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Saduceos

Los saduceos, también conocidos como zadokitas, son los descendientes del Sumo Sacerdote
Sadoq, de la época de Salomón. El nombre de Sadoq significa «justicia» o «rectitud», por lo que
saduceos puede interpretarse como justos o rectos.
Podría ubicarse su génesis como un partido político en el siglo II a. C.; desaparece en algún
momento después del siglo I a. C. Se dice de sus rivales, los fariseos, que se originaron en el
mismo periodo, pero que sobrevivieron como posteriores agrupaciones del Judaísmo Rabínico.
Caifás era saduceo. Desde su cargo de sumo sacerdote fue responsable –según el Nuevo
Testamento– del enjuiciamiento y sentencia de Jesucristo.
Flavio Josefo ha proporcionado la mayor información disponible sobre los saduceos. Escribió que
eran un grupo belicoso, cuyos seguidores eran ricos y poderosos, y que les consideraba groseros
en sus interacciones sociales.
El origen de los saduceos probablemente se remonta a la protesta de muchos sacerdotes, cuando
en el año 175 a. C. se interrumpió el ejercicio y la sucesión legal del Sumo Sacerdocio en el Templo
de Jerusalén. El cargo fue comprado al rey seléucida Antíoco IV Epífanes y lo usurpó Jasón,
hermano de Onías III y legítimo Sumo Sacerdote (2 Macabeos 4:7-20).
La venta del Sumo Sacerdocio por el rey seléucida recayó luego en Menelao, hermano del
administrador del Templo, quien logró derrotar a Jasón (2 Macabeos 4:24-26). El comercio del
más alto cargo religioso tuvo como corolario la sustitución de las costumbres judías por las
griegas, la imposición del culto a los dioses griegos y la persecución de los judíos que seguían
fieles a la Ley.
El sacerdote Matatías, con su hijo Judas Macabeo y sus demás hijos desencadenaron una rebelión
guerrillera, que finalmente logró en diciembre de 164 a. C. la Purificación del Templo (1
Macabeos 4:36-61; 2 Macabeos 10:1-8). Después de luchas contra Demetrio I Sóter, quien
intentó imponer como Sumo Sacerdote a Álcimo, y tras la muerte en combate de Judas Macabeo,
su hermano Jonatán fue designado etnarca o cabeza de la agrupación en 149 a. C..
Asesinado Jonatán, su hermano Simón Tasí asumió el cargo de etnarca y además fue confirmado
en 142 a. C. como Sumo Sacerdote por el nuevo rey Demetrio II. En 141 a. C. se convirtió en
gobernante independiente y desde ahí se afianzó la preeminencia en el Templo de un grupo de
sacerdotes, que luego serían conocidos compartido saduceo. El anterior Sumo Sacerdote Onías
III y un grupo de seguidores no habían reconocido las nuevas jerarquías y establecieron otro
Templo en Leontópolis (Egipto).
Los saduceos apoyaron firmemente al hijo de Simón, Juan Hircano, quien además de ejercer
como Sumo Sacerdote, en la práctica se hizo rey (134-104 a. C.) y logró convertir el nacionalismo
defensivo macabeo, en un nacionalismo agresivo y expansivo, que le permitió conquistar a los
países y pueblos vecinos, a los cuales obligó a judaizarse. De esta época data el enfrentamiento
frontal de los saduceos con los fariseos, opositores a Juan Hircano. Las diferencias religiosas entre
los dos grupos se plasmaron en choques políticos que se agudizaron durante el reinado de los
dos hijos de Juan Hircano, Aristóbulo I (104-103 a. C.), quien encarceló a su propia madre y la
dejó morir de hambre en prisión, y Alejandro Janeo (103-76 a. C.). Este último hizo crucificar a
3.000 fariseos que se habían rebelado.
La viuda de Alejandro Janeo, Alejandra Salomé, que reinó del 76 al 67 a. C., rechazó la hegemonía
saducea y rehabilitó a los sacerdotes fariseos. Su hijo Hircano II, como Sumo Sacerdote, tuvo el
apoyo fariseo. El hermano menor de éste, Aristóbulo II, se proclamó rey a la muerte de Alejandra
y depuso a Hircano II, quien buscó refugio entre los nabateos, con cuyo rey Aretas III y con apoyo
fariseo sitió a Jerusalén en 65 a. C., pero fue derrotado porque los romanos apoyaron a Aristóbulo
II.
Gracias a las gestiones de su canciller, el idumeo Antípatro, Hircano II logró el apoyo del general
romano Pompeyo, quien tomó Jerusalén en 63 a. C. y lo reinstaló como Sumo Sacerdote,
llevándose a Aristóbulo a Roma, mientras Antípatro ejercía de hecho como gobernante de Judea.
En 40 a. C., Antígono, hijo de Aristóbulo II, con apoyo del Imperio Parto y de los saduceos, tomó
el poder, detuvo y mutiló a Hircano II. Herodes, que había huido, y el general romano Socio
reconquistaron Jerusalén en 37 a. C. El poder de los saduceos comenzó a decaer paulatinamente
desde entonces, aunque se mantuvo, relegado al Templo, por un siglo.
Se considera que los saduceos negaban la inmortalidad del alma y la resurrección (Mateo 22, 23-
32.), y bajo esta luz son tratados en el Nuevo Testamento debatiendo el asunto con Jesús.
También negaban la existencia de espíritus o ángeles (Hechos 23, 8.).
Según Flavio Josefo no aceptaban la predestinación y enfatizaban en el libre albedrío humano
para escoger entre el bien y el mal. Este autor les atribuye un rechazo a los extranjeros. Debido
a que por la destrucción del Templo de Jerusalén se perdieron todos los escritos de los saduceos,
la mayoría de lo que sabemos de ellos se debe a sus contrincantes.
Rechazaban la interpretación de la Torá de los rabíes, y se los presenta habiendo negado que
nada de la Biblia Hebrea, aparte de la Torá, tenía autoridad. Como la misma Torá, los saduceos
son presentados interpretándola literal y rigurosamente en materias que cubre directamente, al
mismo tiempo que rechazando las tradiciones rabínicas o leyes orales que mitigan los castigos
más duros o intentan prevenir faltas no intencionadas. Por esto los saduceos son mal vistos por
el Talmud.
Sin embargo, hay evidencia de que hubo un cisma interno entre los llamados "saduceos" –
algunos que rechazaban a los ángeles, el alma, la resurrección – y los que aceptaban estas
doctrinas y la Biblia Hebrea al completo.
Sostenían que Dios premiaba a los hombres buenos en vida, por lo que ellos, al ser ricos, eran el
pueblo bueno. Su filosofía era materialista, liberal y mucho más mundana que la de los demás
grupos.
En cuanto a los registros siguientes del Talmud, uno debe tener presente que las historias con
respecto a los saduceos fueron escritas por un pueblo que los derrotó, y pueden contener
muchas inexactitudes.
