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Parte II Leonardo Polo:

Los trascendentales personales del Ser

De acuerdo con las consideraciones tomistas respecto de las características

de la belleza y, siguiendo las distintas interpretaciones que se han expuesto

anteriormente del pensamiento del Aquinate en relación con su forma de

pensar y exponer la belleza, es válido pensar y afirmar que la belleza puede ser

definida como un trascendental, ya que, a partir de las interpretaciones antes

expuestas, el Pulchrum, tal como lo expone Tomás de Aquino y sus posteriores

intérpretes, cuenta con las características para ser considerado un

trascendental; es por ello que Gilson lo llama “el trascendental oculto” 1 y María

Labrada de acuerdo con Gilson también lo considera un trascendental con

todas sus características.

No obstante, considerar el Pulchrum como un trascendental implica que este

ha de contar con todas las características que estos poseen, a saber, su

capacidad de convertirse con todos los demás trascendentales que expone

Tomás a lo largo de su sistema de pensamiento; estos trascendentales son:

Ente –Ens-, Cosa –Res-. Algo –Aliquid-, Uno –Unum-, Bueno –Bonum-,

Verdadero –Verum-; de allí que también adquiera todos los problemas que se

presentan a la hora de pensar los trascendentales en sí mismos, su capacidad

de convertirse los unos con los otros y la manera o forma en la que el sujeto

que piensa pueda alcanzar, comprender y aprehender los distintos

trascendentales; problemas que conducen a Tomás de Aquino, de acuerdo con

1 Cfr. Gilson, E. Ob. cit. p. 200


Leonardo Polo a diversas aporías2, las cuales permiten realizar un nuevo

examen de la teoría tomista de los trascendentales y una nueva enunciación de

la teoría de ser necesaria, reformulación de la que se hará cargo Leonardo

Polo en su texto “Antropología Trascendental: Tomo I La Persona Humana”.

Siguiendo la tesis planteada por Polo, la noción de trascendentalidad

expuesta por Tomás de Aquino comporta ciertas aporías, tal como se ha dicho

anteriormente. Estas aporías refieren a las dificultades que surgen cuando el

Aquinate afirma que los trascendentales son idénticos entre ellos en la

realidad3.

Tercero, porque si bien el ente, lo verdadero, lo uno y lo bueno tienen más


unidad en Dios que en las cosas creadas, no es necesario, sin embargo,
que, porque en Dios se distinguen en la razón, se distingan en las cosas
creadas realmente. Pues estos solo ocurre en aquellas cosas que no
exigen por su propia razón ser unidad en la realidad, como la sabiduría y el
poder, que siendo una unidad en Dios se distinguen realmente en las
criaturas. Pero el ente, lo verdadero, lo uno y lo bueno exigen por su propia
razón de ser una unidad. Por eso, allí donde se encuentren serán
realmente una unidad, aunque la unidad de aquello por lo que se unen en
Dios es más perfecta que la unidad de aquello por lo que se unen en las
criaturas4.

Esta afirmación con la que Tomás de Aquino finaliza el artículo 1 de la

primera cuestión de De Veritate supone un problema, de acuerdo con lo

expuesto por el Aquinate a lo largo del artículo, la verdad no ha de considerar

lo mismo que el ente; sin embargo, posteriormente afirma que el ente, la

verdad, lo uno y lo bueno exigen una unidad por lo cual se establece una

identidad entre ellos, lo cual lleva a Leonardo Polo a preguntarse, cuál sería la

distinción que realiza Tomás de Aquino entre identidad y mismidad para no

2 Cfr. Polo, L. (1999). Antropología Trascendental Tomo I: La Persona Humana. Pamplona.


EUNSA. p. 73
3 Cfr. Tomás de Aquino. De Veritate. q. 1, a 1.
4 Tomás de Aquino. De Veritate. q. 1, a 1.
caer en una contradicción en su propio planteamiento 5, ya que al inicio de la

discusión respecto de la verdad se niega que esta sea lo mismo que el ente.

A esta dificultad le sigue la complejidad de la conversión entre los

trascendentales, porque si bien, se admite de acuerdo con Tomás de Aquino

que hay una distinción entre trascendentales absolutos –a saber el ente, lo uno,

la cosa y el algo- y trascendentales relativos –lo bueno, la verdad y lo bello-,

surge una dificultad, esta radica en el hecho de establecer que los

trascendentales relativos se dan en de acuerdo con la disposición del ente con

otros6 y los trascendentales absolutos se dan en relación al ente mismo, es

decir, los trascendentales relativos tienen que ver con el alma del ente – en su

facultad cogitativa y apetitiva- y no con el ente mismo; sin embargo, de acuerdo

con Tomás de Aquino, la convertibilidad de los trascendentales radica en la

identidad que se establece entre ellos, tal como expone al final del artículo 1 de

la cuestión primera del texto De Veritate, explicación que de acuerdo con Polo

no es satisfactoria, ya que en palabras del filósofo español “Nadie ha explicado

satisfactoriamente como se convierten los trascendentales”7.

