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ROGER CHARTIER

Escribir las prácticas


Foucault, de Certeau, Marin

MANANTIAL
INDICE
Traducción: Horado Pons

Diseño de tapa: Estudio R

Hecho el depósito que marca la ley 11.723


Impreso en la Argentina Prólogo . 7

La quimera del origen. Foucault, la Ilustración


© 1996, de la edición en castellano, Ediciones Manantial
y la Revolución Francesa . 13
Avda. de Mayo 1365. 6" piso.
(1085) Buenos Aires, Argentina
Tel: 383-7350/383-6059
Fax: 813-7879 Estrategias y tácticas. De Ccrtcau
y las "artes de hacer" . 55
cultura Libre

ISBN: 987-500-005-1 Poderes y límites de la representación.


Marin el discurso y la imagen .. 73

Derechos reservados
Prohibida su reproducción total o parcial El poder, el sujeto, la verdad.
Foucault lector de Foucault., .. 101

Impreso en noviembre de 1996 en Color Efe,


Paso 192, Avellaneda, Argentina
PROLOGO

Los cuatro ensayos reunidos en este libro quisieran re-


cuperar un género clásico: el del diálogo con los muertos.
Para los historiadores de mi generación, y para muchos
otros, la frecuentación de las obras de Michel Foucault, Mi-
chel de Certeau y Louis Marin fue una fuente de inspira-
ción de las más importantes. Más allá de las diferencias que
las separan o las oponen, esas obras enuncian una pregunta
fundamental: ¿cómo pensar las relaciones que mantienen
las producciones discursivas y las prácticas sociales? Hacer
inteligibles las prácticas que las leyes de formación de los
discursos no gobiernan es una empresa difícil, inestable, si-
tuada "al borde del acantilado", como escribe de Certeau a
propósito de Vigilar y castigar. Siempre la amenaza la ten-
tación de olvidar toda diferencia entre lógicas heterónomas
pero, sin embargo, articuladas: la que organiza la produc-
ción e interpretación de los enunciados, la que rige los ges-
tos y las conductas.
Contra las abruptas formulaciones del linguistic turn,
que considera que no existen más que los juegos del len-
guaje y que no hay realidad fuera de los discursos, la dis-
tinción propuesta y trabajada por Foucault, de Certeau y
8 ESCRIBIR LAS PRACTICAS PROLOGO 9

Marin indica otro camino. Se trata, para ellos, de articular uno mismo) siempre debe transigir con los rechazos, distor-
la construcción discursiva del mundo social con la cons- siones y artimañas de aquellos y aquellas a quienes preten-
trucción social de los discursos. O, dicho de otro modo, de de someter.
inscribir la comprensión de los diversos enunciados que La dinámica que vincula así sujeción forzada e identi-
modelan las realidades dentro de coacciones objetivas que, dad preservada, consentimiento y resistencia, transformó
a la vez, limitan y hacen posible su enunciación. El "orden profundamente la comprensión de las relaciones de poder,
del.discurso", según la expresión de Foucault, está dotado la de las formas de la dominación colonial o la de las rela-
de eficacia: instaura divisiones y dominaciones, es el ins- ciones entre los sexos: También definió una nueva manera
trumento de la violencia simbólica y, por su fuerza, hace de pensar la significación de los discursos, al situarla entre
ser a lo que designa. Pero ese orden no carece de límites ni las diversas estrategias (autorales, editoriales, críticas, es-
de restricciones. Los recursos que los discursos pueden po- colares) que intentan fijar e imponer su sentido, y las apro-
ner en acción, los lugares de su ejercicio, las reglas que los piaciones plurales, móviles, de los lectores que les dan usos
contienen, están histórica y socialmente diferenciados. De y comprensiones que les son propios. Entre las coacciones
allí el acento puesto sobre los sistemas de representaciones, transgredidas y las libertades limitadas, Foucault, de Cer-
las categorías intelectuales, las formas retóricas que, de ma- teau y Marin trazan un camino ampliamente utilizado des-
neras diversas y desiguales, determinan la potencia discur- pués de ellos, en particular por una historia (o una sociolo-
siva de cada comunidad. gía) cultural que, liberada de las definiciones tradicionales
Otra lección dada por los tres autores que hemos reuni- de la historia de las mentalidades, comenzó a prestar aten-
do aquí es la de poner en guardia contra una apreciación ción a las modalidades de apropiación más que a las distri-
demasiado simple de la dominación. Cada uno a su manera buciones estadísticas, a los procesos de construcción del
y con su propio vocabulario, todos subrayan la distancia sentido más que a la desigual circulación de los objetos y
que existe entre los mecanismos que apuntan a controlar y las obras, a la articulación entre prácticas y representacio-
someter y, por otro lado, las resistencias o insumisiones de nes más que al inventario de las herramientas mentales. Sin
aquellos -y aquellas- que son su objetivo. La tensión entre ninguna duda, estos desplazamientos encontraron su funda-
dispositivos de coacción e ilegalismos en Foucault, la opo- mento y su inspiración en la lectura de los autores que
sición entre estrategia y táctica en de Certeau, la distancia acompañaremos en este libro y que obraron como historia-
entre las modalidades del "hacer creer" y las formas de la dores a partir de saberes y cuestiones que superan con mu-
~reencia en Marin son otras tantas figuras de esa distancia. cho los límites clásicos de la disciplina.
Esta debe postularse a fin de indicar que la fuerza de los Los cua~ro ensayos consagrados a ellos son una manera
instrumentos puestos en acción para imponer una discipli- de reconocer la deuda contraída. Siempre me pareció que el
na, un orden o una representación (del poder, del otro o de trabajo de un historiador debía repartirse entre dos exigen-
10 ESCRIBIR LAS PRACTICAS PROLOGO 11

cias. La primera, clásica y esencial, consiste en proponer la avanzar en compañía de pensamientos fuertes, de obras
inteligibilidad más adecuada posible de un objeto, un cor- densas, que son otros tantos apoyos a los cuales recurrir pa-
pus, un problema. Es por eso que la identidad primera de ra trabajar con más justeza. En estos últimos años, tres no-
cada historiador se la da su presencia en un territorio parti- ciones permitieron renovar la reflexión de las ciencias hu-
cular que define su propia competencia. En lo que a mí se manas y sociales: discurso, práctica, representación. Volver
refiere, este dominio de investigación es el de la historia de a la obra de Michel Foucault, Michel de Certeau y Louis
las formas, usos y efectos de la cultura escrita en las socie- Marin es una necesidad, creo, para precisar mejor sus con-
dades de la primera modernidad, entre los siglos XVI y tornos y definir con más agudeza su pertinencia.
XVIII. Pero hay también una segunda exigencia: la que obli- Una última palabra. No es casual que este libro se publi-
ga a la historia a entablar un diálogo con otros cuestiona- que en la Argentina. Los textos que lo componen fueron pre-
mientos -filosóficos, antropológicos, semióticos, etcétera-o sentados allí como conferencias dadas en ocasión de invita-
Sólo a través de estos encuentros puede la disciplina inven- ciones a las universidades de Buenos Aires y Mar del Plata.
tar nuevas preguntas, forjar instrumentos de comprensión Vaya mi recuerdo a aquellas y aquellos que enriquecieron
más rigurosos o participar, con otras, en la definición de es- entonces mis lecturas con sus reflexiones y propuestas.
pacios intelectuales inéditos.
De allí la forma dada a este libro. Éste no procede a la
manera de los que han sido traducidos al español durante
los últimos años y que se consagran a los problemas histó-
ricos específicos planteados por el estudio de los libros, las
lecturas y las prácticas culturales en las sociedades del An-
tiguo Régimen. 1 Al reunir cuatro "lecturas", se propone
ilustrar otra modalidad del trabajo intelectual, la que hace

1. Roger Chartier, Libros, lecturas y lectores en la Edad Mo-


derna, trad. Mauro Armiño, Madrid, Alianza, 1993; El orden de
los libros. Lectores. autores y bibliotecas en Europa entre los si-
glos XVI y xvtu, trad. Viviana Ackerrnan, prólogo de Ricardo Gar-
cía Cárcel, Barcelona, Gedisa, 1994; Espacio público, critica y
desacralizacián en el siglo XVlII. Los orígenes culturales de la Re-
volución Francesa, trad. Beatriz Lonné, Barcelona, Gedisa, 1995; piacián, trad. Paloma Villegas y Ana García Bergua, México,
Sociedad y escritura en la Edad Moderná~ La cultura como apro- Instituto Mora, 1995.
LA QUIMERA DEL ORIGEN.
FOUCAULT, LA ILUSTRACION
y LA REVOLUCION FRANCESA
1. La obra de Foucault no se deja someter fácilmente a
las operaciones que implica el comentario. Un intento de
esta naturaleza supone, en efecto, que se considere cierto
número de textos (libros, artículos, conferencias, entrevis-
tas, etcétera) como formando una "obra", que dicha obra
pueda ser asignada a un autor, cuyo nombre propio ("Fou-
cault") remite a un individuo particular, poseedor de una
biografía singular y que, a partir de la lectura de ese texto
primero (la "obra de Foucault"), sea legítimo producir otro
discurso en forma de comentario. Ahora bien, según Fou-
cault, estas tres operaciones han perdido la evidencia y la
inmediatez que les fueron propias en "la historia tradicional
de las ideas".'

1. Michel Foucault, "Qu'est-ce qu'un auteur?", Bulletin de la


Société francaise de Philosophie, julio-sepl., 1969, págs. 73-104;
publicadonuevamente en Dits et écrits, 1954-1988, ediciónestable-
Una versión inglesa del texto "La quimera del origen. Fou- cida bajo la dirección de DanielDefert y Francois Ewald, con la co-
cault, la Ilustración y la Revolución Francesa" fue publicada en laboración de Jacques Lagrange, París, GaIlimard, 1994,1. I, 1954-
el libro Foucault and the Writing of Hístory, bajo la dirección de 1969, págs. 789-821, y L'ordre du discours. Lecon inaugurale au
Jan Goldstein, Oxford, Basil B1ackweIl, 1'994, págs. 167-186. College de France prononcée le 2 décembre 1970, París, GaIli-
16 ESCRIBIR LAS PRACTICAS LA QUIMERA DEL ORIGEN 17

Foucault las despojó, en primer término, de su supuesta tiva y coercitiva" que apunta a controlar los discursos clasi-
universalidad, restituyéndoles su variabilidad. De este mo- ficándolos, ordenándolos y distribuyéndolos.
do, precisando las condiciones históricas específicas (jurí- El desafío primero y temible que Foucault lanza a sus
dicas y políticas) que hacen que el nombre propio emerja lectores reside en lo siguiente: hacer vacilar, fisurar lo que
como categoría fundamental de clasificación de las obras funda, en la configuración de saber que es la nuestra, la in-
-lo que llama la "función-autor"-, invita a interrogarse teligibilidad y la interpretación de toda obra (incluyendo la
acerca de las razones y los efectos de tal operación: garan- suya). De esta manera, se crea una tensión vertiginosa y úni-
tizar la unidad de una obra remitiéndola a un único foco de ca, en la que toda lectura de un texto de Foucault es siempre
expresión; resolver las posibles contradicciones entre los y, al mismo tiempo, necesariamente, cuestionamiento de los
textos de un mismo "autor", explicados por los desarrollos conceptos habituales ("autor", "obra", "comentario") que
de una trayectoria biográfica; establecer gracias a la media- gobiernan en nuestra sociedad la relación con los textos. En
ción del individuo inscrito en su época, una relación entre una observación de El orden del discurso en la que, quizá,
la obra y el mundo social. confiesa algo de sí mismo, Foucault no exime al autor de la
Por otra parte, todas las operaciones que designan y asig- sumisión a las categorías que caracterizan, en un momento
nan las obras deben ser consideradas siempre como opera- histórico particular, el régimen de producción de los discur-
ciones de selección y de exclusión. "Entre los millones de sos: "Pienso que -al menos a partir de cierta época- el indi-
huellas dejadas por alguien tras su muerte, ¿cómo se puede viduo que se pone a escribir un texto, en cuyo horizonte
definir una obra?". Responder la pregunta requiere una deci- ronda una obra posible, retoma por su propia cuenta la fun-
sión de separación que distingue (de acuerdo con criterios ción del autor: lo que escribe y lo que no escribe, lo que tra-
que carecen tanto de estabilidad como de generalidad) los za, incluso a título de borrador provisorio, como esbozo de
textos que constituyen la "obra" y aquellos que forman parte la obra, y lo que deja caer como comentarios cotidianos, to-
de una escritura o una palabra "sin cualidades" y que, por do ese juego de diferencias está prescrito por la función au-
ende, no han de ser asignados a la "función autor". tor, tal como la recibe de su época o tal como a su vez la
Por último, para Foucault, estas diferentes operaciones modifica. Aunque pueda transformar la imagen tradicional
-delimitar una obra, atribuirla a un autor, producir su co- que se tiene del autor es, sin embargo, a partir de una nueva
mentario- no son operaciones neutras. Ellas están orienta- posición del autor que delimitará, en todo lo que habrá podi-
das por una misma función, definida como "función restric- do decir, en todo lo que dice todos los días, en todo instante,
el perfil aún tembloroso de su obra't.? La incorporación por

rnard, 1971 [Trad. casI. El orden del discurso, Barcelona, Tusquets.


1987.J. 2. Miehel Foueault, L'ordre du discours, ob. cit., pág. 31.
18 ESCRIBIR LAS PRACTICAS LA QUIMERA DEL ORIGEN 19

el autor de las categorías que dan cuenta de las obras en el regulares y discontinuas de acontecimientos", y que "per-
orden común de los discursos es lo que hace posible la arti- mita introducir en la raíz misma del pensamiento, el azar,
cuación entre la escritura, entendida como una práctica li- lo discontinuo y la materialidad". ¿Hay que oponer Fou-
bre, profusa, aleatoria, y los procedimientos que apuntan a cault a Foucault e inscribir su trabajo en las mismas catego-
controlar, organizar y seleccionar los discursos. No obstan- rías que él consideraba como impotentes para dar cuenta
te, la aceptación común por parte del comentador y del autor adecuadamente de los discursos? ¿O bien hay que someter
de las convenciones que rigen el modo de asignación y de su obra a los procedimientos del análisis crítico y genealó-
clasificación de las obras no debe, empero, hacer que se las gico que ella propuso y, al mismo tiempo, anular lo que
considere como neutras y universales. permite delimitar su unicidad y su singularidad? Foucault,
Foucault agrega a este primer desafío un segundo. Todo no cabe duda, estaba encantado de haber fabricado así esa
su proyecto de análisis crítico e histórico de los discursos "pequeña (y quizás odiosa) maquinaria" que insinúa la in-
está fundado, en efecto, sobre una recusación explícita de quietud en el seno mismo del comentario que pretende de-
los conceptos clásicamente manejados por la "historia tradi- cir el sentido o la verdad de la obra. En esta buena jugarre-
cional de las ideas", que sigue siendo el recurso más inme- ta a todos aquellos -que fueron y serán numerosos- que se
diatamente disponible para comprender y hacer comprender esfuerzan en leerlo, ¿cómo no escuchar, metálica y fulgu-
un texto, una obra, un autor. El postulado de la unidad y de rante, la risa de Michel Foucault?"
la coherencia de la obra, la puesta en evidencia de la origi-
nalidad creadora, la inscripción de la significación en el dis- 2. Para el historiador que quiere hacer inteligibles los orí-
curso son las categorías contra las que debe constituirse otra genes de la Revolución Francesa (o de cualquier otro fenó-
forma de interpretación, atenta, por el contrario, a las dis- meno), esta risa resuena de manera particularmente mordaz.
continuidades y a las regularidades que constriñen la pro- En uno de los pocos textos consagrados explícitamente a lo
ducción de los discursos. Comprender un conjunto de enun- que fue, sin duda, para él la referencia filosófica fundamen-
ciados supone, por ende, para Foucault, recurrir a principios
de inteligibilidad que recusan las viejas nociones -apenas
retocadas en los últimos tiempos- de la historia de las ideas.
De ello surge una cuestión difícil: cuáles son las condi- 3. Michel de Certeau, "Le rire de Michel Foucault", Revue de
la Bibliotheque Nationale, N" 14, ]984, págs. 10-]6, publicado
ciones que hacen posible producir una lectura "foucaultia-
nuevamente con modificaciones en Michel de Certeau, Hístoíre el
na" de Foucault, o sea leer sus obras, su "obra", a partir de psychanalyse entre science el fiction, presentación de Luce Giard,
esa "ligera desviación" -como él escribe irónicamente- que París, Gallimard, 1987, págs. 51-64. [Trad. cast. Historia y psi-
"consiste en tratar, no las representaciones que se pueden coanálisis entre ciencia y ficción, México, Universidad Iberoame-
encontrar tras los discursos, sino los discursos como series ricana, 1995.]
20 ESCRIBIR LAS PRACTICAS
LA QUIMERA DEL ORIGEN 21

tal -a saber, la obra de Nietzsche-, Foucault lleva a cabo una ción del acontecimiento y la necesidad continua. Hay toda
crítica devastadora de la noción misma de origen tal como una tradición de la historia (teológica o racionalista) que
los historiadores están acostumbrados a manejarla." Dado tiende a disolver el acontecimiento singular en una conti-
que ella justifica una búsqueda sin fin de los comienzos y da- nuidad ideal -movimiento teleológico o encadenamiento
do que anula la originalidad del acontecimiento, al que supo- natural-. La historia 'efectiva' hace resurgir el aconteci-
ne ya presente incluso antes de su advenimiento, la categoría miento en lo que tiene de único y de agudo".
enmascara, al mismo tiempo, la discontinuidad radical de los Con una radicalidad permitida por la forma, la de un
surgimientos, de las "emergencias", irreductibles a toda pre- "comentario" de los textos de Nietzsche, Foucault da una
figuración, y las discordancias que separan las diferentes se- definición cabalmente paradójica del acontecimiento, que
ries de discursos o de prácticas. La historia, cuando sucumbe sitúa lo aleatorio, no en los accidentes del curso de la histo-
a la "quimera del origen", arrastra, sin tener a menudo clara ria o en las elecciones de los individuos, sino en aquello
conciencia de ello, varias presuposiciones: que cada mo- que para los historiadores parece lo más determinado y me-
mento histórico es una totalidad homogénea, dotada de una nos azaroso, a saber, las transformaciones de las relaciones
significación ideal y única presente en cada una de las mani- de dominación. "Acontecimiento -hay que entenderlo no
festaciones que lo expresa; que el devenir histórico está orga- como una decisión, un tratado, un reinado o una batalla, si-
nizado como una continuidad necesaria; que los hechos se no como una relación de fuerzas que se invierte, un poder
encadenan y engendran en un flujo ininterrumpido que per- confiscado, un vocabulario retomado y vuelto contra sus
mite decidir que uno es "causa" u "origen" del otro. usuarios, una dominación que se debilita, se distiende, se
Para Foucault, la "genealogía" debe desprenderse justa- envenena a sí misma, y otra que entra, enmascarada-o Las
mente de esas nociones clásicas (totalidad, continuidad, fuerzas en juego en la historia no obedecen ni a una desti-
causalidad) si quiere comprender adecuadamente las ruptu- nación ni a una mecánica, sino efectivamente al azar de la
ras y los desfasajes El primero de los "rasgos propios del lucha (el subrayado es nuestro l. Ellas no se manifiestan co-
sentido histórico, tal como lo entiende Nietzsche, y que se mo las formas sucesivas de una intención primordial; tam-
opone a la historia tradicional la Wirkliche Historie" es per- poco asumen el aspecto de un resultado. Aparecen siempre
mutar "la relación establecida de ordinario entre la irrup- en lo aleatorio singular del acontecimiento [ídem]."
La proliferación de los hechos, la multiplicidad de las
intenciones, el desorden de las acciones no pueden ser refe-
ridas, por tanto, a ningún sistema de determinismo capaz de
4. Michel Foucault, "Nietzsche, la généalogie, I'histoire", darles una interpretación racional; vale decir, de enunciar
Hommage a lean Hyppolite, París, Presses Universitaires de Fran- su significación y sus causas. Tan sólo aceptando este re-
ce, 1971, págs. J 45- J 72; publicado nuevaIVente en Dits et écrits,
ob. cit., t.Il, 1970-1975, págs. 136-156 (citas, págs. 146-1'49). nunciamiento "el sentido histórico se liberará de la historia
22 ESCRIBIR LAS PRACTICAS LA QUIMERA DEL ORIGEN 23

suprahistórica". Para el historiador clásico el precio a pagar la conciencia humana el sujeto originario de todo saber y
no es poco, pues es el del abandono de toda pretensión a lo de toda práctica, son las dos caras de un mismo sistema de
universal, un universal considerado como la condición de pensamiento. El tiempo es concebido en él en términos
posibilidad y el objeto mismo de la comprensión histórica: de totalización y la revolución nunca es más que una toma
"La historia 'efectiva' se distingue de la de los historiado- de conciencia". 5
res en el hecho de que ella no se apoya en ninguna constan- A ese "sistema de pensamiento", Foucault opone la his-
cia: nada en el hombre -ni siquiera su cuerpo- es suficien- toria que designa como "la historia, tal como es practicada
temente fijo como para comprender a los otros hombres y hoy" -entendamos la de las coyunturas económicas, los
reconocerse en ellos. Todo aquello en lo que uno se apoya movimientos demográficos, las mutaciones sociales, que
para volverse hacia la historia y caplarla en su totalidad, domina el decenio de los años '60, en la doble referencia a
todo lo que permite describirla como un paciente movi- los modelos de Braudel y Labrousse-. Esta historia consi-
miento continuo, es todo aquello que se trata de quebrar dera series múltiples y articuladas, gobernada cada una de
sislemáticamente. Ha de hacerse pedazos todo lo que per- ellas por un principio de regularidad específico, remitida
mitía el juego consolador de los reconocimientos". cada una de ellas a sus propias condiciones de posibilidad.
Contrariamente a lo que los historiadores piensan que ha-
3. Sobre las ruinas de esta "historia que ya no se hace cen (o dicen que hacen), un enfoque tal no significa de
más" (o que no debería hacerse más), ¿qué construir? En manera alguna una relegación del acontecimiento, así co-
varios textos publicados entre 1968 y 1970, en un momen- mo la preferencia otorgada a la larga duración no implica
to de vuelco de su trayectoria intelectual, Foucault multi- la identificación de estructuras inmóviles. Muy por el con-
plica las referencias a la práctica de los historiadores, cuya trario, a través de la construcción de series homogéneas y
característica esencial ("un cierto uso de la discontinuidad distintas pueden ser localizadas las discontinuidades y si-
para el análisis de las series temporales") puede fijar inte- tuados los surgimientos. A distancia tanto de la "historia
lectualmente y legitimar estratégicamente su propio pro- filosófica" como del análisis estructural, la historia que
yecto de descripción crítica y genealógica de los discursos. trata serialmente los archivos masivos (en El orden del
En el "trabajo real de los historiadores" lo esencial reside,
no en la invención de nuevos objetos, sino "en la puesta en
juego sistemática de lo discontinuo" que rompe fundamen-
5. Michel Foucault, "Sur l'archéologie des sciences. Réponse
talmente con la historia imaginada o sacralizada por la fi-
au Cercle d'épistémologie", Cahiers pour l'Analyse, 9, "Généalo-
losofía -una historia que es relato de las continuidades y gie des sciences", verano de 1968, págs. 9-40; publicado nueva-
afirmación de la soberanía de la conciencia: "Querer hacer menteen Díts el écrits, ob. cit., t. 1, 1954-1969, págs. 696-731 (CI-
del análisis histórico el discurso de ro continuo y hacer de ta, págs. 699-700).
24 ESCRIBIR LAS PRACTICAS LA QUIMERA DEL ORIGEN 25

