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LAS EXPRESIONES FIJAS EN UNA ESTÉTICA DE LA REPETICIÓN:

AMADO MONSTRUO DE JAVIER TOMEO

SYLVIE FOURNIÉ
Orléans

La fijación aparece como la característica común a la gran diversidad de enunciados o de locuciones


que constituyen el refranero general (Iglesias, 1990). Alberto Zuíuaga (1980: 97-98) subraya que la
fijación puede manifestarse por diferentes fenómenos como la imposibilidad de modificación tanto del
orden de los componentes como de las categorías gramaticales de los elementos constituyentes, los
cuales no pueden cambiar de tiempo verbal, de número o de género. Pero la fijación estriba también en
la estabilidad del número de los componentes, es decir, que 110 se puede añadir, suprimir o sustituir
elementos. Por fin existe una fijación transformativa que alude a la imposibilidad, para estas
expresiones, de ser referidas a otras estructuras sintácticas subyacentes, o sea, la transformación de una
forma pasiva en activa, de una forma verbal en un sustantivo y a la inversa. Estas diversas modalidades
de la fijación se caracterizan por la imposibilidad, para los elementos componentes, de funcionar como
auténticas unidades de discurso que mantendrían, con las otras unidades y según el contexto, relaciones
de orden paradigmático o sintagmático. El bloqueo total o casi total de estos dos ejes (paradigmático y
sintagmático), que se traduce respectivamente por la reducción de las posibilidades de conmutación y de
expansión parcial, constituye, según Georges Misri (1987: 72), la base de la fijación lingüística.
Los lexemas que componen las expresiones fijas están regidos, pues, por un principio de
inseparabilidad para formar un bloque que no admite casi ninguna modificación. En efecto, tales
expresiones no son productos libres del acto del habla, sino que fueron creadas mucho antes y, por
consiguiente, sólo • aparecen en la sincronía del discurso como formas memorízadas y repetidas.
Constituyen, pues, productos de procesos de repetición diacrónica (o sea, en el tiempo). Alberto
Zuíuaga (1980: 26) llama reproducción a este fenómeno lingüístico de repetición que contribuye a la
elaboración de la fraseología y de la paremiología. La existencia de la oralidad entendida como la
supervivencia en la lengua de una combinación previamente hecha de emanación popular resulta, pues,
determinada por este proceso de reproducción que permite el paso del habla (al que estas expresiones
pertenecían inicialmente) a la lengua.
El problema que se plantea entonces es saber si este rasgo esencial de la oralidad puede convertirse
en un material eficaz de la elaboración literaria. Partiendo del presupuesto de que la obra literaria puede
ser definida como un sistema de discurso coherente, el carácter repetido de las expresiones fijas tiene
que constituir un elemento de un todo homogéneo para convertirse en un componente estético. Ahora
bien, la novela de Javier Torneo, Amado monstruo, parece construida a partir de diversos
procedimientos de repetición. En este contexto, las expresiones fijas contribuyen a crear una estética de
la repetición. Esta abarca tanto estos desarrollos diacrónicos como otras formas de reiteración de orden
estilístico que corresponden a una técnica sincrónica en la novela. Cabrá estudiar, pues, los diferentes
aspectos de estas dos grandes categorías de repetición (diacrónica y sincrónica) en Amado monstruo.

Paremia, 2: 1993. Madrid.


