You are on page 1of 7

TEMA 14.

LA SEGUNDA
REPÚBLICA

1
1. Renuncia de Alfonso XIII a la Corona (14 de abril de 1931)
“Las elecciones celebradas el domingo, me revelan claramente que no tengo el amor de mi
pueblo. Mi conciencia me dice que ese desvío no será definitivo, porque procuré siempre servir
a España, puesto el único afán en el interés público hasta en las más críticas coyunturas. Un
Rey puede equivocarse y sin duda erré yo alguna vez, pero sé bien que nuestra Patria se
mostró siempre generosa ante las culpas sin malicia. Soy el Rey de todos los españoles y
también un español. Hallaría medios sobrados para mantener mis regias prerrogativas en
eficaz forcejeo contra los que las combaten; pero resueltamente quiero apartarme de cuanto
sea lanzar a un compatriota contra otro, en fratricida guerra civil.
No renuncio a ninguno de mis derechos, porque más que míos son depósitos acumulados por
la Historia de cuya custodia me han de pedir un día cuenta rigurosa. Espero conocer la
auténtica expresión de la conciencia colectiva. Mientras habla la nación suspendo
deliberadamente el ejercicio del Poder Real reconociéndola como única señora de sus
destinos. También quiero cumplir ahora el deber que me dicta el amor de la Patria. Pido a Dios
que también como yo lo sientan y lo cumplan todos los españoles. Alfonso, Rey”

2. Así cayó Alfonso XIII, 1931


“Tardamos cerca de dos horas en recorrer el trayecto de la calle de Alcalá que una la plaza de la
Cibeles con la Puerta del Sol, o sea poco más de un kilómetro. El gentío nos abría camino a
fuerza de empujones y apreturas. (…)
En la Puerta del Sol, la aglomeración desbordaba ya toda medida imaginable. (…).
Por fin llegó mi coche ante la puerta principal del Ministerio. La puerta estaba cerrada. Ante la
puerta cerrada sólo estábamos Largo Caballero y yo, rodeados, claro es, de una masa
vociferante que pedía se abriesen las puertas. De pronto, se abrieron estas de par en par, y
apareció en el zaguán un piquete de la Guardia Civil cerrando el paso. Me cuadré delante de
ellos, me descubrí y les dije:
- Señores: ¡Paso al Gobierno de la República!
Los soldados, como si lo hubiesen ensayado previamente, abrieron el paso y, en dos filas, una a
cada lado, presentaron armas. (…) Este fue, querido lector, el ceremonial del famoso “traspaso
de poderes”. (…) Diez palabras de cada lado bastaron, y en realidad sobraron, para tomar las
riendas de un poder que yacía en el arroyo.”
Miguel Maura: Así cayó Alfonso XIII, 1931.

3. Proyectos de reforma militar, 1931


“Las reformas que el Gobierno de la República se propone introducir en la organización y régimen
del Ejército habrán de llevarse a cabo en dos partes: una, más urgente y sencilla, la acometerá,
desde luego, el Gobierno, en virtud de los poderes que la revolución ha puesto en sus manos;
otra, que ha de comprender las bases legales de la instrucción militar, estará diferida a las
Cortes. Votarán en su día éstas una nueva ley constitutiva; fundarán sobre algo más que el papel
de la Gaceta la instrucción preliminar que permita, con ventaja del Tesoro público y de la
producción nacional, la reducción del tiempo de servicio en filas; fijarán las normas de
reclutamiento e instrucción de la oficialidad y la tropa, así como la selección del Estado Mayor
General; darán una ley de cuadros para establecer las plantillas según las necesidades que la
técnica profesional determina, y una ley de efectivos que sustraiga la importancia y cuantía de
cada unidad táctica a las arbitrariedades administrativas de los licenciamientos anticipados,
rebaja del servicio y otras combinaciones reprobables ajenas, cuando no contrarias, a la buena
preparación de la tropa para la guerra; proveerán las Cortes el armamento de las fuerzas que el
país necesita en la eventualidad de una movilización; revisará los principios en que se basa
nuestra justicia militar, corrigiendo los defectos de un Código Penal arcaico y durísimo; votarán el
primer presupuesto de guerra que revele exactamente nuestra organización armada y su costo,
que, con otras innovaciones que no son de analizar en este preámbulo, dotarán a España de la
capacidad defensiva propia de un pueblo libre y pacífico e infundirán en la clase militar aquella
seguridad de justicia y buen gobierno en su carrera, no sólo conciliable, sino estrechamente
ligada al respeto de los derechos inherentes a la ciudadanía.”
Manuel Azaña: Proyectos de reforma militar, 29 de abril de 1931.

