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Hércules en España

Juan Carlos Díaz Lorenzo. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de
Santiago de Compostela (USC), marzo 1, 2012
En España, el tema de Hércules también es uno de los más frecuentes y constantes de la
iconografía artística e interpretado con distinto sentido según las épocas. No debemos
olvidar, que en el mito griego, Hércules realiza uno de sus Doce Trabajos en España, lo
que va a vincular con nuestra Historia. La historia de Hércules era conocida en la Edad
Media a través de los autores latinos, Ovidio principalmente y había un gran interés por
este personaje, como se puede apreciar en numerosos textos, caso del Libro de
Alexandre, en el siglo XIII.
No obstante, como señala Rosa López Torrijos, sería Jiménez de Rada quien daría un
papel preponderante a la figura de Hércules en la historia de España, para dar nobleza a
la dinastía española siguiendo el patrón de Eneas, fundador de Roma y, al mismo
tiempo, una consecuencia del interés de los estudiosos clásicos de los siglos XII y XIII
en toda Europa. Aquí también debemos incluir a Alfonso X El Sabio, que incorporará a
su historia los aspectos de De natura deorum en los que Cicerón habla de varios
Hércules.
Así, en la Primera Crónica General de España (c. 1270), Alfonso X habla de tres
Hércules, el tercero de los cuales es el famoso hijo de Júpiter y Alcmena, que hizo
muchos trabajos, numerosos y distintos de los establecidos por Apolodoro. La relación
de este Hércules con España se justifica porque vino de África, construyó una torre en
Cádiz y puso unos pilares de piedra en el lugar que sería la futura Sevilla, poblada por
Julio César. También aquí tiene lugar el episodio de Gerión –trabajo número diez-, rey
de España, del cual se dijo que tenía siete cabezas porque España tenía siete provincias.

Hércules mató a Gerión en Galicia y también venció a Caco en España, aunque después
éste huyó. Continuó el héroe griego fundando y poblando ciudades españolas, como
Tarazona; construyó la fortaleza de Urgel y la villa de Barcelona –su sobrino Espán
fundaría Segovia-, acabó la torre de Hércules en La Coruña y vivió en Cádiz.
Después, cuando Alfonso X escribió la segunda versión llamada General Estoria, varió
algunos conceptos respecto de los expresados en la anterior, mencionando 28 trabajos –
de los cuales nueve atribuye a la crónica de Apolodoro-, se refiere a las columnas de
Cádiz, atribuye tres cabezas a Geriones –en función de otros tantos reinos- y, como dato
significativo, añade al héroe la cualidad de sabio.
Siguiendo la tendencia evemerista, encontramos la figura de Hércules asimilada a Cristo
en algunas obras, como en los capiteles de la catedral de Jaca y en el pórtico de la
iglesia de San Bartolomé, en Atienza (Guadalajara).
En 1417, Enrique de Villena escribió Los doze trabajos de Hércules, impreso por
primera vez en 1484 y reimpreso de nuevo en Burgos, en 1499. Este incunable está
localizado en la Biblioteca Universitaria de Sevilla. Se trata de un impreso de treinta
hojas en tamaño folio, escritos en letra gótica y a dos columnas. Contiene ilustraciones e
iniciales grabadas a doble tinta. Asimismo, la figura de Hércules atrajo también el
interés del marqués de Santillana, quien lo cita en muchas de sus obras y le dedica su
composición Favor de Hércules contra Fortuna.

La trayectoria iconográfica se que aprecia, y que continuará en el siglo XVI, es la de dos


grandes corrientes medievales: la alegórico-religiosa y la alegórico-política o histórica,
si bien es de apreciar que el tema de Hércules no corresponde a grandes conjuntos
dedicados exclusivamente al ciclo del héroe, “sino que su figura, o su historia, aparecen
más bien como parte integrante de un ciclo iconográfico más amplio, en paralelo con
otras historias de distinto tema”.
En esta centuria, las representaciones de Hércules en la iglesia son numerosas y aparece
en fachadas, retablos, sillerías de coro y objetos ornamentales, aplicando así su carácter
moralizador. También aparecen representaciones de Hércules en edificios públicos,
como en varias casas de Barcelona, en el palacio episcopal de Segovia, en Estella
(Navarra), en el Peinador de la Reina y en el palacio de la Calahorra (Granada), en el
palacio de Francisco de los Cobos, en Úbeda (Jaén), en la casa Zaporta (Zaragoza), en el
palacio del Viso del Marqués (Ciudad Real), en el Palacio del Infantado (Guadalajara),
Casa de Pilatos y Reales Alcázares (Sevilla) y en la fachada española más famosa del
siglo XVI: Universidad de Salamanca.
