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Sujeto Campesino en Resistencia

“¡No joda! ¿Cómo es posible?


Eran actitudes más tiesas que las que hoy tenemos, sin duda –dice Rafael–.
Dime a ver cómo ocurrieron estos hechos. Hoy también hay chispas y estás van saltando con mayor
rapidez porque las injusticias no han cesado y, ¡habrá que ganar nuestra segunda independencia o
hacer otra Revolución de los Comuneros!”

Fals Borda, Resistencia en el San Jorge.

Ellas y ellos, dignos campesinos de las bravías tierras del Catatumbo lo comprendían muy
bien, fue la furia desatada por la necesidad vital de levantarse contra el hambre, la
pobreza y la ignominia, contra un orden injusto y miserable que no dio alternativa.

Pero... ¿Quién o quiénes son ellas y ellos?,


¿Porque es importante conocer la lucha del campesinado catatumbero?
¿Porque el memorable Paro de 2013?
¿Qué podemos aprender del Paro?

Este escrito busca entretejer algunas respuestas, no las agota, eso es claro. El valeroso
campesinado, que a la una de la madrugada del día 11 de junio 2013, decidió votar palos y
quemar llantas en medio de la carretera, en “La Cuatro” a las afueras de Tibú, abrió una
de las experiencias de resistencia más dignas y conscientes de que tenga historia el país.

“Con las llamas reflejándose en sus caras en mitad de la noche, se miraron unos a otros con la
emoción contenida: ya solo quedaba resistir con dignidad y tener esperanza” (...) Al rato se les
unió otro grupo de unas 150 personas que llegaban a reforzarlos y añadieron más palos, piedras y
llantas prendidas en aquel punto: el Paro Campesino del Catatumbo comenzaba. El fuego no dejó
de arder en la carretera durante los 53 días que duraría el bloqueo”1

Hay demasiadas razones pa’ salir a exigir!

“Nosotros miramos que si hay inversión, pero solamente para las fuerzas militares.
Pero para lo que tiene que ver, para lo social, para nosotros como campesinos vivir una
vida digna eso no lo hay.”2

La comprensión del paro pasa necesariamente por la manera en que el campesino se ha


constituido como “ser colectivo”. Es decir, ser campesino, expresa y refleja el influjo de la
exclusión y de la subordinación, pero también su capacidad de resistencia y aguante
frente a la vida.

El ser campesino tiene historia, y esta se ha labrado por décadas en la región, ir abriendo
“trocha” e iniciar buscar las causas de la masiva presencia de la Fuerza Pública en el
Catatumbo, esta ha sido, históricamente la forma en que el Estado colombiano ha
intervenido en el territorio.

Así lo corrobora el Centro Nacional de Memoria Histórica en el informe “Con Licencia para
Desplazar” publicado en 2015: “A lo largo del siglo XX y de lo que va corrido del XXI, han
sido expedidas normas desde el nivel central que priorizaron la protección militar a
agentes económicos, extraños a la región, a costa de la población local. Esas normas
autorizaron la creación de grupos armados que se convirtieron en la empresa criminal del
paramilitarismo, que incursionó en Tibú a finales de la década de los noventa.” (CNMH,
2015: 19)

Lo anterior, ha sido factor determinante en las relaciones entre el campesinado y los


sucesivos gobiernos, por lo menos desde finales de los ochenta. La forma en que actúan
las autoridades nacionales frente al Catatumbo, ha mantenido un sesgo militarista y
segregador, basta con recordar el tratamiento que se ha aplicado por parte de varios
gobiernos republicanos a los nativos Bari, acciones que han sido calificadas como
etnocidio, así lo refiere Gilma Téllez, líder de ASCAMCAT

“(…) por estas riquezas y el interés del Estado Colombiano y de las Multinacionales, de
explotarlas, se han generado mucha violencia y violación de los Derechos Humanos, por
ejemplo en el Catatumbo se explota el petróleo desde 1930, eso significo para el
Pueblo Indígena Bari, el asesinato de más de 16.000 indígenas y la pérdida del 90 % por
ciento de su territorio.”3

1
Relato Colectivo del Paro Campesino del Catatumbo (junio, julio y agosto de 2013)
2
Testimonio; Líder de ASCAMCAT en Encuentro Curumaní
3
Gilma Rosa Téllez Carrascal, El acaparamiento de tierras en el Catatumbo
Y es precisamente al iniciar esta década, el momento en el cual se legaliza el genocidio por
medio de la ley 80 de 1931, así lo recuerda la directora del Colectivo de Abogados “Luis
Carlos Pérez”, Judith Maldonado:

“(…) este territorio que era habitado por los indígenas Motilón Bari, fue entregado en el
año de 1905 al General Virgilio Barco, quien habían servido al Ejercito de la Republica,
como esta zona tenía grandes yacimientos de petróleo, este general entrego el territorio
en concesión a las empresa Texaco y COLPEP (Petroleras Norteamericanas), para que
iniciaran la exploración y explotación. Esto también fue acompañado por la expedición de
la ley 80 de 1931, que permitía perseguir, cazar y matar a los indígenas por ser salvajes,
para garantizar así la seguridad de las empresas y la explotación de petróleo, es decir este
fue un etnocidio de carácter legal”4

Al carácter de la acción estatal debe añadirse el paramilitarismo, que ha desarrollado en


varios momentos y de diferentes formas violencia selectiva y sistemática contra la
población del Catatumbo.

