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EL ATEISMO

ÁLVARO RAÚL VICENTE LAZARTE


ALDAHIR GUIDO FABIAN LOPEZ
ANDREA CARLA HIDALGO VARGAS
FABIANA PAREDES GARCIA MESA

GREGORIO REYNOLDS
4ª “A” DE SECUNDARIA
Ateísmo

Símbolo diseñado por la Alianza Atea Internacional en 2007.


El ateísmo es el rechazo a la creencia en la existencia de una o más deidades. En sentido estricto, es la
postura expresa en la que no existe ningún dios. En un sentido más amplio, es la ausencia de creencia
en que exista alguna deidad. Se opone al teísmo, que en su forma más general es la creencia en
la existencia de al menos una deidad.

El término ateo proviene etimológicamente del latín athĕus y este del griego ἄθεος, que significa ‘sin
dios(es)’ y fue empleado de forma peyorativa para referirse a quienes rechazaban a los dioses
adorados por su sociedad. Con el surgimiento y la difusión del librepensamiento, el escepticismo
científico y el subsecuente incremento de la crítica de la religión, disminuyó el alcance del término. Las
primeras personas en identificarse a sí mismas con la palabra «ateo» vivieron en la Ilustración durante
el siglo XVIII. La Revolución francesa, notable por su "ateísmo sin precedentes", presenció el primer
gran movimiento político de la historia en abogar por la supremacía de la razón humana.

Los argumentos a favor del ateísmo abarcan desde aspectos filosóficos a perspectivas sociales e
históricas. Las razones para no creer en deidades incluyen argumentos de ausencia de evidencia
empírica, el problema del mal, el argumento de las revelaciones inconsistentes, el rechazo a
conceptos infalsables y el argumento de la no creencia, entre otros. Si bien algunos ateos han
adoptado filosofías seculares (como el humanismo y el escepticismo), no existe una ideología o
conjunto de conducta único al que todos los ateos adhieran. Muchos de ellos sostienen que el ateísmo
es una cosmovisión más parsimoniosa que el teísmo y que por tanto la carga de la prueba no recae en
quien no cree en la existencia de dioses, sino que es el creyente quien debe justificar su teísmo.

Parte de la ambigüedad y controversia existente en definir ateísmo surge de la dificultad de lograr


un consenso en la definición de palabras como deidad o dios. La pluralidad extrema de
diferentes concepciones de dios y deidad ha llevado a diferentes ideas respecto su aplicación. En
la Antigüedad clásica, los romanos acusaron a los cristianos de ser ateos por no adorar a sus
deidades paganas. De forma gradual y a medida que este uso disminuía, se empezó entender
al teísmo como la creencia en cualquier divinidad, sea la propia o no.
Con respecto al rango de los fenómenos rechazados, el ateísmo puede rechazar desde la
existencia de las deidades, hasta la existencia de cualquier
concepto espiritual, sobrenatural o trascendente, tales como aquellos
del budismo, hinduismo, jainismo y taoísmo.

Distinciones

Los tamaños en el diagrama no indican los tamaños relativos dentro de una población.

Diagrama que muestra las relaciones entre las definiciones entre el ateísmo débil/fuerte e
implícito/explícito.
Los ateos explícitos positivos/fuertes (en la derecha) afirman que «a lo menos existe una deidad»
es una afirmación falsa.
Los ateos explícitos negativos/débiles (en la derecha) rechazan o rehúyen la creencia que existe
alguna deidad, sin afirmar en efecto que «a lo menos una deidad existe» es falso.
Los ateos implícitos negativos/débiles (en la izquierda) incluyen a personas que no creen en una
deidad, pero no han rechazado conscientemente tal creencia: niños pequeños, personas que no
han sido expuestas a ideas teístas y algunos agnósticos.

No existe consenso sobre cuál es la mejor manera de definir y dividir al ateísmo. Entre los aspectos
en disputa se encuentra la pregunta a qué entidades sobrenaturales se opone, si es una
afirmación per se o solo la ausencia de ella y si requiere un rechazo explícito y deliberado o no. Se
lo considera compatible con el agnosticismo, pero también diferente. Se ha propuesto una
variedad de categorías para diferenciar sus diferentes formas.