discurso, FoucaulI menciona las listas de precios, las actas das a ellos: regularidad, azar, discontinuidad, dependencia,
notariales, los registros parroquiales, los archivos portua- transformación". FoucaulI concluye: "Ese análisis de los
rios) no es ni el relato continuo de una historia ideal ni la discursos en el que pienso no se articula de ningún modo
manera hegeliana o marxista ni una descripción estructural con la temática tradicional que los filósofos de ayer consi-
sin acontecimientos: "Ciertamente, la historia desde hace deran aún como la historia 'viviente', sino con el trabajo
mucho tiempo ya no busca comprender los aconteci- efectivo de los historiadores"."
mientos por un juego de causas y de efectos en la unidad
informe del gran devenir, vagamente homogéneo o estric- 4. A menudo, Foucault opuso, término a término, el
tamente jerarquizado; pero no intenta volver a encontrar análisis que apunta a delimitar las "formaciones discursi-
estructuras anteriores y extranjeras, hostiles al aconteci- vas" y la historia de la ideas "ese viejo suelo gastado hasta
miento. Busca establecer las series diversas, entrecruzadas, la miseria"." Contra los criterios tradicionales de clasifica-
divergentes a menudo, pero no autónomas, que permiten ción e identificación de los discursos (el "autor", el "tex-
circunscribir el 'lugar' del acontecimiento, sus márgenes to", la "obra", la "disciplina"), la descripción arqueológica
de azar, las condiciones de su aparición"." Una articula- retiene otros criterios de delimitación, menos visibles de
ción es pensable, entonces, entre la singularidad aleatoria manera inmediata: "Cuando en un grupo de enunciados, se
de las emergencias, tal como la designa la "historia efecti- puede delimitar y describir un referencial, un tipo de des fa-
va" y las regularidades que gobiernan las series tempora- saje enunciativo, una red teórica, un campo de posibili-
les, discursivas o no, que son el objeto mismo del trabajo dades estratégicas, entonces se puede estar seguro de que
empírico de los historiadores. pertenecen a lo que podría llamarse una formación discur-
De ahí, la doble constatación -paradójica respecto de la siva"." Ha de prestarse atención a las distancias que propo-
caracterización ingenuamente anti-acontecimiento de la nen estas nociones respecto de aquellas, aparentemente
historia de los Annales- que asocia la serie y el aconteci- cercanas o idénticas, que parecen aptas para individualizar
miento y que separa a este último de toda referencia a una conjuntos de enunciados. El referencial de una serie de dis-
filosofía del sujeto: "Las nociones fundamentales que se
imponen ahora ya no son las de la conciencia y la continui-
dad (con sus problemas correlativos: la libertad y la causa-
lidad), tampoco son ya las del signo y la estructura. Son las 7. lbíd., pág. 59.
del acontecimiento y la serie, con el juego de nociones liga- 8. Michel Foucault, L'archéologie du savoír, París, Gallimard,
1969, pág. 179. [Trad. cast. La arqueología del saber, México,
Siglo XXI, 1972.]
9. Michel Foucault, "Sur l'archéologie des sciences. Réponse
6. Michel Foucault, L'ordre du díscoitrs, ob. cit., pág. 58. au Cercle d'épistémologie", art. cit., pág. 719.
26 ESCRIBIR LAS PRACTICAS LA QUIMERA DEL ORIGEN 27

cursos no es el "objeto" estable, único y exterior al que su- gico: "La emergencia de todo un conjunto de objetos, muy
puestamente ella apunta: lo que lo define son las reglas de complicada y compleja" en Historia de la locura (1961),
formación y transformación de los objetos móviles y múlti- las formas de enunciación del discurso en El nacimiento
ples que esos discursos construyen y plantean como sus re- de la clínica (1963), "las redes de los conceptos y sus re-
ferentes. El desfasaje enunciativo designa, no una forma glas de formación" en Las palabras y las cosas (1966).10
única y codificada de enunciación, considerada como pro- No cabe duda de que mediante esta lectura Foucault desig-
pia de un conjunto de discursos, sino un "régimen de enun- na su propio trabajo con ayuda de criterios (unidad, cohe-
ciación" que despliega enunciados dispersos y heterogé- rencia, significación) que pertenecen mucho más a la his-
neos, relacionados por una misma práctica discursiva. La toria de las ideas que a la arqueología que propone. No por
red teórica juega de igual manera en el nivel conceptual, ello deja de designar una distancia fundamental con los ca-
apuntando a las reglas de formación de las nociones -in- minos de la tradición al considerar a los discursos como
cluidas en sus posibles contradicciones-, y no a la presen- prácticas que obedecen a reglas de formación y de funcio-
cia de un sistema de conceptos permanentes y coherentes. namiento.
Por último, el campo de posibilidades estratégicas recusa De aquí en más surge la necesidad de pensar cómo las
toda individualización de los discursos llevada a cabo a prácticas discursivas están articuladas con otras, cuya natu-
partir de la identidad de su temática o de sus opiniones; raleza es diferente. Este tema, que se volverá central en el
busca designar la similitud de elecciones teóricas que pue- trabajo de Foucault a partir de Vigilar y castigar, es esbo-
de implicar perfectamente opiniones contrarias o bien, por zado varias veces en La arqueología del saber. Contra las
el contrario, diferencias de elecciones teóricas compatibles causalidades directas y reductoras, pero asimismo contra el
con una temática común. postulado de "una independencia soberana y solitaria del
Dos razones llevan a recordar estas cuatro nociones, discurso", "la arqueología hace aparecer relaciones entre
consideradas como fundantes de la descripción arqueológi- las formaciones discursivas y los dominios no discursivos
ca de los discursos en los textos de 1968 y 1969, aun cuan- (instituciones, acontecimientos políticos, prácticas y proce-
do ya no figuren explícitamente ni en El orden del discur- sos económicos). Estos acercamientos no tienen como fin
so ni en las obras posteriores. En efecto, a partir de estas revelar grandes continuidades culturales o aislar mecanis-
diferentes modalidades de análisis, Foucault, en el momen- mos de causalidad. Ante un conjunto de hechos enunciati-
to de inaugurar un nuevo estilo de trabajo, brinda a la obra vos, la arqueología no se pregunta qué pudo motivarlo (ésta
ya realizada una coherencia retrospectiva. Cada uno de los es la búsqueda de contextos de formulación); tampoco bus-
libros previamente publicados es caracterizado como la ex-
ploración, a través del estudio de una formación discursiva
particular, de un problema específico del análisis arqueoló- 10. Michel Foucault, L'archéologie du savoir, ob. cit., pág. 86.
28 ESCRIBIR LAS PRACTICAS LA QUIMERA DEL ORIGEN 29

ca encontrar qué se expresa en ellos (tarea de una herme- VOS"12 anulan -de manera errada, a mi entender-la diferen-
néutica); sino que intenta determinar cómo las reglas de cia radical que separa "la formalidad de las prácticas" (para
formación de las que depende -y que caracterizan la positi- retomar una categoría de Michel de Certeau) y las reglas
vidad a la que pertenecen- pueden estar vinculadas a siste- que organizan la producción de los discursos.
mas no discursivos: busca definir esas formas específicas Mantener la irreductibilidad de esa distancia conduce a
de articulación" .Ji cuestionar las dos ideas siguientes, recurrentes en toda his-
En la reflexión abierta sobre la Revolución Francesa y toria estrictamente política de la Revolución: que es posible
sus orígenes, este programa tiene una particular pertinencia. deducir las prácticas de los discursos que las fundan y las
Por un lado, mantiene la exterioridad y la especificidad de justifican; que es posible traducir en términos de una ideo-
las prácticas "que no son ellas mismas de naturaleza discur- logía explícita la función latente de los funcionamientos so-
siva" respecto de los discursos que, de múltiples maneras, se ciales. La primera operaciún, clásica en toda la literatura
articulan con ellas. Reconocer que el acceso a esas prácticas consagrada a los lazos entre la Ilustración y la Revolución,
sin discurso sólo es posible gracias al desciframiento de los remite los gestos de ruptura respecto de las autoridades es-
textos que las describen, prescriben, proscriben, etcétera, no tablecidas a la difusión de las ideas "filosóficas", suponien-
implica empero identificar la lógica que las gobierna o la do así un engendramiento directo, automático, transparente
"racionalidad" que les da forma con las que gobiernan la de las acciones por los pensamientos. De la segunda resulta
producción de los discursos. La práctica discursiva es pues el diagnóstico que califica de jacobina la sociabilidad de las
una práctica específica C'extraña" escribe Foucault en algún asociaciones voluntarias (clubes, sociedades literarias, lo-
lado), que no reduce todos los otros "regímenes de práctica" gias masónicas) que proliferan en el siglo XVIII o bien el
a sus estrategias, sus regularidades y sus razones. En este que caracteriza como la expresión de una ideología terroris-
sentido, las posiciones actuales que asimilan las relaciones ta implícita la práctica política de los primeros meses de la
sociales a prácticas discursivas considerando, por ejemplo, Revolución.
que "las exigencias de delimitar el campo del discurso res- Contra estas dos operaciones -de deducción y de traduc-
pecto de realidades sociales no discursivas que yacen tras él, ción- debe y puede ser propuesta una articulación diferente
apuntan invariablemente a un dominio de acción también de los conjuntos de los discursos y de los regímenes de las
constituido discursivamente. Distinguen en efecto entre prácticas. Entre ambos no hay ni continuidad ni necesidad.
diferentes prácticas discursivas -diferentes juegos de len-
guaje- más que entre fenómenos discursivos y no discursi-
12. Keith Michael Baker, Inventing the French Revolution. Es-
says on French Political Culture in the Eighteenth Century, Cam-
11. ¡bid., pág. 212. bridge, Cambridge University Press, 1990, pág. 5.
LA QUIMERA DEL ORIGEN 31
30 ESCRIBIR LAS PRACTICAS

Si están articulados no es según el modo de la causalidad o XVIllfrancés (más vigorosas de lo que se piensa) que lo
de la equivalencia, sino a partir de la distancia existente en- comprenden a partir de su culminación obligada -la Revo-
tre la "especificidad singular de las prácticas discursivas" y lución- y que sólo retienen lo que conduce a ese fin consi-
todas las demás. Es así como se articulan, en el siglo XVIll, derado como necesario -la Filosofía.
los discursos (por lo demás, competitivos) que representan-
do al mundo social, proponen su refundación y las prácticas 5. Establecer firmemente la distinción entre las prácticas
(por lo demás, múltiples) que inventan en su efectuación discursivas y las prácticas no discursivas no implica consi-
derar, empero, que sólo estas últimas pertenecen a la "rea-
misma, nuevas divisiones. .
Una perspectiva como ésta puede llevar a desplazar la lidad" o a lo "social". Contra quienes (especialmente histo-
caracterización de la Ilustración. Contra la definición clási- riadores) se hacen una "idea muy estrecha de lo real",
ca que la considera como un corpus de enunciados explíci- Foucault afirma: "Hay que desmitificar la instancia global
tos, como un conjunto de ideas claras y distintas, ¿no cabe de lo real como totalidad que ha de ser restituida. No existe
acaso considerarla como un conjunto de prácticas múltiples 'lo' real que sería alcanzado a condición de hablar de todo
y enmarañadas que guía la preocupación por la utilidad co- o de ciertas cosas más 'reales' que otras, y que se perdería
mún, cuya mira es una gestión nueva de los espacios y las en beneficio de abstracciones inconsistentes, por limitarse a
poblaciones y cuyos dispositivos (intelectuales, institucio- hacer surgir otros elementos y otras relaciones. Habría que
nales, sociales, etcétera) imponen una reorganización com- interrogar también quizás el principio, a menudo admitido
pleta de los sistemas de percepción y ordenamiento del implícitamente, que la única realidad a la que debería aspi-
mundo social? La constatación conduce a reevaluar profun- rar la historia es la sociedad misma. Un tipo de racionali-
damente la relación entra la Ilustración y la monarquía, dad, una manera de pensar, un programa, una técnica, un
pues ésta, blanco por excelencia de los discursos fIlosófi- .conjunto de esfuerzos racionales y coordinados, objetivos
cos, es sin duda la más vigorosa instauradora de prácticas definidos y buscados, instrumentos para alcanzarlo, etcéte-
reformadoras -algo que Tocqueville señaló claramente en ra, todo eso es real, aun cuando eso no pretenda ser' la rea-
el capítulo 6 de El Antiguo Régimen y la Revolución, al que rlidad' misma ni la sociedad toda"I3
titula "De algunas prácticas [el subrayado es nuestro] con
cuya ayuda el gobierno llevó a cabo la educación revolu-
cionaria del pueblo". Pensar la Revolución corno un entra- 13. Michel Foucault, "La poussiere et le nuage", en L'ímpossi-
mado de prácticas sin discurso (o fuera del discurso), irre- ble príson. Recherches sur le systéme pénitentiaire au XIXe siecle,
ductibles en todos los caSOS a las afirmaciones ideológicas reunido por Miche!e Perrot, París, Seuil, 1980, págs. 29-39; publi-
que entienden fundarla en su verdad, es quizás el medio cado nuevamente en Dits el ecrits. ob. cit., L IV, 1980-1988, págs.
más seguro para evitar las lecturas 'eleológicas del siglo 10-19 (cita, pág. 15).
32 ESCRIBIR LAS PRACTICAS LA QUIMERA DEL ORIGEN 33

Se anula de esta manera la división, considerada largo sivas características de las sociedades contemporáneas ("A
tiempo como fundadora de la práctica historiadora, entre, qué lector podría sorprender al afirmar que el análisis de la
por un lado, lo vivido, las instituciones, las relaciones de prácticas represivas disciplinarias en el siglo XVIII no es una
dominación y, por otro, los textos, las representaciones, las manera de responsabilizar a Beccaria del Goulag ... ").'6 Es-
construcciones intelectuales. Lo real no pesa más de un la- tablecer este lazo sería engañarse doblemente: constituyen-
do que del otro: todos estos elementos constituyen "frag- do a la ideología como instancia determinante del funciona-
mentos de realidad", cuyo ordenamiento ha de compren- miento social, mientras que todo régimen de prácticas está
derse y, de esta manera, "ver el juego y el desarrollo de dotado de una regularidad, de una lógica y de una razón
realidades diversas que se articulan entre sí: un programa, propias, irreductibles a los discursos que lo justifican; remi-
el lazo que lo explica, la ley que le brinda su valor coerciti- tiendo a una realidad referencial, originaria, dada de una vez
vo, etcétera, son realidades (aunque de otro modo) al igual para siempre como "la" racionalidad, las figuras móviles y
que las instituciones que le dan cuerpo o los comportamien- problemáticas de la divisoria entre lo verdadero y lo falso.
tos que se le agregan más o menos fielmente". 14 Imprudente, quizá, diez años antes del Bicentenario, Fou-
cault escribía: "Con respecto a la Aufkliirung, no conozco a
6. "¿Qué sucede en las sociedades occidentales moder- nadie, entre quienes realizan análisis históricos, que vea en
nas con ese real que es la racionalidadv'"" A partir de esta ella el factor responsable del totalitarismo. Pienso, por otra
pregunta hay que comprender porque Foucault otorga una parte, que esta manera de plantear el problema carecería de
importancia central a la Ilustración, porque, asimismo, este interés"."? Esta advertencia es otra manera de subrayar el
análisis histórico de la formación y de las funciones de la ra- error reductor de todo análisis de la Revolución que, por un
cionalidad no' es una denuncia de la razón. Reconocer la juego de encajes retrospectivos, inscribe a 1793 en 1789, al
contradicción entre la filosofía emancipadora de la Ilustra- jacobinismo en las decisiones de la Constituyente, a la vio-
ción y los dispositivos que, apoyándose en ella, multiplican lencia terrorista en la teoría de la voluntad general.
las constricciones y los controles, no es denunciar la ideolo-
gía racionalista como siendo la matriz de la prácticas repre- 7. De Historia de la locura a Vigilar y castigar, la Revo-
lución está presente en todos los libros más importantes de

14. "Table ronde du 20 mai 1978", en L'impossible prison,


ob. cit., pág. 40-56: publicado nuevamente en Díts et écrits, 1. IV, 16. Ídem.
1980-1988, págs. 20-34 (cita, pág. 28). 17. "Postface", en L 'impossible prtson, ob. cit., págs. 316-318;
15. Michel Foucault, "La poussiere et le nuage", arto cit., publicado nuevamente en Dits el écrits, ob. cit., págs. 35-37 (cita,
pág. 16. pág. 36)
ESCRIBIR LAS PRACTICAS LA QUIMERA DEL ORIGEN 35
34

Foucault, Pero no es considerada en ninguno de ellos como Contra la certeza de un advenimiento radical, de una
el tiempo de una ruptura global y total, que habría reorgani- inauguración absoluta, que habita las palabras y las decisio-
zado el conjunto de los saberes, de los discursos y de las nes de los actores del acontecimiento, la insistencia otor-
prácticas. Lo esencial se sitúa allende, en los desfasajes que gada a las discordancias que separan las diferentes series
atraviesan la Revolución y en las continuidades que la ins- discursivas (que son inventadas o transformadas por la Re-
criben en duraciones que la superan. La arqueología del sa- volución o que, por el contrario, no se ven afectadas por
ber, al establecer un balance del análisis de las formaciones ella de manera alguna), recuerda enérgicamente que la par-
discursivas identificadas en Historia de la locura, El naci- te refleja y voluntaria de la acción humana no libra necesa-
miento de la clínica y Las palabras y las cosas, hace recaer riamente la significación de los procesos históricos. Toc-
el acento sobre los primeros: "La idea de un mismo y único queville y Cochin, los dos autores reivindicados con mayor
corte que divide, de una vez y en un momento, todas las for- frecuencia por los historiadores que defienden más fuerte-
maciones discursivas, interrumpiéndolas en un único movi- mente el retorno de la primacía de lo político, de la idea y
miento y reconstituyéndolas según la misma regla, esta idea de la conciencia, lo han demostrado de hecho, subrayando
no puede ser mantenida. [... ] De este modo, la Revolución que los hombres de la Revolución hacen, en realidad, lo
Francesa -pues a su alrededor se han centrado hasta enton- contrario de lo que dicen y piensan hacer. Mientras que los
ces todo los análisis arqueológicos- no desempeña el papel revolucionarios proclaman una ruptura absoluta con el
de un acontecimiento exterior a los discursos, cuyo efecto de Antiguo Régimen, de hecho, fortificarían y culminarían su
división habría que volver a encontrar en todos los discur- obra centralizadora. Mientras que las elites ilustradas pre-
sos, a fin de pensar adecuadamente; ella funciona como un tenden contribuir al bien común en el seno de sociedades
conjunto complejo, articulado, descriptible, de transforma- de pensamiento pacíficas y leales a su rey, inventarían los
ciones que dejaron intactos cierto número de positividades, mecanismos de la democracia terrorista jacobina.
que fijaron para un cierto número de otras reglas que aún Lo que está en causa no es la exactitud de ambos análi-
son las nuestras, que establecieron igualmente positividades sis, sino su rechazo a pensar la Revolución en las categorías
que acaban de deshacerse o se deshacen todavía ante nues- que ella misma se dio -comenzando por la proclama de una
tros ojos"." "A los amigos de la Weltanschauung les toca discontinuidad radical entre la nueva era política y la anti-
decepcionarse" por esta constatación que impide toda posi- gua sociedad-o La inteligibilidad del acontecimiento supo-
bilidad de totalización no contradictoria del acontecimiento. ne, en cambio, una distancia respecto de la conciencia que
de él tenían sus actores. Que los revolucionarios hayan creí-
do en la absoluta eficacia de lo político, investido de la do-
ble tarea de reorganizar el cuerpo social y de regenerar al
18. Michel Foucault, L'archéologie du savoír, ob. cit., pág.
228 Y pág. 231. individuo, no obliga a compartir sus ilusiones. Que la Revo-
36 ESCRIBIR LAS PRACTICAS LA QUIMERA DEL ORIGEN 37

lución pueda caracterizarse ante todo como "un fenómeno es, al mismo tiempo, heredera y ejemplo, ha de ser situada,
político, una profunda transformación del discurso político en efecto, entre la edad clásica y mediados del siglo XIX.
que entrañaba poderosas nuevas formas de simbolización El análisis se despliega articulando diversas temporali-
política, elaboradas en la experiencia de modos radicalmen- dades: el vuelco de los siglos XVlII Y XIX para el paso a una
te nuevos de acción política, sin precedentes y no anticipa- penalidad de la detención; los decenios 1760-1840 para la
d os,
"19 no lmp
. Iiica que la histori
istoria del acontecimiento se es- regresión de los suplicios y la transformación de la econo-
criba en la lengua que es la suya. mía de la ilegalidad; el período que va de la segunda mitad
En Vigilar y castigar, y los textos que preparan o rodean del siglo XV!! hasta el siglo XIX para la puesta a punto de las
el libro, la Revolución está como si fuera cabalgada por el técnicas de vigilancia en las instituciones militares, médi-
análisis. Su recorte cronológico y su acontecer político no cas, escolares, y manufactureras. Asigna a la "coyuntura"
son considerados, de modo alguno, como pertinentes para del siglo XVlII ese hecho fundamental que es la generaliza-
resolver el problema planteado: a saber, "¿cómo el modelo ción de las disciplinas, gobernada por la multiplicación de
coercitivo, corporal, solitario, secreto del poder de castigar los hombres, el crecimiento de los aparatos de producción
se sustituyó al modelo representativo, escénico significante, (que no son sólo económicos) y la dominación burguesa.
público, colectivo? ¿Por qué el ejercicio físico del castigo Para Foucault, en efecto, las disciplinas y las libertades,
(que no es el suplicio) fue sustituido, junto con la prisión, "los panoptismos cotidianos" y las normas jurídicas son los
que es su soporte institucional, al juego social de los signos mecanismos indisociables que aseguraron y perpetuaron
del castigo y a la fiesta locuaz que los hacía circularv'<" una nueva hegemonía, socialmente designada: "Histórica-
Comprender por qué el encarcelamiento es colocado en el mente, el proceso por el cual la burguesía devino en el cur-
centro del sistema punitivo moderno -ésta es la pregunta de so del siglo XVIII la clase políticamente dominante encontró
Vigilar y castigar- conduce a determinar un dominio de ob- abrigo tras ja instalación de un marco jurídico explícito, co-
jetos específicos y a construir una temporalidad propia que dificado, formalmente igualitario, y a través de la organiza-
no debe nada a las periodizaciones clásicas. La formación ción de un régimen de tipo parlamentario y representativo.
de la "sociedad disciplinaria", que inventa las tecnologías de Sin embargo, el desarrollo y la generalización de los dispo-
sujeción y los dispositivos de vigilancia de los que la prisión sitivos disciplinarios constituyeron la otra vertiente, oscura,
de este proceso. (... ] Las disciplinas corporales y reales
19. Keith Michael Baker, lnventing the French Revolution, ob.
constituyeron el subsuelo de las libertades formales y jurí-
cit., pág. 7. dicas"." El diagnóstico (retomado por Foucault en la entre-
20. Michel Foucault, Surveiller el punir. Naíssance de la pri-
son, París, Gallimard, 1975, pág. 134. [Trad. cast. Vigilar y casti-
gar. Nacimiento de la prisión, México, Siglo XXI, 1976.] 21. [bíd., págs. 223-224.
38 ESCRIBIR LAS PRACTICAS
LA QUIMERA DEL ORIGEN 39

