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1.

ENTREVISTAS

A. Entrevista inicial general


B. Entrevistas no estructuradas
C. Entrevistas estructuradas
2. AUTOINFORMES

A. Autoinformes generales
B. Autoinformes específicos
C. Autoinformes para evaluar otras variables
asociadas
3. TESTS DE OBSERVACION CONDUCTUAL

4. AUTORREGISTROS
III. Evaluación de la fobia social 2

Para llevar a cabo la evaluación de la fobia social podemos contar


con diferentes sistemas de medida: entrevistas, autoinformes,
autorregistros, tests de observación conductual y registros
psicofisiológicos.

1. ENTREVISTAS

A. Entrevista inicial general

La entrevista inicial tiene como objetivo establecer una relación


terapéutica adecuada
entre el terapeuta y el paciente y fomentar en él una motivación
adecuada para el
tratamiento. Además, es la forma más tradicional de recabar
información del paciente acerca del problema, de la historia del
mismo y de los factores que lo mantienen, así como evaluar las
habilidades sociales del paciente en la situación social que supone
esta relación terapéutica.

Como en cualquier caso que llega por primera vez, en la


primera sesión se ha de aplicar una entrevista inicial general, para
después ir completando con preguntas específicas de los trastornos
que vamos encontrando. En el Apéndice A se puede ver el Modelo de
Entrevista Inicial Genaro del Centro de Psicología ALBORAN (CPA).

B. Entrevistas no estructuradas

En las entrevistas no estructuradas, el psicólogo va evaluando


diferentes aspectos esenciales del problema. Veamos algunos
ejemplos de preguntas de evaluación de la fobia social (Sevillá y
Pastor, 2000).

Preguntas para valorar la fobia social


1. ¿En qué situaciones te sientes mal? Haz un listado, lo más detallado
posible, de
III. Evaluación de la fobia social 3

todas las situaciones sociales en que te pones ansioso.


Incluye aspectos como: el número de personas, el tipo de
gente, la conversación, el escenario físico, o cualquier otra
que sea relevante en tu caso.

2. Si sabes que tienes que afrontar una situación social difícil, ¿te
pones ansioso con anticipación? Añade al listado anterior las
situaciones que tiendes a evitar si sabes que tienes que
enfrentarte a ellas.

3. ¿Qué pensamientos invaden tu cabeza en los momentos de


ansiedad? ¿Qué temes que suceda? ¿Qué crees que van a pensar
de ti? ¿Qué piensas de ti mismo en esos momentos? ¿Qué es lo
peor que crees que podría suceder?

4. Gradúa cada uno de los pensamientos anteriores en una escala de


0 a 10 de credibilidad, en el que 0 es “no me lo creo nada”, y 10
es “me lo creo completamente”.

5. ¿Qué cambios físicos notas en los momentos de ansiedad? ¿Qué


sensaciones fisiológicas son las más destacadas? Al notar alguna
sensación en particular, por ejemplo rubor, ¿aumenta aún más tu
ansiedad?

6. ¿Cómo reaccionas? ¿Qué haces y cómo actúas entonces? ¿Estás


muy centrado en tus sensaciones de ansiedad? ¿Es como si
estuvieras autorrevisando tu cuerpo y tu mente? ¿Te fijas en tu
interlocutor? ¿Hasta qué punto eres capaz de seguir la
conversación? ¿Podrías deducir de su comunicación no verbal
cómo se siente? ¿Qué dejas de hacer por miedo? ¿Qué conductas
haces para sentirte mejor? ¿Usas alcohol o alguna sustancia para
controlar la ansiedad? ¿Utilizas estrategias mentales como pensar
lo que vas a decir, revisar lo que has dicho o intentar distraerte?

7. Antes de afrontar una situación temida, ¿te preparas de alguna


manera? Por ejemplo, eligiendo la ropa, el maquillaje, buscando
temas de conversación o tomando alcohol.

8. Cuando las personas se sienten nerviosas en una situación,


intentan hacer algo para aliviarse o sentirse mejor, por ejemplo, ir
acompañado o tratar de pasar desapercibido… a estas formas de
actuar las llamamos conductas de seguridad. Si recuerdas
algunas que tu sueles hacer ¿Hasta qué punto te ayudan o son
eficaces para reducir la ansiedad? ¿Notas un alivio, aunque sea
ligero cuando las haces? ¿Cuándo baja completamente la
ansiedad?

9. ¿Cómo te sientes cuando todo ha acabado? ¿Te autorreprochas?


¿Te sientes culpable o deprimido? ¿Qué imagen tienes de lo que
ha sucedido?

10. ¿Cómo reaccionan los que saben tu problema? ¿Te apoyan, te


facilitan la evitación, te reprochan tu miedo?
III. Evaluación de la fobia social 4

Preguntas para averiguar cómo empezó y evolucionó la fobia social


1. ¿Cuándo crees que empezó tu problema de relaciones sociales?

2. ¿Ha habido periodos de mejoría o empeoramiento? Si los ha


habido ¿A qué crees que se han debido? ¿Coincidieron con
acontecimientos concretos de tu vida, como cambiar de colegio,
domicilio, servicio militar, trabajo o entrar en la universidad?