Implícito vs. explícito


Las definiciones de ateísmo varían según el grado de reflexión que una persona debe tener
respecto a los dioses para ser considerada atea. Algunas definiciones incluyen a la simple ausencia
de creencia en que algún dios exista. Esta definición extensa incluiría a los recién nacidos y
aquellas personas que no han sido expuestas a ideas teístas. Ya en 1772, el barón d'Holbach dijo
que «Todos los niños nacen ateos; no tienen ni idea de Dios» Similarmente, George H.
Smith (1979) sugirió que: «El hombre que no conoce al teísmo es un ateo porque no cree en un
dios. Esta categoría también incluiría al niño que tiene la capacidad conceptual para aprender los
problemas implicados, pero que aún no es consciente de ellos. El hecho de que este niño no crea
en un dios lo califica como ateo». Smith acuñó el término ateísmo implícito para referir a «la
ausencia de creencia teísta sin un rechazo consciente» y ateísmo explícito para la definición más
común de la incredulidad consciente. Ernest Nagel contradice la definición de Smith como simple
«ausencia de teísmo», reconociendo solo el ateísmo explícito como el verdadero «ateísmo».

Positivo vs. negativo


Filósofos como Antony Flew y Michael Martin han diferenciado el ateísmo positivo (fuerte) con
el ateísmo negativo (débil). El ateísmo positivo es la afirmación consciente que los dioses no existen. El
ateísmo negativo incluye todas las otras formas del no teísmo. De acuerdo a esta clasificación,
quienquiera que no sea teísta es un ateo negativo o positivo. Los términos fuerte y débil son
relativamente recientes, mientras que los términos positivo y negativo tienen un origen anterior y se
han usado (de maneras ligeramente diferentes) en la literatura filosófica y en apologéticas católicas.
Bajo esta división del ateísmo, la mayoría de los agnósticos serían ateos negativos.

Ateísmo práctico
Se considera al ateísmo práctico como una forma de actuar en la que los ateos prácticos
o pragmáticos viven como si no existieran dioses, de ser posible explicando fenómenos naturales sin
necesidad de referencias divinas. Aunque en esta postura no se niega explícitamente la existencia de
ningún dios, sí puede considerarse innecesaria o inútil; para los ateos prácticos de existir alguna deidad
esta no proveería sentido a la vida ni influenciaría en la vida cotidiana.5859

Una forma de ateísmo práctico con implicaciones para la comunidad científica es el naturalismo
metodológico: según el geólogo Steven Schafersman, la «tácita adopción o suposición del naturalismo
filosófico dentro del método científico con o sin la plena aceptación o creencia en él».60

Antigüedad clásica
El ateísmo occidental tiene sus raíces en la filosofía griega presocrática, pero no surgió como una
visión del mundo declarada sino hasta finales de la Ilustración. El filósofo griego Diágoras del siglo
V a. C. se le conoce como el «primer ateo» y es señalado como tal en De natura de
orum por Cicerón. Los atomistas como Demócrito intentaron explicar el mundo de una manera
puramente materialista, sin hacer referencia a lo espiritual o lo místico. Critias consideró a la
religión como una invención humana usada para asustar a las personas con el fin de que siguieran
órdenes morales y Pródico también parece haber hecho declaraciones ateas en su
obra. Filodemo relató que Pródico creía en que «los dioses de la creencia popular no existen ni
saben nada, pero el hombre primitivo [deidificó por admiración] los frutos de la tierra y
prácticamente todo lo que contribuía a su existencia». En ocasiones se ha considerado ateo
a Protágoras, pero realmente sostuvo posturas agnósticas: «Con respecto a los dioses, no tengo
medios para saber si existen o no o qué clase de seres pueden ser. Muchas cosas previenen el
conocimiento, incluyendo la oscuridad del tema y la brevedad de la vida humana». En el siglo III
a. C. los filósofos griegos Teodoro el ateo y Estratón de Lámpsaco no creían que existieran los
dioses.

Los compatriotas de Sócrates (470-399 a. C.) lo asociaron con las tendencias de la filosofía
presocráticas hacia la investigación natural y el rechazo de las explicaciones divinas de los
fenómenos. Aunque esta impresión malinterpreta su pensamiento, así fue caracterizado en la
comedia Nubes de Aristófanes y luego fue ejecutado por impiedad y corromper a la juventud. En
el juicio Sócrates negó vehemente que fuese ateo y la academia contemporánea provee pocas
razones para dudar de esta declaración.

