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FORTALECIMIENTO POLITICO DE LAS JUNTAS DE ACCIÓN COMUNAL – UN

PROYECTO DE INNOVACIÓN SOCIAL UNIVERSITARIA RESPONSABLE -


APRENDIZAGE SERVICIO SOLIDARIO.

Resumen
En Colombia, según diagnóstico de la política pública nacional de fortalecimiento de
los organismos de acción comunal (OAC), las Juntas de Acción Comunal (JAC)
necesitan recuperar la legitimidad que han perdido con ocasión de la ineficacia e
improductividad de éstas en el ejercicio de sus funciones, situación que, entre otras
razones, ha debilitado la participación ciudadana haciéndose difícil el desarrollo
local comunitario, pese a los esfuerzos del ejecutivo y el legislativo la política público
de fortalecimiento de las JAC no lograr empoderar las juntas de acción comunal en
su territorio. Esta ponencia explica el diseño de una estrategia que coadyuva al
fortalecimiento político de las Juntas de Acción Comunal, bajo el marco de la
innovación social universitaria responsable, aplicando como innovación educativa,
el modelo pedagógico de aprendizaje servicio solidario. Actualmente el proyecto se
ejecuta en el barrio Los Caracoles, por el consultorio jurídico de la escuela de
derecho de la Universidad del Sinú Sede Cartagena, bajo la metodología marco
lógico, tiene como referentes teóricos los autores François Vallaeys, María Nieves
Tapia, Jean-Jacques Girardot, Henry Tajfel, Manuel Castells, Alberto Melucci.

Abstract.

Palabras Clave.
Innovación Social Universitaria responsable, aprendizaje servicio, junta de acción
comunal, identidad barrial, participación ciudadana, democracia.

