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211-2010

Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia. San Salvador, a las nueve horas con un
minuto del día diez de junio de dos mil diez.

Analizada la demanda de amparo suscrita por el señor Joaquín Eduardo Zacapa Astacio, contra
actuaciones atribuidas a los Juzgados Segundo de lo Militar, de Instrucción Militar, Tercero de lo Penal
de San Salvador –hoy de Tercero de Instrucción–, a la Cámara Primera de lo Penal de la Primera
Sección del Centro y a la Sala de lo Penal de la Corte Suprema de Justicia, todos de esta ciudad, junto
con la documentación relacionada en el folio 7 de este expediente, es pertinente hacer las siguientes
consideraciones:

I. El señor Zacapa Astacio manifiesta que demanda a los Juzgados Segundo de lo Militar,
Primero de Instrucción Militar, Tercero de lo Penal de San Salvador –hoy Tercero de Instrucción–, a la
Cámara Primera de lo Penal de la Primera Sección del Centro y, finalmente, a la Sala de lo Penal de la
Corte Suprema de Justicia.

Con relación a los primeros dos tribunales, asevera que las "… actuaciones y resoluciones
proveídas por [ellas]…" violan su derecho a la seguridad jurídica, principio de legalidad y presunción
de inocencia, debido a que en tales actos las autoridades demandadas valoraron prueba ilícita y,
además, tomaron en consideración presunciones de culpabilidad. Asimismo, asegura que también se
infringe el principio del juez natural, toda vez que el delito de secuestro, por ser común, no era
competencia del Juez de lo Militar.

Respeto del Juzgado Tercero de lo Penal –hoy Tercero de Instrucción–, afirma que el acto
contra el cual reclama es la sentencia definitiva condenatoria emitida el día 8-IV-1992, la cual vulneró
sus derechos de audiencia y defensa, así como su presunción de inocencia y el principio de necesidad
de la pena, ya que –en relación con este último–, a pesar de ser una persona de 64 años de edad, casado,
empresario y con carrera militar, se le impuso una pena de prisión de 20 años, lo que a su vez estima
atentatorio de su personalidad. Agrega que la referida actuación carece de motivación y
fundamentación.

Además, expresa que demanda a la Cámara Primera de lo Penal de la Primera Sección del
Centro, ya que tal entidad emitió el día 14-VI-1991 la resolución que revocó el sobreseimiento que fue
dictado a su favor en primera instancia y que, también, ordenó la "elevación a plenario". Manifiesta que
la actuación señalada lesiona sus derechos de audiencia, de defensa, a la seguridad jurídica y
presunción de inocencia.

Finalmente, señala que demanda a la Sala de lo Penal de la Corte Suprema de Justicia, para lo
cual arguye que esa corporación emitió la resolución de fecha 7-V-1996, por medio de la cual declaró
no ha lugar el recurso de casación por él interpuesto, la cual, asegura, carece de motivación y
fundamentación, por lo que se vulneró el artículo 172 de la Constitución de la República.

II. Señalado lo anterior, se advierte de la demanda incoada que el derecho constitucional del señor
Joaquín Eduardo Zacapa Astacio que presuntamente podría resultar conculcado en última instancia
como consecuencia de la situación que escuetamente describe en su demanda y que, en esencia,
constituye el motivo principal de su reclamo es el derecho a la libertad personal o física, ya que –tal
como él lo expresa– ha sido condenado a una pena de prisión.
1. Ahora bien, tomando en consideración lo anterior, resulta oportuno destacar que, de conformidad
con el artículo 11 inciso 2° de la Constitución, el derecho mencionado no es protegible por medio del
amparo, sino mediante el hábeas corpus. En efecto, es en este trámite –tal como se sostuvo en la
resolución pronunciada el día 20-IV-2010, en el proceso de hábeas corpus con número de referencia
135-2009– en que se otorga salvaguarda a los justiciables cuando su libertad física ha sido restringida o
privada en forma ilegal o arbitraria.

En este sentido, el proceso de amparo no es la vía procesal adecuada o idónea para conocer en
sede constitucional sobre la presunta invalidez iusfundamental de las actuaciones contra las cuales
reclama el pretensor.

