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LA BIBLIOTECA

N° 4-5 | Verano 2006

ÍNDICE

3 Editorial

La imaginación crítica
12 • Borges y Perón. Por Antonio J. Cairo
16 • Productividad de la crítica. Por Noé Jitrik
26 • Josefina Ludmer: “Algunas ‘nuevas escrituras’ borran fronteras”. Por Susana Haydu
32 • La ficción proletaria. Por Nicolás Rosa
52 • Rojas, Viñas y yo (Narración crítica de la literatura argentina). Por Jorge Panesi
60 • Una profesión de fe. Por Alberto Giordano
74 • Crítica de la crítica (Negatividad y mimetismo). Por Juan Bautista Ritvo

Nombres, linajes y recorridos


84 • Poéticas de inventario. Fuera de serie: Eva Perón. Por Daniel Link
96 • Enrique Pezzoni: sigilo y espectáculo. Por Jorge Monteleone
104 • Ana María Barrenechea, la descifradora. Por Jorge Monteleone
110 • La traducción entre forma y fantasma: el escritor-crítico-traductor en el cruce de
horizontes culturales. Por Delfina Muschietti
122 • Juan José Saer: una crítica sin atributos. Por Susana Cella
134 • Héctor Libertella: la pasión hermética del crítico a destiempo. Por Martín Kohan
146 • Bianco, lector de Proust. Por Guillermo David
160 • Un problema crítico: la historia de la literatura argentina. Por Horacio González
174 • Jaime Rest, hacia la reafirmación del hecho literario. Por Pablo De Santis
180 • La crítica de Masotta sobre Arlt: entre la conciencia y el destino. Por Silvio Mattoni
188 • La crítica a principios del siglo XX: Roberto Fernando Giusti. Por Verónica Delgado

Trazos malditos
200 • Retrato de un pensador materialista. Por Adrián Cangi
210 • Lectores argentinos de Manuel Puig. Por Ariel Schettini
216 • Ecos lejanos, voces tenues: apuntes para la crítica de H. A. Murena. Por Diego Poggiese
226 • Matar o morir. Murena y la transfiguración del espíritu. Por Luciano Carniglia
234 • Carácter y destino: en busca del modo de leer a Victoria Ocampo. Por María Celia Vázquez

Ficciones Críticas
244 • Crítica y hospitalidad. Marta Riquelme de Martínez Estrada: genealogías, lina-
jes e intertextos. Por Susana Romano Sued
260 • Diversos ejercicios de la crítica cultural argentina. Por Tomás de Tomatis
276 • ¿Borges crítico? Por Sergio Pastormerlo
284 • El viaje circular. Por Carlos Bernatek
290 • La creación es el verdadero poder. César Aira y la tenacidad de lo imposible.
Por Evelyn Galiazo
306 • Crítica interpretativa según el pensamiento de Paul Ricœur en la obra de
Alejandra Pizarnik. Por Ana María Rodríguez Francia
312 • Crítica y ficción: otra literatura. Por Carolina Orlando

Reflexiones sobre la condición intelectual


318 • Reflexiones sobre el intelectual crítico. Por Miguel Vedda
328 • Libros sin crítica. Por Jorge Dubatti
336 • El escritor como crítico. Por Mario Goloboff

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Editorial
Redundancia e innovación
344 • La crítica literaria y el problema de los intertextos. Por Alba Omil La Revista La Biblioteca ofrece con tranquilidad algunas redundancias. Una
muy notoria. Toma el mismo nombre de la institución que la edita. Además,
Groussaquianas ya se dijo, actúa nomás como continuidad con la revista similar que publicara
352 • La modernidad latinoamericana y el debate entre Rubén Darío y Paul Groussac. Paul Groussac al cerrarse el siglo XIX. Agrega así un eslabón más a la serie
Por Mariano Siskind histórica. Las otras redundancias son menos evidentes y hay que verlas por el
364 • Sobre una tesis que falla por la tesis. “Paul Groussac: un estratega intelectual”. revés. Redunda en querer tener una escritura del máximo nivel de independen-
Por Marta Elena Groussac cia intelectual, a pesar de ser una revista contenida en los pliegues públicos,
proveniente del arcano estatal. No es fácil recordar publicaciones en el área
Tribunas literarias, memoria editorial pública que superen el mero cariz propagandístico y el dictum complaciente
390 • Contorno y alrededores: sucesiones, herencia y desvíos en 50 años de crítica del funcionario del momento.
argentina. Por Marcela Croce Esta revista habla sola, por su propia voz, es libre. Redunda así por el lado opuesto.
402 • Claridad o la cultura a granel. Por Juliana Cedro Cuando se esperaba el ditirambo, elige excederse por su reverso. Transita por ese
408 • La revista Martín Fierro de Alberto Ghiraldo o un anarquismo (casi) nacional territorio de las revistas vocacionales, las del llamado a la idea crítica. Una crítica
y popular. Por Juan Navarro autonomista parecería inadecuada en el lugar de donde sale esta revista, pues si la
416 • Las armas y las letras. Un recorrido por las ediciones anarquistas. Por Pablo M. crítica es el momento de debilidad de las cosas, la Institución Pública no toleraría
Pérez, Hernán Villasenín y Liliana Jofre saber o conocer su propia trama de fragilidad.
428 • Breve historia de Ediciones de la Flor. Editar en la Argentina: ¿un oficio insalubre? Pero la institución pública suele ser más débil que lo que sus simulacros
Por Daniel Divinsky administrativos permiten pensar. Muchas veces, una revista intelectual libre que
452 • Gregorio Weimberg y la edición. Estampa de un fundador de la biblioteca lanza las novedades de lenguaje que los públicos esperan, quiere postular menos
argentina. Por Gustavo Sorá su propia debilidad –es sólida, segura de sí, véase la Martín Fierro de Borges y
472 • Breve historia de la Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA). Por Girondo, en los 20, o Contorno en los 50, de los Viñas, Rozitchner y Masotta–,
Leandro de Sagastizábal que su concisa capacidad de crear culturas autónomas.
482 • La editorial Jorge Álvarez, cenáculo de los sesenta. Por Ana Mosqueda En cambio, revistas como ésta –La Biblioteca– respiran inesperadamente por su
490 • “Todo está en el catálogo”. Notas sobre Arnaldo Orfila Reynal y Siglo XXI fractura esencial, su origen sospechado, su voz presuntamente ronca con vaho a
Editores. Por Carlos E. Díaz y Alejandro Dujovne bóveda estatal. ¿Pero no fue Borges, aventurero intelectual de los 20, de los 30,
y, aún adentrado mucho más el siglo, también atrevido director de la Biblioteca
Labor bibliotecológica Nacional? No atrevido por sus gestas administrativas –aunque firmaba documentos
502 • La Biblioteca Nacional. Aportes para una estrategia de fortalecimiento. Por oficinescos, incluso tenemos a la vista cierto apercibimiento de rutina a algún
Luis Herrera empleado que ahora puede exhibirlo no como demérito sino casi como gloria–;
524 • La imagen de Raymond Foulché-Delbosc en Argentina. Por Hebe Carmen Pelosi atrevido por su concepción bibliotecaria, una concepción geométrica, ficcional y
532 • El período incunable entre Bernard von Mallinckrot y Philippe Labbé. Por a la vez técnica, pues si la biblioteca era el mundo, era también sus deficiencias y
MarioTesler sus escatologías, sus fuerzas automatizadas y sus recodos más azarosos. Basta leer
538 • La música y el largo derrotero de su preservación. Por Silvia Glocer Tlön, Uqbar... para percibir cómo está pensando el desdoblamiento del mundo a
542 • Para una genealogía del discurso bibliotecario. Comisión Permanente de Homenaje través de un juego de espejos entre lo real y lo virtual.
a Bibliotecarios y Trabajadores de Bibliotecas Desaparecidos y Asesinados por el Es que el autor de El Informe de Brodie estaba dentro de la civilización y dentro
Terrorismo de Estado de la barbarie, como lo está toda literatura merecida. Las revistas que surgen
546 • La fototeca de la Biblioteca Nacional: un proyecto en marcha. Por Graciela I. dentro de la institución pública no están obligadas a ser ditirámbicas, pero sí
Funes y Clara Guareschi intimadas a reflejar el sorprendente espejo de todo lo que no se les atribuiría:
redundantes con lo otro que no se espera de ellas. Así deben ser. Redundantes
552 Semblanzas con lo que sordamente no es el Estado.
Este número de La Biblioteca sobre la crítica literaria argentina –y la historia
editorial– es redundante de lo que no formaría parte de una revista nacida de
la institución pública nacional. Se trata del aroma libertario que funda nuestra
vida, que no siempre puede decirse, pero que alguna vez –ésta, quizás–, puede
confesarse dentro del círculo de nuestros aprecios. Se place pues en ser reiterativa
de lo mejor del revisterío nacional, mezcla de la primigenia La Biblioteca y La

 

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Montaña de Ingenieros y Lugones. Y además, es voluminosa, orgullosamente histórico se pondrían a disposición de una brusca reconversión del conocer a
ostentosa, pero casi se autofinancia, como testimonio de que puede entrar en meros emblemas de señalización compendiada y a la vez perpetua, que encarnaría
el circuito del don, que es el del lector libre y real, interesado en sufragar por una nueva ontología de lo social. Lo social como una arcadia de transparencia
ella, más allá de siglas estatales y jergas institucionales, que por supuesto no son comunicativa, lo que le daría a la sociedad de conocimiento el destino de ser una
solamente las del Estado, sino que abarcan toda pedagogía y toda comunicación interpretación lacónica de procesos más vastos y aún impredecibles, surgidos de
por espontánea que parezca. la revolución en la propia idea de signo. El signo de lo que llaman sociedad del
Pero una cuestión más difícil debemos tratar en este prólogo. Ya que de crítica conocimiento es plano, binario, lineal. El conocimiento, en cambio, es denso,
hablamos, se trata de criticar el concepto de sociedad de conocimiento o gestión derivativo y entrecortado.
de conocimiento que se encuentra difundido en muy diversas esferas y grupos Ciertamente, las realidades del mundo digital nos ponen frente a una dimensión
intelectuales. Al parecer, se trataría de formular una visión optimista del crucial de la historia humana. Estamos inmersos en ella de una manera inocente
conocimiento y su proceso interno, pero no basado en el legado de la episteme o y feliz, lo que siempre ocurre en los primeros tramos de las grandes y necesarias
la gnosis clásica. No se trata ahora de que el conocimiento sea la rareza o la escasez mutaciones tecnológicas.
de lo que también genera –el sujeto, el individuo, el lenguaje, la conciencia de Falta sin embargo otra colección de signos que ponga esta transformación vital
sí en todos sus capítulos de construcción, negatividad y olvido–, sino un plano del uso del lenguaje simbólico en términos más amigables con el conocimiento
exterior, meramente resultante del modo en que actúan los signos informáticos y recibido a lo largo de las edades históricas (y del largo ciclo en el cual se habló
de reproducción virtual del encadenamiento del saber. de trabajo manual y de trabajo intelectual), para que la conciencia lingüística
Aunque por otro lado con gestión del conocimiento, a veces se alude al de las tecnociencias no desactive erradamente la conciencia histórica. Por eso
reaprovechamiento de la intuición, el saber espontáneo y la experiencia de el empleo de la palabra “sociedad” para acoplarla a “conocimiento ” –sociedad
vida de las personas, como ilusión institucional de que no estamos ante la es una expresión esencial del siglo XIX, o no muy anterior a él–, nos pone ante
pura regla, el puro reglamento. No parece esta idea más que una derivación de la idea de que las tramas sociales sólo lo serían si se producen en un mundo
las técnicas de adecuación laboral bajo la ilusión de la experiencia individual de articulaciones simbólicas virtuales, lo que apuntaría al último reduccionismo
creadora, en la era en la que el libre albedrío de los trabajadores llega a un posible en la historia del conocimiento humano.
punto de oclusión, de máxima intensidad. Este reduccionismo proviene de un pensar rápido que toda revolución técnica
¿Qué habría de nuevo en esta concepción de la sociedad del conocimiento que carga consigo misma, y que no la favorece para que ella misma derrame sus frutos
no lo tuvieran los tiempos de Kant, a fines del siglo XVIII, o los tiempos irreversibles y creativos en la historia del trabajo humano. Estamos aún en el
de Husserl, a comienzos del siglo XX? Era en la que está de por medio la momento en que las tecnologías crean su propio lenguaje absorbente, como pasó
revolución digital, informática o tecnotrónica –que busca su alianza con la en las primeras décadas de la imprenta, del motor a explosión o de los métodos
sabiduría espontánea de las gentes–, según el nombre que desee utilizarse o la de cirugía anestésica. Estarían en el momento equivalente al que, como en la
hipérbole que cada uno quiera sostener. filosofía, pueden surgir conceptos como “sustancia extensa y sustancia pensante”,
La primera crítica que cabría sería la de postular que se emplee otro nombre para “juicio sintético a priori” o “lo concreto es síntesis de muchas determinaciones”.
las nuevas realidades generadas por esta teoría de los signos, pues así como está, ¿Pero están acertando las tecnociencias con su lenguaje? ¿Tienen su nomenclatura
no puede hacerse cargo de todas las modalidades del conocimiento, tampoco denominativa a la altura de la importancia de sus logros? Una revolución técnica
puede arrogarse la redefinición completa de todos los horizontes de lo social. Ya como la que vivimos, sólo en una etapa posterior –que ya presentimos–, realiza
se empleó en el pasado inmediato el concepto de “sociedad de la información”, el potente ejercicio de plasmar el legado completo de la civilización en el seno de
que si se quiere tenía un poder de yuxtaposición menor con todo el conocimiento su sumario, aunque vistoso cuerpo de lenguaje, con el que surge a la admiración
existente en la historia social e intelectual de la humanidad. Se sugeriría, a través garantida de sus contemporáneos.
de estas elaboraciones, que estamos ante una posibilidad doble, la de pasar en Las metáforas informáticas –migrar, exportar, virus, navegar, amigable, soporte, red,
limpio toda la cultura heredada a nuevos símbolos de almacenamiento, y que cortar, pegar, ver, insertar, herramientas, ventana, “analfabetismo” informático–, son la
del conocimiento así entendido (como planicie intelectual infinita y sin relieves) más poderosa construcción idiomática que ha acompañado a un descubrimiento
puede extraerse sin más una idea completa de sociedad sin conflictos, autoeducada tecnológico. Se dirá que no ha generado estos conceptos, tomándolos de todo el
en una felicidad comunicacional abstracta. orden del conocimiento humano, pero con este gesto también señala sus virtudes
Pero en verdad, la teoría de la “sociedad del conocimiento” es estrecha en relación apropiativas, y en el límite, expropiatorias. La retórica revolucionaria sale a luz con
a las posibilidades que abre el desarrollo de la red electrónica y sus derivados. ropajes ajenos, los toma de prestado sin rigor crítico pero con evidente imaginación.
Ninguna evolución en el lenguaje, en la época de los grandes cambios técnicos, Esta fuerza expropiativa del lenguaje, en toda revolución técnica se ha realizado
debe implicar una reducción a insignias de codificación fijas. Sin embargo, con la tomando también los lenguajes preexistentes, revelando que estaba vacante de
hipótesis de la sociedad del conocimiento, todos los bajorrelieves del conocimiento nombres (homenaje implícito a los que ya existían), pero mostrando asimismo

 

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un ánimo sustitucionista respecto a la total experiencia humana en materia de del mundo del trabajo, la producción y el arte. Nuevos maestros nos sacarán de
nombres, símbolos y lenguajes. Por eso se entiende el concepto de “sociedad de nuestra condición ágrafa, aunque hayamos compartido largamente el fruto de las
conocimiento” vista la gran operación de embargo de las culturas previas. Lo culturas. El alfabetizador informático es el fruto notorio, educacional, surgido
que nos pone frente al problema mayor de la civilización contemporánea: surge del seno de las utopías tecnológicas del siglo XX, como la reflexión moral es el
un nuevo tipo de experiencia comunicativa, pero el lenguaje (lo inherente a la fruto de utopías como las de Tomás Moro.
comunicación) puede quedar lesionado. Pero sus resultados no son meramente utópicos, sino que intervienen de un modo
Saludamos nosotros a la red con todas sus acciones cognoscitivas –es elocuente el excesivamente banalizador en la discusión sobre las instituciones pedagógicas y
nombre de documento y archivo que poseen sus acciones básicas– y no vemos en las decisiones sobre las redes escolares. Cuando éstas cumplan con su deseo real de
ella más que una gran oportunidad creadora a escala de la historia de la ciencia estar interligadas al cuerpo de la red virtual –lo que es también nuestra postura–,
y de la cultura. Y al mismo tiempo, nos preocupamos que de ella no surja una una efectiva revolución pedagógica sólo ocurrirá por el diálogo con las fuentes de
deficiente filosofía desatenta con la realidad de los conflictos históricos y la situación la práctica cultural que unen las generaciones pasadas a las actuales. Se precisará
experiencial del trabajo y del lenguaje como forma de existencia colectiva. entonces de la filosofía y la literatura clásicas –y de la ciencia y técnica no como
Este rico orden metafórico de la lengua informática no es asumido como ideología sino como conocimiento liberado– antes que de conceptos surgidos
tal, sino como un apresurado gesto, aunque no exento de gracia, para tomar del marketing superficial de la revolución tecnológica. A ésta la queremos sin sus
precipitadamente palabras de la naútica, de la economía o de la medicina. Pero ideologías triviales ni sus implícitos mitos de dominio.
es un atrevimiento distraído. Habilita a creer que un ciclo del conocimiento ya Sino, un nuevo saintsimonismo de los savants, con su ingenuo evangelio
se ha cancelado y todo puede resumirse en una retórica aglutinadora universal, social de los industriales, avanzaría sobre los nuevos descubrimientos con un
como quería Gorgias en su controversia con Sócrates. A la manera de una última monolingüismo abstracto, en un momento en que la humanidad sigue con
y radical fenomenología del espíritu, las formas compendiadas que llevan a ganar sus guerras, demoliciones y saqueos, precisamente de los bienes preservados
tiempo, espacio y capacidad de síntesis, van señalando el periplo de la misma por generaciones anteriores, y todo como prueba de la marcha sacrificial de
historia humana hacia el saber condensado y al mismo tiempo ramificado según la especie humana, que el archivismo puntual no logrará detener. Pensar el
la lógica del hipertexto. Así vistas las cosas, es necesario un concepto rápido, de conocimiento es también pensar el saqueo y la pérdida. Las nuevas consignas
circunstancias, meramente plano e inelocuente: la sociedad del conocimiento. de la informatización han generado un poderoso lenguaje que, de un modo
Él dará cuenta del movimiento de anexión de lenguajes. Se convierte así en una virtual, absorbe todos los movimientos que las filosofías de la acción y del
neo-retórica al paso, una mera ideología de la ciencia y la técnica, como en los conocer desde antiguo habían explorado. El dudoso concepto de sociedad de
años 60 bien supo criticar el joven Habermas. conocimiento proviene de ahí, incapaz de pensar adecuadamente las novedades
La materia cultural anterior se tornará entonces en un “tesoro” encerrado en que él mismo contiene, la gran reduplicación del signo real de la vida en formas
la caverna platónica y sus copias con distintos grados de verdad serán apenas electrónicas y micro-compendiadas de la memoria.
el mundo de ideas que verán los ojos de las generaciones futuras. El archivista Ningún lenguaje surgido de las metáforas de la técnica puede encargarse de la
adquirirá un carácter sacerdotal, y de este modo, una formidable vena de los totalidad del conocimiento humano, como el de sociedad de conocimiento, a
inventos de la humanidad (digamos, la lanzadera mecánica, la caldera ferroviaria, riesgo de que haga peligrar lo único que puede resguardar la presencia efectiva
la electricidad o la telegrafía) puede presentarse como discontinuidad antes que de la técnica en las sociedades, el conocimiento filosófico como autonomía del
como continuidad –cierto que repleta de desvíos y opacidades–, con las fuerzas sujeto y del concepto. Más que sociedad del conocimiento (idea que cierra el
cognoscitivas reticulares de la época. saber sobre una variante del progreso técnico) hay conocimiento de la sociedad
De ahí la formidable utopía de la sociedad de la información o del conocimiento (forma abierta del saber que alienta nuevos descubrimientos técnicos).
como llamado a romper la continuidad de la historia del trabajo humano frente Por eso, el error del concepto de “sociedad del conocimiento” proviene de la
a la naturaleza y a la vida colectiva. Vastos sectores del movimiento cultural en confusión que introduce con la historia de las civilizaciones. ¿Qué sociedad
todo el mundo emplean ese concepto un tanto ingenuamente, pensando que no sería del conocimiento? ¿Excluiríamos las cavernas de Altamira, los indios
compran así su billete hacia el progreso técnico. Debemos decir que el progreso Caduveo, la corte de Luis XVI, una asamblea jacobina, la China imperial, el
técnico es demasiado delicado, importante y esencial como para que quede en sur norteamericano de las novelas de Faulkner? El concepto de sociedad ya es
manos de conceptos que no realizan enteramente la misión de comprenderlo el de conocimiento. Sea en la alta Edad Media o en la Nueva York de Woody
en sus significaciones últimas. Allen. La aparente ambigüedad del concepto solo querría decir que con los
La hipótesis del nuevo alfabetizador nos dice que hay brechas digitales, indicando signos de la sociedad informática recién podemos entrar a un conocimiento
la necesaria cruzada para rescatar del analfabetismo de nuevo tipo a millones de universal y democrático. Desde luego, es necesario afirmar que la convicción
seres humanos. Se trata de una nueva partición en la sociedad que se sobrepone que une tecnología a democracia –derivada de la idea de democracia industrial
a las clásicas líneas de fractura social, provenientes de diferentes interpretaciones del pragmatismo norteamericano, que un digno hombre, John Dewey, intentó

 

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descifrar adecuadamente antes que se convirtiera en credo de las muchedumbres la brecha entre ciencias de la cultura y ciencias de la naturaleza. Y así, toda
solitarias–, precisa de más resguardos para no perder poder explicativo. tecnología es también un elemento conceptual no neutro. El lenguaje con la
Admitamos que buena parte del cuerpo tecnológico en uso real por las sociedades que hable o se la hable no debe ser segregado por su retórica sustractiva de
tiene valores neutros en cuanto a su verdad. Eso no nos exime de preguntarnos términos de la cultura anterior, apagándoles su condición metafórica. Debe
por las posibilidades del uso inadecuado de los medios técnicos. Se dirá: los ser continuidad problemática con las formas del conocimiento antepasadas,
jueces se reservan la aplicación de la figura contemporánea de la mala praxis. a las que no se les debe un mero homenaje, sino que si no se las mencionara,
¿Y la sociedad del trabajo, la idea misma de trabajo? Los teóricos le reservan un sucumbiría la fuerza misma de los nuevos artefactos semióticos y su propuesta
destino adecuado, como los que en los últimos años difundieron Toni Negri y de recolocar el archivo en el centro del tejido cultural.
Michael Hardt, indicando que este problema –las tecnologías “inmateriales” y La incorporación más lograda de las tecnologías del signo a la vida humana
su relación con el trabajo real–, se relacionaba con una nuevo tipo de política proviene de dos terrenos específicos. De a) que no sea un axioma el que toda
mundial en la era del “imperio y las multitudes”. revolución técnica hable con el lenguaje precario inventado por ella, en su
En el debatido libro Imperio, Negri y Hardt hablan de una “intelectualidad primera presentación mundana. Su orden metafórico puede tener alternativas
de masas”, de “trabajo inmaterial”, y de “intelecto general”, tomado esto incluso mejores para su propio crecimiento, que la que surge a veces de la modesta
último de un pequeño fragmento de las obras de Marx, para decirnos que poética copiativa de sus inventores. Y de b) que junto a la no neutralidad de la
al trabajo fabril debe vérselo cada vez más reemplazado por una fuerza técnica –lo que no sólo no la obstruye, sino que la obliga a pensar caminos no
laboral intelectual, inmaterial y comunicativa, surgida de la fuerza tecno- obligatorios y aún de mayor inventiva–, se debe pensar en el constante repique
comunicacional del capitalismo informático. Todo ello exigiría desarrollar del mundo virtual con la presencia experiencial, activa y práctica del orden de
una nueva teoría política del valor y una nueva subjetividad que vea en esa objetos que son de rigurosa convivencia para el juego humano.
inmaterialidad del trabajo las nuevas formas de acumulación económica o en Un mundo con hombres activos y objetos vivos es lo que corresponde para la
su defecto, los síntomas de una nueva liberación. prosecución empírica y simbólica de la especie humana. A nadie le conviene –a
Se reclama por parte de estos autores una nueva teoría del valor que la ciencia no lo conviene, a las tecnologías no les conviene– un empobrecimiento
debería encarar nuevos descubrimientos de la “subjetividad”, esta vez con del mundo táctil, visual, auditivo, lectural, objetual que la humanidad recorrió
sus dimensiones ligadas al conocimiento, la comunicación y el lenguaje. durante siglos. Del interior de las Bibliotecas suele surgir una voz profunda
¿Y si este refinamiento de la idea de sociedad de conocimiento –lejana a los que parece advertirnos de esto. Habíamos dicho que en esta revista veíamos
enfoques simplificadores que acostumbramos a escuchar–, también cerrara la una sugestiva redundancia. La redundancia de la libertad. Y allí donde vemos
construcción del conocimiento, simbólico o lingüístico, al universo exclusivo innovación, también queremos verla con la cautela de quien dialoga con las
de la “fuerza laboral inmaterial”, dislocando de un modo drástico y pifiado antiguas persistencias del legado.
todo el orden real a la trama comunicacional?
No desvalorizamos estas expresiones de Toni Negri; con respeto vemos sus Di­rec­ción de la Bi­blio­te­ca Na­cio­nal
dificultades. Y las declaramos aquí porque estamos en una Biblioteca Nacional.
No deja de ser atractiva la idea de “trabajo inmaterial” –es, al cabo, el pensamiento
mismo–, pero a condición de que no se alce con todo el embalaje de la historia
simbólica de las sociedades, los usos materiales del habla, las formas de las luchas
políticas en la polis, y el realismo crítico –la “cautela del salvaje”, como dice
Diego Tatián–, que es el tejido oscuro del que sale la imaginación técnica y su
utopía: tanto la reconversión del pensamiento humano de un modo arrollador, o
la regulación del ingenio técnico que se acopla y dialoga con todos los lenguajes
conocidos sin pretender resumirlos en una cartilla totalista.
Una Biblioteca es el campo de este debate y a la vez el modo de resolverlo
adecuadamente. Por un lado, las tranformaciones en la reproducción técnica,
la reduplicación inmaterial, la catalogación en red, la preservación en digital,
el continuum del dato que nace sin referente real –los metadatos–, producirán
más efectos civilizatorios en la medida que no se desliguen de ninguna teoría
de la cultura. Puesto que toda tecnología es legado que no se puede no emplear,
no se puede no interrogar, no se puede no adaptar. Y todo ello con “cauta
simpatía”, como dice Paolo Virno, a fin de considerarla capaz de superar

 

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La crítica literaria en la Kant, Hegel, Freud, Marx y Nietzsche abren el espacio para la pre-
Argentina concedió estilos per- sencia del sujeto crítico en la historia. Sus aportes ofrecen la posibili-
sonales bien reconocibles. En dad de ser retomados a partir de las grietas que han provocado y de
realidad, puede decirse que la sus nuevos enunciados, productores de nuevas legitimidades.
crítica comienza a serlo cuando En un diálogo intenso, Josefina Ludmer traza las derivas de su
se manifiesta como estilo perso- itinerario personal, pensándolas a partir de las mutaciones en
nal. Ciertamente, siempre hay las formas de dominio contemporáneas. Un recorrido que va del
La imaginación un estilo, pero no hay crítico
si no se comienza a reflexionar
análisis elaborado al interior del campo literario hacia otros modos
de producción crítica que desafíen las “verdades del sistema” que
sobre un estilo, es decir, sobre conquistan y renuevan las posibilidades de escritura.
crítica el absurdo del yo. Arriesgamos Nicolás Rosa nos dejó este texto en el que compara el “folletín” con
un pensamiento: sería posible la alta literatura, a menudo conectados por hilos no siempre reco-
incluso definir que en las tra- nocidos. De hecho, la literatura menor se sirvió de los materiales y
diciones novelísticas hay menos las formas de la literatura universalmente consagrada. Esta hibri-
variedad de estilos que en los dación convierte la literatura de los bajos fondos urbanos –realista
empeños y ejercicios de la críti- y romántica– en un “género mixto” capaz de componer la crítica
ca. La crítica se inicia con una disconformidad, con una abjuración social con los estilos literarios dominantes.
entre el yo y el no yo, y con este parecer homenajeamos ahora a Nicolás A partir de un reciente ensayo publicado por Martín Prieto, Jorge
Rosa. Se equivocan pues los que suponen que se trata de recrear un Panesi se interroga por el tipo de autor que hay detrás de todo
texto o de someterlo al cotejo con sus antecedentes y proyecciones. Se crítico. Encuentra en este texto un conjunto de preocupaciones
trata de atacarlo, zaherirlo, combatirlo. De obtener sobre las ruinas de –literarias, críticas, pero también existenciales– que emergen de
lo criticado otro texto que a su vez espere su propia ruina. Esa espera es la capacidad de no ajustarse a pretensiones totalizadoras, o a los
un logro del estilo sin el cual es difícil el arte crítico, es decir, el arte de formatos estandarizados de la academia.
actuar con serenidad en un intervalo entre dos ruinas. En esta sección Alberto Giordano encuentra en el relato, el ensayo y la autobiogra-
tenemos un conjunto de escritos que nos comunican esa posibilidad, fía, formas de escritura que permiten compensar los sinsabores de
que, sin mayores esfuerzos, denominamos imaginación crítica. un cotidiano abrumador. Estos géneros –si pudiesen ser llamados
En 1981, Antonio J. Cairo –seudónimo escogido por David Viñas– así– ofrecen posibilidades de imaginar nuevas formas de vida. La
escribió un artículo alarmante: una comparación entre Borges y Perón. crítica como una perspectiva ética que no se deja apresar por las
Lo que inquieta aquí no es el planteo de sus diferencias, obvias y reco- modas banalizantes y que nos predispone al desafío de desconstruir
nocibles. Se trata de una lógica que actúa por debajo de ellas y permite las certidumbres para quedar disponibles ante encuentros que con-
equipararlos cuando el crítico los piensa. El triunfo de un esquema muevan nuestra existencia y nos rehagan en esa sorpresa.
vertical que excluye toda relación de reciprocidad consagrándolos como Juan Ritvo cuestiona las formas en que el periodismo cultural modela la
los “burgueses más célebres”, capaces de concluir el proyecto político y crítica a partir de un estilo pedagógico que oficia como mediador entre
literario del siglo XIX. El sitio donde estas afirmaciones vibran: Les los “espectadores” y la “obra”. Recuperar la sensibilidad kantiana en tanto
Tempes Modernes, la mítica revista que dirigió Jean Paul Sartre. examen no para comunicar una obra, sino para ofrecer aquello que de
Noé Jitrik traza una genealogía de las actitudes críticas que, en cada incomunicable tiene toda creación, la negación no en tanto mimesis,
momento, ponen en crisis las discursividades dominantes. Descartes, sino como rasgo de excepcionalidad, secreto íntimo de toda obra.

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Borges y Perón(*) Sus diferencias son conocidas. Por eso


mismo yo querría destacar sus pare-
cidos; en sus escritos creo que podría
tudes en virtud de una cronología
“generacional” previsible, de climas
familiares comparables y de una his-
encontrarse, en principio, una misma toria compartida desde la Semana
Por Antonio J. Cairo exclusión de la historia, que se mani- Trágica de Buenos Aires en 1919 hasta
fiesta mediante la negación de la lucha los años de la Década Infame (1933-
de clases en Perón y en una literatura 1943). Verdadera matriz que confor-
analgésica en Borges. En uno y en otro mó a los dos hombres en el período
se asiste a una evacuación del sufri- que precedió a su eclosión respectiva,
miento y del drama inherentes a la sobre todo si se tiene en cuenta la
vida cotidiana: evacuación que resulta, influencia decisiva de la presidencia
En el año 1981, la legendaria revista francesa Les en el texto borgesiano, de su oposición del general Justo (1932-1938), “tío”
Tempes Modernes que dirigió Jean Paul Sartre, con- al “Centro” trágico y deslumbrante, de Perón y mecenas de Borges.
sagró su número 420/421 a la Argentina con el títu- y en los documentos de Perón, de Pero en realidad es el parentesco de
lo “Argentina entre populismo y militarismo”. Allí su necesidad de borrar todo lo que símbolos entre Borges y Perón lo que
implica un cuestionamiento. Porque me interesa particularmente. Símbolos
escribieron César Fernández Moreno, Juan Carlos si los escritos de Borges no reconocen poderosos: con-
Portantiero, Osvaldo Bayer, León Rozitchner, a sus lectores sino que los inmovilizan, centración de la
Noé Jitrik, Julio Cortázar, Juan Gelman, Tununa el discurso de Perón no incorpora a línea elitista-libe-
Mercado y Juan José Saer entre otros. sus mejores colaboradores sino que ral en Borges,
los fija. Y si el movimiento esencial encarnación de la
Antonio J. Cairo es el seudónimo escogido de Borges se orienta hacia el ruego, el corriente nacio-
por David Viñas para ofrendar una reflexión de Perón se especializa en las órdenes. nal-populista
inquietante. Se trata, ni más ni menos, de una Uno y otro, me parece, instauran un en Perón. Sobre
comparación entre Borges y Perón cuyas dife- espacio vertical, de arriba hacia abajo todo en relación
rencias evidentes a menudo oscurecen sus pun- y a la inversa, que poco a poco excluye con los dos secto-
toda dimensión horizontal: incapaz res de Argentina:
tos de contacto, según sugiere el autor. Ambas de hacer que una comunidad se res- la clase media
figuras nos ofrecen, a través de su literatura, pete incluso después de haber visto liberal y la clase
un modelo vertical que excluye la disidencia y sus propias miserias, ambos prefieren media populista,
el reconocimiento de sus próximos (sean estos –cada uno según los valores y con un cuyas connota-
objetivo diferentes– que esta comuni- ciones preferidas
lectores condenados a la pasividad o colabora- dad continúe ignorándolos. son el doctor
dores confinados al servilismo). Así, el triunfo En otro aspecto –el empleo de las Houssay, el hom-
de este esquema por sobre una posible relación palabras– me parece útil establecer sus bre que habló en
horizontal, de reciprocidad, consagra a Borges y lazos de parentesco recíprocos con el La Sorbona y polo sacralizado por la
Leopoldo Lugones de los años veinte: tendencia liberal-elitista, y el tango
a Perón como los dos “burgueses más célebres” cuando Perón dice “muchachos”, está trivializado, el Viejo Vizcacha y un
de la Argentina, cuyas figuras que promueven la impregnado del Elogio de la espada Gardel de opereta para la franja nacio-
adhesión santificada, expresan la conclusión de pronunciado por Lugones en 1924 nal-populista. Dos sectores que, si se
un modelo literario y político emanado del siglo en ocasión del centenario de la batalla enfrentan en su adhesión, uno a Borges,
XIX. Por la firmeza polémica, y por su capacidad de Ayacucho; cada vez que Borges otro a Perón, a menudo se intersectan y
emplea el término peyorativo “mucha- se ponen de acuerdo: en especial cuan-
de expresar el valor de la crítica, hemos decidido chones”, está retomando los semitonos do se trata de exaltar el símbolo de una
recuperar y traducir este valioso texto a modo de del Lugones de La Patria fuerte. vieja Argentina de virtudes patriarcales
reconocimiento de un itinerario anómalo. Podrían incluso establecerse simili- tranquilizadoras y estereotipadas.

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Sucede que el verticalismo al que dado que Perón y Borges –a pesar (y


me refería –tanto el de Perón como a causa) de sus contradicciones y sus
el de Borges– acarrea, tanto en los matices– son la concreción perfecta de
liberales-elitistas como en los nacio- esta conciencia posible.
nalistas-populistas, una adhesión Lo que quiero decir es que las variantes
exenta de crítica, a las que puede llegar el pensamiento
Dos sectores que, si se enfren- incondicional en burgués son infinitas. Infinitas sus
tan en su adhesión, uno a la mayoría de los posibilidades de combinación, pero
Borges, otro a Perón, a menu- casos; eclesiásti- finitos los ingredientes a partir de los
do se intersectan y se ponen ca, diría. Y con cuales han sido formuladas la teoría y
de acuerdo: en especial cuan- ella todo lo que la proposición programática; y, lo que
do se trata de exaltar el sím- suponen el star hoy me preocupa, agotadas. Porque si
bolo de una vieja Argentina system y el star sus combinaciones pueden hacerse en
de virtudes patriarcales tran- cult: filisteísmo, un espacio imaginario (sea Madrid o
quilizadoras y estereotipadas. i d e n t i f i c a c i ó n un relato), su finitud y su agotamien-
y proyección to eclosionan en un espacio histórico
inmovilizadoras, autosatisfacción, concreto: la Argentina actual.
incondicionalidad. Herencia a lo Es por eso que estos grandes símbolos
sumo, no apuesta. que son Borges y Perón ya no consti-
Podría decirse, para intentar compren- tuyen hoy (justificando, realimentan-
der un poco mejor, que Borges y Perón do y, si puede decirse, mitificando)
“son dos burgueses”. Dos grandes bur- sino un movimiento circular, del que
gueses. Y si se quiere, los dos burgue- por cierto no se escapará utilizando los
ses más célebres que haya producido recursos del collage.
Argentina. Que con ellos culminan la
literatura y la política concebidas en el (*) Retraducción de la versión francesa
núcleo programático inicial de 1845, por José Luis Moure.

David Viñas

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Productividad de la crítica Hay tres modos, o ámbitos, de entrar


a discurrir acerca de la crítica. El
primero tiene que ver con una tra-
cer, en relación con la forma de la ac-
titud crítica, una historia que transcu-
rriría por tres carriles. Uno, la determi-
dición filosófica que tiene una pri- nación de los mo­mentos históricos en
Por Noé Jitrik mera formulación enceguecedora con los que tiene presencia, fuerza y defini­
Descartes y culmina, sin concluir, en ción y, correlativamente, de sus lapsos
Kant; no ignoro, por supuesto, lo que o ausencias –lo que estable­cería quizás
implica en esta línea el pensamiento un ritmo entre presencia y ausencia–,
de Hegel, de Marx, de Nietzsche, de con la co­rrespondiente explicación
Freud, de Wittgenstein, de Habermas acerca de las causas que motivan am-
y todo el resto. El segundo se vincula bos fe­nóme­nos (en las sociedades teo-
con una actitud que halla su funda­ lógicas o muy jerar­qui­za­das la actitud
mento, sin saberlo, en la mayor parte crítica se ausenta o es reprimida, da
de los usos, en diver­sas coagulaciones igual, mientras que en las de tenden-
de aquella tradición. El tercero afecta cia democrática parece más facti­ble).
a una práctica particular y concreta Dos, el desarrollo probable, en el cur-
que tiene, aparentemente, un objeto so histórico, de
particular y concreto sobre el cual la actitud críti­ca, Por “actitud crítica” puede enten-
ejercerse, la litera­tura y el arte. No me su eventual ge- derse, ante todo, aquella exigen-
La crítica ha ganado su lugar en la modernidad voy a ocupar ahora de lo que atañe a la neralización y cia que los sujetos pueden tener
historia filosófica del concepto ni a su perfeccionamien­ respecto de afirmaciones o de
a través de sucesivas y originales intervenciones situación en la refle­xión contemporá- to (la forma que hechos que intentan imponer-
que la fueron configurando como una práctica nea; sí, en cambio, haré algún deslinde adquiere en un se, por la argumentación o por
capaz de interpelar los lenguajes dominantes. en rela­ción con lo que llamo “actitud momento consti- la fuerza. No por ello tiene un
Diferentes estilos de pensamiento y escritura crítica” para, por fin, centrarme en la tuye el punto de alcance negativo aunque esto es
han constituido un legado rico en tradiciones y posición o situación o ubicación de par­tida para un lo que resulta en términos genera-
la práctica específica, vinculada ante ejercicio más am- les de su consecuente aplicación;
linajes variados. Hoy se nos ofrecen como posi- todo con los objetos literarios. plio y difundido lo fundamental es que lo que se
bles hitos en los que reconocer el ejercicio de la en el momento si­ dice o se presenta ante los ojos es
crítica, como aquellas elaboraciones susceptibles 1. Por “actitud crítica” puede enten- guiente), y tres, la sometido a un examen que des-
de ser retomadas en su espíritu fundante que se derse, ante todo, aquella exigencia que relación de la for- cansa, a su vez, en supuestos apa-
los sujetos pueden tener respecto de ma que adopta en ratos coherentes que responden a
abre paso, procesando sus rupturas y formulan- afirmaciones o de hechos que intentan cada mo­mento fines de los que, hipotéticamente,
do nuevas legitimidades, desde las que producir imponerse, por la argumentación o por con una base filo- se puede dar cuenta.
sus propios procedimientos discursivos. la fuerza. No por ello tiene un alcance sófica establecida
Noé Jitrik, con una clara vocación emancipa- negativo aunque esto es lo que resulta por su lado, con sus propios alcances
en términos generales de su consecuen- críticos (no es ningún secreto que el
toria, traza una genealogía de estas actitudes te aplica­ción; lo fundamental es que lo escepti­cismo alimentó una actitud crí-
críticas que al enunciar nuevos relatos ponen en que se dice o se presenta ante los ojos es tica, tanto que parece indisociable de
crisis los supuestos del pensamiento existente. sometido a un examen que descansa, a ella y hasta, en los tiempos que corren,
Descartes, Kant, Hegel, Freud, Marx y Nietzsche su vez, en supuestos aparatos coheren- vulgar, así como las diversas filoso­fías
sientan las bases, según el autor, de la presencia tes que responden a fines de los que, modernas, mencionadas al comien-
hipotética­mente, se puede dar cuenta. zo: el mar­xismo y el psico­análisis, por
del sujeto crítico en la historia, encontrando en De esta expresión genérica se pueden ejemplo, sostienen lo que se llamó la
esta irrupción, el fundamento de la propia pro- desprender diversas líneas de reflexión. “era de la sospecha”, expresión que
ductividad de la actividad crítica. En primer lugar, sería posible estable- alude sin duda a esta dimensión).

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En segundo lugar, la actitud crítica orden de las simples relaciones socia- ticos; a­vanzado este siglo y a partir del impor­tante: el discurso político parece
que, acaso sin saberlo, “actúa” la crí- les, desde las privadas –valga como surgimiento de la noción de “pú­blico”, haber perdido incidencia y capacidad
tica, posee un triple alcance. Por un ejemplo la conversación (piénsese en que hace retroceder la de “ciudadano”, de penetración; el del periodismo y
lado tiene una aspiración descriptiva la incidencia del psicoanálisis como avanza la información y la actitud crí- los medios, en cam­bio, en especial la
y heurística, intenta saber “cómo son filosofía fundante en las interacciones tica se recluye en las entrelíneas, en la televisión, parecen haberlas ganado.
realmente las cosas” o “qué se ocul- interindividuales)– a las públicas (por sintaxis periodística y en la elección, Falta­ría, por lo tanto, determinar en
ta en las declaraciones”, siempre, ejemplo en los esquemas de trans- u omisión, de los nú­cleos semánticos este discurso en qué consisten y cuáles
desde luego, a partir de los mencio- misión del saber), pero también en informables. Es muy probable que son los fundamentos de la actitud crí-
nados respaldos, determinadas prácticas que parecen estas idas y venidas tengan alguna rela- tica que parece ser­les la propia.
En la medida en que todo dis- so­ciales y filosó- no sólo exigirla sino que la tendrían ción con los avatares de la democracia Para concluir con este punto, quiero
curso político –que carga con ficos. Por el otro, como punto de partida y principio y su teleología, siempre en definición: volver a una zona anun­ciada y dejada
el peso de la práctica política y al describir sacu- rector: la política sobre todo y, tam- si la democracia es la posibilidad de de lado al comenzar a discurrir sobre
se confunde con ella– muestra de la inmovi­lidad bién en el último siglo, el periodismo una acción colectiva, la “actitud crí- la “actitud crítica”; me refiero a las
su sentido y opera su función de lo fáctico o el y los medios en gene­ral. tica” reapare­ce por sus fueros puesto relaciones sociales simples de las cua­les
ordenadora y garantizadora del peso de las afir- Vale la pena detenerse un instante en que los destinatarios son considerados puse como ejemplo la conversación.
quehacer social por su carácter maciones y pone este último punto. La política, tanto ciudadanos libres; si, en cambio, se Desde una perspectiva lingüística, se
crítico, lo que llamamos “acti- en evi­dencia que en su aspecto de articulación de la define sólo como el derecho al acceso diría que la conversa­ción es algo así
tud crítica” pasa de lo volitivo “están en crisis”, vida social como en el de propuesta de toda clase de bienes, incluso sim- como la culminación de la dimensión
a ser marca constituyente, casi o bien, al forzar- de modificación, se constituye desde bólicos, predomina la información, es del habla; es el lugar en el que se ponen
condición de su especificidad y las a reconside­rar una actitud crítica, lo que se pone en ese punto en el que la noción de a prueba todas las capacidades pragmá-
aun de su existencia. el dominio que sobre todo en evidencia en el discurso “público” se impone. ticas de la lengua y de los hablantes y, al
pretenden, las de oposición, pero también, aun- A veces, como ocurre en la actuali- mismo tiempo, es el campo en el que las
hace “entrar en crisis” con la fi­nalidad que intentando disminuir su carácter dad, hay una conciliación entre ambas finalidades dan sentido a la situación;
de lograr una modificación, tanto de vistiéndose de una objetividad que marcas: se trata de informar para en la conversación se trata de comuni-
lo que se entiende acerca de ellas –si trata de confun­dirse con la necesidad que el público opte pero, al mismo cación, de intercambio, de interacción
se trata de cosas, y, por lo tanto, de lo social satisfecha, en el del poder. Es tiempo, se le proporcionan los ele- y, por lo tanto, los actos conversaciona-
que podría ser eso que se denomina la más, en la medida en que todo dis- mentos como para que pueda hacerlo les están saturados de condiciones para
“realidad”– como de lo que se busca curso político –que carga con el peso ejerciendo al mismo tiempo su propia estimarlos exitosos, o sea, en el pleno
si se trata de discursos. La actitud de la práctica política y se confunde “actitud crítica”, aunque en los hechos alcance de tales finalidades.
crítica tiene que ver, por lo tanto, con con ella– muestra su sentido y opera eso es una ilusión porque en verdad lo En tal sentido, existe una historia de
una ética, sean cuales fueren sus fines su función ordenadora y garantizado- que se intenta es inducirlo a seguir un las formas que adoptó la conversación
y sus fundamentos. Pero, y por fin, ra del que­hacer social por su carácter solo camino. Por lo general, la actitud en diversos momentos de la historia de
para ejecutarse no le basta a la actitud crítico, lo que llamamos “actitud crítica, en este caso, reviste el carácter la humani­dad; podríamos afirmar que
crítica con dejar que la recorran las crítica” pasa de lo volitivo a ser marca de “opinión” y aunque se supone –y ninguna de esas formas ha desapareci-
diversas savias que la alimentan, le constituyente, casi condición de su sobre esa suposición se constru­ye– que do y que todas conviven o, al menos,
es preciso concentrar todo eso en un especificidad y aun de su existencia. posee una autorización mayor así sea que sus restos pueden ser reco­nocidos
mecanismo o aparato que podemos En cuanto al periodismo y los medios, porque está escrita, dis­fraza en nues- en las formas actuales.
designar como “interpretativo”: de la “actitud crítica” comparte con la tros tiempos su poder mediante una
aquí se desprende un rasgo que pare- “información” lo esencial de su discur- argumentación tan abundan­te y a 2. Si, como parece, la crítica actúa en
ce muy propio de la actitud crítica, so, son las dos “marcas” predominan- veces tan eficaz que sustituye de mane- la filosofía hasta el punto de alimentar
la “opinión”, que remite a su vez al tes de su identidad. Es evidente que ra con­vincente a un discurso político lo que llamamos “actitud crítica” y pro-
orden de la libertad o la subjetividad, tam­bién en este campo hay una his- que arrastra su decadencia hasta el veerla de los instrumentos para ponerse
que es donde la ética, precisamente, toria de alzas y bajas de una marca en punto de la disolución de su sintaxis. a prueba en cada instancia de las rela-
dirime su mayor combate. relación con la otra; la prensa del siglo Asistimos pues, en el orden de las prác- ciones sociales, estos dos campos poseen
En tercer lugar, la actitud crítica pasado era eminente­mente crítica, e ticas ordenadas por el principio de la cierta universa­lidad y están presentes,
se ejerce, cuando ello ocurre, en el iba en paralelo con los discursos polí- “actitud crítica”, a un desnivelamiento de manera directa o por mediacio­nes,

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en esa actividad específica, consagrada estabilidad de su desarrollo, al estable­cer que hay algo más, acaso también no los campos. Así, por ejemplo, si lo
con el nombre de “crítica” y que, a causa preceptivas que por supuesto se codifi­ evaluable, pero huidizo: el efecto de que la crítica histórica o sociológica ha
de los objetos también específicos sobre can en retóricas, se pierde algo de teoría lleno signi­fi­cante, también considera- ayudado a buscar y a seguir buscando
los que ac­túa, ha logrado el privilegio y se gana en crítica, en la medida en que do como la trascendencia de un texto, es el referente, o sea lo que consideran
de recibir adjetivos que la distin­guen. se debe considerar una obediencia y un respecto de lo cual la adjudicación de la rea­lidad en la representación, no otra
A uno de ellos, “crítica literaria”, quiero cumplimiento de tales retóricas. La críti- valor no puede sino ser adjetiva dada cosa persigue la crítica es­tructu­ra­lista
referirme en adelante, en el entendido ca, de este modo, adquiere una función la índole misma de esta cualidad. en su empeño por describir la organi-
de que ha logrado tal grado de autono­ de control que encarna el control que Es muy posible que todas estas líneas de zación semánti­ca de los textos; quizá se
mía que, a su vez, atrae otros adjetivos las sociedades intentan ejercer sobre el acción se hayan conjugado en las ope- desplaza hacia la representa­ción, donde
origina­dos en los instrumentos de los fluyente universo simbólico. raciones críticas más famosas; algunas implí­citamente reconoce un valor, en
que se vale para llevar a cabo su acción: En el proceso de configuración del con- predominan y otras se oscurecen pero detrimento de lo representado, pe­ro el
“críti­ca históri­ca”, “crítica socio­lógica”, cepto moderno de crítica, ese cambio suelen no desaparecer: en lo que va de campo es el mismo. ¿Y no es esto acaso
“crítica psicoanalítica”, “crítica para- es importante y da lugar a una nueva la crítica romántica a la estructuralista, lo que ocurre entre la crítica romántica,
digmática”, “crítica filosófica”, etcétera. conver­sión: el cumplimiento de las si ese arco traza una evolución “moder- que trata de hallar en los textos persona­
Puedo, de igual modo, consignar, en un normas por parte de las obras es consi- na”, se puede ver de qué modo to­das lida­des excepcionales, y la estilís­tica que
desplazamiento importante –la conver- derado fuente de un “valor”; reconocer- es­tas marcas se entretejen, resaltan de inten­ta encontrar rasgos personales en
sión del sustantivo, “críti­ca”, en adjetivo, lo define la posición del discurso de la pronto más algunas en de­trimento de las inflexiones textuales? La diferencia
junto a un sustantivo que adquiriría por crítica y, en consecuencia, el poder del otras pero están todas, unas y otras, y consiste en que para una todo está
eso más relieve, “trabajo”–, un intento crí­tico, sancionador, corrector, admoni- lo que cam­bia son las vías de acceso, fuera del texto y el texto es un mero
de rescatar lo esencial de la crítica lite- torio, en la medida en que puede decir
raria como discurso para potenciarla y respecto de un texto que es “sublime”
clarifi­car una función o una posición o “nefasto”. Ha de ser obvio, sin duda,
llena de ambigüedades, en perma­nente que la idea de valor tiene algo que ver
búsqueda de una definición imposible. con el predominio que va adquiriendo
Si nos remitimos, así sea vagamente, al el discurso económico en la constitu-
origen, podríamos decir que la “crítica ción de la modernidad; ese “algo que
literaria” se constituye a causa del interés ver” no me parece que sea un efecto de
que tienen en general los objetos simbó- sobredeterminación sino que se sitúa
licos y, dentro de ellos, en un proceso, en una red interdiscursiva que ilumina
por más primitivo y embrionario que procesos aparentemente alejados en su
sea, de laicización de las sociedades, los semiosis unos de otros.
que se sustentan en elementos sensibles Apegado a las reglas y los códigos de
y logran encarnar representaciones sig- composición, a los que los textos se
nificativas de imaginarios sedientos y atienen, el crítico halla el valor en su
hambrientos. Por eso, porque alcanzan observan­cia pero ese campo de acción
esa dimensión, son enigmáticos y para crítica se modifica en el momento
esclarecer ese enigma, toma forma y en que los textos se rebelan contra
consistencia un discurso que aspira ante el dominio de la retórica y si­túan su
todo a describirlos. Podemos llamar a imagina­ción productora en otro u
ese discurso “crítica literaria” o, puesto otros lugares, el refe­rente y la perso-
que se hace preguntas en general acerca nalidad. La virtud de los textos se des-
de la consistencia de esos objetos, “teoría plaza, pues, hacia el llamado “creador”
literaria”. En una instancia posterior, y hacia la realidad referenciada y en el
pero muy cercana en el tiempo, y como modo eficiente de presentarse uno y
habiendo comprendido que describir de presentar la otra, el crítico opera, El fantasma de Marx,
actividad tan importante no garantiza la juzga y consagra o jerarquiza. Se diría por Juan Rearte

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receptáculo o un medio y, para la otra, por cómo son generados o por el lugar En cuanto al modo de exposición pro- en límites impuestos por la transmisión
todo está dentro del texto que, por que ocupan junto a otros objetos so­ciales, pio de la crítica litera­ria, a la forma que cultural o por la costum­bre o por el
lo tanto, debe ser tenido en cuenta, simbólicos o materiales. adopta para presentarse, existen varios interés; en todo caso, se trata de un
es donde se debe trabajar. El va­lor, Y, hablando de la crítica en la moder- re­gistros que mantienen, tal vez, rela- apartarse de todos ellos pero, al mismo
pues, sea cual fuere el lugar en que se nidad, quizás al mismo tiempo se pro- ciones secretas entre ellos. La opinión o tiempo, ello indica la proliferación de
lo sitúa, define la duce otro desplazamiento: empieza a el comentario de tipo periodístico, por tales mo­dos de una práctica que, no
En cuanto al modo de exposición función principal interesar más el crítico que la crítica, ejem­plo, que afecta el distraído aire de obstante, no encuentra recompensas a
propio de la crítica literaria, a la de la crítica, pero lo que quiere decir la función o la res- no deberle nada a nadie, sal­vo a los desin- sus desvelos, suele ser menospreciada y
forma que adopta para presen- no la única. ponsabilidad de aquél, frente a la so- formados lectores, depende por un lado disminuida en sus funcio­nes, puesta en
tarse, existen varios registros que Los textos, como ciedad, desde luego, lo que es también del dis­cur­so perio­dístico general, infor- un lugar de servicio a discursos que son,
mantienen, tal vez, relaciones se sabe, tienen un decir los lectores y la opinión, antes mativo e interpretativo y, por el otro, no per se, enaltecidos aun sin la interven-
secretas entre ellos. La opinión proceso de produc- que la configu­ración y la legitimidad o puede no dejar entrar en su pretensión ción de la crítica y con más razón cuan-
o el comentario de tipo perio- ción que los lleva el perfil de su discurso en relación con descripti­va y valorativa los grandes vien- do ésta, en cualquiera de sus modos, se
dístico, por ejemplo, que afecta a ser lo que son, los otros discursos y, en especial, con el tos que soplan en el ambiente filosó­fico ocupa de ellos.
el distraído aire de no deberle mínima fenome- discurso que im­plican los textos. y lite­rario; ni vale la pena apuntar que
nada a nadie, salvo a los desin- nología supongo De ese giro salen ideas bastante difun­ suele ser extrema­damente sen­sible a los 3. Si los textos, como obje­tos, son un
formados lectores, depende por que indiscutible; didas y populares acerca de la crítica, intereses económicos que importan para enigma, la crítica literaria, en todas sus
un lado del discurso periodístico pero, además, son como por ejemplo que su fun­ción la lectura, porque eso no se ignora y versiones y tentativas, no ha superado
general, informativo e interpre- objeto de comu- consiste en ponerse entre los textos y es trivial gastar energías en repetir­lo. A por lo general –hay excepciones extraor-
tativo y, por el otro, no puede nicación, entra- los lectores para a­yudar a éstos a com- su vez, y en el polo opuesto, la crítica dinarias– el estadio del acer­camiento
no dejar entrar en su preten- ñan mensajes, son prender mejor lo que por sí solos no llamada académica recoge la herencia de avizor; gira en torno de ellos, está atraída
sión descriptiva y valorativa los actos de habla compren­den; o bien entre los autores la filología y se protege en la exhaustivi­ por ellos pero no les llega, se queda al
grandes vientos que soplan en el que intentan, a su y los lectores para contri­buir a que esas dad sistémica: su principal problema margen, contemplándolos absorta o,
ambiente filosófico y literario; ni modo, incidir en per­sonalidades se conozcan mejor; o es encontrar el refugio de un método a en un gesto de rebeldía, reduciendo su
vale la pena apuntar que suele ser los actos huma- bien entre lo ficticio e ideali­za­do y la cuyos méritos adhiere y del que trata de misterio a explicaciones externas, sobre
extremadamente sensible a los nos, morales, polí- realidad para iluminar mejor su senti- mostrar su productividad; como tributa- todo las ligadas a la mecánica de la auto-
intereses económicos que impor- ticos, cognoscen- do; o bien entre los mensajes que no rio de la nostalgia filoló­gica su dis­curso ría, la representación o la comunicación.
tan para la lectura. tes, etcétera. Por pueden faltar en los textos, en tanto trata de ser demostrativo y científico. Eso no quiere decir que nada de lo que
esa razón, entran entida­des de orden comunicativo, y Se di­ría, en una exagerada simplifica- constitu­ye la tradición crítica sea inváli-
en circulación: aquí es donde desempe- la sociedad que puede extraer alguna ción, que entre ambos términos hay do, desechable y engañoso; sólo quiere
ña un papel la noción de público que, lección de ellos. Esa idea de respon- una gama muy extensa de compromisos decir que haciendo eso la crítica –los
como vimos, también tiene que ver con sabilidad conduce por vía di­recta al expositivos: el más acre­dita­do es el del críticos– suele renunciar a la posibilidad
las modalidades de consumo de objetos orden de lo político y se transfiere a ensayo que, en sus formulaciones más de constituirse como discurso autóno­
simbólicos, aunque en las operaciones lo político de los textos, por lo general exito­sas, se valida tra­tando de establecer mo, en situación de horizontal­idad res-
concretas frente a textos concretos esa declarado en los mismos términos, no puentes diversos entre diversos modos pecto de y junto a los otros discur­sos,
noción se precisa adjetivándose; se habla, necesariamente a su politicidad, que del discurso: dar a conocer, interpretar, en especial los literarios, para admitirse
entonces, de “público lector”, lo que puede residir en lugares textuales que vincu­lar, juz­gar, apoyarse en la objetivi- como dependiente y subordinada y, por
da origen a dos categorías, que atraen el crítico o quienes esperan sus ilumi­ dad y dar cauce a lo subjeti­vo, recu­rrir lo tanto, sin esperanzas de lograr una
mucho a la crítica en varias de sus vertien- naciones a veces no logran imaginar: al modelo científico y también al de posi­ción similar a la que ocupan otros
tes, la de “lectura” y la de “recepción”. La si no lo determina y no establece un divulgación, apelar al capricho poéti­co y discursos en el espacio social.
crítica se hace cargo de ello y se descentra, juicio de acuerdo con cánones más o confesional, descubrir elementos inter- Pero, como no se trata de decir “discurso
en el sentido de que da por obvios los menos autoriza­dos por un sa­ber po- nos y responder a exi­gen­cias externas autónomo” para que éste se constituya,
momentos de producción, se desentiende lítico corriente es que está querien­do de recepción. El ensayo intenta reunir, es preciso, ante todo, tomar distancia
de ellos y atiende sólo a los posteriores, y situar­se en un te­rreno neu­tral, intenta como se infiere de esta enumeración, res­pecto de la crítica literaria y reformular
aun “entiende” los tex­tos por cómo pre- no tomar partido, es cómplice de las resultados de plura­les modos de ejercer algunos puntos que, por cierto, recogen,
suntamente son leídos y/o recibidos, no per­ver­sida­des que los textos alber­gan. la crítica, disociados o aislados, recluidos como lo anuncié, elementos de la tradi­

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N° 4-5 | Verano 2006 La imaginación crítica La imaginación crítica N° 4-5 | Verano 2006

ción crítica. Partamos del desplazamiento posición de vecindad respecto de su problema de la metodología que, en una genotextualidad a la que rearma y
de sustantivo a adjeti­vo acerca del cual texto-objeto, y no más de subordina- esta pers­pectiva, ya no podrá ser un reformula hasta darle un nuevo y recono-
hice un anticipo al comienzo; resumiendo ción o de seguimiento. útil de aplicación sino una mediación cible carácter, siendo tal genotextualidad
o reiterando, el sustantivo “crítica” pasa a Encaradas las cosas así es preciso necesa­ria entre texto, empíricamente un universo de saberes –de experiencia,
ser adjetivo de otro sustantivo, “trabajo”, poseer una teoría acerca del texto, no considerado, en su singula­ridad signi- de imaginación, de juicio–, el texto que
de donde resulta el sin­tagma “trabajo se lo puede tomar como un “estar ya ficante, como solicitud o demanda de puede constituir el acto crítico sólo difiere
crítico”. Esta idea surge del hecho sim- ahí”, pura pre­sencia inefable y aislada una acción sobre él –lo que en térmi- en el hecho de que su genotextualidad
ple de que si un en su propia esfera, sino como un obje­ nos generales se incluye en el efecto está ya configurada, tanto en lo que hace
También hay que configurar texto es lo que está to sometido a miradas que podrían de lec­tura– y teoría del trabajo crítico, al objeto que considera como a los sabe-
una teoría del “trabajo crítico” escrito más todo desgarrar los velos que lo cu­bren. como campo en el que toman forma res teóricos que le permi­ten considerarlo.
mismo, que al operar sobre los lo que se ha dicho Esa teoría preconiza que, siendo los miradas que percibirán lo que están Si es así, se trata, por lo tanto, de nuevos
textos debe dar cuenta tanto de sobre él, lo que, textos objetos signi­fican­tes, lo que los en condiciones de per­cibir de acuerdo modos de es­critura que no tienen por
ellos como de su propia iden- en consecuencia, caracteriza, lo esencial a ellos, es su pro­ con los elementos que las preparan. qué recaer en los discursos críticos tradi­
tidad. Se trata, por lo tanto, lo modifica, tal ceso de producción de significación, Éstos son los elementos centrales de cio­nales; su desafío es el de toda escritura
de establecer algunas hipóte- modifi­cación no objetos semióticos pues, y, como tales, una variante sobre el concepto en curso que busca las marcas de su identidad.
sis con sus correspondientes sólo está implica- resultado de múltiples operaciones de crítica literaria. Se ven, creo, las En ese sentido, si el “ensayo”, tal como
condiciones epistemológicas. da en el acto crí- transformativas que se realizan en dife­rencias: ya no se trata de juicio ni fue descrito, pro­ponía una variante de
Se diría que, al menos en esta tico, como siem- diversos planos, desde el de la materia de valor sino de significa­ción como escritura en la medida en que absorbía
formulación, hay tres: una, el pre ocurrió, sino sobre la que actúan hasta los imagina- tendencia que, metonímicamente, se mu­chos registros que aparecían en el
movimiento de constitución que debe ser una rios de quienes las emprenden y aun vincula con el orden del sentido. Esto horizonte de la crítica por separa­do, yo
del acto crítico debe ser homó- dimensión asumi- del mundo que incide en ellos y en el permite múltiples redefini­ciones de las me estoy inclinando por dejar entrar
logo del movimiento de cons- da y sistematiza­da. modo de tales operacio­nes. relaciones entre textos como produc- la narración en el texto/metatexto que
titución del texto-objeto; dos, Si, entonces, se Pero también hay que configurar una ción y en su circulación. También, resulte del acto crítico. Dicho de otro
el acto crítico debe poder pro- admite este carác- teoría del “trabajo crí­tico” mismo, que al los discursos producidos desde este modo, intento contar el acto crítico
ducir un modelo de texto que ter del acto crítico operar sobre los textos debe dar cuenta lugar teórico pueden correr una suer- para que salga a la luz, en forma de
atienda a su carácter de objeto y la operación que tanto de ellos como de su propia identi- te menos humillante de oscura ser­ relato, cubriendo otras dimensiones de
semiótico; tres, el discurso del se realiza modifica dad. Se trata, por lo tanto, de es­tablecer vicialidad y pueden, quizás, entrando a la escritura, un nuevo texto que pueda
acto crítico debe ponerse en el objeto sobre el algunas hipótesis con sus correspondien- formar parte de una nueva textualidad, ser consi­derado junto a los textos que le
condiciones de interactuar con que se realiza, va tes condicio­nes epistemológicas. Se diría integrar el elenco de los discursos socia- dan origen, haciéndolos conocer, desde
otros discursos sociales. de suyo que se trata que, al menos en esta formulación, hay les decisi­vos, en posibilidad de nuevas luego, pero dando paso a una dimen-
de un trabajo que, tres: una, el movimiento de constitución formas de diálogo interdiscursivo. sión comunica­tiva a que todo discurso
como todo trabajo, obedece a leyes que, del acto crítico debe ser homólogo del Una última acotación. En un momento autónomo tiene derecho a aspirar.
a su turno, necesitan de un funda­mento movimiento de constitución del texto- de la formación de este concepto postulé No puedo decir qué vaya a salir de ello;
sobre el que apoyarse, o sea una teoría del objeto; dos, el acto crítico debe poder que el discurso del trabajo crítico debía sí que un intento semejante choca contra
texto pero también de sí mismo. producir un modelo de texto que atien- decla­rar, así como lo hacen los textos, los estilos muy arraigados e institucionalmen­
Dicho de otro modo, se trata de da a su carácter de objeto semiótico; tres, principios y los elementos que lo rigen; se te garantizadores de la práctica crítica.
hacer algo en y con el tex­to. ¿En el discurso del acto crí­tico debe ponerse trataba de “poner sobre la mesa” el modo Lo que puedo decir, en cambio, es que
qué consiste? Ese hacer tiene una en condiciones de interactuar con otros del trabajo a fin de desideologizarlo, o es probable que tal modo de discurso
primera instancia mo­dal, hacer para dis­cur­sos sociales. sea de quitarlo del circuito de la natu- provoque sorpresas de lectura con el
hacer cono­cer, y otra también irre­ Sobre estos puntos de partida se abre ralización. Desde el punto de vista de la consiguiente efecto de ampliación. El
nunciable: en ese hacer se hace cono- una doble avenida; por un lado, se trata comunicación existía el riesgo del exceso objetivo final, en todo caso, es generar
cer, al mismo tiempo, el discurso de consolidar esta teoría que abarca, al de sistema, el discurso crítico po­día volver nuevos textos, obviamen­te de alcances y
que lo lleva a ca­bo. En esa doble ins- mismo tiempo, los dos órdenes, el a encerrarse en su propia ética y asfixiar, repercusiones diversas, que, junto a los
tancia, el discurso que se consti­tu­ye textual y el metatextual; por el o­tro, se de este modo, sus alcances. La posibilidad otros, integren un universo en el que
puede aspirar a una autonomía como trata de hacerla producir en acciones de neutralizar este riesgo venía en la teoría sensibilidad e inteligencia convo­quen
discurso singular y específi­co, en una concretas, lo cual pone en escena el misma: si un texto se constituye desde por igual a la creatividad de la lectura.