146 Sylvie Fournié

1. LAS LOCUCIONES (REPETICIÓN DIACRÓNICA).

Desde un punto de vista cuantitativo, la oralidad aparece en ÁTnado monstruo sobre todo bajo la
forma de locuciones. Una locución es una unidad léxica constituida por una combinación fija de varias
palabras y cuyo significado global no equivale a la suma de los significados de los elementos
componentes.
Estas locuciones son particularmente expresivas en la novela gracias a la comicidad que resulta del
carácter familiar de la oralidad. En efecto, gracias al proceso de repetición que contribuye a la
existencia de las expresiones fijas, las locuciones evocan un medio, el que ha sido favorable a su
perduración. Ahora bien, el registro popular y familiar resulta doblemente incongruente por parte de un
personaje que pertenece a un nivel social alto y que, además, se encuentra en la situación de quien está
solicitando un empleo. El efecto de comicidad está reforzado por la coexistencia, dentro de un mismo
idiolecto, de estas expresiones familiares estereotipadas y de imágenes surrealistas e inesperadas. La
presencia de las locuciones aparece, pues, como un elemento central de la problemática de la novela que
presenta el lenguaje como un arma de doble filo del que el personaje se vale para fingir (un nivel social
bajo), pero que al mismo tiempo lo traiciona.
El lenguaje fijo constituye, pues, un procedimiento de caracterización de los personajes no sólo en
cuanto elemento de un idiolecto, sino también porque aparece corno un instrumento de descripción de
los personajes a los que se aplica. Así, el aspecto figurado y muy concreto de las locuciones (que toman
sus imágenes en las situaciones particulares de la vida cotidiana), caracterizan las actitudes de la madre
de una manera humorística y bastante malevolente. El empleo de locuciones figuradas como Enseñar los
colmillos o Ponerse como un basilisco contribuye a reducir a este personaje a algunos aspectos
negativos de su personalidad evocados por el aspecto pintoresco de la expresión. Así, la madre de Juan
aparece como una mujer caprichosa, colérica., astuta. Además, el empleo de tales expresiones no es
neutro y connota, por parte del personaje-narrador, cierta ironía y falta de objetividad por la
exageración que está a menudo presente, particularmente .en las locuciones elativas (Beber como un
esponja, por ejemplo).
Pero, además de lo pintoresco de la presencia de tales locuciones en. Amado monstruo, cabe plantear
el problema de su abundancia. Ésta constituye., en efecto, un motivo suficiente para preguntarse si estas
expresiones fijas no son en cuanto tales (o sea, en cuanto resultados de un proceso de repetición
diacrónica) un elemento significativo de una estética más amplia que abarca otras formas de repetición.

2, LAS PAREMIAS (REPETICIÓN DIACRÓNICA).

Entre las expresiones fijas, Alberto Zuluaga distingue los enunciados fraseológicos de las
locuciones. Define aquellos de la manera siguiente: "Un enunciado es, ante todo, el producto lingüístico
de un acto de habla, es la cadena de sonidos con sentido propio emitido entre dos pausas" (Zuluaga,
1980: 191). Tales enunciados corresponden a las lexías textuales de Bernard Pottier (1972: 16-17). Julia
Sevilla (1988: 209) adopta el arcbilexema paremia para designar todos los tipos de enunciados
sentenciosos fijos.
En Amado monstruo, las paremias aparecen esencialmente bajo la forma de refranes. Julia Sevilla
(1988: 220) describe el refrán como una paremia española que se distingue de las demás principalmente
por ser popular, jocosa, metafórica y por disponer de una estructura rítmica. En Amado monstruo, los
refranes son mucho menos numerosos que las locuciones, pero su presencia es, sin embargo, bastante
significativa. En efecto, a lo largo de la novela Javier Torneo presenta las luchas verbales de dos parejas
de personajes (la madre y Juan por una parte; Juan y f^rugger por otra), que intentan valerse del
lenguaje para convencer al otro. Ahora bien, el refrán aparece como un recurso particularmente bien
adaptado a este tipo de situación. En efecto, permite introducir, en la singularidad del discurso, un
argumento de autoridad que sirve para generalizar lo que se sostiene (Lázaro Carreter, 1979: 221). Así,
el prestigio del refrán sirve para justificarlo todo, incluso los comportamientos más absurdos. Si el
refrán se convierte en argumento de autoridad, es precisamente por que es el producto de una repetición
diacrónica.
Las expresiones fijas en Amado monstruo de Javier Torneo 147

En efecto, el hablante tiene la impresión (seguramente falsa) de que una idea que ha perdurado
desde hace tantos años, y que fue sometida a la experiencia de mucha gente, es forzosamente verdadera.
Esta idea se expresa incluso en un refrán: No hay refrán que no sea verdadero. Pero esta autoridad del
refrán es ilusoria. En efecto, le viene de la opinión general (doxa) que lo ha asumido e integrado en la
lengua. Ahora bien, una opinión no es verdadera porque sea general. Sin embargo, esta confusión entre
la doxa y la verdad constituye la causa de la argumentación por el refrán. El texto de Javier Torneo
ofrece dos ejemplos en los que la fórmula introductoria por aquello de subraya el carácter de
justificación que tiene el enunciado. E! refrán sirve para justificar una opinión: "Iban a pensar que era
un infeliz por aquello de que el hábito hace al monje" (p. 95), o un comportamiento: "Interpretó mal mi
silencio por aquello de quien calla otorga" (p. 30).

