política social sin
Estado: el recurso a la filantropía.
La historia del siglo xrx en las sociedades industriales europeas es ante todo
la historia de los proletarios que en nombre de la igualdad democrática y del
- se publicó en Fran- socialismo se enfrentan a la explotación capitalista. La cuestión social, la división
dos en España era entre ricos y pobres, entre capitalistas y proletarios, las dos naciones, como las
; nunca conocida en denominó DrsRAELr, exigían arbitrar nuevas vías de solución para poner freno a
sempleo afecta ya a la guerra social. ¿Qué hacer ante el desamparo de la condición proletaria? Entre la
en lnglaterra, en las propiedad privada, considerada sagrada por la burguesía, y la propiedad comu-
¡s, el miedo al paro nitaria o comunista, que preconizaban los líderes obreros en las organizaciones
a poner en el primer socialistas, en el último tercio del siglo xrx se abrió la vía a un nuevo tipo de pro-
:ir, ¿cómo evitar que piedad: la propiedad social.
na fractura social?, El movimiento solidarista de la lll República, apoyado entre otros muy activa-
ponder a estos inte- mente por Leon Bounceors y por el fundador de la sociología francesa universita-
uestra que los vaga- ria, Emile Dunrueru, se inspiró en los socialistas de cátedra alemanes para insti-
¡strial, así como los tuir un sistema de protección social basado en la propiedad social. Como decía el
rente una población socialista Jean JnunÉs se trata de reemplazar la limosna arbitraria por la certi-
una dinámica social dumbre de un derecho. I
según CRSreL, lo que estaba en juego era nada menos
ad. Estamos en una
que la emergencia de una nueva función del Estado, una nueva forma de dere-
las exigencias de la cho y una nueva concepción de la propiedadzl. El Seguro obligatorio, la ley de
ñida de los nuevos accidentes de trabajo, la vivienda social, toda una serie de protecciones vincula-
das a la condición salarial, supusieron una revolución silenciosa, pues cubrían el
inuciosidad, la lenta
r/. El libre acceso al 1e Cf. Robert C¡srer, Las metamorfosis de la cuestión social. IJna
crónica det satariado, op. cit.,
npacto propiamente pá9.158.
20 Cf. Robert Cnsrel, Las metamorfosis de ta cuestión sociat. una crónica
del salariado, op. cit.,
pá9. 230.
úca del salariado, Buenos
21 Cf. Robert CesrE¡-, Las metamoíosís de Ia cuestión social. tJna
crónica det satariado, op. cit.,
pá1s.287-291.

@ Ediciones Morata, S. L.
170 Sociología de las instituciones La precarización del traba

riesgo de pasar de una condición vulnerable a una condición miserable. El sala- A partir de medi¡
rio proporcionaba un estatuto nuevo a los trabajadores, y así fue cómo surgió la barrida coincidiendo
sociedad salarial. C¡srel muestra por tanto que bajo la apariencia invariable del años ochenta, con (
trabajo asalariado se produce el paso de la condición proletaria, dominante en lo que Cnsrel denor
el marco del Estado liberal, ala condición obrera, dominante en el primer Esta- algunos analistas sr
do socialy, en fin, ala condición salarialdominante en el Estado social keyne- presión deldesempl
siano, es decir, tres formas de cristalización de las relaciones de trabajo en la nes sociales se erra
sociedad industrial. El salario minimo, las vacaciones pagadas, la semana de tema de seguros, er
40 horas, los derechos de asociación sindical y de huelga, fueron conquistas sistema de solidark
trabajosamente arrancadas a la patronal por las clases trabajadoras. Seguros para inactivos cada
sociales, derecho del trabajo, beneficios salariales, acceso al consumo de Cnsrel no lo afit
masas, relativa participación en la propiedad social e incluso ocios, todos estos análisis sociológicos
logros tíenen un rasgo común: estabilizar la condición de los trabajadores. En tado social (recuérde
191s en Francia mái Oet 82"/o de la población activa eran abalariados. consolidada la socie
En la actualidad seguimos en el marco de la sociedad salarial pero las pro- desigualdades a trat
tecciones de los asalariados se han fragilizado a partir de finales de los años sociología crítica qut
setenta del siglo xx con el auge del neoliberalismo. En 1978 también en Fran- instituciones que cor
cia tan sólo un tercio de los obreros trabajaba directamente en la producción, sociales, tales como
pues los otros dos tercios lo hacían en mantenimiento, distribución, embalaje, natorio de determina
etc. La segmentación del ñercado de trabajo llevó a un desdibujamiento de la emigrantes, indigenl
sociedad de clases que transformó en profundidad la oposición entre trabajo y desarrollo del Estad
patrimonio que marcó todo el siglo xrx. Las tesis del final de las ideologías, olos políticas neoliberales
análisis sobre el aburguesamiento de la clase obrera, encuentran en estos social mediante las ¡
cambios sus condiciones de producción. Las señas de identidad, la posición empresas y la desrq
social, ya no tienen tanto que ver con la producción, cuanto con los marcadores de apoyo propicio pa
de consumo y los estilos de vida. En las fronteras de la sociedad salarial acam- perder la hegemonia
pan, en una especie de bloque periférico, los inmigrantes, las mujeres sin cua- en 1975 al 65% en 1