Por tal motivo, se advierte que la pretensión constitucional formulada por el señor Zacapa
Astacio no está configurada de forma adecuada, lo que, a su vez, se traduce en una situación que
evidencia la existencia de un vicio en la declaración de voluntad planteada que impide la conclusión
normal de este proceso, mediante una sentencia de fondo.

2. No obstante lo señalado en el acápite que antecede, en aplicación del principio iura novit curia –el
Derecho es conocido para el Tribunal– y la doctrina de la sustantividad de la petición, atendiendo a que
la queja que ha sido sometida a conocimiento constitucional se circunscribe y fundamenta,
esencialmente, en la presunta vulneración del derecho de libertad física del demandante, la citada
pretensión tendría que ser tramitada por medio del proceso constitucional que jurídica y
jurisprudencialmente corresponde, esto es mediante el hábeas corpus.

A. Así, según el artículo 11 inciso 2° de la Constitución de la República, toda persona tiene derecho al
hábeas corpus cuando cualquier individuo o autoridad restrinja ilegal o arbitrariamente su libertad.
Efectivamente, tal como se ha sostenido en la sentencia pronunciada el día 11-V-2005, en el proceso de
hábeas corpus con número de referencia 16-2005, el objeto protegido del trámite en referencia lo
constituye el derecho a la libertad personal o física, cuando este ha sido restringido o privado en forma
ilegal o arbitraria. Por su parte, de acuerdo con el artículo 174 inciso 2° del aludido cuerpo normativo
iusfundamental: "La Corte Suprema de Justicia tendrá una Sala de lo Constitucional, a la cual
corresponderá conocer y resolver […] los procesos [de] hábeas corpus…".

Con arreglo a lo anterior, el Tribunal competente para conocer de la violación al derecho de libertad
personal o física que la Constitución de la República reconoce a toda persona es la Sala de lo
Constitucional.

Lo anterior ha sido reconocido por la Ley de Procedimientos Constitucionales con basamento en dos
razones: en primer lugar, la competencia material –aunque no exclusiva– que esta Sala tiene para el
conocimiento del citado trámite, según lo reconocen sus artículos 1 número 3 y 4 de dicha ley; y, en
segundo término, en relación con la configuración procesal del hábeas corpus, ya que al ser
competente para conocer de este o, en su caso, del recurso de revisión, sus resoluciones definitivas, una
vez pronunciadas, pasan en autoridad de cosa juzgada.

Ello se encuentra fundamentado con el contenido prescriptivo de los artículos 80 y 81 del referido
cuerpo normativo que, en conexión con la seguridad jurídica reconocida en el artículo 1 de la
Constitución, establece, entre otras cosas, que la sentencia dictada en los procesos de hábeas corpus
produce los efectos de cosa juzgada contra toda persona o funcionario, haya o no intervenido en el
proceso, sólo en cuanto a que el acto reclamado es o no constitucional, o violatorio de preceptos
constitucionales.
De acuerdo con lo señalado, existe la imposibilidad de que se conozca nuevamente de pretensiones que
han sido resueltas por decisiones definitivas pronunciadas en los procesos de hábeas corpus, ya que
estas producen, una vez dictadas, los efectos de cosa juzgada en relación con cualquier persona o
autoridad, con total independencia de su participación en el proceso.

B. Tal como se sostuvo en la resolución de fecha 14-X-2009, pronunciada en el proceso de amaro con
número de referencia 406-2009, el instituto de la cosa juzgada debe entenderse como la permanencia en
el tiempo de la eficacia procesal de la decisión judicial, por lo que constituye un mecanismo para la
obtención de seguridad y certeza jurídicas.

Por medio de ella, el ordenamiento jurídico pretende que las resoluciones de los jueces sobre los
derechos de los ciudadanos queden permanentemente eficaces en el tiempo, con lo que se alcanza una
declaración judicial última en relación con la pretensión planteada que no podrá ser atacada ni
contradicha por medio de providencias de órganos judiciales.

