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LA ANTROPOLOGIA MÉDICA EN MÉXICO

COMPILADOR

Robert o

Campo s

TOMO 1

Antologías Universitaria ^ Nuevos enfoques e n ctencias sociales

LIBRO

DE

ROBERTO CAMPO S NAVARR O

L A

compilador

LIBRO DE CONSULTA

ANTROPOLOGÍ A

E N

MÉXIC O

1

Instituto

Mora

UNIVERSIDAD AUTONOMA

MÉDIC A

METROPOLITANA

Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora

Hira de Gortari Rabiela

Director General

Hugo Vargas Comsille

Coordinador

de Publicaciones

Universidad Autónoma Metropolitana

Gustavo Chapela Castañares

Rector

General

Enrique Fernández Fassnacht

Secretario

General

Cesarina Pérez Pría

Directora de Difusión

Consejo

Editorial

Cultural

Nicolé Girón, Hira de Gortari, Carlos Marichal y Jan Patula

Portada: Yolanda Pérez y Gabriela Sánchez

Primera edición, 1992

 

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©Derechos reservados

 

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conforme a la ley, 1992

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Instituto de Investigaciones

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Dr. José María

Luis Mora

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Plaza Valentín Gómez Parías núm. 12 jj ^

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México 03730, D. F.

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ISBN:968-6382-61-5 otra completa 968-6382-62-3 tomo 1

Impreso en México Printed in México

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Introducción

Roberto Campos

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ESPACIO S

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L

A ANTROPOLOGÍ A MÉDIC A

Nace la antropología médica

Gonzalo Aguirre Beítrán

La antropología médica en México

I.O S

LUÍS Alberto

Vargas y Leticia

MODELO S

MÉDICO S

E N MÉXIC O

E. Casillas

3 7

3 9

7 8

9 5

Modelo hegemónico, modelo alternativo subordinado, modelo de autoatención. Caracteres estructurales

Eduardo

Menéndez

9 7

Veinte años de investigación en medicina tradicional de México

Carlos

Viesca

Treviño

11 5

1 1

M I

'i

> DI : AUTOATENCIÓ N

13 9

Autoatención y automedicación. Un sistema de iumsat'ciones sociales permanentes

Prácticas médicas populares: algunas experiencias sobre el proceso de autoatención curativa

Roberto

Campos

Navarro

186

Algunos elementos para la gestión popular en salud

Paul Hersch

Martínez

211

INTRODUCCIÓ N

ROBERT O CAMPO S

NAVARRO

El desarrollo y expansión de la antropología médica en México ha sido notable en los últimos diez años. Múltiples son los encuentros, cursos, seminarios, jornadas y coloquios en escuelas de antropología, medi- cina, enfermería, salud pública y otras instituciones educativas donde se expone, promueve y difunde. La Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) tiene asignaturas específicas en la licenciatura, y desde 1986 la maestría en Antropología Social mantiene un taller de antropología médica dedi- cado exclusivamente a la enseñanza e investigación de temas y pro- blemas que le son afines. Sabemos que varias escuelas de medicina en el país (como es el caso de Guadalajara, Monterrey, Veracruz, etc.) incluyen la asigna- tura de antropología médica dentro de sus diseños curriculares. En este sentido, el Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina que depende de la Facultad de Medicina de la UNAM posee un área es- pecializada en antropología médica que desde 1989 imparte un curso obligatorio sobre la materia a los estudiantes del cuarto año de medi- cina, inmediatamente antes de su salida hacia la práctica hospitalaria como internos de pregrado y luego como pasantes en servicio social que abarca todo un año escolar de acuerdo al plan de estudios apro- bado en 1985.

Por otra parte, de manera simultánea y complementaria son cada vi-/ más las instituciones académicas y de servicios que alientan y desa-

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8

Introducción

rrollan investigaciones antropológicas en el campo de la salud y la en- fermedad. Entre ellos destacan el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), el Departamento de Et- nología y Antropología Social (dependiente del Instituto Nacional de Antropología e Historia), el Instituto de Investigaciones Antropológi- cas (UNAM) , el Insriruto Nacional Indigenista, la Dirección General de Culturas Populares, el Instituto Mexicano del Seguro Social, entre otros organismos. A pesar de este inusitado interés, hasta el momento no existen en nuestro país revistas, libros de texto o manuales específicos sobre el tema. La producción de los investigadores y docentes nacionales se ha dispersado hacia revistas no especializadas y algunos libros de muy limitada distribución. La presente antología de textos básicos sobre la antropología mé- dica está dirigida fundamentalmente a un público estudiantil univer- sitario, aunque no descartamos su plena utilidad para el lector no aca- démico que desee averiguar sobre los orígenes, tendencias teóricas y los campos de trabajo de esta subdisciplina de la antropología social. Diseñar y seleccionar textos para una antología no es de ninguna manera una tarea fácil. Ante la imposibilidad de incluir todo, el an- tologista tiene la responsabilidad de escoger lo más representativo de la producción de una determinada área de conocimiento, en un de- terminado periodo de tiempo y una más o menos precisa delimitación geográfica. Resulta evidente que quien selecciona va a imprimir un singular matiz, dándole un sentido que puede no ser compartido por otros. Es un riesgo que asumimos y que hemos tratado de aligerar al consultar y discutir con varios compañeros los materiales aquí reunidos. Hemos tomado una opción teórica general, sin que ello signifique la omisión de textos que no comulguen con dicha orientación; en la antología aparecen autores que dentro de la disciplina antropológica se adscriben a corrientes teóricas disimiles; nuestra intención fue que todas estuvieran presentes sin privilegios ni exclusiones. Queremos destacar que todos los artículos y capítulos de libros seleccionados han sido elaborados por autores identificados y compro- metidos con nuestra realidad social. Los textos son en su mayoría de hechura reciente y aparecieron en la década de los ochenta. La antología está integrada por dos tomos; en ellos se ha tenido el cuidado de brindar una visión amplia y equilibrada de las investi-

Roberto Campos

Navarro

9

gaciones de los antropólogos médicos, tratándose de evitar el sesgo que reduce la antropología médica al estudio de los conocimientos y prácticas englobadas dentro de la medicina denominada "tradicional". Consideramos que la antropología médica abarca otras temáticas entre las cuales podemos incluir:

- cultura y alimentación,

- consumo de alcohol,

- procesos bioculturales (como embarazo, senectud, etc.),

- conductas y comportamientos ante la salud y la enfermedad,

- medio ambiente, cultura y salud,

- procesos autogestivos en salud (movimientos de alcohólicos y

neuróticos anónimos, asociaciones y grupos no estatales de promoción sanitaria, etcétera),

- aspectos socioculturales de la medicina académica, de las enfer- medades crónicas, epidémicas, mentales, etcétera,

- sistemas de tepresentaciones ideológicas relacionadas con la en- fermedad y la muerte, -relación médico-paciente,

- sistemas de atención curativa.

La antología inicia con artículos que definen a la antropología médica, ubican su génesis foránea y su implantación en nuestro país; aparecen los principales centros de investigación y docencia ligados a la disciplina, así como los rasgos y las características de la producción antropológica nacional.

En el siguiente aparrado, Los modelos médicos en México, apa- rece una teorización básica para el entendimiento y comprensión de las diversas prácticas médicas que coexisten en nuestro país. Bajo esa denominación son jerarquizadas las prácticas y saberes curativos, pero sobre todo, se ofrece un marco explicativo de las relaciones existentes entre los diferentes modelos: el científico o hegemónico, el o los al- ternativos subordinados y el basado en la autoatención. La medicina llamada "tradicional" o "popular" surge en este contexto despojada de un carácter exótico, costumbrista o folk, para convertirse en una válida estrategia de atención médica, no obstante su subordinación ideológica y jurídica frente a la medicina académica.

En el tercer apartado, El modelo de autoatención, aparece un tra- bajo sobre el proceso de autoatención curativa como un primer nivel do atención presente en cualquier organización social; allí se revisa el papel de los medios masivos de comunicación, la relación de la auto-

10

Introducción

medicación con el modelo médico hegemónico, la figura educativa de los médicos y los mecanismos de reproducción donde la madre de fami- lia adquiere una relevancia fundamental como curadora en el espacio doméstico. El otro estudio se refiere a los movimientos de gestión po- pular en salud, en los cuales se promueve y estimula la participación activa de los promotores en actividades que rebasan el campo estricto de l o curativo para ubicarse en los espacios de la lucha y la confron- ración político-social.

El segundo tomo se inicia con un par de trabajos relacionados con

los patrones de consumo alimentario. E n e l primero se presentan las

recomendaciones ofrecidas

miento de la alimentación en una comunidad yucateca que sufre el azote de la desnutrición. En el segundo se presentan los cambios que se han detectado en los patrones de lactancia materna y las posibles causas de tales modificaciones, entre las cuales es notoria la influencia de las compañías multinacionales de productos lácteos.

En el siguiente apartado, los terapeutas del modelo científico, se ofrece un panorama de la situación de los médicos que ejercen en el medio rural e idígena, co n especial interés en el pasante en servicio

social que labora para las instituciones estatales de salud: sus alcances,

sus problemas y sus limitaciones al ejercer en

por un antropólogo

para lograr e l mejora-

un medio para el cual n o

fueron debidamente preparados en las aulas universitarias.

En Las enfermedades

en el modelo "tradicional", se incluye una

discusión sobre la s enfermedades "tradicionales " y/o "síndrome s cul - turalmente delimitados" (también conocidos como síndromes de fi- liación cultural) en la cual los autores polemizan acerca de las clasifi- caciones propuestas para dichas nosologías.

Luego se presentan las variadas interpretaciones sobre una enfer- medad conocida en toda América Latina como susto o espanto.

En los terapeutas del modelo tradicional, se describe

una hete-

rogénea variedad de curadores tradicionales entre los cuales destacan parteras, yerberos, curanderos, espiritualistas, brujos, etcétera.

En el último apartado, la interacción de los modelos médicos, se incluyen textos que muestran las articulaciones que existen entre

la medicina académica y las medicinas tradicionales, o bien, entre la

primera y los usuarios qu e

así como en barrios urbanos marginados.

Finalmente se incluye una bibliografía sumaria a la que podrá re-

viven en zonas campesinas e indígenas,

Roberto Campos

Navarro

11

ferirse para una mayor información e l lector deseoso de ampliar sus conocimientos sobre temas tan vastos como los que aquí se abordan. En las siguientes páginas hacemos una breve presentación d e los textos incluidos en la antología, de sus autores y de l a importanci a del tema que tratan.

LOS ESPACIOS DE L A ANTROPOLOGÍ A

MÉDICA

Iniciar este libro con u n trabajo del doctor Gonzalo Aguirre Beltrán es un justo reconocimiento a uno de los pioneros de la antropología mexicana en general y de la antropología médica en particular. Con formación inicial de médico cirujano, se fue interesando poco

de los pueblos in -

dios y las poblaciones negras que subsisten en el país. En la Universidad de North Western (EU) fue discípulo del antropólogo culturalista Mel- ville Herskovits, quien a su vez había sido alumno d e Franz Boas, e l fundador de la antropología norteamericana.

La brillante trayectoria de Gonzalo Aguirre Beltrán durante más de 50 años ha sido rica en experiencias de investigación y de admi- nistración pública en el campo del indigenismo. E n el desarrollo de la antropología médica mexicana son fundamentales tres de sus obras.

a poco en la investigación

histórica y antropológica

En

Programas

de salud en la situación

intercultural

(1955) , ofrece sus co -

nocimientos y experiencias a los trabajadores del sector salud que deci- den laborar en poblaciones indígenas; en Magia y medicina. El proceso de aculxuración en la estructura colonial (1963), e l autor -siguiendo una laboriosa y fructífera búsqueda documental en los juicios del tribunal de la Santa Inquisición en tierras novohispanas- demuestra fehacien- temente la combinatoria de concepciones, ritos y creencias nativas, africanas y europeas presentes entre los curanderos que ejercían en el México colonial; por último, e n Antropología médica. Sus desarrollos teóricos en México (1986) describe el origen, evolución, expansión y corrientes teóricas de la subdisciplina en nuestro país.

Precisamente de esta última obra hemos seleccionado el capítulo titulado "Nace la antropología médica", donde se define a la misma como una materia preocupada por "aplicar conceptos y prácticas a la interpretación y al proceso de cambio de las ideas, patrones de acción

12

Introducción

y valores que norman el ejercicio de la medicina", 1 interesándose en la comprensión de los aspectos sociales y culturales de la salud, la en- fermedad y la medicina con un propósito bien claro: la introducción de la práctica médica científica en las comunidades indígenas.

mexicana

(con precursores como Bernardino de Sahagún, Andrés de Olmos, Alonso de Molina y José de Acosta) apenas surge en su versión aca- démica en la década de los treinta del presente siglo cuando el an- tropólogo estadunidense Robert Redfield inicia importantes trabajos teóricos y etnográficos en los estados de Morelos y Yucatán, que con- dujeron a la formación de algunos profesionales mexicanos, por ejem- plo el maestro Alfonso Villa Rojas.

Por otro lado, la política nacionalista posrevolucionaria intentará la incorporación del indígena a la nación, la asistencia médica a las zonas rurales y la promoción del respeto y la tolerancia a los sabe- res y prácticas ancestrales de los terapeutas tradicionales (o curande- ros), destacando las figuras de antropólogos mexicanos como Julio de la Fuente, Miguel Othón de Mendizábal y el propio doctor Gonzalo Aguirre Beltrán.

Sin duda, los datos contenidos en este artículo son de capital im - portancia para el conocimiento del inicio y auge de la antropología médica en México, y les brinda una singular valía el estar relatados por uno de sus principales protagonistas. Luis Alberto Vargas y Leticia E. Casillas, médicos con estudios de posgrado en antropología física, son los autores de "Antropología médica en México", un artículo informativo aparecido en Social Science & Medicine, una de las revistas internacionales más serias y prestigiosas en el campo de la sociología y antropología de la salud.

Aunque su propósito original es el de dar a conocer la situación actual de la disciplina a un público extranjero poco familiarizado con las investigaciones que se realizan en México, este informe descriptivo también puede servir al lector nacional, sea universitario o no espe-

Para el doctor Aguirre Beltrán la antropología médica

1 Aguirre Beltrán, Antropología médica. Sus desarrollos teóricos en México, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores de Antropología Social, 1986, p. 12. Aclaremos que la antropología tiene cuatro ramas: arqueología, antropología física, antropología social y lingüística. Para algunos investigadores como Aguirre Beltrán y E. Menéndez la antropología médica es una subdisciplina de la antropología social, sin embargo otros la amplían hacia los aspectos de salud y enfermedad contenidos en las restantes ramas.

Roberto Campos

Navarro

13

cializado, para tener un panorama general de la producción reciente sobre el tema y conocer las instituciones académicas y de servicios que las promueven. En especial recomendamos la abundante bibliografía contenida al final de la comunicación pues es de suma utilidad para la revisión de algunos temas concretos como: medicina prehispánica, medicina tra- dicional, herbolaria medicinal, curanderismo, espiritualismo trinitario mariano, naturismo, homeopatía, salud pública en áreas indígenas, au- togestión en salud, y proceso de alcoholización, entre otros.

LOS MODELOS MÉDICOS EN MÉXICO

Una de las corrientes teóricas más influyentes en la antropología mé- dica mexicana contemporánea es la encabezada por el doctor Eduar- do Menéndez, quien desde mediados de la década de los setenta ha dedicado sus investigaciones al estudio de los fenómenos médicos en México con un enfoque que no excluye el análisis desde la vertiente demográfica, epidemiológica, socioeconómica, política y -po r supues- t o - antropológica.

En

Poder, estratificación

y salud.

Análisis

de

¡as condiciones

sociales

y económicas de la enfermedad en Yucatán (1981) realiza un riguroso trabajo documental, teórico y de campo, donde el proceso de salud y enfermedad es analizado desde una perspectiva holística. Precisamente en "Modelo médico hegemónico, modelo alterna- tivo subordinado y modelo de autoatención, caracteres estructurales" (1983), partiendo de sus experiencias concretas de investigación so- bre la estructura de los servicios de salud en Yucatán y del proceso

de alcoholización en México, él construye una interpretación teórica

lo suficientemente sólida como para brindar explicaciones de los pro-

cesos de conflicto y complementaridad que se dan entre los diversos

sistemas curativos presentes en una misma organización social. N o se trata de considerarlos como fenómenos aislados o paralelos (como mu- chos antropólogos los han catalogado) sino como procesos dinámicos

e interactuantes.

La medicina académica (u occidental) identificada como modelo médico hegemónico cumple funciones de cura y prevención e incluso de control social, dominio ideológico y exclusividad jurídica. La exis- tencia de otros sistemas curativos es planteada en términos de simul-

14

Introducción

taneidad y coexistencia operativa, así como de una creciente subordi- nación técnica e ideológica que se expresa en múltiples contradiccio- nes operadas por los curadores tradicionales (por ejemplo, el uso de conceptos médico-científicos o el uso de antimicrobianos). A final de cuentas, más que la manifestación de ciertos grados de conflictivi- dad, lo que destaca es la complementaridad de los saberes y las prácti- cas curativas desplegadas por los conjuntos sociales y sus curadores. El autor rescata la práctica social de la autoatención como un modelo médico estructural presente en toda organización social, reco- nociéndole características curativas, sociales, culturales y económicas (eficacia pragmática, legitimidad colectiva, etc.) que son ignoradas e infravaloradas por los médicos académicos cuya actitud, casi siempre, es rechazante y estigmatizante. Los modelos médicos -entendidos como un instrumento meto- dológico- son construcciones sociales dinámicas y procesales, muy por encima de concepciones fijas y monolíticas. De allí la insistencia del autor en considerar las múltiples y constantes interrelaciones que ejer- cen entre sí los diversos modelos curativos, donde la transacción cons- tituye uno de los principales resultados de interacción. Tomando como un parteaguas el texto ya clásico del maestro

Aguirr e Beltrán :

Medicina

y magia.

El proceso

de

aculturación

en

la

es-

tructura colonial, el doctor Carlos Viesca Trevifto con una óptica his- tórica recupera el valor de la medicina popular mexicana, ya no como una simple y desgastada supervivencia del mundo prehispánico mesoa- mericano o una expresión más de la medicina indígena, sino dándole una nueva proyección al considerarla como una práctica curativa mul- tiforme, producto de un largo proceso de aculturación 2 de las antiguas culturas populares europeas, africanas y americanas. Después de Medicina y magia surgieron en las dos últimas décadas una serie de estudios nacionales y extranjeros que enriquecieron el pa- norama de la etnomedícina en México, desde aquellos que profundiza- ban en la cosmovisión náhuatl de la vida, la salud y la muerte, hasta las investigaciones antropológicas recientes en las áreas urbanas, pasando

2 El neologismo aculturación es una creación conceptual del relativismo cultural que no es aceptada por otras corrientes antropológicas. Para los culturalistas el término de aculturación "comprende aquellos fenómenos que resultan cuando grupos que tienen culturas diferentes entran en contacto directo y continuo, con los subsiguientes cambios en la cultura original de uno o de ambos grupos", Robert Redfield, Ralph Linton, y Melville Herskovits, en la Enciclopedia internacional de las Ciencias Sociales, Ed. Aguilar, Madrid, 1979, p. 34.

