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Presento esta carta de abandono de militancia después de medio año aproximadamente de

reflexión personal acerca de la organización de la que he sido parte durante casi 6 años. Veo la
necesidad de justificar mi decisión mediante un escrito, entendiendo el largo periodo en el cual
fui parte de Gazte Komunistak (GK) y las responsabilidades que ocupe a lo largo de mi militancia.

Las críticas que dirijo a la organización y el carácter de “carta abierta” de este documento
probablemente me hagan salir por la puerta de atrás. Esa no es mi intención y espero que la
militancia así lo entienda. Mi abandono es puramente por motivos ideológicos.

Para ser honesto, diré que las reflexiones que me han llevado a salir de GK/UJCE vienen dadas
tras una lectura intensa de textos de lo que se conoce como la línea de reconstitución del
comunismo (LR). La influencia de estos textos hizo que me replantease la militancia, y si bien no
tengo clara mi adhesión a tal corriente, ésta me ayudó a comprender la ineficiencia de la
participación en GK/UJCE (y otros “partidos comunistas”).

Vaya por delante que mi abandono de militancia no corresponde con la deserción de la ideología
comunista; al contrario, hoy, más que nunca, me siento comunista. Así mismo, me gustaría
aclarar que la carta es larga por la importancia que considero que tiene que los y las comunistas
se replanteen su militancia en estas organizaciones.

Tras asumir la responsabilidad política provincial hace más de dos años (y durante 1 año y
medio), comencé a conocer a fondo la realidad de la organización tanto a nivel nacional
(Euskadi), como de base (los colectivos). Intenté, junto con más camaradas, buscar las maneras
para intervenir en los frentes de masas de manera más adecuada, de potenciar la organización
desde las bases, de implicar a la militancia…. En general, de impulsar nuestra incidencia real en
la sociedad. Testigo son tanto las discusiones y debates continuos (mayoritariamente en la
dirección provincial) sobre cómo lograr este propósito, como los diversos documentos que
intentamos sacar adelante con este objetivo.

Buscando motivos de por qué no lográbamos ningún éxito en los ámbitos mencionados,
pensamos que esto se debía a razones de carácter técnico (colectivos excesivamente poblados,
dinámicas sectarias o localistas en algunos colectivos…). Más tarde me daría cuenta que estos
no son los motivos principales.

En Septiembre de 2017 dejo mi responsabilidad provincial por motivos académicos. Lejano a las
dinámicas de GK (inevitablemente agotadoras y que queman a cualquiera), por mi situación
personal empiezo a leer documentos de la línea de reconstitución. Estos dos factores me
conducen a replantearme la militancia en la UJCE; este replanteamiento se hará más intenso y
evidente con el paso del tiempo. Es en ese periodo cuando empiezo a encontrar las respuestas
a la falta de éxito e incidencia en la sociedad.

Presento a lo largo de las siguientes páginas los motivos de mi marcha1:

1- Rechazo y desprecio de la teoría

En GK no se estimula el desarrollo formativo de la militancia: se ha estado años sin responsables


de formación sin que importara. Se minusvalora de una manera exagerada la formación teórica
de la militancia, teniendo como consecuencia el casi nulo conocimiento de la teoría marxista por

1
Los puntos no se corresponden los motivos, son maneras de organizar el texto y los argumentos.
parte de la misma (sobre todo, de base), que, en muchos casos, no hace el esfuerzo personal de
formarse.

De vez en cuando se hace una escuela de formación en la que se repite lo mismo una y otra vez
(yo he sido parte de esta dinámica), en la que se enseña el marxismo de una manera superficial
y mecanicista. No miento si digo que, de no ser por haberme formado de manera personal, en
casi 6 años de militancia no hubiese avanzado nada en el conocimiento teórico como comunista.

Me voy con la convicción de que se desprecia la formación teórica para reproducir la estructura
orgánica e ideológica de la organización (sin intencionalidad creo, al igual que la mayoría de
reproducciones en la sociedad).