Con respecto a la jurisdicción criminal, eran tan rígidos que el día en que su código fue abolido
por el Sanedrín Farisaico bajo el liderazgo de Simeón Ben Shetah, durante el reinado de Salomé
Alexandra, se celebró como una fiesta. Se dice que los saduceos insistieron en la ejecución literal
de la ley de la venganza: "Ojo por ojo, diente por diente", que rechazaron el judaísmo farisaico y
posteriormente el judaísmo rabínico.
Por otro lado, no infligían la pena de muerte en testigos falsos en un caso donde la pena capital
se hubiera llevado injustamente a cabo, a menos que el acusado hubiera sido ejecutado
únicamente como consecuencia del testimonio de tales testigos.
Según el Talmud, otorgaban a la hija el mismo derecho de herencia que la hija del hijo en caso de
que el hijo estuviera muerto.
Las particulares interpretaciones de los saduceos los llevaban a múltiples especificaciones propias sobre
el calendario, las fiestas, el culto, los sacrificios, los rituales y asuntos jurídicos.

De acuerdo con el Talmud, sostenían que las siete semanas desde la primera ofrenda de gavilla
de cebada ("omer") hasta el Shavuot (Pentecostés en la referencia cristiana) debían, según
Lev.23:15-16, ser contados desde "el día después del sábado" y, consecuentemente, que el
Shavuot siempre se debería celebrar en el primer día de la semana (Meg. Ta'an. i.; Men. 65a).
En esto seguían la antigua concepción bíblica que considera la fiesta de los primogénitos sin
conexión con la Pascua, mientras que los fariseos, conectando la fiesta del Éxodo con la fiesta de
la entrega de la Ley, interpretaban el "el día después del sábado" como el segundo día de Pascua.
Escritos hallados por ellos y redescubiertos a finales del siglo XIX en el depósito de una sinagoga,
como el Documento de Damasco o el Libro de los Jubileos, así como el Sirácida, eran atribuidos
a los fariseos, pero hoy se piensa que fueron obra de esenios, tras haber sido hallados entre los
Manuscritos del Mar Muerto, cerca de Qumrán, con una colección que en su conjunto sostiene
interpretaciones muy diferentes a las de los fariseos.
En la Edad Media, los karaítas se opusieron al rabinismo talmúdico y se proclamaron
continuadores de los saduceos.
Con respecto a rituales en el Templo en Jerusalén:
Sostenían que los holocaustos diarios debían ser ofrecidos por el sumo sacerdote a su propia
costa, mientras que los fariseos sostenían que debían ser provistos como un sacrificio nacional a
costa del tesoro del Templo al que se pagaban impuestos.
Sostenían que la ofrenda de carne pertenecía a la porción del sacerdote, mientras que los fariseos
lo reclamaban para el altar.
Insistían en un grado especialmente alto de pureza en aquellos que oficiaban en la preparación
de las cenizas de la Novilla Roja. Los fariseos, por el contrario, se oponían a tal severidad.
Declaraban que el encendido del incienso en la nave con que el sumo sacerdote entraba el Santo
de Santo en el Día de la Expiación debía suceder afuera, para que estuviera envuelto en el humo
al encontrarse con el Shekhinah dentro, según Lev. xvi. 2; mientras que los fariseos, negando al
sumo sacerdote la alegación de tal visión sobrenatural, insistían en que el incienso fuera
encendido dentro.
Se oponían a la festividad popular de la libación de agua y la procesión precediendo la misma
cada noche del banquete de Sukkot.
Se oponían a la afirmación farisaica de que los rollos de las Sagradas Escrituras tuvieran, como
cualquier vasija santa, el poder de rendir ritualmente impuras (tabú) las manos de los que las
tocaran.
Se oponían a la idea farisaica del eruv, la unión de varias zonas privadas en una para poder llevar
comida y vasijas de una casa a otra en sábado.
Al fechar todos los documentos civiles usaban la frase "después del sumo sacerdote del Altísimo"
y se oponían a la fórmula introducida por los fariseos en documentos de divorcio, "Según la ley
de Moisés e Israel".
Muchos eruditos creen que el libro deuterocanónico de Sirach fue escrito por un saduceo.
Los saduceos eran los miembros de la clase alta de la sociedad judía de esa época, por lo que
todos los conquistadores buscaron su apoyo para poder someter al pueblo. Esta era
efectivamente la política de este grupo, es decir, eran los colaboracionistas que se sometían al
poder extranjero, ya fueran griegos o romanos, y adoptaban sus modas y cultura, por lo que eran
muy odiados por el grupo más extremista, los zelotes. Esta sumisión al poder les permitía tener
los cargos públicos más importantes; el sumo sacerdote era miembro de este grupo, así como la
aristocracia y los principales propietarios de tierras.
En el siglo I d.C. se encontraban muy reducidos en su poderío, ya que los romanos les habían
quitado su poder político y parte de su poder religioso (los romanos se reservaban el poder de
elegir al sumo sacerdote); además, habían perdido su influencia religiosa ante el pueblo en manos
de los fariseos. Casi todos ellos residían en Jerusalén.
Fariseos
Los fariseos (del hebreo ‫ פרושים‬perušim, de paraš, ‘separar’) eran una comunidad judía que
existió hasta el segundo siglo de la presente era. El grupo atribuía su inicio al período de la
cautividad babilónica (587 a. C.-536 a. C.). Algunos sitúan su origen durante la dominación persa
o los consideraban sucesores de los jasídim (devotos). Se definieron como partido durante la
revuelta de los macabeos contra los invasores seléucidas (167 a. C.-165 a. C.). Fueron coetáneos
de esenios, saduceos y zelotes. Este grupo es citado numerosas veces en los Evangelios del Nuevo
Testamento.
A diferencia de los saduceos (o zadokitas), los fariseos lograron que sus interpretaciones fueran
aceptadas por la mayoría de los judíos. Por ello, tras la caída del Templo, los fariseos tomaron el
control del judaísmo «oficial», y transformaron el culto.
El más alto representante del judaísmo era el Sumo Sacerdote, cargo que debido a la destrucción
del templo se volvió innecesario; así el culto pasó a la sinagoga (en hebreo ‫כנסת בית‬, beit knéset,
«casa de reunión»). De los antiguos fariseos surgió la línea rabínica ortodoxa de los doctores de
la ley que fue la que redactó los distintos Talmud. Su doctrina puede resumirse así:
Creían en la libertad humana. Ciertamente el Destino influía en los hombres, pero estos no eran
juguetes en sus manos. De hecho, podían decidir lo que hacer con su vida.
Creían en la inmortalidad del alma. No todo acababa con la muerte, sino que las almas seguían
viviendo.
Creían en un castigo y una recompensa eternos. Las almas de los malos eran confinadas en el
Infierno para recibir su castigo, mientras que las de los buenos eran premiadas.
Creían en la resurrección. Las almas de los buenos recibirían un nuevo cuerpo. No se trataba de
una sucesión de cuerpos humanos mortales -como sucede en las diversas visiones de la
reencarnación- sino de un cuerpo para toda la eternidad.