3. ¿Tienes familiares directos con problemas de ansiedad social o


dificultades en las relaciones sociales o timidez?

4. ¿Tus padres o familiares significativos eran buenos comunicadores?

5. El colegio al que fuiste ¿favorecía la charla, el diálogo y la


expresión de opiniones y sentimientos?

6. ¿Tus amigos de la infancia y la adolescencia eran habladores,


comunicativos y directos?

7. ¿Recuerdas alguna situación social en un pasado lejano o reciente


en que lo pasaras mal?

8. ¿Has pasado alguna situación de gran ridículo y te has agobiado mucho


por ella?

9. ¿Recuerdas haber sido víctima de alguna broma pesada


sintiéndote ridiculizado ante otros?

10. ¿Te sientes o te has sentido acomplejado por algún rasgo físico
sobresaliente, como sobrepeso o acné?

11. Antes de empezar a notar estos problemas de ansiedad social


¿cómo andabas de autoestima? ¿De alguna manera te valorabas
por debajo de los demás?

12. Ahora te leeré una serie de creencias que la gente suele tener.
Trata de recordar si se te ha transmitido alguna de ellas en casa,
en el colegio, entre tus amigos, televisión, etc. Señala las que tú
crees que más te han influido:

a. Debo gustar a todo el mundo


b. No conviene mostrar claramente tus emociones
c. Si alguien te rechaza, es que algo anda mal en ti
d. No digas cosas que pueden incomodar a los demás
e. Es horrible hacer el ridículo
f. Nunca crees situaciones que puedan llamar la atención
g. Lo más importante es la imagen social
h. Lo único que perdura es lo que los demás piensan sobre ti
i. Más vale renunciar a algo que tener una discusión
III. Evaluación de la fobia social 5

j. Hay que ser muy modesto y humilde


k. Debo ser un gran conversador
l. Siempre tengo que tener lista una broma u ocurrencia graciosa

C. Entrevistas estructuradas

Sistemas de clasificación como el DSM-V, han traído consigo el


desarrollo de entrevistas estructuradas que posibilitan la inclusión
fiable de los pacientes en las categorías diagnósticas señaladas y el
establecimiento de diagnósticos diferenciales. Nos permiten
llegar a criterios diagnósticos precisos y posibilitan la
homogeneización de
pacientes en investigaciones clínicas orientadas al estudio de la
eficacia diferencial de tratamientos.

Las entrevistas estructuradas presentan una serie de ventajas


e inconvenientes. Entre las ventajas de las entrevistas
estructuradas citaremos las siguientes:

Permiten detectar con detalle el trastorno de conducta


experimentado por el paciente. Organizar los síntomas de una
forma coherente

Facilitar al paciente la comprensión de que hay otras personas


que experimentan los mismos síntomas.

Sin embargo, el principal inconveniente es que el carácter


excesivamente estructurado de este tipo de entrevistas puede
interferir en la espontaneidad del paciente para explicar el problema
y transmitir la percepción subjetiva del mismo.

Para la evaluación de la fobia social, existen unas entrevistas


estructuradas, permitiendo especificar el trastorno del paciente por
medio de una serie de preguntas predeterminadas. Entre ellas,
nombraremos la SCID-II (Spitzer, Williams, Gibbon y First, 1989) o
el SADS-LA (Mannuzza, Fyer, Klein y Endicott, 1986) y ADIS-R (Di
Nardo y Barlow, 1988). Entre éstas, la ADIS-R parece ser la más
específica para los trastornos de ansiedad y la más utilizada, al
menos en las investigaciones clínicas, debido a sus propiedades
psicométricas. Estas entrevistas, sin embargo, tienen la dificultad de
que lo que ganan en precisión se puede perder en espontaneidad.

La ADIS-R es una entrevista estructurada diseñada específicamente


para evaluar y
III. Evaluación de la fobia social 6

diagnosticar diferencialmente los trastornos de ansiedad, así como


para descartar otros problemas clínicos, como psicosis,
drogodependencias, trastornos de estado de ánimo y trastornos
somatoformes.

Esta entrevista, además del diagnóstico clínico, evalúa los


factores situacionales y cognitivos que influyen en la ansiedad y
proporciona, información sobre el análisis funcional de la conducta.

En el ámbito específico de la fobia social, los pacientes deben


informar al terapeuta de la intensidad del miedo y de la evitación
experimentados en diversas situaciones sociales (fiestas, reuniones,
actuaciones en público, citas, etc), así como de los estímulos
concretos asociados a esas situaciones (sexo de las personas,
tamaño del grupo, relación previa con las personas, tipo de jerarquía
respecto a ellas, etc.) y del grado de interferencia en la vida
cotidiana. Asimismo, se señala la evolución de los miedos desde
la aparición de los mismos hasta la situación actual.

Tiene muy buena fiabilidad en el diagnóstico diferencial de la


fobia social entre pacientes con diversos trastornos de ansiedad.

