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APOYO Y ACOMPAÑAMIENTO EN EL AULA POR MEDIO

DE LAS LINEAS DE ACCIÓN EN LA ASESORÍA

Introducción
La función de Asesoría Técnica Pedagógica, desde su creación, ha resultado todo
un reto, por el desconocimiento de las acciones, que el asesor debe realizar. Se
careció durante mucho tiempo de una reglamentación que instruyera a quienes
personificaban la función, permitiendo con ello, hasta cierto punto, la realización de
acciones alejadas del propósito central del proceso.
En esta ocasión se tratará de reflexionar acerca de los nuevos planteamientos sobre
la asesoría Pedagógica y del tránsito de las prácticas de asesoría actuales hacia
esas propuestas, para lograr una mejora escolar.

Desarrollo
Es fácil deducir que, si no se cuenta con un marco regulatorio de las acciones a
realizar, cualquiera hace lo que sabe o puede, o talvez lo que quiere. La asesoría
educativa, como proceso de gestión en el sistema educativo, se encuentra sujeta,
hasta hoy, a pesar de que ya se tiene una ley, a esta situación. Los docentes con
funciones de asesoría dedican su tiempo mayoritariamente a gestiones de carácter
administrativo, que talvez no le correspondan de acuerdo al marco de la reforma
educativa reciente, pero que las condiciones imperantes en el sistema se lo exigen.
Un breve análisis de la forma de selección de los docentes comisionados a realizar
la función de asesoría hasta antes de aprobada la Ley del Servicio Profesional
docente, nos conducirá a entender porque sucede eso, aun en este tiempo.
La comisión de asesoría técnica pedagógica era visto como un lugar privilegiado,
no para quien lo ostentase, sino, para quien podía disponer de ese lugar
proponiendo a alguien de su confianza. La disputa de tal privilegio era entre la
autoridad escolar, personificada en el supervisor, y entre el sindicato de
Trabajadores de la Educación. Así, no era raro que la comisión se otorgará a
docentes por estar emparentados a alguien dentro del sistema, compadrazgos o
amiguismos. En muchas ocasiones eran docentes que sobraban en las zonas y los
más increíble, algunas veces eran docentes con problemas en las escuelas donde
habían laborado.
En este panorama, quienes fungían como asesores, debían obediencia y servició a
quienes le otorgaban la comisión, por esta razón el asesor tomaba su rango como
ayudante del supervisor, haciéndose cargo de la mayor parte del trabajo de la
supervisión. Siendo la burocracia administrativa lo que le ocupaba más tiempo.
En estas condiciones las prácticas de asesoría, hasta hoy, se sujetan a reuniones
de capacitación en programas específicos de la Secretaria de Educación del estado
o de la República, de forma unidireccional, que poco o nada han motivado al cambio.

La creación de La Ley del Servicio Profesional Docente permite y da opción a los


docentes que así lo deseen participar por una plaza de Asesor Técnico Pedagógico.
Desde el año 2015 los primeros Asesores, productos de un proceso de evaluación,
avalado por la propia ley, se encuentran asignados a una zona específica de
educación, y es a ellos a quien les corresponde transitar del proceso de asesoría
unidireccional vertical, a un proceso de asesoría horizontal.
Tal proceso considerado como una línea de acción transversal, supone una
“reestructuración de los roles” de quienes participan en él, otorgando igualdad de
condiciones a cada miembro en la planeación y en la búsqueda de estrategias para
la mejora escolar. Es decir, se deja de ver al asesor como único dentro del proceso
de asesoría y se le da relevancia al trabajo colaborativo, en un proceso de
acompañamiento. En este proceso de acompañamiento se considera el contexto
escolar como elemento central en la planeación de estrategias para logra un cambio
verdadero
Pozner, (citado en SEP, 2015, pag 65), en este sentido, afirma que un
acompañamiento responsable por parte del Atp y del Tutor debe ser una práctica
que implique que la función asesora deja de ser una actividad en solitario para dar
cabida a la complementariedad, a la búsqueda y aceptación de la crítica de los
colegas, a solicitar ayuda y a dar crédito a los demás.
Se presume así, que la participación entre pares, de manera colegiada, en el
reconocimiento de las condiciones particulares que guardan los centros de trabajo,
así como en la planeación y seguimiento de las acciones para mejorar el proceso
de enseñanza, motivará a los docentes, asesores y asesorados, a cumplir los
compromisos y retos. Esto finalmente redundará en el mejoramiento de los
aprendizajes de los alumnos, propósito central del acompañamiento pedagógico.
De acuerdo al liderazgo transformacional, se requieren nuevos estilos de dirección
y de supervisión que abandonen los roles individuales de conducción para trabajar
en pro de la mejora escolar de manera horizontal y colegiada, integrando teoría y
conocimientos retomados de la propia práctica, a través de conceptos como visión,
cultura, compromiso, entre otros, Pozner y Salazar (citados en, SEP, 2015, pag. 86).
CONCLUSION
La transición hacia un acompañamiento pedagógico no es fácil, se requiere de
mucha actitud de parte de los actores en el proceso. Además de romper con
esquemas tradicionales de la relación entre supervisores y Asesores. Prevalece
aún, la relación entre jefe y ayudante, resultando difícil contraponerse a las ideas u
órdenes superiores.
Se reconoce el avance logrado hasta ahora, la certidumbre laboral de los Asesores
Técnicos, permitirá, en gran medida, fortalecer la función de asesoría, y con ello
fortalecer también la participación entusiasta y activa de docentes, mejorando las
practicas de enseñanza al interior de los centros escolares.
El transito de un proceso de asesoría unidireccional hacía un proceso de
acompañamiento será lento. Le corresponde a esta nueva generación de asesores,
el compromiso de preparase para enfrentar todos los retos por venir. De igual forma,
las autoridades educativas deben propiciar que los asesores dediquen su tiempo,
mayormente, a actividades pedagógicas.

BIBLIOGRAFIA

Secretaría de educación Pública, (SEP), (2006). La asesoría en las escuelas.


Reflexiones para la mejora educativa y la formación continua de los maestros.

SEP, (2015). El acompañamiento sí importa.