Creían en la obligación de obedecer su tradición interpretativa referida a obligaciones religiosas
como las oraciones, los ritos de adoración, etc.
Estaban dispuestos a obtener influencia política en la vida de Israel. Quizá contaron ya con cierto
peso antes de Herodes, pero después de ese reinado perdieron influencia.
Los fariseos se opusieron a la política del Sumo Sacerdote Juan Hircano (134-104 a. C.), quien
actuó apoyado por los saduceos. Juan Hircano, hijo de Simón Macabeo, vivía más como un rey
pagano que como un sacerdote judío, y los sectores tradicionalistas criticaban la identificación
entre la realeza y el sacerdocio, reclamando una separación de ambas funciones.
El líder fariseo Eleazar exigió que Juan Hircano renunciara al sumo sacerdocio. El enfrentamiento
de los fariseos contra los saduceos se agudizó durante los reinados de los hijos de este, Aristóbulo
I (104-103 a. C.) y Alejandro Janeo (103-76 a. C.) Este último reprimió un levantamiento popular
e hizo crucificar a tres mil fariseos.
La viuda de Alejandro Janeo, Alejandra Salomé reinó del 76 al 67 a. C., rehabilitó a los sacerdotes
fariseos y los hizo parte del Sanedrín o senado judío, acrecentando su influencia política y
religiosa. La reina nombró a su hijo Hircano II como Sumo Sacerdote, con el apoyo fariseo.
El hermano menor de este, Aristóbulo II se proclamó rey a la muerte de Alejandra y depuso a
Hircano II, que buscó refugio entre los nabateos, con cuyo rey Aretas III y con ayuda farisea sitió
Jerusalén en el 65 a. C., pero fue derrotado debido a que los romanos apoyaron a Aristóbulo II.
Gracias a las gestiones de su canciller, el idumeo Antípatro, Hircano II logró el apoyo del general
romano Pompeyo, quien tomó Jerusalén en el 63 a. C., y lo reinstaló como Sumo Sacerdote,
llevándose a Aristóbulo a Roma, mientras Antípatro ejercía de hecho como gobernante de Judea.
El poder político y religioso de los fariseos se mantuvo así. Muerto Pompeyo, Julio César nombró
a Hircano II etnarca de Judea y al hijo de Antípatro, Herodes, como gobernante militar de Galilea.
En el 40 a. C., Antígono Matatías, hijo de Aristóbulo II, con apoyo del Imperio parto y de los
saduceos, tomó el poder, detuvo y mutiló a Hircano II. Herodes que había huido y el general
romano Socio, retomaron Jerusalén en el 37 a. C. En connivencia con el Imperio romano, Herodes
fue rey entre el 37 y el 4 a. C. y contrajo matrimonio con Mariana, hija de Hircano II, a quienes
luego ejecutó, provocando la ruptura entre los fariseos y la dinastía herodiana.
En el 4 a. C. el fariseo Saddoq y Judas el Galileo se levantaron llamando a no pagar impuestos a
Roma. El hijo de Herodes, Herodes Arquelao y el jefe militar romano Varo reprimieron el
levantamiento: dos mil rebeldes fueron crucificados.
Se considera que esta sublevación fue el origen de los zelotes, que consideraban que la única
forma de quitarse el yugo romano: era a través de alzamiento en armas, tal como intentaron con
fatal y trágico resultado. La rebelión acabó con el suicidio colectivo de la asediada Masada (año
73 d. C.).
Escribas.
El escriba era el copista o amanuense de la Antigüedad. En la civilización del Antiguo Egipto, era
un personaje fundamental, culto, experto en la escritura jeroglífica y pictográfica, y conocedor
de los secretos del cálculo, siendo el único capaz de evaluar los impuestos, asegurar los trabajos
de construcción y transcribir las órdenes del faraón. Para los hebreos era el copista de las
Sagradas Escrituras y, posteriormente, incluso el doctor e intérprete de la ley.
La palabra española escriba procede del latín: scriba. En hebreo so·fér, procede de una raíz que
significa “contar”, y se traduce “secretario”, “escribano”, “copista”; y la palabra griega
gram·ma·téus se traduce “escriba”, “instructor público”; el término alude a una persona
instruida.
El escriba egipcio solía proceder de la clase baja, pero era inteligente y educado. Sus útiles eran
una paleta con huecos para tintas de diferentes colores, una jarra de agua y un cálamo de papiro
con su estuche. Conocía bien los documentos legales y comerciales de la época, y los preparaba
al dictado o de otras maneras, un trabajo por el que recibía una remuneración.
Los escribas del antiguo Próximo Oriente eran las personas que conocían la Escritura
especialmente la escritura cuneiforme, encargadas de redactar textos y también de leerlos y
organizar su clasificación en los archivos. Todo sabio tenía que haber recibido una formación de
escriba a los que se llamaba en sumerio DUB·SAR —compuesto de DUB “la tabla” y SAR “inscrita”,
“aquél que escribe sobre una tablilla”— y en acadio tupsrrum —forma acadia de la palabra
sumeria DUB·SAR.
La complejidad de la escritura cuneiforme y la necesidad de formar escribas especializados en
diferentes temas precisaba de una larga formación. Los escribas, una vez preparados, ejercían su
profesión que podía cubrir prácticas diferentes. Su cometido particular, esencial en las
civilizaciones del antiguo Próximo Oriente —Mesopotamia, Siria, Hatti, Elam, les confería una
posición social particular.
En Babilonia el escriba era profesional. Sus servicios eran casi indispensables, pues la ley requería
que las transacciones comerciales se pusieran por escrito, y las partes contratantes las firmaran
ante testigos. El secretario solía sentarse cerca de la puerta de la ciudad, donde se efectuaba gran
parte del comercio, con su estilo y pella de arcilla, listo para vender sus servicios a quien los
requiriese. Los escribas registraban transacciones comerciales, escribían cartas, preparaban
documentos, se encargaban de los registros del templo y realizaban otras tareas administrativas.
Los escribanos hebreos actuaban como notarios públicos, preparando certificados de divorcio y
registrando otras transacciones. Al menos en tiempos posteriores, no tenían ninguna tarifa fija,
de manera que se podía negociar con ellos el precio de antemano. Por lo general solo uno de los
interesados pagaba el coste de la transacción, pero a veces ambas partes compartían los gastos.
Ezequiel vio en una visión a un hombre con un tintero de secretario marcando sobre la frente a
sus contemporáneos (Ezeq. 9:3, 4).
En la tribu de Zabulón estaban los que poseían el “equipo de escribano” para numerar y registrar
las tropas (Jue 5:14; compárese con 2Re 25:19; 2Cr 26:11). Había escribas o secretarios
relacionados con el trabajo en el templo (2Re 22:3). El secretario del rey Jehoás trabajaba con el
sumo sacerdote en contar el dinero que se había contribuido, y luego se lo daba a los que
pagaban el salario a los trabajadores que reparaban el templo (2Re 12:10-12).