lificación, los trabajadores de mayor edad, los jóvenes que no pueden acceder siendo los más afect
al primer empleo. mestre del 2008 prá
Entre 1953 y 1975|a tasa de crecimiento en Francia se situó entre el 5% y el quieren y pueden tral
6%. Se triplicó por tanto la productividad, el consumo y los ingresos salariales. El europea, La diversid¡
Estado social keynesiano garanlizaba una protección social generalizada, pilota- zando el paradigma t
ba el desarrollo de la economía, buscaba un equilibrio mediante mecanismos el de flexibilidad. La
de redistribución para integrar los procesos de crecimiento. Su instalación en el satélite a las que la e
corazón de la sociedad salarial iba acompañada de empresas públicas, de pro-
bilidad interna implici
piedad social, servicios públicos, políticas de igualdad de oportunidades, expan- jador flexible, dúctil ¡
sión de los equipamientos sociales, deldesarrollo deltrabajo social. La condición
buena parte de sus
salarial dejaba de ser un modo de retribución económica para convertirse en la
sobre la nueva culfur
via para adquirir una posición socialestable. La cuestión social parecía entonces
bajadores estables, I
una cuestión resuelta en la medida en que el desarrollo económico iba acompa-
vez alimentó un proc
ñado de una tendencia al pleno empleo, asi como el desarrollo del derecho al tra-
nales y de trabajo. tt
bajo y a la protección social. Desarrollo económico y regulaciones estatales cons-
pues nos encontran
tituían las dos caras de un cierto progreso social, pero no se trataba de un
proceso lineal ni homogéneo. En la sociedad salarial la diversificación pasaba por amplio de desestabili
tidad a través del tral
la multiplicación de regímenes especiales, y éstos operaban a partir de la lógica
de la diferenciación y de la distinción: los mineros, los ferroviarios, los marinos, y
otros muchos trabajadores, incluidos los administrativos, y los ingenieros, hicie- 22 Cf. Robert C¡sra-
ron todo lo posible por mantener sus ventajas adquiridas. pá9. 400.