2. AUTOINFORMES

Son los instrumentos más utilizados para la evaluación dentro de la


práctica clínica. Nos sirven para la cuantificación de la intensidad
de los síntomas y para evaluar el
cambio terapéutico.

Los autoinformes presentan muchas ventajas como


instrumentos de evaluación: requieren poco tiempo de aplicación,
ofrecen puntuaciones objetivas de la subjetividad de los pacientes, se
pueden explorar áreas diversas de la interacción social y permiten, al
aplicarse de forma repetida, evaluar la evolución de los síntomas.
Algunos instrumentos nos permiten una evaluación en sentido
más amplio de ansiedad social. Este es el caso de la Escala de Estrés
y Evitación Social (SAD; Watson y Friend, 1969), que se centra en
aspectos más conductuales. La Escala de Miedo a la Evaluación
III. Evaluación de la fobia social 7

Negativa (FNE; Watson y Friend, 1969), sin embargo, se centra más en


aspectos cognitivos;
Conductas-Objetivo (Echeburúa y Corral, 1987) y Escala de
Adaptación (Echeburúa y Corral, 1987), que mide la inadaptación

Existen otros instrumentos que son más específicos para


evaluar propiamente la fobia social. Entre ellos se incluyen el
Inventario de Ansiedad y Fobia Social (SPAI; Turner, Beidel, Dancu y
Stanley, 1989), la Escala de Fobia Social (Liebowitz, 1987) y la
Escala Breve de Fobia Social (Davidson, Potts, Richichi, Ford,
Krishnan, Smith y Wilson, 1991). Además, se han de usar otros
instrumentos de evaluación de otras variables asociadas.

A. Autoinformes generales

Escala de Estrés y Evitación Social (SAD; Watson y Friend, 1969)


Consta de 28 ítems, con dos posibilidades de respuesta (“verdadero”
o “falso”), referidos al malestar subjetivo en situaciones sociales
(14 ítems) y, especialmente, a la evitación activa o deseo de
evitación de dichas situaciones (14 ítems). El rango de la escala es
de 0
a 28.

El punto de corte propuesto para discriminar entre la


población sana de la población aquejada de ansiedad social es de 18-
20. Se ha mostrado sensible al cambio terapéutico.

TABLA 1: Claves de corrección del SAD

1–F 8–V 15 – F 22 - F
2–V 9–F 16 – V 23 - V
3–F 10 – V 17 – F 24 - V
4–F 11 – V 18 – V 25 - F
5–V 12 – F 19 – F 26 - V
6–F 13 – V 20 – V 27 - F
7–F 14 – V 21 – V 28 - F

Las limitaciones de esta escala son que muchos ítems son un tanto
repetitivos e
IV. Análisis funcional y diseño del tratamiento 8

imprecisos desde la perspectiva de la situación estimular, que el


número de ítems, al ser reducido, puede no representar las
situaciones de ansiedad específicas de un paciente determinado y
que las respuestas son dicotómicas, con pocas posibilidades de
matización.

Escala de Miedo a la Evaluación Negativa (FNE) (Wat son y Friend, 1969)


Tiene como objetivo evaluar el componente cognitivo de la
ansiedad social y mide, el grado en que la gente experimenta temor
ante la posibilidad de ser juzgado negativamente por parte de los
demás. La escala consta de 30 ítems de tipo dicotómico (“verdadero”
o “falso”), con un rango de 0 a 30.

El punto de corte propuesto para discriminar entre población


sana de la población aquejada de ansiedad social es de 22-24. Se ha
mostrado sensible al cambio terapéutico y es un buen predictor de la
mejoría terapéutica a largo plazo.

TABLA 2: Claves de corrección del FNE

25 -
1–F 7- V 13 – V 19 – V V
26 -
2–V 8–F 14 – V 20 – V F
27 -
3–V 9–V 15 – F 21 – F F
28 -
4–F 10 – F 16 – F 22 – V V
29 -
5–V 11- V 17 – V 23 – F V
30 –
6–F 12 – F 18 – F 24 – V V

Conductas-objetivo (Echeburúa y Corral, 1987)


Se diseñó para que los pacientes concretaran en una lista cinco
conductas que quieren
mejorar y que supondrían un beneficio importante para su
vida cotidiana. Estas cinco conductas se valoran en tres subescalas:
grado de dificultad, medido de 0 a 10 puntos; grado de evitación,
medido de 0 (“nunca”) a 5 (“siempre”); y grado de miedo, medido de
0 (“nada”) a 5 (“muchísimo”) puntos. Este instrumento es muy
sensible al cambio terapéutico.

Escala de Adaptación (Echeburúa y Corral, 1987)


Este instrumento mide fundamentalmente la inadaptación y valora, en
concreto, el grado
IV. Análisis funcional y diseño del tratamiento 9

en el que la fobia social afecta a diferentes áreas de la vida


cotidiana: trabajo y/o estudios, vida social, tiempo libre, relación de
pareja y vida familiar. La última subescala implica una valoración
general e indica en qué medida la adaptación global está afectada
por la fobia social. Los ítems están estructurados en una escala de
tipo Likert, donde las puntuaciones oscilan entre 1 (“nada”) y 6
(“muchísimo”). El rango del instrumento es de 6 a 36, con una
puntuación tanto mayor cuanto mayor es el grado de inadaptación
del sujeto a las diferentes áreas de la vida cotidiana.