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Entrevista (*) –¿ Cómo te definirías hoy y cómo ha tivo de “un autor”. Es decir, partí de
cambiado tu percepción crítica a lo las categorías puramente literarias de

Josefina Ludmer: largo de tus trayectos?


Soy una extraterritorial: dejé Argentina
en 1992 para ir a Yale, y volví a
“texto” y “autor”: de sus objetos de
culto y sus principios metodológicos.
Después pasé a configuraciones cultu-
“Algunas ‘nuevas escrituras’ Argentina en 2005. Soy una fóbica
en fuga perpetua... No soy ni estoy en
rales más complejas, no dadas como
un libro o un autor, sino construidas:
borran fronteras” ninguna parte y por lo tanto mi posi-
ción es de una exterioridad radical,
redes, cadenas, corpus. Me puse en
un lugar trans o post o pre literario y
siempre veo y pienso cada lugar desde ahora trabajo con
Por Susana Haydu el otro, cada libro desde otro y cada superposiciones e ... el deseo ahora no es enten-
lengua desde la otra. interrelaciones der o inventar el sistema de
La vejez es una forma de locura. Con múltiples. Con un texto o el sistema de un
La conversación mantenida con Josefina Ludmer, los años se me acentúan las fobias instrumentos de autor, y ni siquiera el de un
en mayo de 2005 por Susana Haydú para el espa- y también la paranoia. Mi ambición lectura [como género. Ahora es la ambición
actual es entender El Sistema: descu- el delito, el pre- desmedida y final de poseer
cio Ciberletras, revela aspectos profundos de una brir el funcionamiento de eso que nos sente] que son “la verdad del sistema” en el
singular trayectoria que intenta reelaborar las envuelve y es destino. Y creo que no soy nociones articu- presente: de ver funcionar en
derivas personales que la autora no cesa de explo- la única que está imaginando o que- ladoras abstractas “tiempo presente” la máquina
rar críticamente: desde sus puntos de partida –el riendo entender el funcionamiento del y concretas a la de producción de realidad.
sistema: en películas como The Matrix vez, y atraviesan
campo literario como un sitio de análisis textual [la máquina de producción de realidad todos los campos [cultural, político,
y las estrategias narrativas de diferentes auto- de un sistema] o El señor de los anillos económico]. Y, sobre todo, trabajo
res– hacia otro tipo de configuraciones sociales [la máquina de producción de mitos hoy con métodos provisorios. También
que expresan mutaciones profundas de la lite- de un sistema] se despliega un universo pasé de una posición de lectura fija en
ratura, capaces de desbordar su propia historia. complejo y perfecto donde viven los los primeros trabajos, a la movilidad
seres humanos: uno está “en futuro”, de puntos de vista y a la proliferación
Ludmer enuncia como desafío la necesidad de y el otro en “un pasado lejano”. En ese de posiciones imaginarias de lectura.
comprender “las verdades del sistema” que una delirio sistemático estoy metida siem- En síntesis: ha cambiado mi idea de
y otra vez, incesantemente, renuevan –al tiempo pre, pero el deseo ahora no es entender la literatura y de la crítica. Y aunque
que conquistan– las posibilidades de la escritura. o inventar el sistema de un texto o el puedo leer con mucho placer ensayos
sistema de un autor, y ni siquiera el de o crítica “puramente literaria” [de autor
Un presente redefinido por la pérdida de unidad un género. Ahora es la ambición des- y/o texto], ya no practico esas formas.
y autonomía de la literatura, y por la dispersión medida y final de poseer “la verdad del Por eso en este momento tengo una
de los “lectores-espectadores” que hacen prolife- sistema” en el presente: de ver funcio- relación ambigua [para llamarla de
rar los estilos fusionándose con otras imágenes nar en “tiempo presente” la máquina de algún modo] con la literatura. Trabajo
producción de realidad. y no trabajo con y en la literatura o con
y prácticas que no provienen estrictamente de lo Como ves, el sistema se me fue la lógica de “la literatura”. Mi lugar de
que se ha conocido como “campo” de la literatura. ampliando cada vez más, por eso mi lectura o mi campo, lo que conozco
El desafío –propone Ludmer– es pensar las resis- percepción crítica ha cambiado y se mejor, de un modo más sistemático
tencias a partir de la intuición de que no existe ha dislocado. En los años 70 partí [ese lugar donde fui formada y por lo
un afuera capaz de reservar un territorio liberado de un campo predominantemente tanto donde puedo ver cosas que no veo
literario para intentar una forma de en los otros campos], sigue siendo la
para la crítica. Se trata, en suma, de potenciar las lo que entonces se llamaba “análi- literatura argentina y latinoamericana.
significaciones resistentes en este nuevo territorio: sis interno” [o “textual”]. Y también Trabajo con literatura y en Argentina
la ambivalente imaginación colectiva. partí del análisis del universo narra- y América Latina pero no quiero leer

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“literatura nacional”, y tampoco, quizá, –¿Qué influencia ha tenido en tu Margins [una revista bilingüe, una límites, las islas. Los lugares donde
“literatura”. La literatura me sirve para trabajo crítico el hecho de haber colaboración entre Argentina y Brasil] la imaginación pública pone cuerpos
pensar el Sistema o el Mundo: desde vivido fuera de Argentina durante sobre las temporalidades del presente. y comunidades.
allí puedo ver algo de la cultura, del los últimos años? Parto de la premisa de que un presente
derecho, de la economía, la política y La decisión de ir a enseñar a Estados es una acumulación-superposición de –Así que, en un sentido, éste es
hasta de la sexualidad. Unidos fue una aventura y una apues- temporalidades públicas, y analizo las un trabajo sobre “nuevas escritu-
Por eso para mí, hoy, no hay litera- ta: quise ir a ver cuánto podía dar en temporalidades [es decir, las configu- ras”. ¿Podrías caracterizarlas? ¿Hay
tura buena o mala. La tomo como condiciones óptimas para la investiga- raciones entre pasado, presente y futu- algún rasgo específico que veas
“un medio”. Leo todo lo que “me ción. ¿Cómo será pensar y escribir sin ro, las figuras que forman] de algunas como central?
divierte” o “entretiene”, y considero carencia, sin represión, sin obstáculos de las ficciones que aparecieron en Un rasgo que me parece importan-
“literatura” todo políticos y económicos? El resultado el año 2000 en Argentina. Ese corte te es que algunas “nuevas escrituras”
Las “literaturas” formarían lo que se produ- más visible de mis años en EE.UU. en el año frontera 2000 [un año que borran fronteras, borran las divisiones
parte de un campo mucho ce como tal, sin es El cuerpo del delito, que apareció en fue postulado como el futuro por el
mayor, real-virtual, el de la niveles altos ni 1999. Es mi libro de Yale, una ficción pasado] me permite analizar, siempre
imaginación pública: todo lo bajos [me inte- crítica con y en la biblioteca de Yale: en las ficciones, las diferentes tempo-
que se produce y circula, y nos resa tanto Isabel un trabajo pensado e investigado en ralidades que constituyen, habitan y
penetra y es social y privado y Allende como condiciones de libertad y abundan- producen “presente” y le dan forma: la
público y “real”; todo lo que César Aira]. cia. Creo que uno de los elementos temporalidad de la memoria y la de la
vemos y recibimos y nos rodea y Porque creo que importantes de ese libro “norteame- historia de la nación [que son políticas
se hace destino: ideas, ficciones, eso es lo que ocu- ricano”, por lo menos para mí, es el y nacionales], la temporalidad de la
imágenes, memoria, aconteci- rre en el presen- humor. La idea era poner humor en utopía y la de la ciencia ficción [que
mientos. Es allí, en el campo de te: la literatura los estudios literarios, tan solemnes y son formales y se inscriben fuera de la
la imaginación pública, donde pierde su unidad pretenciosos: descontracturarlos. Ese nación]. Esas diferentes temporalida-
puedo leer la literatura como y su autonomía humor crítico está influido por la cul- des están superpuestas, son simultá-
fabricadora o productora de y, como las salas tura popular norteamericana y por su neas, están “en sincro” y “en fusión”,
modos de imaginar, de decir y de cine, se pone espíritu “playful”. Hoy, ese ciclo de la y son uno de los modos de “construir
pensar, y sobre todo de signifi- en el shopping, universidad americana y la vida en una presente” o “realidad”.
car, que producen presente. se pluraliza, se ciudad universitaria, se cierran para El de las temporalidades es un tra-
fragmenta, se mí. Me retiré en 2005 y vuelvo a vivir bajo que sigo escribiendo. También
dispersa según diversos espectadores- y a enseñar en Buenos Aires. Ya siento sigo con la otra parte del libro,
lectores, y se fusiona, por así decirlo, una enorme nostalgia por esos años “Territorios del presente”: una ver-
con otras imágenes y prácticas. Las tan productivos, pero también estoy sión inicial apareció en diciembre
“literaturas” formarían parte de un muy entusiasmada con la enseñanza y 2004 en la revista Confines de Buenos
campo mucho mayor, real-virtual, el la diversión “nacional”. Aires. Se trata de otro tipo de corte,
de la imaginación pública: todo lo porque leo ficciones de casi toda entre géneros literarios, entre literatu-
que se produce y circula, y nos pene- –¿En qué estás trabajando en este América Latina desde 1990 hasta ra urbana y rural, fantástica y realista,
tra y es social y privado y público y momento? hoy. En ese campo “latinoamerica- nacional y cosmopolita, “literatura
“real”; todo lo que vemos y recibimos Como te digo, el libro que estoy no” trato de ver ciertos territorios pura” y “literatura social”, y hasta
y nos rodea y se hace destino: ideas, escribiendo [una serie de notas, o un que producen constantemente “rea- borran la separación entre realidad y
ficciones, imágenes, memoria, acon- libro hecho de notas, o un diario] lidad” y “sentido”: “la Exposición ficción. Pero una de las características
tecimientos. Es allí, en el campo de versa sobre el presente, como noción y Universal”, la ciudad, y la isla urba- del presente es que esas escrituras [esas
la imaginación pública, donde puedo como categoría, y sobre la “producción na, que aparecen no solamente en prácticas desdiferenciantes o desdife-
leer la literatura como fabricadora o de presente”. Por ahora está dividido la literatura sino en el cine, la TV renciadoras] conviven, por así decirlo,
productora de modos de imaginar, de en ”Temporalidades del presente” y y en casi todos los medios. Me con las anteriores, las que siguen las
decir y pensar, y sobre todo de signifi- “Territorios del presente”. En 2002 interesan los regímenes territoriales divisiones clásicas. Quiero decir que
car, que producen presente. publiqué un artículo en Márgenes/ de significación: las divisiones, los lo que me interesa de este presente es

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que, para decirlo de un modo gráfico, colonial, lo muestra claramente. Las zos del siglo XXI es todavía válida que disputar el poder es imposible.
“el antes” está en “el ahora”, en synchro culturas marginales [o poscoloniales, esa aseveración y hasta qué punto? Yo entiendo la resistencia como un
y en fusión. Las nuevas escrituras pon- o periféricas] se legitiman o adquie- ¿Cómo afecta este hecho tu labor? juego semiótico, un juego de códigos,
drían un personaje de Rulfo en el DF. ren autoridad por una exhibición Ya no hablaría hoy de “la función del un juego con el sentido. Y también
“excesiva” de cultura libresca, de crítico”; ya no creo en eso, si es que entiendo la resistencia como una
–¿Existe en el siglo XXI una divi- dominio de la cultura occidental [y a alguna vez creí. El problema actual práctica estratégica: la idea es que si
sión entre cultura de elite y cultura veces desde su origen, como el Ulises sería para mí cómo hacer resisten- podemos entender o conocer/cap-
popular? ¿Cómo se manifiesta esto de Joyce, otro marginal de imperio].
en la literatura? Se definen con cantidades de citas y
En El cuerpo del delito creí que el sur- referencias universales que pueden
gimiento de la cultura “aristocrática” llegar hasta la Enciclopedia misma,
latinoamericana era obra de la coa- como ocurre en Borges. Es una
lición cultural del estado liberal de exhibición de la cultura entendida
1880. O sea que esa cultura de elite como libro, biblioteca y dominio de
se funda junto con el establecimiento lenguas extranjeras: ésa era “la alta
del estado moderno en Argentina. La cultura”, aristocrática, argentina y
cultura alta tendría, según mi hipóte- una de las culturas latinoamericanas.
sis, una tradición o una marca cons- Los márgenes culturales se esfuerzan
titutiva, que es cierta combinación por mostrar saber (y “poder”) en el
de “la enciclopedia universal” con un campo cultural y lingüístico.
elemento “criollo”: enciclopédica y La combinación entre elemento
montonera, como quería Borges, esa criollo y enciclopedia fue, entonces,
combinación, que aparece claramente una de las marcas de lo que fue la
en las escrituras de la “generación del alta cultura argentina, cuyo ciclo
80”, sería un modo de definirse como histórico se estrecha y desaparece,
Josefina Ludmer
una cultura auténticamente argentina como todas las altas culturas hoy:
y a la vez “occidental” y “europea”. las fronteras entre niveles culturales
En Estados se van mezclando o borrando. Ya no cia con y en una crítica que ya no tar el funcionamiento de El sistema
En Estados Unidos descubrí lo Unidos descubrí diría entonces que esa marca defi- sería solamente “literaria”. La idea del Presente, si podemos entender
que me faltaba: que el “deseo lo que me falta- ne la alta cultura argentina actual de resistencia es útil hoy porque no los regímenes de significación que
enciclopédico” de la literatura ba: que el “deseo porque eso ya no existe. Todavía quedan espacios donde uno se podría constituyen la imaginación pública,
de elite argentina sería una enciclopédico” hay una división entre best-sellers refugiar. El sistema [la globalización, podemos practicar su crítica más
marca de marginalidad. La de de la literatura y lo que podría llamarse “literatura las políticas liberales e imperiales, radical. Trabajo con la vieja idea de
la Enciclopedia es una figura de elite argen- seria” o “culta”, pero la pluralización los estados nacionales reducidos a la ambivalencia y no ya con la idea
imperial [porque es un intento tina sería una y disgregación del público tiende a administración de la pobreza] pare- de indecidibilidad del sentido. Creo
de unificación del saber] que marca de margi- borrar esos niveles: culto o de elite, ce no tener “afueras” y no permitir que el funcionamiento del sistema
traza márgenes internaciona- nalidad. La de la y popular. Pienso el acontecimiento escapes: ésa es la idea de “pensamien- de producción de realidad es ambi-
les, nacionales, sociales. Enciclopedia es de la entrada de Paulo Coelho a la to único”. Estamos adentro, en un valente y podría darse vuelta. Como
una figura impe- Academia de Letras de Brasil como mundo sin zonas liberadas. dice Santiago López Petit: hay que
rial [porque es un intento de unifi- esa borradura “en acción”. Por eso, creo que la definición de orientar el proceso en otra dirección
cación del saber] que traza márgenes “resistencia” es una de las claves del o en “la otra dirección”.
internacionales, nacionales, sociales. –En Los libros dijiste una vez que el presente. Foucault la puso frente al
A veces define culturas de provincia crítico argentino debe tomar concien- poder, como la práctica que, del otro (*) Publicada en Ciberletras, Revista
en relación con la cultura de la capital cia de que en una sociedad depen- lado, le corresponde. Es una práctica de crítica literaria y de cultura N° 13,
o metrópoli. El caso de Sarmiento, diente del imperialismo la función de larga duración, de sobrevivencia, julio 2005 (http://www.lehman.cuny.
un provinciano en la Argentina pos- del crítico es limitada. ¿A comien- que implica no confrontación, por- edu/ciberletras).

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La ficción proletaria La historia de la pobreza y sus fenó-


menos coalescentes –hambre, miseria,
desclasamiento, descalificación social–
ciones, más allá de sus vinculaciones
genéricas: habría un “espíritu folleti-
nesco” en la modernidad romántica,
y en la vertiente opuesta, pietismo, una forma “rocambolesca” y “aventu-
Por Nicolás Rosa motivos de proselitismo, preocupa- rera” que restringe y por momentos
ciones filantrópicas, enunciados polí- rechaza las pruebas racionales y de
ticos y religiosos, tuvieron un espacio juicio de la alta literatura.
relevante desde su nacimiento en la Dentro del campo literario, estas pro-
segunda mitad del siglo XIX hasta ducciones reproducen ciertas expe-
bien entrado el siglo XX. La otra riencias, significaciones y valores que
variante narrativa y literaria –el mise- no pueden ser sustantivamente veri-
rabilismo y su expresión folletines- ficados –por prohibiciones, censuras
ca– no tuvo el mismo eco. Si bien es o represiones– en la cultura domi-
La distancia que separa al “folletín” o la litera- cierto que en la literatura italiana y nante, hecho que produce el traslado
tura elaborada en los márgenes, respecto de la sobre todo en la francesa del perio- hacia los márgenes de la esfera pública
do ocuparon un espacio considerable, y sus sistemas de representaciones.
“alta” literatura, no debería impedir encontrar siempre fueron un campo de reflexión Raymond Williams llama a esto “lo
sus conexiones. Nicolás Rosa elabora un exhaus- subsidiario; la “gran literatura” ocupó residual” nosotros, intentando carac-
tivo análisis de las formas en las que las literatu- el espacio mayoritario en los estudios terizarlo en el registro de lo humano,
ras menores se sirvieron de los procedimientos literarios, renovados ahora por la repo- lo llamamos la “resaca social”, impreg-
sición de los niveles “bajo” y “alto” nados de la novela de Gómez Bas
de la literatura universalmente consagrada, con- de la producción literaria, salvo en la titulada La Resaca.
virtiéndolas en un “genero mixto”. Tanto en sus concepción de Gramsci. Los “dramas de vida” de la narración
temas, marcados por un fuerte realismo misera- En la reflexión moderna, las tesis de del siglo XIX, cuyos temas familiares
bilista que propone una profunda imaginación Marx y Engels sobre Eugene Sué, más frecuentes eran la constitución
sobre las formas urbanas bajas, como en la ape- retomadas por Umberto Eco, eleva- de la familia ilegitima, el hijo de
ron el folletín a objeto de estudio, padre desconocido, la madre soltera,
lación –para sus clasificaciones descriptivas– a delineando las primeras producciones matrimonio desigual, divorcio, adul-
los métodos propios de la ciencia actual. De folletinescas en el área social e históri- terio y en casos extremos, el incesto
esta manera, el romanticismo moderno aparece ca, desde la Revolución de 1848 hasta –recordemos que el folletín es siem-
asociado a profusas taxonomías de las nuevas la IIIa República, sobre las formas del pre, en todas sus variantes, un “texto
melodrama y las variaciones folleti- moral”– producen sobre estos enun-
figuras erráticas de una Buenos Aires heterogé- nescas –sentimentales, de aventuras, ciados narremas que constituyen la
nea, consideradas bajo el prisma de la psicopa- históricos y pseudohistóricos– etc. trama folletinesca: la novela de la
tología. Hombres del conventillo, munidos de Los sucesores de esta materia escri- víctima, la novela del sacrificio, la
un difuso cocoliche porteño y en “estado larva- turaria y su presentación retórica novela de la madre soltera, engañada,
tuvieron en nuestro país un impacto rescatada abandonada, la novela del
rio” –tal como proponía Castelnuovo– dibujan poderoso en la literatura, la radio (la hijo perdido y reencontrado que se
los contornos de una realidad social agobiante. novela radioteatral), el cine de melo- fundamenta en su núcleo narrativo de
Unas veces con tonalidad nihilista, otras con drama, con estrellas de fuerte brillo relevancia en el folletín del siglo XIX
impregnaciones cristianas y otras tantas con una como Delia Garcés y Zully Moreno, y de la telenovela actual y que hemos
carga emancipatoria redentora de las injusticias y la televisión (la telenovela con denominado como “anagnoris” folle-
Celia Alcántara, Abel Santa Cruz; tinesca. En la literatura argentina, las
padecidas que lograban unir la literatura a vin- Nené Cascallar o Alberto Migré), que formas de la novela popular se organi-
dicaciones románticas del bandolerismo o a la construyeron la estructura mental e zan en dos secuencias: el teatro de la
promesa y la agitación política. histórica que sostiene a estas produc- “miseria laica” proletaria, relación del

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asalariado y del patrón y las formas garrones la potencia del descaro social. pan (la hambruna) y al vino vino (la risotada del Comisario. Personajes que
reivindicativas del paro, la huelga y en Hormiga Negra de Eduardo Gutiérrez, borrachera). El peligro es la metáfora. han “caído” como la sombra bíblica
las formas relevantes pero poco evi- comienza en la cárcel; escuela de vicios El presidio es una entidad militar que del ángel caído, y allí radica su des-
dentes, de la insurrección, y la “miseria que anuncia el reformatorio de Larvas en Hormiga Negra se confunde con la ventura, descienden del rango social
cristiana” (el miserabilismo erístico de de Elías Castelnuovo. El lugar de exigencia de la leva, lo que lo vincula que en algún momento tuvieron. Por
Elías Castelnuovo o el misionerismo la des-humanización, de regresión a con el Martín Fierro y los separa abier- el contrario, los
de Almafuerte). En última instancia, las formas larvarias de vida, de los tamente de Estanislao del Campo. El “pobres de siem- ... Personajes que han “caído”
estas operaciones son formas de escri- escombros, medidos por el fracaso. En gaucho Hormiga Negra es un facine- pre” es un esta- como la sombra bíblica del
tura paralelas pero opuestas en sus su densidad articulada por la acción roso y asesino llamado por el reclamo do crónico de la ángel caído, y allí radica su des-
intenciones: alienación, desalineación, continua de la pobreza; el referente de la sangre. La gauchesca proba es sociedad de cla- ventura, descienden del rango
conversión y proselitismo, es decir, de inmediato y angustioso es el hambre, la puesta en escena del valor y de la ses, imperturba- social que en algún momen-
los desharrapados, de los harapientos, como tema fundamental del cuento moral gauchesca; la gauchesca asesina ble a los avances to tuvieron. Por el contrario,
de lo que hemos llamado “andrajos La miseria permanente y se instala dise- no es vindicativa, es sólo criminal, se de la distribución los “pobres de siempre” es un
sociales”, de los marginados y mise- minada en los cuentos miserabilistas mata como se dice, por matar. Es un de la riqueza, y es estado crónico de la sociedad
rables, de los ex convictos y la cárcel de Castelnuovo (Cf. Tinieblas, y en régimen de castigo que en la perspec- uno de los siste- de clases, imperturbable a los
es simultáneamente lugar de reclusión particular el relato “De Profundis”). tiva del común social es una “sociedad mas más fuertes avances de la distribución de
–el presidio– y de la participación de Detrás de esta vivencia literaria, en de anómalos”, que repite por inversión de la organiza- la riqueza, y es uno de los sis-
la “comunidad de excluidos” donde el caso de Tuñón está la lectura de la las leyes ciudadanas y por ende es la ción capitalista, temas más fuertes de la orga-
se concentran la artería del ladrón y novela de Knut Hamsun, Hambre; prueba del espejo, el hombre libre ve que se traduce nización capitalista, que se
el resarcimiento asesino del criminal. detrás de la lectura de Castelnuovo allí reflejados su truhanería y su trai- cruelmente en la traduce cruelmente en la cris-
Quizá como venganza o como repa- está la vivencia real de la experiencia ción, la venganza, el robo y la ignomi- cristalización lin- talización lingüística: “pobres
ración social. Actualmente la unifor- humillante de la penuria. La encar- nia de todos los días. ¿Es la purgación güística: “pobres habrá siempre”.
midad de la ropa hace que la pobreza nación sistemática de este tema lo de los pecados sociales o la celebración habrá siempre”.
se disimule en los estratos bajos o se separan de la picaresca criolla, aquí no de los grupos del lumpenaje? Es el Hormiga Negra, en sus reglados y
revierta en moda de lo rotoso y des- hay pícaros ni artimañas, ni política de fundamento de las legalidades sociales consecutivos episodios integra una
gastado que lo convierte en una plus- sobrevivencia, sólo aparece el hambre que sólo se logra por la violencia y novela de aventuras homicidas, es una
valía de la vestimenta en las socieda- de los desterrados como un golpe en la exacción. La penitenciaría –lugar “novela criminal”, la novela de Tuñón
des de exclusión. el estómago. ¿Cómo encarnar esta de penitentes– donde impera la ley Camas desde un peso es una novela
¿Cómo encarnar esta experien- “La miseria del experiencia en la letra?, es la difícil del llamado, precisamente, Derecho por retazos, marcada por la crónica
cia en la letra?, es la difícil tarea plato de sopa se tarea de la escritura; si el hambre Penal, lugar de los crímenes confe- y el episodio. La crónica –le viene
de la escritura; si el hambre es oculta, la miseria es dentro de nuestra perspectiva un sados, un lugar cuasi religioso de la de su trabajo periodístico en Noticias
dentro de nuestra perspectiva un de la ropa no”, “inenarrable” debemos aceptar que el confesión y la prueba, un lugar de Gráficas y en Crónica, se formula a
“inenarrable” debemos aceptar dice González miserabilismo como pretensión litera- expiación. Es el espacio de la comuni- partir del criterio de “verdad narrati-
que el miserabilismo como pre- Tuñón y quizá ria se ve obligado a describir panes de dad de excluidos y lugar de enseñanza va”. Lo que se cuenta tiene su correla-
tensión literaria se ve obligado a esté recitando la papel que no podrán nunca saciar la vicaría del delito, mientras que la to en lo “real” absoluto de la realidad,
describir panes de papel que no lógica unitaria de hambruna de los pueblos. Si los pue- cárcel es una entidad civil que preten- mientras que el episodio es la sustrac-
podrán nunca saciar la hambru- Kropotkin (Cf. blos están ahítos, ¿puede escribirse la de reformar al delincuente, lugar de ción temporal del “efecto de realidad”
na de los pueblos. El vestido en La saciedad? quizás en prosas voluptuosas arresto y por ende de control social y para mostrarse como una “lógica de
conquista del pan. generando una profusión barroca de se asimila al reformatorio y al asilaria- las acciones” encaminadas. Una apela
Rosario, Kolectivo Editorial, 2004), los organismos de la lengua, quizá to. Hormiga Negra es producto de un a la realización de lo verdadero real, la
la miseria del vestido es ostentosa, la realizando una prosa golosa de los matonaje militar y entra a degüello y otra a una lógica de la verdad. Ambas
del hambre puede ocultarse; ello no enunciados lingüísticos. No hay una cuchillo; los personajes de Tuñón –los dos, por la potencia de la narración
implica que a la postre, el “harapo” lengua pobre ni mucho menos eso que cinco casos que habitan la pensión– asesina y su proliferación en Hormiga
muestre simultáneamente el hambre y la doxa dice como “pobreza del len- son ladrones, cafishos, morfinómanos, Negra, y por sucesión de ejemplos en
la pobreza. El “harapo” no tiene valor guaje”, hay una lengua denotativa que desharrapados que no merecen el pre- Camas desde un peso (1932), se defi-
de ocultamiento, muestra en sus des- pretende decir sin discreción: al pan sidio, sólo la cárcel y por horas, bajo la nen por una “serialidad”, ambos dos

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son la marca del folletín. En el caso la profecía. En nuestra perspectiva, y en menor medida de la psiquiatría nóstico pero también el pronóstico de
de Castelnuovo cobra un claro senti- nos interesa señalar en ambos textos que sostiene la prevención asistencial la vida que compartirían Cervantes
do diagnóstico seudo psiquiátrico: el –el prefacio y la novela– la presencia que provenía de la generación anterior y Dostoievski, en donde los estigmas
loquero, el reformatorio, la variedad de dos elementos propios quizá del y de la contemporánea (Ramos Mejía, de la locura afectaban tanto a los
zoológica de los sujetos. estilo de época pero constitutivos de Ingenieros) determina este tipo de personajes como a los autores. La des-
En el relato “De Profundis” de la novela popular, más evidente en la descripción: “Era un muchacho cen- cripción de la “pobreza digna” sobre
Castelnuovo, la comunidad de ani- ficción proletaria, desde la perspectiva ceño, de incisivos ojos leales, tranqui- el enunciado paradigmático “pobres
males integrada por monos, una de los novelistas de izquierda: el apoyo lo, dolicocéfalo y pálido”, en donde pero limpios” referido a Cervantes, se
serpiente y un ratón, en donde el de la descripción con elementos técni- se mezclan Lombroso y Mesmer, la pliega por un proceso de incremento
elemento humano el protagonista cos provenientes de la “gran novela” fisonomía y la figsionómica, el retrato, adictivo en Dostoievski “pobres pero
queda asimilado al conjunto animal como si ese tipo de narración no
por su interacción lingüística, habla, pudiese encontrar sus propios medios
discute, pelea con sus “congéneres”, de expresión sino en la desmesura y
posee todas las características de un exageración de esas mismas técnicas, y
colectivo animal donde el hombre el intento de “mostrar” la realidad en
se ha mimetizado por incorporación su excesos –la enfermedad, la locura,
y adhesión. Pero en realidad, no se la exclusión, el estigma– renegando
trata de la equiparación del colec- de la demostración argumentativa.
tivo animal y humano como ocurre Estos elementos si reales deben ser
en la gauchesca fúnebre y en la sutilizados. La novela de lo real es
gauchesca bufa, sino de una mezcla una novela que apela a ciertos ins-
dentro de la banda animal donde trumentos elementales: la intriga sin
el humano queda absorbido por el reglas fijas y por momentos contra-
elemento animal, como miembro de dictorias, la temporalidad propia del
la “familia doméstica”, como núcleo diarismo desde donde surgió el folle-
heterogéneo, en donde el instinto tín, la inverosimilitud psicológica, la
y su aprendizaje son certeros: el rapidez de las secuencias propias de
animal debe enseñar al hombre su la proliferación de personajes y sobre
propia animalidad (instinto) pero todo el contraste rígido de los senti- Nicolás Rosa
también su propia humanidad (sus mientos relatados; lo que interesa es
sentimientos, su afectividad). El el tema –la riqueza y la pobreza, la el cráneo y el espíritu que lo anima humillados”. La humillación era el
propio personaje dice: “sentí deseos aventura o la desventura, la buena o (Hegel). El rasgo del cráneo alargado producto de la asunción manifiesta de
animales de lanzarme sobre la olla mala fortuna– es lo que permite su potencia su inteligencia y lo vincula su propia sumisión y de la aceptación
y devorarme todo lo que en ella casuística y la despega del fundamento a un rasgo de locura inspiradora. El cristiana de su propio abatimiento.
había con fruición, gruñendo como de la periodicidad. El folletín emigra tema de la locura como genialidad La humillación producida por efec-
una bestia y restregando mi hocico como emigran los personajes, salvo viene del romanticismo fúnebre y de tos de la denigración social conduce
diabólicamente...”, el hambre reúne en la novela pobre porque narra las la novela gótica presidida por Poe y a la conformidad o a la rebelión. El
rigurosamente a la bestia y a la bestia desventuras de los pobres y es pobre Baudelaire, que encarnaron las tinie- anarquismo en su variante social e
humana. (Cf. Elías Castelnuovo, “De en sus recursos narrativos, por eso dis- blas del sol negro de la melancolía y insurreccional nunca fue asumido por
Profundis”. En Tinieblas, Librería trae pero también atrapa (Cf. Nicolás la tristeza. En otro nivel pero coales- la escritura argentina. Las variantes
Histórica, Buenos Aires 2003). Rosa, “El folletín: historial clínico”, cente, la relación tan marcada entre van desde el revolucionarismo letrado
El prólogo de César Tiempo que pre- En Moral y enfermedad, Rosario, Ed. alienismo y literatura organiza los (César Tiempo, González Martínez,
side la primera edición de Camas desde Laborde, 2004). sistemas retóricos de la descripción. Si Gerchunoff ) y el anarquismo cristico
un peso es un texto de compañero y de El apoyo de la descripción sobre tér- los signos de la locura, en Tuñón indi- –Almafuerte, Castelnuovo– sobre la
amigo tutelar sin recaer en la melo- minos técnicos y científicos prove- cados por las “sienes ligeramente hun- fórmula “anarquismo gracias a Dios”.
sidad paternal, aunque no desdeñe nientes de la biología, de la medicina, didas”, eran simultáneamente el diag- Los registros de la novela popular en

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estos escritores de tendencia izquier- Tuñón puede y no deja de hacerlo, obreros– y en profundidad la doble las crueldades sociales narradas en su
dista, comunistas en su mayoría y espigar en el diccionario y encontrar migración de los recursos de la novela conformación de grupos y clases con
en menor medida anarquistas; y en palabras como “andábata” o como alta hacia los estratos inferiores y de descripciones que emplea un lenguaje
el caso de Tuñón anarquista y luego “zahurda”. La convención más que la técnica narrativa de los folletines castizo pero altamente eficaz que nos
comunista en su virulenta clasificación erudita es didáctica y explicativa y hacia la “gran” literatura. En Balzac, retrotrae al folletín español de Escrich.
de Trotski puede rastrearse en su decla- proviene del reservorio lingüístico de en Zola, los elementos folletinescos De las fórmulas empleadas en la alta
ra admiración por los escritores rusos la tradición española mezclada con el tienen una relevancia fundamental, y sociedad integrada por burgueses enri-
y en su procaz provocación al enigmá- lenguaje de observación médica. La de los sucesivos misterios de la vida quecidos con estratagemas inconfesa-
tico Lugones (La primera proviene del criollismo culto, ciudadana, los de Sarmiento, los de bles constituidas por “forzados, trabu-
En el magma social de la hora de la espa- por ejemplo “Zogoibi” de Larreta, la primitiva novela policial argentina, cadores de caminantes”, “aventureros
época, la sólida creación de da), produce una la otra del sanitarismo social y de la digamos la de Eduardo Holmberg, los de toda laya”, una “caterva de depor-
los movimientos de derecha y mezcla de sibari- ergástula carcelaria. La inclusión de de la radionovela y de la telenovela tistas del robo y del crimen” pasamos
simultáneamente la insurgen- tismo lingüístico la lengua del conventillo, de la len- vuelven, a veces sin transformación a los inmigrantes como inmigrantes
cia del comunismo efectivo en donde convi- gua lumpen, el tango, y de la lengua en la alta literatura. Este “desplaza- negros o estafadores de la baratija, el
producto de la revolución del ven hipercultis- delincuencial del primitivo lunfardo miento” todavía opera en los escritores último hálito de la Ley de inmigra-
17 y de movimientos anar- mos y termino- que cubre todo el dominio delictivo argentinos más allá de sus propuestas ción y de la acerba argumentación
quistas románticos inspirados logía proveniente más que el sexual, se sobrepone impe- explicitas, la adhesión a una literatura crítica que funda la Ley de Expulsión
en la lectura de Bakunin pero de la ciencia. La riosamente a este fondo, pues organiza realista –cualquiera fuese el sentido de Extranjeros justificada por Miguel
también de Max Stiner (El i m p o n d e r a b l e los ideologemas de la narración. Si se que le otorguemos a este término– Cané. (Cf. Nicolás Rosa, “Una teo-
único y su propiedad) revelan melancolía de proponía como una vanguardia polí- exige conscientemente –en contra de ría del naufragio”. En Relatos críticos.
un marcado desplazamiento Tuñon, según tica y regeneradora –y en realidad lo la equívoca fábula balzaciana– una Cosas animales discursos. Buenos Aires,
de las conductas sociales, de César Tiempo, era– tenía que atacar y desplazar las relación estricta con el fenómeno de Santiago Arcos, 2006.) La discusión
la lucha por el régimen de se balancea entre lenguas de las vanguardias artísticas y transposición: revolución permanente política entre un anarquista reforma-
poder de los instrumentos de el “nefebilata” el primer libro de Castelnuovo así fue o lucha de clases que sobredetermina do –la reforma social pero también
la letra –leer y escribir– y de y el “tracista”, entendido. Éste es el núcleo que funda encubiertamente la naturaleza de las la reforma religiosa– (Don Álvaro) y
producción literaria. es decir, entre la oposición entre Florida y Boedo, relaciones humanas. del comunista revolucionario (Bartolo
el soñador y el política y las políticas de la lengua. Cuando el texto de Camas desde un el Pelirrojo) produce un principio
inventivo e idealista, donde el moder- ¿Arlt queda exento? peso dice “la historia de algunas fortu- de desajuste en la organización de la
nismo lingüístico de Darío funda y En el magma social de la época, la sólida nas horroriza”, y más sofisticadamente trama, pasamos de la novela de aven-
afirma la terminología técnica de la creación de los movimientos de dere- “El Gotha se inicia en galeras”, la turas folletinescas hacia una novela
descripción “Muchacho de la cabeza cha y simultáneamente la insurgencia novela regresa a sus fuentes sobre todo de tesis, hecho que fue predominante
aquilina”, es decir de nariz y rostro del comunismo efectivo producto de al Pére Goriot de Balzac pero también en aquellos textos que pretendieron
delgado y por momentos macilento la revolución del 17 y de movimientos a La Bolsa de Martel; esta duplicación ilustrar y convencer de las que hemos
que refleja la combustión de las ideas y anarquistas románticos inspirados en de las fuentes proviene en el folletín llamado “novelas del hambre”, una
del fervor de los sentimientos propios la lectura de Bakunin pero también de argentino de los años veinte. La novela verdadera alteración narrativa, aunque
de la “divina locura”. Por momentos, Max Stiner (El único y su propiedad) deja la narración y se convierte en un estos procedimientos no entren en esta
este registro diccionario obstaculiza, revelan un marcado desplazamiento panfleto político y por momentos por topología difusa de la narración. El
para el lector contemporáneo, la com- de las conductas sociales, de la lucha su exaltación en un manifiesto y por discurso entimemático que sobrelleva
presión, y sobre todo tiene un efecto por el régimen de poder de los instru- su proselitismo moral en una requisi- un régimen sapiencial en la forma de
contrapuesto en el estilo: estilo de mentos de la letra –leer y escribir– y toria. A medida que avanza esta zona combate que mezcla, en este caso, la
historial cínico y estilo ilustrado que de producción literaria. El folletín del texto centrada en el capítulo “La injuria y el aforismo satírico es la base
atenta contra el protocolo del lenguaje no tuvo prestigio letrado como en miseria permanente” se va elaborando sobre la que se edifica un ideologema
popular que emplea el folletín. Y si Francia, de inspiración socialista y de una sociología de los efectos del ham- y en última instancia una ideología.
el protagonista dice “tenía una dica- recursos retóricos “bajos”, pero signifi- bre que se extiende a toda Sudamérica. Tarde o temprano, la formación folle-
ción armada de espolones” para decir có la incorporación de nuevos sectores La proliferación de sustantivos que tinesca de la realidad lo convierte en
que tenía una mordacidad ingeniosa, –mujeres, niños y en menor medida se convierte en la adjetivación de una visión crepuscular del mundo.

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Simultáneamente, se va construyendo el hambre suicida con las hipótesis de penso. El folletín americano de la mafia finanzas y sus exutorios: empresas, fon-
una “filosofía casera” de los componen- Clausewitz sobre la guerra. Estamos china o el folletín de amores contraria- dos de capitalización, bancos, dieron
tes raciales y nacionales de la pobla- muy lejos de la fuerte impostación ale- dos o el folletín sentimental no alcanzan una motivación fuerte para la novela
ción sudamericana. El condimento górica del anarquismo del Astrólogo a cubrir la contundencia de la “novela social y sobre todo en sus estruendo-
racial es relevante en la constitución de Arlt y mucho más cerca de una for- del hambre”. Si sostenemos que desde sos deterioros, el remate, la quiebra,
de los personajes como la única mane- mulación escolástica de las doctrinas el punto de vista genérico el folletín la bancarrota, el embargo de bienes
ra de elaborar una efigie y un modo (el políticas de la época. Luego la novela es el cruce de todas estas sustancias y el descrédito financiero y moral. La
sainete llevó este hecho a su máxima vuelve a su cauce: a la miseria, al narrativas y por ende es transgenérico, novela realista, en especial Balzac, Zola
explotación, el cocoliche, el tano, el hambre, al prostíbulo (recordemos la no las emplea metanarrativamente, no y Maupassant
negro, el provinciano, el turco). La asunción de una fórmula repetida en es un metarelato, es una infracción a toman cuenta de La miseria de los hombres sin
filosofía de vida de las naciones veci- la época respecto a una figura literaria las leyes éticas del género. La novela este hecho social Dios es inocente, la miseria de los
nas, uruguayos, bolivianos, brasileños relevante en ese momento, la prostitu- policial debe descubrir y castigar al ase- y lo llevan al hombres sin pan es malvada, y al
en particular, permiten la organiza- ta, “el prostíbulo es el caño maestro de sino o al ladrón. La novela sentimental plano novelísti- nivel histórico, la contravención
ción de una psicología aventurera y la sociedad”) a la mendicidad y nueva- puede inclinarse por la buena o mala co pues ofrecían absoluta del contrato social.
grotesca de las naciones adyacentes. mente al hambre como escena capital conclusión, por el casamiento final de elementos fuer-
Por supuesto que esta presunta elabo- de las formas miserabilistas. La habita- la “engañada” o por la condena de la temente dramáticos que exaltaban la
ración de tendencias ideo1ógicas está ción humana para estos deshabitados “desgraciada” ya sea por la reclusión crítica social. Los elementos dramá-
llena de contradicciones lógicas y casi se mitiga por un peso, la prostituta en los bajos fondos prostibularios o en ticos se convirtieron en “narremas”
afectivas pues el sentimiento y en este y el hambre –deseos de una satisfac- la superación religiosa de su “pecado”, consistentes para mostrar el “ascenso
caso la sentimentalidad, es siempre ción eternamente intermitente– por encomendándose a la protección de la y descenso de las grandes fortunas” y
molar, va en bloque, el enunciado se dos pesos, una economía procaz de Virgen como un gesto de solidaridad luego del deterioro y humillación de
ama o se odia puede contradecirse la promiscuidad callejera. Carriego, femenina. La “novela del hambre” y las clases bajas. El folletín encontró en
sentimentalmente –amar a quien se en su variante redentorista, se aleja el “folletín proletario” sólo se redimen este drama social como en los flagelos
odia y odiar a quien se ama– pero no de Tuñón y se acerca a Castelnuovo, por una intertextualidad utópica –la de la enfermedad por su solidaridad
lógicamente. La historia política y su cuya demostración mayor está en la revolución, la rebelión, el exceso– o con la proyección del descrédito, la
lógica adyacente dicen: no se puede desposesión territorial –choza, tugurio por una renuncia al mundo que lo bancarrota efectiva, como las enferme-
discutir la quiebra del capitalismo, o rancho– y el hambre de la ciudad marca sutilmente como misantropía dades venéreas, a todo un sector de la
como lo dice el optimismo de Bartolo, [pensión barrial, fondín, cuchitril]. social, o al perdón de los pecados, en población propias de las ciudades de
pero nunca podrá modificar la esencia Hay pobres de ciudad y pobres de este caso, “capitalistas”. Aquí ya no fin de siglo. Las enfermedades llama-
malvada del hombre, como lo sugiere campo y este nivel narrativo se refleja se trata de la “pobreza de espíritu” de das sociales eran propias del contacto,
el pesimismo que lo embarga. Tarde o en dos instancias que se perfilan cla- ciertos pensadores de la época, ni del de la aglomeración, en última instan-
temprano el recurso a cierto pietismo ramente: el hambre en (la) ciudad y “espíritu de pobreza” franciscano sino cia de la promiscuidad. Al lado de este
intentará resolver la contradicción de el hambre en (el) campo. La miseria del maleficio de la pobreza de los cuer- fenómeno como residuo del roman-
las conductas pero no de las políticas. ciudadana se disfraza por el hábito, pos que merodean en los habitáculos ticismo pero como fenómeno espec-
Estamos frente al fracaso de la acción ¿no se dice el hábito hace al monje?, ciudadanos. La miseria de los hombres tacular, las crisis, las neuropatías, la
como a la frustración de las palabras mientras que la miseria campesina se sin Dios es inocente, la miseria de los histeria (el arco reflejo), la mostración
que nos lleva a un horizonte religioso revela en el rictus amargo y desviado hombres sin pan es malvada, y al nivel de casos, se convirtieron en el teatro
donde la compasión y la misericordia de la hambruna y su relación estoma- histórico, la contravención absoluta del de los locos. El suicidio del espíritu, la
intentan paliar la afrenta social del cal: la notoriedad del hambre es que contrato social. locura, la vesanía, las locuras razonan-
hambre y la desesperanza. Y la razón pega en el estómago. tes, mostraban el lado oculto del hom-
rabiosa pero más cruel la esgrime el Lo ruin, lo sórdido, cobran una prestan- bre, la insensatez, y ponían en tela de
desilusionado Don Álvaro: una epi- cia narrativa fundamental que centrifu- La industrialización del deseo juicio el racionalismo. En la faz cor-
demia o una guerra para clarificar la ga toda otra perspectiva de la narración poral pero sin entrar en contradicción
estructura social con un enfoque en y esto permite ciertas desinencias, la La industrialización del deseo es pro- y mostrando la fragilidad del ámbito
donde se entremezclan las visiones novela de aventuras, el folletín de capa pia de la última etapa del capitalismo corporal, las locuras alcohólicas atra-
malthusianas para reducir la pobreza y y espada, la narración policial de sus- financiero y la creación de las altas vesaban la distinción entre el cuerpo

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y el alma; el cólera, la lepra, la fiebre orden legal –la trata de blancas– ni romanas que rompían su votos de casti- Soy al lujo insultante de las damas, ni a
amarilla, la sífilis, la tuberculosis, son en el orden societario, en la secuen- dad, la prostitución reglamentada de la las promesas infames del capataz, ni a las
enfermedades que culminan literaria- cia semióticamente degradante que Suburra de Petronio, la demi-mondain monedas criminales del burgués, ni a las
mente en el siglo XIX para avanzar, va desde la “garconiére”, casa de citas, de la novela francesa del siglo XIX, y inmundas babas del señorío que forcejea
ya afianzadas, hacia el siglo XX espe- lenocinio, prostíbulo, burdel, lupanar la prostitución mucho más degradante en su cuarto... ¡La justicia primero; luego
rando a las vacunas, pero también al y quilombo –y la novela de Tuñón por la pobreza en Zola, se reemplaza en los vicios de los explotadores y de la aris-
cáncer y al sida. Sintomáticamente lo revela como prostíbulo– sino que el folletín por el exutorio de la forma tocracia degradada, y por fin, la usura del
estas descripciones operan una distin- repone la oposición retórica entre el del capitalismo monetario. El capita- proletario y del agenciero! (Patricio Tovar.
ción entre las enfermedades mentales “pecado” y la “redención” sobre el lismo de producción y de intercambio La Protesta, primera quincena de julio
y las corporales y fomentan la división orden folletinesco “caída” (seducción), rige la contratación tanto de bienes de 1908. Santiago de Chile).
entre enfermedades intelectuales –y condena (expiación), castigo (reden- como de mujeres: la trata de blancas,
la locura lo es– y ción) y triunfo (de la “virtud repa- como la de los negros se rige por la La segunda dice:
El sistema de explotación de las enfermeda- rada”), con un estereotipo religioso moral de intercambio, se intercambian
la mano de obra barata se des corporales, que, en la novela realista básicamen- mercaderías, sujetos y prostitutas. El Esta noche no faltará pan aunque para
extiende a la mujer obrera del las enfermeda- te desacralizada, desaparece para ser valor sagrado del cuerpo humano esta ello tenga necesidad de vender mi honra,
sexo. El sucesivo grado de la des vinculadas al reemplazado por el castigo somático regido, en los países periféricos, y con yo si quiero tengo derecho a dejarme morir
manumisión de la mujer debió régimen social, (locura, tuberculosos, sífilis). El triun- mayor insistencia en los países del de hambre, pero no lo tengo de dejar a mi
esperar mucho tiempo para enfermedades de fo de la Muerte es al mismo tiempo Tercer Mundo, por una interferencia madre enferma y a mis hermanos chicos
que el sexo se convirtiera en los ricos y enfer- castigo secular y reparación social. en la organización disciplinaria del que lo sufran... Así que a cualquier pre-
una transacción imaginaria de medades de los (Cf. Donna Guy. El sexo peligroso. La encierro, la cárcel de mujeres; el encie- cio tendrán un pan. (Manuel Lourido.
iguales. Lo que se discutía y pobres. El de- prostitución legal en Buenos Aires 1875- rro a medias disciplinario y profesional Suplemento de La Protesta, Buenos Aires
se ocultaba detrás del velo de sarreglo del meta- 1955, Ed. Sudamericana, 1991.) del Buen Pastor y la organización de 1909.) Un poco de tiempo más, y no
una moralidad social, era la bolismo corporal En la misma época en que Carriego controles, control de la sanidad públi- mucho, aparecerá en la escena folletinesca
“propiedad de los cuerpos”, repite el metabo- arrastra su mistagogia barrial de ori- ca, control de la marginación, control nuestra famosa “costurerita”, aquella que
¿propiedad privada, personal, lismo social. La gen salvacionista, como un refina- de la moral societaria. La prostitución, “dio el mal paso”.
propiedad familiar, doméstica, prostitución para miento del discurso misionerista de más que la delincuencia, afecta todos
o el conflicto entre propiedad Lombroso es una Almafuerte, Manuel Gálvez escribe su los órdenes de las sociedades capitalis-
publica o propiedad privada enfermedad gené- brevísima pero reveladora tesis sobre tas porque pone en evidencia el sistema Ergástula prostibularia
que fantasmáticamente repro- tica y hereditaria la “trata de blancas” que, más allá de de contratación de desiguales generado
ducía la propiedad de la mer- vinculada a las la retórica de las tesis, tuvo también por la misma sociedad –todo el folletín La diversidad pero no el enfrenta-
cancía y su cortocircuito? formas externas una función redentorista. El misticis- y sobre todo el folletín vindicativo de miento es evidente en los sistemas de
de la morbilidad, mo larvado de Carriego desaparece clase obrera y de la mujer sostiene este nomenclatura que sugieren los textos
las prostitutas asesinas, propias de en el discurso legislativo de Gálvez, punto con rebeldía y rabia anarquis- en el drama de la prostitución como
la degeneración genética, enfermedad condimentado por el proselitismo reli- ta– y lo marca como “lacra social”. Esto “drama social” vinculado al folletín
hereditaria. El tema de la prostitución gioso que le rendía buenos frutos en señala una forma diversa de procesar la social, el rótulo es la “prostitución”
en el folletín novelesco sentimental, su narrativa (por ejemplo, en Nacha figura de la mujer en el folletín prole- como insignia del hecho social de
novelesco amoroso, por momentos Regules, La maestra normal, Historia tario y el folletín sentimental, entre la la presencia de una anomalía dentro
vagamente erótico, el erotismo y más de Arrabal). La meretricia, sustantivo reivindicación y la compasión. El sis- de la circulación de los sujetos y de
crudamente la pornografía aunque descriptivo hiperculto empleado por tema de explotación de la mano obrera la interrupción de la justicia social.
puede ser organizado con técnicas Lugones en El payador, según recuerda se extiende a la mujer; la reivindicación En el folletín de orden sentimental,
folletinescas rechaza la sustancia del Borges en su trabajo sobre Carriego, social del proletariado obrero pasa ser la enajenación corporal es un hecho
folletín que es básicamente ideali- para designar la “profesión mas vieja un reclamo humanitarista de la “obre- individual, producto de la miseria y
zante o miserabilista. Uno condena del mundo”, haciéndose cargo de este rita del barrio”. La primera dice: de hambre, pero no revela las urgen-
el sexo como pecado, el otro como estereotipo, existió desde siempre desde cias de la reivindicación. Es un hecho
humillación degradante, no recrea el las hetairas griegas recordadas por Safo, ¡Soy la que todavía no ha pactado con el doméstico producto de los grupos
tratamiento de la prostitución en el las prostitución sagrada de las vestales cabrón comerciante de carne humana...! mal avenidos y de la desintegración

