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EL ENIGMA BATTIATO

David Bizarro

Las palabras son importantes porque sirven para construir nuestra realidad;
no solo la articulan o la describen, qué va. Eso sería quedarse en la superficie
de la gramática. Por eso me parece de necios que un escritor acuse a su
prójimo de echar a patadas de la cultura a la gente que no lee, por el mero
hecho de citar a Harold Bloom en un artículo o teorizar sobre las sencillas
pasiones con lenguaje rebuscado, concluyendo que “vosotros impedís que se
arrimen adornando de caspa las bibliotecas”. El problema de fondo, creo yo,
es que en este país solemos confundir al intelectual con el arrogante y la vida y
obra de Franco Battiato resultan paradigmáticas al respecto.

A sus 70 años recién cumplidos se le reconoce sobre todo por su prolífica


carrera musical, obviando su filmografía como cineasta y su extenso
curriculum como artista plástico. Por si fuera poco, ha escrito ensayos sobre
las materias más diversas y dirigido su propia editorial, L’Ottava, especializada
en espiritualidad y esoterismo, durante más de una década. Battiato es también
el compositor de óperas que prefiere la ensalada a Betthoven y Sinatra1, un
amante de las contradicciones que concibe el pop como la música clásica de
nuestros días (y viceversa). El iconoclasta que comete la osadía de declararse
animalista, además de vegetariano estricto, por prescripción del mismísimo
Plutarco2 pues, no en vano, Frederick Nietzsche también lo era y se carteaba a
menudo con Wagner3. Así es Battiato: el cantautor culto de vida
contemplativa; un místico, un poeta. A grandes rasgos, lo que viene siendo un
pedante elevado a la enésima potencia, como Luis Eduardo Aute4.

Por eso, semanas antes de escribir este artículo, comentaba con unos
amigos la recepción en España de la obra de Battiato. Es cierto que su
prestigio está más que consolidado y que los auditorios se siguen abarrotando;
pero en determinados círculos se le sigue tratando con cierta condescendencia,
por la misma razón que son pocos quienes todavía se toman en serio a Björk

1
“Bandera blanca”, La voce del padrone (EMI, 1981).
2
Su canción “Primer Origen”, incluida en Hierro Forjado (Sony, 2001), alude al sofista y su
tratado Sobre el consumo de carne: «Cómo puede la vista soportar/ la matanza de seres que
penden/ degollados y hechos trizas/ No repugna al gusto beber humores y sangre (…) ¿no
es monstruoso poder desear alimentarse/ de otro ser que aún emite sonidos?/ Sobreviven
los ritos de la sarcofagia y el canibalismo».
3
“Tramonto Occidentale” de Orizzonti Perduti (EMI; 1983).
4
Quien, por cierto, tiene al menos un disco reivindicable, Ritos (Ariola, 1973).
o Robert Smith5. El efecto colateral de las parodias de Martes y Trece supuso
el canto del cisne de Gabinete Caligari, mientras que el recuerdo de Franco
Napiato nos ha acompañado durante décadas. Como peaje de la cuestión
generacional, la adaptación al castellano de las letras de su último disco hasta
la fecha, Ábrete Sesamo (EMI, 2013), corrió a cargo de Manu Ferrón y Jota, en
pago a su meritoria traducción de “Personalidad empírica”6 con Grupo de
Expertos Solynieve. La responsabilidad había recaído previamente en El
Último de la Fila 7 y la tarea se antojaba ardua. Uno tiene que hilar muy fino
para mantenerse fiel al espíritu de los textos del Manlio Sgalambro, Il cavalliere
dell’inteletto. El filósofo siciliano fue el letrista oficial de Battiato, desde
mediados de los noventa hasta su muerte el año pasado, en virtud de esa
oratoria mundana con la que desnudaba la realidad de metáforas metafísicas.
Juntos firmaron un repertorio que debería ser materia de examen, como E.M.
Cioran, San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús.

