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LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN, ¿INSTRUMENTOS O ACTORES DEL

SISTEMA POLÍTICO?

“Si no estamos prevenidos ante los medios de comunicación,


nos harán amar al opresor y odiar al oprimido. "

Malcolm X,
Predicador Islámico, Activista a favor los DDHH y contra
la Segregación Racial en EEUU (1925-1965)

A lo largo del programa de la materia hemos venido analizando, los distintos actores
que intervienen en la actividad política, tanto individual como colectivamente. Ahora,
vamos a analizar el rol que desempeñan los medios masivos de comunicación en el sistema
político, particularmente en lo que respecta a la formación de la opinión pública.

Para comenzar, debemos recordar que en el mundo antiguo, las formas de


participación de los ciudadanos en la cosa pública, y el estrecho ambiente a donde se
desarrollaba la convivencia, prestaban un marco de intimidad y de inmediatez a la
expresión de la voluntad política. Todo lo cual ha sido sustituido, ya que hoy las relaciones
políticas están mucho más impersonalizadas, los ciudadanos ni siquiera tienen trato con los
candidatos por quienes votan; las discusiones, los debates, y las luchas políticas ya no se
efectúan cara a cara, el ágora ateniense y el foro romano han desaparecido. Hoy tenemos en
cambio la prensa, la radio, la televisión, internet, y una forma sutil, vaporosa y genérica,
que es la llamada opinión pública.

Opinión pública que no es la opinión de todos, ni tampoco la del Pueblo como


unidad; y que necesita en primer lugar de la libertad de información, es decir que, resulta
fundamental el libre acceso a las fuentes informativas, a las agencias de noticias, a los
centros internacionales, etc.; en segundo lugar, la opinión pública requiere de la libertad de
expresión en forma amplia; y en tercer lugar, para ser tal, la opinión pública debe constar,
debe tener estado público; para ello, en las sociedades contemporáneas los hombres
disponen de la radio, la televisión, la prensa escrita, internet, etc., que se valen de diversas
técnicas como por ejemplo la publicidad y la propaganda.
Tal como lo plantea el Dr. Cerro en su texto, el fenómeno de la opinión pública es
un fenómeno no sólo político, sino social, el cual no debe ser confundido con los medios de
expresión de la misma, ya que no es lo mismo el vehículo que la opinión pública, así como
tampoco se identifica el contenido con el fenómeno a estudiar. Esto explica las diferentes
conceptualizaciones de opinión pública que plantean Cossio, Heller y Xifra Heras:

 Carlos Cossio define a la opinión pública como “La autoconciencia que tiene un
pueblo de sus propios problemas, a partir de la comprensión con que la entienden los
hombres de compresión objetiva”. Es decir que, según este autor son objeto de la opinión
pública aquellos temas que son trascendentales para la colectividad, y los sujetos que
emiten opinión pública, sólo pueden ser personas autorizadas y calificadas para ello, es
decir, sujetos con conocimiento racional, intelectual y reflexivo. Asimismo, este autor
señala que la opinión pública es estable y permanente, ya que busca lo objetivo, lo
verdadero y por ello adquiere permanencia y tiene dimensión histórica.
 Hermann Heller por su parte considera a la opinión pública política como la
manifestación de la voluntad política, que sirve como arma de lucha política. Esto significa
que, considera a la opinión pública como un motor de efectividad humana para transformar
la realidad. Ésta opinión de carácter racional, que se condensa en juicios políticos firmes,
que tienen un carácter unitario y constante tiene que ser públicamente expresada por
cualquier medio idóneo. Asimismo, este autor señala que la opinión pública es el vínculo de
la unidad estatal, y que su formación no es libre ni espontánea, sino que siempre tiene una
parte de formación autoritaria, ya que si el Estado se muestra incapaz de mantenerla, en
lugar del consentimiento que legitima la autoridad de los gobernantes, aparece tarde o
temprano la coacción autoritaria.
 Jorge Xifra Heras, la importancia de la opinión pública para este autor radica en
que es un vínculo determinante de la unidad política y un vínculo formador de esa base
sociológica del Estado, que es la unidad estatal; ya que la opinión pública actúa al mismo
tiempo como un estimulo renovador que legitima la autoridad política y realiza una labor
legislativa (sentido positivo) y como un freno al poder de los gobernantes. Este autor define
a la opinión público como “Una fuerza social que expresa el estado de conciencia que
predomina en una sociedad con respecto a los problemas políticos de interés general”.
Para este autor el sujeto de la opinión pública es el público, entendido este como aquella
porción del pueblo que presta su atención a los fenómenos políticos y los enjuicia con una
convicción activa de manera reflexiva y racional; dichos juicios no tienen carácter técnico
ya que sólo basta el sano sentido común del hombre medio para realizarlos. En cuanto al
objeto de la opinión pública, este autor nos señala que lo son el conjunto de los problemas
incitantes del interés general; esto se debe a que según este autor, la opinión pública
siempre tiende a irse a juicio más o menos generales, para subsumir luego los casos
particulares en una afirmación de carácter general.