@ Ediciones Morata. S. L.
¡,

)crologia de las instituciones La precarización del trabalo asalariado 171

ón miserable. El sala- A partir de mediados de los años setenta la imagen del progreso social se vio
rsÍ fue cómo surgió la barrida coincidiendo con la llamada crisis del petróleo. Pero sobre todo fue en los
triencia invariable del años ochenta, con el desarrollo de las políticas neoliberales, cuando se produjo
letaria, dominante en lo que C¡srer denomina el derrumbe de la condición salarial. Surgía así lo que
¡te en el primer Esta- algunos analistas sociales denominaron la nueva cuestión social. Bajo la doble
Estado social keyne- presión del desempleo y eldesequilibrio demográfico el sistema de las proteccio-
¡nes de trabajo en la nes sociales se encontró amenazado. Se produjo el deslizamiento desde un sis-
¡adas, la semana de tema de seguros, en el que los activos pagaban sobre todo para los activos, a un
a, fueron conquistas sistema de solidaridad nacional en el cual los activos deben pagar sobre todo
abajadoras. Seguros para inactivos cada vez más numerosos2z.
eso al consumo de Cnsrel no lo afirma explícitamente pero da a entender que el papel de los
io ocios, todos estos análisis sociológicos pasó, a lo largo de todo este proceso, de la defensa del Es-
los trabajadores. En
tado social (recuérdese, por ejemplo, DURKHETM y su Escuela), a su crítica una vez
asalariados.
consolidada la sociedad salarial, para poner en evidencia la reproducción de las
salarial pero las pro-
desigualdades a través de las instituciones de educación y cultura. Así pues, la
r finales de los años
sociología crítica que se desarrolló en los años sesenta y setenta, la crítica de las
78 también en Fran-
instituciones que continuaban favoreciendo la reproducción de las desigualdades
te en la producción,
sociales, tales como la familia y la escuela, o el rechazo del tratamiento discrimi-
;tribución, embalaje,
natorio de determinados grupos sociales (presos, prostitutas, enfermos mentales,
rsdibujamiento de la
ición entre trabajo y emigrantes, indigentes, etc.) tendría su punto de anclaje en la expansión y el
las ideologías, o los
desarrollo del Estado social keynesiano. Cuando, bajo el manto protector de las
políticas neoliberales 9e produjo el desmantelamiento tendencial de este Estado
ncuentran en estos
entidad, la posición social mediante las privatizaciones de la propiedad social, las dislocaciones de
con los marcadores empresas y la desregulación laboral, la sociología crítica no encontró un terreno
edad salarialacam- de apoyo propicio para su desarrollo. El empleo por tiempo indefinido comenzó a
perder la hegemonía. Cnstl señala que en Francia pasó de representar elB0%
as mujeres sin cua-
no pueden acceder en 1975 al 65'/" en 1994, una tendencia que se ha acentuado desde entonces,
siendo los más afectados las mujeres y los jóvenes. En España, en el último tri-
;ituó entre el Syo y el mestre del 2008 prácticamenle el 20/" de los jóvenes menores de 25 años que
gresos salariales. El quieren y pueden trabajar están en paro, es decir, cinco puntos más que la media
europea. La diversidad y discontinuidad de las formas de empleo están reempla-
¡eneralizada, pilota-
diante mecanismos zando el paradigma del empleo homogéneo y estable. El nuevo término clave es
Su instalación en el el de flexibilidad. La flexibilidad externa implica la subcontratación de empresas
as públicas, de pro- satélite a las que la empresa nodriza ajusta cadavez más los contratos. La flexi-
lrtunidades, expan- bilidad interna implica la polivalencia deltrabajo en la empresa, es decir, eltraba-
social. La condición jador flexible, dúctil y maleable, y curiosamente, cuando la empresa pierde una
ra convertirse en la buena parte de sus funciones integradoras se impone un discurso apologético
alparecía entonces sobre la nueva cultura empresarial. Se produjo así la desestabilización de los tra-
ómico iba acompa- bajadores estables, lo que hizo crecer lazona de vulnerabilidad laboral, que a su
¡ del derecho al tra- vez alimentó un proceso de desafiliación social, de ausencia de soportes relacio-
nes estatales cons- nales y de trabajo. No basta por tanto con denunciar la denominada exctusión,
¡ se trataba de un pues nos encontramos ante un proceso mucho más complejo y mucho más
ñcación pasaba por amplio de desestabilización deltrabajo estable, un proceso de pérdida de la iden-
a partir de la lógica tidad a través del trabajo, es decir, de crisis de la sociedad salarial.
rios, los marinos, y
s ingenieros, hicie- 22 Cf. Robert Crsrel, Las metamoñosis de la cuestión social. IJna crónica del salariado, op. cit.,
pá9. 400.

@ Ediciones Morata, S. L.
172 Sociología de las instituciones La precarización del trab

cASreL, frente a los análisis por ejemplo de André Gonz que fue uno de los tía no obstante esü
introductores de la tesis del final del trabajo, cree que no existe hoy en día nin- percepción lineald
guna alternativa creíble a la sociedad salarial, y que es preciso salvaguardar a ble un futuro mejor
la sociedad mediante el mantenimiento de la cohesión social, situaise en la bonanza laboralex
perspectiva de la integración mediante el reconocimiento de un estatuto de ciu- tos protegían los pr
dadanía para todos. El problema es que el Estado nación es cada vez menos dores puestas en n
capaz de regular una economía que en buena medida se ha globalizado. cns- de las propuestas r
rrr aboga, entre otras medidas, por el reparto del trabajo: A mi ¡uicio et reparto una fuerte identida
deltrabajo es menos un fin en sí que el medio aparentemente más directo para de la solidaridad, u
llegar a una redistribución efectiva de tos atributos de ta ciudadanía sociat. Abo- mide social, y logra
ga también por una seguridad social mínima garantizada que permita a todos sueños: que sus hl
los ciudadanos gozar de los derechos a las protecciones de los trabajadores unos hijos que, cot
estables, y defiende el desarrollo del modelo social europeo. Los sindicatos y clase y por los mod
los partidos políticos progresistas hablan cada vez más de promover trayectó- ¿Qué ha pasa
rias protegidas, lo que permitiría reconocer nuevos derechos, como por ejemplo ción que trabaja er
el derecho a la formación permanente para los asalariados que están en el El libro presenta d
paro. De ahí que piense que es importante reformar el derecho social y el dere- Unidos al impacto <