Aunque la presencia de Hércules en estas obras se ha explicado por su relación con la
historia de España, o por su papel de alegoría moral, otros autores, como la profesora
López Torrijos, sostiene que pueda estar relacionado con la penetración del gusto
renacentista, pues se utilizan modelos de grabados y plaquetas italianas “que se repiten a
lo largo de nuestras decoraciones y para muchas de las cuales es inútil buscar
complicadas significaciones”.

En la pintura del siglo XVI hemos de referir, asimismo, el ejemplo que aparece en el
techo de la biblioteca del monasterio de El Escorial, obra de Tibaldi y Bartolomé
Carducho, firmada en 1592, escena que nos ofrece la imagen del Hércules gálico, único
ejemplo existente en España.
El Palacio del Viso del Marqués (Ciudad Real), construido por orden de Álvaro de
Bazán, marqués de Santa Cruz, está considerado el máximo exponente español –y uno
de los mayores de Europa- en el empleo de la mitología en la pintura. Casi todos los
techos y bóvedas del edificio, que suman casi ocho mil metros cuadrados, están
recubiertos con pinturas al fresco, con un buen estado de conservación, aunque algunas
se han perdido y otras se han deteriorado considerablemente.
En la bóveda de la escalera principal se presentan varios episodios relacionados con
Hércules, todos ellos muy conocidos: El rapto de Deyanira, Hércules y el león de
Nemea, Hércules y la hidra de Lerna, Lucha de Hércules y los centauros, Hércules y
Anteo y Hércules y el perro Cerbero. También aparece otra composición interesante:
Hércules entre el Vicio y la Virtud, debidos, en su mayoría, a la familia Peroli, los
hermanos Juan Bautista y Francisco y un primo de éstos, llamado Esteban.
Es importante resaltar el atractivo que suscita la figura de Hércules entre varias dinastías
europeas, algunas de las cuales se decían, orgullosamente, descendientes del héroe. De
modo que, después de la venida a España, se derivaron las visitas a otros países, en los
que más tarde reinarían sus descendientes, como en el caso de la dinastía francesa, o la
Casa de Borgoña, de la que saldría el primero de los monarcas españoles de la Casa de
Austria. Eso justifica, en el momento en que comienza el reinado de Carlos I, la unión
en su persona de varias sucesiones heraclianas mitológicas, lo que explica el gran
interés que se prestaría al personaje mítico a partir de entonces.
La nobleza que reclamaba a Hércules como parte integrante de su linaje, representaba,
de acuerdo con sus intereses, aquellos episodios que más favorecían esta relación. Así,
en Italia, encontramos el ejemplo de la historia de Hércules y Caco, episodio exclusivo
de la mitología romana; en Francia, la imagen del Hércules gálico y en España, sobre
todo, la colocación de las columnas de Hércules en el estrecho de Gibraltar.
El Hércules gálico corresponde a la identificación que los galos hacen del dios del
discurso con Ogmio, el dios de los celtas, que poesía un enorme poder de persuasión y
que estaba simbolizado, según la descripción de Luciano, por un viejo vigoroso con
maza y arco, cubierto con la piel de un león y de cuya boca salían cadenas de oro, que
se enganchaban a los oídos de sus seguidores y así hacía que éstos le siguieran. Esta
imagen fue desconocida en la Edad Media y resurgió cuando Erasmo tradujo la obra de
Luciano en 1512.
En la pintura del siglo XVII encontramos ejemplos de mayor empeño de la figura de
Hércules. Desaparecen las alusiones como fundador de ciudades, pero, a partir de ahora,
se entremezclan las razones históricas, políticas y alegóricas relacionadas con la religión
y con la visión que el humanismo había otorgado a Hércules, destacando,
especialmente, la relación de Hércules con la monarquía hispana.
Una de las obras de mayor envergadura del siglo XVII es la apoteosis del héroe en el
techo de la casa de los Duques de Alcalá, obra realizada por Francisco Pacheco en 1604.