Cada día revisten mayor importancia en nuestras estructuras estatales actuales, las
técnicas de control social, la coacción, la presión en la formación de la opinión pública. Y
estas técnicas de control social se manifiestan a través de los medios masivos de
comunicación, primordialmente a través de la propaganda política, con la que se busca
influir intencionalmente sobre el público, mediante el montaje de toda una maquinaria
previamente estudiada en sus métodos y en sus alcances, para llegar a los hombres y
captarlos.

Toda propaganda parte de un grupo minoritario (que es quien elabora los juicios
originarios) y se dirige a un grupo mayoritario (publico o masa), y éste la recibe más que
con una actitud pasiva, con una adhesión, ya que la propaganda lo que busca es eliminar o
disminuir las potencias reflexivas, implantando una tendencia masificadora.

Éstos medios de comunicación, desempeñan un importante papel en el proceso de


comunicación política, al ser el medio por el que se transmiten la mayoría de los mensajes
que se entrecruzan en el escenario de la política, contribuyendo a la identificación de las
cuestiones políticas, a la elaboración de propuestas alternativas de regulación y al éxito o
fracaso de su aceptación y aplicación.

Sin embargo, en la actualidad éstos medios ya no son simples instrumentos pasivos


accesibles por igual a todos los miembros de la comunidad política, ya han dejado de ser
simples canales de transmisión y se han convertido en verdaderos actores del sistema
político: defendiendo los intereses de los grupos empresariales de que dependen,
elaborando estrategias particulares para hacerlo, y ejerciendo su influencia sobre los demás
actores.
En el periodismo contemporáneo, la influencia de los medios audiovisuales se
expresa doblemente, ya que no sólo seleccionan el material que ofrecen, sino que también
deciden la manera mediante la cual nos aproximan a los fenómenos políticos. Y en esto,
considero oportuno citar la analogía que Héctor siempre emplea en sus clases para
explicarles el mito de las cavernas de Platón a nuestros estudiantes: “Si hoy Platón viviera,
plantearía el mito de la cavernas como si fuese la televisión: todo lo que pasa por ahí son
todas las sombras que el poder hace que el mundo de modo confuso vea, y crea que ahí se
agota toda la escena; y lo que lo que por ahí no pasa, no existe, y existe sólo del modo en
que se lo exhibe y como lo explican los dueños de la pantalla.”
Esto hace que las intervenciones de los demás actores políticos -organizaciones,
ciudadanos, instituciones, líderes, etc.- se sometan con frecuencia a las exigencias del
medio: el continente (medio) acaba determinando el contenido (mensaje); y así, los medios
contribuyen a convertir la política en un espectáculo, y acto seguido se aprovechan de ello
para ridiculizar el efecto de su propia influencia.
Está claro pues que, entre poder político y medios de comunicación se ha dado
siempre una relación íntima, y a la vez cargada de tensiones. Todo poder político ha visto
siempre a los medios como instrumento de control y de intervención en las relaciones
sociales: como recurso para reforzar su legitimidad y erosionar la de sus contrincantes.
Son ahora los medios los que son capaces de poner a su servicio al poder político,
marcando la agenda del proceso político, seleccionando los asuntos a los que los demás
actores se ven obligados a prestar atención. Como bien dice Eduardo Galeano: “Cada vez
son más los opinados, los que tienen el derecho de escuchar, y cada vez son menos los
opinadores, los que tienen el derecho de hacerse escuchar.”
La diversidad tecnológica pone hoy la imagen, la palabra y la música al alcance de
todos, como nunca antes había ocurrirlo en la historia de la humanidad; pero esta maravilla
puede convertirse en un engaño si el monopolio privado termina por imponer la dictadura
de la imagen única, la palabra única y la música única.
Hoy, la cultura se está reduciendo al entretenimiento, y el entretenimiento se
convierte en brillante negocio universal; la vida se está reduciendo al espectáculo, y el
espectáculo se convierte en fuente de poder económico y político; la información se está
reduciendo a la publicidad, y la publicidad manda. En definitiva, el televisor, este adorado
tótem de nuestro tiempo, es el medio que con más éxito se usa para imponer, en los cuatro
puntos cardinales, los ídolos, los mitos y los sueños que los ingenieros de emociones
diseñan y las fábricas de almas producen en serie.
La mayoría de las noticias que el mundo recibe provienen de la minoría de la
humanidad, y a ella se dirigen, se trata de un monólogo del norte del mundo: las demás