Introducción.
El documento CONPES 3661 DE 2010, señala la POLÍTICA NACIONAL PARA EL
FORTALECIMIENTO DE LOS ORGANISMOS DE ACCIÓN COMUNAL orientando
el fortalecimiento de los Organismos de Acción Comunal (OAC), a través de la
definición de estrategias, acciones y metas concretas que contribuyan a su
reconocimiento, autonomía, independencia y sostenibilidad. El diagnóstico del
problema que hace el documento CONPES muestra que las JAC han perdido
legitimidad frente a comunidad que representan, lo que les resta representatividad
democrática volviéndolas unos organismos improductivos incapaces de sostener su
autonomía política y económica frente a la Administración Pública, siendo ineficaz
el ejercicio de participación ciudadana que éstas puedan hacer, toda vez que una
vez deslegitimadas, sin autonomía ni representatividad, se les hace casi imposible
participar eficazmente en la planeación, decisión, fiscalización y control de la gestión
pública que impacta el territorio local que representan.
La deficiencia en el cumplimiento del rol social y político que le corresponde a la
JAC impacta negativamente la dimensión social, política y de infraestructura del
barrio que representan, esto se da porque al debilitarse la participación ciudadana
se invisibilizan para la administración los problemas que comúnmente afectan al
barrio. Como consecuencia de lo anterior, el barrio como territorio se deteriora
afectando negativamente el tejido social y la generación de capital social,
disminuyéndose fuertemente la posibilidad de desarrollo comunitario
menoscabándose la calidad de vida en el entorno urbano.
El estudio sociopolítico del barrio como territorio forjador de identidad social urbana,
es de suma trascendencia al momento de evaluar la dinámica de las relaciones que
se dan entre las categorías socio-política; sentido de pertenencia, participación
ciudadana, democracia y calidad de vida, particularmente de la relación entre
sentido de pertenencia, identidad y territorio, dice textualmente Sergi Valera en su
texto El concepto de identidad social urbana una aproximación entre la psicología
social y la psicología ambiental…..
El sentido de pertenencia a determinadas categorías sociales
incluye también el sentido de pertenencia a determinados entornos
urbanos significativos para el grupo. Detrás de esta idea se
encuentra la consideración el entorno urbano como algo más que
el escenario físico donde se desarrolla la vida de los individuos,
siendo un producto social fruto de la interacción simbólica que se
da entre las personas que comparten un determinado entorno
urbano. Los contenidos de estas categorizaciones vienen
determinados por la interacción simbólica que se da entre las
personas que comparten un determinado espacio y que se
identifican con él a través de un conjunto de significados
socialmente elaborados y compartidos. Es de esta manera como el
entorno urbano supera la dimensión física para adoptar también
una dimensión simbólica y social.es decir, forja una identidad social
urbana… (VALERA, 1994)”
Así las cosas, es dable afirmar que el territorio tiene una relación tan íntima con el
sujeto que lo habita, que además de definir una identidad social urbana, termina por
afectar también la construcción de su personalidad, lo que a la postre termina por
ser un fuerte elemento condicionador de la forma en que políticamente se concibe
a sí mismo el sujeto en su relación con el Estado y la sociedad, esto en la medida
en que tal como dice Ana Maria Portales “Las identificaciones sociales se
construyen a partir de experiencias concretas, históricamente determinadas, que
pueden variar en el tiempo y que se traducen en preguntas tales como: ¿cómo me
ven los otros?, ¿cómo me nombran?, ¿cómo me definen? Y de esas
identificaciones, ¿con cuáles me quedo?, ¿cuáles me sirven para definirme y cuáles
no?” (Portal, 2003)
Según Portales entonces podemos decir que un territorio deteriorado no podrá
proporcionarle a quien lo habita experiencias de vida que permitan construir una
relación adecuada entre el sujeto y su entorno, en consecuencia, si el territorio se
deteriora se deteriora igualmente la identidad social urbana, afectándose el sentido
de pertenencia con el territorio, produciéndose la pérdida de imaginarios comunes
que permitan trabajar en por del interés común, desapareciendo en consecuencia
la participación ciudadana, lo que a su vez genera política y socialmente la perdida
de control de lo que sucede en el territorio, fenómeno que se conoce como
desterritorialización.
La desterritorialización del barrio, acentúa los negativos efectos sociales y políticos
del deterior del territorio, acelera el rompimiento de la cohesión del tejido social y la
pérdida de “identidad social urbana y barrial”, en términos generales, acentúa los
procesos de perdida de acción política y ciudadana. La desterritorialización en el
anterior entendido pone al individuo en condición vulnerabilidad urbana de la que
difícilmente sale en la medida en que lo atrapa en un pernicioso circulo vicioso en
el que el deterioro del barrio como hábitat produce desterritorialidad, y a su vez, ésta
produce mayor deterioro del territorio, así las cosas, parece ser obvio que se
requiere de una participación ciudadana vigorosa y eficiente para empoderar a la
comunidad de su territorio y poder hacer frente al clientelismo y la corrupción que
frenan el desarrollo comunitario.
Teniendo presente entonces que para mejorar la calidad de vida en las ciudades,
entre muchas otras cosas, se requiere fortalecer la participación ciudadana, el
congreso de la republica siguiendo el mandato constitucional de los artículos 2, 123,
209, y 270 de la carta fundamental, ha expedido todo un sistema de leyes en ese
sentido, Ley 87 de 1993, ley 190 de 1995, Ley 361 de 1997, 489 de 1998, 872 de
2003 y 965 de 2005, 1437 de 2011, Ley 1450 DE 2011 Ley 1474 de 2011, Ley 1757
de 2015.
En el mismo sentido el gobierno nacional en cumplimiento de la constitución y la ley
a través del Consejo Nacional de Política Económica y Social (CONPES) ha
diseñado y desarrollado una serie de políticas públicas con cuyo fin es el
fortalecimiento y desarrollo de la participación ciudadana en aspectos puntuales
como: Estado Gerencial CONPES 3249 de 2003, Sistema Único de Información de
Trámites la Rendición de Cuentas CONPES 3292 de 2004, CONPES 3654 de 2010,
Fortalecimiento de los organismo comunales CONPES 3661 de 2010, Gobierno en
Línea CONPES 3650 de 2010, Eficiencia administrativa al servicio del ciudadano
CONPES 3785 de 2013, Rendición de cuentas de la Rama Ejecutiva a los
ciudadanos CONPES 3654 de 2010. Fortalecimiento Institucional de las entidades
territoriales CONPES 3765 de agosto de 2013.

Por otro lado, la Corte Constitucional muy tempranamente a su puesta en marcha,


comenzó a desarrollar la participación ciudadana, considerándola un derecho
fundamental
Sentencia C-180/94 Participación Ciudadana
El principio de participación democrática expresa no sólo un
sistema de toma de decisiones, sino un modelo de comportamiento
social y político, fundamentado en los principios del pluralismo, la
tolerancia, la protección de los derechos y libertades, así como en
una gran responsabilidad de los ciudadanos en la definición del
destino colectivo.
El concepto de democracia participativa lleva ínsita la aplicación de
los principios democráticos que informan la práctica política a
esferas diferentes de la electoral. Comporta una revaloración y un
dimensionamiento vigoroso del concepto de ciudadano y un
replanteamiento de su papel en la vida nacional. No comprende
simplemente la consagración de mecanismos para que los
ciudadanos tomen decisiones en referendos o en consultas
populares, o para que revoquen el mandato de quienes han sido
elegidos, sino que implica adicionalmente que el ciudadano puede
participar permanentemente en los procesos decisorios no
electorales que incidirán significativamente en el rumbo de su vida.
Se busca así fortalecer los canales de representación,
democratizarlos y promover un pluralismo más equilibrado y menos
desigual. La participación concebida dentro del sistema
democrático a que se ha hecho referencia, inspira el nuevo marco
sobre el cual se estructura el sistema constitucional del Estado
colombiano. Esta implica la ampliación cuantitativa de
oportunidades reales de participación ciudadana, así como su
recomposición cualitativa en forma que, además del aspecto
político electoral, su espectro se proyecte a los planos de lo
individual, familiar, económico y social.
El desarrollo jurisprudencial de la participación ciudadana como el derecho a
participar en las decisiones del Estado, revisión y control de la gestión pública,
asociado con el cumplimiento de la expectativa de buen futuro del ciudadano como
individuo y de la comunidad como sujeto político ha sido ampliamente estudiado y
decantado por la Corte Constitucional, así lo muestra la jurisprudencia del alto
tribunal, con las sentencias C-585 de 1995, C-337/97, C-298/98, C-643/00, C-
891/02, C-524/03, C-224/04, C-616/08, C-230A/08, C-397/10, C-150/15, C-379/16, ,
C-150/15, C-584/15, C-726/15, C-389/16, C-379/16, C-094/17 entre otras.
Resulta evidente que la participación ciudadana en Colombia tiene una robusta
regulación, sin embargo, en la práctica los resultados no han sido los mejores,
después de la abolición de la Constitución de 1886, la nueva constitución de 1991,
generó una expectativa muy alta de cambio institucional en el Estado que permitiría
aspirar a mejorar la calidad de vida de los colombianos, sin embargo, tal esperanza
con el tiempo se ha venido convirtiendo en desilusión toda vez que una es la
voluntad constitucional política con que se desarrolla el ordenamiento jurídico-
político de la participación ciudadana y otra la voluntad con la que se hace material.
Fabio Velásquez c. en una densa y juiciosa investigación realizada con el apoyo de
Fundación Corona, Fundación Social, Fundación Foro Nacional Por Colombia,
Corporación Región Corporación Transparencia Por Colombia, Corporación Viva La
Ciudadanía, Banco Mundial, y CIDER - Universidad De Los Andes; analizó el
desarrollo de la participación ciudadana, resultado que fue publicado en el texto
¿Qué ha pasado con la participación ciudadana en Colombia? En el introductorio
del texto dice Velásquez,
“…La participación ciudadana surge en Colombia precisamente
como un medio para renovar las estructuras formales de la
democracia y convertirlas en dispositivos capaces de interpretar la
voluntad y las demandas de la población, pero se desenvuelve en
un marco de relaciones sociales, políticas y simbólicas fuertemente
atravesadas por el ethos clientelista. Al clientelismo se suman las
conductas corruptas y la creciente desconfianza de la ciudadanía
en la política y los políticos, abriéndose así un abismo entre el
ciudadano y la esfera pública, que de entrada constituye una
poderosa barrera a la participación, pues se la asocia además con
la política y esto conduce a su estigmatización…”
(…)
“Colombia es un país que le otorga un valor muy importante a la
expedición de normas y a la creación de instituciones, bajo el
supuesto de que ellas son prenda suficiente de garantía para que
“la democracia funcione”. De hecho, promulgada la Constitución del
91 en donde se consagra la participación ciudadana, se produjo
una avalancha legislativa sobre el tema. El resultado fue un amplio
espectro normativo que rige la participación, pero esa riqueza no
parece traducirse suficientemente en la movilización ciudadana en
torno a lo público, en la democratización de la gestión y, sobre todo,
en la incidencia de la ciudadanía en la formulación de las políticas