Las palabras son importantes, decía, cuando dotan de multiplicidad de


lecturas a una canción, permitiendo que en una misma estrofa convivan en
armonía el vuelo poético, la crítica social, la nostalgia sentimental y el arrebato
místico. El tono devocional de “Yo te vengo a buscar”, por ejemplo, resulta
intencionadamente ambiguo: «Y te vengo a buscar/ aunque sólo para verte o
hablar/ porque requiero tu presencia/ para entender mejor mi esencia». ¿A
quién va dirigida semejante declaración de compromiso, al ser amado, a un
gurú o tal vez a Dios? A medida que avanzamos en la canción, lo que a simple
vista parecía un alegato terrenal se convierte en algo mucho más elevado:
«Este sentimiento popular/ nace de mecánicas divinas/ como un arranque
místico y sensual/ me encadena a ti». Volvemos entonces a la primera persona
del singular con un propósito de enmienda que adquiere connotaciones
ascéticas: «Debería cambiar el objeto de mis deseos/ sin conformarme con las
alegrías cotidianas/ hacer como un ermitaño que renuncia a sí». Los siguientes
versos redundan en la imperiosa necesidad de mandar a paseo a una sociedad
aquejada de corruptelas: «Este siglo ya se está acabando/ saturado de parásitos
sin dignidad», una luz que agoniza en el umbral del milenarismo europeo.

Hablemos entonces de política. En una memorable secuencia de Vaselina


Roja (1989), el actor y cineasta Nanni Moretti se servía de la canción de
Battiato para articular una ingeniosa parábola diegética sobre la crisis de la

5
A raíz de sus apariciones en La Hora Chanante (2004) y Muchachada Nui (2008).
6
En su single Se ve que hay claridad (El Ejército Rojo, 2006).
7
Pobre patria (EMI, 2011).
izquierda italiana en el contexto simbólico de un partido de waterpolo. (La
elección de la canción) La amnesia del protagonista representa la pérdida de
identidad de un Partido Comunista que se debate en un tira y afloja por el
centro del campo con la Democracia Cristiana, pero se siente desamparado al
amagar el lanzamiento decisivo del partido. O mejor aún, como el cantante
que tararea la melodía pero ha olvidado la letra. Es entonces cuando, en el
transcurso de un debate electoral televisado, el personaje interpretado por el
propio Moretti hace un llamamiento a “este sentimiento popular” y se arranca
a desafinar desgarradoramente: “Y te vengo a buscar, con la excusa de tenerte
que hablar/ porque me gusta lo que piensas y dices/ porque en ti veo mis
raíces”. En su boca, los versos apelan a la conciencia histórica del partido y
transmiten un clima de insatisfacción, dolorosamente reconocible, ante un
presente que clama por un cambio; que busca un lenguaje nuevo para una vida
nueva.8 En la película la canción suscita la solidaridad de los asistentes al
partido de waterpolo, que corean los versos de Batiatto como unos tifosi
evangelizados. Apliquemos, pues, el discurso del teólogo democristiano que
sale en la película y aceptemos que existen cuatro tipos de silencio: el literal, el
alegórico, el moral y el divino. ¿En qué punto nos encontramos?

El mismo año del estreno de la película, Battiato ofreció un multitudinario


concierto en el Vaticano en presencia del papa Juan Pablo II. Una de las
consignas de los cardenales era que no dejase espacio entre canción y canción
para evitar los aplausos de las diez mil almas allí congregadas y desviar la
atención de la verdadera estrella de la velada. En el momento crucial («buscar
el uno por encima del bien y del mal/ ser una imagen divina de esta realidad»)
a Battiato se le hizo un nudo en la garganta, perdió la voz y fue incapaz de
terminar la canción. Años más tarde reconocería que no se debió a la emoción
de cantar para el Pontífice, sino al hecho de que la audiencia tomara
consciencia, al igual que él mismo, de la abrumadora conjunción de elementos
significativos: del efecto del enclave y la circunstancia sobre la carga emocional
y espiritual de la canción. Resulta tentador interpretar ese instante de éxtasis
autoinducido como un síntoma premonitorio de lo que le depararía el futuro:
«Me empuja sólo a ser mejor, con más voluntad/ Emanciparme del sueño de
las pasiones».

