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La religión de los Acadios

Los acadios practicaban una religión


politeísta que tenía muchos puntos en
común con la de otras civilizaciones
mesopotámicas, como la de los sumerios.
Así, nos encontramos en primer lugar con
una organización política y social donde la
religión era muy importante, donde existía
una poderosa carta sacerdotal y donde el
gobernante era considerado como el representante de los dioses en la Tierra.
Los dioses de la mitología acadia estaban, en general, relacionados con los
diferentes fenómenos naturales y la explicación de las formas de vida vinculadas a
la sociedad acadia. Los dioses que componen la mitología acadia son muy
numerosos, pero se pueden considerar como los más importantes los siguientes:

An o Anu: El dios An era el dios del cielo y también estaba considerado como el
gobernante supremo de todos los dioses, encontrándose también bajo su mando
diferentes fenómenos relacionados con los cielos, como las estrellas y las
constelaciones. Como ocurre en otras mitologías, como la griega, donde el dios
del cielo Urano se describía de la misma manera, en la mitología sumeria An era
representado como una cúpula celeste que cubría la Tierra. Los acadios
heredaron de los sumerios esta representación del dios del Cielo que, como dios
supremo, también tenía bajo su mando el destino del resto de los seres celestiales
y divinos. Por lo tanto, entre sus atribuciones más importantes, también se
encontraba la de juzgar los delitos humanos y divinos que se cometían e imponer
castigos por ellos.

Enlil o Bea: El dios Enlil hace su aparición como un dios de destacada


importancia no solo en la cosmología acadia, sino también en la de otras culturas
relacionadas, como la sumeria, la asiria, la babilonia o la hitita. Enlil era el dios
asociado a los vientos, a las tempestades y a la respiración. Enlil es también el
padre de varias divinidades naturales, como el dios de la luna o la diosa del trigo.
A causa de la relación tan cercana de Enlil con el mundo de la agricultura, al
considerarse el responsable de las tormentas y, como consecuencia de ello,
también de la lluvia, fue uno de los dioses más destacados del panteón acadio.

Sin o Nanna: Sin era el dios de la luna del panteón acadio, que recibe el nombre
de Nanna en el sumerio. Era el dios principal de la ciudad de Ur, por lo que,
durante el periodo de predominio de esta ciudad-estado, alcanzó una
preeminencia que pudo rivalizar con la del anteriormente citado dios An. Sin
también tenía la importante adjudicación de dios de la sabiduría y de las artes
relacionadas, dada la relación de la luna con el saber de la astronomía y las
adivinaciones astrológicas, aspectos extremadamente importantes en la cultura
mesopotámica.

Utu: Utu era el dios acadio del Sol. El concepto del sol tenía gran importancia en
una sociedad de base agraria como era la mesopotámica, pese a que el dios Utu
se ve superado en importancia por otros dioses, como el mencionado dios An.
También estaba considerado como el dios de la justicia y la verdad, dado que el
sol todo lo ve y todo lo sabe.

Ishtar: La diosa Ishtar es una de las diosas mesopotámicas más conocidas en la


actualidad por los famosos restos que de monumentos dedicados a ella se
conservan en el Museo de Pérgamo de Berlín. La diosa Ishtar era la diosa de la
fertilidad, el amor, el sexo y también la guerra pasional e iracunda. Existen muchos
mitos relacionados con esta popular diosa y con sus numerosos amantes e,
incluso, se ha relacionado su culto con rituales de prostitución sacra, aunque es un
punto que todavía no se ha demostrado claramente. Como en todas las
civilizaciones antiguas, la fertilidad era un aspecto fundamental para la vida, la
economía y la organización social, por lo que Ishtar se considera una diosa muy
popular. Asimismo, se considera que Ishtar es una divinidad paralela a otras
diosas de otras mitologías del mundo antiguo como la diosa semítica Astarté o la
Afrodita griega.

Otros dioses importantes del panteón acadio fueron Enki o Ea, el creador del
hombre o el dios Shamash, vinculado también al culto al sol.
La íntima fusión de las culturas sumeria y acadia motiva que sea muy difícil a los
investigadores de la Historia de las Religiones determinar qué elementos de la
religión acadia eran originalmente semitas y cuáles sumerios.

