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Notas Proyecto de Ley de Tribunales de Familia

Como casi todo el mundo ya ha planteado. La asimilación o equiparación de los


“orientadores familiares” a los psicólogos resulta desmedida (art. 132 al hablar
de la planta) y carente de todo fundamento. Los argumentos van desde los
años de formación, el tipo de preparación académica, el lugar de formación,
hasta la desmedida ubicación en términos de planta para quienes han cursado
un par de semestres.
La Corte Suprema fue muy clara y habría que reforzar esa perspectiva.

a. 7 inc 2º: Convendría limitar la facultad el juez de privar a las partes del
conocimiento de los informes técnicos. Pedir, en esa línea, el establecimiento
de alguna causal precisa. No se me ocurre cuál podría ser pero es porque,
como principio general, siempre debe permitirse el acceso de las partes a los
informes. Quienes opinan o contrario son quienes debieran ser más precisos
en la excepción.
Otra cosa puede ser salvaguardar una facultad del tribunal para que en virtud
de antecedentes precisos, se mantenga en reserva la identidad del profesional
que efectuo el informe.

a 39, citado x a 42 al tratar de la potestad cautelar


van a repetir la expresión “separar al niño de uno o ambos padres o de quienes
lo tengan legalmente bajo su custodia” para señalar aquellos especiales casos
en que la intervención judicial es precisa
Esas hipótesis no cubren a los niños de la calle, a los de las caletas, etc., es
decir, aquellos que ya están abandonados, ya separados por propia “decisión”
de sus padres o estos no existen hace largo tiempo. Nuestros típicos casos de
amparos. Habría que agregar una tercera hipótesis que les cubra (pero a esta
hora no tengo cabeza).

a. 9: La expresión “predominantemente oral, etc.” parece restarle fuerza al


principio. Conviene comparar este artículo con el art. 1º del Código Procesal
Penal. Que es muy claro en la formulación del principio como un derecho de
toda persona.

En lo tocante a los principios, sorprende que no exista ningún norma que haga
directamente aplicable los derechos contenidos en la CIDN y en otros
instrumentos internacionales. Incluso pudiese ampliarse a Directrices, etc., al
modo del Reglamento de Menores en Establecimientos Penitenciarios (DS
530).

a. 16: En rigor, se trata no del principio de publicidad sino del de Reserva. La


confusión en los términos puede tener serias consecuencias prácticas cuando
se discutan cuestiones de interpretación. Convenimos con otras instituciones
en términos que se deje bien en claro que la reserva no puede afectar a las
partes.

a. 21: que el procedimiento para sancionar asegure la bilateralidad.


a. 31: Convendría fijar un plazo máximo para que el tribunal cite a las partes y
la consecuencia del incumplimiento. P. ej.: “ en un plazo máximo de x días. El
no cumplimiento de este plazo hará responsable al juez de falta de diligencia
debida para efectos de responsabilidad administrativa.”

a. 40 este art es muy divertido. La Comisión discutió mucho un tema, llego a un


acuerdo. Y redactó otra cosa.
La idea es que el juez escuche al joven como r gral.
En eso parece ser que estamos todos de acuerdo.
Parece que hay algunas situaciones (muy menor edad, desarrollo intelectual,
lenguaje) que hacen que en dets casos ello con convenga,
Entones, la norma debiera ser “el juez DEBE OIR al menor.” No “podrá” .
Y luego señalar la causal que permita hacer excepción a la regla gral.

Algo similar ocurrió con la citación o comparecencia del menor de 14 años. De


nuevo. Hay que poner la r gral y luego la causal excepcional. Lo exp se
interpreta restrictivamente.

Sg. discusión en sala y observación que nadie recogió (quizá nadie entendió)
de la dip Soto, la “curadoría ad litem” debiera omitir el discernimiento de la
guarda. No queda tan claro en la redacción del art que ello sea así.

a. 42 inc. final: Aquí hay una grave situación en comparación con el


estándar procesal penal. La audiencia de control de detención de un
adolescente infractor debe realizarse “inmediatamente”.
En el caso de un niño vulnerado en sus derechos, afecto a una medida
cautelar, el Proyecto dispone que puedan pasar hasta 5 días hasta la primera
audiencia. Eso no puede ser.
La primera audiencia en ese caso, debe realizarse dentro de 24 horas.
Lo contrario conlleva que un niño infractor esté en mejor situación que un niño
vulnerado. Los actores del sistema procesal penal ha mostrado bastante
creatividad, en general, para que el estándar resulte en términos bastante
satisfactorios.