2
4. Discurso de Manuel Azaña en el Congreso de los Diputados (1931)
“(…) La revolución política, es decir, la expulsión de la dinastía y la restauración de las libertades
públicas, ha resuelto un problema específico de importancia capital, ¡quién lo duda!, pero no ha
hecho más que plantear y enunciar aquellos otros problemas que han de transformar el Estado y
la sociedad españoles hasta la raíz. Estos problemas, a mi corto entender, son principalmente
tres: el problema de las autonomías locales, el problema social en su forma más urgente y aguda,
que es la reforma de la propiedad, y este que llaman problema religioso, y que es en rigor la
implantación del laicismo del Estado con todas sus inevitables y rigurosas consecuencias.
Ninguno de estos problemas los ha inventado la República (…). Cada una de estas cuestiones,
señores diputados, tiene una premisa inexcusable, imborrable en la conciencia pública, y al venir
aquí, al tomar hechura y contextura parlamentaria es cuando surge el problema político. Yo no
me refiero a las dos primeras, me refiero a eso que llaman problema religioso. La premisa de este
problema, hoy político, la formulo yo de esta manera: España ha dejado de ser católica; el
problema político consiguiente es organizar el Estado en forma tal que quede adecuado a esta
fase nueva e histórica del pueblo español. Yo no puedo admitir, señores diputados, que a esto se
le llame problema religioso. El auténtico problema religioso no puede exceder de los límites de la
conciencia personal, porque es en la conciencia personal donde se formula y se responde la
pregunta sobre el misterio de nuestro destino (…).”
Discurso de Manuel Azaña en el Congreso de los Diputados, 13 de octubre de 1931.

5. Constitución de 1931
“Art. 1º. España es un República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en
régimen de Libertad y de Justicia.
Los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo.
Art. 3º. El Estado español no tiene religión oficial.
Art. 8º. El Estado español, dentro de los límites irreductibles de su territorio actual, estará
integrado por Municipios mancomunados en provincias y por las regiones que se constituyan en
régimen de autonomía.
Art. 27º. La libertad de conciencia y el derecho de profesar y practica libremente cualquier religión
quedan garantizados en el territorio español, salvo el respeto debido a las exigencias de la
moralidad pública.
Art 34º. Toda persona tiene derecho a emitir libremente sus ideas y opiniones, valiéndose de
cualquier medio de difusión, sin sujetarse a la previa censura.
Art 36ª.Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de 23 años, tendrán los mismos derechos
electorales conforme determinen las leyes.
Art 38. Queda reconocido el derecho a reunirse pacíficamente sin armas.
Art 39. Los españoles podrán asociarse o sindicarse libremente para los distintos fines de la vida
humana, conforme a las leyes del Estado.
Art 43º. El matrimonio se funda en la igualdad de derecho para ambos sexos y podrá disolverse
por mutuo disenso o a petición de cualquiera de los cónyuges. Los padres están obligados a
alimentar, asistir, educar e instruir a sus hijos. Los padres tienen para con los hijos habidos fuera
del matrimonio los mismos deberes que respecto de los nacidos en el.
Art. 51º. La potestad legislativa reside en el pueblo, que la ejerce por medio de las Cortes o
Congreso de los Diputados.
Art 67. El Presidente de la República es el Jefe del Estado y personifica a la Nación.
Art. 68º. El Presidente de la República será elegido conjuntamente por las Cortes y un número
de compromisarios igual al de Diputados.
Art 81. El Presidente podrá disolver las Cortes hasta dos veces como máximo durante su
mandato, cuando lo estime necesario. En el caso de segunda disolución, el primer acto de las
nuevas Cortes será examinar y resolver la necesidad del decreto de disolución de las anteriores.
El voto desfavorable de la mayoría absoluta de las Cortes llevará aneja la destitución del
Presidente.”