Baruc escribía lo que el profeta Jeremías le dictaba (Jer36:32). Los secretarios del rey Asuero de
Persia escribieron bajo la dirección de Hamán el decreto que promulgaba la destrucción de los
judíos, y más tarde redactaron el contra decreto bajo la supervisión de Mardoqueo (Est 3:12;
8:9).
En un principio, los sacerdotes eran a su vez escribas (Esd 7:1-6). Sin embargo, se dio mucha
importancia a que todos los judíos tuvieran conocimiento de la Ley. Los que estudiaron y
obtuvieron una buena formación consiguieron el respeto del pueblo, y con el tiempo estos
eruditos, muchos de los cuales no eran sacerdotes, formaron un grupo independiente. Por ello,
en el tiempo de Jesús la palabra “escribas” designaba a una clase de hombres a quienes se había
instruido en la Ley.
Estos hicieron del estudio sistemático y de la explicación de la Ley su ocupación. Se les contaba
entre los maestros de la Ley o los versados en ella (Lu 5:17; 11:45). Por lo general pertenecían a
la secta religiosa de los fariseos, pues este grupo reconocía las interpretaciones o “tradiciones”
de los escribas, que con el transcurso del tiempo habían llegado a ser un laberinto desconcertante
de reglas minuciosas y técnicas. La expresión “escribas de los fariseos” aparece varias veces en
las Escrituras. (Mr 2:16; Lu 5:30; Hch 23:9).
Este hecho puede indicar que algunos escribas eran saduceos, que creían solo en la Ley escrita,
mientras que los escribas de los fariseos defendían con celo tanto la Ley como las tradiciones
orales que se habían ido acumulando, ejerciendo una influencia aún mayor que los sacerdotes
en la conciencia popular. Los escribas se encontraban sobre todo en Jerusalén, aunque también
se les podía hallar por toda Palestina y en otras tierras entre los judíos de la Diáspora (Mt 15:1;
Mr 3:22; compárese con Lu 5:17).
La gente respetaba a los escribas y los llamaba “Rabí” (gr. rhab·béi, “Mi Grande; Mi Excelso”; del
heb. rav, que significa “muchos”, “grande”; era un título de respeto que se usaba para dirigirse a
los maestros). Este término se aplica en varios lugares de las Escrituras a Cristo.
En Juan 1:38 se dice que significa “Maestro”. Jesús era, de hecho, el maestro de sus discípulos,
pero les prohibió que codiciaran esa designación o que se la aplicaran como título (Mt 23:8),
como hacían los escribas (Mt 23:2, 6, 7).
Condenó a los escribas de los judíos y a los fariseos porque habían hecho añadiduras a la Ley y
habían ideado subterfugios para burlarla, de modo que les dijo: “Han invalidado la palabra de
Dios a causa de su tradición”. Mostró un ejemplo de ello: permitían que alguien que tenía que
ayudar a su padre o a su madre no lo hiciera so pretexto de que lo que poseía para ayudar a sus
padres era un don dedicado a Dios.
Jesús declaró que los escribas, al igual que los fariseos, habían convertido la Ley en una carga
para la gente al saturarla de sus añadiduras. Además, como clase, no le tenían ningún amor a la
gente ni deseo de ayudarla, no estaban dispuestos ni siquiera a mover un dedo para aliviar sus
cargas. Amaban los aplausos de los hombres y los títulos altisonantes.
Su religión era solo una fachada, un ritual, que encubría su hipocresía. Jesús mostró lo difícil que
sería para ellos obtener el favor de Dios debido a su actitud y sus prácticas, diciéndoles:
“Serpientes, prole de víboras, ¿cómo habrán de huir del juicio del Gehena?” (Mt 23:1-33.)
Los escribas tenían una gran responsabilidad, puesto que conocían la Ley. Sin embargo, habían
quitado la llave del conocimiento. No se contentaban con rechazar a Jesús, de quien testificaban
sus Escrituras, sino que se hicieron más reprensibles al intentar impedir por todos los medios que
nadie lo reconociera o siquiera lo escuchara (Lu 11:52; Mt 23:13; Jn 5:39; 1Te 2:14-16).
Los escribas no solo eran responsables como “rabíes” de las aplicaciones teóricas de la Ley y de
la enseñanza de esta, sino que también poseían autoridad judicial para dictar sentencias en
tribunales de justicia. Había escribas en el tribunal supremo judío, el Sanedrín (Mt 26:57; Mr
15:1).
No recibían ningún pago por juzgar, y la Ley prohibía los regalos y los sobornos. Puede ser que
algunos rabíes poseyeran riquezas heredadas, pero casi todos tenían un oficio, del que se
enorgullecían, puesto que les permitía mantenerse al margen de su servicio religioso. Aunque no
estaba permitido remunerarles por su labor judicial, es posible que esperaran y recibieran pago
por enseñar la Ley.
Esto se puede inferir de lo que dijo Jesús cuando advirtió a las muchedumbres de la avaricia de
los escribas y también cuando habló del asalariado a quien no le importan las ovejas (Marcos
12:37-40; Juan 10:12-13). Pedro escribió que los pastores cristianos no deberían apacentar el
rebaño por mezquino afán de ganancia: Apacentad la grey de Dios que se os ha encomendado,
vigilando, no forzados, sino voluntariamente, según Dios; no por mezquino afán de ganancia, sino
de corazón.
Samaritanos

Los samaritanos (en hebreo ‫( שומרונים‬Shomronim) en árabe ‫( ال سامري ون‬as-Sāmariyyūn) son un


grupo étnico y religioso que se considera descendiente de las doce tribus de Israel. Hablan árabe
o hebreo moderno. Para sus ceremonias religiosas utilizan el hebreo samaritano o el arameo
samaritano.
Según la tradición, son descendientes de Manasés y Efraím, hijos de José. En el año 926 a. C., las
tribus del norte se rebelaron contra el Rey Roboam, hijo de Salomón. De esta rebelión surgieron
dos reinos: el de Israel, en el norte, con su capital en Siquem (hoy Nablús) y el de Judá, en el sur,
con su capital en Jerusalén. En el año 875 a. C. el rey de Israel, Omrí, trasladó la capital a Samaria.
En el año 740 a. C. los asirios conquistaron a las diez tribus de Israel. La Biblia cuenta que el pueblo
original marchó al exilio (en realidad sólo la élite intelectual) y fue reemplazado por gente foránea
a quien se le dio cierta instrucción religiosa similar a la judía.
Aunque el pueblo samaritano, originado con esta mezcla, reconocía la Torá, fue despreciado por
el pueblo judío. En realidad sólo la élite eclesiástica e intelectual sufrió el exilio asirio, al
sustraerse del pueblo a los depositarios del saber más ortodoxo, este generó liderazgos con una
tradición judaica, pero distinguida de la ortodoxia reemplazada, lo que fue explicado por las élites
desarraigadas como una mezcla ilegítima.
Entre el siglo IV a. C. al VIII d. C. la lengua samaritana fue una rama occidental del idioma arameo,
usada comúnmente para hablar y escribir, produciéndose entonces la traducción del Targum
samaritano. Luego, en el habla corriente fue desplazada por el árabe y en los escritos fue muy
influida por el árabe y también por el hebreo.