He aquí uno de los principales motivos de la falta de implicación de gran parte de la militancia;
la reducida formación y conocimiento del marxismo trae consigo una falta de compromiso real
con el movimiento. Esto no tendría por qué ser así, en el caso de que los intereses materiales de
cada militante comunista se correspondiesen con el fin del capitalismo; no obstante, el hecho
de vivir en un país imperialista acarrea una comodidad en gran parte de la población, también
reflejada en este caso en GK. Quiero decir, en este momento, más que nunca, es vital el
compromiso personal (que implica formación teórica) de la militancia, ya que de por sí los
intereses materiales no nos llevan a muchos a apostar por el comunismo.

2- PCE/IU

El Partido Comunista de España es una estructura orgánica inoperante, legado de lo que es la


comprensión del Partido Comunista (PC) como aparato burocrático, y no como relación entre
vanguardia y masas. Más allá de eso, pensar que dentro del PCE tenemos al “destacamento
organizado de vanguardia” o “portador de la conciencia comunista”, como a veces se denomina
al Partido Comunista, es cuanto menos como para irse a casa.

Me refiero a las teorías de “Socialismo del siglo XXI”, del paso pacífico al socialismo en países
imperialistas (vergüenza para cualquier comunista), de la participación en IU… si esto es la
vanguardia que venga Lenin y lo vea. Pero es que más allá de eso, basta darse un paseo por las
asambleas, Comités Provinciales (si se convocan), Comités Nacionales...para ver lo que es el PCE:
un Partido que ni se reúne, ni trabaja, ni se implica, y que dedica TODOS sus esfuerzos a las
campañas electorales de Izquierda Unida, con un electoralismo e institucionalismo abrumador.

Se equivocan aquellos/as que dicen que el PCE es un partido revisionista; no, el PCE es un partido
socialdemócrata, que busca la simple mejora del capitalismo con su participación en IU. Y es que
el Partido Comunista de España es Izquierda Unida, con la diferencia de que para esconder la
hoz y el martillo hay que presentarse como IU. Cualquiera sabe que la actividad del PCE es
inexistente y se desarrolla en términos electorales a través de IU.

El PCE ha quedado para el folclore que sus federaciones organizan 1-2 veces al año, folclore en
el cual la militancia canta la Internacional y recuerda, en un encuentro intergeneracional, la
República, la Guerra Civil y la clandestinidad, siendo la nostalgia (y la diversión) el único factor
que aún puede mantener viva la estructura orgánica del PCE.

Después de comentar esto, no creo que sea necesario mencionar la participación en IU, ya que
son lo mismo. Pero de todos modos diré que Izquierda Unida, como toda la izquierda (término
que designa a la cara amable del capitalismo), no busca más que una explotación adornada con
flores, y que, por tanto, es un enemigo declarado de la clase trabajadora, la cual mira al
horizonte con esperanzas de emancipación, no de reproducción de sus condiciones de
explotación en el capitalismo.

3- El Partido Comunista

El PC no es un ente que exista de por sí, solo existe en la medida que está ligado con las masas,
algo que no ocurre en la época actual. Por tanto, no se puede hablar de reconstruir el PCE, ya
que este solo se manifiesta de manera orgánica (la estructura burocrática), sin vinculación con
las masas, que es lo que realmente le daría el carácter de Partido Comunista.

“Masa” como tal es una relación cualitativa, que depende de la situación en la que se encuentre
la ideología comunista. La vanguardia es actualmente la masa a la que hay que aspirar y no a
cualquier masa (independientemente del grado de su conciencia) como se hace hasta ahora: se
hacen campañas para incidir en la sociedad sin dirigirse a un sector específico de ella. Ante la
absoluta destrucción de esta ideología, lo primordial y tarea principal es reconstituirla, no ir
directamente a las luchas de una parte de la clase obrera que lucha por mejorar su salario;
actualmente, la masa es la vanguardia teórica, portadora de la teoría más avanzada (ya sea
marxista-leninista o revisionista), y se trata de conquistar a esta vanguardia y no a cualquier
sector de la clase obrera.

Una vez lograda la hegemonía de la ideología comunista dentro de la vanguardia teórica, se


pasará a las siguientes fases, a la ampliación del radio de acción de la ideología comunista. Se
puede considerar al Partido Comunista reconstituido una vez que exista una fusión entre la
vanguardia teórica y la vanguardia práctica, esto es, aquella que se erige como representante
de las masas y la que permite unir de facto a lo que sería el Partido con las masas, culminando
el proceso de creación del Partido.