vista que precede la traducción francesa del Panóptico, de


Benthamj-? sorprende hoy por lo que toma del marxismo (o epifenómenos) de un proceso más total, el de la defini-
más rudimentario: el concepto unificado de burguesía, la ción de una sociedad de hombres independiente, es decir,
categoría de libertades formales, el modelo de un desarrollo sin mitos ni religiones (en el sentido tradicional del térmi-
histórico que sustituye una clase dominante por otra. No re- no), sociedad "moderna", vale decir sociedad sin pasado ni
tendré aquí estas caracterizaciones, todas ellas discutibles, tradiciones, del presente y enteramente abierta hacia el por-
sino el hecho de que, al igual que la delimitación de las venir. Los verdaderos lazos de causa a efecto entre ambas
temporalidades que organizan la demostración, este diag- son los de esa común dependencia respecto de un fenóme-
nóstico inscribe al período revolucionario en una duración no histórico más amplio, más total, que el que les era pro-
más larga, eliminando así su singularidad. pio"23 La "verdadera Revolución" (como escribe Dupront)
Se traza de esta manera una perspectiva para una com- no es el complejo de acontecimientos que los actores -y los
prensión histórica que desvincula la significación del acon- historiadores- designaron de este modo, sino "un desarrollo
tecimiento de la conciencia de los individuos. De allí en histórico más amplio [... ] que es esencialmente el paso de
más es posible considerar que la Revolución y la Ilustra- una mítica tradicional (mítica de religión, de sacralizacio-
ción pertenecen, ambas, a un proceso de larga duración que nes, de autoridad religiosa y política) a una mítica nueva o
las engloba y las supera, y que, con modalidades diferentes fe común renovada, cuya afirmación más vehemente es no
apuntan a los mismos fines, atravesadas por expectativas quererse o no saberse mítica". 24
comunes. Sin sociologismo reductor, Alphonse Dupront ex-
presó enfáticamente esta idea: "Mundo de la Ilustración y 8. La relación entre la Revolución y la Ilustración está
Revolución Francesa se sitúan como dos manifestaciones en el centro del comentario que hizo Foucault, en 1983, de
dos textos de Kant: ¿Qué es la llustracionr, de 1784, y la
segunda disertación de Conflicto de las facultades, de
1798. 25 Analizando este último texto, Foucault sigue, paso
22. "L'oeil du pouvoir. Entretien avec Michel Foucault", en
Jeremy Bentham, Le panoptique, París, Pierre Belfond, t977,
págs. 9-31; publicado nuevamente en Dits et écrits, ob. cit., t. III, 23. Alphonse Dupront. Les letres, les sciences. la religion el
1976-1979, págs. 190-207: "La burguesía comprende perfecta- les arts dans la socíétéfrancaíse de la deuxiéme moitié du XVIlle
mente que una nueva legislación o una nueva Constitución no le siécle. París, Centre de Documentation Universitaire, pág. 21.
~on suficientes para garantizar su hegemonía, comprende que debe 24. 1bíd., pág. 11.
Inventar una nueva tecnología que asegure la irrigación en todo el 25. Michel Foucault, "Qu'est-ce que les Lumieres? Un cours
cuerpo social, y hasta en sus partículas más pequeñas, de los efec- inédit", Le Magazine Littéraire, N° 207, mayo de 1984, págs. 35-
tos del poder" (págs. 198-t99). 39; publicado nuevamente en Díts et écrits, ob. cit., t. 1Y, 1980-
1988, págs. 679-688. Sobre el texto de Kant, "Qu'est-ce que tes
40 ESCRIBIR LAS PRACTICAS LA QUIMERA DEL ORIGEN 41

a paso, la demostración por la que Kant piensa mostrar en incluso sin espíritu profético, de acuerdo con las aparien-
que la Revolución Francesa constituye el "signo histórico" cias y signos precursores de nuestra época, que alcanzará
indiscutible de que existe una causa permanente que garan- ese fin y, también al mismo tiempo, que a partir de enton-
tiza el progreso constante del género humano. Para hacerlo, ces esos progresos no serán ya cuestionados". Ni el curso
distingue la Revolución como acontecimiento grandioso, ni la suerte de la Revolución cuentan en tanto que tales: su
como empresa voluntaria, y la Revolución como produ- importancia reside en que dio una visibilidad espectacular a
ciendo en todos los pueblos "una simpatía de aspiración las virtualidades que fundan la Aufkliirung y la tarea de los
que se acerca mucho al entusiasmo". Como proceso históri- filósofos: "Esclarecer al pueblo es enseñarle públicamente
co la Revolución, que acumuló miserias y atrocidades, pue- sus deberes y sus derechos frente al Estado del que forma
de tanto fracasar como triunfar y, de todos modos, su precio parte. Como sólo se trata aquí de derechos naturales, que
es tal que disuade para siempre el recornenzarla: ella no derivan de la sensatez común, los anunciantes y comenta-
puede pues ser considerada como demostrando el carácter dores naturales son ante el pueblo, no los profesores de de-
ineluctable del progreso humano, todo lo contrario, podría recho oficiales, establecidos por el Estado, sino profesores
decirse. En cambio, la acogida con la que contó el aconteci- libres, es decir, filósofos que, precisamente, a causa de esa
miento da fe de la "tendencia moral de la humanidad" que libertad que se permiten, son objeto de escándalo para el
empuja a los hombres a dotarse de una constitución libre- Estado que siempre sólo quiere reinar, y son difamados, ba-
mente elegida, en armonía con el derecho natural ("a saber, jo el nombre de propagadores de las luces, como gente pe-
que quienes obedecen a la ley, deben también, reunidos, le- ligrosa para el Estado" 26
gislar") y "adecuada a evitar por principio una guerra ofen- Con este comentario que abre su curso del College de
siva". Al respecto, la Revolución, o más bien las reacciones France en 1983-84, Foucault quiere mostrar que Kant no
que ella desencadenó, revelan en la naturaleza humana una sólo está en el origen de la tradición filosófica que retiene
"facultad de progresar" más fundamental que los azares del como central la cuestión de las condiciones de posibilidad
acontecimiento que la manifiesta. A partir de ello, Kant del conocimiento verdadero (al que designa como "analíti-
constata: "Sostengo que puedo predecir al género humano, ca de la verdad"). Es también el primero que constituyó el

Lumieres?", cf. Roger Chartier, Les origines culturelles de la Ré- 26. Ernmanuel Kant, Le confíict des facultés en trois sections,
volutionfrancaise, París, Seuil, 1990, págs. 37-41. [Trad. cast. Es- 1798, traducción del alemán por J. Gibelin, París, Vrin, 1988,
pacio público, crítica y desacralización en el siglo XVIII. Los orí- "Deuxierne section: Conflict de la Faculté de philosophie avec la
genes culturales de la Revolución Francesa, Barcelona, Gedisa, Faculté de droit", págs. 93-112 (Las citas dadas en este párrafo
1995, págs. 36-40.] son de las págs. 100-108)
42 ESCRIBIR LAS PRACTICAS LA QUIMERA DEL ORIGEN 43

presente como objeto de reflexión filosófica. Tanto en el que pueden ser puestos a la actividad crítica: éstos ya no
texto de 1784, como en el de 1798, "el discurso debe vol- son definidos por la naturaleza de los contenidos del pensa-
ver a tomar en cuenta su actualidad, por una parte, para miento, sino por la posición de! individuo que piensa. Legí-
volver a encontrar en ella su lugar propio y, por otra, para timamente obligado cuando ejecuta los deberes de su cargo
decir e! sentido de esa actualidad, por último para especifi- o de su estado, el individuo es necesariamente libre cuando
car e! modo de acción que es capaz de ejercer dentro de esa actúa como miembro de la "sociedad civil universal". En su
actualidad't.?" Esta referencia al fundamento de una tradi- esfuerzo por situar el lugar de la filosofía en su propio pre-
ción crítica que considera "la cuestión del presente como sente (cosa que es, para Foucault, la característica singular
acontecimiento filosófico al que pertenece e! filósofo que de la Aufkldrung, "la primera época que se nombra a sí
habla de él" me parece caracterizar el trabajo de Foucault misma"), el texto de Kant proporciona un instrumento para
con una agudeza mayor aún que la fórmula a menudo cita- comprender cómo la Revolución se inscribe en el proceso
da: "Mis libros no son tratados de filosofía ni estudios his- de mayor duración que construyó un espacio crítico y pú-
tóricos: como máximo son fragmentos filosóficos en cante- blico donde podían ser vueltas en contra de la razón de Es-
ras históricas". tado las exigencias éticas que ésta había relegado al fuero
No obstante, más acá de lo que constituye la tesis mis- de la conciencia individual.P'
ma del comentario de Foucault, es posible volver a encon-
trar los análisis de Kant que son su objeto. El de 1798 sepa- 9. "La cultura europea en los últimos años del siglo XVIll
ra la significación de la Revolución de las peripecias de su esbozó una estructura que todavía no se ha desanudado:
acontecer. El de 1784 opera una doble ruptura conceptual. apenas se comienza a desembrollar algunos de sus hilos,
Por un lado, propone una articulación inédita de la oposi- que nos son aún tan desconocidos que los tomamos con fa-
ción entre lo público y lo privado, no sólo identificando e! cilidad como maravillosamente nuevos o absolutamente ar-
ejercicio público de la razón con los juicios producidos y caicos, mientras que, desde hace dos siglos (no menos y em-
comunicados por los individuos privados actuando "como pero no mucho más) han constituido la trama oscura, pero
sabios" o en "calidad de eruditos", sino incluso al definir lo sólida, de nuestra experiencia't.?? en El nacimiento de la cli-
público como la esfera de lo universal y lo privado como el
dominio de los intereses privados y "domésticos"; ya se
trate de los de un Estado o de una Iglesia. Por otro, despla-
za radicalmente la manera como han de pensarse los límites 28. Reinhart Koselleck, Kritik un Krise. Eine Studie zur Pat-
hogenese der Bürgerlichen Welt, Fribourg, Verlag Karl Albert,
1959, reed. en Francfort-sur-le-Main (trad. fr. Le Régne de la cri-
tique, París, Minuit, 1979)~
27. Michel Foucault, "Un cours inédit", art. cít., pág. 681. 29. Michel Foucault, Naissance de la clinique, París, PUF,
44 ESCRIBIR LAS PRACTICAS LA QUIMERA DEL ORIGEN 4S

nica como, más tarde, en Vigilar y castigar, cuyo subtítulo crotécnicas de constricción: "Hay que analizar el conjunto
es Nacimiento de la prisión, Foucault sitúa en el medio siglo, de las resistencias al panóptico en términos de táctica y de
aproximadamente delimitado, que engloba la Revolución y estrategia, diciéndose que cada ofensiva de un lado sirve de
que abarca de 1770-1780 a 1830-1840, la constitución de punto de apoyo a una contraofensiva del otro lado. El análi-
los discursos y las prácticas que fundan la "modernidad". sis de los mecanismos de poder no tiende a mostrar que el
La manera como caracteriza ese período decisivo ha sido poder es a la vez anónimo y siempre ganador. Se trata, por
a menudo harto mal entendida. Si es efectivamente el mo- el contrario, de localizar las posiciones y los modos de ac-
mento en que los procedimientos disciplinarios, las tecnolo- ción de cada uno, las posibilidades de resistencia y de con-
gías de vigilancia, los aparatos panópticos se constituyen traataque de unos y otros".31 "Estrategia", "táctica", "ofen-
como los mecanismos esenciales de la organización y del siva", "contraofensiva", "posiciones", "contraataque": el
control del espacio social, eso no significa, sin embargo, vocabulario militar indica que, aunque desigual, la partida
que ellos constriñeron, civilizaron y disciplinaron efectiva- que se juega entre los procedimientos de sujeción y los
mente el mundo social. Su proliferación remite, no a su efi- comportamientos de los "sujetados" tiene siempre la forma
cacia, sino a su debilidad: "Cuando hablo de sociedad 'dis- de un enfrentamiento, y no la de un avasallamiento. En este
ciplinaria', no ha de entenderse 'sociedad disciplinada'. enfrentamiento "hay que oír el estruendo de la batalla" 32
¡Cuando hablo de difusión de disciplina, no afirmo que 'los El final del siglo XVlll y los comienzos del XIX son fun-
franceses son obedientes'! En el análisis de los procedi- damentales, asimismo, en tanto construyen una figura nueva
mientos instalados para normalizar, no se enuncia 'la tesis del poder, anónima, autónoma, que opera a través de prácti-
de una normalización'. Como si, justamente, todos estos de- cas que ningún discurso acompaña ni legitima. Esta concep-
sarrollos no estuviesen a la altura de una falta de éxito per- ción del poder, transmitida por todos los dispositivos, que
petua".30 Hay pues un "envés" de la historia de los disposi- apunta a volverlo, al mismo tiempo, coercitivo y oculto, di-
tivos disciplinarios -un envés tejido de resistencias, de
desvíos, de ilegalidades-o En oposición a las lecturas reduc-
toras de su trabajo, Foucault recuerda la fuerza de las prác- 31. "L'oeil du pouvoir. Entretien avec Michel Foucault", en
ticas rebeldes que responden, de diversas maneras, a las mi- Jeremy Bentham, Le panoptíque. ob. cit., pág. 206.
32. Michel Foucanlt, Surveiller el punir, ob. cit., pág. 315. Re-
cuérdese el último párrafo del libro: "En esta humanidad central y
centralizada, efecto e instrumento de relaciones de poder comple-
1963, reed. en 1990, pág. 212. [Trad. cast. El nacimiento de la jas, cuerpos y fuerzas sometidos por dispositivos de 'encarcela-
clínica, México, Siglo XXI, 1972.] miento' múltiples, objetos para discursos que son ellos mismos
30. Michel Foucault, "La poussiere et 1, nuage", arto cit., págs. elementos de esta estrategia, hay que oír el estruendo de la bata-
15-16. lla" (pág. 31,! de la edición en castellano).
47
LA QUIMERA DEL ORIGEN
46 ESCRIBIR LAS PRACTICAS

propio- y el tema de "la muerte del autor", que remite la


seminado y coherente, organizado y automático no ha de significación de las obras al funcionamiento impersonal Y
ser c~n~undida de manera alguna con el concept~ de poder automático del Ienguaje.é" Es una asimilación, igualmente
qU,e sena el que Foucault maneja. Aquí también, en oposi- errónea, que recae sobre la intención de su trabajo, la que
cion a un contrasentido cometido con frecuencia por los crí- Foucault recusa cuando, en el debate que sigue a su confe-
neos (o los adeptos) de Vigilar y castigar, Foucault reaccio- rencia, replica a las objeciones de Lucien Goldmann: "La
na v~gorosamente: "El automatismo del poder, el carácter muerte del hombre es un tema que permite iluminar la ma-
mecamco de los dispositivos en que se encarna no es en ab- nera como el concepto de hombre funcionó en el saber. [ ... ]
soluto la tesis del libro. Pero es la idea, en el siglo XVIll, de No se trata de afirmar que el hombre está muerto, se trata, a
qU,e .un pod~r tal sería posible y deseable, es la búsqueda partir del tema -que no es mío, que se ha repetido sin cesar
teonca y pracnca de tales mecanismos, es la voluntad conti- desde fines del siglo XIX- de que el hombre está muerto (o
nuamente manifestada entonces de organizar semejantes que desaparecerá o que será reemplazado por el superhom-
dISPOSItIVOS lo que constituye el objeto del análisis. Estudiar bre), de ver de qué manera, según qué reglas se formó y
la m~nera como se quiso racionalizar el poder, cómo se con- funcionó el concepto de hombre. Hice lo mismo con la no-
cibió, en el siglo XVIll, una nueva "economía" de las relacio- ción de autor. Retengamos pues nuestras lágrimas". 35
nes de poder, mostrar el papel importante que ocupó en ella El nacimiento de la clínica y Vigilar y castigar. Naci-
el tema de la máquina, de la mirada, de la vigilancia, de la miento de la prisión encuentran, a una distancia de diez
tr~sparencIa, etcétera, no es sostener ni que el poder es una años, un mismo problema: ¿cómo articular la constitución
maquma m que una idea tal nació maquínalmente't.P de una nueva formación discursiva (por ej., el método aná-
La confusión entre la "tesis" y el "objeto" ha sido una de tomo-clínico) o de un nuevo régimen de prácticas (por ej.,
la razones mayores y recurrentes de la incomprensión del las disciplinas panópticas) con el acontecimiento político,
trabajo de Foucault. Ella marcó las interpretaciones de la cé- en este caso la Revolución? Para resolverlo Foucault rehú-
lebre conferencia dada el 22 de febrero de 1969 ante la So- sa los dos modelos clásicos: el modelo hegeliano que con-
ciedad
'f Francesa de Filosofía, "¿Qué es un autor?" q id -
.,uelen
II icaron a menudo (equivocadamente) la pregunta que ella
f~rmula ~~ saber, la de las condiciones de emergencia y de 34. Roger Chartier, "Figures de l' auteur", Culture écrite el so-
ciété. L'ordre des livres (X/Ve-XV/JIe siécles), París, Albin Mi-
dlstrIbu~lOn .~e la "función-autor", definida como el modo
chel, 1996, págs. 45-80. [Trad. cast. "¿Qué es un autor?", Libros,
de clasificación de los discursos que los asigna a un nombre
lecturas Y lectores de la Edad Moderna, Madrid, Alianza Edito-
rial, 1993,págs. 58-59.1
35. Michel Foueault, "Qu'est-ee qu'un auteur?". arto cit., pág.
, 33. Michel Foucault, "La poussiere et le nuage" art cit 817.
pago 18. ' . .,
48 ESCRIBIR LAS PRACTICAS LA QUIMERA DEL ORIGEN 49

sidera los diversos fenómenos históricos como otras tantas serción y de funcionamiento"; entiéndase la manera inédita
expresiones de un mismo "espíritu" y el modelo historiador como ella delimita el objeto de ese discurso, le atribuye una
que, vía la conciencia de los hombres, establece una rela- función nueva y lo asigna a especialistas que detentan su
ción de causalidad entre los cambios políticos, las configu- monopolio.'?
raciones de saber y los dispositivos institucionales. Entre
estas diversas series de acontecimientos, las relaciones que lO. Al distinguir, como en La arqueología del saber, las
han de pensarse son de otro orden. Tómese el ejemplo de la formaciones discursivas y las prácticas "que no son ellas
medicina clínica. Por una parte, ella postula la existencia de mismas de naturaleza discursiva", mostrando, como en Vi-
un "campo de la experiencia médica enteramente abierto gilar y castigar, cómo prácticas sin discurso contradicen,
[... ] análogo, en su geometría implícita, al espacio social anulan o "varnpirizan" (tomando la palabra de Michel de
con el que soñaba la Revolución, al menos en sus primeras Certeauj" las proclamas de la ideología, el trabajo de Fou-
formulaciones" (... ] "Hay pues un fenómeno de convergen- cault conserva hoy toda su pertinencia crítica tanto respec-
cia entre las exigencias de la ideología política y las de la to del semiological challenge [desafío semiológico] como
tecnología médica. En un movimiento único, médicos y del "retomo a lo político".
hombres de estado reclaman, en un vocabulario a veces se- Se conocen los fundamentos dellinguistic turn [giro lin-
mejante, pero por razones arraigadas de modo diferente, la güístico] propuesto a los historiadores de los textos y de las
supresión de todo lo que pueda obstaculizar la constitución prácticas: considerar al lenguaje como un sistema cerrado
de ese nuevo espacio" (los hospitales, la corporación de los de signo que produce sentido por el mero funcionamiento
médicos, las facultadesj.l" Por otra, la nueva práctica polí- de sus relaciones; pensar la realidad social como estando
tica y las reorganizaciones institucionales que genera (por constituida por y en el lenguaje, independientemente de to-
ejemplo, pero no únicamente, las reformas hospitalarias da referencia objetiva.l?
analizadas en el capítulo V de El nacimiento de la clínica), Contra estas formulaciones, Foucault (quizá paradójica-
constituye una de las condiciones de posibilidad del discur-
so. Se trata pues, para la investigación arqueológica, de
"mostrar no cómo la práctica política determinó el sentido 37. Michel Foucault, L'archéologie du savoir, ob. cit., págs.
y la forma del discurso médico, sino cómo y a título de qué 213-215.
38. Michel de Certeau, "Microtechniques et discours panopti-
ella forma parte de sus condiciones de emergencia, de in-
que: un quiproquo", Histoire el psychanalyse entre science etfic-
tion, ob. cit., págs. 37-50.
39. Cf. la serie de artículos publicados en American Historical
36. Michel Foucault, Naissance de la clinique, ob. cit., pág. Review por John E. Toews, "Intellectual History after the linguis-
37. tic Turn: The Autonorny 01' Meaning and the 1rredueibility 01' Ex-
50 ESCRIBIR LAS PRACTICAS
LA QUIMERA DEL ORIGEN 51

mente para quienes hicieron de él un estructuralista -etique-


discursos. La afirmación de la irreductibilidad de las prácti-
ta que siempre rehusó con vehemencia-r'" ayuda a recordar
cas a los discursos, que siempre articulados mas no homólo-
la ilegitimidad de la reducción de las prácticas constitutivas
gos, puede ser considerada como el principio que funda to-
del mundo social a la "racionalidad" que gobierna los dis-
da historia cultural, a la que se invita así a precaverse de un
cursos. La lógica que comanda las operaciones que constru-
uso descontrolado de la categoría de "texto", demasiado a
yen instituciones, dominaciones y relaciones no es aquella,
menudo manejada para designar prácticas cuyos procedi-
hermenéutica, logocéntrica, escrituraria, que produce los
mientos no obedecen al "orden del discurso".
El tema del "retorno a lo político" asume, a menudo
(aunque no siempre, como lo muestra el trabajo de Keith
perience", AHR, 92, octubre de 1987, págs. 879-907; David Har- Baker) la figura inversa a la del linguistic turno Lejos de
Ian, "Intellectual History and the Return of Literature", AHR, 94, postular el automatismo de la producción del sentido, enfati-
junio de 1989, págs. 581-609; David A. Hollinger, "The Return of za la libertad del sujeto, la parte reflexiva de la acción, la au-
the Prodigal: The Persistence of Historieal Knowing". AHR, 94, tonomía de las decisiones. Al mismo tiempo, se encuentran
junio de 1989, págs. 610-621 y Joyce Appleby, "One Good Turn recusadas todas las formas de inteligibilidad que apuntan a
Deserves Another: Moving Beyond the Linguistic; a response to
establecer las determinaciones no sabidas por los individuos
David Harlan", AHR, 94, diciembre de 1989, págs. 1326-1332. CL
Roger Chartier; "L'histoire entre connaissance et récit", MLN, y se afirma la primacía de lo político, considerado como el
109,1994, págs. 583-600. ITrad. cast, "La historia hoy en día; de- nivel más englobante y significante de toda sociedad."
safíos, propuestas", Anales de Historia Antigua y Medieval, Uni- También en este caso Foucault puede brindar apoyo pa-
versidad de Buenos Aires, vol. 28, "En Homenaje al profesor José ra definir una perspectiva que se opone, término a término,
Luis Romero", 1995, págs. 47-60.] a esta proposición. Por un lado, considerando al individuo,
40. Un rechazo tal expresado, por ejemplo, en la discusión no en la libertad supuesta de su yo propio y separado, sino
posterior a la conferencia "¿Qué es un autor?" ("Por mi parte,
como construido por las formaciones (discursivas o socia-
nunca utilicé la palabra estructura. Búsquenla en Las palabras y
les) que determinan sus figuras históricas. Por otro, postu-
las cosas, no la encontrarán. Entonces, me gustaría que todas esas
generalidades sobre el estructuralismo me sean ahorradas, o que lando, no la autonomía absoluta de lo político, sino, en ca-
se tomen el trabajo de justificarlas", arl. cit., págs. 816-817) y en da momento histórico particular, su dependencia respecto
la clase inaugural en el College de France ("Y ahora que aquellos del equilibrio de tensiones que a la vez modela sus formas
que tienen lagunas de vocabulario dicen -si eso les gusta*- que y resulta de su eficacia.
se trata de estructuralisrno", L'ordre du discours, ob. cit., pág. 72).
* Textualmente "Si ra leur chante mieux que ra ne leur
parle", donde Foueaultjuega con el "eso habla" estructuralista (n.
41. Mareel Gauehet, "Changement de paradigrne en sciences
del t.),
sociales?", Le Débat, 50, mayo-agostode 1988, págs. 165-170.
52 ESCRIBIR LAS PRACTICAS LA QUIMERA DEL ORIGEN 53

