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TEORÍAS DE MANIFESTACIÓN DE VOLUNTAD

ÍNDICE

CAPÍTULO I ................................................................................................................ 3

GENERALIDADES ..................................................................................................... 3

INTRODUCCIÓN ..................................................................................................... 4

I. DEFINICIÓN DE VOLUNTAD ........................................................................... 5

II. DEFINICIÓN DE VOLUNTAD EN EL DERECHO ............................................. 5

CAPÍTULO II ............................................................................................................... 6

FORMAS DE MANIFESTACIÓN ................................................................................ 6

DE VOLUNTAD .......................................................................................................... 6

III. MANIFESTACIÓN EXPRESA ....................................................................... 7

IV. MANIFESTACIÓN TÁCITA ........................................................................... 8

a. La certidumbre ............................................................................................... 8

b. Que la ley no exija declaración expresa ......................................................... 8

c. Que no exista reserva o declaración en contrario por parte del agente ......... 9

V. MANIFESTACIÓN RECEPTICIA ...................................................................... 9

VI. MANIFESTACION NO RECEPTICIA ............................................................ 9

VII. EL SILENCIO COMO MANIFESTACIÓN DE VOLUNTAD ........................... 9

a. Tratamiento del silencio según la doctrina .............................................. 10

b. El silencio según el Código Civil peruano ............................................... 10

c. Diferencia entre silencio y la manifestación de voluntad expresa y


tácita .................................................................................................................. 11

VIII. VOLUNTAD PRESUMIDA POR LA LEY .................................................... 11

CAPÍTULO III ............................................................................................................ 13

TEORÍAS DE MANIFESTACIÓN .............................................................................. 13

DE LA VOLUNTAD ................................................................................................... 13

IX. TEORÍA DE LA VOLUNTAD ....................................................................... 14

9.1. OBJECIONES EN CONTRA DE LA TEORÍA DE LA VOLUNTAD ........ 16

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X. TEORÍA DE LA DECLARACIÓN .................................................................... 17

XI. TEORÍA DE LA RESPONSABILIDAD ........................................................ 19

XII. TEORÍA DE LA CONFIANZA ...................................................................... 20

XIV. CRITERIOS ADOPTADOS POR EL CÓDIGO CIVIL .................................. 22

XV. LA AUTONOMÍA DE LA VOLUNTAD PRIVADA ........................................ 25

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ......................................................................... 30

BIBLIOGRAFÍA ..................................................................................................... 30

WEBGRAFÍA ......................................................................................................... 30

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CAPÍTULO I

GENERALIDADES

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INTRODUCCIÓN

El acto jurídico como instrumento de la libertad humana, tiene su raíz en la


voluntad. La manifestación de voluntad o sea la exteriorización del querer interno del
sujeto, es el elemento central del acto jurídico por medio del cual los particulares
regulan sus propios intereses.

La manifestación de voluntad con la que se perfecciona un acto jurídico tiene


sentido normativo, es decir, regula los intereses particulares con carácter prescriptivo.
Así en una compra-venta, la manifestación de voluntad de las partes es la que dispone
que el vendedor debe transferir la propiedad del bien vendido y el comprador debe
pagar el precio pactado; en un testamento, es la voluntad del testador la que establece
como deben disponer de su patrimonio sus herederos o legatarios.

Para que exista voluntad jurídica se requiere de la concurrencia de elementos


internos (discernimiento, intención y libertad) y externos (manifestación). Con la
concurrencia de los elementos internos queda formada la voluntad real o interna o
psicológica, la misma que para producir efectos jurídicos requiere que sea
manifestada. La manifestación de voluntad es un hecho jurídico (por ejemplo un robo,
una tentativa de homicidio, un contrato), del cual el acto es una especie, al que el
ordenamiento jurídico enlaza efectos jurídicos relevantes. No hay acto jurídico sin un
hecho que exteriorice la voluntad para que pueda tener repercusión en la vida social.

Es de esa manera como se realza el gran significado de la voluntad en un


determinado acto jurídico y cuál es la posición adoptada por el país.

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I. DEFINICIÓN DE VOLUNTAD

En un sentido estricto, la voluntad supone la determinación libre y la


facultad de elegir entre distintas posibilidades. “Querer -dice Ribot- es elegir para
obrar”. Creemos ser la causa de nuestros actos voluntarios; nos atribuimos toda
la responsabilidad en su formación y sus efectos. La voluntad aparece, pues, en
aquellos fenómenos de los que somos o creemos ser nosotros mismos la
causa.”1

II. DEFINICIÓN DE VOLUNTAD EN EL DERECHO

Ahora bien en la concepción del Derecho acerca de la voluntad, la escuela


clásica la define como el querer exteriorizado mediante la manifestación
adecuada. La doctrina moderna la define como: la voluntad es el querer o
energía psíquica exteriorizado mediante la palabra hablada, escrita, signo o
comportamiento inequívoco por el cual una persona es capaz de mantener o
imponer el propio criterio haciendo conocer a los demás su deseo destinado a
producir una transformación en una realidad jurídica determinada.

1Risolia, Marco Aurelio. Soberanía y crisis del contrato en nuestra legislación civil. Editorial Abeledo -
Perrot. Buenos Aires. Pp. 21.
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CAPÍTULO II
FORMAS DE MANIFESTACIÓN
DE VOLUNTAD

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III. MANIFESTACIÓN EXPRESA

La manifestación expresa o también llamada “positiva” se da cuando la


persona declara o manifiesta personalmente, o por medio de su representante
legal, por escrito o por signos inequívocos, su decisión de obligarse. El
Diccionario de la Real Academia de la Lengua establece, que puede darse a
entender por medio de palabras o gestos, como por ejemplo, declarar la voluntad
en la asamblea de una sociedad anónima, hablando o levantando la mano para
expresar su voluntad.