La cosa juzgada parte de la firmeza que por esencia corresponde a las sentencias de fondo que profiere
la jurisdicción y supone la vinculación en otro proceso a la decisión contenida en la sentencia dictada
en el primero y anterior, es decir, a la declaración que se produce en ella sobre la existencia o
inexistencia del efecto jurídico pretendido.

De acuerdo con lo anterior, la eficacia de la cosa juzgada no tiene carácter interno sino externo, es
decir, no se refleja en el proceso en el que se produce, sino en un potencial proceso posterior. Por ello,
sin referencia a otro proceso posterior –considerada en sí misma–, la cosa juzgada atiende únicamente a
la situación de la relación o situación jurídica que en su momento fue deducida y que queda
definitivamente definida.

Ahora bien, la cosa juzgada adquiere su completo sentido cuando se la relaciona con un proceso
posterior, ya que hasta entonces es cuando adquiere virtualidad la vinculación de carácter público en
que consiste. Tal vinculación se manifiesta en dos aspectos o funciones, denominadas positiva y
negativa.

i. La función positiva de la cosa juzgada atiende a que el citado instituto vincula al operador jurídico
que conoce del segundo proceso, en el sentido que se atenga a lo ya juzgado cuando tiene que decidir
sobre una relación o situación jurídica de la que la sentencia anterior es condicionante o prejudicial. En
este último supuesto, la cosa juzgada no opera como excluyente de una decisión sobre el fondo del
asunto, sino que le sirve de base.

ii. Por su parte, la función negativa de la cosa juzgada implica la exclusión de toda decisión
jurisdiccional futura entre las mismas partes y sobre el mismo objeto, es decir, sobre la misma
pretensión. Se trata del tradicional principio del non bis in ídem.

La citada función debería impedir la iniciación de un nuevo proceso sobre la misma pretensión; sin
embargo, ello no es posible, ya que al juez o tribunal, de hecho, se le puede presentar la demanda del
segundo proceso, la cual exigirá la emisión de un pronunciamiento sobre su admisión o no. Por ello, la
consecuencia se reduce a impedir que se dicte una decisión sobre el fondo del asunto en ese segundo
proceso.

C. De acuerdo con la función negativa de la cosa juzgada, si se advierte que en sede constitucional se
ha emitido un pronunciamiento de carácter definitivo en relación con una determinada pretensión, y
esta es planteada nuevamente en otro proceso, tal declaración de voluntad no estará adecuadamente
configurada y, por tanto, existirá una evidente improcedencia de la demanda planteada, lo cual se
traduce en la imposibilidad jurídica de que el órgano encargado del control de constitucionalidad
conozca y decida sobre el fondo del caso alegado.

III. Sobre la base de las consideraciones apuntadas y las alegaciones de la parte demandante,
corresponde analizar los puntos de la pretensión sometida a conocimiento.

1. Básicamente, el señor Joaquín Eduardo Zacapa Astacio manifiesta que demanda a los Juzgados
Segundo de lo Militar, Primero de Instrucción Militar, Tercero de lo Penal de San Salvador –hoy
Tercero de Instrucción–, a la Cámara Primera de lo Penal de la Primera Sección del Centro y,
finalmente, a la Sala de lo Penal de la Corte Suprema de Justicia.

A. Con relación a los primeros dos tribunales, asevera que las "… actuaciones y resoluciones proveídas
por [ellas]…" violan su derecho a la seguridad jurídica, principio de legalidad y presunción de
inocencia, debido a que en tales actos las autoridades demandadas valoraron prueba ilícita y, además,
tomaron en consideración presunciones de culpabilidad. Asimismo, asegura que también se infringe el
principio del juez natural, toda vez que el delito de secuestro, por ser común, no era competencia del
Juez de lo Militar.

B. En cuanto al Juzgado Tercero de lo Penal –hoy Tercero de Instrucción–, afirma que el acto contra el
cual reclama es la sentencia definitiva condenatoria emitida el día 8-IV-1992, la cual vulneró sus
derechos de audiencia y defensa, así como su presunción de inocencia y el principio de necesidad de la
pena, ya que –en relación con este último–, a pesar de ser una persona de 64 años de edad, casado,
empresario y con carrera militar, se le impuso una pena de prisión de 20 años, lo que a su vez estima
atentatorio de su personalidad. Agrega que la referida actuación carece de motivación y
fundamentación.

