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SOBRE EL PROCESO TERAPÉUTICO Y EL CAMBIO

LA FIGURA DEL TERAPEUTA COMO SACERDOTE, PROSTITUTA, CIENTÍFICO Y
GURÚ
Autor: Joan Garriga Bacardí.
Institut Gestalt de Barcelona.

Bajo estas cuatro metáforas del terapeuta se reflexiona sobre diversos aspectos
del rol profesional y las expectativas que animan la demanda del cliente.
Voy a especular sobre cuatro representaciones mentales que posiblemente puede
hacerse el cliente: el psicoterapeuta como sacerdote, como prostituta, como científico y
como gurú, y voy a sostener que cada representación se ampara en una expectativa o
falacia propia, que anima el fondo de la demanda. El psicoterapeuta como sacerdote
estaría basado en una expectativa o falacia de ser consolado. El psicoterapeuta como
prostituta en una expectativa o falacia de ser amado. El psicoterapeuta como científico en
una expectativa o falacia de ser entendido. El psicoterapeuta como gurú en una
expectativa o falacia de ser guiado.
A efectos de ubicación en algún referente teórico, me gustaría mencionar los
estudios de Jerome D. Frank (1.982). Para Frank, los elementos terapéuticos
compartidos por todas las psicoterapias son básicamente tres. Primero, el reconocimiento
social de la figura del terapeuta, sus credenciales, prestigio y ubicación profesional, que
facilite al cliente “una relación emocional, de confianza con una persona que ayuda”. En
segundo lugar, la existencia de un mito, compartido por cliente y terapeuta. El mito refiere
cualquier teoría o marco de referencia compartido. Y el tercero es la utilización de un rito.
El rito refiere las técnicas concretas utilizadas, independientemente de que sean unas u
otras.
En mi opinión, estas ideas estarían en línea con la noción de la realidad plural u
opciones de realidad, en el sentido de que cada persona construye su propio mapa o
interpretación de la realidad, y despliega las condiciones implícitas en él, y para el caso
concreto de vivencias de malestar físico y psicológico, la persona pondrá en marcha los
recursos de sanación coherentes con su representación del mundo, utilizando los canales

camuflada entre otras posibilidades. Lo que nos interesa aquí es el reconocimiento social de la figura del terapeuta. creando un espacio para la catarsis. el sacerdote. el brujo. etc. y un afán de consuelo. el que puede comprender. la prostituta. que acompaña en un proceso de limpieza (función toilette de los emergentes intestinales). no es menos cierto que pervive en el ser humano un anhelo de referentes externos de regulación emocional. Si bien el sacerdote ha ido perdiendo progresivamente su enclave social. expiación y reencuentro con su verdadera esencia. ha cumplido entre otras una función confesional. el curandero. y consolar. etc. el que puede guiar. el sacerdote. al abandonar gran parte del público su inserción en esta teoría-ficción religiosa compartida. al menos en la religión católica. En sociedades avanzadas se van desfigurando progresivamente los mecanismos y figuras arcaicas de contención y sanación. ya sea el jefe tribal o familiar. y como este se articula en la representación mental del cliente. destinadas a una sola figura: el psicoterapeuta. que podría ser equiparable al estado de gracia y que habitualmente se experimenta como un estar en paz con uno mismo y en armonía con el resto de seres humanos. el psiquiatra. EL TERAPEUTA COMO SACERDOTE Históricamente. perdonar. desde la . su lugar preeminente. y buscando la figura que se haga receptora del merecimiento sanador. a la par que tratamientos expiatorios y reconductores. Podríamos decir que cubría una función de regulación emocional. El terapeuta como sacerdote es el terapeuta que atiende lo emocional. y va tomando relieve la figura del psicólogo o terapeuta que va siendo progresivamente reconocido como catalizador o receptor social de las mismas y viejas demandas. El psicoterapeuta será el que puede amar. ya sea el amigo. y gozando del poder de reconfortar. que reconforta y consuela (a menudo calladamente. ofreciendo consuelo a los dolores evocados por los propios demonios interiores y a las conductas sentidas como disonantes en relación de los mandamientos y reglas. el chamán.que se adecuen a él. Digamos que habría una demanda básica. en un intento de promover nuevamente el estado de gracia para el alma perdida y extraviada. el que puede consolar. que empatiza en este nivel. de hacerse receptor de culpas y malestares. el sacerdote. el médico.