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familiar. La organización en el rela- matriz original. Los problemas de luego el campo. La muerte está fuera familiar, como sistema de atracción
to y luego en el análisis del mismo orden histórico que esto plantea se del ejido de la ciudad, el cementerio de entidades subjetivas y familiares, y
permite el despeje de dos “locus”, resuelven, como es nuestro caso, des- de los pobres está siempre ubicado en su propia desintegración, es un géne-
el locus familiar y el locus social pojando a las estructuras folletinescas las afueras, como los prostíbulos de la ro anarquista. En todo conventillo,
que entran en diversas combinacio- de su condición genérica llevándo- época, donde se reúnen sexo y muerte aparte de los pobres, habrá siempre
nes en la materia lo hacia un formato itinerante que proletaria. La ruptura de los lazos algunos que no son “trigo limpio”,
La ruptura del tejido familiar narrativa pero migra entre la literatura alta y la baja, familiares genera la población narra- como dice la doxa barrial, una pros-
las llamadas “novelas de fami- que al mismo entre las formas de la novela psicoló- tiva del folletín, su drama y la loca- tituta y un sospechado de anarquis-
lia” desciende de la novela bur- tiempo permite gica y la novela de aventuras, entre el lización demográfica de este drama, mo. Si tomamos como ejemplo El
guesa (celos, amantes, com- señalar sus zonas suceso y el acontecimiento histórico orfandad, hambre, relaciones sexuales conventillo, folletín de Elan Ravel, es
promisos de dinero o de joyas de congruencia y seudohistórico que aparece en las perversas son localizadas narrativa- el “locus” espacial de reunión y de
robadas y embargadas como en y sus zonas de novelas de capa y espada francesa mente en tugurios, covachas, ranchos, conflictos domésticos, oficios y demo-
algunos relatos de Dumas o de disparidad. En el pero también argentina (recordemos verdaderos antros de la miseria. El grafías inestables: “sastres” (profesión
Maupassant) la novela realista, “locus familiar” los embozados que circulan entre sistema de explotación de la mano masculina de tareas femeninas: corte
la naturalista, tanto la francesa aparecen clara- las sombras nocturnas de la asonada de obra barata se extiende a la mujer y confección, y en el renglón superior
como la argentina, son siempre mente la ruptu- revolucionaria de Myriam, la conspi- obrera del sexo. El sucesivo grado de la la “tallerista” y la “oficiala”), zapate-
novelas del dinero acumulado, ra del contrato radora de Hugo Wast). La ruptura del manumisión de la mujer debió esperar ros (progenie anarquista), vendedores
heredado, dilapidado, robado, afectivo entre tejido familiar en las llamadas “nove- mucho tiempo para que el sexo se ambulantes (el “mercerito”, el “turco”
esquilmado, novelas de bancos los miembros del las de familia” desciende de la novela convirtiera en una transacción ima- jabón jaboneta), las planchadoras y
y bancarrotas que ilustran la grupo al mismo burguesa (celos, amantes, compro- ginaria de iguales. Lo que se discutía lavanderas (tareas de fémina como la
forma fiduciaria de la circula- tiempo y en otro misos de dinero o de joyas robadas y se ocultaba detrás del velo de una “costurerita”), y lugar de la “criolla” de
ción (pagarés, fondo de comer- nivel la desin- y embargadas como en algunos rela- moralidad social era la “propiedad de golosas carnes, bocado de proxeneta
cio, letras de cambio, etc.). El tegración de las tos de Dumas o de Maupassant), la los cuerpos”, ¿propiedad privada, per- que traba amistad con la “galleguita”
folletín es un género capitalista. identificaciones, novela realista, la naturalista, tanto la sonal, propiedad familiar, doméstica, inocente. Esta demografía del conven-
y en el caso más francesa como la argentina, son siem- o el conflicto entre propiedad pública tillo, recreada simultáneamente por
extremo la imposibilidad del mismo pre novelas del dinero acumulado, o propiedad privada que fantasmáti- el sainete, luego fue recuperada por
generando un lugar de perversión, heredado, dilapidado, robado, esquil- camente reproducía la propiedad de la el radioteatro (Juan Carlos Pulido,
como podría afirmarse en el caso de mado, novelas de bancos y bancarro- mercancía y su cortocircuito? En una Arsenio Mármol, el folletín rosista del
O. Lamborghini. Las solidaridades tas que ilustran la forma fiduciaria novela que supera el período conside- radioteatro Lux, etc.).
se rompen salvo las “fraternales” que de la circulación (pagarés, fondo de rado, Oro bajo de Gómez Bas, publi- Hemos descendido del drama al melo-
direccionarán al folletín hacia otras comercio, letras de cambio, etc.). El cada en 1957, reaparecen todos los drama, desde el destino trágico de los
instancias. Todo lleva en la familia folletín es un género capitalista. estigmas prostibularios y repite como Atridas hasta el El conventillo de la
folletinesca a la ruptura del lazo El “locus social” hace del folletín un marca de género el universo concen- paloma. En el descenso se han produ-
familiar. Pareciera que el folletín no género ciudadano, organiza y recorre tracionario del folletín: el conventillo. cido no sólo una destitución genérica,
reflejase el orden social sino que todas las formas de la ciudad y marca El conventillo es el foco de irradiación sino que el género se ha corrompido,
impone su propia matriz al hecho las características genéricas del mismo. de aspectos sociales, individuales, pri- es un género sucio. Desde el punto de
social. Una crítica de las llamadas Circula entre los barrios pobres y los vados. En el régimen genérico difrac- vista de su producción, es escrito por
comprometidas no podría sostener barrios ricos, entre los barrios con- tan todas las características del género, miembros de la clase alta o por inte-
esta inversión de las precedencias en sumidores (generalmente la periferia la novela sentimental, la novela de lectuales comprometidos que no han
la constitución de las formaciones de la ciudad que acoge tanto a las suspenso, la novela delincuencial y sufrido la experiencia de la pobreza.
folletinescas, pero lo que se intenta residencias como a los ranchos de paja en su máxima exposición, la novela El máximo exponente del folletín de
señalar es la presión que ejerce la en un primer tiempo y luego de lata), proletaria –siempre habrá un obrero aventuras rocambolescas, Ponson du
materia narrativa, después de haberse los extramuros, la barriada y luego o familia de obrero en el conventi- Terrail, era un noble de provincias,
solidificado y la arquitectura formal miserias del arrabal, el muchacho de llo–, y la novelización de lo político; pero noble al fin; Eugène Sué, autor
del folletín es una sustancia que no arrabal, la arrabalera, y en última en ese sentido, el folletín que toma de Los misterios de París, burgués y
se puede modificar sin modificar su instancia y a los lejos el camposanto y como unidad de lugar el melodrama socialista, y Alejandro Dumas, hijo del

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general Alexandre Davy de la Palléterie Todavía hoy el proxenetismo existe hecho habitual en el folletín argenti- de la literatura. Los escritores anar-
y el escritor más prolífico del folletín amparado por el silencio y el anoni- no, la predilección aguda y marcada quistas se nutren de los escritores
de orden histórico, que permitió en mato de Internet, cuyas figuras son por las relaciones entre hermana y propios de la ideología que intentan
sus encarnizados lectores generar la mudas y exentas de la mano de la hermano), viven en ciudades populo- representar, autores que no están res-
idea y por momentos el verosímil de justicia. Cuando Gálvez describe la sas y un hacinamiento en los grandes paldados por la confirmación de la
que la historia francesa era un pro- situación de la prostituta vacila entre centros manufactureros, la caída de la cultura “bella”, quieren consumir para
blema de hermandades (los famosos la responsabilidad del Estado (leyes, ingenua obrerita pero al mismo tiem- transmitir pocas y precisas ideas. El
tres), de intrigas palaciegas (El collar educación pública, educación feme- po levemente el conflicto social –lo lector ilustrado se apropia de la Gran
de la reina) o de amores secretos (“La nina, protección de menores abando- que se llamó “la cuestión social”– de Biblioteca de los Grandes Autores
torre de Neslé), novelas que gustaron nados) y la constitución de la forma la etapa de la industrialización que y genera un lector universal para la
tanto a las clases altas como a las bajas. ideológica de la mujer pública. El peso aparece notoriamente en Zola y en constitución de una comunidad de
El folletín argentino, escrito por una de la larga tradición cristiana, repudio la que según Dumas “la promiscui- lectores internacionales. Son lectores
variedad de escritores provenientes de la mancha de sangre de tradición dad era tan grande y el libertinaje que escriben. Citan sus lecturas en sus
de distintos estratos sociales, Stella judía (la menarca), y de la bíblica precoz”. La prueba literaria, después textos narrativos generando una trans-
de César Duayen, Hugo Wast, o de mujer adúltera, revisadas por hipótesis de haber bebido en las aguas pesti- fusión genérica que reenvía el texto a
diversas ideo1ogías como es el caso de positivistas lo lleva a una condimen- lentes de la realidad, confirma que lo un testimonio de orden subjetivo: son
Tuñón o César Tiempo, o de escritores tación cuasi literaria de la descripción real textual opera como modelo de sus apetencias, sus fraternidades lite-
anarquistas como Alberto Ghiraido, que inunda el escenario del prostíbu- los comportamientos de los hombres rarias, sus autoridades narrativas. En
Pedro Pico o Manuel Lourido, desco- lo: Las mujeres que allí ingresan –el reales, la literatura no sólo confirma el caso de Tuñón, se cita y se comenta
nocidos de la historia literaria argen- notorio tráfico que se analiza en la especularmente la realidad, sino qu a Oscar Wilde en su ocaso como
tina, que mamaron al folletín como tesis de las falsas polacas que, en prin- enfrentada al lado oscuro y opaco del hombre y como autor, a Schnizteler,
fenómeno de protesta y reivindica- cipio, eran todas judías y en término espejo, la crea. La literatura realista se pero también a Alphonse Daudet, y
ción, nunca fue escrito por obreros. genérico, eslavas y la creación de Zwy nutre de casos; la literatura naturalista más allá de las variantes visibles entre
Este hecho indica por lo menos dos Migdal – vienen de todos los oficios de ejemplos del zoológico humano, el estos autores, podría pensarse que es
fenómenos: uno social, los obreros del y regiones. Son amantes abandonadas folletín de series. Entre casos y series se avidez de lectura pero también una
momento eran generalmente iletra- (aquí se elabora un “topos” común al desarrolla la historia heterogénea del mezcolanza propia del desenfado de
dos, pero otro más complejo, integra- sencillismo regenetivo de Carriego), folletín que corroe su homogeneidad los Lamborghini. Y por momentos,
ron la masa de lectores creando una que en su sensualismo de histéricas genérica. La otra, la prueba científica como cita de autoridad y ya no de
diferencia que remite a la historia de sentimentales, esta caracterización; es la verdad autorizada la que conven- lectura a Proust y Joyce, una verdadera
esa fórmula: la escritura reenvía una desde el punto psiquiátrico es impre- ce y previene salutariamente como maestría. Las citas implícitas bordan el
forma activa de la praxis de escritura, cisa sino falsa, pero podemos suponer una diagnosis y curación. Pero la ver- texto, lo transforman en un recorrido
mientras la lectura a una acción pasiva que se intenta apelar a una impresión dad del folletín no está en la ciencia de aparición y ocultamiento pero no
de la recepción. Es evidente que estas imaginaria ligada a los fantasmas mas- psiquiátrica como lo analiza Gálvez, son una señal para advertencia del
posiciones pueden intercambiarse y culinos marcados por una regresión a que emplea como cita la autoridad del lector o para sortear su competencia
modificarse históricamente, pero vin- situaciones angustiosa de la infancia, Esquirol, para dar cuenta del liberti- de lectura, sino es la suma de una
culadas a la forma de la expresión, la la importación de mujeres blancas –el naje precoz y asesino de una niña de erudición de la alta literatura, un ver-
novela folletinesca por su dispositivo elemento nativo no es bien conside- cuatro años, reverso de la “perversa dadero asalto a la gran literatura. Los
accional implica una temporalidad rado, es decir, “no era bien pagado”–, precoz” preciosista de Rachilde, rareza héroes de la gran literatura son golosos
extensiva que fuese recurrente, mien- y muy jóvenes, nacidas en tugurios que impresionó a Darío. y tenaces lectores, como los de Balzac,
tras que los lectores como ideogramas donde quizás el propio hermano les como los de Proust, hicieron de mues-
propios de la ideología de izquierda reveló el sexo (este señalamiento marca tra de los escritores comunistas como
convertidos en escritores apelarán a un incesto habitual en el conjunto de El folletín proletario ejemplo de esa misma literatura. Los
formas rápidas contundentes, formas la agrupación familiar, a veces conver- semianalfabetos de la literatura anar-
lingüísticas y semióticamente breves: tido en incesto paterno y muy ajeno al Los autores de procedencia comunista quistas –autores y personajes– leen
panfleto, sátira, invectiva, una litera- sofisticado incesto materno –la madre agrupados alrededor de Boedo son para aprender y sus citas, que son de
tura de persuasión. santa y virgencita– pero apunta a un lectores de la gran cultura universal una proliferación limitada, en especial

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Bakunin y Kropotkin –en un orden el reducto del conventillo, espacio de probable de la serie, pero en sí misma en la gauchesca florida, “los mellizos
didáctico y de convencimiento revolu- convergencias y disensiones. la serie es infinita. Es una serialidad de la flor”, y en los “hijos, hermanos
cionario y por sobre todo en protesta La literatura copia la realidad, la lite- suspendida pero prorrogable, formu- y enfrentados” de Hormiga Negra y
por el orden admitido. El auditorio de ratura copia un reflejo de la realidad, lada por la deducción y sólo detenida como dice el narrador, “tenía otras
obreros, de mujeres y desocupados, lo la literatura copia la literatura, ¿la por el descubrimiento del asesino. cosas en común, siendo la principal de
vincula con los gauchos y criollos de literatura nunca deja de copiar aunque Pero si los asesinos son múltiples, todas ellas, tal vez, la similitud de sus
los primeros lectores de la gauchesca. fuese la vida; para crear lo real? En la la serie de asesinatos sería una serie orígenes incestuosos”. La reprobación
Era una lectura al “servicio del lector”, ciudad de Rosario existía una pensión infinita. Es la base de una prueba del incesto como relación biológi-
y cuando en las Memorias del ver- que reunía mendigos disfrazados de deductiva. En el folletín, la serie de ca se complementa con el vituperio
dulero ignorante trabajadores y estudiantes disfrazados casos es del orden de la prueba y por por su presencia social. El folletín de
La literatura copia la realidad, de Castelnuovo, de eternos doctores, que era llamada ende encadenado a la medicina, a lo Castelnuovo se mueve siempre entre
la literatura copia un reflejo de que “recitaba” y “La Albóndiga Embrujada” por la taxonómico, al orden social; no es lo fisiológico hereditario y la fisiología
la realidad, la literatura copia la no “leía”, “Las dificultad de encontrar esa suculenta del orden del continuo potencial sino social. Estos personajes con arreglo a
literatura, ¿la literatura nunca aventuras de bola de carne en el “menjunje” gra- de la “mostración de casos” como en la ficha individual del reformatorio
deja de copiar aunque fuese la Rocambole”, el soso del licuado guiso carcelario. En la psiquiatría; como la taxonomía de son catalogados fisiopatológicamente
vida; para crear lo real? folletín dirigido la novela de Tuñón, la pensión se la clasificación de los casos –idiocia, como gemelos univitelinos epilépti-
a un auditorio llama “El puchero misterioso”. Más oligofrénica, neurastenia, paranoia o cos, pues en efecto habían sido conce-
analfabeto, por un lado recordaba a allá del misterio del madrileño cocido, locura, para usar términos de la época– bidos por el padre y su hija.
los payadores y guitarristas de la gau- esas pensiones lóbregas convertidas como certeza diagnóstica, la marca de Su procedencia uterina figuraba
chesca del matonaje criollo, y por el en “paradores de pobres”, verdaderos identidad del registro de la sucesión de siempre en un lugar destacado en la
otro era el “servicio de lectura” para los focos de la realidad del referente. anomalías sociales. No es deducible, ficha de la cabecera de la cama, una
obreros sin calificación. La letra como Todos sabemos que la palabra “comi- es verificable. En los relatos de Larvas, máquina tenebrosa consagrada a la
asunción de la literatura burguesa o da” no alimenta al hambriento, pero Castelnuovo organiza un catalogo de marca de fábrica, haciendo congruir
la letra como testimonio resistencial también sabemos que al enunciar la la morbidez social. Repite, como una dos fenómenos capitales del folletín:
en el anarquismo y como ofertorio de palabra “guiso” se nos hace, como autodescripción de los mismos, una fábrica y registro, uno como espacio
la humillación del miserabilismo. ¿Se dice la doxa infringiendo la gramática, serie de manera de organizar el relato fabril de las “fabriqueras” y el otro
leían libros o folletos? Los libros son agua la boca. por casos, retórica propia del folletín como registro y sitio de una con-
para ilustración de los revolucionarios, En Castelnouvo, en la década del siniestro que alcanza también al nove- gregación humana de imprevisib1es
los folletos como arma de combate 30 –y la organización temporal de lón criollista. En el relato “Mandinga” consecuencias. En otro registro, la
para anarquistas. El folleto pasa de sus novelas y relatos deben ser leídos –cuya titulación aparece también en importancia que el folletín obrero le
ser una entidad cuantitativa –breve, como una anterioridad temporal más Hormiga Negra como invocación al da a una serie lingüística de registros
de pocas páginas– a multiplicarse en allá de la fecha de su producción y éste ángel de las tinieblas–, se expresa una idiomáticos vinculados a la produc-
páginas, en extensión, en continuidad, es el marco donde debe leerse toda su notoriedad extraña al género. El inces- ción y en particular a la fabricación:
en series, en folletín. Castelnuovo es obra– aparecen condensadas todas las to, más allá de la patología familiar la industria textil, la industria de los
un ensayista consumado, en sus nove- formas temáticas del folletín tenebro- que se intenta marcar en este caso, alimentos enlatados, la proyección de
las es expositor de casos y de series so, con un rasgo de experimentación reúne la familiaridad paternal que sor- las vías de comunicación, sobre todo
verificada en la suma y procesión de sociológica. El discurso, desprendido prende en el folletín: los gemelos, los el símbolo mágico del ferrocarril, que
los pobres y humillados. Un lugar del personaje e incluso del narrador, hermanos, la relación hermano-her- en Zola aparece como una máquina
para aprender, el otro para sufrir. Los quiere aparecer como un “muestrario” mana, una forma de enmarcar insó- monstruosa y en el folletín argentino
antagonismos entre ricos y pobres, el de las lacras sociales. En la novela poli- litamente, en una sustancia narrática, como creadora de un nuevo espacio de
burgués y el proletariado, el patrón y cial, que no es el contrafáctico de la la prueba de “amistad fraternal” tanto encuentro donde viajeros, paseantes,
el obrero, remiten a otro tipo de enti- realidad pero que tampoco es la ima- en Tuñón como en Evaristo Carriego: circulantes, maringotes, prostitutas,
dades, la del inmigrante, la del campe- gen de la realidad y por ende nunca la comunidad de la fratría. El folletín generaron un espacio de aventuras y
sino iletrado, a una “realidad criolla” será una “novela social”, en las novelas francés, Alejandro Dumas, la gauches- de rigores de la clase humilde, niños,
que itinera de la gauchesca al folletín de “crímenes en serie” el caso está ca culta, “los hermanos sean unidos pobres, mendigos, conscriptos, sujetos
y sus sucesores, todos agrupados en organizado a partir de la suspensión y los consejos del Viejo Vizcacha”, de la vida errante.

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La familia, la cárcel, el presidio, el hos- un punto máximo de saturación y mente por las sucesivas generaciones no normativas ni legalidades y se pro-
picio, el orfanato, el asilo, el reforma- proporciona el modelo del desequili- en donde se mezclan diacronía (niños, yecta en su discurso hacia la revolución
torio, más allá de sus determinaciones brio de las otras agrupaciones, espacio jóvenes, adultos, viejos) y genealogías: futura, es básicamente producto de las
específicas, son la certificación, admi- propicio para el folletín: la familia. En la tradición familiar, las sucesivas his- instancias progresivas de la sociedad
nistración y legislación de los espacios el folletín de orden político, no es la torias de los inmigrantes en donde el y, por ende, como lo proponían Marx
de encierro. Estos espacios, algunos llamada “célula básica de la sociedad” lenguaje coloquial se mixturaba con y Engels, un folletín capitalista. El
de ellos de larga tradición, como el sino es el muestrario indigno de todas el “cocoliche”, la leve epicidad del folletín de reivindicación social, de
hospital y la reclusión de ancianos, las bajezas humanas. La familia es el “tiempo de los abuelos” contrarrestada “reinvención” de la ciudad futura sin
débiles mentales y menesterosos que sistema integral de la domesticidad por los que “se quedaron” y los “que se leyes ni constricciones, de nihilismo
dependía de las órdenes religiosas, en burguesa, lugar de los afectos más fueron” dentro del marco de la situa- social pero de lucha libertaria de la
la proximidad y a profundos y de las sevicias más extre- ción económica y social del grupo, el servidumbre humana, es un folletín
El folletín proletario recuerda veces en el recin- mas. Por su posición central se rela- mundo de las familias desintegradas y anarquista. Este doble movimiento
costumbres pero no normativas to conventual, ciona con los otros espacios –escuela, el mundo proletario. En el relato “La puede ser pensado como integración
ni legalidades y se proyecta en fueron reclama- internado, partidos y agrupaciones costurerita” de Josué Quesada (Cf. narrativa y como efracción de las leyes
su discurso hacia la revolución dos por el folle- políticas–, espacios reservados para La novela semanal 1917-1926. Ed. de propiedad, de las costumbres, hábi-
futura, es básicamente produc- tín como materia la confraternidad. Simultáneamente, Universidad de Quilmes, Margarita tos, incluso del “placer “y del “lujo”
to de las instancias progresivas novelesca para la aparece como un espacio de reclusión Pierini, S/N), enmarcada por los ver- como lo pensaba Kropotkin, que se
de la sociedad y, por ende, como organización de del maternazgo –en el folletín los sos de Evaristo Carriego, se organiza manifiestan en la mixtura del género
lo proponían Marx y Engels, “grupos narra- padres están ausentes– y de la fratría, narrativamente una confluencia del como de los sentimientos y pasiones
un folletín capitalista. tivos” propicios espacios explotados tanto por el melo- folletín sentimental y el folletín prole- que se representan en el espacio narra-
para mostrar la drama, el miserabilismo y el relato tario. Del primer elemento aparecen la tivo. Así como los subterfugios de los
endogamia de estas agrupaciones de obrero, no tanto en relación a la “cues- demografía habitual (obrera, talleris- temas de las intrigas rocambolescas, de
atracción y rechazo frente a los circui- tión social” de la época, sino como el ta), sus hábitos diarios: recorridos por las aventuras melodramáticas, hacen
tos externos vinculados con el espacio núcleo básico de la ficción proletaria. la ciudad, amistad femenina con com- del folletín una sustancia transgenéri-
exterior. Los “asilados” en esta ordena- La diferencia, que en realidad no es pañeras de trabajo, el amor callejero y ca, la combustión de las ideas políticas
ción espacial entre el afuera y el aden- tal, sino un espacio de relación, de por supuesto la sucesión estereotipada lo constituyen en un género mixto. Si
tro, toda forma de asilariato es, entre vinculación, consiste en que el “espa- de noviazgo, seducción, embarazo, las acciones de los hombres pueden
otras cosas, un intento de controlar cio familiar” es endogámico y el de la traición y la intensidad melodramática ser heroicas o cobardes, siempre serán
la juntura de estos dos espacios y su fábrica es centrífugo por su atracción del suicidio. Del otro, aparece la lucha acciones políticas. El folletín es simul-
regulación social: ¿estos “anormales” hacia el espacio público (asambleas, ideológica entre la estructura familiar táneamente un género sentimental
pueden vivir en relación con el espacio corporaciones, agremiaciones, sindi- y el hermano social-anarquista como y un género de aventuras, familiar y
del común social referido como nor- catos y en su faz reivindicativa, mitin, complemento de la tragedia familiar colectivo, de quietismo social y de
mal? Las sociedades de encierro son paro, huelga). En este sentido, el folle- y la reubicación del anarquismo en la revoluciones comunistas, es también y
sociedades de punición, las de control tín era el espacio de exposición de los democracia parlamentaria. El folletín al mismo tiempo, un género capitalis-
son reglamentaristas, definen la ubica- conflictos gremiales y su formulación proletario recuerda costumbres pero ta y un género anarquista.
ción de los sujetos en el espacio social. reivindicatoria lo separa del espacio
En esta conformación, ¿cuál es el lugar familiar, lugar de atracción y concen-
del obrero, la posición del cuerpo tración, es un espacio edípico, como
del obrero? ¿Y cómo es representada el espacio del gremio es un espacio
esa posición en el folletín obrero? La de conflictividad paranoica contra el
sociedad de reglamentación elabora otro social. La familia del folletín está
simultáneamente las zonas de exclu- a mitad de camino entre las sociedades
sión y las formas de reparación social, de encierro y las sociedades heterogé-
desde la mendicidad hasta los proyec- neas de participación. Como grupo
tos de legislación obrera. La densidad nuclear y reducido, características del
de estas agrupaciones sociales tiene siglo XIX, está centralizada temporal-

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Rojas, Viñas y yo Sabrán, o ya lo habrán adivinado,


que el “yo”, puesto en serie con
Rojas y con Viñas en el título de mi
extendido desde lo inmemorial hacia
un futuro radicalmente incognoscible.
En este caso, un diálogo manteni-
(Narración crítica de la literatura argentina) intervención, no se refiere a mí, sino
a Martín Prieto, el autor de Breve
do desde una “Zona” específica, el
Litoral, Santa Fe, Rosario, y que pre-
historia de la literatura argentina, tende conversar con toda la literatura
Por Jorge Panesi aparecida este año. Si de mí algo tiene argentina. Ligeramente desplazado de
ese yo, es el resabio de una intuición, un supuesto centro, pero con la certe-
el relumbrón de una certeza1. Que za de que en ese desfasaje leve, en la
no es, precisamente, querer fabricar corrección necesaria de ese desplaza-
una ironía con el “yo” de Martín miento, puede dar mejor cuenta de la
Prieto, por la cual se denunciaría conversación interminable.
un gesto abarcador y pretencioso Los críticos argentinos, decía yo en esos
A partir del recientemente publicado ensayo –refundar, volver a narrar la historia trabajos, exhiben
Breve historia de la literatura argentina, de de la literatura argentina después de un pathos muy ... el autor crítico de una histo-
las marcas fundadoras del iniciador, intenso y contor- ria de la literatura argentina es
Martín Prieto, Jorge Panesi se pregunta por el y de las que todavía están vigentes nista cuando se aquel que sólo con su nombre
tipo de autor que se expresa en la crítica. En este en el gesto contornista de Literatura trata de la histo- se hace cargo de un diálogo, o
sentido, lejos de las pretensiones totalizadoras o argentina y realidad política–, ni tam- ria de la literatura si se prefiere, es el transcrip-
estandarizadas que presentan los estudios acadé- poco censurar lo aparente, necesaria argentina. Pero tor de un diálogo incesante y
y subjetivamente caprichoso que se no hasta el punto extendido desde lo inmemo-
micos, encuentra en la obra de Prieto una inda- encontraría en alguien que con su de comprometer rial hacia un futuro radical-
gación situada desde la cual entabla un diálogo firma, con su yo y con su nombre su yo –agrego mente incognoscible.
con la historia de la literatura. Conversación que va a hacerse cargo de narrar toda la ahora– firman-
se desarrolla a partir de una selección que, lejos literatura argentina. Además, supon- do la entera historia de la literatura
de representar corrientes y linajes, escoge –de sus go con buenas razones de lectura, argentina. Ese “yo” de Prieto en la
Martín Prieto sólo aceptaría figurar breve serie de mi título está, en rigor,
distintas estaciones– aquellas reverberaciones en una serie encabezada por Rojas, precedido solamente por el nombre
textuales que respiran en las indagaciones del y después de algún otro nombre, de Rojas. Rojas sólo, el nombre de
propio autor. Situado en la periferia litoraleña, más bien colectivo, “Contorno”, por Rojas solamente, exceptuado Viñas,
Prieto construye su punto de perspectiva a partir ejemplo, o “la Zona”, o “el Litoral”, que mostró apuntes luego repetidos
o “Rosario”. Porque es cosa pesada por casi todos los críticos, pero que no
de enlazar sus interrogaciones a la del lector y hacerse cargo con su nombre solo del firmó con su nombre todo un relato
sus derivas, comprometiendo en ello su propia entramado evidente y a la vez enig- integral sobre la literatura argentina, o
existencia y llevando el saber de la academia más mático de toda una literatura. exceptuado también el de Noé Jitrik,
allá de sí mismo y sus límites para vincularlo a En algún trabajo anterior, rastreando que como Rafael Arrieta, repartió su
los derroteros de la crítica argentina, nombre y el relato de su historia entre
la vitalidad que brota de las lecturas contem- me preguntaba qué cosa es para un muchos colaboradores.
poráneas. De allí que sus preocupaciones se crítico convertirse en autor, o qué Siempre creí que la crítica literaria,
concentren en la literatura, en sus lectores, pero clase de autor es el crítico. Martín entre otras cosas, debía ser útil, nece-
también en el aura mitológica que la rodea. Prieto me ofrece ahora la evidencia: saria. Mirado desde este ángulo, el
Panesi, quien se interesa muy especialmente en el el autor crítico de una historia de “yo” de Martín Prieto, el yo delegado
la literatura argentina es aquel que de Martín Prieto, era un necesario
desafío de Prieto, encuentra en el estilo irónico de solo con su nombre se hace cargo integrante de la lista. ¿Por qué? Por
su trama narrativa la condición propia de la bús- de un diálogo, o si se prefiere, es el una necesidad casi historiográfica:
queda antes que un método que ofrezca garantías. transcriptor de un diálogo incesante y en una época como la nuestra, en la

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que se ha revalorado el poder cog- que imprima su color y su acento en el archivo académico, puede ensayarse démicas, como surgen de los protoco-
noscitivo y conformador del relato, las mismas arias que el público sabe una historia que respete –como hace los de Prieto) hacen avanzar el relato,
era esperada y necesaria la aparición de memoria; es por ello riesgoso, por Prieto– las discusiones y sedimenta- la Breve historia no mezcla los criterios
de un narrador que más que totalizar el exigente público atento al error y al ciones académicas, que las contenga como cree Lojo, sino que los sopesa
a la manera de las historias acadé- falsete, pero también porque ese acen- y a la vez que se sitúe más allá de los en función de las piezas capitales de su
micas (la de Jitrik, la de Arrieta), y to que parece muy poco en la historia estrictos protocolos universitarios, o narración. Algo que cualquier historia
las académicas de divulgación (las del canto, también afecta la historia de más allá también de sus púdicas y ver- académica o no (si es que pudiera hoy
dos de Capítulo), la partitura misma. gonzosas restricciones. Lo que permite concebirse una
Los defensores del bel canto aca- se centrara en Los defensores del bel canto aca- realizar esta operación no es el falso obra semejan- ... me parece que la apuesta a
démico, o lo que es lo mismo, el lector y en el démico, o lo que es lo mismo, los desenfado académico (un rasgo teatral te) se encargaría contrapelo de Prieto es a favor
los defensores del decoro esta- diálogo de lec- defensores del decoro establecido muy notorio en algunos universita- escrupulosamen- de una historia literaria de la
blecido por una encorsetada turas, aquellas por una encorsetada ética y estéti- rios), sino la consideración o el deseo te de realizar. literatura (no sociológica, o
ética y estética académica, han que verdadera- ca académica, han mostrado ya su por el lector, por el lector presente y A Lojo no le política, o cultural), lo más
mostrado ya su medrosa indig- mente tejen la medrosa indignación por el libro por el lector futuro. molesta el estilo desnuda posible de injerencias,
nación por el libro de Prieto. mutable vigen- de Prieto. María Rosa Lojo, desde Oigamos los criterios de Lojo que por momentos lo más desnuda y sola posible
cia de los tex- La Nación2, encuentra en él una suscribe esperanzada los vaivenes favo- irónico y festi- en su propio terreno. ¿Es esto
tos. Imaginemos un lector que como “exasperación individualista” que rables del marketing académico: vo, humorístico, posible? Por supuesto que no;
ustedes o como yo, más que una haría caer a su autor en un infier- de Prieto (final- poco hay de propio en el poro-
consulta sesgada y especializada –ésa no: tal subjetivismo –dice– “afronta La Historia de una pasión argentina de mente, es una so terreno de la literatura.
es una lectura casi rutinaria, obligada, incluso el riesgo de caer fuera del Mallea sigue siendo un libro clave para tonalidad que el
en nuestra profesión– quisiéramos ámbito académico”, porque Prieto cualquier estudio de la sensibilidad y las académico puede permitirse si es que
por fin, al fin, una narración en la es profesor de Literatura Argentina, ideas en la Argentina y, mal que le pese se ciñe a la ley del decoro universita-
que el volumen fuera tan importante y lo que hace está bien para cons- a Prieto, se reedita. Mujica Lainez (en rio, nos dice Lojo, haciendo gala de
como el detalle, en la que el diseño truirse una imagen de autor pro- opinión del autor, representante de la tolerancia). Pero lo que Lojo no lee en
del tejido fuera tan determinante vocativo, como Aira, pero no para oligarquía, anacrónico y manierista que el libro, es que estos efectos de ironía
como la estructura de sus hebras. Por escribir una historia que debe regirse ha licuado todos los riesgos artísticos del no son solamente un rasgo perdonable
fin, al fin, una historia de la literatura por los criterios de objetividad y modernismo en una prosa de supuesta de estilo, sino que forman parte de la
argentina pensada para lectores, para neutralidad en la valoración, crite- “calidad”) o Sabato (según Prieto, ale- disposición misma del material, del
lectores críticos de la literatura argen- rios que, según Lojo, deberían ser górico, pomposo y grandilocuente) son entramado narrativo que es dispuesto
tina, que no son los críticos de la lite- “universales, atemporales y unáni- objeto de interés no sólo para muchos lec- y expuesto en un encadenamiento
ratura argentina, o son algo así como mes”. Debo decir que comparto los tores, sino para la comunidad académica irónico. Y este sentido irónico que
los mismos críticos en un estado “descartes” y las valoraciones de la internacional. Sus obras pronto se incor- surge de la cadena expositiva; es qui-
ideal de vacaciones. Y a ellos, a esos Breve historia que molestan tanto a porarán a la exigente colección Archivos zás, el componente de Breve historia
lectores, es a quienes Prieto dedica Lojo: no dedicarle demasiado espa- de la Unesco. que ha podido irritarla más, pues las
su libro: “A los lectores de literatura cio a las escritoras del siglo XIX conexiones inesperadas o desatendidas
argentina, mis hermanos.” (Juana Manuela Gorriti, Eduarda Señalemos al pasar que la pretendida que pueblan el discurso, o que son
“Desafíos” llama María Teresa Mansilla...), y a otras del siglo XX división entre una crítica periodística provocadas por su dispositio, suponen
Gramuglio a la imaginaria trastienda (Jorgelina Loubet, Luisa Valenzuela, y otra académica, es cosa del pasado un pensamiento que maneja, más allá
intelectual con la que Prieto ha debi- Sara Gallardo, Alicia Steimberg), o y que, entre otras cosas, el periódico de las apariencias consabidas, grandes
do lidiar. Las ideas recibidas sobre la reprobación del enfático y mayús- es hoy una continuación por otros masas textuales que se sujetan a la
cómo es la historia de la literatura culo estilo de Sabato, o la lectura medios de las reyertas académicas y suprema ironía del tiempo, ese tiempo
argentina, o cómo debería ser su relato imposible de Mallea, o considerar de sus internas fragmentaciones en que en esta historia muy bien puede
–imagino– no es uno de los menores. a Manuel Mujica Lainez como una pugna por el acceso a un misterioso llamarse “la ironía del tiempo de la
Escribir una historia de la literatura es derivación apoltronada y sin riesgos público más amplio. lectura”, y que Prieto revela casi siem-
como ser un cantante de ópera: nadie del modernismo. Entendida como un diálogo en el que pre con objetiva e impiadosa gracia.
espera que rehaga la partitura, sino Sólo académicamente, con el saber y las discusiones (mayoritariamente aca- Porque me parece que la apuesta a

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contrapelo de Prieto es a favor de una versitarios llamamos “diletantismo”. crítico estableciera un nuevo orden Esta lógica asincrónica de “destiempos
historia literaria de la literatura (no La seguridad del método, más allá de de textos y autores”4. Como si Prieto y desencuentros” funciona a la manera
sociológica, o política, o cultural), lo los resultados o de los pensamientos. dijera: ya sé que la teoría pensó la his- de “Kafka y sus precursores”, tiene
más desnuda posible de injerencias, ¿Prieto esconde, como suelen hacer los toricidad literaria, pero prefiero que un funcionamiento borgeano, como
lo más desnuda y sola posible en su diletantes literarios, sus herramientas? la literatura o los poetas la piensen. cuando Prieto observa que en los poe-
propio terreno. ¿Es esto posible? Por No. Pero tampoco las exhibe como ¿Y cómo la piensa Prieto? Sin excluir mas de Macedonio Fernández
supuesto que no; poco hay de propio garantía ante una aventura riesgosa la innegable relación, la cada vez
en el poroso terreno de la literatura. Si en la que compromete, ante todo, nueva relación entre literatura y cul- los entusiastas martinfierristas encontra-
hay que buscar esa pureza imposible su nombre propio. Dos pistas ante tura, o entre literatura y orden social ron, retroactivamente, el germen invo-
en algún lugar no menos incierto, pero el recato literario de Prieto, que no u orden político, que encontramos luntario del ultraísmo.7
que puede dar algún indicio plausible, quiere deliberadamente escudarse en siempre precisada; lo determinante
la tranquilidad del método o la teoría. de esta historia será la relación pro- Prieto está atento a lo que no es un
Una me la da María Teresa Gramuglio ductiva que se establece entre unos accidente de la lectura, sino parte
en su título que menta la Breve historia textos y sus lecturas. Proteica y móvil, constitutiva de su estructura histórica:
entre comillas, “La historia de la lite- esta relación despliega en el tiempo en esta asincronía fundamental, leer
ratura como desafío”, vale decir, con una lógica situada, paradójica y sor- es también des-
un giro de Hans Robert Jauss. Pero prendente en la que se cifraría la par- leer, no leer, no La lógica asincrónica se reve-
el concepto de lectura o de historia ticular historicidad de la literatura. poder leer, dejar la no como la desnudez pura
literaria que pone a prueba Prieto no “Efectos de acronicidad radical” po- ilegible. En este de la literatura, sino como el
es el de la teoría de Jauss, o no lo es dríamos llamar a esta forma temporal sentido, su histo- componente más poroso y
completamente. La segunda me la da de la lectura que devela Prieto bajo la ria de la litera- abierto al devenir social, cul-
Prieto cuando recuerda que el proyec- forma de ironías narrativas. Acronici- tura hace posible tural y político.
to de Ricardo Rojas es contemporáneo dad, pues el tiempo de la lectura tiene comprender esta
del formalismo ruso, que luego de varias dimensiones: sobre todo, la re- parte esencial del proceso de his-
una “poblada experiencia” –dice– “ha troactiva y la prospectiva, que jamás torización literaria para la literatura
convertido en incómoda cualquier hacen coincidir del todo el tiempo argentina. Es, consecuentemente, una
tentativa de pensar en una historia de lector con el presente histórico. Lea- parte mayor en la figura narrativa que
la literatura”3. Pero si hay algo central mos algunos ejemplos: si Marechal logra trazar, y uno de los méritos del
en el formalismo más acabado, es el quiere enterrar su pasado vanguar- recorrido de inteligibilidad del relato.
pensar la literatura, la literariedad de dista, Adán Buenosayres permitió, Por lo tanto, la lógica asincrónica se
la literatura como sujeta a la historia, a –apunta Prieto– a finales de los años revela no como la desnudez pura de la
su propia historia, si es que hay (y por cuarenta, una impensada y muy viva literatura, sino como el componente
cierto, no hay) tal desnudez de una resurrección del martinfierrismo5. más poroso y abierto al devenir social,
historia exclusivamente intra-literaria. En la lógica a-crónica de la lectura, cultural y político. Es lo que subraya
ese lugar es el del tiempo y el de la lec- Más que un método, se trata de una los entierros queridos pueden equi- Prieto cuando analiza la poesía de
tura. El tiempo de la lectura, de donde guía que permanece en ese hori- valer a resurrecciones impensadas. Y Juana Bignozzi en los contextos de los
habría que arrancar, como hace Prieto, zonte de incomodidad crítica y que es Martín Prieto quien utiliza, a pro- años sesenta y ochenta:
la desnuda historicidad de la literatu- se advierte por la adhesión a un pósito de la bífida alabanza borgeana
ra. ¿Cuál es entonces el instrumento, vocabulario: la expresión (la cómo- a la poesía de Martínez Estrada, el ... mal leída, o directamente no leída
el método, la herramienta? da expresión) “sistema literario” que vocablo “asincronía”, y agrega que esa durante muchos años, Bignozzi encontró
Esta última pregunta es lo que un encontramos en muchos momentos lectura (junto a la de César Fernández una franja entusiasta de lectores y críticos
crítico, un historiador o un teórico de la Breve historia, o la palabra Moreno) funcionan como señales que y su obra empezó a influir en los nuevos
exigirían que se contestase primero: “serie”. Claro que la breve referencia anuncian esa suerte de destiempos y des- poetas argentinos, recién a partir de los
el marco o la concepción teórica, a de la introducción queda contrarres- encuentros que condenaron durante casi años ochenta, cuando la extremadamente
la que el libro debiera sujetarse para tada o limpiada con una cita de Eliot: medio siglo la obra de Martínez Estrada referencial poesía de sus contemporáneos
no caer en ese vértigo que los uni- “Es deseable que cada tanto un nuevo a la excentricidad.6 envejecía junto con sus asuntos.8

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Siguiendo a Rojas, Prieto se enfrenta a lectura y de la narración es “la produc- con una anécdota, que luego se revela primer término, muchas ganas de
un modo de funcionamiento de la lec- tividad”: se analizan textos, personas y en el desarrollo de la exposición como narrar, de narrar literariamente, esto
tura literaria que llamaríamos “trans- lecturas a la escucha de las reverberacio- un irónico condensador semántico: es, con las armas desnudas de la lite-
fronterizo” o quizá, también, “mun- nes que unos textos forman sobre otros; Sabato habla en Mendoza sobre el ratura; segundo, cierta perspectiva y
dializador”: en el plano de la escritura, lo esencial es que esas reverberaciones humanismo en Madame Bovary, y uno cierto gesto seguro que no excluye la
los textos escritos en otro idioma forman un tejido histórico. Puede obje- de sus escuchas, Antonio di Benedetto incomodidad que experimentan los
(Hudson, Wilcock, Gombrowicz), sin tarse la ejecución de ese principio o prepara un texto que contradice tal buenos críticos. Seguridad y pers-
embargo, en el plano de la lectura es cómo se adecua a cada emergencia, a humanismo; Borges conversa con pectiva: la perspectiva segura desde
donde la aparente paradoja insiste a cada retrospección o adelanto, pero en César Fernández Moreno sobre la la que escribe Prieto es la del litoral,
través de las traducciones. La litera- sí es un principio de objetividad inob- imposibilidad de que surgiese un buen que supone un fuerte linaje literario
tura, como cualquier otra índole de jetable. La productividad que ejercen poema que reivindicara el peronismo, (Mateo Booz, Carlos Mastronardi,
fenómenos en los que el texto es el los textos, y también la productividad y Prieto agrega: Juan L. Ortiz, Saer, entre otros), pero
centro, nace bajo la protección nacio- de la lectura de esos textos, pareciera también toda una tradición de críti-
nalista (la lengua, el territorio, la san- subsumir la narración de Breve historia ese poema… ya lo estaba escribiendo ca académica (Adolfo Prieto, María
gre, la fratría, la cultura), pero tiende, en el exclusivo campo de la textualidad. desde la década del cincuenta Leónidas Teresa Gramuglio, Nicolás Rosa,
como en un gesto de subsistencia cuasi No es así, tanto por razones narrativas Lamborghini.11 Josefina Ludmer, Sandra Contreras,
imperialista, a abandonar su morada. y de declarado destinatario (ese lector Alberto Giordano) con la cual Prieto
Y es en el plano de la lectura en el no especializado que imagina o desea ¿Qué se necesita para escribir una dialoga incesantemente, y no desde
que esta mundialización o internacio- Prieto). Ya he apuntado que la apuesta historia de la literatura argentina? los bordes de ningún centro, pues
nalización se produce: un lector que o el desafío de la Breve historia pasa por Martín Prieto nos da la receta: en estos nombres son el centro.
sólo leyese su literatura nacional, no el relato, por su fuerza cognoscitiva y
leería literatura. Es la incorporación persuasiva, y agrego ahora que hay en
de Borges a la literatura mundial que el relato no sólo textos y lecturas, sino
Prieto recoge de las observaciones de también un espacio para los susurros
Beatriz Sarlo, o el caso de la traduc- mitológicos que rodean a la literatura,
ción porteña de Gombrowicz, un caso que hasta cierto punto modulan su efi-
que no lo entusiasma demasiado: cacia social. Por esa eficacia a contrapelo
de los doctos, el libro consigna y repite
queda como un enigma a resolver – con irónico encantamiento los sonso-
dice– “un extraño y acotado lugar en la netes popularizados: “Juventud, divino
historia de la literatura naciona”.9 tesoro...”, “La costurerita que dio el
mal paso”, “Setenta balcones y ninguna
No es un mérito menor que en este flor”. Prieto declara en un reportaje:
contexto de proyecciones mundiales,
la Breve historia se preocupe por la Todo gran autor y todo gran texto genera
relación con la literatura latinoame- una mitología a su alrededor y muchas
ricana, y no solamente cuando narra veces el relato de esa mitología, que es NOTAS
el famoso boom de los años sesenta, más primario, tiene mayor y mejor cir-
1. Martín Prieto, Breve historia de la literatura argentina, Buenos Aires, Taurus, 2006.
sino a propósito de Darío como per- culación que la obra misma. Sucede, sí, 2. María Rosa Lojo, “Historiar las letras argentinas”, La Nación, domingo 28 de mayo de 2006.
sonaje protagónico del relato nacional. con Borges y Cortázar como sucede con 3. Martín Prieto, op. cit., p. 9.
Sucede que –y Prieto estaría, supongo, El Quijote.10 4. Martín Prieto, op. cit., p. 10.
5. Martín Prieto, op. cit., p.
de acuerdo– Darío, más que un perso- 6. Martín Prieto, op. cit., p. 293.
naje, es un acontecimiento de la len- Por eficacia narrativa, la Breve historia 7. Martín Prieto, op. cit., pp. 229-230.
gua y, como tal, y como toda lengua, no desdeña la anécdota, pero hace un 8. Martín Prieto, op. cit., p. 426.
9. Martín Prieto, op. cit., pp. 184 y 185.
tiende a trascender sus fronteras. uso esclarecedor de ella. Prieto suele 10. Hoy digital, viernes 23 de junio de 2006, en www.hoy.com.do
El criterio rector de esta teoría de la introducir los apartados de la historia 11. Martín Prieto, op. cit., pp. 346 y 384.

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Una profesión de fe Como no podía escribir por falta de


tema (apenas comenzaba a imaginar
el desarrollo de un ensayo, enseguida
que, como algunos sueños, terminan
imponiéndose como más reales que la
misma realidad. Como los diarios de
descubría que no tenía nada intere- escritores son, por estos días, el tema
Por Alberto Giordano (*) sante para decir sobre el autor o el de una investigación que enmascara
libro elegidos), me pasé las últimas dos de sistematicidad mis siempre frag-
semanas leyendo continua y desorde- mentarios ejercicios críticos, leí La
nadamente lo que me fue saliendo al edad de la franqueza de P. D. James,
paso. Leí la primera novela de Romina que en realidad son unas memorias a
Relato, ensayo y autobiografía son formas lite- Paula, ¿Vos me querés a mí?, porque las que la autora les dio, por conve-
me atrajo el título y porque le oí decir niencia retórica, la forma de un diario
rarias que se cruzan en un punto donde el au- a alguien que se podían encontrar que recoge sucesos y vivencias de un
tor presiente que su abrumadora cotidianeidad huellas del arte de Puig en la forma en único año que casi siempre sirven
puede ser compensada con la posibilidad de que están narradas algunas conversa- como pretexto para que emerjan los
otros modos de vida, quizá menos castigados por ciones entre amigas. Leí Infancias de recuerdos (la traducción de Ernesto
François Dolto, porque me gustó la Montequin es excelente: un ejem-
la pérdida de la sorpresa ante la frecuencia con idea de que el relato autobiográfico de plo más de la mítica superioridad de
que se replican los hechos propios de la propia una madre se sostuviera en un diálogo los traductores argentinos sobre sus
biografía. Giordano confiesa no escribir más que tramado por la curiosidad y el amor colegas de habla hispana). Por pura
acerca de aquello que estimula la configuración de la hija (y porque cuando lo hojeé casualidad, después de La edad de la
en la librería me pareció que el tono franqueza leí Con toda intención de
de sus intereses estéticos, pero sobre todo, aque- de la rememoración era de una alegría C. E. Feiling, que alguna vez escribió
llos problemas que son capaces de conmover o y una falta de resentimientos encan- que P. D. James “está entre las mejores
suscitar pasiones y desvelamientos. En ese senti- tadores). Aunque no me habían gus- novelistas contemporáneas”, segura-
do, se propone asumir el riesgo inmanente a tal tado demasiado algunos de sus libros mente porque lo creía, pero también
propensión selectiva, aún cuando esto pudiera anteriores, leí Mi oído en su corazón para sacudir un poco a la pretenciosa
de Hanif Kureishi porque desde que intelectualidad porteña de fines de los
comportar un recorte significativo de las posibi- papá tuvo el accidente que lo redujo ochenta, a la que imaginaba, con una
lidades de escritura respecto a la variedad infinita casi a una sombra de quién era me maledicencia casi infantil, sometida
que ofrece la ficción como potencialidad. aficioné a las narraciones del género a una dieta hipocalórica a base de
Si la crítica, lejos de toda moda actual y sus “mi padre y yo”, y también porque sé películas de Godard y disonancias
que la mezcla de relato, ensayo y auto- de Coltrane. Bajo el insidioso signo
reconocimientos académicos, consiste en el desa- biografía es una de las formas literarias de la rivalidad, leí esta recopilación
rrollo de una perspectiva ética antes que una que con más fuerza pueden apartar- de ensayos, crónicas y reseñas menos
línea teórica o metodológica, es necesario –para me del mundo y dejarme presentir, por curiosidad que por un afán de
el autor– continuar la indagación trazada por incluso en la mía, tan pobre como comprobación, para verificar si, como
la de cualquiera, la posibilidad de lo recordaba, esa lograda combinación
aquellos puntos capaces de conmover y resonar otras vidas. Leí, en horrible traducción de sentido común y sofisticación, de
con las propias búsquedas. Para ello, hace falta española, las cuatro novelas de Philip sensatez y arbitrariedad, con la que
componer todas las intensidades, las emociones Roth reunidas en Zuckerman desenca- Feiling construye su figura de críti-
y la imaginación, aún cuando esto signifique denado, porque los escritores son mis co, antes de ser un legado inglés, es
“despedirse” de lo que uno mismo ha hecho y personajes de ficción favoritos; las leí una herencia directa de los ensayos
convencido de que en cada una hay un del joven Borges. Finalmente, leí tres
enfrentar la incertidumbre que propone el desa- sustrato autobiográfico muy amplio o cuatro entrevistas a Derrida que
fío de la crítica, cuando esta es capaz de vincular- sobre el que se asienta la imaginación encontré en un sitio de la web dedi-
se al propio desarrollo de la existencia. para fabular excesos y deformidades cado a su divulgación en castellano;

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en un adormecimiento casi total de la que constase casi exclusivamente de que me embargó de inmediato para hago como crítico, no tanto mientras
voluntad de comprensión, las leí por escrituras autobiográficas. El “casi” no poder seguir leyendo luego sin perder lo hago como cuando me sorprende lo
encima, para ver si encontraba, como es aquí más que una concesión a las el interés. Es cierto que a veces, después que escriben colegas más inteligentes,
otras veces, anécdotas o digresiones convenciones culturales que establecen de atravesar la decepción (donde, ima- o más talentosos, o más sabios, enton-
referidas a los aspectos privados de su la diferencia entre ficción y autobiogra- gino, otros lectores dieron un salto que ces sí puede ser que dude de la conve-
práctica profesio- fía, porque en verdad hasta la novela ni siquiera notaron), por una metamor- niencia de insistir sobre algunos pocos
No es que no sepa que la ficción nal de ensayista y de Romina Paula la leí creyendo en fosis cuya lógica se me escapa, el interés problemas que, aunque me siguen
se construye deformando vio- docente universi- la identidad entre narrador, autor y se volvió más fuerte. interesando viva-
lentamente la realidad y que de tario, esa prácti- protagonista. Desde la primera réplica Me confieso prisionero de una supers- mente, acaso Me confieso prisionero de una
esa violencia depende en buena ca que, pasando del primer diálogo, Inesia tuvo para tición autobiográfica, cuando no un respondan a una superstición autobiográfica,
medida el efecto de realidad por alto obvias mí un rostro bien definido, el que lector interesado casi exclusivamente íntima voluntad cuando no un lector interesa-
autobiográfica al que soy tan diferencias, es reproduce la fotografía en la solapa de en las “escrituras del yo”. Tengo que de redundan- do casi exclusivamente en las
sensible, pero tiendo a olvidar- la mía. (De esta ¿Vos me querés a mí?, un rostro hermoso confesarlo porque pesa sobre mi con- cia o resistencia “escrituras del yo”. Tengo que
lo, porque así disfruto más. modorra nar- que, transpuesto al de la protagonista, ciencia la duda de si aquella inclina- que empobrece confesarlo porque pesa sobre mi
cisista me sacó, impregnó de belleza la trivialidad de ción y esta preferencia no entrañan mis lecturas, que conciencia la duda de si aquella
parcialmente, “Estoy en guerra contra algunas conversaciones, la obvia com- una limitación. Cuando me digo, y reduce las posibi- inclinación y esta preferencia no
mí mismo”, la entrevista que Derrida plejidad de algunos gestos (sería injus- después escribo, que John Cheever lidades de que lo entrañan una limitación.
dio un par de meses antes de morir to si no reconociese que a veces es la y Julio Ramón Ribeyro son todavía que leo me con-
y que, por ser la última que refrendó escritura de Paula la que consigue esos más interesantes como diaristas que mueva. Una vez más la deliberación
para su publicación, se lee como un efectos de intensificación de lo conven- como narradores, ¿le hago justicia a sobre las limitaciones y las potencias
involuntario y conmovedor testamen- cional, como cuando Inita se subleva la excepcionalidad de una obra que de la crítica se me presenta desde un
to intelectual. Enfermo de muerte, y se enternece por el dolor y el desam- podría considerarse menor o nada más punto de vista ético, antes que en tér-
esboza una teoría de la vida como paro que sufre la abuela que tuvieron me dejo llevar por un interés personal minos teóricos o metodológicos.
supervivencia, una teoría según la cual que dejar en un geriátrico, y el amor y en el que acaso se manifiesta una difi- En los últimos años escribí una serie
sólo el sobreviviente está en condicio- la furia resuenan en su voz). Supongo cultad para tratar con la ambigüedad de trabajos que sirvieron para que
nes de afirmar el proceso de vivir, que que para cualquier lector Zuckerman irreductible de la ficción? Tengo la pudiese reeditar, ampliando el índice
dice, en la lengua de los conceptos, es un alter ego de Roth, pero en mi caso fortuna de ser un crítico que casi no y desplazando un poco la perspectiva,
algo muy semejante a lo que sugieren tengo que confesar una disposición casi escribe más que sobre lo que le gusta, mi primer libro, Modos del ensayo, y
las narraciones de Tununa Mercado y ilimitada a tomar por efectivamente sobre lo que interpela sus emociones también, más o menos simultánea-
Un año sin amor de Pablo Pérez.) ocurridas y protagonizadas por el autor y sus formas de pensar. Por eso me mente, un libro dedicado casi por
Con la sola excepción del libro de las historias, a veces de una extrava- preocupa a veces que las obvias limita- completo a escrituras autobiográficas
Feiling, leí todo esto sin interés de gancia inaudita, del personaje. No es ciones de mi curiosidad lectora empo- al que esta confesión, deliberación o
encontrar algo sobre lo que pudiese que no sepa que la ficción se construye brezcan mi labor profesional. Si en una declaración de principios –ya veremos
escribir, para distraerme del malestar deformando violentamente la realidad librería o en la biblioteca de un amigo en qué termina– podría servir como
y el desasosiego que me provocaban y que de esa violencia depende en compruebo la presencia silenciosa de epílogo. En los modos del ensayo,
la inactividad más que para forzar una buena medida el efecto de realidad tantos relatos fantásticos, tantas nove- en algunas escrituras íntimas (cartas,
posibilidad de superarlos. Ayer le con- autobiográfica al que soy tan sensible, las históricas o de ciencia ficción que diarios, memorias) y en narraciones
taba de este nuevo bloqueo a una amiga pero tiendo a olvidarlo, porque así difícilmente leeré, ni me inquieto ni modeladas por las retóricas del ensayo
con la que me reúno periódicamente disfruto más. Cada vez que advertí que me siento en falta: hace tiempo apren- y la autobiografía descubrí o busqué
para “ponernos al tanto” (sin perder el el devenir de la trama rozaba el deli- dí –es uno de los privilegios de la las formas en que ciertas experiencias
gusto por la ironía, trató de consolarme rio y se enrarecía la identificación del madurez– que los límites de nuestros impersonales (la del amor, la de la
argumentando que no poder escribir es escritor ficticio con el verdadero (eso mundos imaginarios no se miden en enfermedad, la de la infancia) desvían,
también la prueba de que uno se con- ocurre sobre todo en la tercera novela términos de extensión sino de intensi- descomponen o suspenden los juegos
virtió en escritor), y al confrontar con del ciclo, La lección de anatomía, tal dad y que siempre es bueno perseverar de autofiguración en los que se sostie-
la suya la lista de mis lecturas desde el vez la mejor), tuve que poder procesar en la exploración de la propia rareza. ne el diálogo de los escritores con las
último encuentro, le llamó la atención primero el sentimiento de decepción Pero cuando reflexiono sobre lo que expectativas culturales que orientan

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la valoración social de sus obras. No “arbitrario” del acto de composición. me forzó a plantear el conjunto de una amistad con Carlos Monsiváis (“Con
creo que mis “objetos” y mis temas Si fuese un novelista y no careciese lectura crítica desde una perspectiva Monsiváis, el joven”) y las entradas
sean menos relevantes que otros: sé de imaginación creadora, supone que explícitamente autobiográfica.) Como de diario íntimo que registran lo que
que las relaciones entre fuerzas inter difícilmente podría usarla ya que hay Pizarnik, entiendo que las obras de pasaba por sus días (lecturas, tra-
y transubjetivas en la escritura de un algo intratable en las profundidades imaginación son más reales que las bajos, pasatiempos, encuentros con
diario pueden ser tan interesantes y de su naturaleza que se rebela con- que, de uno u otro modo, se sostienen amigos y episodios de la vida literaria,
dar tanto para pensar como las luchas tra toda forma de transposición. Sin en el pensamiento y en la facultad de anhelos, frustraciones) mientras vivió
por la legitimidad en el campo lite- proponérselo, la falta de creencia en reflexionar, que es necesario dar el en Barcelona a fines de los sesenta
rario argentino de la posdictadura o la verdad de la ficción reduciría sus salto al vacío de la imaginación, y des- (“Diario de Escudilliers”); si es seguro
las representaciones del mundo del tentativas novelescas “ya a la estricta prenderse de las identificaciones y del que volveré a alguno de estos textos, o
trabajo en la literatura argentina de autobiografía, ya a la obra con clave”2. poder de valorar, para experimentar la al ensayo sobre la contemporaneidad
“nuestro fin de siglo”. Como dije, las No es raro que a Pizarnik la fastidien realidad como una fuerza impersonal de Chéjov, antes de recorrer cualquie-
limitaciones que a veces temo no con- estos razonamientos en los que adivi- que nos atrae vertiginosamente hacia ra de sus novelas, es porque en ellos
ciernen a la mayor o menor extensión na una forma elegante de enmascarar lo desconocido3. Aunque el curso encuentro resonancias o alusiones a
del corpus textual sobre el que me inhibiciones. Su apuesta a la imagina- que tomó esta digresión podría darlo las cosas de la vida de escritor que me
aplico. Lo que me inquieta, desde el ción es tan genuina y absoluta como a entender, imaginación e impulso ilusionan o me obseden. Como lector
corazón secreto de lo que hago, tiene para que se le planteen reservas incluso autobiográfico o ensayístico no son, y escritor de mis lecturas me parezco
que ver con el presentimiento de que frente a una obra profunda y exquisita estrictamente, alternativas contrapues- bastante al viajero enamorado de la
tanto interés puesto en lo que pasa a –los epítetos le pertenecen– como la tas. (La intimidad a la que alude el repetición, e indiferente a los encan-
través de las escrituras autorreflexivas de Proust. Por la misma época en la título de la novela de Appratto es una tos de lo absolutamente nuevo, que
podría estar funcionando como una que registra las impresiones que le dimensión desconocida del vínculo también soy: antes que conocer otras,
coartada, muy productiva por cierto, dejó la lectura de Du Bos, anota en su filial que la narración bordea o señala volvería siempre a las tres o cuatro
para que pueda desentenderme sin diario el descontento que le provoca desde lejos gracias a la potencia de la ciudades extranjeras en las que, sin
conflictos de la exigencia, a la que mi saber que el mundo de la Recherche imaginación autobiográfica.) Si así lo perder la sensación de extrañeza, pre-
“formación” teórica me volvió tan sen- remite en su mayor parte a una rea- expuse, a través del diálogo desigual sentí que podría vivir. Me exalta esa
sible, de responder activamente desde lidad documental: si hubiese salido entre Du Bos y Pizarnik, fue tal vez mezcla de extranjería y familiaridad,
la crítica a la afirmación intransitiva por completo de la imaginación de su para dramatizar la tensión que agita estar de nuevo en un bar que podría
de la ficción, esa afirmación que ano- autor, le gustaría más. Como Du Bos, desde dentro mi escritura crítica y ser el de todas las mañanas y que al
nada hasta las certidumbres retóricas y sé que sólo puedo narrar a partir de un que me lleva a sospechar a veces que mismo tiempo conserva el atractivo de
(auto)referenciales con las que operan referente autobiográfico preciso y que podría no estar haciendo lo que sé lo distante e irreal. Supongo que hay
las “escrituras del yo”. me gustan mucho (y me gusta mucho –digo y hasta enseño– que hay que algo infantil en esto. Si lo miro con los
A veces siento que me alcanzan las escribir sobre) las novelas que trans- hacer si se quiere participar de la afir- ojos de un viajero menos previsible,
reservas y el menosprecio con el que ponen el universo privado y público mación de la experiencia literaria. limitarse de este modo podría pasar
Alejandra Pizarnik juzga en su diario la del autor. (Desde hace algún tiempo Esa sospecha puede agravarse cuando por la manifestación de alguna inhibi-
“impotencia creadora” de Charles Du barajo, con bastante seriedad, la posi- reparo en que la voluntad de identifi- ción muy fuerte (algo que quizá tam-
Bos, la suposición de que la confesada bilidad de escribir un libro sobre los cación que me atrae hacia las formas bién sea). Pero si lo miro con mis ojos,
imposibilidad del crítico de componer últimos días que pasamos juntos con autobiográficas me orienta todavía los de la madurez como fidelidad a lo
obras absolutamente imaginarias es papá antes de su accidente, y en todos con más fuerza en la búsqueda de que retorna de la mirada infantil para
síntoma de “una gran desconfianza en los esbozos se cruzan indefectiblemen- narraciones, ensayos o diarios que intensificar la percepción, descubro
sí mismo”1. Du Bos dedicó una exten- te los caminos de la narración con los exponen vidas en las que se refle- que cualquier viaje es una aventura,
sa entrada de su propio diario al exa- del ensayo. Querría escribir algo seme- jan más o menos directamente las no importa cuán –o cuán poco– sor-
men de esta imposibilidad en la que jante a Íntima de Roberto Appratto, la fantasías y los fantasmas que inquie- prendente sea el destino, si el que viaja
conjetura que un “exceso de vanidad” novela de otro hijo escritor fascinado tan la mía. Si todavía no leí ningún pasa en algún momento por la zona
y una “concepción bastante literal de por la excepcionalidad del padre, que relato de Sergio Pitol pero releí un de ambigüedad en la que lo próximo
la sinceridad” podrían estar en la base es al mismo tiempo una de las mejores par de veces El arte de la fuga, sobre y lo lejano, lo familiar y lo extranjero,
del rechazo que le despierta el carácter que leí en estos años y la primera que todo las memorias fragmentarias de su dejan de oponerse.