La manifestación es expresa cuando por una enunciación explicita,


mediante la palabra hablada o escrita o mediante cualquier otro signo
convencional e inequívoco, se revela cuál es la voluntad de la gente. Se trata de
la compatibilidad entre el mensaje que se vierte y lo que los demás entienden.
Esto quiere decir que el comportamiento no debe admitir distintas
interpretaciones, sino que debe ser unívoco. El código Civil sostiene que la
manifestación es expresa cuando se realiza en forma oral o escrita, a través de
cualquier medio directo, manual, mecánico, electrónico u otro análogo. Ya no
podemos decir que sólo las formas verbales o escritas son las más utilizadas en
la celebración de los actos jurídicos. Los otros medios directos como son las
señas los gestos inequívocos o cualquier otro medio mímico, son utilizados para
la comunicación, o en circunstancias socialmente admitidas como manifestación
unívoca. Como ya dijimos, la Ley 27291 ha ampliado los medios de prueba de la
manifestación de voluntad, tales como el correo electrónico, un video, una
grabación auditiva y demás medios electrónicos análogos. León Barandiarán 2
señala el siguiente ejemplo: una persona que en la calle hace una señal para
parar el taxi. Conseguido el propósito abre la puerta y se sienta y luego indica el
lugar donde desea que lo lleven, si el vehículo tiene taxímetro se abonará lo que
marque el aparato de lo contrario, se abonará el precio del mercado 3. La
manifestación expresa, en la celebración de actos jurídicos puede también ser
hecha por el representante o apoderado, quien actúa en representación del titular
del derecho, tal como sucede por ejemplo con el agente de bolsa que vende
acciones que le encomendaron la manifestación expresa se puede hacer

2 León Barandiarán, José. (1950) Manual del Acto Jurídico. Ed. Gil
3 Berriuso Ruiz, Carlos. (1998) La contratación electrónica, Madrid, Dykinson, p. 23
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mediante la escritura de puño y letra del interesado o mediante la computadora,


lo que interesa es que se exprese la voluntad del celebrante. Cuando el código
habla de cualquier otro medio directo se refiere a aquellas formas expresivas al
margen de la palabra oral o escrita, que el hombre utiliza para expresar su
conformidad o inconformidad o dudas respecto al asunto objeto de acto jurídico.

IV. MANIFESTACIÓN TÁCITA


En esta forma de manifestación ya no se hace uso de medios directos
convencionales, sino que va a derivarse o inferirse de ciertos hechos, actitudes
o circunstancias de comportamiento que revelarán la existencia de una voluntad
real o interna. A estas actitudes o comportamientos reveladores de la voluntad
interna se les denomina facta concludentia (hechos concluyentes).
Ejemplos:
 Si alguien en una librería pide un libro y sin declarar que lo compra lo subraya
o hace anotaciones.
 Si en una licorería pide una botella de vino y sin manifestar su decisión de
comprarla, la abre y prueba el vino.

La voluntad tácita se infiere de hechos concluyentes que no admiten otra


significación.

Los requisitos de existencia de la voluntad tácita son:

a. La certidumbre
Que el comportamiento del sujeto se deduzca sin lugar a dudas la existencia
de su voluntad. Por ejemplo: si el testador vende el bien sobre el cual había
instituido un legado, éste es un hecho concluyente que. Sin lugar a dudas,
revela la voluntad del testador de revocar el legado.
b. Que la ley no exija declaración expresa
No puede haber voluntad tácita allí donde la ley exige que la manifestación
sea expresa como ocurre con los actos con forma solemne. Así, por ejemplo,
no se puede afirmar que tácitamente los cónyuges han optado por el
régimen de separación de patrimonios por cuanto, de hecho, la mujer viene
administrando parte de los bienes de la sociedad conyugal y la otra parte es
administrada por el marido, porque para que rija el régimen de separación

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de patrimonios la ley exige que los cónyuges manifiesten expresamente su


voluntad en escritura pública, bajo sanción de nulidad.
c. Que no exista reserva o declaración en contrario por parte del agente
Por ejemplo, el acreedor que, sin reserva, recibe d uno de los deudores
solidarios parte de los frutos o de los intereses adeudados, pierde contra él
la acción solidaria por el saldo, pero la conserva en cuanto a los frutos o
intereses futuros (Art. 1202). Pero el acreedor no perderá la acción solidaria
para el cobro de los frutos o interese devengados, si así lo advierte a su
deudor antes de recibir el pago parcial de dichos conceptos, o sea recibe el
pago parcial declarando su voluntad de reservarse el derecho de conservar
la acción solidaria para el cobro del saldo de los frutos o intereses
devengados.
V. MANIFESTACIÓN RECEPTICIA

Recepticia es la manifestación que no produce efecto alguno mientras que


no es conocido o aceptado por el destinatario. Así por ejemplo, para que el
contrato quede perfeccionado es necesario que la aceptación sea conocida por
el eferente; la revocación del poder, para que surta efectos, debe ser comunicada
al apoderado y a los terceros interesados en el acto jurídico.

VI. MANIFESTACION NO RECEPTICIA

Es la manifestación que produce efecto por el solo hecho de ser emitida.


Sin necesidad de que sea conocida y aceptada por el destinatario, entre estos
podemos encontrar al testamento y la notificación.

VII. EL SILENCIO COMO MANIFESTACIÓN DE VOLUNTAD

Frente a posiciones extremas, positiva y negativa, cabe señalar que hay


supuestos en que el silencio puede ser considerado como una declaración de
voluntad; cuando, dada una determinada relación entre dos personas, el modo
corriente de proceder implica el deber de hablar, ya que si el que puede y debe
hablar no lo hace, se ha de reputar que consiente en aras de la buena fe.4

4 Vidal Ramírez, Fernández. Tratados al derecho civil, p. 392


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Existe una definida corriente jurisprudencial, según la cual, para estimar


el silencio como expresión de consentimiento, basta la concurrencia de dos
condiciones: una, que el que calle pueda contradecir, lo cual presupone, ante
todo, que haya tenido conocimiento de los hechos (elemento subjetivo); y otra,
que el que calle tuviera obligación de contestar, o, cuando menos, fuere natural
y normal que manifestase su disentimiento (elemento objetivo).