como persona y evento real o fantaseado. Pero este proceso suele implicar dolores. donde se desvanecen las diferencias entre yo y tú. ¿Podría ser de otro modo?. donde yo soy tú y tú eres yo. muy de lejos. aparentemente paradójica. y la principal representación que nos hacemos de ese intenso amar es la unión sexual. las venganzas. muy. que entrarán a formar parte del Yo y configurarán el carácter. en la persona usuaria. acompaña y co-transita hacia el espinoso y “grato” camino del ser. y en segundo lugar se vehicula esta ficción de amor por la vía del encuentro primordialmente sexual. quizá. Es el paraíso perdido y permanentemente anhelado. de reencontrar el paraíso perdido. Los fuegos . el profundo deseo de amor. rabias.simple aceptación). es la metáfora explicativa por excelencia de las transferencias más profundas. y atisbar. a la par que van a convivir con el anhelo siempre latente de ser intensamente amado. La prostituta como figura aglutina una doble función. sentimientos y pasiones. uno de los anhelos más profundamente sentidos por los seres humanos es el anhelo de ser intensamente amados. y ambos somos una vibración del universo. donde se articula y activa toda la transferencia parental en el peor de sus modos. En mi opinión. EL TERAPEUTA COMO PROSTITUTA Me gustaría rescatar la figura de la prostituta como metáfora y también como realidad. que el grado habitualmente vano y peyorativo con que suele ser tratada. Lo que voy a sostener es que la prostituta. las sumisiones. En el escenario materno-filial. como pasos a la acción (actings) de las vergüenzas. rechazos. y que reconduce. La prostituta real o fantaseada ocupa un lugar de privilegio como canalizadora y depositadora del anhelo y a la vez de la falacia del ser amado. precisamente por esto. En primer lugar se la hace receptora de una ficción de amor. etc. La ficción de amor continuará gatillando en la oscuridad del inconsciente sus fuegos errados. que involucra una mayor complejidad de motivaciones. frustraciones. Fáciles caminos para conseguir una excitación fugaz. y una multiplicidad de pasiones y asuntos inconclusos. aprendiendo a diferenciarse y a lograr un Yo progresivamente separado y autónomo. el niño va sufriendo progresivamente la pérdida del paraíso. los terrores.

haberla asumido. (Función nutricia para los emergentes orales). pero ahora ya. poniendo al desnudo su hambre de conocimiento. y a la posibilidad de ser trascendido. Hacer brotar el universo en uno presupone haber trabajado con la herida de la expulsión. de los aspectos más primarios y viscerales. El hombre cabalga. no obstante nos catapulta al abismo creciente de la ansiedad. a lomos de su dragón interior que aparenta esclavitud. sujeto a control. y la falacia del amor seguirá renovándose como falacia una y otra vez. Cuando el hombre moderno no consigue explicarse las razones de sus vivencia de malestar psicológico. y pregunta porqués. sujeto a la mirada consciente del cliente. El terapeuta como prostituta se hace depositario de esta demanda o anhelo de amor. la última y más dorada ficción del ser humano moderno. Porque reencontrar el paraíso perdido es un camino de vuelta. Involucra también su cuerpo en este interjuego reparental. del conocimiento. acude al especialista. de las enfermedades del alimento. a la posibilidad de análisis. y. con su potente encéfalo. El hombre se enseñorea. El terapeuta como prostituta enfatiza su función de cuidado del cuerpo. La ciencia constituye. haberse reconciliado y haber entendido profundamente el yo so yo y el tú eres tú. Es la ficción de la inteligencia. orgulloso y vencedor. jugándolo. etc. en fin. de las tensiones. Y se agolpan las gentes con su sincera pregunta: ¿podría decirme qué es lo que me pasa?. y espera la rápida remisión de sus síntomas por mor de . EL TERAPEUTA COMO CIENTÍFICO Vivimos en la era dorada de la ciencia. y de protección ante los entornos demasiado indigestos y destructivos. Todo es. recreando constantemente ese vínculo transferencial. o ha de ser. explicable. ante los misterios de la naturaleza. la que crea la suposición de que conocer y entender tiene un efecto liberador. por tanto. ¿por qué me ocurre esto?. no obstante los peligros ecológicos constituyen lo obvio de la vida cotidiana.gatillados desde la oscuridad del inconsciente seguirán errados. El mero calificativo de científico causa un pasmo reverente y cautiva la mente del hombre progresivamente racional. donde en el lenguaje de la psicoterapia Gestalt los tonos “simpáticos” (aceptación y refuerzo de los aspectos más sanos y auténticos de la persona) se combinan con los “frustrantes” (puesta en cuestión y desafío de los más neuróticos y manipulativos).