8
Al término de un mitin de la coalición de centro-izquierda L’Ulivo, Moretti se subió de
improviso a la tribuna de oradores y tachó a sus dirigentes de incompetentes: «Con estos
líderes nunca ganaremos las elecciones. No saben hablar al corazón, a la cabeza, al alma de
la gente». (El País, 19/02/2002). O como cantaba Battiato en su elepé Nómadas (EMI,
1987): «no sirven excitantes ni ideologías/ se quiere otra vida».
Y llegamos por fin al preámbulo final de este leitmotiv disfrazado de
estribillo, ante el que su voz se apaga y escuchamos a un coro cantando en
alemán: “Si estás conmigo, entonces iré feliz a mi muerte y a mi descanso”. Se
trata de un fragmento del “Bist Du Bei Mir (Si estás conmigo)”9, un aria del
compositor alemán Gottfried Heinrich Stölzel que fue atribuida erróneamente
a Johann Sebastian Bach, debido a su inclusión en 1725 en su Cuaderno para
Anna Magdalena Bach. Formaba parte de una ópera estrenada en Baviera siete
años antes, Diómedes o la inocencia triunfante, cuya partitura original se dio por
perdida durante la II Guerra Mundial y fue milagrosamente recuperada en el
Conservatorio de Kiev en 2000. Y de Bach, a Escher y al teorema de Gödel10:
¿hasta qué punto puede un sistema comprenderse a sí mismo, ya sea el lenguaje o
un programa de ordenador? Son como dos espejos enfrentados, cara a cara,
que se devuelven sus respectivos reflejos hasta el infinito. Mundos dentro de
otros mundos que caben en una sola canción.

Durante su periodo de formación entre los años setenta y ochenta, Battiato


cruzó el rubicón artístico y concilió la vanguardia con la música pop y, aunque
su desapego hacia las convenciones musicales de la época fue asumido como
un gesto de prepotencia, eso no le impidió alcanzar los puestos más altos de
las listas de ventas. Pero a partir de Fisionomía, algo cambió; abandonó la ironía
posmoderna y aspiró a lo absoluto, poniendo en peligro su estatus como
abanderado de una élite intelectual que sonreía displicente ante sus
ocurrencias excéntricas y votaban a Andreotti. Su música nunca fue ni tan
inofensiva ni tan militante11 y, tras caerse de la burra como San Pablo o como
Bob Dylan de su motocicleta, aquella experiencia supuso el definitivo punto
de inflexión, que le permitió desprenderse de los prejuicios de clase y
alimentarse de un flujo constante de ideas impredecibles, reafirmándole en su
condición de bendita rareza. Ni Leonard Cohen se arriesgó nunca a tanto.

9
Versionada en Hierro forjado (EMI, 2001).
10
Hofstadter, Douglas R., Un eterno y gracil bucle (Tusquets, 1987).
11
En marzo de 2013, el presidente de la región de Sicilia, Rosario Crocetta, cesó a Battiato
de su cargo de consejero de Turismo por haber afirmado en el Parlamento europeo que los
parlamentarios de su país son «putas capaces de cualquier cosa». En palabras de Manu
Ferrón, «si Battiato es sexista, Italia se merece a Berlusconi». Precisamente a él iba dirigida
la mordaz “Inneres Auge” incluida en el álbum homónimo (Mercury, 2009).
OTROS LÍMITES

Háblame de la existencia de mundos lejanísimos,


de culturas sepultas, de continentes perdidos
Vigilantes del cielo, prestos a dirigir
telescopios gigantes, para invadir las estrellas.
Se busca por instinto, las pistas de cometas,
como vanguardias de un nuevo sistema solar.
No Time No Space, (1985)