Robeno

Campos

Navarro

15

por los trabajos sobre las clasificaciones y taxonomías no occidentales

de las plantas, los animales

rativas locales, regionales y nacionales, así como el desarrollo de otras

nuevas temáticas asociadas. En la visión del doctor Viesca, el futuro de las investigaciones so- bre la medicina tradicional mexicana será creciente en la medida que trate de responder a interrogantes e inquietudes hasta ahora no sa- tisfechas y, sobre todo, que intenten una directa aplicabilidad del co- nocimiento antropológico a la resolución de problemas de la práctica médica, sea ésta académica, tradicional u otra.

y las enfermedades,

las etnobotánicas cu -

EL MODELO DE AUTOATENCIÓN

Con rigurosidad analítica, en "Autoatención y automedicación. Un sistema de transacciones sociales permanentes" (1990), Eduardo Me- néndez nos introduce al estudio de un proceso social escasamente investigado. Es interés explícito del autor definir y precisar concep- tos, superar los sesgos ideológicos que provienen de los médicos y de los mismos antropólogos, ponderar la eficacia real de los "medios" ma- sivos de comunicación y de la práctica médica en la inducción del proceso de automedicación, ubicar la autoatención dentro de las políti- cas nacionales e internacionales de salud y proponer estrategias ade- cuadas de educación para la salud. Para E. Menéndez, la automedicación forma parte de un fenóme- no más amplio estructurado alrededor de la autoatención que:

supone la realización de una serie de actividades orientadas directa 0 indirectamente a asegurar la reproducción biológica y social a par- tir de la unidad doméstico/familiar. Dichas actividades en lo que respecta a los procesos de salud/enfermedad, integra alimentación (incluye amamantamiento), limpieza e higiene (cuerpo, ropa, vi- vienda, etc.), curación y prevención de enfermedades, danos [y] problemas. 3

Por encima

de las visiones estigmatizantes de los médicos y de

1 f-.duardo Menéndez, "Autoatención

y automedicación.

Un sistema de transac-

• |i mes sociales permanentes", en Antropología médica. Orientaciones, desigualdades y Irán

\.u , I„IU-I , ULSAS ,

México,

1990,

p. 176 (Cuadernos de la Casa Chata,

179).

16

Introducción

ciertos antropólogos "populistas", la autoatención y la automedicación constituyen procesos complejos que se inscriben en fenómenos eco- nómicos y políticos con señaladas características en la estratificación social y en la suma de saberes que poseen los conjuntos sociales. Mediante las investigaciones empíricas queda claro que el peso de los medios masivos de comunicación en la automedicación -vía propa- ganda publicitaria directa a consumidores- es nula y que son más bien los médicos y sus instituciones los que enseñan, promueve n y difun- den el proceso de automedicación, no obstante que son ellos mismos quienes tienden a considerarlo como un fenómeno nefasto y perjudi- cial, sin ofrecer referentes empíricos concretos que demuestren en lo cuantitativ o su negatividad, o bien sus grados de ineficacia en mues- tras poblacionales abiertas.

La autoatención debe ser considerada como un proceso estruc-

tural de toda sociedad, como un primer nivel de atención real de la población y en todo caso, como una primera etapa de la "carrera" o

automedicación en estos

términos, el autor sugiere la generación de programas específicos de educación para la salud que consideren que las estrategias se inician con el grupo familiar y que en lugar de prohibir (lo que es imposible de erradicar), se enseñe "intencional y estructuralmente" a la población el uso de los medicamentos de patente.

En el artículo "Prácticas médicas populares: algunas experien- cias sobre el proceso de autoatención curativa" hemos sintetizado al- gunas sencillas investigaciones nuestras sobre el tema de la autoa- tención médica en contextos urbanos (área metropolitana de la ciudad de México y León, Guanajuato) y rurales (Altos de Chiapas).

En el primero de ellos, realizado en 1979 con 50 madres de fami- lia derecho-habientes usuarias de una clínica de consulta externa del Instituto Mexicano del Seguro Social, encontramos conocimientos y creencias relativas a ciertas enfermedades aceptadas por la medicina académica, pero también de manera igualmente importante de aque- llas enfermedades poco conocidas o ignoradas en el medio científico como lo son el empacho, el susto, la caída de mollera, el mal de ojo, entre otras. Lo más trascendente de dicho estudio es que los conoci- mientos populares sobre las diversas enfermedades no tenían sólo una

"trayectoria" del enfermo. 4 A l reconocer la

4 Ver algunas aproximaciones a la "carrera del enfermo" en nuestro trabajo sobre curanderismo urbano (1990).

Roberto Campos

Navarro

17

función informativa sino que de alguna manera servían de base para el despliegue de estrategias curativas primarias no profesionales. En el segundo trabajo participaron siete madres de familia residen- tes de una colonia pobre de la ciudad de León, Guanajuato, cuatro de ellas con alguna experiencia de mortalidad infantil en su núcleo paren- tai. Se observó que todas ellas, ante la presencia de una enfermedad (generalmente gastrointestinal o respiratoria) recurrieron en un pri- mer paso a la autoatención, sobre todo empleando medicamentos de patente. En el tercero demostramos que la automedicación en pueblos mes- tizos e indígenas localizados en la serranía chiapaneca, era practicada en un 80%, más o menos semejante para ambos grupos étnicos. Estas experiencias sobre el proceso de autoatención curativa las consideramos aproximativas a las estrategias y prácticas médicas popu- lares, donde las madres de familia juegan u n papel fundamental como curadoras no especializadas.

Entendida la gestión popular en salud como una estrategia política de control sobre el proceso de salud y enfermedad, en el artículo "Algu- nos elementos para la gestión popularen salud" del doctor Paul Hersch Martínez, presentado en el simposio Salud y Cultura Popular en Mé- xico en 1989, analiza cuál es el significado de la expresión "gestión popular" a la luz de las políticas sanitarias internacionales y la deterio- rada situación de vida (y de salud) de la mayoría de los mexicanos. Para P Hersch la "autogestión" o "gestión popular" en salud im - plica el control de los procesos que determinan la salud, la vigilancia ile los factores que condicionan la enfermedad y las formas curativas para solucionar ciertos problemas. Sin embargo, la cultura de la sa-

no

lud, la enfermedad y la curación -e n un contexto autogestivo-

11 instituyen un proceso aislado de las medidas y decisiones políticas qiu' se román a nivel nacional (reducciones presupuéstales, progra- mas especiales de solidaridad, etc.) e internacional (Fondo Monetario liiiiinai tonal, Organización Mundial de la Salud, y otros organismos).

I V acuerdo con la experiencia del autor, existen tres momentos iiupoitaiiti's para la gestión popular. En el primero se da el contacto i mi alguna organización comunitaria interesada -entre orras cosas-

I I I el ilt'sarrollo de programas propios de salud. En el segundo se con- Milnl.i un equipo de educación en salud al interior de la organización lui i CI.UI M |>OI miembros de la propia comunidad, pertenecientes a las

.

l,i .i

•.

.iilialuinas y cuyas actividades educativas se basan en los sabe-

18

Introducción

res de los participantes, en el trabajo práctico, en la revisión crítica de los saberes populares y en la adscripción a una organización polírica (no necesariamente partidista). En el tercer momento, el equipo de salud brinda aportes a la organización socializando el conocimiento y los recursos bajo un esquema de reciprocidad y mantiene vinculacio- nes estrechas con organizaciones semejantes, así como con los sistemas estatales de salud. En esta perspectiva, los saberes y prácticas populares (como los herbarios y los preparados medicinales) no son formas exóticas y fol- klorizantes, sino elementos y recursos dinámicos de la organización; son herramientas de rrabajo y no fines en sí mismos, pues como plan- tea el doctor Paul Hersch: "Las plantas medicinales no dan la salud. No dan servicios de salud, no dan vacunas, no colocan drenajes ni letrinas, no dan agua potable ni resuelven una apendicitis." La herbo- laria medicinal y otros recursos deben formar parte de un proyecto más global y totalizador, donde se plantea un control y una participación activa sobre los programas preventivos y asisrenciales propios, y más aún, sobre aquéllos planeados y diseñados (desde un escritorio) por las autoridades sanitarias que -por lo general- son impuestas de manera vertical a las comunidades sin tomar en consideración sus especifici- dades históricas, socioculturales y políticas. La autoatención, la autogestión, la participación popularen salud son estrategias sociales que implican la movilización de recursos desti- nados a mejorar las condiciones individuales y colectivas de vida; bajo una acepción política significan que los propios conjuntos sociales to- man la rienda de los procesos que de modo directo o indirecto inciden sobre su salud.

LAS ENFERMEDADES EN EL MODELO MÉDICO

HEGEMÓNICO

Al sostener la afirmación de que la antropología médica no se reduce al estudio de la medicina tradicional, queremos insistir en que los que- haceres del antropólogo médico no se agotan en las investigaciones etnomédicas y que existen otros campos de actividad sumamente im- portantes y trascendentes. Congruentes con esta orientación, el pre- sente capítulo y el siguiente ofrecen una mirada antropológica sobre problemas plenamente reconocidos por la medicina científica (el ham- bre, la desnutrición, los procesos de cambio de los hábitos alimentarios,

Robeno Campos

Navarro

19

entre otros) y sobre las instituciones y profesionistas cuyas actividades se desenvuelven en las regiones campesinas e indígenas del país. Siendo la desnutrición uno de los problemas más apremiantes en México, su estudio desde la perspectiva de las ciencias sociales ha ido a la zaga de la multitud de investigaciones procedentes de la biome- dicina. Desde la antropología, un pionero fue el inolvidable maestro Guillermo Bonfil Batalla. En su tesis recepcional intitulada: Diagnós-

tico sobre el hambre

en

Sudzal,

Yucatán.

(Un

ensayo

de antropología

apli-

cada) publicada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia en 1962, proponía la superación de esquemas teóricos que quedaran sujetos a la mera exposición o descripción de los hechos. Tratando de romper con esa forma de pensamiento él afirmaba la necesidad del cambio para solucionar algunos problemas, aunque quedaba claro que ciertas propuestas eran de tal magnitud que sobrepasaban el ámbito local e incluso regional y nacional. Más aún, al señalar cambios de carácter revolucionario de las estructuras sociales del país, aseguraba que las limitaciones no provenían de los investigadores sino de las ins- tituciones encargadas de los programas y de los grupos sociales intere- sados en el cambio.

La limitación para abordar problemas cuya solución exige transfor-

maciones revolucionarias no radica en la antropología, sino en las

La antropología

puede plantear soluciones revolucionarias; pero el que éstas se lle- ven a la práctica dependerá de que quienes pretendan aplicarlas estén en condiciones de hacerlo. 5

instituciones y organismos encargados de aplicarla.

Por considerar fundamental su aporte a la antropología médica mexicana, hemos incluido en la antología la reproducción de las con- clusiones y recomendaciones de su estudio en la zona henequenera de Sudzal, Yucatán, que como muchos otros sitios de México sufren el llagólo del hambre y la desnutrición. Para mejorar las condiciones de alimentación en Sudzal, Guiller- mo Bonfil sugería modificaciones como: elevar sustancialmente las peieopciones económicas familiares (pagos oportunos y suficientes, eiindicación de intermediarios, producción de miel y objetos de he- nequén, etc.), establecer cooperativas de consumo, mejorar las con-

• <

'' ( liiillnmo Bonfil, Diagnóstico sobre el hambre en Sudzal, Yucatán. (Un ensayo de

;«>li'>:iii.i/>lic<KÍa),

INAH, México,

1962,

p.

121.

20

Introducción

diciones agrícolas y ganaderas (con la introducción de semillas mejo- radas, fertilizantes, promoción de la horticultura, manejo de ganado vacuno, siempre bajo una estrecha asesoría técnica), incrementat la producción avícola y porcícola, enseñar mejores técnicas de prepa- ración y preservación de los alimentos y analizar con detalle los hábi- tos de consumo para desalentar aquellas prácticas que sean nocivas y estimular las que sean benéficas para la nutrición. Guillermo Bonfil Batalla, con toda razón y propiedad, recomen- daba que los cambios se produjeran aprovechando la tecnología local, incluyendo a todo el grupo doméstico/familiar (y no sólo la mujer), que se usara el idioma maya y que hubiera predominio de la práctica sobre la teoría. "Las fórmulas infantiles para la alimentación infantil" es el prólogo del doctor Marcos Arana al libro Las multinacioriales de la aumentación contra los bebés (1982) elaborado por un equipo de trabajo radicado en Suiza. Ellos encontraron -a partir de observaciones sobre la mortali-

dad infantil en los países subdesarrollados de África y América Latina- que la muerte en niños que han llevado alimentación a base de pro-

ductos lácteos industrializados era

aquellos que habían recibido leche materna. El médico y antropólogo Marcos Arana presenta la edición me- xicana del libro publicado originalmente en alemán y sintetiza los an- tecedentes, el desarrollo y los resultados del juicio legal entablado en contra de la empresa Nestlé, examinando algunas consecuencias so- ciales, económicas, médicas y éticas del proceso. Para ubicar las implicaciones del problema en México, el autor hace un repaso de las investigaciones nutricionales recientes que de- muestran el incremento del abandono parcial o total de la alimen- tación al seno materno, tanto en las áreas urbanas como rurales. Se- ñala que las modificaciones en los patrones de lactancia materna son atribuibles a diversas causas entre las cuales sobresalen la promoción publicitaria de las fórmulas lácteas, los reglamentos hospitalarios que separan de manera precoz a las madres y a los recién nacidos, la do- tación gratuita y obligatoria de los sucedáneos de la leche materna en algunas instituciones de seguridad social, el uso de medicamentos an- ticonceptivos, la ausencia de instrucción a las madres sobre el inicio del amamantamiento, el trabajo asalariado femenino, etcétera.

Consideramos valiosa la inclusión de este prólogo, porque el per- sonal de salud (médicos, enfermeras, promotores de salud, entre otros)

doble o triple en comparación de

Roberto Campos

Navarro

21

deben estar enterados de que el uso de la leche en polvo puede condu - cir a funestos resultados cuando no existen las condiciones mínimas de higiene individual y colectiva, y que la promoción de la alimentación al seno materno debe ser fomentada en lo teórico y en lo práctico, luchando no sólo contra la propaganda desmedida de las empresas co- merciales sino también conrra las inercias administrativas institucio- nales que imponen la separación inmediata de la madre y el hijo, e impiden la succión temprana del pecho materno.

L OS

TERAPEUTAS EN EL MODELO MÉDICO HEGEMÓNICO

En Madres, médicos

y curanderos.

Diferencia

cultural

e identidad

ideológi-

ca, la antropóloga María Eugenia Módena describe y analiza las condi- ciones de salud en un poblado ribereño del río Coatzacoalcos cercano

a la ciudad de Minatitlán en el estado de Veracruz. Después de realizar una contextualización histórica, geográfica y hacer una breve descripción de los aspectos materiales y simbólicos que tienen telación con los problemas de salud y enfermedad a nivel local y regional, nos presenta el "mundo de curadores y pacientes" que existen en el pueblo. Así aparecen médicos privados e institucionales, enfermeras, boticarios, curanderos espiritualistas, ministros adventis- tas y pentecostales (que ejercen actividades terapéuticas), culebreros, sobadores, parteras y amas de casa. Más que una detallada descripción de acciones, instrumentos y técnicas para la curación, a la autora le interesa desentrañar formas y contenidos de las relaciones de poder que establecen entre sí los dife- rentes curadores.

En "Instituciones, médicos y paramédicos", demuestra con datos fidedignos el uso diferencial de los servicios médicos privados y oficia- les en un poblado que cuenta con un centro de salud (cuya orientación o|x.-rativa va hacia la aplicación de inmunizaciones, el control natal y

la atención de algunas enfermedades frecuentes en el primer nivel de

atención asistencial) y con dos médicos que ejercen de manera pri- vada. Así los sectores con menor poder económico y político (ejidata- i ii >s, obreros y otros) hacen un mayor uso de ambos servicios, en tanto que los grupos con mayores posibilidades económicas tienden más a la demanda exclusiva del servicio privado.

I )no

de los aportes principales de M . E. Módena es precisar el

22

lniroducción

papel del médico pasante en servicio social como un elemento "ex- traño" a la comunidad, ignorante del contexto sociocultural en que se mueven sus pacientes y los curadores tradicionales de la localidad, en permanente conflicto con los médicos privados que ven amenazados

sus intereses económicos, con dificultades perennes

larios, con limitaciones para elevar las condiciones generales de salud de los pobladores debido a su falta de adiestramiento en salud pública (pues su aprendizaje en hospitales urbanos lo hace dependiente del apoyo tecnológico) y con la eterna ansiedad por finalizar su año de "purgatorio" social. Por otra parte, la figura de la enfermera es anali- zada en función de su carácter subordinado frente al médico pasante, su fácil inserción en la estructura social del poblado y su ambigua re- lación con la medicina popular. Para concluir, describe la situación de los médicos privados cuyos intereses más que profesionales se ubican

en la búsqueda insaciable de bienes materiales.

Para los fines de esta antología, la lectura de estos estudios debe ponemos a reflexionar sobre las mejores estrategias para lograr la re- ducción de las tasas de morbilidad y mortalidad, mediante acciones que involucran la curación, la prevención y otras medidas que esca- pan al control estrictamente médico y entran en el terreno de las metas económicas y políticas en general. E n lo particular interesa que las es- cuelas y facultades de medicina revisen el currículo para adecuarlo a las necesidades reales de un país que si bien está en franca urbanización aún mantiene amplios sectores rurales aislados y dispersos. Resulta ob- vio que la enseñanza de las ciencias sociales debe formar parte de la instrucción obligatoria de los estudiantes de medicina, y sobre todo, de los médicos pasantes en servicio social.

por sus bajos sa-

L A S ENFERMEDADES EN EL MODELO TRADICIONAL

En la literatura antropológica dedicada a la medicina tradicional, un tema escasamente desarrollado es el de la denominación y clasificación de las enfermedades llamadas "populares", "tradicionales", "síndro- mes de filiación cultural" o bien, síndromes culturalmente delimitados, culture-bound syndrome, en la clasificación psiquiátrica de las enferme- dades, DMS-III-R de Estados Unidos. 6

Revísense varios artículos sobre estos síndromes en el número 11 de la revista Cuíc Med. Psychiatr), 1987.

6

Roberto Campos

Navarro

23

En el libro colectivo encabezado por Carlos Zoila, Medicina tradi-

cional y enfermedad, 1988, la preocupación central es precisamente la de ubicat este tipo de padecimientos (o más bien, causas de demanda

de atención de la medicina tradicional mexicana)

en el contexto ge-

neral de la morbilidad y mortalidad reales, más allá de los sesgos medi-

calizadores de los epidemiólogos, así como de los "folklorismos" de la mayoría de antropólogos culturalistas, es decir, por encima de la visión de los médicos que excluyen a priori las enfermedades "populares" y de los estudios antropológicos de raíz culturalista que sólo se recrean en la descripción de las nosologías "populares" o "tradicionales", haciendo

a un lado las patologías respiratorias y digestivas más frecuentes de la población rural o urbana, por no considerarlas interesanres o "folk", pese a que algunas de ellas sean atendidas por los propios terapeuras tradicionales.