3. DISCURSOS ABIERTOS EN FORMA DE DISCURSOS CEílRADOS.

Conviene señalar también la presencia de formas que imitan la estructura de las expresiones fijas.
Estos casos son un poco particulares, ya que no se trata de una repetición de orden sincrónico ni
diacrónico, sino de una creación. Estas imitaciones constituyen, pues, elementos del discurso y no de la
lengua como las auténticas expresiones fijas. El texto de Javier Torneo ofrece ejemplos de imitación
tanto de paremias como de locuciones.
Ixw "falsos" enunciados paremiológicos tienen la autonomía de las auténticas paremias, es decir,
que son enunciados completos delimitados por dos pausas y que disponen de una entonación propia.
Pero el rasgo determinante es su contenido. Estas creaciones tienen, en efecto, el carácter sentencioso de
todas las paremias como en el ejemplo siguiente: "Hay asnos que se creen ciervos y que al saltar se
despeñan" (p. 18). Se trata aquí de una enseñanza en forma de advertencia que podría acercarse a la
moraleja1. En la fórmula paródica: "Todos los hombres nacen desnudos y mueren solos" (p. 92), se
utiliza un hecho de experiencia que tiene un carácter general, como suele suceder para algunas paremias.
Este tipo de enunciado se parece bastante al adagio2.
Respecto al aspecto formal, cabe subrayar el carácter bimembre de los dos ejemplos evocados. Se
trata de oraciones compuestas en parataxis (relacionadas por una conjunción de coordinación). Esta
construcción está presente también en la frase: "A la perdiz se la reconoce por su plumaje y al hombre
por su ropaje" (p. 95). Pero, en este último caso, hay, además, una rima que subraya el carácter
bimembre de la expresión. Ahora bien, estos dos rasgos (carácter' bimembre y rima -o al menos la
aliteración), constituyen no sólo aspectos a menudo presentes en los refranes, sino incluso, para ciertos
autores (lázaro Carreter, Canallada, etc.), rasgos distintivos de esta paremia. El último ejemplo tiene,
pues, todos los aspectos de un refrán, excepto, claro, la pertenencia al lenguaje fijo.
Este mismo fenómeno ocurre con combinaciones que se parecen, esta vez, a locuciones, y en
particular a locuciones de valor elativo (o sea locuciones comparativas o superlativas). En efecto, en
Amado monstruo muchas imágenes del discurso libre tienen el aspecto muy concreto de este tipo de
locuciones. Además, su construcción es la misma. Se trata, en efecto, de comparaciones con como
("Silencioso como un sacristán'1 (p. 88); "Tenía los nervios como las cuerdas de una guitarra" (p. 92)),
pero éstas no vienen repertoriadas en los diccionarios, no pertenecen al léxico. Algunas, como las
verdaderas locuciones, funcionan con un añadido humorístico: "Sus pupilas tiemblan como dos Uamitas
en una atmósfera enrarecida" (p. 88). Este procedimiento que consiste en reforzar la comparación
recuerda estructuras que se encuentran en locuciones como: Hablar como un libro abierto o Mas feo
que pegarle a un padre inválido.

1 Una moraleja es una lección o enseñanza de conducta que se deriva de un cuento, una fábula.
2 Julia Sevilla (1988: 222) da esta definición del adagio: "paremia cuyas notas predominantes son: el sentido literal, el
pragmatismo, el estar basada en la experiencia y ser predominantemente grave y culta".
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4. LOS LUGARES COMUNES (REPETICIÓN DIACRÓNICA).