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Si aceptamos como cierto el lugar con la rivalidad, la enemistad y otras hasta ese momento sólo estaba seguro giana de no dejar pasar ningún juicio
común que identifica lectura, escri- miserias mayores). ¿En qué ficción de que algunos de los gestos en los que intelectual o estético que circule como
tura y viaje (y el ejercicio de la crítica podía encontrar un personaje que me había sorprendido a Rama, agitado interpretación dominante sin someter
con las memorias y los diarios de un resultase igual de atractivo? En ningu- al mismo tiempo por una necesidad sus criterios de valoración a un rápido
viajero), ¿no sería conveniente que, en na, por lo mismo por lo que el diarista exorbitante de reconocimiento y una e inflexible trata-
lugar de someterlas al juicio de una se convirtió casi inmediatamente en exigencia de objetividad acorde con miento impugna- Las limitaciones de la enseñan-
razón demasiado preocupada por su un personaje novelesco, en una figu- su rol de intelectual, habían termi- dor. Para definir za de la literatura y de la inves-
apariencia, expusiese mis limitaciones, ra que manifestaba una ambigüedad nado remitiéndome a otros deseos una posición de tigación y la crítica literaria
con inocente responsabilidad, ante esa discreta pero potente. La forma y el y otras exigencias cruzados, los que lucha que pudie- que se practican en nuestras
mirada que puede vislumbrar la aper- tono con los que Rama registró el sospechaba en el origen de algunos ra ser tomada universidades son obvias y ya
tura a lo desconocido en un desplaza- proceso de su vida, en contacto con “malentendidos” profesionales en los como un foco de fueron señaladas, en ocasiones
miento sin demasiadas novedades ni mi disposición a creer que la inteli- que a veces quedaba entrampado. Al resistencia a la con más perspicacia que la que
sorpresas? Al fin de cuentas, se pueden gencia a veces se mueve por impulsos Diario de Rama le debo la revelación pretenciosa bana- se desprende de las ironías de
ampliar indefinidamente los límites de que prefiere desconocer, intensificaron de que esa forma de escritura autobio- lidad de algunos Feiling, por ensayos escritos en
lo que conocemos, pero nadie puede el rapto identificatorio hasta conver- gráfica puede ser la más auténtica de hábitos cultura- los límites del orden académi-
experimentar más que lo desconocido tirlo en otra cosa. Cuando después todas, porque presenta la vida como les prestigiosos, co, ensayos que se propusieron,
de sí mismo, y esto vale tanto para el escribí un ensayo para disponer de las un proceso que está siempre in medias juega con inteli- y a veces lograron, explorar las
que se aventura al descubrimiento de impresiones que me dejó esa lectura res. Le debo también el descubrimien- gencia y elegan- tensiones entre conocimiento
mundos lejanos y diferentes, como para organizarlas bajo la forma de to de que lo que me atrae con más cia al anglófilo y saber, entre método y escritu-
para el que prefiere darle otra vuelta al argumentos críticos, varias veces noté fuerza en los gestos reflexivos con los exasperado por la ra, hasta el límite de sus posi-
mundo de lo familiar. que la identificación había terminado que me identifico es la posibilidad de falta de sensatez bilidades. Por supuesto que no
Cuando me enteré, gracias al entu- disolviéndose en una relación menos encontrar en ellos, sólo en ellos, la y sentido común tendríamos por qué pedirles a
siasmo de dos amigos escritores, que cierta, en un diálogo cuerpo a cuerpo afirmación secreta de alguna otra cosa de la francofilia las reseñas y las notas de un
se había publicado el Diario de Ángel con las fuerzas impersonales que se que conmueve mi intimidad. Ése es reinante. Como escritor que se hiciesen cargo
Rama y que, más allá de su múltiple enmascaran de moralidad en los gestos desde que lo leí mi predicamento crí- el joven Borges, de semejante empresa.
valor testimonial, la calidad literaria del crítico y que, sin que él lo sepa, sin tico, ahora que puedo formularlo. que a despecho
de este libro póstumo era sorpren- que pueda nombrarlas directamente Este elogio solapado y tendencioso de de su manifiesta ignorancia de la obra
dente, de inmediato supe que se iba en las anotaciones diarias, lo sostienen lo que tal vez habría que seguir consi- freudiana gastaba ironías contra el
a convertir en uno de los libros de mi en tensión hasta en los momentos derando limitaciones, puede comple- psicoanálisis, al que consideraba poco
vida. Aunque una cierta resistencia a más dramáticos, cuando parece que mentarse con otro que supongo más más que una superstición, Feiling ejer-
la sociología literaria (en estos casos van a derrumbarlo. Una vez presenté convincente y fácil de exponer: un ce la superioridad de su escepticis-
pienso que no se trata sólo de falta este ensayo en un congreso y después elogio de la teoría literaria como pers- mo contra los cultores vernáculos del
de interés) me había mantenido hasta de la lectura se me acercó alguien que pectiva y lengua convenientes para el “irracionalismo” que propaga, cual
entonces más o menos lejos de la había sido colaborador de Rama en ejercicio de una crítica afirmativa. Me epidemia, la obra de Foucault. El
mayor parte de la obra de Rama, esos Venezuela para asegurarme, con la dieron ganas de escribirlo mientras enemigo de todas sus escaramuzas es
fragmentos autobiográficos que me autoridad que confieren “lo visto y lo leía Con toda intención, al advertir que el “gusto medio intelectual”, o el “pro-
decían estaban tan bien escritos me vivido”, que el retrato espiritual que lo que en un principio había tomado gresismo ilustrado”, un punto de vista
interesaban como nada desde antes de había esbozado a fuerza de conjeturas como saludables ironías destinadas fraudulento que encarnan bien las
leerlos porque correspondían a episo- guardaba notables semejanzas con lo a desenmascarar las imposturas del figuras del profesor y el becario aliena-
dios de la vida de un crítico apasio- que recordaba como el rostro verdade- orden académico se iban volviendo, a dos por la “industria de las tesis de
nado e inteligente que transitó por el ro del original. Me alegré tanto como fuerza de repetición, gestos obsesivos. doctorado”, o la no menos embrutece-
mundo académico, ese mundo por el sentí frustrado. (Mi amiga, la que Con una franqueza y un coraje poco dora “industria de las Introducciones a
que pasan las pasiones, alegres y tristes, gusta ironizar, diría que esta ambigüe- habituales entre quienes practican la la Teoría Literaria”.
que tienen que ver en mi vida con el dad prueba que ser crítico no siempre crítica literaria dentro de los suple- Las limitaciones de la enseñanza de la
trabajo, la amistad, el compañerismo, significa haber renunciado al deseo mentos y las revistas culturales, Feiling literatura y de la investigación y la crí-
e incluso con el amor (también, claro, de escribir ficción.) Lo cierto es que repite a fines de los 80 la estrategia bor- tica literaria que se practican en nues-

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tras universidades son obvias y ya fue- repitiendo la lección o desea progresar antiacademicismo muchas veces banal de la intimidación teórica imaginen
ron señaladas, en ocasiones con más en el mundo académico”. Las supers- de otros críticos y escritores, desper- posibilidades de distanciarse ligera-
perspicacia que la que se desprende ticiones de la historia literaria que se taron en mí un impulso encomiástico mente de sí mismos para ver qué pasa,
de las ironías de Feiling, por ensayos enseña en las universidades modelan que puede prescindir muy bien, de qué se puede saber y escribir a través
escritos en los límites del orden aca- las preferencias de los lectores que ahora en más, de las gesticulaciones de ese intervalo.
démico, ensayos que se propusieron, ignoran su propia convicción y su pro- polémicas. (Después de haber escrito Una colega a la que me unen lazos
y a veces lograron, explorar las tensio- pia emoción (otra lección borgiana). varias veces sobre las virtudes éticas del más fuertes que los que los que
nes entre conoci- Pero a veces su obsesión por lo que arte de polemizar, acuerdo finalmente promueve la solidaridad teórica me
¿Por qué herida sangra el crí- miento y saber, considera el “autoritarismo” propio con el muy razonable y sensato punto puso en contacto hace algunos años
tico cuando, para subrayar la entre método y de la teoría literaria lo somete a una de vista foucaultiano, según el cual con un libro extraordinario de José
supuesta excepcionalidad de escritura, hasta retórica manifiestamente falaz, que nunca “sea ha visto surgir una idea Luis Pardo llamado La intimidad. Es
su gusto por las novelas a la el límite de sus sirve para que el rechazo se disfrace nueva de la polémica”5.) Si definimos curioso que nuestro muy informado
manera decimonónica, mete p o s i b i l i d a d e s . de afectación de sensatez (en toda la teoría literaria como una de las len- medio intelectual, que tanto interés
nada menos que a Barthes den- Por supuesto que repetición obsesiva se puede adivinar guas de saber que usan los “especialis- viene prestando a las prácticas y los
tro de la bolsa de los teóricos no tendríamos la huella de algún resentimiento). ¿Por tas” para conversar entre colegas sobre géneros identificados con la “esfera”
que desprestigian el realismo por qué pedirles qué herida sangra el crítico cuando, literatura, el interés y la eficacia de los de lo íntimo, no registre su existen-
por considerarlo un discurso a las reseñas y para subrayar la supuesta excepcio- ensayos que discurren entre conceptos cia. Esto se debe seguramente a que
ideologizante que no promue- las notas de un nalidad de su gusto por las novelas a y argumentos teóricos dependen de el sentido del concepto de intimidad
ve entre los lectores más que escritor que se la manera decimonónica, mete nada los usos que el crítico sepa o pueda que propone Pardo no se deja pensar
hábitos de consumo? hiciesen cargo menos que a Barthes dentro de la darles a esos artefactos retóricos. Hay desde un punto de vista sociológico y
de semejante bolsa de los teóricos que desprestigian quien los usa para autorizar la repro- a que presupone modos de existencia
empresa. Agradezcámosles, en todo el realismo por considerarlo un dis- ducción de un pensamiento y hay que tienen que ver con lo imperso-
caso, con una elegancia que sirva no curso ideologizante que no promueve quien los usa para tratar de pensar. nal, lo imperceptible y lo imposible
sólo para disimular el rencor, sino entre los lectores más que hábitos Digamos que el autoritarismo tiene de decir directamente. Lo íntimo no
también para transmutarlo en otra de consumo?4 Supongo que Feiling que ver con uno de estos usos posibles, sería tanto “una sutil gradación de lo
cosa, que al violentar nuestra autoes- habrá escuchado más de una vez, en tal vez más extendido entre profesores privado”6, como una dimensión irre-
tima nos impongan la necesidad de sus años de estudiante o en los que y becarios de lo que querría reconocer, presentable de la subjetividad, una
volver a pensar con cierta distancia las dedicó a la enseñanza de la literatura, pero poco, según mi experiencia, con reserva de indeterminación que esca-
condiciones y los alcances de nuestros a algún profesor y algunos estudiantes lo que transmite el estilo barthesiano: pa a la dialéctica simple en la que lo
actos. Se los agradezco, pero prefiero seducidos por su vanguardismo repetir la exigencia y el deseo de que los con- privado y lo público se oponen para
dejar para otra ocasión ese necesario esa cantinela seudoteórica. Lo raro es ceptos, que son lugares comunes pero poder complementarse. Tiene que ver
autoexamen y avanzar en la exposi- que, a despecho de su inteligencia, también gestos enunciativos, nos ayu- con la manifestación de una distancia
ción de las razones que me llevaron haya preferido tomar por enunciados den a imaginar por qué una realidad indecible que impide tanto identi-
a suponer que esta profesión de fe de Barthes esa forma reductora, y cier- cultural específica, un hecho verbal ficarse, apropiarse sin restos de uno
podía ser también un buen lugar para tamente autoritaria, de usarlo. que por su construcción y sus fuerzas mismo, como ser identificado; una
el elogio de la teoría literaria (no de la Barthes es mi valor. Barthes, las tensio- pragmáticas vale lo mismo que otros, distancia que fuerza la enunciación,
disciplina, claro, de la que sé más bien nes e incluso las contradicciones que puede imponerse a nuestra sensibili- hace hablar o escribir, y transforma
poco, sino de un modo de argumentar recorren su escritura ensayística, repre- dad como un acontecimiento único secretamente cualquier performance
que se vale de conceptos y tiende a la senta la figura del crítico que querría sin imponernos nada. Como cualquier autobiográfica en una experiencia de
generalización, al que los otros, para ser. Aunque es probable que pocos lo lengua, porque todas se definen como la propia ajenidad. Esta otra versión
ejercer su voluntad de identificación o hayan leído, el librito que le dediqué una trama de estereotipos, la teoría de la intimidad, que habla de lo ínti-
de rechazo, llaman “teórico”). hace más de diez años me exime de la literaria sirve para que algunos reali- mamente desconocido que “aparece
Feiling tiene algunas ocurrencias bri- necesidad de exponer aquí las razones cen su voluntad de imponerse a la de en el lenguaje como lo que el lengua-
llantes, como cuando sospecha que de esta apuesta excesiva que desborda otros, dominarla o inhibirla. Puede je no puede (sino que quiere) decir”,
si alguien dice que prefiere leer a la simple identificación. Los prejuicios servir también para que esos mismos está siempre ligada según Pardo al
Sarmiento que a Mansilla o “está de Feiling, en los que reconozco el que padecen y reproducen los poderes arte de contar la vida, a la posibilidad

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que tienen las palabras de suspender cirla demasiado, la ambigüedad de los ciones (Lluvia de Simenon, en primer atención a los agradecimientos por-
su significación para transmitir sen- afectos que transmiten algunas formas lugar), el recuerdo de anécdotas que que aparecía mencionado (como si le
timientos y emociones “en estado autobiográficas: la retórica epistolar me hicieron lamentar no llevar un hubiese dicho que no hacía falta que
afectivamente puro”7. de un hijo que busca aproximarse diario en el que pudiese conservarlas y lo leyese porque seguía usando ejem-
No cuesta mucho imaginar los usos para conservar la distancia, el entra- algunas cartas. (Escribo como amigo, plos). Él también tenía un regalo, esta
autoritarios que se le podrían dar a este mado insidioso de los recuerdos en las no como lector, por eso no agradez- vez para mi hija que iba a cumplir un
concepto de intimidad tan diferente memorias de un donjuán decadente co también su literatura.) Cuando año. Algunos días después, el lunes 13
de otros, tan interesado en afirmar su decidido a olvidar, o los ejercicios todavía no habíamos accedido al uso de agosto de 2001, recibí este mail:
diferencia. Como nadie puede leerse espirituales de un diarista que cuida del correo electrónico, más o menos
desde un lugar distinto al que supone de cerca su enfermedad para que no se a mediados de los noventa, Aira me Mon cher Alberto:
que escribió, no tiene sentido que debiliten sus peligros. escribió tres o cuatro cartas muy perdón por no escribir-
remita a alguno de mis ensayos sobre La teoría literaria, cuando los que la extensas, verdaderos ensayos epistola- te hasta ahora (de paso, feliz cumpleaños
las experiencias íntimas que recorren practican creen en el valor de un saber res dedicados a “refutar” mis planteos atrasado a Emilita) pero quería termi-
y desdoblan las escrituras autobio- sobre la literatura que no participa críticos de entonces. Recuerdo bien nar tu Puig, cosa que hice anoche. Es
gráficas como prueba inequívoca de de algún modo de sus misterios y sus una “refutación”, así las llama él, excelente. Tu mejor libro. Lo leí palabra
que son posibles otros usos menos encantos, puede servir para que algún de “Tontas ocurrencias”, mi primer por palabra, “giro del pensamiento” por
reprochables. Al margen de cualquier profesor pedante y autoritario encause ensayo sobre Felisberto Hernández, “giro del pensamiento”, y era como si lo
voluntad de confrontación, si fuese sus risibles apetencias de dominación. y otra de “La supersticiosa ética del estuviera escribiendo yo. Identificación
una posibilidad de los humanos des- La teoría literaria que me gusta pensar lector”, uno de mis caballitos en las total. Se me ocurre que tiene algo de
plazarnos hacia tales márgenes, quiero es la que aprendí y enseño, sirve para batallas metacríticas. Aunque tomaba “último libro”, como si fuera tu despe-
recordar que la lectura del libro de que en los críticos académicos se des- esa correspondencia como una espe- dida de la ortopedia de la literatura
Pardo fue para mí la ocasión de volver pierte una sensibilidad de ensayista: cie de privilegio, casi siempre queda- y ahora salieras a una temática más
a aprender algunas cosas que ya había los fuerza a no desconocer, no tanto ba decepcionado, no tanto porque amplia. Como si tu etapa de crítico
descubierto en Barthes o Blanchot: porque las reconozcan como porque esperara un improbable asentimiento, literario hubiera sido un aprendizaje,
que lo más potente de la literatura quieran escribir a partir de ellas, las como porque el argumento refutador como en tu querido Barthes cuando se
tiene que ver con que presenta sin razones íntimas de su identificación giraba invariablemente alrededor del puso a escribir sobre el amor, la fotogra-
dar y que los conceptos que piensan con algunos conceptos y con el estilo lugar común aireano, al que yo sus- fía, él mismo, la civilización. Este libro
lo paradójico de ese acontecimiento de argumentación que le imponen. cribía con entusiasmo, de que no mismo, si lo sacás a Puig, la excusa de
se escriben con sutileza. Lo volví a La intimidad de un crítico… ¿a quién conviene usar ejemplos para explicar Puig, ya es uno de esos tratados del alma
aprender, y no es lo mismo que haber- puede importarle? A otro crítico, a la literatura, porque la lógica del que escribían los moralistas franceses,
lo reconocido, cuando el concepto de uno de esos que mientras escribe se ejemplo es refractaria a la apreciación de La Bruyére a Stendhal, persiguiendo
intimidad sirvió para darles una forma imagina un personaje de novela. de particularidades absolutas. ¿No era sutilezas y repliegues de los secretos de
problemática a los argumentos críticos eso lo que yo trataba de demostrar? nuestras vidas. (Entre paréntesis, ¡qué
que se me iban ocurriendo mientras Después de que el juego de las refu- realista genial fue Puig! ¡Qué salto en el
leía las cartas familiares de Puig, las Addenda taciones se interrumpió, me seguí concepto de realismo. No hay nada ni
memorias de Bioy Casares o los diarios ocupando de que le llegasen mis libros remotamente parecido en la literatura
de John Cheever y sentía que a través A veces los críticos se transforman apenas publicados, sobre todo porque argentina.) (...)
de los gestos privados y los ademanes en personajes de novela fuera de su cada vez que nos veíamos él me rega-
públicos pasaban otras cosas menos escritura. Una vez me pasó y puedo laba el último suyo, pero por años Cualquiera que conozca a Aira de
reconocibles, cosas que proyectaban asegurar que no tiene nada que ver evité que el tema de nuestras con- cerca sabe que el fantasma de la ironía
inmediatamente esas escrituras no lite- con la muy discreta experiencia a la versaciones volviese a ser mi trabajo. acecha en los énfasis que desequilibran
rarias hacia los dominios de la ficción. que alude esta profesión de fe cuando Durante el coloquio sobre políticas del sus elogios. Igual acepté como ciertos
Lo que en sus usos se define como la trata “lo novelesco de la crítica”. Le ensayo que hicimos en Rosario en los los que le dedicó a mi libro pensan-
potencia teórica de este concepto tiene debo ese sobresalto a la amistad con primeros días de agoto de 2001, le di do en que esa improbable y excesiva
que ver, según mi experiencia, con que César Aira. No sé si lo compensa, un ejemplar de Manuel Puig, la con- “identificación total” remitía tal vez a
abre posibilidades de pensar, sin redu- pero le debo también varias revela- versación infinita y le pedí que prestase una vivencia de lectura auténtica. Sin

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reconocerse, Aira podría haber recono- articula el saber con ciertas experiencias Alentado por el tono de sus comen- plazándose hacia sus bordes exterio-
cido como genuinamente interesante subjetivas que desbordan lo concep- tarios al libro sobre Puig, alguna vez res, me inquieta porque lo reconozco
mi sostenido esfuerzo por desarrollar, tual, pero algo se resiste a que pueda le volví a mandar a Aira lo que estaba como propio en la medida en que no
a través de conceptos y estrategias crí- identificar como propio ese deseo de escribiendo para que me contase qué puedo atribuir las expectativas de Aira
ticas, la ambigüedad y la clarividencia una existencia radicalmente distinta y le parecía. Actué con esa peligrosa nada más que a un capricho de su
que transmiten las intuiciones de sus lo devuelve convertido en un mandato necedad infantil que hace que todavía extravagancia generosa y destructiva.
dos ensayos sobre Puig. Como sea, lo pesado. Debes volverte escritor, porque nos ilusione lo que ya sabemos que ¿De dónde sale si no el proyecto, que
que impactó con más fuerza sobre mi parece que así lo quieres, desprendiéndote es imposible que pueda ocurrir. Para seguramente no voy a realizar, pero
conciencia, después de rebotar contra de la “ortopedia” literaria. No es que crea que viese cuánto había progresado quién sabe, de narrar los últimos días
lo que imagino es un anudamiento imposible, ni siquiera extremadamente en el estudio de las sutilezas y los que pasamos juntos con papá, entre
íntimo de anhelos y temores, fue la idea difícil, pasar de la crítica a la narrativa repliegues del alma humana (la iden- General Villegas y Rosario, antes de
fascinante, pero difícil de sostener para o la poesía, si sólo se tratase de sustituir tificación con los moralistas fran- su accidente? No tengo escrita ni una
alguien que se define como un profesor una retórica por otra. (Todos conoce- ceses, aunque excesiva, me pareció palabra, pero varias veces comencé a
que escribe, de que La conversación infi- mos poetas que se volvieron tales frente apropiada), le recomendé sobre todo recorrer imaginariamente los caminos
nita transmite un deseo de abandonar a la recurrente imposibilidad de redac- la lectura de “Unos días en la vida de la rememoración y si en todos la
la crítica y pasar a otra cosa en la que tar una ponencia para algún congreso.) de Ángel Rama”. Demoró mucho literatura de un modo u otro estuvo
el encuentro de escritura y vida pudiera El problema es que supongo que cual- la respuesta y cuando finalmente presente –porque estuvimos juntos
darse con tanta intensidad como en los quiera de esos cambios de registro me nos reunimos me dijo que sí, que el en unas jornadas sobre Puig, porque
últimos ensayos de Barthes, los más llevaría más lejos de la literatura que lo ensayo estaba bien escrito, pero que conversamos con Aira en un bar de
extraordinarios de una obra extraordi- que estoy en este momento, mientras no me había podido encontrar en él, Villegas, porque en el viaje de vuelta
naria. Enseguida entendí y acepté el reflexiono sobre, y acaso en, los límites y pasó rápidamente a otra cosa para leí La experiencia sensible–, nunca la
mensaje (el que me llegaba desde el de mi condición de crítico. A lo que se no abrumarme con su decepción. necesité como soporte “ortopédico”
libro a través de la recensión privada refiere el mensaje de Aira es a la posi- ¿Estoy o no en lo que escribí sobre la para poder moverme.
de Aira): si quería volverme como mi bilidad de dar un salto desde la crítica, intimidad del otro crítico? Sé que sí, Hasta aquí llego. No sé si para salir del
“querido” Barthes, tendría que olvidar- que no importa con cuanta ironía se pero temo que no. Y el temor hace vacío de escritura en el que voy a caer
me también de él, de la identificación la practique siempre queda pegada a evidente que la pregunta apunta a la después de terminar esta profesión de
con la figura del crítico-ensayista que imposturas metalingüísticas, hacia la posibilidad de aparecer, no sólo indi- fe, tendré que encontrarle otra vuelta
responde activamente a la afirmación invención de una forma ensayística que rectamente, sino bajo las condiciones a la retórica del ensayo crítico (parece
de lo intratable de la literatura; tendría pueda desenvolverse según impulsos de una transformación radical: en el tan agotada), o si finalmente me voy a
que olvidarme hasta de la idea de la inmanentes, que prescinda incluso de olvido de mi identidad como crítico. probar como narrador y autobiógrafo.
crítica como conversación con la lite- los usos más interesantes de la teoría, Aunque se trata de un problema que No lo sé. No lo puedo saber.
ratura aunque todavía fuese mi norte de su tendencia a la generalización. no podría resolverse desde dentro del
y nunca la hubiese encarnado. ¿A qué Para dar ese salto no hacen falta com- ejercicio de la crítica, ni siquiera des- (*) CONICET
otra cosa podía invitarme el “mons- petencia ni talento, sólo convicción. Si
truo” de Flores si no a una fuga hacia de veras creyese que lo que me salió al
adelante? Hasta el fondo de lo desconoci- paso como la afirmación de un valor
do para alcanzar por fin lo novelesco, ya también es un llamado desde lo desco- NOTAS
no de la crítica, sino del crítico. nocido que habla de la posibilidad de
1. Alejandra Pizarnik, Diarios, Barcelona, Lumen, 2003, p. 123.
Desde un principio traté de acordar con una vida más fuerte, le respondería con 2. Charles Du Bos, Extractos de un diario 1908-1928, Buenos Aires, Emecé, 1947, pp. 246-247.
las impresiones de Aira sobre La conver- decisión. Pero como sigo creyendo que 3. ¿Es necesario volver a recordar que lo que en contextos como éste llamamos “lo desconocido” no se confunde
sación infinita sin tener que hacerme literatura es lo que escriben otros, aun- con lo que no se conoce o falta conocer en general, sino que remite a la puntual desaparición de las condiciones
que hacen posible el conocimiento en una ocasión irrepetible?
cargo de lo que me parecía y todavía me que no sé si esa creencia se sostiene en 4. Cfr. “Un novelista de otro siglo”, en Con toda intención, Buenos Aires, Sudamericana, 2006, p. 182.
parece una exigencia excesiva. Me gusta lo que quiero o en su negación, todavía 5. Michel Foucault: “Polémica, política y problematizaciones”, en Estética, ética y hermenéutica, Obras esencia-
pensar que, como los buenos libros de prefiero las imposturas menores de la les, Volumen III, Barcelona, Paidós, 1999, p. 354.
6. Leonor Arfuch: “Cronotopías de la intimidad”, en Leonor Arfuch (compiladora): Pensar este tiempo. Espacios,
crítica, el mío sobre Puig manifiesta crítica a la más pretenciosa de actuar afectos, pertenencias, Buenos Aires, Paidós, 2005, p. 239.
sus deseos de volverse literatura porque como si fuese un escritor. 7. José Luis Pardo: La intimidad, Valencia, Pre-Textos, 1996, p. 55.

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Crítica de la crítica 1 La crítica, si queremos recuperar las


resonancias kantianas del término, si
queremos, ante todo, despojarla de
Lo que llamamos obra no es o no
coincide con lo que empíricamente
se denomina así; en todo caso, esta
(Negatividad y mimetismo) ese sentido banal que el periodismo
cultural ha sedimentado para signi-
última es precisamente la realidad en
el sentido cristalizado del término.
ficar pedagogía, mediación entre el Realidad de las jergas, de las influen-
Por Juan Bautista Ritvo público supuestamente ávido y la obra cias, de los gustos, de las canoniza-
supuestamente encerrada en su altiva ciones y de las
aristocracia, comentario altivo, ama- d e g r a d a c i o n e s No hay crítica sin negativi-
ble, erudito, resentido ante la obra o al de las jerarquías, dad y la negatividad empieza
revés, comentario sabio o displicente, realidad de un por constituirse contra la rea-
educativo o hermético, mas en cual- marco institu- lidad, contra la realidad cuyo
quier caso comentario, es decir, algo cional sin el cual, producto censura la actividad
En los últimos tiempos, la crítica ha sido mode- en definitiva prescindible luego de ser no obstante, la desgarrada, antagónica, con-
lada por las formas del periodismo cultural. usado como corresponde, aunque la obra no podría trastante y contradictoria que
infatuación lo eleve a la categoría de surgir y subsis- lo ha constituido, que lo está
Este hecho, según Juan Ritvo, la convierte en un ciencia, atiborrándolo de jergas técni- tir en tanto que constituyendo, que lo habrá
ejercicio banal dotado de cuestionables modos cas tomadas de las más diversas disci- tal, en tanto que de constituir en un futuro
pedagógicos y funciones mediadoras entre un plinas à la page, la crítica, entonces, si ideal que es pre- que repetirá las vacilaciones,
público expectante y una obra cuya interioridad merece este nombre que refiere a exa- ciso reconstruir los azares, los repliegues y las
men (y antes que nada examen de las y que jamás será heridas del presente; es decir,
queda reducida a rasgos aristocráticos, lejanos de condiciones de posibilidad), división, dado, como no del ahora inaudito.
las apetencias del nuevo mercado cultural. Esta apartamiento, debe, antes que nada, es dada ninguna
situación coloca al pretendido crítico en funcio- antes que comunicar a la misma obra ejecución perfecta de una partitura
nes de comentarista de las obras, a menudo ador- literaria con el público, comunicar a la musical, y no por razones misteriosas
nado de jergas técnicas interdisciplinarias capa- obra con lo que ella tiene de extrema e que harían de la partitura la encarna-
indecidiblemente incomunicable. ción de vaya a saberse qué universo
ces de otorgarle status académico. Pero Ritvo No hay crítica sin negatividad y la celeste, sino porque cada ejecución
insiste en recuperar la sensibilidad kantiana de la negatividad empieza por constituirse gira en torno a un centro ausente,
crítica en cuanto examen cuya práctica, lejos de contra la realidad2, contra la realidad pero no abstracto, porque siempre
comunicar la obra con sus expectantes lectores, cuyo producto censura la actividad está atravesado por las huellas que
desgarrada, antagónica, contrastante dejan allí la multiplicidad de ejecu-
intenta “comunicar” aquello que de “incomuni- y contradictoria que lo ha constitui- ciones, sobre todo las que son a la vez
cable” hay en toda obra que se precie de tal. Para do, que lo está constituyendo, que lo excepcionales y extremas.
ello, es necesario retomar la negación como fun- habrá de constituir en un futuro que (Toda obra, si merece el nombre de tal,
damento (anterior a toda mímesis), despoján- repetirá las vacilaciones, los azares, los si su realidad no se consuma en la rea-
repliegues y las heridas del presente; es lidad del libro, es excepcional –fuera
dola del carácter de la dialéctica hegeliana, para decir, del ahora inaudito. de clase –y extrema– le es inherente no
detectar en la obra su “excepcionalidad extrema” (Podríamos decir, con y contra Hegel, diré representar sino expresar lo que se
antes que su realidad cristalizada. Negación que que el resultado arroja de sí y sin acerca, de ambos lados de la infinitud,
queda destruida en el momento en el que logra retorno, buena parte del proceso que infinitud intensiva e infinitud exten-
esa comunicación con el corazón secreto de la hasta él llegó, casi como un corredor siva, al límite de la composición, allí
exhausto que alcanza, por fin, la meta. donde el saber se descompone.)
obra, cuya fascinación mágica logra vislumbrar- Por eso el ejercicio de la negatividad Pero no hablo de la negación en cuan-
se en la agonía, y en cuyas evocaciones, los pade- tiene un carácter más simple, más to tal, que Hegel tiene razón, es la
cimientos colectivos dejan de ser tales. ascético que en Hegel.) abstracción carente de forma, sino de

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la negación determinada, determinada del genio (en el sentido que el siglo damente adecuada puede mostrarse, no Murena en el comienzo de su “Retrato
y a la vez afirmada. XVIII podía asignarle a ese voca- decirse; obviamente uso estos términos del poeta”6, cuando encabeza la serie
Es la negación que en la superficie blo, que designa menos a la persona en el sentido de Wittgenstein: con “IMAGÍNENSELO”, así, con
de la comunicación comunica con lo supuestamente genial que a la brusca no mostramos lo que se da a ver, sino que mayúsculas: no escribe “Imaginen” ni
incomunicable, hace de lo inconmen- iluminación del espíritu, alcanzado mostramos lo que se sustrae de la visión tampoco “Imagínenlo”; el uso enclíti-
surable la medida imposible de toda por el rayo del dios), evoca con una en la visión misma, aunque deje su hue- co del poema tiene ese doble aspecto,
medida. Al comunicar con lo inco- sabiduría sin saber, con un artificio lla, su ceniza, esa ceniza que indagamos el “lo” remite al objeto, el “se” al sujeto
municable, la negación pierde toda refinado y no obstante inocente, con un antes de que el viento la disperse. convocado a memorar, a inventar; hay
dimensión dialéctica, ya no puede sufrimiento deslumbrado y deslumbran- como un imperativo deíctico orien-
encarnar la nega- te y por eso mismo la evoca con un sufri- Al igual que la intuición de algo no tado por la escena y el escenario del
Es la negación que en la super- ción de la nega- miento que ya no es sufrimiento. intuible que gusta mencionar Adorno, poeta de la patria, José Hernández,
ficie de la comunicación comu- ción: se ha comu- Ha dicho Valéry: “Lo bello tal vez la obra debe librar ese momento dis- tomados ambos, poeta y patria, en su
nica con lo incomunicable, nicado con algo exija la imitación servil de lo que es cordante que la habita y que hace que desnudez esencial; el poeta derribado
hace de lo inconmensurable que la destruye indefinible en las cosas”5. ella se edifique tan sólo para que el por la tristeza y el corazón que fallaba,
la medida imposible de toda y que a la vez Esta agudeza, que posee el encanto de rayo de la fascinación irrumpa con y la patria cifra casi borrada del cenota-
medida. Al comunicar con lo descubre lo que la paradoja, es absolutamente verdade- por los medios más sutiles del proce- fio del padre.
incomunicable, la negación obra en la obra; ra; y sin embargo uno no puede evitar dimiento artístico. Transcribo la última estrofa –la última
pierde toda dimensión dialéc- es la fuerza de la la pregunta: ¿cómo la forma puede imi- (“Tan sólo…” es una restricción adver- escena– del poema:
tica, ya no puede encarnar la mímesis, en el tar lo informe? bial no demasiado conveniente: es que
negación de la negación: se ha sentido que recu- En este punto la mímesis según el rayo aparece fugazmente y no por- Imagínenselo ahora,
comunicado con algo que la pera Adorno3, Caillois, la mimesis cuyo sentido reto- que se oculte: no tiene otra realidad Mercaderes, capitanes, políticos,
destruye y que a la vez descu- desviándolo del ma Adorno, quien adrede ha citado que esa fugacidad evocada por medios hombres eminentes y hombres oscuros,
bre lo que obra en la obra; es uso antiguo e esta frase de Valéry, adquiere su esta- diligentes, laboriosos, distribuidos por almas enfermas de un tiempo
la fuerza de la mimesis, en el incluso del uso tuto singular. El ojo (o falso ojo, más etapas y por medio de la conjetura que perdió el futuro, imaginémoslo,
sentido que recupera Adorno. clásico o neoclá- bien) del ala de la mariposa es un dise- más experimental que pueda conce- Su corazón late todavía
sico, gracias a lo ño preciso que al tomar contacto con birse: nada puede ni podrá reunir en en el vivo viento de las tardes claras,
que Caillois ha captado no en el arte el organismo hechizado se difunde y una misma unidad temporal el rayo toquémoslo con el sentimiento y la
sino en la naturaleza y en las activi- se vierte por todos lados como halo y el trueno; la fascinación consiste mente:
dades rituales o mágicas del hombre; sombrío y no obstante luminoso, halo [ahora sí] sólo en eso: se ve el fulgurar será como si nos purificáramos.
la máscara del brujo, el falso ojo de de muerte, en definitiva; es algo seme- que se nos escapa, se escucha lo que
las alas de las mariposas –el denomi- jante al vértigo del alpinista atraído nos sacude antes de que podamos ubi- Al finalizar la tercera parte del primer
nado ocelo–, el travestismo animal, por el fondo, allá al pie de la montaña; carlo con precisión.) volumen de En busca del tiempo perdi-
el disfraz, la actividad intimidatoria y también es algo que evoca, a través La actividad negatriz debe primero do, Proust recuerda:
que simula un poder que no se posee de la máscara del hechicero, repug- sustraerse a ese empuje mimético para
pero que no cesa de provocar estupor nante y vil, que arteramente succiona luego entregarse a él; pero en la sus- Esta complejidad del Bois de Boulogne,
o espanto, son actividades en las cua- y abate la resistencia de la criatura, el tracción sigue operando la fuerza irra- que lo convierte en un lugar facticio
les la semejanza, sin duda existente, pavor del que despierta sin cesar para cional y en la entrega el abandono y, en el sentido zoológico o mitológico
es perfectamente secundaria4, porque no cesar de estar incluido en la asfixia está lejos de ser relajación; siempre de la palabra, en un jardín, la he
lo que allí se pone en acción, es un del dormir ciego. conserva el tenor de la atención, en el vuelto a encontrar este año cuando lo
modo, pasivo o activo, intencional o Sin embargo, la forma que atrae lo sentido kafkiano del vocablo. atravesaba, para ir a Trianon, una
no, de convocar la fuerza de la fascina- sin forma, debe tener algo adecuado, A veces, la irrupción del momento de esas primeras mañanas de este mes
ción, ese elemento irracional presente precisamente adecuado, insustituible, mimético puede provenir de una sola de noviembre al que, en París, en las
en la magia, en el amor, en las pasio- conforme incluso con aquello que palabra, con la condición de que con- casas, la proximidad y la privación
nes colectivas, en esos momentos en rechaza cualquier conformidad, para dense de modo extremo (otra vez el del espectáculo del otoño, que termina
que todo parece irse a pique; y que la poder generar pavor, temor, reveren- extremo) el conjunto del escrito. tan pronto y sin que uno asista a él,
obra literaria, si aspira a la dimensión cia. Sólo que esa adecuación inadecua- Por ejemplo, la invocación que hace confieren una nostalgia, una verdadera

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fiebre de hojas muertas que puede llegar facticio y tembloroso contorno. Cuando en claro, de sendero en sendero, cier- montaje de esos contrastes extremos
hasta no dejarnos dormir. En mi cuarto un rayo de sol doraba las ramas más tos intervalos que permiten ordenar, que son el armazón vivo de la obra,
cerrado se interponían desde hacía un altas, éstas parecían, impregnadas de provisoriamente, una forma, una dis- a trenzar, es el verbo que usa Proust
mes, evocadas por mi deseo de verlas, una humedad refulgente, emerger solas posición, que luego el ritmo y la –tresser, junto a retrancher, aquí ver-
entre mi pensamiento y cualquier otro de la atmósfera líquida, color de esme- textura de la prosa, el ondular espe- tido como “recortar”–, la luz y la
objeto al que me aplicaba, arremoli- ralda, en que la arboleda entera estaba jeante del juego metafórico, llevan a oscuridad, el fulgor y la tiniebla, a
nándose como esas manchas amarillas sumergida, como en el mar.7 su culminación que es su combustión establecer una columna de sombra
que a veces, adonde quiera que mire- y que, lejos de apagarse, se prolonga rodeada de luz o, en inversión simétri-
mos, bailan ante nuestros ojos. Y esa “Facticio” (factice8) es uno de los voca- en la configuración del texto: combus- ca, un fantasma de claridad que cierne
mañana, al no oír más la lluvia que blos claves de este fragmento textual. tión de segundo grado, combustión el contorno facticio, cuyo temblor
caía como los días anteriores, al ver el Es, sin duda, lo artificial, opuesto en incombustible, luz que se opaca y per- denuncia lo negro.
buen tiempo que sonreía en los ángulos toda la línea a lo así llamado natural. manece, no obstante, indeleble. Dos elementos
de las cortinas cerradas, como las comi- Pero la acepción proustiana de “natu- ¿Qué es lo inimitable? No cabe aquí polares que se En todas las articulaciones
suras de una boca cerrada que deja ral” tiene otra extensión que la habi- establecer una duplicidad estática y trenzan (se com- posibles de la crítica y de la
escapar el secreto de su felicidad, sentí tual: aunque se presente en primer simple que opondría lo simplemente binan) en dos mímesis, Proust es constante-
que podría mirar esas hojas amarillas, plano el tiempo en que el narrador imitable a lo igual y simplemente formas simétri- mente ejemplar, al igual que,
atravesadas por la luz, en su suprema atraviesa el Bois para ir a Trianon, el inimitable; la imitación (la antigua, cas y en posición en otro campo y con otros
belleza: y no pudiendo contener ya el tiempo de la narración es el momento que no es tan distinta de la moderna, inversa la una registros, lo es Kafka.
deseo de ir a ver los árboles, del mismo del “cuarto cerrado”, la temporaliza- salvo porque ésta revela –lo que no es con respecto a la
modo que antes no podía, cuando el ción extática del recuerdo que vaga poco– lo que la primera oculta) busca otra; no se podría, en verdad, pedir
viento soplaba fuerte en mi chimenea, y divaga desde el mar espectral de y se esfuerza por adoptar un perfil mayor sencillez estructural; y, sin
dejar de ir a la orilla del mar, salí su propio cuarto. Todo lo que no es isomórfico, pero el mismo término de embargo, ese mismo dispositivo es ya
camino de Trianon atravesando el Bois este cuarto, todo lo que no pertenece comparación se evade, se difumina y la magia que fascina, la causa eficien-
de Boulogne... una doble hilera de a la red metafórica del encierro y del como el objeto de la ciencia infusa, se te que hechiza y desborda por todos
castaños arananjados parecía, como repliegue nostálgico hacia el interior, pierde dejando tras sí algunas briznas lados los contornos de la forma,
en un cuadro apenas iniciado, haber hacia el alma intermitente, todo eso elementales de incógnita. en la misma medida en que lo sin
sido pintada por un decorador que no pertenece a lo “natural”, la naturaleza Así prepara el terreno en el cual estaba medida no es sombra, no es luz, es
había puesto color en el resto…Y el Bois salvaje, la cultivada y aun la historia. situada desde antes y sin saberlo: ya no ambigüedad cuyos términos se alejan
tenía el aspecto provisorio y facticio Pero a la inversa, ese exceso de artifi- hay fenómeno que imitar, ya no hay el uno del otro, el uno en el otro;
(...) en el crepúsculo que se inicia, se cialidad, ese exceso de convención que tampoco esencia alguna que capturar ambigüedad extrema y suprema que
ilumina como una lámpara, proyecta a aparentemente se desprende de la mate- con el esfuerzo de la inteligencia: lo convoca sin poder nombrarlos a esos
distancia sobre el follaje un reflejo arti- rialidad, por una torsión que le es propia inimitable (que, es importante, nunca términos extremos que son los míti-
ficial y cálido y hace llamear las hojas alcanza, en última instancia, algo incon- se reduce a una pura generalidad, por- cos alfa y omega; alfa sin alfa, omega
superiores de un árbol que sigue siendo mensurable, algo no facticio. que continúa siendo este inimitable, el sin omega.
el candelabro incombustible y opaco de Como en tantos momentos de Proust, inimitable singular de una imitación En todas las articulaciones posibles
su cúspide incendiada. (...) Iba hacia la mímesis imita lo radicalmente ini- fallida y singular) se torna poso y pozo de la crítica y de la mímesis, Proust
el paseo de las Acacias... La luz atraía mitable y fracasa triunfando, y no por de un remolino de manchas amarillas es constantemente ejemplar, al igual
diestramente a dos árboles y, utilizando rehusarse a imitar; por el contrario, y que bailan ante nuestros ojos, rehu- que, en otro campo y con otros regis-
el cincel poderoso del rayo de la sombra, acusadamente en esta escena del Bois, sándose a fijarse en una imagen cen- tros, lo es Kafka.
recortaba a cada cual una mitad de sus los códigos paisajísticos, botánicos, trada, nítida, espesa, inmóvil. La multiplicación sutil de los códigos,
troncos y sus ramas y, trenzando las dos escultóricos, pictóricos que siempre Nos introducimos en lo informe que la ironía que lo muestra solidario
mitades que quedaban, las convertía convoca para apresar a su objeto (obje- yace en la travesía de la forma, en el con rituales, valoraciones, ideales, de
en una sola columna de sombra que to construido y jamás dado, como vértigo que captura un movimiento los que no ignora sus límites y hasta
delimitaba la iluminación de alrede- ocurre en toda obra, mas aquí con del alma que, más allá de la nostalgia, sus profundas miserias, la inteligencia
dor, o un único fantasma de claridad plena conciencia de ello) atraviesan, su causa ocasional, alcanza, con el formal que puede urdir frases serpen-
cuya red de sombra negra cernía el de plantación en plantación, de claro cincel del rayo y de la sombra, con el teantes y larguísimas, en apariencia

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invertebradas que, pese a lo cual, son ausencia de trascendencia, o que ins-


efectiva, profundamente vertebradas, taura (lo que viene a ser lo mismo)
se disponen en abanico, y así multipli- una suerte de trascendencia blanca:
cación, inteligencia, ironía, acabarán otro de los nombres de la legendaria
por cerrarse, postreramente, sobre el mímesis que nos acosa de maneras que
misterio cuyo torbellino es clara y remiten a un imposible foco de iden-
ardientemente (claridad y ardor que tidad que sólo apreciamos caso por
desarman, sin duda) el punto último caso, oportunidad por oportunidad;
del silencio, el punto último de la como quien dice, en cada ocasión.

NOTAS

1. Este texto está inspirado en “Acerca de la crítica”, de Maurice Blanchot, que figura como prefacio a su Sade
y Lautréamont, Buenos Aires, Ediciones del Mediodía, 1967.
2. Hegel, G. W. F., Ciencia de la lógica, Buenos Aires, Hachette, 1956, T. I, pp. 146/7.
3. Adorno, Th. W., Teoría estética, Obra completa, vol. 7, Madrid, Akal, 2004, pp. 156/8.
4. Caillois, R, Medusa y Cia. Barcelona, Seix Barral, 1968.
5. Cit. en p. 102 del texto mencionado en la nota 3.
6. Murena, H. A., Visiones de Babel, Buenos Aires, FCE, pp. 482/3.
7. Cito según la versión de Estela Canto, con algunas correcciones: Proust, M. Del lado de Swann, Buenos
Aires, Losada, 2000, pp.440/2; Proust, M. Du côté de chez Swann, Paris, Folio Classique, 2001, pp. 414/6.
8. En la versión de Estela Canto y en varias oportunidades se vierte factice “ficción o ficticio” lo cual es un
despropósito; ambos vocablos conservan la connotación de “engaño” pero el primero apunta a lo “artificial” y
se opone así a lo “espontáneo”; el segundo opone lo “imaginario” a lo “real”. Habría que preguntarse si buena
parte de lo que llamamos ficción, no merecería mejor ser llamado “género facticio”; El realismo corriente es
indiscutiblemente ficticio, pero en modo alguno facticio –o si lo es–, lo es a pesar suyo. Franz Kafka

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Un crítico se mide frente a Delfina Muschietti piensa el problema de la traducción en la poe-
su motivo inspirador, que fre- sía. Un arte que no consiste meramente en el pasaje de una lengua
cuentemente es un nombre, a otra, sino que requiere de una sensibilidad capaz de acompañar
otro nombre. Es usual escribir las respiraciones y cadencias del texto. Con estas premisas, compara
bajo el dulce dictamen de un el trabajo de traducción de Amelia Roselli y Silvina Ocampo.
nombre que se quiere –es el Susana Cella analiza las formas de la escritura de Juan José Saer.
caso de los ensayos críticos de Textos que escapan de las vocaciones explicativas y representativas
Nombres, linajes esta sección– pero nada impide
que ellos nos hagan recordar
para sumergirse en una indagación de otro orden: nuestro ser en
el mundo que despliega una perspectiva desde la que valorar el
el movimiento contrario. El sentido de la crítica.
y recorridos del escritor por la antípoda. Martín Kohan realiza una audaz meditación sobre Héctor
En el célebre ensayo proustiano Libertella –recientemente fallecido– de quien rescata su apuesta
Contra Sainte-Beuve se dice a partir del desarrollo de un lenguaje que roza con lo ilegible y
que este crítico no distingue que resiste, por esta vía, a la lógica comunicativa mercantil. Una
entre ocupación literaria y con- apuesta que elude la complacencia instrumental para adentrarse
versación. Siendo el periodismo en el mundo de los sobrevivientes.
el resultado de la conversación, se pierde el elemento distanciador que, Guillermo David descubre a un Bianco, lector de Proust, siem-
previo a la amistad, es el fundamento de la crítica. Pero agreguemos: pre en fuga, queriendo escapar de la obra para poder inspirarse
no la mera distancia, sino el pathos de la distancia, que en realidad en ella. Un rescate paradojal en el que está en juego un vínculo
consiste en pensar frente al abismo, o frente a la irresoluble disparidad narrativo y existencial.
entre las cosas. Así considerada, esa distancia es la crítica. Sería bueno Horacio González encuentra en los estilos de los críticos argentinos
preguntarse si ese distanciamiento no estaría también presente en las las claves para pensar el devenir de una práctica que, errante, se
celebraciones críticas, cuando éstas festejan y se satisfacen con su objeto. erigió a través de un dilema constituyente: las pretensiones totali-
Allí es la amistad la que se ejerce como una invisible forma de distan- zadoras de la literatura y las invenciones singulares como polos de
cia. Estos artículos lo demuestran, pues sostienen la amistad a la vez un murmullo crítico que persevera en su dificultad.
que la desesperación de no ser materia homóloga de lo que se habla. Pablo De Santis evoca a Jaime Rest, amable prologuista, que bus-
Daniel Link propone pensar el archivo como serie que emerge de caba un público lector que escapara de la pretensión especialista
la falla que toda colección ofrece. En ese vacío se inscribe la obra y encasilladora de la literatura para rescatarla en sus intentos de
de Copi, Eva Perón, cuya pretensión busca reparar la ausencia que “aferrarse a la vida” que ella misma es capaz de producir.
había alrededor de esta figura en la producción literaria. Silvio Mattoni retoma una recurrente relación: pensarse en
Jorge Monteleone nos ofrece dos intervenciones en las que visita otro, como Oscar Masotta se pensó en Roberto Arlt. Un sugesti-
dos estilos de la crítica literaria. Ana Barrenechea es considerada a vo modo de abordar los misterios de los personajes arltianos que
partir de las obsesiones que constituyeron sus búsquedas: descifrar los (im)posibilitan la libertad.
enigmas, los secretos virtuales, de la obra borgeana en una empresa Polemista firme respecto a la constitución de la identidad nacio-
tan infinita como el autor. En la figura de Enrique Pezzoni –a nal, el recorrido de Roberto Giusti –didáctico y con pretensiones
quien extraña y recrea– halla los rasgos de un habla literaria que, modernizadoras– es reconstruido por Verónica Delgado, quien
oscilante y sigilosa, busca las señales en las “voces de los textos”. evoca la ingenuidad de aquella vocación fundacional.