cho altrabajo para hacer frente aldesafío de dar seguridad atcrecieñte núme- triunfadores, no to(
ro de situaciones nuevas que no están ya cubiertas por los sistemas ctásicos de vas tecnologías, ni
protecciónz3. tir ciertas caracteríl
carecen de lazos r
dificultades para p
Sociología del nuevo trabajo con frecuencia de 1

des que perciben s


En La corrosión del carácter Richard Seru¡¡err no analiza, como en Etdective ma de valores sólk
del hombre público, procesos de larga duración, sino que se aproxima al presen- ¿Es posible esl
te partiendo de las transformaciones que han tenido lugar el las últimas décadas bil y confusa en un
del siglo xx2a. Quizás uno de los mayores logros de este libro sea la ágil, concisa, cada por itinerarios
y certera descripción que hace de los cambios que se han producido en el ámbi- rápidos? ¿De dónd
to del trabajo con la introducción de la nueva economía y las nuevas tecnologías. implica? Para Sexr.¡
Se sirve para ello delcontraste que le proporcionan los resultados de entrevistas -los cánticos laud
que había realizado hace veinticinco años, cuando estaba escribiendo con Jona- medios de comunic
than Coee The Hidden lnjuries of Class sobre la clase trabajadora norteamerica- dades de las nuev
na. En esas entrevistas se pone de relieve que para los trabajadores inmigrantes Algunos economisi
de la generación de los años setenta en los Estados unidos, trabajadores que no bio está ligada al c
sentían la encarnación del sueño americano, eltrabajo, un trabajo no exento de financiero quiere ot
dificultades, generalmente mal pagado y que exigía una fuerte disciplina, permi- con el menor gastc
haya que acudir a I
Parecen además e¡
23 Cf. Robert C¡srel, Las metamo¡losis de ta cuest¡ón sociat. tJna crónica det salariado, op. cit., bios radicales, por
pá9. 458. Véase también Robert C¡srel, "Crítica social. Radicalismo o reformismo político" en lleva a las empres
W.AA , Pensar y resistir. La sociología crítica después de Foucnun, Madrid, Círculo de Ejelhs Artes,
2006, págs. 9-34, pá9. 23. Véase también Thierry Lecr-Éne, '"Travail: allons-nous vers une precar¡té cada vez más efírn
perm-anente?",Télérama,3095,g a 15 Mayo 1909, págs.43-46. (Entrev¡sta con Robert cnsrer-). piciada por las nua
24 Cf. Richard Se¡lruerr, La corrosión tribuyen también a
det caráctei. Las consecuencias personales det trabajo en
el nuevo cap¡talismo, Barcelona, Anagrama, 2000. Este libro puede ser leído como una prolongáción todo esto se suma,
de los análisis anteriores realizados por Serurerr. Véase concretamente Richard Ser.¡ruerr, Et áective
del hombre público, Barcelona, Península, 1978; Richard Se¡¡¡¡err, Narcisismo y cultura moderna,
de que el régimen fl
Barcelona, Kairós, 1980; y Richard Seru¡,¡err, V¡da urbana e identidad personal, Barcelona, penínsu- mía estadounidens¡
la, 1975. menor interferencia