En definitiva, no se puede dar una regla unívoca y general para todos los
casos, sino que la solución dependerá, en cada supuesto concreto, de
la valoración de las circunstancias concurrentes, de acuerdo con las exigencias
de la buena. La ley atribuye eficacia al silencio en determinados
casos: aceptación del cargo de albacea (art. 898 C.C.), aceptación de
la herencia (art. 1.005 C.C.), vinculación a determinados acuerdos de la Junta
de Propietarios (art. 16 Ley de Propiedad), etc.

a. Tratamiento del silencio según la doctrina

El silencio según la doctrina, en especial la italiana, tiene un significado


neutro, es decir; sin contenido alguno, no es afirmación y negación de algo,
es aquello que no se puede determinar por cuanto carece de significación.

b. El silencio según el Código Civil peruano

Sin embargo, el Código Civil peruano le otorga significación el silencio,


siempre y cuando la ley o el convenio le atribuyen determinado sentido al
respecto, el artículo 142º señala: "El silencio importa manifestación de
voluntad cuando la ley o el convenio le atribuyan ese significado"5.

Ejemplos:

 Si el hijo ha nacido dentro del matrimonio o dentro de los trescientos días


siguientes a su disolución y el padre no niega al hijo, su silencio se
interpreta como reconocimiento.
 El cliente de un banco que durante el plazo de 30 días de haber
recepcionado su estado de cuenta que le ha remitido el banco, guarda
silencio, este se tiene por aceptado.

5 Vidal Ramírez, Fernández. Tratados al derecho civil, p. 400


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 El deudor de varias obligaciones que hace un pago sin expresar a que


deuda debe hacerse la imputación, el pago se imputara a la deuda
menos garantizada según el artículo 1259º del Código Civil, por mandato
de la ley.
c. Diferencia entre silencio y la manifestación de voluntad expresa y tácita

Existen diferencias sustanciales, por cuanto el silencio no es exteriorizado


(como si la manifestación de voluntad expresa y tácita respectivamente a
través de sus medios), es una abstención, una inacción por parte del sujeto.
Sin embargo, el Código Civil peruano le otorga la categoría de manifestación
de voluntad a esta abstención por acuerdo de las partes o por mandato de
la ley. Asimismo la atribución o significado de determinado silencio por la ley
o el convenio sólo es posible ante la existencia de una relación jurídica
preexistente originada por determinado acto jurídico, en cuyo contenido se
haya convenido en dar significado al silencio o en ausencia de esta previsión,
a tal inacción se le ha atribuido un significado por mandato de la ley.

VIII. VOLUNTAD PRESUMIDA POR LA LEY


Se habla de declaración presunta (llamada también ficta o inducida)
cuando el ordenamiento jurídico, de acuerdo con lo que comúnmente suele
ocurrir en la realidad social, considera a cierto comportamiento como que
encierra una determinada voluntad, por ejemplo, el art. 1232 dispone que el
recibo del pago del capital otorgado sin reserva de intereses, hace presumir el
pago de éstos, salvo prueba en contrario. Aquí no hay declaración ni verbal, ni
escrita, ni a través de signos inequívocos, sino que la ley lo da por efectuada, en
virtud de una mera suposición. El sujeto puede no haber tenido ninguna voluntad
o haber tenido una voluntad contradictoria con la mal llamada voluntad presunta
que se le atribuye. Partiendo de un hecho inicial, la ley induce una voluntad con
un alcance dado, aunque el sujeto no tenga esa voluntad. La presunción es un
recurso técnico, una “mentira técnica” (IHERING), para dar seguridad y certeza
a ciertos derechos o deberes que de otra manera serían ilusorios por la dificultad
de su prueba.

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Messineo dice que se debe rechazar, por impropia, la locución “voluntad


presunta” porque se pretende fingir que existe una voluntad que no existe.
Cuando se habla de voluntad presunta “se quiere decir, en sustancia, que la ley
atribuye, autoritariamente, a algunos comportamientos del sujeto, un cierto
significado; y vincula a ellos ciertos efectos; pero no que al sujeto se le atribuya
una voluntad determinada”. La manifestación de voluntad tácita es siempre real,
mientras que la presumida por la ley es “una manifestación ficticia porque
descansa con frecuencia en una probabilidad general de voluntad y que algunas
veces esta voluntad presumida no existe e implica admitir una ficción allí en
donde una voluntad real es frecuentemente imposible”(SAVIGNY). La voluntad
presumida se infiere de ciertos hechos aunque en la realidad sea otra y la
voluntad tácita se deduce en forma indubitable de un comportamiento del sujeto.
La voluntad presumida es deducida por la ley aunque esa voluntad no exista y la
tácita es deducida por el intérprete o por el juez de un hecho que no deja lugar a
dudas sobre su existencia. La presunción puede ser relativa o absoluta. Es
relativa (iuris tantum) cuando admite prueba en contrario, por ejemplo el mandato
se presume oneroso (art. 1791), pero las partes contratantes pueden probar que
es gratuito, puesto que la onerosidad no es de la esencia del mandato. En el
caso del art. 1232 que establece que el recibo de pago del capital otorgado sin
reserva de intereses, hace presumir el pago de éstos salvo prueba en contrario;
la presunción contemplada es relativa, si el acreedor demuestra que los intereses
no han sido pagados, a pesar de haber recibido el capital sin reserva, puede
destruir la presunción.
La presunción absoluta (iuris et de iure) no admite prueba en contrario. En
realidad aquí ya no estamos frente a una presunción, sino a una verdad jurídica
incontrovertible, v. gr. , en el establecimiento de cuentas corrientes bancarias por
personas naturales y en las operaciones que se efectúe con las mismas, se
presume de pleno derecho el consentimiento del cónyuge del titular de la cuenta
(art. 227 de la Ley Nº 26702); lo que quiere decir que si el marido ha aperturado
una cuenta corriente bancaria sin la participación de su mujer, se presume iuris
et de iure ( sin admitirse prueba en contrario) la aceptación de ésta, por tanto,
ella está también obligada por los saldos deudores que presenta la cuenta. 6

6 León Barandiarán, José. (1950) Manual del Acto Jurídico. Ed. Gil
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CAPÍTULO III

TEORÍAS DE MANIFESTACIÓN
DE LA VOLUNTAD

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IX. TEORÍA DE LA VOLUNTAD

La clásica teoría de la voluntad, llamada también volitiva, sostenía el


imperio de la voluntad interna de la cual la declaración era considerada solo
como un mero instrumento, la voluntad es “lo único importante y eficaz” 7. La
voluntad interna, como lo verdadero y efectivamente querido, es el elemento
necesario para la creación, interpretación y efectos del acto jurídico. En caso de
disconformidad entre la intención y la declaración, hay una falsa apariencia de
declaración, una declaración sin voluntad que no tiene importancia alguna.
Solamente la voluntad interna como hecho psíquico, es capaz de dar vida al acto
jurídico.