3
6. Ley de Bases de la Reforma Agraria (1932)
Los efectos de esta ley se extienden a todo el territorio de la República. Su aplicación, en orden a
los asentamientos de campesinos, tendrá lugar en los términos municipales de Andalucía,
Extremadura, Ciudad Real, Toledo, Albacete y Salamanca. Las tierras del Estado y las que
constituyeron antiguos señoríos, transmitidas desde su abolición hasta hoy por título lucrativo
podrán ser objeto de asentamientos, sea cualquiera la provincia donde radiquen. La inclusión
en posteriores etapas, a los fines de asentamiento de las fincas situadas en términos municipales
de las 36 provincias restantes, solo podrá realizarse a propuesta del Gobierno [... ]
La ejecución de esta ley quedará encomendada al Instituto de Reforma Agraria, como órgano
encargado de transformar la Constitución rural española [...] El Instituto de Reforma Agraria
promoverá la formación de organismos de crédito a fin de facilitar a los campesinos asentados el
capital necesario para los gastos de explotación [... ].
Serán susceptibles de explotación las tierras incluidas en los siguientes apartados:
1. Las ofrecidas voluntariamente por sus dueños siempre que su adquisición se considere de
interés por el Instituto de Reforma Agraria.
5. Las que por las circunstancias de su adquisición, por no ser explotadas directamente por
los adquirientes y por las condiciones personales de los mismos, deba presumirse que fueran
compradas con fines de especulación o con el único objeto de percibir su renta [...].
7. Las incultas o manifiestamente mal cultivadas en toda aquella porción que, por su fertilidad y
favorable situación, permita un cultivo permanente con rendimiento superior al actual [...].
Quedarán excluidas de la adjudicación temporal y de la expropiación las siguientes:
a. Los bienes comunales pertenecientes a los pueblos, las vías pecuarias [...].
b. Los terrenos dedicados a explotaciones forestales [...].
d. Las fincas que por su ejemplar explotación o transformación puedan ser consideradas como
tipo de buen cultivo técnico o económico [...].”
(Gaceta de Madrid, 21 de septiembre de 1932

7. Manifiesto del general Sanjurjo (10 de agosto de 1932)


Españoles: Surge de las entrañas sociales un profundo clamor popular que demanda justicia y
nos mueve a procurarla. (…) nadie siente (…) la tranquilidad de una vida pública jurídicamente
ordenada, la seguridad de un patrimonio legítimamente adquirido. La inviolabilidad del hogar
sagrado, la plenitud de vivir en el seno de una nación civilizada; de todo este desastre brota
espontáneamente la rebelión de las almas que viven sin esperanza.
(…) La revolución será siempre un crimen o una locura dondequiera que prevalezca la justicia y
el derecho, pero no es justicia ni derecho donde prevalezca la tiranía; (…) la economía nacional,
(…) ha sufrido el quebranto de miles de millones; se ha hecho mofa y escarnio en el Parlamento
de lo más (…) arraigado en la mayoría de los españoles; se han destrozado los organismos de
defensa e insultado (…) a los cuerpos armados; ha aumentado la criminalidad de modo
alarmante. El paro forzoso (…) tiene en la miseria a muchos miles de obreros. No se ha tenido en
varios meses ni un día de sosiego y tranquilidad, con el sobresalto constante del incendio,
huelgas revolucionarias, robos, atracos y amenazas. Las leyes de excepción nos privan más que
nunca de los derechos ciudadanos (…), se han alentado imprudentemente
los sentimientos de varias regiones (…) poniendo en peligro inminente la integridad de España.
Por amor a España y por imperativos de nuestra conciencia y nuestro deber, (…) aceptamos
desde este momento la responsabilidad de la gobernación del país y asumimos todas las
funciones del poder público con el carácter de Junta provisional. (…) No venimos (…) a imponer
un régimen político contra la República, sino a libertar a España de la alarma, que sólo en un año
ha ocasionado daños tan gravísimos en lo material y en lo moral. La forma en que los Poderes
del Estado han de organizarse se determinará por la representación legítima de todos los
ciudadanos designados en elecciones que se celebrarán en un régimen de libertad (…)

