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Análisis-resumen de La intrusa de Jorge Luis Borges

La intrusa narra la historia de dos hermanos, Cristian y Eduardo Nilsen, que viven con la misma
mujer, Juliana Burgos “no mal parecida, de tez morena y ojos rasgados”.

Los Nilsen, descendientes de irlandeses o dinamarqueses " altos, de melena rojiza, apodados
los Colorados", eran, sin embargo, muy criollos, tanto en sus conductas como en sus
costumbres.

"Sus lujos eran el caballo, el apero, la daga de hoja corta, el atuendo rumboso de los sábados y
el alcohol pendenciero".

Formados en la barbarie criolla de las profesiones duras y fuera de la ley (troperos, cuarteadores,
cuatreros, tahúres, avaros, calaveras) eran muy unidos, tanto que "Malquistarse con uno era
contar con dos enemigos".
Compartían , además de la mujer de la que ambos se enamoran, las características particulares
de la soledad y el desgano, tanto que no quieren intrusos en su unión de malevos . Habitaban
un caserón " de ladrillo sin revocar" y "en las habitaciones desmanteladas dormían en catres".
Es Cristián quien lleva a Juliana a la casa y, además de usarla como criada, muestra su
inclinación amorosa por ella: "la lucía en las fiestas" y la colmaba "de horrendas baratijas".

Por su lado, Eduardo "Se hizo más hosco; se emborrachaba solo en el almacén y no se daba
con nadie. Estaba enamorado de la mujer de Cristián".

Los dos hombres acuerdan repartirse a la mujer, compartirla en la misma casa. Con un
tono "entre mandón y cordial", Cristián le dijo a Eduardo: "Yo me voy a una farra en lo de Farías.
Ahí la tenés a la Juliana: si la querés, usala .

Así, atraídos ambos por aquella mujer a quien trataban como una cosa, objeto de placer y
pertenencia, comienzan a celarse: esa mujer se convertirá, entonces, en “la intrusa” que los
separará.
Debido a que la presencia femenina pone en peligro su fraternidad y para evitar la desunión
, deciden venderla a un prostíbulo de Morón. Le hacen juntar sus pertenencias , "sin olvidar
el rosario de vidrio y la crucecita que le había dejado su madre" y hacia allí la llevan, donde:
"Cristián cobró la suma y la dividió después con el otro".

Pero ambos siguen enamorados de Juliana, por lo que más tarde se descubren haciendo
turno en el prostíbulo donde la vendieron, razón por la cual la compran y la llevan de nuevo a su
viejo caserón.
Sin embargo, los celos continúan: "Discutían sobre cueros pero era otra cosa lo que
discutían", sobre todo porque ella muestra preferencias por Eduardo, el menor.
Un día, Cristián invita a su hermano a "dejar unos cueros en lo del Pardo". Era el cadáver de
Juliana: "Hoy la maté". Y la tiran en el monte, donde se la comerán los caranchos: "Que se
quede aquí con sus pilchas. Ya no hará más perjuicios".
Ahora los hermanos Nilsen volvían a estar nuevamente unidos.

El narrador quiere presentarse como un cronista, fiel a los hechos, de allí que utiliza el artificio
de la oralidad “Dicen que dicen que “ y nos informa de una cadena de transmisores de la
historia:
1. En la noche del velorio de Cristián, fallecido de muerte natural, Eduardo contó a los asistentes
(aunque el autor lo considera improbable), la historia vivida por él y su hermano mayor.
2. Uno de los allí presentes la relató luego a Santiago Davobe.
3. Davobe la refirió al narrador.
4. Años después, en Turdera, el escritor escuchó de alguien nuevamente la historia, "con las
pequeñas variaciones y divergencias que son del caso".
5. La versión del cura antiguo.
6. El relato del cura reemplazante.

. el autor-narrador escribe la historia de los hermanos Nilsen. si no me engaño. con el fin de que tengamos un perfil de los viejos compadritos: "La escribo ahora porque en ella se cifra.Finalmente. por un instante.7. El lector olvida. un breve y trágico cristal de la índole de los orilleros antiguos". que es uno más de los artificios borgeanos. Las distintas versiones generan ilusión de realidad . la versión que nosotros estamos leyendo.