Evémero publicó su idea de que los dioses solo eran las deificaciones de antiguos gobernantes,
conquistadores y fundadores del pasado y que sus cultos y religiones eran en esencia la
continuación de reinos desaparecidos y estructuras políticas pasadas. Aunque no era
estrictamente ateo, se le criticó posteriormente por haber «propagado el ateísmo en todo el
mundo habitado al arrasar a los dioses».158

Epicuro (341-270 a. C.) también fue un personaje importante en la historia del ateísmo. Apoyándose en
las ideas atomistas de Demócrito, abogó por una filosofía materialista según la cual el universo está
gobernado por leyes de causalidad sin ninguna necesidad de intervención divina (véase determinismo
científico). Aunque afirmó que las deidades existían, creía que eran indiferentes a la existencia
humana. El fin de los epicúreos era obtener la paz mental y un importante medio para lograrlo era
exponer el miedo a la ira divina como un sentimiento irracional. También negaban la
existencia después de la muerte y la necesidad de sentir miedo por los castigos del Hades.159

El filósofo romano Sexto Empírico (s. III) sostuvo que se debe suspender el juicio (epojé) acerca de casi
todas las creencias (una forma de escepticismo conocida como pirronismo), que no había nada
inherentemente malvado y la ataraxia («paz mental») es posible mediante la abstención del juicio. La
cantidad relativamente grande de sus obras sobrevivientes tuvo una influencia duradera en los
filósofos posteriores.160

El significado de «ateo» cambió a lo largo de la Antigüedad clásica. Los primeros cristianos fueron
etiquetados como ateos por los no cristianos a causa de su falta de fe en los dioses paganos.161 Durante
el Imperio Romano, los cristianos fueron ejecutados por su negación de los dioses romanos y el culto al
emperador. Teodosio I en el año 381 convirtió al cristianismo en la religión oficial del Imperio y
la herejía se convirtió en un crimen punible.

Alta Edad Media y Renacimiento


Durante la Alta Edad Media, el mundo islámico experimentó una Edad de Oro. De la mano de avances
en la ciencia y filosofía, las tierras de Arabia y Persia produjeron francos racionalistas y ateos, entre
ellos Ibn al-Warraq (siglo IX), Ibn al-Rawandi (827–911), Al-Razi (854–925) y Al-Maʿarri (973–1058). Al-
Ma'arri enseñó que la religión es tan solo un «mito inventado por los antiguos» y que hay personas «de
dos clases: aquellas con cerebros, pero sin religión, y aquellas con religión, pero sin cerebro». A pesar
de haber sido escritores relativamente prolíficos, casi ninguno de sus escritos sobrevivieron y los pocos
que lo hicieron fue preservado en su mayoría a través de citas y fragmentos en obras posteriores
por apologéticos musulmanes en su intento por refutarlos. Además, otros eruditos de la Edad de Oro
se han asociado con el pensamiento racionalista y el ateísmo, aunque la actual atmósfera intelectual
del mundo islámico y la escasa evidencia sobreviviente hace de este punto un objeto de debate.

La divulgación de puntos de vista ateos era rara en Europa durante la Alta Edad Media y la Edad
Media (véase Inquisición medieval), mientras que la metafísica y la teología eran los intereses
dominantes en lo concerniente a la religión. Hubo, sin embargo, movimientos dentro de este
período que impulsaron concepciones heterodoxas del dios cristiano, incluidas diferentes
consideraciones de la naturaleza, trascendencia y cognoscibilidad de Dios. Individuos y grupos,
tales como Juan Escoto Eriúgena, David de Dinant, Amalrico de Bena y los Hermanos del libre
espíritu mantuvieron puntos de vista cristianos con tendencias panteístas. Nicolás de Cusa sostuvo
una forma de fideísmoque llamó docta ignorantia («ignorancia aprendida»), que afirma que Dios
está más allá de toda categorización humana y por tanto su conocimiento se limita a la
conjetura. Guillermo de Ockham inspiró tendencias anti metafísicas con su
limitación nominalista del conocimiento humano a objetos concretos y afirmó que
la esencia divina no puede ser aprehendida por el intelecto humano, ya sea racional o
intuitivamente. Los seguidores de Ockham, como Juan de Mirecourt y Nicolás de
Autrecour promovieron esta epistemología. La división resultante entre la fe y la razón influyó
posteriormente a teólogos radicales y reformistas como John Wycliffe, Jan Hus y Martín Lutero.166

