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HORA SANTA AL INICIAR LAS 24

HORAS PARA EL SEÑOR


El sacerdote expone el Santísimo Sacramento que permanecerá 24 horas para la
adoración. A continuación, hace un canto e inciensa. Después introduce esta jornada de
plegaria:​ Señor Jesús, unidos a toda a Iglesia comenzamos este tiempo de
oración en el que queremos permanecer Contigo, vivo y realmente presente en
este sacramento. Tu nos has mostrado tu amor hasta el extremo subiéndote
en cruz y resucitando y has querido permanecer con nosotros todos los días
hasta el fin del mundo en la Eucaristía, síntesis de tu misericordia hacia cada
uno de nosotros. Queremos estar Contigo un día completo de nuestra vida
correspondiendo a tu amor ilimitado. Abre nuestros corazones a la
conversión, a la gratitud y a la entrega. Se deja un breve momento de silencio
ante el Santísimo Sacramento.

A continuación inicia el Rezo de Laudes.


LAUDES
(Oración de la mañana)
V. ​Dios mío ven en mi auxilio.
R. ​Señor date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Himno: DELANTE DE LA CRUZ LOS OJOS MÍOS

Delante de la cruz los ojos míos


quédenseme, Señor, así mirando,
y sin ellos quererlo estén llorando,
porque pecaron mucho y están fríos.

Y estos labios que dicen mis desvíos,


quédenseme, Señor, así cantando,
y sin ellos quererlo estén rezando,
porque pecaron mucho y son impíos.

Y así con la mirada en vos prendida,


y así con la palabra prisionera,
como la carne a vuestra cruz asida,

quédeseme, Señor, el alma entera;


y así clavada en vuestra cruz mi vida,
Señor, así, cuando queráis me muera. Amén.

SALMODIA
Ant 1. ​Contra ti, contra ti solo pequé, Señor; ten misericordia de mí.

Salmo 50 - CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO

Misericordia, Dios mío, por tu bondad;


por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,


tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,


en el juicio brillará tu rectitud.
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,


y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,


que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,


renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,


afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,


Dios, Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen;


si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,


reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ​Contra ti, contra ti solo pequé, Señor; ten misericordia de mí.

Ant 2. ​Reconocemos, Señor, nuestra impiedad; hemos pecado contra ti.

Cántico: LAMENTACIÓN DEL PUEBLO EN TIEMPO DE HAMBRE Y DE GUERRA - Jr


14,17-21

Mis ojos se deshacen en lágrimas,


día y noche no cesan:
por la terrible desgracia de la doncella de mi pueblo,
una herida de fuertes dolores.

Salgo al campo: muertos a espada;


entro en la ciudad: desfallecidos de hambre;
tanto el profeta como el sacerdote
vagan sin sentido por el país.

¿Por qué has rechazado del todo a Judá?


¿tiene asco tu garganta de Sión?
¿Por que nos has herido sin remedio?
Se espera la paz, y no hay bienestar,
al tiempo de la cura sucede la turbación.

Señor, reconocemos nuestra impiedad,


la culpa de nuestros padres,
porque pecamos contra ti.

No nos rechaces, por tu nombre,


no desprestigies tu trono glorioso;
recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ​Reconocemos, Señor, nuestra impiedad; hemos pecado contra ti.

Ant 3. ​El Señor es Dios y nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Salmo 99 - ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO.

Aclama al Señor, tierra entera,


servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

Sabed que el Señor es Dios:


que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,


por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,


su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ​El Señor es Dios y nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

LECTURA BREVE Is 53, 11b-12

Mi siervo justificará a muchos, porque cargó sobre sí los crímenes de ellos. Le daré
una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre, porque se
entregó a sí mismo a la muerte y fue contado entre los malhechores; él tomó sobre sí
el pecado de las multitudes e intercedió por los pecadores.

RESPONSORIO BREVE

V. ​Él me librará de la red del cazador.


R. ​Él me librará de la red del cazador.

V. ​Me cubrirá con su plumaje.


R. ​Él me librará de la red del cazador.

V. ​Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


R. ​Él me librará de la red del cazador.
CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. ​Uno de los escribas se acercó a Jesús para preguntarle cuál era el primero de
todos los mandamientos. Jesús le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu
corazón.»

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,


porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos


y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,


arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,


porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,


nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.


Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ​Uno de los escribas se acercó a Jesús para preguntarle cuál era el primero de
todos los mandamientos. Jesús le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu
corazón.»
PRECES
Demos gracias a Cristo, el Señor, que al morir en cruz nos dio la vida, y digámosle
con fe:

Tú que por nosotros moriste, escúchanos, Señor.

Maestro y Salvador nuestro, tú que nos revelaste con tu palabra el designio de Dios y nos
renovaste con tu gloriosa pasión,
-no permitas que nuestros días transcurran entre vicios y pecados.