regiones y países reciben poca o ninguna atención, salvo en caso de guerra o catástrofe, y
con frecuencia los periodistas, que trasmiten lo que ocurre, no hablan la lengua del lugar ni
tienen la menor idea de la historia ni de la cultura local. La información que difunden suele
ser dudosa y, en algunos casos, lisa y llanamente mentirosa. Y así, el sur queda condenado
a mirarse a sí mismo con los ojos que lo desprecian, consumiendo pasivamente las noticias
y opiniones producidas por el norte.
Con los países pobres ocurre lo mismo que ocurre con los pobres de cada país: los
medios masivos de comunicación los invisibilizan, y sólo se dignan echarles una ojeada
cuando ofrecen alguna desgracia espectacular que puede tener éxito en el mercado.
¿Cuántas personas deben ser exterminadas por guerra o terremoto, o ahogadas por
inundación, para que algunos países sean noticia y aparezcan por una vez en el mapa del
mundo? ¿Cuántos espantos debe acumular un muerto de hambre para que las cámaras lo
enfoquen por una vez en la vida? El mundo tiende a convertirse en el escenario de un
gigantesco reality show: los pobres, los desaparecidos de siempre, sólo a parecen en la
televisión como actores de sus propias atrocidades.
Por otra parte, la manipulación militar de la información mundial no resulta para
nada sorprendente si se tiene en cuenta la historia contemporánea de la tecnología de la
comunicación. El Pentágono ha sido siempre el principal financiador, y el principal cliente,
de todas las novedades. La primera computadora electrónica nació por encargo del
Pentágono. Los satélites de comunicación provienen de proyectos militares, y fue el
Pentágono quien por primera vez articuló la red Internet, para coordinar sus operaciones en
escala internacional. Las multimillonarias inversiones de las fuerzas armadas en la
tecnología de la comunicación han simplificado y acelerado su tarea, y han hecho posible la
promoción mundial de sus actos criminales como si fueran contribuciones a la paz del
planeta.
Afortunadamente, la historia también se alimenta de paradojas. Jamás el Pentágono
presintió que la red Internet, nacida al servicio de la programación del mundo como un gran
campo de batalla, iba a ser utilizada para que hicieran resonar sus voces aquellos que
habitualmente son invisibilizados, tradicionalmente condenados al silencio y al ostracismo.
Hoy, las redes sociales le facilitan a los periodistas no sólo el acceso a las fuentes,
sino la difusión de información en tiempo "real", lo cual si bien es positivo, no debe ser
exagerado, ya que sacar a la gente a la calle, movilizarla, llevarla a una plaza a manifestarse
o a votar requiere de un trabajo ideológico que si no está presente frustra cualquier
iniciativa, por más tecnológicamente de avanzada que sea.
Además, no debemos pecar de ingenuos, internet no solo es un espacio para la
libertad de comunicación, es también un espacio para la libertad de comercio, y el acceso a
esta nueva autopista de la información es todavía un privilegio de los países desarrollados,
donde reside el noventa y cinco por ciento de sus usuarios.
En el campo de la radio también están ocurriendo cosas buenas: el desarrollo de las
radios comunitarias en América Latina permite la expresión propia de la gente. Una cosa es
hablar a la realidad y otra escucharla, escuchar qué voces suenan desde la realidad cuando
ésta puede expresarse, cuando la gente practica el derecho a la expresión propia,
permitiéndoseles denunciar los intereses a los que sirven las empresas informativas que
persiguen intereses particulares, sus conexiones con los grandes grupos económicos, con el
imperialismo, con la reacción. Su complicidad con las matanzas que hay y hubo en Nuestra
América, su ocultamiento de las noticias que hablan de lo que realmente está ocurriendo en
nuestros países.
Esto evidencia que, en las democracias actuales, resulta difícil conciliar la exigencia
de las libertades de información y de expresión a las que tienen derecho los ciudadanos, con
los requisitos de la veracidad y de la responsabilidad que deberían satisfacer los medios de
comunicación, especialmente si se tiene en cuenta que se han erigido en actores políticos de
primera magnitud.
Como bien lo señala Atilio Borón, “No son medios de comunicación, son grandes
conglomerados empresariales que tienen intereses económicos y políticos; y así como las
empresas tienen un departamento de relaciones públicas, estos gigantes multisectoriales
tienen un departamento de “manufacturación de consensos¨, como diría Noam Chomsky.”
En los últimos veinte años en América Latina, los monopolios mediáticos han