El Partido es por tanto una relación social, entre vanguardia y masas (su fusión de hecho), no un
simple aparato orgánico que viene de serie como es actualmente el PCE. Esta relación es un salto
cualitativo en el que la actividad de las masas pasa de ser espontánea a ser consciente. Para la
formación del Partido Comunista lo principal, y esto lo resume todo, es colocar siempre a la
ideología al mando.

Insisto en este punto. A día de hoy, tras la descomposición de la ideología comunista,


escenificada tanto en el XX Congreso del PCUS, como en la caída del muro de Berlín, como en la
inexistencia de revoluciones en Europa en los últimos 99 años, no existe un Partido Comunista
que pueda dar por asumida la ideología proletaria, como si ocurría en los tiempos de la III
Internacional, con esas 21 condiciones para la creación de un Partido Comunista. La situación es
cualitativamente distinta, y para recuperar la praxis revolucionaria, es necesario desarrollar la
teoría; “sin teoría revolucionaria no puede haber tampoco movimiento revolucionario”.

Si no existe teoría revolucionaria para la praxis revolucionaria, no podemos ir con una línea de
masas a ningún frente con el objetivo de transformar su conciencia, ya que no tenemos los
instrumentos teóricos para saber actuar en estos frentes. Ante esta situación quizá haya gente
que diga que la teoría se elabora a la vez que la praxis, que se nutre de ella; cierto, la teoría es
la síntesis de la praxis REVOLUCIONARIA, no de cualquier praxis, no de la “praxis” de ir a los
frentes de masas como pollos sin cabeza a intentar poner a nuestros/as camaradas al frente de
los mismos o intentar llevar nuestro discurso acerca de lo malo que es el capitalismo. La teoría
se desarrolla a través del balance de la praxis revolucionaria, es decir, de lo que le ocurrió al
Movimiento Comunista Internacional (MCI) en el pasado ciclo; los aciertos que tuvo y los errores
que cometió (ya sea por las circunstancias históricas o por cualquier otro motivo), esto es, la
valoración y crítica del paradigma que el MCI utilizó para tratar de llevar a cabo o profundizar
en la Revolución Socialista. Esto hizo, por ejemplo, Marx para desarrollar su concepto de
“dictadura del proletariado” tras la Comuna de París.

Es el balance general de la experiencia revolucionaria el que nos dará los instrumentos


necesarios para reconstituir ideológicamente el comunismo, para lograr una línea general y
después, concretizando estos conocimientos en el Estado Español, una línea política y de masas.

Hay organizaciones que ya han comenzado con este balance, y voy a mencionar brevemente
supuesto errores que se han podido identificar en la praxis del movimiento comunista del último
siglo, los que de confirmarse cambian de manera radical nuestra concepción de influir en las
masas; de pensar la revolución. Es por ello que insisto en la necesidad de la teoría frente al
practicismo.

Uno de los conceptos hegemónicos de los dos últimos siglos sería el de empezar a construir
desde el movimiento práctico de las masas, desde su resistencia; empezar por el Sindicato en
vez de por el Partido. Los límites de esta concepción se han ido y se irán señalando a lo largo de
la carta.

Otro de ellos sería el de la acumulación de fuerzas. El proletariado acumula fuerzas mediante el


movimiento resistencia de masas, a través de demandas parciales, esperando que se genere una
conciencia revolucionaria de masas y preparándose para la insurrección (toma del poder). La
consecuencia de eso es básicamente la generación de una conciencia sindicalista (como dijera
Lenin), ya que la clase obrera NO es revolucionaria EN SI. Y en esas seguimos aún, sin ver que
históricamente esto ha derivado en la colaboración con el Estado burgués (Estado del bienestar),
pero encima con la diferencia de que a día de hoy no tenemos ni siquiera la capacidad de resistir
los envites del capital. Las reformas, la experiencia lo demuestra, apuntalan el viejo orden. Se
cae así en el contrasentido de intentar generar conciencia para la revolución desde la lucha por
el sostenimiento de las condiciones materiales de las masas, aquéllas desde donde se objetiva
su posición de subordinación social y se afianza y reproduce esta subordinación.

