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Sumario
1. Las mejores y las peores verduras .............................................................................. 3

2. ¿Verduras frescas, congeladas o de bote? ............................................................... 6

3. “Juicing”, zumos que curan ........................................................................................ 9

4. Las verduras frescas del mañana… ya están aquí ................................................ 12

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1. Las mejores y las peores verduras


No hay duda de que la mejor manera de mejorar su salud es comer muchas verduras frescas y de buena
calidad, si es posible orgánicas, de cultivo local y consumidas principalmente crudas o poco cocinadas.

Estoy irmemente convencido de que éste es un factor clave para llevar una vida activa y satisfactoria.
Desde un punto de vista nutricional, esto es lo que tendrá el mayor impacto sobre su salud y su longe-
vidad, y más aun si consume las verduras en forma de zumo extraído por usted mismo.

Sin embargo, no todas las verduras son iguales, y nuestros agricultores y comerciantes tienen a me-
nudo unas prácticas francamente misteriosas.

¿Pero cómo hacen estas verduras?


Siempre he tenido mi pedazo de tierra en el que cultivo verduras. No obstante, como tenemos muchos
hijos, mi esposa y yo también compramos una gran cantidad de verduras en el supermercado.

Aunque siempre que nuestro presupuesto nos lo permite elegimos verduras orgánicas, siempre me
quedo estupefacto ante la diferencia entre las verduras de mi pequeña huerta y las de la tienda:

• Tamaño, forma, aspecto. Las verduras que salen de mi huerta son, en el momento de su
maduración, de todas las formas y tamaños. Algunas zanahorias son enormes, otras son mi-
núsculas, muchas tienen dos o tres raíces. Incluso después de haber sido lavadas con mucha
agua, aún conservan restos de tierra y pequeñas raicillas por todas partes. Sencillamente no
entiendo cómo hacen “ellos” para ofrecernos zanahorias que son todas iguales, regulares y
brillantes, como si fueran de plástico. Lo mismo ocurre, por supuesto, con los tomates, las
patatas, las manzanas… en in, con todo.

• Conservación. Sin exagerar, mis verduras, una vez arrancadas, no se conservan más que
unos días o unas horas, incluso si las meto inmediatamente en la nevera. Las lechugas, es-
pinacas y acelgas se quedan lacias casi inmediatamente después de haberlas recogido. No
quiero imaginar qué aspecto tendrían al llegar si las pusiera en una caja y luego en un camión
con destino a Alemania o Inglaterra. En cambio, en el supermercado, las verduras a menudo
están impecables, y de vuelta a la casa, se conservan durante días sin cambiar prácticamente
de aspecto. Un auténtico milagro.

• Sabor, olor, textura. ¿Cómo hacen para producir hortalizas tan insípidas? No tengo ni idea
de lo que debería hacer yo para lograr eliminar el olor de mis tomates, reducir el sabor de mis
zanahorias, o darle a mis patatas y mis ensaladas una textura tan acuosa como la del super-
mercado. Yo lo único que hago es plantar las semillas en la tierra, quitar las malas hierbas,
regar… y esperar a que la naturaleza haga su trabajo. ¿Por qué entonces las verduras que
salen de la tierra en mi casa son siempre incomparablemente mejores que las de las tiendas?
Incluso las verduras orgánicas por lo general no les llegan ni a los tobillos a las mías.

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Estaba tan intrigado por este fenómeno que decidí hacer la prueba de forma sistemática con todas las
verduras de las que encontraba semillas o plantas en las tiendas de jardinería.

El resultado es que de las coles de Bruselas al perejil, pasando por los espárragos, el ruibarbo, los
pimientos, la cebolla, las berenjenas, los melones, etc., no he encontrado una sola fruta u hortaliza de
mi huerta que no fuera inmediatamente reconocible por su sabor, textura y olor superiores.

Como no todo el mundo tiene la posibilidad de cultivar su propio huerto, los ojos y la nariz son una
gran ayuda en el supermercado. Antes que una verdura orgánica sin olor, en general es preferible una
no orgánica pero que tiene buen aspecto y buen olor.

La frescura es también un punto decisivo, ya que muchos vegetales como el apio, las remolachas, los
espárragos o el pepino pierden rápidamente sus nutrientes después de ser cortados. Por consiguiente,
puede ser que un vegetal producido por la agricultura convencional, pero muy fresco, sea mejor que
uno orgánico envejecido.