Los autores remarcan el evidente reduccionismo que establecen los médicos científicos al crear superficiales e inexactas equivalencias entre las enfermedades populares y las reconocidas por ellos: empacho igual a gastroenteritis o caída de mollera igual a un signo de deshidra- ración en un lactante, sin realizar en ningún caso el suficiente esfuerzo analítico que permita concordancias y diferencias finas entre los diver- sos y - a veces— complejos cuadros clínicos. Por otro lado, teniendo como objetivo prioritario de la investiga-

< ion de campo, la de obtener explicaciones relacionadas con la etiolo-

gía, diagnóstico, curación y prevención de las cinco principales causas de demanda de atención de la medicina tradicional, los autores dis-

i uii-n la pertinencia de las clasificaciones hasta ahora empleadas por los antropólogos, proponiendo una que permita contextualizar la in - lc ii niat ion transmitida por los curanderos rurales de Puebla, Veracruz y

< >axaca, conocimiento valioso para entender el mundo de los terapeu- i.c, iiadicionales y muy útil para el médico pasante en servicio social

que jxxli á tener otros elementos de comprensión de

beles módicos populares de nuestro país. I Vsde la década de los sesenta, el antropólogo norteamericano Aiilui i KIIIH I ha dedicado sus esfuerzos de investigación al estudio

• Ir liri enfci modados populares que aquejan a la población mexicano-

III o H-.11110111 an a residente en el sur de Estados Unidos, así como a los

i iihipesiiios oaxaqueños de México. 7

las prácticas y sá-

folk illnes: susto in Hispanic America"

' •' •>< \ I 1 "*' , pp. 268-283; A . Rubel y Cari CWell , "Dificultades para

' AnI,ni

Kiil.,.|, " I he epidemiology ota

24

Introducción

Quizá sea el susto o espanto, una de las enfermedades más es- tudiadas por lo antropólogos, y en este sentido Arthur Rubel y cola- boradores han mantenido un interés continuo y sistemático en dicha nosología, convirtiéndose en verdaderos especialistas del tema. En la introducción a su libro Susto. Una enfermedad popular que aquí se reproduce, los autores repasan la importancia de lo sociocultu- ral, unido a los procesos psicológicos y orgánicos, en la configuración de la enfermedad como una entidad total, criticando las explicaciones "biomédicas" y "psicologizantes" que reducen el problema a lesiones orgánicas y mentales respectivamente, sin tomar en consideración la esfera cultural.

Para ellos, el susto representa una expresión de pérdida relativa de la salud, existiendo una evidente e inseparable interacción de pro-

y sociales, donde el "estrés" juega un im -

cesos biológicos, psíquicos

portantísimo papel. En la investigación de campo realizada en tres pueblos de Oaxaca diferenciados en cuanto a lenguaje, cultura e historia local, demues- tran que el susto produce un objetivo deterioro del bienestar general y que tal desgaste puede conducir de manera directa o indirecta a la muerte del paciente:

el mensaje es claro: si un paciente incluye el susto entre sus dolen- cias, es más probable que sea abrumado por los problemas clínicos generales, que sea menos capaz de cumplir con sus obligaciones y menos capaz de ganarse la vida o, de algún otro modo, contri- buir al mantenimiento de la familia. Tal agotamiento físico y su acompañante falta de motivación para cumplir con las tareas co- tidianas debe causar alarma entre los médicos que lo atiendan y hacerles comprender que se encuentran ante una situación que po- tencíalmente pone en peligro la vida del enfermo. 8

Este tipo de trabajos que cuentan con la participación de psicólo- gos, médicos y antropólogos, demuestran la fecunda labor de equipos

expresar al médico los trastornos que aquejan al paciente: la enfermedad del susto, como ejemplo", en La medicina moderna y la antropología médica en ¡a población fron- teriza mexicano-norteamericana, Organización Panamericana de la Salud, núm. 359, Washington, 1978. 8 A. Rubel, Cari O'Nell y Rolando Collado A., Susto. Una enfermedad popular, FCE, México, 1989, p. 190.

Roberto Campos

Navarro

25

interdisciplinarios en el estudio de fenómenos que rebasan el marco de sus respectivos ámbitos profesionales.

LOS TERAPEUTAS EN EL MODELO "TRADICIONAL"

Después de haber hecho un somero repaso de las llamadas causas de

demanda que merecen

enfocaremos ahora nuestra atención sobre estos últimos.

Si la madre de familia es el personaje central de la medicina do- méstica, el curandero (curador o terapeuta ttadicional) lo es como es- pecialista de la medicina popular, pues corno tal, es el experto en curar determinadas enfermedades. En la investigación de Laurencia Alvarez Heydenreich efectuada en la serranía morelense en las inmediaciones del Popocatépetl, limí- trofe con el estado de Puebla, la antropóloga identificó por lo menos

a quince curadores, que de acuerdo con su parcelación de práctica

curativa reciben diversas denominaciones: curanderos generales, gra- niceros (cuya especialidad tiene que ver con la petición de lluvias, es decir, con el control de la naturaleza), parteras, brujos, etcétera.

los cuidados de los terapeutas

tradicionales,

Cabe insistir que la distinción entre tales categorías se funda en

el dominio de alguna técnica o el empleo de cierto recurso, sin em-

bargo, es frecuente que los curanderos ejecuten varios procedimientos combinados. Así, por ejemplo, pueden efectuar una "limpia" en un temazcal, realizar una sobada, recetar una planta medicinal y -de ma- nfla simultánea- aplicar una serie de inyecciones que contengan algún antimicrobiano.

Nuestras experiencias en el curanderismo (ranro rural como ur- bano) confirman lo anteriormente expuesto. La medicina popular

(aun la que se ejerce por indígenas) contiene indudables saberes e nicas previas a la conquista europea, pero ya no es más una práctica piebispánica. La sociedad se ha ido transformando en más de cuatro

•II^IDS, y los curanderos no son ajenos a

Segú n la Organización Mundial de la Salud, entre 60 y 80% de los

estos cambios. 9

Aproximación antropológica al

i ni mulii limii i onu-mporáneo en la ciudad de México", tesis de maestría, ENAH, México,

' H ( 'ampos Navarro, "Nosotros los curanderos

l'ÍVO, |,|,

SH'l S')H.

26

Introducción

partos en América Latina, África y Asia son atendidos pot parteras tra- dicionales (también llamadas empíricas o comadronas). 1 0 En México, las cifras oficiales ubican dicha atención en porcentajes semejantes. Estas cuantificaciones aproximativas, demuestran la formidable e impactante presencia de las parteras como un recurso para la salud.

Por ell o no extrañ a que de la

precisamente este sector el que es objeto -desde tiempos coloniales- de un mayor número de acercamientos por parre del Estado, unas veces para recomendar, otras para capacitar; pero siempre con inten- ciones de controlarlo y subordinarlo al poder médico hegemónico. En "La arención del parto y la antropología médica" la investiga- dora norteamericana Sheila Cosminsky examina algunas normas so- cioculturales relativas al embarazo, parto y puerperio, señalando la imprescindible función de la partera en las comunidades rurales del sur de Estados Unidos, México y Guatemala. En este artículo encontramos una descripción sintética de la atención del parto (en especial se cuestiona la posición óptima para la paciente y el producto), los cuidados durante el puerperio, el uso de hierbas medicinales y medicamentos de patente, la ayuda del grupo

familiar en el proceso, la aplicación de masajes en el periodo prenatal

y expulsivo, los métodos tradicionales para cortar y curar el cordón

umbilical (enfatizándose las medidas preventivas para el tétanos neo-

totalidad de terapeutas tradicionales, sea

natal) , el significativo valor que se atribuye al pudor de la paciente que origina la preferencia por un curador de su mismo sexo, el peso de la teoría de lo frío y lo caliente en las dietas y remedios que se indican

a la mujer, y para finalizar, se discuten los alcances y limitaciones de los programas de adiestramiento y capacitación desarrollados por las autoridades sanitarias.

Con base en sus experiencias de campo, la autora recomienda la continuación de los cursos de adiestramiento biomédico a las parteras, incorporándoles contenidos antropológicos que tomen en cuenta los saberes y prácticas locales tradicionales que resultan benéficas para la paciente (posición vertical durante el parto, cauterización del cordón umbilical, masajes suaves, uso del baño caliente, amamantamiento in - mediato, alimentación adecuada, etc.), eliminar aquellas prácticas que sean dañinas (sobre todo las que favotecen infecciones en la madre o en el niño), ignorar o no hacer caso de aquellas prácticas inofensivas

1 0 OMS, Parteras tradicionales. Guía práctica para el adiestramknlo, la evaluación y la articulación de este personal en los servicios de salud, núm. 44, Ginebra, 1979, p. 7.

Roberto Campos Navarro

27

que tienen importantes componentes psicológicos (rezos, oraciones y ceremonias) e investigar la eficacia de algunos productos herbolarios de uso frecuente en la actividad obstétrica.

L A INTERACCIÓN

DE MODELOS MÉDICOS

Si partimos del hecho de que México es una nación multiétnica y plu- ricultural (es decir, que tiene 56 grupos étnicos en su territorio, que representan de 8 a 18.6% de la población total 1 1 y que existe un grupo dominante con diversos grados de mestizaje) es de capital importancia conocer y reflexionar sobre el ejercicio de la medicina en los espacios interculturales. En este orden de ideas, el volumen Medicina maya en ios altos

de

Chiapas.

Un

estudio

del

cambio

sociocuhural

(1963 )

constituy e

un

verdadero clásico de la literatura antropológica-médica elaborada en México. Su autor, el fallecido antropólogo norteamericano William Holland, logró integrar una obra rebosante de información original, útil y significativa, donde se incluye una descripción y análisis de la práctica médica académica que se implanta en las zonas indígenas. No obstante su carácter casi monográfico, el investigador consi- gue con facilidad adentrarnos en el mundo indígena chiapaneco: su monrañoso habitat geográfico, su accidentada historia, las contem- poráneas relaciones interétnicas que se establecen entre indígenas y mestizos, los proyectos nacionales que pretenden mejorar la calidad de vida a través de las instituciones gubernamentales, etcétera. Después de una minuciosa caracterización del pueblo alteño don- de trabajó, nos hace penetraren el universo mítico de la creación tzot- /il del mundo, en el eterno espacio de las divinidades celestiales, te- iléñale s e infraterrenales y en la naturaleza "espiritual" del hombre y

•ais ancestros.

lin capítulos subsiguientes profundiza con maestría en los oríge-

nes diversos de las enfermedades (con las constantes intervenciones

d e diose s y hombres), en la percepción corporal de la fisiología

tomí a humanas, en las actividades curativas de los curanderos o hilóles

y ana-

"

Mf-.l,

I ii/ M. Viildcs, El perfil demográfico de los indios mexicanos, Siglo XXI Editores, V'H'K |>. I 36.

28

Introducción

tzotziles, y para concluir, analiza los modelos de medicina que entran en interacción. En el capítulo noveno "La medicina en transición" -que aquí es reproducido- el autor evalúa los primeros diez años de labor médica- asistencial del programa indigenista en las zonas mayas tzotzil y tzeltal de los altos de Chiapas. Ilustra con innumerables ejemplos, las con- quistas y conflictos que surgieron con el establecimiento de las prime- ras clínicas atendidas por doctores y enfermeras, con el importantísimo auxilio de los promotores de salud, algunos de ellos también curande- ros de la localidad. Mediante la aplicación de encuestas y entrevistas a pacientes in - dígenas asistentes a las clínicas gubernamentales, fluye información cuantitativa y cualitativa que demuestra el uso complementario de las prácticas médicas tradicionales y modernas. Pese a que el trabajo de W. Holland se realizó entre 1957 y 1961, las conclusiones a las que llegó parecen ser aún válidas: considerar a la medicina académica como un recurso para la salud, bien aceptada cuando fracasan los intentos del curandero y se demuestra la eficacia del tratamiento médico, también, que la medicina académica es perci- bida po. el indígena como una forma diferente de magia (y de la cual se esperan resultados milagrosos), que existe un rechazo selectivo de ciertas técnicas y tratamientos (cirugías mayores, algunos medicamen- tos) y que la medicina moderna tiene más aceptación (y crea menos desconfianza) cuando se busca complementaridad, entendimiento y cooperación con los terapeutas de la medicina tradicional. En su doble carácter de médico clínico y antropólogo social, el doctor Mario Humberto Ruz, de manera brillante y comprometida nos ofrece sus vivencias con el grupo indígena tojolabal ubicado en el mu - nicipio de Las Margaritas, en Chiapas. En su trabajo "Médicos y 'loktores'. Enfermedad y cultura en dos comunidades tojolabales" (1983), el doctor Ruz hace una breve des- cripción etnográfica del grupo, centrándose en la organización social, la economía regional y en su singular visión del mundo. Después exa- mina sus ideas sobre la salud y la enfermedad, su concepció n de l pro- ceso de embarazo, parto y puerperio, del cuerpo humano y sus ele- mentos anatómicos y fisiológicos, la causalidad de las enfermedades, su diagnóstico y las diversas estrategias para lograr la curación. La última sección del artículo se interesa en los curadores que la- boran en el territorio tojolabal. Apartándose de una visión folklorista y

Roberto Campos

Navarro

29

unilateral, el autor menciona la existencia de parreras, yerberos, brujos

y curanderos, sin dejar de lado la "temida" participación de "loktores" (o sea, médicos con formación académica), las clínicas rurales y los hospitales urbanos. Ofrece una versión de primera mano, acerca de las dificultades que tienen los pacientes indígenas para enfrentar la medicina acadé- mica (desconocimiento del idioma español, aislamiento y soledad en los hospitales, empobrecimiento económico extremo al pagar los ho- norarios profesionales, métodos de laboratorio que les son extraños

y amenazantes, etc.)

que adoptan los médicos que trabajan en el medio rural (en general)

e indígena (en particular).

Algunos estudiantes universitarios pensarán que los conflictos en- tre médicos y pacientes sólo sucederán cuando los primeros tengan que ejercer en el medio rural durante el obligatorio pasaje por el servicio social. Esto es inexacto. Uno de los fenómenos demográficos más sig-

nificativos de este siglo en nuestro país es la vertiginosa urbanización

y las actitudes desvalorativas (o etnocéntricas)

a costa de una fuerte migración rural hacia la ciudad.

En nuestra experiencia como médicos familiares del IMSS en la

ciudad de México, no es nada raro asistir a enfermos de clases medias

y proletarias que continúan exptesando dolencias relacionadas con el

mal de ojo, el derramamiento de la bilis, el hundimiento de la mollera, el sufrimiento de un mal aire, un ahito o una pérdida del alma, e incluso no han faltado pacientes que declaren sentirse afectados de un "daño",

0 sea, una brujería. Igualmente esos pacientes derechohabientes urbanos han tenido contactos más o menos constantes con otros sistemas de curación.

a homeópatas, quiroprácticos, naturistas, acupuntu- y -po r supuesto- curanderos espiritualistas. 1 2

El esplritualismo trinitario mariano es uno de los movimientos

1 lan consultado tistas, iridólogos

i urativo-religioso de mayor auge y crecimiento en el país. Esta corriente mesiánica milenarista nacida en la ciudad de Méxi- (> i en la segunda mitad del siglo XIX, se alimenta de muy heterogéneos orígenes: apela a un pasado prehispánico y novohispano, aprueba la lotoima liberal juarista, maneja fuentes bíblicas judeocristianas, toma algunos elementos del catolicismo y del espiritismo kardeciano, y en

' ' K. < 'ampos Navarro, "Notas de campo", mecanuscrito,

1987.

30

Introducción

el terreno curativo mezcla actividades de trance con procedimientos simbólicos y manuales, herbolaria medicinal, medicamentos de pa- tente, operaciones "espirituales" y otros recursos. Siendo de gran interés esta forma curativa que conoce actual- mente una notable expansión, hemos incluido en la antología el ar- tículo "El cuidado de la salud: un problema de relaciones de poder" (1977), en el cual la autora expone algunas de sus experiencias con el movimiento espiritualista trinitario mariano, describe sus orígenes, sus preceptos y creencias, su funcionamiento, sus actividades religiosas y curativas, la formación y disposición tan característica de sus curado- res y la relación que ellos establecen con los pacientes. Cabe señalar que en los templos espiritualistas el curandero se convierte en el intermediario entre el enfermo y el "espíritu" curador, de tal modo que sus acciones casi lo emparentan con el chamán, con la diferencia de que los primeros no utilizan sustancias psicotrópicas (como el peyote o los hongos alucinógenos) y no recuerdan los inci- dentes que acontecen durante la "posesión", "viaje" o trance extático. K. Finkler discute las razones de coexistencia y funcionalidad de los heterogéneos sistemas de atención a la salud, y en especial se de- tiene a revisar las diversas hipótesis que intentan explicar la asistencia de los enfermos al curador espiritualista (por ejemplo, visión integral del paciente como sujeto social y biológico, pertenencia a estrato so- cial similar, reconocimiento indudable de categorías nosológicas como el susto o los malos aires, búsqueda de la cura por consejo y no úni- camente alivio de males físicos, etc.), pero en especial ella propone una estrategia de políticas sanitarias donde no se excluyan las formas "no científicas" de curación que tengan o puedan tener una eficacia comprobable o por comprobar. Intentando una recapitulación y síntesis del material selecciona- do, consideramos que la antropología médica tiene como campo inclusivo de actividades el estudio e intervención en los procesos de sa- lud, enfermedad y muerte, así como las heterogéneas estrategias cons- truidas para mantener o modificar las condiciones de vida (y de salud) de los conjuntos sociales. Desde esta orientación no limitamos la an- tropología médica a la práctica e ideología curativa "ttadicional", sino que la ampliamos a toda actividad desplegada alrededor de la salud. De este modo las temáticas abarcan desde la alimentación, el consumo de alcohol, la contaminación ambiental, la práctica hospitalaria, la automedicación, hasta el seguimiento epidemiológico sociocultural

Roberto Campos Navarro

31

de enfermedades "tradicionales" (susto, empacho, caída de mollera) o de aquéllos sin problema de reconocimiento por la medicina acadé- mica (diabetes, hipertensión arterial u otras) e igualmente analizar los sistemas de atención dominantes o no en nuestro medio. Sin duda el desarrollo de la antropología médica mexicana se ha centrado en el campo étnico y en la etnomedicina. En esta antología hemos tratado de romper con dicha tendencia presentando artícu- los producidos por antropólogos donde aparecen procesos complejos como el de la automedicación, la gestión popular en el campo de la salud, los cambios alimentarios y la desnutrición, el análisis de algunas instituciones médicas y la interacción entre organizaciones médicas, pacientes y curanderos. Desde un punto de vista pedagógico hemos utilizado como pata- digma fundamental la aproximación teórica sobre los modelos médicos de Eduardo Menéndez y, a partir de ella, brindando ejemplos de las principales corrientes de investigación, dando preferencia a aquéllas sustentadas por trabajo de campo (que es el modo de trabajo antro- pológico por excelencia), sin demeritar el estudio documental y refle- xivo-teórico. En el modelo de autoatención, automedicación y autogestión, ubi- camos aquellos sabetes y prácticas que poseen los conjuntos sociales (dependientes o no de la profesionalización preventiva-curativa de los curadores expertos) que pueden ser promovidos, desarrollados e in - cluso politizados por algunos secrores populares caracterizados por su escasa apropiación de bienes y servicios producidos socialmente, pero que conservan un amplio y generoso espíritu de lucha y solidaridad. Sobre el modelo médico hegemónico debemos reconocer las es- casas investigaciones antropológicas existentes en México. Fuera de algunos artículos pioneros de Manuel Gamio y Julio de la Fuente, es evidente la desproporción de investigaciones producidas sobre todo al compararlas con las-de medicina tradicional. Au n así pudimos en- contrar trabajos sobre los aspectos socioculturales de la alimentación, sobre las consecuencias que acarrean ciertos cambios en los patrones alimentarios, sobre los médicos, enfermeras y promotores de las insti- tuciones estatales de salud y más frecuentemente sobre el impacto de los programas preventivos y curativos diseñados por médicos, algunos de los cuales con el apoyo y la asesoría de los científicos sociales.

prácticas

subordinadas legal e ideológicamente al modelo médico hegemónico,

El

modelo

médico

alternarivo engloba

una

serie

de

32

Introducción

entre las cuales sobresalen las medicinas denominadas "tradicionales"

o "populares". Las investigaciones al respecto siguen siendo abundan-

tes, aunque sesgadas hacia el análisis culturalista que evade ¡as implica-

ciones socioeconómicas y políticas de los saberes y prácticas populares, con un enfoque rural que olvida la importante urbanización del país y con una interpretación epidemiológica que sólo considera las entida- des "tradicionales" o "síndromes de filiación culrural". En la antología se reflejan en parte tales tendencias. Prácticas como la homeopatía, la quiropraxia, la acupuntura, el naturismo y otras, no han recibido un estudio desde las ciencias socia- les en general y de la antropología en particular; futuras investigacio- nes deberán contemplar tales sistemas de atención. Para finalizar, queremos recalcar que esta antología está dirigida

a estudiantes de licenciatuta de medicina, enfermería y antropología; no obstante su espectro de utilidad puede ser ampliado como elemento formativo para todas aquellas personas involucradas en los programas

de Atención Primaria a la Salud (APS), en especial a los compañe- ros de las instituciones del llamado sector salud (como el IMSS-Solidari- dad, SSA-Sistemas Locales de Salud e Instituto Nacional Indigenista) y aquellos otros que laboran con empeño en las organizaciones no guber- namentales con programas que directa o indirectamente promueven

la salud en las áreas marginadas de nuestro país.