Decía J.G. Ballard12 que era el espacio interior, y no el exterior, el que


necesita ser explorado. Por eso, cuando el periodista Joseph Gelmis interrogó
a Stanley Kubrick13 sobre el verdadero significado de los quince minutos
finales de 2001, una odisea del espacio (1968), obtuvo la respuesta a regañadientes
de un cineasta que aspiraba a que fueran las imágenes quienes hablasen por sí
mismas: «El astronauta llega por fin a Júpiter y es propulsado a través de un
portal dimensional que lo precipita a un viaje hacia el espacio interior y
exterior (…) su vida pasa de la edad adulta a la senectud y a la muerte. Renace
como un ser aumentado, un Niño de las Estrellas, un ángel, un superhombre
si quieres, y regresa preparado para el siguiente salto hacia adelante en el
destino evolutivo del hombre». Desde este punto de vista, el embrión humano
que ilustra la cubierta de Fetus (1971), sugiere el alumbramiento de una nueva
consciencia artística (y espiritual) en el tránsito de Battiato hacia la vanguardia:
«Mis células cambiarán/ y mi cuerpo tendrá una nueva vida (…) Viajaré más
rápido que la luz/ alrededor del sol/ como una máquina para viajar atrás en el
tiempo (…) Como una célula, viviré».

El joven Battiato había abandonado su Catania natal con apenas veinte


años para instalarse en Milán y hacer fortuna con la canción melódica, pero su
carácter insular e introspectivo no le permitía congeniar con la vorágine
capitalina. Entre 1965 y 1969 publicó un puñado de singles de temática
sentimental y discreta repercusión a los que se sumó su frustrante paso por el
Festival de San Remo y el concurso Un disco per l’estate de la RAI14. Ante
semejante bagaje, no es de extrañar que la idea del fracaso amenazase con

12
Ballard, JG, “Time, Memory and Inner Space”, Re/Search 8/9 (1984).
13
Gelmis, Joseph, The Film Director as Superstar (Doubleday, 1970)
14
Tampoco le iría mejor en el Festival de Eurovisión de 1984. A pesar de competir con El
tren de Tozeur, una de sus mejores creaciones., tuvo que conformarse con la quinta posición
teñir para siempre de negro las gruesas lentes con las que atenuaba su miopía
existencialista, ni que sus lecturas de Schopenhauer, Proust y Nietzsche le
sumieran en una profunda crisis personal que a punto estuvo de costarle un
disgusto. Se inmiscuyó en la espiritualidad oriental de Paramahansa
Yogananda y Sri Aurobindo y comenzó a practicar la meditación, al mismo
tiempo que entró en contacto con la escena psicodélica de la mano de su
amigo Juri Camisasca 15.

Su fichaje por Bla Bla, el mítico sello de Pino Massara, le permitió entrever
los excitantes horizontes expresivos que se abrían para la música italiana,
gracias a la fusión del jazz y la música africana de Aktuala o el rock progresivo
de Osage Tribe y Capsicum Red. A consecuencia del cambio de paradigma,
Battiato decidió abandonar sus aspiraciones comerciales en pos de una
abstracción que le situó al margen de la música de consumo, para admiración
de auténticos outsiders como Frank Zappa y Julian Cope. Pero vayamos un
paso más lejos y retomemos el hilo a partir de los siguientes versos: «Yo aún
no había nacido/ y ya sentía que mi corazón/ que mi vida/ nacía sin amor/
Me arrastré lentamente/ por el interior del cuerpo humano/ a través de las
venas/ hacia mi destino». En el relato creado por Arthur C. Clarke y Kubrick,
el sentido de la historia de la humanidad, el de su evolución, su moral y su
destino era presentado como una realidad trascendente, anterior y posterior al
hombre, ajena y más grande que él e inasible a su conocimiento. Al recurrir a
la pompa y circunstancia del Así habló Zarathustra (1896) de Richard Strauss, la
película se apropió del trasfondo nietzschiano del poema sinfónico,
permitiendo que conceptos como el eterno retorno, la reencarnación, la
muerte de Dios o la propia materia oscura que conforma el universo
confluyeran sobre el dichoso monolito.