públicas; por el contrario, parece ampliarse la brecha entre la
institucionalidad participativa, las conductas de la población en el
escenario público y sus resultados en términos de la modernización
y democratización de la gestión”
Desde la experiencia empírica, como ciudadano, no es difícil coincidir con el
diagnóstico del estudio de Velásquez cuando presenta una participación ciudadana
fracasada sobre todo en lo local, muestra de ello la falta de eficiencia y eficacia de
las juntas de acción comunal, inoperancia que se explica en gran medida por la
desconfianza que tiene el ciudadano en las instituciones de representación
democrática y de gobierno, ésta falta de interés en la participación ciudadana, como
se dijo anteriormente, genera políticas públicas nacionales y locales ineficaces, que
terminan por producir desterritorialización, y con ella la pérdida de identidad social
urbana definida localmente como identidad barrial y con la imposibilidad de poner
en marcha procesos democráticos de construcción de ciudad.
Así las cosas, para romper el círculo vicioso de desterritorialidad-deterioro del
hábitat, se requiere acción colectiva traducida en participación ciudadana, siendo
así, parecería obvio que la solución al problema de la ineficacia de las juntas de
acción comunal, estaría en motivar la participación ciudadana para democratizar la
distribución de los recursos públicos y poder generar equitativamente, en las
diferentes localidades, procesos de desarrollo comunitario que redunden en una
adecuada reterritorialidad y con esto el restablecimiento del tejido social y el sentido
de pertenencia sostén de las juntas de acción comunal como uno de los principales
mecanismos de participación ciudadana llamados a generar desarrollo comunitario
y calidad de vida, así lo reconoce el CONSEJO NACIONAL DE PLANEACIÓN
“…La construcción de la nación desde todos los territorios es
requisito para extender las oportunidades de desarrollo económico,
los mecanismos de participación ciudadana y comunitaria en las
políticas públicas, así como profundizar la calidad de la
representación política. De esta manera se podrá retroceder la
tentación de la violencia, la ilegalidad, la corrupción, y las mafias en
la política (…)La paz como bien supremo y el derecho de todo
ciudadano a contar con una administración que lo represente, lo
proteja y con la cual tenga una cercanía de interlocución exigen
formular un régimen institucional local especial. Corresponde al
gobierno nacional liderar tal estatuto especial y la Congreso de la
República legislar la materia en los aspectos que aparezcan
necesarios… ” (CONSEJO NACIONAL DE PLANEACIÓN, 2014)
Una de las estrategias del gobierno y del legislativo para dinamizar la participación
ciudadana y el desarrollo local o comunitario, es el fortalecimiento de las Juntas de
Acción Comunal, El documento CONPES 3661 DE 2010, señala la POLÍTICA
NACIONAL PARA EL FORTALECIMIENTO DE LOS ORGANISMOS DE ACCIÓN
COMUNAL orientado al fortalecimiento de los Organismos de Acción Comunal
(OAC), a través de la definición de estrategias, acciones y metas concretas que
contribuyan a su reconocimiento, autonomía, independencia y sostenibilidad.
Ésta política caracteriza social y políticamente la situación actual en Colombia de
las juntas de acción comunal asociándolas con 4 problemas fundamentalmente;
1. Desconocimiento de la razón de la organización de Acción Comunal y de sus
principios, lo que produce, incomprensión del papel que le corresponde a la
organización
2. Debilitamiento de la identidad y de la autoestima de las organizaciones de
Acción Comunal, lo que produce, debilidad en la estructura comunal que se
refleja en el bajo reconocimiento, e invisibilización de la organización
3. Desestimulo a la gestión de las organizaciones de Acción Comunal y falta de
cohesión dentro de la organización, lo que deteriora su desempeño ante los
entes Estatales generándose dificulta para que sus iniciativas sean canalizadas
debidamente por el Estado.
4. Pérdida de autonomía de las organizaciones de Acción Comunal lo que produce
que éstas sean improductivas.
La estrategia con la que la política pública nacional intenta fortalecer las juntas de
acción comunal históricamente se ha basado en la capacitación comunal, es así
que el programa “formador de formadores” del Ministerio del Interior y Justicia1 en
su momento, pretendió capacitar a nivel nacional a los miembros de juntas de
acción comunal para que éstos una vez capacitados se desempeñaran como
capacitadores en sus territorios, así mismo, el Ministerio de Educación le entrega a
las JAC la misión de llegar hasta los consejos directivos académicos de las
instituciones para motivar iniciativas como la cátedra comunal y los comunalitos
(CONPES 3661, 2010).
En lo local, el plan de desarrollo del Distrito de Cartagena señala igualmente un
programa de fortalecimiento de las juntas de acción comunal reconociendo la
importancia que tienen estos organismos para el desarrollo comunitario,