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La presente bibliografía corresponde a la nota introductoria, como tal es suma- ria, enfocada a materiales mexicanos y fácil de localizar en bibliotecas especia- lizadas, por ejemplo: Instituto Nacional de Antropología e Historia, Instituto de Investigaciones Antropológicas (UNAM) , Centro de Investigaciones y Estu- dios Superiores en Antropología Social y Escuela Nacional de Antropología e Historia (INAH) .

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NAC E

L A ANTROPOLOGÍ A

MÉDICA *

 

GONZALO

AGUIRRE

BELTRÁN

CURIOSIDAD

ANTIGUA

En el seno de la comunidad médica existe, en estos días, una profunda inquietud por entender el contenido y la utilidad que proporciona el conocimiento de la antropología médica. En otros lugares, particular- mente en Estados Unidos, la subdisciplina tiene ya tres decenios largos de robusto crecimiento y figura separadamente en la lista de carreras que imparten algunas universidades; no muchas todavía. La litera- tura que se publica sobre la materia, se vuelve cada vez más copiosa e interesante, tanto en lo que concierne a la antropología médica pro- piamente dicha cuanto en lo que hace a la sociología médica. 1 En los países que componen el tercer mundo, es cada vez mayor el atractivo que ejercen los estudios de antropología médica, particularmente en aquellos que contienen dentro de su jurisdicción a pueblos étnicos no integrados aún en el proceso de formación nacional.

En México el interés por la reflexión sobre la enfermedad y el accidente desde la perspectiva sociocultural, también toma cuerpo al término de la segunda guerra mundial, pero su ascendiente queda re-

* Tomado de: Antropología médica. Sus desarrollos teóricos en México, Ediciones de

la Casa Chata,

1 Bibliografía seleccionada en antropología médica para los profesionales de ¡a salud en las Américas, Organización Americana de la Salud (OAS) , El Paso, 1978.

México.

39

40

Nace la antropología

médica

ducido a los antropólogos y, en cierta medida, a los epidemiólogos. Las circunstancias, sin embargo, nunca permanecen constantes y en

la actualidad son los médicos y no sólo los antropólogos quienes

teresan por el enfoque cultural de la medicina. Esta obra tiene como propósito discutir, teórica e históricamente, el proceso de su formación e n nuestro país, iniciándolo desde sus orígenes enrre los antropólogos ingleses y norteamericanos; pero antes de introducirme al tema creo necesario fijar los límites del campo de estudio de la antropología gene-

ral, para después abordar la antropología médica. Ésta es una subdisci- plina de aquélla y se ocupa de aplicar ciertos conceptos y prácticas a la interpretación y al proceso de cambio de las ideas, patrones de acción

y valores que norman el ejercicio de la medicina. Con frecuencia damos por sentado que los padres fundadores de la disciplina son quienes le dan cimientos teóricos y atribuyen orden

y significado a sus categorías conceptuales, metodológicas, procesales y

aplicativas; esto es, los que le asignan calidad profesional o académica así como la denominación con la que hoy en día la identificamos. La antropología no escapa a esta manera un tanto apresurada de reorgani- zar conocimientos viejos para sistematizarlos en una ciencia nueva eti- mológicamente comprometida con el estudio del hombre. Pensadores de fines del siglo pasado y principios del presente son reputados, por sus respectivos países, como las figuras relevantes que, con sus propo- siciones, incian los derroteros de la ciencia del hombre: Eduardo Tylor en Inglaterra, Francisco Boas en Estados Unidos, Marcelo Mauss en Francia, Ernesto de Marrino en Italia, y Manuel Gamio en México,

para sólo mencionar a unos pocos de

A decir verdad, la antropología no es una ciencia reciente; sus raíces se hunden profundas en el tiempo. Desde la antigüedad griega

y romana y en el largo y oscuro medioevo, hombres serios y graves

por su saber y por su brillante imaginación, muestran curiosidad por los usos y costumbres de pueblos diferentes al suyo. Angel Palerm, en el primer volumen de su historia de la etnología, da cuenta de los testimonios que dejan las incursiones de los primeros viajantes que se aventuran por el mundo bárbaro; de modo especial alude a Heródoto de Halicarnaso, llamado padre de la historia y también de la etnología, narrador portentoso de las creencias y ritos exóticos cuya verdad no avala pero sí estima dignos de ser conocidos. Nos dice, además, no sin cierta admiración que Lucrecio, filósofo del Lacio, comete la osadía de

se in -

ellos. 2

2 Marvin Harris, The rise of anthropological theory, Crowell, Nueva York,

1968.

Gonzalo Aguirre

Beltrán

41

erigir construcciones intelectuales grandiosas sobre la evolución de la humanidad que, en gran medida, siguen vigentes. Agrega otros casos. 3 Sin embargo, es preciso esperar hasta la época de los descubri- mientos y la conquista de tierras y continentes nuevos, allá por el siglo XVI, para advertir la aparición de textos, a veces monumentales, donde sus autores abogan o impugnan los usos y costumbres de los pueblos nativos, por lo general, con fines proselitistas. Entonces brotan, con vigor inusitado, utopías empeñadas en fabricar un modelo de comu- nidad primitiva opuesto al que vindican la expansión capitalista y el sistema económico colonial. La vera paz de Bartolomé de las Casas,

los hospitales puebio de Vasco de Quirog a y el reino milenario,

en

la hora

undécima de Gerónimo de Mendieta, son unos cuantos ejemplos de estas representaciones místicas.' 1 Noce la etnología. Si el alcance de nuestras consideraciones lo cir- cunscribimos a Mesoamérica, bien podemos afirmar que la antropo- logía en su vertiente etnológica, nace en 1547 con las investigacio- nes afanosas de Bernardino de Sahagún, cuando compila en idioma

vernáculo el Tratado

de la retórica

y filosofía moral

y teología

de

la gente

mexicana, y en su especialidad lingüística, con la gramática náhuatl de Andrés de Olmos, también de 1547, el vocabulario en lengua mexi- cana de Alonso de Molina, de 1555, y orras artes en idiomas varios que, durante el siglo de la conquista, distintos misioneros trasladan al alfabeto latino. El interés de los pioneros, tanto en etnología cuanto en lingüística, se concentra en el campo controvertido de la religión y los propósitos que les mueven a conocer las prácticas y creencias indígenas sobre lo preternatural, van dirigidas a facilitar la innovación del cristianismo y a consolidar al dominio colonial. El Tratado de he-

chicerías

y sortilegios

de

Olmos , al igual que

la Historia

de

las cosas

de

Nueva España de Sahagún, muestran este evangélico designio. 5

Hay, desde luego, una excepción a lo dicho. El acopio de materia- les sobre religión nativa al que dedican gran parte de su tiempo libre los frailes inquisidores, los conduce de la mano al conocimiento de los conceptos que modula la teoría y práctica de la medicina indígena tan inextricablemente ligada a las creencias y ceremonias mágicas. Los

3 Ángel Palerm, Obras hidráulicas prehispánicas en el sistema lacustre del valle de México, SEP/INAH , México, 1973.

4 Enrique Florescano, "Una interpretación mística de la conquista de México", en Casa del Tiempo, núm. 24, 1982, México, pp. 18-24.

5 Luis Nicolan D'Olwer y Howard E Cline, "Sahagún and his works", en Handbook, núm. 13, 1973, p. 187.

42

Nace ¡a araropohgía

médica

invasores europeos, desde muy temprano, comprueban la eficacia de médicas y médicos en el tratamiento de las enfermedades y accidentes comunes en la tierra antes del contacto indocristiano. A legos y cléri-

gos les atrae el carácter esotérico de la medicina india y los franciscanos se adelantan a instituir una cátedra, servida por médicos mexica, en el Imperial Colegio de Santa Cruz en Tlatelolco, para preservar los logros de la medicina mesoamericana. El experimento produce algunas obras perdurables en códices y memoriales en los que, a juzgar por su conte- nido, se advierte la influencia recíproca de las nociones de la medicina hipocrática y los postulados de la medicina vernácula. La vida del en- sayo es efímera, al punto de no durar una simple generación, porque

sus propósitos -forma r un cuerpo médico nativo— contradicen

los fines

a que aspira la colonia de explotación establecida en Nueva España,

dispuesta a configurar con

españoles un cuerpo médico hegemónico. 6 La inteligencia reflexiva de José de Acosra,

religioso de la Compañía de Jesús, sistematiza los ensayos que le ante- ceden y los suyos propios, para desvelar las características que determi- nan a la disciplina en formación. En el proemio a su Historia natural y moral de las Indias, de 1590, da a la antroprología el nombre de historia moral para conrrastarla con la historia natural que se ocupa de las co-

sas y obras de la naturelza; la llama la ciencia nueva "po r ser juntament e historia y en parte filosofía"; y la define, con toda congruencia, como

el conocimiento de las cosas y obras del libre albedrío, "que son los he-

chos y costumbres de los hombres". Acosta limita ese conocimient o

a los pueblos sin escritura y nos dice que, para adquirirlo, se requiere "mucho trato y muy intrínseco con los mismos indios" y, consubstan- cialmente, "saber la lengua". La observación directa, la participación personal y el dominio del habla vernácula particular del grupo étnico estudiado son, desde entonces, los métodos propios de la indagación antropológica. 7

Acosta reduce el ámbito de la antropología a los pueblos ágrafos por ser el campo del conocimiento que desamparan los historiadores a quienes cautivan la£ fabulosas hazañas de descubridores y conquista- dores. Para ellos los pueblos vencidos, prealfabetas, sin archivos n i documentos fehacientes que revelen los hechos significativos de su acontecer ordinario, son ignorantes, simples, naturales; no vale la pena

Misionero

antropólogo.

6 Gerónimo de Mendieta, Historia eclesiástica indiana, Chávez Hayhoe, México,

1945.

7 Joseph de Acosta, Historia natural y moral de las Indias, FCE, México,

1940.

Gonzalo Aguirre. Beltrán

43

ocuparse de sus cosas. Apenas descubiertos los indios son expulsados de la historia. Acosta y los misioneros conquistadores los rescatan y fundan para ellos una historia moral, una ciencia nueva que es a la vez

historia y filosofía. Etimológicamente historia y filosofía están cercana- mente emparentadas; son voces castellanas que derivan de sus corres- pondientes griegas y ambas comparten el significado de conocimiento, sabiduría, ciencia. Cuando en 1596 Agustín Dávila Padilla narra la fundación de la provincia de Santiago, de la orden de Predicadores, y alude a la obra del jesuíta como Phtlosophia natural y moral, no se equi- voca. Para él y para su tiempo historia y filosofía están íntimamente

la sinonimia. 8 La ciencia de los usos y costumbres de

los hombres es filosofía, historia o conocimiento de los hombres sin letras y sin escritura. Proscripción marxista. En la segunda mitad del sigoXIX un pro- ceso semejante al ocurrido en el sigloXVI reitera la proscripción de los pueblos ágrafos. Karl Marx y Frederich Engels, en 1847, redac- tan el Manifiesto comunista, un llamado a la unidad de los proletarios del mundo. El documento abarca, en el tiempo y en el espacio, a la humanidad entera y comienza con una aseveración doctrinaria con- tundente: "La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases." Desde la rígida perspectiva evolu- cionista de la declaración, la lucha de clases constituye la energía ne- cesaria para poner en actividad las transformaciones sociales. Pero el incremento del saber acerca de las formas de vida de los grupos étni- cos llamados salvajes o primitivos -donde la lucha de clases no tiene vigencia- y la elaboración de la teoría antropológica que interpreta las civilizaciones diferentes, pronto hace insostenible la proposición gene-

relacionadas en

ralizadora que abre el alegato y obliga a Engels a incluir, en la edición inglesa, 1888, del Manifiesto, una nota que restringe el alcance de lo

a la historia escrita. 9 En otras palabras, Engels expulsa

antes afirmado,

de la historia a los pueblos sin escritura y los avienta al ámbito de la antropología, disciplina científica que por esos años define su nombre

y configura su objeto de estudio. Los pueblos ágrafos, pues, quedan

fuera de la teoría marxista y la exégesis de las etnias aclásidas deviene

la responsabilidad de la antropología cuya base es la noción de cultura.

8 Agustín Dávila Padilla, Historia de la fundación y discurso de la provincíade Santiago

de México, Pedro Madrigal, Madrid, 1956 (edición facsimilar de Agustín Millares Cario).

9 K. Marx y F. Engels, "Manifiesto comunista" en Obras escogidas, Progreso, Moscii,

1954,

p.

33.

44

Nace la antropología

médica

segunda guerra mundial, la descolonización de los

pueblos sometidos al dominio imperial toma violento impulso. Hasta entonces el dominio incontestado de la antropología sobre su objeto de estudio le permite crecer sin grave oposición; pero en 1968, el mo- vimiento anarcoestudiantil sacude a Europa, repercute en México y da un giro a la situación establecida. Coloca a la disciplina entre las cien- cias mal nacidas, cuyo origen bastardo producto del colonialismo, las condena a desaparecer. La antropología aplicada, y en lo particular su versión indigenista, son blanco de iracundos ataques. Las instituciones gubernamentales encargadas de proporcionar servicios a los pueblos étnicos son calificadas de instrumentos de control. Se tilda al Instituto Nacional Indigenista de Ministerio de las colonias y la teoría y práctica de la integración y sus proponentes son satanizados asignándoles fines perversos. Au n la antropología médica cuyo propósito último está en- caminado a innovar la medicina y la salud, en su modalidad científica, y en comunidades nativas asoladas por males fácilmente superables, es condenada como herramienta de sujeción.

Estructuralismo marxista. El campo de pesquisa irreductible al es- quema del Manifiesto comunista, campo reservado a la teoría y pra- xis de la antropología, es insistentemente reivindicado como ámbito sustraído al dominio del materialismo histórico. Muchos ven en la partición del hombre, como objeto de estudio, un profundo antago-

marxista del mundo y

nismo entre el enfoque totalizador del concepto

la noción de cultura que engloba las cosas y las obras producidas por el hombre que vive en sociedad. Los esttucturalistas ingleses y franceses, afiliados al marxismo y comprometidos en la lucha de clases, llegan a negar especificidad a la antropología. Mauricio Godelier afirma que no existe principio o axioma que permita atribuir contenido exclusivo a la antropología, que la constituya en dominio de investigación definiti- vamente delimitado, circunscrito sobre sí mismo, por tener conferido el análisis de realidades específicas. 1 0 Su campo de estudio, dice, se funda negativamente en razones prácticas y no en cualquier necesi- dad teórica. En efecto, el campo de inquisición de que disfruta la an- tropología, desde sus lejanos comienzos, le es concedido por razones prácticas de dominio, evangelización, explotación de mano de obra, control social. Los antropólogos, los misioneros y otros hombres sa-

A l

finalizar la

1

0

Maurice Godelier, Un domaine contesté: lanthropologíe économique, Mouton,

Gonzalo Aguirre Beítrán

45

bios, conocedores y entendidos, que están en contacto continuo y de primera mano con los pueblos colonizados, son parte de la sociedad dominante y necesariamente cumplen sus fines, hace notar. La contestación del estructuralismo marxista no se reduce a una simple réplica teórica; desde hace más de una década realiza esfuerzos

denodados por aplicar el pensamiento de Marx a la interpretación de aspectos estratégicos de las culturas primitivas -parentesco, política, religión- sin lograr éxito en sus propósitos finales de negar utilidad a la antropología cultural, n i en sus afanes por construir una antropo- logía marxista. 1 1 Hasta hoy debe conformarse con mantener la con- tradicción entre antropología y marxismo en términos que censuran, zahieren y satanizan las relaciones que la antropología mantiene con el colonialismo en los países imperiales de Europa y América y en so-

lazarse con la invención del

político-social de nuevo cuño sin base teórica ni práctica de sustento- destinada a los países mestizos americanos que cuentan con poblacio- nes indígenas con un gran peso específico. La antropología resiste los embates de sus contradictores porque los argumentos con que inten- tan menoscabarla son juicios de valor, admoniciones morales, repri- mendas impresionantes que conmueven y llaman a reflexión, pero en modo alguno, razonamientos científicos que invaliden el fundamento y la vigencia de la disciplina. El hiato anarcoestudiantil En otro lugar expongo, con cierro por- menor, los argumentos en que se funda m i respuesta a las proposicio- nes abstrusas del marxismo estructural francés y a él remito al lector acucioso en procura de mayores informes. 1 2 Bueno es sin embargo, hacer notar que el genio dogmático del marxismo-leninismo -e n lo especial, durante la prolongada dictadura stalinista- tiene, como una de sus consecuencias trascendentes, la esterilización de la teoría que sustenta el materialismo histórico al concebirlo como docrrina que no admite crítica sino debido acatamiento. En los países capitalistas de Occidente toma desarrollo entonces, el estructuralismo marxista -a cuya cabeza se coloca Louis Althusser- que entre otras cosas desafía la posición de Engels en cuanto a conceder, a las sociedades llamadas pri- mitivas, la prevalencia de las relaciones de parenresco sobre las relacio-

colonialismo interno -un a construcción

1 1 Bridget O'Laughlin, "Marxist approaches in anthropology" en Animal Review <i[

Anífirop!og>, núm. 4, 1975,

pp. 341-370.

París,

1974;

AnCropologie et economie.

Une anthropologie économique est-elle po-

1 2 Gonzalo Aguirre Beltrán, "¿Existe una antropología marxista?", en Andrés Me-

ssible?

dina, ¿Existe una antropología marxista?, UNAM , México, 1982, pp. 125-132.

