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Cornelio Saavedra

(1759 - 1829)

Autor: Felipe Pigna

Cornelio Judas Tadeo Saavedra nació en la Villa Imperial de Potosí el 15 de septiembre de 1759.
Las difíciles condiciones climáticas de aquella zona llevaron a la familia Saavedra a regresar a
Buenos Aires, de donde era oriundo el padre, Don Santiago de Saavedra.

Cornelio cursó estudios en el Real Colegio de San Carlos destacándose por su inclinación por la
filosofía. Pero no pudo concluir sus estudios y tuvo que dedicarse a las tareas rurales.

En 1797, inició su carrera en la función pública como regidor. Su destacada actuación le valió, dos
años más tarde, la designación de procurador y, en 1801, la de alcalde de primer voto.

Las invasiones inglesas parecen descubrir en Saavedra una nueva vocación: la militar. Dice en sus
memorias: "Este fue el origen de mi carrera militar. El inminente peligro de la patria; el
riesgo que amenazaba nuestras vidas y propiedades, y la honrosa distinción que
habían hecho los hijos de Buenos Aires prefiriéndome a otros muchos paisanos suyos
para jefe y comandante, me hicieron entrar en ella".

Durante las invasiones inglesas el cuerpo de Patricios, el más importante de la capital virreinal, lo
eligió como comandante. Desde 1808 participó en las reuniones de la jabonería de Vieytes y en la
casa de Rodríguez Peña, en la que se destacaba por su moderación y una prudencia que a muchos
de sus compañeros les resultaba excesiva. Cumplió un papel destacado en los hechos de mayo. En
la reunión de comandantes del 20 de mayo negó su apoyo a Cisneros. Dos días después, en el
Cabildo Abierto del 22, votó a favor de la destitución del virrey.

Fue designado presidente de la Junta formada el 25 de mayo, pero su nuevo cargo no parecía
agradarle demasiado, según lo cuenta en sus memorias: "Con las más repetidas instancias,
solicité al tiempo del recibimiento se me excuse de aquel nuevo empleo, no sólo por
falta de experiencia y de luces para desempeñarlo, sino también porque habiendo dado
tan públicamente la cara en la revolución de aquellos días no quería se creyese había
tenido particular interés en adquirir empleos y honores por aquel medio. A pesar de
mis reclamos no se hizo lugar a mi separación. El mismo Cisneros fue uno de los que
me persuadieron aceptase el nombramiento por dar gusto al pueblo. Tuve al fin que
rendir mi obediencia y fui recibido de presidente y vocal de la excelentísima Junta (...)
Por política fue preciso cubrir a la junta con el manto del señor Fernando VII a cuyo
nombre se estableció y bajo de él expedía sus providencias y mandatos".

El presidente Saavedra chocará muy pronto con su secretario de Guerra y Gobierno, Mariano
Moreno.

Moreno encarnaba el ideario de los sectores que propiciaban algo más que un cambio
administrativo. Se proponían cambios económicos y sociales más profundos. Pensaban que la
revolución debía controlarse desde Buenos Aires.
Saavedra, en cambio, representaba a los sectores conservadores favorables al mantenimiento de la
situación social anterior y era partidario de compartir las decisiones de gobierno con las otras zonas
del territorio.

El 5 de diciembre de 1810, se produjo una fiesta en el regimiento de Patricios. Uno de los


asistentes que había tomado algunas copas de más, el capitán Atanasio Duarte, propuso un brindis
"por el primer Rey y Emperador de América, Don Cornelio Saavedra" (jefe del regimiento) y le
ofreció una corona de azúcar que adornaba una torta a doña Saturnina, esposa de Saavedra.

Al enterarse del episodio, el secretario Moreno decretó el destierro de Atanasio Duarte diciendo que
"... un habitante de Buenos Aires ni ebrio ni dormido debe tener expresiones contra la
libertad de su país"; prohíbe todo brindis o aclamación pública a favor de cualquier funcionario y
suprime todos los honores especiales de que gozaban los miembros de la junta. La pelea entre
Moreno y Saavedra estaba desatada.

Moreno, preocupado por los sentimientos conservadores que predominaban en el interior, entendió
que la influencia de los diputados que comenzaban a llegar sería negativa para el desarrollo de la
revolución y se opuso a su incorporación al ejecutivo. Triunfó la posición encabezada por Saavedra
y Moreno se vio obligado a renunciar y a alejarse del país, encabezando una misión diplomática en
diciembre de 1810. Murió misteriosamente en alta mar el 4 de marzo de 1811.