@ Ediciones Morata, S. L.
)logía de las instituciones La precarización del trabajo asalariado 173

que fue uno de los tía no obstante establecer un proyecto vitaly mental estable alestar ligado a una
iste hoy en día nin- percepción lineal del tiempo y a un rendimiento acumulativo, lo que hacía previsi-
>iso salvaguardar a ble un futuro mejor. A esta estabilidad contribuía también sin duda el período de
cial, situarse en la bonanza laboral existente tras la Segunda Guerra Mundial, en el que los sindica-
un estatuto de ciu- tos protegían los puestos de trabajo, y existían ciertas garantías para los trabaja-
ls cada vez menos dores puestas en marcha por el New Deal del Presidente F. D. Roosevelt a partir
a globalizado. Cns- de las propuestas económicas de J. M. Keynes. Esos trabajadores, que poseían
mijuicio el reparto una fuerte identidad profesional, lograron a base de un gran esfuerzo personal, y
te más directo para de la solidaridad, un cierto acomodo social, aunque fuese en la base de la pirá-
adanía socral. Abo- mide social, y lograron en muchos casos ver cumplido uno de sus más anhelados
ue permita a todos sueños: que sus hijos accediesen a la universidad y ascendiesen socialmente,
le los trabajadores unos hijos que, como dice Seru¡¡rrr, se sienten avergonzados por el acento de
o. Los sindicatos y clase y por los modales poco refinados de sus padres.
promover trayecto- ¿Qué ha pasado, qué cambios se han producido, con esta nueva genera-
, como por ejemplo ción que trabaja en unas condiciones muy distintas a las de sus progenitores?
)s que están en el El libro presenta distintos ejemplos de trabajadores sometidos en los Estados
:ho socialy eldere- Unidos al impacto de la flexibilidad exigida por la nueva economía. No todos son
alcreciente núme- triunfadores, no todos pertenecen a esa pequeña élite de expertos en las nue-
tstemas clásicos de vas tecnologías, ni todos se han enriquecido, pero todos ellos parecen compar-
tir ciertas características comunes: carecen de una identidad profesionalfuerte,
carecen de lazos estrechos que los unan a la comunidad, sienten que tienen
dificultades para poder relacionarse con sus amigos -debido a que cambian
con frecuencia de trabajo, y ello pese al uso del correo electrónico-, dificulta-
des que perciben sobre todo a la hora de intentar transmitir a sus hijos un siste-
como en Eldeclive ma de valores sólido.
tproxima al presen- ¿Es posible establecer una identidad profesional y personal que no sea dé-
as últimas décadas bil y confusa en una sociedad cada vez más fragmentada, cada vez más mar-
sea la ágil, concisa, cada por itinerarios laborales secuenciados, en la que se producen cambios tan
ñucido en elámbi- rápidos? ¿De dónde proviene la nueva economía y qué tipo de ejercicio del poder
ruevas tecnologías. implica? Para Se¡¡Nerr el signo tangible de la necesidad de dinamizar el mercado
ados de entrevistas -los cánticos laudatorios que hacen la mayoría de los líderes económicos y los
:ribiendo con Jona- medios de comunicación a la globalización económica, y a las benéficas propie-
dora norteamerica- dades de las nuevas tecnologías- lo ilustra bien el lema nada a largo plazo.
adores inmigrantes Algunos economistas, como Bennett HRRRtsoru, señalan que esa avidez de cam-
rabajadores que no bio está ligada al capital impaciente, o lo que es lo mismo, a que el capitalismo
abajo no exento de financiero quiere obtener el mayor beneficio posible, en el menor tiempo posible,
:e disciplina, permi- con el menor gasto posible, y con el menor esfuerzo posible aunque para ello
haya que acudir a las vías irregulares o a la protección de los paraísos fiscales.
Parecen además existir otras razones que impulsan al capitalismo a buscar cam-
¡a del salariado, op. c¡t., bios radicales, por ejemplo, la inestabilidad en la demanda de consumo, lo que
reformismo político" en lleva a las empresas a intentar conseguir productos cada vez más variados y
Círculo de Bellas Artes,
nous vers une precarité
cadavez más efímeros. Esta especialización flexible de la producción se ve pro-
on Robert Cesrel). piciada por las nuevas tecnologías en informática y en comunicaciones que con-
*enales del trabajo en tribuyen también a hacer aceptables los cambios bruscos. En Estados Unidos a
@r'no una prolongación todo esto se suma, como muy bien señala SeruNetr, un reconocimiento implícito
¡ard Se¡¡¡¡er¡, El declive de que el régimen flexible no sólo es económico, sino también político. La econo-
Ita y cultura moderna, mía estadounidense se supone que es más flexible que la europea debido a una
C" Barcelona, Penínsu-
menor interferencia del Estado en el campo económico, a una red más débil del