Estos son algunos de los conceptos integrantes del pasado ciclo revolucionario de los cuales hay
que extraer lecciones, pero es imposible hacerlo si ni siquiera se hace balance sobre ello, si se
desprecia directamente el papel que la teoría juega en esta época de derrota internacional del
movimiento comunista.

Mao diría que “la creación y divulgación de una teoría revolucionaria desempeña el papel
principal y decisivo en determinados momentos”, bueno, pues estamos en ese momento. La
contradicción principal a superar no es aún la de proletariado y burguesía, es la existente entre
la vanguardia teórica marxista-leninista y la no-marxista-leninista. De esta manera se logrará
elevar la teoría a teoría revolucionaria, incorporando los elementos válidos aportados por
vanguardias no-marxistas-leninistas y descartando aquellos elementos que nos estanquen.
4- La participación en los frentes de masas y la conciencia

El Partido Comunista es condición imprescindible y punto de partida de la revolución, no la


práctica de masas. En las siguientes líneas intentaré explicar el desarrollo conceptual de esta
idea fusionándola con mi experiencia como militante de GK:

Sin crear los medios adecuados para la intervención en las masas (principalmente el Partido a
través de su construcción ideológica), solo se puede ir a las masas rebajando el discurso, siendo
inevitable la absorción del movimiento comunista por el espontaneísmo y los intereses
inmediatos de las masas. En vez de reconducir el movimiento hacia posiciones revolucionarias,
se fagocita el movimiento revolucionario y su independencia; en resumen, el sindicato (llámese
movimiento social, plataforma electoral…) engulle al Partido.

Seguimos empeñándonos en bajar a las masas cuando no tenemos la teoría adecuada para
influir realmente en el movimiento práctico de la clase. Y muestra de ello son los continuos
fracasos de TODAS las denominadas organizaciones comunistas al descender directamente al
movimiento de masas. En las “Marchas de la Dignidad” ondeábamos muy alto las banderas y
gritábamos consignas, pero ni conseguimos lograr un incremento del apoyo a nuestra
organización, ni elevamos la conciencia de clase del proletariado.

La afirmación previa acerca de ir “como pollos sin cabeza” a las luchas se refiere a incorporarse
a las mismas sin un análisis previo de su naturaleza real, en las cuales se generan contradicciones
internas que por arte de magia deben solucionarse; véase la participación en Ahora Madrid,
sobre la cual el secretario general del PCM decía algo así como “en algún lado tenemos que
estar”. Espontaneísmo y practicismo elevado al absurdo lo de querer estar en todos los lados,
pero sin abarcar realmente nada.

La falta de comprensión de la teoría leninista por una parte, pero sobre todo, y que considero
más importante, la falta de balance político y extracción de lecciones de la experiencia
revolucionaria del MCI en el pasado siglo nos lleva a este tipo de errores.

Se acude a los frentes de masas con el objetivo de apoyar estas luchas, de desarrollar la
contradicción entre capital y trabajo deseando de manera idealista que mágicamente estos
movimientos se transformen en revolucionarios por el discurso introducido por los y las
comunistas, sin tener en mente el objetivo de revolucionar dicha contradicción desde el
comienzo.

Con esto no se quiere decir que no haya que ir a los frentes de masas; no, si no que lo que no
existe es una línea política que nos permita tener influencia sobre los mismos. A estos frentes
de masas habrá que acudir con el objetivo de establecer lazos con la vanguardia práctica de
estos movimientos, esto es, para resolver la segunda contradicción: la de vanguardia teórica y
vanguardia práctica. Pero la tarea primordial actual es reconstituir la ideología comunista.
Como antes apuntaba, parte de la frustración tras años de militancia en GK viene dada en gran
parte debido a la incapacidad de elevar la conciencia de clase en los frentes de masas. Es
absolutamente lógico que esto no haya ocurrido por varias razones:

1-La raquítica formación marxista de la militancia así como en la línea política de la propia
organización. Se manda a la gente a los frentes de masas cuando no sabe ni que hay que hacer.
Y es que junto con esto hay que mencionar que en GK se acepta a cualquiera; el paso de la
premilitancia a la militancia es un mero trámite que no se basa en ningún hecho objetivo, en
contra de lo expuesto por los propios estatutos de la UJCE, primando siempre los intereses
inmediatos de la organización frente al devenir del movimiento2 (de nuevo indico que yo he
formado parte de esta dinámica). En contra de lo ya criticado por Lenin en el debate acerca de
los estatutos en el II Congreso del POSDR, en GK se acepta a cualquiera que se declare
comunista.