Ante la desaparición de Moreno, Saavedra creyó ver fortalecido su poder. El 5 y 6 de abril los
saavedristas Joaquín Campana y Tomás Grigera movilizaron a los sectores suburbanos hacia la
Plaza de la Victoria con el apoyo de los Patricios, los Pardos y Morenos contra el sector morenista
de la Junta. A las tres de la mañana entregaron un petitorio en el Cabildo que decía entre otras
cosas: "El pueblo de Buenos Aires desengañado a vista de repetidos ejemplos, de que
no sólo se han usurpados sus derechos, sino que se trata de hacerlos hereditarios en
cierta porción de individuos, que formando una fracción de intriga y cábala, quieren
disponer de la suerte de la Provincias Unidas, esclavizando a las ambiciones de sus
intereses particulares la suerte y la libertad de sus compatriotas".

Se proponían deponer al sector morenista y crear un ejecutivo fuerte en manos de Saavedra. Pero
Saavedra no aceptó el mando. Cuenta en sus memorias: "Pedí, supliqué y renuncié todos mis
cargos, incluso el grado de Brigadier". Pero se llegó a una transacción seguramente sugerida
por el Deán Funes: Vieytes, Rodríguez Peña, Larrea y Azcuénaga marcharían al destierro y serían
reemplazados por tres saavedristas –entre ellos, Campana-, el regimiento de la Estrella sería
disuelto y su jefe, Domingo French, confinado, como no podía ser de otra manera junto a Antonio
Beruti. Saavedra continuaría como presidente de la Junta. Pero el desastre de Huaqui en el Alto
Perú precipitó las cosas. Saavedra debió marchar al Norte a fines de agosto de 1811 y su ausencia
fue aprovechada por sus adversarios. A los ocho días de haber llegado a Salta se le hizo saber su
separación del ejército y de la presidencia de la Junta, y se le ordenó entregar las tropas a Don
Juan Martín de Pueyrredón. El sector morenista recupera el control de la situación y creaba un
nuevo poder ejecutivo: el Triunvirato.

El 6 de diciembre de 1811, los Patricios se sublevaron en defensa de su antiguo jefe. Pidieron que
volviera Saavedra y que renunciara el coronel Belgrano, designado como nuevo comandante del
regimiento.
El Triunvirato arma una doble estrategia. Por un lado, negociar y, por otro, rodear el cuartel para
intervenir en cualquier momento. Hubo varios mediadores, entre ellos, Juan José Castelli, el orador
de la revolución, que estaba arrestado en el propio cuartel tras haber sido sometido a juicio por la
derrota del Desaguadero. También mediaron el vehemente adversario de Castelli en el debate del
Cabildo Abierto del 22 de mayo, el Obispo de Buenos Aires, Benito Lue y Riega, y el Obispo de
Córdoba, Rodrigo de Orellana. Pero todo fue inútil. Los Patricios se mantenían firmes en sus
demandas.

Uno de los amotinados, el soldado de origen inglés Richard Nonfres, en un rapto de exaltación,
comenzó a proferir insultos y disparó un cañonazo contra las tropas que estaban apostadas frente
al regimiento. Cuenta Domingo Matheu que "...un maldito inglés, soldado del cuerpo, pegó
fuego a un obús cargado a metralla y mató a uno e hirió a seis".

La respuesta no tardó en llegar. El saldo del combate fue de 8 muertos y 35 heridos. Pero
Rivadavia y el Triunvirato no iban a dejar las cosas así. Instruyeron un proceso sumario. Por
"razones de seguridad" fueron expulsados los diputados del interior. El Deán Funes fue detenido
sospechado de complicidad con los rebeldes. Los implicados negaron durante el juicio toda
intención política y recordaron sus planteos iniciales. Pero nadie les creyó y en la sentencia se
hablaba de un "movimiento popular que se tramaba".

A veinte de los implicados se los condenó a cumplir penas que iban de cuatro a diez años de
prisión en Martín García. Once sargentos, cabos y soldados fueron fusilados a las ocho de la
mañana del 10 de diciembre de 1811 y sus cuerpos colgados en la Plaza de la Victoria "para la
expectación pública". Entre los muertos estaba el inglés Ricardo Nonfres, quizás el autor del primer
disparo de una guerra civil que iba a durar casi 60 años.

Esta derrota selló la suerte de Saavedra. Se intentó confinarlo en San Juan, pero, alertado a
tiempo, Saavedra cruzó la cordillera de los Andes y arribó a Chile acompañado por su hijo Agustín
de 10 años. En 1814 decidió volver a la patria ante la cercanía de los ejércitos realistas que
amenazaban Coquimbo. Mientras volvía a cruzar la cordillera, su esposa Doña Saturnina Otárola
apela al gobernador intendente de Cuyo, José de San Martín, para lograr el reingreso de su
marido. San Martín accedió fijándole residencia en San Juan. Saavedra fue enviado escoltado hacia
Buenos Aires para estar presente en el juicio que se había iniciado y tras la revolución del 15 de
abril de 1815, el Cabildo le devolvió su grado militar. Sin embargo, al asumir el poder Álvarez
Thomas el cargo de Director Supremo, lo conminó a abandonar Buenos Aires e instalarse en
Arrecifes.