Otro tipo de desarrollos diacrónicos corresponde a los tópicos o lugares comunes. Pero
contrariamente a las expresiones fijas, se trata aquí del resultado de una repetición diacrónica del
significado únicamente. La estructura significante del lugar común es, pues, libre.
Tal tipo de repeticiones connota siempre cierta falta de originalidad por parte del que las emplea.
En Amado monstruo-, el uso de lugares comunes sirve para caracterizar a los personajes. En efecto, los
tópicos atribuidos al personaje de la madre revelan sus prejuicios. Pero, al fin y al cabo, no sólo
reflejan una opinión personal sino la mentalidad de la cultura en la que han prosperado. Este último
rasgo acaso sea lo esencial en la novela. En efecto, como cualquier tipo de repeticiones diacrónicas, no
se trata de creaciones del personaje que las emplea, sino de nociones vehiculadas por .una sociedad a la
que pertenece o con la que se identifica. Así, las ideas preestablecidas de la madre, como el recelo para
con los extranjeros o los pobres, la idea de que el trabajo descalifica al hombre, o el respeto ante una
institución como el almuerzo, corresponden a una ideología aristocrática y un tanto anacrónica. En este
contexto, el lenguaje repetido, ademas de la connotación un poco peyorativa que confiere al personaje
que utiliza argumentos trillados y que cree incontestables por el mero hecho de que han prosperado en
un medio que los utilizaba en provecho propio, pone de relieve uno de los problemas esenciales que
plantea la novela: la confrontación entre dos visiones opuestas de la sociedad.

5. FORMAS REPETIDAS EN LA NOVELA (REPETICIÓN SINCRÓNICA).

Cabe evocar también otro tipo de repetición: la que se efectúa en la sincronía de la novela, o sea,
las formas reiteradas en Amado monstruo. Podría darse el caso de que se repitieran de manera
sincrónica (aquí en la novela) productos de desarrollos diacrónicos, es decir, expresiones fijas. Pero este
caso no es suficientemente corriente para que resulte operativo. Sin embargo, entre las combinaciones
de palabras que se repiten mucho en Amado monstruo, hay una categoría que, sin pertenecer a las
expresiones fijas, no se puede considerar tampoco como combinación libre. Se trata de lo que Eugenio
Coseriu (1981: 148-161) llama solidaridades léxicas (por ejemplo: Guiñar un ojo}. Se diferencian de las
expresiones fijas en la medida en que no tienen un sentido idiomático y pueden explicarse como
productos de la gramática. La relación de implicación léxica resulta, pues, de la semántica combinatoria
(García-Page, 1990: 215-227).
En su novela, Javier Torneo utiliza estas solidaridades léxicas para describir las actitudes de sus
personajes. Tienen una función de didascalias. Están empleadas de manera repetitiva y llegan a ritmar la
novela, convirtiendo los personajes en autómatas. Entre las solidaridades léxicas más repetidas en el
texto hay Chasquear la lengua o Entornar los ojos, que corresponden, según la terminología de Coseriu
(1981: 154-155) a implicaciones léxicas porque cada verbo sólo puede aplicarse a determinado
sustantivo. (De ahí.viene el carácter redundante de tales implicaciones léxicas). A veces, es posible
conmutar un componente de la combinación por un sinónimo del mismo campo léxico. Se trata
entonces, según Coseriu, de un caso de selección léxica. Así, en Amado monstruo, vienen repetidas
muy a menudo expresiones como Fruncir el entrecejo (el verbo fruncir también se aplica al ceño o a los
labios}.
Asimismo, se repiten ciertas combinaciones libres como Mirar a los ojos. Esta expresión no es
nada fija en sí, pero está reiterada bajo la misma forma a lo largo de la novela.
Además de las repeticiones de estructuras lingüísticas, más o menos fijas o totalmente libres, pero
siempre bien delimitadas, Amado monstruo encierra cierto número de temas o de ideas que se repiten a
lo largo de la novela independientemente de su aspecto formal. Así, recapacitar, resumir, volver sobre
lo antes dicho y examinar en detalle el hecho más anodino, constituye la técnica utilizada a lo largo de
la novela por el empleado del banco para investigar sobre las actividades de Juan durante los últimos
días.
Las expresiones fijas en Amado monstruo de Javier Torneo 149

