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LECTURAS DE MARX

El marxismo es el modelo teórico explicativo de la realidad compuesto


principalmente por el pensamiento desarrollado en la obra de Karl Marx,
economista, filósofo y periodista revolucionario alemán de origen judío, quien
contribuyó en campos como la sociología, la economía, el derecho, y la historia; y
así como también la serie de pensadores que complementan o re-interpretan este
modelo, tradición que va desde el coeditor de Marx, Friedrich Engels, hasta otros
pensadores como Lenin, León Trotski, Rosa Luxemburgo, Antonio Gramsci o
Georg Lukács. Por lo tanto es correcto hablar de marxismo como una corriente del
pensamiento humano.
Erradamente se asocia la palabra "marxismo" al conjunto de movimientos políticos
y sociales que surgieron durante el siglo XX, entre los que destacaron la
Revolución rusa, la Revolución china y la Revolución cubana. Para estos
movimientos sociales el nombre correcto es "comunismo" o "socialismo". Es
incorrecto plantear estos movimientos como sinónimo de "marxismo", porque ni
todo su componente humano ni todo su doctrina política se basó en el marxismo
como tal.
MARX SOBRE LA MUJER COMUNISTA (La mujer y el Comunismo. Antología
de los grandes textos del marxismo, 1951, Paris)
Los sabios, los genios, los mejores de entre los mejores amigos de la humanidad,
escribieron sobre las mujeres, sobre su vida, su labor, sus sufrimientos, sus
combates. Estos hombres se llaman Marx, Engels, Lenin y Stalin. Anteriormente a
ellos, hombres generosos, como Fourier, se indignaban con la condición de la
mujer en los diferentes estadios de la humanidad. Pero ellos no pudieron indicar el
remedio. Marx, Engels, Lenin y Stalin no solo han aportado a las trabajadoras,
obreras y campesinas, a las madres, su solidaridad, además han buscado las
razones de su explotación, de sus sufrimientos, de su esclavitud. Han explicado
estas razones. Han buscado y encontrado el remedio. Desde antes de la guerra,
en 1938, Jean Freville había escogido, traducido y presentado, en la colección
“Los grandes textos del Marxismo”, publicados por las Ediciones Sociales
Internacionales, numerosos textos referidos a la vida, a las luchas de las mujeres,
a las condiciones de su liberación social, de su independencia. Desgraciadamente,
los hitlerianos y sus cómplices del vichysmo prohibieron, destruyeron o quemaron
todo lo que podía golpear al capitalismo, al imperialismo, ya que ellos eran sus
representantes más abnegados. Ahora bien, nunca hemos tenido tanta necesidad
de estos textos, que constituyen un arma sólida en las manos de los combatientes
por la democracia y la paz. Tras una segunda guerra mundial espantosa, y en el
momento en el que los culpables de la guerra imperialista preparan una guerra
que será más espantosa todavía, millones de mujeres se han despertado con esta
conciencia de la necesidad de un combate sin tregua contra los responsables de
las guerras injustas, que las convierten en esposas sin marido, en madres sin
hijos, en novias de cadáveres. Las mujeres han aprendido por experiencia que las
guerras, y también los períodos que preceden a las guerras, significan para ellas,
para sus hogares, en los países dirigidos por los imperialistas, el encarecimiento
de la vida, el hambre, la miseria, el sufrimiento, la represión.
LA MUJER Y EL SOCIALISMO (LAS MUJERES Y LA REVOLUCIÓN
FRANCESA
POR AUGUST BEBEL-1979)
Cuando en julio de 1789 la gran Revolución comenzó por fin con la toma de la
Bastilla, fueron tanto las mujeres de las clases altas como las del pueblo las que
tomaron parte activa en el movimiento, ejercieron una notable influencia en pro o
contra este movimiento. Excesivas tanto para bien como para mal, cooperaron allí
donde se presentaba la ocasión. La mayor parte de los historiadores solo han
tomado acta de los excesos cometidos, excesos inevitables porque provenían de
la indescriptible corrupción, explotación, opresión, desprecio y de la traición de las
clases reinantes hacia el pueblo. Han minimizado o silenciado las acciones
heroicas. Bajo la influencia de este juicio superficial, Schiller canta que "Las
mujeres se transformaron en hienas y se burlaron del miedo”. Y sin embargo, ellas
han dado tantos ejemplos de heroísmo, de grandeza de alma, de admirable
abnegación durante estos años terribles que la redacción imparcial de un libro
sobre "Las mujeres durante la gran Revolución" equivaldría a la erección de un
monumento en su honor. Michelet dice que las mujeres fueron la vanguardia de la
Revolución.