El Memar Marqah es el texto más importante para los samaritanos, después del Pentateuco y es
la fuente teológica más antigua de la tradición samaritana.
Formula cinco creencias fundamentales.
Sólo Yahveh es Dios y no hay nadie como Él.
Moisés fue el profeta por excelencia elegido por Dios.
Observar la Ley dada por Yahveh a Moisés. Los samaritanos son guardianes de la Ley.
El monte Garizim o Gerizim es santo, la casa de Dios (Génesis.), lugar escogido por Él para su
santuario, el ombligo del mundo (Jueces.).
La venida del Ta'eb, el restaurador de todas las cosas, iniciará la época de la venganza y
recompensa. El santuario del monte Garizim será restaurado, los impíos serán destruidos y los
justos serán premiados (Deuteronomio 32, 35.)
Según las Crónicas Samaritanas, la separación de los judíos fue causada por el sacerdote Elí, que
decidió ir a Silo a construir un santuario para rivalizar con el de Garizim. Dicen que los propios
judíos reconocen la corrupción que reinaba en ese santuario (1Samuel 2, 12-17.). Aseguran que
los sacerdotes de Garizim se opusieron a la designación del rey Saúl, quien luego, como monarca,
destruyó el santuario de Garizim.
Dicen que los samaritanos se opusieron tanto a los reyes de Judá como a los del norte. Cuando
fue destruido el reino del norte de Israel por los asirios, una parte de los samaritanos fueron
deportados y cuando regresaron restablecieron el culto en Garizim. Reconstruyeron el Templo
del lugar en el siglo IV a. C. pero fue destruido en el 128 a.C por el monarca judío Juan Hircano,
hijo de Simón Macabeo.
Su ciudad sagrada es Nablús, antiguamente llamada Siquem o Sicar, donde según Génesis., Jacob
erigió un altar a Dios y según Génesis. Fue entregada por él como herencia a su hijo predilecto,
José y allí fue sepultado éste (Josué.). Durante el Pésaj los samaritanos hacen sacrificios en el
Monte Gerizim cerca Nablús, porque de acuerdo con el Pentateuco Samaritano (Deuteronomio
27, 4.) ese es el monte sagrado.
Los samaritanos solamente aceptan a Moisés como único profeta y no reconocen la tradición
oral del Talmud, el libro de los Profetas ni el de los Escritos porque se guían exclusivamente por
los cinco libros de la Torá. Usan un código llamado Hillukh que trata de aplicar la Torá a la vida
social.
Generalmente los samaritanos son educados por sus rabinos (llamados "Cohanim", plural de
"Cohén") como parte del pueblo hebreo pero no del pueblo judío.
La población actual de samaritanos es de 750 (2012), divididos en su sagrado Monte Gerizim y
Jolón cerca de Tel Aviv, donde tienen su barrio llamado Nevé-Pinjás. Hasta los años 1980, la
mayoría de los samaritanos vivía en la ciudad de Nablus bajo el Monte Garizim.
En 1954, el segundo presidente israelí, Yitzhak Ben-Zvi, creó la comunidad samaritana en Jolón.
Los samaritanos generalmente no quieren tomar parte en el conflicto entre palestinos e israelíes.
Debido a su población reducida, a su endogamia y a su negativa a aceptar conversos, los
samaritanos han tenido problemas de enfermedades genéticas. Sólo en tiempos recientes han
aceptado que los hombres de la comunidad se casen con mujeres no samaritanas (judías).
Los samaritanos en el Monte Gerizim hablan el árabe como primer idioma y el hebreo moderno
como segundo. La mayoría de los samaritanos de Jolón (especialmente las generaciones jóvenes)
tienen al hebreo como su lengua materna, aunque también entienden el árabe. El hebreo
samaritano y el arameo samaritano son utilizados en la liturgia y no se hablan en la vida cotidiana.
En el Nuevo Testamento hay varios episodios referidos a samaritanos. En la parábola del "buen
samaritano" (Lucas 10, 25-37.) se explica la importancia del amor al prójimo basándose en las
diferencias religiosas entre judíos y samaritanos. En el episodio de la "mujer samaritana" (Juan 4,
5-42.) se menciona que aunque en esa época los judíos no se trataban con los samaritanos, Jesús
le pide agua a una samaritana que se convierte en activa predicadora de su mensaje. Hechos 8,
4-19 se refiere a la exitosa difusión del cristianismo en Samaria a partir de la predicación de
Felipe el Diácono y luego de Pedro y Juan.
Es posible que una temprana conversión al cristianismo de grupos samaritanos haya sido una de
las causas de la reducción del número de samaritanos. Sin embargo para el siglo VI, cuando el
emperador Justiniano I hizo construir en el monte Garizim una iglesia rodeada por un muro, aún
había suficientes samaritanos como para rebelarse en el año 529, bajo la dirección de Juliano ben
Sabar, contra la usurpación de la montaña sagrada.
Estoicismo

El estoicismo es una escuela filosófica fundada por Zenón de Citio en el 301 a. C. Su doctrina
filosófica estaba basada en el dominio y control de los hechos, cosas y pasiones que perturban la
vida, valiéndose de la valentía y la razón del carácter personal. Su objetivo era alcanzar la felicidad
y la sabiduría prescindiendo de los bienes materiales.
Durante el período helenístico adquirió mayor importancia y difusión, ganando gran popularidad
por todo el mundo grecorromano, especialmente entre las élites romanas. Su período de
preeminencia va del siglo III a. C. hasta finales del siglo II d. C. Tras esto, dio signos de agotamiento
que coincidieron con la descomposición social del alto Imperio romano y el auge del cristianismo.
El estoicismo fue fundado por Zenón de Citio (aprox. 333-262 a. C.) —a veces llamado Zenón el
Estoico para distinguirlo de Zenón de Elea—, de origen chipriota y posiblemente de ascendencia
mixta, griega y oriental. Se trasladó a Atenas en el 311 a. C. después de una vida agitada. Por
aquel entonces Atenas era el centro cultural del mundo griego, donde se congregaban las
principales escuelas de filosofía.
Durante su estancia, tomó contacto con la filosofía socrática, en especial la de la escuela cínica,
y la megárica. Según Diógenes Laercio, inicialmente se inclinó por el cinismo, siendo alguien
especialmente cercano a Crates, pero pronto abandonó esta escuela al rechazar las numerosas
«exageraciones» en que estos incurrían, porque no podían ofrecerle ningún programa de vida
válido.
Tras este abandono del cinismo, estudió con otros filósofos de las escuelas platónica, aristotélica
y megárica pero, insatisfecho con ellas, acabó creando su propia escuela, en la que combinaba
múltiples aspectos cínicos con los de otros filósofos como Heráclito.