B. Autoinformes específicos

Inventario de Ansiedad y Fobia Social (SPAI; Turner, Beidel, Dancu y Stanley,


1989)
Este inventario consta de dos subescalas: Subescala de Fobia Social,
con 32 ítems, y Subescala de Agorafobia, con 13 ítems. Cuenta, en
total, con 45 ítems, que abarcan las dimensiones
motoras, psicofisiológicas y cognitivas implicadas en la ansiedad
social.

El SPAI es más específico que el SAD y que el FNE en las


situaciones estimulares y en las respuestas. Al estar estructurado en
una escala tipo Likert de 1 a 7 puntos en función de la frecuencia con
que aparece la ansiedad en cada situación propuesta, permite una
respuesta mucho más matizada que a los ítems del SAD y FNE. Otra
ventaja es la posibilidad de hacer un diagnóstico diferencial entre
la fobia social y la agorafobia, ya que la ansiedad social está
presente en ambos trastornos. El punto de corte propuesto para
discriminar entre la población sana y la población aquejada de fobia
social es de 60.

Escala de Fobia Social (Liebowitz, 1987)


Tiene como objetivo evaluar la fobia social y distingue entre la
ansiedad de rendimiento (relacionada con la ejecución de
conductas delante de los demás) y la ansiedad social (relacionada
con las situaciones propiamente sociales).

La escala está compuesta por 24 ítems (13 correspondientes a


la subescala de ansiedad de rendimiento y 11 correspondientes a la
subescala de ansiedad social), que deben puntuarse en dos
dimensiones (miedo/ansiedad y evitación). Todos los ítems están
estructurados en una escala de tipo Likert de 0 a 3. El rango total de
la escala es de 0

Curso Aplicado a Distancia I.S.P.A.


IV. Análisis funcional y diseño del tratamiento 10

a 144 (de 0 a 78, en la subescala de ansiedad de rendimiento; de 0 a


66, en la subescala de ansiedad social). Este instrumento se muestra
sensible al cambio terapéutico.

Escala Breve de Fobia Social (Davidson, Potts, Richichi, Ford, Krishnan, Smith y
Wilson, 1991)
Nos sirve para precisar la intensidad de los síntomas y para valorar
los resultados del tratamiento. Evalúa, por un lado, el
miedo/evitación y, por otro, los síntomas psicofisiológicos
presentes en la fobia social.

Este instrumento consta de 11 ítems, estructurados en una


escala de tipo Likert de 0 a 4. Los 7 primeros ítems se refieren al
miedo y a la evitación; los 4 restantes, a los síntomas
psicofisiológicos. El rango total de la escala es de 0 a 72 (de 0 a 28,
en la subescala de miedo; de 0 a 28, en la subescala de evitación; y
de 0 a 16, en la subescala de síntomas psicofisiológicos).

C. Autoinformes para evaluar otras variables asociadas

Escala de Autoestima (Rosenberg, 1965)


Este instrumento tiene evalúa el sentimiento de satisfacción que
una persona tiene consigo misma. La autoestima refleja la
relación entre la autoimagen real y la autoimagen
ideal.

Esta escala consta de 10 ítems, 5 planteados en forma positiva


y 5 en forma negativa, con el objetivo de controlar la aquiescencia.
Los ítems, estructurados en una escala de tipo Likert, presentan
cuatro categorías de respuesta, que incluyen desde “muy de
acuerdo” con la frase que se plantea a “muy en desacuerdo”. El
rango de las puntuaciones está comprendido entre 10 y 40,
interpretándose esta como indicativa de una mayor autoestima,
cuanto más elevada es. Se considera que una puntuación igual o
menor a 25 indica déficit en autoestima; este déficit será mayor
cuanto menor sea la puntuación en esta escala. En nuestro Centro,
incluso con una puntuación de 28 para abajo intervenimos ya en
autoestima, pues consideramos que en ese rango la autoestima es
frágil.

Escala de Asertividad (RAS; Rathus, 1973)


Tiene por objetivo evaluar el comportamiento social autoafirmativo del
sujeto. El
III. Evaluación de la fobia social 11

instrumento consta de 30 ítems, que oscila entre una puntuación de +3


(“muy característico
en mí”) hasta –3 (“muy poco característico de mí”), sin incluir el 0. El
contenido de los
elementos se refiere a conductas en situaciones sociales en las que
está implicada la
asertividad del sujeto. La amplitud teórica de las puntuaciones es
de +90 a –90, con un punto de corte de 0 y con una puntuación
positiva tanto mayor cuanto mayor es la asertividad.

Las limitaciones de esta escala son que muchos de los ítems


(13 de un total de 30) están mas relacionados con la agresividad
que con la asertividad, que las situaciones propuestas en algunos
ítems son excesivamente abstractas y repetitivas y que no se
incluyen, sin embargo, preguntas relacionadas con sentimientos más
positivos, como el amor, el afecto o la aprobación.