46

Nace la antropología

médica

nes de producción. Siguen a Althusser antropólogos marxistas, entre los cuales es figura destacada el ya mencionado Godelier, quien pugna por darle coherencia y valor universal a los modos de producción. Por otra parte, la independencia teórica y la creatividad inagotable de Antonio Gramsci, en Italia, acaudilla otra corriente marxista, jo- ven y renovada, que Althusser califica, lógicamente, de historicista. 1 3 Más adelante hablo de la escuela italiana; pero antes debo referirme al hiato estridente que en el plácido acontecer del marxismo estructural, introduce el movimiento anarcoestudiantil de 1968.

frustrada, en lo particular Jean

Baudrillard, agregan a los elementos que integran la especificidad de la antropología, uno más. Los misioneros antropólogos del siglo XVI consideran dominio de sus elucubraciones, los pueblos sin escritura; Engels, a nombre propio y de su colega Karl Marx, conceden como esfera de incumbencia de la antropología, los pueblos sin historia; hoy en día, los pensadores ácratas impugnadores del marxismo estructu- ral, añaden además, los pueblos sin relaciones de producción. Baudrillard textualmente afirma: "la especificidad del objeto antropológico es pre- cisamente esta imposibilidad de definir en él lo económico y el modo de producción como instancia separada" y, en seguida postula la nece- sidad de contemplar al llamado primitivo desde una perspectiva dis- tinta a la euroamericana hegemónica. "En antropología -comenta- la revolución copernicana no tuvo lugar y el pensamiento occidental, burgués o marxista, sigue describiendo en discurso geo y egocéntrico el movimiento aparente de los intercambios primitivos." 1 4 Recorriendo el camino que Marx traza, Baudrillard, con inteligen- cia dialéctica, hace crítica de la crítica de la economía política. Toda la racionalidad de esta economía -dice - gravita sobre ciertos conceptos como los de naturaleza, producción, necesidad, descubiertos durante el siglo XVIII como potenciales de fuerzas reprimidas. Frente a la na- turaleza liberada como fuerza productiva, aparece el hombre liberado como fuerza de trabajo. La producción subordina a una y a otro, si- multáneamente, como factores económicos de la producción y como términos separados de la misma racionalidad. Con el concepto natura- leza, Marx asume, sin reducirla, la idea de necesidad, secularizándola en la noción económica de penuria, y escasez.

Los teóricos de esta revolución

1 3 Louis Althusser y Etienne Balibar, Lire le Capital, Maspero, París, 1968. |Hay edición en español publicada por Siglo XX I Editores.] '••Jean Baudrillard, Elespejode la producción, Gedisa, Barcelona, 1980, p. 78.

Gonzalo Aguirre Beltrán

47

Además, extiende su interpretación hasta darle magnitud univer- sal. Marx presupone: "A l igual que el hombre primitivo, el hombre civilizado está obligado a medirse con la naturaleza para satisfacer sus necesidades y reproducir su vida; esta carga existe para el hombre en todas las formas de sociedad y en todos los tipos de producción." 1 5 Baudrillard objeta la presunción de Marx; niega que el hombre pri- mitivo se mida con la naturaleza porque no la concibe como entidad separada n i en sus intercambios simbólicos conoce la necesidad. La escasez -argumenra- es una dimensión de la economía política ca- pitalista y es cosa grave retomar conceptos clave que pertenecen a la metafísica de la economía de mercado y a la ideología capitalista para exportados a las sociedades primitivas. "Al pretender explicar las sociedades pasadas a la luz de la estructura actual de la economía ca- pitalista, no advierte [Marx] que proyecta sobre ellas, para abatit su diferencia, la luz espectral de la economía política." 1 6 Ecos de pala- bras semejantes, pronunciadas por Alexander Vasilievich Chayanov, teórico heroico del campesinado soviético, parecen escucharse en el elegante fluir del pensamiento filosófico de Baudrillard, quien con- tinúa:

"En tiempos de Marx la economía política aún no ha desarrollado todas sus contradicciones, por l o tanto, su crítica radical, incluso para Marx, no es todavía posible n i lo es, por consiguiente y a causa de su solidaridad con ella, la comprensión real de las sociedades pasa- das." Esto, en la práctica, atestigua la imposibilidad de una antropo- logía marxista capaz de dar cuenta de las sociedades sin historia, sin escritura y sin relaciones de producción. Cuando Maurice Godelier presupone que "las relaciones de parentesco funcionan, a la vez, como elementos de la infraestructuta y como superestructura", exhibe la vo- luntad de mantener una distinción -infra y superestructura!- sin la cual el materialismo histórico se derrumba. Esta astucia permite salvar la clave dialéctica que funda lo económico como instancia determi- nante. "Diríamos más bien que aquí la única dialéctica es la de la re- producción de la teoría a través de la simulación formal de su objeto." 1 7 Complementariedad en Gramsci. Afortunadamente, a la interpre- tación de las ideas seminales de Marx no la encauza, por canales ex-

1 5 Citado en J. Baudrillard, op. cit., p. 59.

1 6 J. Baudrillard, op. cit, p. 68. "¡fcui, p. 68.

48

Nace la antropología

médica

elusivos, una sola corriente ideológica, por importante que parezca en un momento dado del discurrir filosófico. Por los años treinta de la presente centuria un hombre excepcio- nal, crítico literario, conocedor del pensamiento especulativo de su tiempo y del pasado, Antonio Gramsci, para quien la antropología in - glesa y las elucubraciones lingüísticas del pensamiento clásico alemán son familiares, al punto de intentar doctorarse en letras con una te-

sis sobre la Historia del lenguaje, estudia a Marx y se afilia consciente- mente a la doctrina y a la praxis que predica. Desde la libertad o desde la prisión en que pretende ahogar su conciencia el fascismo italiano, difunde y practica el socialismo dialéctico. 1 8 Gramsci no parece encontrar incompatibilidad entre el uso del esquema conceptual del materialismo histórico y la teoría de la cul- tura elaborada por la antropología. Define la cultura como "una con-

cepción de la vida y el hombre, coherente,

nalmente; una religión laica, una filosofía que se ha transformado en cultura, es decir, que ha generado una ética, un modo de vivir, una

conducta cívica e

lucha de culturas, esto es, las contradicciones entre concepciones an- tagónicas de la vida que se dan, internamente, dentro de la sociedad nacional hegemónica y las clases subalternas. La lengua y la cultura de las clases populares nacen del proceso de cambio, de la aculturación, que suscita el señorío de la lengua y cultura nacionales dominantes sobre las lenguas y culturas provinciales dominadas. "Se puede decir -afirma- que cada grupo social tiene su lengua, aunque hay que hacer

notar (salvo raras excepciones) que entre la lengua popular y la de las

clases cultas

Contribución trascendente de Gramsci a la teoría de la cultura son sus observaciones sobre el folklore. Hasta ahora -dice - el folklore es contemplado preferentemente como un compuesto de elementos pintorescos, raros o exóticos que los eruditos recogen como material de análisis para estudios de método en la recolección, selección y clasi- ficación y para la fábrica de principios empíricos necesarios para desa- rrollar productivamente aspectos particulares de la ciencia. Tal en- foque puede ser útil pero no suficiente para descubrir la importancia

existe una continua ligazón y un continuo intercambio." 2 0

unitaria y difundida nacio-

individual". 1 9 A l lado de la lucha de clases sitúa la

1 8 Antonio Gramsci, Antología, selección, traducción y notas de Manuel Sacristán,

Siglo XXI, México, 1977,

p.

24.

" Antonio Gramsci, Literatura y vida nacional, Juan Pablos, México, 1976, p. 22.

¿0 ¡bid.,

p.

41.

Gonzalo Aguirre

Beltrán

49

intrínseca del tema. El folklore sólo puede ser entendido como re- flejo de las condiciones de vida cultural del pueblo, como concepción del mundo y de la vida, en gran medida implícita, de determinados estratos de la sociedad, en contraposición con las concepciones del mundo de las partes cultas de las sociedades históricamente determi- nadas. El folklore no es la suma inconexa de supervivencias de épocas pasadas, de préstamos culturales recientes, es un conjunto estructu- rado de ideas, prácticas y valores, una concepción del mundo y de la vida particular de las clases subalternas y su estudio tiene la condición de una etnología de las clases populares en la sociedad occidental he- gemónica. 2 1 A l concebir con tal generosidad el folklore, Gramsci, en realidad, amplía el objeto de la antropología con un fragmento de co- nocimiento que hasta entonces no era reconocido como porción de su campo de estudio. Además, al poner en contradicción dialéctica las culturas popular y hegemónica, imprime a la teoría antropológica una dinámica que la enriquece y vitaliza.

Antropología subalterna. Por razones semejantes a las que ope- ran en el siglo XVI y vuelven a actuar durante el siglo XIX, Gramsci asigna, en nuestros días, a la antropología etnológica, sectores de la historia occidental, antigua y contemporánea, propios de los grupos

sociales sin cultur a escrita, esto

fol k de ios paíse s desarrollados . 1.a compatibilidad , implícit a e n e l uso

es, las clases subalternas de la cultura

paralelo que Gramsci hace de conceptos diferentes, clase y cultura, lucha de clases y lucha de culturas, como fases de una misma confi- guración ideológica, parece absolver a la antropología europea de vie- jos y graves pecados capitales por su asociación con el colonialismo. Lo que Gramsci nos enseña, afirma Héctor Agosti, es a no encarar la batalla por una nueva cultura - o una nueva antropología- "como un problema ético de meras reconvenciones al pasado, sino como un problema eminentemente político, unido a la batalla general por la transformación de la sociedad". 2 2

Gramsci es tardíamente conocido en Italia, su propia patria, como filósofo social. Sus Cuadernos desde la cárcel ven la luz a partir de 1948, es decir, más de una década después de su muerte. Con base en sus concepciones originales emerge con savia nueva la antropología ita- liana hasta entonces sorprendentemente subdesarrollada y, durante los

2

1

¡bid

p. 239.

2 2 Héctor R Agosti, "Prólogo", en Gramsci, Literatura

op. cil , p.

¡3.

Nace ¡a antropología

médica

años que anteceden y suceden al de 1968, toma impulso y se expande más allá de las fronteras metropolitanas. La fuerte migración italiana a Argentin a hace que sea este país uno de los primeros en adoptar los postulados gramscianos en antropología, o etnoantropología como es común llamarla en Europa. De la América del Sur pasa a México con

los transterrados que avientan al Anáhuac las dictaduras criollas.

La interpretación gramsciana de la teoría y la ptaxis marxista se

difunde en Méxic o mediante la edición de sus Quademi y

sus epígonos, que publican Juan Pablos, Nueva Imagen y otras edito-

ras que, además, dan a conocer estudios sobre antropología médica producidos desde la nueva perspectiva, como adelante se advierte.

A manera de resumen se puede afirmar que la contribución grams-

ciana a la antropología es importante tanto por el valor intrínseco

de sus aportaciones teóricas cuanto porque éstas se realizan en mo-

mento oportuno, en los años que siguen al movimiento anarcoestu- diantil del 68, cuando las afirmaciones dogmáricas, denuestos y re- convenciones del marxismo estructural comienzan a perder el efecto impactante de los primeros días. Gramsci, fundador del PC italiano, preso político y víctima de implacable represión, en un artículo que al salir a luz levanta airados argumentos, luego de censurar las interpre- taciones talmúdicas del pensamiento marxista, expresa que éste:

las obras de

no sitúa nunca como factor máximo de la historia los hechos eco- nómicos en bnito, sino siempre el hombre, la sociedad de los hom- bres, de los hombres que se reúnen, se comprenden, desarrollan a

través de esos contactos (cultura) una voluntad social, colectiva y entienden los hechos económicos, los juzgan y adaptan a su vo- luntad hasta que ésta se convierte en motor de la economía, en

plasmadora de la realidad objetiva. 2 3

a la cultura, en el umbral

mismo de los hechos económicos, Gramsci abre ventanas recientes

desde los cuales se contemple el paisaje antropológico.

Al

colocar

al hombre, a la sociedad,

" A .

Gr;

, Antoíogi ía, op. cit., p. 35.

Gonzalo Aguirre

Beltrán

CIENCI A E IDEOLOGÍA

51

La discusión de algunos puntos clave de la antropología, pasada y presente, parece necesaria para advertir, desde el comienzo, las bases teóricas de la antropología médica que son, en gran medida, las mis- mas de la antropología general; corren, consecuentemente, la misma suerte, y cambian de una época a otra según se modifica la orientación ideológica dominante. Vivimos en el contexto de una sociedad, una lengua y una cultura determinadas por una instancia económica; ésta condiciona la concepción del mundo y de la vida, que guía la manera como pensamos y actuamos; por tanto, en nuestro desempeño como investigadores, docentes o practicantes, producimos teoría al igual que ideología. 2 4 Sin embargo, queda siempre un poso de conocimiento acu- mulado que hace posible la continuidad y el enriquecimiento de la disciplina. El nombre de antropología médica es de nuevo cuño, data de hace unos cuanto lustros, Norman Scotch lo fija al titular con tal frase no- minal su contribución a la Reseña bianual de antropología que edita la universidad de Stanford. 2 5 Vamos a glosar uno a uno los aportes im - portantes que en un proceso inacabado de oposición dialéctica vienen configurando el cuerpo de doctrina que respalda la reflexión del hom- bre sobre el accidente y la enfermedad. Numerosos son los científicos sociales que conjugan esfuerzos en la tarea y a ellos queremos referir- nos; pero antes de hacerlo, bueno es decir que los principios teóricos y metodológicos de la antropología médica guardan divergencias y con- vergencias notables con otra subdisciplina emparentada, la sociología médica, siendo mayores las coincidencias que las acercan que las di - ferencias que las separan, al punto que entre ambas no hay una línea fronteriza insalvable que impida la mutua fettilización. Medicina como institución. Para mediados de los años veinte de la presente centuria, la antropología tiene ya en su acervo una riqueza sustancial de materiales etnográficos de contenido médico, recogidos en diversas partes del mundo mediante la observación directa. William Rivers, un antropólogo inglés ocupado en el estudio de todos los del

1 4 1 B. O 'Laughlin , "Marxist

2 5 Norman A. Scotch, "Medical anthropology", en B. J. Siegei, Biennia! Review of

" , op.

cit.

Anthropology, Stanford University Press, California, 1963,

pp. 30-68.

52

Nace ¡a antropología

médica

sur de la India se da a conocer en la comunidad académica por el uso inteligente que hace del método genealógico para lograr un buen con-

trol sobre las formas

médico antes que antropólogo, alcanza además renombre por ser el primero en reconocer la necesidad de reunir en un sistema coherente y significativo, la suma de creencias y prácticas con que los nativos arrostran el accidente y la enfetmedad. En 1924 sale a luz su obra postuma, intitulada Medicina, magia y religión, pionera en el campo de la antropología médica por sus propo- siciones formalmente teóricas. 2 7 En ella, Rivers sostiene que las prácti- cas médicas son consecuencia lógica de creencias bien establecidas en cuanto hace a la causalidad de las enfermedades y que estas creen- cias y prácticas, tomadas en su conjunto, son parte de la cultura y,

primitivas de parentesco. 2 6 Rivers, originalmente

por tanto, constituyen una institución social que, por serlo, debe ser contemplada en términos de principios y métodos. Con base en este supuesto, Rivers formula un cuerpo de asertos sobre la natutaleza de

la medicina primitiva, al tiempo en que se conforma con los prejuicios

de su époc a que clasifican las manifestaciones de esa medicin a según

una escala que va de la magia a la religión y de ésta a la ciencia. La actitud hacia el mundo, esto es, la imago mundi o concepción

de la vida y de las cosas de la filosofía alemana de principios del siglo anterior, determina el juicio sobre la índole y causas de enfermedad; parecer al que se encuentra asociado un complejo cultural específico de patrones de conducta. Limita la operación de la medicina primitiva

a las cosmovisiones mágica y religiosa; la primera involucra creencias

en la habilidad del hombre para manipular las tuerzas de la naturaleza en beneficio del paciente, en tanto que la segunda descansa en la con- vicción de que el control de los acontecimientos reside en la voluntad de ciertos poderes sobrenaturales a los que debe propiciarse en caso de enfermedad. Rivers no advierte en la medicina nativa la operación de leyes na- turales; reserva éstas, etnocéntricamente, para la medicina occidenral

de la cual es hierofante. Concede, sin embargo, la ocurrencia de prácti- cas empíricas peto les niega carácter natutal por los matices mágicos

y religiosos en que se insertan. Asigna un papel distinto, correlacio- nado con la causalidad de las enfermedades, al médico-hechicero en

1 6 Fred W. Voget, A hislory ofeihnolegy, Holt, Nuev i Yotk, 1975. '< W. H. R. Rivers, Medicine, magk and religión, Harcourl, Nueva York, 1924.

Gonzalo Agitirre Beltrán

53

cuyo desempeño predomina la magia; al médico-sacerdote proclive a las explicaciones sobrenaturales, a la plegaria y al rito; y al médico- empírico, llamado despectivamente curandero, quien pone el acento en las técnicas que la experiencia suministra. En el modelo heurístico construido por Rivers, la concepción del mundo que los pueblos primitivos configuran es consistentemente fija, casi inalterable; pero en lo que concierne a las causas de enferme- dad y a su tratamiento, el cambio tiene lugar mediante la actuación de dos procesos, a saber: el de difusión por el contacto histórico con otros pueblos y el de degeneración por el empobrecimiento cultural que acarrea el aislamiento prolongado. Para él, medicina primitiva y medicina científica son dos universos de discursos separados; no hay manera de acomodar la concepción del mundo mágico-religioso en el mismo dominio de conocimiento que el saber científico-naturalista. 2 8

Distribución de rasgos culturales. Aunque damos crédito como pio- nero a un miembro destacado de la antropología social briránica y ésta vuelve a aportar estudios valiosos sobre la medicina primitiva como entidad bien definida en el agregado total de la conducta humana, es la antropología cultural norteamericana la que configura realmente la antropología médica al seguir la línea de pesquisa abierta por el par- ticularismo histórico boasiano. En 1932 la universidad de California publica la monografía, Conceptos primitivos de enfermedad, de Forrest Ciernen ts, cuyo enfoque atomístico concibe la sistematización de las creencias y usos médicos como un simple estudio de rasgos y complejos culturales aislados. 2 9

Clements clasifica los conceptos etiológicos primitivos en cinco categorías: hechicería, quebrantamiento de un tabú, intrusión de un objeto-maleficio, intrusión de un espíritu y pérdida del alma. Tabula la presencia de estos rasgos en distintos lugares del globo terráqueo con base en su identificación en 300 pueblos étnicos mencionados en la literatura antropológica. Aviniéndose a lo dispuesto por el método difusionista, entonces en boga, distribuye los rasgos causales de enfer- medad en un mapa o carta geográfica comprensiva y saca conclusiones

J 8 Edward Wellin, "Theoretical orientation in medical anthropology: change and continuity over the past half-century", en M. Logan y E. Hunt, Healíh and the human condition, Duxbury Press, North Scituate, Massachusetts, 1979. 2 9 Forrest E. Clements, Primitive concept of disease, Berkeley UniversitY of Califor- nia, 1932, pp. 185-252 (Publications in Archeology and Ethnology, 32).

54

Nace la antropología

médica

respecto a la antigüedad del rasgo y de los caminos que recorre en el

proceso de difusión.

Edward Wellin, al hacer la revisión de las orientaciones teóricas de la antropología médica, hace notar las incongruencias lógicas de los postulados de Clements; la confusión conceptual que introduce al categorizar como causas a las que sí lo son -hechicería, ruptura de un tabú - y a las que no son sino mecanismos -intrusión de un objeto-

maleficio,

ferir secuencias temporales y rutas de propagación a partir de una masa disímil de hechos descriptivos. 3 0 Bronislaw Malinowski, independien- temente, hace notar la inconsistencia de toda comparación que no toma en cuenta el contexto en que funcionan rasgos que a primera vista parecen semejantes. 3 1 No obstante éstas, y otras objeciones igual- mente válidas, el enfoque atomístico y difusionista de Clements es útil como guía en la reconstrucción histórica cuando los materiales dispo- nibles no permiten una aproximación más concreta y totalizadora. La reinterpretación del culto al peyote y su difusión como técnica curativa

entre los indios de Estados Unidos desde el norte de México, realizada por Weston La Barre, es ejemplo del buen uso de este enfoque. 3 2 Medicina folk. En 1926 llega a México Robert Redfield, recién doctorado en antropología. Trae consigo, además, una sólida prepa- ración jurídica y el ascendiente pragmático de la escuela sociológica de Chicago en la cual es figura destacada Robert E. Park, su suegro. Por otra parte, conserva fresca en la mente la lectura de Argonautas del Pacífico occidental (1922) de Bronislaw Malinowski y Los métodos de

intrusión de un espíritu, pérdida del alma-, así como al in -

la etnología

y déla

antropología

social

(1923 ) de

A .