tenido, y aún tienen, un poder fenomenal; han venido a ser funcionales ante la crisis de los
partidos orgánicos de la derecha que han caído en el descrédito y que no tienen capacidad
de captar la atención ni la voluntad de los sectores conservadores de la sociedad. La
Argentina es un caso clarísimo donde, ante la debilidad de las formaciones políticas de
derecha, que nunca lograron convertirse en una alternativa de gobierno en el marco
democrático, quienes unifican ese espacio son los multimedios de La Nación y Clarín (que
concentra en sus manos una fenomenal cantidad de canales de televisión de aire y de cable,
radios am y fm, periódicos, revistas, la más importante transportadora de señales de
televisión y de internet, y además es socio principal de la única empresa fabricante de papel
prensa de la Argentina, entre otros negocios.)
Hoy sería interesante preguntarnos: El derecho a la expresión reconocido por todas
las constituciones, ¿Se reduce al derecho de escuchar? ¿No es también el derecho de decir?
Pero, ¿cuántos tienen el derecho de decir? Los espacios de independencia en el mundo de
las comunicaciones se han reducido muchísimo, los medios masivos de comunicación que
deberían ser medios para informar, últimamente se han convertido en medios de
manipulación o, como dice Chomsky, de "confusión de masas", cuyo objetivo es mentir,
desinformar, manipular la opinión pública, sus noticias casi invariablemente son sesgadas e
interesadas. Pero frente a a las matrices mediáticas que pretenden implantar las potencias en
el mundo con la red de empresas informativas que poseen, están los medios alternativos
que tienen una gran importancia potencial, dependiendo de cómo se los utilice. Y en esto
hay que tener en cuenta no sólo el contenido de la noticia, que sirva como refutación de las
mentiras que propala la prensa hegemónica, sino también la forma como se comunica,
porque como bien señala Atilio Borón, nunca debemos olvidar que bregamos contra un
medio muy instalado y en el cual ciertas formas comunicacionales no pueden ser
despreciadas o no tenidas en cuenta. Las redes del imperio no son imbatibles, pero no serán
derrotadas por mero voluntarismo o confiando tan sólo en los contenidos. La agilidad, la
rapidez, la confiabilidad, la amigabilidad con que se presentan las noticias son datos
importantísimos que no pueden ser olvidados en una estrategia comunicacional alternativa.
En este sentido, desde la sanción de la Ley de Medios en nuestro país, se busco
sentar las bases de una legislación moderna, dirigida a garantizar el ejercicio universal para
todos los ciudadanos del derecho a recibir, difundir e investigar informaciones y opiniones
y que constituya también un verdadero pilar de la democracia, garantizando la pluralidad, la
diversidad y una efectiva libertad de expresión.
Asimismo, a partir de dicha ley se busca desconcentrar y democratizar la propiedad
de los medios, favoreciendo un federalismo real que fortalezca lo local, con protección de
nuestros bienes culturales, garantizando el acceso del ciudadano a la información y otros
contenidos, a lo largo y ancho del territorio nacional.
En definitiva, con la Ley de Medios, se trata de ayudar a poner en vigencia el
mandato del último párrafo del inciso 19 del artículo 75 de nuestra Constitución Nacional:
“…Dictar leyes que protejan la identidad y pluralidad cultural, la libre creación y
circulación de las obras del autor, el patrimonio artístico y los espacios culturales y
audiovisuales”.
Sin embargo, como lo señala Atilio Borón, el salto es aún insuficiente, ya que si
bien la Ley de Medios tiene cosas muy positivas, si nuestro gobierno al mismo tiempo no
destina fondos para que las organizaciones sociales, de base, populares, comunitarias,
etcétera, tengan recursos materiales para aprovechar lo que establece la ley el resultado
final será una concentración monopólica aún mayor que la que había antes. Este es un tema
muy delicado que todavía el gobierno no ha encarado seriamente, y lamentablemente no
basta con las buenas intenciones y las buenas leyes, si las políticas públicas del gobierno se
tornan inconsistentes.
Por último, un dato que no debemos perder de vista es el hecho de que las horas de
televisión y de navegación por esa gran red de redes que es internet, superan ampliamente
las horas del aula en la vida cotidiana de los niños y adolescentes de nuestro tiempo, y así,
los niños y adolescentes encuentran en los programas de televisión y en las redes sociales
su principal fuente de información, formación y deformación, así como sus principales
temas de conversación.