Esta doctrina predomino en los tratadistas franceses y las legislaciones


que se inspiraron en el Código de Napoleón. En Alemania se le denominó
willenstheorie. Tiene sus orígenes en el Derecho Justiniano, canónico y natural
y reinó por muchos siglos. Fue expuesta por Savigny8, quien dijo que “la voluntad
y la declaración no son dos elementos independientes uno de otro, como la
voluntad de un hombre es independiente de la de otro, concordando solo
accidentalmente entre ellos, sino que al contrario están ligados por un vínculo
natural de dependencia… es cierto que solo la voluntad en sí misma es
importante y eficaz más como hecho interior e invisible necesita una señal
exterior que la haga reconocer y esa señal por la que se manifiesta precisamente
la voluntad, es la declaración. De esto resulta que la voluntad y su declaración
tienen entre si una relación no accidental, sino natural”.

El principio fundamental de esta teoría es el dogma de la autonomía de la


voluntad como punto de confluencia jurídica de dos elementos: el liberalismo
económico y la filosofía individualista y voluntarista. El acto jurídico es obra
exclusiva de la voluntad real, ésta es su única justificación. La voluntad es
soberana para conducir a la celebración del acto y para determinar sus efectos.
No hay acto jurídico sin voluntad real, por lo que se admite la invalidez del acto

7 Savigny, Carlos Federico De. (1879) Sistema de derecho romano actual. Madrid, p. 299
8 Savigny, Carlos Federico De. ob, cit. pag. 130.
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por los vicios de error, dolo o violencia, como un medio para defender a la
persona humana en su atributo más inviolable: la voluntad jurídica.

El acto jurídico, como instrumento de la libertad humana, deriva su fuerza


vinculatoria de la voluntad de las partes, que son soberanas para celebrarlo o no
y si han tomado la decisión de celebrarlo, son soberanas para establecer
libremente sus efectos jurídicos. La voluntad soberana es la única que puede
comprometer a los individuos, lo que implica que solamente hay acto jurídico si
las partes lo quieren. Nadie puede ser obligado, salvo a escasas excepciones
establecidas por la ley, a concluir un acto jurídico que no desea; las personas
deciden soberanamente por su celebración o por su rechazo, y si han tomado
la decisión de celebrarlo, solamente se consideran como sus estipulaciones las
aceptadas por las partes, es decir, el acto o negocio jurídico no produce otros
efectos que los queridos por las parte. Por la soberanía de la voluntad, el acto
jurídico se celebra y se ejecuta conforme ha sido querido realmente por las
partes, sin que la ley pueda inmiscuirse en él. Así, en materias de contratos, las
normas de la ley solo tiene carácter supletorio, destinadas a llenar las lagunas
de la voluntad, pero no podrán remplazar a las disposiciones acordadas por las
partes. Si falta la voluntad o solamente existe en apariencia o no hay acto
jurídico. Si la voluntad real, efectiva, es el elemento esencial del acto jurídico, se
debe derivar como lógica consecuencia la invalidez del acto cada vez que se
pruebe que la declaración no corresponda exactamente a la efectiva voluntad.9

En materia de interpretación, se debe averiguar cuál fue la voluntad real


de las partes. Las clausulas claras que revelan la efectiva voluntad del agente
no se interpretan. El contrato se ejecuta tal cual ha sido convenido (pacta sunt
servanda), no es de aplicación la teoría de la imprevisión por variación de las
circunstancias económicas, porque desnaturaliza el contrato, al apartarse de la
voluntad de las partes.

El principio de la soberanía de la voluntad que es el fundamento de la


fuerza obligatoria de la voluntad se encuentra estipulado en el art. 1134 del
código de Napoleón que establece que “las convenciones legalmente formadas

9Bentham, J., 1782: On Laws in General, London, The Athlone Press, 1970. Cáceres, E.; Flores, I.;
Saldaña, J., y Villanueva, E., 2005: Problemas contemporáneos de la filosofía del Derecho, México,
UNAM
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hacen las veces de la ley para quienes las han convenido. Las convenciones no
pueden revocarse por mutuo consentimiento o por las causas que la ley autorice.
Ellas deben de ejecutarse de buena fe”. Como el contrato es el producto de la
voluntad de ambas partes no surte efectos frente a terceros. Según esta teoría
el juez debe desentrañar la verdadera voluntad del agente por ser la única que
puede producir efectos jurídicos. Entre voluntad y su declaración hay una
relación natural. En caso de conflicto entre la voluntad y su declaración, prima la
voluntad. Si falta la voluntad, el acto es nulo.10

9.1. OBJECIONES EN CONTRA DE LA TEORÍA DE LA VOLUNTAD


a. Las dificultades de las investigaciones psicológicas. Es muy difícil
determinar la voluntad que ha permanecido durante el fuero interno del
sujeto y que, por tanto, es desconocida por los demás. El derecho no
garantiza la voluntad psicológica de prueba arbitraria, larga e insegura,
sino la voluntad exteriorizada que aparece en la vida de relación.
b. La investigación de la voluntad real implica gran inseguridad en el
tráfico jurídico. Se expone al aceptante de la declaración a ver burladas
sus esperanzas por la mala fe o la culpa del declarante. El aceptante
queda indefenso frente a la malicia y a los caprichos del declarante.
c. La voluntad interna no exteriorizada es un elemento extraño al acto
jurídico, el individualismo y el voluntarismo del siglo XIX que
encumbraron a la voluntad como dominadora y despótica han cedido
en favor de los aspectos más sociales del Derecho. En el siglo XIX, la
libertad contractual era considerada como un fin en sí misma, sobre la
base de que las partes eran los mejores jueces de sus propios intereses
y si libre y voluntariamente celebraban un contrato, la única función de
la ley era hacerlo cumplir, siendo indiferente la posición de dominio en
que podía encontrarse una de las partes. En aquella época “los efectos
de una declaración se desarrollaban en campos circunscritos, o entre
individuos que podían conocerse personalmente, en la vida moderna
tales condiciones se han modificado profundamente, las declaraciones
pueden producir efectos múltiples sobre una cantidad indeterminada de
personas, arranca una cantidad infinita de intereses, obra en ambientes

