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El orden de hierro

por Marcelo Barros

Ser profesor tiene a veces aristas ingratas. Recientemente debí cumplir en calidad de
docente de la universidad con el censo universitario. Dado que en la actualidad la
tecnología nos incomoda con facilidades cada vez más sofisticadas, en esta oportunidad
se hacía innecesaria la visita de bellas encuestadoras o importunos preguntones. El
censo autoadministrable por internet no deja ocasión para sorpresas, ya felices o
desgraciadas. Un programa formula las preguntas, y todo se reduce a llenar casilleros.
Allí la Universidad encarna a un gran Otro que pretende identificarnos. "Identifíquese"
es la consigna, que por ser planteada en términos amables –"por favor, identifíquese"-
no es menos imperativa. En toda consideración sobre el problema de la identificación
conviene tomar en cuenta el hecho de que si el sujeto se identifica, ello nunca podría ser
ajeno a cómo el Otro lo ha identificado. Y en ese sentido se cumple el principio de
Lacan por el cual el sujeto recibe del Otro su propio mensaje en forma invertida. En este
caso se hacía evidente que mi identificación debía cumplirse en los términos del menú
ofrecido por el Otro.

En un censo o en una encuesta se aprecia con claridad que la operación de identificarse
–o ser identificado- reside en hacerse representar por significantes que asegurarían la
pertenencia del sujeto a un conjunto o clase universal. Cada conjunto es un casillero,
una opción del formulario dentro de la cual uno se ubica –o es ubicado- como por
ejemplo, sexo, estado civil, título, facultad, etc. De esta manera se cumple el proceso
por el cual el Otro "nos saca la ficha", como reza la expresión popular. Cabe reflexionar
sobre lo que está en juego en la operación de sacarle la ficha a alguien, o, más bien en lo

movimientos y estrategias que hacen a la interacción y los intercambios de esos sujetos entre sí de modo tal que sean previsibles. No requiere ser una persona especialmente sensible el sentir cierto malestar en este tipo de operaciones como la de cumplir un censo o llenar un currículum de acuerdo con ciertas pautas más o menos rígidas. No le interesa en la medida en que es algo que queda por fuera de los cálculos. Tal como lo afirma Lacan en el seminario sobre la transferencia. núcleo de mi ser. por lo general. por ejemplo. es decir. da cuenta de lo que podemos entender como una relación entre sujetos. Un juicio de divorcio también es una relación entre sujetos. tarde o temprano se va llegando a instancias indecidibles. tomar al otro como sujeto es hacerlo entrar dentro de mis cálculos. Seminario XI) La pantalla en la que se cumple el censo es un espejo. irá a parar al casillero "otros". Pero ¿qué es toda esta historia? Lo usual es entendernos unos a otros como sujetos. el discurso de lo políticamente correcto ve como algo abominable toda consideración del otro como objeto. cuando el hombre y la mujer ya no se toman como objetos. Pero el Otro. Ello viola el principio de homogeneización de los sujetos –sujetos iguales. En efecto así es. pero todo cambia si quisiéramos ubicarnos en el plano del amor. y también puedo calcular lo que puedo hacer con él. que uno no sabría en qué casillero ubicarse. un espejo plano en el que alcanzo las significaciones del Otro relativas a lo que yo soy. sujetos de derechos civiles. Ciertamente. El ajedrez.que la conciencia progresista defiende bajo la rúbrica del respeto por las diferencias pero que vela mal su profundo aborrecimiento por toda diferencia real. allí donde el Otro me saca la ficha soy un sujeto. sea el Estado o sea el Mercado. A medida que uno va anotándose en los casilleritos o en los pequeños círculos de Euler. Precisamente Lacan va a decir en el Seminario XX que poder predecir lo que el otro va a hacer no es un signo de amor. Seminario VIII). Indecidible e incalculable. Eso significa que a uno lo hacen entrar en los cálculos del Otro (Lacan. Es evidente que el malestar es causado por un resto que queda por fuera de esas significaciones y que no se refleja en ese espejo. en el mejor de los casos. en primera instancia. en no computable. en tanto se trate de mi singularidad. sea llamado por Lacan "objeto". en este caso. sea la Universidad. Y eso ocurre porque hay un punto en el que se revela la imposibilidad del Otro para dar cuenta de mi ser. prescinde de mi singularidad que a lo sumo será un resto más o menos molesto que por piedad. Es paradójico que ese íntimo e incalculable residuo. se torna.que implica que el Otro nos saque la ficha. Es lo que ocurre. Claramente el discurso de lo políticamente correcto se esfuerza hoy por reducir las relaciones entre hombre y mujer a una relación entre sujetos de derechos civiles. Una relación que entre dentro de categorías que permitan tipificar las operaciones. Cuando el otro es para mí un sujeto entonces puedo calcular lo que puedo esperar de él bajo una circunstancia dada. Esta es la doble condición de todo resto: puede ser fecundo o devenir escoria (Lacan. a la vez nombre eufemístico de la papelera de reciclaje y promesa de futuros nuevos casilleros por inventar. . En principio ese resto no interesa al Otro. Por el contrario.

