You are on page 1of 3

DISEÑAR LA INCLUSIÓN, PLANIFICAR LO DIVERSO

Mgster. Arq. Celina Caporossi


Esp. D.I. Fernando Rosellini

Proyectar es anticiparse, es planear una forma de intervenir sobre la realidad. El proyecto en


su definición nunca es inocente, reproduce tanto valores adquiridos, maneras de hacer como
posiciones sobre los cambios culturales y sociales de época. La arquitectura y el diseño
industrial son disciplinas que usan en su base, el proyecto como modus operandi del trabajo
creativo y en ese espacio abstracto de acción se suelen definir los principales conceptos, que a
modo de hipótesis determinan la manera que entendemos y expresamos el mundo material.
“En un mundo de objetos y procesos técnicos la proyectualidad es omnipresente” dice Tomás
Maldonado y, es sin duda, en esa omnipresencia que se plantea la esencia hacia quien
dirigimos nuestros proyectos. La definición del área de proyecto siempre parece pivotar entre
la resolución específica, a medida de un espacio o de un usuario, y la búsqueda de premisas
universales que permitan encontrar en la seriación y la repetición de soluciones formas
predeterminadas y genéricas de resolver temas problemas.
En arquitectura, el llamado funcionalismo impuso una manera de repetición estándar de
resolución genérica, espacios, formas y objetos reglados en acuerdo a la sociedad de masas,
industrializada y cada vez más urbana, en detrimento del reconocimiento de la apropiación, la
diversidad o la diferencia. Basta recordar las películas de Jacques Tati, casas, oficinas, ciudades
como espacios geométricos, puros, sobrediseñados, pero descarnados de toda vida.
Anticipaba así los espacios hiper modernizados del siglo XXI que Marc Augé dio a llamar los
no-lugares, shoppings, aeropuertos, etc. grandes espacios abstractos, iguales, desprovistos de
todo elemento identitario para construir a partir del genérico un relato simbólico de elite
global. Espacios que en su abstracción nos coaccionan a un doble juego: asumirnos como
habitantes genéricos de un mundo hiper industrializado y global y por otro, a tomar la píldora
de la felicidad y reproducir nuestra imagen, cual Narciso en el espejo de los mármoles pulidos.
¿Y las personas, nuestros gustos, nuestras elecciones, nuestras vidas íntimas?; En definitiva,
¿Nuestra identidad?. El peligro del lenguaje universal y despersonalizado de la mano de la
modernidad avanzada, fue generando corrientes de pensamiento y acción proyectual diversas,
búsquedas para volver a re vincular el espacio del habitar en clave moderna con el tiempo de
la vida. Lina Bo Bardi más acá o los Eames más allá, recompusieron todo un andamiaje con las
personas y su existencia en el centro del proyecto. Mucho más explícito y militante, los
Smithson desarrollarán una arquitectura al rescate de la ciudad tradicional y sus valores,
traducido a una instrumentalidad moderna. Actualmente, estudios como Lacaton y Vassal
indagan desde la arquitectura de bajo costo trabajando conceptos como la apropiación, la
maximización de los espacios y la adecuación del soporte arquitectónico a la experiencia vital
de lo cotidiano, a la diferencia. Parece existir hoy una confianza ciega en la hiper modernidad,
característica de época. Ahora bien, ¿Es así?, ¿Lo genérico nos libera? O por el contrario exige
a usuarios y habitantes a adaptarnos a las reglas rígidas de la normalización.
En Diseño, el término “universal” despierta ciertas confusiones, ya que su uso coloquial da a
entender que un producto está destinado a todos sin importar las características y necesidades
del usuario. Casi no existen productos de ninguna índole que cumplan con este planteo de ser
universales, por el contrario se evidencia que los productos son diseñados teniendo en cuenta
a un usuario idealizado y estandarizado, es decir normalizado, negando la diversidad y por
ende la complejidad de los sujetos, su condición física, mental, corporal, sexual, etc. Lo
idealizado, estandarizado y simplificado niega lo real, que siempre es diverso y complejo. El
concepto de normalidad es una construcción dirigida de base autoritaria ya que reduce la
diversidad a algunas características predefinidas y plantea una relación dicotómica, adentro-
afuera, bueno-malo. En contraposición, el concepto de “diversidad humana o diversidad
funcional” cuestiona de manera consistente la noción de normalidad, como expresan Mauricio
Mareño Sempertegui y Fernanda Masuero, “lo normal es solo una ficción estadística de
carácter meramente instrumental que se refiere a lo corriente, a lo más frecuente. Bajo esa
lógica, se ha creado una sociedad en la que no se ha considerado la posibilidad de contemplar
plenamente la diversidad en todos sus ámbitos.”
Algunas corrientes adscriptas en el “Diseño Universal” propone una serie de principios con eje
en la inclusión al decir que los productos deben ser: flexibles; simples e intuitivos; proveer
información fácil de percibir; tolerantes a errores; que demanden un escaso esfuerzo físico y
ser dimensionalmente apropiados en sus tamaños y zonas de manipulación. El más relevante y
complejo de poder realizar, es el que postula la igualdad de uso y enuncia que “el diseño debe
ser fácil de usar y adecuado para todas las personas, independientemente de sus capacidades
y habilidades”. Es pensar aún más allá de la personalización o la flexibilidad. Es buscar la forma
de incluir lo diverso desde el momento mismo de proyecto, sin necesidad de que se adapten o
especialicen. Es en este punto donde se abre un camino de exploración con eje en ¿Qué
necesitan las personas para poder desarrollar sus actividades?, ¿Para quién proyectamos?,
¿Estaremos diseñando para situaciones que se naturalizan (desde la publicidad, el consumo,
etc.) pero qué son falaces? Bien sabemos que las personas no responden a patrones idílicos,
no son modelos, las calles no son perfectas, el clima no es ideal y el estado de ánimo de las
personas tampoco.
Como imagen podríamos pensar que la Arquitectura y el Diseño Industrial, tal como la
entendemos desde fines del siglo XIX a la actualidad, hubieran producido un movimiento en
diástole, de una búsqueda disciplinar como síntesis de saberes diversos, capaz de resolver
grandes problemas universales, a una explosión de conocimiento y dispersión conceptual a
medida que adopta formas y discursos de otras disciplinas. Todo parece ser o estar cerca a la
par que se diluye su centro disciplinar. Recentrar nuestras disciplinas volviendo a poner a las
personas en el foco, en el espacio del proyecto, diseñando la inclusión y planificando lo
diverso, es sin duda una tarea que debe verse acompañada de un cambio cultural, un cambio
de modelos, de arquetipos y paradigmas.