En 1818, el Congreso Constituyente puso término a las causas en su contra y el director


Pueyrredón dictó un decreto confiriéndole el empleo de brigadier general de los ejércitos de la
Nación, con una antigüedad retroactiva al 14 de enero de 1811. A fines de ese año fue designado
Jefe de Estado Mayor, en reemplazo del general Antonio González Balcarce, que había marchado a
incorporarse al ejército libertador de Chile. Desempeñando ese cargo, inspeccionó las tropas en
Santa Fe, Martín García y en Luján y concretó negociaciones de paz con los indios ranqueles.

Durante el período de la anarquía, se retiró a Montevideo, de donde regresó al constituirse el


gobierno de Martín Rodríguez, en octubre de 1820. En 1822 se le otorgó el retiro absoluto del
Ejército. Siendo ya un anciano, ofreció sus servicios en ocasión de la guerra con el Brasil. El
gobierno, por medio del ministro de guerra, Coronel Marcos Balcarce, le hizo saber que agradecía
el ofrecimiento y que, llegado el caso, sería aceptado con la consideración que se debía a su
avanzada edad. Murió en Buenos Aires el 29 de marzo de 1829. En Diciembre de ese año el
gobernador de Buenos Aires, Juan José Viamonte, trasladó los restos de Saavedra a la Recoleta y
le brindó un homenaje. En el decreto decía:

"El primer comandante de Patricios, el primer presidente de un gobierno patrio, pudo


sólo quedar olvidado en su fallecimiento por las circunstancias calamitosas en que el
país se hallaba; pero después que ellas han terminado, sería una ingratitud negar al
ciudadano tan eminente el tributo de honor debido a su mérito y a una vida ilustrada
con tantas virtudes que supo consagrar entera al servicio de la patria."
F

Manuel Alberti
(1763 - 1811)

Autor: Felipe Pigna

Nació el 28 de mayo de 1763. Se graduó como sacerdote en Córdoba en 1786. Fue designado cura
párroco de Maldonado en la Banda Oriental. Durante las invasiones inglesas, fue hecho prisionero.
Los patriotas lo liberaron y se incorporó a la resistencia. En 1808, regresó a Buenos Aires y se hizo
cargo de la Parroquia de San Benito de Palermo. Colaboró entusiastamente con la causa patriota y,
durante el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, sostuvo que el virrey Cisneros debía cesar en
sus funciones. La Primera Junta lo designó vocal. Participó como redactor en La Gazeta de Buenos
Ayres junto a Mariano Moreno escribiendo notables artículos sobre la defensa de la libertad y los
derechos de los ciudadanos. Se opuso a los fusilamientos de Liniers y sus cómplices, ordenados por
la Junta. Falleció repentinamente de un sincope cardíaco el 31 de enero de 1811

Miguel de Azcuenaga
(1754 - 1833)

Autor: Felipe Pigna

Nació en Buenos Aires el 4 de junio de 1754. Estudió en España y al regresar al país en 1773,
comenzó su carrera militar como subteniente de caballería. Peleó contra los indios y contra los
portugueses de la Banda Oriental. Un año después de la creación del Virreinato, en 1777, fue
nombrado regidor del Cabildo. Fue alférez real, alcalde de segundo voto, síndico y procurador
general.

Entre 1796 y 1800, fue el jefe de las milicias y de la guarnición de Buenos Aires. Combatió
activamente a los ingleses en las dos invasiones y fue uno de los precursores de la Revolución de
Mayo, en la que tuvo un rol importante. Fue designado vocal de la Primera Junta, de la que será
separado por los saavedristas, tras la revolución del 5 y 6 de abril de 1811, por adherir a las ideas
del fallecido Mariano Moreno. Tuvo que exiliarse en Mendoza pero pudo regresar tras la Revolución
del 8 de Octubre de 1812 y ocupar diversos cargos públicos y militares como gobernador militar en
aquel año y jefe del estado mayor en 1818.

En 1828 formó parte de la comisión designada para ratificar la paz con el imperio de Brasil.

Murió durante el gobierno de Viamonte, el 19 de diciembre de 1833, desempeñando el cargo de


legislador provincial.