Desde la antigüedad, se estudió la posible influencia sobre Zenón de doctrinas semíticas tales
como el judaísmo o las filosofías del Oriente Medio; el considerable parecido entre el estoicismo
y el cristianismo en algunas doctrinas, sobre todo en la ética y en la cosmología, sugirieron a
panegiristas cristianos como Quintiliano y Tertuliano que Zenón estaba familiarizado, por su
origen semita, con el judaísmo.
El término estoicismo proviene del lugar en el que Zenón comenzó, en el año 301 a. C., a dar sus
lecciones en la Stóa poikilé (en griego Στοα, stoa, ‘pórtico’), que era el Pórtico pintado del ágora
de Atenas. Pronto atrajo a numerosos seguidores, quienes, tras la muerte de Zenón, continuarían
y expandirían su filosofía. El estoicismo fue la última gran escuela de filosofía del mundo griego
en ser fundada, y continuó existiendo hasta que en el año 529 d. C. el emperador Justiniano
clausuró la Escuela de Atenas.
La escuela cínica tuvo una clara influencia en la Stoa. Esto es evidente desde los inicios de esta,
pues las fuentes declaran que su fundador, Zenón de Citio, estudió directamente con un cínico:
Crates.
Estoicos tardíos, como Epicteto, identificaban al cínico Diógenes de Sínope como dechado de
hombre sabio.
Los estoicos proclamaron que se puede alcanzar la libertad y la tranquilidad tan solo siendo ajeno
a las comodidades materiales, la fortuna externa y dedicándose a una vida guiada por los
principios de la razón y la virtud (tal es la idea de la imperturbabilidad o ataraxia).
Asumiendo una concepción materialista de la naturaleza, siguieron a Heráclito en la creencia de
que la sustancia primera se halla en el fuego y en la veneración del logos, que identificaban con
la energía, la ley, la razón y la providencia encontradas en la naturaleza. La razón de los hombres
se consideraba también parte integrante del logos divino e inmortal.
La doctrina estoica, que consideraba esencial cada persona como miembro de una familia
universal, ayudó a romper barreras regionales, sociales y raciales, y a preparar el camino para la
propagación de una religión universal.
La doctrina estoica de la ley natural, que convierte la naturaleza humana en norma para evaluar
las leyes e instituciones sociales, tuvo mucha influencia en Roma y en las legislaciones posteriores
de Occidente. Además tuvo importancia en corrientes y filósofos posteriores, como Descartes y
Kant.
Los estoicos antiguos dividieron la filosofía en tres partes (D.L. 7.41): la lógica (teoría del
conocimiento y de la ciencia, que incluye la retórica y la dialéctica), la física (ciencia sobre el
mundo y sobre las cosas) y la ética (ciencia de la conducta).
Todas ellas se refieren a aspectos de una misma realidad: el universo en su conjunto y el
conocimiento sobre él. Este puede ser explicado y comprendido globalmente porque es una
estructura organizada racionalmente de la que el hombre mismo es parte integrante, siendo la
faceta más importante la ética.
Epicureísmo

El epicureísmo es un movimiento filosófico que abarca la búsqueda de una vida feliz mediante la
búsqueda inteligente de placeres, la ataraxia (ausencia de turbación) y las amistades entre sus
correligionarios. Fue enseñada por Epicuro de Samos, filósofo ateniense del siglo IV a. C. (341 a.
C.) que fundó una escuela llamada Jardín y cuyas ideas fueron seguidas por otros filósofos,
llamados epicúreos.
El gusto, para el epicureísmo, no debía conformarse al cuerpo, como preconizaba el hedonismo
cirenaico, sino que debía ser también intelectual. Además, para Epicuro la presencia de placer o
felicidad era un sinónimo de la ausencia de dolor o de cualquier tipo de aflicción: el hambre, la
tensión sexual, el aburrimiento, etc. Era un equilibrio perfecto entre la mente y el cuerpo que
proporcionaba la serenidad o ataraxia.
Según Adolfo Sánchez Vázquez, «el epicúreo alcanza el bien, retirado de la vida social, sin caer
en el temor a lo sobrenatural, encontrando en sí mismo, o rodeado de un pequeño círculo de
amigos, la tranquilidad de ánimo y la autosuficiencia
Es importante aclarar que Epicuro no era dualista, es decir, no postulaba la oposición cuerpo-
alma; el alma, igual que el cuerpo, es material y está compuesta de átomos. También distinguía
entre dos tipos de placeres, basados en la división del hombre entre dos diferentes pero unidos,
el cuerpo y el alma:
Placeres del cuerpo: aunque se considera que son los más importantes, en el fondo su propuesta
es el equilibrio voluntario y consciente de estos placeres, no su eliminación; no es posible conocer
el placer si no se conoce el dolor, no se disfruta de un banquete si no se conoce el hambre.
Placeres del alma: el placer del alma es superior al placer del cuerpo: el corporal tiene vigencia
en el momento presente, pero es breve, mientras que los del alma son más duraderos y además
pueden eliminar o atenuar los dolores del cuerpo.
Publicano

Publicano (en latín, publicanus, pl. publicani), en Roma, era nominado genéricamente así quien
obtenía, mediante locatio (arrendamiento), alguna delegación jurisdiccional del estado para
efectuar la recaudación de tributos del tipo vectigalia (es decir, los ingresos regulares). Esta
práctica de gestión del Aerarium incluía los ámbitos del ager publicus, la administración
provincial, afectaba el comercio y por ende toda la economía en la Antigua Roma.
Esta concesión representaba un cargo de alto prestigio y responsabilidad, estos podían,
requerían y comisionaban auxiliares, también a los naturales de la región, dando lugar a una
segunda clase de publicanos, que aunque no eran los titulares del contrato público, formaban
parte lata del concepto.
Otra actividad complementaria de los publicanos era constituir «compañías comerciales» que
operaban en las provincias, con «accionistas» romanos y presididas por un Princeps
publicanorum del ordo equester, las «sedes» estaban en Roma y existía cierto grado de
monopolio y opacidad.
Publicano deriva de la voz «público». Entre los romanos era el arrendador o cobrador de los
derechos públicos: Publicani dienntur qui pública vectigalia habent conducta. Tributo, «reparto
por tribus», del úmbrico trifus «tribu». También se daba el mismo nombre de publicanos a los
que tenían fundos públicos mediante una renta o tributo. En la Antigua Grecia llamaban telones
a los publicanos.
Primeramente se estableció el tributim in capita que se pagaba por cada uno en particular
(capitación). Los tributos eran unos impuestos directos a los hombres libres, por razón de su
habitación o de su arte, y otros por los fundos. Las dos rentas ordinarias del estado eran, los
cánones o «ley fija», y el «repartimiento» o indiction que señalaba el senado.
La oblación u «ofrenda» era voluntario. Los extraordinarios se imponían cuando había urgente
necesidad o razón singular y por esto solían llamarse superindicta o ultra. Después el derecho
romano hacia diferencia entre tributos y vectigalia, que eran legislados por cualquier otro título.