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Nombres, linajes y recorridos N° 4-5 | Verano 2006

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Poéticas de inventario En un pasaje justamente célebre de


su busca de tiempos perdidos, Marcel
Proust ha proporcionado una imagen
forma que está ya allí, pero incom-
pleta. Incompleta, en primer lugar,
porque responde a la dinámica de
Fuera de serie: Eva Perón 1 definitiva del conflicto entre anes-
tesia e hiperestesia que atraviesa la
serie (en el caso concreto de Proust y
su novela, se trata de una doble serie
modernidad y todavía nos alcanza. tournoyant:3 helicoidal, y hundida
Por Daniel Link (*) Me refiero al episodio en el cual el en el tiempo), antes que a la de la
narrador refiere todo lo que le viene colección de recuerdos y, en segundo
de una taza de tilo que le ha ofrecido término, porque a la serie virtual le
A través de Proust, de Agamben y de Foucault, la madre y, antes, su Tante Leonie. Si falta el catalizador que la revele como
Daniel Link nos incita a repensar algunos de los tantas veces se ha señalado el equívoco tal y no como mera colección.
de leer como texto memorialístico uno La lista o colección que interpela
conceptos a los que apelamos para (re)construir esa que no lo es en nada, es porque se pasa al narrador y lo
sustancia resbalosa y efímera que constituye el pasa- por alto algo en ese episodio que grita arrastra hacia ella ... en el hueco de esa falla (en
do. Memoria e historia son puestas en tela de juicio con toda su fuerza: lo que la memoria (“todas las flores la marca de esa ausencia) es
cuando se trata de reflexionar sobre el sentido del involuntaria introduce como un rayo de nuestro jardín donde el narrador cae (debe
en la conciencia del narrador llega y las del parque caer) para que se reconozcan
término archivo: no lista sino serie; no colección como “un décor de théâtre”. Todo del señor Swann las formas en lo informe, los
(como conjunto azaroso) sino sistema gobernado sucede como en: y las ninfeas del planos de composición o de
por cierta lógica. Como consecuencia de ello, el Vivonne”), “todo inmanencia que atraviesan el
ce jeu où les Japonais s’amusent à eso”, en su infi- caos, la serie en la lista, el
archivo reclama un operador que introduzca deter- tremper dans un bol de porcelaine nitud, se mues- archivo en la colección.
minado criterio entre los documentos para que rempli d’eau, de petits morceaux de tra incompleto y
éstos se revelen como posibles fabulaciones a partir papier jusque-là indistincts qui, à fallado: en el hueco de esa falla (en
peine y sont-ils plongéss’étirent, se con- la marca de esa ausencia) es donde el
de la falla que toda colección presenta.
tournent, se colorent, se différencient, narrador cae (debe caer) para que se
Hasta la década del 70 –sostiene Link– nuestro país deviennent desfleurs, des maisons, des reconozcan las formas en lo informe,
adolecía de un vacío en la serie de figuras de Evita personnages consistants et reconnais- los planos de composición o de inma-
que había inventariado la literatura. Copi denuncia sables, de même maintenant toutes les nencia que atraviesan el caos, la serie
fleurs de notre jardin et celles du parc en la lista, el archivo en la colección.
esta ausencia que, con su obra de teatro Eva Perón, de M. Swann, et les nymphéas de la No es tanto que lo Imaginario interpe-
pretende saldar. Precisamente, Evita y Eva Perón Vivonne, et les bonnes gens du village le al sujeto (como podría sostener una
proponen el desdoblamiento de la identidad entre et leurs petits logis et l’église et tout lectura memorialista del fragmento
Combray et ses environs, tout cela qui proustiano) y lo arrastre en el pozo
la mujer de Estado y aquella mujer de las tareas prend forme et solidité, est sorti, ville sin fondo del recuerdo, sino que, al
políticas con un pasado ligado al espectáculo, más et jardins, de ma tasse de thé.2 hacerlo, permite una revelación (en el
próxima al imaginario popular. Así, Copi logra sentido óptico, no trascendental). Es
sustraerse respecto al par memoria-olvido, logran- En lo aparentemente informe, dice el pasaje de la colección a la serie pero,
Proust, hay una forma secreta pero sobre todo, de la lista a la serie, o de la
do mostrar de qué modo ambas mujeres coexisten, consistente (funciona, de hecho, en colección al archivo.
una como sombra de la otra. un plano de consistencia que corta Antes de la articulación entre el sujeto
Desgarrada por fuerzas antagónicas, la valoración de el caos: es una poiesis y no una mera y la colección o la serie todo es del
referencia). No se trata de una forma orden de lo Imaginario (y, por lo tanto,
Copi fue, con el tiempo, tan exaltada como reproba- oculta y acechante que la conciencia de la máquina binaria trascendental de
da. Así suele ocurrir con pensadores inclasificables, metódica podría llegar a describir las identificaciones especulares: “me
pensadores fuera de serie que convocan extremos. con paciencia y suplicio sino de una gusta”/“no me gusta”). Postular una

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disciplina de lo Imaginario (una ana- Leo, en la novela proustiana, ese “sis- Me propongo, pues, abrir ante ustedes el hervidero de agua. Salgo por fin a la
lítica del polvillo de sentido o del tema de relaciones entre lo no dicho” el archivo Copi, sobre quien Foucault calle. Estoy en París, es mayo.12
rumor de la historia), como en su y lo dicho en el momento en que planeaba un libro que no terminó de
momento lo hizo Roland Barthes,4 alguien sin nombre dice yo. Así, no es escribir y cuya dirección desconoce- “Estoy en París, es mayo” aclara, hacia
sólo sería posible en la medida en que la palabra “invertido” (repetida hasta mos de acuerdo con severas restric- el final de un fragmento narrativo que
el sujeto opere en esa dimensión para la náusea a lo largo de su novela) ni ciones testamentarias. Más allá (o más mucho le debe a (y que puede com-
transformarla en otra cosa. la palabra “homosexual” (que Proust acá) de las fabulosas hipótesis que petir con) los mejores momentos de
Lo que nos enseña el narrador de la consideraba germánica y pedante) la sobre esas páginas podríamos sostener, Salambó de Flaubert, el Copi del rela-
novela proustia- que hiere la memoria del narrador abro el archivo Copi por la página to. Sabemos que la escena responde a
Nada menos historicista que el na es que se llega para transformarla en otra cosa, sino donde se toca con el archivo Foucault. las alarmas del Dr. Michel Foucault
goce del archivista, cuya única al archivo (no al la palabra Tante (que Proust envi- En la novela Le bal des folles (1978), el
función es operar como revela- recuerdo), sólo en diaba del estilo vulgar de Balzac). narrador (un escritor llamado Copi),
dor de una serie que lo incluye el momento en El archivo proustiano se abre por el hace estallar las calderas de los Baños
y lo arrastra en su singulari- que se encuentra lado de la Tante (su posición a la vez Continental, en Place de l’Opera,
dad, lo hace devenir con él. el lugar (vacío, interior y exterior, su hiperestesia, su donde ha ido a refugiarse después de
fallado) en una punto de vista).7 Y el archivo supone haber cometido varios asesinatos:
colección o una lista y cuando ese lugar la identificación de esa dimensión no
es el lugar de la propia inscripción en semántica del lenguaje.8 Pongo el termostato a cien, subo las
tanto operador en relación con ella. Las listas y las colecciones organizan escaleras lo más aprisa que puedo
Tiene razón Giorgio Agamben cuan- documentos. El archivo y la serie cons- (...), y apenas he salido de las calderas
do señala que lo que Foucault llama tituyen monumentos que, por su pro- cuando ya oigo la explosión. Al llegar
archivo no corresponde al archivo en pia consistencia, se sustraen tanto a la al pasillo de las cabinas la puerta de
sentido estricto –es decir, al depósi- memoria como al olvido. Nada menos vapor ya se ha venido abajo, y sale de
to que cataloga las huellas de lo ya historicista que el goce del archivista,9 ella un vapor tan espeso que apenas se
dicho para consignarlas a la memoria cuya única función es operar como ve nada: se oyen gritos, hay heridos con
futura– ni a la babélica biblioteca que revelador de una serie que lo incluye y quemaduras graves. Yo avanzo lo más
recoge el polvo de los enunciados para lo arrastra en su singularidad, lo hace rápido que puedo hacia la piscina, el
permitir su resurrección bajo la mira- devenir con él: “Un monumento no agua hirviendo empieza a desbordar-
da del historiador.5 conmemora, no honra algo que ocurrió, se. Al poner el pie en el primer escalón
El archivo es, para Foucault y también sino que susurra al oído del porvenir las de salida, el agua ya me llega a la
para Agamben (a quien cito): sensaciones persistentes que encarna el suela del zapato. Varias locas descalzas
acontecimiento”, puntualizaron Deleuze empiezan a gritar. Algunas me ade-
la masa de lo no semántico inscripta en y Guattari.10 “El acto del monumento lantan por la escalera, con sus capu-
cada discurso significante como función no es la memoria, sino la fabulación.”11 chas aún en la cabeza, pero no más
de su enunciación, el margen oscuro que El archivo es como esas papirolas evo- de una docena, las demás todavía no
circunda y delimita cada toma concreta cadas por Proust, que se abren no para se han dado cuenta del peligro. Subo
de palabra. Entre la memoria obsesiva revelar las vicisitudes de un mundo las escaleras de dos en dos, perseguido
de la tradición, que conoce sólo lo ya muerto sino un acontecimiento que por el agua hirviendo. Veo a una loca quien, en esos mismos baños, hacia Copi, por Juan Rearte
dicho, y la excesiva desenvoltura del retorna, sucede todo el tiempo y en esa que nada tras de mí, dando grandes mediados de la década del setenta,
olvido, que se entrega en exclusiva a lo persistencia nos arrastra. chillidos, logra agarrarse a la rampa habría comentado con el autor la posi-
nunca dicho, el archivo es lo no dicho o Es inútil, pues, interrogar al monu- de la escalera, y yo le doy la mano para bilidad de un accidente semejante.13
lo decible que está inscripto en todo lo mento buscando el sentido de lo dicho ayudarla a subir, está tan caliente que Copi hace el relato de la experiencia
dicho por el simple hecho de haber sido porque él es la encarnación de lo decible, estoy a punto de quemarme, pero poco (imaginaria) que Foucault le transmite
enunciado, el fragmento de memoria que queda no dicho en el acto mismo de importa, cuando la atraigo hacia mí (como una peste) y es esa articulación
que queda olvidado en cada momento decirlo: el afuera del lenguaje, el hecho me doy cuenta de que ya está muerta. de dos archivos lo que permite com-
en el acto de decir yo.6 bruto de su existencia como acto. La suelto, y el cadáver cae de nuevo en prender la lógica de Copi, cuyo arte,

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todavía no muy bien comprendido, es Creo haber ahogado todos mis tangos en De modo que durante 1969, todavía metralleta en las manos no hay tiempo
la aplicación literal (la puesta en mar- las arenas movedizas del olvido durante bajo los efectos del Mayo francés, tal para pensar en la felicidad, y cuando
cha hasta sus últimas consecuencias) de los quince años en que fui bastante mal vez del Cordobazo y, sin duda alguna, se muere a los 33 años con un imperio
unidades (móviles) de lo Imaginario. visto en los medios intelectuales, por un en relación con el ánimo que la clausu- que se escapa de las manos, tampoco se
Uno de sus más agudos comentado- lado por culpa de una obra de teatro ra de la muestra argentina “Tucumán tiene tiempo de pensar en la felicidad.
res, César Aira, ha insistido en que “el representada en París en 1969, en la que arde” pudo haber provocado en sus
tránsito de Copi hacia la imagen (...) la prensa argentina creyó apropiado y útil amigos que en ella intervinieron (esos Copi: ¿Qué tono desearía usted qué
es un aumento leer un insulto a la memoria de la señora “fantasmas demasiado urgentes” que le dé a la pieza?
Se trata, una vez más, de rozar de las velocida- Eva Perón, mal visto, por otra parte, por ha evocado Jorge Monteleone20), Copi Eva: El más atroz.
lo Imaginario e ir más allá, sólo des, hasta rozar el poder de aquel momento, como por diseña un dispositivo para ahogar sus Lo que sorpren- En la entrevista, Copi (que ya
que, en este caso, Copi decide lo Imaginario, y todos mis hermanos, dos de los cuales tangos en las arenas del olvido, una de de del texto es había terminado de escribir la
atravesar (herir de muerte) dos más allá.”14 Es viven hoy en París y otro en México.17 cuyas primeras piezas (y una de las más su inexactitud pieza) entrega una imagen de
Imaginarios: la novela familiar ese más allá de importantes) es el acontecimiento Eva como presenta- Eva Perón que (más aun que
y el imaginario político que, en lo Imaginario Nacido en el seno de una familia mí- Perón: una obra de teatro “de título ción de una obra en la pieza de teatro), “tiene
su perspectiva (como en la de lo que constitu- tica en la historia cultural argentina, redundante”, un atentado pirómano y en la cual Eva mucho de parecido con la
Borges, la de Victoria Ocampo ye lo propio del para Copi el asunto “Eva Perón” es un “un lugar respetable en los periódicos Perón no sólo no ópera-rock de Webber y Rice”,
o la de Gertrude Stein), se archivo Copi (de episodio de la memoria familiar: del mundo entero”. muere, sino que pero que no desdeña el papel
intersectan todo el tiempo. todo archivo): el El 24 de febrero de 1970, pocos días declara a la enfer- de capitana armada de una
momento en que El día mismo en que [mi hermano me- antes del estreno de la pieza, Copi pu- medad como una Revolución. La metralleta y el
la imaginación abandona los terrores nor Juan Carlos] llegó de la clínica en blicó en Le Figaro (el mismo diario que, artimaña política tip-tap, al mismo tiempo.
y los anhelos de las identificaciones brazos de mi madre, la policía invadió hasta el affaire Dreyfus, había cobijado para preservar el
especulares y se vuelve acto (de escri- la casa y mi padre logró huir. Yo tenía los desvaríos diletantes de Proust) una régimen. El cadáver no será el de la
tura y de ascesis): transformación del seis años. Mi madre, mis dos hermanitos breve entrevista a Eva Perón: propia Eva sino el de la enfermera a
yo y, con ella, la doble implicación: la y yo nos exiliamos en Montevideo pocos la que ella misma asesina, en un rapto
puesta en movimiento de la serie, su días antes del 17 de octubre de 1945, fe- Copi: ¿Cómo debería contarse la de “frenesí isabelino” (las palabras son
aparición como una forma. cha de la Revolución Peronista, cuya vio- historia de Eva Perón? de Beatriz Sarlo21), antes de vestir-
En marzo de 1970, algunos años antes lencia se desató en parte contra el diario Eva: Quiero que cuente todo: mis la con su vestido “presidencial”. Por
de ese encuentro entre dos celebridades radical de mi familia, Crítica.18 comienzos difíciles, mi carrera de supuesto, la obra tampoco tiene tres
de la intelligentzia parisina post 68, star en las pantallas latinoamericanas, actos sino sólo uno y se desentiende
Copi había estrenado la obra de teatro Se trata, una vez más, de rozar lo Ima- mi llegada triunfal a Hollywood. En completamente del progreso artístico-
Eva Perón,15 dirigida por Alfredo Arias ginario e ir más allá, sólo que, en este el segundo acto, el regreso a mi pa- político de Eva Duarte, a la que se ve
y protagonizada por Facundo Bo, para caso, Copi decide atravesar (herir de tria para ponerme al frente del mo- ya convertida en mito inasible: una
escándalo de sus contemporáneos, que muerte) dos Imaginarios: la novela fa- vimiento de los pobres. En el tercer unidad del Imaginario político pero
a uno y otro lado del Atlántico saluda- miliar y el imaginario político que, en acto logro la gloria, me enfermo, pero también de la novela familiar.
ron el acontecimiento con amenazas de su perspectiva (como en la de Borges, la antes de morir logro salvar a América En Eva Perón no hay números musica-
muerte. Mientras en el teatro l’Épée de de Victoria Ocampo o la de Gertrude Latina del imperialismo americano y les pero sobre todo está ausente la Evita
Bois, en cuyas paredes apareció la leyen- Stein), se intersectan todo el tiempo: del totalitarismo ruso. En cuanto al montonera que la entrevista parece
da Vive le Justicialisme,16 se provocó un estilo, me gusta el melodrama, pero evocar. No se equivoca Beatriz Sarlo
incendio durante una representación, El Argentino, para quien la Historia es desearía algunos números musicales cuando insiste en que “atribuir a Copi
la familia de Copi tuvo que abandonar contemporánea de la novela, se compla- para poder mostrar mi experiencia en una virulencia política en línea con las
precipitadamente Buenos Aires. En un ce recortándola en capítulos precisos de el tip-tap. Desearía un melodrama sin ideologías setentistas es colocarlo en
texto autobiográfico, el mismo Copi títulos redundantes como Eva Perón, las exageraciones, para no ofender a la un lugar donde él no se coloca”22 y en
se ha referido a ese acontecimiento en Madres de Desaparecidos, la Guerra crítica vanguardista. que “su materia es la leyenda negra del
relación con la escena familiar, sin la de Malvinas, que siempre les deparan, evitismo, no su leyenda revoluciona-
cual no se entiende cabalmente la expe- de año en año, un lugar respetable en los Copi: ¿Ha sido usted feliz? ria”23, pero esa sentencia pierde consis-
riencia que Copi está haciendo: periódicos del mundo entero.19 Eva: Cuando se llega al poder con una tencia si se piensa, más allá de la pieza

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teatral, en el acontecimiento complejo Salvo excepciones, la crítica especia- Perón había firmado duchampiana- al propio lenguaje y al sujeto en cuanto
del que forma parte. Copi convoca lizada ha aceptado con unanimidad mente, ya enferma, con el título La puro semblante.30 Hay una falla de las
imaginarios completos (incluso el de burocrática26 esa nómina de textos razón de mi vida (1951). Allí Eva Perón identidades, cada una de las cuales
la Revolución) para transformarlos y de la que falta, sin embargo, lo que explica la razón de la serie (es decir, lo supone un más allá del nombre:
transformarse en otra cosa. revele su forma. infinito de lo finito, lo que ordenará
En la entrevista, Copi (que ya había En la pieza de Copi, ha señalado para siempre la serie y el archivo): Los hombres de gobierno, los dirigentes
terminado de escribir la pieza) entrega César Aira: políticos, los embajadores, los hombres de
una imagen de Eva Perón que (más A la doble personalidad de Perón debía empresa, profesionales, intelectuales, etc.,
aun que en la pieza de teatro), “tiene Evita travesti, el sueño del mito, sobre- corresponder una doble personalidad que me visitan suelen llamarme “Señora”;
mucho de parecido con la ópera-rock vive para difundirse por el mundo como en mí: una, la de Eva Perón, mujer y algunos incluso me dicen públicamente
de Webber y Rice”24, pero que no imagen. Ésta es la primera profecía que del Presidente, cuyo trabajo es sencillo y “Excelentísima o Dignísima Señora” y
desdeña el papel de capitana armada contiene la pieza: porque efectivamente agradable, trabajo de los días de fiesta, aun, a veces, “Señora Presidenta”.
de una Revolución. La metralleta y el a partir de ella sobrevino la moda Evita, de recibir honores, de funciones de gala;
tip-tap, al mismo tiempo. la comedia musical, etcétera.27 y otra, la de Evita, mujer del Líder de Hasta la intervención de Copi en
Ahora bien, lo que presentan en común un pueblo que ha depositado en él toda el memorial literario de Eva Perón,
las dos Evas de Copi es que ambas están, Eso hace Copi, arranca una unidad su fe, toda su esperanza y todo su amor. nadie la había
en 1970, vivas y sueltas por el mundo. del imaginario peronista (no impor- Unos pocos días al año represento el pa- llamado de ese Se trata de una mujer que repre-
No habitan el depósito que cataloga las ta si su posición es properonista o pel de Eva Perón; y en ese papel creo que modo, desaten- senta el papel de Eva Perón:
huellas de lo ya dicho ni el polvo de antiperonista, porque el imaginario me desempeño cada vez mejor, pues no diendo la razón una personalidad escindida, un
los enunciados pasados. Eva Perón es político completo de los argentinos es me parece difícil ni desagradable. de la serie. Antes cuerpo doble que es, con dife-
convocada para que diga en nombre de peronista) y de la novela familiar (por- La inmensa mayoría de los días soy en que Copi, Borges rentes nombres, ya Aparato de
Copi lo que de sí se sustrae, al mismo que el imaginario peronista le llega cambio Evita, puente tendido entre las había escrito “Eva Estado, ya parte del imaginario
tiempo, a la memoria y al olvido, al por vía paterna y porque el imaginario esperanzas del pueblo y las manos rea- Duarte” y “la popular y, lo que es de capi-
silencio y al ruido. Copi se abre a la peronista es patriarcal) y la proyecta lizadoras de Perón, primera peronista muñeca rubia” tal importancia, una parte no
memoria de Eva Perón para encontrar hacia el futuro: hacia la comedia musi- argentina, y éste sí que me resulta papel (la niña y el cadá- coincide con la otra.
allí los trajes que vestirá mañana. cal (como observan con perspicacia difícil, y en el que nunca estoy totalmen- ver). Antes y des-
En su “Nota sobre la traducción” de Aira y Sarlo), hacia la acción política te contenta de mí. pués que Borges, Juan Carlos Onetti,
Eva Perón, Jorge Monteleone (a quien (como casi nadie parece querer notar De Eva Perón no interesa que hablemos. David Viñas y Rodolfo Walsh optaron
Beatriz Sarlo corrige25) incluye la pieza de la pieza de Copi), que supone una Lo que ella hace aparece demasiado por el no-nombre: “Ella”, “esa mujer”,
de Copi en una “serie” de textos más revolución, si no montonera28, segura- profusamente en los diarios y revistas de “la señora.”31 Néstor Perlongher la
o menos canónicos de la literatura mente antropológica. todas partes29. llama “Evita”, retomando la desig-
argentina. La hipotética serie es, en Varias, diríamos, son las piezas que nación propia de los evitólatras, y
realidad, una lista, cuyos primeros faltan para que la lista se comporte Y sin embargo esa Eva Perón, capaz Beatriz Sarlo analiza los procesos de
términos (cronológicos) son: como serie: una de ellas, natural- de ocupar “un lugar respetable en los construcción de la soberanía política
“Ella” (1953) de Juan Carlos Onetti mente, es el propio Copi, que se deja periódicos del mundo entero” vuelve, a partir de su imagen designándola
“Ella”, objeto de necrofilia popular arrastrar por una marea de la ima- con Copi, para decir lo mismo y otra como “Eva” (la primera mujer, la res-
“El simulacro” (1960) de Borges “La ginación con la elegancia de quien cosa. Se trata de una mujer que repre- ponsable de la caída).
muñeca rubia”, “Eva Duarte” sabe que sólo así podrá ahogar todos senta el papel de Eva Perón: una per- Copi es el primero que nombra lo
“La señora muerta” (1963) de David sus tangos y que, al hacerlo, revela la sonalidad escindida, un cuerpo doble innombrable: la relación de “esa mujer”,
Viñas “La señora”, “la yegua ésa” forma de lo informe. que es, con diferentes nombres, ya de “la señora” con el Estado. Por eso,
“Esa mujer” (1965) de Rodolfo Walsh Las otras son la pieza Evita (1976) de Aparato de Estado, ya parte del ima- su pieza se llama Eva Perón, aunque su
“Esa mujer”, objeto de deseo necrofílico Webber y Rice (el Bildungsroman pop ginario popular y, lo que es de capital personaje habla bajo la máscara de Evita
“Eva Perón (1969-1970) de Copi que toma como fuente la diatriba The importancia, una parte no coincide con (y en esa distancia se cifra el secreto de
“Eva Perón” Woman with the Whip [1952] de Mary la otra. Como sombra de la sombra, la historia). Por eso, es imposible con-
“Evita vive” (1975) de Néstor Main [María Flores], otra de las piezas tales imágenes revelan la distancia de signar en el archivo Copi la pieza teatral
Perlongher “Evita” faltantes) y la autobiografía que Eva sí consigo misma que resulta inherente llamada Eva Perón y desasignarla de la

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entrevista en la que hace hablar a Eva: las para componer un personaje que con- nada”, habría dicho Eva a su marido (decorativa) de Evitas literarias y se
dos, caras de la misma moneda. fundiera a los oficiales de aduana según el alucinado relato de Damonte inscribe en relación con ella para
Esa figura doble, prevista por un per- que conocían bien su foto), sino que (padre). Como señala Beatriz Sarlo, hacer que la serie funcione pero,
sonaje psicosomático en un texto que comenta con apatía la adecuación de Copi trabaja a partir de esos “discursos sobre todo, para sacar a Eva Perón
es a la vez su memoria y su testamento, ese relato al Imaginario paterno: “Lo de infancia”: convoca una “imagen de del armario en que se ha encerrado,
irrumpe con toda su fuerza para desba- vi más distendido que nunca, casi Perón con migraña, enfermedad feme- presa ella también del Imaginario de
ratar la novela familiar: no se trata de triunfal”. Es ese triunfo del Imaginario nina”35 como continuación del Perón los otros. La Madre dice: “Se ence-
oponerse a ese relato sino de llevarlo patriarcal lo que Copi convoca para afeminado que su padre había diseña- rró en el placard y no quiere salir”.
hasta sus últimas consecuencias. formar parte de su dispositivo. do para divertimento de sus vástagos Concebido como armario, placard o
¿Qué esperaba Raúl Damonte, el padre Es verdad que Copi decide no llevar (ya que no había forma de incluirlos closet, el archivo sólo puede esperar
de Copi (que se llamaba como él y como el nombre del padre (Raúl Damonte en la política parlamentaria). a sus asesinos. De lo que se trata es
su abuelo mater- es lo que Copi no quiere ni puede ser) No es que Copi retome y desarrolle de re-usar lo que
Esa figura doble, prevista por no: Raúl Natalio pero, al mismo tiempo, es evidente la voz del padre y la someta a “un el archivo con- También en esto las enseñan-
un personaje psicosomático Damonte Botana), que decide repetir su intensa relación giro paródico, pero no para el lado tiene y seguir zas de Proust y de Copi se
en un texto que es a la vez la quinta pieza que con el acontecimiento peronista, jugar de la revolución política sino hacia el juego de las parecen. Para postular una
su memoria y su testamento, hay que incorpo- el mismo juego. el lado de un populismo negro que voces previas. teoría completa y radical de la
irrumpe con toda su fuerza rar a la lista para Aquel que años después, en su autobio- dice: pues bien, en la Rosada hay Copi lo hizo y, al transexualidad como la que en
para desbaratar la novela fami- que la serie fun- grafía, habría de reflexionar sobre el exi- una puta vestida por Dior, ¿y qué?”36. hacerlo, profanó sus obras se deja leer hay que
liar: no se trata de oponerse a cione (hable) por lio paterno en los siguientes términos: Nada más lejano a Copi que el deseo la novela familiar profanar lo sagrado. Proust
ese relato sino de llevarlo hasta sí misma?: de parodiar al padre. Nada más ajeno y el Imaginario llamaba sadismo a esa relación.
sus últimas consecuencias. Mi padre, que tenía el hábito del exilio, al dispositivo de Copi que la parodia peronista (es Copi, sencillamente, teatro.
Su ilusión de ayu- lo consideraba como el período de la vida de discursos. Más bien se trata de decir: político).
darme a emprender a su imagen una en que los hombres se abren a la libertad. seguirlo, de repetir sus pasos, hasta También en esto las enseñanzas de
carrera política en Argentina (eso para Pero mi madre y nosotros, niños, aun la extenuación. Si Evita, puta, vestía Proust y de Copi se parecen. Para
lo cual me habían concebido) había fra- cuando comprendíamos que habíamos Dior en la sede de la soberanía, lo postular una teoría completa y radi-
casado al primer intento, como sucedió escapado de la muerte o de algo parecido, mismo hará Copi en muchas de sus cal de la transexualidad como la que
también con mis dos hermanos.32 sabíamos también que una vida –la que puestas. No tanto un giro paródico en sus obras se deja leer hay que
hubiéramos vivido en Argentina– se nos como una revolución antropológica; profanar lo sagrado.38 Proust llamaba
Llevamos en nosotros la perplejidad escaparía para siempre. He experimenta- jugar el juego del padre como forma sadismo a esa relación. Copi, sencilla-
de haber sido concebidos. Copi sabía do con frecuencia ese sentimiento, a veces de profanación: mente, teatro.
(o quiso creer) que había sido conce- de manera dolorosa y en circunstancias En ese teatro de la transexualidad,
bido para la política (parlamentaria). muy distintas, como la que se siente en El pasaje de lo sagrado a lo profano puede, se llega al archivo (se sale del recuer-
Puesto a examinar ese destino previsto el escenario de un teatro en el momento de hecho, darse también a través de un do), sólo en el momento en que
por el imaginario de su padre, se topa de los aplausos,33 ese mismo, en 1970, uso (o, más bien, un reuso) completamen- se encuentra el propio lugar (vacío,
fatalmente con la figura de Eva Perón obligó a su familia a un segundo exilio te incongruente de lo sagrado. Se trata del fallado) en una lista, en el momento
que, por todas partes, interpela y des- (y éste, definitivo). juego. (…) El juego no sólo proviene de la en que se aísla un elemento (digamos:
barata su novela familiar. esfera de lo sagrado, sino que representa de Eva Perón) de la serie y se lo pone a
En su autobiografía, Copi no sólo Copi escribe Eva Perón con las pala- algún modo su inversión.37 funcionar en otra: “Mediante la tran-
repite la historia completamente falsa bras del padre, que había ficcionali- sexualidad generalizada, lo humano se
que le llega de la fuga de su padre en zado diálogos entre Perón y Eva en Todos los personajes de Eva Perón ha vuelto imagen.”39
1945 (haber tenido que cruzar el Río uno de sus libros,34 en el que se lee juegan el mismo juego: cajas, baú- He abierto por ahí (y para mí, y ante
de la Plata tendido en el fondo de por ejemplo, que en los momentos les, cofres, maletines, puertas que ustedes) el archivo Copi. Me extraña-
un barco de contrabandistas, haber previos al 17 de octubre de 1945, ante se abren y se cierran, cuyas llaves y ría si algún día se cerrara.
cambiado varias veces de pasaporte los titubeos del líder, “Eva lo mira con números de combinación se buscan,
durante el viaje, usar un bigote falso lástima” y “le escupe”: “sos un cagón”. se encuentran y se pierden. (*) Universidad de Buenos Aires
que guardaba en el bolsillito del saco “Levantate marica, que no te va a pasar Copi llega a la colección literaria daniel.link@gmail.com

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NOTAS

1. Leído en el Seminario Internacional “Poéticas do Inventàrio: coleções, listas, séries e arquivos” organizado
por la Casa de Rui Barbosa, a Universidade Federal de Minas Gerais y la Stanford University (Río de Janeiro,
29 de mayo al 2 de junio de 2006).
2. Du Côté de chez Swann. París, Nouvelle Revue Française,1919.
3. “Ces évocations tournoyantes et confuses ne duraient jamais que quelques secondes.”
4. “El mito es un habla” en Mitologías. Madrid, Siglo XXI, 1980.
5. Agamben, Giorgio, Lo que queda de Auschwitz. El archivo y el testigo (Homo Sacer III). Valencia, Pre-textos, 2000, p. 150.
6. Op. cit. p. 150-151.
7. En Contre Sainte-Beuve, la rememoración provocada por la taza de té arrastra al narrador al recuerdo de su
abuelo. Uno de los fragmentos del libro lleva por título “La race des tantes”.
8. Agamben. op. cit. p. 144.
9. Véase, una vez más, Raúl Antelo. op. cit.
10. Qué es la filosofía. Barcelona, Anagrama, 1993, p. 178.
11. Op. cit. p. 169.
12. Copi, El baile de las locas. Barcelona, Anagrama, 2000, cap. IX, pp. 119-120. Tr. Alberto Cardín y Biel Mesquida.
13. Raúl Escari (comunicación personal).
14. Aira. Copi. Rosario, Beatriz Viterbo, 1991, p. 108.
15. Copi. Eva Peron [sic]. París, Christian Bourgois, 1969.
16. Raúl Escari (comunicación personal), Alfredo Arias (comunicación personal).
17. “Copi en Copi”, incluido en Copi (textes rassemblés par Jorge Damonte; photos, Jorge Damonte). Paris,
Christian Burgois editeur, 1990, p. 81.
18. Op. cit., p. 85.
19. Op. cit., p. 84.
20. Copi. Eva Perón. Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2000, p. 14. Tr. Jorge Monteleone. Sobre la muestra
colectiva “Tucumán arde” puede consultarse con provecho Giunta, Andrea, Vanguardia, internacionalismo y
política. Arte argentino en los años sesenta. Buenos Aires, Paidós, 2001.
21. Sarlo, Beatriz, La pasión y la excepción. Buenos Aires, Siglo XXI, 2003, p. 236.
22. Op. cit. p. 236.
23. Op. cit. p. 17.
24. Sarlo, op. cit. p. 18.
25. Op. cit. p. 236.
26. Además del monumental siempre creciente estudio de Gabriela Sontag: Eva Perón: Books, Articles and Other Sources of
Study: An Annotated Bibliography (Madison, Wisconsin, 1983), pueden consultarse: Navarro, Marysa (comp.), Evita. Mitos y
representaciones. Buenos Aires, FCE, 2002; Tello, Nerio y Santoro, Daniel, Eva Perón para principiantes. Buenos Aires, Errepar,
2002; Cortés Rocca, Paola y Kohan, Martín, Imágenes de vida, relatos de muerte. Eva Perón: cuerpo y política. Rosario, Beatriz
Viterbo, 1998; y Soria, Claudia, Los cuerpos de Eva. Anatomía del deseo femenino. Rosario, Beatriz Viterbo, 2005.
27. Op. cit., p. 109.
28. Según Tomás Eloy Martínez, los montoneros (todavía desconocidos para el gran público pero incluso para
los personajes principales del drama peronista) se habrían presentado a Perón para solicitarle permiso para
ejecutar a Copi, a lo que el ex presidente se habría negado (Raúl Escari: comunicación personal).
29. Perón, Eva, La razón de mi vida. Buenos Aires, Peuser, 1951.
30. Antelo, Raúl, op. cit., pp. 115-116.
31. Viñas es, en todo caso, el único que acepta uno de los designadores previstos en la constelación de nombres
diseñada por Eva Perón respecto de las funciones del Estado.
32. Op. cit. p. 85.
33. Op. cit.
34. ¿A dónde va Perón?: de Berlín a Wall Street. Montevideo, Ediciones de la Resistencia Revolucionaria Argentina, 1955.
35. Op. cit. p. 236.
36. Sarlo, op. cit. p. 235.
37. Agamben, Giorgio, “Elogio de la profanación” en Profanaciones. Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2005, p. 100.
38. Raúl Antelo sugiere que “el reportaje de Giselle Freund, defensora de la reproducción como lógica de la imagen, sobre Eva para
Life profana el mito y funciona como bastidor de un circo: muestra cómo se monta la drag-queen” (comunicación personal).
39. Cfr. Aira, op. cit. p. 108. Y también: “Evita es un travesti; no hay nada en la obra que lo diga explícitamente,
como no sea el hecho de que en la primera representación el papel fue interpretado por un hombre. Pero su tra-
vestismo se sostiene en el sistema mismo: si no es la Santa de los Humildes, la Abanderada de los Trabajadores (y
esta Evita harto demuestra no serlo) tampoco necesita ser una mujer. La representación de la mujer es una mentira.
Luego, tampoco necesita morir como estaba programado en su mito. Se hace inmortal como imagen” (p. 107).

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Enrique Pezzoni: Es probable que para hablar sobre


Enrique Pezzoni sea ineludible la
anécdota o la confesión. Él habría
nalista traductor es un escándalo.
Pero Enrique Pezzoni era alguien
así: una especie de nominalista, cuya
sigilo y espectáculo sonreído al prever el artificio retóri-
co de la intimidad, habría ironizado
desconfianza en la palabra constituía
una fe, una fidelidad hacia lo irreal
sobre el apurado matiz, que reduce a del nombre. Por eso se situaba siem-
Por Jorge Monteleone (*) un hombre a dos o tres episodios que pre en el intersti-
impresionaron la memoria. Esto sig- cio, nos hablaba Una anécdota no puede reite-
nifica, además, que para hablar sobre desde el lugar rar un hecho, una confesión
Enrique Pezzoni no podamos dejar de mismo del des- no es la intimidad, un maestro
imaginar qué habría dicho él acerca ajuste entre pala- no señala la verdad. Pero en
de lo que decimos: es la prerrogativa bra y mundo, la retórica del relato, en las
de los maestros. Ironía y enseñanza o, entre sentido e inflexiones subjetivas de la con-
mejor dicho, ironía en la enseñanza. interpretación, fesión y en las interpretaciones
Una anécdota no puede reiterar un en el vertiginoso relativas de la verdad es posible
hecho, una confesión no es la intimi- deslizamiento de que algo aparezca, que algo se
dad, un maestro no señala la verdad. las mediaciones. actualice, que algo actúe. Tal
Pero en la retórica del relato, en las Todos recorda- vez, al pensar en su enseñanza y
El modo de evocación centrado en las anécdotas inflexiones subjetivas de la confesión mos cómo ape- al evocar los gestos cotidianos,
capaces de detectar los estilos personales, tiene la y en las interpretaciones relativas de laba a vocablos no podemos no recordar que
la verdad es posible que algo aparezca, extranjeros para algo aparecía, algo inadvertida-
capacidad de actualizar algo de lo existencial que que algo se actualice, que algo actúe. hacerse entender mente se volvía cercano cuando
una determinada figura, y su experiencia vital, Tal vez, al pensar en su enseñanza y al mejor. No era un Enrique Pezzoni actuaba.
dejaron como marca. Así, Jorge Monteleone se evocar los gestos cotidianos, no pode- afectado perso-
propone recordar, extrañando y recreando, la mos no recordar que algo aparecía, naje de Henry James el que hablaba,
figura de Enrique Pezzoni, su vocación profeso- algo inadvertidamente se volvía cerca- sino alguien que súbitamente des-
no cuando Enrique Pezzoni actuaba. esperaba del idioma. “En realidad,
ral pero, sobre todo, el modo en que la seducción Había, por un lado, la seducción, la todos somos traductores –escribió–.
de un habla se situaba en los puntos de conflicto risa, la voz, la mirada, la vestimenta, Vivir en contacto con el mundo y
entre “la palabra y el mundo”. Traductor, pero la cortesía, la broma; por otro, el len- con el mundo del arte es actividad
no como actividad reproductiva, sino como acto guaje, el comentario, la pregunta, la de traducción permanente.” La frase
duda, la evidencia, el recelo de quien pertenece a su artículo “Malraux: el
de innovación que logra deslizar sentidos entre no afirma sino en el rodeo. Pero aque- gran traductor.”2 Porque la traduc-
los textos y sus transfiguraciones de contexto. llo que comunicaba comprendía la ción no era para Pezzoni una mera
Monteleone recorre el vaivén en el que oscila reunión de ambos aspectos, la puesta transposición lingüística, ni siquiera
Pezzoni: entre la escenificación espectacular de en escena de un habla. Y lo comuni- una sabia recreación. Cumplidos la
cado era, precisamente, aquello que pericia y el arte, la traducción era
un habla literaria, –agónica, merodeante y por escapa a las reglas de la comunicación. una metáfora que daba cuenta de
momentos crispada–, y el sigilo de quién no cesa Acaso lo comunicado era que la mate- una subjetividad transformándose en
de traer sus preocupaciones pretéritas, siempre ria imposible de la literatura, aquello sucesivos cambios, por los cuales, a la
irresueltas y perseverantes. De allí la madurez del que apenas podría traducir el gesto o vez, se posee a sí misma y se entrega
autor de El texto y sus voces: negarse a sí mismo el balbuceo, es lo incomunicable1. en otra. La traducción concebida
Si, para un nominalista lo real está como orden existencial, como posi-
como modo de rejuvenecer en cada acto. Ahí, en siempre más allá de la palabra, qué bilidad de metamorfosis, como con-
ese ir y venir, donde sus alumnos van a buscarlo hiato insuperable no hallará entre jura del suceder. “No sucesión –escri-
cuando van a buscarse. una palabra y otra. Por eso, un nomi- bió– pero sí metamorfosis continua:

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traducción de mi yo efímero a otros modo de tejer en el hueco de la incer- escenario luminoso donde las palabras donde los lugares del sujeto, que se
no menos fugaces pero que afirman tidumbre acerca del sentido textual. entran, se pulverizan y se disparan. En sabe momentáneo simulacro, se hallan
siempre la permanencia del traspaso” Habla sigilosa, pero también espectá- sus clases, Pezzoni dudaba en infinitos interceptados por el referente de la
(p. 134). Lo que podría denominarse culo: representación del habla. Sigilo y merodeos y sutilezas y humoradas crítica. Podrían hallarse atisbos de ese
un “sistema de la traducción” explica- espectáculo son vocablos muy propios repentinas, pero en ese delicado labe- “limo elemental” del Yo, por ejemplo,
ba todas sus actividades y sus mutuas de Pezzoni pero, en general, tienden a rinto de su conversación lo que hacía en el modo de articular dicotomías:
repercusiones. Porque en la enseñan- eliminarse mutuamente: se refieren a era obliterar, con la inmediata pasión norma y transgresión, saturación y
za, el sujeto tra- modos discursivos donde, si uno ocu- de su cuerpo afectivo, aquella imposi- vaciamiento, plenitud y carencia,
En sus clases, Pezzoni dudaba duce y se traduce rre, el otro desaparece. Por ejemplo, en bilidad radical de la que está hecha la
en infinitos merodeos y suti- al intercambiar “La revuelta sigilosa” se lee: literatura. Un movimiento afín al que
lezas y humoradas repentinas, los códigos y describió en Eduardo Wilde:
pero en ese delicado laberinto valores de con- Borges avanza: inicia una nueva derrota
de su conversación lo que hacía textos diversos y fingiendo reescribirse sin reinterpretar, ... en el deseo mismo de convencer, de
era obliterar, con la inmediata de experiencias como asumiendo una antirrevuelta que, seducir al lector con la gracia de su hablar
pasión de su cuerpo afectivo, distintas. Del en verdad, es una revuelta sigilosa, una conversado, siempre es inminente en Wilde
aquella imposibilidad radical de mismo modo, suerte de alzamiento contra sí mismo. el momento en que la realidad se declara
la que está hecha la literatura. la interpreta- Si algo niega a sus contemporáneos es el inabordable por las palabras que podrían
ción crítica es un espectáculo de esa revuelta (p. 62). transmitirla. (...) Acusar de incapacidad
modo de traducción entre saberes y al lenguaje es, contrario sensu, exaltarlo,
también una traducción del sujeto Pero en Enrique Pezzoni, de un modo incitarlo a decir (p. 261).
interpretante en la particular visión muy afín a su pensamiento móvil,
de su objeto. Sin embargo, en este sigilo y espectáculo podían convivir. Con su habitual perspicacia, Sylvia
tránsito diferencial siempre se pro- Por una parte, su lección del maestro Molloy notó que las referencias de
duce el hiato, la inadecuación, la consistió en ser un artífice del decoro: Pezzoni a Wilde, o a Pizarnik, o a
grieta. Una interrupción de la total el que susurra en los entresijos de la Borges o a Capote podrían entenderse
inteligibilidad que permite, a la vez, palabra autorizada, el que cuestiona la como una forma lateral de la confesión,
la tensión y el movimiento del sen- monolítica certeza de un Orden neu- toda vez que se abjurase de una obje-
tido. Pezzoni interrogaba esa zona tro y feroz. Presencia intersticial de su tividad presunta, para conformarse,
casi indiscernible de los contrarios palabra suspendida, presencia lateral y en cambio, como una red personal de
incomunicables y su discurso crítico pudorosa: el relato de las lecturas críti- elecciones y de preferencias.3 En esto
y su discurso pedagógico la reco- cas como pudor de lo autobiográfico; mismo consiste el programa crítico de
rrían como una lanzadera que viene la escritura que se entreteje con la de Pezzoni en esa nota, breve y magistral,
y va. Laborioso de tejido que aspira otro como pudor de la traducción; que precede El texto y sus voces:
a cubrir la intemperie, laborioso de la desplegada respuesta del alumno a
trama que se desteje y se rehace, su demanda como pudor de la sabi- La crítica literaria: biografía, autobio-
laborioso de cada voz hilada, había duría. Pero al evocar esa presencia grafía. (...) El crítico compone la bio-
elegido para sí un seudónimo justí- reaparece, también, la experiencia de grafía de la literatura, que es su autobio-
simo cuando firmó la traducción de su dramaturgia, la puesta en escena grafía. Historia de sus modos de acceso,
Lolita, de Nabokov, publicada por de la pedagogía. Las frases de puntua- cartografía de los rumbos que lo llevan a
Sur en 1959: Enrique Tejedor. ción nerviosa, la bondadosa malicia, encontrar / producir el sentido. Revelar ofrecimiento y rechazo, infracción y
Podía discurrir sobre la retórica de el discurso que elude toda aserción y ser revelado. Desplegar el juego de las contrato. Juego dicotómico, siempre
la emoción, sobre la mascarada del exclusiva y se colma de paréntesis, creencias, las convicciones, los modos de diferencial y de pleno diferimiento,
sujeto que se brinda y se sustrae o de acotaciones y de citas. Esa ago- percibir. Ser en y por el texto (p. 7). que no es una mera alternancia, sino
sobre el soliloquio del amor, sobre nística elegante de la seducción, esa un vaivén. La ida abre una vuelta dis-
todos aquellos restos que son litera- avidez apasionada de un cuerpo, era En El texto y sus voces es posible tinta que lleva a otro sitio desde donde
tura. Pero hablaba y esta habla era su en verdad un teatro de lo literario: el seguir las líneas de un autorretrato, se vuelve a otro lugar. Movimiento

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típico de la escritura de Pezzoni: el En esta serie, el espectáculo corres- o realizan programas estéticos. Todo 1969, el destino corresponde a la ten-
vaivén, el avance y retroceso sobre ponde a los objetos críticos, a los esto es visible y puede rastrearse en sión dialéctica entre vida y literatura.
el límite significante de la literatura, textos y a los saberes que organizan los ensayos de El texto y sus voces: es su Si el hombre asiste a su propia degra-
para desbaratar y modificar el marco. su lectura. Es posible seguir allí un espectáculo. Pero hay otro recorrido dación en la temporalidad padecida,
Un sujeto en la permanencia del irse a itinerario cambiante donde el texto se posible que corresponde al sigilo del si se halla exiliado en la dualidad de
otra parte, como escribía de Truman atestigua como caso y donde el saber sujeto que se sustrae en esa muestra y, materia y espíritu y su conciencia no
Capote: ... ir hacia ese otro que él se enrarece en la singularidad. En esa al mismo tiempo, va dejando huellas puede restaurar la distancia entre pala-
desearía ser, hacia otra forma posible de continuidad, sin embargo, los textos irreductibles, gestos que en su insis- bra y mundo, si lo puramente huma-
respuesta (p. 300). se modifican y prolongan sin cerrarse tencia reconocemos a través de sus
Y en esto consistía la madurez de en una verdad única, mientras los definidas máscaras. Esto se vuelve más
Pezzoni: no en perfeccionar sus ges- saberes entran en constante colisión. preciso si leemos El texto y sus voces
tos críticos de Cuanto más distanciados en el tiempo de otro modo, es decir, si leemos los
Si el hombre asiste a su propia antaño, sino en se hallan los ensayos, tanto más se ensayos del libro cronológicamente.
degradación en la temporali- negarse, rejuve- advierten estos rasgos. En su sola dis- Hallaríamos entonces cuestiones deci-
dad padecida, si se halla exi- necer median- posición en el volumen se exaltan sus sivas que no se abandonan a lo largo
liado en la dualidad de materia te la infalible diferencias o, para decirlo con pala- del tiempo sino que, más bien, se
y espíritu y su conciencia no d e p r e c i a c i ó n bras de Pezzoni, la mutación teórica problematizan y retornan con mayor
puede restaurar la distancia del Yo anterior. se “espectaculariza”. Por ejemplo, en complejidad. Cuestiones que, en una
entre palabra y mundo, si lo “Pero entonces “Felisberto Hernández, parábola del lectura inmediata, más atenta a los
puramente humano consiste –nos dijo en una desquite”, que data del año 1982, hay brillos de la prosa y a los meandros de
en situarse en esa encrucijada clase– antes no una concepción de lo fantástico, sus- la reflexión, pueden pasar desapercibi-
donde los contrarios no pue- éramos más que pendido entre lo trivial y lo inexplica- dos en su carácter de obsesión central,
den conciliarse, entonces la unos miserables ble, referida a códigos socioculturales, en su apasionada recurrencia. Son el
vida sólo tiene sentido organi- f o r m a l i s t a s . ” así como la descripción del Yo felisber- dibujo en el tapiz. Una de ellas, por
zada como lectura de la vida, Nos sorpren- tiano en co-oposición con el Otro que ejemplo, corresponde a la noción de
como proposición acerca de día siempre con bordea el paradigma psicoanalítico. En destino. Es evidente en el texto sobre
la vida. Una construcción que la humildad de “Adversos milagros”, sobre la narrativa Alejandra Pizarnik –”La poesía como
colme el vacío y que, a la vez, una cambiante de Adolfo Bioy Casares, que data de destino”– pero no ha sido abandonada
sea ella misma un vacío. En y falible sabidu- 1969, el debate sobre la literatura fan- en toda la trayectoria. En la nota sobre
este punto, destino se vuelve ría: aquella que tástica responde al problema del realis- Henry James, de 1950, ya leemos esta
anagrama de sentido. no reclama la mo y la narración se ordena en torno frase: “Pues aun el ser de existencia más
novedad como del personaje y sus niveles de lengua. frívola va impulsado por un designio:
distracción vanidosa, sino que asume En Pezzoni podemos seguir con cierta cumplir cabalmente sus posibilidades
lo nuevo como una forma suprema claridad las capas superpuestas de los y modelar el destino a que está condi-
de autocrítica. Así se explica la dispo- paradigmas teóricos que atravesaron cionado, clave única para poder gustar
sición de los ensayos de El texto y sus la crítica argentina entre 1950 y 1990, con plena conciencia “el sabor verda-
voces, al margen de la obvia división en uno de sus usos más originales y dero de la vida”(p. 285). En el ensayo
temática. Me refiero al contrapunto deslumbrantes. Podríamos, también, sobre Pizarnik el destino consiste en
de escritos de épocas diversas, de verificar las diversas formaciones cul- singularizarse a partir de una cadena
modo que al Enrique de 50 años turales que pudo, que puede integrar de instantes en los que el sujeto se
precede el de 25 y sigue el de 40: ese un intelectual argentino y sus correla- da plenamente, como una experien- no consiste en situarse en esa encruci-
constante ir y venir por una memoria tivos medios de expresión. Podríamos, cia viva de autorrepresentación. Entre jada donde los contrarios no pueden
crítica que salta en el tiempo, convie- en fin, asistir a las variables relecturas uno y otro ensayo, el destino va de conciliarse, entonces la vida sólo tiene
ne a una inteligencia que de continuo de textos y su resignificación en la la experiencia vivida a la experiencia sentido organizada como lectura de la
reniega de sí misma y se desvía hacia crítica, textos que entran en nuevos imaginaria, de la existencia al texto. vida, como proposición acerca de la
otra posibilidad de presentarse. cánones, abandonan zonas de sombra En el ensayo sobre Alberto Girri, de vida. Una construcción que colme el

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vacío y que, a la vez, sea ella misma un ser reencontrado en el cruce con el instante en el que el capitán Ahab, ardua travesía, dan con el sitio donde
vacío. En este punto, destino se vuelve nuestra propia experiencia afectiva. izándose al palo mayor del Pequod, hubo un Nacimiento, el nacimiento
anagrama de sentido. Una noche ya extraviada, en la pre- divisa el fúlgido chorro vaporoso de y la amarga angustia de la muerte del
Derrotero, sucesión y, a la vez, burla sentación de uno de sus libros de la ballena blanca; el instante en el que poema de Eliot. Muchos vivimos esos
del suceder en un contrapunto de poesía, Tamara Kamenszain recono- Malraux descubre el aspecto sencillo momentos porque Enrique, al tradu-
negaciones. Como toda revuelta –escri- ció: “cómo seguimos dedicándole los de Mao, vestido de azul y con zapa- cirlos, los reescribió.
be Pezzoni en 1982– la de Borges es un libros a Enrique, cómo esperamos tos marrones, convenciéndolo de que Y allí volví a buscarlo y volveré.
movimiento que parte en un sentido, lo todavía sus lecturas”. Todos busca- luchara contra el Japón; el instante en
abandona y vuelve a él. Borges se con- mos a Pezzoni de ese modo, y quizá el que los Reyes Magos, luego de la (*) CONICET
tradice, o se reitera para contradecirse lo buscamos al azar. Por mi parte,
(p. 63). En este movimiento aparecen busqué a Enrique en esa fotografía del
todas las figuras de un Yo atravesado libro Atlas, de Borges, con él mismo
por la oscilación, la ambigüedad, la sonriente, sentado a la mesa junto a
dispersión, en un desplazamiento que Girri distraído, a María Kodama, a
altera siempre su derrotero. Sentido Borges que, sobre aquella cena que
indecidible, fijación y vértigo. Así apa- prefiguraba su viaje, escribió allí:
recen en los ensayos de Pezzoni formas
de la subjetividad transformadas en En un restaurante japonés nos reuni-
una cadena de dualidades. De nuevo, el mos María Kodama, Alberto Girri,
vaivén, a través de figuras con las cuales Enrique Pezzoni y yo. La comida era
describe sus objetos críticos: en el acto una antología de sabores fugaces que
de vaciarse y a la vez colmarse, en el nos llegaban de Oriente.4
acumular descartando, en la expansión
y el replegamiento, en la inscripción O en esa carta de Victoria Ocampo
del uno en el otro y de lo otro en uno. escrita en París hacia 1951, dirigida
Parábola que va del destino al sentido. a Enrique con la curiosa inscripción
Es decir, del destino mortal a la bús- “Mi querido Facaldo” y donde le decía
queda de un sentido y, en un segundo “siento mucha ternura por lo que hay
movimiento, del vacío de significación en vos de juventud y de avidez (esta-
a la muerte como límite de todo sen- dos que conocí tan bien). Más que
tido posible. En estas huellas sigilosas, ternura es como un enternecimiento.
como en los textos de Silvina Ocampo ¿Comprendés? El mismo enterneci-
o como en otros textos donde el sujeto miento que siento ante los niños.”5 O NOTAS
deriva, se propone la existencia de un Yo en su firma garabateada y angulosa,
1. La primera versión de este ensayo, con algunas variantes, fue publicado en Filología, XXIX, 1-2, Instituto
central que aguarda el momento en que con tinta negra. O en la mirada risue- de Filología y Literaturas Hispánicas, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, 1996, pp.
será conocido, pero siempre reconocido ña con que recibió a un compañero 157-162. He preferido no reescribirlo ni ampliarlo, ya que en ese caso sería un texto distinto, que evocaría otras
como ausencia, como carencia radical. del seminario, que en la clase anterior cuestiones complementarias y debería considerar, además, los textos críticos publicados después sobre Enrique
Seducción constante de un vacío que se había adoptado un tono teórico levan- Pezzoni (entre los cuales se cuentan, entre otros, los de Jorge Panesi, Sergio Chejfec, Laura Estrín, Alberto Gior-
dano, Patricia Willson). De todos modos, quisiera mencionar otro libro fundamental para su conocimiento.
colma con fugaces simulacros de plenitud. tisco y a quien asombró con la frase: Me refiero a la compilación realizada por Annick Louis de algunas de sus clases sobre Borges: Enrique Pezzoni,
Y rechazo obstinado de esas plenitudes “¡Aquí llega el maula!”. O quizá lo lector de Borges. Lecciones de literatura 1984-1988, Buenos Aires, Sudamericana, 1999. Annick Louis señala allí
que se muestran como modos de ofus- busqué en el instante en que Humbert algo que se sugiere en este ensayo bajo las nociones de sigilo y espectáculo: en Pezzoni, la oralidad es la tierra de
la libertad y la escritura era el territorio de la contención. Sus clases son sistemas no menos rigurosos que sus textos,
cación, de ficción, de doble sentido de Humbert acaricia la espalda marfileña pero trabajan de otra manera con la situación y el contexto en que se despliegan, (p. 13).
invención y mentira (p. 188). Una espe- de Lolita; el instante en el cual el joven 2. Enrique Pezzoni, El texto y sus voces, Buenos Aires, Sudamericana, 1986, p. 312. En adelante señalaré entre
cie de permanencia en la desaparición, angélico de Teorema lee un pequeño paréntesis el número de página al que pertenezca la cita.
3. Sylvia Molloy, “1926-1989”, en Babel, a. IV, N°. 22, pp. 26-27.
el juego del sigilo en el espectáculo. volumen de Rimbaud, iluminado por 4. Jorge Luis Borges, Atlas, Buenos Aires, Sudamericana, 1984, p. 84.
Pero ese Yo elusivo siempre puede el sol oblicuo que ilumina el jardín; 5. Victoria Ocampo, Correspondencia. Sur, N° 347, Buenos Aires, julio/diciembre 1989, p. 159.

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Ana María Barrenechea, Para Anita, por su incesante generosidad.