¿Y los pesticidas?
Escoger bien sus verduras es también evitar los riesgos de ingerir:
• Pesticidas
• fertilizantes químicos
• productos genéticamente modiicados
• alimentos ionizados o irradiados
• metales pesados

Según la United States Environmental Protection Agency (EPA), el organismo oicial de Estados Unidos
que vela por la salud humana y el medio ambiente, el 60% de los herbicidas, el 90% de los fungicidas y
el 30% de los insecticidas son cancerígenos, y la mayoría también son malos para el sistema nervioso.

Estos productos también se han relacionado con la enfermedad de Parkinson, los abortos involunta-
rios, los problemas de fertilidad, la neurotoxicidad y con las alteraciones del sistema hormonal (per-
turbadores endocrinos).

Orientarse hacia las verduras orgánicas, pese a que no ofrecen una total garantía, parece de sentido común.
Pero el problema de su coste hace que pocos puedan alimentarse enteramente de productos orgánicos.

Afortunadamente, no todos los vegetales tienen tanto riesgo.

Las verduras más y menos contaminadas


Las frutas y verduras más contaminadas por los pesticidas, y que por ello son las que es más intere-
sante comprar en la agricultura orgánica, son: melocotones, manzanas, apio, cerezas, peras, nectarinas,
lechuga, espinacas, fresas, uvas, patatas y pimientos.
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Las frutas y verduras menos cargadas de pesticidas son: brócoli, coles, cebollas, guisantes (congela-
dos), maíz dulce, espárragos, kiwis, mangos, aguacates, plátanos y piñas1.

Las mejores verduras para la salud


Ahora bien, no porque una fruta o verdura contenga pocos pesticidas es por ello que aporte el máximo
de beneicios para la salud. En realidad, debemos tratar de consumir más verduras de colores, sobre
todo cuando son de color verde y con hojas, ricas en antioxidantes, en vitaminas y en minerales.

No hay que abusar de las patatas, debido a su alta carga glucémica. Y es que una patata se compone
casi exclusivamente de almidón que, una vez cocido, se convierte en glucosa pura en cuanto entra en
contacto con la lengua, y hace subir el nivel de azúcar en la sangre más rápido que si se tomara un
terrón de azúcar. Hasta tal punto es así que lo malo de las patatas fritas no es tanto el aceite en el que
se cocinan, como se suele pensar, sino la patata en sí misma, porque está demasiado cocinada.

Las verduras de las que no hay que abusar, porque también contienen mucha azúcar, son las remola-
chas rojas, las zanahorias, las berenjenas y las calabazas.

Sin embargo, no hay ninguna razón para limitarse al comer otras verduras. Por ejemplo: espárragos,
aguacate, acelgas, brócoli, apio, achicoria, coles de todo tipo, incluyendo la colilor, la col china, el
colinabo y las coles de Bruselas, pepinos, calabacín, endivia, espinaca, hinojo, cebolla, batata, perejil,
pimientos, rábanos, ensaladas de todo tipo, escarola, tomates…

Al comer estos vegetales regularmente, crudos o poco cocidos si es posible, aportará a su organismo
los nutrientes que necesita para curarse, mantenerse y desarrollarse.

Porque el hecho es que los cientíicos en el fondo no saben mucho sobre los nutrientes y tomarlos en
forma aislada, como suplementos dietéticos, no es siempre una buena idea. La mejor forma de aportar-
los a su cuerpo es consumiendo vegetales enteros, frescos y orgánicos si es posible. Recomiendo que
por lo menos una tercera parte de su dieta total sea cruda. Y una buena forma de lograr ese objetivo
es incorporar también a su dieta los zumos de verduras hechos en casa a base de verduras frescas.

Pero lo más importante es comer verduras, cualquiera que sea la forma, y por ello no se desanime si
no puede hacer el jugo de verduras más que una o dos veces a la semana. Pero aunque se inicie len-
tamente, verá rápidamente mejoras que le animarán a aumentar gradualmente esta sana costumbre.

Fuentes
1. Datos presentados en Shoppers’ Guide to Pesticides in Produce, Environmental Working
Group, 2013.

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2. ¿Verduras frescas, congeladas o de bote?


Comer verduras es bueno para la salud por muchas razones, y sobre todo, debido a los antioxidantes,
que son unas sustancias que producen para protegerse de las moléculas agresivas del entorno, los ra-
dicales libres. Al comer verduras nos estamos beneiciando del efecto protector de los antioxidantes
contra los radicales libres producidos por nuestro propio cuerpo o procedentes del entorno (contami-
nación, humo de cigarrillos, toxinas de los alimentos…).