@ Edicion"s Morata, S. L.
174 Sociología de las instituciones La precarización del tn

amiguismo, a una menor luerza de los sindicatos, a una opinión pública que que han aceptadr
acepta mejor los cambíos, pero también al empuje que conoció el neoliberalismo mientos que se es
político sobre todo bajo los gobiernos Bush. Para Richard
Esta nueva organización del trabajo, basada según sus defensores en la fle- bajo fordista, sino
xibilidad, el cambio, la innovación, las relaciones horizontales del trabajo en operando en la a
equipo, que se opone a la burocratización y a la jerarquización de corte autoríta- intenta ír más allá
rio de la "vieja" organización fordista del trabajo, ¿qué nuevas formas de ejerci- una sociedad sin
cio del poder encierra? En primer lugar, romper con elviejo orden burocrático no realidad", pueden
conlleva necesariamente una estructura institucional mpnor. La libertad que tie- superficie en la cr
ne cada unidad dentro de la organización empresariallpara alcanzar los objeti- de esa superficie ¡

vos, fijados de antemano por los que detentan el poder, es engañosa, ya que sible para la mayo
esos objetivos son por lo general difíciles de alcanza4 y la libertad se refiere úni- ma de forma dire
camente al modo de lograrlos. Por otra parte, el horario flexible que están adop- que un régimen a
tando en la actualidad las organizaciones flexibles únicamente revierte en los guna razón profur
trabajadores más privilegiados, es un beneficio injustamente distribuido y estric- po su legitímidad.
tamente racionado: los peores horarios corresponden a los trabajadores peor El desarrollo c
cualificados, es dec¡r, las mujeres y los hombres de las clases más pobres. El democracia y nos
trabajo en equipo no elimina la competición individual, de ahí que los trabajado- precarización delt
res mejor cualificados tengan miedo a transmitir sus conocimientos y capacída- pleo masivo, es de
des a los que llegan a la empresa por temor a poder ser luego reemplazados. cales, movímiento
Distintos trabajos ponen de relieve que las nuevas relaciones laborales imponen nómica de inmens
la necesidad de manipular el aspecto y el comportamiento hacia los demás, de intercambios a mil
adoptar una especie de máscara de la cordialidad, para ocultar las luchas por el ca, en fin, un reton
poder y los conflictos en el seno del equipo. De este modo surgen nuevas formas esos años por Frie
de alienación a través de esta ficción de las relaciones horizontales en equipo, ciente, sin embarg
pues esta ficción de comunidad no sólo no rompe con la estructura de poder de orden, pues respot
las empresas, sino que además sirve para debilitar la fuerza que tenían los sin- en situación de per
dicatos. Las relaciones superficiales y la falta de autoridad visible favorecen tam- a una nueva sociol
bién una ausencia de responsabilidad por parte de los trabajadores, pues los tivo es tratar de dii
fallos suelen recaer en las unidades y en los trabajadores más débiles que son atenazan y nos im¡
los primeros en ser expulsados recurriendo a la falta de rendimiento individual. do más justo, que ,
Este modo de funcionar permite además a los líderes de un equipo negar la legi-
Tanto Robert c
timidad de las demandas de sus compañeros, pues solicitar un aumento salarial, crash del 2008, có{
o una menor presión para producir, se convierten en este marco en una falta de nan los derechos
disposición a cooperar con "la cultura de la empresa". El director que declara que recientes propuest
todos somos víctimas del tiempo es tal vez la figura más astuta de esta nueva
nal, y a favor del r
organización del trabajo: domina el arte de ejercer el poder sin tener que pre-
tección de riesgos;
sentarse como responsable, al mismo tiempo que descarga sus fracasos en los
túan también los pr
que trabajan para é1.
este fenómeno soc
Este nuevo orden, el cambio múltiple, la actividad flexible y fragmentada, pue-
analizar la homolor
den ser cómodos, como dice Serutrterr, para los amos del universo, pero no para
la Austriaca de Ecr
los sirvientes del mercado. Por otra pade, la actual desigualdad de la riqueza
valor de los econo
en los países anglosajones es enorme y se agranda cada vez más. El 1"/"de los asa-
que cuestiona radi
lariados de élite en los Estados Unidos han visto más que doblados sus ingresos
tiempo estaba haci
en la década de los ochenta. En el Reino Unido el 2O/" del estrato "superior" de
la pobfación activa gana siete veces más que el2O"/" del estrato "inferior", cuan-
do hace 30 años la diferencia era de cuatro veces más. Numerosos estudios 25 Cf. Ríchard
Ss,
ponen además de relieve que en la mayoría de las empresas norteamericanas des íncertitudes. Trava