Manuel Belgrano
(1770-1820)

Autor: Felipe Pigna

Manuel Belgrano nació en Buenos Aires el 3 de Junio de 1770. El joven Belgrano estudió en el
Colegio de San Carlos y luego en la Universidades de Salamanca y Valladolid (España). En 1793
Belgrano se recibió de abogado y en 1794, ya en Buenos Aires, asume a los 23 años como primer
secretario del Consulado. Desde el consulado se propuso fomentar la educación, capacitar a la
gente para que aprenda oficios y pueda aplicarlos en beneficio del país. Creó Escuelas de Dibujo,
de Matemáticas y Náutica. En 1806 durante las invasiones inglesas, se incorpora a las milicias
criollas para defender la ciudad. A partir de entonces compartirá su pasión por la política y la
economía con una carrera militar que no lo entusiasmaba demasiado. Pensaba que podía ser más
útil aplicando sus amplios conocimientos económicos y políticos. Cumple un rol protagónico en la
Revolución de mayo y es nombrado vocal. Se le encomienda la expedición al Paraguay. En su
transcurso crea la bandera el 27 de febrero de 1812. En el Norte encabezó el heroico éxodo del
pueblo jujeño y logró las grandes victorias de Tucumán (24-9-1812) y Salta (20-2-1813). Luego
vendrán las derrotas de Vicapugio (1-10-1813) y Ayohuma (14 -11-1813
begin_of_the_skype_highlighting 14 -11-1813 end_of_the_skype_highlighting) y su
retiro del ejército del Norte. En 1816 participará activamente en el Congreso de Tucumán.

El 20 de junio 1820 moría Manuel Belgrano en una Buenos Aires asolada por la guerra civil que
llegó a tener ese día tres gobernadores distintos. Sólo un diario, "El Despertador Teofilantrópico" se
ocupó de la muerte de Belgrano, para los demás no fue noticia.

Nota de color:

Como premio por los triunfos de Tucumán y Salta, la Asamblea del Año XIII le otorgó a
Belgrano 40.000 pesos oro. Don Manuel lo destinará a la construcción de cuatro
escuelas públicas ubicadas en Tarija , Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero. Belgrano
redactó además un moderno reglamento para estas escuelas que, por ejemplo dice,en
su artículo primero que el maestro de escuela debe ser bien remunerado, por ser su
tarea de las más importantes de lasque se puedan ejercer.Pero lamentablemente, el
dinero donado por Belgrano fue destinado por el Triunvirato y los gobiernos sucesivos
a otras cosas y las escuelas nunca se construyeron y Belgrano murió en la pobreza
total.
Juan José Castelli
(1764 - 1812)

Autor: Felipe Pigna

Nació en Buenos Aires el 19 de julio de 1764. Estudió filosofía en el Real Colegio de San Carlos y
en el Colegio Montserrat de Córdoba. Se recibió de abogado en la Universidad de Charcas.

Era primo y amigo de Manuel Belgrano, quien lo designó como suplente de la secretaría del
Consulado en 1796. Junto a Belgrano, Rodríguez Peña y Vieytes, fue uno de los precursores de la
Revolución de Mayo. Castelli fue comisionado para intimar al Virrey Cisneros a que cesara en su
cargo. Fue el encargado de defender la posición patriota en las sesiones del Cabildo del 22 de
Mayo de 1810.

A partir de entonces, lo llamaron "el orador de la revolución". Fue nombrado vocal de la Primera
Junta, organismo que le encargó la represión de la contrarrevolución de Liniers en Córdoba.
Castelli actuó con toda energía fusilando a Liniers y a sus compañeros. Luego se le encomendó la
misión de ocupar el Alto Perú, donde impuso un gobierno revolucionario, liberando a los indios de
los servicios personales y de la esclavitud, y fusilando a varios funcionarios reales.

Castelli pactó una tregua con los realistas que éstos no respetaron, y sorprendieron
traicioneramente a las fuerzas criollas derrotándolas en Huaqui el 20 de junio de 1811. A su arribo
a Buenos Aires el Triunvirato lo procesó y encarceló.

El "orador de la revolución" morirá de un cáncer en la lengua el 12 de octubre de 1812. Sus


últimas palabras fueron: "si ves al futuro dile que no venga".