Un exceso de radicales libres en el cuerpo o una falta de antioxidantes naturales favorece la des-
trucción celular y, por tanto, el envejecimiento y la aparición de enfermedades. Los radicales libres
pueden producir la muerte de las células del cerebro, las neuronas, provocando enfermedades neuro-
degenerativas (enfermedades ligadas a la destrucción de las células nerviosas) como por ejemplo el
Parkinson, que provoca temblores, ya que el cerebro no es capaz de controlar bien las extremidades.

Cuanto más mayores nos hacemos, más intensa se vuelve la acción de los radicales libres, haciendo
aún más necesario el consumo de antioxidantes en nuestra alimentación.

En cualquier caso, la cuestión es saber de qué forma se deben consumir las verduras para obtener un
aporte mayor de antioxidantes.

Como podrá imaginar, contienen su nivel máximo de antioxidantes en el momento en el que están
maduras y se recolectan. Pero muy pocos tenemos la oportunidad de alimentarnos directamente de
un huerto en todas las estaciones del año. Y de todas maneras, muchas verduras no pueden tomarse
crudas (berenjenas, judías verdes, coles de Bruselas…). Por ello también es importante tener en cuenta
el efecto de la cocción sobre los antioxidantes.

Le presento una información útil procedente de un gran estudio publicado en 2009 en la revista “Food
Research Internacional”, en el que tres investigadoras españolas de la Universidad de Murcia exami-
naron 24 verduras de consumo habitual según los procesos que seguían en la vida real del consumidor:
frescas y conservadas en la nevera a 4ºC; congeladas a -20ºC, y, por último, guardadas en botes de
conserva durante un periodo de 18 meses.

Las verduras objeto del estudio son las que se suelen encontrar en el supermercado, como alcacho-
fas, espárragos, alubias, remolacha, brócoli, coles de Bruselas, zanahorias, colilor, apio, pepinos,
berenjenas, escarola, ajo, judías verdes, puerro, lechuga, maíz, cebollas, guisantes, rábano, espinacas,
acelgas, calabacín y pimiento (sin precisar el color). Se echa de menos en el estudio a un gran ausente:
el tomate.

Nota para eruditos: aunque en Botánica las verduras y las hortalizas son dos grupos distintos, en Ali-
mentación todo se considera verduras, por lo que así aparecen nombradas en el estudio.

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Frescas, la mejor opción


Cuando están frescas, todas las verduras tienen muy buenos antioxidantes. No obstante, se pueden
distinguir tres grupos:

En primer lugar, las que tienen un gran poder de inhibición de los radicales libres, superior al 75%.
Son la remolacha, las espinacas, las acelgas, las alubias y las alcachofas, o dicho de otra manera, las
verduras de color oscuro, que lo son debido a las partículas de color que contienen, que por lo general
son antioxidantes.

A continuación se encuentra el grueso del grupo, con un poder de inhibición de los radicales libres
comprendido entre el 50 y el 75%. Se trata del ajo, la escarola, las coles de Bruselas, los guisantes, el
maíz, el brócoli, el calabacín, la berenjena, las zanahorias, las cebollas, los espárragos, la lechuga, el
apio, los pepinos, las judías verdes y el rábano.

Por último, el tercer grupo tiene un poder antioxidante más débil, comprendido entre el 25 y el 50%.
Se trata de la colilor, el puerro y el pimiento.

Pero el in de este estudio consistía en comparar lo que ocurre una vez que las hemos comprado y las
guardamos en casa.

A algunas verduras no les afecta el modo de conservación


El primer descubrimiento, asombroso, es que a algunas verduras todas las formas de conservación
(nevera, congeladas o en conserva) les afectan de igual modo en cuanto a su nivel de antioxidantes.
Es decir, una vez son recolectadas, que es cuando tienen su máximo nivel de antioxidantes, pierden
éste de la misma forma se recurra al sistema que se recurra para conservarlas.

Por eso, aunque las guarde en la nevera, o congeladas o las consuma en conserva, siempre van a tener
el mismo poder antioxidante. Se trata de las alcachofas, los pepinos, la escarola, las berenjenas, las
cebollas, los calabacines, el rábano, los pimientos y, curiosamente, la lechuga, la cual todavía no he
visto ni en bote de conserva ni congelada.

