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Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos
blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo de labriego salvaje te socava
y hace saltar el hijo del fondo de la tierra.
Fu� soloo y sobre los campos he visto
doblarse las espigas en la boca del viento.
Veinte

Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos
blancos,
te pareces al mundo en tu actitud de entrega.
Mi cuerpo d voz lenta y triste!
Cuerpo de mujer m�a, persistir� en tu gracia.
Mi sed, mi ansia sin l�mite, mi camino indeciso!
Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,
y la fatiga sigue, y el dolor infinito.
Veinte Poemas de Amor y Una Canci�n desesperada
3
Poema 2
En su llama mortal
En su llama mortal la luz te envuelve.
Absorta, p�lida, doliente, asi situada
contra las viejas h�lices del crep�sculo
que en torno a ti da vueltas.
Muda, mi amiga,
sola en lo solitario de esta hora de muertes
y llena d� las vidas del fuego,
pura heredera del d�a destruido.
Del sol cae un racimo en tu vestido oscuro.
De la noche las grandes ra�ces
crecen de s�bito desde tu alma,
y a lo exterior regresan las cosas en ti ocultas,
de modo que un pueblo p�lido y azul
de ti reci�n nacido se alimenta.
Oh grandiosa y fecunda y magn�tica esclava
del c�rculo que en negro y dorado sucede:
erguida, trata y logra una creaci�n tan viva
que sucumben sus flores, y llena es de tristeza.
Veinte Poemas de Amor y Una Canci�n desesperada
4
Poema 3
Ah vastedad de pinos
Ah vastedad de pinos, rumor de olas quebr�n
dose,
lento juego de luces, campana solitaria,
crep�sculo cayendo en tus ojos, mu�eca,
caracola terrestre, en ti la tierra canta!
En ti los r�os cantan y mi alma en ellos huye
como t� lo desees y hacia donde t� quieras.
M�rcame mi camino en tu arco de esperanza
y soltar� en delirio mi bandada de flechas.
En torno a m� estoy viendo tu cintura de niebla
y tu silencio acosa mis horas perseguidas,
y eres t� con tus brazos de piedra transparente
donde mis besos anclan y mi h�meda ansia anida.
Ah tu voz misteriosa que el amor ti�e y dobla

Veinte .en el atardecer resonante y muriendo! Asi en horas profundas sobre los campos he visto doblarse las espigas en la boca del viento.