You are on page 1of 17

En nuestros días el arbolado público urbano (y más específicamente, el arbolado de

alineación), es un campo de enormes cambios alentados por investigaciones y trabajos


muy recientes; pero los árboles de las nuevas plantaciones cuentan con un futuro más
duro que el que tuvieron sus predecesores. Ellos se enfrentan a un entorno más hostil,
con agresiones y alteraciones constantes, que el que se presentaba hace solo cuarenta o
cin- cuenta años atrás: edificaciones de distinta altura que afectan el desarrollo normal
de su copa, compactaciones del suelo más exigentes y modificación de sus principales
propiedades fisicoquímicas, una menor base de sustentación por limitación del área de
exploración radical, contaminación del aire por los gases de escape de los automotores y
gases tóxicos industriales, recolección de las aguas pluviales y disminución de la can-
tidad de agua que infiltra al suelo debido a grandes superficies pavimentadas, presencia
de aguas servidas con sustancias químicas, la competencia aérea y subterránea que
generan los servicios públicos, manejos caprichosos y podas inadecuadas, etc.; muchos
de los árboles existentes han sufrido este impacto. Como respuesta a este entorno más
hostil la arboricultura urbana comprende una actividad científica y competente, capaz de
proporcionar diversos beneficios a toda la comunidad, que ofrece un planteamiento
moderno para el cuidado de los árboles en las ciudades, pero requiere planificación
a largo plazo, coordinación profesional y participación local; al mismo tiempo es un
instrumento idóneo para catalizar la participación comunitaria, en su rol de forjadora de
nuevos y dinámicos nexos entre los miembros de esa sociedad. Actualmente, es en
algunos los países desarrollados mediante un fuerte énfasis en la existencia de áreas
verdes dentro de la trama urbana donde más se busca establecer la óptima relación
sociedad-naturaleza; en estos contextos la arboricultura es una ciencia relativamente
madura que se ha centrado en los beneficios ambientales y en el aspecto recreativo
del arbolado urbano, concentrando asimismo las actividades de investigación
y desarrollo sobre la materia. En América del Norte (fundamentalmente en los Estados
Unidos), gracias a actividades concertadas y a la asignación de recursos
considerables, la arboricultura urbana ha hecho rápidos avances.
En Europa, pese a una larga tradición forestal, la investigación es toda- vía muy
fragmentaria; a pesar de ello, comienzan a surgir proyectos de cooperación de
actividades forestales urbanas, lo que presenta un panorama alentador. Para los países
en desarrollo, la arboricultura urbana todavía es una ciencia en gestación, y en algunos
casos está en su infancia; en ambas situaciones, se orienta hacia el estilo de las naciones
más avanzadas. En estos países la acelerada urbanización genera fronteras difusas entre
sectores urbanos, periurbanos y rurales, por lo que es común observar gran- des
ejemplares de áreas rurales incómodamente desarrollados en ciudades con escasa
planificación. En los países más pobres (subdesarrollados), el primer cometido de la
arboricultura urbana debe ser ayudar a cubrir las necesidades primarias (alimento, leña,
madera); y, para ello, lo más indicado es la ordenación de recursos forestales con fines
múltiples. A pesar de todos los beneficios con que la arboricultura puede contri- buir al
armónico desarrollo de las ciudades, su problemática está actual- mente determinada por
el hecho de que pocos municipios, departamentos o cualquier otra denominación
político-administrativa dada a las provincias de un país, no dan al arbolado público su
real importancia. Suele suceder que algunas administraciones no dediquen suficiente
atención y no aporten un apoyo proporcional a las posibilidades de aliviar los problemas
urbanos; es más, en ciertas ciudades los responsables de la toma de decisiones políticas
y administrativas han mostrado la tendencia a considerar a la
arboricultura urbana como una actividad poco prioritaria, que no deja rédito social ni
político dentro de “esa” gestión de gobierno a la que pertenecen, sino que el rédito es
recibido por los funcionarios de las administraciones siguientes, y que por lo tanto
podría postergarse más fácil- mente que otros planes. Además, a consecuencia de la
incorrecta planificación en algunos casos o su falta en otros, se genera un arbolado
anárquico que, muchas veces, enfrenta al árbol con el vecino sin permitirle al vecino
valorar los beneficios que el árbol le aporta a la ciudad; y a esto debemos sumarle
la existencia de normas que no se cumplen, o que son poco técnicas y muy generalistas,
u otras falencias sobre el particular. Estos temas confluyeron para que hoy por hoy los
árboles de la vía pública se hayan convertido en un elemento social discutido y
apasionado, dejando de constituir una simple plantación en hilera de árboles en
las aceras o cercanos al cordón de la calle. No es sencillo ser objetivo con el arbolado
de alineación, el cual es fácil objeto de opinión, discusión y manipulación. Ningún otro
elemento urbano despierta tantas pasiones, ni siquiera las áreas verdes (parques, plazas,
paseos, etc.). Ningún otro elemento de la ciudad se encuentra sujeto a tantas presiones e
intromisiones (vecinales, políticas, etc.) en su gestión. Presiones que llegan, a veces, a
imponerse por encima del correcto criterio técnico. Pero es la asombrosa vitalidad de
los propios árboles, su terca resistencia a agresiones, limitaciones y adversidades de
todo tipo, la que está
evitando su rápida desaparición, salvando los papeles de un arbolado urbano gestionado
–generalmente– bajo unos parámetros que rozan la irracionalidad; pero esa pertinaz
resistencia tiene un alto costo: la presencia –a veces generalizada– de árboles raquíticos,
mutilados, antiestéticos y disfuncionales, que los convierte en elementos de riesgo en el
entorno urbano. Así las cosas, no es extraño que todavía hoy se tienda a considerar a
la arboricultura como una cuestión de carácter estético, relacionada con actividades de
recreo y con el aspecto visual de una ciudad, o bien como una actividad de lujo que no
merece un apoyo particular. Esto se debe, en parte, al nivel insuficiente de educación e
información de los beneficios ambientales, económicos y biológicos que los árboles
ofrecen al medio urbano, verdadero patrimonio natural de la ciudad. Pero esta situación
está empezando a cambiar; poco a poco, se afirma una tendencia al cambio.