10 Micelo Vicenzo, Principios de filosofía del Derecho, pag. 485


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muy vastos, multiplicándose las posibilidades de error y conflictos, de


engaños imprevistos o intencionales”.
d. Atribuye a la ficción una función demasiado importante. Los jueces
deben simular que creen en una multitud de intenciones en las cuales
no creen en verdad: al lado de una ínfima parte de voluntad real, deben
suponer una parte enorme de voluntad presunta, pero ausente de
hecho.
e. Protege exclusivamente al declarante, quien puede pedir la nulidad del
acto por motivos que permanecerían en las sombras de la conciencia,
y abandona a su suerte al destinatario de la declaración. Por
consiguiente, ofrece una gran seguridad a la libertad individual, dado a
que nadie se obliga sino cuando y como quiere, pero desde el punto
de vista social, presenta el inconveniente de determinar a los terceros
por meras apariencias, pues “la voluntad, como fenómeno psicológico,
no es conocido ene l medio social, sino por las apariencias.

X. TEORÍA DE LA DECLARACIÓN

La teoría de la declaración, no menos intransigente que la anterior, nació


por obra de los juristas alemanes de mediados del siglo XIX, quienes la
denominaron Erktärungstheurte, dominó a fines del siglo pasado y principios del
presente, es una teoría objetiva que considera a la declaración como el único
elemento necesario para la creación, interpretación y efectos del acto jurídico.
La declaración produce efectos jurídicos independientemente del querer interno
del agente, porque así lo exige la buena fe, y la facilidad y seguridad en las
transacciones. Se caracteriza por el desprecio absoluto de la voluntad real de las
partes, la voluntad de las partes es extraña al contrato, la declaración es el hecho
fundamental que produce efectos jurídicos sin considerar si han sido queridos
realmente por el agente. La mala fe o culpa del declarante no puede perjudicar
al destinatario de la declaración.

La voluntad que permanece en el mundo interno, en el ánimo del sujeto


no tiene relevancia para el Derecho que regula las relaciones sociales, las
mismas que por ser fuentes de derechos y obligaciones requieren de un mínimo

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de seriedad y seguridad que se logran con el respeto de la palabra empeñada.


Esto es, la voluntad necesita ser exteriorizada, declarada hacia los demás
individuos para que pueda producir los efectos señalados por la ley. Las
personas se vinculan por medio de la palabra y no por sus pensamientos, la
declaración exterioriza la voluntad interna y es al mismo tiempo, el medio de que
se valen las personas para realizar sus actos jurídicos. Las intenciones no tienen
existencia social y, por tanto, jurídica. El acto jurídico es el producto no de las
intenciones sino de la declaración que una vez formulada adquiere vida jurídica
propia, por exigirlo así la buena fe, la facilidad y seguridad en el tráfico. En la
vida de relación un acto no es reconocible por los demás sino a través de su
forma, por eso la función objetiva del acto jurídico de regular las relaciones de la
vida social debe prevalecer sobre la tutela individualista de la voluntad; debe
prevalecer objetivamente sólo la objetiva declaración.

Las principales críticas que se formulan contra la teoría de la declaración son:

 Al detenerse en los hechos exteriores, sensibles, reduce el acto volitivo a


una formula rígida, material e inerte, a una exterioridad sin vida. La
declaración separada del declarante no es más que un agregado de palabras
y de signos (Ferrara). Se otorga un valor excesivo al formalismo atentando
contra el libre desenvolvimiento de las transacciones comerciales. Olvida
que el acto jurídico es el resultado de la conjunción del elemento psicológico
y su manifestación.

 Al otorgarle a las palabras autonomía e independencia, convierte al verbum


en el elemento vinculativo del acto jurídico, como en el antiquísimo Derecho
romano en que imperaba la ley de las XII tablas: uti llngua nuncupassit, ita
ius esto. Esto conduce a un formalismo jurídico que implica un retroceso
histórico. Se elimina del campo del Derecho los vicios de la voluntad, la
simulación, el fraude. Como las palabras tienen un sentido gramatical y no
el dado por el declarante se abre el campo a la dialéctica, a las cavilaciones
y a los embrollos. Los más astutos juegan con los menos inteligentes.

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 Permite que una apariencia de voluntad tenga efectos jurídicos, pudiendo


llegar al extremo de que una declaración con vicios de la voluntad o realizada
con fines didácticos o en broma pueda tener eficacia.

 Protege al destinatario de la declaración y deja indefenso al declarante. Tan


estimables son los intereses del que recibe a declaración como los del autor
de la misma, por consiguiente, se debe proteger tanto al destinatario que de
buena fe confía en la declaración como al declarante que no es culpable de
la divergencia entre su querer interno y la declaración. La teoría de la
declaración al cautelar solamente los intereses del aceptante de la
declaración no satisface los intereses del comercio, la confianza, lealtad y
buena fe que debe presidir las relaciones jurídicas. Con la aplicación estricta
de la doctrina de la declaración se ampara las trampas, los enredos, la
astucia de una de las partes en perjuicio de la otra, el chantaje, en fin, se
abre una puerta de salida a la ley de la selva.

La responsabilidad y buena fe con que se debe actuar el agente o


agentes, exige que la teoría de la declaración no menosprecie a la voluntad
interna y que la teoría de la voluntad no puede considerar a la declaración como
un mero instrumento para su exteriorización, sino que, por el contrario, voluntad
y declaración constituyen una unidad que fundamenta el acto jurídico.

XI. TEORÍA DE LA RESPONSABILIDAD

Esta teoría plantea lo siguiente: cuando en un acto jurídico la voluntad


interna sea distinta a la declarada, sólo prevalecerá la voluntad declarada cuando
la discrepancia sea consecuencia del dolo o la culpa del declarante. El declarante
sufre las consecuencias que se derivan de su declaración, que por su culpa o
dolo, no revela su verdadera voluntad.
Se parte del presupuesto de que el acto jurídico es válido si hay
correspondencia entre la voluntad y la declaración; la voluntad prevalece sobre
la declaración, pues así como carece de consecuencias jurídicas la voluntad no
declarada, igualmente no la tiene la declaración sin la correspondiente voluntad.
Existiendo discrepancia entre la voluntad y la declaración el acto es inválido,
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pero si la disconformidad proviene del dolo o culpa del declarante y el receptor


es de buena fe, el acto queda firme, puesto que el declarante no se puede
aprovechar de su dolo o culpa para invalidar el acto en perjuicio del destinatario.