11. Foucault revolucionó doblemente la historia. En pri- yas determinaciones hay que sacar a la luz, dado que la
mera instancia, después de él, se volvió imposible conside- conciencia no las concibe" .43 Por lo tanto, es identificando
rar los objetos cuya historia pretende escribir el historiador las separaciones y las exclusiones que constituyen los obje-
como "objetos naturales", como categorías universales de tos que ella se da que la historia puede pensarlas, no como
las que sólo cabría reconocer las variaciones históricas -Ilá- expresiones circunstanciadas de una categoría universal, si-
mense éstas locura, medicina, Estado o sexualidad. Detrás no, por el contrario, como "constelaciones individuales o
de la perezosa comodidad del vocabulario, han de recono- incluso singulares't.t'
cerse recortes singulares, distribuciones específicas, "posi- Transformar la definición del objeto de la historia es,
tividades" particulares, producidas por las prácticas dife- necesariamente, modificar las formas de la escritura. En su
renciadas que construyen figuras (del saber o del poder) comentario de Vigilar y castigar, Michel de Certeau ha en-
irreductibles entre sí. Como lo escribe Paul Veyne: "La fi- fatizado el desplazamiento retórico -y los peligros- que
losofía de Foucault no es una filosofía del "discurso", sino implica una historia de las prácticas sin discurso: "Cuando
una filosofía de la relación. Pues la "relación" es el nombre en lugar de ser un discurso sobre otros discursos que lo han
de lo que se designó como "estructura". En lugar de un precedido, la teoría se arriesga en dominios no verbales o
mundo hecho de sujetos o bien de objetos o de su dialécti- preverbales donde no se encuentran más que prácticas sin
ca, de un mundo donde la conciencia conoce sus objetos discursos acompañantes, surgen ciertos problemas. Hay un
por adelantado o es ella misma 10 que los objetos hacen de cambio brusco y la fundación, por lo común tan segura,
ella, tenemos un mundo donde la relación es primera: son que ofrece el lenguaje falta entonces. La operación teórica
las estructuras las que dan sus rostros objetivos a la mate- se encuentra súbitamente en el extremo de su terreno nor-
ria. En ese mundo, no se juega al ajedrez con figuras eter- mal, como un automóvil llegado al borde de un acantilado.
nas, el rey, el alfil: las figuras son lo que las configuracio- Más allá, sólo está el mar. Foucault trabaja al borde del
nes sucesivas sobre el tablero hacen de ellas" 42 No hay acantilado, intentando inventar un discurso para tratar prác-
pues objetos históricos preexistentes a las relaciones que ticas no discursivas't.P De ahí, en Vigilar y castigar, una
los constituyen, no hay campo de discurso o de realidad de- escritura contradictoria organiza el discurso del saber a par-
limitado de manera estable e inmediata: "Las cosas no son tir de los procedimientos mismos que son su objeto y, al
más que las objetivaciones de prácticas determinadas, cu-

43. Ibíd., pág. 217.


42. Paul Veyne, "Foucault révolutionne l'histoire", de Paul 44. Ibíd., págs. 231-232.
Veyne, en Comment on écrit l'histoire suivi de Foucault révolu- 45. Michel de Certeau, "Microtechniques el diseours panopli-
tionne l'histoire, París, Seuil, 1978, pág. 236. que: un quiproquo", arl. cit., pág. 44.
54 ESCRIBIR LAS PRACTICAS

mismo tiempo, construye esas "ficciones panópticas" para


exhibir y subvertir los fundamentos de la racionalidad puni-
tiva instaurada a fines del siglo xvru: "En un primer nivel,
el texto teórico de Foucault está organizado todavía por los
procesos panópticos que elucida. Pero, en un segundo ni- ESTRATEGIAS Y TACTICAS.
vel, ese discurso panóptico no es más que una escena en la DE CERTEAU y LAS "ARTES DE HACER"
que una máquina narrativa invierte nuestra epistemología
panóptica triunfante" 46

12. "Al borde del acantilado". La imagen es bella para


designar la inquietud propia de toda historia que intente es-
ta operación-límite: dar cuenta en el orden del discurso de
la "razón" de las prácticas -tanto de esas prácticas domi-
nantes que organizan normas e instituciones, como de
aquellas, diseminadas y menores, que tejen lo cotidiano o
manifiestan las ilegalidades.
Pero para todos aquellos que se acercan a ellas, hay, en
el borde del acantilado, un apoyo que socorre: el trabajo de
un pensamiento que siempre se situó "en el punto de cruce
de una arqueología de las problematizaciones y de una ge-
nealogía de las practícas"."? El trabajo de Foucault.

46. Ibfd., pág. 49.


47. Michel Foucau1t, Histoire de la sexualité, 2, L'usage des
plaisirs, París, Gallimard, 1984, pág. 19. [Trad. cast. Historia de
la sexualidad, Tomo 2, El uso de los placeres, Buenos Aires,
Siglo XXI, 1986.
A Michel de Certeau no le gustaba mucho definirse, y
tampoco encerrar lo que hacía en una de esas categorías
académicas que a los universitarios, como para tranquilizar-
se, tanto les agrada reivindicar. Sin embargo, en La toma de
la palabra, ese librito escrito inmediatamente después del
acontecimiento y que sigue siendo uno de los análisis más
agudos de la "revolución simbólica" del '68, confesaba de
esta forma su trayectoria: "La cuestión que me planteaba
una experiencia de historiador, de viajero y de cristiano, la
descubro también en el movimiento que ha sacudido lo pro-
fundo del país. Dilucidarla era para mí una necesidad".' De
una experiencia a la otra, la distancia no es tan grande como
podría parecer. Para él, la historia sigue siendo, entre todas
las ciencias humanas, la más apta, por herencia o por pro-

El texto "Estrategias y tácticas. De Certeau y las 'artes de ha- 1. Michel de Certeau, La Prise de parole el autres écrits poli-
cer" retoma un artículo publicado con otro título, "L'histoire ou tiques, París, Desclée De Brouwer, 1968, pág. 22. [Trad. cast, La
le savoir de l'autre", en Michel de Certeau, París, Éditions du toma de la palabra y otros escritos políticos, México, Universidad
Centre Georges Pompidou, Cahiers pour un temps, 1987, págs. Iberoamericana e Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores
155-167.
de Occidente, 1995.]
ESTRATEGIAS Y TACTICAS 59
58 ESCRIBIR LAS PRACTICAS

La trayectoria de historiador de Michel de Certeau estu-


grama, para representar la diferencia, para poner en escena vo dominada por una cuestión esencial: cómo dar cuenta
la alteridad. Por ello, conserva algo de esa búsqueda de la de las palabras y los gestos de una espiritualidad situada al
palabra del Otro que fue la pasión, hasta la desesperanza, de margen de la institución eclesiástica, y rebelde a la apro-
los cristianos antiguos de quienes Michel de Certeau se eri- piación exclusiva de lo sagrado por clérigos; Desde,los
gió en historiador; algo, también, de ese encuentro con la primeros libros sobre Favre y Surin 210s
hasta La fabula misti-
extrañeza, facilitado en cada ocasión por el descubrimiento ca,3 desde La possession de Loudun" hasta el manuscnto,
de nuevos mundos, del Brasil a California. Es tal vez por casi terminado y de próxima publicación, consagrado a las
eso que, hombre de todos los saberes, proclamaba su identi- experiencias del cuerpo en la mística, su trabajo modificó
dad de historiador como la primera y quiso, cuando fue ele- profundamente nuestra comprensión del cristramsmo de la
gido en 1983 en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias época de las reformas religiosas. Gracias a él pudo perci-
Sociales, pertenecer al Centro que reúne a quienes, de diver- birse mejor de qué manera numerosas mujeres y hombres
sas maneras, hacen en él historia. de los siglos XVI Y XVII vivieron y enunciaron su fe, sin lu-
Hombre de «mucha lectura», como se escribía en el si- gar legítimo para expresarla, en el vagabundeo riesgoso de
glo XVII, Michel de Certeau no era un historiador corriente. existencias en los márgenes, autorizados únicamente por la
El viaje le había hecho atravesar los espacios y las discipli- certeza de escuchar en sí la palabra de Dios. De libro en li-
nas. Para él, hacer obra de historia era, al mismo tiempo, bro, esta atención corrigió las perspectivas de una historia
someter a la experimentación crítica los modelos forjados religiosa de miras demasiado estrechas y señaló distincio-
. ~ . 5~
en otros campos, ya fueran sociológicos, económicos, psi- nes mal advertidas, por ejemplo entre brujería y posesion,
cológicos o culturales, y movilizar, para entender el sentido proponiendo acercamientos que no dejaban de ser escan-
de los signos encerrados por el archivo, las competencias
de semiótico, etnólogo y psicoanalista que le eran propias.
De los cruzamientos inesperados, libres, paradójicos entre 2. Michel de Certeau, Le Mémorial de Pierre Favre, París,
esos saberes que dominaba, nace una escritura singular en Desclée De Brouwer, 1960; Guide spírítueí de Jean-Joseph Su-
la que los historiadores de profesión reconocen, soberbia- rín, París, Desclée De Brouwer, 1963; Correspondance de Jean-
mente respetadas, las reglas del oficio, al mismo tiempo Joseph Surín, París, Desclée De Brouwer, 1966. "
que aprecian la dimensión de sus propias carencias. Esta in- 3. Michel de Certeau, La Fable mystique, XVI"-XVlle siecle, Pa-
rís, Gallimard, 1982. [Trad. cast. La fábula mística. siglos XVI-
teligencia sin límites inquietó o irritó a veces a los espíritus
XVII,México, Universidad Iberoamericana, 1993.]
demasiado pequeños para comprenderla, y lo bastante nu- 4. Michel de Certeau, La possession de Loudun (1970), 2a.
merosos, no sólo en el campo de los historiadores sino tam- edición, París, Gallimard, 1980, col. Archives.
bién entre ellos, para que dos instituciones científicas fran- 5.1bíd., págs. 10-13.
cesas no hayan querido abrirle sus puertas.
ESTRATEGIAS Y TACTICAS 61
60 ESCRIBIR LAS PRACTICAS

dalosos, por ejemplo entre la palabra mística y la de la po- patois del abate Grégoire, lo que era una manera de trabajar
seída, lugares ambos del Otro y ambos inscriptos, a su ma- esos mismos problemas sobre otro matenal." En un mundo
nera, en un discurso de orden, teológico o dernonológico." universitario a menudo estrecho y a veces ferozmente indi-
Esas dos palabras, la habitada y arrancada de la posesión, vidualista, daba el precioso ejemplo de un entusiasmo
la dialogada y voluntaria de la mística, se constituyen así siempre nuevo, de un incansable deseo de aprender, de un
en experiencias límite en las que puede observarse el vaci- gencroso compartir.
lar de las divisiones instituidas por la autoridad doctrinal, Para comprender cómo pensaba Michel de Certeau el
la nueva ciencia o el poder del príncipe) Reacias a las ex- trabajo de historiador, volveré a uno de sus ensayos más ci-
plicaciones de la tradición o la razón y portadoras de un tados y comentados, a saber, el texto que, con el título de
surgimiento de lo extraño en su modo más amenazante, "L' opération historique" ["La operación histórica"], abría el
posesión y mística ponen a prueba todas las disciplinas, to- primer tomo de la antología Hacer la historia (1974), publi-
das las racionalidades. AHí se encuentra, para Michel de cada bajo la dirección de Jacques Le Goff y Pierre Nora."
Certeau, su valor heurístico, y la búsqueda de toda una Por lo demás, ese mismo texto, con un título ligeramente di-
vida. ferente, "L' opération historiographique" ["La operación his-
Esto, sin embargo, siempre estuvo acompañado por toriográfica"], fue reeditado el año siguiente en La escritura
otros proyectos, otras investigaciones. A Michel de Certeau de la historia, pero esta vez con su tercera parte, suprimida
le gustaba el trabajo colectivo, en torno a un corpus cons- por razones de extensión en Hacer la historia, y consagrada
truido y descifrado en conjunto, en la fraternidad del descu- a la escritura histórica misma. 10 Michel de Certeau formula
brimiento en común. Fue así como abordó los relatos de allí una tensión central: pensar la historia como una práctica
viajes a las Américas en el siglo XVI, y la doble cuestión "científica" y, en el mismo momento, identificar las varia-
que contienen: la del discurso sobre el extranjero, la de la
escritura de la oralidad." Fue así como en 1975, junto con
dos historiadores amigos, Dominique Julia y Jacques Re- 8. Michel de Certeau, Dominique Julia y Jacques Revel, Une
vel, publicó un libro dedicado a la investigación sobre los politique de la langue. La Révolution francaíse el les patois:
l' enquéte de Grégoíre, París, Gallimard, 1975.
9. Michel de Certeau, "L'opération historiquc", en Jacques Le
6. Michel de Certeau, L'Écriture de l'histoíre (1975), 3a. edi- Goff y Pierre Nora (dir.), Faire de l'histoire, París, Gallimard,
ción, París, Gallimard, 1984, "Un langage altéré. La parole de la 1974,1. 1, Nouveaux problémes, págs. 3-41. [Trad. casto Hacer la
possédée", págs. 249-273. [Trad. cast, La escritura de la historia, historia, t. 1, Nuevos problemas, Barcelona, Laia, 1985.]
México, Universidad Iberoamericana, 1993.1 lO. Miche1 de Certeau, "L'opération hisloriographique", en
7. Ibíd.. "Ethno-graphie, L'oralité, ou l'espace de l'autre: L'Écriture de l'histoire, ob. cit., págs. 63-120 (citamos de esta
Léry", págs. 215-248. versión).
62 ESCRIBIR LAS PRACTICAS ESTRATEGIAS Y TACTICAS 63

ciones de sus procedimientos técnicos, los constreñimientos mera curiosidad", o además -otra afirmación citada-, "lo
que le imponen el lugar social y la institución del saber don- que se denomina explicación es apenas la manera que tiene
de es ejercida o incluso las reglas obligadas de su escritura. el relato de organizarse en una intriga comprensible". "La
Lo cual, a la inversa, puede enunciarse así: considerar la operación hístoriográfica'' debe leerse como una continua-
historia a la vez como un discurso en el que intervienen ción de ese diálogo crítico entablado con Paul Veyne, cuya
construcciones, composiciones, figuras que son las de la es- obra había conmovido intensamente a los historiadores. En
critura narrativa, por lo tanto de la ficción, y como una pro- efecto, en ese ensayo se toman en cuenta, pero totalmente
ducción de enunciados que aspiran a un status de verdad y reformulados, dos de los diagnósticos del historiador de
verificabilidad, por lo tanto científicos, si la ciencia consiste Aix-en-Provence. La historia es un discurso, pero un dis-
en "la posibilidad de establecer un conjunto de reglas que curso cuyas determinaciones deben buscarse, no en las con-
permitan 'controlar' operaciones proporcionadas a la pro- venciones perpetuadas de un género literario, sino en "las
ducción de objetos deterrninados't.!' prácticas determinadas por las instituciones técnicas de un.a
Esta tensión, mantenida en todo el texto, y que la sostie- disciplina", diferentes según los tiempos y los lugares, arti-
ne, debe comprenderse primero en el momento historiográ- culadas por los recortes variables entre verdad y falsedad o
fico en que aquél fue escrito. Lo caracterizan dos hechos por las definiciones contrastadas de lo que, históricamente,
fundamentales. En primer lugar, la interpelación epistemo- constituye una prueba. Por otra parte, SI toda escntura de
lógica, en forma de provocación, que constituía el libro de historia remite indudablemente al yo Ue] que la produce,
Paul Veyne, Como se escribe la historia.t- publicado en éste debe construirse menos según el principio de curiosi-
1971. Michel de Certeau le había dedicado una nota crítica dad, especie de avatar ahistórico del principio del placer,
en los Annales.r' que destacaba los elementos más abruptos que en función de la posición ocupada por cada historiador
del asalto: "La historia es una actividad intelectual que, a en la institución histórica de su tiempo.
través de las formas literarias consagradas, sirve a fines de Si las cuestiones abiertas por Veyne tenían un peso tal,
era sin duda porque se presentaban en completa ruptura con
la práctica misma de los historiadores ~o al menos de los
11. Ibíd., nota 5, pág. 64. más inventivos o más favorecidos de eílos- que con el em-
12. Paul Veyne, Comment on écrít l'histoire. Essai d'épisté-
pleo de la computadora y las técnicas informática~ ~espal­
mo!ogie, París, Seuil, 1971. [Trad. casto Cómo se escribe la histo-
daban un nuevo paradigma de la cientificidad histórica, El
ria, Madrid, Alianza, 1994.]
13. Michel de Certeau, "Une épistémologie de transition: Paul trabajo cuantitativo efectuado sobre series largas de datos
Veyne", en Annales ESe, t. 27, 1972, págs. 1317-1327. [Trad. homogéneos era considerado como una verdadera revolu-
casto "Una epistemología en transición: Paul Veyne", Historia y ción por los historiadores: "Así, pues, la histori~ serial no
Grafía, N" 1, 1993, págs. 103-116.] es solamente ni principalmente una transformación del ma-
64 ESCRIBIR LAS PRACTICAS ESTRATEGIAS Y TACTICAS 65

terial histórico. Es una revolución de la conciencia historio- "empleo pautado de la discontinuidad para el análisis de las
gráfica."!" Sustituía una historia-relato, acunada por el reci- series temporales", los historiadores rompían decisivamen-
tado de los acontecimientos, por una historia-problema, te con los conceptos esenciales de la "historia filosófica"
obligada a construir su objeto, explicitar sus hipótesis, re- que postulaba la unidad del Espíritu a través de sus particu-
conocer sus procedimientos. A las incertidumbres de los larizaciones históricas sucesivas y necesarias.
juicios a los que nada permite discriminar, oponía el rigor "La operación historiográfica" marca una división y una
de la cifra y las certidumbres de lo "científicamente medi- distancia frente a ese diagnóstico. Por un lado, Michel de
ble". Se comprenden los entusiasmos de entonces: "El his- Certeau subraya los efectos del uso de las "técnicas actua-
toriador de mañana será programador o ya no será". 15 les de información" que precipita la redefinición del traba-
Pero esta mutación del trabajo de los historiadores no jo de los historiadores. Éstas efectúan clasificaciones inédi-
era advertida únicamente por ellos. Ya próximos los años tas entre las fuentes, discriminadas según su capacidad para
setenta, Michel Foucault le adosaba su proyecto de análisis proporcionar o no informaciones seriales, homogéneas y
de los discursos, y oponía término a término el "trabajo repetidas. Separan operaciones anteriormente confundidas:
efectivo de los historiadores" en "la gran mutación de su la construcción del objeto, la recolección y acumulación de
disciplina" y la filosofía de la historia -esa "historia como datos, su tratamiento e interpretación. Modifican la función
ya no se hace"-, que seguía siendo la de los filósofos nutri- misma de la historia, convertida en un "laboratorio de ex-
dos de hegelianismo."? Al practicar la historia como un perimentación epistemológica" en el que se pone a prueba
la validez de los modelos tomados de las ciencias sociales.
Así, pues, es bien nítido el diagnóstico que reconoce las
14. Francois Furet, "L'histoire quantitative et la construction
du fait en histoire", en Annales ESC, 1. 26, 1971, págs. 63-75; nuevas estrategias de la práctica histórica y perfila, a partir
reeditado en J. Le Goff y P. Nora (dir.), Faire de l'histoire, ob. de ellas, "una teorización más en conformidad con las posi-
cit., t. 1, págs. 42-61 [Hacer la historia, "Lo cuantitativo en his- bilidades ofrecidas por las ciencias de la información".
toria", ob. cit.]. Sin embargo, reubicado en medio de las defensas e ilus-
15. Ernmanuel Le Roy Ladurie, Le Territoire de l'historien, traciones de la historia serial, el texto de Michel de Certeau
París, Gallimard, 1973, pág. 14. suena de manera diferente. En efecto, la comprensión por
16. Michel Foucault, "Réponse au Cercle d'épistémologie", en el número, apoyada en los tratamientos masivos de datos
Cahiers pour I 'anulyse, n" 9, 1968, págs.9-40, reeditado en Dits el
informatizados, no se constituyó en ninguna parte como un
éerits, ]954-]988,1. 1, ]954-1969, París, Gallimard, 1994, págs.
696-731; L'arehéologie du savoir, París, Gallimard, 1969, "Intro- corte epistemológico radical, supuestamente indicador de la
duction", págs. 9-28. [Trad. cast. La arqueología del saber, Méxi- entrada de la historia en la era de la cientificidad. Lo esen-
co, Siglo XXI, 1972]; L'ordre du discours, París, Gallimard, 1970 cial sigue siendo comprender de qué manera "un instru-
[Trad. cast, El orden del discurso, Barce!tma, Tusquets, 1987]. mento" inédito, unas nuevas técnicas permiten nuevas res-
66 ESCRIBIR LAS PRACTICAS
ESTRATEGIAS Y TACTICAS 67