R.

Radcliffe-Brown ,

ambos padres fundadores del estructuralismo funcionalista británico. Influye en él, además, la propensión práctica propalada por Manuel Gamio. 3 3 Redfield viene dispuesto a incorporar una nueva dimensión

3 0 E . Wellin, "Theoretical" , op. cit.

3 1 Bronislaw Malinowsky, Magic, science and religión and other essays, Doubleday, Carden City, 1925.

3 2 Weston La Barre, El culto al peyote, Premia, México, 1980 (Original en inglés, Yale University, 1938).

Margaret Park Redfield, Human nature and the study of sociely. The papers of Robert Redfield, University of Chicago Press, Chicago, 1962, t. 1, p. 145. Estimulado por el trabajo del doctor Manuel Gamio, a quien conoció durante un viaje a México y teniendo en mente el proceso de cambio cultural, Redfield eligió para su disertación doctoral el estudio de un pueblo mexicano, un tipo de comunidad acerca de la cual poco se sabía en aquel tiempo. Las obras de Malinowski y Radcliffe-Brown se encuentran disponibles en español.

3

3

Go7ir.a¡o Aguirre Beltrán

55

teórica, la dimensión social, en el cuerpo de las dimensiones tempo- evolucionista de Rivers y espaciodifusionista de Clements. Desde un principio se da cuenta de la contradición que hay entre el México que pinta la historia política de la élite gobernante y el México real, todo él constituido por el pueblo, por la historia no escrita, inadvertida, de las formas de vida folk. Su propósito, pues, es el conocimiento de la cul- tura folk en todas sus vertientes -l a medicina entre ellas- y sobre todo el descubrimiento de las leyes o regularidades que norman el cambio de lo urbano moderno, organizado en clases sociales, a lo folk, patri- monio de las masas proletarias o populares, por lo general, pero no necesariamente, indígenas. 3 4 Redfield se establece en Tepoztlán, un pueblo tlahuica de habla nahua de unos 4 000 habitantes, ubicado en la vecindad de Cuerna- vaca y no muy lejos de la ciudad de México, focos de difusión de las formas de vida citadinas. En el centro del pueblo se levanta la igle- sia mayor, otros edificios públicos, el espacio abierto de la plaza, los portales, tiendas y casas de la clase dirigente -unas 50 familias- lo- calmente llamadas bs correctos. En la periferia se sitúan los batrios o calpulis donde vive el común, despectivamente designado los tontos. Miércoles y domingos, en la plaza central, se realiza un mercado al que concurren tanto habitantes del pueblo como campesinos de los poblados sujetos y comerciantes foráneos ambulantes. La plaza es el punto geográfico en donde el cambio sociocultural se origina. Ahí se venden yerbas medicinales cosechadas en el vecindario o en lugares remotos, pero también unas pocas medicinas de patente de las ordi- narias. N o hay médico titulado en el pueblo; alguna vez uno de ellos aventura establecerse en el centro pero a los pocos meses abandona el propósito vista la escasa demanda que tiene n sus servicios. Los ba- rrios de la periferia, por el contrario, contienen un número grande de especialistas nativos en tratamientos mágicos que son consultados por tontos y correctos. Las ideas y prácticas racionales de la medicina mo- derna se abren paso muy lentamente y es urgente encontrar remedio a tan indeseable situación. En Tepoztlán, dice Redfield, no es sólo conveniente sino inevita- ble discutir conjuntamente magia y medicina; ambos campos de cono- cimiento y actividad se traslapan. Aún más, el único cuerpo de prácti- cas mágicas generalmente reconocido y sin reservas operado, es el que

3 4 Robert Redfield, Tepoztlán, a mexican village. Chicago Press, Chicago, 1930, p. 6.

A study of folk Ufe, Univers.

of

56

Nace la antropología

médica

guarda relación con el tratamiento médico. El límite donde las mani- festaciones de lo mórbido se segregan y distinguen como enfermedad

es borroso; opuestamente,

rio medicinal en uso para males corrientes. Para las dolencias mayores, que ameritan el trato ritual, se acude a los especialistas folk que tie- nen identificadas un cúmulo de entidades nosológicas. Los nombres que imponen a estas entidades descubren a veces la causalidad porten- tosa. Tal es, por ejemplo, el caso de la perturbación llamada necaxarulíi -desprendimiento de la matriz-que requiere de medios potentes para fijarla en la cintura; o el caso del mal aire -yehyecahuiliztli- producido por sobrenarurales ofendidos con quienes es preciso reconciliarse para recobrar la salud perdida.

Continnum folk urbano. Antes de publicat la monografía sobre Tepoztlán que inaugura en México la era de los estudios de comu- nidad, Redfield produce un artículo intitulado "Plantas curativas de Tepoztlán: un herbario folk mexicano", primera de sus aportaciones científicas a la antropología médica, más tarde enriquecida con inves- tigaciones entre los mayas. 3 5 En 1930, en efecto, pasa a formar parte de un proyecto mayor encabezado por Sylvanus Morley y puesto en marcha por la Institución Carnegie, que comprende la invesrigación de las culturas antigua y moderna de Yucatán, desde una perspectiva integral. Redfield toma a su cargo los aspectos etnoantropológicos, conforme al modelo esbo- zado en Tepoztlán, con el fin de perfeccionar el estudio del cambio social; esto es, la aceptación o el rechazo de las innovaciones que par- ten de la ciudad mestiza y transforman la vida y la concepción del mundo de las comunidades vernáculas fundadas en la tradición. En 1941 Redfield publica una obra, La cultura folk de Yucatán, en la que vacía la suma total de sus experiencias y reflexiones de campo y gabinete. Formula una síntesis apretada de los estudios de comunidad realizados por él y por sus colaboradores y la enmarca en el cuadro de una teoría magna de la civilización; en ella se contienen los cambios que sufren las comunidades folk en el recorrido lento pero inexora- ble que las encamina a la individuación, la secularización y la reor- ganización. Tal desarrollo constituye el inicio de una tarea intelectual consistente que corona en los años cincuenta al publicar dos pequeñas

primitivo y sus transformaciones (1953) y La

hay una elevada inteligencia sobre el herba-

obras maestras -E í mundo

3 5 R. Redfield, "Remedial plants of Tepoztlán.' a mexican folk herbal" en )ournal of the Washington Academy of Science, núm. !8, 1928, pp. 216-226.

Gonzalo Aguirre

Beltrán

57

pequeña comunidad (1955) - ubicadas en la esfera inconsútil de la es- peculación filosófica. 36 Tipos ideales. Concibe las sociedades folk y urbana como tipos idea-

esto es, como construcciones teóricas

elaboradas con elementos de la realidad para representar modelos cu- yos rasgos componentes no se encuentran necesariamente todos en casos concretos. Las sociedades folk y urbana son arquetipos polariza- dos de una sucesión de formas transicionales de comunidades situadas, histórica o espacialmente, en punros distantes de un continuum folk urbano. La comunidad folk es el agregado humano, socialmente orga- nizado, dominante en la vida de la humanidad. La revolución urbana, de donde emerge la vida citadina o civilizada, es un acontecimiento que data de tiempos relativamente recientes -unos 3 o 2 000 años an-

les, a la manera de Ma x Weber,

tes de nuestra era - pero, no obstante ello, la ciudad atrae cada vez con mayor celeridad a un número mayor de gente y le compele a seguir sus

patrones particulares

La comunidad folk tiene como rasgos integrantes: 1) la disrintivi- dad, es decir, el sentimiento de ser diferente y mejor que otras comuni - dades para lo cual consolida en sus miembros una conciencia aguda de pertenencia al grupo propio; 2) la pequenez; lo que permite la obser- vación personal del área y de la actividad comprendida dentro de sus límites; 3) la homogeneidad de usos, costumbres y estados mentales en cada individuo que se repiten en cada generación, y 4) la suficiencia económica, política y social que le basta para reproducirse al través de 50 o 75 milenios. Como evidente consecuencia de las características enunciadas en la sociedad folk las relaciones personales son direcras; la tecnología es simple; la división del trabajo escasa; la familia y el parentesco son importantes; las sanciones que gobiernan la conducta son en gran parte de carácter sacro o sobrenatural; y el culto y el ritual están muy desatrollados. Es, en fin, "u n estado de la sociedad en que el orden técnico está todavía subordinado al orden moral, en el que la comunidad local es una sola comunidad moral bien integrada, sin separación de clases". 3 8

de comportamiento. 3 7

La sociedad urbana representa todo lo que la sociedad folk niega;

urbano rompe el

su influencia es deteriorante para ésta, el contacto

3

6

R. Redfield, The Hule communify, University of Chicago Press, Chicago; The

primitive worid and his transformatúins, Cornell University Press, Ithaca,

3

3

,

» R. Redfield, ifcid., p. 85.

7 R. Redfield, The Iittle

op. cu., pp. 15-42.

1953.

58

Nace ¡a antropohgía

médica

aislamiento aldeano y pone en marcha el proceso de cambio. En la conducta determinada por consenso, convenida por la tradición y re- forzada por sanciones sacras instituidas con el propósito de impedir cualesquiera desviaciones a las formas aprobadas, se introducen alter- nativas de comportamiento que afectan las obligaciones que se deben

a las deidades paisanas, a los parientes mayores, a las autoridades que componen la jerarquía fundada en la edad y en la suma y calidad de los servicios prestados al grupo propio o que llevan al comunero a pensar en términos de lucro o ganancia, de apropiación de los bienes comu- nales como propiedad privada; a rehuir la participación en el trabajo

a los dioses y

sobrenaturales encargados de resguardar la armonía del hombre con el universo y mantener el bienestar y la salud de la comunidad. Para Redfield tales eventualidades conducen a la desorganización de la comunidad folk y a la reinterpretación de su culrura mediante la individuación del sentido de pertenencia grupal y la secularización del orden moral corporado. Todos los significados adscritos a los ele- mentos que integran la cultura pierden su valor y fuerza unificadores, vuelven inoperantes la avenencia y la concordia entre los comuneros expuestos a la contaminación citadina y entran en conflicto con los modelos de vida tradicionales. La comunidad folk se desorganiza y reconstruye bajo nuevas normas para crear una comunidad integrada discreta en el continuum folk urbano. 3 9 Eí orden moral y la escritura. Pero no todo es destructivo en el pro- ceso de cambio. Redfield llama la atención sobre los aspectos creativos en él involucrados. Una tendencia idealista evidente en el desarrollo de su pensamiento lo lleva a poner mayor acento en los cambios que tienen lugar en la mente de los hombres, como resultado de la revo- lución tecnológica, que en la mudanza tecnológica misma. En la so- ciedad folk -afirma- el orden técnico está subordinado al orden moral; en la sociedad urbana el orden técnico prevalece sobre el orden mo- ral, pero no lo elimina. Durante el proceso de urbanización el orden moral se estremece y desmorona, pero emerge un nuevo orden en un nivel diferente, en el umbral determinado por la autoconciencia y la creatividad crecientes. De este modo el orden técnico crece pero el orden moral no decrece.' 1 0

cooperativo y en las ceremonias propiciarorias ofrecidas

3

9

Cynthia Hewitt de Alcántara, Boundaries and paradigms.

The anthropological

study of rural Ufe in posl-revolulionary, México, Leiden Development Studies, núm.

4,

1982.

4° R. Redfield, The líale

,

op. cit., pp. 75-106.

Gonzalo Aguirre Beltrán

59

Hay un punto en el continuum folk urbano que Redfield enfa- tiza. Aún está por hacerse -dice - la sociología del alfabetismo. 4 1 El

acceso directo a la tradición escrita está limitado a la élite citadina y

a sus servidores; la comunida d folk ignora la escritura. En la suma

de ideas, instituciones y actividades convencionalizadas que constitu- yen el equipo cultural de todo un pueblo -incluidas cuidades, villas y aldeas en el perímetro de una región- se desarrollan variantes de la tra- dición común; hay una estratificación cultural y una vigorosa defensa ideológica de la desigualdad heredada. La posesión de la escritura por parte de la élite —clase culta hegemónica en términos de Gramsci- robustece el dominio sobre los pueblos folk y campesinos; la élite es alfabeta, el campesino analfabeta y el indígena folk prealfabeta 4 2

La existencia del arte de la escritura entre los campesinos es ele- mento de su modo de vida, aun cuando la mayoría no sepa leer ni

escribir; pero para ellos las cosas escritas son cosas veneradas cargadas de significados; pero también tienen uso secular para cumplir con las exigencias de la ciudad. Entre los comuneros folk sólo uno o dos de ellos se especializan en la escritura y son utilizados por la comunidad como guardianes de los libros sagrados y como lectotes de las oracio- nes nativas y de las preces católicas ya digeridas por la cultura que el dominio colonial, en tiempo idos, les impone. Las oraciones, en len- gua vernácula, en latín o en castellano, pronunciadas con profunda devoción, son parte del contenido del papel ocupacional que el sabio

o letrado desempeña para satisfacer la necesidad práctica que la comu-

nidad folk tiene para comunicarse con el mundo sobrenatural y exime

al resro de sus integrantes del aprendizaje de una actividad cuyo uso

es especifico y limitado. 4 3

Cambio unidireccional. En suma, al formular el continuum folk ur- bano, Redfield descubre el proceso de desintegración de la concepción folk del mundo y la ruptura correspondiente de las relaciones sociales y orientaciones de actividad que integran la sociedad folk. Redfield, sin embargo, pone el acento en los cambios unidireccionales que la urbe impone a la comunidad india pero poco o nada concede al movimiento contrario que unido al anterior consrituye el proceso de aculturación. La imagen de la vida tribeña tiene su mejor reflejo en el concepto de

4 1 R. Redfield, ibid., p. 54. 4 2 ¡bid., p. 55. 4 3 Alfonso Villa Rojas, Los elegidos de Dios. Etnografía de los mayas de Quintana Roo, INI, México, 1978, p. 215; describe el desempeño del escriba.

60

Nace la antropología

médica

taman que determina los principios inherentes al orden cósmico y re- sume las obligaciones mutuas del hombre y los dioses. La selva, la parcela agrícola, el cenote, la aldea, ritualizan las relaciones por me- dio de las cuales el orden existe para el hombre. Más allá de la piedad, que expresa la cualidad de la devoción o el amor respetuoso, de la ar- monía, taman, no hay alternativa para el campesino que desea vivir en un mundo relativamente seguro y estable. Las relaciones del hombre con los dioses proveen el modelo para la organización de la sociedad, de acuerdo con los principios de respeto, autoridad y responsabilidad. 4 4 En la perspectiva del tiempo, los cambios que acompañan a la urbanización revolucionan el mundo en gran medida inmóvil y las vi -

siones de la vida esrables de los pueblos folk y campesinos. Los

importantes de la historia de estas sociedades no son las conquistas y dominaciones que experimentan a manos de grupos técnicamente más

avanzados; los procesos de cambio morales son de más peso que una simple sustitución de tecnologías, jerarquías sociales y prácticas reli- giosas. El cambio sacude el núcleo del orden social y cultural al paso que el conocimienro científico redefine las relaciones humanas y ¡as bases de la acción moral en lo que hace al prójimo. La trinidad primi- tiva formada por taman, moralidad y cooperación es reemplazada por la que suple el taman con la naturaleza, la moralidad con un mundo físico indiferente hacia el hombre, y la cooperación con las relaciones humanas heterogéneas que enfatizan la individualiad. La historia mo- ral de las comunidades morales cambia hacia la histori a técnic a de las

comunidades divididas Enfoque simrórúco.

rren parejos con la transformación folk. Kom de los años treinta, dice:

eventos

en clases sociales. 4 5

En lo que hace a la medicina, los eventos co-

Redfield, al referirse a Chan

Los nombres de los dioses de la lluvia, los seres que protegían el maizal y la aldea, las concepciones de enfermedad y purificación son elementos de la creencia y la práctica de los qu e nos hablan

se consideraba que la

el obispo Landa y otros en el sigloxvi [

enfermedad era, en parte, consecuencia de la transgresión moral y

que

]

por consiguiente, su cura consistía en una purificación. 46

44 R. Redfield, ibid., p. 83. 45Jbid., pp- 108-110 . 46 ¡bid., p. 81.

Gonzalo Aguirre

Beltrán

61

Villa Rojas -auxiliar de Redfield- en su estudio de la tribu x-cacal reitera la persistencia de ideas y prácticas médicas precolom- binas, pero, complementariamente, también encuentra la retención de creencias y usos médicos coloniales introducidos por misioneros y otros agentes de la cultura occidental. 4 7

Redfield y sus colaboradores están interesados en el proceso de cambio y, muy especialmente, en el que se origina en la ciudad y llega hasta la comunidad folk para transformar su concepto del mundo, el comportamiento tradicional y aun el lenguaje, medio genuino de expresión y de creatividad. La antropología cultural acude a los ins- trumentos de que dispone la dimensión temporal para constatar la evidencia del cambio en el pasar de los años; hace uso del enfoque diacrónico. La antropología social, alérgica a generalizaciones que no se funden en la documentación escrita, prefiere utilizar la perspectiva sincrónica que estudia la vida social en un corte o momento dado de su devenir. El cambio, en este caso, se descubre y mide mediante el ar- bitrio, puesto en práctica por Redfield, de investigar al mismo tiempo varias comunidades discretas -una ciudad, un pueblo, una aldea cam- pesina, una comunidad tribal- de la misma área cultural. La urbe, por ser el agregado humano más sofisticado supone representar la posición hegemónica, moderna y occidental; la tribu por el contrario, exhibe por su simplicidad los caracteres de la comunidad moral, técnicamente atrasada, más cercana a la tradición india americana. Comportamiento médico. Si ponemos la atención en los aspectos médicos de la cultura total, en el comportamiento médico con que

el hombre enfrenta el accidente y

mediato que Redfield y sus colaboradores se ubican en cuatro puntos

la enfermedad, advertimos de in -

de observación. El primero es Mérida, ciudad primada del procurrente ytic ateco, sede del poder colonial antes de la independencia, del poder nacional después de ella, y puerta de entrada de las influencias occi- dentales foráneas; es una sociedad en extremo heterogénea en cuanto a sus niveles de educación y participación en la vida local y cosmo- polita. Se encarga del estudio urbano el antropólogo Asael Hansen; éste, sin embargo, no alcanza a desentrañar, con las herramientas sim- ples del método antropológico, la enorme complejidad de los compor-

tamientos de la urbe. 4 3 Lo que al fin y al cabo llega a producir,

apenas

mi,

, 4 f ' R, Redfield, The folk culture of Yucatán, University of Chicago Press, p P . 303-337.

A. Villa Rojas, Los elegidos

op. cit., p.

212.