La fatalidad de lo escrito. y de un modo tal que el otro pasa a ser una variable predecible." Bien. Precisamente. literalmente. un mandato. supondremos que mientras el "seguirás" implica un acontecimiento. El decir es tyché y contingencia. Lo dicho es siempre automatón y necesidad. que más bien nos inclinamos a considerar como una constatación penosa. es decir. la tercera persona. tú eres la mujer que no me abandonará. el "seguirá". una delegación. El decir. Cuando digo. ejemplo sensible. y decir "tú eres el que me seguirás" implica una invocación. "lo dicho". certeza en un caso. cabe recordar que la "fatalidad" es. o. indica para Lacan una relación con el otro de naturaleza muy diferente. El paradigma de esta operación por la cual nombro al otro con la finalidad de incluirlo en mis cálculos. de nombrar al otro. el "seguirá" no lo implica. dado que cuando lo identifico estoy nombrándolo. una devolución. identificar al otro de modo tal que pueda hacerlo entrar dentro de mis cálculos es algo que no tiene nada que ver con el amor. dice el ejemplo. En este caso el otro no es calculable. "Tú eres el que me seguirá" y ya te saqué la ficha y estoy harto de que me sigas. Es importante tener en cuenta. en tanto acumulado y sedimentado es algo del orden de lo escrito. Por el contrario. en mi proyecto. que hay una diferencia radical entre la escritura y la palabra. el acto de palabra. Se enfatiza en esta conjugación del verbo seguir. y en el segundo. persona que. manifiesto una certeza mucho mayor en lo tocante al comportamiento de mi pareja que cuando digo tú eres la mujer que no me abandonarás. Siendo esto así. fe. Esto abre dos perspectivas diferentes en cuanto a cómo nombramos o identificamos al otro. Si bien en el ejemplo de Lacan referido al "tú eres el que me seguirá/s" se trata en ambos casos de una frase que se nos presenta como pronunciada. calculable. quizás única. en el otro. cada vez que se habla de lo simbólico. es por lo menos una elección. "Tú eres el que me seguirás por doquier. es lo que Lacan desarrolla en su seminario sobre las psicosis al analizar las implicancias de la sentencia "Tú eres el que me seguirá". Ciertamente toda nominación implica el registro de lo simbólico. El problema es que lo dicho es muy diferente del decir.Entonces. Ahora bien. " "La presencia del tú en el seguirás interesa la personalización del sujeto a quien uno se dirige. un verdadero decir. una inversión. si queremos dilucidar el problema de la identificación y el de la nominación al cual está ligado. según Benveniste. un acto de fe que se produce sobre un fondo de no garantía acerca de lo que el otro podrá hacer o no. si queremos complicar las cosas. Lo dicho. siempre implica "un acto actual de palabra" como diría Masotta. como algo del orden de la palabra. es claro que la constatación certera del "tú eres el que me seguirá" petrifica al destinatario de un modo que hace del dictamen del Otro una instancia cercana a la fijeza de lo escrito. Podemos formular entonces una serie de hipótesis . Pero habitualmente se olvida. como una suerte de constatación o descripción de un dato de la realidad. en el seminario 21 Lacan afirma que todo decir verdadero es un acontecimiento. Tu eres el que me seguirá por doquier es una constatación. una confianza mucho mayor. está mucho más en juego el decir. no es una persona. esta diferencia que afecta también a la problemática del nombre. En el otro caso. la expresión "Tú eres el que me seguirás". el del "seguirás". … manifiesto en el primer caso una certeza mucho mayor. Hay entonces más de una forma de identificar al otro.