Nunca me cansaré de citarlo; cada vez


Borges y otros ensayos, acaso permita
entrever la imagen que propone, el
autorretrato de la crítica.3 No para leer
la descifradora(*) que una persona lidia con el enigma
de una literatura, cada vez que alguien
a Borges, o acaso sí, acaso para leerlo
de un modo casi definitivo, acucioso,
lee y escribe la historia de su atención, monumental en este volumen, para
Por Jorge Monteleone (**) lo recuerdo: “El escritor escribe la bio- leerlo del mismo
grafía de la literatura –apuntó Enrique modo en que se La crítica no propone sólo el
Pezzoni– que es su autobiografía.”1 Lo leen ciertas ver- despliegue de una intuición, el
cual a su vez es una reformulación de siones críticas de ejercicio de un saber, la racio-
Oscar Wilde, que escribió: los objetos litera- nalidad de un método, el espec-
rios historizados. táculo de una teoría literaria,
[la crítica] es la única forma civilizada de Aun parcialmen- sino también las intermitencias
autobiografía, ya que se trata, no de los te, aun ignorán- imaginarias de una conciencia
Todo texto crítico no sólo ofrece la posibilidad de acontecimientos, sino de los pensamientos dolos, aun en las que aquí o allá, en una “red
de la propia vida; no de los accidentes físi- antípodas de su humoral”, traza en su escritura.
ver en él los rasgos autobiográficos de su autor, cos de los actos o las circunstancias, sino esbozo, la ima-
sino también una operación capaz de componer de los estados espirituales y las pasiones gen histórica de ciertos libros está
imágenes sobre la literatura, sobre el ejercicio imaginativas del espíritu.2 indisolublemente ligada a lo que se
de la crítica, y sobre el crítico mismo, sus lec- escribió sobre ellos, como si esos
Desde entonces no puedo leer la crí- libros no hubieran alcanzado en el
turas y obsesiones. Tales obsesiones son las que tica sin pensar, siquiera por un mo- momento de su aparición su entero
desvelan a Ana María Barrenechea en su intento mento, en la desplazada autobiografía cumplimiento, porque entonces no
por descifrar los enigmas que, incesantemente, que su forma disemina aquí o allá, en eran, de ningún modo, lo que ahora
ofrece la literatura borgeana. Así describe Jorge la insistencia de sus elecciones, en ese son para nosotros. Nuestra imagen
Monteleone el esfuerzo de Barrenechea a partir autorretrato a contraluz que oculta del Martín Fierro, nuestra imagen
su nombre y sin embargo resplande- cultural, está unida, siquiera parcial-
del libro que consagró al estudio de la obra del ce como conciencia alerta. Todo texto mente, al pensamiento desvelado de
escritor de infinitudes y eternidades: La expre- crítico no sólo compone la imagen de Ezequiel Martínez Estrada; el Ulysses
sión de la irrealidad en la obra de Jorge Luis una escritura, de un autor, de una lite- a la arquitectura de Stuart Gilbert; la
Borges y otros ensayos. En él, la autora se pregun- ratura ajena, sino también la imagen Fábula de Polifemo y Galatea al dédalo
propia del crítico, a través de aquello de Dámaso Alonso. Y en Shakespeare
ta por los sentidos ocultos, virtuales, escondidos que ha elegido como espacio propicio está Samuel Johnson, y Francesco de
en cada realización ofrecida en la literatura bor- de su experiencia fundamental, que es Santis en Dante, y Jean-Paul Sartre en
geana, volviéndose –aquellas enigmáticas posibi- la lectura. La crítica no propone sólo el Flaubert y Octavio Paz en Sor Juana
lidades– materia perturbadora e incesante, capaz despliegue de una intuición, el ejerci- Inés de la Cruz. La primera imagen
cio de un saber, la racionalidad de un coherente de la literatura de Borges,
de relativizar cualquier intento de juicio sobre método, el espectáculo de una teoría la primera relación sistemática de la
la escritura de Borges. Todo podría ser otra cosa literaria, sino también las intermiten- negatividad borgeana, de su potencia
de lo que es, y allí anida el “secreto fugitivo” que cias imaginarias de una conciencia que imaginaria en la disolución de todas
escapa sin cesar a todo intento revelador. Es por aquí o allá, en una “red humoral”, tra- las nociones identitarias, la prime-
ello, y tras esa huella perdida, que Barrenechea za en su escritura. ra representación vertiginosa de sus
La relectura de las cuatrocientas pági- “orbes afantasmados” fue escrita por
–nos dice Monteleone– sigue los pasos de ese nas de un libro fundamental de Ana Ana María Barrenechea en su tesis
deseo descifrador que nunca podrá alcanzarse María Barrenechea, La expresión de doctoral, hacia 1955, y está en este
plenamente, de una vez y para siempre. la irrealidad en la obra de Jorge Luis libro. La primera digo, pero como se

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verá, esa primera vez no es un origen, a vivir junto a la tribu elegida, para se que no hay ensayo que, explícita o define a sí mismo sino en la refor-
sino un comenzar destituido por la conocer sus ritos y su magia. Con el implícitamente, no aluda a esa frase mulación, que pudo haber nacido,
interminable pasión por descifrar el tiempo soñó en un idioma distinto al extraordinaria del texto de Borges “La incluso, en cierta ilusión esencialista
enigma. Es decir, aquello que define de sus padres, olvidó sus costumbres, muralla y los libros”. Dice así: como horizonte incumplido de un
el afán mismo de la crítica Ana María comenzó a pensar de un modo que celo arquetípico: “es indudable –escri-
Barrenechea. No es esa imagen de su anterior lógica rechazaba. Al cabo Ya Pater, en 1877, afirmó que todas las be Barrenechea– que cuando volvemos
Borges la que quiero entrever ahora, de dos años, cuando en las noches artes aspiran a la condición de la mú- a la lectura de [las] obras [de Borges]
sino la de la crítica, el espejo en cla- de luna llena soñaba con bisontes, el sica, que no es otra cosa que forma. La sentimos la obligación de revisar nues-
roscuro de su celo y de su deseo en la sacerdote le reveló su doctrina secreta. música, los estados de felicidad, la mito- tros primeros juicios, aunque ambi-
escritura sobre otro autor. Al regresar a su universidad Murdock logía, las caras trabajadas por el tiempo, cionábamos en una etapa anterior
Comenzaré por el final, por el último le reveló a su profesor que conocía el ciertos crepúsculos y ciertos lugares quie- alcanzar la definición de lo borgeano
ensayo, aparecido allí por primera secreto, que podría enunciarlo de cien ren decirnos algo, o algo dijeron que no esencial (por lo menos yo siempre
vez. Se llama “El hacedor de tramas modos distintos y aun contradicto- hubiéramos debido perder, o están por siento la obligación de re-pensarlos en
secretas”. Ese título es sintomático y rios, pero no pensaba revelarlo. “El decirnos algo; esta inminencia de una cada momento)” (p. 324).
nos acerca a una doble valencia: por secreto –dijo– no vale lo que valen revelación, que no se produce, es, quizás,
una parte está el hacedor, el poeta, los caminos que me condujeron a él. el hecho estético. Pero ese modelo de escritura crítica,
el monstrorum artifex, el constructor Esos caminos hay que andarlos.” De como observa Barrenechea en Borges,
desvelado que es, al mismo tiempo, ese relato, Barrenechea observa que, al La dilatada construcción de los ensa- muestra en filigrana las líneas primor-
el hombre mortal, cargado de penas mismo tiempo que refiere una “reve- yos borgeanos de Barrenechea se sitúa diales que propone y basa su eficacia
y de días; por otra, está la trama que, lación recibida y en el fondo trans- en esa apertura del sentido que en su en la tensión entre sus diversas ma-
como la figura en el tapiz de James, misible como acontecimiento lineal”, misma realización se sustrae, y por ello nifestaciones. Ese modelo, como en
posee un dibujo suspende su sentido al final, para mismo es virtualmente inconclusa, no abismo, postula su propia historia
La dilatada construcción de secreto, un sen- ser interrogado incesantemente por el jerárquica, lejos de toda definición y en el comienzo del ensayo “Borges
los ensayos borgeanos de tido enigmático lector, que así regresa una y otra vez al de toda aserción autoritaria: porque su entre la eternidad y la historia” y el
Barrenechea se sitúa en esa que las innume- comienzo de su enigma. En esa fábu- atención es incesantemente llamada a lector puede seguir su cronología en
apertura del sentido que en su rables líneas de la crítica ya podemos reconocer una revelar el secreto fugitivo, el imposible este libro. Podría afirmarse que en su
misma realización se sustrae, su diseño ocultan imagen de Ana María Barrenechea, enigma, la ignorada laguna. Ese mode- propia formulación el modelo posee,
y por ello mismo es virtual- en su desnuda es decir, en la incesancia del descifra- lo crítico es a la vez: como ejercicio de un saber deceptivo,
mente inconclusa, no jerár- aparición y en miento. Como si toda su crítica fuera a) exhaustivo, con esa exhaustividad que la misma estructura lacunar que alien-
quica, lejos de toda definición un simulacro de arrebatada por el deseo de un sentido le legaron los maestros de la estilística tan los relatos borgeanos. Es decir, el
y de toda aserción autoritaria: eternidad. Esa secreto, constantemente diferido y, en la persecución de los vocablos pulu- deseo del desciframiento siempre ha-
porque su atención es incesan- confluencia entre además, como si toda la literatura lantes, las articulaciones y modos en los lla un orden provisorio del que sólo
temente llamada a revelar el el secreto que borgeana fuera una criptografía que cuales una conciencia literaria distribu- dan cuenta ciertos eslabones y asiste
secreto fugitivo, el imposible pertenece a un se abre en multiplicidad de caminos ye sus huellas en la escritura; siempre a la postergación y renova-
enigma, la ignorada laguna. tiempo indefini- significantes y se cierra sobre sí en b) estructurante, con esa estructura- ción de su propio enigma, incluso a
do e inalcanzable un significado penúltimo, elusivo y ción en ciernes que dispusieron todos partir de revelaciones parciales. Barre-
y el artista cercado por el tiempo desviado. Barrenechea es así la desci- los formalismos, donde un elemento nechea señala al comienzo de ese en-
se halla en todas las indagaciones fradora de tramas secretas y a la vez la unitario es al mismo tiempo un eje de sayo que, para formular su argumen-
borgeanas de Barrenechea. El breve más perfecta hilandera de su enigma, relaciones en un conjunto dinámico; tación, debe relatar el camino que he
relato ejemplar de Borges que eligió porque lo potencia en la minuciosidad c) abierto, con esa apertura que asimi- seguido durante años en las lecturas y
allí es “El etnógrafo”, prosa recogida del tejido, en súbitos dibujos, en los ló en la genética textual, donde una relecturas de sus textos (p. 303). En la
en Elogio de la sombra (1969). Es la nudos inextricables del revés. escritura es menos una cristalización sucesión de los diversos ensayos per-
historia de un hombre llamado Fred En ese deseo del desciframiento se definitiva que la momentánea fijeza cibe, entonces, ampliaciones cualita-
Murdock al cual en la universidad le inscribe la cita de Borges que en este de reescrituras en el tiempo, versiones tivas de su interpretación crítica. Así
aconsejan emprender el estudio de las libro aparece con frecuencia y que se mutables y metamorfosis; refiere que en 1957 juzgó que la clave
lenguas indígenas. El hombre se fue refiere al hecho estético. Podría decir- d) autoengendrado, porque nunca se borgeana se hallaba en la proyección

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de un orbe literario que obliteraba el lateral de su busca cuando dice: “me No sólo álgebra sino también fuego busca descifrar ambos enigmas o,
tiempo, el espacio y el yo en su bo- atrevo a sugerir que [el modelo] es –escribe Barrenechea–. Fuego en el mejor dicho, busca el segundo enigma
rramiento y a la vez en su presencia. la empresa eterna, siempre fracasada intenso pavor ante el don del amor, un en el esplendor del primero, agota
Hacia 1975, Barrenechea advertía y siempre renovada, de la búsqueda amor físico insoportable, temido y deso- la exégesis de sus representaciones y
que aquella expresión de la irrealidad de un modelo?” (p. 259). Y reaparece lado (p. 339). desvíos y los reinstituye otra vez, como
correspondía, aquí aquella definición del modelo formas nuevas del álgebra para verifi-
La crítica de Ana María además, al cues- lacunar, que “hace suponer que hay Porque esas formas del orden del se- car el secreto del fuego. Allí radica su
Barrenechea [...] agota la exé- tionamiento del un sentido aún no captado e inci- creto son asimismo una ilusoria re- deseo descifrador, ese interminable,
gesis de sus representaciones lenguaje y de la ta también al desciframiento y que presentación de lo eterno en medio indefinido, terrenal deseo de revelar
y desvíos y los reinstituye otra literatura, para recrea un núcleo semántico que el de todas las servidumbres, “formas en aquello que se halla, como el secreto
vez, como formas nuevas del lo cual configu- lector no debe perder” (p. 255). Y la sustancia de una patética aventura mismo de lo humano, en el Otro. De
álgebra para verificar el secre- raba un referente así el lector-crítico, recibe señales humana”. Formas, al fin, de la ilu- eso mismo hablaba Enrique Pezzoni
to del fuego. Allí radica su diverso, imagina- dispersas y crecientes en el texto, sión, que, en su capacidad de ofrecer sobre ella, cuando se refería al “mode-
deseo descifrador, ese inter- rio, que el autor que lo llevan a una exigencia de des- el enigma, no agotan el celo inagota- lo llamado Anita”. Decía: “Anita sigue
minable, indefinido, terrenal introducía en el ciframiento cada vez más abstracta, ble de buscar un sentido. En esa ten- la marcha de ese aprendizaje inter-
deseo de revelar aquello que mundo. Al año más elusiva y más compleja. Y en eso sión contradictoria que oscila entre la minable que (...) es el de un yo que
se halla, como el secreto. siguiente perci- consiste también la indecibilidad de eternidad y la historia, “entre los mo- sigue las revoluciones del deseo. Es la
bía que aquellas la crítica interpretativa. delos abstractos y el concreto indivi- imagen del deseo que la proyecta hacia
oposiciones entre lo imaginario y lo De aquí se deriva asimismo cierta duo carnal”, afirma Barrenechea que el lenguaje, hacia el hablar con el otro
real, de fundamento lingüístico y lite- ética de la crítica literaria en ese celo ha encontrado la voz de Borges. Pero y del otro. Eso, sobre todo le agrade-
rario, correspondían en verdad a una descifrador, que podríamos reconocer lo dice así: “Pienso ahora (no sé si lo cemos: la generosidad de un deseo que
lógica general de los opuestos, la cual a partir de una de las dicotomías bor- pensaré mañana) que he encontrado la constituye y nos constituye en el
configuraba una disyunción que era a geanas preferidas por Barrenechea: la voz de Borges”. Y en este punto diálogo con ella.”4
la vez una conjunción: A o no A es “álgebra y fuego, formas eternas y toda la ficción borgeana se vuelve ella
igual a A y no A. Más tarde, afirmó humanidad concreta”. En el ensayo misma un objeto enigmático, como (*) La primera versión de este ensayo fue
que esa misma serie de oposiciones re- “Borges: álgebra y fuego”, que abrió las piedras azules que se multiplican leída en la presentación de La expresión
tornaba sobre una dualidad borgeana el año del centenario borgeano en a sí mismas en un número indefinido. de la irrealidad en la obra de Jorge Luis
que reside en lo que llamó “la diversa Venecia, 1999, Barrenechea revisa Y también se vuelve el espacio contra- Borges y otros ensayos, junto a Ricardo
entonación (sudamericana) de algu- aquellos extraños objetos imposibles dictorio, irresuelto, demasiado huma- Piglia, en el Instituto de Cooperación
nas metáforas (universales)”, donde que cifran el universo y se imponen no, que hace señales precisas desde el Iberoamericana, Buenos Aires, el 13 de
mediante mestizajes literarios entre a lo real: los discos, las monedas, las horizonte de sus magias parciales. septiembre de 2000.
arquetipos míticos y encarnaciones esferas, los anillos, aquellas cosas que La crítica de Ana María Barrenechea (**) CONICET
locales, Borges realizaba un trabajo responden a un imaginario borgeano
constante de dispersión de aquellas de circularidad, un imaginario more
oposiciones, dado que “establece dis- geometrico que encarna, en el seno
tinciones y luego las anula para volver mismo de lo físico, el mundo de los NOTAS
a oponerlas haciéndolas más comple- arquetipos y esplendores. Ese otro
jas y perturbadoras” (p. 250). mundo secreto, de “vacío o plenitud 1. Pezzoni, Enrique, El texto y sus voces, Buenos Aires, Sudamericana, 1986, p. 7.
2. Wilde, Oscar, “The critic as artist”, en Intentions, Works, Collins, London & Glasgow, 1954, p. 966. Me
¿Pero acaso no es esto último lo que simbólica”, postula una totalidad y refiero a estas mismas citas de Pezzoni y Wilde en un ensayo sobre esta cuestión específica en: “Crítica y
sugiere el deseo descifrador de la a la vez oculta su imposible verdad autobiografía”, en: Ana Porrúa (comp.), La escritura y los críticos, Facultad de Humanidades, Universidad
propia Ana María Barrenechea en su en lo limitado del mundo cotidiano. Nacional de Mar del Plata, 2001, pp. 103-112.
3. Barrenechea, Ana María, La expresión de la irrealidad en la obra de Jorge Luis Borges y otros ensayos, Buenos
modelo dinámico de pasajes entre Formas residentes en su eternidad, Aires, Ediciones del Cifrado, 2000. El volumen recoge la reedición del texto clásico de Barrenechea, La expresión
uno y otro estrato hacia la revelación múltiples y perfectas, que se cruzan de la irrealidad en la obra de Jorge Luis Borges (México, El Colegio de México, 1957), con el agregado de otros
de un enigma que no se revela? ¿No con el tiempo de los hombres, el catorce ensayos que la autora dedicó a Borges, entre 1953 y 2000. El último, “El hacedor de tramas secretas”,
era inédito. En adelante señalaré entre paréntesis el número de página al que pertenece la cita.
es acaso su propia descripción del barro del yo personal, el fuego de la 4. Pezzoni, Enrique, “Imagen de Ana María Barrenechea”, en VV. AA., Homenaje a Ana María Barrenechea,
modelo borgeano una formulación afección y la desgracia: Buenos Aires, Ministerio de Educación y Justicia, 1987, p. 26.

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La traducción entre forma y Este trabajo se inscribe en el proyec-


to de fundación de una Escuela de
Traducción Poética, en la que nos
adiestrarnos en la lectura de la forma
particular del poema para analizar lue-
go los modos en que se relacionan len-
fantasma: el escritor-crítico-traductor proponemos pensar y practicar nue-
vos criterios específicos para traducir
gua primera y segunda con el canon
de la época para una y otra, las fuerzas
en el cruce de horizontes culturales 1 poesía. Las premisas teóricas de Gior-
gio Agamben y Walter Benjamin2 nos
de hospitalidad y hostilidad que allí se
imbrican. En el acto de traducir poesía
sirven para pensar nuestra tarea como se cruzarían, según nuestra propuesta,
Por Delfina Muschietti una Nueva Filología. Será fundamen- las siguientes posiciones y momentos,
tal en ella el estudio interdisciplinario siempre móviles, nunca fijos:
en el que confluyen filosofía, historia,
psicoanálisis, estética y teoría literaria.
La tarea de la traducción de una obra poética es un Una filología absorta en la facticidad y 1.
asunto delicado. Tal es así que Delfina Muschietti la devoción mágica por los particulares,
propone el nacimiento de una nueva filología poé- por el detalle, que Agamben destaca Ocupamos el lugar de lectores-críti-
como fundamentales en Benjamin. El cos. Nos enfrentamos a una forma,
tica capaz de desarrollar una devota vocación por poema es una caja de resonancia y des- que remite a un estado de la lengua
escuchar las respiraciones originales de la poesía. Su de ella el sentido estalla, viaja, difiere. original, la del poema. Estado de la
singularidad, tramada de ritmos y tonalidades, revela El poema parte las palabras, se parte, lengua, estado de la norma literaria
la intensidad sólo en la forma espectral de una poten- arma y desarma melodías, tonalidades, y poética, relaciones contiguas con
e insiste en la repetición como técnica contextos sociales y culturales que
cia elevada a la forma. Si nada se sabe respecto a las clave del ritmo, que desde Tinianov en involucran cuerpos, géneros, subje-
intenciones previas al poema, el lector crítico debe adelante, se sabe principio construc- tividades, memoria individual y co-
entregarse a las formas captando lo que, en su repeti- tivo, procedimiento dominante en el lectiva. Sólo la lengua del poema nos
ción, permite anudar sonido, sentido y grafema. No poema. Para traducir un poema hay provee de modos de acercamientos a
se trata de una equivalencia en el pasaje de una len- que estar atentos a esas intensidades ese previo al poema. Del texto y sus
que llegan precisamente de esa forma intensidades localizadas en la repe-
gua a otra sino, y de ahí la maestría del traductor, de singular. Hay que estar atentos como tición de la palabra, parten envíos
recomponer ese fantasma para indagar el por qué una lectores a ese juego de la repetición que nos llevan a esa trama previa a
palabra ha sido escogida entre otras tantas posibles. sonora o de sentido, desmontarla, ha- la que nunca llegaremos en verdad, a
Así, el desafío, consiste en volverse un investigador de cerla hablar. Traducir el poema será, la que nunca conoceremos a ciencia
entonces, hallar una nueva forma que, cierta, como no podremos nunca sa-
la propia lengua evitando los peligros del “traductor como afirma Benjamin, debe capturar ber intenciones o propósitos previos
narcisista” que sobre la dificultad que presenta el el modo-de-decir del original, o po- al poema. Tampoco son importantes
texto original produce una invención para escuchar dríamos decir, el modo de repetir del de frente a lo dado. Sólo tenemos esa
su propia voz, y el “traductor explicador” quien se original. Como lectores-receptores, forma, esos envíos disparados por las
debemos aguzar nuestra capacidad palabras y la repetición, ese esqueleto
propone salvar la dificultad neutralizando el lengua- para leer dicha singularidad. Caja de fantasmático y a la vez pura potencia
je para hacer de su enigmática presencia algo “com- resonancia, dijimos, intensidades de la que se eleva de la forma. El traductor
prensible”. Bajo esta particular óptica, Muschietti repetición. Formas del fantasma que tiene que detenerse allí para dejarse
revisa las traducciones de la obra de Emily Dickinson van y vienen entre posiciones móviles tomar por esa voz, por esa respiración,
elaboradas en nuestro país por Amelia Roselli y por (la del poeta, la del crítico-traductor- por ese estado de la lengua, esos con-
escritor) que se intersectan y ponen en textos que llegan aletargados en los
Silvina Ocampo. Del juego de sus diferencias se contacto diferentes horizontes cultura- envíos del poema. En ese lugar, espía
deducen sensibilidades diferentes para captar aquello les y diferentes tendencias frente a la también los pre-textos, juega a tomar
que habla en el habla de Dickinson. lengua. Para traducir no podemos sino el lugar del poeta de frente a ciertos

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materiales. Pero sólo es un modo de que radica su singularidad. Habrá que nas como un temblor: esa levedad está guas. Paradójicamente, la renuncia del
la especulación, porque el poema ya darle nueva forma en la lengua de lle- sustentada, sin embargo, por intensas traductor de poesía implica nunca re-
ha sido escrito y ahora se trata, como gada. Sólo que se trata, como bien dice investigaciones de las formas de la len- nunciar ante el desafío de la dificultad.
bien dice Benjamin en clave forma- Benjamin una vez más, de una forma gua, trabajo con diccionarios múltiples, Los defensores del traductor-explicador
lista, de una relación entre lenguas. derivada o segunda, lo cual para nada despliegue de posibilidades. Por allí, se preferirán antes que la extrañeza ambi-
A partir de allí, indica una sacralización del original en cuela también la renuncia que está en el gua que el original propone, una forma
Porque la maestría del traduc- claramente, está desmedro de la traducción, como algu- original alemán del título del texto de neutralizada, “comprensible” y com-
tor reside en un trabajo sutil: la información nas malas lecturas de Benjamin insis- Benjamin “La tarea del traductor”. Es puesta en “buen español”. Si un sentido
recomponer el fantasma de la bibliográfica e ten en señalar3. Porque la maestría del lo que nos advierte dice Paul de Man nunca es trasladable, como nos enseña
repetición, y allí tornarse invisi- histórica, otros traductor reside en un trabajo sutil: re- en su artículo...4 O sea que al traducir Derrida5, menos aun en la forma de la
ble. Dejarse tomar por la forma textos, otros poe- componer el fantasma de la repetición, “tarea” perdemos la línea que en alemán poesía, cuya singularidad implica atar
primera y su lengua, ahuecar la mas de la misma y allí tornarse invisible. Dejarse tomar se tiende hacia el campo semántico de sonido a sentido, a grafema, y volver el
propia, alojando ese fantasma firma o no, que por la forma primera y su lengua, ahue- la renuncia, del rendirse. ¿Ante qué? sentido indecidi-
desprendido de la repetición se cruzan con esa car la propia, alojando ese fantasma Ante la evidencia de que no hay equi- ble, en constante Si la tarea del traductor respon-
primera. Un fantasma que (…) forma a traducir, desprendido de la repetición primera. valencia entre las lenguas, que sólo vale fuga. Mantener de a determinadas elecciones,
es pura potencia y espera reen- eso que llama- Un fantasma, que como dijimos, es en la traducción de poesía, trasladar el esa indecibilidad en esta posición tercera podre-
carnar en otra lengua. mos original, es- pura potencia y espera reencarnar en fantasma de la repetición a la lengua de es el desafío del mos apreciar los modos en que
crito en la lengua otra lengua. Porque en la posición de llegada. Rendirse también ante el fin traductor. Y no el horizonte cultural y retórico
1, o lengua de partida. Primero, en- traductores hay que volver a repetir. del traductor-narcisista que hace escu- escribir en “buen de cada escritor-traductor (esto
tonces, habría que detenerse a escu- Componer una misma forma pero otra, char su voz en lugar de la respiración español” porque es, su forma de leer, su orien-
char, a leer, a componer el fantasma en la economía de la repetición, como del original. Por el contrario, el traduc- el poema que tación en el campo estético e
de la repetición antes de partir de la quería Deleuze: economía del robo y la tor-invisible trabaja minuciosamente traduce no fue es- intelectual al que pertenece) ha
lengua de partida. Y por sobre todo, diferencia, por oposición a la economía para respetar una forma hallada, ser fiel crito en español, velado ciertas intensidades del
escuchar la extrañeza que se pega y de la equivalencia o del intercambio. a una respiración fantasma. Y esa tarea- ni responde al original, y ha guiado en otra
se desprende de cada momento de la Como se sabe no hay equivalencias en- traslado implica opciones, elecciones en estado de la len- dirección las elecciones en el
repetición. Foucault ya nos enseñaba tre las lenguas, hay cercanías oblicuas, el elenco de palabras y giros sintácticos gua del traductor. momento de traducir.
en Arquelogía del saber la importancia choques, expansión de connotaciones que la lengua 2 o de llegada ofrece. Es Hay intercambio
de leer lo que esta allí de hecho en que se irradian casi sin querer por fuera así como el traductor se vuelve inves- y violencia mutua entre los estados de
un discurso y preguntarse por qué esa del radio del original, y que el traductor tigador de su propia lengua. Traducir las lenguas, alojos y desalojos. Por eso
palabra, esa lengua allí y no otra entre debe controlar. Es allí donde el traduc- poesía especialmente, nos obliga a ale- el español del traductor debe ser el más
las muchas posibles. Preguntar al dato tor se vuelve equilibrista, minucioso jarnos de nuestra lengua, para mirarla, neutro y universal posible –como el
inmanente de la forma para construir técnico de la repetición. Es allí cuando escucharla como extraños a ella, y poder mismo Borges lo admitía al final de su
los sentidos y los desvíos que llevan al gana y cuando pierde. Un luminoso así calibrar, medir las diferentes opcio- carrera, luego de tantas idas y vueltas
contexto. No se trata, entonces, de ser fracaso, sabido de antemano y que igual nes a la hora de traducir. Un momento al respecto6– para que en él pueda ins-
o no literales. Se trata de ser fiel a esa no obstaculiza el afán de traducir. Y en más en el que el traductor se toca con el cribirse como en juego de veladuras y
extrañeza que deriva de la repetición. tanto el traductor mantenga la decisión creador: volverse extraños en la propia transparencias, como quería Genette7.
de no neutralizar el texto de partida, res- lengua, como quería Rilke, para luego
petar ambigüedades e impactos, llegará empezar a escribir. Y en un momento
2. al objetivo deseado: mantener abierta propio e inherente a la tarea de traducir, 3.
la más abierta de las formas que es la alojar la lengua del original y dejar que
Nos movemos de lectores-críticos a la poesía. Igualmente, la traducción en ésta violente la lengua propia. Los de- Cuando comparamos traducciones,
de escritores dadores de forma. De la tanto implica una lectura del original, fensores de la traducción-narcisista pre- pasamos a una posición tercera, otra
potente materialidad del poema, sólo forma parte de su crítica y es una ex- ferirán que éste invente sobre las dificul- vez en el lugar de lectores-críticos. Si
nos queda un fantasma en el oído, el pansión de la obra (Benjamin, otra vez) tades del original, en lugar de aceptar el la tarea del traductor responde a deter-
fantasma de su repetición, esa que anu- y de algún modo, la cierra. El desafío desafío que la forma de éste le ofrece a minadas elecciones, en esta posición
da sonido, sentido y grafema; esa en la del traductor es que ese cierre sea ape- la investigación y el detalle de las len- tercera podremos apreciar los modos

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en que el horizonte cultural y retóri- Paul Ricoeur ha dicho en su libro So- 1976 en el diario La Stampa, con el no se encuentra ninguna de esas mayús-
co de cada escritor-traductor (esto es, bre la traducción8, aparecido reciente- título “Emily escribe al mundo”9. culas, rasgo que se va afianzando a me-
su forma de leer, su orientación en el mente, que no se pueden establecer Por un lado, hay que destacar la impor- dida que llegan los poemas de madurez.
campo estético e intelectual al que per- criterios para traducir, y que por ende tancia del esfuerzo de ambas por tradu- Los contemporáneos abominaron de ese
tenece) ha velado ciertas intensidades sólo se puede decir que una traducción cir a una de las poetas más grandes de rasgo, así como la sobrina de Dickin-
del original, y ha guiado en otra direc- es buena o mala, o una es mejor que habla inglesa. Dickinson es una de las son, que en su edición, las elimina por
ción las elecciones en el momento de otra, e incluso tratar de mejorar a la voces, junto a Rimbaud y Mallarmé, completo. Rasgo especial, si notamos,
traducir. Particularmente reveladores más pobre. Pero, ¿cómo establecer una que abre las puertas de la poesía moder- que Dickinson pone mayúsculas a pa-
los casos de Silvina Ocampo y Amelia gradación de valor entre traducciones? na, cuyo eje es la experimentación con labras que designan objetos comunes y
Rosselli leyendo a Emily Dickinson y ¿Sobre qué bases juzgar buena o mala la lengua. Poesía difícil y desconcertan- animales, y en especial partes del cuerpo
traduciéndola casi simultáneamente: una traducción, sobre qué bases actuar te, que implica todo un desafío para el o prendas del vestido femenino, palabras
para mejorar la mejorable? Es obvio traductor. Traductora, diremos en este de uso muy cotidiano (Shoes, Dog, Heel,
que el juicio de valoración siempre caso, porque en la elección de Dickin- Ankle, Boddice, Belt, Hat, Gown), y las
subyace en una serie de criterios que se son no se halla ausente una apuesta de mezcla con otras de registro muy dife-
consideran válidos. Nadie puede pen- género: hacerle justicia a esta poeta en rente (God, Science, Surgery, Senses, Soul,
sar que sólo se trata de conocer más o el ámbito de la poesía europea y lati- Cathedral), de una manera muy poco
menos la lengua del original. Tampoco noamericana, cuando no en su propio convencional para una mujer escritora
basta conocer la lengua del original y país. Muchas veces las traducciones (ella es en realidad casi la única) de fi-
ser poeta, como queda demostrado, a repercuten en los campos intelectuales nes de 1800 en Estados Unidos. Otro
pesar del lugar común, que Benjamin de origen de los poetas traducidos para rasgo fundamental son los guiones que
desmiente con su habitual lucidez. efectuar una reconsideración de sus cortan, también de manera arbitraria, la
Además hace falta capacidad crítica y figuras dentro del canon. En nuestro sintaxis del verso, la suspenden y ambi-
analítica, paciencia, devoción fáctica país, por ejemplo, tanto Alfonsina Stor- guan, muy en clave mallarmeana. Am-
por los particulares, y por esa singular ni como Alejandra Pizarnik obtuvieron bos rasgos irán a la escritura también de
forma que es el poema, como decía- reconocimiento en la Academia norte- ruptura de Sylvia Plath (otra poeta tra-
mos en un principio. Amelia Rosselli americana y en las europeas (y fueron ducida por Rosselli). En cuanto al rasgo-
y Silvina Ocampo, ambas poetas, de- traducidas en ese ámbito) antes que en guión, tanto Rosselli como Ocampo lo
dicaron tiempo y esfuerzo a la lectu- la Academia Argentina. respetan. Con lo cual, podríamos decir,
ra y a la traducción de los poemas de Tomamos ahora algunos ejemplos de Ocampo se queda a medio camino en el
Emily Dickinson, con resultados disí- comparación de traducciones paralelas, seguimiento de la ruptura propuesta por
miles. Ambas trabajaron en períodos y de ciertas pautas que guían los traba- Dickinson, que incide en su respiración
cercanos. Rosselli se suicida en 1996 jos de una y otra. Los más evidentes, que y ritmo cortante. Las mayúsculas y los
en Roma, Silvina Ocampo muere en saltan al ojo porque se trata de una cues- guiones repiten e insisten en el corte de
Buenos Aires en 1993. Las traduccio- tión gráfica, con sus implicancias, por su- la respiración del flujo gráfico y sonoro.
nes de Rosselli fueron recogidas en el puesto. Dickinson utiliza las mayúsculas Son formas de indicar voces en alto y
tomo Tutte le poesie de ED editado por de una manera aparentemente arbitraria, silencios. Las mayúsculas también dibu-
Mondadori, a cargo de Marisa Bulghe- no al menos según las reglas de la gramá- jan con su repetición de letras, insisten
roni en 1975. Las de Silvina Ocampo tica inglesa, salpicando el poema aquí y en la materialidad de la palabra, sonido
aparecieron en Tusquets, Barcelona, allá, a veces de manera muy apretada, de o grafema. Del mismo modo, los versos
en 1985. Se sabe por testimonios que esos cortes tipográficos de las mayúscu- de Dickinson insisten en un ritmo corto
Silvina Ocampo ¿qué forma de respiración nos llega en ambas dedicaron mucho tiempo a leer las elevándose en medio del verso breve. (6 ó 7 sílabas son sus preferidos), a veces
las traducciones de cada una?, ¿cuál de y a traducir a Dickinson. Rosselli logra Rosselli las respeta en casi todos los ca- combinados con otros muy largos que se
esas formas captura la dicción Dickin- y publica once poemas, Ocampo más sos; Ocampo, nunca. Éste es un rasgo de cortan con guiones. Ocampo no respeta
son, el tono de su poesía como un fan- de 600. De Rosselli se conoce además estilo relevante, y que implica un quan- esa dicción, Rosselli tiene más cuidado.
tasma en la fuga de la pérdida? un breve pero interesante análisis de tum formal de ruptura. Tanto es así que Ocampo se deja llevar sin más por las
la lectura de Dickinson publicado en en los primeros poemas de Dickinson dimensiones de las palabras en español.

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Veamos el comienzo del poema 443. invenciones de parte de Ocampo10. tre doveri (masculino plural) - piccolo fueran infinitas –para mí–
¿Se trata, entonces, sólo de poco tra- (masculino-singular). Al aparecer en
I tie my Hat - I crease my Shawl - bajo? Se podría elegir “tarea” en lugar singular y luego ligado a infinito, pier- Rosselli escucha mejor, creemos, la res-
Life’s little duties do - precisely - de “obligaciones”, que es mucho más de por completo la relación de concor- piración de la forma Dickinson y dice
As the very least corto y da un sentido muy similar, dancia con doveri, y como parece jugar Fosse –per me– un infinito.
Were infinite - to me - e insiste en el sonido fuerte T como el poema de Dickinson, abrirse a otras Aunque agrega el artículo “un” y, sin
en Dickinson. Igualmente “hago” en especulaciones filosóficas. Sin embar- necesidad, altera el orden de las pa-
Primer verso: Ocampo pone un Me el lugar de “cumplo”, no dicho en el go, con estas elecciones Rosselli repite labras. El final del verso, como bien
inicial, muy español, que puede evitarse texto y que agrega más peso a “duties” dos veces el mismo adjetivo piccolo, re- señalaba Tinianov, es una posición
y que da lugar a un equívoco, casi como que el que el texto pone. Del mismo petición que no está en Dickinson. evidenciada, de gran intensidad en el
si la mujer estuviera aprontándose para modo el adverbio en mente, que vuelve Ocampo, en cambio, sigue con el gé- verso, y ese –to me– entre guiones es
salir (como es el caso del 520), y quita el verso en su conjunto en español in- nero y el número que llegan arrastrados sumamente significativo.
las mayúsculas de Hat-Shawl: acabable. Rosselli en cambio dice: desde “obligaciones”, con lo cual cierra Nosotros proponemos:
el ámbito a lo femenino y plural, y des-
Me ato el sombrero - cruzo mi chal - I piccoli doveri della vita eseguo con precisione virtúa el salto a la reflexión mayor. Fuera infinito –para mí–
Rosselli, más fiel al espíritu escueto de
Dickinson dice Nosotros proponemos cortar el verso como si las más ínfimas más, ínfimo, infinito y para mí esta-
Annodo il mio Capello - cencico il en dos en español blecen conexiones fónicas como least,
mio Sciallo Y agrega además una carga especial, un infinite y to me.
Las pequeñas tareas de la vida hago - con poco despectiva a ese femenino, con la
Nosotros proponemos, siguiéndola precisión elección de la palabra “ínfimas” para Ato mi Sombrero –doblo mi Chal–
traducir lo que en inglés se dice en sin- Las pequeñas tareas de la vida hago
Ato mi Sombrero - doblo mi chal - No sólo para acortar el verso, sino para gular como the very least. –con precisión–
evitar esa rima en ión tan fuerte y pesa- Nosotros proponemos Como si lo más ínfimo
Con lo cual se imponen acciones se- da al final de un verso largo. Al partirse Como si lo más mínimo
cas en primeras personas, y el posesivo el verso, se aligera la rima, queda más Como si lo más ínfimo Fuera infinito –para mí–
mi-mi junto a cada prenda. Importan- escondida.
te también el hecho de que “crease” Mantenemos “ínfimo” pero al desligar- Ocampo logra una melodía seguramente
aunque muy parecido fónicamente a Tercer verso: Aquí aparece un proble- lo de las tareas en femenino y ponerlo mucho más cercana a lo que el oído del
“cruzo”, se refiere a la acción de doblar ma recurrente en las traducciones del en neutro, le damos otro estatuto, ge- hablante español está acostumbrado pero
una tela, con lo cual estamos en las inglés: la cuestión del género. Grave neral, más apropiado para la remisión no es ésta precisamente la que resuena en
“ínfimas tareas” del verso siguiente, y problema, porque el inglés no des- al contraste con el infinito que sigue en las repeticiones, cortes y contrastes que
no en el apronte para salir que sugiere ambigua lo que el español hace conti- el verso siguiente. Contraste que es muy establece Dickinson. En el mismo poema
la traducción de Ocampo. nuamente al cerrar las opciones en la frecuente en el universo Dickinson. Por algunas otras notas son inexplicables
polaridad excluyente o-a. Con lo cual, otro lado, la F así como la I acentuada de
Segundo verso: Ocampo convierte un si no se es muy atento, como traducto- la esdrújula, obtienen una carga sonora Too telescopic eyes
verso muy breve en uno larguísimo: res nos vemos arrastrados a posiciones similar al tono del original, más breve y
o afirmaciones de sexo-género que no con carga acentuada en el sonido fuerte Traducido como “a telescópicos ojos”
las pequeñas obligaciones de la vida están en el original, y que la firma en T ligado al suave S (en español lo suave con preposición “a” en lugar del adver-
cumplo meticulosamente femenino Emily Dickinson parece le- lo pone la M, lo fuerte la F). bio “demasiado” (largo sí pero inevi-
gitimar en una lectura apresurada. El table en el sentido de exceso de vigi-
¿Podría ser éste un ejemplo para la guión que cierra y aísla el verso anterior Cuarto verso: Ocampo continúa con lancia de la ciencia sobre el cuerpo en
acusación de “literalidad” que Borges del tercero, en cambio, presenta a éste el arraste de género y número desde el que el poema se extiende), además
deja caer para la traducción de Ocam- último como una isla que Rosselli ve “obligaciones”, dándole al verso una usado otra vez para lograr una cohe-
po? Sin embargo, otros ejemplos, des- bien Come se il più piccolo. cohesión sintáctica que la estrofa de sión sintáctica que el poema no tiene,
mienten esa presunción, con literales Dice cortando la concordancia en- Dickinson se empeña en negar es decir, normalizando lo que el origi-

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nal presenta como extrañeza. Y convir- E chiedermi come si sentano le dita reseña el estudio minucioso de Guido mismo tiempo que nos señala esa repe-
tiendo el adverbio too en proposición I cui rari - celestiali-movimento Errante. Rosselli lo sigue e indica que tición como una insistencia particular a
de lugar hacia, como si el poema dijera Evocano un così dolce Tormento - muy pocos son los poemas de amor tener en cuenta? Ese fantasma muestra
to. Rosselli en cambio prefiere E così suntuosa - Disperazione - de E. D., en contraste con los muchos un desvío de la dicción Dickinson, ¿qué
dedicados a la naturaleza, al proce- la origina? ¿Qué presiones discursivas
Occhi troppo Telescopici Rosselli se acerca más al sentido físi- so fisico de corrupción del cuerpo, a del contexto cultural, de la posición de
co de stir con movimenti, sin embargo la disquisición intelectual-filosófica. Ocampo en el campo intelectual pueden
Nosotros proponemos esta palabra junto a “celestiales” da una Destaca Rosselli: actuar allí para que no escuche el fantas-
Ojos demasiado Telescópicos conjunción más convencional que la ma de la repetición de Dickinson, y lo
El acento esdrújulo y la rima interna del original inglés. Mucho más insis- En el cuidado prefacio de Guido Errante, vele con otro fantasma? Podemos anotar
os-os de principio y final nos ayudan a tente en el movmimiento físico. único estudioso de los poemas y cartas di- que no es un detalle a ignorar cuáles son
acortar el verso. ckinsonianos, se hace mención del hecho las figuras masculinas tutelares para am-
Otra nota interesante para destacar en Stir: 1 a: to cause an especially slight de que el vocabulario de Dickinson está bas poetas traductoras, las firmas de va-
Ocampo es la elección de palabras que movement or change of position of b: to constituido por más de 7.000 palabras; rón que han significado en su carrera una
hacen virar el campo semántico hacia la disturb the quiet of: agitate. y que una comparación entre éstas y las forma de alianza y salvoconducto. La fi-
emoción, cuando en el original dickin- palabras usadas por Keats, Emerson y gura de Pier Paolo Pasolini para Rosselli,
soniano se mantiene ambiguo: Según testimonios de hablantes nativos: Lander, muestra que hay cerca de 2.400 su primer lector y crítico elogioso; la de
Estamos en el poema 505. es la palabra que designa el movimiento palabras utilizadas por ella y no por Jorge Luis Borges para Ocampo, el que
de revolver la sopa, por ejemplo. los otros, entre los que prevalecen los legitima su posición por primera vez en-
And wonder how the fingers feel Nosotros proponemos: términos técnicos y aquellos de origen tre los poetas argentinos en su Antología
Whose rare - celestial - stir - anglosajón. Ciento cincuenta vocablos publicada en 194113. Mientras Pasolini
Evokes so sweet a Torment - Y averiguar cómo sienten los dedos no se encuentran en los diccionarios de la se deleita con las búsquedas vanguardis-
Such sumptuous - Despair - Cuyo raro - celestial - remover época y son en general palabras compues- tas de Variazioni Belliche, aparecido en
Evoca tan dulce un Tormento tas, formadas con prefijos y sufijos. 1964, y define el procedimiento rosse-
Ocampo elige traducir stir como emo- Tal suntuosa - Desesperación En los adjetivos la proporción entre los lliniano como lapsus, Borges antologiza
ción, dejándose atrapar por las fuertes concretos y los abstractos es de 4 a 2; los a Ocampo, poniendo énfasis en el dul-
palabras que le siguen al final de verso en El paso de stir a “emoción” es sólo un verbos más frecuentes expresan cualida- zón y sentimental “Enumeración de la
la estrofa Torment - Despair. Y en lugar ejemplo de tantos en los que la elec- des físicas; los nombres abstractos son Patria”. Será que Borges persistía, desde
de hablar de los movimientos del pincel ción de Ocampo lleva el original desde llevados a representar acciones concretas. la ya famosa reseña del libro de Nydia
como parece sugerir el original, dice: lo concreto-físico al ámbito o esfera de El sustantivo love, uno de los más usados Lamarque, en destinar los libros de las
lo emocional-sentimental. ¿Cuál es el entre cientos de poetas ingleses y ameri- muchachas a ocuparse “de la espera del
y averiguar cómo los dedos sienten fantasma que se levanta en la repeti- canos entre 1540 y 1940, no es usado querer, la víspera segura del corazón y de
la rara - celeste - emoción - ción de dichas elecciones? Lacan nos por Dickinson más que 90 veces; y la las luces sabatinas encendidas aguardan-
que evoca tan dulce tormento - dice, leyendo siempre a Freud, que la palabra ocupa uno de los últimos lugares do la fiesta”. Definía así Borges el “suje-
tan suntuosa - desesperación - repetición es evitamiento y llamada, en la lista de sus preferidas12. to” del libro de N. Lamarque y agregaba:
oculta y devela al mismo tiempo11. “Es el idéntico sujeto que hay en La Ca-
Cayendo así en la rima ión-ión de fi- Esa duplicidad fantasmática percibe Esta importancia de lo técnico, físico y lle de la Tarde por Norah Lange”. En el
nal de verso, la misma de la que hacía claramente al observar las repeticiones concreto (y cotidiano, agregaríamos no- prólogo al libro de Norah, Borges vuelve
burla Oliverio Girondo en el poema de las elecciones de Ocampo. ¿Sobre sotros) en combinación con la disquisi- a enfatizar sobre el territorio estético-re-
“Espantapájaros” de 1932, y de la que qué llaman la atención y qué evitan ción filosófica, junto a la experimenta- tórico destinado a las mujeres:
se burlaba también Alfonsina en “Li- decir esas repeticiones de Ocampo? ción lingüísitica (¡150 neologismos!) son
gadura Humana” en 1920, llamándola Los pasajes que realiza de lo concreto a los rasgos formal-semánticos más rele- El tema es el amor: la expectativa ahon-
“pesado moscardón”. emotivo-sentimental, por ejemplo, se vantes de la obra de Dickinson. Rosselli dada del sentir que hace de nuestras al-
Rosselli, en cambio, advierte la dife- vuelven aun más llamativos y arbitra- parece escucharlos mejor que Ocampo mas cosas desgarradas y ansiosas, como los
rencia entre too adverbio y to preposi- rios cuando leemos el artículo escrito a la hora de traducir. ¿Qué oculta este dardos en el aire, ávidos de su herida (p.
ción, y dice: de Rosselli, en el que sumariza en su fantasma de la repetición de Ocampo, al 101, op. cit.).

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Y nada mejor que esos trebejos del senti- este volumen, tenemos las palabras Que oprime como el Peso película por TV ayer.) Además por qué
miento que se acomodan al verso de las originales en el mismo orden. De los Cantos de Iglesia (Margarita colocar “Himnos” que es una palabra
muchachas, por oposición al del varón No es cotidiano el hecho de un poe- Ardanaz en Madrid, Cátedra, 1997) más solemne, y que Dickinson usa
“obligado al verso pensativo”14. Lejos ta traducido por otro poeta. Silvina en otros poemas (cfr.) para traducir
estaba Emily Dickinson de responder Ocampo es, fuera de duda, la máxima Que oprime como la Carga Tunes, que está efectivamente allí en el
a ese deslinde genérico de territorios. poeta argentina; la cadencia, la ento- De Himnos, Catedrales (Nicole original y es mucho más simple, más
Pero Ocampo no pudo saltar ese cerco nación, la pudorosa complejidad de D’Amonville) coloquial... Dejo algunas posibilidades
de la poesía sentenciado como campo Emily Dickinson aguardan al lector de para ser trabajadas.
de exclusión estético-sentimental para estas páginas, en una suerte de ventu- Lo de Ocampo es directamente una Que oprime como el Peso (7 sílabas
la mujer. Con una mirada bizca, mi- rosa transmigración. metáfora inventada, una interpreta- como el original, heft=weight en el
tad hacia la convención normalizadora, Con la ambivalencia que lo caracteri- ción que cierra el sentido del texto, lo diccionario)
mitad abierta a percibir el cambio, se za a la hora de hablar de traducción, clausura en una posibilidad otra vez de Catedral Acordes (7 sílabas)
asoma a la obra de Dickinson, que le Borges parece elogiar la literalidad en llevando el plano de lo concreto (Peso- de Catedral Tonos The decisión day
atrae con su fuerza gravitatoria, pero el trabajo de Ocampo, y cuando da las Catedral-Tonos) al de lo abstracto; y de Catedral Melodías
que no es suficiente para hacerle desatar causas del elogio, se halla muy cerca de además invierte las palabras de lugar... Ambos versos tienen 7 sílabas como el
las fuertes alianzas de clase social y esté- nuestro argumento del fantasma. Ha- cosa que no hace D’Amoville, Carrión original, y “Catedral” se convierte en
ticas que la tenían apresada al escribir bla de “venturosa transmigración” de dice que así atiende a la violencia de una palabra oscilando entre sustantivo
poesía, y que sí quizá pudo derribar en un ritmo, el de Dickinson que Ocam- la sintaxis en el inglés pero ésta añade, y adjetivo, entre espacio concreto y
otro género, la narrativa. En poesía no po parecería trasladar con minucia li- pienso, más extrañeza que la que la cualidad. Sería interesante, entonces,
pudo abandonar al patrón Borges, y teral. Sin embargo, ese plan de trabajo expresión en inglés tiene y la saca de definir qué se entiende por literalidad.
surge en su traducción de una poeta tan trazado por Borges parece más bien foco. (The decision day, escuché en una Pero eso queda para otro trabajo.
revulsiva como Dickinson, aquietando una sentencia irónica porque precisa-
sus aguas, atemperando su tendencia a mente no es el seguido por Ocampo
lo físico y a lo concreto, haciéndolo fu- como hemos intentado demostrar. A
gar hacia la emoción, cuando el poema nuestros ejemplos quiero sumar otro, NOTAS
de Dickinson se aparta expresamente para terminar, aportado por Jorge Ca-
de ese campo, para construir otro. En el rrión en la reseña a Emily Dickinson, 1. Ponencia leída en el VI Congreso Internacional Orbis Tertius de Teoría y Crítica Literaria “Las tradiciones
prólogo al libro de las traducciones de 71 poemas, (Barcelona, Lumen, 2003, críticas” realizado por la Universidad de La Plata en mayo de 2006.
2. Walter Benjamin en La tarea del traductor, de 1923; Giorgio Agamben en Infancia e historia, de 1978, con
Ocampo, Borges vuelve a insistir. De trad. de Nicole D’Amonville). Ca- traducción al español publicada en Buenos Aires por Adriana Hidalgo, 2001.
Dickinson destaca, además de su deseo rrión critica una de las traducciones de 3. Cfr. Waisman, Sergio, Borges y la traducción, Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2005.
de no publicar y de la intensidad de sus Ocampo, la del poema 258, que muy 4. “Conclusiones: La tarea del traductor de Walter Benjamin” en Resistencia a la teoría. Madrid, Visor, 1990.
5. Ver especialmente “Firma, acontecimiento y contexto”.
versos. “No hay, que yo sepa, una vida lejos está de la presunción de literali- 6. “Pero creo que se comete un error cuando se insiste en las palabras vernáculas. Yo mismo lo he cometido.
más apasionada y más solitaria que la de dad. Traduce Ocampo: Creo que un idioma de una extensión tan vasta como el español, es una ventaja y hay que insistir en lo que
esa mujer. Prefirió soñar el amor y acaso es universal y no local.” “Problemas de la traducción” en La Opinión Cultural, 21/9/1975, luego recogido en
Textos recobrados, Buenos Aires, Emecé, 1997.
imaginarlo y temerlo”. De la traducción Hay un cierto sesgo de luz, 7. Citado por Eco en Dire quas la stessa cosa. Milano, Bonpiani, 2003.
de Ocampo, además de señalarla como en las tardes de invierno - 8. Ricoeur, Paul, Sobre la traducción, Buenos Aires, Paidós, 2005.
una gran poeta, hace pesar la acusación que oprime, como 9. Todas las citas de este artículo son traducción mía.
de literalidad, cuando en otros textos la profundidad de las catedrales - 10. El caso del poema 258.
11. Mariscal, José Naranjo, “La repetición en Freud y Lacan”. Instituto del Campo Freudiano. Sección Clínica
parece desmerecer ese criterio15. El final de la estrofa decía en el original: de Barcelona, en http://www.scb-icf.net/nodus/default.htm
He sospechado que el concepto de ver- 12. “Emily escribe al mundo”(tomado de La Stampa, 6 de febrero de 1976, reproducido en Transparenze,17-
sión literal, desconocido para los anti- That opresses, like the Heft 19, Génova, San Marco dei Giustiniani, 2003). Mi traducción.
13. Antología poética argentina, Buenos Aires, Sudamericana, 1941.
guos, procede de los fieles que no se Of Cathedral Tunes 14. Borges deslinda así la literatura escrita por varones de la literatura sentimental destinada a las mujeres
atrevían a cambiar una palabra dictada Que oprime como el peso que florecen en las “quintas”: allí se destaca por oposición la disonante poesía de Alfonsina, a la que destina
por el Espíritu. Emily Dickinson pare- de los acordes de la Catedral (el matri- la ya famosa frase descalificadora: “...sin incurrir ni en las borrosidades ni en las chillonerías que suele infe-
rirnos la Storni”. He trabajado en detalle estas demarcaciones en “Borges y Storni: la vanguardia en disputa”,
ce haber inspirado a Silvina Ocampo monio Domechina y Champourcin; Hyspamérica, N° 95, University of Maryland.
un respeto análogo. Casi siempre, en México, 1946) 15. Ver “La música de las palabras y la traducción” en Arte poética, Barcelona, Crítica, 2001.

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Juan José Saer: En la enumeración de la vasta obra de


Juan José Saer, aquellas que aparece
definida como ensayo –El concepto de
con un fervor de contendiente y con
una sensibilidad capaz de ofrecer, en la
belleza de algunas de las imágenes dise-
una crítica sin atributos ficción, La narración-objeto, Trabajos–
no es sino un conjunto de textos escri-
ñadas a partir del despliegue sensorial, el
dibujo concreto de este suelo y su deve-
tos en un lapso de casi tres décadas y nir. Saer consigue hacer del libro que le
Por Susana Cella en forma paralela o simultánea, o la encomendaron parte de un proyecto
que se lista como narración; recopila- editorial por el cual se convocó a varios
ciones por tanto, y en cierto sentido, escritores a escribir sobre grandes ríos
algo así como fragmentos, cuyo carác- –el Danubio, entre otros– un “objeto
ter misceláneo es menos verdadero que que apunte a aquello que especialistas y
aparente, porque aunque se trate de legos tiene en común: en eso se resume
apuntes, artículos para alguna revista o la función de la literatura” (Saer, 1991,
períodico, conferencia, etc., la unidad 218), es decir,
de lugar, para usar una expresión del apelar a lo que Saer incursiona, podría decirse,
autor, está dada precisamente, por una cada lector, desde en la Argentina, o tal vez en
Los textos de Juan José Saer no adoptan su perspectiva que más allá de variantes su experiencia, el litoral como sinécdoque de
forma crítica en función de la confirmación de de época, es su carácter más profundo puede percibir, un país cuya historia, literatura
una teoría previa. Su método –sostiene Susana y parece ser una invariante, en tanto sentir y pensar, no y sociedad no deja de escrutar
Cella– que aparece en sus ensayos como frag- ya sea que esté tratando una cuestión mediante genera- simultáneamente con un fervor
sociológica, una obra literaria, algún lizaciones o abs- de contendiente y con una sen-
mentos paralelos a su narrativa, consiste en tipo de concepto, un autor, una teoría, tracciones, sino, sibilidad capaz de ofrecer, en la
desarrollar un estilo personal que no pretende etc., habría como un método –sin que paradójicamente, belleza de algunas de las imáge-
representar la realidad sino desarrollar una voz este término haga pensar en el cumpli- por acentuar los nes diseñadas a partir del desplie-
que habla a título personal. Despojado de inten- miento de una serie de pasos ordena- detalles que apa- gue sensorial, el dibujo concreto
ciones explicativas a las que considera redun- dos, o algo así–, o mejor, un modo –y recen como la de este suelo y su devenir.
modo hay que entenderlo como una contrapartida de
dantes, Saer se propone deconstruir ilusiones a forma, una actitud, un proceder, un lo estereotipado. Es así que la pampa
partir de una indagación de carácter antropo- estilo y hasta una costumbre (todos y su río principal (en este caso menos
lógico: se trata de la pregunta por nuestro ser estos sinónimos de la palabra)– que que sin orillas, de una sola, ya que se
en el mundo impregnada por el aire litoraleño muestra en la heterogeneidad, la insis- refiere a la costa argentina y remonta
tencia de lo homogéneo. hasta el Paraná) se tornan evidentes,
que recorre toda su literatura. La crítica como Sin embargo, además de los tres men- inmediatos, y al mismo tiempo mues-
el despliegue de un punto de vista valorativo cionados, El río sin orillas también cali- tran su particularidad y la pertenencia
compuesto de afectos y rechazos, huidizo de fica entre los ensayos, y casi se diría que a un orden mayor que los abarca, el
lógicas mercantiles y estandarizadas propias de a la inversa de los otros, en que al tratar del mundo. Es así que en el asado
diversos temas, se percibe el núcleo –tema sobradamente mencionado en
los estereotipos y las imposturas que inundan el fundamental dador de sentido; en éste Saer– convergen el orden universal y
mercado cultural. Difícil de encasillar, crítico de es un tema, el río, y el de la Plata, ese lugar “único también, a causa de
modas y banalidades académicas o provenientes específicamente, el motivo desencade- unos azares llamados historia, geografía
del mundo periodístico, Saer invoca una escri- nante, y como si se tratara de un viaje y civilización” (Saer, 1991, 250).
tura afirmativa de sentidos como modo de deve- en el espacio-tiempo, Saer incursiona, Estas inferencias intentan subrayar que,
podría decirse, en la Argentina, o tal además de la teoría implícita o incorpo-
lar los desafíos que nos impone la cotidianeidad vez en el litoral como sinécdoque de un rada en cuentos y novelas, Saer escribió
de la existencia, resistiendo a la invariantes que país cuya historia, literatura y sociedad una cantidad de textos –de exten-
ofrecen los géneros literarios. no deja de escrutar simultáneamente sión variable y muchas veces, como él

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mismo destaca con cierta ironía “por Escritos en una prosa donde el distin- que nunca aparece en Saer es lo que que Saer va incorporando, su sentido,
encargo”– que, genéricamente, se ads- tivo estilo que da a la narrativa de Saer bajo el rótulo de crítica, no es más que no de acto en un momento de crisis,
criben a una zona ensayística, en dis- su calidad y altura, y en el permanente mera descripción o un tipo de lectura ya que como afirma, la idea de crisis
tintas entonaciones e inflexiones pero y nunca abandonado ejercicio de la que utiliza el texto para mostrarlo señalaría un momento pasajero, en
siempre en torno de lo que han sido sus sutileza, rigor y sensibilidad que acerca como confirmación de una teoría, de cambio, el contexto, claramente pre-
recurrentes y constantes preocupacio- estos textos a sus relatos, y con ellos, modo que reducido así a ejemplo ilus- sente en todos los ensayos, es el de un
nes acerca de la escritura, la que, ubi- a la breve pero magnífica producción trativo, el texto estaría perdiendo su mundo en el que la persistencia y la
cada en una dimensión antropológica, lírica, los ensayos tienen, sin embar- razón de ser. Justamente cuando Saer intensificación de un ordenamiento
alcanza el carácter abarcativo de una go, su especificidad. Desde luego, no plantea la unicidad de la obra de arte, social que sustenta y promueve un
reflexión sobre nuestra razón de ser en se trata de algo así como apostillas la singularidad de cada texto artístico, imaginario de adaptación y repro-
el mundo, cuya vía regia es la literatura. o explicaciones a su obra, lo que el su capacidad de plantear su propio ducción indefinida de la mercancía
Por otra parte, señala Saer, “el ensayo propio Saer rechazaría porque sería sistema, no es simplemente que esté cultural que trata de ahogar o neu-
en tanto que forma literaria, es, antes según su implacable mirada, o bien citando a Theodor Adorno –aunque tralizar todo lo que intente cuestionar
que nada, la consideración fragmen- una falla en ese otro texto, o una mera lo cite, y varias veces, sobre todo en esta dominación. Por tanto la crítica
taria e individual de un tema dado, y redundancia, innecesaria en tanto la cuanto a la irreductibilidad de la obra no aparece como emergente de un
la actitud previa del ensayista es jus- obra literaria, como la concibe, funda de arte– sino que está estableciendo momento excepcional, sino de un
tamente la de hablar a título personal un mundo y establece sus reglas en una categoría valorativa, y con eso estado permanente o por lo menos
y no adjudicarse un conjunto autónomo. Es, más bien, afirmando no ya la pertinencia de la prolongado. Aun cuando haga esta
Cuando Saer plantea la unici- ninguna represen- la incursión por otra modalidad de dimensión valorativa, sino más bien la distinción, su crítica remite al gesto
dad de la obra de arte, la sin- tatividad” (Saer, escritura para ejercer, algo que ha sido imposibilidad de que esté ausente en propio de los momentos históricos en
gularidad de cada texto artís- 1997, 124). Es práctica constante en los relatos, una la crítica. Lo que nos lleva a considerar que el cuestionamiento de lo estable-
tico, su capacidad de plantear por tanto una voz mirada que intenta deshacerse de lo que toda pretensión de asepsia es o cido es más alto; es decir, Saer con-
su propio sistema, no es sim- cuyo peso se sos- engañoso, lo aparente, que se opone bien una suerte de actitud maquinal servaría esa actitud a pesar del clima
plemente que esté citando a tiene en su propia con vehemencia a lo dado por cierto ante un texto o un engaño. Un texto adaptativo o de las derivaciones acríti-
Theodor Adorno –aunque lo consistencia, no o convenido, desmontando precisa- –y digamos nada– se contempla o cas de la crítica, de ahí esa afirmación
cite, y varias veces, sobre todo en algún tipo de mente el mecanismo por el cual tales mira, o describe o analiza desprendido en el prólogo a La narración-objeto,
en cuanto a la irreductibilidad instancia o tari- ilusiones funcionan. En este sentido, del sujeto que se enfrenta a ese obje- “renunciar a la crítica es dejarles el
de la obra de arte– sino que ma desde la que los textos ostentan, indiscutiblemente, to; una de las cosas que se destaca en campo libre a los vándalos que, al final
está estableciendo una catego- alguien enuncie la categoría de crítica. Ahora, cuando estos ensayos es precisamente, y casi del segundo milenio de nuestra era,
ría valorativa, y con eso afir- en una preten- esa actitud crítica hace centro en la se diría al contrario de una especie pretenden reducir el arte a su valor
mando no ya la pertinencia de sión de autoridad, literatura, vale preguntarse qué está de imparcialidad, la pasión puesta en comercial” (Saer, 1999, 12). Un poco
la dimensión valorativa, sino emparejada a las diciendo a y sobre la crítica, y sobre la vindicaciones y afectos no menos que más adelante, en el mismo prólogo,
más bien, la imposibilidad de maniobras por literatura (y desde luego ese qué está en rechazos y denostaciones. Desde y podría decirse, filiándose en una
que esté ausente, en la crítica. las cuales se fijan indisolublemente ligado al cómo), o, luego la presencia del sentimiento, o tradición, presenta otra faceta y otra
de antemano las dicho de otro modo, qué aporta a la la pasión, no significa la defensa de justificación para la crítica:
pautas de lo que debe escribirse o leer- crítica literaria en varios aspectos. una lectura meramente impresionista
se, sea por el mercado o la academia, No es cuestión menor, entonces, lo o caprichosa, la argumentación que la La crítica es una forma superior de lectu-
los resultados son similares: que gira en torno de cómo encarar sostiene disipa tal postura. Y cuando ra, más alerta y más activa, y que, en sus
una escritura crítica, en este aspecto el la argumentación es fuerte, firme, por grandes momentos es capaz de dar páginas
Los novelistas ya no necesitan buscar ensayo de Saer cobraría un sesgo parti- la potencia del razonamiento y porque magistrales de literatura (Saer, 1999,13).
nuevos caminos formales o una visión cular, en lo que concierne a la reflexión está habitada por esa misma pasión,
inédita del mundo para ejercer su arte, del escritor sobre el propio trabajo. y se realiza con las afinadas armas Cuando quien enuncia ya no es algu-
sino que les basta con limitartse a repro- Pero también aparece en la forma de del lenguaje, con sus varios registros, no de sus narradores, que bien pue-
ducir la ideología, los valores y la situa- análisis de textos de otros escritores, surge una intervención crítica. den ocuparse de hacer crítica literaria
ción social, étnica o cultural de su públi- que viene a ser el concepto más acep- La trajinada y repetida palabra va –pienso por ejemplo en el Tomatis de
co” (Saer, 2006, 11-12). tado de crítica literaria. En este caso lo adquiriendo, mediante las acotaciones Lo imborrable–, sino que la voz nos