No obstante, es menester que comprendamos que no se trata solo de plantar árboles en


nuestras ciudades, sino más bien de proceder a la ordenación del bosque urbano
mediante un manejo profesional. Es tiempo ya de considerar al arbolado de la ciudad
como un servicio público más y un componente básico de la infraestructura urbana,
esencial para mantener un medio ambiente idóneo para la vida sostenible y
confortable. Sin embargo, si bien es cierto que es un patrimonio natural de la ciudad y
es responsabilidad del Estado promover a su conservación mediante un plan de gestión
y manejo (que incluye su planificación, la ejecución de lo planificado y el
mantenimiento de lo realizado), no es menos cierto que al frentista también le cabe
cierta responsabilidad: la puesta en práctica de trabajos culturales elementales (riegos,
control de hormigas y otras tareas básicas, como el desmalezado y corte del césped
próximo a los árboles). La necesidad de generar un plan maestro del arbolado público
(y especialmente el arbolado público de alineación) surge a partir de la realidad que el
mismo representa: el valioso patrimonio que significa para los habitantes de cualquier
ciudad, que se ve deteriorado día a día por la acción del tiempo, el desconocimiento y
los malos tratos. Por todo esto se hace necesario un plan de correcta gestión y manejo
para protegerlo e incrementarlo para nuestro beneficio y el de las generaciones futuras.
La mala gestión del arbolado urbano puede convertir a los árboles en un estorbo o en un
elemento útil. Educar, enseñar a conocer y a querer a los árboles ayudará en este
aspecto.
Es común encontrar plantaciones ya realizadas muy mal conducidas. De este mal
manejo pueden derivar varios problemas como el ocultamiento de carteles indicadores,
roturas veredas, obstrucción de desagües, roturas de cables o frentes de edificios,
oscurecimiento de calles por proyección de sombras, golpes producidos por vehículos
altos (camiones y colectivos), falta de sombra. durante el verano y hasta un problema
visual.

A diferencia del árbol presente en los bosques o en el ámbito rural, en la ciudad el arbolado
cumple estrictamente funciones sociales, no reconociéndosele una función productiva como en
los casos de la actividad silvícola o frutícola. Su plantación se realiza para aprovechar el
espacio público y aumentar el bienestar de sus habitantes, entre las funciones más
reconocidas se destacan: brindar sombra y refrescar el aire circundante, producir oxígeno,
,regular la humedad ambiente, disminuir ruidos, atenuar los vientos, retener partículas sólidas
(hollín y polvo), y también gérmenes ambientales, embellecer las vías de tránsito y las
viviendas, retener el agua de lluvia y así moderar el escurrimiento.
En el medio urbano no suelen encontrarse las condiciones adecuadas para el correcto
desarrollo de los árboles. Cada árbol cuenta con una serie de características que lo vuelven
apto -o no- para el ajetreo de la ciudad. Si lo que se busca es un buen efecto estético, con bajo
costo y escaso mantenimiento existen una serie de factores que no pueden dejar de
considerarse:
}TIPO DE RAÍZ: Las profundas dañan menos las veredas que las superficiales. Las especies
de anclaje horizontal (tilo, olmo, paraíso), se adaptan mejor al funcionamiento y evitan roturas.
Se deben evitar las especies ávidas de humedad edáficas quienes buscarán los desagües,
(por ejemplo los sauces).
}FOLLAJE: Conviene elegir árboles de hojas caducas y pequeñas o medianas puesto que
obstruyen menos los desagües y permiten un fácil barrido y recolección.
}FLORACION: Son preferibles las explosivas, aunque sean momentáneas (jacarandáes,
lapachos), pero que no ocasionen problemas por su tamaño y cantidad, como el palo borracho,
cuyas flores son resbalosas.
}FRUTOS: Sucede lo mismo que lo anterior, pueden embellecer el entorno u ocasionar
trastornos por su tamaño, textura, forma, aroma, etc. como sucede con los ombúes hembra,
naranjos, gingkos hembra, o araucarias. Serán preferibles, frutos secos, no muy grandes.
}TAMAÑO: Si tenemos en cuenta el tamaño que alcanzará en la edad adulta el árbol, la
elección de cada especie estará determinada en gran medida por el ancho de la calle, de la
vereda, la altura y el retiro de los frentes de edificación. Existen diferentes tamaños. Los de
primera magnitud (de 20 m o más) se utilizan en avenidas y paseos; los de segunda magnitud
(15 m) son usados en calles y veredas amplias y los de tercera (10 m), calles y veredas
estrechas.
}FORMA: Se piensa principalmente en la copa y el tronco. Aquella será amplia y alta, en tanto
que éste se mostrará recto y libre de espinas y ramificaciones basales.
}RUSTICIDAD: Siempre se adaptan mejor los árboles que resistan enfermedades,
lastimaduras y contaminaciones (gases y escapes de motor, aguas con productos químicos,
lavados de veredas, restos de aceite, polvo atmosférico).
}LONGEVIDAD: Es importante ya que el costo de la plantación y el cuidado del árbol hasta que
es suficientemente fuerte (3 años) es elevado y más aún si se considera el número de
ejemplares de una ciudad. Los árboles de crecimiento rápido no suelen vivir muchos años. Por
ejemplo sauce, álamo, etc.
Lo mencionado va a condicionar la adaptación futura de los árboles a su entorno, su desarrollo
y su sanidad, por lo tanto la gestión futura y en particular recurrir o no, a la poda.