o. en tanto que precisamente el Nombre del Padre esta verworfen. en el punto de la historia en que nos hallamos. Ser nombrado para algo. rechazado? Y si a ese título designa esa forclusión de la que dije que es el principio de la locura misma. es sin embargo ella. él detenta ese poder del "nombrar para" al punto de que después de todo. para nosotros. En esos dos modos de nominación se aprecia la diferencia de las dos modalidades en que se presenta lo simbólico como escritura y como palabra 3. Es bien extraño que aquí lo social tome un predominio de nudo. mientras que en el caso de la constatación certera del seguirá lo que prima es la continuidad. forcluído.Sem. su deseo. lo que ex-siste es el fundamento del decir. Ser nombrado para algo. E incluso en los casos donde. El Nombre del Padre es una instancia que funda un modo de nominación que de algún modo surge sobre el trasfondo de aceptación de una imposibilidad y es por eso que la nominación del Nombre del Padre implica la fe. más abierta al equívoco. y que literalmente produzca la trama de tantas existencias. mientras que el otro no. ella. y no la certeza. Uno de esos modos está estrechamente vinculado a la función del Nombre del Padre. ¿qué designa esa huella como retorno del Nombre del Padre en lo Real. está en juego la instancia de la palabra como acto. ¿acaso ese "nombrar para" no es el signo de una degeneración catastrófica?" (Seminario 21. Ser nombrado para algo. un orden que es de hierro. XXI). 4. para indicar su camino… Si definí el deseo del hombre por ser el deseo del otro. Salvo que aquí. dos lógicas diferentes de la nominación. se ve preferir –quiero decir efectivamente preferir. para el proyecto del Otro. para ser más precisos.lo que tiene que ver con el Nombre del Padre. 19/3/1974) Este párrafo muestra varias cosas. Se destaca además que existiría una relación entre el Nombre del Padre y la dimensión del amor. he aquí lo que. si es efectivamente no la que yo digo –yo no puedo decirla-. pasar antes. Esa Nominación tiene en cuenta la dimensión de lo incalculable en el otro. a ese Nombre del Padre se sustituye una función que no es otra cosa que la del "nombrar para". lo que señala a su crio ese proyecto que se expresa por el "nombrar para". La diferencia de enunciaciones en el ejemplo de Lacan "tú eres…" permite distinguir dos modos de nominación 2. se restituye con ello un orden. En el caso del "seguirás". 1. he aquí lo que despunta en un orden que se ve efectivamente sustituir al Nombre del Padre. por azar.V-. Si el fundamento del decir verdadero es el Nombre del Padre (es lo que funda la palabra como acto –Sem. la perpetua voluntad del Otro como palabra fatal escrita. en el otro caso vemos la incidencia de lo que en el Seminario 21 Lacan llama el nombrar para. En principio. la madre generalmente basta por si sola para designar su proyecto. que hay dos modos diferentes de nominación. Por el contrario. esto es lo que se señala en la experiencia. lo que aquí llama el "nombrar para" es claramente un hacer entrar al otro dentro de los propios cálculos. "…la pérdida de lo que se soportaría en la dimensión del amor. . ocurre que por un accidente ella no esté más allí. como decir verdadero y como acontecimiento. para efectuar su trazado. la confianza.

Curiosamente Lacan postula que en este caso lo social tiene una función de nudo. . Eso se ve en la actualidad. Eso muestra la complejidad de la operación del Nombre del Padre. no es tan sencillo esclarecer en qué puede consistir este "nombrar para" como nominación diferente a la sustentada en el Nombre del Padre. Ciertamente parece referirse a algo que podríamos ubicar en la categoría de los "nuevos síntomas" en la medida en que está haciendo una clara referencia a la época. y que califica como "signo de una degeneración catastrófica". Ser nombrado para por el deseo del Otro. Sin embargo. si salimos de la clínica del caso individual. El orden de hierro como burocratización. ¿A qué hace referencia Lacan cuando habla de un orden de hierro. el lugar en el Otro. Perder el rol social es perder la identidad. Se le asigna un rol al sujeto y su identidad se sostiene del rol. fundado en la declinación del Nombre del Padre y la prevalencia del "nombrar para"? Se abre en este punto una línea de investigación. y plantea lo que aparece como una suerte de forclusión generalizada del Nombre del Padre. Lo social pasa a tener función de nudo.