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remite a la instancia del autor, al escri- muestran, como reacción en cadena, res, pero siempre para iluminar algún muchas veces no cedió a la convenien-
tor Saer, es posible destacar su lugar sus efectos en el imaginario social, lo punto diferente, en esa lógica entre lo cia de “alabar” una obra, si con esto
como lector, con una salvedad que que a su vez se vincula con las tácticas igual y lo distinto –sobre todo en tanto tenía que ceder a sus convicciones. La
vale destacar. Para Saer: de dominio y opresión. coloratura tinte–; en el ensayo, y por ética mencionada por Saer se nota en
Siendo precisamente el amplio campo tanto en los pliegues y repligues de su este tipo de elecciones, que, manteni-
La lectura pone en movimiento todos de lo imaginario donde se desarrolla pensamiento, hay un recorrido similar. das consecuentemente implican el ries-
nuestros componentes, sumergiéndonos la existencia humana, y el magma Las recurrencias, sucesivas vueltas sobre go de un aparta-
en un entresueño que es de índole pul- del que surgen las obras artísticas, la “lo mismo” (eso que no desconoce la miento absoluto A la literatura, recurren una y
sional, y en el que la razón interviene de actitud crítica surge en las modula- heterogeneidad pero, a su vez, percibe (Saer, 1999, 97). otra vez, los mismos autores,
cuando en cuando, y de un modo dife- ciones –como tonos de voz, como lo sustancial), no son sino el intento de Tal vez sea impor- precisamente esos cuya obra
rente cada vez (Saer, 1997, 103). ritmos– que asumen sus fervores y aproximarse a lo que en su misterio, en tante señalar que y proyecto responde a esta
las refutaciones, cuyo denominador su carácter de vedado, incognoscible, la actitud de Saer, exigencia de calidad, esmera-
Tal lectura es capaz de suscitar lo que común es la posición de irreductibili- puede ser atisbado por el arte, en este sus afirmaciones, da elaboración, inclaudicable
se puede llamar el arte de la crítica, dad frente a varios de los componentes caso, el arte de la palabra, reconocien- no se relacionan fidelidad y consecuencia con
arte por el cual los textos no sólo son de ese imaginario que son atacados, do esa dimensión por la indisoluble con una especie el proyecto sin resultados cal-
el resultado del examen de una cues- como el prejuicio, el estereotipo y las relación de lectura/escritura. La recu- de virtuosa mar- culados de antemano.
tión sino también, y de ahí su pro- impostaciones. Esto arma un sistema rrencia es entonces la manera de explo- ginalidad, como
fundidad, su penetración, resultado de valores que trascienden la crítica rar según lo que sería una lógica de coartada que estaría ocultando la falta
de una disposición especial según la aunque la incluyan, y en la literatura, repetición/diferencia, entendida, desde de respuesta –o la respuesta negati-
cual las palabras demuestran su ade- específicamente, lleva a una decidi- luego, la primera no como reproduc- va– ante un texto no precisamente
cuación y su fuerza, como núcleos de da disquisición con afirmaciones en ción, sino más bien, en tanto retorno por sus valores, sino por la falta de
irradiación de sentido. Nada más lejos general contundentes. de algo que para nada es aleatorio, y la éstos. Saer no se negó a publicar en
entonces de lo anodino de un paper Desechado cuanto se propone como segunda, como los modos en que ese los períodicos pese a sus fulminantes
rezumante de citas y referencias, sin reproducción de un orden que Saer retorno se manifiesta. críticas al periodismo como parte de la
salir, como cualquier género literario define como democratismo posmoder- Y entonces a la literatura recurren una maquinaria de simplificación propia de
–que Saer no se cansa de denostar no –lo que de paso tiene la venta- y otra vez los mismos autores, pre- la industria cultural; tampoco rechazó
como premoldeados para la fabrica- ja de que simultáneamente vincula cisamente esos cuya obra y proyecto participar en jurados o congresos, ni
ción en serie– de las convenciones, y ideología, política y arte, así como responden a esta exigencia de calidad, se refugió en alguna editorial inde-
por tanto, meras reproducciones. Vale el cuestionamiento de “un concepto esmerada elaboración, inclaudicable pendiente. No sin un largo período de
entonces tener en cuenta ese grado de blando”, el de posmodernidad–, la fidelidad y consecuencia con el proyecto paciencia, comenzó a publicar en sellos
responsabilidad al asumir la crítica, atención está puesta en todo aquello sin resultados calculados de antemano. como Alianza y Seix Barral, pero sin
incluso cuando sea el artista quien la que signifique una forma de oposición No es extraño entonces que pueda citar que esto significara “adaptar” su obra
ejerce, Saer la reafirma contra algo así y simultáneamente la búsqueda que da la fórmula joyceana “soledad, exilio y a las exigencias temáticas, de lenguaje,
como una tolerancia que se tendría sentido, porque es capaz de producirlo astucia”, aunque no dejen de resultarle género, etc. del mercado. Es decir,
ante tal tipo de figura a la que se le y porque en su radicalidad se valida. Así problemáticas, sobre todo la última, debió ser considerado también por esa
permitiría, por el valor de su obra, como en la escritura de Saer observa- pero sin embargo, incidentes. De la maquinaria que, asimismo, publica la
cualquier extravagancia o necedad, mos esos movimientos envolventes de soledad y el exilio no faltan reflexiones obra completa de Theodor Adorno.
que en más de un caso serían más frases, que van desgranando a medida desde el comienzo, la otra quizá quede Con todo, cabe señalar que jamás se
bien formas de –para usar una palabra que se discurre por ellas la captación de como el interrogante que, para Saer, convirtió en un best-seller, y que en
que Saer repite– “inepcia”. En varias un aspecto no percibido antes, por un Joyce deja planteado. En el ejercicio algunos casos fue una temporada en
ocasiones se dedica a mostrar que es detalle, por la combinatoria de las pala- de la que llama “verdadera crítica” (lo el infierno de las modas académicas.
precisamente esa inepcia la coartada bras, por la demora en las parentéticas, cual deja entrever la existencia de otra Desde luego que nada de esto incide
de muchas actitudes no sólo frente por la suerte de suspenso que supone u otras) los términos saerianos son en una obra cimentada sobre una base
a la literatura, sino también en los el tramo final, que remata una frase y muy concretos: análisis, distinciones, mucho más resistente y duradera, del
comportamientos sociales. La inepcia van dibujándose zonas que, de algún rigor intelectual y ética (Saer, 1999, tipo de las que define, por ejemplo, en
adquiere toda su gravedad cuando se modo, giran sobre los mismos luga- 12). Joyce también escribió crítica, y La narración objeto:

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...podríamos dar el ejemplo de cier- momento decisivo, más elevado y pri- texto, si por esto entendemos el tono y modo en que vuelve una y otra vez
tas narraciones que, partiendo de un mordial, en comparación con otros, y modo de argumentar que presenta. sobre ciertos autores entraña, desde
mismo elemento constructivo, por la nunca se trata de un parricidio ni nada El cuidado examen sobre Borges, pue- luego, la valoración vinculada con la
inclusión de abundantes figuraciones por el estilo– además de afinadas ob- de contrastarse con el texto dedicado defensa de la cualidad artística capaz
particulares, llegan a obtener ese estatu- servaciones acerca de la ideología po- a Vladimir Nabokov, cuyo título es de ofrecer un ensanchamiento de la
to de objeto único que es el de la obra de lítica de Borges, manifiesta para Saer un indicio de lo que viene, “Sobre un experiencia humana, y una referencia.
arte, de narración-objeto que se basta mucho antes de que alcanzara mayor pavo real” (Saer, 2005, 101), donde Como soportes, como ejemplos de lo
a sí misma y que, dentro de los límites difusión y mayor oposición. La ve en Saer, muestra nuevamente que no hay que sostiene, recurren en los ensayos
que se ha impuesto por sus principios un temprano escrito de Borges: para él vacas sagradas y desenmasca-
de construcción soberana, es un mundo ra la campaña de autopromoción de
propio, un verdadero cosmos dentro del La lógica de las declaraciones que treinta Nabokov, sus frivolidades, mezquin-
otro (Saer, 1999, 26). años más tarde causarían tanto escánda- dades, autoelogios, desprecio por la
lo ya estaba inscripta en la concepción mejor literatura. Apela en este caso a
La distinción que reclama en el ejer- de Occidente que tenía en 1944 (Saer, otro tono, menos un paciente análisis
cicio de la crítica arremete contra las 1999, 123). que una suerte de desenmascaramien-
etiquetas del mercado que promueven to severo. Las frases irónicas adquieren
las serializaciones; así Saer puede de- La crítica en Saer suele ser perentoria, a veces un cierto matiz cómico, las
cir que, según tal lógica, Juan Carlos si bien hace algunos reparos en ocasio- afirmaciones son palmarias y demos-
Onetti e Isabel Allende son novelistas, nes, y que en general tienen el sentido trativas de las zonas de la escritura en-
pero además esta falta de valoración de mostrar las diversas facetas intervi- sayística de Saer que, con vehemencia,
estética también es percibida en la ac- nientes en una cuestión, predomina la declara su oposición a las imposturas,
tividad crítica, digamos, especializada. forma asertiva por sobre el terreno más refiere así respecto de Nabokov:
Así refiere Saer (Saer, 1999, 125): bien conjetural y vago de los subjun-
tivos y condicionales. Es precisamente la primera afirmación de su libro es
A menudo he podido observar que una en ese mismo ensayo sobre el problema ‘pienso como un genio’, sin que en las
estimación estética correcta no siempre Borges, que Saer, al tiempo que se ocu- trescientas setenta páginas siguientes se
sugiere la elección de los textos estudiados pa del tema, asienta algunas distincio- obtenga la menor prueba que justifique
y que su valor específicamente literario nes –una de las condiciones de la críti- esa afirmación (Saer, 2005,103).
no parece ser tenido en cuenta por quie- ca, sostiene– como la diferencia entre
nes se interesan en ellos” (en “Borges el crítico y el polemista: “Para el verda- Para quien lleva a un grado extre-
como problema”, Saer, 1999, 115). dero crítico todo debe ser sometido a mo el cuidado en la palabra, cada Cervantes, Borges, William Faulkner,
examen, tanto los argumentos propios matiz que van asumiendo es cosa Macedonio Fernández, Juan L. Ortiz,
Justamente este ensayo no sólo con- como los ajenos; para el polemista en fundamental, y la elección de tonos, Kafka, Musil, Onetti, el Nouveau
tiende con afirmaciones de Borges, cambio, el asunto consiste únicamen- consecuentemente se relaciona con el Roman, Proust, Flaubert, entre los
sino que también se dedica a hacer un te en ganar la discusión” (Saer, 1999, tipo de intervención que realiza. En la principales. El carácter de referencia,
examen de esa escritura e ideología, sin 116). Al mismo tiempo que califica comparación citada anteriormente el de modelos, si se quiere, de estos escri-
el temor reverencial que precisamente a Borges de polemista, no deja de se- contraste es palpable, contra la entro- tores, lo lleva a considerar también
Saer critica. No es, claro, la actitud ñalar que tal distinción es de “orden nización de la falsedad aguza el tono, el tema de las influencias, y lo hace
de un provocador ni de un iconoclas- moral o intelectual y no estético”, bas- incrementa la ironía. La ilación la cuando está refiriéndose a Faulkner
ta, esto último porque está tomando ta un ejemplo: “Kafka, que nunca se provee el apasionamiento por aquello (Saer, 1999, 17). El modo de abordar
aquello que analiza despojado de todo peleó con nadie, es infinitamente me- que, visto en el instante de peligro, el tema, de introducirlo y desarrollarlo
prejuicio, incluido el de una vene- jor escritor que André Breton, que sin desea preservar, y que no es otra cosa tampoco es cuestión menor en la ensa-
ración incondicional, y tampoco lo embargo escribió algunos magníficos que la literatura como arte de la pala- yística, y en el caso de Saer, el hecho
anterior, porque la argumentación va panfletos”. La perspectiva que adopta bra, en sus mayores representantes y de apelar a diferentes recursos, como
ajustando las distintas consideraciones Saer es la del crítico y por tanto está textos (de ahí la reiterada mención de el relato de la experiencia personal,
sobre la obra borgiana –señalando su ahí asentada la orientación que tiene el ciertos nombres paradigmáticos). El lejos de quitarle lo que podría pensarse

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como cierto distanciamiento “crítico”, Cuando cierto escritor caribeño preten- mente del nombre que las engloba, de habría que deshacerse. Los parámetros
como prevención contra el desborde de que si su obra y la de Faulkner se ahí que considere a la novela –que es que preestablecen definiciones tales
subjetivo, le confiere a lo que dice una parecen es porque Colombia y el deep la categoría en cuestión– un episodio tendrían, entre sus varias consecuen-
nitidez mayor, que se valida no en el south son lugares muy parecidos, y por- de un conjunto mayor, que sería el de cias negativas, el de establecer algo así
antojo sino que acude a la prueba de que Faulkner es un escritor latinoame- la narración. Así como en la tradición como regulaciones que influyen sobre
la experiencia (“como cualquier lec- ricano avant la lettre, no nos queda más literaria mucho se trató el paso de la quienes escriben y sobre quienes leen.
tor”), y por tanto a todo lo que entra remedio que pensar que esa influencia epopeya a la novela, Saer considera Es decir, se trata de la enunciación,
en juego –inteligencia y afectos– en es superficial, y que por su carácter ver- que esta última tiene fechas bastan- por sofisticada que quiera aparecer, de
la lectura, como más de una vez lo gonzante proyecta más resentimiento te precisas, que corresponden a un prejuicios, cuyos orígenes pueden ser
reafirma o lo observa al considerar que admiración sobre el modelo. período histórico bien definido –no diversos, pero en todo caso apuntan
otras escrituras. sin que recuerde en cierto sentido a a un establecimiento de lugares de
A partir de la imborrable marca de Ya en un texto de 1980, “Una literatura Lukács, mencionado por otra parte, autoridad que coartan justamente la
una primera lectura de Faulkner en sin atributos”, Saer había manifestado con las previsibles discrepancias, pero experiencia estética como la entiende
una etapa temprana de la vida se su oposición a una denominación tal con el respeto acordado a su capacidad Saer, en tanto ejercicio de libertad. De
desliza hacia la obra del autor, a como “literatura latinoamericana”, no intelectual–: la novela correspondería ahí que le sirva la frase de Musil, “sin
la recepción e influencia que tuvo como designación sino en la ideologi- al momento de la narración de la atributos”, para aplicarla al escritor,
en otros. Es ahí, donde, según su zación del término –fuerza, inocencia época burguesa. Dos textos marcan el hombre sin atributos que no se somete
estilo de incluir en el desarrollo de estética, sano primitivismo, compro- itinerario: desde el Quijote a Bouvard a los múltiples modos que asumen las
un tema algún aspecto importante miso político– que condicionaría de y Pecouchet que son por otra parte, en coerciones institucionales.
o la reflexión sobre algún tipo de antemano al escritor, y alimentaría una su siempre valorado rescate de la tra-
problema atinente a la materia que producción en serie, donde lo esen- dición literaria, constante referencia y La ortodoxia estética, que es producto
trata, se refiere, ya no a la influencia cial de cada escritor, su peculiaridad objeto también de análisis. de una intoxicación crítica, implica por
de Faulkner, retomada luego, sino al e irreductibilidad (que ve en autores Pero la ruptura con las convencio- otra parte, un voluntarismo: las van-
“problema bastante complicado” de latinoamericanos como Darío, Vallejo, nes de la novela, que observa en el guardias se manejan con manifiestos,
la influencia a secas, para señalar lo Neruda, Felisberto Hernández, Borges, siglo XX, promueve la idea de que con programas. Desgraciadamente, el
que advierte, en algunos casos, como por ejemplo) quedaría opacado o sos- se trata de textos menos adscribibles tiempo parece ensañarse muy especial-
mera afectación: layado. Es una vez más, la constante a tal nombre que al desarrollo de mente con los manifiestos y los progra-
postulación saeriana de que lo que ver- otros caminos de la narración. Es mas (Saer, 1997, 221).
... cuando tal o cual escritor pretende daderamente vale en literatura es aque- esta búsqueda la que otorga valor a
que Flaubert, por ejemplo, es el autor llo que según una figuración única, se quienes la emprendieron según sus Hablar de realismo, desde luego
que más admira, el lector de-salentado constituye en un objeto nuevo capaz de propios caminos. Si se quisiera empa- implica, y Saer lo hace, ir al meollo
preferiría que en la obra y el compor- “transfigurar” la percepción del mundo rentar esto con ese conocido gesto de de la cuestión, y hablar acerca del
tamiento de ese escritor haya de tanto y ofrecer “su aura viviente y generosa” rechazo a todo lo que se denominó concepto de representación para seña-
en tanto algún signo que demuestre esa (Saer, 1997, 275). realismo, Saer adopta aquí, una vez lar su no inmutabilidad, y no por el
supuesta admiración (Saer, 1999, 76). Entre autores varios, va a aparecer más, una actitud diferente. En uno contrario, su variabilidad histórica.
otro de los núcleos recurrentes en la de los varios ensayos donde se ocupa Como cita inapelable menciona –no
La cuestión parece apuntar a ciertos crítica de Saer, y que tiene que ver del Nouveau Roman, que retoma a lo es la única vez– el espléndido texto de
comportamientos del campo literario con el tipo de textualidad a la que se largo de su ensayística en modos dife- Erich Auerbach, Mímesis: la realidad
consistentes en filiarse en un linaje abocó fundamentalmente, la narra- rentes, desde discutir algunas de sus en la literatura. Pero además, agregará
prestigioso para validar una obra, o ción. Su modo de distinguir eso que teorías hasta analizar magníficamente luego, lo que se olvida frecuentemente
maniobras similares. Sin embargo, un quedaría uniformado en la masa de algunas de sus obras, Saer discute, en en los ataques inconsistentes es que
poco más adelante, la observación narraciones –de narraciones valoradas, 1973, con una formulación posterior- “la representación es inherente al len-
apunta a un solo individuo, y cabe no de simples nominaciones mercan- mente banalizada y despojada de la guaje”. En definitiva, lo que deshace
decir que no es sólo aquí donde Saer tiles– donde indistintamente cabrían consistencia teórica que pudo tener es la pareja convertida en insepara-
muestra hacia García Márquez, algo tanto Rojo y negro como el Ulysses, es al comienzo, según la cual el realismo ble entre representación (cierto tipo
cercano a la aversión: mediante el cuestionamiento, precisa- sería algo así como un lastre del que de representación) y realismo (como

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escuela literaria decimonónica). Y para lleva a considerar algunas subespecies época, con la pretensión de fidelidad, la credibilidad del relato y su razón de ser
mostrar la transformación operada, narrativas –además de la novela de que Saer se pronuncia, y habría que peligran si el autor abandona el plano de
desde, por ejemplo, Rastignac a Molly aventuras y la psicológica cuando exa- decir que, de algún modo, esta idea lo verificable (Saer, 1997, 11).
Bloom, acude a la categoría de perso- mina las posiciones de Borges al res- no deja de entrar en sintonía, o por lo
naje. Esta consideración no es poco pecto– tal vez por la difusión de tales menos de rozarse en algún punto, con La combinación entre lo empírico y
significativa, ya que el personaje como géneros. Ya en El concepto de ficción la del “anacronismo necesario” de que lo imaginario iría a favor de un grado
uno de los constituyentes narrativos (225) habló de los límites de lo fantás- hablaba, precisamente, el inventor de mayor de verdad en la ampliación de
es primordial, y la reaparición de un tico y su ejemplo fue Lovecraft, a quien tal categoría, el propio Lukács. horizontes que postula.
mismo personaje en distintas novelas menos como valor literario consideró En el último libro, Trabajos, hay un Saer habla de “modelar” lo que se
que, según Saer, Michel Butor señala como muestra perfecta de los alcances ensayo donde retoma el tema del canto presenta en el conflicto entre verdad y
como rasgo fundamental en Balzac, de la literatura fantástica, género con- de las sirenas, ya no para mencionar a falsedad, y aunque dicha al pasar, esa
llevaría a asociarlo con su poética siderado en otro lugar, estrictamente Kafka y el silencio, sino para contrapo- palabra, nos remite a una etimología
realista. Entre las muchas diferencias acotado, para mostrar que lo fantás- ner dos posibles finales junto con las que ya había visto Auerbach cuando en
que va a observar entre la novela deci- tico opera en par indiscernible con la varias interpretaciones que ha tenido Figura, dice que deriva del verbo latino
monónica y la del siglo XX, un rasgo realidad: “que sin la contraparte de lo el texto homérico. Lo que interesa aquí fingere, precisamente modelar, plasmar.
común sería, según Saer, la inclusión real el mundo de la literatura fantás- son esos finales: Ulises logró llegar a La defensa de la ficción de Saer no deja
de lo que la convención considera- tica se borra, no sólo como literatura, Ítaca, la versión optimista, o la contra- de mantener en vilo la oposición, es
ría “no novelable” (Saer, 1997, 130). sino también como creación imagi- ria: Ulises pereció sin poder llegar a su decir, no resuelve la cuestión diciendo
Aunque Saer señale al pasar que toma naria”. Pero fue el género policial el hogar, perdido por querer escuchar el sencillamente que todo es ficción, ya
la categoría de personaje porque le que ocupó más su atención, y no sólo canto prohibido. Saer considera que que no es en ese tipo de teorización
resulta más cómodo, sin embargo, se porque el fantástico goce actualmente una y otra versión son correctas, ya en que se encuentra, sino en una
puede inferir algo más, y que es la de mucha menos presencia que el que lo que es permanente, verdadero, consideración más inmediata de los
persistencia y reaparición del persona- otro, sino porque intenta ver qué par- es que hubo un instante en que oyó fenómenos y las teorías aledañas. Por
je no sólo en un autor como Faulkner, ticular inflexión se produce respecto el canto, instante que se hace evidente eso va a pronunciarse también contra la
sino también en la propia novelística de la cuestión en autores que valora, en el relato, las consecuencias son “un otra pretensión: y aquí es Eco el blanco
de Saer, que, como bien se sabe, ha como Dashiell Hammet o Ricardo persistente enigma” (Saer, 2005, 100). de su crítica, en tanto defensor de “lo
girado siempre sobre un conjunto Piglia, hasta el punto de que encaró De algún modo, esto nos devuelve a falso” como puro artificio que elimina
reconocible y bien definido. Se trata en su propia narrativa –La pesquisa– el la frase inicial del primer ensayo de El ese grado de ambigüedad sin el cual la
más bien de inscribir ese componente género (como problema, desde luego, concepto de ficción, “Nunca sabremos obra literaria pierde su núcleo de pro-
en otra estructura narrativa, obvia- no como premoldeado). Por más que cómo fue James Joyce” (Saer, 1997, 9), ducción de sentido, capaz de persistir
mente no preexistente sino concebida considere que “la novela negra está el instante de evidencia, la verdad del en el tiempo.
según cada escritor, siempre según la definitivamente muerta” (Saer, 1999, texto, no se adscribe a un género, sea Con igual precisión que cada una de
idea de que las novelas no serían “un 159), ve la posibilidad, y en esto no este la biografía, la autobiografía o la sus narraciones, los ensayos de Saer
receptáculo de forma más o menos diverge de otras modalidades narra- non fiction, en tanto: aportan no respuestas –término que
invariable, llenas de un contenido tivas –así la utilización por parte de seguramente rechazaría– sino más bien
inteligible conocido de antemano”. Faulkner de procedimientos tomados todo lo que es verificable en este tipo de indicios como un desafío, para encarar
En el tenaz antagonismo contra lo del Quijote– de que esa suerte de relatos [lo que sería la verdad objetiva] es con igual lucidez, varias cuestiones que
prefabricado, que iría en contra de estructura se incorpore, es decir, sea en general anecdótico y secundario, pero diariamente nos desvelan.
toda posible modificación que diera asimilada y por tanto transformada en
cuenta de la variedad, complejidad y un “sistema narrativo personal”. Del
opacidad de cuanto lo circunda en el mismo modo que respecto de los otros
BIBLIOGRAFÍA
tiempo y el espacio, en la existencia, la subgéneros acomete contra la novela
oposición de Saer a los géneros como histórica –y esto particularmente a Saer, Juan José:
invariantes es, digamos, habitual. “La propósito de tal atribución a Zama • El río sin orillas, Buenos Aires, Alianza Editorial, 1991.
• El concepto de ficción, Buenos Aires, Ariel, 1997.
tiranía del género, la rutina repetitiva de Antonio Di Benedetto– es contra • La narración-objeto, Buenos Aires, Seix Barral, 1999.
de los géneros” (Saer, 1999, 26, 27) lo la idea de una reconstrucción de una • Trabajos, Buenos Aires, Seix Barral, 2005.

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Héctor Libertella: la pasión Para Rafael Cippolini tal del contemporáneo. Y lo mismo
se percibe cuando Libertella presta
atención (y en el hecho mismo de que
hermética del crítico a destiempo I. generosamente preste tanta atención)
al futuro literario de esa contempo-
“La desgracia de los sincrónicos –de- raneidad cronológica: a César Aira
Por Martín Kohan fine, sereno, Héctor Libertella–. Vivir (pero ya desde Moreira, ya en 1975),
el presente” (ECH, pág. 191). ¿Acaso y luego a Daniel Guebel o a Sergio
se podrían leer los distintos momentos Bizzio, y luego a Marcelo Damiani o
de su obra crítica (hasta donde quepa a Damián Tabarovsky, hasta hoy.
separarla, aunque sea provisoriamen- Esta expansión gozosa de la contem-
La crítica siempre logró desplegarse en las resis- te, de su obra narrativa) bajo el signo poraneidad es precisamente aquello
tencias. Resistencia contra los poderes y las perseverante de la neutralización de que termina por liquidarla. Libertella
obviedades de cada época. Héctor Libertella ha esa desgracia? Un prolongado esfuer- se apoya en cierta premisa que deja
desarrollado una notable y singular resisten- zo literario para acabar con la sincro- sentada justamente en el prólogo a la
nía. Llama la atención, sin embargo, antología de Literal: “El tiempo en
cia despojada de toda connotación épica. Con el fuerte sentido de la contempora- literatura es otro” (L, pág. 8). Al am-
una clara vocación por el “destiempo” capaz neidad que exhibe Libertella. Cuan- paro, o al desamparo, de esta cualidad
de trastocar las temporalidades sincrónicas que do escribe sobre Osvaldo Lamborghi- diferencial, Libertella ensaya el juego
confunden y homologan como conjunto a los ni, sobre Luis Gusmán, cuando cita a artificioso de extender y contraer esa
Germán García, cuando cita a Josefi- condición de contemporáneo, sabien-
contemporáneos, Libertella resistía desde una na Ludmer, vale decir cuando visita – do que así, con la evidencia del artifi-
literatura a la que reservaba otros tiempos. Sus y prologa y antologa– el mundo de la cio, la vacía como dato real. Es el tra-
trazos, que bordeaban el hermetismo y la opa- revista Literal, que es el suyo, exhibe yecto exactamente opuesto al del salto
cidad, eran reivindicados frente a las formas la plena decisión de ser un contem- a la clasicidad, que en su pretensión de
utilitarias de un lenguaje ligado a la sociedad poráneo de sus contemporáneos (que suprahistoria se especializa en ser ubi-
sean sus contemporáneos es un hecho cua. Libertella va justo al revés: apren-
comunicativa y mercantil que reclama para sí objetivo, pero que él también lo sea de a desfasarse, se ejercita para ser un
una escritura normativa, comprensible y expli- de ellos, es un acto de voluntad). Cla- experto en el destiempo.
cativa. No se trata de una resistencia ideológica ro que, en cuanto Libertella desplaza Al comenzar “La leyenda de Jorge Bo-
puesto que el mercado actúa en niveles de mayor su enfoque crítico en el tiempo, ese nino”, por excepción admite: “Preciso
efecto de contemporaneidad no se las fechas; las necesito para no perder-
concretitud: tiene siempre un lugar acechante en diluye, y hasta podría decirse que, ya me” (¡C!, pág. 51). La regla de esta ex-
el que cobijar al crítico. Otro tipo de resistencia como artificio, por el contrario, hasta cepción, sin embargo, lo libera de la
ligada a la supervivencia, a una guerra incesante se intensifica. Cuando se ocupa, por precisión y del precisar, y revela por
donde la astucia es la condición para transitar caso, de Manuel Puig o de Saer, o de contraste la despreocupación de per-
Borges o de Mujica Lainez, o si se derse. La vocación del desfasaje exige
un desfiladero estrecho sin despeñarse en él. El va hasta Macedonio Fernández, o si, tanto esmero como la puntualidad o
método: un hermetismo capaz de fundar inte- más aun, se retira hacia el siglo XIX y la sintonía. El narrador de Memorias
rioridades donde el sigilo devenga capacidad de se sitúa en los días del Salón Literario de un semidiós lanza la pregunta decisi-
desplazamiento en esa intemperie, del mismo de Marcos Sastre, se vislumbra siem- va: “¿Cuánto tiempo es necesario para
modo que –compara Martín Kohan en esta pro- pre un mismo arrimarse confiado y a llegar tarde?” (MS, pág. 83). Tenía
la vez cuidadoso, un aire similar de que ser Libertella, a quien el recono-
funda evocación– lo imaginaba Rodolfo Fogwill familiaridad general matizado con un cimiento como escritor le llegó bien
para los combatientes, habitantes de las cuevas soplo (o un suspiro) de cierta reserva, pronto (Premio Paidós en 1968, Pre-
subterráneas, de la guerra de Malvinas. que expresa la condición fundamen- mio Monte Ávila en 1971), quien con-

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cibiera este afán por retardarse. Llegar Roland Barthes) o literaria (descen- pura superficie sin volumen y sin rio (en especial entre la ficción y la
temprano o llegar tarde, pero nunca trados: Enrique Lihn, Salvador Eli- adentro; la proliferación, el descen- teoría: la crítica lírica, la literatura
llegar a tiempo, es la gracia que revier- zondo), hay en Libertella al menos tramiento, el desvío; el énfasis en lo crítica) y la de la reescritura (Liber-
te la desgracia de los sincrónicos. dos momentos en los que el foco se parcial y el descreimiento del todo; tella inscribe, heráldicamente, el lema
La laboriosa extemporaneidad de Li- pone sobre la cultura popular. En la impregnación intertextual: la paro- de su método de obstinación crítica:
bertella (laboriosa y larga: le llevó su uno se refiere al fútbol de la Selección dia, el pastiche, la postulación de que “Volveremos con variaciones sobre lo
tiempo) se irradia sobre su manera uruguaya: su estilo cansino, demasia- “la literatura es un papel que viene de mismo” (LSE, pág. 21).
entera de pensar a la literatura. Para do reposado, su parsimonia ancestral, otros papeles” (LSE, pág. 92 y EPRH, Si hay algo que sin dudas puede de-
pensarla como él lo hace, se vuelve su desafío abdominal a la fina línea pág. 79/80), de que “lo escrito pro- cirse de este universo de categorías y
indispensable dislocar determinadas atlética (ver PPC, pág. 60). En vez del viene de lo escrito” (LSE, pág. 10); el aun de este índi-
premisas y coordenadas temporales Uruguay campeón del mundo, el del erotismo del texto: el goce o la perver- ce onomástico, es
(quien sabe si las cosas no ocurrieron treinta o el del cincuenta, Libertella se sión; la diferencia (Pierre Menard: la que está nítida-
a la inversa: a fuerza de sabotear tem- fascina con el Uruguay del Mundial diferencia en lo mismo de lo mismo). mente fechado.
poralidades, acabó por desfasarse él 70: el que queda, ya para siempre, Dichos o implícitos, Roland Barthes, Entre el final de
mismo). La consigna teórica de “des- fuera de época, desfasado, obcecado Julia Kristeva, Jacques Derrida, Mau- los años sesenta
baratar la ilusión de progreso” (LSE, por nobleza con un fútbol ya extin- rice Blanchot, Gilles Deleuze, Geor- y el comienzo
pág. 195) se multiplica en una saga de guido. En otro momento, Libertella ges Bataille, Michel Foucault, Mijaíl de los años se-
desbaratamientos cronológicos en se- se ocupa de Roberto Goyeneche, del Bajtin y algunos otros, rondan o ha- tenta, se verifica
rie: decir que “el futuro ya fue” (EAS, canto de Goyeneche, de su pronun- bitan los textos de Libertella. Tam- su afirmación;
pág. 43), y después preguntarlo: “¿El ciación; no es su edad de oro la que bién funciona una tradición, la de los en los setenta y
futuro ya fue?” (EAS, pág. 99); decir lo convoca, no es el Goyeneche en es- formalistas rusos; la noble fidelidad a comienzos de
que hay que hacer “de pasado presen- plendor de Troilo o de Salgán, sino el del arte como artificio, la práctica los ochenta, su
te” (EAS, pág. 44) (¿y eso qué viene último, el habitualmente disminuido continua de la desnaturalización, la expansión y su
a ser? ¿sincronía o asincronía?); pro- Goyeneche del final. A Libertella le atención puesta en los procedimien- esplendor; de ahí
poner “una memoria retrospectiva de interesa éste y no otro, para Liberte- tos, la insistencia aforística en que en más, su reduc-
lo que vendrá” (EAS, pág. 99); definir lla la culminación se verifica ahí, en “la literatura no es un pensamiento” ción a vulgata y
lo posmoderno como “aquello muy el fraseo fantasmático del que canta (EPRH, pág. 97; EAS, pág. 56; LSE, su domesticación
muy antiguo que se pone en choque desde otro tiempo, para Libertella ésa pág. 103 –sólo que aquí el sujeto es como moda. Héctor Libertella, con- Héctor Libertella
eléctrico con aquello muy muy del es la gracia, ése es el don, el arte de in- “escritura”–; LLA, pág. 70). En el temporáneo, vive el presente y se afilia
futuro” (LSE, pág. 108); entender ventar ruinas, el arte de hacer de pa- mismo orden de puesta al día en la a sus lecturas; pero Héctor Libertella,
a las vanguardias no como anticipa- sado presente, con el futuro ya sido, teoría literaria, se destaca en Liber- extemporáneo, saturado de contem-
ción, sino como lo más ancestral (el para habitar ese presente en estado de tella el énfasis aplicado a la noción poraneidades, despega de ese presen-
pictograma); establecer, en el prólogo asincronía, y en la ilusión consecuen- de escritura. La escritura se subraya te hacia un pasado (en su interés por
a una antología de la nueva narrativa te de la contemporaneidad total. como objeto privilegiado (y allí otra la etimología, en su gusto por la letra
argentina, que hay un “arte de inven- vez Barthes, allí otra vez Derrida); la antigua) y hacia un futuro (¿cuánto
tar ruinas” (NRA, pág. 8). De este escritura es abordada en términos de tiempo es necesario para llegar tarde,
modo, con futuros ya pasados, con II. producción (y allí otra vez Kristeva, para que se haga tarde?), y entonces
pasados presentes, con vanguardias pero también Pierre Macherey, y tam- zafa. Y por eso hay siempre un plus
ancestrales, con las ruinas del ahora, La actualidad que se procura Héctor bién, desde otro tiempo, Bertolt Bre- en Libertella. Por ejemplo: disuelve el
Libertella elabora su enciclopedia del Libertella es ante todo teórica. Sus cht); la escritura es vista como trazo yo, pero lo hace mediante una capta-
destiempo y cultiva su propia entrada lecturas críticas se escriben siempre material, como dibujo, como marca ción genial: que, en castellano, “yo” se
en esa misma enciclopedia. con las categorías de vigencia más tipográfica (“algo físico tiene que apa- compone de “y” (conjunción) y de “o”
Si bien su interés crítico privilegia los probada: el borramiento del yo y su recer cuando el que escribe escribe” (disyunción), una letra que une y otra
objetos de cierta sofisticación artísti- reinscripción en el nombre propio; (EPRH, pág. 37). Y desde esta noción que separa (EAS, pág. 45; LSE, pág.
ca (Jorge Bonino del Di Tella a París; el juego literario en su inutilidad y de escritura, se abren dos prácticas o 11). O se tienta con la idea de que lo
Mirtha Dermisache comentada por como derroche; el privilegio de una dos pasiones: la del cruce disciplina- más extremo es el Centro, porque el

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Centro es lo que “toca todos los extre- (ver EPRH, pág. 6)]. Libertella dice capitalismo” (NEL, pág. 16). Esa nor- el barroquismo y el neobarroco, la ex-
mos a la vez” (EPRH, pág. 22) o con bien, que le interesan los efectos par- mativización de un estilo económico y trañeza, la letra como cosa concreta, los
esta otra idea: que “la verdad de la red ciales y no las obras completas, y antes sencillo, que favorece su consumo, pre- textos que reescriben textos: todo eso
es puro agujero” (EAS, pág. 98). Por que el palabreo, el silabeo (el silabeo: tende hacer de la literatura un elemen- va permitiendo la enhebración de otro
lo demás, Libertella no incurre en la otra vez Goyeneche, el último Goye- to de comunicación. La red hermética corpus, uno donde están Macedonio
tendencia tantas veces vista de impos- neche); y su lectura efectivamente asti- viene por su parte a contrarrestar esta Fernández, Lezama Lima, Severo Sar-
tar el encomio de lla y opera con una moral de la esquir- “ideología específica de la comunica- duy, Salvador Elizondo, Osvaldo Lam-
Libertella es, inseparable- la proliferación la. Libertella reescribe, una y otra vez, ción” (NEL, pág. 107), esta “histeria borghini, Reinaldo Arenas, Manuel
mente, un teórico y un escri- descentrada, pero y en esas reescrituras, en las que tantas de la transparencia” (LSE, pág. 147). Puig, Augusto Roa Bastos, Augusto de
tor, y como escritor hace eso haciéndolo desde veces habla de la diferencia, produce En su lugar activa la práctica de una Campos, Enrique Lihn.
que como teórico dice. Su un discurso per- diferencia. Se puede tomar por caso escritura oscura, incomprensible, ile- La vuelta de tuerca que aplica Liber-
escritura habla de prolifera- fectamente esta- su consideración sobre Pierre Menard: gible, de puro idiolecto; un registro de tella consiste en admitir, y más que
ciones, y ella misma prolifera; ble y sosegado; que Pierre Menard produce una dife- escritura que es social, pero no por eso en admitir en propiciar, una impron-
se deslumbra con opacidades, no trajina la jerga rencia en lo mismo de lo mismo. Pero sociable. De Jorge Bonino le interesa ta patológica para la pasión del juego
y ella misma sabe opacarse; de la diferencia como el propio Libertella reitera esta a Libertella que se mantuviese indife- hermético. Él mismo delinea la cadena
dice el desvío, y ella misma se pero con pala- idea, y la reescribe, y no la reescribe rente al hecho de que lo entendieran de asociación del pathos: pasión, pade-
desvía; postula que lo escri- bras de comple- siempre igual, termina produciendo, o que no lo entendieran, con lo que el cimiento, patología; para desembocar
to viene de lo escrito, y ella ta identidad; no también él, en lo mismo de lo mismo, problema del sentido iba a parar a las resueltamente en la figura radical del
misma va y viene de escritu- cuestiona la escri- una diferencia. rajaduras del sistema, a los confines de patógrafo Libertella se aboca, con un
ra en escritura. Menciona el tura instrumental la comunicabilidad. De Mirtha Der- espíritu completamente dichoso y para
goce y es gozosa; y hablando pero con una misache le interesa su trabajo con lo nada clínico, a considerar cada “pato-
de perversiones, se pervierte. escritura instru- III. concreto del lenguaje, porque lo con- logía literaria” (LSE, pág. 17/8). En los
Ve en la letra un dibujo, y mental; no habla creto le ofrece resistencias al sentido. bordes del hermetismo está la afasia, en
además de eso dibuja. de goce literario Hay un dato que proporciona la mito- Libertella sueña un sueño de Roland los bordes del hermetismo está el au-
pero con pala- logía griega y que mereció, de parte de Barthes (y lo cita): el de un mundo tismo; el idiolecto se resuelve como es-
bras anodinas; no exalta la opacidad Libertella, tanto su notación como su exento de sentido. Y también propone critura enferma o desviada, y acaba ga-
pero desde un texto que aspira a la reescritura. Ese dato dice que Hermes, una imagen: la de unas piedras opacas nada por (pero ganando a) toda la serie
transparencia; no repite la prédica del el dios de lo secreto, era también el dios tiradas contra el vidrio transparente de de los trastornos verbales. “La lengua
fragmento pero para integrar un todo; de las comunicaciones y del comercio. la comunicación. Y agrega esta otra: desvaría”, constata Libertella (EPRH,
no se planta en la crítica literaria más Si hay un credo en el proyecto crítico la de la pena capital, una condena a pág. 94); y es esa constatación la que
tradicional pero pretendiendo estar de Héctor Libertella, es el del herme- la muerte lingüística, aplicada por la le permite formularse una pregunta
en un cruce de disciplinas. Libertella tismo (credo proferido, pero también comunidad bienhablante y bienpen- decisiva, cargada de tentación antes
es, inseparablemente, un teórico y un practicado, porque la escritura de Li- sante contra todos los que hablan un que de inquietud: “¿los locos son her-
escritor, y como escritor hace eso que bertella no favorece, y hasta incluso lenguaje desviado. méticos?” (EPRH, pág. 12; LSE, pág.
como teórico dice. Su escritura habla repele, el sosiego de la comprensión La red hermética (y en la red, sus agu- 246). La pregunta queda suspendida,
de proliferaciones, y ella misma pro- más clara y más lineal). El hermetis- jeros) da lugar a otro tipo de mapa li- vale decir sin respuesta; lo que solicita,
lifera; se deslumbra con opacidades, mo desaloja ese orden de certezas que terario. Ese mapa quiebra felizmente en todo caso, antes que ser contestada,
y ella misma sabe opacarse; dice el procura la interpretación clásica, con ciertos hábitos de autosuficiencia ar- es ser invertida. Formularla en sentido
desvío, y ella misma se desvía; postula la promesa de aquietarse en un sentido gentinista, y se instala con claridad en la opuesto y preguntarse, también sin es-
que lo escrito viene de lo escrito, y ella único y final. En su lugar, y en su re- dimensión de la cultura latinoamerica- perar respuesta, si acaso los herméticos
misma va y viene de escritura en escri- emplazo, el hermetismo instaura otro na (fuertemente recortada por Liberte- en cierta manera son locos.
tura. Menciona el goce y es gozosa; y mapa literario y otra tradición literaria, lla del colonialismo de Estados Unidos, No se trata, aun así, de concebir una his-
hablando de perversiones, se pervierte. que resisten por definición ese modelo país donde él daba clases en los años se- toria de la literatura como si pudiese ser
Ve en la letra un dibujo, y además de de lenguaje útil, práctico, entendible, tenta). El hermetismo, la artificialidad, una historia de la locura. La patografía
eso dibuja [Eduardo Stupía, nada me- transparente, esos modelos de escritu- la ruptura de linealidades, la muestra traza una línea demasiado irregular, de-
nos, le da una mano, la de su mano ra eficiente que son “prescriptos por el de la mecánica de producción textual, masiado inconstante y demasiado sinuo-

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sa como para pensarla como una línea vas, sino desvíos, desvaríos, extrañezas, bien dispuesta a comunicar, que cuen- letra del loco no genera dinero” (EAS,
histórica, o incluso para pensarla tan hermetismos, su propia alienación lin- ta con un “rol oficial” (NEL, pág. 41) pág. 85). Por otro lado, no obstante,
siquiera como una línea. Es otra cosa, güística, su propia perdición. ya programado y para la que el mer- las vanguardias de los años veinte se
que Libertella podría señalar mediante Para Libertella, así es como funciona cado reserva un determinado circuito. reconocen en el mercado, y allí se pre-
su propia versión de la operación Me- Borges respecto de Macedonio Fer- No por eso, sin embargo, se pliega sin vé igualmente una circulación para las
nard. Libertella concibe a un Cervantes nández: “Literatura versus patografía más a la conclusión resignada de que nuevas vanguardias, y aun para el es-
que contuviese dentro de sí a un Lewis en la Argentina” (LSE, pág. 222). Las a toda vanguardia le espera un destino critor hermético
Carroll. Entonces habría que decir que, palabras locales, enfermas de incomu- de museo o de mercantilización, y en existe un mercado No es el éxito lo que introduce
así como al nicación, se curan en Borges. Y enton- el desplazamiento “de la vanguardia al epigonal (el de su el mercado, no son las ventas
Quijote se le ces, ya curadas, transparentes, se hacen centro” (LLA, pág. 80), que señala en cofradía). Enton- cuantiosas, ni la figuración, ni
secó el seso de centro y se internacionalizan. Borges lo que va de Macedonio a Borges, no ces Libertella se la masividad: es la superviven-
tanto leer, hay es el síntoma de esa enfermedad, la de detecta un trayecto inexorable. decide y enfatiza: cia. El artista del hambre es
patógrafos que la oscuridad del idiolecto, y por eso La alteración medular de las proporcio- el mercado –dice– aquí una referencia no dicha
de tanto se- mismo permite la curación. Desde nes cronológicas altera necesariamente determina el lugar pero perceptible. Lo que hace
cárseles el seso esta perspectiva, la literatura argentina los términos en los que puede darse un que le conviene el escritor en el mercado no es
se pusieron se sana en Borges, porque Borges es su sostenimiento teórico del afán de las a la literatura en ni triunfar ni renunciar, sino
a escribir. Y padre sanador. vanguardias. Para Libertella, la vanguar- cada momento, sobrevivir. Y lo que Libertella
escriben justa- dia ya no es “lo que está más adelante”, en toda obra hay considera entonces son “las
mente desde el sino “lo que está más íntimo” (NEL, una apuesta mar- posibles estrategias literarias
trastorno ver- IV. pág. 34); y ya no es la anticipación, sino cada en la mesa para sobrevivir en el mercado”
bal de sus sesos “lo más ancestral” (EPRH, pág. 35) (el de intercambios (un poco en él, un poco contra
ya secados. Una de las líneas de tensión más tiran- pictograma, la vuelta al grafismo rupes- y toda escritura él, un poco gracias a él), la
Es evidente tes de los debates estéticos del siglo XX tre; pero también por caso una vuelta puede ser vista astucia para hacer el propio
que una his- –el que ubica en un polo a las vanguar- al antiguo español, o al barroco, o a la como pura estra- negocio en un campo de posi-
toria literaria dias y en el otro polo al mercado– no gauchesca). Es una lectura activa de la tegia de mercado. bles negocios, la perspicacia
no se escribe puede no verse alterada bajo los térmi- tradición, reconociendo allí los proce- Plegándose a esa para detectar qué vías de esca-
desde ahí, que nos críticos de las lecturas de Liberte- dimientos que sobreviven como ruinas; resistencia a cual- pe ofrece el mercado para sus
ningún ca- lla. Las cosas se plantean en sus textos es saber apoderarse de una tradición, quier conciliación escritores desviados.
non literario necesariamente de otro modo, toda como hace Lezama, pero sin renunciar que de por sí pre-
puede esta- vez que la idea misma de evolución es a la propia patología. supone toda escritura hermética en su
bilizarse por cuestionada (entonces la vanguardia ya La idea de que “el mercado explica a las proclividad a lo ilegible, y plegándose
este medio. Frente al desvarío de estos no es, ya no puede ser, lo que está más vanguardias mejor que las ideologías incluso a ciertas resonancias de las ve-
lenguajes, frente a las patologías de los adelante) y toda vez que el mercado re- y creencias que ellas simulen asumir” hemencias de los vanguardistas (ya sea
patógrafos, es el Sentido el que define gula incluso sus desvíos radicales. (NEL, pág. 38) expresa hasta qué pun- retrospectivamente o ya sea en la con-
lo que es la salud, y la salud no supone Se percibe en Libertella un acento des- to, para Libertella, lo que tantas veces temporaneidad del Di Tella), Libertella
otra cosa que represión (por eso Liber- creído respecto de la potencia corro- se dispuso como un drástico antago- podría haber despachado la cuestión del
tella deja otra pregunta más, también siva de las vanguardias que ya fueron nismo admite ahora cierta clase de re- mercado en los términos más esperables
sin contestar: “¿El canon reprime?” (como si prefiriese seguir el consejo formulación. Por una parte, no deja de del liso rechazo y la completa exteriori-
(LLA, pág. 77). Ese sistema de Salud que registra en una de sus novelas: “Un ser cierto que el mercado es un espacio dad. Pero hace otra cosa, más compleja
Pública (que Libertella atribuye, por poco de atención a retaguardia” (PPC, al que se combate, pero por otra parte y más interesante: advierte que el mer-
ejemplo, al boom) fija y estabiliza y pág. 87). Los límites de las antiguas debe notarse que el mercado es también cado es atacado idealmente pero actúa
esclarece sanidades, allí reposa el buen vanguardias, y aun cierta esterilidad un espacio en el que se combate. Así, en lo más concreto. Y en consecuencia
decir, allí habita el buen sentido. La en la recurrencia del vanguardismo, por un lado, el mercado es el ámbito atiende, escrupuloso, a las vicisitudes de
patografía no le opone otro canon ni promueven en Libertella un tono más de la comunicación generalizada, el que esa concreción, porque también en ese
otra historia (por lo demás, no po- bien reticente en la constatación de que desea ante todo una escritura limpia y sentido un texto asume una presencia
dría). No le opone rectitudes alternati- hay también una vanguardia sociable, transparente, el que evidencia que “la material.

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Al hacerlo, Libertella se precave con de la literatura no es menos significati- bién sobre este imaginario espacial se del escritor en la literatura rioplatense,
un ajuste de términos y de conceptos vo que lo que hace con los tiempos. Su arroja una pregunta sin respuesta, y se Libertella propone un cuadro donde la
que resulta fundamental. No es el éxi- imaginación, de hecho, y por lo tanto la deja colgando. Dice así: “Una escri- interioridad es muy lábil o es nula del
to lo que introduce el mercado, no son su repertorio metafórico, es predomi- tura que se desplaza, ¿hacia dónde?” todo: una toldería a la intemperie. En
las ventas cuantiosas, ni la figuración, nantemente espacial. Libertella conci- (NEL, pág. 110). ese espacio y en esa difícil interioridad,
ni la masividad: es la supervivencia. El be lugares, y sólo así alcanza a plantear Esta pasión planométrica de Liberte- resume la situación del escritor aisla-
artista del hambre es aquí una referen- cuáles son sus ideas de lo que sucede lla reitera, si se la sigue con cuidado, do, desprotegido por el estado, librado
cia no dicha pero perceptible. Lo que con la literatura. No se trata de espa- siempre un mismo gesto de insistente a una extraterritorialidad que es ya su
hace el escritor en el mercado no es ni cialidades teóricas (como el espacio creación espacial: la definición variada hábitat. La intemperie es así la cifra del
triunfar ni renunciar, sino sobrevivir. literario de Blanchot o el campo litera- de distintos interiores. Su mirada críti- abandono. No hay resistencia, según
Y lo que Libertella considera enton- rio de Bourdieu), sino de lugares con- ca procede de ese modo, concibiendo parece, si no existe algún interior.
ces son “las posibles estrategias lite- cretos que le permiten figurar una ma- interioridades, y son esos espacios in- Sobre la imaginación espacial así trama-
rarias para sobrevivir en el mercado” nera de existir de la literatura. Cuando teriores los que irradian sobre sus lec- da en la escritura crítica, Libertella des-
(EPRH, pág. 14) (un poco en él, un se plantea la definición de la literatura turas ese aire de furtividad conspirati- pliega su propia versión de la impronta
poco contra él, un poco gracias a él), latinoamericana como objeto, por lo va que tantas veces introduce para dar agonística de la literatura. Porque queda
la astucia para hacer el propio negocio pronto, la plantea como espacialidad: cuenta de lo que cierta literatura hace. claro que su enfoque recupera, en este
en un campo de posibles negocios, la como la fundación de un Continente ¿Qué otra cosa es una jaula herméti- sentido, la tradición vanguardista del
perspicacia para detectar qué vías de mediante la fabricación de un cierto ca, sino un puro adentro? ¿Qué otra arte como campo de luchas. Hereda esa
escape ofrece el mercado para sus es- espacio. La geografía es una suma de cosa está marcando Libertella cuando visión y hereda sus palabras: combate,
critores desviados. inscripciones y el estilo es un signo fí- dice que la vanguardia no es lo que estrategia, táctica, ataque y resistencia,
En El árbol de Saussure, donde se habla sico en el mapa. Cuando, en otro mo- está más adelante, sino lo que es más atentado, enemigo, aliado, y por su-
de “los días de mercado” (EAS, pág. mento, toma como referencia al Salón íntimo? ¿Qué clase de noción corpo- puesto la noción misma de vanguardia,
19) en una acepción eminentemente Literario de 1837, lo hace subrayando ral está activando cuando imagina a con su consabida inspiración militar.
barrial, Libertella distingue con ab- lo que ese sitio define como ámbito: la un Miguel de Cervantes con un Lewis Claro que, signa-
soluta precisión cuál es el aspecto del literatura fundada en un salón, anida- Carroll dentro? Libertella habla de un da notoriamente Héctor Libertella hace de la
que es preciso recelar: la exigencia, o la da en un salón. gueto, y después habla del baño de ese por la imagina- literatura un arte del sigilo
ambición, de masividad; la imposición La imaginación topográfica de Héctor gueto (para ver si tiene inscripciones o ción espacial de y de la lucha silenciosa. Una
intrusiva del criterio de lo cuantioso. Libertella multiplica sus variantes a no). Habla de una librería, y después Libertella, esta di- consecuencia, tal vez impen-
Como antídoto, y no como plan de partir de esos orígenes así localizados. habla de la trastienda de esa librería. mensión agonís- sada pero nada menor, del
fuga, Libertella luminosamente estipu- Habla entonces, con insistencia, de un Habla de un barco, y después habla de tica de conflicto trastrocamiento crítico de las
la que, allí donde hay un interlocutor, gueto literario; concibe la geografía ar- la bodega de ese barco, que es el lugar o de guerra asu- cronologías y del desafío a la
hay un mercado. Recurso al menudeo, gentina como una isla lejana; a la lite- donde se lee y es su “cueva de resonan- me características noción de progreso, es que
microfísica de la distribución literaria, ratura establecida la ve estancada en un cia” (LLA, pág.17). Libertella se vale particulares. El este combate carece de de-
es la admisión –también barrial– del foso; para pensar la sedimentación de antes que nada de una cartografía, con combate se define senlace. Al igual que el puro
diminutivo: el mercadito, el negocito. una tradición habla de la acumulación la que consigue espacializar a la litera- menos como un posicionamiento, que le da su
No se vive ni se muere en el mercado, subterránea de “napas críticas” (NEL, tura, pero en cada ocasión encuentra cierto suceder que tono, su destino es cambiar y
se sobrevive, y la manera es más ajena pág. 17). En El árbol de Saussure dis- el modo de suscitar, en cada espacio, como un cierto es también permanecer.
al modelo de la difusión masiva que a cierne lugares diversos: la barra del bar, la interioridad correspondiente: baño, posicionarse. El
la clásica tutela de un Mecenas (“Tal la plaza y su árbol, el gueto otra vez, jaula, bodega, cueva, caverna, trastien- título de una de sus novelas lo resume
vez sólo Mecenas podría ser todo el la aldea global. Por fin habla también da, sótano. En Las sagradas escrituras lo bien: Personas en pose de combate. Toda
mercado” (LLA, pág. 111). de un barco, de la Librería Argentina explicita: “una escritura de los interio- guerra es para Libertella una guerra de
Los artistas, dice Libertella, son “po- y de los cuchicheos de palacio, y para res (adentro)” (LSA, pág. 187). Esos posiciones y para resolverse o decidirse
bres posicionales” (EAS, págs. 85 expresar como topología la determina- interiores proporcionan por lo menos le basta con la pose. Así es que impe-
y 86). Su arte, incluso si rentado, es ción de no ser transparente, piensa en dos cosas: la posibilidad del sigilo, y el ra el espacio. Para la escritura se pun-
siempre gratuito. una “jaula hermética” (¡C!, pág. 192. efecto de resonancia. Para entregar una tualiza que toda táctica es sintáctica, y
Lo que hace Libertella con los espacios La piensa para Jorge Bonino). Tam- visión definitiva de la desprotección la sintaxis no es otra cosa –lo dice la

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etimología– que “el arte de disponer” minante de su dispositivo espacial: su Combate de camuflaje, pura táctica y y de la lucha silenciosa. Una conse-
(por ejemplo en LSE, pág. 46). Esta capacidad de producir interioridades. no estrategia, destreza para la varia- cuencia, tal vez impensada pero nada
belicosidad aquietada, esta belicosidad Porque así se activa un aspecto defini- ción coyuntural, para la adaptación menor, del trastrocamiento crítico
suspendida en la paciencia, deja a Li- torio de este combate posicional. “In- a cada circunstancia y a cada mo- de las cronologías y del desafío a la
bertella más cerca de Sun Tzu que de ternalizar la voz del enemigo” (EPRH, mento. Significativamente, la pose noción de progreso, es que este com-
pág. 89), para el caso, es un recurso de combate se desliza entonces hacia bate carece de desenlace. Al igual
ciertamente destacado. Y lo es también la guerra de guerrillas (y de Sun Tzu que el puro posicionamiento, que le
este otro: el que pergeña Libertella al al Che Guevara). Héctor Libertella da su tono, su destino es cambiar y
postular que hay una vanguardia evo- hace de la literatura un arte del sigilo es también permanecer.
lutiva y detectada, pero hay otra que
simula y disimula escondida en un
caballo de Troya. La pose de combate
obtiene así, del nutrido sistema de in-
terioridades espaciales, su estratagema
y su chance, su sigiloso crédito para
una victoria secreta. No hay guerra sin
la cavidad de este caballo y no la hay
sin las cuevas subterráneas: la perspec-
tiva crítica de Libertella va desde Ho-
mero hasta Los pichiciegos de Fogwill
(cuya versión de la guerra de Malvinas
privilegia igualmente lo que es la pura
supervivencia). Guerra de astucia, de
máscara y de disfraz, una clave de su
transcurso radica en la multiplicación
inestable de las tácticas a emplear. Por
Maquiavelo o de Von Clausewitz. La eso especula Libertella con la pluride-
fijación territorial habilita un modelo terminación del que escribe. El objeti-
de hostigamiento inmóvil. Esta guerra vo no es único ni es siempre el mismo.
se libra en estado de detención; con la No tiene por qué serlo siempre el sen-
pose de combate es suficiente, porque tido clásico, pero tampoco tiene por
se trata de un combate en pose o de un qué serlo siempre la ruptura. La van-
combate de poses. Así concibe entonces guardia, por ejemplo, también puede
Libertella al escritor: “inmóvil o fijo en ejercer cínicamente la prosa transpa-
su sitio, pero todo el tiempo fuera de sí” rente y comunicativa. La eficacia pue-
(EPRH, pág. 36). Y entonces piensa así de medirse en el uso de lo transparente
a esa cárcel del lenguaje que desplega- o en el uso de lo opaco, puede ser ope- ABREVIATURAS Y REFERENCIAS DE LOS TEXTOS CITADOS
ra Fredric Jameson (o a su propia jaula rativo oscurecer pero también puede
ECH: El camino de los hiperbóreos, Paidós, Buenos Aires, 1968.
hermética): como la posibilidad de “de- serlo explicitar. Lo evidente es que se PPC: Personas en pose de combate, Corregidor, Buenos Aires, 1975.
cirlo todo sin moverse de los límites de puede prescindir de propuestas y es- NEL: Nueva escritura en Latinoamérica, Monte Ávila, Buenos Aires, 1977.
su propia materia” (LSE, pág. 75). trategias fijas y simplemente funcio- ¡C!: ¡Cavernícolas!, Per Abbat, Buenos Aires, 1985.
EPRH: Ensayos o pruebas sobre una red hermética, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 1990.
Para entender del todo la escena bélica nar, y que no hay que hacer siempre lo LSE: Las sagradas escrituras, Sudamericana, Buenos Aires, 1993.
que despliega Libertella (hasta donde mismo (como se afirma en Personas en NRA: “Prólogo. ¿Hay fantasmas en la Biblioteca de Babel?”, en El nuevo relato argentino, Monte Ávila, Caracas, 1996.
“entender del todo” es posible, o inclu- pose de combate: “Pronto se acabarán MS: Memorias de un semidiós, Perfil, Buenos Aires, 1998.
EAS: El árbol de Saussure. Una utopía, Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2000.
so pertinente, cuando se trata de él), los esteticismos y habrá que cambiar L: “Prólogo. La propuesta y sus extremos”, en Literal 1973-1977, Santiago Arcos, Buenos Aires, 2002.
es preciso recuperar esa cualidad deter- las tácticas” (PPC, pág. 87). LLA: La Librería Argentina, Alción, Córdoba, 2003.