Juan Larrea
(1782 - 1847)

Autor: Felipe Pigna

Nació en Mataró, España, el 24 de julio de 1782. Llegó a Buenos Aires a principios del 1800 y se
instaló como comerciante. Pese a ser español de nacimiento, simpatizó con la causa patriota e hizo
grandes contribuciones económicas para el éxito de la Revolución. La primera junta lo nombró
vocal pero, al igual que varios de sus compañeros morenistas, perdió su cargo en 1811 y fue
desterrado. Regresó en 1812 y un año más tarde participó activamente de las sesiones de la
Asamblea General Constituyente, conocida como Asamblea del Año XIII. En 1814 el Director
Posadas lo nombró Ministro del Tesoro. Desde este cargo, impulsó la creación de la flota naval al
mando de Guillermo Brown, incluso aportando su propio dinero. Con la caída del Directorio y la
Asamblea, en 1815, fue nuevamente desterrado y sus bienes fueron confiscados. Poco después
retornó al país y a sus tareas comerciales. Años más tarde fue designado cónsul general en
Francia, donde vivió por varios años. Tras nuevos reveses y nuevos desengaños políticos, tomó la
decisión de suicidarse el 29 de junio de 1847.
Domingo Matheu
(1765 - 1831)

Autor: Felipe Pigna

Nació en Barcelona, España, en 1765, estudió la carrera naval y se graduó como piloto. Se asoció
a su hermano Miguel y se instaló como comerciante en Buenos Aires en 1793. Pronto su tienda era
una de las más importantes de la ciudad. Luchó contra los ingleses en ambas invasiones y participó
desde un principio en las reuniones de los grupos revolucionarios. Fue vocal de la Primera Junta y
reemplazó a Saavedra en la presidencia en 1811. Al igual que Larrea, brindó un importante apoyo
financiero al primer gobierno patrio y a las expediciones militares al Alto Perú y Paraguay. En 1813
fue nombrado director de la fábrica de armas y de uniformes militares. En 1817 se cansó de la
política y se dedicó a su actividad comercial hasta su muerte acaecida en 1831.

Mariano Moreno
(1778 - 1811)

Autor: Felipe Pigna

Mariano Moreno nació en Buenos Aires el 23 de septiembre de 1778. Su padre, Manuel Moreno y
Argumosa, nacido en Santander, era funcionario de la Tesorería de las Cajas Rurales. Su madre,
Ana María Valle, era una de las pocas mujeres en Buenos Aires que sabía leer y escribir, y Moreno
aprendió con ella sus primeras letras. El de los Moreno era un típico hogar de funcionario de
mediana jerarquía, con casa propia y varios esclavos, en los Altos de San Telmo, a prudente
distancia del aristocrático barrio del Fuerte. Su aprendizaje posterior estuvo limitado por las
escasas posibilidades económicas de su familia: la escuela del Rey y el Colegio de San Carlos, que
sólo se lo admitió como oyente. Fray Cayetano Rodríguez, uno de los maestros de Moreno, le abrió
la biblioteca de su convento. Su aspiración de seguir estudios en la Universidad de Chuquisaca se
vio postergada hasta que su padre pudo reunir el dinero necesario. Finalmente, en noviembre de
1799, Moreno emprendió la travesía hacia el Norte. Dos meses y medio de viaje, incluyendo quince
días de enfermedad en Tucumán, fueron el prólogo de la nueva etapa de su vida.

Moreno tenía veintiún años cuando llegó a Chuquisaca. Allí trabó una profunda amistad con el
canónigo Terrazas, hombre de gran cultura que le facilitó el acceso a su biblioteca y lo incluyó en
su círculo de amigos y discípulos.

Respetando la voluntad de su padre, en 1800 siguió los cursos de teología en la universidad de


Chuquisaca. Un año después se doctoró e inició los cursos de derecho.

De todos los autores que frecuentó en la biblioteca de Terrazas, Juan de Solórzano y Pereyra y
Victorián de Villalba, le dejaron la más profunda huella. Solórzano reclamaba, en su Política
Indiana, la igualdad de derechos para los criollos. Villalba, en su Discurso sobre la mita de Potosí,
denunciaba la brutal esclavitud a que se sometía a los indios en las explotaciones mineras: "En los
países de minas no se ve sino la opulencia de unos pocos con la miseria de infinitos" .

También fue en aquella biblioteca donde Moreno tomó contacto por primera vez con los grandes
pensadores del "siglo de las luces". Quedó particularmente impresionado por Rousseau y su estilo
directo y contundente: "El hombre es libre, pero en todas partes se halla encadenado" ,
decía el autor de El contrato social.

En 1802, Moreno visitó Potosí y quedó profundamente conmovido por el grado de explotación y
miseria al que eran sometidos los indígenas en las minas. De regreso a Chuquisaca, escribió su
Disertación jurídica sobre el servicio personal de los indios, donde decía entre otras cosas: "Desde
el descubrimiento empezó la malicia a perseguir unos hombres que no tuvieron otro
delito que haber nacido en unas tierras que la naturaleza enriqueció con opulencia y
que prefieren dejar sus pueblos que sujetarse a las opresiones y servicios de sus amos,
jueces y curas".

En 1804, Moreno se enamoró de una joven de Charcas, María Guadalupe Cuenca. Guadalupe
estaba destinada por su madre a ser monja, pero el amor por Moreno aumentó sus argumentos
para negarse a la reclusión del convento. Se casaron a poco de conocerse y un año después, nació
Marianito.