El Renacimiento desempeñó un gran papel en ampliar el ámbito del librepensamiento y la


investigación escéptica. Individuos como Leonardo da Vinci buscaron la experimentación como
medio de explicación y se opusieron a los argumentos de autoridad religiosa. Otros críticos de la
religión y la Iglesia durante este tiempo incluyen a Nicolás Maquiavelo, Bonaventure des
Périers, Michel de Montaigne y François Rabelais.160

Edad Moderna
El historiador Geoffrey Blainey escribió que la Reforma Protestante allanó el camino para la crítica
atea a la autoridad de la Iglesia Católica, quien a su vez «discretamente inspiró a otros pensadores
para que atacaran la autoridad de las nuevas iglesias protestantes».El deísmo ganó influencia
en Francia, Prusia e Inglaterra. El filósofo Baruch Spinoza fue «probablemente el primer
autoproclamado “semiateo” conocido en el mundo cristiano de la edad moderna» de acuerdo con
Blainey. Spinoza creía que las leyes de la naturaleza explicaban el funcionamiento del universo y
en 1661 publicó su Tratado breve sobre Dios, el hombre y la felicidad.

La crítica al cristianismo se volvió cada vez más frecuente durante los siglos XVII y XVIII,
especialmente en Francia e Inglaterra, donde al parecer existió malestar religioso según fuentes de
la época. Algunos pensadores protestantes, como Thomas Hobbes, defendieron una
filosofía materialista y el escepticismo hacia los sucesos sobrenaturales, mientras que Spinoza
rechazó a la divina providencia en favor de un naturalismo panteísta. A fines del siglo XVII, se
apoyó abiertamente el deísmo por parte de intelectuales como John Toland, quien acuñó el
término «panteísta».

El primer ateo explícito conocido fue el crítico de la religión alemán Matthias Knutzen a través de
sus tres escritos de 1674. Fue seguido por otros dos escritores: el filósofo exjesuita
polaco Kazimierz Łyszczyński y, en los años 1720, el sacerdote francés Jean Meslier. Con el paso al
siglo XVIII, destacaron nuevos pensadores abiertamente ateos, como el barón d'Holbach, Jacques-
André Naigeon y otros materialistas franceses. John Locke en contraste, aunque defensor de la
tolerancia, exhortaba a las autoridades a no tolerar el ateísmo, pues creía que la negación de la
existencia de Dios socavaría el orden social y conduciría al caos.

David Hume desarrolló una epistemología escéptica basada en el empirismo y la filosofía


de Immanuel Kant cuestionó fuertemente siquiera la posibilidad de obtener
conocimiento metafísico. Ambos filósofos objetaron los cimientos de la teología natural y
criticaron los argumentos clásicos de la existencia de Dios.

Blainey notó que si bien se reconoce ampliamente la gran contribución de Voltaire al pensamiento
ateo de la Revolución francesa, el filósofo francés consideraba que el temor a Dios desalentaba
mayores disturbios, en sus palabras «Si dios no existiera, sería necesario inventarlo».
En Reflexiones sobre la Revolución francesa (1790), el filósofo Edmund Burke denunció al ateísmo
de ser una «camarilla literaria» que había «formado hace algunos años una especie de plan regular
para destruir la religión cristiana. Persiguieron esta meta con un grado de fervor que hasta ahora
solo se ha descubierto por los propaladores de cierto sistema de devoción. [...] Estos padres del
ateísmo tienen un fanatismo propio». No obstante, Burke afirmó que «el hombre es por
constitución un animal religioso» y «el ateísmo está en contra no solo de nuestra razón, sino de
nuestros instintos; y [...] no puede prevalecer por mucho».

El barón d'Holbach fue una figura prominente de la Ilustración francesa y se le recuerda principalmente
por su ateísmo y sus voluminosos escritos contra la religión, de los cuales el más famoso fue Système
de la Nature (1770) y en menor medida Le christianisme dévoilé (El cristianismo desvelado).

