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EL DEBATE SOBRE LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ

La tesis de la independencia concedida

En 1972 fue publicado el libro La independencia en el Perú: las palabras y los hechos. Un conjunto de
artículos escritos por diversos autores, compilados por el historiador peruano Heraclio Bonilla y la
historiadora norteamericana Karen Spalding abrió un nuevo debate sobre el tema de la naturaleza de la
independencia. De tendencias marxistas, Bonilla y Spalding en su artículo aseguraron que el nacionalismo
criollo no existió a inicios del siglo XIX, que la participación popular en la independencia no existió y que la
misma fue producto de ejércitos extranjeros que independizaron al Perú en contra del deseo de las elites
criollas. Este planteamiento fue llamado el de la independencia concedida.
También a lo largo del libro se da una mayor importancia a hechos de la historia europea, como lo fue la
invasión napoleónica a España en 1808 y la rebelión del general Riego en 1820, o la guerra con Inglaterra y
la influencia que ésta tuvo en las colonias españolas y por lo cual se pasó de un coloniaje político a otro
económico. También postula que la Ilustración no tuvo la importancia que aseguran los historiadores
clásicos, pues no existieron bases para su desarrollo en la jerarquizada sociedad colonial. Finalmente
propuso que las estructuras sociales básicas no cambiaron luego de la independencia, en la república inicial,
contraviniendo los planteamientos unificadores de la tesis clásica.
La teoría de Spalding y Bonilla es por demás sugerente y muchas investigaciones posteriores han
confirmado, menos radicalmente, la mayoría de sus planteamientos. Pero los autores también redujeron los
acontecimientos de la independencia a luchas de clase y teorías sobre el colonialismo que más parecía una
crítica al imperialismo capitalista del siglo XX.
De todos modos los planteamientos del libro mencionado, que son mucho más complejos que la simple tesis
de la independencia concedida, abrió una serie de interrogantes y obligó a los investigadores de la línea
clásica a reformular muchos de sus planteamientos, lo cual contribuyó a los estudios sobre el tema y a
retomar una serie de fuentes que a la postre serviría para lograr una mejor comprensión del proceso. Los
estudios contemporáneos más concienzudos son herederos, directa o indirectamente, de las investigaciones
plasmadas en La independencia en el Perú.
Las corrientes historiográficas clásicas

Las posturas clásicas que han primado hasta la década de 1970 y que han configurado la memoria histórica
oficial enseñada por mucho tiempo en colegios y universidades aseguran que la independencia fue el premio
a la lucha emancipadora de todos los grupos étnicos y sociales, quienes fueron liderados por precursores y
líderes criollos en un levantamiento popular contra el dominio hispánico.
El principal objetivo de este planteamiento es conjurar los fantasmas del pasado. Afirmar que un
movimiento mestizo liderado por criollos consiguió una independencia popular dejaba de lado una serie de
consideraciones sociales, hechos e interpretaciones que al fin y al cabo mostraban al proceso
independentista de manera simplista. La teoría clásica no contempla una sociedad con contradicciones ni
pugnas, por el contrario afirmaba que la sociedad peruana de entonces, y por ende la de su época, carecía
de fisuras sociales y raciales.
La importancia que este grupo de investigadores le dio, y le da hasta el día de hoy, a los precursores criollos
y mestizos es una clara demostración de su ideología de grupo, pues simplifican una serie de
planteamientos como el liberalismo y el racionalismo en simples ideas separatistas cargadas de patriotismo
pero sin una correspondencia real.
A fines de la década de 1960, el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado (1968-1975) agregó un tercer
grupo social en el discurso de la emancipación. Los indígenas aparecieron en los textos académicos como un
sector definitorio en los acontecimientos, inclusive antes que los criollos o mestizos, gracias a la figura de
Túpac Amaru II, de quien se dijo que era precursor de la independencia por haber liderado un movimiento
separatista. Este intento de integrar al grupo más subordinado de la pirámide social peruana obedecía a
planes políticos y populistas, que incluyeron la elaboración de una colección documental sobre la
independencia del Perú, donde se recogían las fuentes primarias de los principales hechos e ideas que,
según estas posturas, dieron lugar a la emancipación del Perú.

