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La educación virreinal estuvo centrada a los moldes europeos y sus características fueron: el memorismo, la religiosidad

y el clasicismo. En ella influenció y desempeñó gran papel la iglesia a través de sus órdenes religiosas, destacando en
esta labor los jesuitas “(…) se distinguieron siempre por su dedicación a la enseñanza y a la juventud intelectual (…)”

Los jesuitas llegaron al Perú en 1568[1]. Fueron ellos quienes impartieron la enseñanza intermedia en los colegios
mayores. “Este nivel educativo surgió en la segunda mitad del siglo XVI, cuando el sector gobernante sintió la necesidad
de educar a los mestizos” Es por ello que la educación fue progresivamente accesible para la mayor parte de la
población; y de esto se encargaron los jesuitas los que empezaron a fundar los llamados Colegios Mayores.

Los principales Colegios Mayores, creados por los jesuitas fueron, el Colegio de San Pablo y el de la Transfiguración.
Luego fundaron el Colegio Mayor de San Martín y el de San Felipe. Por último, fundaron el Colegio de San Bernardo en
el Cusco. A continuación se explicará con más detalle.

El Colegio de San Martín sólo admitía a hijos legítimos, quienes ingresaban a los 12 años y salían a los 24 años de edad,
estos deberían saber leer y escribir, aparte de mostrar cierta inclinación por las letras. Asimismo, ninguna mujer podía
ser admitida, por ningún motivo, a sus aulas.

El siguiente fue el Colegio Mayor de San Felipe, éste se creó en 1592 para hijos, nietos y conquistadores. Tuvo más
categoría que el de San Martín, y además su Rector debía de ser el mismo que de la Universidad Mayor de San Marcos.

La exigencia de este colegio la explica Mejía, diciendo:

“(…) a sus estudiantes se les exigía ciertas condiciones intelectuales, morales y físicas (…) permanecían ocho años en el
Colegio y realizaban estudios de Artes, Cánones y Teología.” (1984:57)

Asimismo, no podían estudiar en este colegio los descendientes de familias pobres, los castigados por la Santa
Inquisición, los mulatos, los zambos y los enfermos.

El Colegio de San Bernardo del Cusco se creó para los hijos de los conquistadores españoles y sus descendientes, este
colegio fomentó conocimientos sobre artes, teología y latinidad. Después de la expulsión de los jesuitas, pasó a ser
administrado por el clero de la ciudad-

Además de estos centros se crearon los Colegios, Seminarios; éstos últimos fueron típicas instituciones de la educación
colonial. Estos fueron importantes en aquellos lugares, pues eran los únicos que impartían sus enseñanzas, pues aún no
se habían establecido universidades.

Es importante mencionar que se brindó educación a los hijos de los curacas, pues como es de conocimiento España
estuvo interesada en buscar un nexo entre la población conquistada y el grupo conquistador; es por ello, que centró su
atención en los grupos nativos que tenían poder.

Estos colegios estuvieron a cargo de los jesuitas, en ese lugar estudiaban los hijos mayores de los curacas y principales
autoridades. Las materias que estudiaban se agrupaban en dos áreas: Religión y Buena Policía.

En la primera se veía todo lo relacionado con la religión católica, a través de una enseñanza diaria y durante 7 u 8 años,
y en la segunda, nociones de aritmética, gramática castellana, retórica, latín y usos y costumbres españolas.

Con esta educación que impartieron los jesuitas se persiguieron determinados objetivos económicos, políticos, sociales
y religiosos. Uno de ellos fue que: los curacas que adoptaban los patrones culturales occidentales como en vestimenta,
comida; se consideraban a sí mismos personas superiores y despreciaban a los de su propia raza. Consumían productos
europeos de importación y explotaban sin piedad a los nativos

Estos colegios funcionaron normalmente hasta 1767, fecha en la que fueron expulsados los jesuitas. Desde entonces
estos centros se extinguieron paulatinamente, pues no encontrándose los jesuitas a cargo, la administración no sería la
misma.

Es importante mencionar que cuando se produjo el movimiento revolucionario de Túpac Amaru II a fines del siglo XVIII,
las autoridades españolas vieron que no era conveniente seguir educando a los dirigentes nativos, debido a que éstos se
volvían contra los españoles