puestas y preguntas. Y para él las más interesantes que sus- reglas que invierten los rumbos mismos de la investigación,
cita la historia en series provienen justamente de su rever- puesto que organizan de acuerdo con un orden cronológico,
SO, y están ligadas al surgimiento de lo singular, la excep-
una demostración cerrada y un discurso sin fallas, materia-
ción, la separación: "Si la 'comprensión' histórica no se les siempre abiertos e incompletos. Al establecer semejante
encierra en la tautología de la leyenda ni huye hacia la constatación, Michel de Certeau abría paso a todas las re-
ideología, su característica no es en primer lugar hacer pen- flexiones que, como la de Paul Ricceur en Tiempo y narra-
sables series de datos seleccionados (aun cuando ésa sea ción,18 señalan la pertenencia de la historia, en todas sus
'su base'), sino no renunciar jamás a la relación que esas formas, aun las más estructurales y las menos dedicadas a
'regularidades' entablan con unas 'particularidades' que lo fáctico, al campo de lo narrativo. Por ser "narrativiza-
se les escapan"."? Aunque sepa cómo hacer funcionarlas ción", la historia sigue siendo dependiente de las fórmulas
máquinas de su tiempo, el historiador sigue siendo un "va- de la "transformación en intriga de las acciones representa-
gabundo" que frecuenta los márgenes y las fronteras. Para das", para citar a Aristóteles, y comparte las leyes que fun-
Michel de Certeau, éstas fueron, durante toda su vida, la fi- dan todos los relatos, en particular la obligación de la suce-
gura fulgurante de las experiencias religiosas antiguas, si- sividad temporal.
tuadas fuera de lo corriente de la institución. Si se lee bien "La operación historiográfica", resulta cla-
Atento a los efectos producidos por el cruzamiento entre ro que el diagnóstico producido algunos años más tarde, que
una revolución metodológica (la de lo serial) y una revolu- caracteriza la evolución más reciente de la historia como un
ción técnica (la de la computadora), pese a ello se mantiene "retorno de lo narrativo", es en gran medida una pregunta
a distancia de las ilusiones cientificistas despertadas por las mal planteada.!" Como quiera que sea, la historia siempre es
conquistas del enfoque numérico, tan fuertes en los años relato, pero relato particular, dado que apunta a producir un
sesenta. En una época que lo había olvidado en parte, él re- saber verdadero: "El discurso histórico pretende dar un con-
cuerda que si la historia es una institución y una práctica, tenido verdadero (que responda a la verificabilidad), pero en
también es, y tal vez principalmente, una escritura. Consa- la forma de una narración'V'' De allí surge todo un abanico
gra a ésta la tercera parte de su ensayo, que sin ella queda
desequilibrado y desviado. Allí pueden leerse dos proposi-
ciones fundamentales. La primera considera toda escritura
histórica como un relato, necesariamente construido según 18. Paul Ricreur, Temps el récit, París, Seuil, 3 tomos, 1983-
1985. [Trad. cast. Tiempo y narración, Madrid, Cristiandad, 1987.1
19. Lawrence Stone, "The Revival of Narrative, Reflections on
a New Old History", en Post and Present, t. 85,1979, págs. 3-24.
17. Michel de Certeau, "L'opération historiographique". ob.
20. Michel de Certeau, "L'opération historiographique", ob.
cit., pág. 99. cit., pág. 110.
68 ESCRIBIR LAS PRACTICAS
ESTRATEGIAS Y TACTlCAS 69

de cuestiones, nítidamente formuladas o señaladas por Mi- ye una relación -quc se quiere controlable- con lo que postu-
chel de Certeau. En primer lugar, la de las particularidades la como su referente, en este caso la "realidad" desaparecida
que distinguen el relato de historia de otros modos de narra- que se trata de recuperar y comprender. Lo que hay que pen-
ción, que deben buscarse en la estructura "foliada" o "cliva- sar, por lo tanto, es ese régimen de verdad del discurso histó-
da" del texto historiográfico. Debido a que incluye en sí rico, y pensarlo no como una emergencia del pasado, que
mismo, en la forma de la cita, los materiales que lo fundan y surgiría intacto a flor de archivos, sino como el resultado de
a los que explica, el discurso histórico organiza de manera una puesta en relación de los datos recortados por la opera-
específica sus estrategias de acreditación (el documento vale ción de conocimiento: "Se pasa así de una realidad histórica
por lo real) y su funcionamiento retórico (el saber se escribe (la Historia o Geschichtei 'recibida' en un texto, a una reali-
en la lengua misma de su objeto). Cuestión, también, de los dad textual (la historiografía, o Historie) 'producida' por una
modos diferenciales de inteligibilidad implicados por la operación cuyas normas se fijan de antemano" 22
elección de talo cual forma de relato, porque la biografía, El discurso de la historia, por lo tanto, se articula en un
por ejemplo, permite hacer surgir la diferencia con respecto régimen de verdad que no es ni el de la literatura ni el de la
a las construcciones globales dadas en forma de relato es- certidumbre filológica. El "control de los hechos" -para re-
tructural. La fábula mística conservará algo de esa tensión tomar la expresión de Momigliano-, vale decir las opera-
designada ocho años antes, cuando maneje las "Figuras del ciones técnicas, renovables y verificables, que forman la
salvaje" (que constituyen su cuarta parte) como destinos crítica documentaria, no basta para fundar la historia como
extraños a las regularidades del discurso místico. una reconstitución objetiva del pasado, segura de su régi-
Pero el ensayo de Michel de Certeau enuncia también otra men de verdad. Lo que Michel de Certeau nos invita a pen-
proposición que es algo así como una respuesta a Hayden sar es lo propio de la comprensión o de la interpretación
White (cuyo libro Metahistoria data de 1973).21 La historia, histórica, es decir el trabajo de puesta en relación que auto-
en efecto, no puede ser tenida por una pura retórica o tropo- riza a considerar coherente, plausible y explicativo el lazo
logía que haría de ella una "form of fiction-making", seme- establecido entre las unidades construidas por la operación
jante a otras. Pretende ser un discurso de verdad, que constru- histórica, ya se trate de series o indicios, y la realidad refe-
rencial de la que constituyen la huella, esa "población de
muertos -personajes, mentalidades o precios-" que la escri-
21. Hayden White, Metahistory. The Historicallmagination in tura historiadora se propone poner en escena.
19th Century Europe, Baltimore, The Johns Hopkins University
Press, 1973. (Trad. cast. Metahistoria. La imaginación histórica
en la Europa del siglo XIX, México, Fondo de Cultura Económi- 22. Michel de Certeau, "Une épistémolog¡e de transition", ob.
ca, 1992.1 cit., pág. 1324.
ESCRIBIR LAS PRACTICAS ESTRATEGIAS Y TACTICAS 71
70

En "La operación historiográfica", Michel de Certeau con" que desvían los materiales de que se apoderan. Al pa-
inauguraba un espacio inédito, en un momento clave de la sar de una lengua a la otra, al utilizar la metáfora, que es
evolución de la disciplina, dividida entre su práctica de las una manera de confundir las fronteras canónicas entre los
series, signo de su cientificidad por fin conquistada, y sus campos del saber, al quitar a las palabras su significación
caracterizaciones como un género literario, reconocidas por recibida, el discurso místico instituye las condiciones de
un Barthes o un Veyne. Al desplazar los términos de la anti- una comunicación que no se asemeja a ninguna otra. Así
nomia, Certeau se esforzaba por determinar en qué condi- conformado, mediante nuevos empleos y desplazamientos,
ciones un discurso erigido según los procedimientos especí- puede intentar consignar una experiencia inaudita: decir en
ficos del trabajo del historiador puede ser aceptado, como primera persona la palabra que está en sí, cuando, por fin,
dibujando adecuadamente la configuración histórica que se se hace escuchar "Aquel que habla".
dio por objeto. Lo que supone, sin lugar a dudas, repudiar En un momento en que se privilegiaba la necesaria des-
toda epistemología de la coincidencia inmediata o de la cripción de los dispositivos mediante los cuales los poderes,
transparencia entre el saber y lo verdadero, entre el discurso cualesquiera que fueran, pretenden producir control y coac-
y lo real. Pero, igualmente, esto supone pensar la operación ción, fabricar autoridad y conformismo, Michel de Certeau
histórica como un conocimiento (que otros llamarán indicial recordaba que "el hombre corriente" no carece de ardides ni
o conjetural), como una operación que es "científica" en el refugios frente a los intentos de desposeerlo y domesticarlo:
sentido de que "transforma algo que tenía Su estatuto y su "En una palabra, podría decirse que la mística es una reac-
papel [aquí el documento, el archivo] en otra cosa que fun- ción contra la apropiación de la verdad por los clérigos que
ciona de manera diferente [el texto histórico]". Debido a se profesionalizan a partir del siglo xur; privilegia las luces
que logra sostener esa tensión primera, el ensayo de Michel de los iletrados, la experiencia de las mujeres, la sabiduría de
de Certeau formula, como por anticipado, los términos mis- los locos, el silencio del niño; opta por las lenguas vernácu-
mos de los debates que, en estos últimos años, se han referi- las contra el latín académico. Sostiene que el ignorante es
do a los paradigmas organizadores del discurso de historia. competente en materia de fe. [...] La mística es la autoridad
Con fidelidad a esta epistemología de la distancia, toda de la muchedumbre, figura de lo anónimo, que vuelve indis-
su obra de historiador puso en el centro de su aproximación cretamente en el ámbito de las autoridades académicas't.P
el análisis preciso, atento, de las prácticas mediante las cua- De La invención de lo cotidiano-" a La fábula mística, la
les los hombres y las mujeres de una época se apropian, a
su manera, de los códigos y los lugares que les son impues-
tos, o bien subvierten las reglas comunes para conformar 23. Entrevista a Michel de Certeau en Le Nouve! Observateur,
prácticas inéditas. Las prácticas propias Qel lenguaje de la 25 de septiembre de 1982, págs. 118-121.
mística son emblemáticas de esas "artes de hacer" o "hacer 24. Michel de Cerleau, L'lnvention du quotidien, t. 1, Arts de
72 ESCRIBIR LAS PRACTICAS

búsqueda es sin duda la misma, en procura de los procedi-


mientos de una creatividad que la institución es impotente
para refrenar.
"Pensar es pasar."25 Michel de Certeau pasó mucho, y
pensó mucho. Viajero e historiador, lo que tal vez sea la
misma cosa. Pero a lo largo del trayecto nunca faltó la co- PODERES Y LIMITES DE
herencia, y los desvíos, en realidad, no lo eran. Hacer histo- LA REPRESENTACION.
ria exige, para él, que siempre se dilucide la relación enta- MARIN, EL DISCURSO Y LA IMAGEN
blada entre el discurso del saber y el mundo social donde se
inscribe. Lejos de disolver su cientificidad, esta lucidez es
su condición misma. Por elio esta retlexión aguda sobre la
disciplina, que la comprende al mismo tiempo como un lu-
gar y como una práctica, como una ciencia y como una
escritura. Por ello, también, en el reconocimiento de las
discontinuidades históricas, el acento puesto sobre las ten-
siones entre discurso de autoridad y voluntades rebeldes,
porque atraviesan tanto nuestro presente como las socieda-
des antiguas. La historia es lugar de experimentación, ma-
nera de destacar diferencias. Saber del otro, y por lo tanto
de uno mismo .

[aire, París, UGE, 1980, pág. 10-18.ITrad. cast, La invención de lo


cotidiano, de próxima aparición en México, Universidad Iberoa-
mericana.]
25. Miehel de Certeau, "Le rire de Michel Foucault" (1984),
reeditado en su antología Histoíre el psychunalyse entre science
etfiction, París, Gallimard, 1987, col. Folio, cap. 3, págs. 51-65.
[Trad. cast. Historia y psicoanálisis entre ciencia yficcián, Méxi-
co, Universidad Iberoamericana, 1995.1
En 1639, Poussin escribe a su amigo y cliente Chantelou
para anunciarle el envío del cuadro titulado El maná [La
manne]. Al comentar esta carta en un tiempo en que el em-
pleo del término "lectura" iba de suyo para designar el des-
ciframiento, la comprensión y la interpretación de objetos o
formas que no pertenecen a lo escrito ("leer" un paisaje,
"leer" una ciudad, "leer" un cuadro, etcétera), Louis Mario
se proponía cuestionar la universalización de esta categoría,
que implicaba la de texto. 1 "Si el término 'lectura' es inme-
diatamente apropiado para el libro, ¿lo es para el cuadro?
Si por una ampliación del sentido se habla de lectura en re-
ferencia al cuadro, se plantea no obstante la cuestión de la
validez y la legitimidad de esa ampliación.'? Para respon-
der a esta doble cuestión y romper con la inmediatez cómo-
da de una manera de decir, aceptada sin reflexión, se hacía

1. "Lire un tableau. Une lcttrc de Poussin en 1639", en Prati-


ques de la lecture, bajo la dirección de Roger Chartier, Marsella,
El texto "Poderes y límites de la representación. Marin, el dis-
Rivages, 1985, págs. 102-124; reedición, París, Payot et Rivages,
curso y la imagen" fue publicado en la revista Annales. Histoire,
"Petite Bibliotheque Payot", 1993, págs. 129-157.
Sciences Sociales, año 49, W 2, marzo-abril de t994, págs. 407-
2. ¡bíd., pág. 129.
418.
76 ESCRIBIR LAS PRACTICAS PODERES Y LIMITES DE LA REPRESENTACION 77

necesaria una definición rigurosa de los "niveles y campos del sentido que engendran las figuras del discurso. "Esta
teóricos de pertinencia de la noción de lectura aplicada al tensión es la que volvió a trabajar en el último libro que pu-
cuadro". do releer y corregir antes de su muerte, Des pouvoirs de I'i-
Sin restituir aquí los diferentes tiempos del análisis de la mage . Ciertamente, la intención de la obra desborda con
carta de Poussin, retengamos únicamente su conclusión. És- mucho esta única cuestión, dado que plantea un problema
ta señala, a la vez, la irreductibilidad y la intrincación entre que es propiamente filosófico, el de las "condiciones tras-
esas dos formas de representación -que siempre se exceden cendentales -de posibilidad y de legitimidad- de la apari-
una a otra- que son el texto y la imagen, el discurso y la ción de la imagen y su eficacia"! y para responder consagra
pintura: "El sentido más elevado trabaja en la distancia entre sus últimas glosas a lo que hace posible la imagen y la mi-
lo visible, lo que es mostrado, figurado, representado, pues- rada, a saber, la luz, "la luz y su inseparable y trascendental
to en escena, y lo legible, lo que puede ser dicho, enunciado, reverso, la sombra, lo invisible de la luz en la luz misma.
declarado; distancia que es a la vcz el lugar de una opo- Condición suprema del ver y el ser visto, la luz es invisible
sición y el de un intercambio entre uno y otro registro, dis- como tal, en su ser mismo"> Pero este libro, inscripto en el
tancia a partir de la cual conviene plantear la cuestión del orden de lo filosófico, de lo estético o de lo teológico (co-
cuadro, de ese cuadro El maná, si es cierto que 'maná', mo, por ejemplo, la fulgurante "visión" que constituye la
mann-hu: 'qué es esto', fue la pregunta que hicieron los he- octava glosa, enfrentada al "secreto de la transfiguración"),
breos ante esa cosa blanquecina, azucarada, granulosa y me- permite también, creo, señalar la importancia del trabajo de
diante la cual nombraron la cosa, mediante la cual leyeron el Marin en los grandes debates que atraviesan hoy la historia
suceso milagroso. 'Maná', el 'qué es esto', cosa desconoci- y, más allá, todas las ciencias humanas. Es por eso que lo
da, innombrable, ilegible, fuera del cuadro, el 'éste es mi tomaré como punto de partida.
cuerpo' de la fórmula eucarística en donde se articula legi- La primera proposición que plantea es ésta: "¿Poder de
blemente, en el misterio, una palabra comible"." la imagen? Efecto-representación en el doble sentido del
Los "registros", como escribe Mario, se cruzan, se vin- que hemos hablado, de presentificación de lo ausente -o de
culan, se responden, pero nunca se confunden. El cuadro lo muerto- y de autorrepresentación que instituye el sujeto
tiene el poder de mostrar lo que la palabra no puede enun- de mirada en el afecto y el sentido, la imagen es a la vez la
ciar, lo que ningún texto podrá dar a leer. A la inversa, lo
que él denominará "la irreductibilidad de lo visible a los
textos" deja la imagen ajena a la lógica de la producción
4. Des pouvoirs de l'image. Gloses, París, Seuil, 1993, "10-
troduction. L'ótre de I'image et son efficace", págs. 9-22, cita,
pág.18.
3. Ibíd., pág. 154. 5. (bíd., pág. 19.
78 ESCRIBIR LAS PRACTICAS PODERES Y LIMITES DE LA REPRESENTACION 79

instrumentalización de la fuerza, el medio de la potencia y "representación', entendida como la efigie puesta en lugar
su fundación como poder"." Así, se asignan a la representa- del rey muerto sobre su lecho funerario ("Cuando se va a ver
ción un doble sentido, una doble función: hacer presente a los príncipes muertos en su lecho mortuorio, sólo se ve de
una ausencia, pero también exhibir su propia presencia co- ellos la representación, la efigie"), hay una distinción radical
mo imagen, y constituir con ello a quien la mira como suje- entre el representado ausente y lo que lo hace presente, lo
to mirando. que lo da a conocer. Así, pues, se postula una relación desci-
Como le gustaba hacer con frecuencia, Marin recupera y frable entre el signo visible y lo que significa.
desplaza definiciones antiguas, que se convierten entonces Pero el término también tiene en el Diccionario de Fure-
en una tensión fecunda, a la vez en el objeto yel instrumen- tiere una segunda significación: "Representación, dícese en
to de su análisis. En su edición de 1727, el Diccionario de Palacio de la exhibición de algo", lo que introduce la defini-
Furetiere identifica dos familias de sentido, aparentemente ción de "representar" como "significa también comparecer
contradictorias, de la palabra representación. "Representa- en persona y exhibir las cosas". La representación es aquí la
ción: imagen que nos devuelve como idea y como memoria mostración de una presencia, la presentación pública de una
los objetos ausentes, y que nos los pinta tal como son." En cosa o una persona. En la modalidad particular, codificada,
este primer sentido, la representación da a ver el "objeto au- de su exhibición, es la cosa o la persona misma la que cons-
sente" (cosa, concepto o persona) sustituyéndolo por una tituye su propia representación. El referente y su imagen for-
"imagen" capaz de representarlo adecuadamente, Represen- man cuerpo y no son más que una única y misma cosa,
tar, por lo tanto, es hacer conocer las cosas de manera media- adhieren uno a otro: "Representación, dícese en ocasiones de
ta por "la pintura de un objeto", "por las palabras y los ges- las personas vivientes. De un semblante grave y majestuoso
tos", "por algunas figuras, por algunas marcas": así los se dice: 'He aquí una persona de bella representación'".
enigmas, los emblemas, las fábulas, las alegorías. Represen- En la reflexión que emprendió sobre la teoría de la repre-
tar, en el sentido político y jurídico, es también "ocupar el lu- sentación, desde el libro sobre Pascal y la lógica de Port-
gar de alguien, tener en mano su autoridad". De allí surge la Royal 7 hasta Des pouvoirs de t'image, pasando por Le Por-
doble definición del representante: "Quien representa en una trait du roi, Marin siempre conservó unidas estas dos
función pública a una persona ausente que debía estar allí" y definiciones de la noción. La primera, sin lugar a dudas,
"quienes son convocados a una sucesión como estando en lu- atrajo más intensamente su atención porque se inscribe en la
gar de la persona cuyo derecho poseen". En esta acepción, herencia directa de la teoría representacional del signo ela"
que tiene su raíz en la significación antigua y material de la

7. La Critique du discours. Études sur la Logique de Port-Ro-


6. lbíd., pág. 14. yal el les Pensees de Pascal, París, Minuit, 1975.
80 ESCRIBIR LAS PRACTICAS PODERES Y LIMITES DE LA REPRESENTACION 81

borada por los gramáticos y lógicos de Port-Royal, Si esta minación del pensamiento occidental de la representación y
construcción tiene una pertinencia particular, es porque de- como una construcción singular que tomaba como matriz de
signa y articula las dos operaciones de la representación la teoría del signo el modelo teológico de la Eucaristía. Es
cuando hace presente lo que está ausente: "Uno de los mo- este modelo el que, en Le Portrait du roi, permite compren-
delos más operativos construidos para explorar el funciona- der cómo funciona la representación del monarca en una so-
miento de la representación moderna -ya sea lingüística o ciedad cristiana. Como la Eucaristía, el retrato del rey, ya
visual- es el que propone la toma en consideración de la do- sea una pintura o un texto, es, al mismo tiempo, la represen-
ble dimensión de su dispositivo: la dimensión 'transitiva' o tación de un cuerpo histórico ausente, la ficción de un cuer-
transparente del enunciado, toda representación representa po simbólico (el reino en lugar de la Iglesia) y la presencia
algo; la dimensión 'reflexiva' u opacidad enunciativa, toda real de un cuerpo sacramental, visible bajo las especies que
representación se presenta representando algo"." Esta mane- lo disimulan. I 1 Este mismo modelo eucarístico es el que, en
ra de comprender el funcionamiento del dispositivo repre- La Parole mangée, da cuenta de la teoría representacional
sentativo fue una vigorosa inspiración para todos los histo- del signo tal como la enuncia el capítulo IV de la primera
riadores ansiosos por resistirse a las seducciones formalistas parte de la Lógica de Port-Royal, "De las ideas de las cosas,
de una semiótica estructural sin historicidad y deseosos de y de las ideas de los signos", agregada a la edición de 1683,
desprenderse de la inercia o la univocidad de las nociones veinte años después de la primera, aparecida en 1662 1 2 Tras
clásicas de la historia de las mentalidades. haber recordado los criterios explícitos a partir de los cuales
Al apoyarse sobre "la construcción operada, en el cora- el texto distingue diferentes categorías de signos (ciertos o
zón del siglo XVII francés, por los lógicos de Port-Royal", probables, unidos a las cosas que significan o separados de
i Marin quería "escapar a los anacronismos epistemológicos y ellas, naturales o de institución), Marin muestra que la cohe-
a sus ilusiones retrospectivas"." Tras considerar que "la teo- rencia de la serie de ejemplos propuestos la da, implícita-
ría misma de la representación tenía una historia", 10 leía la mente, la referencia a la teología de la Eucaristía. Concluye
elaboración conceptual de Port-Royal, a la vez como la cul- su análisis subrayando los vínculos que en los lógicos de
Port-Royal unen la teoría eucarística de la enunciación y la