XII. TEORÍA DE LA CONFIANZA

El tenor objetivo de la declaración puede suscitar confianza en el


destinatario de la misma o en otros sujetos. La teoría de la confianza (o de la
legítima expectativa), a fin a la teoría de la declaración, incorpora un elemento
subjetivo en la apreciación de la declaración, la cual prevalece, aun cuando no
corresponda a la voluntad real del agente, siempre que el destinatario, obrando
diligentemente, haya depositado su confianza en ello. Se tutela a la confianza no
culposa del destinatario de la declaración.

Cuando exista discrepancia entre la voluntad real y la declaración, la


validez o invalidez del acto jurídico se establece apreciando la buena o mala fe
del destinatario de la declaración. El acto es válido si el receptor de la
declaración, obrando de buena fe, ha depositado su confianza en ella. Así, no es
anulable el acto jurídico si el error del declarante no hubiese podido ser advertido
(error no cognoscible) por el destinatario obrando con una normal dirigencia (art.
203º); o si el destinatario no tenía conocimiento del hecho de que el declarante
había sido inducido a error por medio del engaño (dolo de un sujeto extraño al
acto jurídico (2º párrafo del art. 210º). En cambio, el acto es inválido si la
declaración no despierta confianza en el receptor, porque, por ejemplo, la
declaración ha sido hecha bajo los efectos del dolo del propio destinatario o del
dolo del tercero, hecho que fue conocido por el destinatario, casos en los que el
acto es anulable (art. 210º C.C.)

Según esta teoría, "la voluntad declarada prevalece sobre la voluntad


efectiva, o hace las veces de la voluntad inexistente, cuando, con la declaración,
se haya suscitado en el destinatario de ella una legítima expectativa, de manera
que haya tenido razón para pensar (habida cuenta de todas las circunstancias
objetivas) que la declaración que se le haya hecho era normal y, por consiguiente
haya tenido razón para contar con ella y sus efectos, comportándose en
consecuencia", la declaración se emite a riesgo del declarante. En protección de

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la confianza depositada por el destinatario en la declaración se sacrifica a la


voluntad real del declarante. Se atiende a la buena o mala fe del destinatario de
la declaración y no a la voluntad real, o la culpa o buena fe del declarante.

Pero hay que considerar que el ordenamiento ha considerado que no toda


confianza de parte del destinatario en la declaración es meritorio de tutela. Así,
de los actos de naturaleza estrictamente personal como el testamento y los actos
gratuitos, prescindiendo de los actos familiares, no puede surgir ninguna
razonable confianza para cualquier persona. Por ejemplo, la prueba que la
voluntad del testador ha estado viciado por error es suficiente para anular el
testamento (artículo 809º C.C.). Al contrario, los contratos onerosos y algunos
actos unilaterales (como el poder, la ratificación, la convalidación, etc.) son tales
de suscitar en los intereses de una razonable confianza en el tenor objetivo de
la declaración. Aquí los intereses individuales deben ceder frente al superior
interés general en la certeza y estabilidad de la contratación. Por eso, la
declaración debe prevalecer sobre la voluntad; en estos actos la falta de voluntad
es sustituida por el ordenamiento con el riesgo de la razonable confianza ajena
en la declaración11.

Si la confianza en la declaración surge por imprudencia o negligencia del


interesado no hay razón para tutelar tal confianza, prevaleciendo la voluntad
sobre la declaración: Así, en el caso del error en la declaración del acto puede
ser anulado si el error del declarante, además de ser esencial, es reconocible
por la otra parte (artículo 201º C.C.). En la simulación, si “A” vende
simuladamente un bien a “B” y éste lo revende a “C”, “A” puede hacer valer la
simulación (esto es la falta de voluntad de efectos) frente a “C” sólo si éste no es
de buena fe (porque conocía la simulación o estaba en la posibilidad de
conocerla); viceversa, si “C” es de buena fe, su confianza en la declaración de
“A” de vender a “B” está tutelada (artículo 194º C.C.).

La teoría de la confianza no es de aplicación cuando el destinatario no ha


puesto la debida diligencia que le habría permitido advertir la falta de voluntad
en la declaración. Si no tenía razón para fiar y confiar en que la declaración
corresponde a la voluntad del declarante (ejemplo, la declaración arrancada

11 Messineo, Francesco. (1979) Manual de Derecho civil y comercial. Ed. Ejea. Argentina.
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mediante la violencia), no hay lugar para defender la validez de la declaración.


Por esta teoría, el elemento culpa se transfiere al destinatario de la declaración.
En cambio, en la teoría de la responsabilidad, la culpa ópera a cargo del
declarante.

XIII. TEORÍA DE LA VIGENCIA

También conocida como teoría de la validez. Esta teoría ha cobrado


fuerza a razón de las posiciones preceptivistas; aquí, la declaración es un ‘deber
ser’ que tiene que cumplirse sin más justificación que por respeto al precepto
dado; es decir, si se crea una disposición, habrá que respetarla. Y se afirma “que
la voluntad subjetiva, la intención, no es más que la energía o fuerza creadora
del Derecho, pero no es regla de derecho, mandato, que es elemento objetivo”12
y que, por tanto, no se trata “principalmente, de declarar o de manifestar, sino
también y sobre todo de crear una voluntad objetiva, es decir de crear normas
jurídicas”.13 Sin embargo, esta posición no merece mayor análisis ya que el
Derecho debe servir a la justicia antes que a la formalidad. Por ello, esta teoría
no ha sido seguida por ser contraria a las instituciones que puedan modificar los
rigorismos de la declaración de voluntad (v.gr. la lesión), recuérdese que el
negocio tiene por finalidad encuadrar la libertad de los sujetos, y no motivar
situaciones en que se cree un ejercicio abusivo de algún derecho.