Así mismo, la irrupción de La Convenzione (1972) en el panorama del acid


rock de la época equivaldría al avistamiento del asteroide de Cita con Rama, la
novela que Clarke publicó ese mismo año. El pretexto de una colonización
espacial, cuya autoría podría haber reclamado Isaac Asimov16, se justifica
como un peregrinaje en busca de «un cerebro desconocido/ que interpreta el
lenguaje recibido» por las sondas espaciales. Parafraseando a Javier Gomá en

15
Estrecho colaborador de Battiato durante los años setenta y autor de un álbum excelente,
La finestra dentro (Bla Bla, 1974). Monje benedictino durante la primera mitad de la década
de los ochenta, abandonó definitivamente la orden para retomar su relación artística a partir
de la publicación de la ópera Genesi (BMG, 1987). Suya es la letra de “Nómadas” (1985) con
la que cierro este artículo.
16
Véase su Trilogía de la Fundación (1951-1953)
su ensayo Necesario pero imposible (Taurus, 2013), cuando el hombre desplazó a
Dios del centro del mundo (y con él, al pensamiento mágico), el ser humano
dejó de ser objeto y se convirtió en sujeto de la Historia y de la Cultura. Desde
entonces, la Era del Cosmos se disputa la hegemonía con la Era del Hombre:
en la primera, lo sustantivo es una realidad ajena e insondable que trasciende
al ser humano; en la segunda, el hombre es la medida de todas las cosas. Ante
semejante cambalache cosmogónico, la película se decantó por una Tercera
Vía, más acorde con el sincretismo religioso tan en boga en los años sesenta,
que mezclaba los mitos cristianos con las influencias orientalizantes. Y aquí
radica la clave del asunto: la religión como objeto y no como sujeto. Dios
como creación necesaria del hombre –necesaria pero imposible– y no al revés.
¿Serán los biólogos los únicos que han conseguido explicar a Dios 17? El
misticismo llama a la puerta otra vez.

Escuchar su siguiente disco, Pollution (1973), es lo más parecido a acercar el


oído al hueco de una caracola. Los ecos de ese océano del que todos
provenimos adquieren un relieve fantasmagórico similar al fósil de un
trilobite. Cuando Battiato canta: «Dentro de mí viven su vida/ los mismos
microorganismos que no saben/ que pertenecen a mi cuerpo/ ¿Y yo a qué
órgano pertenezco?», no solo se cuestiona el insignificante lugar que
ocupamos en el cosmos, sino que asume el pavor que nos produce
responsabilizarnos de nuestro libre albedrío. Pero, ¿y si el filósofo alemán
Julius Bahnsen18 tenía razón al afirmar que «el hombre es una Nada consciente
de sí»? Esa consciencia inútil que Thomas Ligotti19 describe como «la madre
de todos los horrores» y nos hace creer que estar vivos no es un error, que
algo tiene sentido. Tal vez entonces este disco deje de ser un canto de
esperanza y se convierta en lo que secretamente es: un réquiem por la raza
humana. Nosotros somos el virus, la contaminación a la que alude el título del
disco: una célula cancerosa con afán de protagonismo.

En su siguiente salto sin red, Sulle Corde di Aries (1973), Battiato volvió la
vista hacia el firmamento en busca de respuestas. Cuatro suites
electroacústicas, compuestas al amparo de su carta astral, que remiten al
minimalismo de Terry Riley y cuyo desafecto interpretativo, de una

17
Diamond, Jared, El mundo hasta ayer (Debate, 2013)
18
Bhansen, Julius, Lo trágico como ley del mundo y el humor como forma estética de lo metafísico
(Universitat de València, 2015)
19
Ligotti, Thomas, La conspiración contra la especie humana (Valdemar, 2015)
solemnidad casi matemática, rondaba las puertas de Karlheinz Stockhausen 20.
¿Se pueden aplicar a la Música de las Esferas los revolucionarios avances en
materia de física cuántica? La nueva música Battiato no se conformaba con
imitar los sonidos de la Naturaleza, sino que pretendía usurparle sus secretos y
convertirse en pura Ciencia. Por exigencia de su modus operandi, Battiato
dedicaría interminables horas de estudio a cubrir algunas de sus lagunas
culturales, despertándose en él un apetito voraz por la ensayística
centroeuropea y el psicoanálisis lacaniano. El descubrimiento de Fragmentos de
una enseñanza desconocida de P.D. Ouspensky le puso tras la pista de la Escuela
del Cuarto Camino, así como de su maestro, G.I. Gurdjieff, a quién el autor
atribuía un sistema totalmente nuevo de pensamiento que transgrede los
límites de la psicología y amplificaba el alcance de las ideas esotéricas.