En general, podemos decir que en la vida religiosa del Imperio Acadio se mantuvo
un contraste entre las zonas norte y sur de Mesopotamia.

El norte se caracterizó por la deificación del monarca y su relación directa con la


divinidad, estando unido sobre todo el monarca con la diosa Ishtar, principal
divinidad femenina y protectora de Akkad, la cual, por medio de la heterogamia o
matrimonio sagrado, le concedía el poder real y la fuerza vivificadora y mágica
inherente a la realeza.

El sur mantuvo la veneración y culto a sus dioses locales, siendo la divinidad


principal el dios Enlil, y su ciudad santa, Nippur, el mayor centro religioso.
Sin embargo se advierte una manifiesta intención política de los reyes acadios, ya
iniciada por el propio Sargón I, de lograr la unificación religiosa de ambas
regiones.

La religión

En la concepción acadia, el panteón divino parte de un principio acuoso primitivo


del que se aíslan dos entes primarios, es decir, una primera pareja formada por
Tiannat, forma femenina del agua salada y Apsu, océano que rodea el mundo.
Ambos principios dieron origen a todos los seres, naciendo de ellos las deidades
Lahmu y Lahamu, dos serpientes monstruosas que pronto vieron borrado su papel
religioso. Tras ellos venía la segunda pareja formada por Anshar y Kishar,
representantes de la totalidad del Cielo y la Tierra. Esta segunda pareja dio origen
a la tríada suprema: Anu, el cielo, Enlil, la atmósfera y Ea, el agua (en sumerio
Enki) quienes se repartieron el gobierno de la totalidad de lo creado.
Los acadios aceptaron también una segunda tríada formada por Sin, el dios luna y
sus hijos, Shamash, el dios sol e Ishtar, el planeta Venus, versión semítica de la
diosa sumeria Inanna, que fue el prototipo de la diosa del amor y de la guerra
(Afrodita, Ártemis y Atenea en Grecia).
Los acadios, en un afán sincrético, tomaron las divinidades sumerias y las
amoldaron a sus propias necesidades religiosas, limitándose prácticamente a un
cambio onomástico.
Pero en esta época acadia, el politeísmo sumerio y el semítico evolucionaron
hacia una sistematización más cuidada y hacia una simplificación, unificando en
algunas divinidades las esferas de soberanía de otros dioses singulares, como
reflejo del acontecer político de esta fase acadia y después en Babilonia, puesto
que acadios y babilonios tendieron hacia un nacionalismo, y por tanto, fue natural
que buscasen exaltar a uno de sus dioses al papel de dios supremo.
Los demás dioses quedaron sólo como un pálido reflejo de esa divinidad suprema,
del mismo modo que las ciudades lo fueron de Babilonia, cuando ésta llegó a ser
la capital del imperio babilónico.
Este dios supremo fue Marduk, que obtuvo su primacía cuando se logró la unidad
de Sumer y Akkad, ya en la gloriosa época de la dinastía amorrea o amorita y de
su máximo representante, Hammurabi, elaborándose al mismo tiempo nuevas
versiones de las antiguas leyendas sumerias, para elevar a Marduk a la
supremacía del panteón divino, como dios de la sabiduría y protector de los
hombres y el mismo Anu, dios del cielo, cedió su papel a Marduk.

Ea, padre de Marduk, traspasó a éste incluso su propio nombre.


Enlil, con la elaboración de un nuevo episodio, incluido en el Enuma elish o
"Poema de la creación" babilónico, entregó a Marduk las "Tablillas de los
Destinos" por haber vencido éste a la diosa-serpiente Tiamat, elemento femenino
primordial, océano de aguas saladas con matrices de fuerza caótica primigenia,
rebelada contra An, padre de los dioses, y en consecuencia a partir de entonces
fue Marduk campeón y jefe supremo de los dioses. El cambio debió ser
progresivo, dado el gran poder de los sacerdotes de Enlil, suprema divinidad del
panteón sumerio, dios de la atmósfera y señor de los Destinos, que no consentiría
fácilmente ser relegado.
La esposa de Marduk era Zarpanit o Sarpanitu, <da radiante" y su hijo fue Nabu,
dios de la escritura, protector de los escribas.