La poda de formación es la más polémica pues existen técnicas y costumbres, criterios, mitos y
creencias que la envuelven en una verdadera confusión. Por un lado no podar se considera
dejadez, por otro se cree que los árboles necesitan de la poda para desarrollarse mejor.
La poda sin lugar a dudas es una agresión al árbol, que produce heridas en los tejidos de la
corteza, constituyendo una puerta de entrada a diferentes patógenos. Si no se conoce la
técnica de poda y se realiza en forma errónea, normalmente se observa una pudrición
descendente desde las ramas involucradas hasta el tronco, provocada por hongos, este
proceso es irreversible y lleva a la declinación prematura y muerte del ejemplar.
Las podas deben circunscribirse a lo estrictamente necesario y sin alterar en modo alguno,
salvo casos de fuerza mayor, la forma característica de las plantas. Las podas severas no
deben ser de uso corriente, sino cuando se decide hacer una reformación de la copa.
La poda del arbolado urbano tiene como objetivo adecuar y mantener la forma natural del árbol
a su entorno morfológico. Con la poda se logra: restablecer el equilibrio entre el sistema radical
y la parte aérea de la planta al momento de su implantación, adecuar la copa al tránsito
vehicular y peatonal, al cableado aéreo, iluminación de calles, mantenimiento de la forma y
sanidad del árbol.

TIPOS DE PODA
1. Poda de plantación
En las plantas que se desarrollan normalmente existe un equilibrio entre su sistema radical y la
parte aérea, o sea la copa. Al ser arrancadas para el transplante una gran parte de las raicillas
quedan en el terreno y por consiguiente se destruye el citado equilibrio.
En la poda de plantación se debe tener especial cuidado de no modificar la forma natural de la
especie o variedad y tener presente la naturaleza de la copa eliminando solamente las ramas
rotas, las que se entrecruzan molestándose y las indispensables para mantener el equilibrio.
2. Poda de formación
Tiene por finalidad la conducción de las ramas primarias y secundarias de un árbol. Con ella se
eleva la copa del ejemplar, con el objetivo de no interferir la circulación peatonal y vehicular, la
iluminación y la visibilidad de carteles comerciales si los hubiere.
En la poda de formación se debe tener en cuenta fundamentalmente la manera propia de
vegetar y la forma particular de la especie, la que bajo ningún punto de vista deberá
modificarse. La poda de formación incluye:
a) Formación del tallo y elevación de la copa (refaldado)
La elevación de la copa o refaldado consiste en la supresión progresiva y regular de las ramas
más bajas del árbol, a los efectos de llevar su copa a una altura deseada. Cabe destacar
entonces, la importancia de una correcta elección de ejemplares en el vivero, ya que si las
plantas poseen una adecuada altura de inicio de copa (1,8-2,0 m) disminuyen notablemente los
requerimientos de poda durante el primer año. El refaldado no debe hacerse demasiado de
prisa (nunca más de 1 m. como máximo por año).
La altura de copa recomendada para el tránsito de peatones es de 2,5 m., en tanto para el
tránsito vehicular el despeje será de 3,5 a 4,5 m., según circulen automóviles o colectivos.
b) Formación de túneles para cableado
La presencia de cables obliga a formar un túnel dentro de la copa, por donde se conduzca el
cableado. La forma del túnel dependerá de la ubicación del tendido aéreo, ya sea que se
encuentre sobre la línea de edificación o de plantación. Es importante formar el túnel a medida
que crece el árbol, eliminando o rebajando las ramas que interfieran. De igual manera, se
deberá conducir el árbol con el fin de que los artefactos de iluminación queden situados debajo
de la copa, siempre que sea posible.
3. Poda de mantenimiento
Es la que se realiza una vez formado el árbol y se continúa a través de su existencia. Consiste
en la eliminación de: ramas mal dirigidas, enfermas o secas, rebrotes de raíz, chupones que
nacen en el tronco. También comprende el mantenimiento de túneles para conducción del
cableado aéreo y de altura de la copa para iluminación y tránsito vehicular y/o peatonal.