Chicago,

62

Nace la antropología

médica

basta para diseñar una imagen imprecisa de vida emeritense. Mérida es la principal consumidora de las ideas y acciones que caracterizan la me- dicina científica y es también el lugar donde ejercen su desempeño el mayor número de médicos titulados en planteles universitarios, quie- nes, no obstante su prestigio, no llegan a controlar a la totalidad de los pacientes. Hansen habla de prácticas espiritualistas, de reciente in - greso, que cuentan con una suma respetable de adeptos; así como de otros comportamientos médicos populares de procedencia extranjera. La secularización de la medicina se acompaña de la mercantilización del arte de curar y de la emergencia de brotes de magia secular, lla- mada magia negra, que expresan la inseguridad individual y la mayor desorganización de la sociedad urbana. Robert Redfield y su esposa Margaret Park, se reservan el estu- dio del pueblo de Dzitas, mestizo en su conformación, predominan- temente castellano en el habla, pero con evidentes influencias ma- yas. Como resultado de sus pesquisas redactan y publican , entre otros documentos , e l discurso de las medicina s maya y occidenta l —en con - flicto unas veces, en armoniosa cooperación otras— tal y como lo viven curanderas cuyas concepciones y prácticas derivan de las tradiciones americana y europea. Pacientes y oficiantes, acuden a una u otra me- dicina, o bien a un modelo de transición que hace uso alternativo de ideas y procedimientos opuestos, según el grupo étnico o la clase social

en que

El tercer punto de pesquisa queda bajo la responsabilidad del in - vestigador sénior y de su auxiliar, el maestro rural de Chan Kom, Al - fonso Villa Rojas. Chan Kom es la aldea que Morley y Redfield eligen como objeto de interés antropológico. Villa Rojas tiene un buen domi- nio de la lengua y de la cultura mayas y pronto adquiere gran pericia en las técnicas del trabajo de campo etnológico. Los materiales reco- gidos por ambos investigadores, ordenados y explicados, constituyen el contenido de una monografía de copiosa paginación en la que des-

taca, como uno de los capítulos más interesantes, el referente a enfer-

medades y su tratamiento. Los

habitantes de Cha n Kom , ejidatarios

liberados de la sujeción de una hacienda cercana, corren la aventura de radicar en una territorialidad que la reforma agraria les otorga en donación para constituir una comunidad libre. E n la división del tra- bajo, los integrantes del grupo idenrifican separadamente la personali-

sitúan su membrecía. 4 9

4

9

R. Redfield y M. Park, Disease and its treatment in Dzitas, Yucatán,

Institución, Washington,

1940.

Carnegie

Gonzalo Aguirre Beltrán

63

dad del h-men, médico-sacerdote cuyos desempeños como especialista

en el trato con los sobrenaturales que gobiernan el ciclo agrícola tienen como añadido importante la curación de las enfermedades del hom- bre, cuando la primera instancia respresentada por el pariente mayor no alcanza éxito en la aplicación de yerbas y medicamentos caseros. El h-men, usa como herramienta poderosa para el diagnóstico del daño el cristal divinatorio -zastum- que hereda de sus sabios antepasados. 5 0 Los desempeños de un etnólogo. El cuarto punto de observación,

el más alejado de la ciudad primada, se asigna al maestro Villa Rojas.

Antes de iniciar la hazaña y después de realizada, pasa a recibir adies- tramiento teórico en la Universidad de Chicago. En 1935 regresa a la península convertido en etnólogo profesional, con la mira puesta en los tribeños hostiles refugiados en Quintana Roo; remanentes últimos de la guerra de Castas comenzada el siglo anterior y concluida en 1901. Año aciago en que el ejército mexicano derrota y dispersa a las tribus congregadas en Chan Santa Cruz. La tribu x-cacal guarece su auto- nomía étnica en la espesura de la selva y hasta ella llega el etnólogo, en traje y oficio de arriero mercader bien provisto de telas, medica-

contactos. 5 1 Una

vez logrado el consenso del grupo radica y participa plenamente en

la vida de la pequeña comunidad. En compañía de su esposa, Dolores

mentos y pólvora, con el fin de realizar los primeros

Gómez Izquierdo, permanece en Tusik diez meses largos, "durante este tiempo, los indios fueron ayudados con medicinas que les proporcio- naba gratuitamente y con mercancía que llevada desde Mérida, se les vendía a precios de coste". 5 2

El aislamiento de la tribu y su rebeldía, según se advierte, no la

mantienen totalmente ajena a las influencias externas; sin embargo, conserva casi intacta la cultura colonial compuesta de una inextrica- ble mezcla de elementos y actividades precolombinos con creencias y técnicas dieciochescas. La medicina está embebida de teoría religiosa

y de causalidad mística; sus practicantes son los parientes ancianos,

ias autoridades sacras del grupo tribal. El nohoch tata, padre princi- pal, tiene condición cuasi divina; está vedado al profano tocarlo y aun discutir su comportamiento insólito. Los maestros, sacerdotes auxilia- res, son depositarios de la ciencia y la sabiduría moral de los mayas

5 0 R. Redfield y A. Villa Rojas, Chan Kotn. A maya vilhge, Carnegie Institution,

Washington,

1934.

5

1

A . Villa Rojas, op. cit., p.

52 Ifei¿, p. 32.

542.

64

Nace ¡a antropología

médica

antiguos. El h-men, sacerdote-médico, es la instancia última en acha- ques de enfermedad; pero todos -nohoch tata, maestros y h-men- go- zan de poder ambivalente en la manipulación del bien y del mal. La etiología de accidentes y enfermedades es predominantemente sobre- natural; el castigo de los dioses se produce por la intermediación de vientos maléficos que se introducen en el cuerpo humano y originan padecimientos diversos; los yumzilob, señores del monte, sancionan con graves males a quienes rompen con sus pecados el equilibrio del hombre en el universo e igual cometido se atribuye a los ancestros quienes cuidan que no se transgredan las normas éticas. Por supuesto, la hechicería como manifestación de malquerencia por parte de un prójimo ofendido se identifica "en muy contados casos" como causa de dolencia. La causalidad natural, en cambio, es corriente en los males me- nores, en aquellos que no despiertan ansiedad; los conceptos de frío y caliente son importantes en la dieta diaria y en la prevención coti- diana de la enfermedad. La aceptación de la medicina moderna, in- forma Villa Rojas, es de carácter general; los productos de la industria

farmacéutica que el etnólogo distribuye, en un principio sólo se consi- deran útiles para los males de causa natural, pero más tarde "los indios llegaron a descubrir que también podían servir para la expulsión de

vientos malignos". 5 3 La favorable acogida

rina, purgantes, quinina, lombricidas, antiácidos, mentolatos y otros artículos inocuos del botiquín del investigador en modo alguno altera el corpus de ideas y prácticas médicas, coherente y definido, en que participa la comunidad tribal. Puede haber dudas en lo que hace al diagnóstico en casos extraordinarios que ponen a prueba los poderes asombrosos del h-men y su cristal luminoso, pero una vez que ambos, médico-sacerdote y piedra divinatoria develan la causa del mal, la línea de acción a tomar no da lugar a incertidumbre; el tratamiento "no puede ser otro que el establecido por la tradición". 5 4

de efectos tales como aspi-

Medicina

como

control

social.

De

las

investigaciones realizadas

en

Tusik así como de las que, unos años después, lleva a cabo en Yochib -otr a de las comunidads tribales del área maya donde Villa Rojas pasa dos años completos— se desprende como hecho de fundamental im - portancia la estrecha relación que en ambos pueblos étnicos hay entre la medicina y las organizaciones parental, política y religiosa. La medi-

->lbtd., p.

378.

54¡b¡d., p.

391.

Gonzalo Aguirre

Beírrán

65

ciña actúa tanto como sistema de ideas y prácticas destinadas a curar males cuanto para satisfacer los requerimientos del control social in - dispensables para mantener la cohesión del grupo propio. Los ancianos

y autoridades de la tribu son poseedores de fuerzas místicas que cris-

talizan en viento, lab o nagual, por medio de los cuales "conocen los pensamientos y acciones de sus subordinados y de este mod o impone n castigos en forma de enfermedades y otros infortunios. Cualquier per- sona que cometa un pecado o que intente violar las costumbres de la comunidad está expuesto a tales sanciones." 5 5 La aplicación del conocimiento adquirido y el significado de las implicaciones del proceso de cambio en medicina son preocupaciones mayores en Redfield y sus colaboradores; sin embargo, consideran que el antropólogo no debe salvar las fronteras que limitan la disciplina como ciencia. Su desempeño se reduce a sacar a la luz los hechos y las consecuencias que de ellos derivan sin involucrarse ellos mismos en medidas que tiendan a reforzarlos, transfórmalos o extinguirlos. El aislamiento parece ser el factor más consistente en la persistencia de la cultura y la medicina folk y todo hace suponer que la penetración

cada vez más profunda e incisiva de la civilización industrial en la vida de las sociedades ingenuas está por integrarlas en la sociedad mayor hegemónica, junt o con la mudanza de las ideas y prácticas médicas y de la condición moral que permanece en el trasfondo de esas creencias

y patrones de acción.

AISLAMIENTO INSALVABLE

A l tiempo que Redfield y sus seguidores se ocupan en descubrir re-

gularidades a la dinámica del cambio social, la revolución mexicana iniciada en 1910, luego de establecer orden en las secuelas de la lu - cha armada, señala metas a sus postulados y ensaya arbitrios dirigi- dos a reconstruir la república sobre bases estructurales nuevas. Tiene la mira puesta en la situación del campo y se propone, como una de sus reivindicaciones más sentidas, incorporar en la sociedad igualita- ria que diseña, a las masas campesinas, predominantemente indias en su composición racial y cultural, y a los pueblos étnicos originalmente

5

5

A . Villa Rojas, "Kinship and nagualism

in a tzeltal community. Southeastern

México" en American Anthropologist, núm. 49, 1947, pp. 578-587.

66

Noce la antropología

médica

americanos de lengua y tradición propias. El gobierno de Venustiano Carranza da los primeros pasos, pasos tímidos, en la reforma de la te- nencia de la tierra y en la configuración del municipio libre; Alvaro Obregón impulsa con singular vigor el esfuerzo educativo; Elias Calles institucionaliza la actividad política y administrativa y, finalmente, Lá- zaro Cárdenas cristaliza el nacionalismo revolucionario y consuma la transformación del Estado positivista heredado del porfiriato. La idea central que agita la voluntad del movimiento social es integrar un país de población heterogénea, técnicamente atrasada, es- casa y dispersa en multitud de asentamientos -445 centros urbanos y 84 007 localidades rurales- esparcidos por la abundancia de paisajes,

a veces hostiles, de su geografía, todavía inmensa y todavía amena-

zada. El aislamiento insalvable de indígenas que encuentran refugio en regiones de difícil acceso y la diseminación de campesinos inexora- blemente determinados por la agricultura itinetante de roza, impiden la acción revolucionaria en sus propósitos de llegar hasta ellos para

hacerlos partícipes en la redistribución de la tierra, de la educación, de la salud y del poder. En 1932, Moisés Sáenz y un grupo interdisci- plinario formado por educadores, anrropólogos, economistas, médicos

y otros científicos y trabajadores sociales, fundan en la Cañada de los

Once Pueblos, en el territorio del pueblo étnico tarasco, la Estación Experimental de Incorporación del Indio, con el fin de estudiar el pro- ceso de mexicanización en el espacio y en el momento en que éste

tiene lugar. A su juicio, "lo que pasa en la Cañada no sucede porque la

es cuestión de grupos

humanos aislados, remotos, olvidados". 5 6 Sáenz, como es bien sabido, es uno de los pilares maestros de la escuela rural mexicana y promotor decidido de la incorporación del in- dio, "como necesidad inaplazable de la integración de México". Todo conforme a las normas propaladas por la filosofía positiva de Augusto Comte, que persigue la substitución de las lenguas y formas de vida nativas, incluida la medicina, por el idioma oficial y las formas occi- dentales de cultura. Pronto, sin embargo, se da cuenta de la comple- jidad del asunto. "Existen cuando menos -acepta y en esto coincide con Redfield- tres Méxicos, el del asfalto, el del camino real y el de la vereda. Citadino y urbanizado el primero, campesino el segundo, indígena el íntimo." 57 Antes de incorporar al indio a la civilización

comarca sea india, sino porque está apartada

5 6 Moisés Sáenz, Carapan. Bosquejo de una experiencia, Lima, 1936, p. 305.

¡bul, p.

306.

Gonzalo Aguirre Beltrán

67

está su incorporación al campesinado, como etapa previa a la mexi-

canización. El proyecto experimental no tiene larga vida; el médico

y sus auxiliares no alcanzan a comprender el significado real de la re-

sistencia a las innovaciones que proponen a los indios y se limitan a implementar programas de extensión y educación higiénica que no son bien recibidos por el vecindario. El reemplazo de creencias y prácticas

nativas por las científicas occidentales no va más allá de la acción ex- traescolar que las misiones culturales, establecidas en los años veinte, desdoblan en el estudio morbológico de la región, la asistencia médica

y la promoción de la salud a bajo nivel técnico.

Malos hábitos culturales. Entre los que acompañan a Sáenz en la fugaz experiencia de la Cañada destaca un profesional de la enseñanza,

el economista antropólogo Miguel Othón de Mendizábal, quien unos

años más tarde, al fundarse en 1935 el Instituto Politécnico Nacional

y en él la Escuela de Ciencias Biológicas, con su Departamento de

Antropología, retoma el propósito de indagar el estado de la salubridad entre la población rural y la idea de buscarle remedio. En sus investiga-

ciones advierte la situación pavorosa que viven los pueblos étnicos y la resume en cuatro problemas fundamentales: 1) el aislamiento, centro de todos los males; 2) la economía agraria de subsistencia que hunde al indio en la pobreza; 3) la ausencia de escolarización significativa

y 4) "el abandono, verdaderamente espantable de nuestra población,

frente a las enfermedades y la muerte". 5 8 Los indios viven en promis- cuidad con los animales, en viviendas de escaso menaje, malos hábi- tos culturales, bajo standard económico; en todo tiempo les acechan endemias y epidemias, males gastrointestinales, enfermedades infecto- contagiosas y accidentes, como la mordedura de una víbora o el ataque de un nagual. En las regiones étnicas no hay un médico o una farma- cia a 50 leguas a la redonda. Además del aislamiento y la pobreza, "la psicología propia de su estado cultural -producto de la mentali- dad asociativa, prelógica- les entrega inermes a la acción destructora de las bacterias y de los parásitos ante los que resultan impotentes sus herbolarios, sus brujos y sus amuletos y santos". 5 9

Mendizábal se pregunta cuál es la causa por la que el médico

científicamente adiestrado no se establece

comunidades indias. En 1938 aprovecha la oportunidad que le ofrece

en el área rural n i en las

5 8 Miguel Othón de Mendizábal, "El día del indio en América", en Ofcras completas,

México, 1946, vol. 4, p.

316.

5 9 M . O . Mendizábal, "L a universidad y los campesinos", en op. cit., p. 356.

68

Nace la antropología

médica

la

hacer pública la respuesta al interrogante que se formula y ai mismo tiempo para proponer una solución. Basa todos sus argumentos en

la documentación estadística fría que expone a la vista cómo las de-

funciones registradas en el país en los cinco años que van de 1932 a '936, acaecen en un 86.32% sin diagnóstico de médico titulado, no obstante que por ley es requisito indispensable presentarlo para obte- ner la boleta de inhumación. El 60.79% de los enfermos fallecidos en poblaciones urbanas están expuestos "a las atenciones interesadas de médicos no titulados, curanderos y brujos o a la solicitud ignorante de sus parientes, amigos y vecinos". 6 0 Hay, en consecuencia, una in- suficiente atención médica que se debe 1) a la falta de médicos, 2) a su mala distribución en la geografía del país, 3) a la escasez de recur- sos económicos de la población y 4) a los deficientes servicios médicos oficiales gratuitos.

reunión en San Luis Potosí del 2o. Congreso de Higiene Rural para

El cartograma de la distribución de médicos en ia república, que Mendizábal exhibe, muestra que el 67.27 % de sus 2 264 municipios carecen de médico ntulado. En el Distrito Federal, con 46 km 2 de ex- tensión, el promedio de habitantes por médico es de 977; en las enti- dades federativas-con excepción de Baja California norte y Quintana

Roo de muy baja densidad- los porcentajes corren de 2 879 habitantes pot médico y a razón de un titulado por 1 682 km 2 a 52 669y 3 179, res- pectivamente, en el caso de Querétaro que representa el extremo. Por otra parte, los médicos tienden a concentrarse en las ciudades capita- les y urbes importantes. Con estos y otros datos numéricos adicionales, gráficamente presentados, pone en evidencia la mala distribución de los médicos adiestrados para el ejercicio liberal de la profesión. Las condiciones económicas de campesinos, peones, medieros, ejidatarios

e incluso pequeños propietarios, no les permiten el acceso a la medi- cina liberal. Algo y pronto debe hacerse. La voz de Miguel Othón concluye incisiva: "Es necesario que hagamos médicos rurales, que

nazcan del medio rural, que vuelvan y se reincorporen al medio rural

y que sean los que cuiden de la salud y del vigor físico de la nación mexicana." 6 1

La proposición de Mendizábal implica un cambio

trascendente

en la orientación del ejercicio de la medicina ya que le asigna el de-

6

0

M. O. Mendizábal, "Situación actual de la asistencia

médica y social en la

república", en op. cit, vol. 6, p. 530. Ignacio Miilán "Miguel Othón de Mendizábal", en op. cit., pp. 537-541 .

c

l

Gonzalo Aguirre

Beltrán

69

sempeño de una función social eminente. Ignacio Millán y Manuel Maldonado introducen, de inmediato, un punto resolutivo: "Este 2o. Congreso de Higiene Rural considera urgente necesidad nacional la formación de un tipo de médico cuya preparación responda técnica, científica e ideológicamente a las demandas del medio rural." 6 2 El pre- sidente Cátdenas, al conocer la recomendación, la apoya y ordena la fundación de la Escuela Superior de Medicina Rural, como parte del 1PN, con la encomienda de producir médicos para el servicio social. El gremio médico, que en México goza de poder y prestigio, no acepta de buena gana la nueva institución. Su oposición a la escuela y a la función que se le asigna es vigorosa e insistente; no admite que se pro- porcione a los médicos rurales un adiestramiento limitado a tres años sino al de seis del médico universitario. En el correr de los años la presión que ejerce sobre el nuevo establecimiento y, ante todo, sobre su orientación contraria a la de la sociedad capitalista de libre empresa, en que se ubica, acaba por triunfar y la escuela suprime su designación de rural para convertirse en simple productora de profesionales de la medicina sin especificidad social. En el cambio influye sin duda el de- sarrollo de la medicina institucionalizada cuyo acelerado incremento hace poco necesaria la función original de la escuela.

Los procesos biológicos. El 14 de abril de 1940, en la ciudad de Pátzcuaro, tiene lugar una reunión de singular importancia que con- grega a políticos y científicos sociales, de toda América, comprendidos en la fragua de postulados y guías de acción que hagan más produc- tiva la convivencia de los pueblos indios con el resto de las pobla- ciones nacionales del continente. Es el primer Congreso Indigenista Interamericano y en su temario figura una sección destinada a estu- diat las influencias de "ias razas y costumbres indígenas" en los pro- cesos biológicos, contemplados éstos desde la perspectiva social. Son discutidos p:>r la asamblea aspectos tales como nutrición, salubridad, cuidado materno-infantil, parología regional, botánica farmacológica y enseñanza médica según la experiencia de cada país. Las delibera-

ciones coinciden en resaltar los beneficios de! enfoque antropológico de las creencias y prácticas indias sobre la enfermedad y el accidente y terminan por recomendar una colaboración más estrecha y compren-

siva entre las

ciencias sociales y las disciplinas biológicas. 6 3

Médicos e indigenistas se pionuncian por el respeto y la toleran-

6 1 Escuela Superior de Medicina Rural, 1PN/SEP, México, 1947, pp.