2-Asistencia a los frentes de masas con el objetivo únicamente de acudir; es decir, se va a los
frentes de masas por ir, sin una clara línea de cómo actuar en los mismos. Por tanto, lo único
que se termina haciendo es trabajar como cualquier otro integrante de dicho frente, obviando
el hecho que el objetivo de la militancia comunista no es ese (eso en el caso de que se acuda a
los frentes, ya que no viene mal recordar que la pasividad dentro de GK es una constante).

3-Incluso si se acudiese a los frentes, con una línea política de masas claramente definida, el
problema seguiría persistiendo. La existencia de una línea política de intervención basada en el
simple análisis concreto de la situación en el Estado Español, sin tener para nada en cuenta el
derrumbe de la ideología marxista y sus paradigmas a nivel mundial, hace que si bien en los
documentos teóricos de la UJCE se habla de denuncias políticas (“La vida digna no cabe en este
régimen”), en la práctica la actuación de los y las comunistas en los frentes de masas se reduzca
a la denuncia económica, sin conseguir en ningún momento inculcar en las masas esa visión
global de la lucha de clases, algo que por otra parte no se logra mediante la simple agitación:

La manera de revolucionar las conciencias no es mediante el debate o dialéctica racional (el


simple intercambio de ideas y pareceres), esto es idealismo. Las conciencias se cambian
mediante la experiencia política de la clase. Como dijese Lenin:

“La conciencia de las masas obreras no puede ser una verdadera conciencia de clase, si los
obreros no aprenden, a base de hechos y acontecimientos políticos concretos y, además, de
actualidad, a observar a cada una de las otras clases sociales, en todas las manifestaciones de
la vida intelectual, moral y política de esas clases; si no aprenden a aplicar en la práctica el
análisis materialista y la apreciación materialista de todos los aspectos de la actividad y de la
vida de todas las clases y grupos de la población.”

Para cambiar la conciencia general de las masas no podemos limitarnos a intentar elevar la
conciencia individual de cada integrante de un frente de masas, para lograr este objetivo es
necesaria la experiencia política de las masas, es decir, que las masas sean capaces de ejercer el
poder por sí mismas. Las amplias masas entran en el movimiento revolucionario cuando este ha
dado un salto cualitativo y desarrolla su praxis revolucionaria a través de la generación de vacíos
de poder, que ocupa el proletariado.

En resumen, a las amplias masas no se las gana mediante la participación en frentes de masas
(a la vanguardia práctica de estos frentes quizá sí), haciéndoles ver lo bonito que sería el
comunismo. El materialismo nos enseña que tienen que cambiar las bases materiales, las
experiencias de vida al fin y al cabo, para que cambien las conciencias a nivel masivo; el ejercicio
del poder obrero, como fueron los Soviets en Rusia, significa de por sí un cambio que influye
extraordinariamente en la conciencia de las personas. Un cambio aún insuficiente, pero que

2
Esta manera de actuar primando lo inmediato frente a lo estratégico está muy en relación con lo que
indicase Lenin hace más de un siglo: “En estas condiciones, un error ‘sin importancia’ a primera vista,
puede causar los más desastrosos efectos, y sólo gente miope puede encontrar inoportunas o superfluas
las discusiones fraccionales y la delimitación rigurosa de los matices. De la consolidación de tal o cual
‘matiz’ puede depender el porvenir de la socialdemocracia rusa por años y años.”
genera un desplazamiento político de las masas hacia el comunismo, con lo que es posible la
revolución socialista que da pie al Estado obrero3.

Es en el momento de ejercicio del poder obrero (creando vacíos de poder) cuando se dan
soluciones a los problemas concretos de las masas, tan cacareados por las organizaciones
comunistas. Pero de diferente manera a la que se suele hacer este trabajo; por ejemplo, no se
trata de estar con las masas para exigir mejores condiciones de vivienda, se trata de animar a
las masas a arrebatar las viviendas al estado burgués, para que ellas mismas ejerzan su propio
poder. Esto solo es posible con una reconstitución ideológica y política del comunismo, la
formación efectiva del Partido Comunista, capaz de hacer que las reivindicaciones parciales de
las masas no se conviertan en meras reformas que permitan al sistema reproducirse, si no que
le hagan tambalearse.

Lo fundamental es la organización de las masas a través de mecanismos políticos independientes


del capital, y no a través de los movimientos de masas espontáneos insertos ideológica y, en
ocasiones, orgánicamente (como es el caso de las estructuras de CCOO) en las lógicas del capital.

Resumiría gran parte de lo dicho hasta ahora en el siguiente párrafo extraído de un texto que leí
(probablemente del MAI):

“Décadas de inmersión comunista en el movimiento práctico-espontáneo de masas, sirviendo


como mero apéndice del mismo, no sólo no han acercado la revolución proletaria un paso, sino
que incluso han degradado el propio movimiento de resistencia, huérfano de cualquier contexto
revolucionario favorable, forjado conscientemente por la vanguardia, que hiciera medrar la
causa reformista como subproducto de un movimiento revolucionario que azuzara el temor de
la burguesía ante “males mayores” (tal y como sucedió durante el Ciclo de Octubre). Ahí tienen
señores practicistas, algunas contundentes e inapelables lecciones de esa diosa suya, la práctica,
que no hace más que volverles la espalda.”

Mediante la confrontación del “poder popular” (suma de reivindicaciones parciales de los


movimientos de masas moduladas por una “consigna revolucionaria”) con el Estado solo se
reproduce la conciencia en sí de las masas, la que no trasciende el marco capitalista en la que se
desenvuelve. A través de esas luchas es imposible la generación de conciencia revolucionaria.
Hay que recordar de vez en cuando que el capital tiene una capacidad asombrosa de absorción
de todo movimiento generado dentro de sus lógicas.

Por último, no puedo resistirme a finalizar este apartado sin hacer mención a esa afirmación que
tanto he escuchado por parte de varias personas dentro de GK y que tanto daño genera a la hora
de elaborar una línea de masas: “no le importa a los obreros”.4

Esta frase demuestra el tipo de vanguardia que aspiran a ser, limitando los intereses de la clase
obrera a su estómago, a sus problemas inmediatos, propagando la desafección por “la alta
política” entre el proletariado, alejando a la clase obrera de los problemas políticos y de todo lo
que vaya más allá de los estrechos límites de la subsistencia y la lucha por el nivel de vida. En

3
Posteriormente, al cambiar las bases materiales, la conciencia de la mayoría de las masas podrá también
transformarse. Ahora bien, este proceso no es mecánico, y traerá consigo revoluciones en el plano
ideológico (revoluciones culturales), ya que la lógica capitalista está muy anclada en la conciencia.
4
No es algo compartido por toda la militancia, pero me parece relevante mencionar que haya personas
con responsabilidades en órganos nacionales de GK y del EPK que piensen de esta manera, esto dice
mucho de la cultura política de la organización.
definitiva, reduciendo a la clase obrera a personas que no pueden pensar más allá de su bolsillo,
generando con ello un modo de actuar basado únicamente en la lucha por las mejoras salariales.

Así se acepta la incapacidad de transformar la realidad, así nos conformamos con lo que
tenemos. Conviene recordar la crítica “operaista italiana” en este momento: la subjetividad de
la clase obrera se construye en el salto de la composición orgánica (de clase en sí constituida por
el capital) a la composición política (clase para sí, construida por la clase obrera, y de manera
autónoma a lo que el capital hace de nosotros/as).

5- Sobre la militancia en GK

Más de una vez he escuchado esa frase de que “la UJCE es una organización para quemar
comunistas”. Bueno, nada más lejos de la realidad. Las propias dinámicas internas, viciadas por
la imposibilidad de tener un contacto efectivo con las masas, queman a la militancia más
comprometida (la cual tengo que decir que no es ni la mitad, al menos en mi experiencia) que
se sobrecarga de tareas, de acudir a frentes, de organizar cosas a las que la gente no responde…

Más allá de eso, se rebaja a la militancia comunista, que debiera aspirar a ser revolucionaria, al
nivel de sindicalista (estudiantil, obrero…), quemándola con el trabajo puramente cotidiano de
exigir demandas a la administración pública, a las empresas, a la universidad…

Y en este punto se retoma la crítica de la nula formación teórica, que se relega a un papel
secundario y casi sin importancia, dejando a la militancia huérfana de instrumentos políticos que
le permitan abstraerse más allá de la lucha cotidiana y elevarse hacia una perspectiva global de
la lucha de clases, teniendo siempre en mente el objetivo final.

6- El trabajo en CCOO

Primero de todo, señalar eso que dicen algunos militantes del PCE: “se está preparando una
estrategia para tomar de nuevo CCOO”. Frases vacías, como casi todos los compromisos por
parte del PCE. Lo que sí existe es un seguidismo de manual, con una capacidad de influencia nula
en el sindicato, que termina en una inevitable absorción de la “organización comunista” por el
sindicato. Se rebaja el discurso y se evitan las críticas a CCOO porque “hay que ganarse su
confianza”. Ni que decir tiene el “antileninismo” que refleja esta frase tantas veces repetida; que
en un momento determinado establezcamos alianzas con ciertos sectores no nos libra de la
crítica a esos sectores, sino lo contrario, hay que denunciar las posiciones reaccionarias como
hicieran los bolcheviques frente a los mencheviques. Esta postura de “coexistencia más que
pacífica” se traslada a todos los ámbitos y organizaciones en los que la UJCE “interviene”.

Más allá del seguidismo a un sindicato que traiciona sin parar a las bases que representa, me
gustaría poner en cuestión la misma idea de intervención en sindicatos, como idea
prácticamente desfasada por el desarrollo histórico:

Los sindicatos surgen a lo largo del siglo XIX y son un elemento vital para la unificación y cohesión
de la clase obrera, es decir, para su formación efectiva como clase en sí. Los sindicatos, desde
su misma formación, son organizaciones para la lucha económica, para la mejora de las
condiciones laborales, y no para la superación del capitalismo. Para esa última tarea surgiría el
Partido Comunista.

Con la aparición del Estado del bienestar tras las 2GM los sindicatos se convierten directamente
en parte del aparato burgués; se vuelven cogestores del Estado capitalista representando a una
clase que se beneficia de la “superexplotación” de los países del tercer mundo: la aristocracia
obrera.

A partir de este momento los grandes sindicatos se convierten en correas de trasmisión del
Estado, en agentes de “corporativización” del movimiento de masas. Además, comienzan a
volverse capitalistas individuales con la adquisición de acciones de empresas privadas, como es
el caso de CCOO y UGT.

Por tanto, los sindicatos, más allá de las traiciones continuas de CCOO y UGT, son enemigos de
la clase obrera per se, son organismos que atan a nuestra clase a su situación objetiva de
explotación, que sirven como garantes del capitalismo.

A pesar de ello, en la UJCE se sigue insistiendo en participar en CCOO como manera de ligarnos
a las masas, una vez más subordinándonos al movimiento de resistencia de éstas, pero con el
añadido de que CCOO es un sindicato cómplice del Estado.

Hay ciertas voces dentro de la organización que hablan de participar en otros sindicatos, en “los
de clase” (CGT, quizá incluso ELA…). Esta idea sigue pecando del mismo error: el desarrollo actual
del proletariado solamente es posible como clase revolucionaria. El papel de los sindicatos (para
los y las comunistas) está extinto; la clase ya está cohesionada, ya no hace falta que el
proletariado se constituya como clase en si (eso se logró en el Estado Español hace más de un
siglo), la cuestión es que se convierta en clase para sí.

En definitiva, los sindicatos han de abandonarse (más allá de la utilidad de conquistar a la


vanguardia práctica de estos para ligarse con las masas) por las siguientes razones: primero, por
lo previamente expuesto de que nos encontramos en el proceso de conquista de la vanguardia
y no de las masas; segundo, porque el sindicato es un aparato de encuadramiento de masas en
el Estado burgués; tercero, por ser representante ideológico de la aristocracia obrera de la que
se nutre mayoritariamente, ya que las masas más explotadas no se encuentran sindicalizadas, y
nuestro objetivo, como ya declarase la III Internacional son esas masas: “(…) entendiendo por
masa todo el conjunto de trabajadores y de explotados por el capital, y sobre todo los sectores
menos organizados y menos esclarecidos, los menos accesibles a la organización.”