CARTA TITULADA “LA CRÍTICA MORALIZANTE O LA MORAL CRÍTICA” (Karl


Marx, Octubre de 1847)
Donde analizó el hecho de que lo “justo” no es algo que provenga de la buena
voluntad de las personas, ni mucho menos de su “moralidad”, sino de la misma
“fuerza que domina igualmente a la propiedad”, que es una especie de poder. Así,
por ejemplo, los economistas llaman al capital “el poder sobre el bien ajeno”.
Nos hallamos, pues, en presencia de DOS (2) especies de poder: por una parte, el
poder de la propiedad, es decir, de los propietarios, y, por otra, el poder político, el
poder del Estado.
Para Marx, la injusticia está condicionada por la moderna división del trabajo, no
es, por lo tanto, una cuestión de corazón, sino de realidad; no es que los
funcionarios del poder puedan ponerse la mano al pecho y hacer las cosas en pro
del pueblo, del oprimido o del explotado; la realidad es la que determina su forma
de actuar, social e individualmente.
Marx llama a los mismos comunistas ciegos, por no comprender que la fuerza que
domina a la propiedad es la misma que domina a la injusticia en el estado de
propiedad y de no darse cuenta que no es una cuestión de atacar al rico por el
dinero que gana.
Pero claro, “la adquisición del dinero” se transforma en “adquisición de poder” y la
“propiedad” en “poder político”, pero esto no hay que convertirlo en un dogma,
solamente darse cuenta de que no hay que atacar las diferentes problemáticas por
su forma, sino buscar el origen esencial de los fenómenos.
Un país puede tener una igualdad de derechos impresionante, ya que la igualdad
está descrita en una ley, pero la desigualdad se manifiesta en la pobreza de ese
país.
LA TEORIA DE LA MODERNIZACIÓN SEGÚN KARL MARX
La visión evolucionista difundió una concepción dicotómica de las sociedades
humanas, rasgo esencial de la teoría de la modernidad, al menos en una de sus
principales vertientes. Figuras destacadas del siglo diecinueve, como Durkheim,
Tonnies, Marx y Weber, no parecen haber escapado a las influencias de este
darwinismo social: solidaridad mecánica de las sociedades tradicionales frente a
solidaridad orgánica entre individuos de las sociedades modernas, en Durkheim;
diferencia entre Gemeinschaft y Gesellschaft, esto es, entre la vida comunal de las
sociedades tradicionales homogéneas, la comunidad, y la asociación de
individuos, la sociedad, caracterizada por el individualismo, la competencia y una
mayor división del trabajo, según Tennies: diferenciación entre sociedades
precapitalistas y sociedad capitalista, para Marx, quien consideraba que "los
países industrialmente más desarrollados no hacen más que poner delante de los
países menos progresivos el espejo de su propio porvenir" [Marx 1991,
XIV];mientras que para Weber, lo que distingue a las sociedades premodernas de
las sociedades modernas es el nivel de racionalismo alcanzado por estas últimas,
el espíritu calculador en las actitudes económicas y en las diferentes esferas de la
vida, es decir, una organización social bien regulada.