Últimas interpretaciones

A partir de la década de 1970, y luego de la publicación del libro compilado por Spalding y Bonilla en 1972,
una serie de estudios realizados por una nueva generación de historiadores que aceptaron las ideas básicas
de la independencia concedida pero que a la vez complejizaron el problema mostrando una serie de
atenuantes y de casos diversos que demostraba lo complejo que era el proceso de la independencia. Si bien
parte de esas investigaciones atacaban planteamientos expuestos en la publicación de 1972, como la
ausencia de la participación popular al mostrar una serie de levantamientos protagonizados por indígenas
años antes de la llegada de San Martín, aceptaban implícitamente estar más cerca de Bonilla y Spalding que
de los clásicos.
Se llegaron a conclusiones importantes. La rebelión de Túpac Amaru II tuvo consecuencias que llegaron
hasta los años emancipadores, pero no en el papel de precursor, sino en todo lo contrario. Las elites criollas
y mestizas, limeñas y provincianas, conservaron el recuerdo de la violenta rebelión y lucharon ante
cualquier levantamiento indígena que amenazara sus intereses de grupo y el orden social establecido.
Por otra parte se ha demostrado que la cierta participación popular existió, pero tanto en el bando realista
como en el patriota, lo cual da visos de guerra civil a la lucha emancipadora. Lamentablemente, no se han
realizado muchos estudios sobre los detalles de esa participación popular, pues asumir que con su presencia
se asumen los ideales nacionalistas patrióticos es un error y sólo acaba simplificando un asunto que debe ser
visto en su particularidad. La reivindicación de derechos y la recuperación de privilegios fue un motivo
común y particular por lo cual muchos grupos populares focalizados se involucraron en las luchas
independentistas, tomando en cuenta que esas reivindicaciones no siempre fueron contra la figura de la
corona española, sino contra la dominación criolla local o limeña. Por último, la presencia de indígenas en
las tropas no siempre fue una acción consciente y libre, y deben tomarse en cuenta mecanismos como la
negociación, la coerción y la violencia como posibles móviles de participación.
También ha quedado claro que los criollos, sobre todo los limeños, intentaron mantener el poder colonial
hasta el fin de sus días. La metrópoli aseguraba sus privilegios de grupo y el orden social, por lo cual se
debía financiar cualquier campaña represora ante peligros externos o internos. Algunas elites provincianas
lucharon en contra del dominio limeño y vieron con buenos ojos las intenciones independentistas, pero no
participaron masivamente y cuando se plegaron a algún levantamiento, lo dejaron tiempo después. La
rebelión del Cuzco de 1814 es un claro ejemplo. En general, las elites no participaron en el movimiento
independentista, y el apoyo económico brindado a las tropas sanmartinianas y bolivarianas fue más
obligatorio que voluntario, y estuvo condicionado a que las tropas extranjeras contuvieran todo desborde
social que amenazara sus intereses grupales.
El tema de los precursores también se ha mencionado. La apertura luego de la constitución liberal de 1812,
agudizada por la presencia inglesa, los acontecimientos en Estados Unidos y en Francia de fines del XVIII,
configuraron una clase criolla política que debatió los principios liberales, ilustrados y racionalistas. Muchos
de sus planteamientos doctrinarios hablan de la separación, pero sobre todo de la reforma y de la igualdad
entre partes, criolla y peninsular, pero no dentro de la sociedad peruana. Se debe entender a los
precursores como portadores de un pensamiento y de un interés grupal específico más que de un
sentimiento patriótico desinteresado. Revisar sus biografías, leer sus planteamientos y contextualizarlos en
la época ha contribuido a darles el real papel que tuvieron en la historia. Fueron esos mismos pensadores
los que iniciaron el debate político en los primeros años de la república peruana y que se vieron desplazados
por la anarquía política de esas décadas.
Actualmente la postura clásica, por lo que se ve en algunos de los textos aparecidos en el libro Sobre el
Perú, un homenaje a José Agustín de la Puente Candamo, uno de los miembros más importantes de esta
vertiente, plantean que todos los estudios cuestionando la unidad de la independencia y el nacimiento del
ser nacional son invenciones marxistas que sólo buscan negar al Perú (sic), en "el triunfo mayor que el
marxismo ha tenido, hasta ahora, en el Perú". La cita es del artículo titulado Identidad nacional, historia y
educación de Antonio Espinoza Laña. El Perú como sociedad integradora y el nacionalismo como móvil
emancipador, siguen siendo, treinta años después, las tesis clásicas.
La diversidad de estudios sobre la independencia demuestra que es un problema amplio y complejo, que
aun no ha sido estudiado lo suficiente y que parece que seguirá abriendo interrogantes. La importancia de
un proceso de independencia para un país es vital para establecerse como nación, pues en ella se
desarrollan los ideales de la nueva república. Es por ello que la independencia peruana debe ser entendida
tal como fue y no como quisiéramos que fuese, pues en ella están los principales problemas de nuestra
sociedad actual.