También es importante la figura de Jean Meslier, sacerdote católico de la parroquia de Étrépigny (cerca
de Mézières, Ardenas, Francia). Después de haber trabajado durante unos 40 años con diligencia e
insospechable apariencia de fe, al morir en 1729dejó dos sorprendentes cartas y una gran obra de
cerca de 3500 páginas impresas con argumentos contra la existencia de Dios, que fueron
posteriormente publicados por Voltaire en 1762.

Una de las metas de la Revolución francesa fue la reestructuración y la subordinación del clero con
respecto al Estado a través de la Constitución civil del clero. Los intentos por hacerla cumplir llevaron a
violencia anticlerical y la expulsión de muchos clérigos de Francia, lo que se prolongó hasta la Reacción
de Termidor. El grupo radical de los jacobinos tomó el poder por la fuerza en 1793, lo que inauguró
el Reino del Terror. Los jacobinos eran deístas e introdujeron el Culto del ser supremo como la nueva
religión de estado en reemplazo al catolicismo. Algunos ateos seguidores de Jacques Hébert buscaron
establecer en su lugar un Culto de la razón, una forma de pseudor religión atea con una diosa que
personificaba a la razón. El napoleónico prosiguió la institucionalización de la secularización de la
sociedad francesa y expandió la revolución hasta el norte de Italia, con la esperanza de crear repúblicas
influenciables.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, el ateísmo alcanzó protagonismo bajo la influencia de
filósofos racionalistas y librepensadores. Muchos filósofos alemanes prominentes de esta época
negaron la existencia de deidades y fueron críticos de la religión, tales como Ludwig Feuerbach, Arthur
Schopenhauer, Max Stirner, Karl Marx y Friedrich Nietzsche.

G.J. Holyoake fue la última persona (1842) en ser encarcelada en Gran Bretaña debido a creencias
ateas. Stephen Law afirma que Holyoake "acuñó originalmente el término 'secularismo “.

Desde 1900
El ateísmo avanzó en muchas sociedades durante el siglo XX, especialmente en la forma de ateísmo
práctico. El pensamiento ateo encontró aceptación en una gran variedad de otras filosofías más
amplias, como el existencialismo, el objetivismo, el humanismo secular, el nihilismo, el anarquismo,
el positivismo lógico, el marxismo, el feminismo183 y el movimiento racionalista y científico.

Además, surgió el ateísmo de Estado en la Europa oriental y en Asia, concretamente en la Unión


Soviética bajo el mando de Vladímir Lenin y Iósif Stalin y la República Popular China liderada por Mao
Zedong. La política atea o antirreligiosa soviética se caracterizó por la aprobación de numerosas leyes,
la prohibición de la instrucción religiosa en las escuelas y el nacimiento de la Sociedad de los Sin Dios.
Después de Mao, el Partido Comunista Chino permaneció como una organización atea y reguló,
aunque no prohibió completamente, la práctica de la religión en la China continental.

Mientras que Geoffrey Blainey ha escrito que «los líderes más despiadados de la Segunda Guerra
Mundial fueron ateos y seculares que eran intensamente hostiles hacia el judaísmo y el
cristianismo”, Richard Madse ha señalado que tanto Adolf Hitler como Iósif Stalin abrieron y
cerraron iglesias por un asunto de conveniencia política e Stalin suavizó su oposición al
cristianismo con el fin de mejorar la aceptación pública de su régimen durante la guerra.

Blackford y Schüklenk han escrito que «la Unión Soviéticafue innegablemente un estado ateo, y lo
mismo aplica al maoísmo chino y al fanático régimen de los jemeres rojos de Pol Pot en Camboya
en la década de 1970. Eso, sin embargo, no demuestra que las atrocidades realizadas por estos
dictadores totalitarios fueran el resultado de creencias ateas, llevadas a cabo en el nombre del
ateísmo o motivadas fundamentalmente por los aspectos ateos de los pertinentes tipos de
comunismo».

