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EL SIGNIFICADO ES VERDAD

POR MARTÍN CLETO GUTIÉRREZ

La Metafísica tradicional afirma el principio: “el ser es verdadero”. Por eso la


verdad es la autocomunicación del conocimiento. Es la fuerza que posee el
significado para salir de sí y transferirse en otro, participar en él y manifestarse
en él. Si se entiende como la comunicación del conocimiento afectivo, entonces
se puede distinguir de otras afecciones. Porque quiere ‘darse’ a conocer y
‘desea’ querer conocer. Tiene apertura a la trascendencia mediante lenguaje.
Por eso la verdad es la autocomunicación del conocimiento sin
autodisgregación. Se da al otro en quien también busca la verdad. Esta, estando
en el otro no pierde su identidad.
El significado verdadero también se comunica a sí mismo. Él es el comunicante
y lo comunicado. Es ambas cosas en la verdad. Esta es la capacidad de la
diferenciación en la relación consigo del ser. En cuanto mayor es la diferencia
del ser consigo más desinteresada es la autocomunicación. En efecto, si el
significado posee la verdad del ser, entonces se refiere a la autocomunicación
del significado al significante en virtud de su propia diferencia e identidad. Si
se dice que el significado es la verdad, se quiere significar que él es desde la
inteligibilidad este proceso de diferenciación e identificación que implica una
afección de lo negativo, contrario u opuesto.
El significado comunica la verdad al significante con la misma verdad que es él
mismo desde la inteligibilidad. Afirma el significante con la misma fuerza su
propia autoafirmación. Porque no sólo comunica la verdad, sino que él mismo
es la verdad. No puede ser considerado como un elemento aislado o una mónada
inteligible incomunicable. Si el significado es verdadero, es la verdad
conjuntamente. Esta es el conocimiento comunicándose desde la inteligibilidad.
Así se puede percibir que la Metafísica de la verdad es una Metafísica
pneumatológica. No sólo desde una perspectiva activa, sino sobretodo pasiva.
El significado, al buscar comunicarse, descubre su propia identidad; de lo
contrario, sería imposible la comunicación, todo se prestaría a una ambigüedad.
Mediante su acto de trascender descubre su identidad, su esencia y
autoexperiencia. La esencia queda implicada en tal trascendencia. Y ambas en
el significante.

El significado no se manifiesta en el significante por la fuerza, sino por el


impulso intrínseco de su verdad inteligible que yace desde el ser. Así, muestra
su propiedad de verdad, esto quiere decir que significado se autocomunica, la
verdad no deja de residir en el significante en sí, se impone en él ad extra para
volver ad intra como significado.
Existe una correspondencia a la verdad del significado al crear el significante.
Es ahí donde yace su contenido y semejanza capaz de una respectividad. Habría
una contradicción con tal verdad de no ser así. En la verdad del significado está
el sentido que hace trascender al significado fuera de sí. En él está no sólo la
potencia, sino la intencionalidad y sentido.
La verdad no se encuentra en la actividad del significado mismo sino donde se
realiza la comunicación trascendente y originaria, allí donde el significante es
contingencia pasiva. De esta manera, se percibe la radical necesidad del
significado del significante y del referente. Si el significado es verdad, no puede
estar sin su origen (referente) y su fin (significante-oyente).

El significado es verdad, lo cual significa que, desde la inteligibilidad y por


esencia, este manifiesta la verdad en el significante. La cual es revelada desde
una verdad originante. El significante responde a la verdad del significado desde
la inteligibilidad conjunta a la materialidad. El significado y significante poseen
la misma esencia, aunque no son lo mismo. El significante es distinto del
significado aunque no esencialmente. La verdad entre significado y el
significante es verdad al igual. No otra de modo esencial. Es una verdad
necesaria. No es otra en lo igual sino una misma en lo otro. Si es correspondida
por los significantes que por ella son elaborados, entonces encuentra su
contenido semejante y trascendente en lo otro. Por lo tanto, el significado es
verdad. Esto significa que existe una correspondencia de modo trascendente. La
verdad con la que el significado se revela al significante en su elaboración
afectiva, no es una verdad distinta que ella misma desde la inteligibilidad. Y
viceversa, la verdad, que elabora y recibe la afección, está contenida con la
esencia de la verdad inteligible. La elaboración del significante es un aspecto
enigmático más profundo que su mera relación con el significado.
Esta manufactura material es el historial de la verdad inteligible entre el
significado y el significante. Pues este último fue elaborado en virtud de la
verdad entre el significado y el significante y reinteligido mediante la verdad
del significante respecto al significado. Los signos existen porque la verdad
inteligible se comunica a lo otro materializándose. Existen porque esta verdad
busca la adecuación y correspondencia trascendentemente.

El historial de la elaboración del significante se puede considerar por otros


filósofos como letra muerta o muerte del significado. Sin embargo, en ello
existe la esperanza de una futura reintelección del significante para abstraer la
verdad que reposa en él. La producción del significante no es el significado,
pero da su respuesta al significado, da origen a la autocomunicación del
significado. Se habla de una autofinitud de lo inteligible y de la afección de la
verdad. El significado le cede al significante un lugar donde pueda revelarse
para otorgarle trascendencia y mantenerlo trascendente.

Por ello, la confección del significante no es sólo una acción del significado
hacia fuera, sino una autoafección ad intra del mismo. La materialización
significa para el significado una autofinitud. La verdad materializada es siempre
una verdad arrojada a la afección. Además el significado participa en su
automaterialización si ésta ha surgido de su verdad. Por eso la materialización
implica el sometimiento del significado a las afecciones futuras que pudieran
suceder en las ulteriores y distintas interpretaciones.

El significado es el elemento originante de las afecciones y, al mismo tiempo,


es afectado por ellas. La noción de la verdad inteligible es correcta si se entiende
que el significado es susceptible de afección. Un elemento esencial de la verdad
inteligible es que el significado se somete a la afección mediante la
materialización. No se trata sólo en el campo de lo inteligible, pues la afección
es necesaria para los sentidos. De esta manera se da un nuevo sentido a la misma
materialidad originante del significante.

La verdad materializante es anclada en la afección, porque sólo por ésta resulta


la materialización y reintelección para la trascendencia del significado. Por lo
tanto, esta trascendencia sólo es posible a través de la afección de la verdad. Las
afecciones del significado con el significante, las afecciones del significado en
el significante y las afecciones del significado para con el significante
constituyen la plenitud de la verdad materializadora que busca la adecuación y
la trascendente reintelección en el significante. Por ello, esta reintelección para
la trascendencia y adecuación va ligada a la intelección del significado frente a
la afección de la verdad.
La verdad trascendente y reinteligida por la afección busca su plenificación en
la contemplación de la verdad. Solo es plena cuando vuelve a los significantes,
los trasciende y los reintelige consigo. Por eso, la intelección del significante va
acompañada de la autointelección del significado frente a la afecciones. En este
sentido, no sólo el significado es afectado con el significante y para el
significante, sino que el significante trascendido es afectado con el significado.
Así se manifiesta la autosujeción del mismo a la afección. Por ello, su culmen
reside en la autointelección plenificadora del significado. De esta forma se
propicia el historial sobre la adecuación profunda del significado y el
significante en la afección, en la afectación mutua y en la verdad recíproca.