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Bianco, lector de Proust Sucedido en el período de entreguerras,


el diálogo crítico con la obra de Marcel
Proust en Argentina fue acompañado
nada por el yo narrante; ese yo que es
siempre otro, un otro próximo y distin-
to. Al recorrer sus relatos se tiene la sen-
desde los primeros momentos por una sación, lograda pocas veces incluso por
Por Guillermo David vocación narrativa epigonal. Baste ver aquellos autores que se propusieron con
las obras de Manuel Gálvez1, Roberto deliberación alevo-
Mariani2, Max Dickmann3, Enrique sa aparecer como Al recorrer sus relatos se tiene la
Anderson Imbert4 y Juan Pablo Ramos5 émulos declara- sensación, lograda pocas veces,
(y obsérvese el arco ideológico que cu- dos, de que se está incluso por aquellos autores
bre ese espectro, que va desde la derecha leyendo, aun, pá- que se propusieron con delibe-
nacionalista católica al izquierdismo so- ginas que podrían ración alevosa aparecer como
cialista pasando por el fascismo y el van- haber sido escritas émulos declarados, de que se
guardismo social) para corroborar en sus por el mismísimo está leyendo, aun, páginas que
ensayos de aproximación al texto prous- Proust si éste hu- podrían haber sido escritas
tiano el paralelo con sus emulaciones fic- biera poseído el por el mismísimo Proust si
cionales. José Bianco no constituye una español –y vivido éste hubiera poseído el espa-
excepción a esta experiencia de abordaje. en Argentina–, o ñol –y vivido en Argentina–, o
Quien estaría destinado a ser uno de los que podrían in- que podrían incluirse entre sus
más finos escritores argentinos y alma cluirse entre sus papeles como una prolonga-
secreta del grupo Sur publicará en su ju- papeles como una ción letánica y apócrifa, com-
ventud –apenas a los 24 años– un libro prolongación le- puesta con restos autónomos
La propia soberanía de la crítica, defendida de exquisitos relatos, algunos de los cua- tánica y apócrifa, expurgados de sus novelas.
por Bianco, se deconstruye en función de un les anticipara en La Nación, titulado “La compuesta con
gran desplazamiento de razonamientos: desde pequeña Gyaros”, texto con que daba restos autónomos expurgados de sus
la novela a la vida y desde la vida a la moral, inicio a su larga y prolífica relación con novelas. Situación que, desde ya, por sí
representando la hoja de ruta de los extravíos el autor francés. Compuesto por seis na- misma desmerecería los resultados –y
rraciones cuya atmósfera común remeda de hecho lo hace con no pocos de los
implícitos en una vocación epigonal por la obra el tono de sociedad declinante propio de escritores que habrían de proponerse el
proustiana. Ella se lee en Bianco a partir de com- las invenciones de Proust (aunque por desafío de respaldar su prosa en la de
ponentes introspectivos, demarcatorios de zonas diversos motivos –el primero de ellos: Proust– al imponer su condición subsi-
cuyo alcance escapa a la vocación de ambos el formato breve que les conferirá–, los diaria, supérstite, como vicio de origen.
textos del volumen recuerdan más bien a Pero que en el caso de Bianco, y he aquí
autores. Esos componentes revelan, al menos, Los placeres y los días, así como La pérdida su mérito, a mi entender único entre
restos de diálogos presentes en la escritura de del reino, su gran novela de la madurez, quienes se mantuvieron apegados al es-
Bianco, quizá como el efecto menos deseado de remitirá a En busca del tiempo perdido en píritu proustiano en su narrativa, triunfa
su propia búsqueda. más de un sentido), la presencia en ellos de su propia vocación epigonal6.
de un narrador que permanece como un Acompasando esta incursión narrativa,
Guillermo David descubre un poco conocido espectador solitario más o menos pasivo, el joven Bianco escribirá uno de sus
lector de Proust en fuga, como lo fue el joven ingenuo y espantado, oscilando entre la primeros ensayos críticos destinado a la
Bianco. Acaso Bianco, acaso el propio David, apatía y el solaz apaciguado por el lugar prensa titulado Stendhal y Proust, editado
desean transmitirnos que a la obra de Proust de testigo incómodo que se adjudica, en La Nación de Buenos Aires el 9 abril
sólo se llega queriendo escapar de ella, como si propone –demanda– la complicidad de de 1933. Denotaba así, con ese emparde
un lector específicamente proustiano. y mutua contaminación entre crítica y
las biografías literarias tuvieran que transitar Esto es, un lector que acepte esa condi- ficción, sus operaciones de lectura del
esta paradoja para poder ensayar inspiradoras ción de espectador incluido en la trama, texto proustiano a través de las cuales
modalidades del vínculo narrativo y vital. inclusiva y a la vez distanciadora, propi- se autorizaba y constituía escritor. Todas

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sus mitologías personales se pondrían en la plétora de su universo subjetivo le logo con la obra de Marcel Proust. oscurecimiento, de mistificación, sino
juego en estos textos primeros. resulta insuficiente placebo a su dolor El año 38 Bianco accede a la secretaría de verdad, pero recuerda la afirmación
Las “mismas deficiencias que Proust sim- existencial. Esa naturaleza excepcional... de redacción de Sur, transformándose de Arnaud Dandieu8 mediante la que
plemente anota y Stendhal censura” son en una figura clave del campo cultural aclara que en el autor de la Recherche la
el punto de sutura en que la comparación se halla sometida a los complejos fan- argentino en la medida en que funcionó metáfora conserva el carácter religioso
entre la relación de cada uno de estos tasmas que logró rescatar del caos de como promotor de lo mejor de nues- de las fórmulas primitivas.
autores con su época le sugiere a Bianco la inconciencia, merced a su agudeza tras letras. Transcurridas dos décadas de
un lazo. Si –aduce–, la obra de Beyle privilegiada, y que ahora han crecido sus primeras aportaciones a la crítica Ha dejado de ser una figura retórica,
parece insinuarle a Proust el carácter de desmesuradamente hasta hacer un escla- proustiana, sucedido el peronismo, que es un angustioso intento de yuxtaponer
una dudosa confidencia, de un simulacro vo de quien los liberó. fue bastante más que una incomodidad el pasado al presente, de convertir la
de despreocupación en el que se mostra- expresiva para Bianco y su grupo de rela- reminiscencia en
ba “lo que era, y, sobre todo, lo que anhe- La relación secreta entre las cosas le ciones, excusándose en la aparición de la presencia –cita–. Acota Bianco “la debilidad
laba ser”, la hondura del compromiso del ofrecerá un aspecto penumbroso por Correspondencia de Proust con su madre7, Aunque va dirigi- irreparable de la metáfora
autor de la Recherche con la escritura (no el que se resiste a ser descifrada; el escribió un trabajo en el que aborda do contra el tiem- constituye su grandeza”. La
por escéptico menos apegado a la vida, vano deseo de aprehenderlo todo, ciertos tópicos de la personalidad de su po y el espacio, calidad estética estriba allí, en
sin ilusiones trascendentales que lo guíen según Bianco, nacerá allí para Proust. admirado escritor. La muerte de la madre continúa situado su incompletud, en su radical
o entorpezcan; “en vano Mauriac deduce No lo guía ningún propósito ulterior a en 1905 significó para Proust dos décadas en el tiempo y el imposibilidad. Algo similar
a Dios de las páginas de Proust precisa- su tarea de novelista. Lo vemos, en su de semiclausura “y la Summa novelística espacio. ocurre en la propia vida de
mente por su ausencia”, escribe Bianco), lucha contra el tiempo, dedicado a im- más admirable que se haya producido Proust, quien sólo al perder
hace de él un traidor inevitable de su pedir que transcurra sin haber aprisio- en Francia” –escribe. “Nadie mejor que Por lo que tanto la figura de la madre, contra-
propio ámbito existencial. Los seres que nado, en sus redadas, la cantidad más Proust ha demostrado el beneficio espi- la memoria invo- riamente a lo que pensaba,
en el ciclo proustiano actúan “sometidos abundante de minucias impalpables, de ritual del sufrimiento”– sostiene Bianco, luntaria como su puede dar con su destino.
a las artimañas de este sutil ilusionista, sensaciones fugitivas y evanescentes. para quien “este recurso por excelencia forma, la metáfo-
se van desposeyendo poco a poco de Por su parte Stendhal, para el crítico de las personas poco inteligentes” ha sido ra, constituyen intentos frustrados:
su encanto”. “La tarea demoledora que argentino, interpela a una humanidad explotado por Proust con infinita inspi-
Proust ejecuta”, sostiene: futura; es vigoroso y lozano incluso en ración poética merced a la cual el escritor la correspondencia entre sensación y recuer-
su prurito moralista acomodado a un descubre en sí mismo verdades que de do o entre objetos dispares no conduce a la
de acuerdo con su estrategia, cuando ya statu quo al que fustiga, pero en el que otro modo permanecerían ocultas. Las unidad ni tampoco a la identidad, sólo
ha derrumbado mentalmente el artificioso se apoltrona con fruición. “enseñanzas implacables del dolor” son puede expresarse por una analogía.
andamiaje que levantaban sus deseos –vale escuela proustiana de conocimiento, de
decir, en lugar de rechazar las cosas una vez Stendhal sigue un procedimiento inverso ascesis. El “precioso desgarramiento que Pero, acota Bianco, “la debilidad irre-
que ha observado sus defectos, se percata de al de Proust. En cada capítulo tiende un llamamos desgracia” es la puerta de ingre- parable de la metáfora constituye su
ellos y reemplaza los valores desmesurados lazo al lector y lo sorprende a cada página. so; “las tristezas son servidores oscuros, grandeza”. La calidad estética estriba
y ficticios que les asignaba por sus valores Proust prescinde del lector y le exige, desde aborrecibles”, que conducen a la verdad allí, en su incompletud, en su radical
reales, cuando ya las cosas no le interesan– un principio, el máximum de esfuerzo. y a la muerte. Pero todo, incluso el dolor, imposibilidad. Algo similar ocurre en
adquiere su potencia máxima al socavar la Las sorpresas que prepara son lentas, se desvanece: Bianco leerá en términos la propia vida de Proust, quien sólo al
coronación del edificio francés. laboriosas. Se requieren varios tomos para éticos su apuesta literaria. Pese a su per- perder la figura de la madre, contra-
que desanude del cuello de sus personajes manente proclamación de un laicismo riamente a lo que pensaba, puede dar
Pero esa operación no es sino a costa la máscara que llevan y frecuentemente, radical para la literatura, a la que preten- con su destino.
de un inmenso gasto: al caer ésta, nos encontramos con otra de autónoma de todos los órdenes que Resulta interesante enfatizar este corri-
máscara, tan ficticia como la primera, tientan heteronomizarla, la dimensión miento hacia la lectura alegorista que
de espaldas al mundo exterior, Proust más desconcertante aun. ética de los textos y su entramado con termina apresando sus razonamientos
se envuelve en una telaraña refulgente el mundo vital será una constante en sus críticos: Bianco, que anhela la soberanía
de placeres, inquietudes, angustias, afa- En este estudio veremos cómo el paso abordajes críticos. de la crítica como género, de continuo
nes inextinguibles: justificativos de vivir de los años incitó a José Bianco a ir Leyendo la Correspondencia sostiene pasa de la novela a la vida y de ésta a
extraídos de sí mismo; dando diversas modulaciones a su diá- que no hay en Proust voluntad de la moral, perdiendo su radicalidad tex-

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tual. Vale decir: es un moderno cabal, quien según el argentino se ciñe de conti- se dan en formas ejemplares; aquellas en de bondad y perversión una ocasión de
un lector decimonono. Lo cual desde nuo al concepto de justo castigo, daría en las cuales el problema moral se plantea superación. El placer es sacrílego, un
los años setenta, con el giro estructural la escritura con la práctica curativa de su en toda su intensidad, acaso por horror privilegio de los malos, sostiene, conse-
y textualista hegemónico, rápidamente mal existencial. Así, algo del orden de la a ese mismo mal cuyo poder de atracción cuentemente proustiano.
daría pie a su exclusión del gremio por verdad reveladora alumbra en la palabra. han comprobado tan a menudo.
los críticos que se postulan autárquicos, Mme. Vinteuil es buena: no a la manera
encastrados en la costumbre de la sumi- Una mujer es de mayor utilidad en nues- Un maridaje con el mal que funciona de Odette, la ex cocotte, con una bondad
sión a la materialidad de la letra que tra vida si en vez de ser un elemento de como principio dinamizador, como visceral, fisiológica, sino con una bon-
prescinde de las felicidad es un instrumento de tristeza, “energía que fecunda la imaginación”, dad humana, inteligente, hostigadora;
[Bianco] es un moderno cabal, otras dimensiones porque no hay amor que no nos sea tan sostiene Bianco, permite a personajes esta bondad le exige un esfuerzo de crea-
un lector decimonono. Lo cual en las que inter- precioso como las verdades que nos descu- como Bergotte y Elstir ser “eficazmen- ción que no tiene la energía de realizar.
desde los años setenta, con viene la literatura bre cuando lo perdemos. te buenos”. A su vez, la imaginación Entonces sucumbe a los reproches de su
el giro estructural y textualis- a su paso por el es condición de la bondad; allí nace la propia bondad, se deja aturdir, ensor-
ta hegemónico, rápidamente mundo9. En el episodio de la muerte de la abuela relación al otro, el sentimiento moral. decer por ellos. El fatalismo romántico
daría pie a su exclusión del Centrado en la en la Recherche, supone Bianco, Proust El ejercicio del arte, como en Elstir, que la induce a creerse un monstruo le
gremio por los críticos que se relación vida/obra, ha ficcionalizado la muerte de la madre: redime, ennoblece las almas. impide, al mismo tiempo, ver claro en
postulan autárquicos, encas- Bianco puntúa en En este punto el crítico, como res- su naturaleza, aceptar su desequilibrio
trados en la costumbre de la la Correspondencia Antes de morir Proust, ya en los últimos puesta al pedagogismo moral en el sexual, sobrellevar sus limitaciones, y
sumisión a la materialidad de la figura de Mme. volúmenes de esas memorias ejemplarmen- que el personaje proustiano deriva tras después luchar con ellas, y después ven-
la letra que prescinde de las Weil –la abuela de te noveladas, muere su madre por segunda la depuración de sus maldades por la cerlas, trascenderlas, operar la síntesis
otras dimensiones en las que Proust, incitadora vez, irrevocablemente. Proust, junto con él vía del arte, supone –construye– un creadora de sus virtudes y de sus vicios,
interviene la literatura a su e iniciadora en las mismo, la ha sacrificado a su obra. diálogo entre el pintor y el narrador. Es síntesis propia del hombre, que no es ni
paso por el mundo. percepciones esté- decir, se coloca en la posición del autor. ángel ni bestia.
ticas del nieto, a la La verdad es superior a la muerte y al Elstir ha de corregirle al narrador las
que sigue en su variada peripecia–, y de amor, que se desvanece mediante la sospechas sobre su bondad adquirida, Esta doxa que matiza el maniqueísmo
la madre, colaboradora y protectora de palabra escrita. Ese credo ético, apre- antes impensable debido a la mediocri- moral y le abre las compuertas de la legi-
aquel; así como detalla los momentos de hendido en la lectura de Proust, será dad de los ambientes que frecuentaba: timidad a la transgresión, a la manera de
las cartas que traspasarán transmutados a la clave de su mirada crítica sobre la es un momento extraordinario de la un Bataille criollo10, será una constante
la obra del petit Marcel. Pero el núcleo de literatura y su ligazón con la vida. crítica, que súbitamente vuelve al texto en la obra ficcional de Bianco, y tiñe
su artículo es la auspiciosa catástrofe que Pocos años después, en 1959, Bianco ficcional, en el que el artilugio de un sus apreciaciones críticas de una cierta
significaría en la vida de Proust la muer- brindará en la Sociedad Hebraica una personaje que interviene la andadura pertinencia filosófica. Escribe:
te de la madre, de quien dependía de clase sobre “El sentido del mal en la de una pesquisa moral del autor es
modo excesivo hasta en los más mínimos obra de Proust”, luego editada en la tomado como voz reflexiva propia. Para Mme. Vinteuil, buena, inteligente, sen-
detalles de la vida cotidiana, al punto de revista La Torre de San Juan de Puerto Bianco, como para Proust –tal es su sible, habría podido ser, si no una gran
no poder llevar a cabo su proyecto nove- Rico. Su lectura recorre En búsqueda epigonismo– el camino de la sabiduría artista, pongamos por caso, como ese pa-
lístico, fallido tras dos intentos –el Jean del tiempo perdido puntuando la impo- no admite atajos de la experiencia, que dre a quien tanto se parece, una artista
Santeuil y el Contra Sainte-Beuve– sino sibilidad de asignar a los caracteres de sólo revela la verdad a costa de dolor decorosa. En vez de una artista, se resig-
hasta su desaparición. El “desamparo la novela valores absolutos: y desazón. Sacar del mal un partido nó a ser una sádica. O, como dice Proust,
afectivo, moral, espiritual, intelectual y benéfico es la lección que proponen las una artista del mal.
material” en que lo sume la muerte de en Proust, los llamados monstruos no vidas ejemplares de Bergotte y Elstir,
Mme. Adrien Proust –sostiene– “indu- carecen de sensibilidad, de imagina- que metaforizan las del propio Proust. Por su parte, en Charlus (sobre cuyo
ce al escritor al abandono de la vida ción, de inteligencia (...) las naturalezas En este punto el amor homosexual da modelo real, el conde de Montesquiou,
mundana y le insta a una reclusión cuasi proustianas atormentadas por el mal son ingreso al mal en las consideraciones del Bianco traza pinceladas precisas), que
monástica”. “Ha comenzado la expiación aquellas en las cuales los sentimientos argentino: Mme. Vinteuil y Charlus, ha convertido en “una especie de
de Marcel”, escribe Bianco, postulando más nobles – la generosidad, la solidari- sádicos y homosexuales, se estancan en poesía” la estupidez del ambiente aris-
una idea salvífica de la literatura; Proust, dad, la piedad, la delicadeza, la ternura- el mal por no saber hacer de la mezcla tocrático dando cabida a un “delicado

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mito”, señala su bondad como reverso te lo contrario de lo que se esperaba de tes de ella, tan pronto un narrador en te– fueron inhumando con el tiempo,
complementario de su sadismo. Su ellos”. La mirada displicente que echa contacto permanente con la realidad, y dio con una carta de Proust a un
ociosidad “lo hunde en la tristeza, y, sobre el por entonces ya impresionante que extrae de la observación sus mejores amigo de Henri de Regnier –quien
de rebote, en los abismos del mal que corpus crítico que ha levigado en torno hallazgos. Proust es ambas cosas. Su obra estaba en relación
lo seducen con todo el falso esplendor de nuestro autor, lo lleva a describir fundamenta todas las admiraciones, to- con Lèautaud– de
del vicio”. Concluye: “estas enseñanzas una deriva tendiente a revalorar lo que das las indagaciones. ¿Puede pedirse una fecha tan tem-
morales (...) han sido inferidas por aparece entramado en la sola ficción, más justa sobrevivencia? prana como
Proust de su propia naturaleza, que punto de sutura y condensación de los 1907, en la que
quizá, o sin quizá, debió de sentirse diversos registros –históricos, biográfi- Al año siguiente Bianco volvería sobre el futuro autor de
terriblemente atraído por el mal”. Su cos, sociológicos, filosóficos, etc.– que su autor favorito con un ensayo magis- la Recherche abo-
grandeza es acorde a esa atracción y al convocan a los críticos. tral, que obtendrá varios galardones, el mina con furia
poder de resistencia que supo oponer- La obra de Proust suscita a través de cual funcionará como adecuado acom- y asco inusuales
le con su alquimia creadora: “la capa- los años las más dispares reacciones, pañamiento para su novela, La pérdida del comentaris-
cidad de asimilarlo para transmutarlo argumenta Bianco, pero la más perdu- del reino (la cual, tras editar en La Na- ta, cuyos libros
en bien que le permitió escribir En rable estriba en el conjunto de múlti- ción un fragmento bajo el título Trelles autobiográfi-
busca del tiempo perdido”. ples sentidos que admite y propone. en 1953, se había visto interrumpida en cos conoce. Y es
1955 hasta ser retomada por esta fecha, que en ellos Paul
Años más tarde, insistiría tanto en Según Revel, Proust confunde amistad “por puro aburrimiento”). En su ensayo Lèautaud ha refe-
sus textos críticos como en su novela con brillar en la conversación, aunque El ángel de las tinieblas, de 1972, Bianco rido la peculiar
sobre esta valuación moral del texto se diga poco y nada. Pero brillar en la contrapone dos impedidas amistades li- historia de su vida
proustiano, en la que ampararía sus conversación es un sacrificio que Proust terarias que no llegaron a tales más que amorosa, pletórica
José Bianco
propias opciones. hace en aras de la amistad y que res- en su propio deseo personal: la de Paul en irregularidades de todo tipo, siendo
La percepción acabada que posee ponde a una inclinación profunda de su Lèautaud y Marcel Proust. En uno de el incesto consumado con su madre la
Proust de la distancia entre el yo públi- naturaleza: tratar de seducir, llevado por los volúmenes sucesivos de sus Diarios, no menos atendible de ellas; una vida
co y la personalidad más íntima del au- la necesidad de apoderarse del prójimo. refiere Bianco, el singular crítico teatral familiar que, como dice Bianco, evocan-
tor hace a su oposición a Sainte-Beuve, Con los años, ese prójimo será el próji- de la NRF, mientras declara su volun- do irónico a Lévi-Strauss, “no encuadra
sostiene Bianco una década más tarde mo, en la acepción más amplia de la pa- taria ignorancia de la obra de Proust no dentro de las tradicionales estructuras
en El Centenario de Proust; texto ela- labra, el interlocutor por antonomasia, vacila en proclamar su admiración al leer del parentesco”. A Proust, cuyo ferviente
borado en el ánimo de descreer de la el lector, y entonces, a través de su obra, el número de homenaje que la revista laicismo sólo se ve atenuado por una
prolífica producción exegética sobre su a ese hombre silencioso le transmitirá su dedicó a su muerte –y que, al postergar pasión cuasi mística por su madre, se
vida y su obra para reivindicar la sobe- pensamiento metódicamente, sin caer en el hecho la publicación de su crítica se- le antoja tan deleznable semejante per-
ranía de la ficción. “¿Qué puede impor- equívocos de ninguna clase. manal le cuesta, según apunta con sor- sonaje que lo conducirá a equipararlo
tarnos que Montesquiou sea Charlus? na, 250 francos: “una buena corona”. con el Mal, y, en una muestra más de
Charlus es mucho más que Montes- Nuevamente, aquí la ética que asume “Siento también, por instantes, cuántas sus melindres, a no atreverse a revelar
quiou” –escribe–. “En la novela, todos al otro como condición del propio de- cosas deben disminuir de interés al lado esta opinión, “... Pues me parece que
los seres que la han conformado, dejan cir. Sólo que en Bianco esta dimensión de la obra de Proust”, exclama, tras ha- tendría que batirme con el ángel de
de existir.” A quien por entonces, ya en aparece resistiendo al abordaje crítico, ber recorrido sólo un par de páginas –y las tinieblas”, según augura. Pero “no
el ocaso de la vida, se encontraba dan- desfundándolo subrepticiamente. “Sin- haberse bastado con ellas: será todo lo soy bastante puro para esperar vencer”,
do coronación a su propia experiencia gular destino el de Proust”, concluye. que en su vida leerá de él– de la novela, agrega. Bianco otorgará a esta última
narrativa y vivencial proustiana con su allí reproducidas. Hasta ahí Lèautaud, su afirmación poco menos que el rango
novela La pérdida del reino, los perso- Tan pronto han visto en él una especie de acentuada reticencia admirativa del au- de una confesión, una declaración de
najes de la Recherche se le antojan po- filósofo visionario, metafórico, que se ha tor de Les plaisirs et les jours. paridad moral con Lèautaud, cuando,
bres peleles despojados de historicidad elevado por encima de la observación y Bianco ha rastreado en la Correspondencia merced a las investigaciones realizadas
en manos de un Mefistófeles perverso ha hecho el proceso del realismo, volcan- rescatada, es decir, no enviada o que por Maurice Sachs –que, por lo demás,
que, como declarara el propio Proust, do en su novela un mundo de imágenes quedó en estado de borrador y que los el mismo Bianco intentará corrobo-
“en la segunda parte harán exactamen- previas a su experiencia e independien- especialistas –Phillip Kolb, centralmen- rar infructuosamente en la Francia de

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posguerra, entrevistando a sus apócri- o más bien la dolorosa liberación que estilísticas –que Borges llamara “invi- modesto escritor que ha resuelto con-
fos cómplices–, sean reveladas ciertas supondrá, recuerda Bianco, le permitirá sibles”– y en la construcción de sus fiarla, inconclusa, al cuidado de otro
costumbres del petit Marcel no menos a Proust ficcionalizar lo que ingresará sin delicados argumentos. Antecedida en que no lo es menos, en un clima social
perversas que las que trazaron el destino contención en su vida: sadismo, maso- varias décadas por sus escuetos rela- ligado a los sectores de una vetusta
de su abominado admirador, que inclu- quismo, homosexualidad. Facetas todas tos de La pequeña Gyaros (1932), Las aristocracia liberal que ya roza su
yen escenas de profanación erótica de la que aparecen en su texto de modo tras- ratas (1943), y Sombras suele vestir decadencia, en un Buenos Aires –por
imagen materna y cruentos sacrificios de polado con sorprendente fidelidad, con (1944), textos todos de una tersura lo demás, apenas sugerido y por ello
animales. (Esto último, anota Bianco, escasos enmascaramientos. Pero dado que torna prácticamente imperceptible mismo reconocible–, que remite sin
sin duda hubiera suscitado un previsible que es el problema de la salvación por su laboreo de la lengua, La pérdida del ambages al universo social y cultural
odio ilevantable en Lèautaud, que en las obras, de la purificación por la lite- reino (1972) es sin duda la mayor de de Sur. El trabajoso e intangible tono
su isla del Sena criaba a centenares de ratura lo que le interesa destacar como las novelas argentinas que, recostadas neutro, deliberado, con que Bianco
perros y gatos.) Y tratará de explicar central en la –su– lectura de Proust, esta en este sesgo de lectura de la obra de teje su trama, continuamente deja
el encono de Proust precisamente por presencia inalienable del mal –volun- Proust, se cobijan para realizar sus pre- adivinar, promete, anuncia enclaves
esa secreta afinidad electiva que los taria u ocasional– en la obra de ambos guntas a lo real. Y Bianco lo hará de un dramáticos, pero esta alternativa espe-
emparda a ambos, y que supondrá una le induce a preguntarse si, como en los modo conmovedor, un modo del que, rada jamás sucede en el relato; apenas
cifra moral profunda, radical, cuando su ambiguos personajes de A la Recherche sabedor de los maltratos que el aconte- se trasluce a través de lo insulso, de
pasaje a través de la experiencia de la lite- du Temps Perdu –como Charlus o Mlle. cer prodiga a una vida, no excluirá lo lo trivial del devenir cotidiano cierto
ratura adquiera ribetes de ordalía de la Vinteuil–, que acaban redimiéndose al patético sino que más bien lo compren- desmayado hálito melancólico que
cual saldrán, autor y lector, más sabios11. encontrar un sentido estético a sus actos derá dramáticamente, lo incluirá entre enrarece y a la vez presenta en su
Venciendo su costumbre, ese infatigable más abyectos, en sus textos no habría las inflexiones ineludibles de un desti- más palmaria y perceptible objetivi-
proustiano que fue José Bianco, ampa- una oportunidad de comprensión mati- no. Como una especie de prolongación dad la sorda tragedia amorosa que
rará en profusas zada de los dilemas éticos que atosigan extenuada de la idea que Proust baraja anuda los destinos de los personajes.
El trabajoso e intangible tono citas su operación nuestra época. Citará a Gide: “No hay en su estudio sobre El estilo de Flaubert, Finalmente, el lector entiende que es
neutro, deliberado, con que h e r m e n é u t i c a . obra de arte sin la colaboración del mediante la cual concibe a La educación su propia subjetividad la invocada,
Bianco teje su trama, conti- “Gilles Deleuze demonio”. Y agregará: “El demonio sentimental como “un largo informe de la involucrada involuntaria en una
nuamente deja adivinar, pro- –en su Proust et ha colaborado en las obras de Proust y toda una vida sin que los personajes trama en la que se opera un juego de
mete, anuncia enclaves dra- les signes– hace Lèautaud, pero esas obras están del lado tomen, por decirlo de alguna manera, ocultamientos y develaciones; y en
máticos, pero esta alternativa notar que la pro- de Dios”. “Porque es fácil hablar de la parte activa en la acción” –premisa el pendular del cual se acabará por
esperada jamás sucede en el fanación, junto malevolencia, del cinismo, del impudor, que, como lo ha sospechado Ortega entregar, merced a su colaboración
relato; apenas se trasluce a tra- con el secuestro y de los sarcasmos de Lèautaud: la vida y Gasset, bien podría considerarse un –en la espesura de lo que el bergso-
vés de lo insulso, de lo trivial el voyeurisme, son de ese loco, e insisto en ella porque declarado principio metodológico que nismo, tan vinculado a la impronta
del devenir cotidiano cierto medios de cono- Lèautaud nos cuenta su vida en casi rige la construcción de la Recherche–, proustiana en torno del Tiempo, el
desmayado hálito melancólico cimiento para un todos sus libros (...) hace pensar por Bianco ha entregado su indagación gran protagonista velado y eminente
que enrarece y a la vez presenta amante celoso: al momentos en la vida de un santo.” Pero, del lacio declinar de un mundo urba- del texto proustiano, llamó la durée–,
en su más palmaria y percep- Narrador le per- agrega, “... También es fácil decir que no íntimo con serenidad técnica y el secreto de una vida carente de secre-
tible objetividad la sorda tra- miten descubrir, Proust ha comunicado los gérmenes que precisión estilística en el seno de una tos. La historia de Rufino Velásquez,
gedia amorosa que anuda los traducir, encon- lo infectan a todo un mundo novelesco: arquitectura prosaica impecable, de un la narración de su vida y de su muerte,
destinos de los personajes. trar el sentido del en ese mundo novelesco resplandece modo que bien podría resumirse en la construida con nudos de tensiones
signo”, escribe. la verdad”. Y concluye: “En resumen, palabra mesura. sutiles entre fuerzas sensibles más que
“La verdad no se entrega, se traiciona; Proust y Lèautaud obedecen a una La novela refiere la vida –o, más bien, con las fáciles y reconocibles peripe-
no se comunica, se interpreta, no es deli- moral y persiguen un bien, para suerte habría que decir la historia de cómo cias de la experiencia, toma su poderío
berada, es involuntaria”, cita. Y colige: del lector, muy distintos de la moral y el se construye una sensibilidad a partir precisamente de su simpleza, de su
“En suma, para decirlo con palabras de bien convencionales. No son, ni uno ni del sufrimiento y de su gobierno o engañosa simpleza, en la que intuimos
Lévi-Strauss, la naturaleza de lo verdade- otros, el ángel de las tinieblas”. modulación morigerada por medio la tersura de lo que Nietzsche llamó
ro resplandece en el cuidado que se pone Esa moral es la que Bianco tratará de de la literatura, tema filosófico que “la inocencia del devenir” y que acuna
en ocultarlo. La muerte de su madre, construir en sus demoradas estrategias torsiona la propia Recherche–, de un en su vientre lo trágico y lo terrible.

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Presumiblemente el mismo Bianco to de reflexión, transformándose él leerlo”. En este punto el ensayo asume muestra de un modo ciertamente
ha contado, como Proust, su propia mismo (pero hay que ver de qué sí el tono de un relato autobiográfico. paradigmático, aparecen resumidos
búsqueda del tiempo perdido en esta mismo hablamos) en espectáculo”. Un verano, cuando contaba apenas en la observación del crítico:
novela, que demoró un cuarto de siglo Se trata del ensayo Proust a los sesenta 17 años –refiere–, sucedió su fracaso
en escribir; en ella asistimos a la narra- años de su muerte, escrito en 1982 y inicial en el abordaje de A l’ombre des Mientras que el lector lo único que
ción de sí misma, recogido en el volumen antológico jeunes filles en fleurs. Nótese: se trata hace y quiere es leer, el ensayista quie-
y a Bianco, en el Ficción y reflexión, texto que el crítico de un adolescente de 16 años que en re saber por qué al leer ocurren ciertas
meditado torbe- rosarino calificará como una “teoría 1925 lee con displicencia las revistas cosas. A veces, por querer saber y escri-
llino de la crea- en acto de la escritura ensayística”. francesas, y se atreve con Proust. bir sus hallazgos, transforma esas cosas
ción de un desti- “¿Qué impresión tendrán las genera- (“Había visto fragmentos de sus obras inciertas, esos afectos innombrables, en
no, escribiéndose ciones actuales que leen por primera póstumas que aparecían por entregas valores y se olvida de sí mismo como
a sí mismo en el vez a Marcel Proust?”, se interroga en la N.R.F.”, escribe; como en otras lector para representarse como crítico.
ventriloquismo Bianco en la apertura de su ensayo, en ocasiones Bianco asume un tono de Otras veces la fuerza de la pasión que
de una interpósi- el que tratará de reconstruir las condi- esforzada modestia con el cual tratará lo liga a una obra resiste el olvido, se
ta personae. Y sos- ciones de su primera recepción, medio de mitigar su íntima vanagloria no sin apodera de su voluntad de conocimien-
pechamos, como siglo atrás. El “asombro mágico” ante apelar a cierta clave de parodia ante to y escritura, y lo hace entredecir, más
en el texto prous- el hecho de verse “transportados a la propia imposibilidad de compren- acá de cualquier protocolo o estrategia,
tiano, como en una realidad análoga a la realidad en der el texto en su primera lectura.) la rareza y ambigüedad de su sensibi-
la propia trama que vivimos pero más compleja, más Poco después, refiere, “un amigo de lidad y de lo que la conmueve.
de La pérdida del rica, más ambigua y perfectamente Córdoba, que ahora es sacerdote”, el
reino, que sólo la inteligible”, se vería corroborado en enigmático Fray Mario Agustín X13, le El texto de Bianco se cierra con la actua-
muerte segará la el influjo que las “verdades psicoló- habría guiado al indicarle que tratara lización de aquella experiencia inicial:
novela. Mas tam- gicas y metafísicas descubiertas por de ingresar en Proust por Un amour
Marcel Proust bién, al finalizar el libro, la certeza de Proust” tendrían sobre el mundo. “El de Swann. Allí se produjo entonces Siempre recordaré la impresión que me
que el autor –y nosotros, lectores, con espíritu de muchos novelistas poste- el milagroso deslumbramiento, para- hizo Un amour de Swann. Impresión
él– ha triunfado de la muerte por la riores a Proust, su manera de ver y dójico por demás: “¿cómo era posible que redundaba en beneficio de uno
resurrección que le provee el arte –y sentir las cosas, su punto de vista, se que un libro poblado de seres tan mismo, porque llegamos a olvidar la
he aquí un dilecto motivo redencio- ha modificado. Y sus lectores están poco atractivos, un libro en que no existencia del novelista. Éste, al prestar-
nista, subrepticio, en Proust–, cobra la leyendo vicariamente a Proust”, afir- sucedía nada, o casi nada, pudiera nos su mirada, conseguía desaparecer,
fuerza de una verdad, de una eviden- ma. Destino que, dirá siguiendo al ser de un interés tan vertiginoso?” se y uno creía estar descubriendo las cosas
cia incontrastable. Y es ése, sin duda, Borges de Kafka y sus precursores, pregunta mientras con perplejidad da por cuenta propia. [...] Por momentos
el mayor indicio de que Bianco ha alteraría nuestra percepción de sus cuenta de todo aquello que distinguía olvidaba que estaba leyendo”,
hecho suya la lección del maestro12. antecesores impensados. “Me ha ocu- aquel texto de la tradición literaria
Una larga y dolorosa década transcu- rrido no hace mucho releer el primer preexistente y lo incitaba a tratar de recuerda, hasta que la grandiosidad de
rriría antes de que el antiguo secreta- tomo de las Memorias de ultratumba ubicar la especificidad de la novedad un ciclo sintáctico nos advertía que
rio de redacción de Sur nos entregase de Chateaubriand”, confiesa, no sin proustiana. Es decir, como apunta con estábamos viendo la realidad a través de
la que sería su postrera y más perso- experimentar claras reminiscencias agudeza Giordano, Bianco muestra un gran novelista y sentíamos hacia él
nal meditación sobre Proust. “Como proustianas. Pero aquella percepción en su racconto un desplazamiento del tanta gratitud que cerrábamos el libro y
si hubiese sabido que era la última adquirida por su generación, por la lugar de lector al del ensayista con la por unos minutos dejábamos de leer.
ocasión en la que daba testimonio misma existencia del texto proustia- construcción de un espacio de valores Bianco concluirá con una fórmula
del vínculo dichoso que lo unió a no en la literatura universal, se ha –una moral de lectura–, vecino pero en que condensa su credo literario,
Proust por más de medio siglo”, escri- enriquecido para los mejor posiciona- distante de los ademanes de la crítica. y el de Proust: “Construir con mate-
be Alberto Giordano en Imágenes de dos lectores actuales, reflexiona. “Han Todos los movimientos que hemos riales efímeros una obra perdurable
José Bianco ensayista, “se despide de pasado el difícil aprendizaje que exige mostrado a lo largo de otro estudio que justifique [la vida] es el único
su obra de una manera proustiana, su lectura”, lo cual “no sucedía en sobre la relación con Proust en nues- medio que un escritor tiene a su
tomándose a sí mismo como obje- Europa ni en América cuando intenté tro país, y que la deriva de Bianco alcance para salvarse”, escribe.

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NOTAS

1. Cfr., por ejemplo, El cántico espiritual (Agencia general de librería y publicaciones. Bs. As, 1923), que
puede ser leído en contrapunto con La literatura y el conocimiento: A propósito de Marcel Proust (El espíritu de
aristocracia y otros ensayos. Buenos Aires, Agencia general de librería y publicaciones, 1924).
2. Cuentos de la oficina. Claridad, Bs. As. 1925, que hace juego con Introducción a Marcel Proust. Nosotros a. 21,
vol. 56, N° 215, pp. 16-23, abril 1927.
3. Los cuentos de Europa (Bs. As. Palacio del Libro, 1930) y la novela Gente (La Plata, 1936), fueron precedi-
dos por el ensayo Por el camino de Proust (Nosotros a. 21, vol. 56, N° 215, pp. 24-42, abril 1927).
4. Abocado desde 1931 a “difundir a Proust en la clase obrera” Anderson Imbert ofreció su primer abordaje
crítico en “Retrospectiva de la creación literaria” (La Vanguardia. Bs. As., 14 de marzo de 1937).
5. Su conferencia Una lectura de Proust. (Verbum. Bs. As., septiembre de 1926. Anales del Instituto Popular de
Conferencias. T. 12. Bs. As., 1926) y su ensayo Marcel Proust (La Prensa. Bs. As., 1° de mayo de 1926), acom-
pasan la escritura de La vuelta de las horas (Bs. As., Viau y Zona. 1933).
6. Mas ello no se dio sin vacilaciones, sin tentativas iniciales frustradas. Restos desvaídos de un primer intento de cons-
trucción epigonal son dos fragmentos titulados Siete años, editados en noviembre de 1935 por la revista Sur (n° 14 y n°
15), presentados como el inicio de una narración autobiográfica, la cual fue malograda por carecer, a mi entender, de
la distancia y la experiencia necesarias para llevarla a cabo. Un mimetismo vital involuntario con el propio Proust, en
todo caso, es lo que ha efectuado Bianco, quien sólo tres décadas más tarde, con La pérdida del reino, podrá llevar a buen
término esta intención primitiva, impedida incluso en los años cincuenta tras un fallido recomienzo en su narración
Trelles. Pero para que ello fuese posible habría de construir primero un espacio de enunciación análogo al del Narrador
proustiano a fin de dotar de autonomía al yo narrativo y conferirle mayor verosimilitud y presteza al discurso. Es decir,
recorrer la distancia que en Proust va del Jean Santeuil a la Recherche, pasando incluso por el Contre Sainte-Beuve.
7. “Proust y su madre”. La Nación. Bs. As., 3 de junio de 1956. Ficción y realidad, y Homenaje a Marcel Proust.
8. “Marcel Proust: su revelación psicológica”. Sur. N° 24. Bs. As., septiembre de 1936; N° 25, octubre de 1936;
N° 26. noviembre de 1936; N° 27, diciembre de 1936.
9. En relación a la entonces reciente edición del Jean Santeuil, Bianco se mostrará remiso: considera “censu-
rable que manos extrañas se hayan permitido reconstruir originales que Proust desechó por no considerarlos
dignos de su talento, máxime tratándose de un escritor que nos ha dejado una obra tan laboriosamente con-
certada”. Proust lamentaba obras imperfectas –recuerda– como las del “pobre Peguy, que busca su camino a la
vista del lector...”, e imagina a Proust cayendo en una de sus terribles crisis si le fuera dado conocer su destino
póstumo, escarbadas sus intimidades por “piadosos y minuciosos admiradores”. Posición ésta de literato, de
escritor, sin duda, que desdeña los menesteres de la filología y la crítica.
10. Amigo, traductor y editor de Roger Caillois, Bianco será responsable de la aparición de El erotismo, el
primer texto de George Bataille en castellano en la editorial Sur.
11. Hugo Beccacece, persistente cronista proustiano, ha dicho de Bianco que su aproximación a Proust nace de “esa
especie de eticidad de la expresión que ambos aprecian, del hecho de que una frase bien dicha, un pensamiento bien
expresado, un aspecto bien analizado de la naturaleza humana, por más siniestros que resulten, son precisamente un
bien. Todo lo humano debe ser dicho, porque nadie debe avergonzarse de la propia condición, sino de la mentira, del
ocultamiento”. Eugenio Montejo: Recuerdos de José Bianco. Vuelta Sudamericana. A. I, N° 5. Bs. As., diciembre 1986.
12. Son múltiples los guiños encapsulados en el texto que Bianco le envía al lector proustiano: un personaje lateral lleva
por nombre Marcel; el narrador/protagonista va decidiendo su vocación tardíamente tras un peregrinar estéril por los
salones en los que descree de las pretensiones de los escritores y demás figuras sociales que juzga fatuas; finalmente, en
un impasse de la trama, mientras da una clase sobre literatura francesa, el narrador despliega una larga explicación sobre
la memoria: “Entonces, con motivo de ese presente que es al mismo tiempo pasado y porvenir, sensación y movimiento,
habló de las dos formas de memoria que discierne Bergson. La primera, conquistada por el esfuerzo, dependiente de
nuestra voluntad, y la segunda, espontánea, caprichosa, que le muestra a la primera las imágenes que han precedido
o son consecuencia de situaciones análogas y que permiten la asociación de ideas. De allí, insensiblemente, pasó a la
memoria afectiva de Proust. Para que lo entendieran mejor, les contó el episodio de la magdalena. Los alumnos escu-
chaban con interés, algunos tomaban nota”. Sin embargo, a Bianco esa notoria relación con el universo proustiano lo
incomodaba en la medida que lo ponía bajo el estigma de la angustia de las influencias. En un reportaje concedido a
Beccacece en 1982, expresaba: “No sé por qué [a La pérdida del reino] la asocian con Proust. Hasta han llegado a decir
que es un relato muy proustiano. Hablando de eso con Victoria [Ocampo], ella me dijo: los que dicen eso no han leído a
Proust. El libro de Proust se propone la recuperación del tiempo perdido, como señala su título; el mío tiene más que ver
con la búsqueda de una identidad”. Denegación deliciosa que no hace más que confirmar cuánto la sombra del maestro
les pesaba a los dos referentes centrales del grupo Sur, y, por extensión, a buena parte de la literatura argentina.
13. Para Giordano, verosímilmente, el paradójico gesto de omitir un apellido por discreción y reconocer esa
omisión indica un voluntario énfasis a develar: se trataría no sólo de una iniciación literaria sino amorosa la
revivida medio siglo después por el autor de La pérdida del reino.

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Un problema crítico: la historia En la Historia de la literatura argenti-


na de Ricardo Rojas hay un apartado
donde se estudia la oratoria, único
viaje europeo y que tantas críticas le
habían atraído de quienes vieron en él
a un restaurador nacionalista, a pesar
de la literatura argentina género literario en el cual el autor es
vehículo de su obra. No es la única
de que Jean Jaurés y Enrico Ferri ase-
guraran, luego de apreciar los textos
originalidad de esta extensa historia, de Rojas, que también para el socialis-
Por Horacio González denostada ligeramente por quienes mo europeo era más que justificable la
no se han tomado el trabajo, sino de cuestión de la nacionalidad.
leerla, por lo menos de comprender Con la gauchesca, a la que se le
La historia de la crítica literaria argentina puede qué significaría para la fundación de dedica uno de los
la crítica literaria en la Argentina. volúmenes, Rojas De algunos cenáculos satíricos
encontrar sus orígenes en un intento –vano y persis- Por ejemplo, uno de los héroes polí- arriesga que los surgió la expresión de que los
tente al mismo tiempo– que mereció la reprobación tico-literarios de Rojas, Avellaneda, es gauchos son los volúmenes de Rojas compo-
de sus contemporáneos. Se trata de la Historia de definido en tanto orador a través de protagonistas de nían una escena más larga que
la literatura argentina, cuya pretensión fundacional un elegante escorzo: “nuestra historia la de la propia literatura argen-
interna”, trama tina. Aún hoy se suele citar esta
considera a la nación como un cuerpo material defi- la adocenada compostura de los predi- íntima colecti- chanza injusta y perezosa. ¿Es
nido por su literatura, en la que el gaucho es el sujeto cadores virreynales y la desmelenada va que para él obligatorio entonces ser mini-
de una historia que se despliega albergando, en sus espontaneidad de los tribunos demagógi- equivale a una malista, como se dice, o bien
secretos y tradiciones, la emancipación de la concien- cos, quedaron extrañas a sus gustos. historia literaria. huir de los grandes frisos y
Y siguiendo este panoramas en nombre de algu-
cia estética nacional. La ironía borgeana respecto a la Imaginar la oratoria como uno de los rumbo imanen- na investigación específica?
confusión de Rojas entre una habla real gauchesca, de carriles de la literatura, destacar con tista de la litera-
carácter esencial, y una literatura gauchesca (“género refinado gesto un caso actual en con- tura como figura inherente a la propia
como cualquier otro”) forjada en las plumas urbanas traposición al fastidioso pasado, habla nacionalidad, declara a la gauchesca
que hablaban en su nombre, sitúa un segundo pelda- del propósito totalista que abrigaba como “forma de la vida mental argen-
Rojas, que muy de inmediato fue cri- tina” y lleva la cuestión un poco más
ño en la historia crítica literaria, una crítica de la críti- ticado por sus contemporáneos. allá al proclamar que ella, si es estu-
ca. Pero –analiza Horacio González– el propio Borges De algunos cenáculos satíricos surgió diada con un canon o reglas propias,
no estaba a salvo en sus aspiraciones universalistas. Él la expresión de que los volúmenes puede ser útil en lo futuro como emanci-
mismo escucha las voces de un pasado legendario en de Rojas componían una escena más pación de nuestra conciencia estética.
larga que la de la propia literatura De todos modos, con cierta convicción
cuya tradición se inscribe. argentina. Aún hoy se suele citar esta evolucionista, escribe que los gauches-
El dilema entre las pretensiones totalizadoras de la chanza injusta y perezosa. ¿Es obliga- cos son “nuestros primitivos”, lo que
literatura y las invenciones singulares, parece recorrer torio entonces ser minimalista, como lo pone cerca de una elaboración de la
la historia de la crítica en sus distintas estaciones. Así, se dice, o bien huir de los grandes fri- conciencia colectiva en la que se des-
sos y panoramas en nombre de alguna glosarían una serie de eslabones que
González repasa estilos de escritura que conformaron investigación específica? en lírica culta irían a perfeccionar la
este laborioso terreno: Enrique Pezzoni; Nicolás Rosa; Lo cierto es que el intento de tomar el primera figuración tosca pero esencial
las series viñescas; Beatriz Sarlo; Josefina Ludmer; cuerpo nacional como definido por la de la mentalidad nacional. La idea de
Ricardo Piglia; Noé Jitrik y Martín Prieto son pen- literatura y a la vez ésta recibiendo el una kultur getschichte opera aquí con
sados minuciosamente. Sus señas, la cadencia de sus encargo de ampliar las fronteras men- toda su fuerza, y motiva las respuestas
tales de la nación, son los fundamen- desconfiadas que hasta hoy se escucha-
lenguajes, los trazos y ademanes personales van con- tos que esgrime Rojas a partir de su rían, comenzando por la muy notoria
figurando la materia literaria sobre la que se talla la visión de la historia cultural, la ciencia de Borges, que la escribirá en El escri-
perseverante trama de la crítica. alemana que había aprendido en su tor argentino y la tradición.

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En ese perdurable ensayo borgeano se y la creación poética que la dispo- ble historia de la literatura argentina, sin soñador” Borges podría conjugar
lee que Ricardo Rojas comete la “astu- ne como obra. Ésta no podría ya se habría basado en la genealogía de una realidad de sangre y vindicta –el
cia” –hay desdén aquí–, de presentar la postular una referencia en el mapa un Enrique Banchs o en la onírica íntimo cuchillo que obliga a describir
poesía de los gauchos o de los payado- previamente experimentado de una colecta de un indiferenciado “orbe un destino sudamericano– con una
res como la derivación de una preexis- lengua. Segundo, la crítica entendida de símbolos”, en la que igualmente realidad de la temporalidad –la visión
tente raíz esencial que la poesía de los como mordacidad, al señalar en Rojas imaginaría tardíamente un Lugones, que obliga a refutar el tiempo a pesar
autores gauchescos recogería en forma ese “hábil error”, con lo cual elige un precisamenente como aquel al que de lo imposible que resultaría–, lo que
literal. Así, serían elaboradas sobre acto sobrador para referirse al autor de “le hubiera gustado que le gustara un le daría un poder inusitado respecto
métricas y presu- Historia de la literatura argentina. Era trabajo mío”, es decir, un trabajo de a la literatura historicista y al lirismo
Borges [...] imaginaría tardía- posiciones lexi- el “arte de injuriar” a través de sutiles Borges, confundidos ambos en (nue- de “los raros” del período anterior.
mente un Lugones, precisame- cales que gene- construcciones retóricas –en este caso, vamente) la cronología, reconciliados Arrasaría a ambos.
nente como aquel al que “le rarían el artificio la bofetada selecta de un oxímoron–, en la eternidad. Pero esta historia de En aquellos momentos, la rareza era
hubiera gustado que le gustara del “color local”. que recorrió un largo camino en el la eternidad no podría ser nunca una cierta apología de la locura simbolis-
un trabajo mío”, es decir, un Sin embargo, ejercicio de la crítica al que Borges se historia de la literatura, salvo que ta, pero se estaba lejos de sospechar la
trabajo de Borges, confundi- embate Borges, aplicó con entusiasmo. la practicase el propio Borges inclu- manera borgeana en la cual el tiempo Ricardo Rojas,
dos ambos en (nuevamente) la solo es posible Pero en su propia opción universalista, yendo a Coleridge, Carriego, Keats, pampeano se convertiría en eternidad por Juan Rearte

cronología, reconciliados en la considerar la en apariencia tan alejada de la historia Sarmiento y Whitman, todos nadan-
eternidad. Pero esta historia de gauchesca como de la conciencia literaria nacional, do en el mismo vapor hipnotizado de
la eternidad no podría ser nunca “género como Borges va a intercalar subrepticios las ruinas circulares.
una historia de la literatura, cualquier otro”. elementos del “carácter nacional”. No Pero es lógico que Borges postulara
salvo que la practicase el propio Es que su base solamente porque acepta que un encla- al mismo tiempo una línea de sangre
Borges incluyendo a Coleridge, paradojal sería la ve nacional como argentina, relativa- legendaria y un sueño de eternidad.
Carriego, Keats, Sarmiento y exacerbación de mente periférico de Occidente, pueda De ninguna de las dos formas –por
Whitman, todos nadando en el criollismos saca- recoger todos los afluentes del legado, exceso y por carencia–, hubiera llega-
mismo vapor hipnotizado de las dos de un ficti- sin prejuicios ni desagrados. También do a comprender los probablemente
ruinas circulares. cio diccionario por las menciones que hace al pudor modestos propósitos que embargaban
ad-hoc. Ricardo argentino, la reticencia argentina, ade- al hacedor de una historia de la litera-
Rojas, que postulaba la creación de más de afirmar que la historia argen- tura nacional, sobre todo si ésta debe
una “filología argentina”, había come- tina por la cronología y la sangre está acercarse a ciertos conceptos como
tido entonces “hábiles errores” al con- muy cerca de nosotros”. No hay duda el de conciencia estética colectiva.
fundir la lengua real de los gauchos de que Borges reintroduce aquí los Lugones sólo hubiera entrado en el
con las poesías de escritores urbanos componentes particularistas y raigales parnaso de Borges cuando mañana yo
que pretendían exponer sus versifica- que de otra manera su escrito intenta también habré muerto y se confundan
ciones no espontáneas como emana- anonadar. Si el pudor, la sangre, el nuestros tiempos y la cronología se per-
ción del habla gauchesca. tiempo, no son ingredientes abisales derá en un orbe de símbolos.1
Esta burla de Borges (terrible: elogiar del ser, sería muy difícil encontrar Lo que en Rojas era una colección
a alguien por sus imaginadas deficien- otros, lo que hace que Borges, criti- de obras que remitían a una historia
cias) tendrá largas consecuencias. En cando al pobre Rojas por creer que cultural situada y concisa, en Borges
primer lugar, el establecimiento de los la gauchesca es un localismo o una los autores son un diálogo en sueños
fundamentos del género gauchesco coloración inherente a la médula y la frente a la perennidad literaria. Pero
como una invención autónoma de sus grafía nacional, incurra luego en una no por eso dejaría de ser una historia
actos dialogales efectivos, supuesta- mucho más embarazosa apología de la literaria homogénea, dependiendo de
mente originados en la carne misma heráldica nacional (el linaje, la familia, qué amplitud tuviese la capacidad
del habla cotidiana. Esto es, una crí- las batallas, el sentimiento aristocráti- soñadora de su autor. Es claro que
tica al continuum entre la materia co de recato, etc.). en ese sitial onírico de “percibidor
empírica de la práctica conversacional Si Borges hubiera escrito una imposi- abstracto del universo” o de “un sueño

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del mismo modo que una eternidad mencionarse a Hudson aunque no a lo que responden Enrique Pezzoni y Prieto procede desde la urdimbre críti-
percibida en la campiña inglesa –por Bianciotti. Pero para Prieto es el caso Nicolás Rosa”. Con esto consigue eva- co-literaria en la que cada obra suscita
ejemplo, en El jardín de senderos Gombrowicz el que abre una relevan- dirse de lo que en Rojas es el llamado a sobre sí otra malla de enjuiciamientos
que se bifurcan–, podría operar los te cuestión respecto a la condición la construcción del cenotafio nacional que se enfrentan. No necesariamente
mismos trazos de abstracción que nacional de su obra, que él ve con por la vía de condecoraciones que sólo para contradecirse, aunque mutuamente
un suburbio porteño de 1929. Este escepticismo prudente, aunque una daría la historia literaria emanada del se encaran, como cuando a propósito
alegorismo radical, como veremos, lectura menos indulgente que inte- cuerpo precursor de la lengua. de La traición de Rita Hayworth de
deja un sendero abierto, libremente resada, no tanto de Ferdydurke como Porque Ricardo Rojas atribuía por Puig se compone
bifurcado a los intentos actuales de del Diario argentino, arrojaría resulta- doquier títulos nobiliarios o simple- una escena, una ... Prieto asienta en primer térmi-
escribir una historia verosímil y críti- dos aceptables para la hipótesis de la mente condescendientes –como el que asamblea imagi- no aquella pregunta de Lezama
ca de la literatura argentina. “argentinización” de Gombrowicz, no otorga a Vicente Quesada, notoria- naria donde opi- Lima sobre Cortázar, respecto
De ahí que el crítico Martín Prieto sólo porque la literatura y la política mente reticente, que reza “ciudadano nan Juan Carlos a si éste finaliza o inaugura un
pueda seguir otro partido en su recien- argentinas del siglo XX serían coteja- virtuoso y útil historiador”–, no sin Onetti, Ricardo período literario caracteriza-
te Breve historia de la literatura argenti- bles en ciertos aspectos con el roman- ponerlo en un complejo sistema de Piglia y Alberto do por formas vanguardistas,
na2. Hay en él una importante alusión ticismo polaco del siglo XIX. Lo cierto medidas y valoraciones que, aunque Giordano, en a lo que Pezzoni responde que
a Rojas, que se proyecta sobre muchos es que Rojas, para Prieto, merece una no lo favorecen, lo reinscriben en la diferentes épocas y Rayuela culmina las operacio-
tramos de su libro y en los propios consideración mayor que lo que prefi- colectiva trama previa de cualquier estilos, como por nes de la vanguardia –a dife-
preludios de los capítulos. Pero sobre guraba la mojiganga de señoritos zahi- instancia literaria3. Prieto, cuando si acaso también rencia de lo que dice Ana María
todo en el intento de interrogarse que rientes y divertidos –como Groussac hace lo mismo –crea tramas con nom- hubiera una “his- Barrenechea– y Nicolás Rosa, a
habría que incluir o excluir hoy para y Borges–, y lo muestra escribiendo bres a los que les solicita compare- toria de la eterni- su vez, propone que no estamos
seguir “el mapa de Rojas”. buenamente su propia, denostada his- cer ante un mismo interrogante–, no dad” para enfocar ante una novela de vanguardia
Sin duda, en el problema de Rojas, toria de la literatura argentina. pretende más que agrupar un núcleo las novelas y sus sino de descubrimiento de cier-
hay un tema que en mucho evoca las Prieto festeja en Rojas las argucias de problemático dado, que finalmente rupturismos. tos misterios vitales.
disquisiciones de Adorno en su Teoría la periodización, ciertas postulaciones expande a lo largo del tiempo como Ha mencionado
estética –ni más ni menos–, respecto al sobre la gauchesca y el atinado trata- un artilugio válido para debilitar el Prieto a Enrique Pezzoni. Es evidente
peso de la obra en la definición de la miento de las fuentes, pero a cambio peso de la explicación histórica y pro- que este crítico ineludible y sutil no
unidad del arte. Si no hay tal unidad, de la idea de nacionalidad cultural poner, más que otra cosa, un conjunto se habría de proponer escribir una
es porque las obras actúan como “si que mantiene el autor de Eurindia, de voces de críticos –en gran medida, crítica argentina, pues su estilo rehuye
fueran enemigas unas de otras”. Pero al es partidario del concepto de nación de la generación del propio Prieto–, el mundo de la cultura histórica –pero
mismo tiempo, hay un hilo conductor como una “construcción”, aunque sin intentando lo que probablemente le véase como lo adopta momentánea-
que las trasciende, por lo menos en los gritería ni exhibición de jergas; no interesa por encima de cualquier otra mente en el reconocimiento que hace
métodos o materiales que les son inhe- recaerá desde luego en las monsergas cuestión, una historia de la literatura de las apreciaciones de Murena sobre
rentes. Prieto comprende estrictamen- extraídas de los cultural studies con las argentina a través de una historia de la Borges4– sino que busca una secreta
te este dilema –que es el de Rojas–, y que el tema se munió en los últimos crítica literaria argentina. teoría estética en Borges a través de
lo proyecta de un modo interesante a tiempos. También romperá las marcas Entonces, Prieto asienta en primer tér- finas cosechas de texto, dándole real
la consideración de qué sería hoy una más rudas de historicidad, yendo y mino aquella pregunta de Lezama Lima importancia al ideal borgeano de la
valoración respecto a autores y obras viniendo del pasado a la actualidad, y sobre Cortázar, respecto a si éste finaliza “inminencia de una revelación”. Desea
argentinas que escriben argentinos en propondrá, Prieto, de un modo indi- o inaugura un período literario carac- Pezzoni fijar allí la radicalidad del yo y
otro idioma o que escriben o traducen recto pero visible, una certera revisión terizado por formas vanguardistas, a del propio mundo borgeano, mezcla de
extranjeros en lengua nacional. de la historia de la crítica literaria en lo que Pezzoni responde que Rayuela enigma y develamiento que su prosa,
Así, si se hiciera el balance de lo que la Argentina. Por ejemplo, en las sinté- culmina las operaciones de la vanguardia con interna alegría y sin rastro de ser-
se incluiría o excluiría hoy de la lite- ticas entradas que preceden cada capí- –a diferencia de lo que dice Ana María vidumbre, evoca también. Nombrar,
ratura argentina siguiendo el criterio tulo, se ocupa de anticipar los temas Barrenechea– y Nicolás Rosa, a su vez, denominar un libro El texto y sus voces
de intensidad idiomática más allá de tratados con algunos cebos dirigidos al propone que no estamos ante una nove- parecería cierta concesión a una cono-
lo que circunscribe el territorio y lector, como éste que alude a Cortázar: la de vanguardia sino de descubrimiento cida modalidad de la crítica de los
una nacionalidad, ya fijada, debería “Lo que se pregunta Lezama Lima y de ciertos misterios vitales. Como se ve, años 80, pero revelaba los alcances del

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proceder de Pezzoni, ya desde los años ratura argentina, que –recuérdese– es el entre ingredientes de la naturaleza y físicos” que sustentarían