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La Cueva de Cristal El calor del verano se ve algo apaciguado por un leve brisa que mece el alto pasto en mi alrededor

. El aire está impregnado del olor a hierbas y flores. Me encuentro en medio de una amplia pradera de montaña, totalmente rodeada por bosques de pinos altos y sombríos, que se mecen lentamente y con un aire de dignidad. En la lejanía, detrás de las copas de los árboles, se ven las altas cumbres de una lejanas montañas. Rige un absoluto silencio, solo interrumpido por el zumbido de algunos insectos de la brisa que atraviesa el pasto, formando olas cual si fuera el mar. Me enderezoy siento el calor del sol en mi espalda. Empiezo a recorrer lentamente el sendero de piedrecitas de cal, color marfil, que atraviesa el pasto subiendo la leve pendiente hacia la muralla de los altos pinos que bordean la pradera. Siento el crujir del camino bajo mis sandalias. Delante de mío, una mariposa revolotea y se posa de vez en cuando en las flores color lila y amarillo que crecen esparcidas por el pasto. Me voy acercando más a los majestuosos pinos que proyectan su fresca sombra sobre la pradera. Ahora, más cerca, escucho el chirrido de sus ramas que entrechocan en lo alto cuando el viento mueve a estos antiguos árboles. Los pinos parecen guardianes que a través del tiempo, implacablemente, han ido velando por la paz de este lugar. Alcanzo las sombra de los árboles y repentinamente siento el frescor que expelan. El aire huele ahora a sabia de pino y el camino está cubierto por las hojas de pino disecadas, formado una deliciosa alfombra, suave y crujiente. Adentrándome al bosque, el camino va ondulando alrededor de los enormes troncos, en cuyas laderas crece musgo. La luz del sol entra en forma de rayos aislados y forma pequeñas islas de luz donde el bosque es menos denso. En las partes menos densas crecen grandes helechos, que, a la luz del sol, se ven de color casi dorado. El camino va ahora subiendo la ladera de un cerro. A medida que avanza el camino, aparecen rocas, muchas cubiertas por musgos, y la subida se hace cada vez más empinada. El bosque es ahora menos denso y el sol ha desaparecido por un momento detrás de la empinada subida. Sigo subiendo en esta sombra, teniendo que ayudarme a veces con las manos para subir una de las grandes rocas que se interponen en el sendero. Las rocas aquí son de color gris y su superficie está sembrada con incisiones de pequeñas piedrecitas redondas. Al tocar, su superficie es fría y lisa, blanda en las partes donde van cubiertas de musgo. Levanto la vista y veo a pocos metros la boca negra de una cueva en la ladera del cerro. Me acerco hacia la entrada de la cueva y finalmente me encuentro parado en su mismo umbral. Aquí, el piso está cubierto por una fina arena que parece muy suave. Se me ocurre quitarme las sandalias. El piso se siente frío bajo mis pies, y muy suave. Me estoy apoyando en una de las paredes de la cueva. Es una pared lisa, pero me sorprende que al tacto no es muy fría. Mirando hacia dentro de la cueva no se ve mucho, solo se puede ver el piso de arena clara que aparentemente va en bajada. La cueva tiene la altura de un hombre alto y un poco más, así que no hay problema intentar de entrar un poco. Me quito definitivamente las sandalias y voy avanzando con mucha cautela, apoyándome contra una pared. Siento la arena fina bajo mis pies, a veces choco contra una piedra en el camino. El camino va bajando ahora bastante empinado. No veo absolutamente nada y me quedo parado por un momento, esperando a que mis ojos se acostumbren a la oscuridad. Levanto mi mano izquierda para proteger mi cabeza, pero parece que la cueva sigue muy alta, porque aún estirando mi mano hasta arriba, no puedo sentir ahora el techo de la cueva. Sigo