EL NUEVO EJE GRAVITATORIO TERRESTRE

Y mi maestro me enseñó
qué difícil es descubrir el alba
dentro de las sombras.
Perspectiva Nievsky, (1987)

Un bigote frondoso, el cráneo rasurado y la mirada centelleante bajo el ala


ancha de su sombrero. En lo relativo a Gurdjieff, el hombre cede el paso al
mito y, dependiendo de las fuentes que se consulten, el lector verá en él a un
místico genuino o un charlatán consumado. Su magnetismo personal rozaba
lo mesmérico y consiguió avivar la imaginación de los bohemios de principios
del siglo XX, protagonizando una ristra interminable de anécdotas apócrifas,
en su mayoría imposibles de corroborar. Él mismo se encargaría de alimentar
su propia leyenda con la publicación de Encuentros con hombres notables21, un
apasionante híbrido a caballo entre el relato autobiográfico, la novela de
aventuras y el folclore tradicional. Lo indudable es que nos encontramos ante
un hombre extraordinario, que aseguraba haber servido a las sociedades

20
Años más tarde, Battiato recibía el Premio Stockhausen por L'Egitto prima delle sabbie (Bla
Bla, 1977) manteniendo su amistad con el tótem de la música contemporánea hasta su
muerte en 2007.
21
En “Perspectiva Nevski” propone otra serie de encuentros con contemporáneos ilustres
como Nijinski, Stravinski y Eisenstein. Queda la duda sobre quién es el que nos habla:
Ousepensky o Battiato.
secretas de Armenia en su lucha contra el opresor otomano y atesoraba la
sabiduría milenaria de los pueblos asiáticos. Un personaje fascinante, en la
realidad y en la ficción, al que Ouspensky conoció en Moscú en 1915, cuando
fundó su Instituto para el Desarrollo Armónico del Hombre y donde se casó
con la condesa Ostrowska, es decir, con la prima de la última emperatriz de
Rusia, Alexandra Romanov.

Cuentan que al estallar la Revolución, Gurdjieff encabezó una supuesta


expedición en busca de dólmenes, con el único fin de obtener los
salvoconductos necesarios para viajar con sus discípulos a de Georgia, bajo la
protección del ejercito zarista. Sus andanzas posteriores le llevarían a expandir
su doctrina por media Europa, al verse obligado a buscar asilo político en
Constantinopla, Dresde o París. Y de allí hacia Chicago, al encuentro con
Frank Lloyd Wright, a quien conoció a principios de los años treinta por
mediación de la esposa del arquitecto. El interés mutuo por organizar la
geometría de sus respectivos mundos y esquematizar la existencia se tradujo
en una dicotomía perfecta del siglo XX: la racionalidad y la espiritualidad, los
Estados Unidos y la Rusia que mira hacia Oriente. Obsesionado por despertar
de su mecanicidad a las personas, Gurdjieff se comportaba de manera chocante,
y a menudo inadmisible, para los cánones sociales de la época, convencido de
que el hombre contemporáneo vive en un estado de ensoñación perpetua,
actuando como máquinas que se rigen por unos engranajes que ellas mismas
ignoran. Y todo esto cuatro décadas antes de que Aldous Huxley publicase
Las puertas de la percepción (1954) y adelantándose más de siete a la conferencia
de Phillip K. Dick en el Congreso de Ciencia Ficción de Metz en 1977 22.

22
“Sois libres de creerme o no, pero por favor aceptad mi palabra de que no estoy
bromeando; esto es muy serio, un asunto muy importante (…) Ella apareció ante mí, era
una completa extraña, y me informó de que algunas de mis obras de ficción son
literalmente verídicas (…) Vivimos dentro de una realidad programada mediante
computadoras y la única pista que tenemos es cuando alguna variable cambia [como en]
el dejà vu“
El hombre puede nacer, pero para nacer
primero debe morir; pero para morir,
primero debe despertar.
Cuando el hombre despierta puede morir;
cuando muere, puede nacer.
George Gurdjieff (1866-1949)