La primera fue la unidad de ganado, llamada pecua o pecunia. Hasta los dos primeros siglos no
se conocía moneda en la antigua roma. No se acuñaron piezas de cobre hasta el reinado de Servio
Tulio, y no se empleó la plata para el mismo uso hasta cinco años antes de la primera guerra
púnica. Finalmente, el oro amonedado tuvo curso en época de Escipion.
Tres términos son usados comúnmente en las fuentes romanas que tratan sobre la pública
contratación: manceps, redemptor y publicanus. El término redemptor se relaciona con el ámbito
de las adjudicaciones de obras públicas, donde se perfila como contratista o intermediario que
adelanta la ejecución de la contrata para recibir a continuación el pago. Debe distinguirse esta
figura de la del publicano, que es quien, de entre los ingresos ordinarios del erario romano
(vectigalia pública populi romani), tomaba en arriendo los que consistían en impuestos, fuera
sobre algunos aprovechamientos de tierras públicas, como el pastoreo, los cultivos o la minería,
o sobre actividades de los particulares, como el comercio
Los Herodianos.

Era un partido político judío adicto a los Herodes. Como los príncipes herodianos dependían de
Roma,
Otros opinan que Aparentemente no eran ni una secta religiosa ni un partido polí-tico, sino un
grupo de judí-os que apoyaban la dinastí-a de los Herodes (en este caso Antipas) y que por lo
mismo tenían muchas relaciones e influencias con los Herodes del gobierno romano.
Aunque la mayoría de los comentaristas aceptan que eran un movimiento político de clase alta
con relaciones y poder.
¿CUAL ERA SU CARACTER Y DOCTRINAS?
a.- En su carácter constituían un partido judío que favorecía a la dinastía herodiana. La opinión
de que constituían un partido religioso conocido en la literatura rabínica como los “boetosianos”,
es decir adherentes de la familia de Boeto, cuya hija Mariamne fue una de las esposas de Herodes
el Grande, y cuyos hijos fueron elevados por él al sumo sacerdocio. Y se unieron con los fariseos
para oponerse a la obra de Cristo, el verdadero Mesías donde estuvieron muy activos en los días
de Jesús.
b.- Acerca de sus doctrinas, nada se sabe con certeza. Se supone que se trataba de un movimiento
político judío quizás con la esperanza del establecimiento del reino davídico. Si esto era así,
resulta sorprendente verles confabulados con los fariseos, cuyas opiniones políticas eran
totalmente distintas.
¿CUAL ERA SU RELACION CON LOS FARISEOS?
a.- Su relación con los Fariseos.- Normalmente los Herodianos y los fariseos eran archienemigos,
pues; Los Herodianos se sometían de buena voluntad al poder romano y sostenían que era justo
pagar tributo a los emperadores, cosa que negaban los fariseos, pero aquí aparecen unidos en el
común propósito de destruir a Jesús. El mal, lo mismo que la justicia, puede unir a la gente.
Astuta e hipócritamente se unieron los fariseos con ellos para hacerle la comprometedora
pregunta a Jesús de si había que rendirle tributo al César, obviamente que los fariseos como
dijimos no estaban de acuerdo en tributar a Roma, pero veamos que dice la escritura: "Entonces
se fueron los fariseos y consultaron cómo sorprenderle en alguna palabra. Y le enviaron los
discípulos de ellos con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amante de la verdad,
y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la
apariencia de los hombres. Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no? Pero
Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Mostradme la
moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario. Entonces les dijo: ¿De quién es esta
imagen, y la inscripción? Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y
a Dios lo que es de Dios. Oyendo esto, se maravillaron, y dejándole, se fueron". Mat 22:15-22
Esto muestra hasta qué punto tanto fariseos como herodianos se unieron para tentar a Jesús y
llegaron a verlo como su enemigo común.
Lo que los fariseos querían oír de los labios de Jesús, era que no había que rendirle tributo al
César, si el Maestro hubiera dicho así, los herodianos lo acusarían de sedicioso, de atentar contra
la seguridad del Estado, y consecuentemente le esperaba la cruz; y si el Maestro decía que había
que rendirle tributo al César entonces ¿Dónde quedaba el valor de la predicación de Jesús acerca
del Reino de Dios? Fue una encrucijada Astuta que hipócritamente se unieron los fariseos con
ellos para hacerle la comprometedora pregunta si había que rendirle tributo al César, obviamente
que los fariseos no estaban de acuerdo en tributar a las águilas de Roma realmente.
Pero la sabiduría hecha carne contestó: ¡Dale al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de
Dios! Se quedaron sorprendidos, vislumbrados, anonadados, ¡les cayó la boca! ¿Qué es darle al
Cesar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios?

JESUS PAGA SUS IMPUESTOS


Pues pagarle los impuestos al Estado, es respetar sus leyes, siempre y cuando no comprometan
estas a quebrantar las leyes de Dios, Jesús mismo pagó los impuestos: la biblia dice: “Cuando
llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban los dos dracmas, y le preguntaron:
¿Paga vuestro Maestro las dos dracmas? Él les dijo: sí. Al entrar en casa, Jesús le habló primero,
y le dijo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quién cobran los tributos e impuestos?
¿De sus hijos o de los extraños? Pedro respondió: De los extraños. Jesús le dijo: entonces los hijos
están exentos. Sin embargo, para no ofenderlos, ve al mar, y echa el anzuelo. El primer pez que
salga, tómalo, y al abrir su boca hallarás una moneda. Tómala, y dásela por mí y por ti” Mateo
17:24 – 27. Esto es; dad al cesar lo que es del cesa y darle a Dios lo que es de Dios, es seguramente
tributarle a Dios nuestro respeto, adoración, obediencia y pagarle también nuestro tributo
material “El Diezmo.
Sin embargo, no fue la primera ni la última vez que pusieron tropiezo a Jesús, Pues ambos
(Herodianos y Fariseos) deseaban la continuación de la religión judía y su asociación sugiere que
aunque no estaban de acuerdo en muchas cosas solo se mantenían unidos para destruir a Jesús.
En las escrituras se los menciona como enemigos de Jesús., una vez en Galilea y luego en
Jerusalén Hacen alianza una vez más los Fariseos y Saduceos. La biblia dice: Mar 3:6 “Y salidos
los fariseos, tomaron consejo con los herodianos contra él para destruirle”
Mar 12:13 “Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos, para que le sorprendiesen
en alguna palabra.”
Lo cierto es que los herodianos y fariseos nunca estuvieron interesados en el reino de Dios que
predicaba Jesús, representaban a grupo de personas ricas para quienes un gobierno estable
significaba prosperidad y seguridad continuadas y que Jesús representaba un peligro para su
estabilidad político, comercial y religiosa.
Esenios

Los esenios (del griego «εσσηνοι», «εσσαιοι» u «οσσαιοι»; essenoi, essaioi, ossaioi) eran un
movimiento y comunidad judía, establecida probablemente desde mediados del siglo II a.C. tras
la Revuelta Macabea, y cuya existencia hasta el siglo I está documentada por distintas fuentes.
Sus antecedentes inmediatos podrían estar en el movimiento hasideo, de la época de la
dominación seléucida (197 a 142 a. C.).