C. Respecto de la Cámara Primera de lo Penal de la Primera Sección del Centro, impugna la resolución
emitida el día 14-VI-1991, mediante la cual dicha autoridad revocó el sobreseimiento que fue dictado a
su favor en primera instancia y que, también, ordenó la "elevación a plenario"; decisión que vulnera –
asegura– sus derechos de audiencia, de defensa, a la seguridad jurídica y presunción de inocencia.

D. Finalmente, demanda a la Sala de lo Penal de la Corte Suprema de Justicia, para lo cual arguye que
esa corporación emitió la resolución de fecha 7-V-1996, por medio de la cual declaró no ha lugar el
recurso de casación por él interpuesto, la que, asegura, carece de motivación y fundamentación, por lo
que se vulneró el artículo 172 de la Constitución de la República.

2. Ahora bien, según consta en los archivos de este Tribunal, el abogado Oscar Alberto López Jerez
promovió el proceso de hábeas corpus con referencia 104-2004, en calidad de apoderado del señor
Joaquín Eduardo Zacapa Astacio, contra actuaciones de los Juzgados Segundo de lo Militar, Primero de
Instrucción Militar, Tercero de lo Penal –hoy Tercero de Instrucción–, de la Cámara Primera de lo
Penal de la Primera Sección del Centro y de la Sala de lo Penal de la Corte Suprema de Justicia.

En dicho procedimiento se establecieron como actos reclamados, entre otros, los siguientes:

(i) La captura de Luis Orlando Llovera Ballette la cual se realizó sin orden escrita y sin concurrir estado
de flagrancia; (ii) la denominada "declaración informal" del señor Llovera Ballette, lo cual vulneró el
principio de legalidad y derecho de defensa; (iii) la inspección realizada en el lugar mencionado por el
señor Llovera Ballette, en que se encontraban celdas clandestinas, la cual se hizo sin la presencia de un
abogado defensor, vulnerándose así el derecho de defensa; (iv) el procedimiento para recibir
declaraciones extrajudiciales de los señores Llovera Ballette, la que fue rendida sin la presencia de
abogado defensor, por lo que se lesionó el derecho de defensa; (v) la declaración extrajudicial del señor
Rodolfo López Sibrián, que, por llevarse a cabo sin la presencia de abogado defensor, vulneró el
derecho de defensa; (vi) la investigación de la Policía Nacional, la cual conculcaba la dignidad e
integridad personal; (vii) la recolección y valoración de la prueba, que consideró prohibida, puesto que
las confesiones se extrajeron con desmedro a la legalidad, seguridad jurídica y derecho de defensa;
(viii) la detención provisional decretada en contra del señor Zacapa Astacio por el Juez de Primera
Instancia de lo Militar, no obstante que el Juez Segundo de Instrucción Militar no la decretó, lo cual
consideraba atentatorio de los derechos de audiencia, defensa y seguridad jurídica; (ix) la tramitación
del proceso penal, no obstante que ya había prescrito la acción penal por el delito de secuestro; (x) la
aplicación del artículo 499-A del Código Procesal Penal derogado por parte del Juez Segundo de lo
Militar, lo cual lesionó el principio de legalidad; (xi) la aplicación retroactiva de los artículos 490 y
499-A y 317 del Código Procesal Penal, lo cual vulneró los principios de irretroactividad y juez
natural; (xii) la inexistencia de medios de prueba que establezcan su responsabilidad penal; (xiii) la
falta de motivación de la sentencia condenatoria, así como las proferidas en apelación y casación, lo
que se traduce en la lesión al deber de motivación, defensa y seguridad jurídica; y (xiv) la sentencia
condenatoria emitida por el Juzgado Tercero de lo Penal –hoy Tercero de Instrucción–, la cual se basó
en presunciones de culpabilidad, vulnerándose, de eso modo, la legalidad, defensa y presunción de
inocencia.