En él aparecen una serie de cuadros historiados, el mayor de los cuales ocupa el espacio
central. Aparecen representadas doce figuras sentadas sobre nubes y acomodadas a los
bordes del espacio oval y, en el centro, figura Hércules sentado sobre una piel de león,
también entre nubes.
Otro ejemplo importante lo encontramos en el Salón de Reinos del Palacio del Buen
Retiro, en el que, en un principio, se pensaron poner cuadros con los Doce Trabajos de
Hércules encargados a Zurbarán en 1634, que luego se redujeron a diez, en los que
aparecen las siguientes escenas: Lucha con el toro, con Anteo, con el jabalí de
Erimanto, desviación del río Alfeo, lucha con Cerbero, la túnica de Neso, la lucha con
Gerión, Hércules en los montes Calpe y Abyla, lucha con el león de Nemea y lucha con
la hidra de Lerna.
Hércules aparece también en pintura expuesta en la Casa de la Panadería, situada en la
plaza mayor de Madrid. En 1672 un incendio la destruyó casi totalmente y al
reconstruirla se decoraron tres de sus techos con pinturas al temple encargadas a
Claudio Coello y José Ximénez Donoso. En uno de los salones reservados a la
monarquía, llamado Salón de Reyes, aparecen medallones en los que están
representados los siguientes pasajes: Lucha de Hércules con el toro, con el dragón, con
la cierva, Hércules con el trípode, La lucha de Hércules con el león y con la hidra. Las
pinturas de Hércules presentan aquí una doble función: alegoría moral y motivo
heráldico de los Austrias. Aunque el trabajo se lo repartieron a partes iguales, parece
que las pinturas de Hércules corresponden a José Ximénez Donoso.
Para el estudio de la mitología en la pintura española, a lo largo del siglo XVII,
debemos tener presente, asimismo, las decoraciones (monumentos, arcos…) de las
fiestas públicas. Aunque se trata de obras de arte efímeras, queda constancia de ellas por
las crónicas, poesías, publicaciones y otros documentos que testimonian su existencia.
La Casa Real concedió bastante importancia a estas manifestaciones artísticas, como lo
acredita el encargo hecho a Leoni y Bartolomé Carducho, para la entrada de Margarita
de Austria; Cano, Rizi y Herrera Barnuevo, en la entrada de Ana María de Austria,
segunda esposa de Felipe IV (1649); Claudio Coello y Ximénez Donoso, en la entrada
de María Luisa de Orleáns, esposa de Carlos II (1680); y Palomino, en la entrada de
María Ana de Neoburg. La entrada se hacía por la Puerta de Alcalá y la recepción
oficial iba desde El Prado (Buen retiro) hasta el Alcázar, por la carrera de San Jerónimo
y calle Mayor.
El último ciclo completo sobre Hércules, en el siglo XVII, corresponde al edificio
conocido como el “casón” del Buen Retiro, en cuya sala principal se representaron los
trabajos de Hércules y el origen de la orden del Toisón, obra que corresponde con la
última etapa del reinado de Carlos II.
Haremos mención, asimismo, a una serie de obras aisladas sobre el tema de Hércules.
Entre ellos figura un lienzo de Ribera titulado Hércules descansando, obra perdida o en
ignorado paradero, propiedad el conde de Salvatierra; el cuadro Hércules sentado
(museo de Castres, Francia), del taller de Ribera; otra obra, dentro de este ciclo, es el
cuadro Hércules luchando con el dragón del jardín de las Hespérides, al estilo de Rizi.
Otras copias de originales flamencos son las pinturas efectuadas por Juan Bautista
Mazo, reproduciendo algunos de los lienzos realizados por Rubens y su taller. Entre
ellas figura la Apoteosis de Hércules (Museo del Prado, copia de Borkens según boceto
de Rubens, c. 1686); Hércules matando a la hidra de Lerna (Museo del Prado, copia del
original de Rubens); Lucha con el dragón del Jardín de las Hespérides (Museo del
Prado, copia de Rubens), Hércules con el león y Hércules con la sierpe, salvados del
incendio del alcázar de Madrid.
También se atribuye a Zurbarán el cuadro titulado Hércules y Anteo, posible copia de la
pintura realizada para el Salón de Reinos del Buen Retiro; Lucha de Hércules y Anteo,
copia en el palacio de Boadilla del Monte, en la casa de recreo de María de Vera y
Gasco, esta última realizada por el italiano José Romaní.