8. Opacité de la peinture. Essais sur la représentaiion au


Quattrocento, París, Éditions Usher, 1989, "Paolo Uccello au 11. Le Portrait du roí, París, Éditions de Minuit, 1981, "Intro-
Chiostro Verde de Santa Maria Novella a Florence", págs. 73-98, duction. Les trois formules", págs. 7-22, en particular págs. 18-19.
cita de la pág. 73. 12. La Parole mangée el autres essais théologico-politiques,
9. Ibíd., "lntroduction", págs. 9-12, cita de la pág. 10. París, Méridiens-Klincksieck, 1986, "La parole mangée ou le
10. Ídem. eorps divin saisi par les signes", págs. 11-35.
82 ESCRIBIR LAS PRACTICAS PODERES Y LIMITES DE LA REPRESENTACIüN R3

teología lingüística de la Eucaristía: "De tal modo, el cuerpo prestada a los elementos que indican el funcionamiento re-
teológico es la función semiótica misma y, para Port-Royal flexivo de la representación: en el cuadro, el marco, el orna-
en 1683, hay adecuación perfecta entre el dogma católico de mento, el decorado, la arquitectura representada; 16 para el
la presencia real y la teoría semiótica de la representación texto, el conjunto de los dispositivos discursivos y materia-
significante'I.U les que constituyen el aparato formal de la enunciación."
Al anudar en su historicidad propia las dos dimensiones El trabajo de Marin se cruzaba así con las proposiciones
de la representación moderna, transitiva y reflexiva, Marin que, contra el absoluto del texto sin materialidad ni histori-
desplazaba la atención hacia el estudio de los dispositivos y cidad, abogan por que se preste atención a los "efectos de
mecanísmos gracias a los cuales toda representación se pre- sentido de las formas", a "la relación de la forma con el
senta como representando algo. En la introducción a su li- sentido", según los términos de D. F. MacKenzie.
bro Opacité de la peinture, recuerda los efectos heurísticos De manera más general, el concepto de representación
del desplazamiento que lo condujo de una semiótica estruc- tal como lo comprende y maneja Marin fue un precioso
tural, fundada en un estricto análisis de la producción lin- apoyo para que pudieran señalarse y articularse, sin duda
güística del sentido, a "la insistencia puesta en explorar de mejor de lo que lo permitía la noción de mentalidad, las di-
manera privilegiada los modos y las modalidades, los me- versas relaciones que los individuos o los grupos mantienen
dios y los procedimientos de la presentación de la represen- con el mundo social: en primer lugar, las operaciones de re-
ración".'! De allí surge un nuevo cuestionario, recuperado y corte y clasificación que producen las configuraciones múl-
desplazado de libro en libro: "En lo sucesivo, lo que estaba tiples mediante las cuales se percibe, construye y represen-
en juego en la investigación eran los modos específicos par- ta la realidad; a continuación, las prácticas y los signos que
ticulares de la articulación de la opacidad reflexiva y la
transparencia transitiva de la representación en el campo de
las artes visuales, eran las figuras y configuraciones históri- 16. Véanse, a título de ejemplos, los ensayos "Pinturicchio a
cas y culturales, ideológicas y políticas que esta articulación Spello" y "Paolo UcceJlo uu Chiostro Verde de Santa Maria No-
asumía singularmente en tal obra, tal encargo, tal programa, vella aFlorence", en Opacité de la peinture, ob. cit., págs. 51-72
Y 73-98 respectivamente.
eran todos estos dominios de objetos indisolublemente his-
17. Véanse, también aquí a título de ejemplos, los ensayos
tóricos y teóricos't.!" De allí surge, también, la atención
"Le pouvoir du récit", en Le Récit es! un píége. París, Éditions de
Minuit, 1978, págs. t 6-34 (sobre la fábula de La Fontaine "El po-
der de las fábulas"), y "Une lisiere de lecture", en Lectures tra-
13. Ibíd., pág. 35. versiéres, París, Albin Michel, 1992, págs. 17-25 (sobre el fron-
14. Opacité de la peinture, ob. cit., "Introduction", pág. 10. tispicio de la edición de 1697 de las Historias, o Cuentos de los
15. Ídem. tiempos pasados, de Perrault).
84 ESCRIBIR LAS PRACTICAS PODERES Y LIMITES DE LA REPRESENTACION 85

apuntan a hacer reconocer una identidad social, a exhibir junto que sirve de base a la demostración de Le Portrait du
una manera propia de ser en el mundo, a significar simbóli- roi y que considera que "el dispositivo representativo opera
camente una condición, un rango, una potencia; por último, la transformación de la fuerza en potencia, de la fuerza en
las formas institucionalizadas por las cuales "representan- poder, y esto dos veces, por una parte al modalizar la fuerza
tes" (individuos singulares o instancias colectivas) encar- como potencia y por la otra al valorizar la potencia como
nan de manera visible, "presentifican", la coherencia de estado legítimo y obligatorio, justificándola". 19
una comunidad, la fuerza de una identidad o la permanen- Aquí, la referencia a Pascal es muy cercana. Cuando
cia de un poder. Discretamente, a su manera, la obra de desnuda el mecanismo de la "muestra", [Montre] que se di-
Marin modificó así más de lo que se cree la comprensión rige a la imaginación y produce la creencia, Pascal opone a
del mundo social por parte de los historiadores. Los obligó, quienes necesitan un "aparato" tal y aquellos para los que
en efecto, a repensar las relaciones que mantienen las mo- éste es completamente superfluo. Entre los primeros, los
dalidades de la exhibición del ser social o del poder políti- jueces y los médicos: "Nuestros magistrados conocieron
co con las representaciones mentales -en el sentido de las bien ese misterio, con sus togas rojas, sus armiños en los
representaciones colectivas de Mauss y Durkheim- que que se envuelven como gatos forrados en pieles, los pala-
otorgan (o refutan) creencia y crédito a los signos visibles, cios en que juzgan, sus flores de lis: todo ese aparato au-
a las formas teatralizadas, que deben hacer reconocer como gusto era muy necesario; y si los médicos no tuvieran sota-
talla potencia, ya sea soberana o social. nas y babuchas, y los doctores no usaran bonetes cuadrados
El trabajo de Marin permite con ello comprender de qué y togas demasiado amplias de cuatro partes, jamás habrían
manera los enfrentamientos fundados en la violencia bruta, engañado al mundo, que no puede resistirse a una muestra
la fuerza pura, se tranforman en luchas simbólicas, es decir, tan auténtica. Si tuvieran la verdadera justicia, y si los mé-
en luchas que tienen las representaciones por armas y por dicos poseyeran el verdadero arte de curar, no les harían
apuestas. La imagen tiene ese poder, porque "opera la susti- falta bonetes cuadrados. La majestad de esas ciencias sería
tución de la manifestación exterior en que una fuerza sólo lo bastante venerable por sí misma, pero al no tener más
aparece para aniquilar otra fuerza en una lucha a muerte, por que ciencias imaginarias, es preciso que empleen esos va-
signos de la fuerza o, mejor, señales e indicios que no nece- nos instrumentos que afectan la imaginación de la que se
sitan sino ser vistos, comprobados, mostrados, luego conta- ocupan, y con ello, en efecto, se ganan el respeto". En
dos y relatados para que la fuerza de la que son los efectos cuanto a los soldados, no necesitan esa manipulación de los
sea creída"18 La constatación retoma la hipótesis de con-

18. Des pouvoirs de L'ímage. ob. cit., "Introduction. L'étre de 19. Le Portrait du roí, oh. cit., "Introduction. Les trois formu-
J'image el son efficace", pág. 14. les", pág. 11.
86 ESCRIBIR LAS PRACTICAS PODERES Y LIMITES DE LA REPRESENT ACION 87

signos y esas máquinas de producir respeto: "Sólo las gen- multiplicación de los dispositivos (retratos, medallas, ala-
tes de guerra no se disfrazan de tal suerte, porque, en efec- banzas, relatos, etcétera) que repre-sentan la potencia delréy
to, su parte es más esencial. Se estable,cen por la fuerza; los y deben suscitar, sin apelar a violencia de ningún tipo, la
otros por el fingimiento" (Pensées, Editions Lafuma, 44; obediencia y la sumisión En consecuencia, los instrumentos
Éditions Brunschvicg, 82). de la dominación simbólica aseguran a la vez "la negación y
Reformulado por Marin, el contraste indicado por Pascal la conservación de lo absoluto de la fuerza: negación porque
tiene una doble pertinencia para toda historia de las socieda- la fuerza no se ejerce ni se manifiesta, porque está en paz en
des del Antiguo Régimen. Permite situar las formas de la los signos que la significan y la designan; conservación por-
dominación simbólica, por la imagen, la "muestra" o el que la fuerza por yen la representación se dará como justi-
"boato" [attirail] (la palabra figura en La Bruyére), como cia, es decir como ley que obliga ineludiblemente, so pena
el corolario del monopolio sobre el uso legítimo de la fuer- de muertc'V'' El proceso de erradicación de la violencia, cu-
za que pretende reservarse el monarca absoluto. La fuerza yo manejo fue confiscado tendencialmente por el Estado ab-
no desaparece con la operación que la transforma en poten- solutista, hizo posible un ejercicio de la dominación política
cia. Escuchemos a Pascal, que prosigue así el fragmento so- que se respaldó en la ostentación de las formas simbólicas,
bre la imaginación: "Es por eso que nuestros reyes no se en la representación de la potencia monárquica, dada a ver y
procuraron esos disfraces. No se enmascararon con vestidos a creer incluso en ausencia del rey gracias a los signos que
extraordinarios para parecer tales. Pero se hacen acompañar indican su soberanía. Si extendiéramos esta coincidencia en-
por guardias, por tajeados [?].' Esas tropas armadas que tie- tre Marin y Élias, podría agregarse que esta misma pacifica-
nen manos y fuerza sólo para ellos, las trompetas y los tam- ción (al menos relativa) del espacio social es la que, entre la
bores que marchan al frente y esas legiones que los rodean Edad Media y el siglo XVI!, transformó los enfrentamientos
hacen temblar a los más firmes. Ellos no tienen el hábito, sociales abiertos y brutales en luchas de representaciones
sólo tienen la fuerza". Pero esta fuerza, que siempre está a cuya apuesta era el ordenamiento del mundo social, y por lo
disposición del soberano, parece puesta en reserva por la tanto el rango reconocido a cada estamento, cada cuerpo,
cada individuo.
En efecto, del crédito otorgado (o negado) a las represen-
* El signo de interrogación se encuentra en la edición del tex- taciones que un poder político o un grupo social proponen
to de Pascal. La palabra francesa es batafrés. de balafrer, marcar de sí mismos dependen la autoridad del primero y el presti-
con una cuchillada, especialmente la cara. La versión española de gio del segundo. A través de esta constatación, Marin dise-
Juan Domínguez Berrueta, que sigue a la edición francesa de Jae-
ques Chevalier, dice alabardas (BIas Pascal, Pensamientos, Bue-
nos Aires, Orbis, 1984) [no del. t.]. 20. 1bíd., pág. 12.
ESCRIBIR LAS PRACTICAS PODERES Y LIMITES DE LA REPRESENTACION 89

ñó los contornos de una doble historia: historia de las moda- necesarias para que la relación de representación sea inteligi-
lidades del hacer creer, historia de las formas de la creencia. ble: por un lado, el conocimiento del signo como signo, en
De ese modo, su obra anudó en un mismo planteamiento el su diferencia con respecto a la cosa significada; por el otro,
análisis de los dispositivos, discursivos o formales, retóricos la existencia de convenciones compartidas que regulan la re-
o narrativos, que deben constreñir al lector (o al espectador), lación del signo con la cosa. El texto señala las razones de
someterlo, "entramparlo" y, por otra parte, el estudio de las una posible desviación y una posible incomprensión de la re-
distancias posibles con respecto a esas mecánicas persuasi- presentación. Ya sea que entre el signo y el significado se ha-
vas, tanto más poderosas por el hecho de ser disimuladas ya establecido una relación arbitraria, "extravagante": así, si
pero tanto menos eficaces cuando se las desmonta. La ten- un hombre tuviera la fantasía de decir que una piedra es un
sión vuelve a llevar necesariamente a Pascal, que desnuda caballo o un asno el rey de Persia; ya que el destinatario, por
los resortes del dispositivo representativo y las condiciones falta de "preparación", no pueda comprender el signo como'
mismas de su credibilidad. Así en este fragmento citado en signo. Es por eso que no puede darse a los signos de institu-
la "Introducción" del Le Portrait du roi, que muestra de qué ción el nombre de las cosas, como, por ejemplo, en la pará-
manera los mecanismos que transforman la fuerza en poten- bola o la profecía, sino cuando aquellos a quienes uno se di-
cia producen respeto y terror al recordar a su espectador la rige son capaces de concebir que el signo no es la cosa
violencia originaria fundadora de todo poder: "La costum- significada sino como significación y figura. Aun cuando
bre de ver a los reyes acompañados de guardias, tambores, prestó atención sobre todo a los mecanismos discursivos o
oficiales y de todas las cosas que inclinan a la máquina ha- visuales que apuntan a manipular al lector, a hacerle creer en
cia el respeto y el terror, hace que su rostro, en las raras oca- aquello en que se quiere que crea, el trabajo de Marin, apo-
siones en que está solo y sin acompañamiento, infunda en yado en la referencia a Port-Royal, ayuda a pensar las condi-
sus súbditos el respeto y el terror porque en el pensamiento ciones mismas de la eficacia o el fracaso de una intención
no se separan sus personas de sus séquitos, que de ordinario semejante. En esto, se cruza directamente con las interroga-
se ven juntos. X_el_Illundo, que no sabe que este efecto pro- ciones de Michel de Certeau sobre las formas de la creencia,
viene de esa costumbre, cree que se origina en una fuerza así entendida: "Entiendo por 'creencia' no el objeto del creer
natural. De allí vienen estas palabras: el carácter de la divi- (un dogma, un programa, etcétera), sino la adhesión de los
nidad está impreso en su rostro, etcétera" (Pensées, Éditions sujetos a una proposición, el acto de enunciarla teniéndola
Lafuma, 25; Éditions Brunschvicg, 308). por cierta; dicho de otra manera, una 'modalidad' de la afir-
La tensión entre el hacer creer y la creencia nos devuelve mación y no su comenidov.'!
también a la Lógica de Port-Royal y al capítulo XIV de la se-
gunda parte, "De las proposiciones en que se da a los signos
el nombre de las cosas", que identifica las dos condiciones 21. Michel de Certeau, L'lnventinn du quotidien, 1, Arts de
90 ESCRIBIR LAS PRACTICAS PODERES Y LIMITES DE LA REPRESENTACION 91

Las condiciones del creer remiten, en primer lugar, a los lectores reales se acomoden en todas partes al "lector-simu-
lugares y las formas en que se inculcan las convenciones, a lacro" construido por el discurso. Los artificios pueden ser
las modalidades de la "preparación" para comprender los los más hábiles y las "jugadas" muy diestras, como, por
principios de la representación de que hablan los lógicos de ejemplo, las hechas por Pellisson en su Proyecto de la histo-
Port-Royal. Suponen también que la lectura, el descifra- ria de Luis XIV, que apuntan a hacer que un relato de historia
miento, la interpretación nunca son totalmente controlados o sea leído por su lector como un discurso de alabanza, ya que
constreñidos por los discursos y las imágenes. Es cierto, no "lo que no se dice en la emisión (epítetos y elogios), se dice
se encuentran en Marin ni teoría de la recepción ni historia -y necesariamente- en la recepción. Lo que no es represen-
de la lectura. Sin embargo, me parece que el cuidado minu- tado en el relato y por el narrador lo es en la lectura por el
cioso que puso en comprender "las estratagemas, artimañas narratario, a título de efecto del relato"23 Esta ingeniosidad
y maquinaciones'W desplegadas por los textos y los cuadros productora de efectos, siempre pensados como necesarios,
para imponer una significación unívoca, para enunciar y nunca está, sin embargo, segura del lector, al que su falta de
producir su correcta interpretación, descansa sobre el postu- saber o su mala voluntad pueden hacer muy difícil de con-
lado de que el lector o espectador siempre puede ser rebel- vencer. Esta posible libertad, nunca señalada pero siempre
de. Someterlo al sentido no es cosa fácil, y la sutileza de las temida, es la que justifica tanto las maquinaciones discursi-
trampas que se le tienden es proporcional a su capacidad, vas de Pellisson como el desmontaje minucioso de su meca-
hábil o torpe, para hacer uso de su libertad. Como en Michel nismo. Es la que funda el objeto de un trabajo, complemen-
Foucault, para quien analizar los aparatos disciplinarios no tario al emprendido por Marin, que apunta a identificar los
significa sin embargo llegar a la conclusión de que la socie- límites y las figuras, las regularidades y las singularidades
dad está forzosamente disciplinada, en Marin, desmontar las de las apropiaciones.
máquinas textuales que construyen el lector-destinatario co- En esta tensión entre los efectos de sentido buscados por
mo efecto del mensaje emitido no obliga a suponer que los los discursos o las pinturas y sus desciframientos, las relacio-
nes entre el texto y la imagen siempre tuvieron para Marin
una extrema importancia. En su libro, Des pouvoirs de l'ima-
ge, el propósito no es analizar los procedimientos de presen-
faire (1980), reedición, París, Gallimard, 1990, pág. 260. [Trad.
tación de la representación -10 que constituía el objeto de los
cast. La invención de lo cotidiano, próximo a aparecer en Méxi-
ensayos reunidos en Opacité de la peinture- sino estudiar
CO, Universidad Iberoamericana.]
22. "Pour une théorie baroque de l' action politiqueo Lecture
des Considérations sur les coups d'Étai de Gabriel Naudé", en
Gabriel Naudé, Considérations politiq!t;es sur les coups d'État, 23. Le Portrait du roi, ob. cit., "Le récit du roi ou comment
París, Les Éditions de Paris, 1988, págs. 7-65, cita de pág. 31. écrire l'histoire", págs. 49-107, cita de pág. 95.
92 ESCRIBIR LAS PRACTICAS PODERES V LIMITES DE LA REPRESENTACION 93

unos textos que, de diversas maneras, reconocen y comprue- De ello se deduce su pertinencia para todos aquellos
ban los poderes de las imágenes. El rumbo se justifica así: que, contra las formulaciones más abruptas del "linguistic
"En esta irreductibilidad de lo visible a los textos -'visible' turn" o el "semiotic challenge'', consideran ilegítima la re-
que es no obstante su objeto- los textos así glosados e ínter- ducción de las prácticas constitutivas del mundo social y de
glosados extraen, por esta extraña referencialidad, una capa- todas las formas simbólicas que no recurren al escrito, a los
cidad renovada para acercarse de la imagen y sus poderes, principios que rigen los discursos. Reconocer que las más
como si la escritura y sus poderes específicos resultaran ex- de las veces las realidades pasadas sólo son accesibles a
citados y exaltados por ese objeto que, a causa de su hetero- través de los textos que se proponían organizarlas, descri-
geneidad semiótica, se sustraería necesariamente a la todopo- birlas, prescribirlas o proscribirlas, no obliga a postular la
derosa influencia de aquéllos; como si el deseo de escritura identidad entre la lógica letrada, logocéntrica, hermenéuti-
(de la imagen) se ejercitara en realizarse 'imaginariamente' ca que gobierna la producción de los discursos y la lógica
deportándose fuera del lenguaje hacia lo que constituye, en práctica que regula las conductas o la lógica "icónica" que
muchos aspectos, su reverso o su otro, la imagen". 24 gobierna la obra pictórica. De la irreductibilidad de las ló-
"Irreductibilidad de lo visible a los textos", "heteroge- gicas práctica o icónica al discurso se deduce una necesaria
neidad semiótica" entre la imagen y la escritura: estas fór- prudencia en el uso de la categoría de "texto", indebida-
mulas son un precioso punto de apoyo para quien se niegue mente aplicada, con demasiada frecuencia, a unas formas o
a identificar todas las producciones simbólicas, las imáge- unas prácticas cuyos modos de construcción y principios de
nes pero también los rituales o la "invención de lo cotidia- organización no son en nada semejantes a las estrategias
no", con una textualidad. Contra tal posición, que anula to- discursivas. De allí la tensión que habita los textos conteni-
das las distinciones fundadoras del trabajo histórico (entre dos en Des pouvoirs de L'image, todos los cuales se enfren-
texto y contextualización, entre discurso e imagen, entre tan a la misma dificultad, recordada aquí en referencia a los
práctica y escritura), es preciso plantear la radical diferen- Salones de Diderot: "Cómo hacer con palabras una imagen
cia entre la lógica en acción en la producción de los discur- o, también, [...1 cómo dar a una imagen construida en y por
sos, y las otras lógicas, las que habitan la "puesta en vi- las palabras, la potencia propia de éstas o, a la inversa, có-
sión", el rito o el sentido práctico. El trabajo de Marin mo transferir a las palabras, a su ordenamiento y sus figu-
siempre estuvo fundado en una conciencia aguda de esta ras, el poder que la imagen encierra en su visualidad mis-
heterogeneidad, y por lo tanto de la historicidad y la dis- ma, la imposición de su presencia". 25 Esta transposición
continuidad de los funcionamientos simbólicos.
25. Ibíd., "Le descripteur fantaisiste. Diderot, Salan de 1765,
24. Des pouvoírs de l'image, ob. cill.., "Introduction. L'étre de Casanove, n° 94, 'Une marche d'urmée ', description", págs. 72-
I'image et son efficace". págs. 9-22, cita de pág. 21. 101, cita de pág. 72.
94 ESCRIBIR LAS PRACTICAS PODERES Y LIMITES DE LA REPRESENTACION 95

necesaria pero imposible, pese a todo el arte de la ekphra- la noción de representación asumió una pertinencia más
sis, indica las fuerzas y los poderes específicos que, diver- amplia, que designaba el conjunto de las formas teatraliza-
samente, son los de la imagen y el lenguaje. das y "estilizadas" (según la expresión de Max Weber) me-
Hay una doble pertinencia en el concepto de representa- diante las cuales los individuos, los grupos y los poderes
ción tal como lo entendió y manejó Marin. En primer lu- construyen y proponen una imagen de sí mismos. Como es-
gar, considerado como un instrumento esencial para com- cribe Pierre Bourdieu, "la representación que los indivi-
prender los modelos de pensamiento y los mecanismos de duos y los grupos transmiten inevitablemente a través de
dominación, propios de la sociedad de la época clásica, el sus prácticas y sus características es una parte integrante de
concepto obligó a los historiadores a desterrar de su reper- su realidad social. Una clase se define tanto por su ser per-
torio las nociones anacrónicas, importadas para dar cuenta cibido cama por su ser, tanto por su consumo -que no
de realidades que les son completamente ajenas.' La in- necesita ser ostentatorio para ser simbólico- como por su
troducción de Le Portrait du roi describe con agudeza la posición en las relaciones de producción (aun cuando sea
trayectoria seguida: después de haber señalado "el lugar cierto que ésta rige a aquél)".27 Así entendido, el concepto
capital que ocupaba en los gramáticos y lógicos de Port- de representación conduce a pensar el mundo social o el
Royal la noción de representación y su equivalencia gene- ejercicio del poder según un modelo relacional. Las moda-
ral, que ellos planteaban o presuponían, con la noción de lidades de presentación de sí mismo, es cíerte, están gober-
signo en cualquier nivel que se analizara el lenguaje (tér- nadas por las características sociales del grupo o los recur-
mino, proposición, discurso), en cualquier dominio al que sos propios de un poder. Pese a ello, no son una expresión
perteneciera ese lenguaje (verbal, escrito, icónico)",26 Ma- inmediata, automática, objetiva del status de uno o la po-
rin identificó la matriz eucarística de esta teoría, y luego tencia del otro,' Su eficacia depende de la percepción y el
reconoció las modalidades y los efectos del dispositivo de juicio de sus destinatarios, de la adhesión o la distancia con
representación en el campo de 10 político. La operación de respecto a I.Qs mecanismos de presentación y persuasión
conocimiento resulta así sólidamente asociada a las nocio- puestos en acción.
nes y categorías que los mismos contemporáneos utiliza- En el siglo XVII, esta pluralidad de las apreciaciones in-
ban para hacer que su propia sociedad fuera menos opaca a quieta. De allí la búsqueda de relaciones necesarias, de
su entendimiento.
Más allá de este primer uso, históricamente localizado,
27. Pierre Bourdieu, La Distinction. Critique sociale du ju-
gement, París, Minuit, 1979, págs. 563-564. [Trad. casI. La dis-
26. Le Portratt du roí, ob. cit., "Intr~duction. Les trois formu- tinción. Análisis social del criterio selectivo, Madrid, Taurus
les", pág. 7. 1991.] ,
96 ESCRIBIR LAS PRACTICAS PODERES Y LIMITES DE LA REPRESENTAClON 97