No me parece que quede muy claro en el curso del procedimiento qué ocurre
cuando el chico llega retenido o recogido por la policía.

a. 44. respecto de los informes. Parece mantenerse la idea de informes x


escrito. Se habla de que en la audiencia complementaria podrán objetarse los
informes que se hayan ya evacuado. Para mantener la lógica oral, convendría
explicitar más la idea de la concurrencia necesaria de los profesionales
informantes en la respectivas audiencias, como regla gral.

a. 51: agregar “por resolución fundada”.

a. 68: que las partes también puedan citar.


Se hace necesario, como criterio general, fortalecer la formación en materias
de infancia, de derechos del niño, etc. (en especial de los diputados)

a. 64 inc. final: medidas siempre con plazo: Un plazo máximo al cabo del cual
puedan renovarse. Discutir la renovación por más de 1 vez. Me parece que si
queda la posibilidad de que el juez renueve x más de una vez podemos contar
con plazos realmente flexibles y más cortos. Esto x la mentalidad tribunalicia
básicamente.
Si se mantiene la idea del proyecto de renovar sólo x 1 vez arriesgamos que
para no equivocarse le chanten al tiro 4 años al cabro (ha ocurrido
recientemente en 3 casos, en 1 la resolución fue confirmada por la Corte de
Apelaciones de Sn Miguel)

a. 80 seguramente está bien intencionado pero queda demasiado ambiguo


como está lo de situación de desventaja. Una mujer dueña de casa
generalmente va estar en desventaja respecto del proveedor. Los ingresos se
notan en un tribunal. Convendría quizá agregar alguna expresión más
clarificadora para que no se pierda el sentido de la norma de protección.

a. 82 problemas serios con la confidencialidad:


en gral, la formulación clásica para las profesiones (abogado, sacerdote)
respecto del secreto profesional cubre los delitos pasados que se conozcan en
la relación profesional pero no los futuros que se disponga a cometer la otra
persona, el paciente, el atendido.
En esta norma se deja sin protección, me parece, los delitos pasados de que
se conozca en el curso de la mediación, con lo que se quita cualquier incentivo
a trabajar con la verdad.
Distinto es si hablamos de la denuncia que uno de los participantes quiera
interponer. Pero no puede el mediador abandonar su rol para convertirse en
policía en medio del proceso. Al primer caso que esto se conociese nadie iría a
las mediaciones con disposición abierta de sincerarse.
Incluso, creo, la norma es incompatible con la del art. 247 del c penal y el 201
N° 2 del CPP:
“Art. 247. El empleado público que, sabiendo por razón de su cargo los
secretos de un particular, los descubriere con perjuicio de éste, incurrirá
en las penas de reclusión menor en sus grados mínimo a medio y multa
de seis a diez unidades tributarias mensuales.
Las mismas penas se aplicarán a los que, ejerciendo alguna de las
profesiones que requieren título, revelen los secretos que por razón de
ella se les hubieren confiado.”

Al respecto el cpp señala


“Art. 201 (222). No están obligados a declarar:
1.º …
2.º Aquellas personas que, por su estado, profesión o función legal,
como el abogado, médico o confesor, tienen el deber de guardar el
secreto que se les haya confiado, pero únicamente en lo que se refiere a
dicho secreto.”
En suma. Debiera modificarse el art.

a. 128 en relación con el a. 38 (2)


Se replica la discusión de Coyhaique respecto de si corre apelación para
resolución que declara con discernimiento a un menor.
Del tenor del 128 pareciera que no. Y así lo interpretó (la norma es muy
parecida a la redacción de las adecuatorias) el juez de garantía sureño y
confirmó la Corte de Apelaciones.
Pero el a. a. 38 (2). A su vez, repite, más o menos, la norma de la actual Ley de
Menores y señala que sólo son apelables “la sentencia definitiva de 1ª
instancia, las resoluciones que ponen término al procedimiento o hacen
imposible su continuación, y las que se pronuncien sobre medidas cautelares.”
Y la resolución que declara “con discerním” parece ciertamente entrar en
alguna de las 2 primeras hipótesis, ya como st def o como resol que pone
término al proced.
Pero todo esto, y dada la experiencia actual sureña convendría explicitarla muy
bien. Este es un punto donde Consuelo podría hacer alusión a la experiencia
de nuestro Sidtel Coyhaique.

Estrada, septiembre 2003