 Existían también otras muchas divinidades de importancia secundaria.

 Dioses de la naturaleza.

 Dioses de la guerra.
 Dioses de la fertilidad, del ganado, de las actividades intelectuales, que se
convierten en dioses cósmicos, que regulan ordenadamente el Universo y
en seres morales que mantienen el orden social y el respeto al derecho.

Existían también, tanto en la religión sumeria como en la acadia, un gran número


de espíritus y demonios, buenos y malos, que acompañaban al hombre durante su
vida, para premiarle o castigarle.

Los acadios aportaron nuevos dioses: Ninurta, dios de las crecidas y "huracán de
Enlil". Fue considerado también dios de la guerra y de la caza. Era el esposo de la
diosa Gula, "la gran curandera". Adad, dios del tiempo meteorológico, que fue el
encargado de desencadenar el Diluvio; Ea, cuyo nombre equivale a "Casa del
agua", lo que define su carácter y atribuciones. Fue dios del agua dulce y del
Océano, en cuyas profundidades tuvo su morada (Apsu). Los sumerios le habían
llamado Enki; Dagan, divinidad del Éufrates medio, originariamente fue dios del
tiempo (equiparado a Adad y Enlil) con rasgos a veces de dios infernal; Abu, dios
protector de la vegetación que fue, en época neosumeria, dios personal del rey
Gudea de Lagash. Su nombre significa "Señor del Árbol de la Vida". Hubo además
otros muchos dioses, cuya relación se haría interminable.

Y finalmente, como último eslabón, está el Más Allá o Mundo Subterráneo, que se
sitúa bajo el abismo del Apsu. Era la casa de la que no se podía volver a salir, el
lugar eterno reservado a la totalidad de los hombres y reino gobernado también
por importantes dioses.
En íntima conexión con este panteón sumerio-acadio existía un numeroso y
organizado clero, masculino y femenino.

Toro taraceado de caliza y plata.

Junto a las figuras humanas y divinas, los animales


forman parte de la religión de Mesopotamia

LOS MITOS ACADIOS

Los mitos de este pueblo tienen algunas diferencias con respecto a los sumerios.

A) En cuanto a su carácter y alcance

Se copiaron y se mantuvo el interés por los antiguos mitos sumerios. Esto dio
lugar a la existencia de varias versiones de un mismo mito.
Se crearon algunos mitos nuevos como el Mito de la Ascensión.

Se dio mayor abstracción a los dioses.

Se unificó a todos los dioses en un único panteón, con evidentes tendencias hacia
un monoteísmo religioso (primacía de Marduk) como dijimos arriba.

Hay que tener en cuenta la incidencia del nuevo panorama político (nacionalismo,
orden social diferente, etc.) en el contenido temático de los mitos. Se encuentran
ahora una serie de rasgos diferenciadores:

- Menor interés por cuestiones de fertilidad.


- Menor interés por Problemas cósmicos.
- Interés creciente por las cuestiones:
a) De la realeza (mito de Erra).
b) De la relación entre el rey y la divinidad y divinización personal (Gilgamesh,
Sargón).
c) De la organización del mundo mesopotámico en torno a una ciudad y a un
dios supremo nacional (Enuma elish o Poema de la Creación).

Representación de Samash, dios del sol

Por un carácter nacionalista, hubo una clara tendencia a ajustar las creencias
religiosas a las pautas dictadas desde las escuelas teológicas oficiales.
En general, podemos decir que estos mitos acadios:

- Son más prosaicos y extensos que sus prototipos sumerios.

- Tienen mayor longitud, lo que se refleja en los dos grandes poemas de este
momento: El Enuma elish y el de Gilgamesh.

- Pierden variedad conceptual y tienden hacia la abstracción y jerarquización,


prueba de un nuevo orden de cosas.

- Son reelaboración de mitos preexistentes a su ámbito cultural.

- Sus narraciones contienen grandes recursos literarios.

