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Los mecanismos de defensa como expresión de la resistencia

• Defenderse es una acción de toda la persona y se expresa con un acto, gesto, emoción,
respuesta. Su objetivo es preservar lo que creemos que es nuestra identidad. No está
dirigido contra los demás.


• Los mecanismos son el cómo o la forma de la resistencia de tal o cual persona


para mantener cierta estructura de la personalidad.


• Los mecanismos no son patológicos sólo limitan la lectura de la experiencia con la


cual el sujeto entra en contacto.


• Los mecanismos configuran una organización de la percepción.


• Los mecanismos se vuelven negativos cuando las formas de contacto que generan ya
no satisfacen las necesidades actuales de la persona. Cuando se quedaron rígidos.


• Toda la vida se desarrolla con un “qué” y un “cómo”. El qué es el contenido y el cómo es


la forma. Ambos se reclaman mutuamente, pero la forma se vuelve inútil cuando el
contenido cambia y aquella no. La relación entre contenido y forma debe ser dinámica y
debe modificarse a través del tiempo, para garantizar que las diferentes necesidades se
cubran en las diferentes etapas del desarrollo.


• Sin embargo, los eventos críticos -que se viven como amenazantes- pueden rigidizar o
impedir el crecimiento (neurosis). La neurosis es la relación fija entre forma y contenido,
el cómo y el qué. Es un círculo vicioso.


• La personalidad queda atrapada respondiendo con formas pasadas a situaciones


nuevas. Vive en un “como si”.


• La experiencia original mantiene su intensidad pues los mecanismos aparecieron para


evitar un mal mayor. Por ejemplo: en un medio hostil a la manifestación de ciertos
aspectos de nuestra personalidad puede llevarnos a la  “decisión” de alienar esas
partes,  “sacrificándolas” al servicio de una  “buena” adaptación. Esta decisión fue
adecuada en esta situación, pero se  “congela” la forma y el contenido, y se vuelve
automática y se aleja de nuestra conciencia. El resultado es que gran parte de nuestra
energía se gasta en mantener las estructuras fijas de forma y contenido, de cómo y qué.


• Por ejemplo: el miedo al abandono, la falta de autoestima o merecimiento a ser queridos


que quedó impreso en la matriz emocional (contenido, qué) es proyectado (forma, cómo)
como desconfianza en el amor que el otro nos tiene y por consiguiente rompemos el
vínculo antes de poder comprobar nuestro error de percepción, con lo cual se nos
cumple la profecía de quedar solos. A este patrón podríamos agregarle la elección
inconsciente de personas y circunstancias parecidas a las que originaron la situación tan
temida, etc. 


• En Gestalt hemos llamado “gestalt-fija” a la relación repetitiva de forma y contenido, y


"gestalt-abierta” o “gestalt-inconclusa” a la parte del contenido que busca un cierre
satisfactorio. Una parte la vivimos en el “como si” neurótico y otra parte en una nueva
configuración que nos permita “sanar” la herida emocional. Una es vieja historia de
sufrimiento y la otra una novedad que asusta. 


• En otras palabras, el contacto con la realidad, con el aquí y ahora de nuestras


circunstancias, está distorsionado por al “forma” que nos protege, por la respuesta
adaptativa, no por el contenido de nuestra historia. Siguiendo nuestro ejemplo: no es la
experiencia de abandono la que me impide relacionarme íntimamente con otro, sino la
interpretación del momento presente por medio del mecanismo de defensa o respuesta
adaptativa. Al no poder reconocer como nuestros los sentimientos de desconfianza en el
otro, al atribuirle sentimientos y dudas que en realidad son nuestros (proyección),
actuamos basados en datos distorsionados de la realidad. 


• Es un error metodológico intentar modificar las “gestalt fijas” (la relación contenido-
forma) llegando al contenido como primer objetivo. Es claro que para crecer hay que
modificar el contenido, la necesidad de vivir defendido, pero es la “forma” (el cómo) la
que impide el contacto en el presente y una experiencia correctiva para modificar la
matriz emocional. Es a la “forma” a la que debemos dirigir todos nuestros esfuerzos
antes que nada. Es en el punto de contacto donde debemos focalizar para observar el
“cómo” esta persona organiza su encuentro y no al “por qué” lo hace. Cómo convierte el
presente en pasado y “para qué” lo hace (evitar el dolor, etc.). En el ejemplo que
traíamos, podemos asegurar   que sólo cuando nuestro paciente descubra que está
proyectando y deflectando (el cómo, la forma, la actitud evitativa) para preservarse del
miedo que tiene a volver a ser abandonado (contenido), podrá tomar una decisión libre
en cuanto a lo que quiere hacer con su vida. 


• La exposición a la matriz es dolorosa y requiere de gran coraje para enfrentar los


sentimientos de indefensión o desamparo, y es claro que necesitamos atravesar este
“pequeño infierno personal” pero después de modificar la forma que la resguarda. Sólo
así podremos experimentar ser amados y confrontar la falacia de que por una vez que
fuimos abandonados ya nunca más podremos volver a querer y ser queridos. Es a esta
forma de trabajo terapéutico que en Gestalt llamamos “apoyar la resistencia”. 


• El primer esfuerzo se dirige al “darse cuenta” del paciente a la periferia de su existencia


-por llamarla así- el lugar donde habitan los mecanismos de defensa que dan
consistencia a su lectura del mundo. Cuando el individuo logra darse cuenta de que el
mundo que está a se frente es en gran medida una producción personal y que los
hechos que le ocurren o teme devienen de actitudes, sentimientos y pensamientos que
le pertenecen, recién se abre la posibilidad de re-experimentar la existencia. 


• De alguna manera este apoyar la resistencia es el secreto de por qué en Gestalt


focalizamos en el presente, en el aquí y ahora del encuentro terapéutico, pues es en él
donde la gestalt fija del paciente se actúa en el proceso de crear el vínculo con el
terapeuta. 


Alejandro Spangenberg
Terapia Gestalt: un camino de vuelta a casa
Cap. III, pp. 56-62