LA IZQUIERDA MARXISTA
Si esto es el marxismo, yo no soy marxista” - repetía Carlos Marx (Carta de Engels
a Paul Lafargue, fechada en octubre de 1890).
Hay un mal en lo que conocemos como “Izquierda” que permanece inmutable en
el tiempo, a pesar de que la realidad hace rato exige un cambio de manera
urgente e imprescindible: el sectarismo. Dentro del marxismo, es una práctica que,
desgraciadamente, está insertada hasta los tuétanos. Y como consecuencia de
ella, la dispersión, la división permanente.
Obviamente, no hay que comer vidrio: debemos tener en claro que ese mal es el
sectarismo entre nosotros, los que nos decimos “de izquierda” o más bien
“revolucionarios”, porque con los burgueses hay que ser sectarios si queremos ser
coherentes con lo que decimos y pensamos. Pensando en un mundo justo e
igualitario, sin explotación del hombre por el hombre, la burguesía no puede
existir: nuestro sueño es una Humanidad sin clases.
Siguiendo con esa línea de pensamiento, lo lógico sería entonces que todos los
explotados de la Tierra unamos nuestras fuerzas para pelear contra aquellos que
nos explotan. Marx resumió esa necesidad de forma simple y genial: “proletarios
del mundo, uníos”. Más lógico sería aún, que quienes decimos tener un poco más
en claro y “conocer” el pensamiento de ése, el más grande pensador de todos los
tiempos, tuviéramos como premisa la unidad.
Sin embargo, no es así. Lamentablemente hay que escribir a cada rato sobre lo
mismo, y eso es claro síntoma de que no aprendemos. Y cansa, realmente. Y no
sólo eso: le hace el juego a los explotadores, que muy tranquilos están, al menos,
con quienes deberían ser sus enemigos más temidos.
Deberíamos pensar, entonces, si somos tan marxistas como decimos ser, habría
que ver si basta con autoproclamarse, Habría que ver si basta con defender los
intereses de la clase trabajadora. Habría que ver si basta con organizar un grupito
donde todos piensen igual.
Habría que ver si basta con tener algún conocimiento de los clásicos del
marxismo, para luego utilizar sólo parte de éste, lo que le conviene a cada línea de
pensamiento político. El marxismo es mucho más que eso, no es sólo la visión de
la historia de la humanidad como la historia de la lucha de clases (aunque es uno
de sus aspectos fundamentales). El marxismo abreva en las fuentes filosóficas del
materialismo y de la dialéctica.
¿Qué prácticas coherentes con ellas tenemos?
El materialismo nos indica el camino del pensamiento científico: la negación del
misticismo, del culto a la personalidad, del pensamiento mágico, de tomar como
verdad lo no probado, del dogma. Exige pensar la realidad desde lo concreto, para
desarrollarnos a partir de ello, no de los pajaritos que tengamos en la cabeza.
¿Cuánto de ello hay en la izquierda marxista? ¿Cómo es posible que ante la
realidad concreta del ninguneo de las masas trabajadoras, insistamos siempre con
los mismos métodos que produjeron ese divorcio? ¿Dónde está el análisis
materialista y su consecuencia política?
La dialéctica materialista exige, justamente, una dinámica que revolucione todo el
tiempo lo instituido. Es movimiento permanente. Es lo contrario al estatismo, al
conformismo, a lo anquilosado... es la antítesis de lo dogmático. Nos plantea que
allí donde hay una fuerza, un organismo, un pensamiento, siempre habrá una
contraposición, que generará, interactuando, una resultante: tesis y antítesis, que
como resultado daran una síntesis, la cual a su vez tendrá una nueva antítesis, lo
que resultará en una nueva síntesis con su antítesis, y así sucesivamente. El
movimiento permanente, la diversidad permanente. El anti dogma. ¿Dónde se
verifica eso en la izquierda marxista? Varios ejemplos dimos antes. Y podríamos
seguir. Si tenemos en claro la dialéctica, es decir, que no hay una verdad absoluta
¿quién puede autoproclamarse y actuar como el dueño de ella? ¿Cómo no admitir
el pensamiento del otro, del compañero de objetivo, sólo porque tiene diferencias
en el camino a tomar? ¿Cómo no entender que NUNCA se podrá homogeneizar el
pensamiento humano -y mucho menos el revolucionario-, y que es A PARTIR DE
LA HETEROGENEIDAD que debemos luchar por la unidad de los que tenemos los
mismos objetivos?
Por otro lado, Marx estudia cuidadosamente el sistema hegeliano y muy pronto
participa de las ideas de la izquierda hegeliana y del activismo político de algunos
de sus miembros, separándose de ellos tras su radicalización política y su defensa
del comunismo.
Marx acepta algunas de las ideas principales de Feuerbach (la crítica a Hegel, su
reivindicación de la corporeidad y de la percepción, su idea de Dios como
invención humana, su tesis de la alienación religiosa), pero rechaza aspectos
importantes de su filosofía:
Marx creyó que la crítica de Feuerbach a la religión era inadecuada porque este
filósofo no consiguió entender cabalmente la razón última de la aparición de la
religión, que para Marx es la existencia de explotación económica, de la alienación
básica consecuencia de la explotación del hombre por el hombre.