equivalencias estables: en los tratados de civilidad, entre el distancia entre los signos exhibidos, el "boato" ostentato-
rango y el parecer; en el ritual político, entre el principio de rio, y la realidad que no pueden enmascarar.
la soberanía monárquica y las formas de su expresión La obra de Marin siempre se situó entre la omnipoten-
simbólica; en la teoría del signo, entre la cosa que represen- cia de la representación y sus posibles desmentidos. Es por
ta y la cosa representada. Marin colocó en el centro de su ello un maná en el que pueden abrevar a manos llenas to-
obra las convenciones que apuntaban a estabilizar y fijar dos aquellos que se propusieron dibujar un espacio de tra-
los funcionamientos sociales, a asegurar plena eficacia a bajo donde se ligaran el estudio crítico de las obras, el de
los modos simbólicos de la dominación política, tanto más su circulación y el de sus significaciones e interpretacio-
poderosos por el hecho de que aquellos a quienes deben so- nes. Ese cruce de cuestiones desunidas durante mucho
meter los conocen y reconocen como legítimos. Pero entre tiempo tiene una apuesta fundamental: comprender de qué
mostración e imaginación, entre la representación propues- manera la producción del sentido operada por un lector (o
ta y el sentido construido, son posibles las discordancias. un espectador) singular está siempre encerrada en una se-
No sólo en las sociedades menos rígidamente codificadas rie de coacciones: en primer lugar, los efectos de sentido
posteriores a la Revolución, sino hasta en el siglo XVII. Es- buscados por los textos (o las imágenes) a través de los
cuchemos a La Bruyere: "Te equivocas, Filemón, si crees dispositivos mismos de su enunciación y la organización
que con esa carroza brillante, ese gran número de pillos que de sus enunciados; a continuación, los desciframientos im-
te siguen y esas seis bestias que te trasladan, más se te esti- puestos por las formas que dan a leer o a ver la obra; por
ma: todo ese boato que te es ajeno se deja de lado para pe- último, las convenciones de interpretación propias de un
netrar en ti, que no eres más que un fatuo. No es que a ve- tiempo o una comunidad. Un programa de este tipo fue el
ces no haya que perdonar a aquel que, con un gran cortejo, que ordenó las últimas investigaciones de Marin sobre los
un rico vestido y una magnífica comitiva, se cree mejor en procesos y los efectos de la representación para la consti-
nacimiento y espíritu: eso es lo que lee en el continente y tución del sujeto político en la Europa de los siglos XVI y
los ojos de quienes le hablan" (Los caracteres de Teofrasto XVII. La reseña de su seminario de 1990-1991 en la École
traducidos del griego, con los caracteres o las costumbres des Hautes Études lo indica claramente: "En el centro de
de este siglo, 1688, "Del mérito personal"). Por un lado, la problemática de lo político, se colocó la cuestión del po-
entonces, la comprobación de la fuerza de la representación der de Estado, centrándola precisamente en la puesta en
que manipula al destinatario, le hace reconocer el rango y acción del gobierno y las técnicas que apuntan a crear el
el mérito gracias a la "muestra", lo transforma en un espejo consentimiento necesario para su constitución y reproduc-
en el que el poderoso ve y se convence de su propia potes- ción. ¿Cómo se analizan y construyen en esta época unas
tad. Pero por cl otro, el texto habla de las flaquezas del lógicas pasionales que plasman los comportamientos indi-
engaño, el develamiento del artificio, la percepción de la viduales y colectivos, y cómo son utilizadas y desarrolla-
98 ESCRIBIR LAS PRACTICAS PODERES Y LIMITES DE LA REPRESENTACION 99

das en la manipulación de las pasiones para asegurar el so- Ése es también el sentido del atajo [traverse]: 'Ruta particular
metimiento?"28 más corta que el camino principal o que lleva a un lugar al que
Faltó tiempo para las respuestas, aun cuando en 1991- éste no conduce', pero sin duda con un efecto de sorpresa o de
1992, en un seminario que iba a ser el último, Marin, al asombro: he aquí que el atajo que tomo, singularmente, me lle-
volver al quiasmo del poder político y la representación del va a otra parte, allí donde el 'camino principal no conduce'.
teatro, cruzaba la figura del rey como autor -Jacobo I, autor otro fin, que yo no sospechaba: descubrimiento. No es allí
del Basilikon Doron- con la del poeta como rey --el Próspe- adonde quería ir y sin embargo, secretamente, ese lugar se re-
ro-Shakespeare de La tempestad-P' Faltó tiempo pero, al vela como el de un verdadero deseo, el deseo de verdad.t"
dejarnos las preguntas, Marin también nos dijo cómo había
que enfocarlas:

¿Cómo atravesar ese texto, desde su intimidad, sin desga-


rramiento al salir, en el momento de abandonarlo? Habría que
recorrerlo como el paseante recorre habitualmente la calle Tra-
versiere [Transversal] (xu-), marchando a paso vivo por una
parte de su extensión sin vagabundear en ella por curiosidad ni
demorarse por interés. Simplemente para pasar lo más rápido
posible a otros lugares o abrir más fácilmente otros espacios.

28. "Sérnantique des systemes de représentation", en École


des Hautes Études en Sciences Sociales, Annuaire. Comptes ren-
dus des cours et conférences 1990-1991, págs. 400-401. Iniciado
en 1978-1979, el seminario de Louis Marin llevó el título de "Se-
mántica de los sistemas representativos" hasta 1988-1989. En su
último curso, el de 1991-1992, figuró con el de "Sistemas de re-
presentaciones en la Edad Moderna".
29. Des pouvoirs de l'image, ob. cit., "Le portrait-du-roi en
auteur. Jacques l'" d' Angleterre, le Basilikon Doron, sonnet,
1599-1603" y "Le portrait du poete en roi. William Shakespeare,
La Tempéte. acte 1, scenes 1 et 2 (1611)", págs. 159-168 y págs. 30. Lectures traversiéres, ob. cit., "Rue Traversiere", págs. 9-
169-185 respectivamente. 15, cita de págs. 14·15.
EL PODER, EL SUJETO, LA VERDAD
FOUCAULT LECTOR DE FOUCAULT
En las entrevistas, los prefacios, las conferencias y los
cursos hoy reunidos en Dits et écrits [Dichos y escritos],
Michel Foucault manifiesta una preocupación constante:
inscribir en una coherencia de conjunto el trabajo ya hecho
y las investigaciones en curso. A través de múltiples retor-
nos retrospectivos, Foucault demuestra así ser el primer
lector de Foucault. Estas múltiples lecturas que propuso de
su "obra" serán el objeto de este ensayo.

MIRADAS RETROSPECTIV AS

De esas miradas retrospectivas, las primeras apuntan a


señalar proximidades intelectuales. Ellas se enuncian de
una manera a menudo banal y clásicamente biográfica
cuando Foucault, en una situación de entrevista, es cuestio-
nado acerca de los autores y las lecturas que lo marcaron.
"El poder, el sujeto, la verdad. Foucault lectorde Foucault" fue Sin embargo, pueden ser más "foucaultianas" cuando Fou-
publicado con el título "Généalogie et architecture de l'oeuvre: cault se esfuerza en aplicar a su propio trabajo un enfoque
Foucault lecteur de Foucault", en Les Cahiers de la Villa Gillet, N° genealógico, entendido como "una forma de historia que da
3, noviembre de 1995, págs. 188-203. cuenta de la constitución de los saberes, de los discursos,
104 ESCRIBIR LAS PRACTICAS EL PODER, EL SUJETO, LA VERDAD 105

de los dominios de objetos, etcétera, sin tener que referirse ca".' De igual modo, en las primeras palabras de la lección
a un sujeto, ya sea éste trascendente respecto del campo de inaugural en el Collége de France, El orden del discurso:
acontecimientos o se deslice en su identidad vacía, a lo lar- "En el discurso que hoy debo sostener y en aquellos que
go de toda la historia"." 1 deberé sostener aquí, durante años quizás, hubiera querido
Hay aquí una advertencia fundamental contra todas las poder deslizarme subrepticiamente. Más que tomar la pala-
lecturas que ponen en obra, espontáneamente, para com- bra, hubiese querido ser envuelto por ella, y llevado mucho
prender su trabajo, las categorías clásicas de la historia de más allá de todo comienzo posible. Me hubiese gustado
las ideas "ese viejo suelo gastado hasta la miseria't.? a la percatarme de que en el momento de hablar una voz sin
que pensaba condenar definitivamente al abandono.' Una nombre me precedía desde hacía mucho: me hubiese basta-
tensión extrema atraviesa de esta manera el discurso de do entonces concatenar, proseguir la frase, alojarme, sin
Foucault sobre sí mismo, siempre capturado entre las exi- que se percibiese demasiado, en sus intersticios, como si
gencias y las trampas de los enunciados en primera persona ella me hubiese dado una señal manteniéndose un instante
y el esfuerzo realizado para desprenderse de ellos, Esbozó, en suspenso. No habría pues comienzo, y en lugar de ser
varias veces, para desarticularla, el borramiento posible y aquel del que surge el discurso, estaría más bien en el azar
deseable de la "función-autor", Así, en la conferencia pro- de su despliegue, como una delgada laguna, el punto de su
nunciada ante la Sociedad Francesa de Filosofía, ¿ Qué es posible desaparición"." "-
un autor?, en 1969: "Al ver las modificaciones históricas Recusar las antiguas nociones asociadas a la "función-
que se han producido, no parece indispensable, lejos de autor" (originalidad de la obra, singularidad del discurso,
ello, que la función-autor permanezca constante en su for- subjetividad del autor) permitía desplegar un enfoque críti-
ma, en su complejidad e incluso en su existencia, Puede co y genealógico de los discursos que podía legítimamente
imaginarse una cultura en que los discursos circulasen y ser aplicado al suyo. El prefacio a la traducción inglesa de
fuesen recibidos sin que la función-autor apareciese nun- Las palabras y las cosas inscribe, por ejemplo, al libro en
una serie de discursos que lo engloba y lo unifica en una
misma situación de enunciación y en una misma red teóri-
* Todas las notas de este ensayo remiten a obras de Michel
Foucault, que, por lo tanto, sólo serán mencionadas por su título.
1. "Entretien avec M, Foucault", Dits et écrits, 1954-1958, 3. "Qu'est-ce qu'un auteur?", Dits et écrits, 1. 1, 1954-1969,
Edición establecida bajn la dirección de Daniel Defert y Francois págs. 789-821 (cita, pág. 811).
Ewald,
I
con la colaboración de Jacques Lagrange, París, Galli- 4. L 'ordre du discours. Lecon inaugurale au Collége de
mard, 1994,1. I1I, 1976-1979, págs. 140-160 (cita, pág. 147). France prononcée le 2 décembre 1970, París, Gallimard, 1970,
2. L'archéologie du savoir, París, Gallimard, 1969, pág. 179, págs. 7-8. [Trad. cast. El orden del discurso, Barcelona, Tus-
[Trad. cast. La arqueología del saber, México, Siglo XXI, 1972.] quets, 1987.]
106 ESCRIBIR LAS PRACTICAS EL PODER, EL SUJETO, LA VERDAD 107

ca: "Me sentaría mal -a mí más que a cualquíer otro- pre- te su lugar en esa arquitectura sistemática: "En Historia de
tender que mi discurso es independiente de condiciones y la locura me enfrentaba con una formación discursiva cu-
reglas de las que soy, en gran medida, inconsciente, y que yos puntos de elección teóricos eran bastante fáciles de
determinan los otros trabajos hoy realizados't.> delimitar, cuyos sistemas conceptuales eran relativamente
La segunda forma de la relación que Foucault mantiene poco numerosos y sin complejidad, cuyo régimen enuncia-
con su propia "obra" es clasificatoria o "arquitectónica": se tivo finalmente era bastante homogéneo y monótono; era
trata de inscribir los libros ya escritos y los que están en pre- un problema, en cambio, la emergencia de todo un conjunto
paración en una organización sistemática, una arquitectura de objetos muy enmarañados y complejos; se trataba de
cuya función es a la vez dar cuenta de la lógica de una tra- describir, ante todo, para precisar en su especificidad el
yectoria de investigación y de la coherencia de un proceder. conjunto del discurso psiquiátrico, la formación de esos ob-
El modelo de estas reorganizaciones retrospectivas está da- jetos. En El nacimiento de la clínica, el punto esencial de la
do, desde 1969, en La arqueología del saber. Foucault ya ha investigación era la manera como se modificaron, a fines
publicado Historia de la locura (1961), El nacimiento de la del siglo XVIII e inicios del siglo XIX, las formas de enuncia-
clínica (1963 J y Las palabras y las cosas (1966 J. Cada uno ción del discurso médico; el análisis recayó, más que sobre
de estos libros le parece pues la exploración de uno de los la formación de los sistemas conceptuales o las elecciones
rasgos constitutivos de toda formación discursiva y la apli- teóricas, sobre el estatuto, el emplazamiento institucional,
cación de una de las modalidades del análisis arqueológico. la situación y los modos de inserción del sujeto que discu-
En el vocabulario de La arqueología del saber, algo rre. Por último, en Las palabras y las cosas, el estudio re-
abandonado posteriormente, esas diferentes modalidades caía, en su parte principal, sobre las redes de conceptos y
conciernen a la constitución de un "referencial", entendida sus reglas de formación (idénticos o diferentes), tal como
como la formación del particular dominio de objetos al que se los podía delimitar en la gramática general, la historia
apunta el discurso; la formación de un "desfasaje enunciati- natural y el análisis de las riquezas"." Foucault concluye
va", es decir, de un régimen de enunciación específico de la que falta todavía estudiar la cuarta característica de las for-
producción de ese discurso, y la presencia de una "red con- maciones discursivas, a saber, "el campo de posibilidades
ceptual" definida por las reglas de formación de los con- estratégicas" que dibuja elecciones teóricas similares tras
ceptos propios de la formación discursiva considerada. Las las diferencias de opiniones o, a la inversa, marca distan-
tres obras del decenio del '60 encuentran muy naturalmen- cias teóricas irreductibles más allá de una temática común.
La operación intelectual efectuada en La arqueología

5. "Préface á l'édition anglaise", Dits et écrits, t. Il, 1970-


1975, págs. 7-13 (cita, pág. 13). 6. L'archéologie du savoir, ob. cit., pág. 86.
108 ESCRIBIR LAS PRACTICAS EL PODER, EL SUJETO, LA VERDAD 109

del saber será reiterada muchas veces por Foucault a lo lar- cia del límite, a la vez literaria y existencial, Blanchot, Ba-
go de todo su trabajo, Ella marca la importancia que otor- taille y Klossowski operan una "desubjetivación" funda-
gaba a las exigencias de ordenamiento que debían tornar mental.
visibles la lógica de la obra, Al mismo tiempo, siempre es- Un recordatorio como éste remite a la presencia recu-
taba presente el riesgo de retornar a las categorías clásicas rrente, obsesiva, de esos tres autores, en los textos de Fou-
de la historia de las ideas, rechazadas sin embargo porque cault de los años '60. En 1963, en un artículo de Critique,
un proyecto tal postula, contrariamente a lo que muestra el Foucault caracteriza la obra de Bataille como una prueba
análisis arqueológico de las formaciones discursivas, que la del límite que es ruptura con la "soberanía del sujeto filoso-
obra debe necesariamente tener unidad y coherencia. Fou- fante", "fractura del sujeto filosófico"." Con Bataille, "el fi-
cault lector de sí mismo no estaba pues en una situación lósofo sabe que 'no somos todo'; pero aprende que él mis-
mejor que sus comentadores, siempre tironeados entre la mo no habita la totalidad de su lenguaje como un dios
evidencia engañosa de las nociones que permiten hablar de secreto y omniparlante; descubre que hay, a su lado, un len-
las obras y la radicalidad de las rupturas que impone la em- guaje que habla y del cual no es amo't.!" Un año más tarde
presa "foucaultiana" misma. el ensayo sobre Klossowski publicado en la Nouvelle Revue
Franí'aise,11 delimita en las figuras del simulacro propues-
tas por el escritor el desdoblamiento o la dispersión del su-
PARENTESCOS INTELECTUALES jeto, hablando en voces que se susurran, se sugieren, se
apagan, se reemplazan las unas a las otras -dispersando al
En la gran entrevista que dio a D, Trombadori a fines acto de escribir y al escritor en la distancia del simulacro
de 1978, Foucault inscribe su trabajo en tres linajes.? El donde se pierde, respira y víve-.'? Al sujeto único y unifi-
primero es una familia de escritores: Blanchot, Bataille, cado de la filosofía idealista se le sustituye así "la multipli-
Klossowski, a los que pueden agregarse, en otros textos, cación teatral y demente del Yo". 13
otros nombres -como Artaud, Bréton, Léris-. El punto co- Un poco más tardío el texto sobre Blanchot, aparecido en
mún de estos autores fue "arrancar al sujeto de sí mismo,
hacer de modo tal que no Sea él mismo o que se vea lleva-
do a su aniquilamiento o a su disoluciónv.f En la experien- 9. "Préface a la transgression", Dits et ecríts, t. 1, págs. 233-
250.
10. Ibíd., pág. 242.
11. "La prose d' Actéon", Dits et écrits, t. 1, págs. 326-337.
7. "Entretien avec Michel Foucault", Dits el ecrits. 1. IV, 12. lbíd., pág. 337.
1980-1988, págs. 41-95. 13. "La pensée du dehors", Dits et écrits, t. 1, págs. 518-539
8. lbíd., pág. 43. (cita, pág. 522).
110 ESCRIBIR LAS PRACTICAS EL PODER, EL SUJETO, LA VERDAD 111

Critique en 1966,14 hace de la experiencia del lenguaje una de Métaphysique et de MoraleP consagrado a la obra de
'experiencia desde afuera': "Era harto sabido, después de Canguilhem, el linaje de los 'historiadores de la ciencia'
Mallarmé, que la palabra es la inexistencia manifiesta de 10 comprende cuatro nombres: Koyré, Bachelard, Cavailles y
que designa; se sabe ahora que el ser del lenguaje es el borra- al mismo Canguilhem. Su trabajo tiene un primer punto co-
miento visible de quien habla't.I> La obra no expresa una in- mún: "Obras como las de Koyré, Bachelard, Cavailles y
dividualidad singular; "existe de cierta manera por sí misma, Canguilhem pueden tener efectivamente como centro de re-
Como el fluir desnudo y anónimo del lenguaje". 16 La disolu- ferencia dominios precisos, 'regionales', cronológicamente
ción del sujeto en una experiencia límite, de naturaleza se- bien determinados de la historia de las ciencias; ellos fun-
xual en Bataille o lenguajera en Blanchot, se sitúa en total cionaron sin embargo como focos de elaboración filosófica
discordancia con la exigencia del nombre propio que gobier- importantes, en la medida en que revelaban, bajo diferentes
na el estatuto de la literatura desde el Renacimiento. Esta facetas, esa cuestión de la Aufkliirung, esencial para la filo-
contradicción mayor será el centro de la reflexión en "¿Qué sofía contemporánea" .19 En los historiadores de las ciencias
es un autor?" y conducirá a Foucault a identificar los diferen- esa "cuestión de la Aufkliirung" está planteada en "una filo-
tes dispositivos (apropiación penal de los .discursos en primer sofía del saber, de la racionalidad y del concepto" -y éste
término, definición jurídica del derecho de autor, posterior- es un segundo punto común, más fundamental todavía, que
mente) que culminaron en la "función-autor", entendida co- opone, término a término, sus obras a la filosofía de la ex-
mo la asignación de la obra literaria a un nombre propio. periencia, del sentido y del sujeto, que es la de Sartre y
La segunda genealogía en la que Foucault inscribe su Merleau-Ponty. Para Foucault este c1ivaje es antiguo y de
propio trabajo es la de la historia de las ciencias. En la en- carácter estructurante en la filosofía francesa, desde la opo-
trevista con D. Trombadori, sólo menciona el nombre de sición entre Comte y Maine de Biran hasta la oposición en-
Koyré, pero en la introducción a la traducción inglesa del tre Poincaré y Bergson. Encontró su formulación más re-
libro de Canguilhem, Lo normal y lo patológico, publicada ciente en la doble lectura de las Meditaciones cartesianas
en 1978 17 y revisada en 1984 para el número de la Revue de Husserl, la lectura epistemológica de Cavailles y la lec-
tura fenomenológica de Sartre.
La historia de las ciencias, en su definición filosófica
14. "La pensée du dehors". art. cit. francesa, entraña una primera apuesta: poner en evidencia
15. Ibfd., pág. 537.
16. "Intcrview avec Michel Foucault", Dits el écrits. 1. 1, págs.
651-662 (cita, pág. 660). 18. "La vie: I'expérience et la science", Dits el écrits, t. IV,
17. "Introduction par Michel Foucault", Díts el écríts, t. Ill, págs. 763-776.
págs. 429-442. 19. ¡bid., pág. 767.
112 ESCRIBIR LAS PRACTICAS EL PODER, EL SUJETO, LA VERDAD 113

la historicidad del pensamiento de lo universal, oponer a la Concibiendo que ha de hacerse la historia de los 'discursos
razón entendida como una invariante antropológica, la dis- verídicos', es decir, la historia de los discursos que se recti-
continuidad de las formas de racionalidad, Se trata pues de fican, se corrigen, y que operan sobre sí mismos todo un
interrogar "una racionalidad que pretende a lo universal trabajo de elaboración que culmina en la tarea del 'decir
mientras que se desarrolla en la contingencia, que afirma su vcrdadero'"." Finalmente, la historia de las ciencias opone,
unidad y no procede, empero, más que por modificaciones al sujeto soberano fundador del sentido, a la centralidad del
parciales, que valida por sí misma su propia soberanía, aun- cogito, la constitución recíproca del objeto del saber por el
que no puede ser disociada en su historia de las inercias, las sujeto cognoscente y la del sujeto cognoscente por los sa-
lentitudes o las coerciones que la sujetan'V" Un segundo beres que lo objetivan.
desplazamiento operado por la historia de las ciencias a la Foucault se reconoce en una tercera familia, más desuni-
francesa sustituye, a una concepción de la verdad conside- da: la formada por "los estructuralistas que no lo eran", 22 con
rada como presente en las cosas mismas, las modalidades excepción, sin duda, del primero de ellos, Lévi-Strauss, La-
móviles de la separación entre lo verdadero y lo falso, Fou- can, Althusser, Entre sus trabajos y el suyo, Foucault recono-
cault analiza de este modo el trabajo de la epistemología ce un punto común, que no es la utilización de los conceptos
histórica: "La historia de la ciencia no es la historia de lo o de los métodos del análisis estructural, frecuente y vigoro-
verdadero, de su lenta epifanía, no podría pretender relatar samente rechazada, sino un común recuestionamiento de la
el descubrimiento progresivo de una verdad inscrita desde teoría del sujeto. En las reglas de parentesco o en la produc-
siempre en las cosas o en el intelecto, salvo si imagina que ción de los relatos mitológicos, en el funcionamiento del in-
el saber de hoy la posee de manera tan completa y definiti- consciente, en la articulación entre modos de producción y
va, que puede medir el pasado a partir de dicho saber, Y, formaciones sociales, sus obras identificaron el juego auto-
sin embargo, la historia de las ciencias no es una mera y mático de las estructuras, allí donde los pensamientos idea-
simple historia de las ideas y de las condiciones de su apa- listas ubicaban la invención creadora, la transparencia de la
rición antes de ser borradas. No se puede, en la historia de conciencia o el resultado del actuar humano.
las ciencias, darse por adquirida la verdad, pero tampoco se Lo que une estos tres linajes en los que Foucault mismo
puede hacer la economía de una relación con lo verdadero se inscribe es, entonces, una formulación radicalmente ori-
y con la oposición entre lo verdadero y lo falso. Esta refe- ginal de la cuestión del sujeto, de un sujeto despojado de
rencia al orden de lo verdadero y lo falso brinda su especi-
ficidad y su importancia a esta historia. ¿Bajo qué forma?
21. Ibíd" pág. 769,
22. "Entretien avec Michel Foucault", Dits el écrits, t. IV,
20. Ídem, pág. 52.
ESCRIBIR LAS PRACTICAS EL PODER, EL SUJETO, LA VERDAD 115
114

los poderes y atributos tradicionales que le permitían dar como lo señala con vehemencia uno de los pocos textos
sentido al mundo, fundar la experiencia y el conocimiento, que Foucault consagró exclusivamente a Nietzsche.P el
producir la significación, En el lugar de la soberanía abso- concepto de acontecimiento tal como lo maneja la "Wirkli-
luta de la subjetividad cartesiana o fenomenológica, los es- che Historie", "la historia efectiva" nietzscheana, es la pa-
critores del límite, los historiadores de las ciencias y los lanca fundamental que permite desgajar de la soberanía del
"estructuralistas" instalaron los "discursos negativos" sobre sujeto significante, todo trabajo de comprensión, estruclU-
el sujeto, Su trabajo remite a una misma obra, la de Nietzs- ralista o no, Entendido como "una relación de fuerzas que
che, A Foucault le gusta recordar la importancia decisiva se invierte, un poder confiscado, un vocabulario retomado
que ella tuvo en su trayectoria intelectual, incluso la sitúa y vuelto contra sus usuarios, una dominación que se debili-
en el origen de cada genealogía, ta, se distiende, se envenena a sí misma, y otra que entra,
Nietzsche es el primero de los escritores de la "desubjc- enmascarada" ,26 considerado en su surgimiento radical el
tivación". De ello se deduce el recorrido a contrapelo que acontecimiento obliga a romper con "el juego consolador
condujo Foucault de los escritores del límite a esa obra ma- de los reconocimientos" y a realizar "el sacrificio del suje-
triz: "Leí a Nietzsche a causa de Bataille, y leí a Bataille a to del conocimiento",27
causa de Blanchot",23 Aunque menos evidente, la proximi-
dad entre Nietzsche y Canguilhem no es menos cierta:
"Nietzsche decía de la verdad que era la mentira más pro- ARQUITECTURAS DE LA OBRA:
funda, Canguilhem diría quizás -él, que está muy lejano y EL PODER, EL SUJETO, LA VERDAD
muy próximo de Nietzsche al mismo tiempo-, que ella es,
en el enorme calendario de la vida, el error más reciente; o, En la entrevista de 1978 con D, Trombadori, Foucault
más exactamente, diría que la separación entre lo verdade- propone una clasificación de los libros ya publicados a par-
ro y lo falso, al igual que el valor otorgado a la verdad, tir de la forma de trabajo intelectual que los produjo: "Cada
constituyen la manera más singular de vivir que haya podi- uno de mis libros es una manera de delimitar un objeto y de
do inventar una vida que, desde el fondo de su origen, lle- forjar un método de análisis, Una vez terminado mi trabajo,
vaba en sí misma la eventualidad del error" 24 Por último, puedo, por una suerte de mirada retrospectiva, extraer de la