10.2.3.2 PROGRAMA FORTALECIMIENTO DE


ORGANIZACIONES DE PARTICIPACION CIUDADANA Y
COMUNITARIAS

1
Decreto 2350 de 2003, sobre la formación comunal El Ministerio del Interior y de Justicia (MIJ), de
forma coordinada con la Confederación Nacional de Acción comunal, orientará la formación en
materia comunal. La organización comunal deberá adoptar a través de su estructura comunal la
estrategia de Formación de Formadores para la capacitación de sus afiliados, en cooperación con
las entidades de control, inspección y vigilancia
Se brindará capacitación y asesoría a las Juntas de Acción
Comunal, Asociación de Juntas de Acción Comunal, Federación de
Juntas de Acción Comunal y demás organismos de participación
en lo técnico y legal; de igual manera se entregará apoyo logístico
a los mismos, para lograr una mayor participación en las
actividades que desarrolla el Distrito de Cartagena que a su vez
impulse la formulación de la política pública comunal.
10.2.3.2.1 SUBPROGRAMA MEJORES ORGANIZACIONES
COMUNALES MÁS DESARROLLO
Un ejercicio eficiente y oportuno de inspección, vigilancia y control
para las organizaciones comunales, acompañados de
herramientas formativas y metodológicas, orientadas al desarrollo
de habilidades en los líderes comunales fortalecerá la dinámica
comunal y generará más desarrollo para las comunidades del
Distrito de Cartagena.
Mejorar la participación de la ciudadanía cartagenera identificando
los espacios en donde la gente participa dinamizará, los procesos
participativos en el Distrito.

Pese a que son más de 20 que en Colombia se busca dinamizar la participación


ciudadana y en particular las juntas de acción comunal, a la fecha, la realidad
empírica muestra que no ha sido posible desarrollar una política pública en ese
sentido,
muestra que no ha sido posible dinamizar la participación ciudadana Bernardo
Rafael Romero Parra uno de los fundadores de las juntas de acción comunal en
Colombia, Director de la Escuela de Gobierno y liderazgo del Distrito de Cartagena,
líder comunal con experiencia de más de 35 años en un texto de su autoría
publicado en 2016 sobre la

egunta Orientadora.
La falta de eficacia de la política pública de fortalecimiento de las JAC como
organismos de participación ciudadana, plantea un problema a resolver, ¿Cómo
hacer que el ciudadano se apropie de las juntas de acción comunal como
mecanismo de participación ciudadana, si su desinterés proviene del deterioro del
territorio y de la de la desconfianza que le producen las instituciones de gobierno
que diseñan la política pública para fortalecer las JAC y el desarrollo local del
territorio?
Objetivo General
Dinamizar la participación ciudadana en el barrio los caracoles fortaleciendo su
junta de acción comunal mediante un proyecto de intervención comunitaria del
consultorio jurídico de la escuela de derecho de la Universidad del Sinú sede
Cartagena.

Objetivos específicos
Capacitar a la junta de acción comunal del barrio los caracoles.
Según el CONPES 3661 por parte de la organización comunal estos presentan la
queja de que las capacitaciones que reciben del Estado no se dan a profundidad,
extrañan la formación en materia psicosocial, organizacional, administrativos, de
formación política, ciudadana y medio ambiente entre otras, les preocupa además
que, si la capacitación es incompleta, los temas que aborda no son de interés para
los jóvenes.

INNOVACIÓN SOCIAL.
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20UNIVERSITARIA%20RESPONSABLE/Que_ha_pasado_con_la_participacion_
ciud.pdf
En todos los procesos estudiados se encuentra la idea, implícita o explícita, de
producir transformaciones en las condiciones de vida materiales de las
comunidades, pero también en las prácticas colectivas, en la cultura ciudadana y
en el ejercicio de la gestión pública. En materia de cultura ciudadana, por ejemplo,
cada uno de los casos estudiados busca transformar imaginarios políticos y
ciudadanos, fortalecer una cultura centrada en lo público, afianzar los lazos y las
prácticas de solidaridad, el sentido de pertenencia, la construcción de identidades
colectivas, la convivencia y la diversidad cultural, entre otros. Es un proceso en el
cual están en evidencia el reconocimiento de los derechos pero también los
deberes ciudadanos en relación con los asuntos de la vida pública en los territorios
concretos. Se pretende, entonces, la generación de un sentido de lo público, la
intervención de la ciudadanía en la definición de los asuntos públicos y una mayor
fluidez, en términos de interlocución, en las relaciones entre el Estado y la sociedad.
(…)
Un segundo efecto esperado de la participación ciudadana en la gestión local es la
creación de condiciones para la transformación de las conductas políticas en el
país. El ejercicio de la participación lleva a la gente a preocuparse más por los
asuntos públicos, a intervenir más directamente en los procesos de planeación, a
pensar en proyectos para su barrio, su vereda, su comuna, a fiscalizar el
desempeño de las autoridades públicas y a emprender iniciativas colectivas para
resolver los problemas de su entorno inmediato.