@ Ediciones Morata, S. L.
dología de las instituciones La precarización del trabajo asalariado 175

opinión pública que que han aceptado la denominada nueva economía no se han logrado los rendi-
¡ció el neoliberalismo mientos que se esperaban, de modo que no siempre la precarización es rentable.
Para Richard Srru¡lerr no se trata de abogar por el retorno al sistema de tra-
defensores en la fle- bajo fordista, sino de comprender la lógica profunda de los cambios que se están
fales del trabajo en operando en la actualidad en el mundo laboral y sus consecuencias. Su libro
ión de corte autorita- intenta ir más allá de la superficie de las cosas, y nos señala que las imágenes de
ras formas de ejerci- una sociedad sin clases, una manera común de hablar, de vestir y de percibir "la
orden burocrático no realidad", pueden ocultar unas diferencias sociales más profundas. Hay una
r. La libertad que tie- superficie en la cual todo el mundo parece estar en el mismo plano, e ir más allá
t alcanzar los objeti- de esa superficie puede requerir poseer un código que no es directamente acce-
s engañosa, ya que sible para la mayoría de la gente. sin esa clave, lo que conoce la gente de sí mis-
bertad se refiere úni- ma de forma directa y sencilla puede ser demasiado poco. Finalmente, afirma
ible que están adop- que un régimen económico y social que no proporciona a los seres humanos nin-
¡ente revierte en los guna razón profunda para cuidarse entre sí no puede mantener por mucho tiem-
e distribuido y estric- po su legitimidad.
s trabajadores peor El desarrollo de la nueva economía mina por tanto las raíces mismas de la
tses más pobres. El democracia y nos anuncia un futuro sombrío. En realidad neoliberatismo significa
rí que los trabajado- precarización del trabajo, trabajos basura, destrucción de la naturaleza, desem-
mientos y capacida- pleo masivo, es decir, trabajadores de usar y firar. Significa también paraísos fis-
rego reemplazados. cales, movimientos incontrolados de capitales especulativos, desertización eco-
s laborales imponen nómica de inmensas regiones y Estados que dejan fuera de los circuitos de los
hacia los demás, de intercambios a millones de trabajadores que se ven obligados a emigrar, signifi-
ttar las luchas por el
ca, en fin, un retorno de la Escuela Austriaca de Economía, bien representada en
rrgen nuevas formas
esos años por Friedrich HRver. Eldiagnóstico de Richard Seruruerr no es compla-
zontales en equipo,
ciente, sin embargo su sociología desempeña aquí una función social de primer
ructura de poder de
orden, pues responde a una demanda de clarificación formulada por ciudadanos
r que tenían los sín-
en situación de perplejidad. En este sentido se podría decir que el libro abre la vía
sible favorecen tam-
a una nueva sociología deltrabajo entendida como servicio público, pues su obje-
bajadores, pues los
tivo es tratar de diagnosticar el presente, tratar de objetivar las fuerzas que nos
tás débiles que son
atenazan y nos impiden avanzar hacia un mundo menos desigual, hacia un mun-
dimiento individual.
do más justo, que valore y promocione la satisfacción del trabajo bien hecho.
4uipo negar la legi- Tanto Robert Cnsrel como Richard Seruruerr observan, especialmente tras e/
,rn aumento salarial,
ilco en una falta de crash de|2008, cómo los cambios que se operan en el mundo del trabajo erosio-
for que declara que nan los derechos conquistados por el Estado social keynesiano. De ahí sus
recientes propuestas reflexivas tendentes a una revalorización del trabajo artesa-
¡tuta de esta nueva
'sin tener que pre- nal, y a favor del mantenimiento de los sistemas de solidaridad social y de pro-
sus fracasos en los tección de riesgos25. sin embargo, a medida que el trabajo se precariza se acen-
túan también los procesos de individualización y de psicologización. Para explicar
fragmentada, pue- este fenómen9 social de nuestro tiempo conviene remontarse a finales de siglo y
¡
verso, peto no para analizar la ho\ología estructuralexistente entre ciertas propuestas de la Escue-
¡ldad de la riqueza la Austriaca de Economía y el Psicoanálisis de Fneuo, entre la teoría subjetiva del
is. El 1% de los asa- valor de los economistas marginalistas, tan influyente durante todo el siglo xrx,
ilados sus ingresos que cuestiona radicalmente la teoría del valor-trabajo, y los análisis que al mismo
strato "superior" de tiempo estaba haciendo FRruo en la Viena de fin de siglo sobre las pulsiones libi-
ato "inferior", cuan-
umerosos estudios 25 cf. Richard seu¡¡err, Et artesano, Barcelona,
Anagrama, 2009 y Robert c¡srel, La montée
rs norteamericanas des incertitudes. Travail, protections, statut de I'individu, París, Seuil, 2009.