9-13.

6 5 Educación, Congreso Indigenista, número especial, Pátzcuaro,

1940.

70

Nace ¡a antropología

médica

cía hacia las ideas, ritos y ceremonias utilizados por los médicos nati- vos -despectivamente denominados btujos o curanderos- para resol- ver la ansiedad que despiertan los males dominantes en la sociedad folk. Hay un vivo interés por estudiar la flora medicinal americana y, en lo particular, por el conocimiento científico de las plantas alu- cinógenas y los complejos culturales que las acompañan, tanto para descubrir propiedades bioquímicas aún no bien conocidas, cuanto para desvelar el significado recóndito de cultos, como el peyotismo, de los que parece emerger, en algunos lugares de Estados Unidos, el refor- zamiento y la revitalización de las formas de vida indígena. Efrén del Pozo propone la creación de institutos nacionales de fisiología y farma- codinamia que se ocupen permanentemente de investigar las plantas indígenas medicinales. 6 4

En el congreso convergen estudiosos, representantes oficiales de sus respectivos países, con atropólogos, lingüistas y biólogos alema- nes, como Pablo Kirchhoff y Alfonso Dampf, o norteamericanos, como Mauricio Swadesh, Jules Henry -castellanizado, nombre y apellido, en julio Enríquez- y Norman MacQuown, quienes atraídos por las proyecciones revolucionarias del movimiento cardenista, concurren al congreso adoptados como asesores por la delegación mexicana. Traen consigo una nueva manera de encarar la realidad del indio, procedente de una renovada construcción filosófica, el relativismo cultural, que contempla las concepciones del mundo y de la vida de los pueblos étnicos y la praxis que de ellas deriva como igualmente válidas, en el

contexto en que tienen significado y función, a las más complejas de las

naciones

Conocer, tarea primordial. Fuertemente influido por estos colegas, Julio de la Fuente, con los datos que le suministra el conocimiento y la participación en la vida de los pueblos étnicos zapotecas, hace notar la necesidad de tomar en cuenta las creencias y costumbres de los iridios en cuanto hace a la enfermedad y al accidente si deseamos asegurar el éxito a las innovaciones que los programas de salud se proponen intro- ducir en el campo rural. "En la base de la resistencia de los indígenas a nuestros sistemas preventivos y curativos -afirma- se encuentran mu- chas veces creencias particulares, enlazadas a otros elementos y co-

hegemónicas de la civilización industrial de nuestros días. 6 5

64 < Efrén C . del Pozo, "Botánica medicinal indígena y la necesidad de su estudio fármaco-dinámico", en Educación, núm. 61 (Resolución del XXII Congreso). 6 5 Op. cit., p. 154 (Relación de delegados).

Gonzalo Aguirre

Beltrán

71

y éstos parece tarea de primordial importancia." 6 6 Las

creencias como las instituciones -concluye - no son elementos aislados de los restantes aspectos de la cultura y, por tanto, cualquiet cambio en ellas repercute en la vida total de la comunidad.

De la Fuente tiene en mente endemias como la oncocercosis, traí- da del Africa por esclavos negros; el tracoma, introducido a la penín-

sula ibérica por la ocupación árabe y traspasado a México pot

vasores españoles; la malaria, la desnutrición y otros padecimientos para los cuales los indios carecen de explicación en su cultura y el per- sonal médico sanitario, que organiza programas de salud, no estima necesario volverlos significativos, como lo hace el curandero con las enfermedades tradicionales. A este propósito dice:

nocer aquéllas

los in -

Se ha creído demasiado en lo ventajoso de insistir ante el indígena en lo anticientífico del curandero, en lo inútil o lo pernicioso de sus prácticas, en lo ineficaz de sus medicamentos, en lo irracional de la creencia y se ha hecho todo esto cuando no se ha estado en aptitud

de substitutir sólida y permanentemente

lo que se quita. 6 7

Jules Henry, parece complementar el pensamiento del antropólo- go mexicano, cuando asevera: "Una política indigenista inteligente,

por tanto, no debería tomar nada por sabido sino tratar de entenderlo

racionalmente

El cambio de actitud frente al curandero parece haber sido gene- ral. Particularmente notable a este respecto es la obra de dos médicos norteamericanos. Alexander y Dorothea Leighton, quienes en 1939 tealizan una investigación psiquiátrica entre los navajos, "pueblo ele- gido" por cuyos integrantes velan siempre los espíritus y poderes del universo. Los navajos viven en una región seca y estéril en grupos fa- miliares dispersos. Las enfermedades son concebidas como resultado de la desarmonía de las fuerzas de la naturaleza y el tratamiento; luego de ser identificado el mal por el dignosticadot, lo realiza el curandero mediante un complejo ceremonial que dura de una a nueve noches, con sus días. A l acontecimiento extraordinario concurren los vecinos, "cada uno con sus mejores vestidos y disfrutan grandemente charlando

y actuar de acuerdo con ello." 6 8

6 6 Julio de la Fuente, "Creencias indígenas sobre la oncocercosis, el paludismo y otras enfermedades", ponencia en América Indígena, núm. 1, 1941, pp. 43-46. 6 7 Ibid. Jules Henry, "The kaingang, indians of Santa Catalina, Brasil", en América indígena, núm. 1, 1941, pp. 75-79.

6

8

72

Nace la antropología

médica

y tomando parte en juegos y carreras que con frecuencia efectúan du-

rante los intermedios del ceremonial". 6 9 Este acto cultural, como las tesgüinadas del tarahumara, tienen un evidente propósito de cohesión

error su-

primir el hecho curarivo indio con su principal ejecutante, y piden al personal médico hegemónico un poco de más conocimiento de su parte acerca de la importancia del curandero.

Las dos caras del problema. La fuerza de los argumentos conduce a los delegados a exponer los pasos que dan sus respectivos países para superar el desconocimiento de la problemática médica indígena y el estado indeseable de la salubridad y la higiene entre los pueblos étni- cos. En relación al punto, es altamente ilustrativa la experiencia del Bureau de Asuntos Indígenas, dirigido con mano diestra por el comi- sionado John Collier quien expone ante los congresistas el nuevo trato -New Dea/- que el Act a de Reorganización India de 1934 dispensa a las tribus americanas. Por la escasez numérica de la población bajo su cuidado -unos 400 000 individuos— y los fondos abundantes que dis-

fruta, el Servicio Indio se apropia las cualidades que contiene

ratorio cuya operación arroja luz sobre los problemas sociales, ubicuos

y universales, y sobre la manera como los afronta para conservar la

social. N o carecen de razón los Leighton cuando juzgan un

u n labo-

salud pública. Emma Reh informa acerca de la investigación médico- antropológica del pensamiento y la práctica nativos y lo que se hace en cuanto a la enseñanza de la medicina científica y su ejercicio a nivel primario, impartidos a practicantes de la medicina tradicional y a par- teras empíricas para su aprovechamiento como auxiliares de! esfuerzo

sanitario.

Ignacio Millán, Miguel Othón de Mendizábal y otros miembros de

la delegación mexicana, por su parte, hablan sobre las finalidades de la Escuela de Medicina Rural, recién inaugurada, que enfrenta las caren- cias indias para contender con las enfermedades, desde la otra cara del problema, es decir, la que contempla adiestramiento en antropología social del practicante de la medicina científica y del personal involu- crado en programas de salud para condicionarle en la actividad social

y en el debido entendimiento de los conceptos que rigen la salud y

la enfermedad entre los indios. Como resultado directo del propósito anterior el congreso aprueba la resolución XIX que a la letra dice:

1943,

6 9 Dorothea C. Leighton, "El indio y la medicina", en América Indígena, núm. 3, pp. 127-133.

Gonzalo Aguirre Beltrán

73

Que los médicos y trabajadores de la medicina, destacados en regio- nes indígenas, reciban cursos en los que se impartan conocimien- tos de carácter antropológico, histórico y social, a fin de que hagan una estimación correcta del indígena y desarrollen su trabajo con un criterio más amplio. Una solución adecuada sería la creación de escuelas de medicina rural, en las que se impartirían esos conoci- mientos de manera regular. 70

En la resolución de Pátzcuaro tienen origen los cursos de proble- mas rurales e indígenas de México que se dictan en la Escuela Superior de Medicina Rural del IPN. Estos cursos, lo . y 2o., forman parte del programa de la carrera en los años lectivos 4o. y 5o. del ciclo total de seis y en la nómina del profesorado, de 1946, aparecen a cargo de ellos Julio de la Fuente, Alfredo Barrera Vázquez y Gonzalo Aguirre Beltrán. 7 1 Este último, con la experiencia adquirida entonces, perfec- ciona los temas de la materia y sustenta, en 1954, la cátedra de antro- pología social en la Escuela de Salubridad del Instituto de Salubridad y Enfermedades Tropicales, dirigida por dos médicos sobresalientes, Manuel Martínez Báez y Pedro Daniel Martínez. La escuela está des- tinada a formar maestros en salud pública y la enseñanza de la nueva materia a los médicos tiene por contenido de propósito lograr "la in - tegración de la antropología social con los programas de salud y edu- cación higiénica", 7 2 como expresamente lo dice la descripción deta- llada de sus fines. Lo substantivo del curso, en forma harto abreviada, se presenta en 1955 como ponencia en la reunión que celebra en México la Orga- nización Mundial de la Salud y es, además, la médula de un pequeño

libro, intitulad o Programas

de salud en la situación

intercultural,

editad o

ese mismo año por el Instituto Indigenista Interamericano. La obra es pionera en antropología médica, precede a la designación de la sub- disciplina con su nombre actual; su contenido lo componen sistemas

teóricos que todavía hoy,

portantes estudiados por los antropólogos médicos. Sus acápites son los siguientes: 1) programas de salud; 2) saneamiento del medio; 3) cultura y nutrición; 4) cuidado de la madre y el niño; 5) medicina pre- ventiva y curativa; 6) educación higiénica. Estos desarrollos y otros

constituyen los cuerpos de doctrina más im -

7

0 Educación, op. cit., p. 63.

7

- Escuela Superior de Medicina Rural, op. JCÍL,

p.

28.

7

2 Anuario Escuela de Salubridad e Instituto de Salubridad y Enfermedades Tropi-

cales, SSA/UNAM , México, 1955, pp. 91-93.

74

Nace la antropología

médica

más tienen cabida en una comunicación nuestra que informa sobre el

progreso de la antropologí a médic a durant e el periodo que v a del fin

de la segunda guerra mundial a los años que corren. 7 3

Palabras finales. A l iniciarse l a otr a mitad del siglo XX l a inte-

gración de la medicina y la antropología social es propósito consu-

lo que más tarde se conoce com o antropología médica tiene

bases teóricas bien establecidas, constituido el objeto de estudio y de-

limitado el dominio que comienza en las regiones interculturales de

refugio y se amplía a las clases sociales subalternas de las sociedades

nacionales hegemónicas.

mado y

7 3 Gonzalo Aguirre Beltrán, Programas de Salud en la situación intercultural, Insti- tuto Indigenista Interamericano, México, 1955 (2a. ed. IMSS , 1980).

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L A

ANTROPOLOGÍ A

MÉDIC A

INTRODUCCIÓN

E N

MÉXICO *

LUÍS ALBERT O

VARGAS

LETICIA E.

CASILLAS

La antropología médica cuenta con una amplia trayectoria en México. Durante la conquista, los españoles se encontraron ante un floreciente sistema médico. Las heridas de Hernán Cortés fueron atendidas por practicantes locales, y varios frailes al describir la vida de los indíge- nas mexicanos hicieron un registro de sus habilidades médicas. Desde entonces, los científicos mexicanos se han interesado por los siste- mas médicos no occidentales. En este trabajo se pretende presentar el papel desempeñado por la antropología médica en cuanto a la com- prensión de estos sistemas, así como en el desarrollo de las condiciones de salud en México. El propósito de este artículo es el de ofrecer a los lectores de ha- bla inglesa una noción acerca de las actividades que la antropología médica está llevando a cabo, así como de las publicaciones realizadas en los últimos años. Aunque se reconoce la influencia de la an-

* Título original: "Medical anthropology in México", Social Science and Medicine,

Pergamon Press, Gran Bretaña, vol. xxvili, núm. de Ana Claudia Morales Vrramontes.

78

12, 1989,

pp. 1343-1349. Traducción

Luis Alberto Vargas, Leticia E.

Casillas

79

tropología médica extranjera, el propósito de este trabajo sólo se cir- cunscribe a las obras publicadas en México o a aquéllas realizadas por investigadores afiliados a instituciones mexicanas.

ANTECEDENTES

Los grupos asentados en México antes de la conquista, desarrollaron un conocimiento médico y prácticas basadas tanto en una cosmovisión propia como en los recursos de que disponían. Este corpus fue alterado por la conquista europea y posteriormente se desatrolló hasta lo que hoy conocemos como sistema médico tradicional mexicano, el cual es muy dinámico e incorpora nuevas modalidades con facilidad. Algunos de estos sistemas cuentan con una fuerte influencia prehispánica mien- tras que otros no la tienen en absoluto. A la vez, la medicina oficial se encuentra fuertemente enraizada en México. Existen muchas escuelas de medicina, la mayotía pertene- cientes a la tendencia general de la medicina alopática. La homeopatía es también un sistema de gran aceptación. La Escuela Nacional de Homeopatía se fundó en 1895 y le siguió el Hospital Nacional Homeo- pático. En 1912, un grupo de homeópatas fundó la Escuela Libre de Homeopatía. La Escuela Nacional de Homeopatía pasó a formar parte en 1937, del Instituto Politécnico Nacional. El Hospital Homeopático forma parte hoy en día de la SSA. Los homeópatas cuentan con una licencia por parte del gobierno para ejercer la medicina. La medicina alopática o medicina oficial llega a la mayoría de los habitantes de las ciudades y poblados grandes a través de médicos e ins- tituciones públicas o privadas. La población le tiene un gran respeto, ya que se sorprende de su efectividad, obtenida por medio del uso de una compleja tecnología, cirujía y potentes medicamentos. Este res- peto también se debe al aura de poder y seguridad con que la medicina oficial se ha rodeado. Sin embargo, la medicina tradicional aún tiene un amplio uso tanto en sitios donde las instituciones médicas oficia- les están ausentes como en zonas rurales o urbanas donde está más al alcance de la población. Muchos pacientes de hospitales modernos siguen las prescripciones del médico a la vez que las de la familia o de sus curanderos.

Los estudiantes de medicina que trabajan en hospitales, con fre- cuencia experimentan un choque cultural durante las primeras etapas

80

La antropología médica

en

México

de su práctica clínica, ya que han aprendido una terminología y una forma de entender la salud y la enfermedad que, con frecuencia, no comparten sus pacientes. Algunas de las ideas y prácticas de los pa- cientes les parecen irracionales y en ocasiones llegan a poner en peligro la vida (por ejemplo, el aplicar estiércol de vaca en el resto del cordón umbilical del recién nacido). Esta situación se vuelve aún más tensa durante los meses en que los estudiantes de medicina del último año o pasantes deben permanecer un año trabajando como médicos comuni- tarios en poblaciones aisladas. Aquí se enfrentan a lo que consideran prácticas médicas extrañas, terminología desusada y, en muchos casos, llegan a conocer las prácticas de los curanderos locales y de las parte- ras. Esros pasantes tratan con una variada patología de enfermedades comunes ante las cuales poco puede hacerse, ya que están ligadas a la pobreza y falta de higiene. La mayoría de sus pacientes no cuentan con los recursos suficientes para seguir los procesos de diagnóstico, así como los tratamientos que la medicina moderna considera esen- ciales. La variedad de medicinas que pueden prescribirse se encuentra también limitada por su costo y disponibilidad. A la vez, los pasantes se percatan de que la comunidad respeta a los curanderos y parteras -que ellos mismos desprecian- por su efectividad.

Muchos médicos afrontan esta incongruencia negando la situa- ción y considetando la creencia médica popular y sus prácticas como algo vinculado a gente ignorante y supersticiosa. O en el mejor de los

casos, como un fenómeno

gan el tema o se interesan por estudiar el éxito de estas prácticas de apariencia tan poco científica. Un tercer grupo ha intentado explorar con un criterio de mayor objetividad, estas prácticas. Estas respuestas, comunes ante la medicina tradicional, tienen un cierto paralelo en la forma en que han sido analizadas por los científicos en México.

que no comprenden. Mu y pocos investi-

ESTUDIOS DESCRIPTIVOS

Lo que hemos llamado estudios admirativos y descriptivos de las prácti-

cas

como modelos para los

estudios etnográficos modernos. El principal de estos autores fue fray

cipios del siglo XVI, y han sido consideradas

médicas tradicionales comenzó con las obras de autores de prin-

Luis Alberto Vargas, Leticia E.

Casillas

81

Bernardino de Sahagún, 1 cuya riqueza de información y metodología de registro de la vida de los mexicas aún resulta sorprendente. Lo siguieron fray Diego Duran 2 y muchos otros. Más adelante, se es- cribieron obras más académicas, tales como la historia de Francisco Xavier Clavijero. 3 Con ideas más prácticas en mente, algunos médi- cos españoles aprendieron la medicina indígena y la incorporaron a la práctica europea de su época. La más interesante figura de este grupo es Francisco Hernández, quien pasó muchos años en México recolectando información, clasificándola y tratando de comprender

la forma en que actuaban sobre las enfermedades las plantas locales, los animales y los minerales utilizados en medicina. En años recien-

tes,

mir la obra completa de Hernández, una labor que tomó más de 20 años. 4 Expediciones botánicas, como las realizadas por Martín Sessé y José Mariano Mociño -enviados del rey de España- nos han dejado descripciones fieles de muchos remedios herbales. 5 Esta fuentes requie- ren de investigaciones aún mayores. Con el paso de los años, los médicos mexicanos han continuado evaluando los resultados de la medicina tradicional. Se han publicado ediciones aisladas sobre medicina tradicional e incluso, algunos pro- ductos han llegado a formar parte de la farmacopea occidental. Uno de los primeros intentos serios por estudiar científicamente los produc- tos de la medicina tradicional fue emprendido por el Instituto Médico Nacional, al publicar ensayos sobre farmacología de varias plantas, ba- sados en investigaciones experimentales. Éste fue uno de los propósi- tos fundamentales del Instituto para el Estudio de las Plantas Medici-

la Universidad Nacional Autónoma de México terminó de impri-

1 B. de Sahagún, Historia general de las cosas de la Nueva España, Porrúa, México, 1956, 4 vols. Para un análisis detallado de la merodología de investigación seguida

por Sahagún,

Sahagún: the questionnaires", en Munro S. Edmonson (comp.), Sixteenth cenlury Mé- xico: the work of Sahagún, University of New México Press, Albuquerque, 1974, pp.

Austin, "Th e research method of Fray Bemardino de

véase:

A . López

111-149.

2 D. Duran, The titees: the history of the Indies of New Spain, Orion Press, Nueva York, 1964; Book of the gods and rites and the ancient calendar, University of Oklahoma Press, Norman, Okla., 1971.

3 F. J. Clavijero, Historia antigua de México, editado por M. Cuevas, Porrúa, México,

(Col. Sepan cuantos, 29).

4 La obra completa de Francisco Hernández junto con biografía, comentarios, índi- ces, etc., se ha publicado como: F. Hernández, Obras completas, UNAM , México, 1960-

1964