¿Qué ocurre en la nevera?


Esta forma de conservación es eicaz, pero únicamente para un día, ya que las verduras sólo pierden
de esta manera entre un 0,3 y un 0,8% de su capacidad antioxidante, a excepción -y es un dato impor-
tante- de los pepinos y los calabacines, que pierden entre el 24 y el 34% de su capacidad antioxidante
desde el primer día.

Después de 7 días en la nevera, algunas verduras como el brócoli, las coles de Bruselas y los puerros
han perdido entre el 30 y el 40% de su acción antioxidante.

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Las verduras congeladas


Tras estar congelado únicamente un día, el brócoli pierde el 15,1% de sus propiedades antioxidantes,
las acelgas el 20%, las judías verdes el 23% y los guisantes el 26%.

Después de 8 meses congelados, los espárragos han perdido el 40% de su actividad antioxidante, el
brócoli el 48%, las coles de Bruselas el 31%, las espinacas el 21% y el ajo el 19%.

Queda demostrado entonces que congelar no resulta tan bueno para salvaguardar las propiedades nu-
tritivas de las verduras como se pensaba desde hace tiempo. Y que incluso estando en el congelador
es importante no tardar en consumirlas.

Las conservas
Aunque los fabricantes añadan a menudo antioxidantes como la vitamina C (ácido ascórbico) y el
ácido cítrico para mejorar su conservación, algunas verduras, como el apio, pierden hasta el 100% de
su capacidad antioxidante cuando se guardan en conserva. La remolacha pierde el 64%, los guisantes
el 46%, las espinacas el 32%, las acelgas y las alubias el 29%, los espárragos el 25% y las judías ver-
des el 13%. El ajo pierde el 60%.

Por consiguiente, en conserva es la peor forma de consumir verduras (al menos en cuanto a lo que se
reiere a sus propiedades antioxidantes). Y da lo mismo que estén en conserva 1 día que 18 meses,
porque todo el poder antioxidante que tenían que perder lo pierden desde el primer momento… ¡así
que la única “ventaja” de esta forma de consumirlas es que pasar mucho o poco tiempo en conserva
no cambia prácticamente nada!

Fuentes
1. “Vegetables antioxydant losses during industrial processing and refrigerated storage” (Pér-
dida de antioxidantes en las verduras durante el proceso industrial y el refrigerado). Antonia
Murcia, Antonia Ma Jiménez, Magdalena Martínez-Tomé “Food Research Internacional”
Volumen 42, Número 8, octubre 2009, págs.1046-105

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3. “Juicing”, zumos que curan


Desde hace veinte años, una verdadera locura se ha apoderado del “movimiento bio-orgánico” en
Estados Unidos que, curiosamente, aún no ha cruzado el océano: la locura del “juicing”.

“Juicing” viene de la palabra “juice”, jugo (o zumo), y simplemente consiste en hacer en su propia
casa jugos frescos de verduras y frutas crudas, que se consumen diariamente, incluso varias veces al
día, para obtener un efecto determinado sobre la salud.

En efecto, no se trata sólo de disfrutar, aunque muchos cócteles son realmente deliciosos. Según los
especialistas de los zumos, hay combinaciones:
• contra la migraña
• para dormir mejor
• contra los las impurezas de la piel
• como “elixir de juventud”
• contra la hinchazón abdominal
• para prepararse antes de una comida copiosa
• para remineralizarse
• etc.

Un simple ejemplo de jugo muy sencillo que hice anoche: mezcle dos manzanas con una gran rama
de apio. Parece que favorece la relajación y ayuda a dormir mejor. La mezcla no sólo es saludable,
sino que está riquísima.

¿Cómo funciona?
Hay cuatro razones principales que podrían motivarle a hacer usted mismo sus propios zumos:

1. Los jugos ayudan a absorber más nutrientes que si los vegetales están enteros. Esto es impor-
tante porque la mayoría de nosotros sufrimos de digestiones alteradas o incompletas por los
malos hábitos alimentarios adquiridos durante años. Extraer el jugo de los vegetales crudos
permite romper las ibras y, por lo tanto, absorber más fácilmente los valiosos nutrientes.

2. El zumo de vegetales es un elemento vivo que tiene muchas virtudes. Tiene el mérito de
ayudar a las mucosas digestivas a reconstruirse, algo interesante y útil en caso de colitis,
gastritis e inlamaciones en general; contiene todos los nutrientes de las verduras sin las ibras
insolubles, que son las partes más duras, pero con las ibras solubles que son fermentadas por
nuestras bacterias y fortalecen nuestro intestino.