@ Ed¡ciones Morata, S. L.
176 Sociología de las ¡nstituciones

dinales inconscientes y el sujeto psicológico. ¿Hasta que punto elsujeto psicoló- CAPITULO IX
gico de la Escuela Austriaca de Economía, que niega tanto las clases como los
conflictos entre las clases, no es perfectamente compatible con el sujeto psicoa-
nalítico de FReuo, estructurado en el seno de la familia conyugal, en el interior del
complejo de Edipo, y movido por la libido deseante? ¿No es la concepción del
sujeto de Fneuo una prolongación de la concepción liberaldel sujeto de modo que
la cultura psicológica, nacida a la sombra del psicoanálisis, se nutre en buena
medida de la ruptura de los vínculos laborales? ¿No desaparece también en el
psicoanálisis el sudor del trabajador en aras del sujeto de desed'Q ¿cuál fue la
incidencia del liberalismo y del individualismo burgués en las teoríadlsicoanalíti-
cas de Fnruo? ¿Hasta qué punto el psicoanálisis no supedita, como los margina-
listas, lo social a lo psicológico? 26. Recientemente se decía en la prensa que está
de moda un tipo de terapia denominada meditación consciente que se inspira en
las doctrinas del príncipe indio del siglo v antes de cristo siddartha Gautama,
más conocido como Buda. La nueva terapia, capaz de ayudar a neutralizar la ira
y la tristeza, podría hacer estragos entre los parados y los precarios del mercado
laboral. Sin duda el psicoanálisis y las terapias de conducta distan de estas sim-
plificaciones, o de la inanidad de la mal llamada inteligencia emocional, pero ¿no
es posible que la ininterrumpida escucha del yo psicológico opere también de Max WeeeR, en
algún modo como una renuncia a escuchar la terrible y pesada materialidad mana de Sociologíi
de los problemas reales de este mundo? La sociología y la antropología del de que los sociólog
trabajo, estudios como los realizados por Erucels, Ar.rDERsor,r, CRsrel y Semrurrr, ésta contribuye a c
constituyen, en este sentido, un esfuerzo de objetivación para retornar a la pesa- hace público a trav(
da materialidad del mundo social, y proyectar luz en el corazón de las tinieblas. la atención sobre a
paraba por ejemplo
sa alemana se car¡
los asuntos puram€
norteamericana se
na sociedad. Lo púl
mericanos con una
Max WEeen rela
y con el mundo de I
tes parlamentarios
nales y los electorel
sivo en los resultad
la vez capitalista y p
los anunciantes. El
cierto modo la posir
26 Los efectos paralizantes del desempleo han sido estudiados
Observa también V
desde la Gran Depresión de así como el papel q
1929. Cf. Paul Lez¡nsreLD, Marie Jeuoon y Hans Zerssel, Los parados de Marienthat, Madrid, La
Piqueta, 1996. Véase también Marie Jnnoon, Empleo y desempleo: lJna anátisis socio-psicológico, la formación de la o
Madrid, Morata, 1987. La crítica más elaborada de la ficción liberal y neoliberal que hacen de la fuer- WeeeR suscitó r
za de trabajo y de la tiena meras mercancías, ha sido planteada por Karl Pomruyl en La gran trans- investigados sociolr
formación. Crítica del liberalismo económico, Madrid, La Piqueta, 1989. Sobre la relegación del tra- son los requisitos q
baio productivo por el capitalismo especulat¡vo véase Fernando ALVABEZ-URíA, "La renta no ganada.
Sociología, teoría subjetiva del valor y cultura empresarial en las sociedades neoliberales", Anduli.
ta profesional? ¿Cu
Revista andaluza de ciencias sociales, 7, 2007 , págs. 9-22; así como "Regreso a Bretton woods. De moderno inicie su Í
c6mo la ciencia económrba se desvinculó de /a economía política", Archipiélago, 83-84, diciembre tituye una especie c
2008, págs. 13-20. do por la política y

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