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FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA (SIGLO XX)

14. ORTEGA Y GASSET: SUMARIO

1. Ortega y Gasset (1883-1955) entiende por filosofía el conocimiento del Universo o de todo lo que hay,
cuyo origen es una actitud puramente teorética constitutivamente necesaria al intelecto. El conocimiento filosófico
es radicalmente teorético porque se plantea, sin suponer que tenga solución, un problema absoluto ajeno a todo
fin práctico: conocer todo lo que verdaderamente existe. La radicalidad de la actitud filosófica impone atenerse
tanto al imperativo de autonomía o renuncia a fundarse en verdades supuestas anteriores a la filosofía como a la
exigencia de «pantonomía» o afán de universalidad. Además, el conocimiento filosófico es teórico, es decir,
consiste en un conjunto de conceptos enunciables e intersubjetivos. Para alcanzar estos fines, la filosofía ha de
fundamentarse en datos evidentes e indudables, que, por lo tanto, no consistan en verdades que necesiten ser
probadas a partir de otras. Así pues, el conocimiento filosófico ha de determinar cuál es la realidad radical cuya
existencia es evidente e indubitable.
2. En relación con la pregunta por la realidad radical, Ortega critica tanto el realismo como el idealismo.
El realismo antiguo, representado por Aristóteles, sostiene ingenuamente que existen las cosas
independientemente del yo, siendo las cosas y el hombre sustancias; por el contrario, el idealismo moderno, que
tiene en Descartes su origen, afirma que lo único que existe independientemente es el yo y sus ideas, ya que el
pensamiento es lo único verdaderamente indudable. La tesis de Ortega es que ni las cosas existen
independientemente del yo ni el yo existe independientemente de las cosas, sino que la realidad radical —la
realidad en la que se dan tanto el yo como las cosas— es la vida, es decir, el quehacer del yo con las cosas, la
coexistencia del sujeto y el mundo. Este descubrimiento de la vida como realidad primera e indudable supone
una nueva concepción de la realidad y una nueva idea de la razón que procede de ella.
3. La realidad radical, aquella en la que tienen sus raíces tanto el yo como las cosas, es la vida. Vivir es
saberse viviendo y encontrarse en el mundo haciendo algo con las cosas, ocupados en algo. Esta ocupación
en algo que es la vida se orienta hacia una finalidad que nosotros decidimos. La vida no se nos da hecha y
fijada, sino que hay que hacerla. Por consistir la vida en un quehacer, es necesariamente anticipación y
proyecto, y, puesto que este proyecto es decisión nuestra, vivir es tener que elegir entre las posibilidades que
nos son dadas. Estas posibilidades no son ilimitadas y abstractas, sino circunstancias concretas y relativamente
determinadas. "Yo soy yo y mis circunstancias", porque la vida es la convivencia del yo con las circunstancias, es
decir, con todo lo que no es yo y con lo que el yo se encuentra: su cuerpo, su temperamento, la sociedad en la
que vive, los demás, la generación a la que pertenece, las creencias, las cosas. Ahora bien, si la vida es decidir
lo que se va a hacer desde las circunstancias en las que nos encontramos, la vida ha de ser necesariamente
temporal y abierta al futuro. La sustancia de la vida es tiempo y cambio, y, por ello, sólo es accesible desde un
nuevo concepto de la razón fundado en ella.
4. Para comprender adecuadamente la realidad radical de la vida, es necesario, a juicio de Ortega,
superar el racionalismo. El racionalismo ha cometido el error de sustituir la vida por una razón pura, porque
desde Grecia hasta el triunfo del racionalismo moderno y la razón matemática se ha entendido la razón como
captación de lo universal e inmutable. Pero la realidad radical es la vida, y, como la vida es temporal y cambiante,
la razón pura no sirve para conocerla. El error del racionalismo ha conducido al irracionalismo vitalista, que
niega que la razón sea una fuente válida de conocimiento y afirma la vida contra la razón. Como alternativa a
estas posturas, Ortega sostiene un raciovitalismo cuyo concepto central es la razón vital. Según él, la razón
pura ha de ser reemplazada por la razón vital. No hay que identificar razón y razón pura, porque la razón
matemática es solamente una forma de razón y por encima de ella se encuentra la razón vital. La razón es una