Cito de nuevo al MAI para resumir lo que pretendo exponer:

“(…) en la necesidad de desenmascarar y romper con la falsa idea sindicalista, dominante entre
nuestro movimiento actualmente, de que la lucha de resistencia es la plataforma sobre la que
debe sostenerse el trabajo de masas del Partido Comunista. Esto es falso porque las
organizaciones de resistencia más o menos consolidadas se constituyen o tienden a constituirse
en correas de transmisión del Estado burgués, persiguiendo la influencia y el encuadramiento de
masas para apuntalar el sistema. En el capitalismo actual, las verdaderas masas están
desorganizadas. Así, si en la fase de reconstitución partidaria las plataformas de resistencia
pueden servir como complemento en el estrechamiento de lazos del comunismo con los sectores
avanzados del movimiento de masas (sin pretender conquistar sus organizaciones, insistimos,
sólo a estos sectores), en la etapa subsiguiente, cuando el Partido reconstituido inicia la lucha
por ganar a las amplias masas y por conquistar el poder, esas organizaciones pasan al campo de
la reacción y el objetivo es destruirlas a través de la propaganda armada y de la organización
armada de las masas que sufrían su influencia. En otras palabras, el Partido no construye
movimiento revolucionario de masas desde el trabajo en las organizaciones reformistas
reaccionarias, sino contra ellas.”

Conclusión

Me dejo en el tintero varias críticas importantes a la UJCE (el republicanismo por ejemplo), pero
no quiero sobrecargar esta carta y no me veo con la formación suficiente como para hacer una
objeción más allá de lo superficial.

Mucha gente pensará, “bueno, sí, la juventud comunista tiene errores, pero se puede cambiar,
y además, la UJCE es la organización con más militancia comunista del Estado”. Primero, creo
que he dejado claro que el Partido no existe per se, si no que se construye en la lucha ideológica
en un primer momento, y luego fusionándose con las masas, lo que invalida el argumento de
que haya que “cambiar nada”; no, hay que construir “algo”. Segundo, y como la historia de
muchos Partidos Comunistas demuestra, no es el aspecto cuantitativo, si no el cualitativo el que
importa; esto es, la influencia revolucionaria en las masas, la cual es inexistente hoy en día. Una
organización comunista no es el lugar en el que se juntan la mayoría de los y las comunistas, y
como ejemplo siempre quedará la formación del Partido Comunista de China con 12 delegados
representantes de 57 miembros.

Tras haber leído el texto completo (entendiendo mi concepción acerca del momento en que nos
encontramos actualmente de lucha en el plano teórico o lucha de dos líneas), creo que se
entenderá el carácter de carta abierta de este documento, ya que las tareas políticas actuales
tienen también como objetivo la difusión de la línea de reconstitución del comunismo entre el
resto de sectores de vanguardia. El objetivo, por tanto, no es “dar una puñalada trapera” a nadie,
sino generar una reflexión en parte de la militancia de la UJCE.

Antes que yo, otras personas han abandonado GK por motivos ideológicos. A esto se ha
respondido internamente con argumentos de prejuicio: “izquierdista”, “chalao”… Entiendo esto
como una manifestación de la incapacidad de contraargumentar de manera concisa y eficaz, por
lo que la única respuesta posible es el desprecio. Deseo que tras esta larga carta no se caiga en
la bajeza moral de resumir mi marcha en un adjetivo; esto diría más de vosotros que de mí.

Para finalizar, y a pesar de mi crítica, absolutamente política, me gustaría agradecer el cariño y


la camaradería de una parte de la militancia a la que he conocido dentro de Gazte Komunistak.
No es fácil marcharse de una organización de la que has sido parte activa 5 años y en la que te
has sentido en todo momento cómodo. No obstante, la política no es amistad, y como
comunista, lo primordial es poner la ideología al mando.

Adrián,

“La vanguardia proletaria ha sido conquistada ideológicamente. Esto es lo principal. Sin ello es
imposible dar ni siquiera el primer paso hacia el triunfo. (…) La primera tarea histórica –atraer a
la vanguardia consciente del proletariado al Poder soviético y a la dictadura de la clase obrera-
no podía ser resuelta sin una victoria ideológica y política completa sobre el oportunismo y
socialchovinismo” Lenin