B) Por el contenido temático

Los principales mitos acadios según R. Borger y F. Lara Peinado, forman siete
grandes bloques, atendiendo a su contenido temático:
Mitos sobre la Creación y los orígenes son los que narran la creación del mundo y
de los dioses, creación del hombre, el de los dioses Lamga, la Teogonía
babilónica de la ciudad de Dunnu, la Cosmogonía de los sacerdotes kalu, la
Cosmogonía caldea (composición bilingüe sumero-acadia, de la época neo
babilónica, que canta la gloria del dios Marduk) y el del árbol de Eridú.

Mitos de lucha y victoria son los del pájaro Zu, la victoria de Marduk sobre Tiamat
y el de Gilgamesh, Ishtar y el Toro Celeste.

Mitos de destrucción y salvación son los del Diluvio Universal, el de Atrahasis


(“cuando los dioses eran como los hombres”) y el del poema de Erra.

Mitos sobre el Más Allá, conocemos los de Nergal y Ereshkigal, el descenso de


Ishtar a los infiernos, una visión del mundo inferior o el de la planta de la
Inmortalidad.

Mitos de ascensión, conocemos solamente el de Etana y Adapa.

Mitos de exaltación divina y humana, conocemos los de la exaltación de Ishtar, el


poema de Saltu y Agushaya, el nacimiento de Marduk, el Himno a Marduk, los
cincuenta nombres de Marduk, plegaria al divinizado Gilgamesh y el del
nacimiento de Sargón de Agadé.

No son muy numerosos los mitos con seres fantásticos. Conocemos los de Enlil y
el dragón Labbu o el de los siete utukku o demonios malignos.

A veces, la religión se confundía con la magia y ambas con la medicina. El


mencionado mito del árbol de Eridú es un largo sortilegio acadio de tipo médico,
en el que se alude a un árbol de extraordinarias virtudes terapéuticas, utilizado en
las ceremonias y operaciones de carácter mágico. Este árbol crecía en la ciudad
de Eridú y ha sido considerado por algunos especialistas como el prototipo de
Arbol de la Vida. La ciudad de Eridú, al suroeste de Ur, juega un gran papel en las
fórmulas mágicas mesopotámicas, pues en ella residía el dios Ea, el dios mago,
titular de la sabiduría. También nos han llegado amuletos, conjuros y un
encantamiento acadio contra el dolor de muelas, copiado en época neo babilónica.
EVOLUCIÓN DE LAS REPRESENTACIONES ICONOGRÁFICAS

Durante el imperio acadio asistimos a muchos cambios en lo que se refiere a la


iconografía y la epigrafía; empecemos primero a ver cuáles fueron los principales
cambios a nivel iconográfico. Como hemos visto anteriormente, a los reyes
acadios (sobre todo a Sargón de Akkad) se les consideraba reyes-héroes, y eso
se refleja en el uso de las imágenes que se crean para los monumentos, o en las
inscripciones epigráficos de los mismos. Aunque todo este tipo de monumentos y
elementos materiales ya existían desde el Protodinástico (estatuas votivas, estelas
triunfales, sellos y frisos…) es ahora con el periodo de Akkad cuando se
convierten en un gran medio de propaganda política de cara a la población interior
y las potencias exteriores.

Escenas de la glíptica del periodo de Akkad

1) Las estatuas reales:

¿Pero, dónde y cómo se hacían estos monumentos “propagandísticos”? Pues en


los grandes santuarios del país, distribuidos de norte a sur, desde la ciudad de
Sippar hasta Ur. Las estatuas que se hacen en general son muy sencillas,
representando en posición estática al rey erigido sobre una base en la que es
común encontrar figuras de prisioneros y guerreros caídos. Junto con las leyendas
o escritos dedicatorios que se graban, estas estatuas tienen el objetivo de
enaltecer las hazañas bélicas del rey, lo que es muy diferente al objetivo que
perseguían durante el Protodinástico, el de mostrar la sumisión
del monarca a la voluntad de la divinidad.