23. "Structuralisme el poststructuralisme", Dits el écrits, t. 25. "Nietzsche. la généalogie, I'histoire", Dits el écrits, t. 11,
IV, págs, 431-457 (cita, pág. 437), págs, 136-156,
24. "La vie: l'expérience el la scicncc", Dits el écrits, t. IV, 26, Ibíd" pag. 148,
pág,775, 27, Ibíd" pág. ¡ 47 Y 154,
116 ESCRIBIR LAS PRACTICAS EL PODER, EL SUJETO, LA VERDAD 117

experiencia qne acabo de hacer una reflexión metodológica los sujetos mismos. Historia de la locura y, más bizarramen-
que despeja el método que el libro hubiera debido seguir, De te, El orden del discurso, son citados como inspirados por la
tal suerte que escribo, algo alternativamente, libros que l1a- primera concepción -negativa- del poder; Vigilar y castigar
maría de exploración y libros de método" 28 Foucault ubica y La voluntad de saber como construidos a partir de la se-
entre los "libros de exploración" a Historia de la locura, y gunda. Aquí disociados, opuestos incluso, Historia de la lo-
El nacimiento de la clínica, y entre "los libros de método" a cura y Vigilar y castigar serán luego reubicados en una mis-
La arqueología del saber. Las palabras y las cosas, "libro ma serie, cuando el criterio primero de organización de la
marginal", "ejercicio formal", no encuentra lugar en esta ta- obra sean los modos de constitución del sujeto; lo cual, a su
xonomía ni, por otra parte, las obras más recientes, evoca- vez, alejará a Vtgilar y castigar de La voluntad de saber, pri-
das del siguiente modo: "Luego, escribí cosas como Vigilar mer volumen de Historia de la sexualidad.
y castigar y La voluntad de saber". Inscribir en una cohe- En el resumen del curso que dio en el College de France
rencia de conjunto y en una trayectoria razonada esas "co- durante el año universitario 1980-1981,30Foucault propone
sas" será el objeto mismo de las otras clasificaciones. un nuevo recorte retrospectivo, organizado según los des-
En una entrevista otorgada un año antes," Foucault había plazamientos temáticos de su trabajo tal como se le presen-
hecho del desplazamiento de la categoría de poder el princi- tan en ese entonces. En un primer tiempo, estuvo consagra-
pio de organización de su trabajo. Se distinguen así los libros do a la "historia de la subjetividad", entendida como la
fundados en una gril1a de lectura "jurídica y negativa" del historia de las modalidades de constitución del sujeto. Estas
poder, donde el poder prohibe, oculta, excluye, y aquellos modalidades son de dos tipos: por un lado, las separaciones
que operan con una gril1adiferente, "técnica y estratégica". que instituyeron el sujeto normal en oposición al loco (His-
En los segundos, los "efectos de poder" no remiten ya a una toria de la locura), al enfermo (El nacimiento de la clíni-
instancia única y central, sino que resultan de las relaciones ca), al delincuente (Vigilar y castigar); por otro, los saberes
impersonales tejidas entre los individuos o los grupos. Lejos que lo objetivaron en tanto que ser hablante, trabajador y
de reprimir una subjetividad que les sería anterior y exterior, viviente (Las palabras y las cosas).
estos efectos de poder reparten, definen papeles, modelan a Una segunda etapa colocó en el centro de las interroga-
los individuos. Son, por ende, a su manera, productores de ciones a la "historia de gubernamentalidad". El término
aparece por primera vez en el curso del College de France
de 1977-1978. Designa entonces el conjunto de los apara-
28. "Entretien avec Michel Foucault", Dits et écrits, t. IV,
pág. 42.
29. "Les rapports de pouvoir passenj, a I'intérieur des corps", 30. "Subjectivité et vérité", Dits et écrits, t. IV, págs. 213-
Dits et écrits, t. IlI, págs. 228-236. 218.
118 ESCRIBIR LAS PRACTICAS EL PODER, EL SUJETO, LA VERDAD 119

tos, de los procedimientos, de los cálculos y de las técnicas El curso de 1980-1981 inaugura una nueva investiga-
que definen una forma específica de poder, cuya mira es la ción que, bajo el título "Subjetividad y verdad", se da como
población, el saber de referencia, la economía política y el objeto la historia de la preocupación por el si-mismo y de
instrumento técnico, los dispositivos de seguridad, A ello la técnicas vinculadas a él. Los desplazamientos propuestos
se debe el título mismo del curso: "Seguridad, territorio y son de dos órdenes: de la objetivación del sujeto por las se-
poblaciones" 31 En 1981, Foucault reúne como formas de paraciones y los saberes a las relaciones del sujeto consigo
exploración de la "gubernamentalidad" los libros que con- mismo; del ejercicio del gobierno sobre las poblaciones a
ciernen al encierro y a la disciplina (Historia de la locura las formas y los modelos del gobierno de sí mismo por sí
y Vigilar y castigar, ya citados, y que, obviamente, no mismo, En un proyecto como éste, como lo indicaba ya una
usan la noción), los cursos consagrados al arte de gobernar conferencia dada en Brasil en 1976,34 la sexualidad desem-
y a la razón de Estado (a saber, los de 1977-1978, "Seguri- peña un papel central, dado que en ella se articulan la regu-
dad, territorio y poblaciones"; de 1978-1979, "Nacimiento lación de las poblaciones y las disciplinas individuales de
de la biopolítica", y de 1979-1980, "Del gobierno de los los cuerpos,
vivos") y el estudio realízado con Arlette Farge sobre las En la entrevista con Dreyfus y Rabinow, aparecida en
Lettres de cachet, que será publicado en 1982 3 2 El resu- 1982 con el título "El sujeto y el poder", Foucault formula
men del curso de 1979-1980 indica una reorganización del de manera un poco diferente la trama cronológica de su tra-
concepto de "gubernarncntalidad" que se separa del mero bajo,35 La cuestión central que lo ha producido es formula-
ejercicio del poder del Estado, Subsume, desde entonces, da con claridad, recusando explícitamente otra lectura: "No
todas "las técnicas y procedimientos destinados a dirigir la es el poder, sino el sujeto lo que constituye el tema general
conducta de los hombres", amplía sus objetos (el Estado, de mis invcstigacíoncs't.t> A ello se debe un trabajo siem-
sin duda, pero también la casa o el individuo mismo) y sus pre preocupado por los "diferentes modos de subjetivación
metas (los cuerpos, pero también las almas o las concien- del ser humano en nuestra cultura",37 El concepto de "sub-
cias),33 jetivación" entra así en el vocabulario "foucaultiano", tar-

31. "La 'gouvernementalité'" et "Sécurité, territoire et popu-


lation", Dits et écrits, t. I1I, págs, 635-657 y 719-723, 34, "Les mailles du pouvoir", Dits et écrits, t. IV, págs, 182-
32. Le Desordre des jamilles. Lettres de cachet des archives 201.
de la Rastille au XVIlle siécíe, París, Gallimard-Julliatd, "Archi- 35, "Le sujet et le pouvoir", Dits et écrits, t. IV, págs, 222-
ves", 1982(con Arlette Farge). 243,
33. "Du gouvernement des vivants", ñus el écrits, 1. IV, págs. 36, Ibíd" pág. 223,
125-129 (cita, pág. 125), 37, Ídem,
120 ESCRIBIR LAS PRACTICAS EL PODER. EL SUJETO. LA VERDAD 121

día, pero decisivamente. La trayectoria dibujada retoma la placeres-P esta presentación general articula la nueva re-
que fue presentada en el resumen del curso de 1980-1981, construcción retrospectiva a partir de la relación entre
pero con algunas variantes. Se abre con los estudios consa- "problematizaciones y prácticas". Siguiendo el índice de
grados a la objetivación del sujeto por los saberes: objetiva- Dits et écrits la noción de "problernatización'' es de uso
ción del sujeto hablante por la gramática, la filología, la lin- tardío: todas las apariciones del tema (salvo una en 1976)
güística; objetivación del sujeto trabajador por la economía se encuentran en textos de los tres últimos años, entre 1982
política; objetivación del sujeto viviente por la historia na- y 1984. En una entrevista publicada en mayo de 1984, el
tural y la biología. Estos son los objetos mismos de Las pa- concepto, que se ha transformado en central, es definido
labras y las cosas, dotados aquí de un estatuto inaugural. del siguiente modo: "Problematización no quiere decir re-
Luego Foucault indica que "en la segunda parte de [su] tra- presentación de un objeto preexistente ni tampoco creación
bajo" la atención recayó sobre la objetivación del sujeto por el discurso de un objeto que no existe. Es el conjunto
por "prácticas que lo dividen", es decir, prácticas que lo se- de las prácticas, discursivas o no, que hace que algo entre
paran de los otros o bien que lo dividen en su propio inte- en el juego de lo verdadero y de lo falso, constituyéndolo
rior. Así la división entre el loco y el hombre sano de espí- como objeto para el pensamiento (ya Sea bajo la forma de
ritu; entre el enfermo y el individuo sano, o entre el la reflexión moral, del conocimiento científico, del análisis
delincuente y el "buen muchacho". La preocupación lógica político, etcétera)".39 Una problematización se caracteriza
desordena aquí la sucesión cronológica, dado que las dos pues por dos rasgos: la construcción en una radical discon-
primeras divisiones son objeto de libros (Historia de la lo- tinuidad de categorías y preguntas -Ia locura, la sexuali-
cura, El nacimiento de la clínica), evidentemente anteriores dad- que no deben ser consideradas ni como invariantes
a la publicación de Las palabras y las cosas. El "trabajo en antropológicas ni como modalidades históricas particulares
curso", abierto en 1978 por La voluntad de saber, tiene otro de nociones universales; la sumisión a los criterios del dis-
propósito: estudiar cómo, por sí mismo, el ser humano se curso verídico de los enunciados que forman los dominios
transforma en sujeto. de pensamiento así constituidos.
El avance de este "trabajo en curso", marcado por la re- Las relaciones del pensamiento con la verdad se le pre-
dacción de El uso de los placeres y de La magnitud de sí sentan a Foucault, por ende, como siendo verdaderamente
mismo, conduce a Foucault a una nueva reorganización de
su trabajo. La enuncia en el texto, que debía Ser la intro-
ducción general a Historia de la sexualidad, a saber, las 38. "Usages des plaisirs et techniques de soi", Dits el ecrits, t.
dos obras citadas y la que debía completarlas, Confesiones IV, págs. 539-561.
de la carne. Publicada en Le Débat ea noviembre de 1983 39. "Le soucí de la vérité", Dits et écrits, t. IV, págs. 668-678
-algunos meses antes de la publicación de El uso de los (cita, pág. 670).
122 ESCRIBIR LAS PRACTICAS EL PODER, EL SUJETO, LA VERDAD 123

el hilo conductor de la obra: "Me parece percibir mejor Una última lectura de Foucault por Foucault aparece en
ahora de qué manera, un poco a ciegas, y a través de frag- el artículo "Foucault" del Diccionario de los filósofos, pu-
mentes sucesivos y diferentes, me vi envuelto en esta em- blicado en 1984, En parte, este artículo -firmado Maurice
presa de una historia de la verdad: analizar, no los compor- Florence (M,F)- retorna el texto que Foucault mismo había
tamientos ni las ideas, no las sociedades ni las ideologías, redactado corno introducción al segundo volumen de Histo-
sino las 'problematizaciones' a través de las cuales el ser se ria de la sexualidad.w La clasificación retrospectiva del
da corno pudiendo y debiendo ser pensado, y las 'prácticas' trabajo ya no opera de acuerdo con el tipo de prácticas que
a partir de las que se forman, La dimensión arqueológica ha sostenido la formación de las problernatizaciones que in-
del análisis permite analizar las formas mismas de la pro- teresaron a Foucault, sino a partir del tipo de sujeto cons-
blematización; su dimensión genealógica, su formación a truido por las prácticas (discursivas o no) que plantean al
partir de las prácticas y de sus modificaciones'V'" Cada li- sujeto corno objeto de un saber posible y que someten ese
bro o conjunto de libros encuentra de esta manera su singu- saber al criterio de lo verdadero y lo falso, al principio de
laridad y su razón en el registro particular de las prácticas veridicción entendido corno "las formas según las cuales se
que entraña la "problematización" que es su objeto: prácti- articulan sobre un dominio de cosas, algunos discursos que
cas sociales y médicas en Historia de la locura y en El na- pueden ser considerados verdaderos o falsos" 42
cimiento de la clínica, prácticas discursivas en Las pala- De allí, las tres modalidades del sujeto exploradas por la
bras y las cosas, prácticas punitivas en Vigilar y castigar, obra, Por una parte, el sujeto hablante, el sujeto que traba-
prácticas de sí en Historia de la sexualidad, La problemati- ja, el sujeto viviente, tal corno los constituyó el discurso,
zación retenida eu cada oportunidad corno objeto de análi- dotado de estatuto científico, de las "ciencias humanas",
sis (problematización de la vida, del lenguaje y del trabajo; Tal era el objeto de Las palabras y las cosas, Por otra, el
problematización de las conductas criminales; problemati- sujeto desviado, designado corno loco, enfermo o delin-
zación de las actividades y de los placeres sexuales) en- cuente, tal corno fue construido por las prácticas de la psi-
cuentra su fundamento en un régimen específico de prácti- quiatría, la medicina clínica o la penalidad, Historia de la
cas, Dicho régimen es gobernado por reglas y criterios locura, El nacimiento de la clínica y Vigilar y castigar son
propios, que definen según los casos los dispositivos de libros que situaron corno eje de su búsqueda estas separa-
normalización, las reglas de producción de los discursos, ciones normativas operadas por las prácticas mismas, Fi-
las técnicas disciplinarias o la estética de la existencia, nalmente, "la constitución del sujeto corno objeto para sí

40. "Usages des plaisirs et techniques jíe soi", Dits el écrits, t. 41. "Foucault", Dits et ecríts. 1. IV, págs, 631-636,
IV, pág. 545, 42, Ibíd" pág. 632,
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mismo" que entrañan el conocimiento y las técnicas de sí. c,omo el principio fundamental de organización de la obra a
A la objetivación del sujeto por los discursos de conoci- partir de los años' 80, se borra ante otro interrogante que ha-
miento o por las prácticas que dividen y separan, este tercer bría proporcionado la trama continua del trabajo: la cuestión
modo de formación del sujeto opone la historia de la subje- de la verdad o, mejor dicho, la de los dominios de perti-
tividad "si se entiende por dicha palabra la manera en que nencia, de las modalidades de empleos, de las reglas de
el sujeto hace la experiencia de sí mismo en un juego de constitución de esa partición esencial según la cual "respec-
verdad en el que se relaciona consigo mismo"43 to de ciertas cosas, lo que un sujeto puede decir depende de
En esta última etapa, su trabajo se le presenta a Foucault la cuestión de lo verdadero y lo falso" 45
como guiado, desde siempre, no por la cuestión del poder o La originalidad del "último Foucault" yace esencial-
por la del sujeto, sino por la historia de los "juegos de ver- mente en el carácter central que le otorga retrospectivamen-
dad". En el texto publicado en 1983, que abrirá El uso de te a la cuestión de lo verdadero y de lo falso, Ella habita las
los placeres, se diferencian tres tipos de "juegos de verdad", últimas entrevistas. En la publicada por Telos en la prima-
que corresponden a tres momentos del trabajo (Las palabras vera de 1983, organiza toda la arquitectura de la, empresa
y las cosas, Vigilar y castigar e Historia de la sexualidad): intelectual llevada a cabo desde Historia de la locura:
"Luego del estudio de los juegos de verdad en su relación "Mientras que los historiadores de las ciencias, en Francia,
mutua -a partir del ejemplo de cierta cantidad de ciencias se interesaban esencialmente en el problema de la constitu-
empíricas en los siglos XVII y XVIl1-; luego del estudio de los ción de un objeto científico, la pregunta que me hice fue la
juegos de verdad respecto de las relaciones de poder, toman- siguiente: ¿cómo el sujeto humano llega a ofrecerse a sí
do como ejemplo las prácticas punitivas, otro trabajo pare- mismo como objeto de saber posible, a través de qué for-
cía imponerse: estudiar los juegos de verdad en la relación mas de racionalidad, a través de qué condiciones históricas
del sí mismo consigo mismo y la constitución del sí mismo y, finalmente, a qué precio? Mi pregunta es la siguiente: ¿a
como sujeto, tomando como ámbito de referencia y campo qué precio puede el sujeto decir la verdad acerca de sí mis-
de investigación lo que podría llamarse la 'historia del hom- mo?"46 Cada libro o cada conjunto de libros es pensado,
bre de deseo"'.44 De este modo, el cuestionamiento que re- desde entonces, como habiendo explorado los discursos
caía sobre la constitución del sujeto, en el doble proceso de verdaderos que el sujeto puede sostener sobre sí mismo, ya
su objetivación y de su subjetivación, que era considerado se trate de un sujeto loco (Historia de la locurar; un sujeto

43. Ibid., pág. 633. 45. "Foucault", Dits et écrits, t. IV, pág. 632.
44. "Usages des plaisirs et techniques de soi", Dits el écrits, t. 46. "Structuralisme et poststructuralisme". Dits el écrits, 1.
IV, pág. 541. IV, pág. 442.
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enfermo (El nacimiento de la clínica); un sujeto hablante, verdad en un único dominio, la grilla de clasificación así
que trabaja y que vive (Las palabras y las cosas); un sujeto propuesta puede entenderse, empero, de otra manera. Las
criminal (Vigilar y castigar), o un sujeto de placer sexual tres ontologías históricas que distingue se definen, en efec-
(Historia de la sexualidad). La obra entera, con excepción to, por aquello con lo que la verdad mantiene una relación:
de La arqueología del saber, encuentra de este modo una el conocimiento, el poder, la ética, Cada uno de estos domi-
nueva coherencia, en el despliegue de una sola y única pre- nios de discurso y de prácticas pone en juego, a su manera,
gunta, presente de libro en libro. las formas del "decir verdadero", las reglas de producción y
. Una reconstrucción tal parece coexistir con una clasifi- de validación de los "discursos verídicos".
cación más clásica de la obra como, por ejemplo, la que De esta manera, en lo que debía ser la etapa última de su
aparece en la entrevista de abril de 1983 con H. Dreyfus y investigación, el entrelazamiento entre la cuestión de la his-
P. Rabinow. En ese texto Foucault retorna a su trabajo dis- toria de la verdad y la de la subjetivación se había transfor-
tribuyéndolo según los tres ejes posibles de una genealogía mado para Foucault en la trama fundamental de su recorrido
de nuestro presente: "Primero, una ontología histórica de intelectual. La cuestión de los juegos de verdad proporcio-
nosotros mismos en nuestras relaciones con la verdad, que naba la clave que permitía leer su obra de manera más abar-
nos permite constituirnos como sujetos de conocimiento; cativa, más coherente, a la espera de otras reconstrucciones
luego, una ontología histórica de nosotros mismos en nues- que sin duda habrían de ser sugeridas por las búsquedas fu-
tras relaciones con un campo de poder en el que nos consti- turas. Esta clave indicaba, más agudamente que las prece-
tuimos como sujetos que actúan sobre los otros; finalmente, dentes, la tensión irreductible y fundamental que había
una ontología histórica de nosotros mismos en nuestras re- acompañado todo el trabajo -un trabajo necesariamente so-
laciones con la moral que nos permite constituirnos en metido a las inestables particiones entre lo verdadero y lo
agentes éticos" .47 El nacimiento de la clínica y La arqueo- falso que eran su objeto mismo, y cuya verdad no obstante
logía del saber exploraron el primer eje, el de la verdad; Vi- debía enunciar.
gilar y castigar, el segundo, el del poder; Historia de la se-
xualidad el tercero, el de la moral; estando presentes los
tres "aunque de una manera algo confusa", en Historia de
la locurai" Confinando, aparentemente, la cuestión de la

47. "A propos de la généalogiede l' éthique: un apercu du tra-


vail en cours", Dits el écríts, t. IV, págs. 383-411 y 609-631.
48. Ibíd., págs. 393 y 618.