Si los medios masivos de comunicación agendan la realidad, y luego agendan como


pensar sobre la agenda de esa realidad, y finalmente recortan la realidad de modo que el
sujeto piensa que está viendo el mundo, y no está viendo nada más que el patio trasero de
su casa. Entonces, resulta significativo el rol que debe desempeñar la escuela en la
impugnación de los medios masivos de comunicación, puesto que las instituciones
educativas no puede acompañar la estrategia de los medios, puesto que si las mismas hacen
a su tiempo lo mismo con el conocimiento, entonces no tenemos destino…

En este sentido, resulta decisivo el rol de la universidad en ésta impugnación, ya que


ésta no puede limitarse a acompañar procesos históricos, su tarea es mucho más
significativa, tiene que anticipar los procesos históricos, tiene que darle letra a los
porvenires de este mundo, porque la Universidad no sólo tiene un compromiso con el
presente, acompañando los tonos musicales de moda, sino que además tiene la
responsabilidad de presentar las partituras para el porvenir, para lo cual hace falta no sólo
un fuerte compromiso con el presente, sino que también hace falta coraje académico para
impugnar las injusticias que se plantean en nuestra realidad. Porque para sostener las
verdades de la ciencia que procuran alcanzar el bien común, hay que involucrarse hasta el
fondo con las realidades sociales, y no se puede tener coraje académico solamente y
callarlo en la calle; ni corajes cívicos que no sean capaces de ser sostenidos en la academia,
decretando la libertad para que todos participen del esfuerzo.

Además, y teniendo en cuenta que la estética es el mejor camino para encontrarnos


con la ética, otro mecanismo para impugnar el discurso hegemónico de los medios lo
constituye el arte, ese método democrático de acceso al conocimiento, que nos permite
alcanzar la emancipación intelectual, y para lo cual resulta imprescindible no solo una in-
negociable vocación por la libertad, sino el carácter que se reclama para exigir el derecho
que tienen quienes se animan a ver el mundo con "sus propios ojos" y hacerse cargo de la
responsabilidad que eso conlleva, tanto en el plano individual como en el colectivo.
Para cerrar este tema, siguiendo a Chomsky, podemos decir que la cuestión central
no es simplemente la manipulación informativa, se trata de si queremos vivir bajo lo que
viene a ser una especie de totalitarismo auto-impuesto, en el que el rebaño desconcertado se
encuentra, además, marginado, dirigido, amedrentado, sometido a la repetición inconsciente
de eslóganes, e imbuido de un temor reverencial hacia ese líder que lo salva de la
destrucción, o si queremos vivir en una sociedad libre formada por sujetos que, como lo
plantea Héctor en sus clases, sean verdaderamente hábiles para imaginar primero, y
construir luego, un mundo mejor que el horroroso que hemos heredado, porque el bien y la
belleza se suponen y soportan mutuamente, y para construir ese porvenir diferente, no solo
hace falta el debido juicio crítico, sino que es preciso además disponer del juicio creativo
que nos habilite para diseñar el paisaje nuevo que va a sustituir al que pretendemos dejar
atrás.