¿Y si Dios no ha creado absolutamente nada, sino que simplemente existe,


y nosotros pasamos nuestras vidas en su interior, preguntándonos
constantemente dónde podemos encontrarlo? La simple posibilidad
atormentaba a un Battiato cada vez más volcado en el sufismo. Aprenderá
árabe a marchas forzadas23 y vislumbrará en Gurdjieff el motivo nuclear de su
filosofía vital: la búsqueda de un “Centro de gravedad permanente” que le
permita soportar la dimensión transitoria de la realidad, sin perder el contacto
con su ser más profundo, en íntima conexión con lo que le trasciende. Según
estudios recientes24, los neurólogos estiman que nuestro cerebro precisa medio
segundo para que un estímulo pase del inconsciente al consciente, por lo que
adquirimos conciencia de la realidad que nos rodea con cierto retraso respecto
a la velocidad de los acontecimientos. Una barrera biológica infinitesimal que
nos aleja del centro, de la esencia.

La década de los setenta y sus volátiles promesas tocaban a su fin y el


artista celebraba la llegada de La era del jabalí blanco (EMI, 1979) con un disco
cargado de buenos augurios. El título del álbum hacía referencia al
advenimiento de la tercera encarnación de Vishnú, el Jabalí, animal sagrado de
los druidas celtas y símbolo 25 de prosperidad y renacimiento. No es casualidad
que Ricardo III, rey de Inglaterra, incorporase la imagen de un jabalí blanco en
su escudo de armas, ni que, según la tradición galesa, el bardo Marbán se
sirviese de los poderes del mágico animal para componer sus célebres poemas.
Por lo tanto, el cambio de rumbo del formulismo experimental a la nueva ola
italiana no andaba exento de hermetismo.

La espléndida portada del disco incorpora un alud de iconografía que


desvía nuestra atención de la trompa de un elefante a semejanza de la
serpiente Uroboros, que se muerde la cola como recordatorio del ciclo infinito
y, como en la baraja del tarot, cada canción del disco corresponde a un
23
Battiato ofreció un polémico (y maravilloso) concierto benéfico en Bagdad en 1992, en la
época en la Saddam Hussein era considerado un paria internacional antes que un sátrapa.
24
Penrose, Roger, El camino a la realidad (Debate, 2004)
25
Guenón, René, Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada (Paidós, 1995).
arquetipo. El más enigmático, sin duda, es “El Rey del Mundo26”, un monarca
que rige nuestro destino desde Agartha, el reino subterráneo de los tibetanos,
situado en el centro de la Tierra. Otro signo circular, un Centro que conecta el
microcosmos (el hombre) y el macrocosmos (el mundo) y permite que todo
siga girando: «cuando todo se vuelve inútil/ y cuanto más creemos en la
verdad/ (…) el Rey del Mundo/ mantiene nuestros corazones prisioneros».
Sin saberlo, vivimos todavía bajo el yugo del acero, en el Kali Yuga 27 de los
hindúes. Decía Gurdjieff que «si el hombre aprendiese a aceptar todo el
horror y la pérdida de la vida cotidiana, comprendería al fin que lo único
importante es huir de la norma, saberse libre. Pero, ¿cómo puede comprender
eso un condenado a muerte que solo ansía salvarse, escapar?».

EL FANTASMA DE LA LIBERTAD

Somos hijos de la estrella


y bisnietos de su majestad el dinero.
Bandera blanca (1981)

Pero desde que el mundo es mundo, y sigue su curso, los jóvenes quieren
sentirse libres, hablar a gritos sin nadie que les entienda, bailar en la calle y
quemar banderas. Faltaba una década para la metástasis marxista de “Pobre
patria”, pero los síntomas se percibían clarividentes en Patriots (EMI, 1980).
Las barricadas parisinas del 68, como las de Bolonia en el 77, «se alzan por
cuenta siempre de la burguesía / que crea falsos mitos de progreso». Son los
años de plomo, de pólvora y magnolias que diría Méndez Ferrín 28, cuando los
universitarios tomaban por asalto los claustros y los obreros repartían las hojas
parroquiales de puerta en puerta. Se avecinaba una nueva era de vacas gordas
y cosmopolitas de postín29, y el próximo disco de Battiato sería doble platino:
«No tengo yo la culpa si existen espectáculos/ con humo y rayos láser/ y el

26
Ossendowski, Ferdynand, Bestias, Hombres y dioses (Abraxas, 2001).
27
La era de la riña y de la hipocresía.
28
Méndez Ferrín, Xose Luis, Con pólvora e magnolias (Xerais, 1976), disponible también en
castellano (Hiperión, 1994).
29
«Vengo de la isla de Sicilia/ que no está lejos del África/ Tierra extranjera/ y canto para
la EMI». “Chanson Egocentrique”, Orizzonti perduti (EMI, 1983)
escenario está lleno de necios que se mueven», mientras el mundo sigue
impertérrito. Y nosotros, prisioneros.

