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Los alimentos transgénicos son aquellos que incluyen en su composición

algún ingrediente procedente de un organismo al que se le ha incorporado,


mediante técnicas genéticas, un gen de otra especie. Gracias a la
biotecnología se puede transferir un gen de un organismo a otro para dotarle
de alguna cualidad especial de la que carece. De este modo, las plantas transgénicas
pueden resistir plagas, aguantar mejor las sequías, o resistir mejor algunos herbicidas.
En Europa no todas las modalidades de transgénicos están autorizadas, sólo algunas
pueden ser cultivadas y posteriormente comercializadas.

En cualquier caso, sea cual sea la elección final del consumidor, no está de más saber
qué productos contienen organismos modificados genéticamente. Con este objetivo,
Greenpeace ha elaborado la "Guía roja y verde de alimentos transgénicos". En la
lista verde se encuentran aquellos productos cuyos fabricantes han garantizado que
no utilizan transgénicos ni sus derivados en sus ingredientes o aditivos. En la roja
están aquellos productos para los cuales Greenpeace puede garantizar que no
contengan transgénicos.
Historia de los (OGM)

Aunque nos parece algo bastante nuevo, propio de nuestro tiempo, la mejora genética
de plantas y animales nace con la agricultura. Aparece hace aproximadamente diez
mil años, basada en la domesticación y selección de las especies que, a criterio del
hombre, presentan características deseables al comparar uno de estos individuos con
el resto de la población.
Con el descubrimiento de la reproducción sexual en vegetales, en 1876 se realizó el
primer cruzamiento intergenérico. A principios del siglo XX, el hombre conoce mejor
los fundamentos de la herencia y puede emplear estos conocimientos en la mejora de
los individuos para hacerlos más competitivos. En 1927 de obtuvieron mutaciones
mediante irradiación con rayos X de semillas. En 1983, se produjo la primera planta
transgénica y en 1986, una multinacional dedicada a la biotecnología, crea la primera
planta genéticamente modificada, una planta de tabaco.
Fue en 1994 cuando se aprobó la comercialización del primer alimento modificado
genéticamente, unos tomates modificados de manera que duraran más tiempo
maduro. En 1996 estos tomates tuvieron que ser retirados del mercado como producto
fresco (tenían un extraño sabor y cambios en su composición) pero se siguen
utilizando para la producción de tomates elaborados. Y los ejemplos continúan y la
lista no ha hecho más que empezar.
Durante la década de los 90, EEUU encabezó el número de liberaciones en pruebas
de campo. Gracias a las mejoras genéticas convencionales y a la constante liberación
de variedades híbridas, la productividad mundial agrícola del siglo XX fue muy
eficiente. Las nuevas tecnologías permitieron incrementar la producción mundial,
sobretodo de maíz, soya, trigo y algodón.
La soja o soya y el maíz son dos de los alimentos de origen vegetal que más
modificaciones genéticas han sufrido, mejorando su composición para que
sean más resistentes a las inclemencias del tiempo y a la exposición a
diferentes plagas. Aproximadamente el 90 % de la soja cultivada es
genéticamente modificada. La soja aparece en múltiples alimentos consumidos
habitualmente (cereales, agua de frutas embotellada, sopas, salsas, alimentos
infantiles y un largo etcétera).

También la industria avícola, porcícola y pecuaria es alimentada en gran proporción


con suplementos de pasta de soya o de maíz. Por tanto, aunque sea de forma
indirecta, los consumimos. Por otro lado, un derivado del maíz es el almidón, usado en
la elaboración de tabletas medicinales y bebidas edulcoradas.
Entre los lácteos, el 60 % de la producción de yogurts y otros derivados, están
elaborados con enzimas transgénicas. Incluso el vino, en su mayor parte, está
elaborado con levadora transgénica. Y así podríamos seguir una larga lista que nos
indica que, en nuestra vida diaria, consumimos transgénicos sin tener mucha
conciencia de ello.
Comparación maíz normal y transgénico. Transgénicos Laura Martín 9 Pero estos no
son los únicos transgénicos presentes en nuestra vida cotidiana, sino que existen
muchos productos biotecnológicos o transgénicos de aplicación diaria como la insulina
para la diabetes, el interferón para el tratamiento del cáncer o la vacuna para la
Hepatitis B, por poner unos ejemplos. Son productos que incluyen organismos vivos
como plantas, animales y microorganismos. Insulina Vacuna Hepatitis B Interferón En
este sentido, se han modificado genéticamente los plátanos para crear la vacuna de la
Hepatitis B. Se espera ir más allá con los avances científicos y conseguir que grandes
plantaciones modificadas genéticamente puedan utilizarse para la creación de
fármacos. Los productos transgénicos empleados en la agricultura son un producto
más de la amplia gama de la Biotecnología. Su elevada relevancia es debida a sus
implicaciones económicas, de salud y ambientales. Actualmente y en tan sólo 15 años,
se han aprobado más de cien cultivos transgénicos para consumo tanto humano como
animal que
Ventajas y desventajas.

Beneficios

Alimentos con mejores y más cantidad de nutrientes.


Mejor sabor en los productos creados.

Mejor adaptación de las plantas a condiciones de vida más deplorables.

Aumento en la producción de los alimentos con un sustancial ahorro de recursos.


Aceleración en el crecimiento de las plantas y animales.

Mejores características de los alimentos producidos a la hora de cocinarse.

Capacidad de los alimentos para utilizarse como medicamentos o vacunas para la


prevención y el tratamiento de enfermedades.

Desventajas

Perdida de la biodiversidad.
Contaminación del suelo.

Incremento de sustancias tóxicas en el ambiente.

Resistencia de los insectos y hierbas indeseadas ante medicamentos desarrollados


para su contención.

Posibles intoxicaciones debido a alergias o intolerancia a los alimentos procesados.


Daños irreversibles e imprevisibles a plantas y animales tratados