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Los dioses estaban cabreros…

Los pequeños individuos y el arte de mirar para otro lado.

En las relaciones sociales llamadas individualismo, cada persona se ve como una entidad separada de las otras. El
vínculo no se establece con él o la que está al lado sino a través de la intermediación de una entidad de nivel
superior que las vincula. Entre los y las sujetos individuales hay una empresa, el mercado, una institución de poder.

Estas intermediaciones son las que regulan las vidas a través de la dependencia a la que someten a los sujetos
capitalistas. Sin posibilidades de intervenir en el mercado, ni de decidir cómo se invierten los recursos sociales, ni de
participar en la organización de la producción a la que dedican su vida, los sujetos capitalistas dependen de una
autoridad que es abstracta por desconocida y por superior.

Estas entidades tienen la autoridad de la provisión de los recursos necesarios para atravesar nuestra cotidianeidad
sin caer en la miseria, en la indigencia. Es decir sin quedar fuera del circuito de protección y bondad con que nos
recubren y vinculan las entidades de autoridad empresarial que nos alimentan y nos dan trabajo, es decir llenan
nuestras horas de sentido.

Cristina se robó todo, es una frase de una eficacia enorme para desarmar las argumentaciones progresistas acerca
de la distribución de la riqueza. Este tipo de recursos retóricos son un arma poderosa del actual gobierno de
Cambiadores. Pero su eficacia, a mi entender, no procede de que son mentira, sino de su verdad. De que nombrar
una realidad, un principio afectivo de organización de la verdad, que es muy difícil de rebatir hablando de cosas
objetivas, describiendo una y otra vez el circuito económico virtuoso de los gobiernos nacionales y populares que
incentivan la demanda y el consumo.

Y es un argumento difícil de rebatir porque no toma su fuerza de las cuestiones objetivas, de las cosas, de su
producción e intercambio. Toma su fuerza de los sujetos, de los afectos que nos construyen como personas
individualistas, relacionadas a través de intermediaciones abstractas empresariales, financieras, institucionales.

Pienso que una manera interesante de interpretar la frase “Cristina se robó todo” es pensarla como la búsqueda de
un chivo expiatorio para el enojo de quienes nos transmiten que las entidades intermediarias que nos vinculan de
manera individualista, se han enojado, están de mal humor y buscan a quien castigar.

Pero el problema es que todos participamos del robo en forma de consumo, gasto y producción que significa una
economía basada en la demanda interna. Y el punto es que ahora tenemos miedo, se están manifestando los
poderes que nos regulan, el dios mercado y sus titanes empresarios y banqueros, que además están aliados con
dioses aún más poderosos de otras tierras. Padres más terribles para hijos que hemos saqueado lo que no era
nuestro.

Ahora hay que admitir nuestra culpa y nadie quiere ser castigado. Que mejor entonces que desviar esos
sentimientos terribles de miedo a los poderosos buscando una culpable, mujer, si es posible, el símbolo de la
tentación, para señalarla como la responsable de la fiesta desastrosa en que transgredimos los mandatos y gozamos
promiscuamente.

Asumir que somos culpables y exponernos al castigo no está en nuestros planes, cualquier cosa es mejor que eso.
Jamás vamos a admitir que somos cómplices y no vamos a contrariar a quienes nos alimentan. El sacrificio de
Cristina, entonces, tal vez pueda calmar la implacable, la justificada furia de nuestros Dioses Padres.