Esta continúa militarización del territorio ha sido una condición con la cual el campesinado
ha modelado su existencia, siendo un modo en que se expresan las relaciones de
dominación, que sobre él se han ejercido.

Pero retomemos nuestra pregunta ¿A qué se debe entonces la violencia del Estado y el
paramilitarismo en la región?

Recursos, tierras,

De acuerdo a lo anterior, es fácil comprender como la violencia estatal y paramilitar ha


sido un ingrediente que ha formado la visión que tiene el campesinado del Estado, así lo
recuerda “Carmito” Abril al señalar por qué se asume una posición de rebeldía frente al
gobierno

“Nadien nacen rebelde, sino que lo hacen volver rebelde, nadien nacen oposición, sino que lo
hacen ser oposicon, a raíz de las cosas son asi

4
Judith Maldonado Mojica, Aspectos legales o normativos que han permitido el acaparamiento de
tierras en Colombia. Caso Catatumbo
como el estado colombiano no respeta las ideas de los olvidados de los que no tenemos voz

“El 25 de febrero de 2012 fue declarado el Catatumbo como zona minero-estratégica, una
oferta de demanda para la empresa multinacional que tenga más capacidad de
explotación”

El territorio del Catatumbo “tierra del trueno” ha tenido una historia

La primera semana de julio de 2013 un alto funcionario del Programa de Consolidación


Territorial, en un medio de difusión nacional…

PLAN MIDAS::::::::

Aquí propongo poner la canción como epígrafe


Entada amplia
Hacer alusión al concepto de lo ‛campesino’ en toda su dimensión, implica realizar
una distinción entre la noción y categoría del concepto e, igualmente, distinguir entre el
interior y exterior constitutivo del concepto mismo. Esta entrada, no solo permite
identificar la complejidad y diversidad de epistemes que contienen la idea del concepto
sino, también, dilucidar las prácticas propias de los que se autodenominan como
campesinos y los conocimientos y estereotipias que desde el exterior constitutivo
construyen lo que se entiende y no como campesinos.
Desde las precisiones anteriormente esbozadas, puede afirmarse que lo
‛campesino’ como noción tiene dos dimensiones importantes: por una parte, lo
campesino está ligado a la identidad, con lo cual, se da significación a un conjunto de
prácticas culturales compartidas por individuos que se auto-reconocen como campesinos;
por otro lado, lo ‛campesino’ se entiende como “significación social de la imagen” que se
da a partir de esas prácticas culturales compartidas (132) y está en un proceso de
constante interlocución con el exterior. Es la idea de que los sujetos en su hacer y sus
prácticas cotidianas construyen significantes compartidos de corte simbólico que dan
cabida a un interior y exterior constitutivo (identidad). Así pues, para Cesar Jerez, ser
campesino:
“Va más allá de la actividad económica y de la economía campesina, el ser campesino es
un hombre y una mujer que están en un territorio y tienen un arraigo con la tierra muy
importante, que no tienen en la cabeza el modelo de acumulación capitalista para toda las
presiones vitales y sociales, son más solidarios e incluso más familiares, son hombres y
mujeres de reclamo permanente, son hombres y mujeres que finalmente sostienen gran
parte de la economía de este país sin que se les reconozca y a pesar de eso, ser campesino
es algo como ser y no ser en este momento, lo que hay que lograr es que ese
reconocimiento implique el concepto mismo del campesino, ese concepto que como
campesinos estamos construyendo en estos escenarios, con propuestas políticas que
entienden la naturaleza diferente a las empresas y al Estado. Eso es ser campesino, es una
tensión permanente que tiene que solucionarse y llevar a un proceso de inclusión, es un
proceso eterno, va ahí, va ahí, y tiene que llegar a un punto finito que será un recomienzo
de una sociedad colombiana donde reconozca al campesino como un sujeto pleno. (Cesar
jerez en 139)

Lo campesino como noción se entiende entonces de forma “cambiante, inestable y de


fluctuante significación en tiempos y espacios diferentes” con lo cual,

Por otra parte, cuando se hace referencia a lo campesino como categoría, se quiere dar a
entender todo el conjunto de clasificaciones que desde la institucionalidad del Estado, se
le dan a los sujetos que habitan en zonas rurales y tienen algún tipo de relación con
prácticas agrícolas y pecuarias (132). De esta concepción categórica, se desprenden los
estereotipos y
Decantación con saberes populares (Fals Borda)

Campesino del Catatumbo (fuentes primarias)