Inventario de Asertividad (Gambrill y Richey, 1975)


Ha sido adaptado al castellano de Carboles, Costa y Del Ser (1975).
Es un instrumento sensible al cambio terapéutico, compuesto por 40
ítems que reflejan diferentes situaciones en las que se realiza
una conducta que objetivamente se puede considerar asertiva.
El objetivo es evaluar el grado de malestar que le genera cada
situación al sujeto (utilizando una escala con cinco categorías
comprendidas entre 1 =
ningún malestar y 5 = muchísimo malestar) y la probabilidad con la que
el sujeto
realizaría la conducta que se describe en cada ítem (utilizando
también una escala de cinco categorías de respuesta pero esta vez
comprendidas entre 1 = siempre lo hago y 5 = nunca lo hago).

Para evitar las valoraciones que realiza el sujeto acerca del


miedo influyan sobre las que realiza acerca de la probabilidad de la
conducta, se le pide que primero realice la valoración de miedo de
todos los ítems, tape sus respuestas con un folio y posteriormente
realice las valoraciones de probabilidad. Una vez que ha realizado
estas dos tareas se le pide al sujeto que marque aquellos ítems que
describen conductas que a él le gustaría ser capaz de poder realizar.

Para la corrección del inventario se procede a sumar las


números de cada una de las valoraciones realizadas por el sujeto,
obteniendo dos puntuaciones totales: la de la Escala de Malestar
(M) y la de la Escala de Probabilidad de Respuesta (PR), por lo
que si
III. Evaluación de la fobia social 12

tenemos 40 ítems con valores que varían entre 1 y 5, la puntuación


total variará entre 40 y 200. Esta puntuación, conforme más elevada
es, indica una mayor severidad del problema. Una interpretación
más refinada se puede realizar utilizando los siguientes valores de
corte:

No asertivos. Miedo alto (puntuación mayor que 96 en M) y


probabilidad de respuesta baja (puntuación mayor que 105 en
PR).

Realizadores ansiosos. Miedo alto (puntuación mayor que 96 en


M) y probabilidad de respuesta alta (puntuación menor que 104
en PR).

Despreocupados. Miedo bajo (puntuación menor que 95 en M) y


probabilidad de respuesta baja (puntuación mayor que 105 en
PR).

Asertivos. Miedo bajo (puntuación menor que 95 en M) y


probabilidad de respuesta ata (puntuación menor que 104 en PR).

Además, hay que evaluar otras variables clínicas asociadas.

Inventario de Depresión (BDI) (Beck, Rush, Shaw y E mery, 1979)


Tiene como objetivo identificar los síntomas depresivos y
evaluar la intensidad de los mismos. Se muestra muy sensible al
cambio terapéutico. No es un cuestionario diagnóstico ni sirve
tampoco para llevar a cabo un diagnóstico diferencial de diferentes
tipos de depresiones.

El BDI se centra en los síntomas cognitivos de la depresión (2/3


de los ítems), pero poco en los aspectos somáticos o conductuales
(1/3 de los ítems). Consta de 21 ítems, estructurados en una escala
de tipo Likert con cuatro alternativas de respuesta (0 a 3) en función
de la intensidad de los síntomas. Cada nivel de respuesta está
definido por una frase que permite al paciente identificar su propio
caso. El contenido de los ítems está
referido al estado de ánimo, pesimismo, deseos de suicidio,
abandono social,
indecisión, pérdida de peso, etc.

El rango del instrumento es de 0 a 63. La interpretación de las


puntuaciones es la siguiente: depresión ausente (0-9), depresión leve
(10-18), depresión moderada (19-29) y depresión grave (30-63). El
punto de corte más utilizado para discriminar entre la
III. Evaluación de la fobia social 13

población sana de la población aquejada de sintomatología depresiva es 18


(Steer y Beck,
1988).

Inventario de Ansiedad de Beck (Beck y cols., 1988)


Evalúa la intensidad de la ansiedad sin solaparse con al
evaluación de la depresión. Se suman directamente las
puntuaciones de todos los ítems, de modo que cuando esta es
superior a 20 o 25, será indicativo de presencia de ansiedad
patológica. Fiable y válido. Sensible al cambio terapéutico.

Escala de Ansiedad Estado-Rasgo (STAI) (Spielberger, Gorsuch y Lushene, 1970)


Este inventario incluye una subescala de ansiedad como rasgo o la
tendencia a la ansiedad, pero también una subescala de estado, que
permite detectar las conductas de ansiedad en la situación del
paciente. Desde un enfoque situacional de la ansiedad y desde el
interés por los instrumentos sensibles al cambio terapéutico, es la
escala de ansiedad-estado la que resulta especialmente de interés en
este contexto. La primera parte refleja cómo se siente
el individuo en el momento concreto que lo contesta (escala
estado) y segunda parte cómo se siente el individuo en general
(escala rasgo). Se administran en este orden.