Sobre el origen de la palabra «esenio» se han tejido varias hipótesis: puede provenir del vocablo
griego «ὅσιος» (ossios: ‘santo’, ossa: ‘santos’), o ser una referencia al griego hasidei (‘piadosos’),
en arameo hesé. Escritos árabes se refieren a ellos como magaritas (‘de las cuevas’). Se ha
propuesto que el nombre proviene del hebreo asaim (‫)עשים‬, esto es "hacedores", ya que ellos
decían "Si la Toráh lo dice, lo hacemos", del verbo hacer=laasot (‫)לעשות‬, y del plural en
masculino=im (‫)ים‬, griego era «εσσηνοι» (essenoi), «εσσαιοι» (essaioi) u «οσσαιοι» (ossaioi).
Se sostiene también que el nombre proviene de la palabra siriaca "Asaya", médicos; en griego,
terapeutas; porque su único ministerio, para el público, era el de curar las enfermedades físicas
y morales. "Estudiaban con gran cuidado, dice Josefo, ciertos escritos de medicina que trataban
de las virtudes ocultas de las plantas y de los minerales" (Referencia: Edouard Schuré. Los grandes
iniciados. pág. 318).
Durante mucho tiempo fueron conocidos solo por las referencias de autores antiguos, tales como
Plinio el Viejo, Flavio Josefo, Filón, Dión Crisóstomo, Hipólito de Ostia y Epifanio de Constancia,
aunque para algunos estudiosos, los esenios eran un grupo de ascetas que vivían aislados en
comunidades separadas. Probablemente la mayoría de los varios miles de miembros del credo
vivían en pueblos y ciudades y una importante comunidad esenia vivía en Jerusalén, en cuyas
murallas se encontraba la «puerta de los esenios», que ha sido encontrada ya por los
arqueólogos.
Tras la Revuelta Macabea (166-159 a. C.), que habían apoyado pero cuyos resultados finales no
compartieron, se retiraron al desierto para «preparar el camino del Señor», bajo el mando de un
nuevo líder, el Maestro de Justicia.

Si alguien deseaba ser miembro de la comunidad (yahad) debía ser instruido, aceptado y luego
pasar dos años de prueba para ingresar definitivamente. A los que hacían el juramento y
entraban en la comunidad se les exigía una vida entera de estudio de la Ley, humildad y disciplina.
No volvían a jurar, pues estaban obligados a decir siempre la verdad. Sus bienes pasaban a ser
parte de toda la comunidad y, al igual que los frutos del trabajo personal, se distribuían según las
necesidades de cada uno, dejando una parte para auxiliar a pobres, viudas, huérfanos, mujeres
solteras de edad, desempleados, forasteros y esclavos fugitivos que, sin ser integrantes de la
comunidad, requirieran ayuda. Se imponía también la observancia de un estricto código de
disciplina, cuya base era la corrección fraterna mutua. Por lo general, las mujeres no eran
aceptadas dentro de la comunidad, y los hombres practicaban el celibato toda su vida, aunque
según Josefo, una parte de los esenios sí permitían el matrimonio y entre las normas de Qumrán
se reconoce claramente la opción de casarse, pero se exige monogamia estricta para todas las
personas, incluso los reyes.
Administraban la interpretación última de la Ley que había sido revelada a su fundador, a quien
se hace referencia en sus escritos como el Maestro de Justicia.
Este personaje, del que se especula más gracias a los manuscritos del Mar Muerto, actuó hacia
el 150 a. C. y se habría opuesto al ordenamiento como Sumo Sacerdote de Jonatán Macabeo,
hermano de Judas Macabeo, al considerar que había abandonado la fidelidad a Dios.
Es probable que este rechazo se debiera a que el líder opositor haya sido un sacerdote sadoquita,
quien consideraba ilegítimo al pontificado asmoneo. Sus seguidores marcharon a Qumrán, sitio
que los integrantes de la comunidad llamaron Damasco. La arqueología muestra que la ocupación
de Qumrán fue intensa del 103 al 76 a. C., durante los reinados de Aristóbulo I y Alejandro Janeo,
quienes persiguieron cruelmente a sus opositores.
Zelote

Los zelotes o zelotas fueron un movimiento político-nacionalista en el siglo I fundado por Judas
el Galileo en el s. I d.C. Fueron la facción más violenta del judaísmo de su época, cuando se
enfrentaron frecuentemente a otras facciones como los fariseos o saduceos, a quienes acusaban
de tener «celo por el dinero». El vocablo zelota ha pasado a ser sinónimo en varios idiomas de
intransigencia o radicalismo militante.
Algunos historiadores los consideran como uno de los primeros grupos terroristas de la historia
puesto que utilizaban el homicidio de civiles que a su entender colaboraban con el gobierno
romano, para disuadir a otros de hacer lo mismo. Dentro del movimiento zelota, una facción
radicalizada conocida como los sicarios, se distinguió por su particular virulencia y sectarismo.
Su objetivo era una Judea independiente del Imperio romano mediante la lucha armada tal y
como sucedió en la primera guerra judeo-romana del 66-73 durante la cual controlaron Jerusalén
hasta que la ciudad fue tomada por los romanos, que destruyeron el Templo, y tres años más
tarde ocuparon la fortaleza de Masada, el último refugio zelote, tras el suicidio de sus defensores.
El término "zelota", en hebreo kanai (‫קנאי‬, frecuentemente usado en su forma plural, ‫קנאים‬
kana'im), significa alguien que cela por Yahvé. El término deriva del griego ζηλωτής (zelotes),
"emulador, celoso, admirador o seguidor.
Judas el Galileo es mencionado como uno de sus líderes más relevantes y recordado por sus
acciones en la época del primer censo en Judea, tal como figura en los Hechos de los Apóstoles.
En el Nuevo Testamento es conocido el capítulo en la que la libertad de Barrabás, quien podría
ser un líder zelote preso, es preferida por una muchedumbre a la de Jesús de Nazaret,
atestiguando la popularidad de dicho movimiento en su época.
Uno de los discípulos de Jesús, escogido por él como apóstol, provenía posiblemente de este
movimiento, pues es designado inequívocamente como Juan Simón el Zelote en el Evangelio de
San Lucas.9 Esta traducción que hace Lucas, ζηλωτην zelotei, contrasta con la trascripción griega
καναναιον, kananaion, de Marcos y καναναιος kananaios, de Mateo, que obviamente se refieren
al hebreo qanaim o al arameo kanán. Se ha especulado en cambio sin ninguna prueba, con que
Judas Iscariote era "Judas el sicario". Sin embargo, en el Testamento en Galilea de Nuestro Señor
Jesucristo, evangelio apócrifo etíope, se menciona a Judas como zelota (capítulo II, versículo 12)
y se le reconoce como hijo de Simón el cananeo o el Canaíta. El nombre de Iscariote sería nada
más un apelativo derivado de ish-kraioth (hombre de la sica, el temible puñal curvo de los
sicarios).