Estado de una estatua real dedicada al rey Manishtusu


2) Las estelas triunfales:

Todo el deseo de glorificar al monarca se aumenta en las


estelas triunfales. Si comparamos las de ahora con las del
Protodinástico, vemos que el protagonista de la estela ha
pasado de ser una divinidad a ser un rey. Otro elemento
significativo de diferencia entre los dos periodos es el papel
de los soldados: en el periodo protodinástico se les
representa como una masa compacta, un bloque colectivo
que expresaría la unidad ciudadana. En cambio, en el
periodo de Akkad los soldados son individuos
singularizados que se les representa igual que al rey, pero
en una proporción mucho más pequeña, obviamente. En cuanto a su lugar de
colocación, las estelas de victoria se colocaban en lugares simbólicos especiales:
en una santuario especialmente

Relevante o en las fronteras del imperio, para expresar que hasta ese punto
habían llegado sus conquistas.

Estela de la victoria de Naram Sin, ejemplo perfecto de este tipo de monumentos

"Estela de Naram-Sin" (Museo de Louvre, París), en piedra,


relieve de narración guerrera entre Acad y los
Lulubi. DIMENSIONES: 105 x 200 cm. PROCEDENCIA:
Sippar. MATERIAL: Arenisca. CRONOLOGÍA: aprox. 2250
a.C.

Aparece una decoración de fondo con una montaña sobre


la que lucen dos astros que son las divinidades de Asmas.
Las figuras se superponen pero ya no hay un orden en las
franjas. La figura de Naram-Sin aparecer en mayor tamaño
ascendiendo por la montaña pisando a los enemigos.

Se trata de una estela que conmemora la victoria del rey acadio Naram-Sin, hijo
de Sargón de Acad. Está labrada en un bloque de piedra arenisca rosada de unos
2 m. de altura, datada en segunda mitad del III M. a.C. (± 2389 a.C.). Se encuentra
en el Museo de Louvre, fue hallada en Susa, donde fue llevada como botín de
guerra por los babilonios.

La escena esculpida narra una victoria militar, eligiendo un tema muy similar a otra
estela de la misma época llamada estela de los buitres, Esta estela tiene una
características definidas: Su diseño permite vislumbrar la presencia de dos
ejércitos representados por apenas quinde individuos: ocho en un bando y siete en
otro.

Existe una clara separación espacial y simbólica entre lo divino (representado por
dos astros solares) y de lo humano (el triunfo de un rey sobre sus enemigos). Un
ritmo ascendente en la representación y colocación de los protagonistas. Rompe
con la tendencia de imágenes en bandas paralelas del arte sumerio, se representa
un tema único: Un paisaje montañoso, con árboles, donde se desarrolla una
escena dominada por la grandiosidad de la figura del rey, poderoso y triunfador,
de mayor tamaño que sus súbditos y enemigos y coronado con un casco con dos
cuernos, lo que le confiere un grado de deificación.

El rey-dios victorioso aplasta el pie izquierdo a los cadáveres de sus enemigos, los
lulubi, algunos caen despeñados, y él mata a otros dos, uno, de rodillas, que tiene
atravesada la garganta por una lanza, y el otro suplica benevolencia de su
vencedor. Mientras los soldados acadios cuyos soldados, desde el inferior, alzan
la cabeza como signo de admiración y respeto por su soberano.

En la parte superior, los dioses solares protegen la acción del rey acadio,
imitándose a bendecir mediante su presencia simbólica el
triunfo real.

En el detalle de la estela de arenisca de Susa se puede


apreciar la presencia del arco compuesto que pudo ser el factor
decisivo de la victoria de los acadios sobre los sumerios.
Puede tratarse de la primera ejemplo registrado de esta arma
que resultó ser tan eficaz. Se puede apreciar el casco del rey,
un casco de cuernos que es un símbolo de divinidad, mientras
porta un hacha aplanada y una flecha en su mano derecha. El arco compuesto fue
un adelanto tecnológico que facilitó las victorias de Sargón. Los sumerios nunca
habían usado el arco como arma en las batallas. El arco compuesto estaba
realizado con la unión de cuatro materiales básicos: madera, secciones de cuerno
de animal, tendones de animales y pegamento. La unión de estos materiales dotó
de elasticidad al arco, aumentando su alcance efectivo a 275 m. El arco estándar
tenía solamente un alcance efectivo de 45.-90 m.

El arco compuesto fue diseñado al revés de modo que cuando estuviera fijada la
dirección opuesta la tensión fuera mucho mayor, este sistema fue perfeccionado
por los acadios. Para crear y para producir de forma eficaz un arma tan compleja
se necesitó una estructura altamente jerarquizada para controlar la producción y el
suministro de materia prima.