Que sepamos, Señor, mortificarnos hoy al tomar los manjares del cuerpo,
-para ayudar con nuestra abstinencia a los hambrientos y necesitados.

Que vivamos santamente este día de penitencia cuaresmal


-y lo consagremos a tu servicio mediante obras de misericordia.

Sana, Señor, nuestras voluntades rebeldes


.y llénanos de tu gracia y de tus dones.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Que el Espíritu que habita en nosotros y nos une en su amor nos ayude a decir: ​Padre
nuestro...

ORACION

Infunde, Señor, tu gracia en nuestros corazones, para que sepamos refrenar nuestros
excesos mundanos y seguir fielmente las inspiraciones que nos vienen de ti. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu
Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. ​El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. ​Amén.
Se propone a continuación la meditación sobre la parábola del Padre misericordioso:
Del Evangelio según san Lucas:​ Jesús les dijo esta parábola: -«Un hombre tenía dos
hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la
fortuna." El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor,
juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo
perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre
terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante
de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de
saciarse de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.
Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia
de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi
padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme
hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros." Se puso en camino adonde estaba
su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a
correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado
contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus
criados: "Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y
sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete,
porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos
encontrado."

El sacerdote hace una pequeña reflexión centrada en las actitudes del padre y del hijo
menor de la Parábola.
Tres momentos en la vida del Hijo:
El primero es la decisión pasional de abandonar la casa paterna. Muchos, quizás, le
habrían acariciado los oídos diciéndole que fuera encontraría libertad auténtica, que
estaba sometido al reglamento paterno, que en definitiva, fuera, "se iba a realizar". La
voz del mundo y del que en el mundo actúa, el demonio, es seductora. Promete una
felicidad plena y todo desemboca en la más honda desolación y vacío. La voz de Dios
es firme y señala cuanto está bien o mal, exige; es palabra que pone al descubierto
nuestras intenciones y las orienta al bien y la verdad. El primer camino es fácil de
seguir; el segundo, costoso. El hijo decide emprender un camino atrayente en
apariencia. Pero, he aquí el primer movimiento soberbio de su corazón: "Dame la
parte de la herencia que me corresponde". Es una ofensa tremenda al corazón de su
padre. Viene a decirle que lo único que le interesa de él es su dinero; y manifiesta con
esta declaración que para él está muerto. No en vano, toda herencia se recibe cuando
el que reparte ha muerto. Aquel padre siente cómo su pecho se abre en canal. Sin
embargo, accede a aquella petición descarada, respetando así con pulcritud suma la
libertad de su hijo. Finalmente le entrega su parte. El segundo momento corresponde
al camino de alejamiento del hogar paterno, que va unido al desenfreno de su
corazón. Tiene dinero y le acompañan los amigos que le sedujeron. Comienza a vivir
perdidamente. Piensa encontrar la felicidad en una vida de fiesta, perversión e
impureza: fiesta, bebida, sexo... Tiene dinero... tiene felicidad en bandeja. Aquel hijo
destroza su vida lejos del hogar que le vio crecer sano. 7 El tercer momento
corresponde al movimiento de crisis de su bolsillo y de su corazón. No tiene nada.
Absolutamente nada. Ni dinero, ni amigos. Tampoco diversiones. Ni siquiera algo que
llevarse a la boca. Es tanta su miseria que le gustaría llenar su estómago con el
alimento de los cerdos -animal despreciado en la cultura judía- pero nadie se lo
ofrece. Su estado es lamentable. El trato que dio a su padre, se lo ha devuelto el
mundo. A este solo le interesaba su dinero. La aparente libertad y la felicidad que le
traería es un engaño manifiesto. Ha tocado fondo, está en el barro, despojado de toda
dignidad. Roto. Vacío. Triste. Qué contraste con la precipitación inicial. Después de
este tripe momento hay un paréntesis que corresponde a un movimiento de su
corazón aún egoísta e interesado: Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos
jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de
hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado
contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de
tus jornaleros." El hijo no siente ningún dolor; piensa solo en sí mismo -como hasta
ahora- y ahora espera llenar el estómago. Ha urdido un discurso perfecto, pero vacío.
No siente esas palabras, solo pretende un puesto de trabajo y un sueldo. Pero lo
importante es que se pone en camino. Y ahí es donde comienza un camino de
conversión. El momento del cambio es cuando encuentra unos brazos abiertos que le
abrazan y no le piden explicaciones de su pasado. Ahí está la conversión del hijo. ¿La
clave? El amor. Ahora sí, el hijo comienza a pronunciar desde lo hondo del alma aquel
discurso prefabricado... Pero el padre corta este justo en el momento que el hijo va a
pedir que le trate como un jornalero. ¡Gran corazón el del Padre! El hijo continúa
siendo hijo. Y por eso lo abraza y besa.

Se realiza un silencio meditativo y posteriormente se realiza la bendición con el Santísimo


Sacramento, como se acostumbra.