Epoca de poda
La época más conveniente depende de la especie y de las condiciones climáticas. Las
especies de hojas caducas se deben podar durante el reposo vegetativo impuesto por los
fríos. El mejor momento para podar es cuando la planta tiene las reservas altas, es decir desde
la caída de las hojas en otoño hasta fines del invierno, pero siempre antes de que empiece la
brotación.
El peor momento para podar es cuando las hojas se están formando, ya que las reservas
están en un nivel mínimo, y cuando la hojas están cayendo, ya que pierden reservas
necesarias para la formación de raicillas.
Las especies de follaje persistente es aconsejable podarlas en la misma época que las
caducifolias, ya que tienen en ese período menor actividad. Las podas en períodos de intensas
heladas resultan perjudiciales para el vigor futuro de las plantas.
Si bien la mayoría de las ordenanzas municipales autorizan la poda desde el 15 de mayo al 15
de agosto, es necesario realizar una evaluación previa para iniciar esta actividad.

Capacitación para la poda


La poda de árboles es una actividad que debe ser dirigida por especialistas en silvicultura
urbana y realizada por personal correctamente capacitado. El árbol en el ambiente urbano se
encuentra inserto en un ecosistema altamente artificializado, donde la plantación,
mantenimiento y recambio de especies, requiere de técnicas ajustadas a la especie y calidad
del sitio. La poda es una tarea cultural que hace al mantenimiento de la masa arbórea, por lo
tanto debe formar parte del diseño y manejo de la futura masa arbórea, que comienza con la
elección de la especie adecuada que permita aunar la libre expresión del árbol con las
funciones de él esperada.
Para ello es indispensable, la capacitación teórico-práctica del personal afectado directamente
con la ejecución de la poda ( obreros, capataz, jefe de cuadrilla), tanto en los criterios como en
las técnicas de poda de arbolado urbano
Es necesario el conocimiento y realización de actividades practicas de : anatomía y fisiología
del árbol, realización correcta de cortes, tipos de podas, técnicas de trepado de árboles, uso de
motosierras en situaciones de distinto grado de dificultad, uso de sogas de seguridad y apeo de
ramas, poda de árboles cuyas ramas alcanzan el tendido de redes eléctricas.
Productos de la poda
Los materiales resultantes de la poda son siempre heterogéneos, en cuanto a tamaño, sin
embargo, entre ellos se encuentran maderas de calidad como la de fresno (Fraxinus sp) y
plátano ( Platanus sp) que pueden utilizarse en artesanías, resultando en productos de mayor
valor agregado. Las ramas de diámetros menores pueden utilizarse para leña, mientras que el
resto, de diámetros pequeños (corteza y hojarsca), se puede emplear en la elaboración de
compost.

Consideraciones Finales
La tarea previa a cualquier decisión sobre el arbolado urbano es la del inventario. El
conocimiento acabado de la cantidad y distribución de las diferentes especies que componen la
flora arbórea urbana es de relevancia para ordenar las tareas de poda, los tratamientos
fitosanitarios, recambio de ejemplares, etc. El inventario por cuadra, y más precisamente por
frentista, considerando: especie, estado sanitario, diámetro de copa, clase de edad, conflictos
con otros servicios públicos, llevan a la gestión del arbolado público.
A los fines prácticos es preferible uniformar los árboles por tamaño, pero manteniendo el
criterio de diversidad específica; labor que debe realizarse por calles o manzanas. Entre las
ventajas de esta actividad se destacan: estandarización de las tareas culturales con menores
costos, menor vulnerabilidad ante las plagas específicas, riqueza estética, etc.
La gestión del arbolado urbano requiere de evaluaciones permanentes durante la época estival
como en la invernal. En verano permite el registro de ramas secas, enfermedades, plagas,
árboles secos, ramas sobrecargadas de brotes y en invierno en función del relevamiento
estival, la poda. Por ello es necesario contar con una cuadrilla de mantenimiento estable, con
operarios capacitados.
De esta manera el arbolado urbano, junto a otros recursos culturales se ligará estrechamente al
patrimonio cultural del ambiente urbano.

(*) por César Omar Núnez


Fac. de Agronomía y Veterinaria - UNRC.ç

Las ciudades poseen un importante patrimonio ambiental expresado en su arbolado


urbano establecido en calles, avenidas, plazas y parques. Existe un consenso a nivel
mundial respecto de los múltiples beneficios ambientales, sociales y económicos que
estos aportan, contribuyendo de esa forma a generar mejores condiciones de vida
para los habitantes de las zonas urbanas. Por este motivo el estándar que orienta la
gestión del arbolado urbano señala que la gestión de los árboles en la ciudad siempre
debe tener como resultado un mejor árbol. Es decir, que luego de dichas
intervenciones los árboles urbanos generen más y mejores servicios ambientales,
sociales y económicos según ya se han señalado.

Es necesario considerar que la Arboricultura Urbana, preocupada de la contribución


que hacen al desarrollo sostenible los árboles y cada árbol en la ciudad, aún no ha
considerado de forma suficiente el Ciclo de Vida de los Árboles Urbanos, concepto
que permite obtener un mejor árbol por medio de consideraciones que se realizan
desde la identificación de las características del lugar donde se desea o es posible
establecer un árbol urbano. Este enfoque permite no solo obtener un mejor árbol
adulto sino lograr importantes ahorros de recursos en la mantención del arbolado en
la ciudad. En su ámbito específico la silvicultura urbana se preocupa de las masas
boscosas que han quedado insertos en zonas urbanas, sean estos retazos de bosques o
plantaciones forestales.