3) Máscara de Sargón
No se sabe si se representa a éste o a Naram-Sin, su nieto. Es una máscara de
metal con incrustaciones que se han perdido. Tiene tamaño casi natural, trabajado
con gran precisión. Los labios soN muy carnosos, y la nariz y pómulos marcados
aunque con suavidad de formas. Lleva un tocado que recuerda al casco de
Meskalambdug, pero con formas más planas que contrastan con la barba, mucho
más pictórica. La Máscara de Sargón data del año 2250 a. C. y fue elaborada en
época del Imperio acadio, un gran reino de Mesopotamia formado a partir de las
conquistas de Sargón de Akkad 2334 a. C. – 2279 a. C. y que mantuvo su
hegemonía durante 140 años entre los siglos XXIV y XXIII a. C. en los que se
sucedieron cinco monarcas: el propio Sargón, sus hijos Rimush y Manishutusu, su
nieto Naram-Sin y el hijo de éste, Sharkalisharri. Los dominios del Imperio
acadio se extendieron a toda la cuenca de Mesopotamia, Elam, Siria y, según las
inscripciones, aún más allá, hasta el Líbano y la costa mediterránea.

4) Otros objetos con representaciones iconográficas:

No todos los objetos que tienen esta función propagandística son de grandes
dimensiones, ya que también hay objetos personales de reducidas dimensiones,
como lo son los sellos de los funcionarios de la administración del imperio.
Sumándose a los ya existentes frisos protodinásticos de animales, aparecen unos
en los que los dioses están individualizados, y en los que se ve la influencia de
algunos dioses que trajeron los acadios del norte, como Shamash o Ishtar. Sin
embargo, yo diría que el paso fundamental entre el periodo Protodinástico y el
imperio acadio es que se pasa de frisos meramente decorativos a frisos narrativos
en los que aparecen escenas mitológicas completas.

Cilindro en el que se ve a Gilgamesh


luchando contra un león

EVOLUCIÓN DE LAS INSCRIPCIONES EPIGRÁFICAS

En las inscripciones epigráficas que aparecen en los monumentos encontramos


una similar evolución a la producida en las representaciones iconográficas, ya que
sus objetivos también son propagandísticos. Sin embargo, en este caso esa
función es menos útil, ya que el gran público no sabe leer lo que dice en esas
inscripciones. Por eso, podríamos decir que las representaciones iconográficas, o
todos los rituales orales y ceremonias que se hacen, sirven mucho más como
medio de propaganda política que las inscripciones, reservadas a los escribas y
funcionarios, los únicos que sabían leer. Al igual que a nivel iconográfico, a nivel
epigráfico encontramos una evolución desde los textos jurídicos o votivos y
protagonizados por las divinidades propios del periodo Protodinástico a textos
narrativos de autoalabanza de ahora.

Inscripción datada del reinado de Naram


Sin

LA LITERATURA Y LA REALEZA

Con la literatura surge un problema, y es que las obras que tenemos actualmente
son bastante posteriores al periodo de Akkad, por lo que su redacción está
impregnada de las características de la literatura de esos periodos posteriores, por
lo que en realidad no sabemos bien cómo era el estilo literario propio acadio. Sin
embargo, uniendo conocimientos de estos textos posteriores, más las
representaciones e inscripciones anteriores, más todos los hallazgos de glíptica
acadia, podemos hacernos algunas ideas. Por lo que creemos, hay una gran
vinculación entre todas ellas, ya que la literatura se dedicaría a poner por escrito lo
que intenta contarnos los sellos y las representaciones. De este modo, temáticas
de esta literatura acadia serían, por ejemplo, las hazañas de los héroes
mitológicos (como Gilgamesh), las guerras entre ciudades del norte y el sur, las
expediciones militares a tierras lejanas…

Tabla V del poema épico de Gilgamesh


https://sobrehistoria.com/los-acadios-guia-de-estudio/

http://www.arteespana.com/arteacadio.htm

https://historiae2014.wordpress.com/2015/06/12/arte-y-literatura-durante-el-imperio-acadio/