Esta formado por dos escalas de 20 ítems cada una,


estructurada en una escala de tipo Likert de 0 a 3. El rango de cada
escala es de 0 a 60. En la escala de ansiedad-rasgo (cuyas categorías
de respuesta son “casi nunca”, “algo”, “bastante” y “mucho”) los
pacientes tienen que describir cómo se sienten generalmente; en la
escala de ansiedad estado (cuyas categorías de respuesta son “casi
nunca”, “a veces”, “a menudo” y “casi siempre”), cómo se sienten en
el momento actual. El inventario permite la obtención de las
puntuaciones de ambas escalas por separado.

Es breve breve, psicométricamente consistente y respaldada


por una amplia bibliografía de estudios que demuestran su validez.
Permite distinguir el grado en que los sujetos están afectados por
problemas de ansiedad.

Inventario de Preocupaciones (PSWQ) (Meyer y cols., 1990)


Mide el componente cognitivo de la ansiedad. Los ítems 1, 3, 8,
10 y 11 deberán ser invertidos y posteriormente, se sumarán las
puntuaciones de todos los ítems. A partir del
III. Evaluación de la fobia social 14

rango 50-55 las puntuaciones indican la presencia de una gran


preocupación. Se complementa muy bien con el Inventario de
Ansiedad de Beck.

Inventario Clínico Multiaxial de Millon II (MCMI-III)


Muchas veces, en función de las características del caso, podremos
sospechar de la presencia de un trastorno de personalidad. Se
puede, en estos casos, pasar este inventario para evaluar la
presencia de una psicopatología de la personalidad. Sus
características don las siguientes:

Es un inventario que posee un número manejable de ítems que


permite su uso en contextos diagnósticos y de tratamiento de una
amplia gama de comportamientos clínicamente relevantes. Consta
de 175 ítems con formato de respuesta de verdadero o falso, que
exigen un nivel de lectura propio de una persona de 13-14 años y
que puede ser contestado en un tiempo de 20 a 30 minutos.
Está coordinado y utiliza la misma terminología que el sistema
diagnóstico oficial
(DSM-III).
Permite realizar una distinción entre las categorías
diagnósticas incluidas en los Eje I y II del DSM-III, es decir,
realiza un tratamiento acertado a la hora de diferenciar e
interrelacionar los trastornos de personalidad y los síndromes
clínicos.
Las escalas que se incluyen permiten distinguir los síndromes
teniendo en cuenta su gravedad psicopatológica. Este aspecto
se puede consultar en la Tabla 3.
Fue construido teniendo en cuenta un modelo con una
estructura politética, en la que ha diferencia del enfoque
factorial, en el que se destaca la importancia de las escalas, en
este caso se refuerza su consistencia interna y se permite que
existan escalas que correlacionan altamente entre sí, por ejemplo,
para reflejar que la escala que evalúa un síndrome (Escala 2
Fóbica) es precursora de un trastorno de personalidad patológico
(Escala S. Esquizotipica).
Según la teoría del MCMI, ningún tipo de personalidad o estado
psicopatológico se puede describir a partir de propiedades
psicológicas enteramente homogéneas y discretas, sino que
resulta más adecuado hablar de prototipos como características
difusas y complejas que comparten muchos rasgos pero que
también tienen otros distintivos. Estos prototipos se definen como
núcleos de factores que permiten captar las características más
pertinentes y esenciales del paciente, que hacen referencia a un
síndrome o un trastorno concretos.
III. Evaluación de la fobia social 15

TABLA 3: Escalas incluidas en el MCMI-III

Estructura básica de Síndromes moderamente graves


personalidad (neuróticos)
1
. Esquizoide. A. Ansiedad.
2
. Fóbica (Evitativa). H. Histeriforme (tipo somatoforme)
3
. Dependiente (Sumisa). N. Hipomanía.
4
. Histriónica. D. Neurosis depresiva (Distimia).
5
. Narcisista. B. Abuso de alcohol.
6A. Antisocial. T. Abuso de las drogas.
6B. Agresivo-sádica.
Síndromes Psicopatológicos
7
. Compulsiva.
SS. Pensamiento psicótico.
8A. Pasivo-agresiva.
CC. Depresión mayor.
8B. Autodestructiva.
PP. Trastorno delirante.
Estructura patológica de la
personalidad
S. Esquizotípica.
C. Límite (Bordeline).
P. Paranoide.

3. TEST DE OBSERVACIÓN CONDUCTUAL

Intenta medir directamente la conducta social. Las situaciones


observadas son simuladas y ejecutadas en forma de role-playing
debido a que las conductas sociales significativas son impredecibles
en muchos casos y ocurren en situaciones privadas inaccesibles a la
observación. Algunas de las pruebas más utilizadas son el Test de
Interacción Social Simulada (SSIT; Curran, 1982) y el Test de
interacción Social (SIT; Trower, Bruyant y Argyle, 1978).