Si se considera que los distintos elementos que conforman la ciudad en algún


momento podrían entrar en conflicto con el árbol urbano, es necesario entonces
recurrir a la utilización de métodos y técnicas que permitan intervenir los
árboles resultando en la obtención de un mejor árbol. Se pueden mencionar los
siguientes ejemplos: cuando se instalan luminarias y postes a distancias prefijadas
unos de otros, cuando los árboles en veredas son obligados a convivir con el cableado
eléctrico, cuando no se está dispuesto a barrer las hojas de los árboles en otoño,
cuando los árboles presentan ramas bajas que impiden el paso de lostranseúntes y
ciclistas, cuando los árboles crecen y alcanzan balcones o ventanas, o cuando se
instalan cámaras de seguridad en invierno sin considerar que el follaje de los árboles
obstruirán la visión en verano, cuando se instala publicidad callejera en vías
arboladas, entre tantas y muchas otras posibilidades de conflicto en el uso del
espacio público.

Un capítulo aparte en esta descripción inicial es el que producen las tormentas y se


refiere a los árboles que se vuelcan o a la caída de ramas, produciendo en muchos
casos daños a las personas o a la propiedad. Por este motivo las personas afectadas
demandan a las municipalidades argumentando en tribunales falta de servicios. La
municipalidad debe demostrar que hizo todo lo posible para evitar que dicha
situación ocurriera. Para lograr esta finalidad se pueden utilizar también los criterios
que se señalan en este texto.

Descripción del efecto de las malas prácticas en poda

La falta de conocimientos o el desinterés por aplicar los conocimientos señalados


lleva de forma indefectible, directa e ineludible a tomar decisiones erróneas
representadas en la aplicación de esquemas de corta de ramas que dañan los árboles,
disminuyendo su capacidad de aportar a los barrios, comunas y ciudades los múltiples
beneficios que estos generan, disminuyendo su ciclo de vida, veteranizando
(envejeciendo) anticipadamente a los árboles, disminuyendo su vigor y arruinando su
estado fitosanitario.

Terciado
Es la falta de conocimiento y la porfía de no querer adquirirlos ya que existen lo que
arruina a nuestros árboles, a los árboles públicos. Esos son los motivos que explican
la aplicación de esquemas de poda atávicos a árboles urbanos, como son:
1.- Desmoche: consiste en cortar todas las ramas a una cierta altura del tronco. En el
caso de seguridad vecinal, sin mayor sustento, se recomienda "despejar de ramas" el
tronco sobre los 2 metros de altura. En el caso de tendido eléctrico se instruye
despejar de ramas a 2 metros bajo el tendido eléctrico. En la mayoría de las
situaciones que se observa esta nefasta práctica no se observa objetivo alguno.
2.- Poda agrícola: corresponde a la eliminación de ramas nuevas cada 1 o 2 años,
alargando los muñones de ramas de forma equidistante entre ellos. Esta poda se
utiliza en frutales para lograr que la luz llegue a la fruta que producen.
3.- Terciado: consiste en la eliminación de las ramas del árbol quitando un tercio o
una cantidad mayor de follaje, cortando desde su ápice principal hacia abajo,
generando una línea recta horizontal de ramas cercenadas o una U invertida. Algunas
personas señalan que esta mala práctica equivale a "peinar" el árbol, lo que
corresponde a una aberración.
4.- Despunte: corresponde a la eliminación de todas las ramas de diámetro menor del
árbol ubicadas en su parte superior, dando prioridad a las ramas de ápices
dominantes.

Algunos autores exponen su falta de conocimiento (y resistencia a adquirirlos) al


referirse a las malas prácticas señalándolas como "podas excepcionales", lo que
expresa claramente su aceptación por optar en algún momento por la mutilación de
los árboles. Para evitar que los árboles caigan, que se vuelquen, deciden "bajar el
centro de gravedad" del árbol eliminando gran parte de la copa del árbol o la
totalidad de ella. En las 32 comunas del Gran Santiago, Chile, existen más de 6
millones de árboles urbanos y al año caen alrededor de 4.000 árboles. Esta
información aportada por las municipalidades el año 2016 nos indica que el 1,5% de
los árboles del Gran Santiago cae producto de sequías (daño de raíces) y temporales
(fuerza del viento o el peso de la nieve). Por no disponer de un Plan de Arbolado
Urbano que preventivamente identifique y recupere los árboles riesgosos, se ha
procedido a elaborar planes que han utilizado esquemas de manejo incorrectos,
resultando en una mutilación generalizada del arbolado urbano.