El problema de la identidad de los trascendentales permite dilucidar una

dificultad de mayor envergadura, la cual reside en la noción de

trascendentalidad que maneja Tomás de Aquino a la hora de exponer el

sistema de trascendentales en el texto De Veritate. De acuerdo con el

Aquinate, la trascendental significa universalidad, por lo cual el ente al ser lo

primero que se concibe es el primer trascendental, por ser lo más universal8,

sin embargo, los demás trascendentales al poder convertirse con el ente por su

5 Cfr. Polo, L. Antropología Trascendental Tomo I: La Persona Humana. Ob. cit. p. 55


6 Cfr. Tomás de Aquino. De Veritate. q. 1, a 1.
7 Antropología Trascendental Tomo I: La Persona Humana. Ob. cit. p. 77
8 Cfr. . Tomás de Aquino. De Veritate. q. 1, a 1; Antropología Trascendental Tomo I: La

Persona Humana. Ob. cit. p. 74


identidad con él también han de ser considerados como universalísimos, dicho

de otro modo, la trascendentalidad tal como es concebida comporta la

característica de ser metacategorial, a partir de esta consideración de acuerdo

con Polo comienzan a surgir dificultades; ya que si bien, el ente se encuentra

en la mente como el primer concepto concebido, la verdad por su parte se

encuentra en la mente del sujeto de distinta manera, ya que la verdad se

formula a partir de un juicio9, por lo cual pensar que la trascendentalidad

conlleva a la universalidad implica establecer una oscilación entre el concepto y

el juicio considerándolos a ambos como universalísimos desde determinados

puntos de vista; lo que permite preguntarse ¿de qué manera se convierten los

conceptos y los juicios en lo que respecta a los distintos trascendentales? Si se

atiene que en lo que respecta al juicio lo que es más universal dentro de su

formulación es el predicado, cabe considerar que los trascendentales relativos

–la verdad, lo bueno y la belleza- no son sujetos, sino predicados10; sin

embargo, considerar que los trascendentales son universalísimos o predicables

de todo conlleva a una gran problemática, ya que la sustancia o el ente no

puede ser predicado de nada y de él solo se predican accidentes, por lo cual,

afirmar que existen predicados que poseen mayor universalidad que aquello de

lo que se predica, tiene como consecuencia una contradicción; por lo tanto,

afirmar que los trascendentales relativos que refieren al juicio y son predicados

del ente son idénticos y se convierten con los trascendentales absolutos

supone un problema a la hora de pensar los trascendentales11.

A partir de los problemas que surgen respecto del sistema clásico de los

trascendentales expuestos por Tomás de Aquino, Leonardo Polo se propone

9 Cfr. Antropología Trascendental Tomo I: La Persona Humana. Ob. cit. p. 74


10 Cfr. Antropología Trascendental Tomo I: La Persona Humana. Ob. cit. Ibíd.
11 Cfr. Antropología Trascendental Tomo I: La Persona Humana. Ob. cit. p. 75
realizar un examen sobre la teoría clásica de los trascendentales para luego

proponer una nueva formulación de la doctrina, propuesta que él llama

“ampliación de los trascendentales” y que aparece a partir de la duda acerca de

la cantidad de trascendentales propuestos en la teoría clásica, ya que para

Polo, en la teoría clásica no se encuentran todos los trascendentales.

Al examinar este elenco cabe formular dos preguntas. La primera: ¿están


aquí todos los trascendentales? La segunda: ¿todos los trascendentales
que aquí figuran lo son propiamente hablando? La respuesta que sostengo
es: ni están todos los que son, ni son todos los que están.
Si no están todos los que son, es preciso ampliar el elenco12.

Ante esta afirmación, Leonardo Polo expone que la ampliación de los

trascendentales consiste en añadir lo que él llama trascendentales personales,

los cuales radican en el acto de ser del sujeto. El filósofo español realiza una

primera consideración de cómo han de entenderse los trascendentales

personales a partir de la verdad entendida como trascendental; explica Polo

que, si la verdad es considerada un trascendental, entonces la intelección ha

de ser considerada un trascendental en la medida en que la verdad se

encuentra en el intelecto y es el intelecto el que permite la adecuación con el

ente, de allí que la intelección o intelecto sea más radical que la verdad y por

consiguiente un trascendental, y si se considera al intelecto como un

trascendental, entonces habrá de considerarse al acto de ser como un

trascendental en la medida que el intelecto y el acto intelectivo forman parte del

acto de ser y este es, distinto del ente13.

De esta manera Leonardo Polo comienza a exponer su propuesta de

ampliación de los trascendentales, sin embargo, esta no ha de ser

12 Antropología Trascendental Tomo I: La Persona Humana. Ob. cit. p. 56


13 Cfr. Antropología Trascendental Tomo I: La Persona Humana. Ob. cit. ibíd.
completamente entendida si no se considera en primer lugar la teoría de

abandono del límite mental expuesta por él.

La filosofía tradicional no ha considerado todos los trascendentales. Es


preciso acudir al ser humano para alcanzar los que faltan. Por eso, se ha
formulado la propuesta de ampliar los trascendentales. Asimismo, el
elenco tradicional requiere rectificaciones porque presenta aporías. Es
patente que resolver las dificultades que ofrece una doctrina no la deprime,
sino que conduce a mejorarla. Ahora bien, como la filosofía tradicional
entiende los trascendentales en el plano objetivo, dicha mejoría solo puede
llevase a cabo si se entiende el objeto como límite mental. Como es obvio,
el conocimiento limitado no es idóneo para entender los trascendentales14.

A partir de la teoría del límite mental de Leonardo Polo que será expuesta en

las páginas que siguen, se podrá entender la propuesta poliana de ampliación

de los trascendentales que posibilitan a su vez una mejor comprensión de los

trascendentales expuestos por Tomás de Aquino y resolver las dificultades que

aparecen en su planteamiento respecto de ellos. Solución que permitirá

comprender como a través de los trascendentales –tanto los expuestos por

Tomás de Aquino como los trascendentales personales expuestos por

Leonardo Polo-, más específicamente el trascendental Pulchrum es posible una

mejor comprensión de los entes.

14 Antropología Trascendental Tomo I: La Persona Humana. Ob. cit. p. 73