Una limitación de estas pruebas es que el paciente se


encuentra en un medio seguro (la consulta) y que las situaciones
presentadas son más bien esquemáticas y restrictivas, un tanto
artificiales y sólo en escasa medida representativas de las conductas
que el paciente se ve obligado a desempeñar en el medio natural.
Pretender un isomorfismo de respuestas entre el medio clínico y el
medio real es algo ilusorio. En suma, la inversión complementaria de
tiempo y de personal que requieren estas pruebas no está
plenamente justificada en función de la información específica que se
puede obtener de ellas.
III. Evaluación de la fobia social 16

4. AUTORREGISTROS

Los autorregistros consisten en autoevaluaciones del propio


paciente que implican, por un lado, una atención específica a las
propias conductas en situaciones naturales y, por otro, la
anotación de las mismas en un diario estructurado. Los diarios
se pueden
utilizar principalmente con dos objetivos:

1. Como forma de llevar a cabo el análisis funcional de la


conducta en la evaluación anterior a la intervención. En
este caso, son de utilidad para anotar la frecuencia,
intensidad y duración de los síntomas y para establecer la
relación entre los síntomas y los acontecimientos
desencadenantes, así como las consecuencias derivadas de
ellos (Registro de Situaciones Evitadas).
2. Como control de las tareas terapéuticas durante el
tratamiento. Sirven para registrar las exposiciones diarias
a las situaciones fóbicas durante la terapia (Registro de
Tareas de Exposición o Registro de Tareas Exposición y de
Cogniciones, según se tomen o no en consideración los
pensamientos habidos); o para registrar, en un primer
momento, el impacto de los pensamientos automáticos sobre
las conductas de ansiedad y, en un segundo momento, las
consecuencias de los pensamientos racionales sobre dichas
conductas (Registro de Cogniciones).

Constituyen el único modo de evaluación de las interacciones


concretas de los
pacientes en la vida real y posibilitan la detección de los
elementos situacionales y de respuesta más significativos. La
exactitud de los autorregistros aumenta cuando se cumplimentan
inmediatamente después de que la conducta ha tenido lugar. Con
estos registros diarios se pueden determinar la clase y la
frecuencia de las situaciones problemáticas, el número y el tipo
de las personas implicadas en las mismas, los estímulos
antecedentes y las consecuencias de la conducta del sujeto, así como
el grado de ansiedad percibido.

En el Apéndice B se puede ver un ejemplo de autorregistro de


situaciones-pensamientos-emociones-conducta-consecuencias
general del CPA.

RESUMEN
III. Evaluación de la fobia social 17

En la evaluación de la fobia social se utilizan entrevistas, autoinformes, tests


de observación conductual y autorregistros.

Entrevistas. En primer lugar se lleva a cabo una entrevista inicial con el


objetivo de fomentar una buena relación terapéutica y la adhesión al
tratamiento, además de recabar información acerca del problema del
paciente, su historia y los factores que lo mantienen. Posteriormente se puede
recurrir a entrevistas no estructuradas o estructuradas:

o Entrevistas no estructuradas. En ellas, el psicólogo va evaluando diferentes


aspectos esenciales del problema, formulando determinadas preguntas
abiertas para ello. En fobia social, Sevillá y Pastor
(2000) aportan algunos ejemplos de preguntas para evaluar situaciones
sociales de ansiedad, detallando diferentes aspectos, ansiedad
anticipatoria, temores concretos, pensamientos automáticos frecuentes y
grado de creencia, sensaciones físicas de ansiedad, reacciones de la
persona, grado de interferencia en las relaciones sociales, conductas de
seguridad, escape y evitación, autoimagen, reacción de las persas cercanas
ante su problema, cuándo y cómo empezó, cómo, cómo ha evolucionado,
situaciones desencadenantes, familiares con problemas de timidez o
ansiedad social, presencia de creencias disfuncionales, entre otros
aspectos.

o Entrevistas estructuradas. Surgen a partir de los criterios diagnósticos del


DSM. Tienen como ventajas que permiten detectar con detalle el trastorno
que presenta el paciente, organizar los síntomas de una forma coherente,
transmitir al paciente que hay otras muchas personas que tienen su mismo
problema. Su principal inconveniente es que el ser tan estructuradas
pueden restar espontaneidad al paciente a la hora de explicar su problema
y su percepción subjetiva del mismo. Para la evaluación de la fobia social,
existen varias entrevistas estructuradas, entre ellas, la SCID (Spitzer,
Williams y Gibson, 1987) o el SADS-LA (Mannuza, Fyer y Klein, 1985) y
ADIS-R (Di Nardo y Barlow, 1988). La ADIS-R, es la más utilizada tanto en
clínica como en investigación, porque es la más específica para los
trastornos de ansiedad y sirve para descartar otros problemas clínicos,
como psicosis, drogodependencias, trastornos de estado de ánimo y
trastornos somatoformes. En los trastornos de ansiedad aporta también
información sobre aspectos cognitivos y situacionales. Para evaluar la fobia
social, los pacientes deben informar sobre de la intensidad del miedo y de
la evitación en diversas situaciones sociales (fiestas, reuniones, actuaciones
en público, citas, etc), así

RESUMEN (continuación)

como de los estímulos concretos asociados a esas situaciones (sexo de las


personas, tamaño del grupo, relación previa con las personas, tipo de
jerarquía respecto a ellas, etc.) y del grado de interferencia en la vida
cotidiana. Además señala la evolución de los miedos desde la aparición de los
mismos hasta la situación actual. Es muy fiable en el diagnóstico y diagnóstico
diferencial de la fobia social.
III. Evaluación de la fobia social 18

