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Violetas para nadie

Las miro, profundamente azules, con un color que trepa y se columpia en mi recuerdo.

Violetas. No se me ocurre ninguna palabra para decirte, ni gracias, ni son muy lindas.

Mi voz y mis palabras se han quedado en aquel tiempo. Las busco ahora. Las busco para

dártelas y mi voz se niega, mi voluntad se niega, todo mi cuerpo es una negativa. Yo no

sabía, créeme que no lo sabía, me he dado cuenta ahora. Pensé que era amor lo que

hacía resignarme a la monotonía de nuestros días. Que el amor me había convertido en

esta casi-piedra que ni siquiera pretendía llamarte demasiado la atención. Te reías

cuando te reprochaba la escasez de caricias, de palabras que enunciaran lo que sentías

por mí. Todo estaba sobreentendido, no había nada nuevo que decir, y repetir lo que se

había dicho antes, era una cosa tonta, innecesaria. Iban quedando huecos dentro de mí

ser: huecos para llenar con flores, un hueco para llenar con palabras, un hueco para

llenar de ternura. Ahora mismo apretando en mis manos este ramo de violetas ahora

mirándolas, profundamente azules, con un olor que trepa y se columpia en mis

recuerdos, porque la ceniza cae sobre menudos pétalos y has comprado violetas, sí pero

muy tarde.

Violetas para nadie.