Hércules también está presente en los palacios de los Borbones, desde principios del
siglo XVIII hasta mediados del XIX. El gusto por la mitología que había protagonizado
la aristocracia en el siglo XVI, sería ahora asumido por la monarquía, “que pretenderá
ser ensalzada a través de la pintura por la presencia casi completa del panteón olímpico
y por numerosas alegorías de carácter cívico y cristiano”.
Tales representaciones las encontramos en el palacio de La Granja de San Ildefonso
(Segovia), con obras pertenecientes a los artistas italianos Bonavia, Rusca y Fedeli. Los
temas, como decimos, son mitológicos y alegóricos y pretende en sus figuras ensalzar
las virtudes morales. También encontramos ejemplos escultóricos interesantes en las
fuentes, con el mismo motivo, obra de los franceses Renato Prémin y Juan Thierry, que
llegaron a la Granja en 1721. En la fuente de las Ocho Calles aperece Hércules
semidesnudo, con la maza en la derecha y la izquierda en la melena de un león.
Otro tanto ocurre en el Palacio Real de Aranjuez, en cuyos famosos jardines aparece,
entre otras, la estatua mitológica de Hércules y la hidra, esculpida por Herrera
Barnuevo en 1661. En el jardín contiguo del Parterre, adornado con cuatro estanques
con grupos escultóricos de tipo mitológico en el centro, obra de Joaquín Dumandré,
aparece Hércules y Anteo (1837), obra del arquitecto Isidro González Velásquez y de
los escultores Adán, Álvarez Pereira y Elías.
Durante el siglo XIX, el gusto por la pintura mitológica sigue en aumento. La nueva
burguesía también quiere rodearse del gusto de la mitología, pues se ha convertido en
un símbolo de prestigio social. Se trata, ahora, de una mitología de carácter simbólico y
encontrará su mejor ubicación en los nuevos palacetes, de gusto francés, acordes con el
status de sus propietarios.
Como ejemplos más significativos, haremos mención al Palacio de Santoña (Madrid),
residencia del marqués de Manzanedo y duque de Santoña, títulos que había recibido en
tiempos de Isabel II. En las pinturas intervinieron los pintores Sans y Cabot,
Domínguez, Vallejo, Vera, Francés y Plá. El techo del salón de armas está decorado por
la composición Hércules entre la Virtud y el Vicio, con un estilo que fluctúa en el
clasicismo y el barroco.
El Palacio del Marqués de Salamanca (Madrid) presenta un programa iconográfico
bastante similar al de otros palacios españoles. En la escalera principal se encuentra la
pintura titulada Hércules y Ónfale, atribuida, posiblemente, a pintores italianos, pues
fueron varios los que trabajaron en el edificio.
El Palacio de Linares (Madrid) es otro ejemplo de edificio notable que contiene pinturas
de temas alegóricos, aunque no aparece representada la figura de Hércules. Sí la
encontramos, por ejemplo, en el Palacio del Marqués de Riera (Madrid), donde figura
Hércules en la alegoría La caída de los gigantes, obra atribuida a Arturo Mélida.
También incluimos el Palacio de Can Vivot, el más importante de estilo barroco que
posee Palma de Mallorca, síntesis de las influencias francesas e italianas que
introdujeron los Borbones en España. En el salón del trono encontramos una
representación de Hércules y Cerbero, de Juan Sureda. En la biblioteca se encuentra el
cuadro El centauro Neso raptando a Deyanira, una de las esposas de Hércules.
El Palacio del Marqués de Dos Aguas (Valencia), además de su imponente portada
barroca, también está decorado con pinturas mitológicas, así como con azulejería y
cerámica con los mismos motivos, siendo de destacar las expuestas en la cúpula, en el
salón de baile, en el dormitorio del marqués, en la antecámara, en el tocador de lujo y en
la denominada sala pompeyana.
Por último, en Barcelona, citaremos los ejemplos de la Casa Fontcoberta, en Vic; casa
Cortada, el palacio Moja, el ateneo barcelonés, el conjunto de jardines, esculturas y
palacio de estilo neoclásico denominado el Laberinto de Horta; las esculturas y pinturas
del edificio de La Lonja, el más emblemático del período de la Ilustración en Barcelona;
la Duana Nova y el Palacio de Pedralbes, así como la villa Casals, en El Vendrell
(Tarragona).

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