La situación de los Moreno en Chuquisaca se estaba tornando complicada. Entre 1803 y 1804,
Moreno había hecho su práctica jurídica en el estudio de Agustín Gascón, asumiendo la defensa de
varios indios contra los abusos de sus patrones. En sus alegatos inculpó al intendente de
Cochabamba y al alcalde de Chayanta. Las presiones aumentaron y Moreno decidió regresar a
Buenos Aires con su familia.

A poco de llegar, a mediados de 1805, comenzó a ejercer su profesión de abogado y fue nombrado
Relator de la Audiencia y asesor del Cabildo de Buenos Aires.

Durante las invasiones inglesas escribió una memoria con los acontecimientos más destacables.
"Yo he visto llorar muchos hombres por la infamia con que se les entregaba; y yo
mismo he llorado más que otro alguno, cuando a las tres de la tarde del 27 de junio de
1806, vi entrar a 1.560 hombres ingleses, que apoderados de mi patria se alojaron en
el fuerte y demás cuarteles de la ciudad."

Tras las invasiones inglesas, los grupos económicos de Buenos Aires se fueron dividiendo en dos
fracciones bien marcadas y enfrentadas: los comerciantes monopolistas y los ganaderos
exportadores. Los comerciantes españoles querían mantener el privilegio de ser los únicos
autorizados para introducir y vender los productos extranjeros que llegaban desde España. Estos
productos eran carísimos porque España a su vez se los compraba a otros países, como Francia e
Inglaterra, para después revenderlos en América. En cambio, los ganaderos querían comerciar
directa y libremente con Inglaterra y otros países que eran los más importantes clientes y
proveedores de esta región. España se había transformado en una cara, ineficiente e innecesaria
intermediaria.

Tras el interinato del Virrey Liniers, ocupó el cargo en 1809 don Baltasar Hidalgo de Cisneros. La
situación del virreinato era complicada. El comercio estaba paralizado por la guerra entre España y
Napoleón, que provocaba una enorme disminución de las rentas aduaneras de Buenos Aires,
principal fuente de recursos.

Ante la desesperante escasez de recursos, el nuevo virrey tomó una medida extrema, aun contra la
oposición del consulado: aprobó un reglamento provisorio de libre comercio que ponía fin a siglos
de monopolio español y autorizaba el comercio con los ingleses. Los comerciantes monopolistas
españoles se opusieron y lograron que el apoderado del Consulado de Cádiz, Fernández de Agüero,
enviara una nota de protesta al virrey, en la que alertaba sobre los peligros "económicos y
religiosos" que implicaba el comercio directo con los ingleses. Moreno escribió entonces su célebre
Representación de los hacendados . Allí defiende la libertad de comercio: "Nada es hoy tan
provechoso para la España como afirmar por todos los vínculos posibles la estrecha
unión y alianza con la Inglaterra. Esta nación generosa que, conteniendo de un golpe el
furor de la guerra, franqueó a nuestra metrópoli auxilios y socorros, es acreedora por
los títulos más fuertes a que no se separe de nuestras especulaciones el bien de sus
vasallos (...) Acreditamos ser mejores españoles cuando nos complacemos de
contribuir por relaciones mercantiles a la estrecha unión de una nación generosa y
opulenta, cuyos socorros son absolutamente necesarios para la independencia de
España".

Un memorandum del Foreign Office de 1809 decía: "Sea que sigan dependiendo de España o
que formen gobiernos independientes, lo cierto es que los sudamericanos, en este
momento, abren sus brazos a Inglaterra: es indiferente en qué forma buscan nuestra
ayuda, siempre que el incremento de los negocios y el nuevo mercado que nos ofrecen
para la venta de nuestras manufacturas compense nuestra protección".

La redacción de este documento acercó a Moreno a los sectores revolucionarios, que venían
formándose desde las invasiones inglesas, y de los que se había mantenido a una prudente
distancia. Tal vez por eso lo haya sorprendido el nombramiento como secretario de la Primera
Junta de Gobierno, según cuenta su hermano Manuel.