XIV. CRITERIOS ADOPTADOS POR EL CÓDIGO CIVIL

Los principios superiores de lealtad, seguridad, equidad, de respeto


mutuo, de confianza de actuar con la verdad en la mano, obligan a que las
personas expresen aquello que realmente quieren, razón por la que en el caso
de duda hay que presumir que lo declarado corresponde al verdadero querer del
emisor de la declaración, salvo que demuestre, sin que quepa lugar a dudas,
que lo que quiso es distinto a lo que aparece declarado.

12 FERRI, Luig. (1969) La autonomía de la voluntad privada, trad. L.Sancho, Ed. Revista de Derecho
Privado, Madrid, p. 170.
13 FERRI, Luig. (1969) ob. cit. p. 169.

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La voluntad interna, puramente psicológica es prácticamente inaccesibles


los demás por lo tanto no puede constituir el fundamento de los actos jurídicos;
y a su vez una declaración que no corresponde a la verdad real es como un
cuerpo sin vida. Zitelmann ha dicho: “ambas teorías, tanto la dominante como la
contraria, llevan a consecuencias intolerables: la una favorece al declarante y la
otra lo declarado; aquella busca lo interno del hecho hasta llegar a una vaguedad
inescrutable; esta se fija en lo externo, hasta llegar a un rigorismo absurdo; la
una y la otra conducen a injusticias y no satisfacen la necesidad del comercio”.
La solución del conflicto entre la voluntad y su declaración debe buscarse en una
apreciación equitativa de las circunstancias del caso, prescindiendo de la
mitología de la voluntad, pero sin apego desmedido a lo declarado, considerando
al acto jurídico como una regulación de intereses privados , es decir , destinado
a producir efectos jurídicos útiles no solamente para las partes sino también
para la sociedad; una regulación llevada a cabo con corrección, lealtad y buena
fe en el ejercicio de los derechos propios y el cumplimiento de los deberes.14 Si
las partes se comportan con corrección, lealtad, diligencia y buena fe, el acto
jurídico que celebren producirá efectos que coinciden con los reconocidos por el
ordenamiento jurídico, en caso contrario solo se derivaran efectos no deseados.

Una concepción como la que componen es la es la que se conforma en el


derecho positivo, pues el artículo 140 del código civil establece lo siguiente, que
el acto jurídico es manifestación de voluntad, no expresa que el acto jurídico es
declaración de voluntad es aquella con la cual se celebra el acto jurídico, en
cambio, la manifestación comprende tanto la declaración con la cual se celebra
el acto como todo comportamiento de las partes anterior, simultaneo y posterior
a la celebración. La voluntad de las partes se exterioriza no solo con la
declaración, sino con la manifestación. Así las partes han podido declarar que
celebran un contrato de promesa de compraventa, pero si, simultáneamente, una
de las partes o ambas ejecutan sus prestaciones, total o parcialmente, consiste
en la entrega del bien y el pago del precio, el acto que celebran no es un contrato
preliminar de promesa de compraventa (como aparece en lo declarado) sino un

14 Rezzonico, Juan Carlos, Contratos, pág. 656


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contrato definitivo de compraventa (como se deduce en el comportamiento


simultaneo d las partes)

El código admite expresamente que en caso de divergencia, previa


demostración que la voluntad resal es distinta a la declaración, aquella
prevalezca sobre esta. Así el art. 1361, que dispone “se presume que la
declaración expresada en el contrato responde a la voluntad común de las partes
y quien niegue esa coincidencia debe probarla”; es una presunción iuris tantum
según la cual, en caso que se pruebe, prevalece la voluntad sobre la declaración.
Además el ordenamiento civil admite los vicios de voluntad, el abuso de derecho,
la buena fe, la teoría de culpa, instituciones que habría de eliminarla del código
si se optara por la teoría de la declaración sin ninguna atenuación. La posición
del código civil responde no solamente a la realidad, sino, sobre todo, a un
estricto sistema de justicia que no puede estar sujeto a formalismos
infranqueables como el fácil recurso de estar únicamente a lo que aparece
declarado, pues la naturaleza del acto, las circunstancias del caso, y el
comportamiento del as partes pueden acreditar un real querer distinto al
manifestado.

No perdamos de vista que el art. 140 expresa que el acto jurídico es


manifestación de voluntad y no simplemente manifestación. El art. 219; art. 234;
art. 690 esta y muchas otras son las disposiciones que nos muestran que el
código no ha optado por una teoría de la declaración o de las otras teorías, por
el contrario se mantiene en una situación equidistante, intermedia; la declaración
juega un papel preponderante, pero se detiene cuando se pugna con la buena
fe, con la responsabilidad y lealtad con que deben actuar los que participan en
un acto jurídico, con el ejercicio regular de los derechos, con la tutela de una
voluntad libre de vicios, entre otras factores estabilizadores del orden , de la
seguridad y de la justicia de presidir las relaciones jurídicas.

Ningún sistema de codificación opta por un sistema puro a ultranza, ni


siquiera la codificación francesa (teoría de la voluntad) ni la alemana (teoría de
la declaración. Como dicen los mazcaud, la posición entre estas dos
codificaciones es solo aparente, en razón de que el derecho francés no se
contenta con la voluntad interna, al exigir junto a la voluntad real, una

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manifestación exterior, a su turno, el alemán, tiene en cuenta con gran amplitud


la voluntad real. Todo indica que han terminado las posiciones radicales
extremas entre las teorías de voluntad y la de declaración, para darse paso a las
atenuaciones, las concesiones mutuas, conciliando las tendencias opuestas
para colocarse en un término medio , a fin de salir de las soluciones rígidas ,
inadaptables a las relaciones sociales .

El código civil tiene que ser entendido en el sentido que adopta la teoría
de la declaración como principio rector, pero no con carácter absoluto, porque
no en pocos casos establece el predominio de la voluntad sobre la declaración y
entre otros acoge los principios intermedios de la responsabilidad y la confianza
que todo ordenamiento jurídico debe de proteger para hacer posible una pacífica
vida colectiva. Ya que optar por una sola de ellas sería como eliminar al derecho
de los conceptos de buena fe, responsabilidad, el respeto, el dolo, la simulación,
etc.