El positivismo lógico y el cientificismo allanaron el camino para el neopositivismo, la filosofía


analítica, el estructuralismo y el naturalismo. El neopositivismo y la filosofía analítica descartaron
al racionalismo clásico y a la metafísica en favor del empirismo estricto y del nominalismo
epistemológico. Ateos como Bertrand Russell rechazaron enfáticamente la creencia en Dios. En sus
primeros trabajos, Ludwig Wittgensteinintentó separar el lenguaje metafísico y sobrenatural del
discurso racional. Alfred Jules Ayer afirmó la no verificabilidad y la carencia de significado de las
declaraciones religiosas y abogó por las ciencias empíricas. En relación a esto, el estructuralismo
aplicado de Lévi-Straussatribuyó el origen del lenguaje religioso al subconsciente humano y negó
su significado trascendental. J. N. Findlay y J. J. C. Smart sostuvieron que la existencia de Dios no es
lógicamente necesaria. Los naturalistas y los materialistas monistas como John
Dewey consideraron al mundo natural como la base de todo y negaron la existencia de Dios o
la inmortalidad.

Demografía
Cuantificar el número de ateos en el mundo es una tarea difícil. Los participantes de encuestas de
creencias religiosas pueden definir «ateísmo» de distintas maneras o trazar diferentes líneas entre
ateísmo, irreligión y creencias religiosas y espirituales no teístas. De este modo, un hinduista ateo
se identificaría como hindú, a pesar de también ser ateo. Una encuesta de 2010 publicada en
la Enciclopedia británica descubrió que los irreligiosos constituían el 9,6 % de la población mundial
y los ateos el 2,0 %, con una amplia mayoría asiática. Esta cifra no incluye a los seguidores de
religiones ateas, como ciertos budistas. El promedio de la variación anual del ateísmo entre el
2000 y el 2010 fue de −0,17 %. Una cifra mayor estima el número de ateos y agnósticos totales en
1100 millones.
Porcentaje de ateos y agnósticos en el mundo (2007).

En términos mundiales, si bien existen ateos y agnósticos en todos los países del mundo, su
número es más reducido en países pobres y menos desarrollados que en los países ricos e
industrializados. De acuerdo con el psicólogo evolucionista Nigel Barber, el ateísmo florece donde
la mayoría de las personas se sienten económicamente seguras, particularmente en el modelo
nórdico y las socialdemocracias de Europa, ya que existe una menor incertidumbre acerca del
futuro gracias a extensas redes de seguridad social y una mejor atención médica que logran una
mayor calidad y expectación de vida en su población; en contraste con las naciones
subdesarrolladas, donde virtualmente no hay ateos.

El Global Index of Religiosity and Atheism (2012) de Gallup encuestó a 50 000 personas en 57 países,
preguntándoles «¿Independientemente de si asistes a un lugar de culto o no, dirías que eres una
persona religiosa, no religiosa o un ateo convencido?» El 59 % de la población mundial se identificó
como religiosa, un 23 % no religiosa y un 13 % se declaró atea convencida. Los ateos están
concentrados principalmente en Asia Oriental, especialmente China y Japón, y en Europa
Occidental (en promedio 14 %), donde sobresale Francia. Los diez países con mayor proporción de
«ateos convencidos» fueron China (47 %), Japón (31 %), República Checa (30 %), Francia (29 %), Corea
del Sur (15 %), Alemania (15 %), Países Bajos (14 %), Austria (10 %), Islandia (10 %), Australia (10 %)
e Irlanda (10 %). En contraste, la lista de diez países con mayor porcentaje de «personas religiosas»
son Ghana(96 %), Nigeria (93 %), Armenia (92 %), Fiyi (92 %), Macedonia (90 %), Rumania (89 %), Irak (8
8 %), Kenia (88 %), Perú (86 %) y Brasil (85 %). En comparación con el mismo estudio realizado en 2005,
en siete años la religiosidad disminuyó nueve puntos porcentuales mientras que los ateos aumentaron
tres en los países comunes a ambos años. El estudio también halló que la religiosidad es mayor entre
los pobres, con una diferencia de 17 puntos porcentuales entre el quinto (49 %) y primer quintil (66 %).
De igual forma, los países son menos religiosos conforme aumenta su prosperidad. La religiosidad es
menor entre aquellos con mayor educación, aquellos con educación superior (52 %) son 16 puntos
menos religiosos que aquellos sin educación secundaria (68 %).