6. INTERTEXTUALIDAD.

Pero esta estética de la repetición, que consiste en retomar cosas ya dichas, va más allá de los
límites de Amado monstruo, porque Javier Torneo utiliza a menudo el procedimiento de la
intertextualidad que puede ser definido como la presencia, en un texto, de alusiones o referencias a otro
texto. Así, el autor se repite de una novela a otra. Vuelve a utilizar las mismas consideraciones, las
mismas imágenes. Por ejemplo, en Amado monstruo, Javier Torneo emplea esta imagen algo
sorprendente: "Sé que existen hombres como castillos que no se avergüenzan de hablar de jamones
litúrgicos y quesos inolvidables" (p. 70). Pero en realidad, no es la primera vez que utiliza esta imagen
(que podría parecer completamente nueva), pues ya está en El castillo de la carta cifrada: "No hagamos
como esos afrancesados que, poniendo los ojos en blanco, hablan de quesos inolvidables y jamones
litúrgicos" (p. 46).
Los temas principales como la incomunicación, la exclusión, la soledad, también constituyen una
constante en la obra de Javier Torneo. Incluso intervienen los mismos personajes. Así, la historia de
Juan D. aparece resumida en El cazador de leones por el protagonista Armando Duvalier, que evoca el
caso de su primo. J£sta alusión a la diégesis de otro texto constituye un primer grado de este fenómeno
de intertextualidad que puede alcanzar mayor complejidad. En efecto, en El cazador de leones hay
incluso una alusión a la existencia de una novela que cuenta esta historia del hombre que tiene seis
dedos en cada mano, es decir, de Juan (p. 74). Pero el efecto de sorpresa culmina cuando el lector se da
cuenta de que el protagonista de las dos novelas es el mismo, pero bajo otro nombre: "Yo soy quien
tiene seis dedos en cada mano, como el protagonista de la novela de la que me habló antes. Pero puede
incluso que yo sea este protagonista..." (pp. 93-94).
Estas alusiones intertextuales constituyen el máximo grado de elaboración de la estética de la
repetición, ya que salen del marco estricto de determinada novela. Así, las repeticiones sincrónicas
pueden encontrarse en el conjunto de la obra de un autor, como lo demuestra aún muy recientemente la
última novela de Javier Torneo La agonía de Proserpina, la cual, ocho años después de la publicación
de Amado monstruo, alude a algunos aspectos ya presentes en esta novela. Este tipo de repeticiones
sincrónicas, como las que están limitadas a una novela, producen un efecto semejante al .de las
repeticiones diacrónicas. Se trata del sentimiento de encontrarse en presencia de una idea ya formulada.
Mientras que, en el caso de las repeticiones diacrónicas, este sentimiento se debe al uso que ha
contribuido a fijar una expresión, convirtiéndola en un elemento de lengua, aparece, en el caso de las
repeticiones sincrónicas, como el resultado de la elaboración de un discurso literario. Frente a esta
técnica literaria que tiende a sistematizar el fenómeno de repetición bajo sus diferentes formas (tanto
diacrónicas como sincrónicas), la oralidad en la novela adquiere un estatuto nuevo. En efecto, las
expresiones fijas, en cuanto productos de una repetición diacrónica, contribuyen a la construcción de
esta estética de la repetición. Por consiguiente, la oralidad no sólo constituye un elemento de la lengua,
sino un procedimiento de escritura eficaz para la elaboración de un discurso literario.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

COSERIU, E. (1981): Principios de semántica estructural. Madrid: Gredos.


GARCÍA-PAGE SÁNCJrTEZ, M. (1990): "Sobre implicaciones lingüísticas. Solidaridad léxica y
expresión fija", Estudios humanísticos (Universidad de León), 12, pp. 215-227.
IGLESIAS OVEJERO, A. (1990): "Las expresiones fijas hoy: vigencia y decadencia del refranero",
Actualité de la recherche en linguistique hispanique, (Actes du IVe colloque de linguistique
hispanique). Limoges: Presses de l'Université de Limoges et du Límousin, pp. 41-61.
LÁZARO CARRETER, F. (1979): "La lengua de los refranes: ¿espontaneidad o artificio?", Estudios de
lingüística (1980). Barcelona: Crítica, pp. 119-232,
MISRI, G. (1987): "Approches du figement linguistique: enteres et tendances", La linguistique, vol.
23, fascículo 2, pp. 71-85.
POTTIER, B. (1972): Grammaire de l'espagnol. París: P.U.F.
150 Sylvie Foumié

SEVILLA MUÑOZ, J. (1988): Hacia una aproximación conceptual de las paremias francesas y
españolas. Madrid: Editorial Complutense.
TOMEO, J. (1979): El castillo de la cana cifrada. Barcelona: Anagrama.
— (1985): Amado monstruo. Barcelona: Anagrama.
— (1987): El cazador de leones. Barcelona: Anagrama.
-- (1993): La agonía de Proserpina. Barcelona: Planeta.
ZULUAGA, A. (1980): Introducción al estudio de las expresiones fijas. Frankfurt: Lang.