3. Los zumos permiten comer más verduras frescas. A muchas personas ya les cuesta trabajo
tomar 5 frutas y verduras al día, cuando probablemente harían falta 8 ó 10, y mejor verduras

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en lugar de frutas. Bebiendo un vaso de zumo, aportará directamente a su cuerpo lo mejor


que hay en varias verduras.

4. Permiten tomar más variedad de verduras. Muchas personas comen las mismas ensaladas
todos los días, lo que termina por cansar. Sin embargo, es muy fácil hacer jugos de verduras
que normalmente usted no consume. También le dará la oportunidad de descubrir nuevos
sabores con combinaciones sorprendentes (como por ejemplo la manzana y el apio).

Los jugos son una forma estupenda de revitalizar el organismo, debido a que tienen una alta concen-
tración de principios nutritivos y elementos energéticos.

Qué frutas y verduras utilizar


Los jugos de frutas son deliciosos, y la mezclas de frutas y verduras a veces incluso más, gracias al
ligero sabor amargo o ácido que aportan el apio, las espinacas, las hojas de col…

Pero si usted tiene sobrepeso, si tiene presión arterial alta, diabetes o riesgo cardíaco, es mejor cen-
trarse en los jugos de verduras orgánicas, especialmente de los vegetales verdes (en lugar de los de
frutas, que son ricos en azúcares).

Lo sorprendente es que se puede hacer zumo con cualquier fruta y verdura (excepto con el plátano y
el aguacate, que sólo pueden batirse, salvo que use una potentísima máquina de última generación y
altas revoluciones, capaz de extraer jugo también de ellos).

Están, por supuesto, el jugo de tomate, el de zanahoria y el de remolacha, pero son muy dulces.

De hecho, los grandes clásicos del “juicing” orgánico son las hojas de col de todo tipo (blanca, roja,
verde, rizada…), el brócoli, el apio, los nabos, los pepinos, el hinojo, el perejil, las endivias, el cala-
bacín, y los pimientos rojos, amarillos y verdes, los guisantes, el ajo y la cebolla (de la cebolla poca
cantidad, porque no es fácil de digerir y produce gases).

Casi siempre se puede añadir un trozo de jengibre y jugo de limón o de lima.

Para mejorar aún más el sabor, no dude en poner una gota de estevia, un edulcorante natural que tiene
sabor a regaliz y que va muy bien con los jugos de verduras.

Se dará cuenta de que las combinaciones son ininitas, y obtendrá los sabores más variados, en general
muy agradables. Es una verdadera aventura en el mundo de los sabores olvidados, además de un gran
regalo de nutrientes para su cuerpo.

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La organización
El problema del “juicing” es que requiere una cierta organización, ya que necesitará un aparato es-
pecial para sacar todo el partido a los vegetales. Además, el jugo no se conserva, sino que hay que
beberlo inmediatamente, antes de que se oxide, por lo que es imposible hacer una gran cantidad de
una sola vez para irlo tomarlo después poco a poco.

Para hacer los zumos algunas personas utilizan una licuadora, que puede adquirirse a un precio ase-
quible, pero que tiene el inconveniente de no extraer correctamente todo el jugo y la pulpa. Con la
mayoría de las licuadoras, parte de las frutas y verduras terminan en la basura en vez de en el vaso.

Por ello, la única herramienta realmente eicaz para hacer jugo de vegetales es el extractor.

Es mucho más caro, pero se aprovecha mucho más jugo y nutrientes. La pulpa que sale del extractor
está casi seca, no se desperdicia nada. En cambio, el jugo es más puro que con una licuadora, que deja
pasar gran cantidad de ibra.

El extractor tiene la ventaja añadida de mantener el jugo todo el día, a salvo de la oxidación.

Sin embargo, es esencial elegir un modelo simple, que haga fácil su instalación y limpieza, o de lo
contrario acabará no utilizándolo. Si sólo va a hacer jugos para una sola persona, hay extractores ma-
nuales que le podrán servir, que son mucho más baratos.

Un último consejo
Comience a hacer sus zumos con las verduras que consuma habitualmente, para que los sabores le
resulten familiares y agradables. Es muy importante saber escuchar a su cuerpo. Así, tome un vaso
en el desayuno y asegúrese de que no experimenta ninguna molestia en el estómago durante toda la
mañana. Si su estómago hace ruidos extraños, es que usted no soporta uno o varios vegetales. En mi
caso, me di cuenta de que no podía beber una gran cantidad de jugo de col, lo cual es una pena porque
es muy bueno y sus propiedades contra el cáncer están probadas.