La utilización de malas practicas en arbolado urbano, tales como desmoche, topping,


terciado, despunte y la poda agrícola, resultan en los siguientes efectos nocivos para
el árbol urbano:
1. Los cortes de ramas realizados a árboles adultos no cicatrizarán debido
al escaso crecimiento anual en diámetro que estos tienen (curva de
crecimiento del árbol), facilitando el ataque de hongos, bacterias e insectos.
2. La eliminación de ramas por desmoche, terciado, despunte y poda
agrícola alteran la estructura y arquitectura natural del árbol, disminuyendo
su capacidad de reacción y de recuperación del vigor que necesita.
3. Las podas agresivas señaladas eliminan principalmente la Zona I
fotosintética del árbol, destruyendo su estrategia de utilización óptima del
espacio disponible y lo obliga a crear una estructura de emergencia que solo
generará en parte la capacidad fotosintética que le ha sido erróneamente
eliminada.
4. Los árboles mutilados pierden su forma agradable y no contribuyen a
un mejor paisaje. Recordemos que los árboles sanos son considerados por la
población como un elemento relevante que contribuye a su felicidad.
5. El ingreso de patógenos, la disminución de su capacidad fotosintética,
la reorganización artificial de su estructura y arquitectura, dañan
irremediablemente al árbol ACORTANDO SU CICLO DE VIDA en más de un 50%.
6. Las ramas nuevas que surgen después de una mutilación por terciado,
despunte, desmoche o poda agrícola son débiles en su base debido a que el
extremo de la rama donde se realizó el corte se pudre. Este tipo de mala
práctica debilita a los árboles aumentando el riesgo de caída de ramas y
facilitando el volcamiento de los árboles en el mediano plazo. Es evidente que
son las malas prácticas descritas las que contribuyen en mayor medida a que
los árboles se vuelquen o caiga parte de su follaje.
Antes de saltar al siguiente apartado el lector estará de acuerdo en que los árboles
se vuelcan debido a debilidades en sus raíces. Cuando los árboles tienen debilidades
en sus troncos sufren fracturas, aspecto que también ha sido profundamente
estudiado por el mundo científico. Por lo tanto nada se obtiene con mutilarlos
cuando en el corto y mediano plazo, de forma desordenada y débil, volverán a
recuperar su biomasa. Se debe entonces realizar un trabajo metódico dirigido a
identificarlos y cuidarlos, pero nunca mutilarlos. Por este motivo es importante
conocer cuales son los árboles que caen y caracterizarlos: especie, tamaño, causa de
la caída, estado, ambiente, intervenciones anteriores, etc. Con estos datos se puede
priorizar el manejo sostenible de las especies con mayores dificultades.

PODA DE DIRECCIONAMIENTO
(directional pruning tree)

El árbol se puede clasificar según su altura en estado adulto en: muy alto, alto,
mediano, bajo y pequeño. Según el tamaño de su copa enmonumental, grande,
media y reducida. Según la forma de su copa enesférica, ovoidal, columnar, cónica,
pendular, irregular, de parasol, palmiforme, entre otras. Es decir, existen muchas
formas en la naturaleza que son opciones válidas para elegir el árbol
que mejor se adecue a un determinado lugar (criterio del árbol perfecto). La poda de
direccionamiento se complica cuando se trata de especies arbóreas que tienen una
acentuada dominancia apical, como por ejemplo coníferas, palmeras, y algunas
latifoliadas: liquidámbar (Liquidambar styraciflua) o álamo (Populus spp), por
ejemplo.

La idea que subyace bajo el criterio de poda de direccionamiento es


quepuede modificarse la forma de la copa del árbol para permitir que otros usos
puedan llevarse a cabo en parte del espacio que la copa utiliza. Como toda
intervención sustentable deberá cumplir con la condición de dejar como resultado un
mejor árbol desde el punto de vista de los beneficios que el árbol entrega a la
ciudad.

Sabemos que para gestionar adecuadamente un árbol es necesario primero


diagnosticarlo de forma correcta, tarea en la que debemos
utilizarconceptos respecto de su especie, origen y preferencias, estructura, zonas de
vida, arquitectura del árbol, ciclo de vida, ambiente, sanidad, vigor,daño recibido,
mutilaciones efectuadas, pudriciones, cuidados culturales.Otros aspectos podrían ser
considerados tales como engrosamientos, grietas, reiteraciones, inclinación, tamaño
de tasa, situación de veredas, suelo, etc. En el capítulo referido como
ambiente encontraremos los conflictos que se producen en la ocupación del
espacio aéreo y subterráneo.

Nos preguntamos entonces respecto de si ¿Es posible podar un árbol que esté en
conflicto con la infraestructura urbana fortaleciendo su estructura? ¿Resultará de una
acción como la señalada un mejor árbol? La respuesta es una sola: Si, es posible.

Análisis de casos
1.- Conflicto con el tendido de suministro eléctrico

La situación más recurrente de convivencia de los


árboles es con el tendido eléctrico. La caída de ramas que se quiebran por efecto del
viento y los árboles que se vuelcan al caer sobre el tendido eléctrico cortan los
cables y se interrumpe el suministro de electricidad. Son escasas las situaciones en el
Gran Santiago, en que los troncos de los árboles se quiebran, aunque hay especies
que se desganchan con más facilidad, tales como melia (Melia azedarach) o ceibo
(Erythrina umbrosa).

Las dos primeras etapas del Ciclo de Vida del Árbol


Urbano son fundamentales para formar su estructura definitiva, respetando su forma
de crecimiento, arquitectura y favoreciendo la conformación de sus zonas. Cada 3 o
4 años se debiera dar seguimiento al árbol registrando los aspectos que es necesario
considerar para su manejo. Esta situación no ocurre regularmente y cuando la caída
de árboles produce la interrupción de algún servicio básico las instituciones entran en
pánico y vía mutilación deciden hacer la tarea que durante años y décadas
omitieron.