Moreno no fue protagonista de la Semana de Mayo. No se lo escuchó como a Castelli en el famoso


Cabildo del 22, ni anduvo por la plaza con los chisperos de French y Beruti. Su protagonismo
comenzó el 25 de mayo de 1810, al asumir las Secretarías de Guerra y Gobierno de la Primera
Junta. Desde allí desplegará toda su actividad revolucionaria. Bajo su impulso, la Junta produjo la
apertura de varios puertos al comercio exterior, redujo los derechos de exportación y redactó un
reglamento de comercio, medidas con las que pretendió mejorar la situación económica y la
recaudación fiscal. Creó la biblioteca pública y el órgano oficial del gobierno revolucionario, La
Gazeta, dirigida por el propio Moreno, que decía en uno de sus primeros números: "El pueblo no
debe contentarse con que sus jefes obren bien; él debe aspirar a que nunca puedan
obrar mal. Seremos respetables a las naciones extranjeras, no por riquezas, que
excitarán su codicia; no por el número de tropas, que en muchos años no podrán
igualar las de Europa; lo seremos solamente cuando renazcan en nosotros las virtudes
de un pueblo sobrio y laborioso".

Por una circular del 27 de mayo de 1810, la Junta invitaba a las provincias interiores a enviar
diputados para integrarse a un Congreso General Constituyente. En Buenos Aires, el ex virrey
Cisneros y los miembros de la Audiencia trataron de huir a Montevideo y unirse a Elío (que no
acataba la autoridad de Buenos Aires y logrará ser nombrado virrey), pero fueron arrestados y
enviados a España en un buque inglés.

En Córdoba se produjo un levantamiento contrarrevolucionario de ex funcionarios españoles


desocupados, encabezado por Santiago de Liniers. El movimiento fue rápidamente derrotado por
las fuerzas patriotas al mando de Francisco Ortiz de Ocampo. Liniers y sus compañeros fueron
detenidos. La Junta de Buenos Aires ordenó que fueran fusilados, pero Ocampo se negó a cumplir
la orden por haber sido compañero de Liniers durante las invasiones inglesas. Moreno se indignó:
"¿Con qué confianza encargaremos grandes obras a hombres que se asustan de una
ejecución?" Encargó entonces la tarea a Juan José Castelli, quien cumplió con la sentencia,
fusilando a Liniers y sus cómplices el 26 de agosto de 1810.

En julio de 1810, la Junta había encargado a Moreno la redacción de un Plan de Operaciones,


destinado a unificar los propósitos y estrategias de la revolución. Moreno presentó el plan a la
Junta en agosto, y le aclaró a su auditorio que no debía "escandalizarse por el sentido de mis
voces, de cortar cabezas, verter sangre y sacrificar a toda costa. Para conseguir el ideal
revolucionario hace falta recurrir a medios muy radicales" .

En el Plan de Operaciones, Moreno propuso promover una insurrección en la Banda Oriental y el


Sur del Brasil, seguir fingiendo lealtad a Fernando VII para ganar tiempo, y garantizar la
neutralidad o el apoyo de Inglaterra y Portugal, expropiar las riquezas de los españoles y destinar
esos fondos a crear ingenios y fábricas, y fortalecer la navegación. Recomendaba seguir "la
conducta más cruel y sanguinaria con los enemigos" para lograr el objetivo final: la
independencia absoluta.

A poco de asumir el nuevo gobierno, se habían evidenciado las diferencias entre el presidente,
Saavedra, y el secretario Moreno.

Moreno encarnaba el ideario de los sectores que propiciaban algo más que un cambio
administrativo. Se proponían cambios económicos y sociales más profundos. Pensaba que la
revolución debía controlarse desde Buenos Aires, porque el interior seguía en manos de los
sectores más conservadores vinculados al poder anterior.

"El gobierno antiguo nos había condenado a vegetar en la oscuridad y abatimiento,


pero como la naturaleza nos ha criado para grandes cosas, hemos empezado a
obrarlas, limpiando el terreno de tanto mandón ignorante."

Saavedra, en cambio, representaba a los sectores conservadores a favor del mantenimiento de la


situación social anterior.

Un episodio complicó aun más la relación entre ambos. El 5 de diciembre de 1810, hubo una fiesta
en el Regimiento de Patricios, para celebrar la victoria de Suipacha. Uno de los asistentes, el
capitán de Húsares Atanasio Duarte, que había tomado algunas copas de más, propuso un brindis
"por el primer rey y emperador de América, Don Cornelio Saavedra" y le ofreció a doña Saturnina,
la esposa de Saavedra, una corona de azúcar que adornaba una torta.

Al enterarse del episodio, el secretario Moreno decretó el inmediato destierro de Atanasio Duarte,
diciendo que "...un habitante de Buenos Aires ni ebrio ni dormido debe tener
expresiones contra la libertad de su país" ; prohibió todo brindis o aclamación pública a favor
de cualquier funcionario y suprimió todos los honores especiales de que gozaba el Presidente de la
Junta. La pelea entre Moreno y Saavedra estaba desatada.

