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Felipe Roblero

La anterior presentación nos presenta la oportunidad de reflexionar respecto a la posición
particular de un sujeto y su lugar en relación a la institución.

La presentación de enfermos en tanto mecanismo privilegiado para traer a colación esta
relación, hace emerger, en lo específico del caso recién revisado, una constatación: “Yo no soy
tonto”. Este enunciado, podríamos pensar, se eleva como advertencia por parte del sujeto en dos
sentidos (1) Solo él puede testimoniar su verdad y, (2) para evitar que la presentación se
transforme en una “exposición de enfermos” o, como él menciona, “una burla”, es necesario
alojar dicho: “yo no soy tonto” a partir de la escucha analítica.

En este sentido la entrevista puede concebirse a partir de 3 momentos lógicos que
evidencian movimientos en la relación del sujeto con la institución. (1) Un primer lugar donde Luis
se ofrece a ser presentado por su tratante (entendido como representante de la institución):
“Usted sabe mejor que yo”. (2) Con el rechazo de esta opción, comienza a evocar dicho “yo no soy
tonto” en relación a quienes se burlan, aquellos quienes exponen algo de su verdad.(3)
Finalmente, concurre hacia el sujeto presentándose como vanidoso, enunciando algo de su verdad
y su deseo, que no es tanto la exposición externa de su verdad por parte de otros, sino como una
posición que puede ser mantenida por su parte frente a la institución.

Para finalizar, me gustaría volver a destacar la pregunta de cuál es el lugar que puede
ocupar la presentación de enfermos en relación a la institución, pensando en para quién va
dirigida. ¿Presentación de enfermos o presentación del enfermo?