Como ya se ha señalado, la poda de direccionamiento se utiliza para armonizar el uso


del espacio aéreo de forma equitativa, de tal manera que se de una convivencia lo
más armoniosa posible entre el árbol y la demás infraestructura existente en los
espacios públicos.

2.- Una segunda situación de conflicto radica en el contacto con edificios y viviendas

Lo árboles adultos que existen en la actualidad fueron plantados hace más de 30 o 40


años, época en la que el conocimiento respecto del arbolado urbano no estaba aún
consolidado. De hecho, muchos de los conocimientos surgidos en la hace 40 o 50 años
hoy se encuentran en franco retroceso. Muchas especies se utilizaban por su rápido
crecimiento o fácil reproducción, sin tener consideraciones respecto del espacio final
que ocuparían. Los conflictos con la infraestructura se resuelven utilizando esquemas
de poda como el que se muestra en las imágenes de más abajo.

Antes y Después del manejo de un árbol con ramas tapando parte de una vivienda
Se entiende que mentalidades con menos preocupación por su trabajo habrían
probablemente mutilado el árbol, quizás terciando su copa, pero en las fotos de más
arriba se observa una mejor y más coherente solución.

3.- Conflicto con la señalética, postes y letreros

Las señales del transito pueden ser cubiertas por la copa de árboles en crecimiento;
también por ramas de árboles adulto que se guían buscando espacios despejados
donde captar la luz del sol. Un acertada gestión del arbolado urbano debe permitir
que ambos elementos de la infraestructura urbana puedan coexistir armónicamente.

Lo mismo ocurre con los postes del alumbrado público


que muchas veces son instalados de forma mecánica cada cierta cantidad de metros,
quedando algunos de ellos a corta distancia de un árbol. Esta situación es recurrente
y lleva con mucha frecuencia a la mutilación de los árboles porque tapan la luz,
oscureciendo las calles de noche. En algunos casos se ha optado por la alternativa de
instalar una segunda luminaria a mitad del poste con la finalidad de iluminar
veredas.

El árbol urbano pareciera estar condenado a sufrir el


efecto de malas decisiones, como por ejemplo la, cada vez más recurrente,
instalación de letreros monumentales en las fachadas de los edificios o sobre las
azoteas y casi en cualquier lugar. Los árboles son mutilados para facilitar la
visibilidad de estos letreros. Los mismo ocurre con las fachadas de edificios
corporativos y negocios, los que luego de ser instalados solicitan la mutilación de los
árboles para dar visibilidad a sus imágenes corporativas.

Quizás el conflicto más importante que enfrenta el árbol urbano sea con la falta de
conocimientos y antecedentes (diagnóstico) al momento de tomar decisiones.

Finalmente

Los contenidos y conocimientos aportados en este artículo no se deben tomar como


una receta aplicable sin un razonamiento previo. Cada especie tiene su propia forma
de ocupar el espacio disponible, pero dentro de una especie los árboles tienen
distinto crecimiento de acuerdo al lugar donde han sido establecidos, los cuidados
culturales que reciben, las características del suelo donde fueron plantados, el
ambiente que las rodea, etc.

Ese es quizás el mayor problema de la aplicación de poda: el que los esquemas de


poda son aplicados como recetas a todas las especies, a todos los árboles, en
cualquier edad de su cilo de vida, sin fundamentos de arboricultura urbana. De hecho
"esquema de poda" se refiere a las distintas podas y el momento de aplicarlas en las
distintas etapas del ciclo de vida del árbol urbano.

Santiago JM Del Pozo Donoso


Ingeniero Forestal
Experto en Arboricultura Urbana

erribando mitos

Es necesario partir respondiendo a la siguiente pregunta ¿Cual es el objetivo de la


poda de árboles urbanos?. La poda más antigua que se conoce es la que se utiliza en
al ámbito agrícola y tiene por objetivo aprovechar el vigor de los nuevos brotes para
obtener una mejor producción de frutos. Luego la poda forestal tiene como objetivo
liberar el tronco de ramas para obtener madera libre de nudos y "subir la copa" para
obtener una mayor longitud de fuste. El objetivo de la Poda de Árboles Urbanos
consiste en mejorar la forma del árbol urbano para obtener una mayor cantidad
de beneficios ambientales, sociales, psicológicos y económicos que
el cumplimiento de sus funciones ecológicas permiten generar. Este tema se
aborda en mayor detalle en el siguiente video.

Fuente: www.youtube.com/watch?v=XGV0VRtmQG0

En este contexto, lo que en la actualidad se denomina tipos de podas de árboles


urbanos, que provienen de conceptos utilizados en la práctica agrícola, no son otra
cosas que las causas que justifican la intervención de la copa del árbol urbano
mediante poda, es decir, mediante la extracción de parte o la totalidad de su copa,
pero siempre teniendo presente que el objetivo de la poda árbol urbano es mejorar
su forma actual y futura para asegurar la generación de bienes y servicios que su
funcionamiento ecológico proveen.
Sabemos que se ha intentado justificar la aplicación del desmoche y el despunte, así
como otros tipos de mutilaciones realizadas sobre árboles urbanos, las que llegan al
extremo de realizarse sin discriminar entre las distintas especies forestales que en un
barrio existen, alegando que nuestras calles son muy angostas y el crecimiento del
árbol debe ser regulado. A continuación se muestran fotos de árboles que han sido
establecidos en calles angostas, en las que no se percibe la aplicación de desmoche
ni despunte ni ningún tipo de mutilaciones en los árboles.