Moreno, preocupado por los sentimientos conservadores que predominaban en el interior, entendió
que la influencia de los diputados que comenzaban a llegar sería negativa para el desarrollo de la
revolución. A partir de una maniobra de Saavedra, estos diputados se fueron incorporando al
Ejecutivo, y no al prometido Congreso Constituyente. Moreno se opuso y pidió que se respetara la
disposición del 27. Pero estaba en minoría y sólo recibió el apoyo de Paso.

Cornelio Saavedra, moderado y conciliador con las ex autoridades coloniales, había logrado
imponerse sobre Mariano Moreno. Para desembarazarse de él lo envió a Europa con una misión
relacionada con la compra de armamento. Moreno aceptó, quizás con la intención de dar tiempo a
sus partidarios para revertir la situación, y quizás también para salvar su vida. Saavedra dio su
versión de los hechos en una carta dirigida a Chiclana el 15 de enero de 1811: "Me llamó aparte
y me pidió por favor se lo mandase de diputado a Londres: se lo ofrecí bajo mi palabra;
le conseguí todo: se le han asignado 8.000 pesos al año mientras está allí, se le han
dado 20.000 pesos para gastos; se le ha concedido llevar a su hermano y a Guido, tan
buenos como él, con dos años adelantados de sueldos y 500 pesos de sobresueldo, en
fin, cuanto me ha pedido tanto le he servido".

La fragata inglesa Fama soltó amarras el 24 de enero de 1811. A poco de partir Moreno, que nunca
había gozado de buena salud, se sintió enfermo y le comentó a sus acompañantes: "Algo
funesto se anuncia en mi viaje...". Las presunciones de Moreno no eran infundadas. Resulta
altamente sospechoso que el gobierno porteño hubiera firmado contrato con un tal Mr. Curtís el 9
de febrero, es decir, quince días después de la partida del ex secretario de la Junta de Mayo,
adjudicándole una misión idéntica a la de Moreno para el equipamiento del incipiente ejército
nacional. El artículo 11 de este documento aclara "que si el señor doctor don Mariano Moreno
hubiere fallecido, o por algún accidente imprevisto no se hallare en Inglaterra, deberá entenderse
Mr. Curtís con don Aniceto Padilla en los mismos términos que lo habría hecho el doctor Moreno".

Al poco tiempo de partir Moreno hacia su destino londinense, Guadalupe, que había recibido en
una encomienda anónima un abanico de luto, un velo y un par de guantes negros, comenzó a
escribirle decenas de cartas a su esposo. En una de ellas le decía: "Moreno, si no te perjudicas,
procura venirte lo más pronto que puedas o hacerme llevar porque sin vos no puedo
vivir. No tengo gusto para nada de considerar que estés enfermo o triste sin tener tu
mujer y tu hijo que te consuelen; ¿o quizás ya habrás encontrado alguna inglesa que
ocupe mi lugar? No hagas eso Moreno, cuando te tiente alguna inglesa acuérdate que
tienes una mujer fiel a quien ofendes después de Dios" . La carta estaba fechada el 14 de
marzo de 1811, y como las otras, nunca llegó a destino. Mariano Moreno había muerto hacía diez
días, tras ingerir una sospechosa medicina suministrada por el capitán del barco. Su cuerpo fue
arrojado al mar envuelto en una bandera inglesa. Guadalupe le siguió escribiendo sus fogosas
cartas. Se enteró de la trágica noticia varios meses después, cuando Saavedra lanzó su célebre
frase: "Hacía falta tanta agua para apagar tanto fuego" . Los boticarios de la época solían
describir los síntomas producidos por la ingesta de arsénico como a un fuego que quema las
entrañas.
Juan José Paso
(1758 - 1833)

Autor: Felipe Pigna

Nació en Buenos Aires el 2 de junio de 1758. Se graduó como doctor en Jurisprudencia en la


Universidad de Córdoba y allí enseñó filosofía hasta 1781. En 1803 fue nombrado agente fiscal de
la real hacienda. Fue uno de los primeros pobladores de San José de Flores. En el Cabildo Abierto
del 22 de Mayo de 1810 propuso la cesantía del Virrey Cisneros y la implantación de un gobierno
propio. Fue nombrado, junto a Mariano Moreno, Secretario de la Primera Junta. Entre 1811 y 1812
formó parte de los dos Triunviratos y en 1813 tuvo una activa participación en la Asamblea General
Constituyente. Fue el Secretario del Congreso de Tucumán en 1816, donde se pronunció por una
monarquía moderada como forma de gobierno. Cuando el Congreso se trasladó a Buenos Aires,
Paso colaboró en la redacción de los estatutos provisionales. Fue electo diputado para el Congreso
de 1824 en el que presentó importantes proyectos para la creación del primer banco y la
organización del ejército. Tras la firma de la Constitución unitaria de 1826, Paso se retiró de la
política. Falleció en Buenos Aires el 10 de septiembre de 1833.