Siento como transcurre desde mi coronilla toda mi cabeza. Escucho un suave goteo desde una de las paredes de la cueva que guía hacia la entrada en la superficie de la tierra. Después de minutos veo bien arriba las leves sombras de las paredes contra el primer resplandor de la luz a la .avanzando a tientas. pero siempre apoyado en la pared derecha. Más adelante veo la silueta de una pared de la cueva y realizo que la cueva aquí está dando una curva. a veces hasta transparente: Estoy llegando a una cueva de cuarzo. Aprecio un espectáculo increíble: Delante de mí se ve como la cueva baja unos 5 metros más y se abre a un espacio redondo. Cierro los ojos y siento como la luz blanca del sol entra por mi coronilla y me atraviesa lentamente. Parece que detrás de esta curva hay más luz. y bajo la vista. siento como esta luz blanca invade mi pecho y mi respiración se hace más tranquila y más leve. ya casi a tientas. Avanzo y de a poco siento que puedo ver sombras. Con sumo cuidado sigo el recorrido del corredor que ahora me sorprende por lo empinado que es. entonces se puede ver donde la cueva está dando un giro hacia la derecha. Llego a la curva. Levanto la vista para ver de donde proviene la luz. avanzo cuesta arriba. Lentamente empiezo a volver hacia la entrada que guía hacia arriba. La impresión de luminosidad se ve reforzada por el hecho de que todas las paredes de la catedral están cubiertas de una piedra blanca. Miro hacia abajo y puedo apreciar un resplandor de la arena que cubre el piso. y apoyado contra la pared del lado izquierdo. me veo cegado por un rayo de sol que entra directamente por una abertura en lo alto del techo. a la parte inferior de mi columna. con líneas cortantes. pero debe ser importante. El sol ha migrado y la luz ha dejado de entrar directamente por el orificio en el techo de la catedral. que. La catedral está ténuamente iluminada desde una fuente de luz que aún no se puede ver pero que aparentemente está en lo alto del techo de esta caverna natural. En la absoluta oscuridad. Cuando abro los ojos me doy cuenta que la luz se ha tornado más tenue y que el círculo luminoso en el piso casi ya no se destaca. llegando a mis caderas. y finalmente recorre mis piernas hasta salir por los dedos de mis pies alimentando la fina arena del círculo de luz en esta catedral subterránea de cuarzo natural. El camino baja ahora de forma muy empinada. mi columna vertebral. Siento profunda paz y gratitud por este regalo. con partes absolutamente lisas y con otras partes donde surgen formas geométricas. Alcanzo la apertura de la cueva y siento otra vez la lisa superficie del cuarzo bajo las yemas de mis dedos. Ahora mi abdomen se ve invadido por esta luz tranquilizadora. Me quedo muy quieto en el circulo de la luz. Ahora estoy llegando al fondo de la catedral. y cuya altura no se ve. Cierro los ojos y empiezo a sentir como este rayo de luz que me atraviesa y que alimenta a esta cueva me hace fundirme con la tierra. mirando hacia lo alto de la cueva. nos une y me deja participar de la energía milenarios de ella. Siento como mi cuero cabelludo se relaja y se siente invadido por un fino calor blanco que se va extendiendo hacia mi nuca y empieza a recorrer lentamente mis hombros. sintiendo bajo mis pies el frescor de la fina arena. Avanzo ahora con más seguridad. mis brazos. Habré permanecido así un buen tiempo en las profundidades de la tierra. cuyo diámetro alcanza fácilmente unos 15 metros. Siento como vuelvo a tomar conciencia de mi entorno. comparable a una pequeña catedral. pero es recién cuando entro al círculo de luz en el medio del piso de la cueva. Al tacto de mi mano con la pared de la cueva siento que ahora la piedra parece mucho más dura. y en medio del piso de la gran cueva se ve un circulo de luz en la fina arena del piso.

Vuelvo a sentir ahora el frescor del bosque como cálido después de mi permanencia en la cueva de cristal. Encuentro mis sandalias donde las había dejado. adornado por una corona de follaje verde que sobresale del borde de la entrada. Ya estoy saliendo de la sombra fresca del bosque y casi me ciega el resplandor del sol sobre los altos pastos verdes y color plata que se mecen en la leve brisa de verano. pero me parece ahora que fue hace mucho tiempo. saltando de repente las rocas en el camino.superficie. Me las calzo mientras mis ojos se van de a poco acostumbrando a la luz que atraviesa el bosque en lo alto de la colina. Veo las mariposas que van revoloteando de flor en flor y siento sobre mi espalda el calor del sol. Voy bajando con cuidado la empinada pendiente. Pronto alcanzo el arco iluminado de la entrada. Vuelve a mi nariz el rico olor a sabia de pino y a hierbas aromáticas. de donde emprendí mi viaje hacia las profundidades de la tierra y hacia el poder de la energía que lo une a Todo. poco tiempo atrás. El camino se hace menos y menos empinado y pronto veo a través de los árboles el resplandor de la pradera desde donde partí. Vuelvo al medio de la pradera. *** .

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