8. Acto de constitución de la CEDA (1933)


“Anoche se constituyó (…) la Confederación Española de Derechas Autónomas. (...) Gil Robles,
en las palabras finales, decía:
Debemos felicitarnos de los trabajos, de la misma diversidad de tendencias manifestadas, porque
sólo han revelado la pugna de llevar a las conclusiones la interpretación más fiel y avanzada de la

4
doctrina social y política cristiana. Dios ha bendecido nuestros trabajos porque los ha presidido la
humildad del corazón y la pureza de los fines. Me limito, pues, a darle las gracias y a declarar
solemnemente que ha quedado constituida la CEDA, que ha de ser el núcleo derechista que
salve a la Patria, hoy en peligro". (...)
Al discutirse, por la tarde, después de terminar todas las secciones sus respectivos trabajos, el
Estatuto de la CEDA, se admitieron como coincidencias fundamentales de los partidos que la
integran -aparte de las conclusiones aprobadas en detalle- las siguientes, debidas a la iniciativa
de la Derecha Regional valenciana:
a) Afirmación y defensa de los principios fundamentales de la civilización cristiana.
b) Necesidad de una revisión constitucional de acuerdo con dichos principios.
c) Aceptación, como táctica para toda su actuación política, de las normas dadas por el
Episcopado a los católicos españoles en su declaración colectiva de diciembre de 1931.”
(El Debate, 5 de marzo de 1933)

9. Discurso de José Antonio Primo de Rivera en el Teatro de la Comedia


“He aquí lo que exige nuestro sentido total de la Patria y del Estado que ha de servirla.
Que todos los pueblos de España, por diversos que sean, se sientan armonizados en una
irrevocable unidad de destino.
Que desaparezcan los partidos políticos. Nadie ha nacido nunca miembro de un partido político;
en cambio, nacemos todos miembros de una familia; somos todos vecinos de un Municipio; nos
afanamos todos en el ejercicio de un trabajo. Pues si ésas son nuestras unidades naturales (…)
¿para qué necesitamos el instrumento intermediario y pernicioso de los partidos políticos (…)?
Queremos menos palabrería liberal y más respeto a la libertad (…) del hombre. Porque sólo se
respeta la libertad del hombre cuando se le estima (…) portador de valores eternos; cuando se le
estima envoltura corporal de un alma que es capaz de condenarse y de salvarse. (…)
Queremos que todos se sientan miembros de una comunidad seria y completa; (…) que las
funciones a realizar son muchas: unos, con el trabajo manual; otros, con el trabajo del espíritu;
algunos, con un magisterio de costumbres y refinamientos. (…)
Queremos que (…) se dé a todo hombre (…) la manera de ganarse con su trabajo una vida
humana, justa y digna.
Queremos que el espíritu religioso (…) sea respetado y amparado (…), sin que por eso el Estado
se inmiscuya en funciones que no le son propias (…)
Queremos que España recobre (…) el sentido universal de su cultura y de su Historia.
Y queremos, por último, que si esto ha de lograrse en algún caso por la violencia, no nos
detengamos ante la violencia. (…) ¿Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos,
antes que reaccionar como hombres, estamos obligados a ser amables? Bien está, sí, la
dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más dialéctica admisible que la
dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la Patria.
Esto es lo que pensamos nosotros del Estado futuro que hemos de afanarnos en edificar.”
Madrid, 19 de octubre de 1933.

