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EL ORIGEN DE LA DONUM VITAE

Continuidad y coherencia del

Magisterio de la Iglesia Católica sobre el tema de la procreación humana y el respeto


debido al embrión humano desde el momento de su concepción.
La instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe titulada: “El respeto de la vida humana
naciente y la dignidad de la procreación” más conocida como Donum Vital (1), firmada el 22 de
febrero de 1987, está cumpliendo 25 años. La vigencia de sus enseñanzas ha sido totalmente
revalidada por su hermana menor (por la edad), la instrucción de la misma Congregación:
“Dignitas personae, sobre algunas cuestiones de bioética” (2), publicada el 18 de diciembre del
2008. Las dos instrucciones reflejan la continuidad y coherencia del Magisterio de la Iglesia
Católica sobre el tema de la procreación humana y el respeto debido al embrión humano desde
el momento de su concepción. Esta enseñanza tiene sus orígenes en los principios enunciados
ya por Pío XII a mediados del siglo pasado y se mantiene incólume a pesar de que, incluso en
algunos sectores de la misma teología moral católica, se le han levantado fuertes críticas y
creado vacíos.

Las palabras del entonces prefecto de la Congregación, cardenal Joseph Ratzinger, en la rueda
de prensa de presentación del documento, resumen el contenido de fondo y se aplican
perfectamente a la actualidad: “La ciencia, sin criterios éticos, no es fuente de progreso y puede
finalmente tender hacia la destrucción de la humanidad y del mundo. Así pues, la ciencia, sobre
todo cuando toca al ser humano en lo más íntimo, en su nacimiento, debe dejarse guiar por los
criterios éticos si quiere seguir siendo ciencia humana. No ponemos obstáculos al progreso
auténtico de la ciencia, hemos indicado solamente donde comienza la zona intocable de la
dignidad de la persona humana. Esta zona es la que precisamente hoy debe ser protegida … El
no a ciertas experimentaciones y a ciertas técnicas reproductivas es en realidad un sí al hombre,
un testimonio a favor de la dignidad y la salvación del hombre”. Estas palabras son un eco de lo
que ya Juan Pablo II señalaba en su primera encíclica (3).

En la misma rueda de prensa, monseñor Alberto Bovone, secretario de la Congregación,


explicaba el proceso de elaboración del documento: consultas entre 1980 y 1985 (diversos
episcopados, 62 teólogos y moralistas, 22 especialistas en medicina …, los 30 consultores y los
20 cardenales miembros de la Congregación); primera redacción entre junio 1985 y junio 1986;
ocho meses más hasta la presentación del texto definitivo, en forma de preguntas y respuestas.
Entendemos mejor todo esto cuando nos detenemos a ver lo que estaba sucediendo en el mundo
en torno a este tema. El primer nacimiento de un ser humano por aplicación de la técnica de
fecundación in vitro y transferencia embrionaria (1978) desencadenó la presión de los científicos
sobre los legisladores. La intención era conseguir un marco legal para estas prácticas que abrían
un horizonte muy prometedor bajo muchos puntos de vista. La presión se refleja en la
organización de comisiones de estudio sobre el tema en diversos países (4). Los trabajos de
estas comisiones eran seguidos por las conferencias episcopales correspondientes que
comenzaron a intervenir con documentos muy precisos y articulados. (5). Estos trabajos
sirvieron, sin duda, como material de base para la instrucción Donum Vitae, que recoge muchas
de las argumentaciones que se presentan en ellos.
El interés y la urgencia de la instrucción por orientar la catarata legislativa que se estaba
desencadenando se refleja precisamente en la tercera parte de la misma (Moral y Ley Civil) sobre
los valores y las obligaciones morales que la legislación civil debe respetar y sancionar en esta
materia, donde señala los mínimos éticos que las leyes deben respetar: “La autoridad política no
puede autorizar que seres humanos sean llamados a la existencia mediante procedimientos que
los exponen a los gravísimos riesgos anteriormente citados … La ley no podrá tolerar —es más,
deberá prohibir explícitamente— que seres humanos, aunque estén en estado embrional,
puedan ser tratados como objetos de experimentación, mutilados o destruidos, con el pretexto
de que han resultado superfluos o de que son incapaces de desarrollarse normalmente … no
podrá legalizar la donación de gametos entre personas que no estén legítimamente unidas en
matrimonio … deberá prohibir además, en virtud de la ayuda debida a la familia, los bancos de
embriones, la inseminación post mortem y la maternidad sustitutiva”. Todas estas limitaciones se
derivan de las reflexiones hechas en las partes primera y segunda del documento, esenciales
para tener una visión precisa y argumentada de los criterios morales en esta materia.▄▀

José Francisco Ballesta LC


Profesor de Bioética del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum