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DISCURSO MODELO

¡Quiero que firmes los papeles! Le volvía a decir la esposa muy enfadada, y el
esposo con la voz entrecortada le decía: ¿Cuándo se acabó el amor entre nosotros?
Esta historia se repite con más frecuencia en nuestra sociedad, parecería que desde
el más sencillo hasta el más pomposo matrimonio no tendría otra alternativa que
terminar en una dolorosa ruptura que llevará inevitablemente al DIVORCIO.
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Los divorcios se han incrementado mucho en los últimos años. Esto para los
abogados es una ganancia, pero para las familias es una perdida, ya que se pierde
el amor, el cariño, todo lo que una familia unida puede dar.
El reporte sobre divorcios actualmente en nuestra sociedad es alarmante, de cada
10 matrimonios sobreviven 3, de cada cuatro solamente uno se mantiene estable.
¿Qué está pasando a esta humanidad de frágiles y falsas promesas?
Con el divorcio los hijos son los que salen más afectados, al ver como sus padres
pelean entre ellos para ganar o tener la razón en sus insípidos argumentos y de
paso tener la custodia de los hijos habidos, o ver quién se queda con la casa, los
bienes o el dinero, porque sus única “solución” es el divorcio.
Pero a los hijos no les interesan todas esas cosas, lo que quieren es tener a su
familia reunida compartiendo, dando amor, quieren ver a sus padres felices,
realizados, y sobre todo, gozar del amparo de ambos, y no separados.
Hay excepciones donde el divorcio ocurre por el maltrato a la esposa o viceversa,
en estos casos los hijos deben entender por qué los padres se divorcian, tampoco
queremos ver a nuestra madre o padre sufrir, y algunas personas ponen la excusa
de que “por sus hijos no se divorcian”, pero eso no justifica que sigan con el
sufrimiento o maltrato, porque más daño hace a los hijos ver el sufrimiento de los
padres. Especialmente si es por infidelidad conyugal, como ocurre casi siempre en
estas situaciones.
El divorcio es un veredicto desgraciado para los hijos y nunca es ni será solución a
los males que no saben resolver los padres cobardes e incapaces de arreglar y ser
ejemplos de vida para sus hijos. Es un rotundo fracaso conyugal y familiar.

Finalmente, si luchamos por todas las necesidades y sueños en la vida, ¿por qué
no luchar por lo más sublime y grande que tiene el ser humano sobre la tierra? ¿Por
qué no luchar por la unidad de la familia? ¿Es la solución de valientes optar por el
divorcio o la separación conyugal y familiar? Recuerden: El mandato divino es
“hasta que la muerte los separe”.