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función de la vida, es la vida dando razón de sí misma y comprendiéndose. Sólo la razón vital, es decir, la vida
dando cuenta de sí misma, puede conocer la vida.
Además, la vida es inevitablemente temporal e histórica, porque el pasado es una circunstancia del
presente. El ser humano no es naturaleza, sino historia. Todo hombre es heredero del pasado, de una serie de
experiencias pretéritas que condicionan su vida. Cada hombre vive en una época y pertenece a una generación
determinada. Por tanto, la razón vital ha de ser necesariamente una razón histórica. La razón pura del
racionalismo y las ciencias piensan cosas, sustancias permanentes, esencias eternas y universales, por lo que no
sirve para pensar y comprender la temporalidad, historicidad y singularidad de cada vida. Tampoco puede dar
cuenta de la historia Para entender adecuadamente la vida, es imprescindible el ejercicio de una razón vital e
histórica que pueda dar cuenta de ella sin deformarla.
5. Esta nueva idea de la razón fundada en la vida se encuentra estrechamente vinculada a una
interpretación perspectivista del conocimiento y de la propia realidad. La realidad siempre es contemplada
desde el punto de vista o perspectiva que cada uno ocupa. Una realidad vista y vivida desde ninguna perspectiva
es un concepto absurdo. Cada vida es un punto de vista único del universo y, por este motivo, la perspectiva es
uno de los ingredientes de la realidad misma. El perspectivismo de Ortega se aleja tanto del escepticismo
relativista, que niega la posibilidad del conocimiento al advertir la diversidad de opiniones, como del dogmatismo
racionalista, que pretende conocer la realidad en sí sin tener en cuenta la diversidad de perspectivas que ofrece.
Sólo asumiendo la irreductible multiplicidad de perspectivas e incluso multiplicando los puntos de vista es posible
acercarse a la realidad.
6. El hombre, piensa Ortega y Gasset, no es primariamente un ser cognoscente. La realidad radical es la
vida y en ella se da el conocimiento: conocer es una de las cosas que el hombre hace. La razón por la que el
hombre hace esa actividad que se llama conocer es que la vida es problemática. La vida es inseguridad y
necesitamos saber a qué atenernos para poder vivir. El conocimiento es, pues, lo que el hombre hace para
superar la incertidumbre y así orientarse. Cuando entran en crisis las creencias en las que estamos y que la
gente nos inculca, surge la duda y nos vemos forzados a pensar ideas que las substituyan.
Así pues, las personas tenemos certidumbres parciales sobre ciertos asuntos que, además, son muchas
veces contradictorias, por lo que necesitamos una certidumbre radical, absoluta, autónoma y universal. Es
decir, al ser humano le hace falta para vivir una certidumbre primera en la que se fundamenten las demás. Esta
certidumbre primera ha de estar probada independientemente de todo dato ajeno a la razón y debe abarcar la
totalidad. Pues bien, la filosofía es el quehacer del hombre que se encuentra perdido y desorientado, un quehacer
que busca alcanzar la certidumbre radical que le permita saber a qué atenerse.
7. La ética que se deriva del raciovitalismo orteguiano es una moral de la autenticidad. Dicha autenticidad
consiste en decidir y asumir el destino que elegimos entre las diversas posibilidades que nos ofrecen nuestras
circunstancias. Además, puesto que la vida humana es forzosamente individual, se ha de obrar de modo que
nuestros actos nos hagan insustituibles.
8. En cuanto a la aplicación de la razón histórica para comprender la sociedad y la historia, Ortega
recurre al concepto de generación. A su juicio, en toda sociedad humana conviven distintas generaciones, que
abarcan periodos de quince años. Si las creencias y las sensibilidades de las generaciones establecidas son
compatibles con las de las emergentes, la convivencia social se desarrolla con toda normalidad; en cambio,
cuando una ruptura entre ellas, surge una crisis social.
Concretamente, la crisis propia de nuestra época, se caracteriza por la rebelión de las masas. Según
Ortega, los seres humanos se dividen en hombre masa y en minoría selecta. No se trata de una división de
acuerdo con la clase social o la formación intelectual, sino de más bien conforme a una actitud vital. El hombre

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masa es aquel que se encuentra plenamente satisfecho de sí mismo y se cree completado moral e
intelectualmente, por lo que exige que todo esté a su servicio sin exigirse nada a sí mismo. Por el contrario, la
minoría selecta está constituida por personas que se exigen a sí mismas más que a los demás, ya que viven
buscando alcanzar su máximo desarrollo y cumpliendo sus deberes. El problema de la sociedad actual es que el
hombre masa gobierna la sociedad sin atender a la minoría selecta e imponiendo una uniformidad que no
respeta la libertad individual y creadora.