XV. LA AUTONOMÍA DE LA VOLUNTAD PRIVADA


La libertad de las personas de darse su propia ley para regular sus
relaciones privadas, considerada dentro de sus derechos fundamentales, y que
encuentra su mejor plasmación en el contrato, no es ilimitada, pues cada
ordenamiento jurídico establece, aunque de manera indirecta, los parámetros
dentro de los cuales se puede ejercer dicha autonomía. De esta manera, la
autonomía encuentra su propia esfera o campo de actuación y, con ello, su
propia fuerza autorregulatoria. La noción de autonomía lleva ínsito, pues, el
concepto de límite.
Se opera, con ello, un control de licitud y factibilidad de las operaciones
negociales, llegando a prohibir todas aquellas prácticas que infrinjan tanto
normas legales imperativas como normas de orden público y de buenas
costumbres; es decir, prácticas que vulneren preceptos que se imponen a la
voluntad de las partes, de manera que deben ser necesariamente acatadas,
excluyendo toda posibilidad de pacto en contrario; o actos que atenten contra
preceptos, igualmente, imperativos, que salvaguardan los principios políticos,
sociales, económicos y éticos fundamentales de un ordenamiento jurídico en un

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determinado momento histórico. Con estas disposiciones se busca proteger el


ordenamiento interno, a través de la consideración de sus normas positivas y sus
valores políticos, jurídicos, económicos y morales, que están en la base misma
de su organización jurídica y económica. Los indicados límites, desde sus
orígenes, tienen como destinataria a la libertad contractual, no a la autonomía
privada, menos a la autonomía contractual, aunque aquella sea una de sus más
refinadas expresiones de ésta.
La autonomía privada en sentido amplio, está conformada por dos partes:
primeramente por el poder atribuido a la voluntad respecto de la creación,
modificación y extinción de las relaciones jurídicas, y en segundo lugar por el
poder de esa voluntad referido al uso, goce, y disposición de poderes, facultades
y derechos subjetivos. Los que se concretan en torno de las figuras más típicas.
La primera, considerada también como autonomía privada en sentido estricto,
referida a la esfera del negocio jurídico. La segunda, concretada en el ámbito del
ejercicio de los derechos subjetivos. Por lo que desde esa perspectiva, la
autonomía de la voluntad se analiza en dos sentidos, como creadora de normas
jurídicas del ordenamiento jurídico que pasan a conformarlo junto a las demás.
Pero además es por otra parte creadora de relaciones jurídicas concretas y
reconocidas por el Derecho. En realidad, la autonomía de la voluntad sólo tiene
como contenido la segunda de estas cuestiones, ya que este poder individual
que se le reconoce al individuo por el ordenamiento jurídico tiene como esfera
de eficacia su propia autonomía, por lo que no implica la creación de normas
jurídicas de regulación social. Entonces, la autonomía privada es un poder de
creación, modificación o extinción de las relaciones jurídicas, y es aquí donde se
concretiza la autonomía privada. En otros términos, la autonomía de la voluntad
se ejercita mediante la constitución o no de relaciones jurídicas, es decir, a través
de actos o negocios jurídicos. Por otro lado, este principio no solo se concreta
en crear, modificar o extinguir una relación jurídica, sino que también posibilita
determinar el contenido de la misma, es decir, establecer los derechos,
obligaciones, deberes y objetos, lo que supone precisar el contenido del negocio
jurídico que se celebra. De esta forma el principio de autonomía privada se
manifiesta en el contrato, en la posibilidad hecha realidad en los ordenamientos
jurídicos que lo reconocen de decidir, los sujetos, concertar o no un contrato, en
virtud de lo cual las partes pueden crear libremente todas las relaciones jurídicas
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que entre ellas consideren pertinentes.15 Además, nadie puede ser obligado a
contratar contra su voluntad; no hay obligación de ofrecer y quien recibe una
oferta puede a su arbitrio aceptarla o rechazarla, y si opta por este último camino,
ello no le acarrea responsabilidad de ninguna especie, ya que es su opción la de
contratar o abstenerse de hacerlo y de seleccionar con quien lo hace.16

15Pérez Gallardo, L. (2000). Lecturas de Derecho de Obligaciones y contratos.


16Lastra Lastra, J. M. Paradojas de la autonomía de la voluntad en las relaciones de trabajo. Habana.
Editorial: Félix Varela. En línea: http://www.juridicas.unam.mx
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CONCLUSIONES

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 La Teoría de la Responsabilidad sostiene que, cuando la voluntad interna sea


distinta a la declarada, sólo prevalecerá la voluntad declarada cuando la
discrepancia sea consecuencia del dolo o la culpa del declarante.
 La manifestación tácita de la voluntad es la que se infiere de ciertos hechos,
actitudes o circunstancias de comportamiento que revelarán la existencia de una
voluntad real o interna.
 La teoría de declaración está dirigida a dejar constancia de una serie de hechos,
situaciones o características que han de acompañar a la declaración de voluntad
en la producción de los efectos jurídicos queridos por el agente. La declaración
es “el mensaje portador de un significado” e implica “una alteridad entre dos
sujetos”.
 El principio de la autonomía privada nace como una de las expresiones de
libertad del hombre, que transmitida al ámbito jurídico significó la celebración de
los contratos bajo lineamientos de plena libertad e igualdad de las partes.
 La manifestación de voluntad, como requisito de validez del acto jurídico, es el
resultado de todo proceso volitivo del hombre que transcurre de lo subjetivo, es
decir la voluntad interna, hacia la voluntad exteriorizada o externa y, y por tanto
adquiere relevancia jurídica. Por ello debe existir una correlación o interrelación
entre la real intención del sujeto y lo que está declarando externamente.
 La voluntad es el elemento primordial del negocio jurídico; lo que el Derecho
recibe y dota de consecuencias jurídicas es el querer del individuo mediante el
cual manifiesta su propia autonomía en el orden social.
 Si bien existe una quinta teoría al respecto de la manifestación de la voluntad, la
teoría de la validez, esta no es muy tomada en cuenta, puesto que obedece
mayormente a la formalidad del Derecho, ello a razón de que la naturaleza del
derecho es la búsqueda de la justicia, mas no regirse por la formalidad de la
norma.

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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

BIBLIOGRAFÍA

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WEBGRAFÍA

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 jorgemachicado.blogspot.com/2013_02_01_archive
 alexzambrano.webnode.es/products/la-voluntad-juridica

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