¡Aúpa, patriotas! Engagez-vous! Desde la tribuna, el artista se dirigió a su


pueblo empuñando el megáfono, enarbolando la “Bandera Blanca” de los
apáticos, de los desencantados con el mundo. El crescendo hacia el estribillo era
tan sutil que al principio ni se notaba. No quería ser Robespierre y prefirió
posicionarse al centro de la izquierda y clamar por otro tipo de revolución, sin
derramamientos de sangre: ¡cuánta estúpida gallina, se pelean para nada! ¡Qué
difícil es quedarse quieto, indiferente, mientras todo en torno hace ruido! Un
ruido de fondo que es el opio de los intelectuales, consagrados a opinar en
tertulias televisadas y que menosprecian el valor de las palabras. Se encuentra
más verdad en una pequeña uva pasa. Total, ya nadie escucha 30.

La voce del padrone (EMI, 1981) obtuvo un éxito sin precedentes. La Vieja
Europa bailaba al unísono “Centro de gravedad permanente”, sin hacerse
preguntas ni rechistar. En España los Hombres G incluso llegaron al extremo
de fusilar la melodía de su estribillo para su atorrante “Venecia”31 y en la pista
de baile seguíamos sin enterarnos de la misa la mitad. El fenómeno volvería a
repetirse cinco años más tarde con la hipnótica “Yo quiero verte danzar” 32,
con esos derviches que giraban sobre la espina dorsal al son de los cascabeles
del Kathakalic y trasmitían la comunión intrínseca de la música, la danza y la
mística sufí que encandilaron a un Battiato con la mirada fija en Orizzonti
perduti (EMI, 1985) y Mondi lontanissimi (EMI,1985), exótica a la par que
nostálgica, y que es la misma de aquel chiquillo que sonreía en alguna ajada
fotografía33. Lo que recuerda a los djinns de las leyendas árabes, las almas
errantes que habitan entre dos mundos y cobran vida a través de los cánticos
en torno a una fogata.

30
“-¿Y si la muerte no fuera otra cosa que ruido? Un ruido eléctrico. Que oyéramos
eternamente. Un ruido omnipresente. Qué horror. Uniforme, de fondo". DeLillo, Don,
Ruido de fondo (Seis Barral, 2006)
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Incluida en el álbum homónimo (CBS, 1985).
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Durante la elaboración de este artículo, recibí la noticia de que Battiato había sufrido un
inoportuno resbalón durante una actuación en el Teatro Petruzelli de Bari (Italia) cuando
saludaba al público de las primeras filas. Se rompió el fémur al caer del escenario mientras
sonaba precisamente esta canción.
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Ver portada de Fisionomía (EMI, 1988)
Nómadas que buscan los ángulos de la tranquilidad,
en las nieblas del norte, en los tumultos civilizados,
entre los claros oscuros y la monotonía de los días que pasan.
Caminante que vas buscando la paz en el crepúsculo
la encontrarás, la encontrarás al final de tu camino.
Largo el tránsito de la aparente dualidad,
la lluvia de septiembre despierta el vacío de mi cuarto
y los lamentos de la soledad aún se prolongan.
Como un extranjero, no siento ataduras del sentimiento,
y me iré de la ciudad, esperando un nuevo despertar.
Los viajantes van en busca de hospitalidad,
en pueblos soleados, en los bajos fondos de la inmensidad,
y después duermen sobre las almohadas de la tierra.
Forastero que buscas la dimensión insondable,
la encontrarás fuera de la ciudad, al final de tu camino.
Nómadas (1985)