3. Así las cosas, se advierte que el reclamo que fue sometido a conocimiento constitucional en el
proceso de hábeas corpus, clasificado con el número de referencia 104-2004, versa, en esencia, sobre
el mismo asunto planteado en el presente proceso de amparo, pues existe identidad entre los elementos
que conforman ambas pretensiones –sujetos, objeto y causa–.

A. En ese sentido, puede verificarse la semejanza relevante entre los sujetos activo y pasivo: señor
Joaquín Eduardo Zacapa Astacio y Juzgados Segundo de lo Militar, de Instrucción Militar, Tercero de
lo Penal de San Salvador –hoy Tercero de Instrucción–, la Cámara Primera de lo Penal de la Primera
Sección del Centro y la Sala de lo Penal de la Corte Suprema de Justicia.

B. Asimismo, existe identidad de objeto, ya que en el presente proceso se ha solicitado que se declare
la vulneración del derecho a la seguridad jurídica, principios de legalidad y juez natural, así como la
presunción de inocencia, por actuaciones imputables a los Juzgados Segundo de lo Militar y Primero de
Instrucción Militar.

De igual forma, y respecto del Juzgado Tercero de Penal –hoy Tercero de Instrucción–, el actor de este
amparo estima conculcados sus derechos de audiencia y defensa, así como su presunción de inocencia
y principio de necesidad de la pena, en virtud del dictado de la sentencia condenatoria, la que, a su vez,
carece de motivación y fundamentación, según lo asegura.

También, en relación con el proveído emitido el día 14-VI-1991 por la Cámara Primera de lo Penal de
la Primera Sección del Centro, se estimaron conculcados los derechos de audiencia, de defensa, a la
seguridad jurídica y presunción de inocencia.

Finalmente, la providencia dictada el día 7-V-1996 por la Sala de lo Penal de la Corte Suprema de
Justicia, la cual estima vulneradora del artículo 172 de la Constitución, debido a que carece de
motivación y fundamentación.
C. Por último, también se configura una identidad de causa o fundamento, puesto que las actuaciones
impugnadas –sentencia definitiva–, la relación fáctica, los motivos por los cuales se alega la violación
constitucional y los derechos invocados en ambos supuestos son básicamente los mismos.

IV. En consecuencia, se advierte la pretensión de amparo incoada ya fue objeto de una decisión judicial
definitiva –en el proceso constitucional de hábeas corpus–. Razón por la cual, dicha providencia ha
pasado en autoridad de cosa juzgada, de acuerdo con lo que prescribe el artículo 81 de la Ley de
Procedimientos Constitucionales y, por tanto, no debe ser atacada ni contradicha en posteriores
decisiones de órganos judiciales.

Por todo lo anterior y atendiendo a los principios de celeridad y economía procesal, esta Sala considera
pertinente, a fin de evitar un inútil dispendio de la actividad jurisdiccional, pronunciar la declaratoria de
improcedencia de la pretensión incoada, dado que se observa liminarmente una circunstancia que
impide que se conozca en sentencia de fondo el objeto procesal planteado por la parte actora.

Por tanto, con base en las razones antes expuestas, esta Sala RESUELVE:

1. Declárese improcedente la demanda de amparo incoada por el señor Joaquín Eduardo Zacapa
Astacio, de acuerdo con los razonamientos expresados en el considerando III de esta resolución.

2. Tome nota la Secretaría de esta Sala del lugar señalado por el señor Zacapa Astacio para recibir
notificaciones; asimismo, autorícese a dicha Secretaría para que pueda efectuar las comunicaciones al
peticionario por medio del número de fax que opera en el Centro Penitenciario de Metapán, a efecto de
garantizarle a aquel el conocimiento oportuno de las decisiones proveídas por este Tribunal.

3. Notifíquese.

---J. B. JAIME---F. MELÉNDEZ---J. N. CASTANEDA S.---E. S. BLANCO R.---R. E. GONZÁLEZ


B.---PRONUNCIADO POR LOS SEÑORES MAGISTRADOS QUE LO SUSCRIBEN---E.
SOCORRO C.---RUBRICADAS.