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4. Las verduras frescas del mañana… ya


están aquí
Un movimiento imparable está haciendo posible disponer de verduras frescas en cualquier lugar,
incluso en plena ciudad: en lugar de cultivarlas en el campo, con los problemas de almacenamiento
y transporte que eso conlleva, se están instalando invernaderos en las cubiertas y azoteas de ediicios
grandes y planos de las ciudades como, por ejemplo, en garajes e hipermercados.

Estos invernaderos ofrecen grandes ventajas:

1. Hacen uso de un espacio que hasta el momento no servía para nada. Por tanto, no están in-
vadiendo las tierras cultivables del campo.

2. En las ciudades, la temperatura es unos 3ºC más alta, por lo que se ahorra mucha energía.

3. Al instalarse sobre la azotea de un ediicio que en el interior ya tiene una temperatura ade-
cuada durante sus horas de actividad, se ahorra incluso un 30% más de energía.

4. Sólo se necesita calefacción por la noche, que es el momento en el que la energía cuesta
menos.

5. Las verduras frescas se recogen y después se bajan hasta la planta de calle del mismo ediicio
para ponerlas a la venta, por lo que se ahorra también en el transporte en camiones frigoríi-
cos.

6. En verano, la respiración de las plantas produce un colchón fresco encima de los ediicios en
los que se han instalado los invernaderos, por lo que ahorran en aire acondicionado.

Productos más sanos y sabrosos


La granja de Laval, al norte de Francia, es un ejemplo muy avanzado de este tipo de plantación en
altura. Opera en atmósfera positiva, lo que signiica que tiene una presión superior a la del aire exte-
rior, por lo que no pueden penetrar insectos, esporas ni hongos. De ahí el cultivo sin pesticidas y el
mejor rendimiento.

Asimismo, es necesario entender que las verduras de venta hoy en día en las grandes supericies son
tan insípidas porque los productores están obligados a seleccionar especies que resistan la manipu-
lación, el almacenamiento, las cámaras frigoríicas y el transporte. La textura, el sabor y el aroma se
sacriican así en favor de las variedades que conserven durante más tiempo un aspecto saludable.

Gracias a estos nuevos invernaderos, que son auténticas “huertas urbanas”, las especies más delicadas,
pero más sabrosas, pronto volverán a estar disponibles.

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Perspectivas de futuro
Detrás de la granja de Laval está una empresa canadiense llamada Les Fermes Lufa (las granjas Lufa).
Cada unidad produce 800 kg de alimentos frescos al día que se utilizan para abastecer a comedores
escolares y restaurantes y llenar hasta 2.500 cestas de particulares a la semana. Su objetivo es el de
alcanzar la producción de unas 40 variedades y hacer que lleguen al plato de los clientes menos de 24
horas después de haber sido recogidas, es decir, prácticamente igual de rápido que antaño, cuando las
poblaciones agrícolas plantaban las verduras en su propio huerto.

Pero no son los únicos. Los huertos urbanos sobre las azoteas de los ediicios son una realidad tam-
bién en ciudades como Nueva York o Barcelona, por citar algunas. E incluso se están expandiendo
estos cultivos en los ediicios de viviendas, puestos en marcha por las comunidades de propietarios, e
incluso en las empresas, para que los cultiven y cosechen los empleados.

Y en Madrid, por poner otro ejemplo, el restaurante “Raíces”, ubicado en el hotel Wellington, nutre
su carta de las verduras que se cultivan en la huerta ecológica de la azotea del ediicio, donde se han
instalado 14 parcelas de cultivo que producen 35 variedades de plantas ecológicas, libres de fungici-
das, insecticidas y pesticidas que ocupan 300 metros cuadrados.

Una diferencia entre las verduras cultivadas en los tejados de los ediicios frente a las que se cultivan
de forma tradicional es que las verduras crecen sobre unos soportes rellenos de ibra de coco que se
riegan continuamente con agua enriquecida con sales minerales y que están iluminadas en función de
sus necesidades isiológicas.

Aún nos encontramos lejos del cultivo tradicional al aire libre, que es mejor. Pero en todo caso, las
huertas urbanas suponen un gran paso en la dirección correcta.

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