Y creo que aquí nos metemos en un territorio sumamente complejo acerca de cómo encarar la vertiente espiritual. Y es justamente ahí donde se hace más notoria la artificial división entre mente y cuerpo. de conducción. en el que fácilmente podemos mezclar desde los aspectos más sacrales de las religiones hasta los más formales y burocráticos. desde las sendas más ascéticas a las más mundanas. puede venir en mi opinión activada por un denominador común: la evidencia del precipicio existencial donde el ser colinda con el no ser. El terapeuta como científico se hace depositario de demandas de entendimiento. cuando se hace presente al cliente. entre mente y espíritu. resultando vanos todos nuestros intentos de reconocer su forma y abarcarla. de que los incluya en espacios científicamente luminosos que los hagan menos opacos y amenazantes. desde la doctrina de la transmigración de las almas y las morales de perfeccionamiento hasta los cultos más hedónicos. de que active sus recursos de explicabilidad de los fenómenos psicológicos. pero sea como sea la demanda de acceso espiritual. iluminado.la magia de las más recientes tecnologías al uso. y se dibuja la angosta figura de hombre escindido y alienado. trascendido. como santón. sobre su sentido en la vida y su forma de encarar y cohabitar la muerte. organísmicos y relacionales. las preguntas sobre su esencia más allá de la demarcación del Yo. etc. No obstante. Básicamente sería una función de guiaje por una vía de iniciación y acceso espiritual. y refiere principalmente el ámbito de la espiritualidad. El terapeuta como científico activa una función de contención por vía de la racionalidad. en mi propia representación. Vivimos bajo el imperio del paradigma tecnológico-científico que todo lo inunda. de que los encuadre en referentes teóricos reconocidos. y también por otro lado la evidencia de nuestra completa soledad en este mundo. (Función contención para emergentes disgregadores). la palabra gurú me conecta principalmente con la noción de guiaje. EL TERAPEUTA COMO GURÚ Seguramente la palabra gurú trae a la cabeza una gran variedad de acepciones y representaciones. y la muerte anda agazapada como suceso constantemente presente y también como meta final. maestro. acudiendo a sus propias ansiedades y vivencias . El terapeuta como gurú acoge y canaliza la ansiedad que estalla.

facilitando que éste vaya reinstaurando el contacto con sus propios aspectos reparativos. que tenga la suficiente flexibilidad para alternar en sus funciones de sacerdote. prostituta. a partir de las suposiciones previas del usuario acerca de la figura del terapeuta. y en concreto la polaridad alienación-integración. entendimiento y guía. desde fuera en la figura del terapeuta (alienación) hacia dentro en la persona del cliente (integración). Después de todo lo expuesto. y preparándose para compartir desde el silencio. la prostitución. me gustaría puntualizar a modo de conclusión los siguientes aspectos: · El suceso psicoterapéutico se inicia mucho antes de la primera entrevista. el terapeuta transita por el difícil equilibrio de asumirlas y al mismo tiempo desafiarlas. corporal. como falacias que progresivamente se han de ir desvaneciendo. y abogo por la terapia integral o integrada y por el terapeuta holístico. · Las partes nos remiten a la totalidad. o de guía. de comprensión de la realidad. de entendimiento. de amor.al respecto. . Tomando como referencia el modelo de trabajo con polaridades de la psicoterapia Gestalt. · El sacerdocio. y que viene determinado por contextos históricos. mental y espiritual de la persona desde la comprensión de que cualquier parte es como un holograma en el que se refleja o incluye la totalidad. y de autoguiaje frente a lo enigmático y abismal. culturales. amor. y que pueda enfocar el plano emocional. y también a partir de las suposiciones previas del terapeuta acerca de su rol profesional. amorosos y estimables. el proceso terapéutico tenderá a transmutar las cualidades de consuelo. Porque el objetivo siempre es el mismo: la plena posesión personal. que se articula a raíz de la presentación mental que se hace el usuario de la figura del terapeuta. · La demanda de asistencia psicológica conlleva en su propia estructura y de forma camuflada o no explícita una demanda básica de consuelo. el rol de científico y el de gurú son metáforas explicativas que arrojan comprensión acerca de cómo se constituye el escenario terapéutico. o desde la hermandad cuando se comparte un renacimiento energético o un florecimiento espiritual. científico y gurú. ideológicos y sociales. cuando la marea de preguntas todavía no encuentra respuesta. · Respecto a las demandas planteadas.