¿Por qué no podemos tener calles de esa calidad en nuestras ciudades? ¿Que ocurre
con nuestros planificadores, productores de árboles, urbanistas, coordinadores,
supervisores en terreno, fiscalizadores, etc, que nos entregan el arbolado urbano que
a continuación se muestra?

Además se debe considerar lo siguiente: El razonamiento más básico indica que los
proyectos de arborización tienen que ser pensados y formulados, en una segunda
etapa se debe contar con los insumos necesario entre los cuales están los árboles que
en un inicio se consideró establecer allí y finalmente se plantan dichos árboles
acorde a lo señalado en el proyecto predefinido. En la actualidad ocurre lo contrario:
el estado produce árboles y luego los ofrece a la comunidad, se donan los árboles y a
continuación se busca el lugar donde serán establecidos. Finalmente se plantan los
árboles. ¿Como se puede revertir esta perniciosa situación?

Corrigiendo errores

A inicios de los ´90 había una gran preocupación por la inseguridad de las personas,
en la que sin mucha información disponible ponía el acento, entre otros aspectos, en
las veredas oscuras. La respuesta de la autoridad de muchas comunas fue podar las
ramas bajas de los árboles, sobre todo de aquellos árboles que estaban situados
cerca de los postes del alumbrado público. Unos años después de haber levantado la
copa de los árboles urbanos, se instalaron focos adicionales ubicados a media
altura de los postes. En la actualidad, 20 años después de la tan desafortunada
intervención señalada, los mismos árboles están siendo "despuntados"bajo el
argumento de que su copa está muy alta (Plop!!!). Esta también desafortunada nueva
intervención produce un efecto contrario al deseado ya que el árbol reacciona de
dos formas: se seca y muere o genera una muy alta cantidad de ramas
desordenadas, lo que se aprecia en las fotos que se muestran a continuación.
Como se puede apreciar, el "despunte" no es una intervención que logra frenar el
crecimiento de los árboles en altura. ¿Entonces por qué se aplica?. A continuación
se muestran imágenes donde es posible apreciar el despunte de árboles, los que a
pesar de estar situados bajo el tendido eléctrico público no son podados para
alejar sus ramas de los cables que conducen la electricidad. Solo se extraen las
ramillas que contienen nuevos brotes. ¿Por qué? El objetivo del despunte señalado
es obtener material vegetativo para producir nuevos árboles, sin incurrir en costo de
compra de semillas, mano de obra en vivero y otros insumos, pero arruinando el
arbolado urbano. Es decir, el costo privado de la producción de nuevos árboles lo
paga la ciudad.

El desmoche es otra forma de intervención del árbol urbano que tiene el mismo
objetivo que el despunte, es decir, obtener material vegetativo para la producción
de nuevos árboles. El enraizamiento de ramas se utiliza para producir fácilmente
nuevos árboles de especies arbóreas tales como: falso acacio (Robinia pseudoacacia),
álamos (Populus spp.), árbol del cielo (Ailanthus altissima), etc. Esta forma de
intervención del árbol que en la agricultura es muy apreciada para producir nuevas
plantas, es nefasta, deplorable, cuando se aplica en árboles urbanos.
Si queremos tener una ciudad cada vez más sustentable debe prohibirse el desmoche,
el despunte, el desganche y cualquier forma de mutilación que se realice sobre los
árboles urbanos.

En nuestras calles se aprecia la respuesta negativa que tienen los árboles cuando son
mutilados, la que se traduce en la muerte de muchos árboles o en la presencia
desordenada de brotes en sus troncos y copas. Ya se ha abordado la numerosa
cantidad de rebrotes que tienen los árboles que han sido despuntados, pero no se ha
abordado la presencia de brotes desde la base del árbol y desde el tronco, los que se
denominan comúnmente como chupones. Téngase presente que los chupones
aparecen también en árboles adultos que tienen poco riego, es decir, los chupones
son una respuesta de sobrevivencia que el árbol posee cuando se encuentra en
peligro. A continuación algunas fotos que muestran lo señalado.
Comentario final.

El anhelo de una mejor ciudad, donde podamos vivir con agrado y orgullosos de
nuestros barrios, se representa también en la calidad de nuestros árboles urbanos.
Para eliminar las prácticas nocivas que generan árboles urbanos de mala calidad se
requiere cambiar el paradigma agrícola que históricamente sobre ellos se ha
aplicado. Una nueva forma de manejar el arbolado urbano no significa poner un
nuevo nombre a las mismas cosas negativas que se vienen haciendo, muy por el
contrario.

Un mejor arbolado urbano que contribuya a lograr mejores ciudades requiere que se
asuman los conceptos, métodos y técnicas de laArboricultura Urbana y se dejen de
lado las viejas y malas prácticas. Nuevos procesos, mejores especies arbóreas, un
manejo que respete el crecimiento del árbol, nueva planificación, nos permitirán
disponer de mejores barrios, más agradables, con calles por donde sea agradable
transitar, conversar, compartir. Los árboles urbanos pueden generar eso y mucho
más, solo debemos darles una oportunidad.

¿Por qué va a ser tan difícil que esta vez podamos hacer las cosas bien?