10. Bando del Comité Revolucionario de Asturias (1934)


“Hacemos saber: Que el Comité Revolucionario, como intérprete de la voluntad popular y velando
por los intereses de la Revolución se dispone a tomar con la energía necesaria todas las medidas
conducentes a encauzar el curso del movimiento. A tal efecto, disponemos:
1.º El cese radical de todo acto de pillaje, previniendo que todo individuo que sea cogido en un
acto de esta naturaleza será pasado por las armas.
2.º Todo individuo que posea armas debe presentarse inmediatamente ante el Comité a
identificar su personalidad. A quien se coja con armas en su domicilio o en la calle, sin la
correspondiente declaración, será juzgado severísimamente.
3.º Todo el que tenga en su domicilio artículos, producto del pillaje, o cantidades de los mismos
que sean producto de ocultaciones, se les conmina a hacer entrega de los mismos
inmediatamente. El que así no lo haga, se atendrá a las consecuencias naturales como enemigo
de la Revolución.
4.º Todos los víveres existentes, así como artículos de vestir, quedan confiscados.
5.º Se ruega la presentación inmediata ante este Comité de todos los miembros pertenecientes a

5
los Comités directivos de las organizaciones obreras de la localidad para normalizar la
distribución y consumo de víveres y artículos de vestir.
6.º Los miembros de los Partidos y Juventudes obreras de la localidad deben presentarse
inmediatamente con su correspondiente carnet para constituir la Guardia Roja, que ha de velar
por el orden y la buena marcha de la Revolución.”
En Oviedo, a 9 de octubre de 1934.- El Comité Revolucionario”.

11. Programa del Frente Popular (16 de enero de 1936)


“Los partidos republicanos Izquierda Republicana, Unión Republicana y el Partido Socialista, en
representación del mismo y de la Unión General de Trabajadores; Federación Nacional de
Juventudes Socialistas, Partido Comunista, Partido Sindicalista, Partido Obrero de Unificación
Marxista, sin perjuicio de dejar a salvo los postulados de sus doctrinas, han llegado a
comprometer un plan político común que sirva de fundamento y cartel a la coalición de sus
respectivas fuerzas en la inmediata contienda electoral y de norma de gobierno que habrán de
desarrollar los partidos republicanos de izquierda, con el apoyo de las fuerzas obreras, en el caso
de victoria (...).
I.- Como suplemento indispensable de la paz pública, los partidos coaligados se comprometen:
1. A conceder por ley una amplia amnistía de los delitos político-sociales cometidos
posteriormente a noviembre de 1933 (...).
III.- Los republicanos no aceptan el principio de la nacionalización de la tierra y su entrega
gratuita a los campesinos, solicitada por los delegados del partido socialista (...).
VII.- La República que conciben los partidos republicanos no es una República dirigida por
motivos sociales o económicos de clase, sino un régimen de libertad democrática, impulsado por
razones de interés público y progreso social. (...) precisamente por esa (...) razón, la política
republicana tiene el deber de elevar las condiciones morales y materiales de los trabajadores
hasta el límite máximo que permita el interés general de la producción, sin reparar (...) en cuantos
sacrificios hayan de imponerse a todos los privilegios sociales y económicos (...).
VIII.- La República tiene que considerar la enseñanza como atributo indeclinable del Estado, en el
superior empeño de conseguir en la suma de sus ciudadanos el mayor grado de conocimiento y
(...) el más amplio nivel moral por encima de razones confesionales y de clase social (...).
D) Los partidos coaligados repondrán en su vigor la legislación autonómica votada por las Cortes
constituyentes y desarrollarán los principios autonómicos consignados en la Constitución. Se
orientará la política internacional en un sentido de adhesión a los principios y métodos de la
Sociedad de Naciones.”
El Socialista, 16 enero 1936