Autoinformes. Son los instrumentos más utilizados para la evaluación dentro


de la práctica clínica. Requieren poco tiempo de aplicación, ofrecen
puntuaciones objetivas de la subjetividad de los pacientes, se pueden explorar
áreas diversas de la interacción social y permiten, al aplicarse de forma
repetida, evaluar la evolución de los síntomas.

o Los más generales son: la Escala de Estrés y Evitación Social (SAD;


Watson y Friend, 1969), que se centra en aspectos más conductuales y es
sensible al cambio terapéutico; la Escala de Miedo a la Evaluación
Negativa (FNE; Watson y Friend, 1969), que se centra más en aspectos
cognitivos y en el grado de temor ante la posibilidad de ser juzgado
negativamente por parte de los demás; Conductas-objetivo (Echeburúa y
Corral, 1987), diseñada para que los pacientes concreten en una lista cinco
conductas que quieren mejorar y que supondrían un beneficio importante
para su vida cotidiana, siendo muy sensible al cambio terapéutico y Escala
de Adaptación (Echeburúa y Corral, 1987), que mide la inadaptación y el
grado en el que la fobia social afecta a diferentes áreas de la vida cotidiana:

o Los específicos para fobia social son: el Inventario de Ansiedad y Fobia


Social (SPAI; Turner, Beidel, Dancu y Stanley, 1989), que además permite
hacer diagnóstico diferencial con la agorafobia; la Escala de Fobia Social
(Liebowitz, 1987), que distingue entre la ansiedad de rendimiento
(relacionada con la ejecución de conductas delante de los demás) y la
ansiedad social (relacionada con las situaciones propiamente sociales), y la
Escala Breve de Fobia Social (Davidson, Potts, Richichi, Ford, Krishnan,
Smith y Wilson, 1991), que sirve para precisar la intensidad de los síntomas
y para valorar los resultados del tratamiento. Evalúa el miedo/evitación y
los síntomas psicofisiológicos.

o Evaluación de otras variables asociadas: la Escala de Autoestima


(Rosenberg, 1965), que evalúa el sentimiento de satisfacción que una
persona tiene consigo misma; la Escala de Asertividad (RAS; Rathus, 1973),
que mide el comportamiento social autoafirmativo del sujeto, aunque
muchos de los ítems reflejan agresividad y no mide la expresión de
sentimientos positivos; el Inventario de Asertividad (Gambrill y Richey,
1975; adaptación al castellano de Carboles, Costa y Del Ser, 1975), mide el
grado de malestar que experimenta y la probabilidad con la que el sujeto
realizaría la conducta que se describe en cada ítem y es sensible al cambio
terapéutico; el Inventario de Depresión (BDI; Beck, Rush, Shaw y Emery,
1979), que identifica los síntomas depresivos, especialmente los cognitivos,
mide la intensidad de los mismos y es muy sensible al cambio terapéutico;
el Inventario de Ansiedad de Beck (Beck y cols., 1988), que evalúa la
intensidad de la ansiedad sin solaparse con al evaluación de la depresión y
es también sensible al cambio terapéutico; la Escala de Ansiedad Estado-
Rasgo (STAI;

RESUMEN (continuación)

Spielberger, Gorsuch y Lushene, 1970), que incluye una subescala de


ansiedad como rasgo o tendencia a la ansiedad y otra de estado, es decir,
detecta componentes de en un momento dado; el Inventario de
Preocupaciones (PSWQ; Meyer y cols., 1990): Mide el componente cognitivo
de la ansiedad y presencia
III. Evaluación de la fobia social 19

de preocupaciones y correlaciona con el BAI; Inventario Clínico Multiaxial de


Millon (MCMI-III), que evalúa trastornos de personalidad y otros problemas,
teniendo en cuenta los criterio del DSM, tanto del eje I como del Eje II, miden
también nivel de gravedad y define prototipos.

Test de observación conductual. Mide directamente, por observación, la


conducta social, mediante role-playing Algunas de las pruebas más utilizadas
son el Test de Interacción Social Simulada (SSIT) (Curran, 1982) y el Test de
interacción Social (SIT) (Trower, Bruyant y Argyle, 1978). Tiene el
inconveniente e que muchas veces no refleja fielmente el comportamiento que
el sujeto manifestaría en una situación real de su vida cotidiana, puesto que
en la conducta se encuentra en un lugar seguro.

Autorregistros. Son diarios estructurados, generalmente en forma de tablas


y cuadros, que sirven, tanto como evaluación previa al tratamiento, de las
conductas problema, como de la práctica de las tareas para casa, como
evaluación durante el tratamiento. Recogendatos como situaciones
desencadenantes, síntomas experimentados y su duración e intensidad,
conductas de evitación y escape (Registro de Situaciones Evitadas), así como
las propias exposiciones del tratamiento (Registro de Tareas de Exposición o
Registro de Tareas Exposición y de Cogniciones, o como evaluación inicial del
impacto de los pensamientos automáticos (Registro de Cogniciones).