12. La radicalización del PSOE


“(…) La clase burguesa y sus representantes entienden que se ha llegado ya a la meta de las
instituciones políticas en nuestro país, y tenemos que decirles que no; la República no es
inmutable; la República burguesa no es invariable; la República burguesa no es una institución
que nosotros tengamos que arraigar de tal manera que haga imposible el logro de nuestras
aspiraciones. ¿De qué manera? ¡Como podamos! (...). Nuestra aspiración es la conquista del
Poder político. ¿Procedimiento? ¡El que podamos emplear! Los que nos hablan tanto de la
legalidad, lo primero que tienen que hacer es ser respetuosos con la ley para no obligar a la clase
trabajadora a salirse de ella. Todos los actos que la clase obrera ha realizado que pueden
considerarse ilegales, han sido provocados por la ilegalidad de los que gobernaban. Y nosotros,
los trabajadores, entendemos que la República burguesa hay que transformarla en una República
socialista, socializando los medios de producción.”
Largo Caballero, enero de 1936

13. Discurso de Gil Robles en el Congreso


“[...] Convénzase el señor Casares Quiroga. Hay en el Frente Popular unos partidos que saben
perfectamente a dónde van; no les ocurre lo mismo a otros que apoyan la política de Su Señoría.
Los grupos obreristas saben perfectamente a dónde van: van a cambiar el orden social existente;

6
cuando puedan, por el asalto violento al poder, por el ejercicio desde arriba de la dictadura del
proletariado; pero mientras ese momento llega, por la destrucción paulatina, constante y eficaz
del sistema de producción individual y capitalista que está viviendo España. Para ello, un día
son las perturbaciones, las agitaciones, las huelgas sistemáticas que retraen el capital, que
producen la huida del capital, muchas veces con combinaciones y negocios criminales que soy el
primero en condenar, que ocasionan el colapso de la economía. Otro día son bases del trabajo
que no significan propiamente el deseo de legítimas reivindicaciones obreras, sino más bien el
propósito de matar la producción capitalista, absorbiendo el beneficio de la producción, y, si es
necesario, las mismas reservas de capital [...].”
Diario de sesiones del Congreso de los Diputados, 15 de junio de 1936

14. Discurso de Manuel Azaña en el Ayuntamiento de Valencia (1937)


“Hacemos una guerra terrible, guerra sobre el cuerpo de nuestra propia patria; pero nosotros
hacemos la guerra porque nos la hacen. Nosotros somos los agredidos; es decir, nosotros, la
República, el Estado que nosotros tenemos la obligación de defender. Ellos nos combaten; por
eso combatimos nosotros. Nuestra justificación es plena ante la conciencia más exigente, ante la
historia más rigurosa. Nunca hemos agredido a nadie; nunca la República, ni el Estado, ni sus
gobiernos han podido no ya justificar, sino disculpar o excusar un alzamiento en armas contra el
Estado. Nuestra posición se ha robustecido en esos seis meses. Sépalo el mundo entero y
sépanlo los españoles todos, los que combaten a un lado y los que combaten al otro; nosotros
hacemos la guerra por deber, y en el cumplimiento del deber estamos dispuestos a persistir con
tanto tesón como sea necesario para conseguir nuestro fin. Por esto decía yo, señores, que el
problema al plantearse, era para nosotros, hubiéramos querido que fuese siempre, un problema
de orden interior; como si dijéramos, restablecer la observancia de la ley; como si dijéramos, un
inmenso problema de orden público. Desgraciadamente no ha sido así; la rebelión militar
española desde el primer momento ha adquirido los caracteres de un gravísimo problema
internacional.”
Manuel Azaña, 21 de enero de 1937.